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Zaffaroni Eugenio Raul - Criminologia ion Desde Un Margen

Zaffaroni Eugenio Raul - Criminologia ion Desde Un Margen

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Las controversias en el campo criminológico tienen —y han tenido
siempre— tal entidad, que no son pocos los autores que niegan su existencia
como saber autónomo, como "ciencia" y hasta como orden de conocimien-
tos más o menos válidos.
Por otra parte, entre quienes admiten su existencia o, al menos, no
la niegan radicalmente, la asignación de contenidos y la clasificación de
los mismos adquieren variables muy importantes.
Cada una de estas respuestas diferentes tiene un significado, o bien,
cobra significado a la luz de las relaciones con el poder. Para comprenderlos
no basta con enunciarlas y describirlas, sino que es inevitable considerarlas
en sus respectivos contextos. Para ello, será necesario seguir el curso histórico
de estas respuestas, que es lo que haremos más adelante. Aquí, lo único
que nos interesa de momento, en una primera aproximación rudimentaria
y casi ingenua, es tratar de saber si existe eso que llamamos "criminolo-
gía", y luego, ver si por medio de la respuesta que dimos al problema de
su existencia, podemos acercarnos a una delimitación conceptual previa.
Teniendo en claro el propósito de nuestra búsqueda, no nos perderemos
en una maraña de opiniones que, mostradas fuera de contexto, nos llevaría
a una selva sin salida, sino que, para nuestro propósito actual, simplificare-
mos
las respuestas que se han dado en una tipología cuyo criterio ordenador
será, primariamente, su vinculación con el poder.
El objeto de esta simplificación, que por ser tal no resulta en definitiva
verdadera, sino que tiene mero valor didáctico, es demostrar que la existencia
de la "criminología" puede afirmarse o negarse tanto desde posiciones que
cuestionan el poder como desde otras que no lo cuestionan o que lo legitiman,
esto es, que la afirmación o la negación de la "criminología" no sirven,
por sí mismas, para cuestionar ni para legitimar el poder, pues las respuestas
pueden tener sentidos diferentes.

a) Respuestas que no cuestionan el poder. Todas ellas dejan fuera del
ámbnx/de la "criminología" el estudio del "sistema penal" y mucho más

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INTRODUCCIÓN

la crítica ideológica al "sistema penal", o sea, al derecho penal y a las
instituciones que tendrían por objeto hacerlo efectivo.
En general, entienden que ese es un ámbito reservado a la sociología
del derecho y que, por ende, no incumbe a la "criminología", que debe
ocuparse de los datos fácticos acerca de las conductas criminales. Todo
este conjunto de teorías criminológicas que abarcan posiciones tan alejadas
entre sí como son el biologismo primitivo del siglo pasado y las investigacio-
nes sociales de campo limitadas (microsociológicas) de nuestros días, suele
englobarse bajo el rótulo de "criminología positivista" o de "paradigma
etiológico". No compartimos esas denominaciones, porque son equívocas:
no es recomendable extender el concepto de "positivismo" hasta hacerle
cubrir lo que no responde a esa corriente filosófica, porque es buena práctica
cuidar los nombres de las líneas de pensamiento filosófico general, puesto
que es lo único que nos permite orientarnos. El poder y el saber se vinculan
mediante estos pensamientos de máxima abstracción, que son los que nos
permiten visualizar en toda su dimensión el significado de una idea referida
a un campo particular del saber. Si perdemos esta necesaria semántica orien-
tadora, nos hallaremos totalmente confundidos. En cuanto a lo "etiológi-
co", si bien un sector ha manej ado estrictamente esta idea, en muchos autores
aparece matizada como "explicación", "análisis multifactorial", etc., con
lo cual, la idea de "causas de delito" se pone en crisis, aun dentro de estas
corrientes que se limitan al estudio de las "conductas criminales".
Cabe consignar que este conjunto heterogéneo de teorías reconoce cier-
tos límites difusos, particularmente porque en los últimos años se ha permiti-
do abrir algunas rendijas hacia el sistema penal (especialmente acerca de
su "efectividad") y porque la delimitación de las "conductas criminales"
se vuelve seriamente problemática, a causa del relativismo legislativo: las
soluciones a este respecto van desde la búsqueda de un delito "natural"
(el más clásico intento es el de GARÓFALO) hasta un manejo del concepto
jurídico con correcciones (HURWITZ), pasando por un doble uso, según las
circunstancias y objetivos (KAISER). De cualquier manera, la característica
principal de estas teorías es la de centrarla atención en las conductas crimina-
les (abarcadas con relativa independencia del concepto jurídico del delito)
y procurarles explicaciones, ampliándose eventualmente al sistema penal,
desde el punto de vista de su eficacia preventiva. Muy pocas dudas caben
acerca de que se trata de una actitud bastante legitimante del poder o que,
al menos, por su escaso margen cuestionador, no permite una crítica muy
profunda aunque pueden reconocer diversos matices, como veremos al anali-
zar sus variables en el marco de sus respectivos contextos históricos.
Los argumentos afirmativos pueden clasificarse dentro de cuatro co-
rrientes fundamentales.
Para la primera, la criminología sería la ciencia que
se ocupa de las conductas criminales consideradas como producto patológi-

co, en una gama de variables que van desde un biologismo genético más
o menos pronunciado, hasta una psiquiatrización del fenómeno.
Es obvio que la afirmación de la criminología como ciencia se desprende
aquí de la pretensión de un objeto reconocible "naturalmente" (usando

LA PROBLEMÁTICA EXISTENCIA DE LA CRIMINOLOGÍA

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natural en un sentido presuntamente descriptivo): es la ciencia que estudia
la conducta de hombres "diferentes".
En esta corriente pueden mencionarse
en el pasado a LOMBROSO —exponente más notable—, y más contemporá-
neamente, al neolombrosianismo de HOOTON en los Estados Unidos, la cons-
titución delincuencial de Di TULLIO en Italia, los trabajos derivados de la
biotipología de OLOF KINBERG, en los países nórdicos; etc.
Otra corriente centra básicamente su atención en lo social y, partiendo
de una idea de "integración", es decir, de una cierta unidad o armonía
cultural en la sociedad, distingue las conductas que se separan socialmente
de las pautas culturales, y, por ende, ¡a criminología sería la ciencia que
se ocupa de las conductas "desviadas".
Esta es la variable desarrollada
en los Estados Unidos, a partir del funcionalismo de MERTON, y en la que
puede mencionarse como un señalado exponente a MARSHALL B. CLINARD
La tercera corriente de respuestas afirmativas está representada por
la recepción de la clasificación neokantiana de las ciencias, en "ciencias
de la naturaleza" y "ciencias del espíritu". La criminología sería la ciencia
natural del delito, que se ocupa de los datos fácticos de ¡as conductas que
la ley define como "delito".
En este sentido se ha hablado de la criminología
como "ciencia causal-explicativa" del delito. El derecho penal, por su par-
te, como "ciencia del espíritu", se ocupa solamente de los aspectos normati-
vos del delito, esto es, de los presupuestos y del contenido de la pretensión
punitiva estatal. En definitiva, la "criminología" es "una" ciencia porque
su objeto se lo delimita otra "ciencia". En esta corriente puede citarse a
innumerables autores europeos y especialmente alemanes, entre los cuales
merece ponerse de relieve, por la claridad con que expone su punto de vista

a ERNST SEELIG.

La cuarta corriente sería la expresión de la tradición neopositivista o
del positivismo lógico, que ahora prefiere llamarse "cientificista" y que,
en general, se caracteriza por elaborar finamente en torno a la "epistemolo-
gía" y negar carácter científico a todo lo que no opere con sus conceptos
de "ciencia" y de método. Como corriente general va desde el llamado
"Círculo de Viena" hasta BUNGE. Cercano a esta corriente en América La-
tina, puede considerarse a CHRISTOPHER H. BIRKBECK. ES incuestionable que
la metodología que se exige para este concepto de ciencia no permite acceder
a ningún conocimiento macrosociológico. El conjunto de resultados de las
investigaciones microcriminológicas sería la ciencia criminológica, desde esta
perspectiva.

Como puede observarse, ninguno de estos cuatro modelos de respuestas
que afirman la existencia de la criminología como ciencia, pone en cuestión
seriamente al poder, por diferentes razones. En tanto que para la afirmación
científica sobre base patológica el delito es, al menos preponderantemente,
un fenómeno de patología individual, es necesario que el Estado lo controle.
Para la teoría de la desviación debe darse por sentado que hay un "modelo"
que no se cuestiona mayormente, aunque sea establecido con criterio estadís-
tico y de este modo se pretenda que es ajeno a la "valoración". El esquema
neokantiano acepta directamente la delimitación valorativa y, de esta mane-

8

INTRODUCCIÓN

ra, hace en definitiva de la criminología una "ciencia auxiliar" del derecho
penal. El cientificismo neopositivista desarticula de tal modo la realidad,
que resultará dividida en incontables "retazos de realidad" imposibles de
recomponer con cierto grado de abstracción. Por ende, el único peligro
que puede representar es el de que alguna de esas investigaciones puntuales
no coincida con el discurso del poder, pero su incapacidad para oponerle
otro discurso lo neutraliza inmediatamente.
Sin embargo, dentro del planteamiento neokantiano hay un peligro:
el campo de la "ciencia criminológica" está delimitado por el derecho penal,
pero el propio derecho penal, como "ciencia del espíritu", no se ocupa
del "hecho" del legislador, es decir, del hecho histórico de prohibir y de
penar una conducta.

Esto genera el peligro inminente de que en cualquier momento la crimi-
nología reclame como ámbito propio de su "ciencia natural" el aspecto
fáctico de la prohibición y la conducta del legislador pase a su campo. De
allí que se haya negado la autonomía de la criminología con los mismos
argumentos neokantianos1

. Obviamente, nos hallamos con una respuesta
que niega el carácter de "ciencia autónoma" a la "criminología" que para
nada aparece como apta para cuestionar el poder.
A un resultado análogo al de la negación neokantiana puede llegarse
por la vía del cientificismo epistemológico. Este puede llegar a pulverizar
a la criminología, basado en las diversidades metodológicas y de objeto
de sus investigaciones parciales, pudiendo afiliar cada una de ellas a una
disciplina o "ciencia" diferente. También aquí nos hallaríamos frente a
una negativa a la autonomía científica de la criminología que, en modo
alguno, resultaría apta para cuestionar el poder.

b) Respuestas que cuestionan el poder. En su oportunidad veremos
con mayores explicaciones cómo se realiza el proceso que va introduciendo
en la criminología a la maquinaria estatal que decide quién es delincuente
y quién no es delincuente, o sea, al sistema penal. Para la finalidad que
ahora nos proponemos, basta decir que en cierto momento, primero en
función del llamado "interaccionismo simbólico" y luego con la sociología
del conflicto, la criminología extiende su ámbito al "sistema penal" y con
ello pone de manifiesto el funcionamiento selectivo del sistema penal, el
clasismo, el racismo, su irracionalidad en cuanto a los fines que le asigna
el discurso jurídico y, en definitiva, la íntima conexión con el poder. De
la "criminología" centrada en la "conducta criminal" se pasó a la llamada
"criminología de la reacción social" (ANIYAR DE CASTRO, ROBERT). Las ten-
dencias cuestionadoras del poder se han clasificado de muy diversas maneras,
pero, en general, suelen distinguirse la llamada criminología "liberal", la
criminología "crítica" y la criminología "radical", aunque los límites no
sean muy precisos y frecuentemente se las englobe como "nueva criminolo-

1

WILHELM SAUER, 1933; en la Argentina, SOLER, quien al negarle autonomía afirma-
ba que era una "hipótesis de trabajo" en la que se efectúa la convergencia de varias ciencias
con sus.métodos propios.

LA PROBLEMÁTICA EXISTENCIA DE LA CRIMINOLOGÍA

V

gía", pese a que también esa denominación se reserva ocasionalmente a
un sector de la misma (TAYLOR, WALTON, YOUNG), O se excluye de ella a
la "criminología liberal".
En definitiva, este conjunto de corrientes se inicia con el interaccionismo
—que es un movimiento en cuyo origen puede reconocerse la marca del
pragmatismo de JAMES— y luego va derivando hacia una gama de autores
que, en mayor o menor medida, van recibiendo elementos del marxismo
o afiliándose a distintas corrientes o versiones del mismo, aunque ninguna
de ellas corresponde al marxismo institucionalizado (la criminología de los
países socialistas sigue sus propios caminos). A medida que se cumple este
proceso, si bien no se lo explícita —al menos por regla general—, se va introdu-
ciendo una suerte de "anticriminología", que guarda cierto paralelismo con
la "antisiquiatría", lo cual, por otra parte, era casi una consecuencia necesaria
de un proceso de demistificación, puesto que, como luego veremos, el control
penal y el psiquiátrico siguieron caminos ideológicos bastante paralelos.
En general, la criminología que, partiendo de la delimitación más o
menos convencional —por así llamarla— de la criminología, sigue un planteo
epistemológico, observa que este es un discurso que, al no cuestionar el
sistema penal, lo legaliza (o "legitima", como suele decirse), esto es, lo
consagra "científicamente", y que, sin embargo, el sistema penal es una
de las formas del control social, que ese control social se halla en directa
relación con la estructura de poder de la sociedad y, por último, que esta
corresponde a un "modelo de sociedad". De esta manera, el horizonte episte-
mológico de la criminología se ensancha de tal forma que, en poco tiempo,
resulta inabarcable o disuelto.
Está muy lejos de nuestro ánimo emprender la defensa de la "autonomía
científica" de la criminología, postular el retorno a sus límites neokantianos
y, ni siquiera, afirmar el carácter científico de buena parte de sus contenidos.
Simplemente advertimos que una disolución radical de la criminología o
una expresa "anticriminología" radical, desemboca en una esterilidad prácti-
ca, pues no nos ofrece ninguna alternativa a la realidad presente. Por supues-
to que puede darse una respuesta: la única alternativa es una nueva sociedad,
en la cual las relaciones de poder sean completamente distintas. Implícita-
mente, en tanto esa nueva sociedad no advenga, no tendríamos otra alternati-
va que la lucha política general, pues cualquier mejora en el sistema penal
no sería otra cosa que una reafirmación del control y, por consiguiente,
una tentativa reaccionaria, legitimante, que en definitiva demoraría el adve-
nimiento de la única alternativa posible.

Cabe advertir que esto no es lo qué postula la criminología de la "reac-
ción social" en general, pese a las disparidades que puede haber entre sus
cultores, salvo algún caso aislado de infantilismo político.
No obstante,
en la medida en que su "horizonte de proyección" se extienda cada vez
más, esta ampliación va perjudicando su claridad y su fecundidad.
Este neokantismo criminológico tenía un límite epistemológico claro
(o pretendía tenerlo), mientras que la criminología de la reacción social
demuestra su artificiosidad, hace estallar ese límite falso y pone de manifies-

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INTRODUCCIÓN

to su funcionalidad para el poder. En este sentido opera como "criminología
de denuncia", lo cual es saludable. Pero a ello, el neokantismo criminológico
responde: "Este límite puede ser más o menos artificial, pero es necesario
mantenerlo, porque, de lo contrario, no queda límite alguno y lo único
que resta es un puro discurso político". Frente a esta objeción, la criminolo-
gía de la "reacción social" aún carece de una respuesta uniforme, aunque

todos tenemos la certeza de que la disyuntiva entre "criminología con límites
neokantianos o mero discurso político
sin posible traducción práctica", es
absolutamente falsa.

La imposibilidad de nada práctico resulta legítimamente y algo parece
estar fallando cuando la crítica deslegitimante tiene consecuencias legitiman-
tes. En la otra forma de control social que siguió un sendero paralelo, en
la psiquiatría, hace ya varios años que se observó que no bastaba con quedar-
se en el plano de la crítica ideológica, pues hay quienes aceptan como evidente
la función controladora y pletórica de subjetivismo ideológico que cum-
ple la psiquiatría tradicional, pero que deben operar en el campo de la psi-
quiatría y demandan soluciones a los problemas cotidianos2

.
Este recorrido nos ha permitido demostrar que, en cuanto queremos
hacer de la criminología un conocimiento que nos permita trasformar una
realidad (la realidad acerca de una forma de control social), ni la afirmación
neokantiana o cientificista de la criminología (ni la negación de esta por
iguales caminos) ni la negación misma por disolución, resultan útiles. No
obstante, esta conclusión presupone algunos elementos en los que es necesa-
rio detenerse para despejar el camino (o "método"), o bien, para eliminar
ciertos prejuicios intelectuales.

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