AVERROES ¿un desconocido? O peor ¿un GRAN OLVIDADO?

¿Cómo? ¿Que ‫ ر شد ب ن محمد ب ن أحمد ب ن محمد ال ول يد أب و‬un desconocido? ¿que no sabemos quién es Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd? Desde luego, con ese nombre pudiera ser que sí. Pero si latinizamos ese nombre quizás no sea tan desconocido. AVERROES, filósofo árabe y cordobés nacido en 1126, pero muchas cosas más además de filósofo: médico y juez y maestro y astrónomo y matemático.
un filósofo, pero también médico y juez y astrónomo y maestro,

¿Grande? Desde luego, uno de los grandes. ¿Y olvidado? Desde luego que no. Es más, entre nosotros ya había aparecido, Pero pudiera ser que no lo hubiéramos advertido, que no nos hubiésemos dado cuenta de su presencia. Estaba aquí, en la ESCUELA DE ATENAS de RAFAEL Sanzio
Claro que escondidito por la parte izquierda. Pero eso sí, intentando hacerse ver, como asomándose.

Aquí lo podemos ver más claramente.

Detrás de Pitágoras, ese barbudo que parece dormir pero que no duerme porque anda escribiendo y ese otro, también barbado, que por encima de su hombro, intenta ver lo que el otro anota. Sobre este último no hay mucho acuerdo: para algunos es Boecio, para otros Empédocles, e incluso otros dicen que Anaximandro.

Luego ni desconocido ni olvidado. Aunque, bueno, un poco olvidado por nuestro temario, sí.

Reparemos ese olvido, y al mismo tiempo reparemos un error histórico, al que, así hay que reconocerlo también contribuimos nosotros. Primero, presentémoslo como se merece.

Ahí lo tenemos en una estatua suya en su ciudad natal

Y aquí debajo también:

Y unas palabras sobre él, destacando su importancia y valor en la historia del pensamiento occidental: por su reivindicación de la filosofía, por su valiosa contribución científica y por el espíritu innovador que inspira su pensamiento, Averroes parece más un intelectual renacentista o un filósofo moderno que un pensador medieval ligado a la tradición. Entre los precursores de la cultura europea moderna, el filósofo hispano-musulmán Averroes ocupa, sin duda, un lugar de primer orden.

Y ahora reparemos, o intentémoslo al menos, una deuda histórica con este filósofo.

AVERROES y la teoría de la doble verdad

Es habitual hacer aparecer a Averroes en la historia del pensamiento en el marco de la filosofía medieval, en el contexto de la filosofía cristiana como contrapunto a ésta. Y hay algunas buenas razones para hacerlo, pues ideas peculiares y definitorias de esta filosofía se encuentran en el cordobés. Entre otras, la afirmación de la fe como conocimiento, una afirmación que proviene de la aceptación de una religión que se afirma revelada, procedente de una divinidad que se comunica con los hombres y a los que hace llegar una serie de mensajes, Pero asimismo, Averroes, frente a toda la tradición agustiniana, presenta a la razón como capaz de conocimiento, como válida en su afán cognoscitivo, descubridora, por tanto, de verdades. Y eso por sí misma, por sí sola, con sus propias fuerzas y capacidades, sin necesitar de la guía, el auxilio (la iluminación que diría el obispo de HIPONA) de la fe. Dentro de una filosofía dominada por una concepción filosófica, encontramos con Averroes la primera defensa de una razón que obtiene conocimiento por sí misma, independientemente de la fe. Esa idea, la de la razón apta para el conocimiento sin la fe, pasa al panorama filosófico cristiano, y nosotros la encontramos en Tomás de AQUINO. Sin embargo, con éste, hallamos a esa misma razón aún supeditada, subordinada, sometida a la fe y por tanto con dependencia de ésta. Es cierto que de modo distinto a Agustín; pero el sometimiento de la razón a la fe, considerada ésta como el criterio superior del conocimiento y verdad, se sigue afirmando. La naturaleza propia, íntima, de la filosofía cristiana así lo exige. Y es en este contexto donde se suele hacer aparecer a Averroes, introduciéndolo antes que a Aquino para después observar como éste se posiciona y refuta la teoría habitualmente atribuida al árabe, Así, se atribuye, atribuimos, comúnmente una teoría cuando menos curiosa, a la autoría del filósofo cordobés: la teoría de la doble verdad. Y de este modo hacemos pasar a la historia a Averroes como el creador de una concepción muy difícilmente justificable y, por qué no decirlo, con una buena medida de extravagancia. Una teoría, la de la doble verdad, que sería la defensa de la posibilidad de dos verdades contradictorias, con orígenes, fuentes y fundamentos distintos, una procedente de la razón, otra con origen en la fe, que siendo opuestas pueden ser igualmente verdaderas. Ahora bien, ¿cómo defender, sin caer en la insensatez, una concepción semejante, la existencia de verdades opuestas sobre una misma cuestión? Es el momento de poner las cosas en su sitio, de dar a cada uno lo suyo, de restituir los méritos o deméritos a quien verdaderamente le correspondan.

¿Realmente defendió AVERROES una teoría como la de la doble verdad?

Cierta y rotundamente NO Prueba rápida pero contundente de ello, una frase suya, esclarecedora al respecto: La verdad no contradice a la verdad Una frase que debemos introducir en su contexto: Nosotros sabemos, por nuestra condición de musulmanes, de forma concluyente que la especulación fundada en la demostración no contradice las enseñanzas contenidas en la Ley divina, pues la verdad no puede ser contraria a la verdad (AVERROES, Tratado decisivo sobre el acuerdo entre la religión y la filosofía) El gran mérito de Averroes, lo que lo convierte en un filósofo de talla indiscutible es su defensa de la filosofía, de la independencia de la filosofía y la razón frente a la religión y la fe, y eso en una época marcada decisivamente por la enorme, inmensa influencia de la religión. Para Averroes, solo hay una verdad, y es la que descubre y justifica la filosofía y la razón. Y si esta verdad descubierta y demostrada por la razón mostrara contradicción con la fe religiosa, si entre ambas hubiera oposición o contradicción, éstas se deberían a que las escrituras llamadas sagradas, reveladas, están escritas de modo simple para poder llegar a todo el mundo, para poder ser entendidas siquiera mínimamente por todas las gentes. Luego, si se diera contradicción entre lo descubierto por la razón y lo afirmado por la fe, debe prevalecer las conclusiones filosóficas y racionales, dando oportunidad a la fe de ofrecer una interpretación de sus contenidos coherente con aquéllas. Luego, nada de doble verdad, nada de nada de eso. Y no solo eso, sino que si existe una verdad, dice el filósofo árabe, ésta es la de la filosofía, la de la razón. Lejos, muy lejos, por tanto, de lo que en el siglo siguiente defenderá Tomás de Aquino, manteniendo la subordinación de la razón a la fe. Convencido de que la verdadera filosofía era la de Aristóteles, Averroes intentó captar su auténtico pensamiento a través de un comentario escrupuloso. De este modo, estaría en condiciones de ofrecer una exposición filosófica no sólo independiente de la teología y de la religión, sino también sede privilegiada de la verdad. Escribe Averroes: «La doctrina de Aristóteles coincide con la verdad suprema.» Esta es la razón por la que Averroes considera justo que se piense que Aristóteles «fue creado y nos fue concedido por la providencia divina, para que pudiésemos conocer todo lo cognoscible». Al defenderse de las acusaciones de incredulidad, Averroes subraya de manera notable el siguiente hecho: las divergencias de opinión entre filósofos y teólogos deben atribuirse diferencias de interpretación, más que a una diversidad efectiva de principios esenciales, negados por unos y defendidos por los otros. En tales divergencias es preciso ponerse del lado de los filósofos: éstos, al servirse de la razón, no hacen más que atenerse al derecho tutelado por la religión misma. Si es cierto que la filosofía y la religión enseñan la verdad, entre ambas no puede haber un desacuerdo sustancial. Cuando se planteen diferencias, se hace preciso entonces interpretar el texto religioso en el sentido exigido por la razón, ya que sólo hay una verdad, la de la filosofía. No existe, pues, una doble verdad. Sólo existe la verdad de la razón, y las verdades religiosas expuestas en el Corán constituyen símbolos imperfectos, que hay que interpretar para las mentalidades sencillas e ignorantes, de la única verdad que la filosofía se encarga de sistematizar con rigor.(G. REALE – D. ANTISIERI, Historia del pensamiento filosófico y científico) Fueron precisamente los detractores de una concepción como ésta, los que desde una perspectiva religiosa observaban con temor esa reivindicación de una razón no solo capaz de conseguir conocimiento por sí misma sino además de convertirse en el criterio superior de conocimiento y verdad, los que atribuyeron a Averroes una concepción tan difícilmente justificable como esa de la doble verdad. Fueron, en definitiva, los que rechazaron, y persiguieron, la concepción averroísta, los que la bautizaron con ese nombre tan alejado de la realidad auténtica de la misma. Y lo hicieron en buena medida para justificar su rechazo y persecución.

Y, bueno, ya que comenzábamos este documento con un detalle de la Escuela de Atenas, concluyámoslo con otro. Si en la parte izquierda de la obra, aparece Averroes, en la parte derecha, quien está pintado es el propio artista. Rafael Sanzio se incluyó en la escuela de Atenas junto a los grandes de los grandes. Aquí lo tenemos; ése que nos mira directa y fijamente:

Da mucho de sí una obra como ésta, ¿verdad?