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Luche y Vuelve

Luche y Vuelve

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Un intento de comprender los turbulentos setentas en la Argentina a partir de una entrevista a un ex Montonero.
Un intento de comprender los turbulentos setentas en la Argentina a partir de una entrevista a un ex Montonero.

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08/07/2013

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Es sabido que la identidad personal reside en la memoria y que la anulación de esa facultad comporta la idiotez.

Cabe pensar lo mismo del universo. Sin una eternidad, sin un espejo secreto y delicado de lo que paso por las almas, la historia universal es tiempo perdido, y en ella nuestra historia personal -lo cual nos afantasma incómodamente. -Jorge Luis Borges, Historia de la eternidad.

Introducción Se me ocurre que incluso cuando una(o) escribe una monografía, en donde puede mezclar la realidad con opiniones personales y hasta, tal vez, una pizca de ficción. Es que la escritura nos da una libertad que nos permite, hablando mal y pronto, “sacarnos las ganas”. Ahora bien, una de las preguntas que siempre andan rondando en la charla de todos los días es “¿por qué estamos como estamos?”. Ahí uno puede intentar respuestas vagas y cargadas de prejuicios como “los argentinos somos así” -léase vagos, corruptos, chantas-, “no aprendemos más”, “la culpa es de los políticos”... la lista es interminable. Esta respuesta del sentido común, entre comillas, la pudimos observar en el “que se vayan todos” de diciembre del 2001 que precipito la caída del entonces presidente Fernando De la Rua. El problema es, bien mirado, que nos tendríamos que ir todos, porque si la política esta podrida, entonces es la sociedad la que lo esta, porque aquellos son parte de ella. Convendrá mejor analizar los motivos por los cuales desembocamos en la crisis de legitimidad más grande de nuestra historia, que de hecho no es nueva, porque hablamos de un sistema político en el que, por sus propias debilidades estructurales, nunca terminamos de confiar. Ese es uno de los objetivos de este trabajo. El otro, obviamente correlacionado, intentara pensar, ya que no responder, la pregunta “¿cómo llegamos hasta aquí? ¿cómo nosotros, que estábamos allá, terminamos acá?” La pregunta esta relacionada con develar el enigma de qué ocurrió con los ideales “revolucionarios” que empapaban a nuestra juventud durante las décadas del '60 y '70, más teniendo en cuenta que al actual presidente se le reconoce, peyorativa e interesadamente en algunos medios, una pertenencia a esa juventud y un heredero de esos ideales, que evidentemente, y he aquí en quid de la cuestión, ya no son los mismos. Como dije al comienzo, hasta el género monográfico permite cierta libertad, por lo que intentare analizar los hechos a partir de la experiencia de un militante peronista durante aquellos años, al que llamaré Manuel, y de como fue madurando su conciencia política desde el compromiso hasta cierto

desencantamiento mezclado con cinismo. Lo interesante, como en las mejores historias de ficción, es desentrañar que paso en el medio. Debo agradecer a Manuel (que no se llama así) por prestarse a varias charlas y dos entrevistas (una fallida, gracias a mis poca habilidad manejando el grabador) que me ayudo a “encontrarle la vuelta” a lo que a partir de ahora intentará ser, propiamente, un ensayo.

Pirámide invertida I Tanto en mis conversaciones con Manuel como consultando la bibliografía acerca del tema, surgen como factores desencadenantes para explicar la “conciencia revolucionaria” de la juventud de aquellos años, los distintos procesos históricos que estaban desarrollándose durante esos años. Se puede decir entonces que para llegar a lo particular, a saber, el desarrollo de una conciencia revolucionaria, hay que comenzar por lo general: de ahí lo de pirámide invertida. Como primer factor habrá que mencionar al fin de la segunda guerra mundial, desencadenante de varios procesos que a continuación enumeraré: Europa se bipolarizo, Estados Unidos y la URSS se definían como las “potencias” y la declinación de Europa en cuanto a lo que había sido era absolutamente manifiesta. Europa quedaba partida en dos: por un lado, la occidental, bajo hegemonía de EE.UU., y del otro lado, Europa oriental, bajo égida de la URSS. 1945 trajo también un lento y en muchos casos violento proceso de independencia y liberación colonial. Luchas en Vietnam (todavía Indochina), ya en 1945, donde los franceses fueron finalmente derrotados por las fuerzas de liberación; liberación de China por Mao, en 1949; Egipto, con Nasser, en 1952; Argelia, en su lucha de la guerrilla libertadora entre 1958 y 1964, en donde los franceses también fueron ignominiosamente vencidos; y Cuba desde el desembarco en Sierra Maestra hasta la toma del poder en La Habana, que va de 1956 a 1959, revolución realizada por Fidel Castro, el Che Guevara y otros personajes que luego cobrarían gran fama. Además esta segunda posguerra trae este nuevo elemento a la historia, también de fundamental importancia para entender los '60, lo que luego se denominaría el Tercer Mundo. A partir de 1945, nace un fuerte capitalismo de desarrollo y de consumo, una ola inversionista muy fuerte. Aparece un nuevo tipo de cultura que no reconoce antecedentes en la historia de Occidente: la cultura del consumo, la cultura de los medios masivos desplegados a ultranza, la cultura de la democratización cultural, la cultura de las nuevas necesidades, de las nuevas demandas. Detrás de la década del '60 es un capitalismo consolidado, con una curva expansiva de desarrollo que ya a fines de los '60 se va a cerrar, va a entrar en crisis. Por un lado, un mundo comunista consolidado en el este de Europa bajo el patrocinio de la URSS, que ya va a mostrar sus grietas.

Precisamente en 1968, que es el año de la revuelta estudiantil del Mayo Francés, el año emblemático de la generación de los '60, va a ser el año de la invasión de la URSS a Checoslovaquia y la imposibilidad de liberarse de la URSS a pesar de que el proceso checoslovaco fue muy fuerte, muy popular y la represión a sangre y fuego de ese movimiento resultó infamante para todas las izquierdas. Por otro lado, el avance sostenido y cada vez más manifiesto de las luchas anticoloniales en África, Asia y América Latina, en el que empieza a llamarse, como mencione anteriormente, Tercer Mundo, donde surgen claramente otra vez las ideas socialistas, marxistas, las ideas de liberación, las ideas nacionalistas, las vanguardias armadas, las masas populares, en plena actividad liberadora, y donde, un cada una de estas situaciones coloniales, van a confrontar también EE.UU. y la URSS. “En los '60 los sujetos sociales, políticos e ideológicos de la protesta, de la revuelta y de la oposición, están todavía claramente constituidos: la clase obrera, el campesinado, otros sujetos que aparecen, como el estudiantado, que surgen desde una perspectiva absolutamente nueva tratando, como se pensó en mayo del '68, de cambiar la sociedad desde el protagonismo estudiantil. Aparece por primera vez, de manera rotunda, colectiva, política, la idea de juventud, como una nueva subjetividad, con sus razones, con sus valores, con sus valores históricos, con sus significados culturales. (...) Se percibe claramente, en la protesta contestataria de los '60, que cada elemento que tiene relación con nuestra subjetividad es un poder que nos está acosando. Hay que romper con los poderes que nos acosan culturalmente, socialmente, sexualmente y biológicamente. (...)La figura que se reactualiza de manera central es la figura de la revolución. Para la juventud de los '60, la revolución, en su acabado y más clásico significado, en sus más típicas y clásicas metodologías para llevarla a cabo, es una figura que está presente: la revolución es posible, la revolución esta a la orden del día, la revolución -como dirían los jóvenes de los '60 en París- hay que hacerla y no hablarla.” (Casullo, 1998:171) Podemos dividir estas épicas revolucionarias en tres partes: 1. La rebelión estudiantil política e ideológica, en cuyo seno encontramos el paradigmático Mayo del '68, cuando un alemán judío, Daniel Cohn-Bendit, junto con un grupo de alumnos toman la Universidad de Nanterre el 22 de marzo. Todo esto repercute en París, los estudiantes consiguen la solidaridad de nada menos que la Universidad de la Sorbona y se atrincheran en el Barrio Latino. Hay comienza la revuelta generalizada, rompen el cerco policial y paran completamente la ciudad. Mientras el Partido Comunista intenta por todos los medios negociar solo un aumento de salarios y desarmar la revuelta estudiantil, estos quieren realizar la revolución, ya que se sienten herederos de la Revolución Francesa. Aparte de este hecho en distintos lugares del mundo se cuestiona el modelo de enseñanza, se cuestiona que tipo de producto producía la universidad para el sistema. En los EE.UU. hay que mencionar las protestas juveniles contra la guerra de Vietnam, que llegaron a altos grados de violencia.

2. La rebelión cultural en las costumbres, las normas y los modelos de vida, tanto en Europa como en los EE.UU. y América Latina, con la aparición de movimiento hippie, el feminismo, la cultura psicodélica, el amor libre, el anarquismo, la música progresiva, el abandono de las grandes ciudades, la revalorización de la cultura oriental, y la experiencia con otras culturas. 3. Por último, los procesos políticos o guerra de liberación tercermundista: Vietnam, Camboya, Angola, Mozambique, Argelia van a tener sus procesos de guerra de liberación, así como otros piases tercermundistas. Y con ellos sus lideres, sus teóricos como Ho Chi Minh en Vietnam, Fanon en Argelia, Neto en Angola, Castro en Cuba, personas que escriben libros exponiendo sus ideas, transmitiendo su experiencia. El Tercer Mundo va a ser protagonista de un constante proceso de revolución. En palabras de Manuel: “Todos los días aparecía por la tele un país nuevo de África que se había independizado... África dejo de ser esos documentales que veíamos por televisión donde te mostraban a los pigmeos como si fueran floreros, como decorados, y paso a ser una constante revolución.” (Entrevista a Manuel, 2005) Lo que me mejor resume, a mi entender, ésta época, son las palabras del poeta y ensayista mexicano, Octavio Paz: “En la primera mitad del siglo XX la crítica de Occidente fue la obra de sus poetas, sus novelistas y sus filósofos. Fue una crítica singularmente violenta y lúcida. La rebelión juvenil de los '60 recogió esos temas y los vivió como una apasionada protesta. El movimiento de los jóvenes admirable por más de un concepto, o sino entre la religión y la revolución, el erotismo y la utopía. De pronto, con la misma rapidez con la que había aparecido, se disipo. La rebelión juvenil surgió cuando nadie la esperaba y desapareció de la misma manera. (...) Negación apasionada de los valores imperantes en Occidente, la revolución cultural de los '60 fue hija de la crítica, pero, en un sentido estricto, no fue un movimiento crítico. Quiero decir, en las protestas, declaraciones, y manifiestos de los rebeldes, no aparecieron ideas y conceptos que no se encontrasen ya en los filósofos y los poetas de las generaciones inmediatamente anteriores. La novedad de la rebelión no fue intelectual sino moral. Los jóvenes no descubrieron otras ideas, vivieron con pasión las que habían heredado. En los '70, la rebelión se apagó y la crítica enmudeció.” (Paz, 1983:11)

Pirámide invertida II: “Ala, ahí tenéis, otro golpe de Estado. Vosotros no aprendéis más” Con estas palabras el padre de Manuel le tiró -literalmente- el diario cuando este se despertaba. En más de un sentido, porque ahí comenzó a despertar su conciencia política. “'Ala, ahí tenéis, otro golpe de Estado. Vosotros no aprendéis más', me dijo y me tiro el “Clarín”. Y me dio bronca -el padre era español- porque nos criticaba.

Por supuesto, me entere después, que allá estaba Franco desde el '39, pero bueno...” (Entrevista a Manuel, 2005) Corría el año 1966 y el general (RE) Juan Carlos Onganía, luego que el presidente constitucional Arturo Illía (que había ganado con un 25% de los votos con un peronismo proscripto) fuera derrocado por el sector “azul” del Ejercito, asumía la presidencia del país. “Hasta con mis 11 años me pareció mal que al presidente lo sacara de la Casa Rosada la policía. Porque a Illía lo derroco la Federal (sic). Esta mal que a diga esto, pero a los radicales lo sacan la policía, mientras que para sacar a un presidente peronista necesitan del Ejercito y la Marina.” (Entrevista a Manuel, 2005) En ese prejuicioso comentario sale a relucir la vieja antinomia argentina: peronistas vs. antiperonistas. A partir de aquí surge en la entrevista un interrogante que va a conducir lo que viene: ¿por qué peronista? La respuesta primero se paseo por los lugares comunes, el ya antedicho clima revolucionario imperante en todos los ámbitos de la vida humana, junto con las distintas protestas civiles alrededor del mundo. Ese era el contexto, ya que un cambio de esta índole, el surgimiento de una conciencia revolucionaria, solo puede surgir interna e individualmente, de allí que la frase antes citada al comienzo del capítulo, haya terminado por desencadenar algo se estaba incubando desde hacia rato. La utilización de un término médico no es gratuita: lo que aparece en esa novel conciencia de 11 años habrá que llamarlo como el “virús” de la política. Y digo virus en tanto y en cuanto se plantea como el aquel que va a terminar con la “vieja” política, un intento de encontrar una nueva forma de relacionarse con lo social, la búsqueda constante de ese “Hombre Nuevo” tan mentado en aquellos años. La definición precisa del motivo, por supuesto, la tiene el protagonista, signado eso sí por la visión desde el (siempre peligroso) sentido común: “Más allá de cualquier explicación elaborada que se me pueda ocurrir, soy peronista no se si gracias o por culpa de mi papá, que estuvo en los bombardeos a Plaza de Mayo en el '55, pero como testigo, porque lo vio desde el barco donde trabajaba1. y fue una imagen que le quedo grabada a fuego. (...) Bueno, él me dijo, cuando le pregunte, que era peronista 'porque con Perón los pobres empezaron a sentirse personas.'” (Entrevista a Manuel, 2005) Además, según Manuel, la juventud siempre está del lado del más débil, o mejor dicho, del que percibe como el más débil; en ese momento esa debilidad estaba encarnada por el peronismo, que no sólo estaba proscripto (desde el golpe del '55 en adelante) sino que, en un vuelco delirante de los acontecimientos, estaba prohibido siquiera pronunciar el nombre del Líder depuesto. Entonces, a la ya “natural” actitud rebelde de los jóvenes habrá que agregar no solo los acontecimientos que ocurrían a nivel internacional sino

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Dado que no surgirá en las restantes trascripciones de la entrevista que aparecerán a lo largo de este trabajo monográfico, conviene mencionar que el padre de Manuel trabajo como tripulante en un barco de la marina mercante.

aquellos que sucedían a la vuelta de la esquina, algunos de los cuales aparecieron como paradigmáticos durante la entrevista: En primer lugar, el asalto al Policlínico Bancario, acaecido el 29 de agosto de 1963, marco el comienzo de la guerrilla urbana. Este hecho fue llevado a cabo, durante el gobierno de Illía, por un desprendimiento del Movimiento Nacionalista Tacuará... “... que ya había dejado de ser un grupo de choque callejero para ingresar en un complejo proceso de transformación. Y no sólo recibía adolescentes de doble apellido de Recoleta o Barrio Norte, sino también jóvenes de clase media que la veían como el instrumento más adecuado para expresar su oposición al sistema. (...) [Con] el ánimo exacerbado por contactos con militares nacionalistas, sindicalistas y los sectores más intransigentes del peronismo, un grupo decidió pasar a la acción directa. Lo lideraba Joe Baxter, un joven hijo de un inmigrante irlandés que apenas había pasado los 20 años y estaba desprendiéndose de su admiración por el nazismo que lo había conducido a Tacuara. En 1970 -después de entrenarse en China y pasar varios años en Cuba- fundaría el Ejercito Revolucionario del Pueblo (ERP) junto a Mario Roberto Santucho.” (Gutman, Clarín Digital, 2003) Este párrafo ayuda a mostrar el lío ideológico en el que estaba metido la juventud argentina en aquellos años, y más al punto, el peronismo. Ese lío que contribuiría a que el segundo gobierno de Perón terminará como termino. Con respecto al asalto propiamente dicho, habrá que decir que un grupo armado entró a la playa de estacionamiento del Policlínico, mato a dos personas y robó la valija en la que llegaba el dinero para pagar los sueldos del personal, unos 100 mil dólares. Perón, a fines del '63, recibe a Baxter en Madrid, que no había participado personalmente del asalto porque su cara se había hecho conocida como la de uno de los jefes de Tacuará. El líder exiliado lo estimularía, como lo hizo con todos los grupos armados que pasaron a la lucha durante aquellos años. La mayoría de los asaltantes del Policlínico fueron encarcelados y algunos no salieron en libertad hasta mayo de 1973, cuando el peronismo volvió al poder y fueron amnistiados los presos políticos. Varios de ellos se integraron a las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), otros a Montoneros y los menos al ERP. “...aunque a uno de ellos se lo vínculo con la ultraderecha peronista y con los servicios de inteligencia del Ejercito que en los 90 viajaron a Centroamérica a dar entrenamientos en guerra contrainsurgente. Una mezcla asombrosa, propia de un grupo en el cual cientos de jóvenes de los 60 amanecieron a la violencia, que se llamó Tacuará.” (Gutman, Clarín Digital, 2003) Aunque cuando ocurrió lo narrado en las pasadas líneas Manuel era muy pequeño, fue un hecho que influyo en lo que siguió, ya que, como se dijo, constituyo un hito como el comienzo de la guerrilla urbana en la Argentina.

Cronológicamente en segundo lugar aparece el hecho que constituyo otro hito en las actividades en contra del régimen militar: la noche de los bastones largos, con la que se produjo un vuelco de la actitud de los estudiantes universitarios, hasta ese momento antiperonistas. Un mes después de asumir el gobierno, Onganía interviene las universidades, terminando con el gobierno tripartito (profesores, graduados, estudiantes). El interventor, Dr. Luis Botet, no recibe críticas por parte de los sindicalistas peronistas a pesar de haber sido el juez que proceso, durante la “Revolución Libertadora”, a los legisladores peronistas como traidores a la patria. Algunos estudiantes intentan una resistencia simbólica pero comenten un error: los alumnos de Exactas planean tomar la facultad, ubicada en Perú y Diagonal Sur. Este hecho les permite al jefe de la Policía Federal, Mario Fonseca, planear la represión. Los ocupantes primero invitan a salir a todos aquellos que no estén de acuerdo con la toma o los que teman por su integridad física. Luego cierran puertas y ventanas, para luego trabarlas con mesas y sillas, constituyendo así frágiles barricadas. Esperan un trato duro por parte de la policía, pero no imaginan lo que se avecina. Tienen las 48 hs. que le dieron en un ultimátum, y tienen la esperanza que en ese lapso la opinión pública y la comunidad académica le dé su apoyo. Es por eso que la consigna es que nadie debe estar armado y que no se debe enfrentar a la policía, ni siquiera de palabra. Además del decano Rolando García, contrario del régimen por sus ideas de izquierda, esta el catedrático norteamericano Warren Ambrose, del MIT (Massachussetts Technology Institute), que decide quedarse en apoyo de sus pares argentinos. En determinado momento se da la voz de alarma y todos comienzan a cantar el Himno Nacional. La policía entra sin encontrar resistencia alguna y las autoridades depuestas de la facultad intentan frenar la escalada de violencia indicando que están dispuestos a abandonar el edificio, lo que en lugar de disuadir, envalentona a los represores que comienzan a repartir golpes a diestra y siniestra con el grito de “¡judíos de mierda!”. García recibe tantos bastonazos que termina en el hospital, y resto sale con las manos en la nuca y son cargados en los camiones celulares. “La noche del 29 de julio de 1966 se destaca en el profuso calendario de la represión argentina como 'la noche de los bastones largos'. No por lo cruenta, ya que afortunadamente no produjo víctimas fatales, sino por ser un punto de inflexión entre dos épocas claramente diferenciadas. Entre 1956 y 1966, los gobiernos militares y civiles habían respetado la autonomía universitaria. Incluso la 'Libertadora', que tenía alguna deuda con un movimiento estudiantil básicamente antiperonista. Y, en parte, gracias a esa autonomía, la universidad logró un nivel sobresaliente en el continente, que empezó a declinar con la intervención y nunca más se recuperó. Pero la autonomía (legítima y necesaria) generó una ilusión en el plano político: el espejismo de la isla democrática en el país autoritario. A partir de los bastones largos los estudiantes empezaron a conocer en carne propia la violencia padecida por la clase trabajadora en la última década. Y aunque los sindicatos no se solidarizaron con el movimiento estudiantil, los estudiantes (que solían proceder de hogares antiperonistas) se acercaron a los obreros que eran mayoritariamente peronistas.” (Bonasso, 1997:166)

Igualmente la mejor definición de los efectos de aquella noche de represión se encuentra en la boca de uno de los personajes de una obra de ficción que trata de reflejar el espíritu de la época, Las violetas del paraíso (una historia montonera): “Los estudiantes vivían en una islita gorilona hasta que Onganía mando a reprimirlos -resume el Gato. Ahí tomaron conciencia de quien era su verdadero enemigo, y se incorporaron a la lucha contra la dictadura. Pero no por eso ahí que pensar que todos están comprometidos con la causa popular. Aquí vinimos a buscar un título que nos salve individualmente en esta sociedad competitiva. Por eso nuestra tarea como agrupación revolucionaria consiste en esclarecer a los estudiantes y poner la Universidad de La Plata al servicio del pueblo.” (Pollastri, 1988:22) Este “despertar” de los estudiantes está vinculado directamente con el tercer hecho en esta enumeración: el Cordobazo, donde se produjo un “encuentro” entre trabajadores y estudiantes. Todo comenzó cuando Vandor se reconcilio con Perón y desistió de sus intentos de independencia (aunque esto no impidió que muriera baleado en junio del '69 por desconocidos, según la prensa de la época), y el primero le ordenó a Raymundo Ongaró la disolución de la CGT disidente “de los Argentinos” y vuelva a la CGT “Azopardo”. Ongaró hace oídos sordos a la orden y el sindicalismo combativo se atrinchera en Córdoba, donde comienza a crecer la figura del dirigente independiente de izquierda, Agustín Tosco. Es en esta provincia donde se desencadenan los hechos cuando el gobierno pretende anular en todo el país “el sábado inglés”. Estos eventos empujan a dirigentes moderados como Elpidio Torres a actitudes más combativas. El 27 de mayo de 1969, Ongaró llega a Córdoba es arrestado por lo que cuando, el 28, los dirigentes sindicales y del movimiento estudiantil terminan de planificar la movilización del paro activo del día siguiente, cuando masas de obreros y estudiantes convergen sobre el centro de la ciudad; reprimidos violentamente por la policía, luchan con ella y logran rebasarla y dejarla cercada en su cuartel central; la ciudad queda en sus manos. Son incendiadas y destruidas selectivamente sedes de empresas extranjeras. Al anochecer del día siguiente el Ejército retomó el control de la ciudad. A pesar de esto, pocos días después, Onganía reemplaza al ministro de economía Krieger Vasena por Dagnino Pastore. Fue este levantamiento popular, que dejo el saldo de muertos y heridos, el que constituyo el comienzo del fin para el gobierno de Onganía, y precipitaría su salida para ser reemplazado, en mayo de 1970, por el hasta ese momento ignoto agregado militar en la embajada argentina en los EE.UU., Roberto M. Levingstón. El último hecho que quiero mencionar es la llamada “Operación Pindapoy”, el secuestro del general Pedro E. Aramburu, ex presidente de facto desde el '55 hasta el '57, que marco el inicio de las actividades de la organización armada peronista que se llamo con el nombre que había propuesto Fernando Abal Medina: Montoneros. Le hicieron un juicio y le leyeron sus cargos. Negó algunos y se hizo cargo de otros. Dijo no saber donde estaba el cadáver de Eva Perón porque fue una operación que llevo a cabo el

entonces jefe de la SIDE, Gral. Cabanillas. Este último, a todo esto, intento ponerse a disposición del Ejército, junto con la documentación de la “Operación Traslado”, para salvar la vida del secuestrado, pero -según dijeron- “no llegaron a tiempo”. Y el 1º de julio de 1970 lo condenaron a muerte. Abal Medina, militante católico, tomo en sus manos la tarea de la ejecución, mientras que Firmenich, otro militante católico, hacia ruido para que no se escucharan el sonido de los disparos. Los días siguientes redactaron 5 comunicados. El número 4 informaba de la ejecución, terminando con la frase “que Dios se apiade de su alma”; la 5 presentaba a Montoneros en sociedad como “hombres y mujeres profundamente argentinos y peronistas, dispuestos a pelear con las armas en la mano por la toma del Poder para Perón y para su Pueblo.”

“Luche y vuelve” Este fue uno de los lemas de la campaña que llevo a Héctor Cámpora al poder y se refería al regreso del exiliado más famoso que alguna vez tuvo el país: Juan Domingo Perón, presidente depuesto en 1955, aquel que la juventud se empeño en ver como quien sostendría los estandartes de la revolución. Y a Manuel estos acontecimientos lo marcaron para “toda la cosecha”. Literalmente. Para seguir el hilo de los eventos, habrá que decir que lo relatado en el capítulo anterior a Manuel se le grabo a fuego en la memoria y, como ya dije, fue adquiriendo una conciencia política (en un sentido muy cercano al de la palabra griega polis) revolucionaria, enriquecida esta por lecturas de vertientes ideológicas muy diversas, aunque con marcados tintes nacionalistas: “Empecé a leer todo lo que caía en mis manos: Hernández Arregui, Scalabrini Ortiz, Arturo Jauretche, John William Cooke y hasta “El Capital”, Marx. Algunas cosas me interesaban, otras no tanto, y otras me parecían terriblemente aburridas. Pero, eso sí, empecé a darme cuenta que el mundo era más grande de lo que yo creía; me di cuenta que vivía en un barrio, que ese barrio estaba en una ciudad, que la ciudad estaba en un país y que ese país estaba en un mundo lleno de otros países, y en ese mundo pasaban muchas cosas. En ese mundo había pobres, ricos, violencia, represión, buenos que no eran tan buenos y malos que no lo eran tanto.” (Entrevista a Manuel, 2005) Su acercamiento a la política, como muchos otros (entre ellos los antes nombrados Firmenich y Abal Medina), en la juventud de Acción Católica. Ese acercamiento se produjo a través de capellán de su escuela (él iba a una escuela que, aunque era mixta, estaba catalogada como liceo militar y dependía del Ejército, el instituto Dalmazo Centeno, ubicado en pleno centro del barrio de Caballito, en la Capital Federal), cercano este a las posiciones tercermundistas -sin llegar a serlo-, quien a su vez tenía un ayudante, Titín, decididamente dentro del grupo de curas del Tercer Mundo (que difundían y apoyaban una doctrina católica hacia lo social). De aquí a comenzar la militancia en una Unidad Básica (UB) lo separaba tan sólo un paso.

Una imaginación fabril, atravesada por filmes y noticias sensacionalistas, nos hace relacionar UB peronista más época convulsionada con reuniones secretas, llevadas a cabo bajo la (falsa) seguridad de la noche, donde se urdían intrincados planes de guerrilla urbana contra el régimen. Nada más lejos de la realidad (al menos en la experiencia de Manuel): “Más que nada pasábamos películas, las que estaban prohibidas en esos años, como por ejemplo, “La hora de los hornos”, de Pino Solanas, o “Quebracho”. Lo otro que hacíamos era escuchar las cintas grabadas que mandaba el General Perón desde Madrid y después teníamos charlas donde debatíamos el significado doctrinario de esas cintas.” (Entrevista a Manuel, 2005) Las Unidades Básicas eralas organizaciones de superficie, donde se separaba la paja del trigo, donde se decidía quienes podían ser buenos prospectos para convertirse en cuadros de las organizaciones armadas. Esa militancia fue la que lo llevo a Manuel a cruzar el río Matanza con el agua a la altura de los hombros, para asistir al regreso del Viejo, el mito viviente, Juan D. Perón, allá por 1972. Y los motivos por los cuales, en el segundo regreso del General (mediados del '73), le quedaría una marca que, como mencione más arriba, permanecería toda la vida. Pero será mejor ir a la fuente: “[En la primera vuelta de Perón al país] fui a verlo en Ezeiza y me llene de barro hasta el cogote. (...) Cuando estábamos llegando un policía nos dice 'yo los dejaría pasar, pero más adelante los van a reprimir'. Al final, nos dejo pasar y, dicho y hecho, nos reprimieron. Ya en la segunda vuelta fui con una columna de la Juventud Peronista y cuando paso lo que paso [el enfrentamiento con grupos armados de derecha, que según la mayoría de las versiones fueron los que iniciaron los disparos contra las columnas de los grupos de izquierda que intentaron llegar hasta el palco desde donde Perón se dirigiría a la gente allí reunida; este episodio es conocido como la 'masacre de Ezeiza] 'empezamos a correr, tratando de huir de los disparos. En un momento dado me agacho para ayudara un compañero que cayó al lado mío cuando siento un pinchazo en la nuca, justo acá, ves [se 'abre' los cabellos y me muestra una cicatriz en el cuero cabelludo, del tamaño de un botón], bueno, esa es la marca que me dejo una bala al rozarme. Y decí que me agache justo, porque sino...” (Entrevista a Manuel, 2005) La pregunta obligada, luego de semejante relato, fue “¿por qué tanta devoción hacia Perón?” La respuesta no se hizo esperar: “Creímos que él tría la revolución, veíamos en Perón al Mao argentino. Y él alimentaba eso, pero solo como un movimiento táctico. Perón decía que el golpe del '55 le había impedido ser el Fidel Castro latinoamericano. Nos equivocamos: Perón no era Mao. Era Perón.” (Entrevista a Manuel, 2005) Siguiendo el orden cronológico de los acontecimientos, luego de varias chicanas del gobierno militar de Alejandro A. Lanusse para inclinar las elecciones hacia un candidato potable para ellos (los militares), como por ejemplo Balbín, las presiones los obligan a permitir que se realicen los comicios

de manera libre y transparente, sin proscripciones. Por supuesto, gana la formula peronista Cámpora – Solano Lima (un conservador), con el 48% de los sufragios. Uno de los lemas de la campaña fue “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, algo que se cumpliría, como veremos, de manera siniestra. En cualquier caso, a pesar de las disposiciones (trabas) gubernamentales decían que la formula vencedora debía obtener más del 50% de los votos para evitar la segunda vuelta, el candidato radical, el “Chino” Ricardo Balbín (quien había obtenido la segunda mayor cantidad de votos) se apresuro a reconocer la victoria del FREJULI2, para evitarle a su partido una derrota más amplia en una probable segunda vuelta. Cámpora, el último delegado de Perón en la Argentina y a quien muchos veían como un títere de este último, asumió la presidencia de la Nación el 25 de mayo de 1973, en una ceremonia en la que estuvieron presentes el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticós, y el socialista chileno Salvador Allende. Al grito de “se van, se van, y nunca volverán” o “Lanusse, Lanusse, Lanusse gorilón, el pueblo te saluda la puta que te parió” la multitud festejaba la asunción del nuevo presidente democrático como una victoria. No era para menos: lo fue. Fue la efímera victoria de esa “juventud maravillosa” mencionada una y otra vez por Cámpora -y Perón- en sus discursos. Fue una fiesta popular que no pudo ser empañada por los intentos de exacerbar a la multitud, gracias a la rápida y decida acción de la Juventud Peronista: “Una historiografía nada inocente, una crónica periodística al servicio de 'los servidores genuflexos', ha pretendido presentar el 25 de mayo de 1973 como el punto de arranque de 'la violencia irracional', como el bautizo del pretendido demonio ultraizquierdista. La verdad histórica no tiene nada que ver con ese Billiken para fascistas con que han intoxicado a la opinión pública. Algunas crónicas redactadas en ese mismo momento corroboran que ésta no es una afirmación sesgada por la subjetividad. Mario Diament, que entonces integraba la planta del diario La Opinión y no simpatizaba precisamente con Montoneros, escribió en la edición del día 26 de mayo: 'En el momento en la acción de las fuerzas represivas amenazó con desatar una ola de pánico de consecuencia imprevisible, la serena actitud de los dirigentes de la Juventud logró controlar la situación (...) Quienes debían desfilar para marcar la significación del día no eran militares, era esa juventud madura, consciente, política, que hizo posible que la Argentina recobre su lugar entre los pueblos del mundo que tienen capacidad de dirigir su propio destino.' Mario Diament, que actualmente escribe para La Nación desde Miami y nunca fue justamente peronista, aludía al hecho central de aquel 25 de mayo: el restablecimiento del orden en la Plaza por parte de los principales dirigentes de la JP, como Dardo Cabo, Leonardo Bettanin, Juan Carlos Dante Gullo, Jorge Obeid, Ismael Salame, Guillermo Amarilla: “(...) El momento era la encarnación exacta de la frase de Antonio Gramsci: el viejo regimén no alcanzaba a morir y el nuevo no alcanzaba a nacer. El poder
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Frente Justicialista de Liberación, coalición de partidos de diversas ideologías que apoyaban la formula Cámpora – Solano Lima.

picaba como una pelota solitaria frente al arco, mientras un presidente esperaba para irse y otro esperaba para llegar. Entonces, aunque no mediaba orden alguno de represión por parte del nuevo ministro del Interior, la Policía Federal cargó con furia sobre la multitud en la que había mujeres, ancianos, niños. Hubo una avalancha y las clásicas corridas por los gases y los tiros con balas de goma, pero los manifestantes, enfurecidos, volvieron sobre sus pasos e hicieron retroceder a los represores. Los dirigentes juveniles hablaron a los manifestantes desde el balcón del general, mientras abajo, tres mil cuadros con los brazaletes rojinegros de la JP formaban cordones para que los invitados pudieran ingresar a la Rosada. Los periodistas registraron una escena jamás vista: los policías que habían gaseado a la gente comenzaron a retirarse de sus posiciones, custodiados por Dardo Cabo y otros dirigente juveniles que los preservaron de la ira popular.” (Bonasso, Página/12 WEB, 2003) Cámpora empezó su gobierno con una amnistía a los presos políticos, reestableciendo relaciones diplomáticas con Cuba y con la URSS, eliminando la censura, entre otras medidas que intentaban restaurar la tranquilidad. Pero la “primavera camporista” duraría poco, porque a los 49 días, el 13 de julio de 1973, el presidente elector se ve ¿obligado? a renunciar, en parte por las presiones de algunos sectores del peronismo, así como por las intrigas palaciegas, pero también porque Cámpora, verticalista hasta el final, cumplió con su promesa de dejarle su lugar a Perón. Este fue el principio del fin.

El fin: de “juventud maravillosa” a “imberbes” “En una carta a Marx de diciembre de 1851, Federico Engels -ante el giro reaccionario que tomaba la política francesa, entronizando al conjunto de financistas y aventureros nucleados alrededor de Luis Napoleón- le decía que sucedía tal como si el viejo Hegel, desde su tumba, llevará de la mano al espíritu universal de la historia y trabajara concienzudamente por hacer que las cosas sucedieran dos veces, una como una gran tragedia y otra como una comedia grotesca.” (Vazeilles, 1998:115)

Luego de la renuncia asumió Raúl Lastiri, presidente de la Cámara de Diputados y yerno del “Brujo” José López Rega, a la espera de una nueva elección. En ésta, el justicialismo presento la formula Perón, Juan Domingo, como candidato a presidente y Perón, Maria Estela Martínez de, como improbable candidata a vice. Esta formula ganó con más del 60% de los votos. Y de ahí en más todo fue cuesta abajo. Se comenzó a perseguir a los integrantes de ala de izquierda del partido, tanto con atentados por parte de la derecha como por parte del mismo gobierno, que censuraba sus publicaciones. Pero lo peor estaba por venir: el 1º de mayo de 1974, durante el tradicional acto por el día del trabajador, una multitud de jóvenes van a la Plaza para

reclamarle al General “directamente”, ya que ellos tenían la impresión -no muy errada, por cierto- que fueron ellos quienes habían hecho posible el regreso del Viejo a la Argentina. Le cantaban “¿qué pasa, qué pasa, qué pasa general? Está llenó de gorilas el gobierno popular.” Pero un reclamo en el que en el fondo se trataba de demostrarle a Perón que eran ellos -la juventud- quien tenía la “manija”, como quien dice, no iba con Perón, que los llamo “imberbes” y, con poco disimulo aunque sin nombrarlos, le advirtió que si seguían oponiéndose a él -palabras más, palabras menos, así lo percibía él- haría “tronar el escarmiento”. Tras la muerte de Perón, ocurrida sólo pocas semanas después, el gobierno quedo en manos de “Isabel” y, el poder detrás del trono, el “Brujo”, quien armó ilegalmente la temida Tripe A (Alianza Anticomunista Argentina), organización armada de extrema derecha, que perseguía a todos aquellos que atentaban contra nuestros valores “humanos y cristianos”. Aunque muy cristianos no fueron porque lo que vino a continuación fue una caza de brujas que llevó al pase casi obligado de Montoneros a la clandestinidad, lo que, a su vez, produjo una escalada de violencia que hizo que los militares vencidos en las urnas en el '73 se refregaran las manos y comenzarán a planear el golpe. Los hechos de violencia, sumados a una crisis económica terrible, precipitaron la caída del, pese a todo, gobierno constitucional, incluso faltando tan sólo 9 meses para las elecciones. El golpe ocurrió finalmente un fatídico 24 de marzo de 1976. De todas maneras, antes de ser derrocada, la inefable “Isabelita” cometió el desatino por el cual la recordará la historia: firmo un decreto dándole “carta blanca” a las FF.AA. para eliminar a los focos guerrilleros que el ERP había abierto en Tucumán (decreto que también llevaba la firma del futuro gobernador de Bs. As. y senador nacional, Antonio Cafiero). Al momento de producirse el golpe, Manuel ya había abandonado la organización de “superficie” de Montoneros donde militaba, la JUP (Juventud Universitaria Peronista), en desacuerdo con el pase a la clandestinidad: “No es lo mismo pelear contra un gobierno represivo que con uno democrático. Pasar a la clandestinidad fue un error táctico, porque al empezar con la violencia vas perdiendo el apoyo de la gente que lo único que ve es que vos estás atacando al gobierno que ellos eligieron. Lo mismo le paso a la ETA después que se fue Franco. En la primera elección sacaron un 40%, en la segunda en 15 y en la tercera un 5. Si vos crees que la gente está con vos jugar con las reglas del juego del momento, y en ese momento las reglas del juego habían cambiado, eran otras. Armá un partido y preséntate a elecciones. Y si la gente no te elige no digás que la gente está equivocada. Vos sos el equivocado, vos no le ofrecés lo que ellos quieren. Ese es el problema de las vanguardias: a veces estás tan a la vanguardia que al pueblo lo dejaste atrás, muy atrás. Una vez me lo explicaron con una anécdota que en el momento no entendí pero después fui cayendo. Si vos a la gente la crías comiendo salchichón, cuando le des jamón crudo italiano de primera no le va a gustar. Lo que vos tenés que hacer es mezclar, de a poquito, el jamón crudo con el salchichón, hasta que un día van a decir: 'Me parece que este, el jamón, es más rico.' Pero eso toma su tiempo, como todo. (...) Además me hicieron notar, yo no me había dado cuenta, una cierta desaprensión por parte de la Orga

hacia las organizaciones de superficie, hacia nosotros.” (Entrevista a Manuel, 2005)

Los restos del naufragio Con la asunción del general Jorge R. Videla a la presidencia del país los trabajadores comenzaron a ser perseguidos sistemáticamente para evitar cualquier atisbo de resistencia a la “flexibilización” laboral y la “liberalización” de la economía llevada a cabo por Martínez de Hoz. El Proceso de Reorganización Nacional, como pomposamente se llamaban a si mismos los usurpadores del poder, hicieron de la juventud un baño de sangre, a pesar que tanto el ERP como Montoneros estaban prácticamente desmembrados, por los motivos que se vienen explicando en este y en el capítulo anterior, aunque hubo algún intento desesperado por resistir por parte de estos últimos, como se verá a continuación. Luego del golpe Manuel regresa a las filas de Montoneros porque la situación había cambiando otra vez: “Ahora, otra vez, era luchar contra un régimen ilegal, entonces ahora si tenía sentido el uso de la violencia. Armamos un grupo con un obrero venido de Rosario, bastante grande, un chico de unos 18, una mujer, el jefe y yo. Alcanzamos a hacer pocas cosas como distribuir panfletos, recavar información, esa era el tipo de tareas que hacíamos. Cae primero el jefe y queda a cargo la mina. Cuando ella desaparece, por ser el más experimentado quedo yo a cargo, pero no me quedaban más contactos, así que decido que dejemos de funcionar. Abro la caja fuerte del departamento que teníamos en el centro: había unos 600 dólares, una 9 milímetros y una 45. Reparto la guiíta, le doy casi todo al tipo que tenía que volverse a Rosario, también la doy la 45. El resto del dinero lo reparto entre el pibe y yo, que también era un pibe, tenía unos 23 años. Y me quedo con la 9, que prolijamente cuando salgo de ahí voy a tirar al río.” (Entrevista a Manuel, 2005) Cuando la situación se hizo insostenible se vio obligado a exiliarse a España: “Un amigo de mi viejo que era militar, coronel o algo así, me llama a casa y me dice que nos teníamos que encontrar porque tenía para ofrecerme un laburo. Le dije que si pero pensé '¿un laburo?, que raro'. Cuando nos encontramos me dice que estoy por caer, que me tengo que ir. (...) Así que con plata prestada por amigos me voy a Ezeiza con mi pasaporte y tomo el primer vuelo a España.” (Entrevista a Manuel, 2005)

Corría el año 1977.

“... que 30 años no es nada...” A Manuel le ocurrió algo de los más extraño en el exilio: encontró su lugar en el mundo. “Después de un periodo de adaptación, que me juntaba con un grupo de exiliados como yo, a leer las cartas y noticias de lo que pasaba en la Argentina, mientras escuchábamos tango, tomábamos mate y comíamos dulce de lecho. Pero a mi nunca me gusto mucho el tango, el mate me hace mal y el dulce de leche me parece muy empalagoso. Y me di cuenta que me sentía cómodo, a diferencia de la gran mayoría. Cuando llamaba a mis amigos me decían: '¿qué haces, sos pelotudo vos?' y yo inocentemente les preguntaba por qué. 'Porque estás hablando como gallego, tarado'. Ni me daba cuenta, como te podrás imaginar.” (Entrevista a Manuel, 2005) Regreso con la vuelta a la democracia y cuando Alfonsín pronuncia su discurso al asumir, la llamita de esperanza se encendió una vez más, para apagarse tan rápido como se había encendido: “... en un momento del discurso la gente, la plaza llena toda junta, empieza a cantar 'el pueblo, unido, jamás será vencido', con una fuerza que te ponía la piel de gallina. Yo estaba viendo el discurso por la tele y veo que cuando Alfonsín escucha esto dice: 'Compañeros, tienen razón'. Sin poder creer lo que escucho llamo a mi mujer en ese momento y le digo: 'Vení, Negra, que este se va a animar'. Ya pensaba en la limpieza que íbamos a hacer. Y después Alfonsín siguió con su discurso y le digo a mi mujer: 'Este dejo pasar el tren de la historia, ese que solamente pasa una vez'.” (Entrevista a Manuel, 2005) Una particular visión de las cosas que reflejar, más que el estado de las cosas en ese momento, el espíritu revolucionario de los '70, con todos sus pro y sus contra. Manuel, aunque en su momento lo intuyo sin poder ponerlo en palabras, años después comprendió los errores cometidos por ambos lados del peronismo de aquel entonces. Y no fue el único. “Fue en un asado que se hizo en Caseros para celebrar el cumpleaños de Susana Valle. (...) Estábamos sentados en la mesa, intercalados, antiguos militantes de izquierda y derecha. (...) El “Gallego” Álvarez dijo algo que es verdad: 'Hace 30 años resolviamos nuestras diferencias a los tiros. Fuimos todos perejiles.' Y es verdad, porque mientras nosotros nos peleábamos desde el balcón nos miraban y se cagaban de risa. Yo en ese momento me di cuenta. 'No puede ser que ellos sean nuestros enemigos y todos seamos peronistas. ¿No será que el enemigo esta en otro lado?' -me preguntaba. Y era así. Pasaron 30 años pero al final pudimos compartir un asado.” (Entrevista a Manuel, 2005) ¿Ni vencedores ni vencidos? Al plantearme esta pregunta, resuenan en mis oídos aquellas frases que Engels escribiera a Marx preguntándose si la historia se repetiría dos veces, la segunda como grotesco. La inmensa ironía

de que sea la frase de aquel Lonardi, antiperonista acérrimo pero conciliador3, la que defina la situación actual del peronismo es algo que me es imposible pasar por alto.

Conclusión Como dije al principio, lo que importa en este relato, es lo del medio. Por tanto, cualquier conclusión que pudiera elaborar caería en una esquematización de aquella conciencia revolucionaria que quisiera evitar. Sin embargo, es posible percibir un patrón que se repite a lo largo de la historia de la juventud de nuestro país: un transito, más o menos accidentado, de la esperanza al desencanto. Podemos verla en aquella generación intelectual del '37 (1837) que imaginó un país muy distinto (muy europeo, si se quiere) al que termino siendo; los jóvenes que votaron a Yrigoyen allá en el '16 y vieron como “la causa contra el Régimen” terminaba envuelto en un espiral, de construcción propia, de corrupción y burocratización (caída aprovechada por los carroñeros de siempre); esa “juventud maravillosa” a la que hice referencia a lo largo de las páginas anteriores de toda la monografía vio como sus sueños y ansias de revolución, de cambio, se deshacían en las divisiones internas del partido peronista, tironeado tanto de izquierda como de derecha, sumándose a esto un líder que no terminaba por definir de que lado estaba. Excepto en los hechos. Y como decía Perón: “la única verdad es la realidad”. Y por último, la juventud de hoy, desencantada con la democracia alfonsinista, con la que “se come, se cura y se vive”. El estallido que se produjo en diciembre de 2001 por (los usuales) motivos económicos que tapaban, apenas, los subyacentes problemas de legitimidad que acarreaba la democracia desde la traición de Meném. Al grito de “que se vayan todos” se intento crear una solución superadora. Que hayamos logrado capear lo peor del temporal con la democracia a flote constituye una victoria. Si podemos capitalizar esta oportunidad histórica de salir del circulo vicioso, aprovechando lo mejor de la democracia para descartar lo peor, sus problemas histórico-estructurales (corrupción, corporativismo, partidocracia), solo la historia lo sabrá. El enemigo es siempre el mismo, aunque cambie sus discursos y cambie de vestimenta. Quisiera terminar este trabajo citando lo que a mi entender describe de manera ejemplar esa conciencia revolucionaria que mencione hasta el hartazgo a lo largo de estas páginas: “-Yo me no planteo la muerte en términos de desaparición física, sino éticos: prefiero morir llenó de balas a los veinte años en el intento de cambiar esta sociedad injusta, que a los ochenta, comido por la arterioesclerosis luego de haber vivido al pedo.” (Pollastri, 2003:20)

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Gran derrotado de aquella “Revolución Libertadora” que luego intento desperonizar a la Argentina.

Bibliografía

Bonasso, M., El Presidente que no fue: Los archivos ocultos del peronismo, Buenos Aires, Planeta, 1997.

Casullo, N., Forster, R., Kaufman, A.: “Rebelión cultural y política de los '60”, en Itinerarios de la Modernidad: Corrientes del pensamiento y tradiciones intelectuales desde la ilustración hasta la posmodernidad, Buenos Aires, EUDEBA, 1999.

Paz, O., Tiempos Nublados, Barcelona, Seix Barral, 1983.

Pollastri, S., Las violetas del paraíso: Una historia montonera, Buenos Aires, El Cielo por Asalto, 2003.

Vazeilles, J. G., Historia Argentina: Etapas económicas y políticas. 1850 – 1983, Buenos Aires, Biblos, 1998.

Otras fuentes Gutman, D., “El asalto al Policlínico Bancario, el primer golpe de la guerrilla urbana”, Clarín Digital, en http://old.clarin.com/diario/2003/08/29/p02501.htm.

Bonasso, M., “Recuerdos del 25: A 30 años de la asunción de Hector J. Cámpora”, Página/12 WEB, http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-205672003-05-25.html Entrevista realizada a Manuel, realizada por Aquino, C., el 22 de junio de 2005, en Capital Federal.

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