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San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel

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Libro editado por la UNAM acerca del Arcángel San Miguel e iconografía en México y el mundo entero.
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11111'1'0 D·

INVESTIGACIONES

ESTÉTICAS

M nografías de arte / 2

EL ARCÁNGEL SAN MIGUEL
SU PATROCINIO, ERMITA EN EL SANTO DESIERTO DE CUAJIMALPA . y EL SANTUARIO DE TLAXCALA

, , EDUARDO BAEZ MACIAS

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Manifiesto mi agradecimiento a quienes me ayudaron a realizar este trabajo, especialmente a la maestra Judit Puente León y a los investigadores Javier Romero Quiroz y Gonzalo Obregón, así como al Departamento de Fotografía y al Director del Instituto de Investigaciones Estéticas, que hacen posible su publicación.

A Jorge Alberto Manrique

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EN LA ERMITA

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no mucha distancia de la ciudad de México y siguiendo una di. i6n sur-noroeste se extiende la sierra de Cuajimalpa, como una ¡ mtcsca guirnalda colgada de las estribaciones del Ajusco. En ella obre el corte que le hace la carretera México- Toluca se encuentra , II ión de La Venta, en otros tiempos punto de descanso y partida 1 11 1 1 excursionistas que gustaban internarse en sus bosques. Poco I .1 sur queda el reposadero de Cruz Blanca y de éste, unos pasos d ·1 intc, la barda húmeda y musgosa de lo que otrora fue el Santo i '1'(. de la Provincia de San Alberto de carmelitas descalzos . •uninando a lo largo del muro en parte oculto y en parte des, IIdo p r randes troncos de pinos y oyameles, siempre ascendiendo, Itln III os tres kilómetros se llega a un sitio en que la barda tuerce I 1 (,1 n r e, casi trazando un ángulo, cuando ya el bosque espeso tlido el lu ar a pinos leñosos y arbustos bajos mejor adaptados 1 al 1111':\ • de el vértice del muro, hacia el poniente, se des\, 11 nuevn elevaciones de crestas rocallosas y vegetación chamiza, dI La .unlc aparece ante los ojos del caminante la última y h 1 '¡m \ que e el cerro de San Miguel, coronado con una \1 1111 t"'llIita, 1, p brc aparejo, consagrada desde tiempos remotos , 11 '11 ti liS mili ia celestes, I 1I 11<1.1, cnvu ] entre silencio y vientos fríos, de cara al , 1 1 \ t!()() m tr d altura sobre el nivel del mar, señala 1 1 111 ~() y II-\ol ian a nso, Si no estuviera arruinado su 1 uuunpu \l'"ía y i 11 hubi ra d saparecido todo vestigio de , 11I1I.lIl1l'nlo I I odr in s ir davia y a pesar de su altitud , \111 i 111'11 d' 1H'1'c"Hlinn'ion 's, Pero está tan alta y aban1" ulo lo -x 111" iuni In !l r v n a vi i aria y éstos, por .lr'I~'II~, 11 I 111 d lti tUl i 1 'o ni, I t . 1 1110' I 1 • t 1 1 I lof i III Y in la f '" 1\1 hu /1 Inll'·liquia , ,1 i '" l'

• 11:\ del tiempo y los secretos escondidos en las piedras m. s de una ocasión he subido hasta la cumbre para • lila e perando encontrar, al trasponer la puerta, algún 1 Ii 'r, el recuerdo de los religiosos que la construyeron y III"UIIIII"I'''' 011, f u ra para alejar al diablo de su monasterio o fuera 1.'1 ite> vulgar de señalar el límite de sus vastas propiedades. v. al andonándome al silencio que reina en su interior, liLl1l lo obre dos cosas de las que hacía algún tiempo tihil': los Santos Desiertos y el arcángel San Miguel. * hUl'a lo undo, que ha tardado en salir más de lo que ••• 1.1"1·••• I • u ahí 1 que la pluma tiene siempre el andar menos • I1 illl:lHína ión y ha sido necesario borrar y rehacer mucho I t rul rjo no saliera tan desaliñado, afeando su ya endeble ru di ión -on una mala hilvanadura.

1. PATROCINIO

DEL ARCÁNGEL , SAN MIGUEL ¿Quié1~ como Dios?

1,(1 'i r "el que lleva la luz" era, entre todos los ángeles, aquel que 1 io había creado con todo su esmero, haciéndolo tan bello que desI 1'. d él no había nada que en belleza pudiera comparársele. Pero 1,1111,\ h rrnosura perdió al ángel que, sintiéndose inmensamente her• • o, h .n hido de soberbia se creyó igual a su creador y le desafió. '111011 • tro espíritu bello y radiante apareció como rayo de la I rru y mbatió con él y le venció, precipitándole del cielo abajo Ili IIIpO que exclamaba ¿Quis ut Deus? (¿Quién como Dios?). Era 1 • '111 Mi uel, en hebreo Michael, que por este acto de arrojo y 11 \el I u I ios e convirtió en príncipe de los ángeles y el más bello I 1 udo pues a u hermosura propia fue transferida la que en 1 1I CI el I crvcrs había perdido. 1 Iq 1 ulrc .1 ti, n '11 bio Nieremberg escribió sobre el patrocmio I 1 11 11 ,t'l San Mi ucl 2 y al cñalar el lugar tan importante que d 111 I () de la j irarquia celestial cita un párrafo de Pantaleón I1 11\\11I1 11 nr :lJ1g 1 aliénd e de una metáfora, estrella máxima l. •CI ti CI • \( 0111 P 1'1:1 al, 1, orquc después de Cristo que es el sol y 1 \I11Í ¡111\ Vir~'( q I 8 la luna, San Miguel es como el le IJII Il' plnlldu'l' 11:1 snn j Iad Y hermosura espiritual que los \lIln :'"Hl,lt. y ,,~t guram 1 te el simbolismo de las
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oraza del arcángel a

I urtir del Renacimiento.

ice Nieremberg en otra página que las prerrogativas del arcán·1son tantas que hubo creyentes que llegaron a pensar que San Miguel no podía ser otra cosa sino el mismo Dios y salvador del mundo, Jesucristo. Pero que, ya que no es el hijo natural de Dios, 1:\1 su grandeza que no hay entre las naturalezas intelectuales y 1 iritus puros otro más santo y hermoso y más parecido a ,Dios. I u irda que en el Apocalipsis se describe a San Miguel teniendo 111I' r tro el sol, como señal de su pureza y hermosura espiritual, 1111 lo cual sobresale entre todos los ángeles "como el sol entre los 1 III¡ planetas". E quizás el único que ha disfrutado el privilegio de asociarse I)jo· , omo aconteció con la cruz de San Procopio, en donde su , '1I1I1h.. e imagen aparecieron esculpidos con los de Cnsto. 's tnmbién el único que puede ocupar el sitio del Señor y ostenI 1 '01 Dios mismo o Vice-Dios, Qui ist sicut Deus," como , ti· (.'1 algunas imágenes de la Baja Edad Media en las que asume "' ,,( it ud de Pantocrator, sentado en el trono del Señor, sostenienI 11 lIIH' mano el globo del mundo mientras que, con la otra, "lId ¡t· la 11 infalible sabiduría al levantar solemnemente el dedo J) te supremo sentenciador reproduzco el cuadro del veneIItI Mich le Giambono (activo entre 1420 y 1462) en el que 1 ic IIn .ntc vestido con una dalmática de brocado en cuyo 1.11 Jl"'(" prohijar, dentro de un juego de cuadrifolias, a Jes~~ Ido y a Moisés, el Nuevo y el Antiguo Testamento [1]. -," 11 imu 1, su cabeza flotan dos angelillos diminutos que sosI 1" b ilnnzn y la espada, por esta vez subordinados como atribu-

tos menores. Actitud semejante se advierte en algunos iconos bizantinos en los que el arcángel lleva el globo con las iniciales de Cristo, Juez Equitativo, como si en ese momento presidiera la gran escena del juicio final. Su poder es muy grande, como máximo patrón de la iglesia -agrega el padre Nierembergsolamente inferior a Dios y a la Santísima Virgen, y así como San Juan Evangelista fue entre, los apóstoles el discípulo predilecto, San Miguel es entre los espíritus celestiales el serafín más amado. Por eso se le llama privado de Dios y supremo ministro de la Santísim.a Trinidad: De aquí es que, siendo. an Miguel serafín,le llamen arcángelque quiere S decir príncipe de los ángeles, Porque 'no es serafín solamente, sino.el mayor de ellos, y su príncipeporque lo.es de todos los órdenesy jerarquías de ángeles,De suerte que no. se llama arcángel porque sea del coro de los arcángeles,sino porque siendo del supremo coro es también el principal de ellos, como príncipe de todos los ángeles... 4 Su valimiento con Dios le hizo protector del pueblo de Israel, de la iglesia cristiana y de muchas villas y ciudades. En el día de Su fiesta fue elegido emperador Rodolfo de Habsburgo, primero de la casa de Austria, y en día semejante fue ungido Recaredo 111 narca de los godos. Al austriaco, al tomar como cetro la cruz emblema de San Miguel- se le apareció otra cruz en el cielo, lo que fue interpretado como si el arcángel tomara bajo su protec.j n al monarca, en forma muy parecida a la habilísima invención d. nsrantino antes de la batalla con Majencio. En Asturias, afirma la Crónica de Silos, el rey Ramiro I le hizo construir una ermita J ;\1':\ a radecerle la diligencia con que le había auxiliado contra sus uemi s. Y dicen que el duque Guillermo de Normandía, antes 1 la batalla de Hastings, hizo cantar a su juglar la canción de I oldán p r ue en ella interviene el arcángel asistiendo a los guerre10 qu mu rcn Con valor. EIl 1"":l11 in, la dinastía de los Valois puso bajo su protección sus E I.ldo. y Luis I, en 1469, estableció la Orden de Caballería de
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En la iglesia de Oriente no tuvo menos importancia, pues nueve ntrc los basileus bizantinos llevaron su nombre y entre los zares I 1 usia Miguel se llamó el primer Romanof y Miguel se hubiera llamado el último, si no 10 hubiese impedido la gran revolución. 1 iro si su importancia en la jerarquía celestial es indiscutible, no ti .cdc lo mismo con el significado de su nombre, pues las traducIon S ofrecidas no proporcionan una definición satisfactoria, Se I l, eneralmente y así aparece en su leyenda el Quis ut Deusi (¿ )uién como Dios?), pero esta proposición es inaceptable porque l. dada en interrogativo. Juan Eusebio de Nieremberg, con buen 111 ido, traslada esta exclamación a la forma afirmativa y la traduce 1IÍ1'1l O'InO Dios o El que es como Dios, idea que aclara con un lo de Aponio quien lo interpreta como porción de Dios, cosa muy 1111 • ti nre con la idea de que este arcángel es el que más se aproxiII () más participa de Dios. POI' l/liS atributos, no ya por su etimología, significa también l.t.utoso Capitán del ejército de Dios, magnífico batallador, espa1" ,!" fW'lfo que rompe la máquina de los adversarios, defensor de I 1/111' ¡IOII 'rJ, en el Seiior su esperanza (según texto que cita de PanI 1111). l /{mildad de Dios por el trato que muestra hacia los afli111 y 1.J('rida percusión de Dios por la ternibilidad con que abate O I i. olentes.6 Ángeles y arcángeles

an Miguel llamándole príncipe de los ángeles

bres en las Sagradas Escrituras y sus funciones y atributos aparecen bien definidos, siendo en consecuencia el coro más rico en cuanto a posibilidades estéticas e iconográficas. La bibliografía cristiana ha recogido los nombres de siete, bastante conocidos: 7 Miguel, el príncipe de las milicias celestes. Sus atributos son la balanza, la espada, la lanza, la palma, el cetro y la cruz. Suele presenarse sobre cabecillas de ángeles, combatiendo a Luzbel y sus ángeles malos, o de pie sobre cúmulos de nubes. Gabriel, "nuncio y fortaleza de Dios", que se encargó de visitar 1 María para lo de la anunciación. Lleva una vara de azucenas, lint rna o el espejo que es símbolo de la pureza de la Virgen. Rafael, "medicina de Dios", porque curó la ceguera del viejo Tobías. Le acompañan un pez, que fue el instrumento por el que ,bró el milagro, o un niño que conduce de la mano, que es el joven Tobias. Uricl, "fuego de Dios", fue el preceptor de Esdras. En concorlnn iia con el significado de su nombre blande una espada flamígera 1 sus pies se desprenden pequeñas llamas. Barachiel (Mathiel) que significa "adjutor de Dios", fue quien, lino enorme columna de fuego, condujo a los israelitas durante 11 huida de Egipto, Su atributo son las flores. [chudicl, "remunerador de Dios" y preceptor de Sem, lleva como rihu un cetro y una corona. ,¡,lti -1, "intercesor de Dios", fue el ángel que se apareció a 111 ,II"m impidiendo que sacrificara a Isaac. Su atributo es el 1 n (l. 1.0 on ilios de Roma de 745 y de Aquisgrán de 789 rechazaron J ultc 1 arcángeles no mencionados en los textos bíblicos canóCI • limit: nd 1 de esa manera a Miguel, Gabriel y Rafael, pero IIn, i ui erradicar la devoción a los otros cuatro, cosa que 1 I 1'.1111, f rtunada si atendemos a la riqueza de posibilidades 1 rcntule del número siete. Louis Reau señala que en el arte .UI" •••''''O , po 'o f.. ucntc la representación de los siete y cita como I IU (PC -inl s -1 de la iglesia de Santa María de los Ángeles, 1 1 '11 I I I 11 las termas de Diocleciano, que les fue consaI I II 110 ti qu 1 s siete Estados electores del Sacro Empeuuuuu • '11\1 ni o tuvi ran a los siete arcángeles como
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arte colonial y a diferencia de 10 que sucede en Europa, apuntar que la representación del grupo entero es frelit .• Y para ilustrarlo mencionaré algunos ejemplos escogidos • ¡ .11azar: (',n ln apilla de los ángeles de la Catedral Metropolitana están le i te, en escultura estofada, teniendo como fondo un dorado I t .hlo alornónico. Se conservan en otro retablo, también en esculI 111 runquc en este caso muy deteriorados, en la iglesia de Regina. 11 Migu 1 es identificable porque está en el centro y lleva yelmo, 1 11I 1 lo' ero hay que adivinarlos porque se encuentran mutilados, 111111 azos ni atributos. En el Carmen de San Luis, sobre la intensa dll ••• ri611 pr du ida por los elementos barrocos de la portada inteohr snlcr la siete figuritas ingenuamente esculpidas como si 111, 111 1 01 r lo sugiere- de grato dulce provinciano. Juntos I 111 11 (·1 rceabl de Santa Prisca de Taxco, en la parroquia de 1, I IIIlII (:l'lIZ d Tlaxcala, en la portada del santuario de Ocotlán 11ni 1'0 dIque, en obra aparte, preparo un catálogo. l' 11 :uadalnjara se esculpieron los siete en las ventanas del cimhilillO l· San .J uan de ios, custodiando a la Virgen que ocupaba 1 1" 11 It t n n para mplctar la decoración del ochavo del tam11111(11 l.. iHI 'si" P' rr quial de San Miguel, en México, se distribu'1111 '1\ 1.1 el \V de 1 arcos torales y forme ros y en Oaxaca les 111 011 ,IH''.HIa t la una iglesia que por eso se llama Los Siete En

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de Gonzalo Obregón * he visto otras 1 inturas Con el grupo completo de los arcángeles. Una de autor "11 imo con la Trinidad en la parte superior y los siete agrupados I • nn Miguel al centro [III]. Es muy interesante porque todos I n us nombres y atributos bajo los pies. La otra es un exvoto Ii lado arnente ejecutado sobre un ochavo de lámina de bronce 1, ,1 gru po de los siete se despliega en el espacio formando una 1 .on San Miguel al centro, como es costumbre; bajo los siete -n tras tantos corazones significando la vigilancia que como t -cr res mantienen sobre la ciudad de México que se ve lejana d ,bajo del grupo. El arcángel guerrero lleva una gran cruz, ¡ ,1 un vestido rojo vivo, como que es fuego de Dios, y San Rafael 11 10 de la mano. i F 11In i rlesia de Oriente U riel se presenta con los mismos derechos 1 I ,,'1' rativas de los tres oficialmente admitidos en Occidente, I ,1 libro de Henocb que lo menciona es aceptado con toda la 1, 1 '1. " nónica. De esta manera en el arte bizantino fue posible t lit 1\' on los arcángeles composiciones tetrapartitas, como en I 1 'nt e hace con los evangelistas, muy adecuadas por ejemplo I , 11 d ración de pechinas. D . '11 El, ña conozco un caso en el que Uriel alterna con los tres 11 ipnlcs f rmando un grupo escultórico, en el trasaltar de la d. ,d d Toledo, bajo el baño de luz que derrama el transparente is Tomé.

F n el taller de restauración

I'II,I/Ir'\.
111110j 11I1 le, " 1. pintura citaré en primer lugar, respetand 11. J I "I)U1\1, el .undr de La 1 lesia Militante que realizó Cris,1 1 1 dl.dpalldo 1 ara I a ri tía de la Catedral Metropolitana 101 , 101"""1 los. i t un rup compacto. Del Museo del Virr iII 1 '1' 1111'1011.111'('11'( luz un I ,anónimo del siglo xvn ,Id .• l V( (\1 t it ul Vi.rgen, da la Barca [II]. En el en r I 11 11,nuu ivu <ll" 'tI:1 11' ,y 11 la arte upcrior la Sar tí iirn: , , (1·:1 !'.1I1r ,1 Ilij(, 1 Espíritu Santo son tres p " nt 11 rn 11 1 pl ·bo un .01, un ' r I ro y una paloma r sp tivn111 l. lo " H. icn lo mar ,los siete arcán 1'.. E. c: •••••••• s-» •• 11111,11111 i 1IIIl'IIt 1'((In' ti' 's t mas' de prim ra irnp rtnn '1., 1 '1'lllIldlll, lo ¡lIt 1 dn'ip'¡¡ y la Vil' l. En A 01111:111, I ti • 11t 11111 j It' 01 ro lil'I1'/'() de milI" I 1I1t.'1l0l' .:did.ld I • I 1111 111111111 ti () ~'"tni 11Ic'1I1Í1I1II "illtl', I1 llll o dll
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Capitán de las milicias celestes
I 1 n's( 11a i n más frecuente de San Miguel, sobre todo en t 11" h.irro " rresponde a sus funciones como capitán de las I l. ('Il" 's Lí ulo merecido por haber arrojado a Luzbel del

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1 Apocalipsis

(12, 7-9)

describiéndolo

con

n triunfar ni fue hallado su r, nde, la antigua serpiente

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llamada Diablo y Satanás, que extravía a toda la redondez de la tierra y u ángeles fueron con él precipitados.

el único que sabe todo lo ardua y difícil que es la lucha con

1 m nio.
1.1I1

de Valdés Leal, en el retablo de la iglesia de las carmelitas a base de un extraordinario movimiento [VIII]. Mientras

En la Edad Media San Miguel es un batallador incansable y adusto
de Dios, como cruzado o templario. Durante el Renacimi 'Ill el humanismo lo concibió como un mancebo de rostro hermoso y cuerpo apolíneo, alcanzando una armonía perfecta entre I b ,11 za y su apostura, como en Ghirlandaio, de cuya escuela 110 luz o un cuadro [V]. R a Cal Sanzio lo pintó en el acto de arrojar a Luzbel al abismo, 11 una randiosa lección de equilibrio, pues todas las fuerzas y t n ione de atadas en la lucha parecen subordinarse a un eje que I l it'nd ' p r el centro del cuadro, desde la cabeza del arcángel y lo lar de u pierna izquierda [VI]. ,on el barr co adquiere otras características, convirtiéndose pri111110 l n vi I into guerrero, como los de Rubens y Valdés Leal [XII], IVIII I q lIC par cen a punto de disolverse en energía, o cayendo I pllr lcntr de la trama de los temas y alegorías mariológicas, 01110 l n .ri t bal de Villalpando, que le llevan a asumir actitudes I ,11 1 laI" Y a v afectadas. Y a fuerza de insistir en la naturaleza IIIIIO~III.I le I ángeles se le pinta con rostro femenino y, aunque 1111 tI us nrr militares, éstos pierden su dureza metálica y la 01 I~ 1 H.d:\ nvirriéndosc en blando y ajustado jubón. ÚnicaIIII d"1I tr el 1 ntcxto de grandes composiciones, como en lo 1 lit dI! i . n i uc r antener su naturaleza bélica. 1 11111 rinnción 1 pular, ingenuamente, llega todavía -sobre lo I 111I.Hlud su ará ter batalladora representarlo como San 11 1 lIijlo ( nn Mi uclit , y en las danzas populares a personi1" 11 un 1 j 1 que baila ataviado con alas de cartón forrad,
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órd ba, logra en su pintura otra gran concepción del ángel
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u al dragón, San Miguel bate vigorosamente las alas que toman

ti 1110 ritmo de los mantos agitados por el ímpetu del ataque. 1, li .stra, en alto, sujeta el asta del terrible dardo con punta IIIt 1'0 filos mientras que, en la izquierda, embraza el escudo ha adelante, no como arma defensiva, sino para empujar y 11 11' n él al diablo que se derrumba derrotado. No faltaría LI I intura sino agregarle, a manera de mote o leyenda, aquel I IIIJ, tlospiertaí, que hizo temibles a los guerreros almogávares. llanta razón la iglesia le llama invicto, invencible, adelantado, 11 1, t ¡Ibl , vaivoda (entre los eslavos) y capitán general. 11 1 vi ,( iria sobre Lucifer es el principio de la batalla generalizada 111 ,hl. n los buenos ángeles contra los rebeldes que han prefeXllir a Belcebú. En un pasaje del evangelio apócrifo de Bar111 los pérfidos ángeles se atreven a desafiar la ira del Señor, 11 11 repli an ensoberbecidos:
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h mos visto que nuestro jefe no doblaba su cerviz, de la misma tr s no adoraremos a un ser inferior a nosotros.12 irrumpe el príncipe de los ángeles al frente de su legión lpc

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1 ximbnt , El mal no puede triunfar;
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l' 11 '\ljo N j 'r .mb r r di e que Miguel es ángel exterminad 1 1 ni 'o que infund y p r el ímpetu con que abate a 1 1 I>iu,. 1 ela .ionad neto reproduzco un grabad 110 1hlll'W IVIII n ual 1 implacable arcángel, a la 11 I q o dc nil (·I""go O h r e wa ncriano, denota en 1 r CI'O d ti 1 ( rrihlc micntrn, y l1 e al diablo. Wolfflin, n Su 1..• I 11111I 111 0111 ti rubnd 1," ni 11 nn, ' com nra la pr 1I1ld\ "UII\~I_'HI' 11'11 11 1 11 UI 1 'i 11 qu advicr n e. te r tro, por
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los ángeles malvados de la hueste de Miguel y sus cuerpos se preciIhiNIl10 en infernal cascada. undr n o en la memoria que se refieren a tan gran(11.1 Y el el' c11s he seleccionado tres para ilustrada, pero IIIll ntarl quiero siquiera aludir a otro muy antiguo
1111111U IOcl r, también alguna vez le ha tocado al poderoso arcángel J v Yl1l'I 1, "Bond vapuleado y ofendido y no por el diablo ni sus ¡IIII 1"1 l' '11 vulll r y un lln, como el siniestro que refiere G. Frazer en /)",.,.1'" Ijlll IIIVO fUI{ JI In población de Caltaniserta, Italia, cuando los ,.1 -'.1'" 111111111 S 11 Mlflu'l -qu era el patrón-e- no hacía llover, se "'11 ti 1 I d I1lu1u y 01 mane do púrpura, poniéndole a cambio f d I 1'11'11\ Y 111\ mj ('rahl parrnbo. Vid: Gcorge Frazer. 11, 111111111 ti (111111, l' tlllt'llllk • I 1, p. 100. ".1. rl/III n "1111' 1I lIu"'/I' .rl Ii 1111 , M drld, 1'6 , p. J66.
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que aparece en la Biblia Historiada de Guiard des Moulins la de ilredcdor de 1410. Se compone esta bella miniatura de seis pequelOS uadros, admirablemente iluminados, en los que se desarrolla 11 historia de la creación y caída de los ángeles perversos. En el número cinco aparece Luzbel en forma de serafín (cabecilla hexápt ru) en medio de un grupo de ángeles de color rojo bermellón. 1,1 t sta coronada le acredita como príncipe de los ángeles rebell· . En el último cuadrito todos ellos han sido arrojados al infierno; 1I ' 101' se ha ennegrecido, sus manos se han hecho garras y sus 1,. perdiendo el plumaje, se hacen membranosos. Los ángeles 1 11· Icrrnanecen blancos. L t primera pintura sobre este tema, aquí reproducida, data de t'HlIlHlu mitad del siglo xv y procede del hospital de la. ciudad Z ifru, provincia de Badajoz, en ~sp~ña [IX). Perte,nece a la 11 -1, hisl at o-flamenca y puede atribuirse al pintor Sanchez de , 110, 'l'HllIl el estudio de Lafuente Ferrari.14 Este San Miguel 1 Z dl'l d staca en primer plano, empuñando una larga espada 1" 1 v lile P r encima de la cabeza, como para soltarle un tajo 1 di ,"111 que ha sido pintado como dragón. Detrás, en la parte 11 11111 'a rupan los ángeles fieles formando tres masas coml' lOlllO ohortes; aunque algunos, impacientes, se desprenden 1" 1011111 In. armas como su capitán y abaten a sus malos conl' 1"' idopran formas fantásticas de bestias. San Miguel lleva 1 III¡I, p lo d smclenado y ricamente enjoyados el broquel, el
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apenas se van desarrollando diminutas garras o alas de .iélagos: pero éstas crecen a medida que descienden, hasta adquioda la horripilante fealdad que se aprecia en quienes ya han Izad el fondo del averno y la máxima perversidad. Nótese ) I que se ve al centro conserva una mano humana mientras 11 otra ya se ha convertido en garra. 16 '1 mismo tema de la batalla angélica aparece en Brueghel [XI], uberante imaginación encuentra aquí un motivo apropiado desbordarse en el cuadro La caída de los ángeles rebeldes I I ), Las largas vestiduras de los ángeles y la dorada arma.dura I 11 ángel aluden a un medievalismo semejante al de San MIguel Z¡If ru, pero ahora los demonios adquieren una variedad más rica. 1I 'it. ;rote encuentra en su cerrada composición una "chirrían11 id in ia",17 que desde luego advertimos en la angulosidad de M j 'u '1, las lanzas, las trompetas y el metálico golpear de las ,1 1, que hacen contrapunto al agudo chillido de los demonia-

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u otra

pintura

que reproducimos

1. '/'/t'\, realizada hacia 1622 por Rubens,

es La caída de los ángeles actualmente en la Alte-

11

.oraza,

ol ra con el mismo tema, aquí reproducida, es un le a Jean Mignon, de la Escuela de Fontain I 1 'Illi~ado alrededor de 1543 o 1545.1G La inclinación l tH·la por la tipología clásica casi hace del arcán el un I u· 11, ya O Aquil ,quc diri e la batalla en el cid , 1 I""do lo dcm ni s san antr 1 modos, pero los qUCil1H\ 1, 1 111e in fcrior adquieren ara t,cl"ÍGti as ?C ,tialcs, En, ea
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pinakotek de Munich [XII]. El arcángel, quizas el San Miguel m hermoso que se ha pintado, se mueve raudo en el centro del li nzo, vestido como centurión romano que esgrime la espada con lila profunda convicción de que ha de salir victorioso. La gran 1 lla se libra auténticamente en el espacio; en esa región donde 1, 'Ia idad de la atmósfera, en la que moran los ángeles leales, I in .ipia a disolverse hacia las sombras, tanto más obscuras cuanto I 1 se desciende. Hacían falta la perspectiva aérea y la técnica It ontinua de Rubens con la luz en proceso de disolución, para ) \' 'r al ángel de la guerra una atmósfera perfecta para las barlln • En la parte superior el Padre Eterno contempla a su infaj Ibl capitán que se revuelve en el combate con la cabeza descu1I rtu, 11 señal de valor, aniquilando con la espada a los demonios, illll OCéntCS y rabiosos, que se van confundiendo con las sombras en 1 J' 'Hión obscura de la tela. Cuatro etéreas criaturas, ángeles tam111 I1 esfuerzan en la lucha apoyando a San Miguel. I 1 cm j::u za entre el arcángel y Marte queda bien establecida. J 11111 EU/l bi Nicremberg refiere que los cristianos, antiguamente, 111 v tí. 11 n iglesias los templos que antes estaban dedicados al dios 1 11 HU( 1'17(\ y que los griegos acostumbraban llamar a San Miguel rl hJ'"·II/l'!{1ts. .sto lo llevó a suponer, en otra parte de su libro, 111 ·1 t emp] dificado a Marte por los argonautas había sido, en 1111 Id, uno de los primeros erigidos al arcángel. 18 L 1 IHlt' i. le llama signifero, porque sostiene el estandarte de 11 IlIt t UI1 largo bastón terminado en cruz. El mismo Nierern1 • 1\ 11 ndosc en autores "de cosas militares" le equipara a los ,,1/ , m 11 old. d q uc marchaban al frente de las legiones roma• 1111 d" ricnmen te ataviados, sosteniendo el estandarte del 1 1 I 01 U mn 'iz n ra tada en el cabo de una lanza. La misma 11 11. ti • ludndn 1 1 lási o ha ta lo barroco, ofrecen los arcánI I ,ri tóbnl ti Villalpnnd en la acri tía de la Catedral MeI 111 \11 l. lJ 110 1, IlQS so i no u n e tandarte que en 1 ale 1111 1'11 'i\ l'(1I1 ItI, ini ial U. Fran i de In Maza, n I 11111 Yillalp:IIHlq, 10 alud tns letra m una posibl I , 1'111 ti, 1 l. q 11' {i ru rnbnn n J s ' itandnrt . r I'lHU1 s: 1 (EI"'I\ Hlo y ·1 pu(·hl() romnno}.
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San Miguel conductor de almas .San Miguel es Psycbobom pos, porque conduce las almas de los muertos ante el juez supremo que pesa sus acciones para recibidas en el paraíso o arrojarlas al infierno. Louis Reau lo relaciona con Caronte, Apolo, Hermes y Orfeo, pero nosotros de inmediato lo hemos asociado con la Psicostasia o juicio de los muertos del antiguo Egipto. Esta tarea del arcángel, que fue su principal ocupación durante la Edad Media, parece formada en la misteriosa fuente de los evangelios apócrifos, cuyos pasajes abundan en relatos sobre sus andanzas ni lado de los muertos. En la historia de José el Carpintero, 20 en los capítulos XXI y II, Jesús contempla la agonía de su padre terrenal cuando apa1" e en la escena el diablo seguido de un gran cortejo, a cuya vista llenan de lágrimas los ojos del anciano. En el momento de la muerte, Jesús hace huir a los demonios y dirige a su otro Padre '1 eterno- esta plegaria:
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Envíame un gran coro de ángeles juntamente con Miguel, el administrador

de los bienes, y con Gabriel, el buen mensajero de la luz, para que acornpnfl n el alma de mi padre José...
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De manera que no se vea forzada aprender esos caminos infernales, terribles para el viajero por estar 'stados de genios malignos que por ellos merodean... .

Mfts adelante se describe cómo San Miguel y San Gabriel toman
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de José y la envuelven en un precioso paño de seda para

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'da contra los demonios merodeadores.

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F 11 las actas de Pilato, apócrifo anterior al siglo x, aparece M i~,u lomo guardián del Paraíso recibiendo las almas de I u, . nn s y profetas, que Dios ha rescatado del infierno. 21 11'1 n (]lIiz:\s aquello que más lo glorifica es el hecho de haber Ihid" en su n: anos el alma de María, la madre de Dios. En el 110 d, .111(111, t1I'Z bispo de Tesalónica, apócrifo asuncionista del 1" I V ti lit' It' j r \ ,1 trán j to y asunción de la Virgen cuando ' I "1'0 IIIH~ a II 1 :t11. rtc en la tierra desciende sobre ella I 1 111 111,..·1' IlO pu de 1: r que San Miguel- y le dice:
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Yo soy el gue tomo las almas de los que se humillan a sí mismos ante 1 íos y el que las traslado al lugar de los justos el mismo día en que il .n del cuerpo. Y por lo que a tí se refiere, si llegas a abandonar el eu irpo, yo en persona vendré por ti. 22
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otro pasaje en el que María sube al monte de los Olivos

I rcgunta a Jesús: "¿En qué figura vienes a los elegidos?" y por

rarursc de María, Jesús promete acudir personalmente cuando llegue 1 momento de su muerte, con todos sus ángeles y arcángeI' , a re ibir su alma. Cuando llegó el día, describe el tesalonicense, cnc ntraba rodeada de sus parientes y de los apóstoles, con Juan I II I j Y Pedro en la cabecera.
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s l re la hora tercia sonó un gran trueno desde el cielo y se exhaló de fragancia tan suave, que todos los circunstantes fueron dOllli nudo por el sueño ... y he aquí que (de repente) se presenta el • l' or sol r la nubes con una multitud sin número de ángeles. Y' Jesús '1\ (l .rsonn, a rnpañado de Miguel, entró en la cámara donde estaba M 1111 u i '11 r que los ángeles y los que por fuera rodeaban la estancia I IIU ~h,IJl himnos ...
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tronco que SIempre podrá reverdecer), símbolo de eternidad y atributo de Osiris. 23 Quizás en ese símbolo egipcio esté el origen del cetro que con 1 tiempo' deviene igualmente atributo de San Miguel. Su labor de rescatar almas tiene un antecedente en la contienda ue sostuvo con Satanás para salvar el cuerpo de Moisés, según la pistola de San Judas (Judas, 9) Y proviene de los textos apócrifos omo el que he citado arriba a propósito de la muerte de San José. ~n una miniatura del siglo xv, del libro Les grandes beures de 1 oban de la Biblioteca Nacional de París, 24 se ve un moribundo e cuyo cuerpo decrépito escapa el alma (con ella la vida) pero an pronto deja el cuerpo es capturada por un diablo en forma I macho cabrío [XIII]. Raudo aparece San Miguel a rescatarla, landiendo una espada en la mano derecha mientras que, con la t ra, sin miramiento alguno sujeta por los cabellos al demonio un tal fuerza que lo obliga a soltar la presa, ante la mirada com1" cida de Dios Padre. J icardo del Arco Garay en su Catálogo monumental de Espaiia. l ucsca 2ú se refiere a las pinturas murales de la iglesia dedicada a ,111 Miguel en Barluenga, procedentes del siglo XIII, y cita unas I 11 ':1 de la Leyenda Aurea que le confieren atribuciones de guarIi. n del paraíso:
111f(, anctorum animas recipit et in paradisum s Illttltionis perducit

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, propósito de otro pasaje de la misma pintura en el que I arcángel resucitar diáconos y reyes, cita este otro de la Il\ \ 1 yenda:
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a que en Francia los osarios tuvieran una capilla dediS.In Mi 'u 1 y que las cofradías de sepultureros le tuvieran
'1 ur] erardo Novo Valencia, procedente de un boletín del • rnbnjadn de Egipto. 11 , 11 l'orch r, Freurl) Miniatures [rom llluminated Mamtseripts. 1'10, ~. 1.11,,111111. I O, l. m. J.XXVII. AIl 11 (1111 y. L/I/.Ilt1,qll mununwnt»! tic EspOlío. Hucsca. Madrid, 1942,
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por patrón. No es por azar, tampoco, que se le hayan consagrado lgunas iglesias funerarias como la del Kremlin de Moscú destiIH\ la a guardar los cadáveres de los emperadores, cuya; almas podían dejar el cuerpo COn la seguridad de que, de inmediato, [uedarían colocadas bajo la protección del poderoso arcángel. 26 En ocasiones son simples ángeles los que sostienen la balanza o unducen el alma del muerto, como si San Miguel delegara en ellos a, tareas que de fuero y derecho le pertenecen, como en una pint ur: de Orcagna, en Santa María Novella de Florencia, donde Un :~jl el flota horizontalmente suspendiendo la balanza en cuyos I I.ud! s se pesa el alma del emperador Enrique. Tres diablos intent un in linarla y uno hasta forcejea con San Lorenzo que vestido h· diá no acude a protegerIa. Quizás hay aquí un parangón on San Miguel, pues así como éste es el gran protector de la Iglesia, • 111 I r nzo lo fue de sus tesoros ¿y qué tesoro podría ser mayor IIIH un alma asediada por Satanás? ( )1 rn v es es San Gabriel -el segundo entre los arcángelesq 11 i -n • ud asociado a San Miguel, como hemos visto en el evan,lio np rif de José el Carpintero. y en uno de los romances 111 leidos n la Edad Media, que es El Cantar de Roldán, se desI I d'I' cóm l héroe, después del desastre de Roncesvalles, se tiende 111 Ildo 1, mu rte bajo un gran pino para evocar a su querida 1'1 11I iu, sus mpañeros de armas y su señor Carlomagno. Con el 11 ° pro 'se al olifante y a Durandarte, su famosa espada, y sin11 IItlo IJ11' la vida se le escapa ofrece a Dios su guante diestro y ¡IIIII. l. 111:1.11 le ruega que proteja su alma de todos los peligros. I ,. 1 nllla I r l nga, como si el juglar no quisiera concluir una 111. 1.111 1 icn el hazaña, pero la muerte es inexorable y el noble I IIld 111 " piru, :11m: m tiempo que se extinguen los últimos rui111 ti ,lllIl1d lit. an Mi ucl y San Gabriel bajan del cielo y toman111 1 .111I1 1 ,1 .ond la ndu en al paraíso. I ,IIJlII (' ,~iHlI' 1 rran p der que San Miguel ejerce sobre la 11 • 0111Jl.1I 'l'. ( 1 -1 mal y d 1 infierno. Tal sucede por ejemplo 1111 1 111,1111'1'0 que aún de api ado Conservó la vida el tiempo 11 • 11 ill p,1I ,1 ,t'd i J' 011f 'si n (V id. injra. p. 32) por una gracia , I ti dl,l 11 (.' '11l¡.;tl. .rl n rari mo aconteció al em p rador 11.1111, qlllt'JI pOI' h 11 crxc ntr 'Vid a cuchar a los áng 1 n-I 1 I I 1 .1111) j lit' ast iHad por an Miguel con el anun i del 11 I 11 '11 '111 1..1 h1'1 1 de n rir.

En el momento culminante del teatro cristiano, que es el juicio final, San Miguel aparece como gran protector de las almas. Dice 1 libro de Daniel, refiriéndose al fin de los tiempos:
Entonces se alzará Miguel, el gran príncipe, el defensor de los hijos de tu pueblo, .. Las muchedumbres de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para eterna vida, otros para eterna vergüenza y confusión. (Daniel, 12-1, 1, 2)

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Jan Van Eyck lo pintó en un díptico qu'e hoy posee el New ork Metropolitan Museum. El cuadro se divide en dos partes, lila superior y una inferior, separadas por los largos y esqueléticos hruzos de la muerte que se extienden como una gran capa que I ara el cielo del infierno. Sobre ella se posa San Miguel, luciendo ¡ lo a armadura, diadema y hermosas alas de pavo real, símbolo l· inmortalidad. En la parte superior los bienaventurados se acogen la anrisima Trinidad; debajo, los condenados se debaten en el fi~rno. La misma composición fue repetida por otro holandés, t ru Christus, en 1452. 'j el momento de pesar las almas, el atributo principal de 11 Mi uel es la balanza, que sostiene con la mano izquierda, porl' la derecha está siempre ocupada empuñando la espada o la 1lJ.¡\ I ara rechazar al diablo que trata de hurtárselas. " t balanza vino a enriquecer notablemente la iconografía del II~('I, pues además de ser ella misma un motivo muy decorati, impli aba la representación de otros elementos como las almas I l' P an en sus platillos y los demonios que esperan su parte 1 lid io, 'te instrumento hizo que San Miguel fuera considera1II1\() I :1 r n de los balanzarios y otros oficios relacionados en "'" mun ra con las balanzas como los pasteleros, tenderos, mer1 1• " a 1 res de granos y bañeros. 27 1111 In' 1. mina ilustraremos su participación en estos misterios I I jlli -io y I ducción de almas. 1111 'IIn lro 1 j vanni del Ponte (siglo xv), aparece con 111, 1I!lI'(·VI.1l y cnp:1, 111 dias botas y nimbo, la espada en la 11 l.. ¡, d.lI1z 1 11 In izqui rda [XIV]. Elalma que se encuenI I 11 t j 110 ( 1ll'I'VUS:1 11111 stra preocupación cuando éste
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tro San Miguel del XIV es el de Guariento [XV]. Su bizantinismo es patente en las delgadas y largas alas, la leve inclinación de 11 .abeza y la vestimenta. 'Con la izquierda suspende la balanza mi mtras que, con la derecha, rechaza con un bote de lanza un nq~1" diablejo que forcejea por llevarse un alma del platillo. Se111 .jnntc es una tabla de Liesa del siglo XV, estudiada por Del Arco (;:ll'ay, en la cual el arcángel rechaza al diablo con la misma deci¡(')!) que el anterior. Aquí, el alma del condenado debía resultar III:b onvincente y moralizante que un sermón, pues su expresión 1I11{1Isciosaontrasta con la tranquilidad c en el rostro del alma buena, n e I Otro platillo. 28 I ,1 taller de Domenico Ghirlandaio procede otra pintura del 11 ;'tn' -1, ya del pleno Renacimiento, en el cual el artista revela 111 iyor preocupación por la belleza del mancebo que por el problema d I(),~p ados [V]. La balanza se ha empequeñecido notablemente, 11111 si fuera perdiendo importancia ) su significado. San Miguel se y 11\11 ion la punta de la espada apoyada en el suelo, la cota a la ruirnr] lcl mu 1 y media armadura que de tan bruñida espejea. El IIlI'lIo ne uclto a ambos lados del rostro, en rubios bucles y I IIllIdJ) '(1 i de aparece, convertido en un delgado arillo. La belleza 1111111111 ' obrepone al simbolismo. \

la diestra, toda escrita en ascuas de fuego, 29 y esto explica por qué en alguna ocasión, rara por cierto, enseña un libro en la mano. Volviendo a las nubes, es lógico que se les acompañe de. rayos, como en la magnífica escultura que remata el altar neoclásico del Santo Desierto de Tenancingo. Y vale la pena señalar cómo la escultura, que en muchos aspectos carece de las posibilidades técnicas de la pintura, hubo de resolver el problema de tratar las nubes de la mejor manera posible, recurriendo a hacinamientos de medias volutas, no siempre con fortuna. Como protector de villas y lugares se presenta en primer plano, generalmente armado, teniendo como fondo O bajo sus pies alguna

iudad [IV].
En una pintura de la colección del licenciado Gonzalo Obregón le ve como tutelar o protector de un taller, observando desde la parte superior, en compañía/del Espíritu Santo, a los obreros que mueven la rueca y el telar, cerca de un personaje elegantemente vestido que es sin lugar a dudas el devoto a quien hace alusión la 1 yenda que se ve al pie: HA devoción del maestro D. Miguel Prieto." Firma el cuadro Carlos López, en el año de 1740 [XVII]. tra actitud muy rara, casi única, es la que asume en un lienzo 1 Lc Nain (siglo XVII) arrodillado ante la Virgen y presentándole 11 armas, como si reviviera aquel concepto caballeresco medieval I 1 ulto a la dama [XVIII]. Louis Reau señala lo insólito que es ver a nuestro arcángel a hallo, pues esto y las alas son los elementos que lo diferencian de n] rge, y precisamente por raros cita dos casos en los que aparece Inl nndo: un fresco de 1345 en Lesnovo, Servia, y otro del siglo 11 '11 aint Savin, Poitu. A estos ejemplos agregaré otro dato sacado I Ni .rcmberg, según el cual el virtuoso Marciano, servidor que era 1 Mi .haclion de Constantinopla, vio descender a San Miguel del lo montando un hermoso caballo. 30

Otras representaciones de San Miguel
\1' JlI'es ntarse de pie, sobre un coro formado por cabecitas de 11 1 , lo .unl no tiene otra intención que recordar que es el I 111 I d(' ,los ángcle IJ y según lo explica Nieremberg el primero I l"d¡1 111 jerarquía que forman los nueve coros. 1111 1\ 11I t 11 rnlcza ccl te puede asimismo mostrarse sobre o41n I I "dll dI' IIlIb 1 1 V mos, por ejemplo, en el relieve de la lit, 1, dI ln par' quia de an Mi uel, en México' [XVI]. Dice N I 1I11H'1 '(JIII' unnd i envió a Miguel para que diera la ley 111 1t·1 J('O vino S bre una majcstu sa 1 ube, echando de sí encen1I l. I 1 () Y 1'0 I nd d - multitud de in des. Sostenía la ley en

San Miguel y Santiago
ncs, no podemos comparar ninguna con p r la Virgen de Guadalupe, pero antes rtir n imbolo de lo mexicano tuvimos,
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durante los siglos XVI y XVII, a San Miguel arcángel y a Santiago p st 1, que en su momento desempeñaron un papel capital en la on f rmación de la sociedad colonial. Santiago fue el patrón durante la conquista. Desde la batalla de lavijo que en el año 859 ganaron los cristianos a los árabes, guerreó o lo on codo auxiliando a los españoles en su largo batallar con lo infieles, y terminada la reconquista con la toma de Granada ruz el océano para seguir luchando al lado de sus viejos camara1.1,. 1 e Iria Flavia a Champotón, de matamoros a mataindios, i uió ampeando para aniquilar paganos. El maestro carpintero que h¡:lo 1 retablo para la iglesia de Santiago Tlatelolco, en México, I.hln nscrvar fresca la memoria de las hazañas del apóstol al ta1111·10 '11 U feroz caballo en el momento en que la emprenden, el , imcr a uchilladas y el segundo a coces y mordiscosv " contra . 111 ( ••spnnta d o guerreros 111 diigenas. 32 1.:\ . nquista de México concluyó pronto y los reinos vecinos no ob, evivi r n mucho; la etapa de las batallas había durado pocos Ifrn • Si lo' aritos envejecieran, podríamos imaginar a Santiago en al ¡'1I1 tu ':\J' d 1 cielo, como un respetable anciano que se acomoda 11 11 P \trena para añorar sus viejas hazañas mientras que afuera, 0\ ,Id,IS .n 1:\pared, sus armas enmohecen y se cubren de herrumbre 10' j dI \ \ aganos qué decapitar. I o indio cncidos perdieron independencia y bienes, pero la I 1, 11'111110 • 1 pudo quitar, así de pronto. Sus dioses fueron hábiI I 111 mim izarse y continuaron la lucha que sus guerreros ya 1 I 111 1 (· r<lid. ipc Totec, «el desollado", se convirtió en un Crist~ 11 '11I1'j el Tczcatlipoca negro, espejo humeante, se acomodo 1 ,d 1111 nte n la cruz de Taximaroa o se hizo cristo negro; 88 , 11 l/lll la n ..dre de la tierra, se transformó en virgen morena y I IIll1~H nte 1 ztoteotl, señor de las cuevas, se apoderó d~ un I ti '11 () Y se hizo adorar ladinamente como el señor de Chal-

. Ahora la guerra contra la idolatría tendría que hacerse en las iones de la metafísica, y por eso se acudió a San Miguel, capitán los ángeles, que para habérselas con diablos harta experiencia la. y como que ya era tiempo que se le invocara porque el padre i remberg recuerda lo que el religioso fray Severo de Tovar decía, u estaba como quejoso San Miguel del rey de España, que se idaba de él" ... (a causa de Santiago, suponemos). q mismo Nieremberg parece preocuparse por limar esos celos I stiales, afirmando que cuando el apóstol capitaneaba soldados n 'Ioles lo hacía como adelantado y con un tercio de ángeles que Miguel le tenía. prestados. 34 ':n algunos lugares, como en el reino de Valencia, esa especie de ,y logistico necesario para expulsar a los moros se atribuye -diNicremberg apoyándose en Escolano- directamente a San Miguel no a otro santo. 35 ':1'1 Guadalajara, refiere el cronista De la Mota Padilla, 36 arcángel l' óstol combatieron juntos para rechazar el ataque que los indios hnros dieron sobre la ciudad en 1541. .on poco que entendamos de jerarquías sabemos que no hay quien la disputar al arcángel el sitio más elevado que tiene en la pirá1 e lestial, Él venció a Lucifer y sus ángeles rebeldes y San Juan lo en el Apocalipsis destruir al dragón de siete cabezas. Erigido I fensor de la Iglesia debe conducir la guerra contra la idolatría tI.1I'\t s dioses paganos aparezcan, pues dice el Libro de los Salmos: Todos los dioses de los gentiles son demonios (Salmos, 95. 5)
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luyamos que hay una obvia diferencia de rango, pues si el fue patrón y protector de los tercios españoles, San Miguel I. t da la cristiandad, y si el primero hubo de intervenir para \l' la nqui ta, el segundo fue necesario para exterminar los 11 e de cultos prehispánicos, afirmando en cambio un j 1lI0 militante y triunfante.

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Apariciones En los capítulos XXIII y XXIV de su libro, el padre Nieremberg hace historia de las apariciones del arcángel, o al menos de las más importantes, ya que referidas todas sería farragoso. La primera que narra es la que aconteció en Chonae (Iconium) ciudad frigia que San Pablo llama Coloso, en la epístola a los de Rodas o colosenses. Cronológicamente es la más antigua y un buen indicio de que el culto al arcángel se inició en Bizancio. Dice el relato que en esta ciudad tuvo San Juan Evangelista una revelación, apareciendo Dios para decide que hiciera un santuario a San Miguel en el lugar que llamaban Cherotipa. El apóstol lo hizo saber a los gentiles y el Señor, como indicación, hizo brotar una fuente en el sitio señalado, cuyas aguas milagrosas curaban las peores enfermedades.Con el tiempo se hizo una iglesia de la que llegó a ser sacristán un cierto Arquipo, hombre santo cuyas virtudes llegaron a provocar inquina entre los gentiles, que no pudiendo soportado decidieron darle una paliza; pero aquellos que lo intentaron fueron castigados porque sus manos se secaron, y a otros que quisieron cegar el pozo milagroso, una gran lengua de fuego salida del brocal los puso en fuga. Empecinados en sus malas intenciones pretendieron desviar la corriente de dos ríos para arrasar la fuente, el pozo y el sacristán, pero entonces apareció el arcángel mandando a Arquipo que no hubiera temor y se colocara a su lado, y juntos el ángel y el santo aguardaron la venida de las aguas, que el primero contuvo con una señal, reteniéndolas como si fueran una muralla, para después echadas por un gran agujero que abrió en la tierra, dejando a salvo el santuario. El milagro de Chonae se convirtió en un tema corriente para la iglesia de Oriente y el arte bizantino. De la época de los paleólogos (siglo XIV) data el icono que incluyo para ilustrado, en cuyo centro se ve la blanca corriente del río "tXIX]. Sostiene Nierernberg, apoyado en Nicéforo, que el arcángel se apareció a Jasón y los argonautas, quienes le edificaron una estatua. Siglos después, en el mismo lugar, se apareció a Constan tino ordenándole que le hiciera un templo por la ayuda que le había dado en varias batallas. Obedeció el emperador, que no solamente hizo el santuario (Michaelión) sino que ahí asentó la corte entera (Constantinopla) . Para la tradición occidental, la aparición más anti ua uv lugn en el monte Gárgano, en la Apulia, el 8 de mayo de 4 2. L:1 L y ndn Áurea la relata de la siguiente manera: Gár nn p r, nnjc ., OIlIllH •
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La Aparición sobre el monte Gárgano, aunque de ésta casi la mitad st:í borrada; sigue la Aparición ante el Papa San Gregorio en el mnus leo de Adriano, después Santangelo. En la parte baja la Victoria sobre el Anticristo cuya falsa tiara se derrumba a un lado. La )( rn alle principia en su parte superior por La lucha contra ángeles rrl. rldes; sigue al centro El juicio de las almas y termina en la parte in f .rior con el episodio en que el infortunado Gárgano es herido
propia flecha. 37 U na de sus intervenciones está relacionada con la capilla de San Migu 1 en la Seo de Zaragoza, según lo relata Nieremberg, levantada ('11 a i 'n de gracias a un milagro presenciado por el obispo Lope I'crnándcz de Luna, hacia el año de 1366. Aconteció que el prelado, yt'nd por la sierra, se topó con la cabeza de un hombre a quien unos malhechores habían degollado, pero que milagrosamente se runut 'n' a con vida implorando confesión en forma lastimera. Superaudo 1 u to se la administró el obispo, alcanzando a oír que decía, lit •. d xpirar, que el haber conservado la vida se debía a una '1 .ll i:t p ial que San Miguel otorgaba a sus devotos, no dejándoles 1l101'il' ir antes recibir la confesión. ( )¡ ra :l parición intrascendente pero curiosa, citada por el mismo hi t oria lor, se refiere a un caballero con muy mala fortuna, pues i IIdo val .ro o y esforzado resultaba vencido en cuanto lance emJllt lidia. astó que invocara al arcángel y lo tomara como protector 1 11.1 <tu' 'u uerte cambiara, pues de ahí en adelante fue siempre j I(ríos n todos los torneos. Pero así como socorrió al caballero I 1Il1llil~11 se apiadé de un mercader llamado Florante, que había visto :/'IIWIIl,\I':1I1 sus ojos a la flota que transportaba sus mercaderías. '111 Mi .ucl I re arció enviándole un gran pez en eüyo vientre en11111 11/) ~,I mi rabie tanto oro que recuperó con creces las pérdidas. A (~lIl.l qui '11 I uyo, podríamos decir; al burgués dinero contante 11I1.")(( y:tl "oa11 ro honores y gloria. Se apareció también a 11 (mio, npitán d 1 rnpcrador Decio, ofreciéndole una espada 1111 1.1 <1"(' dt 1'" J bárbaros; al príncipe Alexo de Polonia que 111 ¡e', ,1 los in v: sor ' Iitunn s; a los soldados de Cuniberto cuando 11 VI'IWil/) d t.irnn Alnbim, y a las mesnadas navarras que auxiIj,d""1 .rl I'('Y di 11 /\1 Iot s el Batallador en el sitio de Zaragoza, y 1" pe I t ,ti :1 11 la le ri i .r n 1:1 parroquia de San Miguel de lo NI .1110. "',dla 1.1 npuri rión qu J :í nos importa, que tuvo lu ar 11 1111.1 Mil L\ N:II ivitu», juri ii i n de Tlaxcala, cuando San MiU 111 111

guel s~ .apareció al indio Diego Lázaro de San Francisco; pero ésta la O~ltlmOS por ahora, pues será materia del segundo capítulo del

trabajo. San Miguel y Luzbel
Entre los ángeles, los más representados en el arte han sido San Miguel y San Gabriel, quizás más el segundo por haber participado n el misterio más importante de la religión. Pero el primero, en ambio, ha sido más fecundo para la iconografía, en cuanto que . u:de representarse con abundancia de motivos y composiciones de 1I~1agenes, como en los temas de los ángeles rebeldes y los juicios males, Y tal vez, entre los motivos que forman parte de la compoi i6n en los cuadros sanmiguelescos, ninguno le añade tanto interés OIUOel demonio, Satanás, Luzbel o Lucifer. Me atrevo a decir que menudo la imaginación del artista encuentra mayores posibilidades Ira explayarse interpretando al demonio que al ángel, por esa tenlcncia a identificar lo malo con 10 extravagante, pues así como la 1 .ntc es capaz de concebir lo sublime y lo ordenado contiene tam1 j( 11 ~egiones obscuras que se dilatan como extenso piélago en el que rminan, espontáneas como los hongos, las más absurdas pesadillas. , EI1 princ~pio los demonios son tan necesarios como los ángeles y 1 11 n la misma naturaleza, ya que todos fueron creados por Dios; ,1.1111 nte que los primeros pecaron y por sus maldades fueron arrolos del cielo, y así como San Miguel es el príncipe de los buenos 1 m ran en la región celeste, Satanás es el príncipe de los malos que III:ln '11 las tinieblas, sin arrepentirse de ser malos y sin dar paso 1 , in us bellaquerías, pues ésa es la razón de su existencia. 1':11 In A ias de Pilato y como si alardeara de su maldad Satanás IIlIwja al infierno, al hablarle de Cristo: '

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pero la moral cristiana no aceptó peligrosa igualdad de principios y el dualismo se modificó en 1 erj uicio del demonio. .ada época y cada pueblo, tal como han inventado a sus dioses hall, inventado a sus diablos, de acuerdo con su carácter, sus valores 't IHI grado de refinamiento. Así encontramos desde' los malignos bichos alados de Mesopotamia hasta el mundano y refinado MefistMcles, maestro en intrigas y diestro espadachín que alterna con pl' Fcsores y estudiantes de, una universidad alemana, según se lee t 11 'l Fausto de Goethe, O bien desde el más absurdo salido del pin 1 de Brueghel hasta el diablo más hermoso que se ha concebid, el de Martínez Montañez, [XX] en el retablo mayor de la I :11'1' quia de San Miguel en ]erez (calificado así por Francisco de lu Maza), 80 En las Noches Floreniinas de Heine, es el diablo todo un personaje r " I nsable y preocupado, diríase un filósofo o un «lógico" mient I"IN que, en un cuadro de Mateo A1enza, es un sujeto rechoncho '1 desastrado, que causa grima con su ropa remendada y su roja Illl'i~ de borrachín, EIl (,1 uadro de Martín de Vos, en Cuauhtitlán, el diablo es una "'111I, aunque la mitad inferior del cuerpo no es de pez sino de 1'('plll, n entraste con la mitad superior de hermosa y rubicunda nur] '" a la u anza de la pintura flamenca. Pudorosamente, como , j 11ti '1' a v r Lienza ante el arcángel, el demonio cruza los brazos 'Ol\ In. blan a manos cubre sus senos. Este caso de demonio femeIljIlO, m(t' actamcnte de diablesa, no se repitió en el arte colonial y 1 "O q ti la renuncia a repetir tan buena representación del de1I1111do f u ' obs Íutamcnte consciente, porque el arte d'é pintar había 1 do, en su afán de hacer más la belleza que lo religioso, en la ina(pl 111 e n m licción de exhibir al diablo más agraciado que a las VII t 11ti l', • 1 S n le, Y si la pintura pudo a tiempo detener esa 111 il k vinci 11 tras artes como la literatura la acogieron y algún h IO( Vil't.UO!H 1110 el caballero Tannháuser, nos provoca más simI 11 1 pOI hab '1' u umbid ante los paganos encantos de Afrodita, 11 l., 11' un I 1 11\ d ' V 11\.1 b r , que por sus virtudes cristianas. 1':" lo I rim 'J' , • :l o d 1 cristianismo el demonio asume forma h·,'III, ,,'1 pienc dL'U~ n, A partir del siglo VI las sirenas y las 1 i 1I '1" mnrin h méricos, dcvienen tema corriente en el
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arte religioso y persisten hasta el románico, acomodándose a placer en sus capiteles. Después, cuando la cultura medieval madura, crea sus propias formas, abandonando el ropaje clásico para pintar el mal dentro de una fusión de fantasía y religión, dándole formas incongruentes y animales que se divulgan a través de los Bestiarios. Un par de buenos ejemplos son las numerosas gárgolas de Nuestra Señora de París y el cuadro de Giotto La expulsión de los diablos de Arezzo [XXI] en el que se ve el pulular de diablos cuadrúpedos y velludos volando en tropel sobre las cuadradas torres. Martín Schongauer y Alberto Durero, grabadores de influencia universal, sintetizan las formas aberrantes e ilógicas que los demonios habían adquirido en pintores como Brueghel o el Bosco, En l.a Tentación de San Antonio de Schongauer, los diablos que tiran I '1 sayal del santo, arrebatándole al espacio, son bichos de cuerpos 1\ anhélidos, escamados o erizos, libélulas con ventosas y peces I r boscídeos. Toda la pesadilla de incongruencias contrasta con la I l iencia y la serenidad de Antonio. Al finalizar el gótico el diablo va superando su forma animal y y rgue como un homínido, como si en él también se diera una pc ic de evolución antropológica, aunque conserva sus alas, cola, irras, cornamenta y lengua ofídica. ' 1':1l, el Renacimiento le alcanzan los motivos clásicos y se hace nt ro omorfo, aunque la perfección anatómica se da en dos direcion '8: haciéndole hermoso, como sucede con el diablo de Martínez uu t nñez, o haciéndole temible, en cuanto que le confiere realidad IOsibilidades de existencia. Dentro del primer caso estaría tam1 11 1 uadro atribuido a Luis] uárez [XXXVII] en la Pinacoteca 11 rcin: l, cuyo demonio es anatómicamente superior a San Miguel; 11I q ti' se aprecia, desde el primer vistazo, un ser perverso y '1H'1':t lo) de extremidades repulsivas. Otro diablo impresionante 1 ,hría n 1 segundo supuesto sería el de Carlo Crivelli (1430\1 ). renlizad para la composición de un retablo de San Miguel 1" '11 la Nnri nal Gallery de Londres). Yace Satanás derribado 1 1, (' pnldn 1I J u lo, bajo los pies del arcángel [XXII]. Es una 111111,1 1(11'\ (IIV f rn a humana pero que ha degenerado; las manos; 1, I i, 111\ gllll'. N 1 111:1 ul fuertes y largas uñas. Su cabeza, 1 1 1.\ IlIlhi, •• ,111 nnns I el p ados, es la expresión de la perI 1 1. 1)" lll' 111 '()I'n 'í': 11 do, y 1" jas bovina emergen del eaI I 1 11 1" ti l' bo, 1 \1\ 01 111 oln ill, 1 jabalí. Su mezquiI 1 l\lidll t '111 Y l., o" uiillnd 1; y mi ntrns br ta la

p .lambre de las pantorrillas, el resto de la piel se cubre de escamas cuy color verde obscuro acentúa la maldad, contrastando con la blancura de los pies del ángel. Parece que Crivelli hubiera pintado 11 Iiablo siguiendo el texto de Raúl Glaber, cronista del siglo XI: lile relata cómo vio al demonio: Era de baja estatura, tenía el pecho prominente, la frente pequeña bajo I cabellos erizados, su boca grande y muy hundida dejaba ver unos lrnillos semejantes a los de los canes. Sus movimientos eran convuliv S.40 clásica también proporcionó formas al diablo; como macho cabrío, sabemos que ha tomado el lit rpo de los sátiros y faunos, ( 11 frecuencia el demonio es un dragón y si la escena es el A. po '. lipsis tendrá siete cabezas. En ocasiones, como en Piero della I11 \11 ea, el cuerpo de la bestia yace decapitado a los pies de •iun Miguel, guerrero de amplio tórax, que sujeta en una mano la ("")(,I':a ortada, como Perseo la cabeza de la Medusa. r:1s veces el dragón es simplemente vencido y dominado, mos11 11 I ' con una cadenilla al cuello como dócil falderillo [XLIII]. Fn A '/. a pozalco (Capilla del Rosario) y en una escultura de ala\>, Ir n uajimalpa, el arcángel domina al demonio pisando su

',Ii! t Nectaire

La mitología

-unndo se presenta

piteles románicos (Sainte Croix de Saint Lo, en Montvilliers y Saint Trofirne en Arles, o San Cugat del Valles}, En el siglo XIV, en la portada lateral de la catedral de Estrasbur, se pusieron cuatro esculturas femeninas simbolizando las virtu; una de ellas clava la punta de la lanza en el ojo izquierdo de lila cabeza que yace en el suelo representando un vicio. En el nvc~t.~ agustin? de Ac~lman del siglo XVI, en la capilla abierta rcprtio el rnotrvo en pmtura; solamente que aquí la virtud es "~:1Catarina de. Alejandría, doncella coronada y ataviada de nuca talar, que Igual que en la catedral alsaciana alancea la h za del vicio que aquí es el despechado emperador Maximiano, veces el arte, consecuente consigo mismo, deja de lado la t umbre de identificar el bien con la belleza y el mal con la fealt, y manteniendo la unidad estética hace de esa contradicción 1" O armónico de bellas formas, como en la escultura italiana Ma imiliano Saldani (1658-1740), en la que vicio tiene que I 111 rficarse por otros signos, como el animalejo que se ve a sus pies. '1111' los coptos la lucha se da cuando San Sisinio alancea a I I l. drin o a los maniqueos. Es también Santa Margarita que do1 ¡, il :11 dragón que la amenaza en su celda o la versión castella111('11 S conocida, del dragón que se deja domeñar por el dogal
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1':11 el arte copto el demonio no es un dragón, sino un cocodrilo; 11 1, j .rrn rda de Querétaro (La Trinidad Concá) y en Chalma

Las alas de los ángeles

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m ntés (ocelod). En la misma Chalma, ea una pintura e a medias demonio y a medias repulsiva rata. P.II n 1 O i, satanás parece debatirse en un remolino que se IlIloj., Un mar nvulsionado, como si fuera un dios marino o el mi I\lU Po,(id n. ¡." ti '( nt.i 1 da on el diablo, San Miguel representa un prin'1 ju ~ti o univ r al que la lucha entre el bien y el mal; es el ullllld.O q 11\. I L nt a dentro del alma humana entre dos sent IJ 11 h 111 (1 lit'. 10., la vi rr id y el vicio, como se dan en la Psico() /11"'1,,1/1 tlt· Pr Idt 11 i. ué f( il resulta confundir a veces, con id 1 111 01110 t emns, 1\ bntalla que libran el bien y el mal con la qu Itll 1111 MiHUt·1 ,.,11 ',1 lcn oni 11 ucede por jcmpl 11 I .
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las alas se pintan corno si fueran de golondrina, agudas y delgadas mo navajas, y algunos ángeles las llevan tan enhiestas que no parecen servirles para volar, sino para dejados suspendidos. Estos nn litos carentes de peso, con sus alas verticales, se integran perf .tarnente (por ese sentido de verticalidad) a los elementos estructurales y al espacio de la arquitectura gótica. n el Renacimiento se vuelve a las alas de águila, de plumas multicolores, como aquellas que luce San Gabriel en las anuncia-ion s, siempre muy bien proporcionadas con la estatura y peso del ng L En el barroco los ángeles explayan las alas y éstas se hacen I odcr sas y tremolantes, hinchando el borde de ataque para poder 01 rtar plumas de gran tamaño, pues solamente ejerciendo una HI':lI'l presión se concibe que puedan arrebatar por los aires al ángel '01 t do el peso de sus armas y abundantes vestiduras.

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n.

EL ARCÁNGEL a)

SAN MIGUEL EN MÉXICO

SAN MIGUEL DEL MILAGRO

Historia del santuario Tlaxcala es un Estado pobre, de tierras áridas y cerros erosionados, 1.:1s ocas tierras buenas y la industria de tejidos, principales fuentes p le riqueza en la entidad, benefician solamente a unos cuantos ricos que acaparándolas se han constituido en clase privilegiada, por n ima de una masa que sufre resignada su miseria secular. Para los Irimeros es la entidad que prospera con sus grandes tiendas, agenius de automóviles del año y oficinas bancarias. Para los otros es J \ miseria, la ignorancia, las bestezuelas famélicas, la justicia burlada -agreguemos con amarguralos milagros; porque Tlaxcala rica en historia y en milagros. En ella, Xicoténcatl «el mozo" r s ntó recias batallas a Cortés, defendiendo sus tierras ayunas l· sal; aunque después los mismos tlaxcaltecas dieran al conquis101" la ayuda necesaria para vencer al imperio mexicano. En el j () 1541 se apareció la Virgen en la población de Ocotlán y en I 1\1 e apareció el arcángel San Miguel en un lugar de la jurisdic11'11\ de anta María Nativitas, próximo a los actuales límites con I Hsttl 1 de Puebla, La Virgen y San Miguel, la madre de Dios ·1 pd 1 j~ de los ángeles, compartiendo la devoción de la pobre 11.1 da altc a. )·:1 11I~'ar n donde apareció el arcángel originó con el tiempo Il'crh')Il le un antuario, en otras épocas muy visitado, en cuyo 1111101110 CI'(', i6 1 a crío que es hoy el pueblo de.San Miguel del 1'1'111. IU la 11'\ 1I1"no isco de Florencia, historiador de la CompaI dI 11' ,', • l', I'ibi) 11 1690 la historia de la aparición y del san1/11, I h.1 ./uido, t' '11 la' j nf rt a ioncs que se levantaron recién
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dido el "milagro". Los hechos, más o menos como los narra el lit jesuita, fueron los siguientes: En 1 año de 1631, siendo obispo de Puebla don Gutierre Bernurd: de Quiroz, en el lugar conocido como San Bernabé del curato ti. S:\I ta María Nativitas, iba en procesión el joven indio Diego I..b',\I" de San Francisco cuando vio ante sí, sin que nadie más lo not.rru, al arcángel San Miguel que le dijo:
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para todas las enfermedades, la cual está debajo de una peña muy grande. No dudes de lo que te digo ni dejes de hacer lo que te mando. 42

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aber, hijo mío, que yo soy San Miguel Arcángel, vengo a decirte v luntad de Dios y mía que digas a los vecinos de este pueblo dt. su ntorno, que en una quebrada que hacen dos cerros y es aquella qllt' "C enfrente de este lugar, hallarán una fuente de agua milagrosa

Infiere el padre Florencia que la aparición tuvo lugar el 25 de ril, día en que se cantan las letanías mayores. Pero fuera por irnidez o duda -y suele suceder en esta especie de milagros- el dígena no se atrevió a revelar la aparición, y nunca lo hubiera cho si no es porque el mismo San Miguel, disgustado, le mandó n tabardillo que lo tuvo al borde de la muerte, aunque sólo como dvertencia porque a tiempo le sanó, apareciéndose por segunda z el 7 de mayo siguiente. El mismo Lázaro narró esta aparición:
No tengáis ya cuidado ni pena de mi enfermedad, que ya estoy totalmente bueno porque el glorioso Arcángel San Miguel se me apareció rodeado de grande resplandor y me dio salud y juntamente me llevó (no sé cómo) a una quebrada que está aquí cerca, yendo el Santo delante de mí, alumbrando el camino con tanta claridad que parecía mediodía, desgajándose los ramos de los arbolillos y matas, abriéndose las peñas por donde pasábamos para hacer paso franco. y estando en una parte de dicha quebrada que me señaló, me dijo: Aquí en donde toco con esta vara (era una vara de oro, que llevaba en la mano, con una cruz por remate) está aquella fuente de agua que te dije, cuando ibas en la procesión. Manifiéstala luego y no sea como la Otra vez, que de no hacerlo serás gravemente castigado. Estaba yo (prosiguió Diego) despavorido y temblando de miedo y spanto, porque parecía que se venía sobre mí todo el cerro y que se llevaba el torbellino tras sí los peñascos, Entonces me dijo el soberano Arcángel: No temas que éste es sentimiento que hacen los demonios, enemigos vuestros, porque conocen los grandes beneficios que por mi interesión han de recibir los fieles en este sitio de Nuestro Señor; porque muchos, viendo las maravillas que en él se han de obrar, se convertirán y harán penitencia de sus pecados y todos darán gracias a Dios por sus mi ericordias. Y los que llegaren aquí con fe viva y dolor de sus culpas e n 1 a ua y tierra de aquella fuente alcanzarán remedio de sus trabajos y n idadc , y confortarán con ella a los enfermos en el artículo de la
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11

I 74 Y por inicintivu del mismo presbítero, se publicaron 109 docuI Ar hivo do la ciudad de Puebla, escritos en 1675, que con'oilidn p t mandato de Jo Salazar Va~na, racionero de la
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que del cielo bajó una gran luz iluminando el paraje llc decía:
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Nurra 16" ti la maravillosa ... , cd. de 1690, pp. 3-4.

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Esta luz que has visto bajar del cielo es la virtud que Dios con su divina Pr videncia me comunica en esta fuente para salud y remedio de los .nfermos y necesitados, Dilo así a los que te he ordenado; y para que te I n crédito, tú sólo podrás quitar y levantar la peña que está sobre la
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43

relatar su revelación al guardián del convcnt franciscano de Santa María Nativitas, y éste a su vez lo umcti al cacique tlaxcalteca Gregario Nacianceno, arbitrario perOIl:1j muy estimado por las autoridades y muy temido por los natuId.. ( rampa y antepasado fiel de los caciques actuales) quien 111.111 I hacer una investigación por medio de un alcalde, encontránIn ' .on que ya de tiempo inmemorial se conocía haber agua en I 1\ io d 1 pretendido milagro. De esta información se aprovechó el H iqu ' para maltratar al joven indígena, tachándole de embustero uucnuzando con desollarlo si persistía en sus mentiras. 10'11 mnl pr dicamento quedó el pobre Lázaro, porque cualquiera '" f 'Il'S(' u nducta habría de incurrir o en el enojo del arcángel I '11 1.1 ve, nnin del cacique, pero todo lo resolvió de la mejor manera \11 'hll' diri ri indose en compañía de sus padres y esposa hasta una 1111 1111 \ )UC an Miguel le había señalado, descubriendo una peña I \ "íl'\ lit' qu ún la revelación tenía que remover, cosa que no, 1'".1 •• I 1)1 su rr en p so, ha ta que el mismo ángel se apareció dis""d •• ,,11', quitarla, echándola a rodar a lo más profundo de la 11111 111 l. Cnvnn I d spués la tierra vieron brotar un manantial de "1 11 ulinn. n ía cllugar como Tzopiloatl o "agua de zo1•• [ •• pl ()IlI O m p z la fuente a obrar milagros entre enfermos. tlllIllI \ ,11111 IU • Di ázaro seguía callando por temor a los 1•• d,,1 gnlH'llIrI 1 r J r p r le fue con los que-le asestó el conI 1 11.111 • '.111 MiplI ,1 durante la clcbra ión de la fiesta del señor 11 I I 11 111 ','1 \ -nln, qu fu ron tant y tan acertados que 1 I 111 d 111 11111,1 I . I i v u I a n u asa, obre lo ya molido hub 1\1111" ,1 hucn indio I:l s vera r prin cnda del arcángel, qu oI ••• í""'11I 11111 I'~ 11I1 para d "id :

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ya por d s veces te he n )

Así -refiere el padre Florencia"se quitó de ruidos" con el ique y fue a ver directamente al obispo Bernardo de Quiroz, uicn tras escucharle mandó practicar una nueva investigación para ber quién era Diego Lázaro y qué de cierto había en lo del manan• 1. Al visitar el lugar se encontraron con que ya había una cruz domada con clavelinas y una oquedad que manos creyentes habían radado para que sirviera de capilla a una imagen de San Miguel, nte esta muestra de culto ya establecido no hubo otro remedio aceptar como cierto el milagro. El 29 de octubre se dijo la prira misa en el naciente santuario, con músicos llegados de la cate1 y en un altar improvisado que aderezaron con ornamentos lados del convento de Santa María Nativitas. Entre el milagro tlaxcalteca y el de Avranches en Francia, tan tuntes en tiempo y en espacio, hay una evidente relación, casi \ transposición de factores, como también la había habido entre 111' Michel sur la 111er y el monte Gárgano. Entre los primeros ornún la intervención del ángel que se disfraza para remover an peña que estorbaba la salida del pozo, y por supuesto la \ -n ia del manantial que alivia en ambos casos la escasez del 1,1, Entre los milagros francés e italiano hay en común un animal 'i1si llega a ser emblemático: el toro (que recoge Cristóbal de llulpnndo para sus óleos de la sacristía de la Catedral Metropo11.1), tro elemento común es la incredulidad que se da en el , () Auberto y en Diego Lázaro, aunque aquí de ribete se aprob.I 1.\ fi ura del indio para redimirlo (como en el Tepeyac) y di lid , al hacerle sujeto capaz de recibir la gracia divina. El 1I 1 t • s ría el necio y renegado (especie de antiindio) cacique , husn a ti cptar la verosimilitud de que el arcángel se hubiera '••I."j~.'io < un perro indio". l pt ulo l milagro se principió la construcción de una pequeña 1 Il't lin In d vigas, en cuyo interior y muy próximo al altar I1I 1 -l poz 1 a ua que se cubría durante el oficio con unas IlIl' 'I'ví n a la vez de tarima para el oficiante. Era tan IlaUtllnll 1.1 ¡gll'sin [u para la misa apenas cabían el sacerdote, el lidio dHllIIOS fi ,} ,pero los más de éstos tenían que escu1 ti d lit 1.1. A ti n 1 d se di puso una hospedería para los 1111 • 11 I () 1 ¡lIti Il\O tan hi, qu las cuevas del monte debían I . 1 'I\l 1 1 \ 11.11\ o , 1,," 11111\ ti l'.d,I o y M('1l 1 za, A'raJ con tructor de 1 1 I 11 Mi 11" 11 ll·tI vi. it6 1 antunri en
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1 14 Y en prueba de su devoción ordenó que se hicieran una iglesia 111, s digna y una hospedería más amplia. Primero "se rompió" una parte del cerro, es decir se emparejó hn rn nivelar un área suficiente para la planta del templo." Segun 1 p: I re Florencia, el diseño original seguía incluyendo el mananti;tl d .ntro de la nave, con el propósito de evitar que se sacara. el 'HIla n toda hora y a hurtadillas del.santuario; pero no se obró así purque el pozo quedó fuera, frontero a la fachada. I j rlcsia es sencilla, con cubierta en la que alternan bóvedas I ~I'i y de arista, y parece que al principio tuvo una reja que .as dlvjdlrt el presbiterio de la nave. 45 Posteriormente se agregó el ,1111,11'\ n por los años en que escribió el padre Florencia (1690) 46 1.1 t orr en el siglo XIX. Fuera del templo se cubrió el pozo del I 11' milagrosa con un templete cuadrado recubierto de azulejos y 11 ti in l,1 sur, pasando un atrio sombreado, se hicieron otra capilla IUI d ·di ada a la Virgen de Guadalupe), una fuente y una cruz 1II,tI lnl radas éstas con motivos vegetales. Al lado oriente y en 110 litl dó la hospedería, a la que se sube por una amplia escalera 1 lu t.rnm en escuadra. I I 1, hn la stá recubierta de ladrillo rojo y azulejos. El arco de I1 1I ti •• de cantera, adintelado y con decoración vegetal plana. 11 I ('gulld cuerpo, con el mismo tipo de labrado, están dos ánge11 ti IIjt. 11(.10 scudos y en la parte alta un nicho con un San j 11 1 111 dt r ho, En un sillar de la puerta queda una inscripción 1 111111 Hit: '17 liciano Trujillo." Pero no sabemos ni quién fue I 111 '111 hj~ para que su nombre esté ahí labrado. En total, sobre I IiIlH 11 tilO 1:\ p rtada se ven cinco escudos que son: el del rey de I 1I 1 II tll,l ~il'r y marqués de Cerralvo, el del arzobispo Francisco 11 11 '¡.tI lig" el episcopal de don Juan de Palafox >:" Mendoza I 1 I1 l:\:t le Ariza, a la que este prelado pertenecra. I 111,1 v''I. pnrn bien de la fachada, habrá que quitarle el reloj 11 .dl! I1I 1\ jr y rb La Esmeralda de 1926 y sustituir l~s azulejos 11 d 1.1 turr 1 r al O más consecuente con la arquitectura y 1 1 I 1 ,djfj .io. I 111 ,,,lo int r \ • nt el púlpito de la iglesia, con su pie de
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alabastro en forma de niño que quiere pasar por ángel (no es áptero) y su púlpito decorado con hojas de biombo japonés. 47 Iconografía del arcángel Veamos ahora las imágenes del arcángel San Miguel principiando por las esculturas. En el ciprés está obviamente la más venerada, representándole con la cruz de asta larga en la mano derecha y una palma en la izquierda, es decir, es San Miguel victoriosus. Es una imagen de gusto popular, con alas plateadas y tez morena. La indumentaria y las plumas del yelmo, erectas, le dan un irrefutable sabor indígena. Sobre el templete que cubre el pozo, escondido en su nicho, está otro arcángel de piedra que debe ser del XVII. En el mismo templete, viendo al sur, está incrustada una gran plancha de alabastro de veta rojiza de 1.08 m por 1.25 m, representando la aparición del rcángel a Diego Lázaro [XXIII]. El primero lleva bastón y palma, y en lugar de coraza un vestido de amplio vuelo muy mal resuelto; 1 segundo se ve arrodillado con el sombrero y' el bastón de pererino a un lado, pues fue en una procesión cuando se le apareció 1 ángel la primera vez. Al centro se ven el tepetate y la boca del nanantial. De factura netamente popular, el relieve es muy imperto y el tallista no pudo resolver los problemas de proporción y .orzo, como se advierte fácilmente en las manos y pies de los pro19onistas. En cambio, el que merecería pasar por patrón del santuario, si 110 lo determinara el gusto estético y no la devoción, es el San iguel que se encuentra en el modesto camarín abierto en el tes1'0 [ XIV]. Se trata de una excelente escultura en madera pindn y dorada de 1.50 m de altura, flamante después de su última muración.v" El manto es airoso y semeja un cielo nocturno en I tJ 11 • tallan los destellos del estofado. En la izquierda lleva el t.llHlarcc y n la derecha una espada corta (que no es la apropiada) 1 -t it ud mbativa. La coraza, ceñida sobre el cuerpo, parece uir xun m ntc sus redondeces con discretísima ,sensualidad. La
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Miguel del Milagro," En Anales del Instituto de año de 1939. Vol neía Ru crio Mendoza, el arcángel cayó de las 1,,, mu h s añoe, siendo restaurado en la ciudad de

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hlnnca sonrosada que se deja ver en las partes descubiertas como tro, el cuello, las manos y las piern~s, visibles éstas desde el h • de la bota hasta el borde del atrevido manto femoral, con1.1Il on el obscuro del ropaje. Con frecuencia los. ángeles barroI 'presentan con una sola pierna desnuda emergiendo entre las I1 -n actitud de avanzar. Otras veces, como en el caso pr.esente, I 11111 as piernas las que se descubren, prefiriendo la morbidez al il ti .nto ; aunque éste es aquí plenamente compensado. por ~a II,H i611 del manto, en el que quiso el escultor poner tanta violencia 1 I ur liacerlo se olvidó de las ~las.. . I1 mtrada del camarín y bajo la mirada brillante de es~a bella ilt u: a yacen los restos de Diego Lázaro de San Francisco; al 1111 ' lo que dice una quebrada lápida. 49 ., 111H 1'" todos sus cuadros están necesitando alguna resta urac;on, IIlt unri es muy rico en pintura, pero ahora solame-?;e habre de I 111111 a los que de alguna manera están en relación con San 11'1. 'd 1 1.1nave de la iglesia, sobre el muro sur, esta un gran cu.a .:0 I dll ti óleo, de 5.35 m por 4.78 m que repres~nta la Apartczon I ," II/I,t:l'l en el monte Gárgano [XXV]. Al ple .n~va una larga 1 ti 1 11 que explica el tema tratado y da la noticia de que fue 111 en 1670 (no dice quién es el autor) y de que ~ue retocado I Ij 11 de 1726 por Gaspar Muñoz, pintor de quien tener,n0s .I.\I!!.I~ i ias en la Historia de la pintura en Puebla de Francisco not I ,¡¡Inar, 51 y cuya firma se puede leer sin dificultad: teGas11111'1. fct. año de 1726." . . I ici 11 en el monte Gárgano, en Puglia, fue una historia
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(vid, supra p. 30) muy divulgada en Europa a través de La leyenda dorada, y por ser la tradición sanmiguelesca más arraigada en la iglesia latina fue trasmitida y minuciosamente detallada en la colonia por medio de los libros sobre la vida de los santos, como los de Surio y las actas Bolandistas, que no faltaban en ninguna biblioteca de todo regular convento. Manuel Toussaint, en su Historia de la pintura colonial 52 reproduce la capitular de un libro de coro del siglo XVII, ilustrado por Juan de Dios Rodríguez, que pinta con mucha gracia 1 milagro. Gárgano se ve caído, o mejor dicho en el momento de aer -aunque no hay caballo- y el toro con medio cuerpo fuera de la cueva. Hay placidez en la escena, como si el artista se hubiera csignado a utilizar el reducido espacio de la miniatura para tratar an complicada historia. El cuadro del santuario, por sus grandes dimensiones, fue divilido en tres zonas con sus respectivos temas. La del centro [XXVI], uc es la principal y el tema primario, contiene una procesión que destaca por sus tonos claros y vivos, en contraste con las otras lo que son obscuras y contienen escenas complementarias. Avanza 1, procesión llevando al arcángel San Miguel en andas, bajo palio de brocado. Aquí no es el ángel combatiente, sino el victorioso, pues llea palma y bastón. Entre los canónigos que van por delante uno 11va capa pluvial y los demás dalmáticas. Otro, con un crucifijo, I I e ser el retrato del prebendado José Salazar Varona, cura de n a María N ativitas y más tarde racionero de la catedral de Pue11,quien según el padre Florencia "influyó" en la pintura, 53 aunI la fidelidad del retrato quedaría condicionada al pincel de par Muñoz. Dentro del grupo marcha un obispo, con mitra y lila, a quien basta comparar con el retrato que existe en el 1 mo templo de don Juan de Palafox y Mendoza, para saber que t rntt del mismo personaje. En esta forma, como en el caso del h 'n lnd , 1 pintor agradecería al obispo de Puebla la ayuda que I 1rindado al santuario . .n noble. que sostienen las astas del palio son magníficos, con 111 t 1(),~ r I ad y solemnes y su indumentaria que da una idea I ti! 11, ni das del 1700. Llevan casacas largas con mangas de 11 1 111t' lin: y .nmis: l chorrera y puños de encaje, resaltando I 11'1 ¡1lI0 por III st:í pintad con un rojo muy vivo. Detrás

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vanzan las autoridades civiles vestidas severamente, de negro, y d rás de ellas la gente común, que se va diluyendo al final de la mitiva, En el ángulo superior izquierdo, perdiéndose en la opaid. d que el polvo y el tiempo le han dado, está pintado un paisaje d riscos, árboles y reses. Es el principio de la historia, es para recorque Gárgano era pastor. A la derecha y entre las sombras se ve I hi toria de la cueva de San Miguel; el toro se ha refugiado en 11 y por esa especie de tenebrismo que el pintor aplicó, solamente vi ible por el brillo de la cornamenta y una leve pincelada blanca u fíala su frente. Arriba un rastreador lo azuza con una vara, ndo de sacado, y lo mismo hace un perro a la entrada de la u a. Dos jinetes completan el grupo, uno que es Gárgano y el o un acompañante [XXVII]. El rico pastor acaba de recibir fI ha que un segundo antes él mismo había disparado. Suavi'1. I do la tragedia, el dardo se clava en su costado, porque en otras ir turn como en las del maestro de Arguís, que se apegan más I l. Y nda Áurea, debía clavarse en uno de sus ojos. Empuñando •llar o, como si con él se aferrara a la vida, el jinete cae resbaI lo sobr la grupa de su cabalgadura, con los ojos desmesuradaI t • bi rtos y la expresión de la muerte en el rostro. El caballo I tido 1 ri tus del jinete y se encabrita levantándose sobre las , ras r ,con lo que imprime a la escena un violento movi() qu ontrasta con la excesiva quietud y parsimonia de la n del entro. El otro jinete, bajo el chambergo, mira con I in r lulidad a su compañero que cae, y ese rostro azorado nllr•••" In " urso utilizado por el pintor para testimoniar sobre la i I ti I 1 u e o. En la parte superior derecha hay otro pasaje In! q u desciende volando sobre una figura arrodillada. JI,·cI.lIllnillm mte debe ser San Miguel que se aparece al obispo de J ir indi iarlc que es su voluntad que se le erija un santuario I t. • ruinas que se levantan a un lado podrían ser una lo' un b. de i mcdcs, el héroe troyano, que según la u pultndo n 1 monte Gárgano por sus compañeros i 1110 qu d. pués e transformaron en aves que ahuyennu j ro y m ntcnian fresca su sepultura con el agua I I I i 'o I '<1 una fuente próxima. No es tan desh orq u str 1 yenda se leía desde 1624 en la cr I I I• I Jrijall n. n U uerrero cele te e taria susti,/ 1" (

tuyendo en este caso, si no a Marte mismo, sí a un semidiós y héroe de la guerra de T roya. El padre Florencia vio el cuadro original y lo describe, antes de la restauración de Gaspar Muñoz, pero lamentablemente omite citar al autor. Sobre el muro del norte y enfrente del anterior está otro gran cuadro que contiene la historia del milagro que originó, el santua:i?, la aparición del arcángel a Diego Lázaro de San Francisco y el sitio '1 en que b roto' e1« agua nu agrosa " . 55 Este lienzo de grandes dimensiones, mide 5.15 m por 4.8 O, continúa la técnica claroscurista del XVII. Los tonos claros y vivos se han aplicado a la zona del centro, ocupada por San Miguel y us ángeles, señalándole así como tema central mientras que las ese n:\ll accesorias complementarias de la primera, se ven repartidas en el , 1 /, S resto del cuadro terminadas en tonos oscuros. En e centro e ea . :11I Miguel que no se posa, como es usual, en grupos de angéli a • llH' citas ni en cúmulos de nubes, sino que aquí «camina" v rd, <11.1\' mente en el espacio [XXIX]. Es aéreo y flota, como so nido J \1 us largos mantos y por las alas que bate, suave, imperceptiblcmeutv. os pies producen la sensación de que el ángel carece de J l"lI 111 ismo que la cruz y la palma que sostiene con el mer roe I 111 d dos. El artista logró, sin recurrir a la transparencia, n fi 1'1I\;U I idea de que los ángeles están hechos de aire. Aquí, en c. tu I ,ut • nde es permitido un juego de valores cromáticos, el colorido vivo, como se aprecia en los mantos rojos, verdes y blan -gI"Í (¡c o • botas y la coraza son azules, con tachonaduras dora las, y tun [ustada y liviana la segunda que más que de hierro p r 'C l'l ti I od n. En lugar de yelmo lleva diadema con pluma y up 11.1 i ille por el pomo una espada pendiente del tahalí. La :\1ezu, 1 110 Y las man s son casi femeninas. Mi intra San Miguel indica con el asta de la cruz I n)o\uól uo q 11 d I p Z , n 1 ido se abre un círculo de qu~rubin 11 (o lomo un rompimiento de loria del que de I indc un rayo '/, [u cae al manantial ac mpnñnd de una ley nda que di ':

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Ésta es la luz que Dios me comunica que baja a santificar el agua, A la izquierda, humilde. hincado, el indio escucha al ángel en actitud

En el altar mayor estuvo al principio la imagen de pincel del glorioso arcángel que hoy está como entramos a la iglesia a la mano izquierda; pintada a los pies del santo la historia de sus dos apariciones a Diego Lázaro de San Francisco, es casi de cuerpo entero y de buena mano. Como Berrueco pintó en el primer tercio del XVIII y Florencia escribió hacia 1690, es evidente que la paternidad de la pintura es dudosa y que la descripción del jesuita no se refiere a la pintura actual, a menos que hubiera visto un original que más tarde fue repintado por Berrueco -y copiado para la catedralo bien que el dato de Pérez Salazar es infundado. Todavía en la sacristía hay una tabla con el ángel, el indio y el pozo, dentro de la composición consabida, qu.e podría ser parte de un gran retablo compuesto por cuadros semejantes en los que estaría relatada la historia entera de las apariciones. 56 En La pintura colonial en México Manuel T~ussaint reproduce un óleo (lámina 389)~ de F. Zepeda que es una versión popular de las obras arriba citadas. Tiene todos los elementos como el indio Diego Lázaro, el barranco, el manantial y por supuesto el arcángel que con su larga cruz santifica el agua, Pero es un ángel de aspecto indígena y en la mano izquierda sostiene algo que parece un brazo de balanza o una flecha corta. Aunque los otros dos cuadros de la nave no están relacionados con San Miguel, sino muy ligeramente, vale la pena comentarIos por tratarse de dos buenas pinturas descriptivas. Sobre el muro norte está una de 5.02 m por 4.50 m que pinta el arrepentimiento de San Pedro cuando evoca las tres ocasiones en que negó a Jesús [XXXI]. El apóstol ocupa solamente una esquina porque el pintor, para ubicar su historia, ocupó la superficie entera con el dibujo de Jerusalén y sobre ella colocó en tamaño mayor, como si fueran grandes recortes, los tres episodios de la negación. Jerusalén está
00 En Testimonios juramentados, se publican las fotografías de varias pinturas que l'OIlLimcn los siguientes pasajes: La primera aparición del arcángel a Diego Lázaro de S~I\ )11'011 ise , durante la procesión de las letanías; la escena en donde el indio yace 11 NII P hre h za víctima del tabardillo, antes de la segunda aparición; la ya citada en '111 I "H I '1aln, frente al indio hincado, el manantial milagroso; el arcángel que 1I11I~V(11 un 10 ¡ fu ra de nube, el gran tepetate que obstruía la boca del surtidor' el IlIpO ti I IrHtI Lázar y sus familiares que observan azorados cómo ernerge el agua ,1 1 11111111111la (j'1nl,)\ IIL , lo apnri ión tercera de San Miguel, cuando reprocha al indio " "1 111111/1 111 ,'I'O(lu rHl~ ¡Jiu ur fll 'r n pare 8 de al ún gran retablo en el que se Illuh'l, 11 .11'111 do I 1" I hl wl'ia d la IIpnri ión,

~l lado derecho, en la parte baja, se pintaron dos escenas del milagro. ~n una se v~ .a Dieg? Lázaro tendido sobre una pobre c~tera, b~Jo ~n cobertizo de paja, atendido por sus parientes. Está pintada siguiendo el párrafo en que el padre Florencia relata cómo los parientes del indio lo encontraron como muerto, hasta que "a cosa de dos credos" lo vieron abrir los ojos para contarIes la maravillosa visión que había tenido acompañando a San Miguel hasta el barranco en donde se hallaba el pozo prometido. Más tarde dirían los testigos que declararon para la información que, durante el tiempo que duró la revelación, había quedado el cuerpo del indio "muerto y sin e~píritu", lo que atestig~a el poder que el arcángel' ejerce sobre la ,:Ida, y la muerte. Debajo de la escena anterior hay otro grupo .de indigenas, que pueden ser o los parientes de Diego Lázaro o aquellos que primero disfrutaron los beneficios del agua milagrosa. ~ice el padre Florencia que cuando el ángel disfrazado ayudó a quitar el tepetate que obstruía la boca del manantial al rodar la ran piedra hasta el fondo del barranco se oyeron grandes alaridos y voces "como de tropa que huía" que daban los demonios que se cntían desposeídos del lugar. Este demoniaco torbellino fue plástiamen te representado en la parte superior del cuadro, en una soberi~ batalla q~e ganan los ángeles buenos a los malos [XXX]. Los nmeros, banados en ,la luz crepuscular de un cielo azul y frío, vuelan raudos acometiendo a los demonios que se llevan la peor ,':te ~ s~ hunden, despavoridos y atropellados, en el f~go de un )jl,ZO infierno. Uno de éstos, medio disuelto en el fuego, por su itud desesperada y la serpiente que se enrosca en su brazo me I rda a Laocoonte, y todos juntos, por su poderosa musculat~ra 1 ontraste de luces y sombras en que se van disolviendo, parecen rupillo traído de los enjambres de ángeles malos y condenados los cuadros de Rubens. brc el autor de esta obra y la fecha en que se pintó se suscitan iudas. En el brazo del crucero norte de la catedral de Puebla tr uadr casi idéntico al del santuario, que según Pércz ir f II r nlizad por el artista poblano Luis Berrueco. 11':1 I icn, (.'11 la página 27 dice el padre Fl rcn in:

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contenida dentro de un circuito amurallado con sus torres, almenas y doce puertas, tres por cada lado, como la vio San Juan en el Apocalipsis (21,9-14). Esto sugiere que el cuadro o grabado del cual derivó representaría la ciudad santa tal como la vio San Juan en Patmos, y que el artista simplemente substituyó al evangelista por San Pedro, cuya identificación es indubitable por las' llaves y el gallo que le acompañan. Es el apóstol un respetable anciano de rostro desolado que algo recuerda al soberbio cuadro de Las lágrimas de San Pedro de Pedro Ramírez. Del grabado que sirvió de modelo, y que debe andar en algún libro impreso del XVII o principios del XVIII, copió el pintor los nombres que señalan el Cenáculo, el Templo de Salomón, la casa de Herodes y extramuros el Calvario y los campamentos de los ejércitos que en diferentes épocas sitiaron la ciudad. La historia de la negación se distribuye en tres escenas, de la manera siguiente: En la de la izquierda, Jesús es conducido a la casa del anciano Anás, suegro de Caifás. Detrás de él están los soldados romanos que ayudaron a prenderle, y uno de los judíos levanta la mano como disponiéndose a abofetearlo. Pero Anás parece no querer inmiscuirse en el juicio y con un ademán ordena que trasladen al prisionero ante su yerno. Pedro, que ha seguido a su maestro, se acomoda entre los sirvientes de la casa. En el cuadrito de la derecha Jesús se encuentra ya ante Caifás. El Sanedrín y los sacerdotes presentan testigos falsos que le acusan de haber dicho: "Yo destruiré este templo hecho por mano de hombre y en tres días levantaré otro que no será hecho por manos humanas." "¿Qué es esto que testifican contra ti?" inquiere el pontifice, al mismo tiempo que los guardias 10 escarnecen y maltratan. Mientras tanto Pedro ha entrado al atrio del tribunal quedándose fuera de la puerta; la portera que le ha visto 're pregunta «¿Eres tú acaso de los discípulos de este hombre?" a lo que el aludido responde "no sé de qué hablas". Al centro termina la secuencia con una tercera escena que tiene lugar en el mismo tribunal de Caifás. Éste ha preguntado a Jesús "¿Eres tú el mesías, el hijo del bendito?" y Jesús le responde: "Tú lo has dicho, y yo os digo que un día veréis al hijo del hombr sentado a la diestra del Padre y venir sobre las nubes del ci lo!' Entonces el pontífice, en un gesto dramático, se pone de pie y 1":1 ga sus vestiduras. Los otros, que imitan a Caifás, gritan a r: "Reo es de muerte. ¿~ué necesidad tenemos ya de te ti ?' El pintot
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radición que fueron San Miguel y sus ángeles quienes la llevaron d Marsella hasta la cueva, en una ladera de los Alpes, y que allí 1 defendió el príncipe guerrero contra el demonio que en forma dragón pretendía destrozarla, haciendo luego brotar de las pede la cueva un hilo de agua que corría hasta formar una qu ña alberca que le servía de sustento, Otro cuadro era el ApoIi i, con la Virgen vestida de sol y el arcángel protegiéndola n r el dragón, . rrando a la colecturia se ve otro cuadro alusivo al arcángel, rro triunfal -triunfo de la Iglesia- en el que San Miguel n u otra como una síntesis o como centro de un complicado I ,,1 XII], El autor es Antonio de Santander que lo firma t 7()( , GIl Debe ser el hijo, pues los Santander fueron familia de I poblanos, según nos dice Pérez Salazar. 59 El padre se llamó 11 i n Antonio, encuadró en la pintura c1aroscurista y estuvo i () I r 1664 y 1690, Sus dos hijos, también pintores, se llamaI J( Y Antonio, este último autor del lienzo del santuario. 1 I l nido fáctico de esta pintura nos da una composición abi1, I lorido débil y dibujo disparejo, bueno en unas partes 1 n otras, con motivos fácilmente identificables: un carro I I() u. tro caballos, un papa, un arcángel, tres figuras con 1 I () uno ángeles y dos personajes aplastados bajo el carro. I ,1 i I ln imática, el carro triunfal, es muy rica, Cierto que I ' prc 'is, mente abundante en la pintura colonial, pero II I lI' lo itar algunos ejemplos que constituyen prece1 I rim '1' orden: las pinturas murales de la casa del deán 11 t I liadas p r Erwin Walter Palm, El triunfo de la 111 I E hay Ri ja en la sacristía de la catedral de Puebla, I I 11I"¡,,"lt' d Villalpando para la Catedral Metropolitana I '11, 1·1 mi, mo autor, que se conserva en el Museo RegioI alnj 1'" El t '11:\ S 1 uy clá i o y evoca la vuelta rriunonquistadorc a Roma, llevando por delante iml llizal:\I la provin ias subyugadas por el livul Ó un 1 triunfo del amor, joven alado y out a las unl s no sirven broqucles ni fu 11 vado l ima a la pintura y a la I 10 j implo, n lu par del joven
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alado se colocó a Venus; los caballos fueron substituidos por otro animales , o en lugar del amor se representó el triunfo de la muerte, , en cuyo caso los caballos se pintan de negro, etcétera. Para el arte religioso y la Iglesia los carros fueron un excelente motivo para investirse como Ecclesia Victrix, La figura del P3¡ a a la izquierda, que está a punto de ~ecibi,r la t~ara de n;anos de lo ángeles como representantes de DIOS, simboliza el triunfo de la Iglesia ~obre las herejías, representadas en las fig~ras que y3C -n bajo las ruedas, Una de éstas, vestida a la moda del SIglo XV[, rc¡ ro senta al luteranismo; la otra, por su túnica y espesa barba ,Il'\! representar a Arria, causante del primer gran cism~, que se ,sfu .',., por salvar los pergaminos que contienen sus doctrinas. tllS Rt"",lI da noticia de un grabado de Jan Galle en el que San MI II I pl' U ' " I 1111 pita al diablo, al mismo tiempo que la Ig 1esia pre~lplta a ,1II '1'0, Todavía detrás del carro se ve otra figura de hereje que ha c¡lIt'd , lo rezagada, porque a pesar de todos ellos la Igles~a continúa su \,II,\!' hu gobernando al mundo, como también 10 sugrere el pn: 1 1'10, () ti los caballos ricamente enjaezados y el globo sobre el qu de 111 ,11 las palmas de la victoria, Pero además del pap~ can innn xrn carro tres personas que por sus atributos (los OJos ~endado, unu antorcha y un ancla) identificamos como las tres V:lrtud.. tolo gales, y su presencia significaría el tri~lOfo de la Virtud '()I~I" -l vicio, que aquí es lo mismo que la here Jía, El arcán ,la n M \P lit l. con todos sus arreos militares, escudo, espada flami era y Y ,111I0 empenachado, ha vencido al diablo que yace b~jo Sl~ pico r 'lllt ciendo su medio cuerpo de reptil. En consecuencia Crin .ste ,l"lIll1. también el trinfo de San Miguel. Tenemos en suma tres trrun o que son 'el de la Iglesia, el de San Miguel y ~l de la ,virlud, ,11111' la herejía y el demonio, Es el teI?a de la P icomaquu " el t ruu lo del bien sobre el mal, al que aludimos en el prirncr cal itulo, n 1 cuadro de la nave y en el de Antonio de antand '" tuvt 10 31 una vez la iconografía rná rica (por 1 mplcto, ¡U' n por la alidad) dcl r r ángel San Miguel, y a ~ , ,1110 C. I lw , l al , ox y M nd za la d i i n de levantar el ed¡f~clo, a l' ','m nd '1 I intu '1' \1'. le x rrcapon 1 la volun ad de r iurur, n una ",11 i ¡1. ti 'a, la historin le liS (\1 ari i I • Y u patro .iuiu, ¡.: t 1 i ¡o l SOl' J.'ilot 'a I ~()r junnn In \ l.} 1'1Iz. ',1 III 1\011\

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l nave, el misterioso ambiente que se desprendía del claroscuro d las pinturas induciéndole a reflexionar sobre el poder y las apariI nes del arcángel. Podía vede en el monte Gárgano castigando l irreverencia que el infortunado pastor había cometido; podía l protegiendo a Arquipo que, como Diego Lázaro muchos años ués, era el fiel servidor de su templo. Y podía verle luchando ra el dragón, una vez en defensa de la Virgen del Apocalipsis ra defendiendo a María Magdalena en su cueva cercana a Mar. Impresionado por su gran poder, el visitante llegaba hasta el mayor donde se develaba ante sus ojos la última y más cercana i ión que era como la suya, la de su propia tierra tlaxcalteca, l. inferencias que hemos hecho al tratar sobre el cuadro de u o podemos suponer que ante su vista se desenvolvían, en i paneles y minuciosamente detallados, los pasajes principales 1 parición, teniendo como centro aquel en que el arcángel señala 1 Iel manantial iluminado por el rayo de luz que desciende

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01.

licencia de la imaginación
11

nos hemos permitido

recons-

I d oración intencionada de la iglesia como estuvo a fines
principios del XVIII, cuando el culto del arcángel alcanzó n la colonia, podemos también examinar su contexto nd r ]0 que en iconología denominaríamos el contenido Iftlt.II".r!c(\ () la razón, dentro del contexto cultural de la época, h ya llevado el milagro a la pintura. Ii. t percibimos que, en el cuadro de la aparición y en 1 i ()i. del milagro, el elemento primordial es el agua. Pero I Rua? N la vemos en el caso de Gárgano, como no (u nt de iomede que poco tiene que ver en el milaa 01' r P r no con virtudes curativas sino como .I.m.,nlo 1 ligro, () que aprov haron los enemigos-de Arquipo i tl'l ion 1/. 1 or 1 rimcra vez, ya como un prodigio, n h " n I. u v. d la Magdalena y en las siete iI mi. ,Oto no . ru tituy una tradición sufiInrt I t (1 o p. r 1/ r imito da.

De suyo, el agua significa la vida como aparece en algunas alegorías cristianas primitivas y bizantinas en las que se ven palomas, ciervos y pavorreales bebiendo en un estanque, o de acuerdo con el profundo simbolismo que tiene la fuente en el centro del Patio de los Evangelistas en el Escorial, como manantial de la vida. O~ Tácitamente es también un elemento purificador como 10 han utilizado por siglos en el Ganges y como se utiliza en el río de Chalma. Es el sacramento del bautismo y la ablusión entre los musulman s. En México, el pozo milagroso se hace presente en Ocotlán y n el T epeyac, y acerca de Tlaxcala baste recordar que el arcáng 1 advirtió a Diego Lázaro, cuando estaban en el barranco, que aqucllos que llegaran con fe viva y dolor de sus culpas alcanzarían (.. 1 remedio de sus trabajos y necesidades con «el agua y la tierra ti la fuente". Si se insiste en que se acuda con fe es porque parece cierto qu en el lugar subsistía algún culto pagano, como lo afirma el padr Florencia en la página 58 de su libro: ee ••• en ella idolatraban lo indios y tenían adoratorio, en que a su bárbara usanza daban uleo al demonio". Y todo esto es perfectamente explicable si nsid ramos que a muy corta distancia se hallaba Cacaxtla, imp rtnnt centro prehispánico, que dejaría como legado para la col nia un I reiterada práctica de idolatría, que se intentó extirpar recurrir n lo al milagro del agua que San Miguel reveló. y así este ar • nl-II'I hidrópata no hubo menester blandir espada para ahuyentar al ti monio de la idolatría, sino bastó que descubriera el manantial que I mismo Dios había santificado en el sueño de Diego Lázar . El .1rI11 triunfal de Antonio de Santander refuerza la idea; la I I .in I virtud, sostenidas por San Miguel, triunfan del vicio y la hcr 'j .1. El presbítero Valenrin Rugerio Mendoza ha rescatado d la I trucción alguna otras pinturas de mérito diverso, cntr la. uulc hay tres recortadas en forma de arco que pudieron hab r ,. idc .omo remate a un ran retablo [XXXIII]. En la d I ntro' Migu I apoyad sobre cuatro querubines, 011 la Virgen 1 1 I Y los brazos abiertos. os an lill I 1 vantan la ap. l'U ti 'nd p. 1 I <1 U bajo ll: p ser n, a ogién los , la prot . i<'1I n l. 111 I al a III 01 ispo, d un lado, y un virr y ion UI l' 11 () de indio pOI I nI 1'0. Por 1 I'(). I ro y la. mano. par . r -la j( n.ldo ()J Iq 1 I 11 1 lI.II.,o '1':lI1d d La 11 IV . En I t. t 11.1 I l r I
11

lull.

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la trilogía, San Gabricl con una rama de azunas y San Rafael con un gran pez. uriosamente y si los testimonios de la información son verdaIr, hubo una pintura que mandó hacer el mismo Diego Lázaro para guardar memoria del milagro, y que a su muerte quedó en pod ir de su madre. Debe haber sido más códice que cuadro, y muy int r sante porque de ahí pueden haberse copiado el cuadro de la naVt' y las otras tablas que andan por ahí. Francisco de Florencia la men ¡ na en el siguiente párrafo, que toma de un testimonio, porque ~Iya no la conoció:

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enfermas bebiendo y lavándose con dicha agua de la fuente santo • Todo esto afirmó Isabel Castillan Xuchitl habérselo así explicado u . meto D' lego L' azaro. ,,63

B)

SAN MIGUEL EN EL ARTE COLONIAL

Los emperadores romano-germánicos como Enrique I y ~th II 1 llevaban en sus estandartes la figura del arcángel San MI ti '1, lo mismo que los emperadores bizantinos, P?r ser el, vic~rio d .1 i, 1,0 Y el ángel de la victoria, tal como Yave lo habla dicho :\ Mili (Éxodo 23, 20)
Yo mandaré un ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto

o como se había aparecido ante la hueste de Juda. M, .\ (\ jiu-j vestido de blanco y armadura de oro, para conducirl n 1\ VI 111111 sobre Lisias (Macabeos II, 11). De donde podemos inferir, hablando en sentid . para la conquista de México debe h~ber llegado en. la 1111,))l1l I1I 1 de Cortés según el principio establecido por la Iglesia d que se hace alguna cosa de maravilla y poder, es enviad en ella el arcángel. 64 Así desde los principios de la colonia le encon 1':'\110, ti ';11'11111 nomb~e a lugares, ciudades y monasterios, como ~ I SIt) ('0111, i mara la conquista. Y desde muy temprano, también . 11I.lb I _.1 11 escena repre entando historias y drama cristiano . 11 [u {VH I 1111 finalidad d facilitar la e nvcr ión. n un In nUD1 ntnl ( 1lidIO r 1 atr ná] uatl Fcrnand II r , itas r fi 'r el gl'tln 11'111 110 que alcs r ( 1: S nta i n s al anzar n, 11 l·) ti i~I,Kt'"io (l .sccnnri y pnrt.i i(, '¡bn el u h, rcnt c, omo \1 '('¡\II) ('11 1,1 cc uquls¡« df' JI,rtI.\'lIlf/l, (1 S l1ifi '. l. n 1. pl '/, \ ti 'I'I.\X ilu 1 I H 1, junio dI I 11{ (11 inl rven i ')11 1 mil 111illi '1110 ,H 101 • 11,1

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no podía ser más agradable a los esforzados tlaxcaltecas que

h bían hecho la guerra y la seguirían haciendo en la expansión I i Inorte junto a los soldados españoles. Del sabroso argumento,
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i uciosamente analizado por el autor, enmedio de un gran movii o de tropas y sutiles ironías -como el poner a Cortés y Alvad mpitaneando los ejércitos mahometanosresaltan la particin de Santiago, San Hipólito (probable alusión a la victoria ida sobre los mexicanos) y San Miguel que es, finalmente, li d ide la batalla derrotando al gran Soldán de Babilonia. I y Andrés de Olmos escribió otra pieza de teatro que puede id rarse como la primera exposición de un tema plenamente 1 0, 1 Juicio final, escenificada en la ciudad de México en la 1 {cada del siglo XVI. 66 Aquí el arcángel asume un papel il all imo porque abre el drama con un sermón tan terrible I 1 1 principio debía dejar sobrecogidos a los indígenas. Cuan) n estas escenas montadas con el fin decidido de atemorizar i t n es con la amenaza del infierno y el castigo fatal que lo I ' ados, recuerdo el efecto moralizante que las pinturas t ndrian sobre el converso y que en algunos grandes ejemumbién como el montaje de una gran escena, tal como 'topan, en la capilla abierta en cuyos muros el indígena r. y iniestra, las fauces abiertas del infierno engullendo la en rme retahíla de diablos atormentando almas en rru val. t plástica se representó al arcángel de dos maneras, I i lo VI. Prim ro a la europea, siguiendo la práctica 'i 1, d .opiar rabados alemanes y flamencos. Pero tarnI ndi ron 1 naturalc a tratar temas cristianos le 1 a m. r a lam n e indí cnas, como uno que he visto 11 rior n la fa hada de una iglesia en Toluca, en el Mi I 1, que podría t marsc omo un idolillo, si sus I i I I ti fi a al .omo 1 ngel primad I 11:1 rlió imi. mo un j mplar muy antiguo, IUU,ntlhl I 111 rito ti . tnr {, 11;,,10, labrad n relieve n I 1 I llonc: 1, 11 111011 olí rica piln bauti mal d IV', LI , u. . tribu tu. I dcf insor de alma', 1 I i I 1I1l.1 ,1.11 zn y I ln d re 'ha una

espada que blande contra un diablejo que yace de espaldas en forma de macho cabrío. Tiene el primero diadema, nimbo, coraza y capa, y este atavío de soldado romano lo hace relativamente moderno, si lo comparamos con los otros ángeles que exornan los restantes medallones, llevando todavía vestiduras talares. En uno de estos medallones está grabada la fecha en que se hizo la pila, 1581. Tres años atrás, en 1578, el padre Ponce había visto representar en Zapotlán, Jalisco, La lucha entre San Miguel y Lucifer, y 1I descripción podría bien ilustrarse con el medallón de la pila:
Había muchas enramadas y en la penúltima de ellas estaba en 1 tito 1111 indio vestido como ángel, representando a San Miguel, con un. . (lId desnuda en la mano, como que hería a Lucifer, el cual era tru ¡IIIIlu vestido a manera y figura de dragón, que estaba dando bramido. d ,\ I 11 de los pies del ángel ... 67

En el mismo convento de Zinacantepec, cuyo patr nnzuo .j I 11) nuestro arcángel, hubo una imagen muy antigua que por d· ru desapareció, pero que seguramente acusaría la mi rnn in flu I indígena. 68 Fernando Horcasitas, en su libro, llama la atención S br lo 01 r bio que debía lucir el arcángel en las representacione . trule u viado con rica y vistosa plumería que lo asemejaría a un di( 1 I hispánico; 69 y seguramente que tales representaciones influy 101 en los ralladores de piedra, como aconteció en la pozn d di 1d'1 , San Miguel, en Calpan, donde labraron a San Gabricl y an 1 rf 1 1, sus arcángeles lugarteniente s, descendiendo con un fran 'o ir I dioses aztecas. 70 Chalma es un santuario que estruja; pobres y ri 1t111 h partes llegan a él para aliviar sus sufrimientos p r la ví I la I ltI tencia, El padre Joaquín Sardo relata su hi t ria y di' qu lo ustinos llegaron a Ocuilan en el año de 1537 " ... .uundo nu ti América yacía sepultada en la idolatría ... ' a ando mu llO. fu rzo: para nvcnccr a lo o uilte a que a iptarm • ,ri. lo I IUHar d ztotc ti, el cñor de la u va <tu' v '11 .rul 111

ruta a dos leguas del pueblo, y que el día que lo consiguieron, marchando en comitiva y dispuestos a barrer con todos los diablos, l llegar a la cueva «••• hallaron a la sagrada imagen de nuestro dentor Jesucristo crucificado, colocada en el mismo altar ... " en donde antes había estado el ídolo. 71 Esto aconteció un siete de mayo, Ha en que la Iglesia celebra la aparición en el monte Gárgano, y omo en ambos casos el milagro se refiere a una cueva supongo que, 1 r esa identidad o comunión que llega a darse entre Dios y su ar.ánge], fue éste quien verdaderamente echó abajo al Oztoteotl, I pojándole de la gruta que todavía se puede ver en las escarpadura de los cerros que rodean el convento, guardada por la espada I 1 ángel. Ni fue por azar que en su real Cédula de 6 de septiembre d 1783, el rey Carlos III le concediera el título de Real Convento y antuario de Nuestro Señor Jesucristo y San Miguel de las cuevas dt halma. El padre Sardo menciona que en la gruta se puso una ¡Illago 11 del ángel, acompañada por las de San Gabriel y San Rafael. 1 Instt hace pocos años coronaba la puerta de ingreso a la cueva una ultura que hoy se halla caída, descabezada y con el cuerpo roto. E In an Miguel que mide aproximadamente un metro, con yelmo ro Ida, tallado en piedra blanda [XXXV]. Bajo los pies tiene un nonio ma nificamente labrado, en forma de gato montés, que I ,Ir • una reminiscencia prehispánica. V moslc ah ra en su forma europea, donde el más antiguo que I 1 r lo e, 1 que se ve en los frescos del convento franciscano de I I jOl~ingo, m nastcrio que se consagró al arcángel como se con" , tnmbi n los de Zinacantepec, Ixmiquilpan y Chalma, aunI ., ' In, la destrucción y el tiempo han borrado mucho de la 01.1 j.'m xm po ibl s contextos sanmiguelescos. En Huejotzingo 111 ' . I inta lo, en el antcclaustro y en la antesacristia, coI. il [u 1.\ l· al ún trabado [X VI]. Armado de punta en I 1, lila ri 'a armadura como In que se usaron en la Italia I 11 i I to para xnltar 1 j r i io de las armas. Su rostro I l t. nv l. d Y la prc upa i6n de un gu rrero veterano; I Lit i n lo y u r nlismo lo aproxim , lo flam n . El I 1\ mnno que mi u 1:\ la spadn d nota en rgb y la 1 ilgo d 1.\ lHtHlcl': \ ti, ION IlH '¡'S 111 di val 8. 1 I 01 o irnportuut por la 'S u la qu d jó, 1 , I i I i.\ I u.\ d lid' n, irrnu lo 1 1 87.

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Dos cosas, entre los méritos de la pintura, conciernen al análisi iconográfico; en primer lugar el tipo de ángel que, junto a los otr s del mismo autor que tenemos en la catedral de México, fijó el tip de los ángeles para la pintura colonial del siglo XVII, según los estudios de Manuel Toussaint y Francisco de la Maza. La otra cosr notable es el demonio o la diablesa, con su medio cuerpo de reptil y recatada actitud, que parece indicar pudor o arrepentimiento an el ángel. Esta composición se repite después, en una pintura de fa'· tura popular existente en el Museo Regional de Guadalajara, r pro ducida por De la Maza en su libro El pintor Martín de Vos ('" México. 72 En Sevilla en la colección del duque del Infantad I se t Jt cuentra otro cuadro' con el mismo tema y composición, rt..·ali:t,1l111 por Eugenio Cajés en 1617. Bajo los pies del ángel, 1 clcmouio semiofídico cruza los brazos sobre el pecho como el de Uflllhllll.11 aunque en él no se atrevió el artista a resaltar las form S fl'l\l -niuu La composición es tan parecida que se puede pcn nr que 111I"0 derivan de un mismo modelo, o que Cajés conoció 1 de 1) VII antes de que fuera traído a la Nueva España. Es una lástima que de los dos grandes pintores que ¡el'I ••" ,1 1 glo XVI, Simón Pereyns y Echave Orio, no tengamos ninguna 1 int ut alusiva a San Miguel. El flamenco realizó el gran rct: t lo 1.11.1I iglesia de Huejotzingo, pero en la calle central que era 1 Íu ':\1 lI,ull cado para colocar al arcángel patrón del convento, en lu al' de IIU zos se contrataron imágenes de bulto que corrieron por ti 11111 ti I escultor y dorador Pedro Requena, y de las quince que stc t 'J'llIillc', para las entrecalles y el centro se conservan todas m 11 s una: 1.1ti San Miguel. 73 En cuanto a Echave, dentro del intrin ado pruhlcmu de sus obras auténticas y sus atribuciones, de aquella q uc '011 J
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72 Maza, Francisco de la. El pintor Martín de VOS C1J México. In tituttl d I!lVI' ciones Estéticas, 197I. 73 El investigador Enrique Berlín, que se lleva la palma en I r~baju d! rt luv«, publicó el contrato celebrado por Pereyns con las autoridades de l lu jot'l.illllO p"' 1 h , , el re~ablo, y el contrato firmado por Pedro de Rcqucna, ve ino d M XlIII. "" 1 pintor "para le ayudar y hacer una figuras e imágcn 8 par, 1 r tIbio 11" , u hncicnd para In iglesia de esta dicha ciudad, las unlcs hnn ti NIl!' d hultn Y t 11,1". e ún el documento serían quince figuras para las ntr nllo~, d 111"1 I 11 tll , 1'1. Y untro 1 los de altura, con cxccp i6n do Snn MiHlI 1 qui 11 por Ir 1.1 1" 11I l' ti llcv da uutr d·d rnós que In cm, y aw 'Habn ",., JIU 11.1 dt. 1\'11'1' d '111"" 11 111 pi ". 11." ,,1 ontruto ti P Ir yl1~ se de 'in "". Tc tI~ I~ ,,,11 d,,1 lI",d" d, .1" 1111I 1 1>111 hn t1tl ~r IIId d 11,,111I, l'/'illl'Íl'.d,,\t'lIc (.1 nHNl'Ío Y 11 ¡IIIII d.·1 I4I~rc" 11 MIIIII 1, •.••• l'ld 1111I1Ii,1t 1I,.tlIII. "'11" 111¡1t AII.II' \I( 1 11" l"tf¡"II"" rt« ¡\/I/r,Je"" v"I""1 v.lllly, II/IN, IIlIlIIh r 1, A IIIIV 01 111 rh 1\ 1 r 11 1I 11 11. 1111 y,

z se saben suyas no existe ninguna o cctor de la iglesia.

relacionada con este gran

~n la Pinacoteca Virreinal tenemos un lienzo que proviene de rimera mitad del siglo XVII, con San Miguel que derrota a Lucifer I arroja del cielo [XXXVII]. La batalla se ha librado en el espai y muy por debajo se observa lejana la tierra, como si la caída se i i iara desde muy alto, sugiriendo el paralelismo que existe entre •u ifcr y Faetón. La anatomía del diablo es de magnífico dibujo muy expresiva porque denota cierta degeneración en el rostro y n las manos metamorfoseadas en garras; en cambio el ángel, que .ontinúa la tradición del cabello ensortijado, ha sido horriblemente o .ado. La paternidad de esta pintura ha representado un proI rna ; Manuel Toussaint la supone obra de Alonso Vázquez por la m janza que tiene el ángel con algún otro que del mismo pintor i te en la catedral de Sevilla. Se ha atribuido también a Luis juár '1. Y ha ta al mismo Echave Orio, En un inventario hecho en 1866 n la A adcmia de San Carlos, de cuyas galerías procede, se le catalo 'a m bra de Luis Juárez, y aunque esto constituye una pre111 .ión tampoco posee un valor absoluto, pues no sabemos quién I izo l inventario. Si bien es cierto que algunos detalles, como la ,1 'I.¡I d ,1 án ~el, corresponden a la tipologia de este pintor. '1'oulIs in publica la fotografía de un San Miguel que atribuye 1 a t iún de Arrcaga, sin estar muy seguro de la atribución aunque lU sto firmado. 74 He visto la pintura en las galerías La "Ja y no in cucntro firma visible. En opinión de Xavier Moyssén, I .1 ' l .d iado a Artcaga, el cuadro no puede ser suyo. De acuerdo I i 110 I st onocirnicntos, tampoco lo creo obra del sevillano. J n] , la itud y el tipo, parecen ya de la segunda mitad del VII, III a lo ángeles de Correa y Villalpando. F. Ín ''1 ¡11a d la Virgen del Rosario en el convento dominico al o '1.,.100, rr P ndió a Pedro Ramirez pintar el primer 1 (1 • un nte b: rroc , y lo hizo por partida doble, una vez i n o I Ir. rón n un Ap alip: ¡ y ra en mpañia de la ''' ...__ El m. lindo 1 qu m. no. inr re a, pu ya hay n.1 li. bot 1, orazn, manto y y Imo 11p na hado, a u11 rliu I que liac t, trnl y f adn, omo si se hubi irn I 1.1 a on 1 lemonio I Ir'\ v ni n ornar pan '1\ I I tu I \ mm rót y i. boli mo, la A 11 VIII). E I i I UI il.t 1'1.1 (J
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la leyenda Assumpta est María mientras con la otra apoya - ( rt sanía celestial- el antebrazo de la Virgen. La influencia de Rub I ha llegado a América y se hace presente en cuerpos como el de 1 ángel, de ademanes decididos y porte vigoroso, y hasta la mi 1111 coraza parece reblandecerse sobre la robustez del cuerpo. Pero era a Cristóbal de Villalpando a quien estaba re crvuda 1 delectación de pintar al arcángel con abundancia, hasta lo rar aqu 110 con lo que su iconografía tendría que culminar, su A/w/t'O\/I • sobre la puerta de ingreso a la sacristía de la Catedral Me ropolit IIlI. No podría esperarse una mayor explosión de fervor y cntu j,\ 1 111 que ésta, en la que San Miguel parece un sol que e talla II 1m' 1 en todas direcciones. Su cuerpo es como una exclama i n de t riun t. y la riqueza de sus alas y su vestimenta, que se fu :lJ1 pOI' 111 I 1 del cielo como llamaradas de energía, no pueden e nU'llIJ l." 11111 con la misma admiración con que le vio Manué, el pnd 'ti . ,11I ru al mismo tiempo que le oía decir: "¿Por qué prcgun 1. mi 11111 ,1 que es admirable?" Después de VilIalpando, no quedaba sino la rcp ti i)l ti I presentaciones angélicas; ni más originalidad ni mayor at r VII tos. Dice Francisco de la Maza:
Si se nos pidiera que, en un ejemplo, en un solo cj mplo, I la gran pintura barroca mexicana y la posibilidad rnáxlm d 1 IIU del gesto, proclamaríamos sin dudarlo al San Miguel d J 1( Catedral de México."
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de Dios y campeón de la Iglesia, en sus cuadros de la Iglesia milinte para las sacristías catedralicias de México y Guadalajara, arndole de punta en blanco y con todos sus arreos, como si presii ra una parada militar. La armadura es completa, desde la greba 1 ta el yelmo coronado por un vistoso penacho que hace el juego 1 r vuelo de los .paños, En ambos lienzos acompaña a la Iglesia onificada por una mujer que recibe la tiara y sostiene en las nos una custodia y un templo, completando el grupo San Pedro vestidura episcopal. El primero entre los ángeles y el primero r los discípulos, ambos pilares de la Iglesia y la religión. Para i usto siendo ambos magníficos, el arcángel de Guadalajara es 1 I jor; tiene en su porte algo más de bizarría, de prestancia y . 'Id JO; es mas so ado y menos cortesano. 76 o pinta en el Apocalipsis, también en la Sacristía de la Catedral M ropolitana, y en un lienzo que se conserva en el Museo Bello de bl . En el segundo, despojándole del casco, vuelve a darle la Ii 'al cabeza de rubias y sueltas sortijas. Sus mantos, tratándose n scena aérea, son tan airosos que parecen hechos de vapor, I ubes que envuelven y cubren su cuerpo en las partes en que s rba la' vista de las piernas, de cuya desnudez no podía .indir la pintura barroca. t • dos bellos ejemplares del mismo Villalpando son el San 1 1 ,1 Museo de Arte de Hartford, Connecticut, y el cuadro nima n la iglesia de Santiago Tuxpan, Michoacán, este (1 rt nd dimensiones. El primero, pintado con abundancia y joy ría, vuelve el rostro hacia la mano derecha que levanta 1) I uis 11 t Deus. Su rostro es andrógino; es el efebismo 1 1. Maza se tra plantó de lo clásico al cristianismo. El tarnl ién señala el uis ut Deus pero su actitud no está , indu ir a la v n ración, como en el caso anterior, sino il qui to y pare ansi o de mezclarse en el tumulto il ti 1 purgatorio, n la firm voluntad de re catarlas .. CClnt,t:llllo 11 () 1 Villnlpando, juan orrc: l pin ó n un Apo1 'I' pOI zotl. n '1 1 qu ,1 nrc: nH '1, el r itro I 1111.1 hacha 1 I l. OZ;1 .on d ti a lczn 1 lord ti' las ala. el la Virg n. 1 I 1 li mn <tu n 011"0 1, lo 'u, dcos I Correa, La " ti I I ¡IY/IIHI, r I1 mlt I Adán y EV:I qu . ( "in .an t me11 1, II il llid I I p 1'0 o oborundo lo qu nl fin y 1 I lit. J 1 (1 il 1.. 1:111lo di

que fue San Miguel -y no un ángel anónimo- quien los echó d Paraíso. A fines del XVII, la publicación del libro del padre Floren i¡¡ incrementó el culto de San Miguel hasta un grado que no hnl ¡I alcanzado antes en la colonia. Su apoteosis realizada por Villalpat 1, para la sacristía de la iglesia mayor de México puede con id 'c' como un buen testimonio de la devoción que arrebató a la o 'i 1I1 colonial, y a la que no fue sorda la ciudad de México qu i l mismo tiempo fundó una nueva parroquia que puso baj u 1.11 CI cinio, aunque al principio en casa prestada, pues no teni n lo t '11111, construido se instaló como ayuda de parroquia, el 21 de 'n o 1 1690, en la vieja ermita de San Lucas. La pequeña fi uru 1 ' Miguel labrada en la clave del arco que da al altar re 11 'C 1; I 1 por esta iglesita, antes de que le hicieran fábrica pro¡ in. En un folleto que relata el origen de la Asociación d 1 S nt Sacramento en la parroquia de San Miguel Arcángel, hay U! to del acta de fundación de la parroquia tomado del Iib () I de Bautismo de españoles que dice lo siguiente:
... que en la antigua iglesia de San Lucas Evangelista se fundó 1 de San Miguel Arcángel, el día sábado 21 de enero de 1 (O; pasó a la iglesia donde hoy se encuentra, con la advo lón arcángel, el día 17 de agosto de 1692, trayendo de San Lu l' 1111 Sacramento en una devota procesión y colocándolo el ura ti 11 ( 11 a las nueve de la mañana ... Esta iglesia fue dedicada n 171 ¡f. TT

iguel. La Virgen ocupa el eje central, apoyando un pie sobre el 1 bo del mundo y el otro sobre una de las siete cabezas de la bestia, i ntras sus manos elevan al niño como para sustraerlo de las acenzas del dragón. Por encima asoman Dios padre y un grupo de liIlos portadores de sus atributos como las rosas, el espejo y la lma; a su izquierda se ve a San Juan Evangelista, con la pluma en ano, y a la derecha la escena en que San Miguel, ángel sin ulos, con su coracilla azul y un largo velo rojo que pende de intura y le pasa entre las alas corta sin esforzarse las cabezas 1 dragón cuyo cuerpo, magníficamente acabado, parece una brasa u go transparente. Le pintó también con un grupo de ángeles a Adoración de los Pastores de la iglesia de Santa Prisca y en ~l ro de la iglesia de Tepotzotlán, acompañado por San Gabriel 1 ayuda a sostener la amplísima capa de la Virgen extendida las cabezas de los jesuitas acogidos a su patrocinio. disposición de los motivos en la trama del Apocalipsis no puede uy variada, y por esto el tema se convirtió fácilmente en una de taller. La actitud de discreto arrebato de María, el padre "I!IIP"ln, I niño y el arcángel pintado con cierta superficialidad, casi r ducen en José de Ibarra, pintor fecundo y superficial como C.hrl~rn. que no hizo, para no caer en la copia, sino simplificar los .I.mcmto del cuadro. Pocos años después, en 1779, Andrés López obre el Apocalipsis repitiendo la composición de Cabrera ran lienzo que terminó para la iglesia de La Enseñanea Ln,,..,, •.1 1, d nde se puede ver junto a la reja del coro bajo. ':- Sola• mbió los detalles, por ejemplo San Juan Evangelista adquieor tamaño, el dragón luce un color apagado y San Miguel, i ne de bru es sobre el reptil, quiebra los ejes de la compo• ). In Vir en p dremos decir que tiene facciones simplemente "nltAI. 1 Migu 1 abrcra hay otro arcángel magnífico en la DIC'I~rI11 M .tropoli nna, en uno de los óvalos colgados en los brazos 1 o, de li .ndo a María mo Reina de los ángeles, donde I pnr como fi LIra prin ipal entre un grupo que representa

De Nicolás Rodríguez Juárez es un lienzo (1721) con los i t arcángeles, el del centro San Miguel, que sostiene una ondular t • bandera; los otros tienen sus atributos y recuerdan el culto a lo, siete príncipes. José de Páez lo pintó en su Alegoría do la de juicio final, pues ad 1l1. de la cruz lleva balanza mientras un grupo de almas esperan r llamadas a juicio bajo un coro de ángeles que sustenta a la Vir~ '1\. En Pachuca, en la iglesia de San Francisco, hay un jui i [innl anónimo y muy interesante porque en él participan los frail . (1';11 ciscanos. El arcángel San Miguel ocupa el centro, armad y Con 1.1 alas explayadas, por debajo de la Santísima Trinidad, un 1.11I están San Pedro y San Pablo, el primero con el clero S' 'UI.II I de Tarso con los regulares .. Del otro lado se arrodillan lo (1.1111 1 canos y dejan caer sus característicos cordones para q ue e 1 11 las almas de los condenados. La Virgen es acompañn la por nWI1' y mártires y el grupo entero parece suspendido en una atllll', ( 1 de nubes. También en el
XVIII

Virgen del Carmen, con remembranzas

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En las colecciones particulares existen varios arcán ·Il'. mil il1t resantes, no por su calidad estética, sino por ser fruto 1, la ti 'VOlII'1I individual y muchas veces popular, En el libro La ¡Ji/l/llra 1fII'\It'/III/1 siglos XVI y XVII Colecciones particulares, se reproduc 1111111\" nimo de la Colección Behrens que justino Ferriándcz nli I i 1', ti "un tanto bárbaro". La historia es la de siempre; el ánccl que :11,111 al diablo que trata de robar las almas de la balanza; pero ('11 111. del penacho y de las tirillas de la coraza lleva alg qu pal'le, 11IlOj,1 carnosas de siempreviva o de nopal, con todo y tunas, I illlad.1 en tonos vegetales. Sus alas ostentan pequeño cír ul S 1 orro () , 111I110 si se hubieran copiado de las de un pavorreal. En ·1 misnu. Iill! CI reproduce un retablo en forma de cruz, mpu to el, ei" 11 1. Il\III d e bre en la que e tán di tribuidos 1 si te ar :ln~dt' ; dr ( i bicnd e te r tablo l' n 7.:\ 1 brc n cñala la im¡ ortanci I dd 1 ulro p r 1 sic pr in ip ,
nn Miguc] rnagn] (i o, p .ro algo dcslu ido pOI' 1.1"1.1 i 1.1I (11 'lit ru I':! ('11 una de las ,:das tlt' pint 111';1 tI,1 l III1VI1111I.IHII lino I A t opnn I ' l.'. E nnúnimu, dI' (i".d· tI,,1 VII I I 1111Il io ti I i VIII pOlI. í.1 '1 I .d ún ,111 t.1 110 .1;'111 I 1.1inllu 11 i.1 1 i dl.1 ti do. 1·1 u 11() t I .1 011I0 UII \1 1, 111 it

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1 rodu . otros dos lienzos obre el arcán '1; t »iio '1'0 l' que. 'onscrva '1'1 uadalajarn, y tr 111:1, Mi 111 11 '1'1' 1'", que urca el ciclo e n el sudo 1. J f 1 o. I 1
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En la parroquia de Cuajimalpa existe una pesada escultura del como que es de alabastro y de más de un metro de altura, que Francisco de la Maza estudia en su libro El alabastro en El Arte Colonial de México. Está de pie pisando la mandíbula del diablo que ya e de espaldas, recargado en los cuernos pues es, como dice De la Maza, un «espantable viejo sileno barbudo". La transparencia del alnbastro se contrasta con los filos dorados del yelmo, la túnica y 1\. intas de la armadura. R matando el retablo principal de la Capilla del Rosario en el onvcnto de Azcapotzalco, en madera estofada, se alza otro San Mj~lIcl como si enseñara al mundo, desde lo alto, toda su omnipo( 11 'i,. n una mano enarbola un estandarte que ya no es la cruz, 1110 una bandera con la virgen de Guadalupe, y su pie pisa firme1\It'IIt • la cerviz del diablo, en una forma tal que ya no se trata de I1 -ntnrlo como vencido por el ángel, sino humillado, de la misma 111 '1', que en los apócrifos Bartolomé lo humilla obedeciendo la 11:1. It, J ÚS que le dice: «Anda, conculca a Belial en su cerviz" y XI ('¡.;n el evangelio-- "Bartolomé vino apresuradamente sobre '11' y 1 pisó en la cerviz dejándole temblando." 78 >t ru ti las mejores esculturas de San Miguel está en el retablo 1 rsn de oreto de Tepotzotlán [XLI]; es un delicado niño sin I IJ lit' ha p rdido la lanza que clavaba en las fauces del dragón, 1 'o qu aE rtunadamente, pues gana en dulcedumbre. )(10 oberbi , tonante, que emerge entre nubes y rayos, es el que I 11\.1 " (do (ti ar neoclásico de la iglesia del Santo Desierto de 1 111 ill~o 1 LI]. 1 1I1l1 eo d T p tz tlán hay otros arcángeles en escultura 1111 • pOlld '11 a un, n p ión di! rente; están hechos en mar1'1 CH I dC'1I dll n r i n A ia. n sus facciones orientales 1 ,ld,d,lt ,:\~j in)' '1 1..', !TI 1 i/1 ,sobre todo el que aquí' .111 111111 l. '1,1111. EII la 11 an 11 va una adcnita con la cual 1 1 11,1 c'!1I '1"" '11 « 11 '01" lnn i: n el án 1, parece inofen1111111 1 111 '1,1 1111 ,lIIilll:tI domés j o. a b a rand y la e aI ti 111 1 ,1 pll 111 dt, 1111,1 rnnn, (') 1, UI1. drag J'\ era alid d
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En la Pinacoteca de la profesa hay por lo menos dos Migu 1'. I uno diminuto formando parte de un juicio final, pintado por Mi. guel Correa en 1718, y otro sin fecha firmado por Mariano Gar in de regular colorido pero de cuerpo flojo y obeso, chocante p r Sil falta de expresión. El arcángel San Miguel es un tipo y un tema barroco. El n 1.1 sicismo hizo poco caso de él y el siglo XIX casi lo olvidó. ntr lo catálogos y premios registrados en la Academia de San Carl 1'1(' 11 encuentra sólo por excepción, por ejemplo en un grupo d 1 111101 Fidencio Díaz de la Vega, en el que vence a Luzbel. sn IJII iH11I naturalista y positivista todos estos seres nacidos de las s ri ur 1 1I Teología, con su enorme carga de simbolismo religio e 111 11111 esfumando, aunque, como motivos subsistieron por r In f ¡ti 111 I alada en sí misma bella, y por esta razón se le sigui ti iljz IlId.. 11 alegorías como la de la virtud que domina al vicio. Deben ser muchos los sanmigueles que andan p r ,hl, h•• '1111 malos, en iglesias y en casas particulares; pero p e Vt'/, IIIC " conformado con citar algunos a manera de ejempl y·1 I'dl illlll d que haré referencia, para cerrar el capítulo, sed ·1 <t \1(' 11 di 111 Diego Rivera para su mural en el teatro de los In urgente . E « I el ángel de la conquista, protector y cómplice de 1 s 11 1I1i t Idllll Y azote para los vencidos. Tiene las alas duras con 1, I i( h 1 I protege con mallas y coraza y de su bota izquierda h 1'" '(t Illgll El rostro, pese al nimbo dorado, es morboso y sinie tr y 011 ltipu crita reverencia cruza las manos sobre el pecho, p 11 11111 d ellas sujeta una ondulante daga, Su expresión e n u r 1. I h'll 11111 su protegido Hernán Cortés, el hombrecillo de 1.58 111 1, t•. 1.1 t 111 I Y rostro cruel, degenerado por la sífilis, que golpea 011 LlII. ti di \1 da a un indígena caído y atado de mano.

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111. NUEVAMENTE

EN LA ERMITA San Miguel Apotropaios

El padre Nieremberg se pregunta la causa de que los templos dedicados al arcángel se erijan generalmente en cumbres y lugares altos, y sin preocuparse demasiado contesta, apoyándose en otros autores, que de esa manera quiere Dios dar a entender la alteza de San Miguel y "la cumbre levantadísima de su santidad". 79 Esto no nos aclara muchas cosas, pero 10 que no puede explicar un teólogo lo sabe decir un poeta. Federico García Lorca, en unos comentarios que hizo a su Romancero gitano so entre el bellísimo romance de La pena negra de Soledad Montoya y la canción Arbolé, hace que irrumpan los tres arcángeles que representan las tres Andalucías: San Gabriel plantando azucenas en la torre de Sevilla; Rafael que busca peces en el río, en Córdoba, y San Miguel "rey del aire que vuela sobre Granada, ciudad de torrentes y montañas". En la sugestiva y mágica belleza de la metáfora lo hemos comprendido como señor del espacio y príncipe de los seres alados que, como Hermes, son mensajeros entre dioses y hombres. Mora y es defensor en el cielo, y de aquí nace la razón de que su culto sea aéreo, pues no pudiendo la arquitectura, como la poesía, construir en el aire, lo uple haciéndolo en lugares altos. Así, de pie en sus atalayas, cusdia la comunidad, como en la muerte custodia las almas; es decir, '.1M divinidad apotrópea. Por eso algunas ciudades como Bruselas, ./u a, 1 i v y Arcángel, la ciudad fundada por Boris Godunov y 1Illt' 1 fru trado de la Wehrmacht en la guerra mundial, la tienen illllllillllnd u' e cudos municipales, y en el de Ceské Budejovice, en Bohl'll i. , 1 ve uardando las puertas de la muralla con la
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espada en .la mano. 81 Lazzaro Bastiani, pintor veneciano del siglo xv, le representó abatiendo al dragón ante las puertas mismas de una villa italiana. Es raro que en México no ilustre el escudo heráldico I la ciudad de Puebla, aunque sí hay clara alusión en los ángeles que tocan sus torres y en la leyenda de la orla que dice "Mandó Dios sus ángeles que te cuidaran y te guardaren en cuantos pasos dicres" (Angelus suis Deus mandavit de te ut custodiam te in omnilnu viis tuis), sobre todo siendo patrón de ella y por habérsele fundado la víspera de su fiesta. Sí está, en cambio, en la partición izquierda del escudo de Atlixco, donde se ve blandiendo una espada. En la Edad Media se colocaba al árcangel en los altares que veían 1I poniente, porque ésta es la región de donde proceden los demonios y todo aquello que es hostil a Dios. En la Encyclopedia o/ World Art 82 se hace referencia a un [ihujo de la iglesia de Skog, en Suecia, que es atacada por una caterva I ti monios que llegan precisamente de esa direcci?n. Corro~oI uid lo anterior y recurriendo nuevamente a la poesia, transcribo 1 v ir os finales del romance Reyerta, del poeta de Fuentevaqueros, 1 I de cribe a los mismos ángeles siniestros:
y ángeles negros volaban

por el aire del Poniente. Angeles de largas trenzas y corazones de aceite. n el cuadro La expulsión de los diablos de Arezzo 1111\ no se pueda e tablecer de dónde viene o hacia dónde h~~e lo 11111>( diubl j que pululan entre sus torres; aunque no es difiti,

1. lima que

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cil inferir la relación que se da entre la noche, región obscura en J. que moran los bichos de la pintura, y el poniente, que es el punt en donde la luz se extingue para que principie el reinado de las tinieblas. No podría faltar el ángel defensor en las portadas, que son tal vez uno de los puntos más vulnerables del templo, y por citar sólo algunos ejemplos entre los varios que nos da el arte col ninl mencionaré la parroquia de Ocotlán, Tlalpujahua, la igle ia de Atitalaquia, la de Guadalupe de Aguascalientes en la que aplns I al mal que se arrastra y agarra de la piedra de una cornisa, la n 1('· dral de Durango y aquí la Enseñanza, la Santa Veracruz y 11 parroquia de San Miguel, que guarda como feudo propio. Otros lugares hay que son susceptibles de defensa para te ,11.1110 estratega, como. las claves de los arcos (Zinacantepec, AIZC.lpo zaleo, un arco botorel de San Francisco de Tzintzunz: 11) 11 verjas de los atrios, como un' extraordinario que d f 1 dI 1 di Santa Prisca de Taxco, encaramado en el pilar nor se '¡ 01111111 imagen de gladiador, con el escudo adelante y la l. la 1 plllllo, un pie al frente y todos sus músculos tensos. De la misma manera hay que mirarle cuando S y('I'~;III', 11111 1 rio vigía sobre las torres. Tal debió ser el oficio del . ng ,1 d(' 111 11I11 de Jean .Barbet, que se supone procedente de la nintc el! 11111 1 Y la intención de las torres que tiene en ciudades an igut'l, t'. p If Id 1 corno en Zaragoza. Y qué segura debe sentirse la catedral 1(· Y.III'II cia, con ese arcángel gigante que la guarda disfrazad en ln g\ ti metría de una torre octogonal: el Miguelete. Algo lo imita San Rafael, cuando lo vemos custodiar, desde lo alto de su columna (El triunfo de San Rafn ,1 ,1 l. mitad del puente romano que peina las aguas del u. dnlquivlr, Arcángel caminante, piensa tal vez con nostal ia n l. e 1ti I I I que de la orilla del río conduce a Sevilla.' en el barrio de San Mi uel, en Taxco, hay un, y anti tia, me ar cc del VII, cuya pr tcc j n en n n IaI'OII 1 ,.11, Mi u 1, ad ánd 1 en r li v dc ar ama a n 1. nrn p01l1 1111 d '1 ampanario. J, v 11 S i unln me n '1 .oronruuieut« d 1.1 orr idcntal 1 1. ae lrnl M, r I li 1,:111:\, el¡ r-l ,.;l'lIpll 1 •.11 1. do por .I()S~ Zn 'nda, .,( 1'" Y 'lH'II( 1 ,1 IOlli 1.1 1)( l. MilI 1 P I lilln Mil 1111' II la, torre { d(, In I urroquin di' :11.111..1.';.\1,111111111 010 .Ido '.1111 i.1}'UJ\pc'1 101 S.lIl Mi 11,1 J\IT~1I1: 1, 11I1 11 III 110
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hechos de plomo. Aunque entre todos los ángeles guardatorres no hay uno que más intrigue o conmueva como ese que pusieron en 1 de la iglesia del Hospital de Jesús. Retador del vértigo, este ángel apotrópeo miraba desde su torre la arquitectura de la iudad con sus plazas abiertas, sus templos, sus vecindades de plato y aza y sus soberbios palacios, como el de los condes de Calima ya, u tenía casi a los pies. Pero se acabó la colonia y vino otra época 1 no respeta jurisdicciones de santos, y el acero y el concreto 1 u urparon el espacio con edificios más altos a cuya sombra, ped z a pedazo, el tiempo y el abandono le deshacen la figura. villa de Le Puy, en Francia, tiene un promontorio que parece ináculo en cuya cumbre edificaron un templo a San Miguel, n uida desde ahí a los peregrinos que toman el camino a Sande Compostela. Altos son también los santuarios que le erigien España y, sobre todos, el del monte Saint Michel que, como el 1 uy, es esbelto como una aguja que quisiera herir el espacio. d todo el mundo, me atrevo a decir, el santuario más elevado le haya erigido alguna vez es el de la sierra de Cuajimalpa, u 800 metros sobre el nivel del mar [XLIV]. u 1 pun to de donde partimos, cuando iniciamos este ensal lugar al que habremos de volver, pues va tocando a su fin de pergeñar, entre libros y cuadros, noticias del príncipe . ngelcs, Tiene la ermita una planta octagonal de 6.80 m. 1 tro y 5.5 O de altura, muros de mampostería y cubierta I r he ha. Su altar es del mismo material y muy sencillo omo lo fu ron todos los que hubo en las ermitas del gran mc)nulltc:ri( rm litano. Medio derribado, conserva la mesa y los I r ni hos, de mayor altura el del centro que debía I I tl.l' 111 Ilt n Migu 1. La luz entra por dos ventaniras que dan al I() In pu r • qu V nl poniente. Mi conclusión sería que 111 itu I o irvló .omo las otra del yermo, para el retiro I 1 I i nllo fraile rmit: ñ , sino exclusivamenteill o n umplidr m noma morada y ata1\ 1 ¡YO San Migu 1 prot in la omunidnd. to I J(, 1 ¡oj. I qu lic I prOJ 6 ito ti 1 monte il Mi h 1 I 1\ I n p rilI 1 Non nnI 1 I 11 I¡ tui I i ÍI , I • il () ino que

Si este gran español hubiera conocido nuestro monte con ti capillita, ésta le habría evocado a su San Miguel normando, pue situada como él a gran altura, casi a la mitad del camino que 011 duce de la tierra al cielo, atrae sobre sí en tiempos de turbulcn [n toda la furia de los elementos. Como en Francia, no hay en cllu imagen o reliquia alguna, pero en noches de tormentas parece 01110 si acecharan a su alrededor legiones de demonios que dcsafian \1 vigilante arcángel a salir en defensa de su torre y a entablar '0111bate, irrumpiendo a la cabeza de sus ángeles en el aire e nv " in. nado de la noche. La gran batalla entre el bien y el mal es iniciada. Arribr 'IHIt chocan espadas produciendo destellos de luz electrizante qu ' unu 11 1 zan con estallar la bóveda celeste, quebrando su-cristal de IlIdo \ lado. Abajo, la ermita recorta con su parda silueta la luz d lo relámpagos y el viento y la lluvia se enlazan en furioso, tot h ·1111111 que resbalan y muerden las duras agujas de los pino y 11, I'()". Pasada la batalla, un silencio espeso como tinta nI () I 1 I cielo y los demonios se repliegan, embozados en sus alns, 1 arn 11111 1 girse vencidos en las tinieblas, mientras la claridad nnur 'j 1 1 01 por el oriente. El cielo, aún estragado por el combatc{ 11" (1111 gotas de rocío y el arcángel San Miguel, claro como o luz 0111, busca su ermita y se quita los arreos mientras des 'i 'nd 1 j 11 lo caracolas de nubes.

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