El limbo de las Artes Escénicas

Por Víctor Pliego de Andrés
(Publicado en el periódico ESCUELA el 19 de enero de 2012)
El Catálogo Nacional de Cualificaciones Profesionales consta de 26 familias
profesionales y cinco niveles. Su finalidad es identificar, dentro del sistema productivo,
aquellas capacidades apropiadas para el ejercicio profesional; constituye la base para
la posterior elaboración de la oferta de los títulos y de los certificados de
profesionalidad; sirve de marco para las enseñanzas regladas y de referencia para la
evaluación y el reconocimiento de las competencias adquiridas a través de la
experiencia laboral, por vías informales.
La elaboración del catálogo arranca de la Agenda de Lisboa, un plan concebido el año
2000 para estimular el desarrollo económico de la Unión Europea. Los aspectos
sociales y medioambientales no fueron incorporados y por eso, entre otros motivos, el
proceso no ha conseguido convertir la economía europea en la más "competitiva y
dinámica del mundo¨ como pretendía. El infierno está empedrado de buenas
intenciones. En todo caso, la definición de las profesiones supone un logro desde el
punto de vista formativo y laboral pues, gracias a ella, muchos trabajadores podrán
integrar sus diversos aprendizajes en un sistema internacional, transparente y
reconocible. Otra cosa distinta es que sus condiciones de trabajo mejoren.
La aplicación del Marco Europeo ha culminado con la entrada del año 2012. En
España se han aprobado casi 700 cualificaciones relacionadas con las diversas
familias profesionales: edificación, agricultura, química, sanidad, comercio, imagen
personal, transporte, hostelería, etc. Obviamente no todos los oficios han sido
incluidos en el catálogo, pero ahora se abre un proceso para su revisión y
actualización. Llama la atención que las Artes Escénicas hayan quedado excluidas, a
pesar de formar causa común con las Artes Plásticas y el Diseño dentro de las
enseñanzas denominadas "Artísticas¨. ¿Cuándo llegará la hora de los músicos,
bailarines y actores?
El sistema productivo ha tenido en cuenta únicamente las artes "industriales¨, que
producen objetos físicos, y se ha olvidado de las artes "escénicas¨, que generan obras
inmateriales por medio de espectáculos en vivo. Las artes escénicas son artes
efímeras que solo existen en un tiempo para quedar registradas en la memoria. A
pesar de ello, generan una actividad económica, constituyen un capital intangible y
cuentan con maravillosos profesionales que el catálogo no menciona. Dentro de la
familia de Actividades físicas y deportivas hay un perfil de "Acondicionamiento físico en
grupo con soporte musical¨; y en la familia de Artes y artesanía, aparecen proyectos
relacionados con la construcción de instrumentos. Los técnicos del espectáculo han
conseguido introducir varios perfiles aunque no hay familia para los espectáculos en
vivo (sí hay de imagen y sonido). La marginación de las artes del espectáculo viene de
antiguo. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, fundada en 1752, no
incluyó hasta 1873 una sección de música y hasta 1987 una de artes de la Ìmagen
(televisión, vídeo, cine y fotografía). La danza y el teatro siguen excluidos de la noble e
ilustre corporación.
Existen estudios reglados de música y danza elementales y profesionales, pero no
tienen reflejo en el catálogo, cosa que no ocurre con ningún otro sector de nuestro
sistema educativo. Muchos ciudadanos han dedicado años de estudio a estas artes
por simple gusto y afición. Ello les dota de unas competencias profesionales que, en
los tiempos que corren, no habría que despreciar. La formación en música o danza es
altamente especializada y tiene aplicación en muchas actividades profesionales:
orquestas de baile y celebraciones, músicos de estudio, copista de partituras,
archiveros de música, bailarines de reparto, música tradicional, ayudantes de
producción, profesores de danzas recreativas, figurantes para el teatro, etc. Los
estudios de arte dramático son superiores y carecen de oferta reglada en los niveles
previos, donde la competencia profesional se adquiere privadamente o por el
tradicional meritoriaje. Por eso, aún sigue habiendo magníficos actores y profesionales
del teatro que se han formado de manera autodidacta.
Las artes escénicas juegan un papel muy destacado en nuestra cultura. Pueden
constituir un sector estratégico que ayude a impulsar la sociedad y la economía del
conocimiento a las que alude la Agenda de Lisboa. Dada la penuria científica y
tecnológica de nuestro país, es en las artes donde antes y mejor podríamos competir
con otras naciones, proyectándonos a través de nuestra comunidad lingüística
internacional, poniendo en juego la creatividad e inventiva que siempre nos ha
caracterizado. De momento, las artes resisten mejor que otros sectores los embates
de la crisis aunque estén en el furgón de cola de nuestro sistema educativo.
Lamentablemente, siguen relegadas al limbo, a la terra ignota. Es urgente crear un
grupo de trabajo para estudiar su incorporación al Catálogo de Cualificaciones
Profesionales, dentro de la familia de "Artes y artesanía¨. La profesión, las empresas y
las administraciones deberían salir de sus cavernas y apoyar sin reservas la
clarificación y regulación del sector, sumándose a los avances que se van
conquistando en otros sectores profesionales.

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