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MERCANTIL LIBRO

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El empresario es, por tanto, la persona con capacidad jurídica en cuyo
nombre se realiza la actividad empresarial; es la persona que asume los dere-
chos y obligaciones vinculados a esa actividad, y, por consiguiente, la que
asume también la responsabilidad correspondiente.

El empresario asume pues la responsabilidad a título personal y con
todos sus bienes presentes y futuros por las obligaciones resultantes de la
actividad empresarial, según resulta de la norma general establecida en el
artículo 1911 CC.

Así pues, de las obligaciones resultantes de la actividad empresarial res-
ponde el empresario con todo su patrimonio, no sólo con los bienes y dere-
chos integrados en su empresa, sino con todo su patrimonio personal, aun-
que sea ajeno a la actividad empresarial de la que resulten las obligaciones.
Y esa responsabilidad personal y universal del empresario le afecta tanto si
se trata de un empresario individual, como si se trata de una sociedad mer-
cantil o de un empresario persona jurídica.

Resulta, por consiguiente, que si un mismo empresario es titular de di-
versas empresas, la responsabilidad resultante de la explotación de todas ellas
corresponde a ese empresario. Ello significa que no está incomunicada la
responsabilidad derivada de la explotación de cada una de las empresas por
separado, sino que todos los bienes y derechos integrados en todas esas era-

A. BERCOVEfZ RODRÍGUEZA'ANO: Apuntes de Derecho Mercantil

188

presas, como pertenecientes al mismo empresario, responden de todas las
obligaciones surgidas de la actividad empresarial en cualquiera de ellas.

Este principio es aplicable con carácter general tanto a la responsabili-
dad de los empresarios individuales como a la de los empresarios sociales.
También las sociedades mercantiles que son titulares de empresas responden
con todo su patrimonio de las deudas resultantes de la actividad empresarial.
Ahora bien, si se trata de sociedades en las que, en virtud de las disposiciones
legales aplicables, los socios no responden de las deudas sociales, eso significa
que la sociedad responderá con todo su patrimonio, pero si ese patrimonio
es insuficiente, no se podrá formular reclamación alguna a los socios que ya
hubieran realizado su aportación social.

Para limitar la responsabilidad resultante de la actividad empresarial,
cuando se trata de un empresario individual, y evitar que afecte a todo su
patrimonio personal, el ordenamiento jurídico permite en la actualidad la
constitución de sociedades anónimas o de responsabilidad limitada uniperso-
nales (arts. 125 a 129 de la LSRL y art. 311 de la LSA). Así pues, una persona
natural que quiera limitar su responsabilidad por las deudas nacidas de la
explotación de una empresa determinada puede constituir una sociedad anó-
nima o de responsabilidad limitada unipersonal con la aportación de los
bienes y derechos integrantes de la empresa, lo cual le permitirá llegado el
caso que por las deudas surgidas de la explotación empresarial no puedan
verse comprometidos más que los bienes y derechos integrantes de la socie-
dad unipersonal, pero no los de su patrimonio personal. Evidentemente tam-
bién puede ser socio único de una sociedad unipersonal una persona jurídi-
ca.

Debe recordarse que si se constituye la sociedad anónima o de responsa-
bilidad limitada unipersonal para ejercer la actividad empresarial, el empre-
sario será la sociedad y no el socio único y que la sociedad responderá con
todo su patrimonio.

Para limitar también la responsabilidad por las deudas surgidas por la
explotación de una empresa, cuando una misma persona explota distintas
empresas, una práctica habitual es la de constituir diversas sociedades con
limitación de responsabilidad, esto es, en las que los socios no responden de
las deudas sociales, para la explotación de cada una de las empresas por
separado. De esa manera la titularidad de cada empresa corresponde a una
sociedad con personalidad jurídica propia, y es el patrimonio de esta socie-
dad el único que responde del cumplimiento de las obligaciones surgidas de
la actividad empresarial correspondiente. Precisamente esta técnica que

IV.

El empresario

189

tiende a independizar la gestión de distintas empresas y la responsabilidad
resultante de la explotación de las mismas es la que da lugar a la creación
de los grupos de sociedades.

La responsabilidad del empresario puede ser por obligaciones tanto con-
tractuales como extracontractuales o legales. Las obligaciones vincularán al
empresario si han sido realizadas por él mismo personalmente o por perso-
nas a las que el propio empresario o la ley atribuya la representación de éste.

Pero también contrae el empresario responsabilidades por obligaciones
extracontractuales, especialmente en aplicación de lo dispuesto en el artículo
1903 del CC, según el cual la obligación de reparar el daño causado por
cualquier acción u omisión en que intervenga culpa o negligencia (art. 1903)
no sólo es exigióle por los actos u omisiones propios, sino por los de aquellas
personas de quienes se debe responder. Añade además expresamente ese
artículo 1903 que son igualmente responsables «los dueños o directores de
un establecimiento o empresa respecto de los perjuicios causados por sus
dependientes en el servicio de los ramos en que los tuvieran empleados, o
con ocasión de sus funciones». Además, los supuestos de responsabilidad
extracontractual previstos en el artículo 1908 del CC afectan directamente a
la responsabilidad vinculada a la explotación de una empresa. En los casos en
los que el daño producido se vincula a los riesgos propios de una explotación
industrial o agrícola, la jurisprudencia viene a admitir la responsabilidad del
empresario, vinculada al riesgo generado por la explotación empresarial,
aplicando el principio según el cual quien se beneficia de esa explotación
empresarial debe asumir las consecuencias perjudiciales inherentes a la ex-
plotación de la misma. En este sentido pueden verse las SSTS 7 abril 1997
(RJ 1997, 2743), 24 mayo 1993 (RJ 1993, 3727), 16 enero 1989 (RJ 1989,
101).

Por otra parte, y como consecuencia de la aplicación del principio de
protección de los consumidores, los fabricantes o quienes introducen y co-
mercializan los productos o servicios en el mercado están sujetos a una res-
ponsabilidad agravada, por los daños que esos productos o servicios defectuo-
sos puedan producir (arts. 128 y ss. de la LGDCU).

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