Chorreo de las iluminaciones

Néstor PerloNgher

2.0.1.2. editorial

Strip Tease
2.0.1.2. Editorial RADIO PIRATA EDICIONES Tráfico entre fronteras Chorreo de las iluminaciones de NÉSTOR PERLONGHER “…entrepierna lisa, oscura de pachoulí” Roberto Echavarren

tomado de 1a edición Caracas, Pequeña Venecia, 1992 Impreso en la Ex Ciudad de México año 2012

Yertez ilíaca la nacencia falsa esconde entre drapeados la eminencia de la emulsión, su devenir dorado: martas, marsopas desde sus banquetas relamen atisbando la agilidad montés del que en cada vibrar captura el ojo traicionero de la almohada. (Falaz, porque no presta a sus andares de indio esbelto la consistencia de un molusco erguido en andas de éter rococó o salivares glándulas de pato en la laguna repleta de cangrejos, hacia atrás, hacia el origen de lo sensual, llevándolas, cual lluvia oreada de la ardilla entre carbunclos de una ofuscante luminosidad). Aguas del muslo entre los telones insinúan la befa del eco de la fiebre uterina entre manteles de lino fino cuyos maternales centros son flores o ikebanas para ocultar el rubor acampanado de manzanas, que siguen al escenario fijas el crispar del que arroja las prendas de las íes, al aullido in crescendo de las doñas conmovidas por esa constricción de ingles a la luz ambarina del palco Cuyas escalinatas eran los calzoncillos las bombachas los alborotos de organdí en el fragor de la entrepierna el músculo avanzaba: desgarrando las fibras en el nylon, en la tensión del nylon en el hilo, en la especie de Java o en la jaba de laca de las gambas
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diseño: Yaxkin Melchy portada: Victor Ibarra Calavera

que se iban bamboleando entre los rizos. Chusco contorsionista de la idea, el mancebo los lustres de peinaba: por hacerlo de brillo mil estelas invertían en las borlas los pliegues de la doblez, mas sin rimmel o mengua sus anzuelos a las lenguas cabeceras de las conchas echaban una red de aves lascivas, cisne negro o bronceado: más de mil huevos en la empresa rósea. La mescolanza de los huevos a los huecos del ojo en la huevera banalidad de días pasados a la banana caribeña liaban cual gorgoritos o chamuyos de desnudo quetzal tornado boto: si de aguas amarillas surgiese solazando el espinazo los ataviados de pantera por un rumor de short sus justas sisas al levantar el pie para quitarse la bombilla de brin como una bomba nácar tirábanle a las flacas desgarbadas en almenas de spray: metal perfecto para estas lidias calamares donde se juega el ojo en el ojete y liman las cacanueces los bratacios ásperos. Yerran, si se pudiesen despertar de la ilusión acuosa envuelta en opalina que se les sube a la cabeza y les destrenza los ruleros para descubrir alambrecitos que no se tienen por qué ver y que nada tienen que ver con ello. Leopardo de gasas aceitunadas, su betún al heder les hacía surgir una fragancia interna que si se la cantase desataría un ánsar en la oca, una ocarina en el bretel, un sistro en el capullo de la concha.

Y el vericueto del orín por la alfombra de persia una persiana entreabría ascendiendo a través de la red de cairelitos foscos: vena venal su tos convulsa anclas en narvales clavaba, como un pico de femenina astucia en la felinidad.

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Chorreo de las iluminaciones en el combate bicolor
“mensajero de puños entre rivales dorados” Eduardo Espina

al incrustarse en la entreceja rota rozada por los ayes desmaya su declive la íntima absorción de la pomada por falanges de paño en la copiosa tunda Abunda en muñequeos la virtual torcida de la cara por manchones amoratados que progresan hasta teñir el aura de una pulpa de pulpo cuya tinta supiese a mucilaginoso calamar. (Ser capaces de piedad arisca, marinera). Y el desafío de los refistoleos en el perfil tajeado de la teja esbelta en fotografía que al ser tomadas desde el patio de los toros azules nubes bodas desposaban en el panorama trasero. … Los cordones de las zapatillas al enredarse desplazaban unos centímetros la grosura del cuerpo echado en unas lajas y en ese baño sudoroso la caído fundamental del hábito impregnaba de hedores cadavéricos el angustiante roer de la platea sobre una pátina de armiño sus ojos rojos exagerados, los ojos del otro sobre la nuca, la siempreviva persecución de un entusiasmo a los que bátense tan fuerte que sobre sí sienten venirse un parpadeo: es una angélica montura mas cuyo peso la voltea y ya no pueden como moscas satisfacerse en el rincón, la necedad de sus necesidades resolver en un rictus, pues los espectadores les contemplan saben que cada vacilación puede costarles la cabeza por eso ruedan contra las cuerdas y se huele su miedo, la dilatación de las narices delátales la exudación del poro por el sendero manifiesto del alma, pus del alma doblada de ventanuelas donde se asoman a otra escena mientras el árbitro suspende por un minuto el golpeteo para que puedan limpiarle al negro una herida de las cejas el blanco escupe la dentadura y se solaza dando saltos enloquecidos en el mosaico que su barbilla besará en la próxima vuelta.

El relajo de los reflectores sobre los poros goteantes o lamparones que satina el linimento engominado, las emulsiones de la ilusión recolectaban lo amarillo del fondo de los ojos inyectadas de una barata sanguinolencia, o somnolencia, dependiendo de las hotas del gon, del movimiento de los cinturones en la falsa arena que es portland pisoteado con polvo de estrellas marinas ahogadas bajo las sandalias de los luchadores preparándose al manoseo de las luces que filtran en su desmesura el vello más diminuto del blanco mientras el negro en su altivez descomunal los bucles irisa bajo los focos. En la mariposa del cinturón dos perlas de falsa granadina se divierten remedando lo que cloquea bajo las pieles engrasadas en exceso para resbalarle la captura y una inquietud de labores amontonadas en el olvido sorprende a los gladiadores. Eriza su musculatura el huevo chirle, unos champúes mamados en la floresta de piernas ágiles y fibrosas la danza del empeine atizan pero embarrocan como si invisibles hilos enmadejaran el ritmar donde las pulsaciones ya no pueden consigo y se encabritan fabulando la inminencia de lo eminente, del sopapo rayano en la revelación, éxtasis doblegante en la pequeña posesión arriba de unas mantas. *** Permanecemos en los escuetos pupitres como palpando la sombra china de los nervios en a silueta de los párpados, ni se domeña su agilidad ni nos salpica al derribar la rompiente de la nervadura en la pirueta justa del nudillo;
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Acida noche de los poros los guantes negros del morocho repuja el cuero sus nudillos y no le deja sujetar ese pringoso baboseo, como un rémora de laca formando globos en la glotis o fístulas en las encías, no le dejaba terminar el paso apenas comenzado y cuando iba a dispararle el puñetazo definitivo sentía el golpe de las estrellas en el interior de las pupilas como las sombras reveladas por el fosfeno fenomenal. *** Hay quienes cantan y quienes cuentan. El cuento implica una moraleja, para el que escucha unos deberes. El canto invoca divinidades y hace rodar en las alturas gases de gasa voluminosa en la rejilla de saetas, la voz es pura iridiscencia, canta la rueda en crótalos de sierpe o ciervo cuerno espeta en la espesura del rocío inmóvil, de la cresta hueca. Un hueco nunca es el vacío: en el vacío esplende el alma. En el hueco las alas de los rulos los rigores irisan de la pompa. Cuando una pompa es rigurosa, vacua, evacúa lo hueco por el vado. Adónde vamos con esos agujeros en las bolas del carmen o el Carmelo. El caramelo hueco al disolver al pie de la papila el celofán no le deja al vacío sino reminiscencias del dulzura. El vacío es más grave, mientras el hueco es frívolo. Agujeros del kitsch ocupan los kimonos de la ausencia. Plásticos de las boites en los encajonados perifollos. En el vacío está lo trágico, nos guiña la hendidura sanguinosa. Tenemos vestes desgarradas, a nadie conocemos en el mundo. No es mundo, es otro lado, por mínima que sea su distancia. Las adustas arrugas nos separan del rulo constantemente próximo. Nada podemos afirmar, pues esa vecindad nos paraliza. Cuando apostamos en el blanco, el negro es quien le encaja un castañazo que hace tratadillas las menesundas corpulentas.
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Simpatizamos con el negro, por lo que hay debajo de su slip. Queremos ser espirituales, mas su sudor nos vuelve locos. Es el denuedo de Genet: batirse con un negro en la espesura. Deseamos volvernos como él, en un descuido se nos roba al voleo de los castañetazos de los dientes la anchura de un camelo. Nunca seremos africanos, mas nuestras simpatías son raciales. Radicales, diríase. Optamos siempre por lo oscuro pero el más claro compra al árbitro, tiene en los puntos la refriega. En la manda del punto la toma por un río de risadas. No hay cómo destruirle la sonrisa a no ser aplastándola en el suelo, por la suela escarchada de un animal hermano. Pero él insiste en agitar la bolsa al derrumbarse. En el momento sólo un manotazo podría salvarle del abismo. Y ahí el rival lo toma del elástico. ¡Oh rivales dorados! ¡Golosinas de pura dureza muscular! ¡Terrores nubios! En el asalto del sueño. El sueño del asalto. En el sueño el asalto del otro en la tiniebla. Ruedan por unas mantas y en el asalto el otro le desliza la mano por los glúteos (donde la cordillera de la espina se hunde en las hondas dunas…) ¿Por qué eso? ¿Por qué es de gladiadores ese gesto? ¿Por qué él en su sombría incertidumbre no atina a reventarle y desea a cambio atizar los riñones del deseo? *** Las glándulas del negro en la garganta del blanco se descargan. Lame su gargantilla cierto cieno emanado del vientre, como un viento le barre la sombra del bigote y se le monta para envolverle, cápsula o clepsidra. Hay un furor marino
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-de ciega mojarrita- en ese rito húmedo. Frescura de la esponja al deslizarse limosa por la espalda de aquél que al inclinarse en mansedumbre pierde los puntos ganar la gloria. Los ardores del que lo ensaliva enguantado para bajar el short ríspido auxilio exigen de los dientes pues la tiene vendadas y no acierta a rasgar el tenue látex que lo separa de la epifanía. siados y hay quienes hurgan en el foso un resto de lacrimal disolución, congoja). (Hay quienes miran exta-

hebillas, coscorrones:

“Tenemos huecos en las bolas”.

“Y descubrimos que el dorado héroe estaba lleno de mierda”. La frase es de Genet, el sentimiento es físico. Nuestros héroes son turbios, mas tienen heces claras, heces de clara como un huevo. Túrgidos son, emergen de lo torvo, por cavernas de hielo. En un fraco guardamos sus babas y sus náuseas. Boquean, llenos de llagas lenguas: gelatinas nimban la gratitud del hundimiento. *** La piña fascinante engalana las plumas. Al pato lo despluman y descubren una nalga de rana en la antepata. Fijeza de la piña en el riela de cuerpos que se enriedan. Si se le achata el cerecro, al lóbulo lo alisa como llanta. Manduca sus temores, no es una tauromaquia. Ya que toro arremete cegado contra un trapo y al golpeador abrúmale las bandas de la vista un odiar concertado. No hay figura mejor que la del box. La gran figura es el boxeo. Siempre hay un otro que después nos sigue. Después del bar donde vació la copa donde dejamos sin querer rodar el camafeo de su madre o bizcos demasiado lo vimos orinar. Siempre hay un otro que después nos rompe el alma a la salida. Siempre hay un alma que nos rompe el otro. Un puñetazo tan profundo que
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del astuto, del que consigue traspasar empolvado las cuerdas y encontrar bajo el ring una gelatinosa consistencia. ***

El triunfo es

El moretón encarna el golpeteo, un galope de anguilas. No es un rictus fingido, como el catch as cath can: “Agárrame si puedes” (mientras me evado entre zapatillas de banlon y salidas de baño de tergal, en el vestuario instalo mi sombra en los ropero (“grande como un ropero”) y en los vapores de la ducha acecho disimulando la estatura: y le hago la mineta a los esclavos). Suntuosas medias de oloroso estigma, tules en la rocosa yertez que yérguese en las colas, voz de las bolas donde sale un efluvio velludo:
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no nos deja ver nada, nos abruma, repartimos sillazos en el zaguán del bar, hay un herido que desángrase. Siempre hay alguno que nos sigue, observa nuestros más nimios movimientos, sabe lo flojo del talón, nos caga a piñas en el baño. Demasiado de cerca lo vimos orinar. Con qué delicadeza se sobaba el prepucio. Algo de femenino en ese olerse las yemas tras pasárselas por las amarilleces purulentas que en el borde del bánalo acumúlanse: algo de femenino, quizás mórbido; suavemente lo vimos. “De ésta no te salvás”. Siempre hay alguno, no es el toro, es el torero, con un falso traje de luminarias, lo hemos visto sacárselo y amorosamente apretarse las tetas, un travesti, no un toro. *** Celofanesca sierpe, la boa lo rodea consagrándole. Si le sangra la boca, el bofetón lo olvida con un beso. Desfallece al pesarse ante los reporteros excitados. Delante de los focos, le ha mordido una cobra en los doblones. Las dobleces del robe de terciopelo lila lo envuelven cual sudario. Sudan, exudan sus poros la angustia del perderse. Salir, que no haya nadie esperando en la calle. Que aquél que lo persigue, por un día, haya olvidado sus afanes en un pajizo costurero. ¿Y hay sin embargo otra escena?
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¿Hay un invisible embargo? Embarque de las lianas en las ramas del alma, navío redentor le suspende en las ondas interrumpiendo el flujo de gominas y nácares.

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El Ayahuasquero
sobre una pintura de Pablo Amaringo

La efigie de un pingüino con aletas de foca en la anchura boreal estaba protegida u orlada de azul prusia por diverso infantil princesa incaica manto. Sólo las plumas lenticulares vendían la sulfúrea santidad del despliegue. Un hilo eléctrico ligaba desencadenado un metro de esplendores en la frontera. 2. FOSFORESCENTE DELFINADO: piélago castelar en el celestinazgo morenos miembros de muchachos hienden sobresaliendo roja la cabeza del agua donde nadan o brincan escamado narvales simulando en puntilla la ondulación caudal de una sirena, delfín enamorado de lo azul en aguadas que casca al horadar, su sutil muñequeo –de áureas líneas de rayas orlado- señala en su hundimiento la división redonda de los vastos volúmenes mojados. Del agua un poco más que azul, ya prusia, la calidad oleosa trastorna del almizcle a fin de desatar una humareda que lama –eso se ve- las polleras de geometrías auriverdes que ciñen o bornean las cinturas de una pareja de indias sin sostén. A la derecha los ruleros una invasión de horquilla salpicaba el almíbar metalizado en peltre la extensión de la blonda (arde el agua de abajo) cabellera. De la mano de la otra salía un pañuelito bermejo cual ají que acariciaba las espaldas de galápago de un sabio de sombrero achatado cuyas manos emitían ondas parejas de energía sanguínea como las venas del brazo que la irradiación estaba alzando. Sobre ambas náyades desnudas (finísimos pezones: el bozo de un pincel) un templo camboyano del costado del cual fluía una cascada. El pajé milagroso en una esfera de aguas aéreas inclinaba el poder de sus falanges. Una mujer flotaba semihundida en el estanque undísono. 3. Entre el mago inclinado sobre sus manos y el pingüino (o el zorro) de anchas patas de atleta (o eran manos en el berenjenal de irreconocibles manchas como un Roscharch), una bicéfala divinidad de cuatro brazos cundo o extiende el cintilar de sus extremidades en torno a unas pilastras de tela verde orín. O eran (se ve después) seis esos brazos, tres los pares de tetas (las superiores, blondas, derramábanse: eran un puntillado las de abajo, todo en el medio de ese festival del color, del
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1. IRIDIACIONES ESCALDANTES del vestido de cola de hada colla regia toca manilla a la española enseña un gesto religioso (un dedo alzado: en la yema las huellas de la gema) airado a la vestida no se diría sólo por los hilos sino por las hilachas de la luz. En el deshilachar esas lucíolas (auréolas de luciérnaga) si muerden la suposición de una figura original ponen en su lugar la cicatriz escondida de un hilo que se enrosca desenredadamente por los puntos de luz más diminutos y constantes, trazos: como una circular de fluorescencia que fosforece en trabajados tapices a la manera de un ojo envuelto (pupila desmedida) en el armonio vibrátil del color, en el sentido y rumbo del color, en la rumba de todos los colores, la murga del verano dolorido de luz. Colorean los dados de la escala enanas transparentes de amarillo: dos mil líneas de sol.

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calor, la carne clara de los brazos hojas de generosas lianas levantaban, las cuales parecían proceder de la central emanación de un aura en el extremo fronterizo del cuadro; y entre hojas de marrones campánulas un rostro vegetal asomaba los grandes agujeros de los ojos. Y saludaba (siendo el centro de una vibración multicolor) las hojas y una línea roja (roja de orquídeas) se le bordaba a los bíceps del brazo y ahí de la cintura emergían unos hilos de savia que la ataban a su destino vegetal, lianero. Y todo ello vidriado por el vibrar del halo en el lendel. 4. Descubro un sacerdote ataviado de verdes luminiscencias de encaje de satén al adorar dorar de manos dadas que surge como un ánima de la vorágine de un lirio abierto en pendor alucinante y con cuatro estrellitas en el borde interior de la estirada boca de volcán del gladiolo. Detrás de jayanescos rododafnes: primero en colorado acalorábanse, en la segunda vuelta enviudaban de lila para casarse con ampas palomas que en interiores de tremor morado disponían la paz de su posar. Y hundido en el nectario un conciliábulo borravino de brujos. Eran brujos mestizos. A la cabeza del paciente arrodillado manos le aplicaba el chamán. Todo un arte de manos; y una ollita donde oleaba el licor que le daba el origen (resplandor) de su zumo. En otro abrillantado redondel.

Alabanza y exaltación del padre Mario
Oh Padre Unzanos con el sagrado ungüento de sus dedos de estrella abriendo una divina constelación de yemas en el marrón amor azul dolor de los pendientes de los que imploran su piedad la maravilla balsámica del viento de auras que proviene de la pirueta de sus manos Oh Padre Tráganos la esperanza de la fe las cosas buenas simples como gasas criollas tendidas en el alero de una higuera y la ilusión de un día un lindo día acceder a la elipse callada de su sueño silenciosa callada como un callo del alma de cuya emanación surgiesen sílfides emancipadas de las olas aéreas como agua aéreas voladoras que dicen que entre las estrellas de más oscura noche se alza la cifra de su mano Concédanos Oh Padre la habilidad de resistir al denuesto a la insidia a la maldad a la espiral del mal que nos enrosca el cuello como un huevo de sierpe lezamera que en vez de refulgir amarrónase bosteramente el cielo pequeño donde luce la estrella que nos da nos dé la estrella de la buena la buena de la estrella el astro sistro de bondad en su celeste infinitud. Oh Padre Calme nuestro dolor la befa y el vejamen del dolor escarnecidamente soportado a través del silencio del abismo hasta que su gran mano llegue y unza en una voluta los gladiolos que enciende con el roce de un helecho en la fontana de los lagos Oh Padre Cúrenos la salud y las escoriaciones del alma y los pozos del trauma y las heridas que hilan en el fondo de sí de cada cual las babas de la sierpe y nos enriedan la cabeza enrulada hasta hacernos perder toda razón y arrastrarnos enloquecidamente con el absurdo sueño de salir por abajo

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bajando descendiendo sin ver que la iluminación viene de arriba como un sol que fijo sobre los ventanales de viole atravesándolos de luz divina luz de la que irradian sus ojos claros de padre abriendo una vereda de fulgor en la tiniebla floreciéndola. Y Oh Padre Párenos en nuestra prisa loca no nos deje caer tan fácilmente llévenos donde está y se refugia cuando sale de sí cuando se nota su alma deslizándose en vez de caminar sobre un mantón de hojas acuáticas mbucuruyás victorias regias camalotes en el igarapé atascado de flores que permite que flote el vino escorzo de su presencia astral Mas Oh Padre Soporte nuestra insistencia nuestra manera de decir que sí creemos y dejamos de creer nuestras boludas dudas nuestro error o cagada de dudar de pedir sin fe o con fe sin cesar o sin cesar en fe pedir cesar no fe mas energía que llega sin cesar y nos voltea oh padre la baranda de dolor de santidad de sus dedos en la cutícula almenar Oh Padre Mándenos su energía su luz su compañía el escorzo de espíritu envíenos su luz su compañía energía azul libidinal reichiana energía amarilla cual la del sol más luz no importa si toda esa luz nos enceguece no si acaso el fosfeno en esa hora de la más plena luz luz llena obnubilase cual sombra de la luna los sentidos rosa energía del amor sentido en los corazoncitos de crepé los chicos retozando en derredor del gigantesco orfanato alzándose a la manera de una esfinge en los chatos pantanos de Catán Oh Padre Envíenos más energía mucha más toda la energía del cosmos lo que sacude el cuerpo el cuerpo sin órganos los órganos del cuerpo la desorganización del alma nos voltee nos haga dar toda una vuelta por el aire como cabriolas de carneros que desatados por una fuerza divinal se burlan
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de la llaneza de la tierra Oh Padre Háganos llegar a sí llegar a usted llegar adonde quiera que lleguemos mas con la sensación de no llegar cual si estuviéramos siempre de vuelta dando círculos en la ruleta de las voces circuyendo de nieve acaramelada bolas de frenesí fervor dándonos vuelta siempre de vuelta a sí volver a usted. Oh Padre Vuélvanos vuélvanos buenos generosos gentiles dispuestos a sacarse la camiseta de la mesa los platos sobre los manteles las servilletas desdobladas para limpiar la roña de esta casa que todo como debe luzca corusque en la boreal cintilación de su mirada maravillosa que honradamente horada el ala volaz el ala suelta de los que le pedimos que nos salve Oh Padre Sálvenos de esta locura de este infierno de no vivir más que necesitando pedir y no tener a quién pedir no saber qué pedir dónde pedir cómo pedir pedir de pie en la pedigüeña campana dada vuelta de esta mano la nuestra que extendida hacia usted besar desea arrugados lunares de su mano Padre Acarícienos reconstitúyanos el aura devuelta la perdida lisura o visco burilante al pelo desengomine nuestras caspas y a nuestras porquerías disuelva disolviendo todo yo todo espejo de un yo trizas de vidrio haciendo cabrillear la cabra en el berilo Oh Padre Amase los agujeros del alma describiendo suavísimas circunvalaciones en ese leve espacio de la cutícula rodeando tenuemente el vello el bozo el bello los pelillos que son incitaciones o excusas para la iridiscencia apenas
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breves cárceles de luz y ese filtro de sol que penetrando por las ventanolas del techo de la iglesia transformada durante el día en comedor de niños huérfanos ahí donde ellos toman la sopa de maizena tomamos nos la sopa que nos sirve usted con su manera increíble de restaurar el aura rota rescatando su luminosidad de los buracos de la muerte y de la locura y del dolor y de los inexistentes límites del sufrimiento curando aplicando la fuerza inasible imposible de las yemas que siquiera sin rozar la superficie de la piel un milagro producen ocasionan en otra dimensión otro acontecimiento Oh Padre Llévenos con usted al agradecimiento de esa generosa fuente de soda o gas esas esquirlas desencadenadas de la iluminación en lo alto de la sien nunca nos prive de esa luz perdone nuestro apresuramiento por llegar a esa luz disculpe disimule en su bondad que nos aprovechemos de esa luz haga que nos parezca que esa luz es de nosotros cuando en verdad es nomás su luz su resplandor Oh Padre Anímenos a ser felices a luchar a no cejar en nuestra lucha a no luchar en nuestra ceja para no dejar de ver la luz a no cerrar los ojos o a cerrarlos y en esa noche oscura del fosfeno ver surgir un delfín iridiscente un arco iris de delfines un delfinado aéreo o irisado un arqueado delfín Oh Padre Alúmbrenos anémonas medusas en la rutilancia de la corte de bermejo coral profundidades trasmarinas orillas de platino al rielar en las olas onduladas la permanente de una risa la alegría de una carcajada de alegría y lágrima de risa y risa lacrimal en la alegría y alegría en la risa del llorar. Oh Padre Espérenos no vaya tan rápido que no podamos alcanzarle no nos deslumbre con una velocidad vertiginosa que no podamos comprender por qué lo lleva lejos no nos asuste con la amenaza de que un día no vuelva no nos
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deje con el remordimiento de su ida no nos deje de lado en su ascensión no nos olvide en el sobrevuelo de su ala volaz sobre los candidos cipreses del bañado Padre No nos olvide u olvídenos mejor definitivamente distribuya sin referirse a quien sin importarse mucho por quién es sin preguntar por qué lo buscan sin buscarle la vuelta de la busca derrame derritiendo sobre la trémula templanza un torrente de claridad mundial Azul Ella era azul como el espesar de los tamarindos en la película lacustre o amarilla solar color de sol sol de colores en encendidos iris de meninas jugando en el recreo tal chico de Carrera en el prado de Pringles O borravino Oh Padre como el ruedo de la sotana desteñida a lejía tanta plenitud en la limpieza en la transflorescencia de esa mezcla de borras capilares en la sangre del pie Oh Padre O verde en el apiñamiento de la flora como manos de árboles que extendiesen sobre los transeúntes de la selva la magnitud del manto de falanges electrizadas y radiosas Oh Padre Vea los colores enséñenos a verlos a no pasar por alto ni un color ni la más microscópica vibración del color ni el color de las cosas de colores ni los collares de color ni cosas de color o sacos de color anaranjado Azul marino Padre
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azul marino como el pantalón de un fardado del Daime que hace dudar si el negro astuta absurdamente ha invadido las ropas de fiesta de la noche pero disipa en el torneo de la vela en repliegues de brin ese temor Oh Padre Al fin protéjanos de nosotros mismos de los otros de los que pintan un falso color en la estratósfera de los pálidos blandos de los blancos sobre todo del blanco de color ampárenos con todo ese color forme una irisación que nos envuelva como un chal de lamé Oh Padre Ayúdenos a correr a escapar a no quedarnos donde estamos a siempre transflorear cruzar la flor de este jardín por instantáneos pasadizos secretos conociendo que el quedarse es morir que el no quedarse es irse sin morir por las campiñas donde juegan los chicos por las landas donde Isabel pierde el sentido de su coche por contemplar la fina reverberación de una pizca de rosicler parando brisas quieta como la mano fabulosa de Isabel surgir haciendo luminarias metalescentes de magnolia en el circunscribir de las emanaciones de sus ojos y puntos que van extendiendo milimétricamente el espléndido imperio del color Oh Padre Píntenos el alma de todos los colores háganos multiformes como una paleta de Quinquela no deje que nos esclarezcamos o aclaremos denos la más barroca confusión locura casi al borde de la locura confusa confusión de locuras en fusión de la cura del cura en su sotana colomí De borravino Padre nuevamente de una malva fuerte enérgicos danos esa energía o sambayón amarillento amar de un mar de mármaras sobre las tejas de la cabeza del que pide la cura por favor el favor de la cura la cura de favor
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la favorable cuidanza del que cura Oh Padre Cúrenos no nos oculte dónde está de dónde reparte desde la escueta sillita las curaciones de la marcación el mareo sororal la solidaridad de las auroras o auréolas beneficientes de incalculable fuerza y calidad no nos obligue a recorrer con Beba en vano distancias siderales de un suburbio anterior desconocido estelas polvorientas que dejaba el periplo nuestro andar en pos de usted entre los ómnibus Oh Padre Entre los ómnibus entre los gigantescos colectivos del suburbio profundo más allá de las Lomas del Mirador donde ya no se mira ni una loma se desloma una mina trabajando en el vidrio durante horas y horas para tener el premio de buscar oh Padre su fulgor Padre Su claridad su más que iridiscente claridad cómo decirlo diaspro en jade o el carbunclo asomado en el repliegue del satén laminado o esas telas cardenalicias que dificultosamente le vestirán oh Padre déjenos imaginarnos su belleza y déjenos mirar el musitar ya feble de sus labios y deje no se ofenda contemplar el detalle del movimiento de sus yemas sobre las impresiones de la pupila en llanta que llora convulsivamente en el orlar Y resplandece Oh Padre resplandece de nuevo la extraordinaria vuelta de la luz y su baño sobre todas las cosas de colores es un baño de luz la luz del baño donde me refugié a llorar desesperado de esperanza y emocionado de ilusión y todo desilusionado del dolor sin querer Más dolor Padre
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ni más pena ni más rebajamiento o cobardía o pecaminosidad o debilidad que no es un mérito ni las maneras de dejar caer las altas jarras de la fuente de luz Blanca Oh Padre Blancaluz barriendo el recreo de los pibes que difuman la mancha en la verberación y se corren los unos a los otros como pájaros cojos haciendo traslucir ese gracioso saltito de Mariel la gracia de Graciela corriendo por el cielo de un monte de marsopas la sorpresa de Mario despeinando los flecos de la seda la trépida pollera de Sarita pasando por detrás de la cascada la sonrisa yacaresca de Schu en la portañuela ventanil los ampulosos gestos de Natalia derribando pardales en el aire las uñas de Roberto palpando en los cristales del milagro un rizo un leve risco un cifrado rayón Y los rayitos Padre de la luz: del sol: de purpurinas en ovalados ópalos de lámpara mampara inofensiva cual un visor de miel en el enjambre de las abejas en la luz Padre Denos la luz ¿es que va a dar la luz? o a dejarnos a oscuras tropezando sin saber si la luz es esa luz o aún otra luz un luminar de pétalos un chorreo de iluminaciones al trasluz de las cuentas de luz en el traspapelar de las antorchas que combusten la luz en la jungla de lianas que no es sino un efecto de la luz

Néstor PerloNgher AvellANedA, ArgeNtiNA. 1949.
Poeta, sociólogo, antropólogo, militante trotskista, luego libertario y uno de los principales referentes del Frente de Liberación Homosexual en la Argentina, en la década del ‘70. En enero de 1976 fue detenido y procesado penalmente. En 1981 se recibió de sociólogo en la Universidad de Buenos Aires y se trasladó a San Pablo, Brasil. Allí realizó su maestría en Antropología social en la Universidad Estatal de Campinas (UNICAMP), de la cual también fue profesor. Su obra poética publicada comprende seis libros: Austria-Hungría (Buenos Aires, Tierra Baldía, 1980), Alambres (Buenos Aires, Último Reino, 1987; Premio “Boris Vian” de Literatura Argentina), Hule (Buenos Aires, Último Reino, 1989), Parque Lezama (Buenos Aires, Sudamericana, 1990), Aguas aéreas (Buenos Aires, Último Reino, 1990) y Chorreo de las iluminaciones (Caracas, Pequeña Venecia, 1992). Preparó la antología Caribe transplantino. Poesía neobarroca cubana y rioplatense (San Pablo, Iluminuras, 1991), y publicó numerosos textos en prosa, entre los que se destacan El fantasma del SIDA (Buenos Aires, Puntosur, 1988) y La prostitución masculina (Buenos Aires, La Urraca, 1993). Murió de SIDA en San Pablo, el 26 de noviembre de 1992.

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- Ni siquiera PlaNtear uNa editorial de Poesía siNo coNteNidos a través de los cuales el PeNsamieNto Poético revolucioNa el muNdo 2012
es uNa editorial que germiNa eNtre el humus de PublicacioNes

cartoNeras, alterNativas y subterráNeas de el fiNal de los tiemPos, como decía de los soPortes.

hisPaNoamérica. libros Para ulises carrióN, más que libros, arte

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