P. 1
AEDOS Y RAPSODAS

AEDOS Y RAPSODAS

4.0

|Views: 6.253|Likes:
Publicado porivanserafin

More info:

Published by: ivanserafin on Jan 16, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/16/2013

pdf

text

original

LA POESÍA DE LOS AEDOS La Ilíada y la Odisea son obras que la literatura científica califica como “épicas”.

El término poesía épica está relacionado con el adjetivo πική (epiké), utilizado por primera vez por Dionisio de Halicarnaso (historiador y experto en crítica literaria que vivió en Roma a caballo de los siglos I antes y después de Cristo) en su obra Sobre la composición literaria (22). La palabra épica es, en efecto, un derivado del sustantivo πος, término que significa literalmente ‘palabra’ o ‘aquello que se cuenta mediante la palabra’. El propio Homero emplea a veces esta palabra relacionándola con µ θος (mýthos), acentuando con ello el carácter narrativo de este tipo de poesía. Sin embargo, las palabras que definen realmente la poesía homérica no son πος ni µ θος, sino είδω (aeído) ‘cantar’ y οιδός (aoidós) ‘aedo’ o ‘cantor’. Así pues, la primera pregunta que debemos formularnos es ésta: ¿qué era un aedo? -Lo primero que sabemos es que se trata de un oficio y que, al menos en cierta medida, los aedos son profesionales. Son equiparados muchas veces con otros artesanos, como carpinteros, adivinos o, incluso, curanderos, y muy probablemente pueden organizarse en asociaciones parecidas a lo que conocemos como gremios, como parece demostrar la existencia de los llamados Homéridas de la isla de Quíos. Sin embargo, es un hecho también que cualquier persona podía cantar canciones épicas, tal como sucede cuando llegan a la tienda de Aquiles los embajadores enviados por los aqueos (Ilíada 9.185), que se encuentran al propio Aquiles cantando al son de una φόρµιγξ (fórminx, instrumento de cuerda parecido a un laúd o a una lira pequeña) en compañía de Patroclo, que toma el relevo ante la llegada de los embajadores. -Parece que abundaban los aedos ciegos, como Demódoco, el cantor que amenizaba las veladas en la corte de Alcínoo, rey de los feacios (Odisea 8.63). -Los aedos cantan. Suelen acompañar su canto con un instrumento de cuerda, a cuyo ritmo bailan algunas veces coros de jóvenes (Ilíada 18.590, 8.262, 378). -Sabemos también que alguna divinidad los inspira. Este hecho no debe extrañarnos, pues el aedo está tocado por una de las “locuras sagradas”, la locura poética, que le permite, igual que a los adivinos, conocer cosas que los demás mortales no pueden saber. Por eso un aedo se parece a un adivino, pues su arte le permite saber lo que ha pasado, igual que la locura mántica (o adivinatoria) permite al adivino sabe lo que va a pasar. Ésta es la razón por la que el aedo es llamado con frecuencia θε ος, ‘divino’, o θεσπίς, ‘que habla inspirado por los dioses’. -Ahora bien, el aedo no es una especie de funcionario del palacio de un rey, como ha llegado a afirmar algún estudioso. Cuando Ulises llega a la corte de Alcínoo, en la isla de Esqueria, el monarca debe enviar a un heraldo para que busque al θε ος Demódoco, que no forma parte de la corte. Por el contrario, parece que los aedos llevaban una existencia ambulante yendo de pueblo en pueblo, y que no sólo cantaban en los palacios o en las casas principales, como hace Demódoco en el palacio de Alcínoo o Femio en el de Ulises, sino también en las plazas de los pueblos (Odisea 8.97 y ss, 109 y ss, 256 y ss.), ante auditorios menos refinados.

-Los aedos cantan los κλέα νδρ ν (’gestas de los hombres’). Algunas de estas gestas son antiguas y conocidas, y están perfectamente fijadas por la tradición. Otras, sin embargo, son recientes y producen en la audiencia el asombro de lo desconocido. Por lo demás, es muy probable que la innovación formara parte también del quehacer cotidiano de estos cantores. Así, por ejemplo, Femio narra a los pretendientes de Penélope el “luctuoso regreso” de los aqueos, un tema reciente que tiene poco que ver con gestas heroicas. Ante la extrañeza de su madre, Telémaco le explica cómo las gentes gustan también de oír cantos novedosos. -Así pues, había un repertorio sobre el que podía innovarse constantemente. El propio Ulises le pide a Demódoco (Odisea 8. 487) que cante el episodio del caballo de madera en la toma de Troya, única referencia en los poemas homéricos a este famosísimo episodio de la guerra. En otra ocasión, el propio Demódoco canta ante el pueblo, no ante la corte, y no elige un tema heroico sino burlesco: los amores furtivos de Ares y Afrodita, sorprendidos in flagranti por el marido de ésta, Héfesto (Odisea 8. 266 y ss). AEDOS Y RAPSODAS EN GRECIA En torno al siglo VII a. C. se produjo en Grecia un cambio fundamental en la ejecución de la poesía épica: los poemas dejaron de ser cantados y fueron objeto de simple recitación, casi con toda seguridad sin acompañamiento musical. El recitador fue llamado απσ δός, ‘rapsoda’, una palabra interesante que merece un pequeño comentario. Ραπσ δός es un vocablo compuesto, resultado de la unión de dos términos. El primero de ellos se relaciona sin duda con el verbo άπτω (rápto), cuyo significado es ‘zurcir’. El segundo está emparentado con el sustantivo δή (odé), cuyo significado es ‘canto’. Así pues, rapsoda podría significar literalmente ‘zurcidor de cantos’. Sin duda, la palabra alude a la tarea de “zurcir” o empalmar unos cantos con otros o, incluso, diferentes partes de un mismo canto, lo que daba al rapsoda la posibilidad de alterar el orden de su relato. A diferencia del aedo, el rapsoda no canta, sino que recita. Para ayudarse en esta tarea, lleva consigo un bastón con el que golpea el suelo para marcar el ritmo del verso. De esta manera, la cadencia de las palabras, el ritmo interno del lenguaje épico, podían sustituir el acompañamiento musical que secundaba siempre el canto del aedo. La primera mención de un rapsoda está en Heródoto (5.67.1), que nos informa de competiciones basadas en la recitación de poemas homéricos en la región de Corinto, ya en el año 600 a. C. Sin embargo quizá Hesíodo (que vivió probablemente en el siglo VII a. C.) fuera ya un rapsoda, pues él mismo nos dice (Teogonía 30) que las Musas le dieron un bastón, no una lira. Así pues, la Ilíada formaba parte de este mundo de la épica griega, cuya historia tiene dos fases: una primera, creadora y oral, propia de los aedos o cantores, y una segunda, reproductora, propia de los rapsodas que recitaban textos fijados por escrito. Como hemos visto, aunque los rapsodas dependían de un texto escrito aprendido de memoria, podían introducir interpolaciones, hacer cambios e, incluso, supresiones.

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->