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10. La etnobotánica como herramienta para el estudio de los sistemas de clasificación tradicionales

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LA

ETNOBOTÁNICA COMO HERRAMIENTA PARA EL ESTUDIO DE LOS SISTEMAS DE CLASIFICACIÓN TRADICIONALES
Norma Hilgert

10

Introducción

El presente capítulo tiene como objetivo brindar un breve panorama sobre la forma en que la etnobotánica funge como herramienta dentro de la sistemática tradicional, etnotaxonomía o sistemática folk. El lector encontrará una síntesis de conceptos publicados en fuentes diversas, un análisis de parte del desarrollo histórico de la etnobotánica, así como un ensayo y análisis comentado de los métodos más comúnmente usados al abordar estas temáticas: el enlistado libre y las preguntas verdadero/falso. Se considera que incluir esta antología puede contribuir a presentar la temática y orientar al lector en la búsqueda de trabajos que le permitan profundizar en este aspecto tan cautivante de la sistemática, el cual brinda la posibilidad de comprender los móviles intrínsecos a cada cultura que llevan a las sociedades a establecer una determinada interacción con su entorno. A partir de la década de 1890 comenzó el interés formal de los antropólogos por las especies vegetales utilizadas por distintos grupos étnicos, con la finalidad de investigar los diferentes rasgos culturales de las sociedades, en las que los vegetales ocupan un lugar importante (Barrau, 1971, 1976; Ford, 1978). El nombre asignado a la disciplina remonta desde finales de la misma década, cuando Harshberger (1896) publicó un trabajo sobre los propósitos de la misma. Desde sus inicios, los estudios etnobotánicos se han encarado desde ópticas distintas. Se han dedicado muchas páginas a intentar definir la etnobotánica, reseñar sus objetivos, sus campos de acción, sus repercusiones, la metodología a utilizarse, entre otros temas (Jones, 1941; Portères, 1961; Millot, 1968; Ford, 1978; Barrera, 1983; Hurrell,

¿Qué es la etnobotánica?

1987; Galafassi, 1997; Martin, 2001; Cunningham, 2002). Las discusiones que se generaron, y en cierta medida aún persisten, dan en primera instancia una impresión sumamente confusa. Una de las posiciones reúne a un nutrido grupo de investigadores que dan absoluto énfasis a los aspectos utilitarios que las plantas pueden aportar a la ciencia occidental, la industria o la tecnología; habitualmente estos especialistas soslayan todo lo referido a la sociedad que es motivo del estudio. Muchos autores han planteado un esquema de conceptos y objetivos en esta línea; desde Schultes (1941), uno de sus más notables exponentes, hasta Kendler y colaboradores (1992), han sostenido que el desarrollo económico de un pueblo precisa de la búsqueda de nuevos recursos vegetales, los cuales pueden contribuir a enfrentar las necesidades básicas de una población creciente. Barrera (1983) opinó que los estudios de exploración botánica, orientados hacia una fuerte tendencia utilitarista, como los que se reseñan, deberían ser encuadrados en la botánica económica, que se distingue de la etnobotánica por su despreocupación del fenómeno cultural. Entre los años cincuenta y sesenta surge en la antropología y la lingüística el concepto de las “etnociencias”, en donde el prefijo “etno” adquiere un significado concreto pues los investigadores incorporan en sus estudios los criterios propios de la ciencia vernácula, es decir la ciencia folk (Fowler, 1979). Encarar estas investigaciones incluye dos modalidades: desde la sociedad estudiada (perspectiva émica) y desde la ciencia (perspectiva ética). Estas formas de abordar se basan en criterios de la lingüística; la fonética estudia los sonidos del lenguaje sin analizar los sentimientos que los mismos contienen, es decir constituye una perspectiva externa. En tanto que la fonemática, de fone-

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mic, trata la lengua desde dentro, y considera su significado emocional o simbólico y para eso necesita ponerse en la situación de la persona que es el objeto observado por la ciencia. Éste ha sido el carácter novedoso de esta orientación en la disciplina. Así surge esta nueva etnobotánica, con un campo de interés más abarcativo que el reseñado en la posición que se le contrapone. Esta etnobotánica estudia el conocimiento, el rol, los significados y los usos de las especies vegetales en una sociedad determinada. Se interesa, pues, además de los aspectos meramente económicos, por otros insoslayables que corresponden al mundo cognoscitivo y la vida espiritual de la gente. En el presente, algunos autores proponen englobar todas las diferentes ramas en una sola disciplina llamada etnoecología y, en particular, se hace más hincapié en la parafernalia metodológica que en el nombre de la misma. En este sentido, se han publicado numerosos trabajos donde se analiza de modo retrospectivo la evolución de la disciplina y se proponen caminos a seguir (Alcorn, 1995; Prance, 1995; Alexiades y Sheldon, 1996; Cunningham, 2002, entre muchos otros). La tendencia es fortalecerla metodológicamente y elevar el umbral básico de sus trabajos. Se parte de la premisa que, desde cualquier enfoque reconocido, si está hecho según las reglas del conocimiento científico (independencia, replicabilidad, etc.), se pueden obtener respuestas importantes que se sumen al cúmulo de conocimientos generales o corpus general. Dentro de su proceso evolutivo, la etnobotánica fue cambiando sus objetivos primordiales. En sus primeros días estuvo implícitamente movida por intereses imperialistas, tras los posibles beneficios para los estados dominantes. En cambio, en el mundo actual ha mostrado un explícito interés por contribuir al desarrollo de todas las clases y naciones, en especial en la planeación del desarrollo de la región donde los datos son recolectados (Alcorn, 1995). Por tanto, los objetivos básicos de las investigaciones actuales están orientados a responder preguntas acerca de aquellas culturas que peligran o que ya han desaparecido (etnohistoria); sobre aspectos que ofrezcan herramientas al desarrollo industrial y acerca de posibles soluciones para grupos que están amenazados social, cultural y/o ambientalmente (Given y Harris, 1994; Prance, 1995).

Finalmente, al analizar el desarrollo de la disciplina en México, Gómez-Pompa (1993) y Martínez Alfaro (1994) coinciden en que los trabajos locales están a la vanguardia en Latinoamérica. Esto, posiblemente gracias a la combinación de diversidad biológica, ambiental y cultural, con una comunidad científica diversa y comprometida, sumado a los escasos insumos necesarios para llevarlos a cabo. Estos trabajos se iniciaron formalmente en México en 1566, con la obra de Fray Diego de Landa sobre los mayas de Yucatán y el cacao (Gómez-Pompa, 1993). Según Martínez Alfaro (1994), la etnobotánica en México responde a un modelo positivista, el cual privilegia la cuantificación sobre la descripción. Señala que los estudios más relevantes se enmarcan en la conservación de recursos fitogenéticos y su mejoramiento, la evolución bajo domesticación, la clasificación y sistemática de plantas cultivadas, los orígenes de la agricultura y evolución de sistemas agrícolas, la percepción, clasificación y manejo de recursos naturales por un grupo humano, los estudios cualitativos y cuantitativos sobre floras médicas y comestibles, así como la conservación in situ y ex situ.

La taxonomía y la historia del hombre

Según lo documentado, los estudios sistemáticos se iniciaron formalmente a partir de Aristóteles (384-322 aC), quien fue seguido por su discípulo Teofrasto; ambos se abocaron a la ordenación de las especies biológicas en patrones jerárquicos de acuerdo a las categorías jerárquicas concebidas por el hombre (Cotton, 1996). Esta tendencia humana a organizar conceptualmente a la naturaleza no es exclusiva de la ciencia occidental; hay numerosas pruebas de estas actividades en todo el mundo. A modo de ejemplo se pueden citar dos trabajos realizados en el México antiguo, el Códice Matritense de la Real Academia (Sahagún, 1955) y el Libellus de Medicinalibus Indorum Herbis, manuscrito azteca hecho por Martín de la Cruz y traducido al latín por Juan Badiano en 1552 (De la Cruz, 1991). En los mismos está claramente documentado cómo los pobladores prehispánicos de esta región de América organizaban conceptualmente y empleaban su entorno vegetal. De igual manera hay obras que, entre muchas otras cosas, ilustran la ciencia prehispánica en Sudamérica, tales

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tan la percepción del entorno se pueden resumir en cuatro tipos: biofísicos, sociológicos, espirituales y personales. Los factores biofísicos están representados por características del elemento percibido externas al observador, por ejemplo características ecológicas o morfológicas de una determinada población; los otros tres variarán según ciertos elementos internos del observador, tales como el género, la edad, la historia y las influencias personales, tanto culturales como psicológicas. Como es de imaginarse, analizar la percepción del entorno es muy complejo, por ello se proponen estudios de conducta (donde se analizan eventos y actividades) y estudios cognoscitivos (donde se estudian los factores psicológicos que afectan las decisiones). Dentro del estudio de las ¿Cómo se relacionan la etnobotánica, la sistemática y el conductas, es posible a su vez, analizar conductas rituales manejo de los recursos? o conductas cognoscitivas (basadas en conocimiento dado Alcorn (1995) realizó una síntesis sobre las preguntas más por la experiencia). Es en este último aspecto donde apacomunes de la etnobotánica, gran parte de ellas ya mencio- recen la percepción humana y la etnotaxonomía (la denominadas al comienzo de este trabajo. Entre todas, las más nación y el ordenamiento). interesantes para el presente apartado, son aquellos cuestionamientos que analizan qué piensa la gente de las plan- Conductas cognoscitivas: etnotaxonomíay percepción tas, cómo las diferencian entre sí y cómo las clasifica según humana Lévi-Strauss (1964), en la teoría del estructuralismo, prola cultura a la que pertenece. En efecto, las decisiones humanas sobre la forma de puso que al analizarse las culturas humanas es posible establecer sus relaciones con el entorno, se basan en fac- encontrar una tendencia universal a organizar y clasificar tores biofísicos y socioculturales, los que a su vez están los fenómenos percibidos o las experiencias vividas, adecondicionados al modo de percibir el mundo natural que más, que los conocimientos humanos generalmente se tiene cada ser humano (Cotton, 1996). Según lo propues- basan en series de contrastes, tales como cultura/naturaleto por Fowler (1979) y Cotton (1996), el estudio de dicha za, derecha/izquierda, día/noche, y que cada elemento del percepción y de las “decisiones ambientales” puede reali- par carece de significado aislado del otro. En el transcurso de los años, muchos investigadores zarse desde las perspectivas ética y émica. En el primer caso, se identifican los rangos o factores que influencian el (p. ej., Thomson, 1946; Lévi-Strauss, 1964) comenzaron a modo en que el ambiente es percibido localmente, teniendo indagar en la sistemática folk (etnosistemática o etnotaxoen cuenta el objetivo natural (es decir el ambiente, o sus nomía), la cual examina, en primer lugar, el modo en el cual componentes, como tales) y la construcción sociocultural las culturas categorizan y denominan a las especies que los (es decir, la interpretación local del ambiente), que pueden rodean. En efecto, este tipo de trabajos ofrecen una invamodificarlo. En el segundo enfoque se indaga sobre cómo luable información acerca de la percepción de una comuniel medio es percibido realmente por la gente local. Sin dad local y de las relaciones percibidas entre diferentes embargo, Ellen (1994) ha demostrado que no todas las tipos de plantas o animales y la naturaleza y significado de categorías conceptuales tienen una equivalente lingüística, un taxón particular. Como lo resume Barrera (1994) en la bibliografía por lo que es necesario analizar su naturaleza substantiva. De acuerdo con Cotton (1996), los factores que afec- sobre pueblos mexicanos, se puede considerar como obra

como Comentarios Reales de los Incas escrita por Garcilazo de la Vega (1976) y El Primer Nueva Crónica y Buen Gobierno de Guaman Poma de Ayala (1980). Como lo menciona Gómez-Pompa (1993), en el México precortesiano, y podría ampliarse a toda la América de aquellos años, había un verdadero avance científico, quizás mayor que en la Europa contemporánea; se realizaban clasificaciones de plantas y animales, estudios de sus usos, propiedades, formas y ecología. En efecto, los procesos cognoscitivos de aquellos años no diferían mucho de los que actualmente acepta la ciencia; si bien probablemente tenían un mayor componente empírico (León Portilla, 1963; Gómez-Pompa, 1993).

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pionera en la temática al trabajo de Del Paso y Troncoso (1886), el cual versa sobre la taxonomía botánica náhuatl (dentro de un estudio sobre la historia de la medicina), seguido de Bulmer y Tyler (1968), Bulmer (1970), Berlin (1969), Berlin y colaboradores (1973, a y b) y Barrera y colaboradores (1976).

Principios generales de la sistemática folk

A continuación se mencionan las bases de la sistemática folk (Berlin et al., 1973a; Berlin, 1992; Cotton, 1996; Martin, 2001). Estos principios son los más reconocidos como una generalización válida para todas las culturas, dado que es el esquema de clasificación tradicional que más se ajusta al realizar comparaciones de las categorías biológicas de poblaciones de diversas culturas que habitan distintas partes del mundo (Martin, 2001). • En todos los lenguajes es posible identificar grupos de organismos (taxones) que se reconocen en el lenguaje y que se basan en gradientes de mayor o menor exclusión. • Los taxones se grupan en categorías etnobiológicas similares a las de los rangos de la taxonomía científica. • Las categorías etnobiológicas son jerárquicas y mutuamente excluyentes, cada una abarcada por un taxón simple, y generalmente no pasan de cinco. Estas cinco categorías son el reflejo lingüístico de siete estructuras subyacentes, mucho más difíciles de identificar e interpretar, relacionadas con la conceptualización psicológica de las especies. Las cinco categorías lingüísticas se puede enumerar como: Inicial o reino (planta). Habitualmente no tiene nombre o no uno solo, pero la categoría es única. Forma biológica o biotipo (árbol, arbusto, bejuco). Normalmente existen entre cinco y 10 taxones en este nivel. También puede resultar de la combinación entre forma de vida, distribución ecológica, utilidad o una combinación de dos o más características. Intermedia (o de las categorías ocultas). Generalmente no se nombra y tal vez no sea reconocida por todos los integrantes de una comunidad; agrupa similitudes de percepción de diferentes géneros. Por ejemplo, los encinos en la cultura chinanteca son clasificados en

varios géneros, pero a su vez todos son incluidos en una categoría de árboles que no tiene nombre. Genérica (quebracho, laurel). Es la más amplia, el 80% son géneros monotípicos. La mayoría de las taxonomías folk tienen alrededor de 500 taxones en este nivel. Algunos no están conceptualmente asociados a una forma de vida en particular, puede ser debido a que poseen formas aberrantes o un valor económico especial (p. ej., el maíz). Son los primeros taxones aprendidos por los niños, representa la base de la taxonomía folk y es el nivel más fácilmente observable, ya que es el más sobresaliente desde el punto de vista psicológico. Subgenérica (especie y variedad folk; quebracho blanco, quebracho colorado). Usualmente hay menos taxones de esta categoría que de la anterior, en una cultura dada. Si se reconoce esta categoría, en general, es un indicador de la importancia cultural de la planta. Esta categoría aparece frecuentemente en las especies domesticadas, en cuyo caso es frecuente observar la nomenclatura binomial. • En muchas culturas existen categorías que no se ajustan al sistema general; éstas pueden ser inclusivas o paralelas. En ambos casos se traspasan los límites de la clasificación general y se incluyen plantas de diferentes taxones, como cuando existen apelativos para todas las frutas o para las especies leñosas. Las clasificaciones paralelas suelen ser más complejas aún; se fundamentan, generalmente, en propiedades o usos asignados, tales como las plantas clasificadas de acuerdo a su categoría templaria en los sistemas de medicina folk. Cuando existen sistemas de clasificación paralelos, éstos suelen ser los emergentes de la cultura y, por ello, es complejo identificar el sistema de clasificación general, que habitualmente existe también. En estos casos, es todo un reto un paralelismo entre el sistema general de clasificación folk y el reconocido por el conocimiento científico. Con relación a la conceptualización psicológica de las especies biológicas, es decir, esas siete estructuras subyacentes de compleja identificación, Berlin (1992) explicó los lineamientos generales que parecen seguir los pueblos al

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categorizar una determinada parte del total de la diversidad de especies que los rodean. Con base en esto, a continuación se mencionarán algunos patrones identificados como indicadores de ciertas estructuras conceptuales o valorativas, intrínsecas a las culturas, que no se verbalizan. Tomar consideración de estos elementos al estudiar un grupo humano, su cultura, sistema de clasificación vigente y las actividades productivas que realiza, sin duda puede ser muy útil. Los ejemplos que se mencionan fueron tomados de Berlin (1992), Cotton (1996) y Martin (2001). • Los términos cognados y su importancia. Se denominan cognados a aquellos términos, empleados en distintos dialectos o lenguas, que son variaciones de la misma palabra y se refieren al mismo objeto. La presencia de cognados puede reflejar antiguas relaciones lingüísticas entre grupos humanos aparentemente diferentes y puede ayudar a detectar similitudes entre los sistemas de clasificación de distintos grupos. Es muy útil contar con esta información a la hora de redactar textos escolares o folletos que se aplicarán en dichas comunidades. • La etnotaxonomía y la significación cultural. El análisis de la clasificación folk con la intención de dilucidar emergentes culturales es muy útil para entender a los pueblos. Todo parece indicar que ciertas categorías folk sólo aparecen en grupos biológicos que tienen una alta significación cultural. Por ejemplo, en las especies cultivadas, las cuales revisten mucha importancia en la economía de los pobladores, suelen aparecer varios taxones debajo del género (especies, subespecies, variedades, etc.). • La etnotaxonomía y el modo de producción. En lo general, se ha observado que las sociedades de agricultores minifundistas reconocen y poseen un inventario florístico más extenso que sociedades con otro tipo de producción. Estos grupos, a su vez, ostentan sistemas clasificatorios más complejos y elaborados, tanto de las plantas cultivadas como de las silvestres útiles. Las explicaciones a estas diferencias observadas son diversas y dependen fundamentalmente de la postura teórica del investigador; algunos las fundamentan en las necesidades intelectuales de los diferentes grupos,

en las necesidades de supervivencia y otros, en cambio, sostienen que interpretar la falta de un apelativo lingüístico como ausencia de reconocimiento perceptual es un error. Berlin (1992) sostiene que el reconocimiento etnobiológico depende de la significación cultural relativa, la que se refleja en la presencia de categorías subgenéricas, y que el reconocimiento genérico se basa en diferencias morfológicas (cf., Morris, 1976; Brown, 1985; Berlin, 1992; Ellen, 1994). • El nombre de las plantas y la significación cultural. Ciertos aspectos de la nomenclatura folk pueden actuar como indicadores de los taxones más significativos para una cultura; ello se refleja en el nombre asignado y el modo en que se usa dicho nombre: Cuando dentro de un género se reconocen varias especies, es común que a una de ellas se le llame sólo por el género y ésta representa algo así como el prototipo. En la sociedad rural del centro de Argentina, por ejemplo, se le llama cebolla a una variedad con cáscara color canela, pero luego se reconoce la cebolla morada, cebolla de verdeo y cebolla blanca. Algunos taxones son tan importantes que algunas variedades tienen apelativos secundarios o binomiales, es decir apelativos compuestos por dos términos; otros, los más significativos, tienen apelativos primarios, una sola palabra que los nombra, que aparentemente no se asocia a los primeros. Un caso son los nombres de yuca (Manihot sp.) entre los Aguaruna del Perú, en el cual las especies con nombre primario son las más cultivadas y las que mayor volumen aportan a las comunidades (Cuadro 1). Otro aspecto tratado por Berlin (1992) es el de la “opacidad semántica”; es decir, cuanto más significativo es un determinado taxón, menos explicativo o descriptivo es el nombre que porta. Según dicho autor, el 78% de las especies cultivadas tienen nombres genéricos no descriptivos, mientras que sólo el 9% de las especies no manejadas se denominan de este modo. Finalmente, cuanto más generalizado, en una comunidad o cultura dada, sea el nombre asignado a una determinada especie, mayor es el valor cultural de la misma.

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Yucas con apelativos secundarios yakía máma shimpi máma yusanía máma

Cuadro 1 Nombres aplicados a la yuca (Manihot sp.) por los Aguaruna del Perú (Berlin, 1992, tomado de Cotton, 1996). En la columna izquierda se repite la palabra máma modificada por un término anterior; sin duda máma es el apelativo general de la yuca y la palabra anterior indica diferentes variedades o formas. En la derecha, las variedades son también de yucas, pero su importancia cultural es tan alta que no es necesario incluir el apelativo máma en el nombre para identificarla como perteneciente a ese tipo de plantas

Yucas con apelativos primarios puyám suhíkum kamús

Para estudiar las clasificaciones locales es primordial emplear un método replicable, de modo sistemático, a todos los sujetos incluidos en la muestra o en la población. Contar con enumeraciones espontáneas de nombres de plantas (o de lo que sea el objeto de estudio) es la base natural para emprender estos estudios. Dichos trabajos son fundamentales en grupos que estén viviendo cambios acelerados, dado que los resultados obtenidos van mucho más allá de la recopilación de los nombres; además, pueden darnos herramientas para interpretar interrelaciones socioculturales y ambientales. Para ahondar en la temática es adecuado el uso de métodos reconocidos como robustos dentro de las investigaciones en ciencias sociales, en el estudio del dominio cultural. Estos métodos comprenden distintos tipos de entrevistas estructuradas. En particular, para el tema que nos ocupa, se suele emplear la combinación de enlistado libre y luego una técnica de elección de respuestas verdadero/falso. Este método se usa en psicología social y en antropología cognitiva para analizar el dominio cultural de un grupo dado, en este caso qué cosas de las listas “van juntas”. Estos métodos estructurados han sido muy usados para entender las diferencias de significación de los símbolos en diferentes grupos. En general, si estas entrevistas están bien diseñadas, son simples y amigables en su aplicación, por lo que los entrevistados se sienten cómodos al

¿Cómo estudiamos los sistemas de clasificación folk?

responder. A continuación se describen esas dos técnicas y se desarrolla un ejemplo a partir de lo propuesto por Bernard (2000). El enlistado libre es una técnica simple y robusta. Se le pide al informante que enumere todos los ítems que conozca, o qué tipo de ítem es ese/a, donde los ítems pueden ser distintos temas, tales como plantas alimenticias, medicinales, comidas, equipos de fútbol, herramientas, lo que nos interese estudiar. Un modo de estandarizar el método a muchas personas distintas puede ser darles a todas el mismo lapso de tiempo, unos diez minutos; o pedir que nombren los veinte ítems más importantes, o dejar que el informante mencione todo lo que desee y luego en el análisis tomar sólo una parte de la lista, por ejemplo los veinte primeros. En esta técnica se considera, dadas las herramientas tomadas de la psicología cognitiva, que el orden de aparición de los ítems en cada entrevista es significativo; se asume que lo que el informante recuerda o cita primero es más relevante en su valoración subjetiva. Por otra parte, los ítems más frecuentemente mencionados en todas las entrevistas realizadas, se pueden asumir como los de mayor valor cultural en la población estudiada. Con estas listas se puede indagar sobre las asociaciones mentales, que hay en un grupo o en una persona, en relación a un grupo de ítems. Es decir, se puede analizar qué va con qué. A modo de ejemplo, es casi universal que si uno nombra cabra a continuación diga borrego; si uno dice blanco sigue negro, si uno dice izquierda luego cita derecha. Estos pares pueden indagarse en cualquier sociedad a partir del enlistado libre, pero deben hacerse una serie de análisis, que se mencionan a continuación en un caso ficticio. En la Universidad del Pueblo se han entrevistado diez personas, pertenecientes al grupo de investigadores, alumnos de posgrado y personal administrativo. Los entrevistados fueron elegidos al azar. A cada uno se le solicitó que mencione todo aquello que considere alimento durante dos minutos. Como resultado se obtuvo una media de veintiséis alimentos, con un valor menor de dieciocho y uno mayor de cuarentaiocho. De todos los alimentos mencionados, sólo nueve aparecieron en al menos el 50% de las entrevistas; es decir, fueron citados al menos por cinco personas. Estos

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fueron: arroz, chile, lechuga, pastas, pescado, pollo, res, naranjas, leche. Esto da un N = 9. Si se compara el orden de aparición de estos alimentos en cada lista, se podrá estimar cuán próximos están estos alimentos conceptualmente para cada informante y en el total de entrevistados; para ello se debe estimar la distancia de cada alimento con todos los pares posibles en cada entrevista. El número de pares posibles se calcula del siguiente modo: N x (N-1)/2 (en el ejemplo 9 x 8/2 = 36). Los pares resultantes serían: arrozchile, arroz-lechuga, arroz-pastas, arroz-pescado, arrozpollo, arroz-res, arroz-naranjas, arroz-leche, chile-lechuga, chile-pastas, chile-pescado, chile-pollo, chile-res, chilenaranjas... hasta tener los treintaiséis pares estimados. Luego, en cada entrevista, se debe estimar la distancia entre los pares dados. Por ejemplo, supongamos que la lista de un informante es la del cuadro 2. Para calcular la distancia entre el par chile-lechuga se aplica la siguiente fórmula: (11-6/22) x 100 = 22.7, donde once y seis son los valores del orden de cita de los dos alimentos en evaluación y veintidós es el total de alimentos citados en esta entrevista. Cuanto más próximo es el resultado al valor uno, más cercanos conceptualmente están los dos elementos. De esta manera, si se calculan estos pares para todos los informantes, se podrán vislumbrar ciertos parámetros intrínsecos a los alimentos difíciles de preguntar directamente.
Cuadro 2 Lista de alimentos obtenida en el ejemplo de estudio utilizado como caso hipotético (ver texto)

Por otra parte, a partir de las citas de cada informante, se puede solicitar que le asignen un atributo para cada elemento mencionado. Los atributos darán una idea sobre el universo de adjetivos calificativos comunes en el tema estudiado en la región, y con ello, es posible inferir cuáles son los conectores entre distintos alimentos, y luego, probar cuán generalizados están en la población en estudio por medio de una matriz de preguntas verdadero/falso. En el mismo ejemplo hipotético, el informante al asignar atributos a su lista afirma que entre los alimentos 1 y 6 se mencionan elementos del desayuno, entre 7 y 12 elementos de la comida, entre 14 y18 del postre o entremeses y entre 19 y 22 infusiones. Las preguntas disparadoras pueden ser: a) es el arroz parte (o se usa para)...; b) es el arroz un tipo de...; c) prefiere al arroz porque...; d) el arroz es parecido a...; e) si no hay arroz se puede usar.... Donde el recurso, en este caso el arroz, irá cambiando hasta incluir todos aquellos que quedaron citados más del 50% en el enlistado libre. De este modo se obtendrán una serie de atributos comunes en la población en estudio. Una vez delimitadas bien las especies y los atributos más representados, citados al menos en el 50% de las entrevistas, se debe armar una entrevista estructurada cerrada y consultar a toda la población, o a una buena parte de ella (Cuadro 3). Los datos obtenidos de estas entrevistas, al ser analizaCuadro 3 Entrevista estructurada cerrada elaborada a partir de las especies y los atributos representados citados al menos en 50% de las entrevistas en el ejemplo hipotético. Las preguntas deben continuar hasta combinar todas las especies con todas las posibilidades de valoraciones obtenidas. El número total de preguntas será: número de especies x número de atributos (ver texto)

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11.

queso pan leche mermelada naranja chile frijoles arroz pollo pescado lechuga

12. 13. 14. 15. 16. 17. 18. 19. 20. 21. 22.

res pastas manzana mango plátano mamey piña café té chocolate atole

Pregunta ¿Se usa arroz en el desayuno? ¿Se usa arroz en la comida? ¿Se usa arroz en los postres? ¿Se usa arroz en las bebidas o infusiones? ¿Es el arroz un tipo de quelite? ¿Es el arroz un tipo de raíz? ¿Es el arroz un tipo de proteína? ¿Es el arroz un tipo de carbohidrato? etc.

V

F

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dos por medio de matemática matricial, permitirán tener una idea de la taxonomía local en relación, en este ejemplo, a los alimentos más empleados. Será posible conocer cómo se escogen los alimentos y cuáles son más valorados o más apetitosos. Finalmente, para realizar este tipo de investigaciones es esencial tener un conocimiento básico de la etnografía local, de modo que se puedan elegir dominios culturales, ítems y atributos que tengan sentido en la comunidad en estudio. Un dominio cultural lógico y común en una comunidad dada, es aquel en el cual la mayor parte de los interrogados puede responder sin dificultades y con fluidez.

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