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Alessandri Agitador y Demoledor I Ricardo Donoso

Alessandri Agitador y Demoledor I Ricardo Donoso

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RICARDO DONOSO

AGITA OR Y DEMOL D O R
Cincuenta años de historia política de Chile

i

Tierra Firme

COLECCION

TIERRA

FIRME

RICARDO

DONOSO

5 4

ALESSANDRI,
agitador y demoledor

Ricardo Donoso, el conocido investigador de las ideas políticas en Chile, nos ofrece ahora, en este nuevo volumen de la Colección Tierra Firme, u n retrato acabado de A r t u r o Alessandrij el célebre h o m b r e público sudamericano, y a través de él rehace la vida política de su país en las primeras décadas de nuestro siglo, q u e es, en parte, la historia de la tragedia del régimen parlamentario de t a n aciago destino en toda Hispanoamérica. Este libro no es u n a mera biografía. A r t u r o Alessandri f u é u n h o m b r e representativo. Es el prototipo d e esa personalidad q u e tanto ha florecido en A m é r i c a para mayor desgracia de sus instituciones democráticas. Provino de la clase media burguesa, q u e tuvo que disputar el dominio político a la aristocracia liberal y conservadora nacidas de la Independencia. Participó en los movimientos q u e lucharon por d e f e n d e r la tradición democrática y llevar a sus últimas consecuencias las premisas f u n d a mentales d e la organización republicana. D e fendió la independencia y las prerrogativas de las instituciones q u e salvaguardan por el equilibrio entre los poderes la pureza de las verdaderas democracias. Pero en u n m o m e n t o determinado, esas mismas instituciones se convir-

COLECCION

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Primera edición,

1952

Copyright by R i c a r d o D o n o s o Inscripción e n C h i l e n ú m . 14.635 Impreso y hecho en México Printed and made in México

RICARDO DONOSO

AGITADOR y DEMOLEDOR
Cincuenta política años de de historia

Chile

I

F O N D O DE CULTURA ECONÓMICA
México - Buenos Aires

El pueblo que n o ama la verdad es el esclavo' natural de todos los malvados,
MAQUIAVELO.

P R Ó L O G O Sería necesaria la vigorosa y patética pluma de un Balzac para trazar la historia de la familia Alessandri, que desde la oscuridad más sombría se elevó a las cumbres del poder, la riqueza y la influencia. Seguir la huella de esa trayectoria apasionante constituye el propósito de esta obra, que abraza u n largo período de la historia política de Chile. No pequeñas dificultades tiene que encarar el historiador para descubrir la verdad y exhibirla con crudeza: el material con que trabaja, máxime si se trata de aspectos de la vida contemporánea, no puede ir más allá del utilizado tradicionalmente (testimonios escritos, memorias, cartas, documentos, discursos, procesos judiciales, declaraciones de testigos), estándole casi del todo vedado el acceso a las fuentes de información de las instituciones vinculadas a la vida económica. En la compleja vida política contemporánea, en la que ésta no es más que la expresión de la lucha de círculos e intereses económicos, el historiador tiene que limitarse, en este aspecto de su labor, a formular sólo conjeturas, pues si le estuvieran expeditos los caminos para estudiar los antecedentes de la actividad económica y financiera, todo el tinglado político, con sus pomposas declaraciones doctrinarias y de bien público, se vendría estrepitosamente al suelo, aplastado por lá reveladora y decisiva influencia de los factores económicos. Propósito principal d e estas páginas es el d e estudiar la personalidad, la actividad y la influencia del señor Alessandri en la vida de la nación: por eso se rastrea el origen de la familia, desde la llegada a Chile de su fundador, para determinar la' persistencia de los rasgos psicológicos y morales a través de tres generaciones. A Alessandri le tocó actuar e intervenir en una época de transición: desde el punto de vista político, iba á ser el sepulturero del parlamentarismo y echar las bases de un nuevo régimen político, que se caracterizaría por la dictadura legal del Ejecutivo, del todo reñida con la cultura política, con lá evolución ideológica y con las conveniencias nacionales; mientras que, desde el ángulo de la evolución social, su advenimiento al poder señalará la caída de la aristocracia y la conquista del poder político por la clase media1. Factores sociales, económicos y psicológicos explican el advenimiento de Alessandri al poder: por eso, nada puede ser más seductor para el escritor que poner de relieve los rasgos psicológicos predominantes que caracterizan la personalidad del político. Entre esos rasgos hay algunos que se destacan firmemente: en primer término, la pasión por el poder, la tendencia absorbente y predominante a ejercer el mando, para lograr lo cual no retrocederá
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ante ningún medio ni tendrá ningún escrúpulo: de aquí su obra esencialmente demagógica y demoledora, halagará a las masas y soliviantará al populacho; mientras de otro lado introducirá la política en los cuarteles y utilizará a los cuerpos armados como instrumento de su ambiciones políticas. Entre los rasgos psicológicos característicos de su personalidad, la egolatría ocupa un papel fundamental: tiene la más alta idea de sí mismo, de su penetración y de su dominio sobre los hombres. Los elogios que recibió a través de su carrera política, los fantásticos ditirambos que se entonaron a lo largo de su vida borrascosa (recuérdese el Enviado, calificativo con que lo exaltó la febril imaginación de doña Inés Echeverría), crearon en él una especie de segunda naturaleza que lo hacía mirar con el más olímpico desprecio a sus adversarios y competidores, y como a usurpadores audaces a cuantos aspiraban a ocupar el primer cargo político de la nación. La adhesión incondicional que le manifestaba la numerosa clientela política que se formó en los largos años de ejercicio del poder, integrada por hombres sin personalidad, que él sacó del anonimato par colocar en los más diversos cargos de lá administración pública, contribuyó a crearle un partido casi personal, dispuesto a servirlo en todas las circunstancias y a afianzarlo en la idea de su influencia avasalladora. N o menos acentuada aparece en su personalidad psicológica la carencia de convicciones: lo único que le interesaba erá el poder, el mando, el dominio: de aquí su versatilidad, el ir y venir de un lado a otro, hoy del brazo de los conservadores y mañana de los radicales y de los demócratas; un día se proclama católico fervoroso y al siguiente ingresaba a la masonería para atacar a la Iglesia; en alguna ocasión hablaba de sus ideas liberales y de su ateísmo, y en otra arrojaba flores al paso de la imagen de la Virgen durante la procesión del Carmen. En su histrionismo, las ideas le interesaban sólo como medio de obtener la adhesión de determinados círculos para la conquista o la conservación del poder político. Nada más opuesto al temperamento y a la idiosincrasia del chileno que la psicología de Alessandri, en quien predominan por sobre todo la sensibilidad, el histrionismo y la insinceridad meridionales. Carente de toda vida interior, prevalecen en él los rasgos del advenedizo, con sus manifestaciones de desenfrenado exhibicionismo, vulgaridad y plebeyismo. Todo lo que toca, enfoca o alude está marcado con una vulgaridad aplastadora, fácil de captar para las mentes ignaras y llegar al corazón de las masas analfabetas pero impresionables. Nada le resultaba más insoportable que el anonimato y el apartamiento de la vida privada: de aquí su afán constante de figurar, de exhibirse, de meter la mano en todo, desde las instituciones literarias hasta los organismos vinculados a la vida económica. Había en su temperamento, en

PRÓLOGO

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su actitud mental y en su actividad, toda la pasta de los grandes aventureros, llámense ellos Cagliostro, Jacobo Casanova, Mussolini y, en menor escala, Natalio Botana. Derribado del poder no ahorrará esfuerzos ni medios para recuperarlo: intrigará, conspirará desde el extranjero, y ya reintegrado al seno de la patria, quebrantará nuevamente la disciplina de los cuerpos armados, en su frenética pasión por el mando, para vestirse la túnica, como lo h a n hecho otros incorregibles anarquistas a lo largo de la historia, del restaurador de las leyes y del régimen constitucional. Ya en el ocaso de su vida aparece como rasgo predominante de su acción el nepotismo, utilizado como herramienta de predominio e influencia política. N u n c a se había visto antes, en la historia de Chile, sacarle intereses más usurarios al capital político. A lo largo de su borrascosa existencia aparece como predominante su labor de agitador y demoledor d e las instituciones, como quedará prolijamente puntualizado en las páginas que siguen. Parecería ocioso discutir en esta oportunidad si Alessandri f u é o no u n estadista: el largo ejercicio del poder n o justifica en manera alguna el elevarlo a esa categoría. Estudiada con detención y serenidad su actividad, ella no pasa d e ser la de u n político oportunista, hábil para captar las corrientes ideológicas predominantes, sin que le anime ninguna idea grande, trascendente, enaltecedora. Ninguna idea profunda, ninguna preocupación absorbente, caracterizan su labor, inspirada sólo en el pensamiento de acometer las impostergables cuestiones del día. Entre los rasgos de su personalidad se destaca igualmente su desenfrenado histrionismo: es un actor, que pone tal acento de sinceridad y emotividad en sus palabras, en sus gestos, en sus actos, que el auditorio queda embobado; agregad á este rasgo la habilidad abogadil para exhibir los argumentos favorables a su causa, y tendréis el retrato de un político sudamericano de nuestro siglo, que utilizó sistemáticamente la simulación y la falsedad como herramientas de acción política. Su temperamento meridional, emotivo, impresionante, impulsivo, le diferencia substancialmente de sus antecesores, fríos, serenos y circunspectos, animados del fervor por el servicio público, Alessandri amaba apasionadamente la vida y el poder: el primer lugar de sus afectos lo ocupaban sus amigos, a quienes se esforzaba en servir, y su familia, que colocaría en una situación de preeminencia, mientras no vacilaría en deprimir y perseguir a sus enemigos. Muy penoso resulta para el escritor tener que exhibir las características de su personalidad moral, que lo sitúan a tan bajo nivel de sus antecesores, su afán constante de engañar, de tergiversar, de falsear; su inclinación a rodearse de gentes insignificantes; su deliberado propósito de explotar las flaquezas h u m a n a s con claras finalidades políticas. En este aspecto su acción ofrece

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contrastes tan violentos con la de sus antecesores, un Montt, un Pinto, un Santa María, que no puede menos de arrancar airadas expresiones de patriótica indignación de la sensible pluma del historiador, ¿Qué quedará de obrá de Alessandri? Sólo la posteridad podrá dar respuesta a esta interrogación, pero, hasta lo que va corrido del presente sigld? podemos afirmar con certeza que la única de sus obras que aparece con caracteres más perdurables es lá Constitución de 1925, cuyos antecedentes y características se analizan con detención en las páginas que siguen, Por lo que dice relación a las fuentes de esta obra ellas se señalan con precisión en las páginas correspondientes y en la bibliografía final que cierra este largo trabajo. El autor ha tenido la fortuna de disponer de las memorias, hasta ahora inéditas de algunos políticos contemporáneos, que en hora oportuna compusieron y de lo que no hay más que motivos para alegrarse, en un país tan frío como Chile y tan poco inclinado a esta clase de confidencias, Tendría que llenar muchas líneas si quisiera dejar constancia de mi gratitud a cuantas personas han cooperado a la redacción de estas páginas, medíante la entrega de documentos, cartas y testimonios contemporáneos. N o despreciable tarea ha significado lá de separar el grano de la paja, los aportes verdaderamente documentales de cuantas tonterías han visto la luz en letras d e molde en los últimos treinta años, pues debe tenerse en cuenta que Alessandri ha tenido, como otros personajes políticos americanos (Melgarejo en Bolivia, Porfirio Díaz en México, Leguía en el Perú, Gómez en Venezuela, para n o citar otros), muchos serviles adulones que le han tejido los más absurdos panegíricos y los elogios más disparatados.

Capítulo I DE T I T I R I T E R O A A G E N T E C O N S U L A R I Los historiadores han observado la pobre contribución de la sangre italiana a la formación de la sociedad chilena; sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XVIII vemos arraigados en el territorio nacional a algunas familias de procedencia peninsular: los Croce, en Talca, que pronto castellanizarían su apellido; don Paulino Trávi, en Santiago, que fuera amigo de don Ambrosio O'Higgins; un Gallo, en Copiapó; don César Balbianí, capitán de ingenieros en Valdivia; y algunos Manterola, Soffia y Ferrari en Santiago y Valparaíso. D e allí a poco, con la apertura de los puertos al tráfico marítimo internacional, esa corriente inmigratoria tomó considerable incremento, y en calidad de marineros, comerciantes trashumantes o cómicos de la legua, arribaron a las playas chilenas una legión d e aventureros, hombres de rompe y rasga, dispuestos a conquistar el diario mendrugo con laborioso esfuerzo. Entre ellos aparece, en los días de lá administración de don Bernardo O'Higgins, don Pedro Alessandri, joven de más de veinte años de edad, incorporado en calidad de comparsa en una partida de artistas de circo o titiriteros. 1 U n precioso documento que se ha conservado en nuestros archivos nos permite determinar lá fecha y la condición en que el volatinero Alessandri pisó el territorio nacional. Dice así:
Razón de los entrantes y salientes q u e ha tenido la República el 15 de abril hasta el 30 de dicho inclusive. 1821.
ENTRANTES

D. D. D. D, D. D. El D. D. D. D.

R u m u a l d o Núñez, comerciante d e Mendoza Federico Farinoli, italiano, oficio carpintero^ Colin Machencie, inglés „ „ • Procedentes de Buenos Aires Nicolás Ruffo, de Francia „ „ J F e r n a n d o Rojas, comerciante de Buenos Aires. Juan Godoy, comerciante de Mendoza. Dr. D . M a n u e l José Bargas. C o n f i n a d o por el Sup. Gobierno. Vuelve a su pais. Marcos Riley ) Juan Callaghan [ Comerciantes ingleses d e Mendoza. Francisco Pita, c o n f i n a d o por el Sup. Gobierno. V u e l v e a Chile. M a n u e l de la Iguera, confinado por el Sup. Gobierno. Vuelve a Chile. 11

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D. D. D. D. D. Fr.

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Antonio González, europeo, confinado por el Gno. de Coquimbo. Vuelve. Leonardo Ramos y D. Dionisio Albarracin, de Mendoza, a su país, Chile. Antonio Calle, comerciante de Mendoza. Lorenzo Sapiain, minero de Mendoza, a su país, Chile. Tomás Cabrera, comerciante de Quillota, vuelve a su país de Mendoza. José Cobarrubias, lego de San Francisco, a su convento, procedente de Buenos Aires. D.-Juan Manuel Harbin, europeo, comerciante de Buenos Aires. D. Solano Quintana, comerciante de Buenos Aires. D. Pedro Alexandri. J D. Félix Tiola. /Italianos, Artistas o Titiriteros. D. Juan Balento. 1 D. Pedro Román. " D. Juan José Brabo, oficial del Ejército del Perú, a Chile, su país.
SALIENTES

D. D. D. D.

Emanuel Bajardo, a Buenos Aires, comerciante. Vicente Zorraindo, a Mendoza, comerciante. Tomás Neuton, comerciante inglés, a Buenos Aires. Pedro Sosa, a su país, Mendoza.

Es posible que el volatinero ¡Alessandri viajara con su comparsa, por ese entonces, a Buenos Aires, pues dos años más tarde encontramos una nueva referencia a su persona, esta vez calificándosele d e escultor, en la que se hace un retrato físico del aventurero. Día 26 de abril. Pedro Alessandri, procedente de Buenos Aires, patria Italia, edad 27 años, soltero, escultor, estatura más que regular, color blanco, ojos pardos, nariz afilada', boca pequeña, frentudo, cara ancha, picada de viruelas, cabellos, barba y cejas castaños. D e sus primeras actividades en Santiago puede señalarse el establecimiento de unos baños públicos, que ha recordado el memorialista Zapiola. "Los baños de cal y ladrillo no fueron conocidos hasta que Alexandry, escribe, abrió, por los años 20 o 21, un pobre establecimiento de este género, tras el cerro Santa Lucía, en la calle de Mesías, con agua sucia". 2 La casa de baños se fundó a fines de 1823, y no en la fecha apuntada por Zapiola, en sociedad con don José Miguel Echenique. "Las obras que se han emprendido y costeado, declaraban ambos socios en 18 de mayo de 1824, para establecer en dicho sitio los baños nombrados de Santa Lucía, se han hecho también con dinero d e los mismos otorgantes, puesto por iguales partes, y los que en lo sucesivo se emprendieren deben costearse en los mismos términos". 3 N o fué de larga duración la actividad de Alessandri en Santiago, ya que dos años más tarde se le halla avecindado en Valparaíso. Vientos de próspera o adversa fortuna soplaron a esos cuatro aventureros, que el azar de las circunstancias juntó un día: mien-

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D o n P e d r o Alessandri llega a Chile e n calidad d e t i t i r i t e r o . 1821

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tras de Román y Valento no quedó huella duradera, arrastrados en el anonimato d e la gran corriente de la vida, Alessandri encaró el destino con ánimo levantado, mientras a Tiola, vuelto a la Argentina algún tiempo después, le jugaría u n a trágica partida la suerte. A l arreciar la lucha contra la dictadura de don Juán Manuel de Rosas a fines de 1841, se asoció a Antonio Somellera, que dibujaba las caricaturas para el periódico Muera Rosas, que apareció desde el 23 de diciembre hasta el 9 de abril d e 1842, en Montevideo, y que redactaban 'Cañé, Juan María 'Gutiérrez, Mármol, Echeverría y otros. Somellera y Tiola recibían luego el semanario y lo distribuían entre los amigos, arrojándolo por las noches a los zaguanes de las casas, pero, descubiertos por la policía, Somellera logró huir a Montevideo, mientras Tiola f u é detenido y fusilado. 4 Parece que por esta misma época se instaló en Valparaíso. C o n clara visión de las posibilidades económicas q u e ofrecía el puerto, se lanzó d e lleno en la vida de los negocios, en la q u e le acariciaron los vientos de la esquiva fortuna.
El señor Alexandri, comerciante avecindado en Valparaíso, se lee en el Correo Mercantil e Industrial de 25 de abril de 1826, c o m p r ó a bordo de la fragata francesa Viajante una factura d e joyería. Ayer sacó a tierra u n gran cajón de collares con sus respectivas sortijas y aretes, que venían muy bien acondicionados en cajitas empajadas y guarnecidas por dentro con cristales y algodón. Pero, (¿quién lo creyera?) al abrir estas cajitas se encontró que los collares y aretes colocados sobre cristales eran de frejoles agujereados y enhebrados con u n hilo m u y ordinario. El señor Alexandri propuso al vendedor le diese una octava parte del dinero en que le había c o m p r a d o el cajón, y que se lo devolvería íntegro; pero, negándose éste a admitir la propuesta, el c o m p r a d o r tuvo la prudencia de concluir este incidente de su negocio, diciéndole: —Mi amigo, si los frejoles n o estuvieran agujereados, los podría vender por almudes y resarciría en parte mi pérdida. C u a n d o U d . vuelva otra vez, sírvase traer la joyería de frejoles sin agujerear, q u e p u e d e n servir para sembrar o comer, mientras que estos collares y aretes pienso tirarlos a la calle. 5

A principios de ese mismo año había comprado el bergantín Levante de 210 toneladas, en la suma de seis mil pesos, que vendió pocos meses más tarde a don José Melián, haciendo u n a ganancia no despreciable.® El recién llegado era natural de Pisa, d u c a d o de Toscaná, hijo de Francisco Alessandri y de Teresa Farri. U n negocio que seducía al espíritu de iniciativa y aventurero de los comerciantes de Valparaíso, y que n o dejaba' de ofrecer sus riesgos, era el de la compra y pesca de perlas en las islas d e Otaheti. D e aquí provino la organización de u n a sociedad para acometer lá empresa, que se dividió en acciones, y d e la que formaron parte los señores José M a n u e l Cea, José María Fernández, Pedro Alessandri, Enrique Duvert, A n t o n i o Vergara, Ramón José Díaz, Gerónimo Acosta, Francisco Javier Urmeneta, Juan Vives,

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José Domingo Otaegui, Matías López, José Melián y Antonio Ramos. La sociedad reunió un capital d e nueve mil pesos, del cual se invirtieron cinco mil en la adquisición de la goleta Terrible, y se hicieron otros gastos destinados a repararla y ponerla en condiciones de hacerse a la vela. Fué puesta bajo' el mando del capitán Teodoro Oblestt, quien llevaría como sobrecargo a don Juan Jiménez, y se destinó una partida del capital a la adquisición de objetos aparentes para congratular a los naturales y comprar con los mismos, las perlas, conchas y nácar que constituían el objetivo del tráfico. Los empresarios obtuvieron que se diera a la goleta patente de corso, por lo que hubo necesidad de armarla', a fin de que, de no resultar provechosa la pesca y compra de perlas, se dirigiera a las costas de Manila, en las Filipinas, a fin de atacar a las naves mercantes que enarbolaban el pabellón español. En caso de resolverse a hacer el corso, debía el capitán elegir, de entre los naturales de las islas de Otaheti, hasta cuarenta hombres. De lo que se obtuviera en la expedición de corso una tercera parte sería para la tripulación, capitán, sobrecargo y piloto y las otras dos terceras partes para los empresarios. 7 Pero parece que fué en su carácter de armador y naviero en el que el comerciante peninsular iba a incrementar más rápidamente sus recursos, pues desde 1827 lo vemos como propietario de la goleta Terrible, destinada a hacer el tráfico entre los puertos chilenos y peruanos. El barco cambió en breve su nombre por el de Volador, y en él se acomodaron 26 camarotes. El valor del pasaje era de seis onzas de Valparaíso al Callao, y la mitad desde la costa peruana a Chile. El gobierno, considerando ventajoso el proyecto, pues el armador tenía el propósito de que el barco hiciera seis viajes al año, otorgó a Alessandri, por decreto de 4 de setiembre de 1827, la exención del pago de derechos de tonelaje, anclaje y papel sellado para licencia y cabeza del registro, y además le abonaba u n real por cada carta que condujese. s Por esta fecha vivía el comerciante en una casa de propiedad del estado, llamada El Clave, que arrendaba por una módica suma. 0 Al año siguiente Alessandri se asoció con un comerciante de Guayaquil llamado don Joaquín Avilés, con quien formó una sociedad con un capital de 30.000 pesos, e hizo extensiva la carrera de su barco hasta el puerto de Guayaquil. Avilés declaraba que, "hallándose con bienes de fortuna y deseos de aumentarlos en especulaciones comerciales", deseaba comprar un barco para hacer viajes de Valparaíso a Guayaquil. El capital social se invertiría, no sólo en el buque, sino también en la adquisición de efectos convenientes al mercado de aquel puerto fluvial. Alessandri' quedaba encargado de comprar los efectos en Valparaíso, corriendo a cargo de Avilés la misión de enviar otros de retorno, especialmente cacao. Alessandri aportaba la goleta Voladora, valuada en

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seis mil pesos, y la sociedad tendría dos años de duración, prorrogables de común acuerdo entre los socios. El barco n o podría venderse sino de común acuerdo, ni fletarse en viajes de la costa abajo, sino únicamente destinarse a los viajes de Guayaquil a Valparaíso, tocando en los puertos del Perú. 10 A principios de 1829 adquirió de la firma Portales, Cea y Cía. la fragata' Resolución, que destinó al comercio de cabotaje con los puertos del sur, especialmente Talcahuano, donde cargaba trigo. Por esta misma fecha trató de desprenderse de otro pequeño barco que tenía, un bergantín que había bautiza'do con el nombre d e Napoleón,, 11 lo que solo logró algunos años más tarde. Pero, como la vida de los negocios mercantiles era menos complicada que la del armador, renunció de allí a poco a sus empresas navieras y consagró toda su actividad al comercio: liquidó la sociedad con Avilés y vendió el Napoleón y la Resolución.12 Los vientos de la próspera fortuna lo estimularon a afrontar nuevos negocios y esta vez tendió la vista a los d e propiedades: haciendo cruentos sacrificios, tomando dinero a interés, construyó una casa con almacenes, a principios de 1830, en la quebrada del Almendro, que vendió rápidamente al año siguiente. • Tuvo por esos días la intención de trasladarse a Santiago y ofreció en arriendo su casa. "Pedro Alessandri avisa al público, rezaba un aviso de El Mercurio de 31 de enero de 1832, que con motivo de retirarse de este puerto por algún tiempo, arrienda su casa de altos con almacenes donde vive, la que tiene las más grandes comodidades y firmeza para los temblores. El que quiera podrá verla, para tratar con el mismo dueño." Este propósito no fué duradero y de allí a poco se encontraba de nuevo en el puerto entregado por entero a sus tareas mercantiles. II En los relatos d e los viajeros y de los memorialistas del siglo pasado ha quedado el recuerdo del pobre aspecto1 material que ofrecía Valparaíso en los primeros veinte años que transcurrieron desde la declaración de la independencia: el caserío era misérrimo, con una que otra casa de altos en el Puerto y muy contadas en el Almendral, sin pavimentación, y con un alumbrado deplorable. Las calles quedaban intransitables en el invierno y en el verano se levantaban nubes de polvo, que se metía hasta el último rincón de las casas. Hay muy pocas informaciones para apreciar el monto de la población, pero hacia 1822 el padre Camilo Henríquez la hacía llegar a más de veinte mil habitantes. La actividad mercantil cobró después de la independencia grán incremento, comenzaron a arraigarse los traficantes ingleses y bostoneses, y un considerable número de aventureros, portugueses e italianos, vieron las posibilidades que se ofrecían á Valparaíso para

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el comercio de toda la costa del Pacífico. A través de las actividades comerciales a que el titiritero Alessandri se entregó con ardor vamos a ver las modalidades que ofrecía el comercio porteño por esos años. En su almacén el laborioso hombre de empresa comerciaba con toda clase de mercaderías, artículos de primera necesidad, como el trigo, la harina y el tabaco, y los productos manufacturados, y sus actividades se extendían a la costa del Perú, remontaban a Bolivia y llegaban hasta Centro América, Australia y Nueva Holanda. Basta recorrer los instrumentos públicos que otorgó para seguir la huella de su actividad laboriosa. Así, en octubre de 1831, protestaba de que los tabacos que le envió don Casimiro Balcázar, desde Lambayeque, en el bergantín Elisa, habían salido malos y no se habían podido vender. 13 Al año siguiente, 1832, vemos que liquida una sociedad que había formado con su concuñado don Francisco Javier Guzmán, relativa' a una expedición mercantil que éste había llevado a Bolivia, de cuenta y riesgo de Alessandri. Ese mismo año protesta, en escritura de 2 de agosto, de los procedimientos del señor Ivés Dutertre, residente en Costa Rica d e Centro América, quien se había comprometido a comprar una cantidad de palo Brasil de cuenta de ambos y remitirla a Europa para su venta, "faltándome en un todo al compromiso, pues no m e escribe una sola letra en el particular." U n tráfico que era altamente lucrativo, como hasta' hoy día, era el de paños, y parece que en él obtuvo Alessandri cuantiosas utilidades. Por un instrumento de 11 de diciembre de ese mismo año habilitó a don José María Tagle para abrir en Santiago, por el término de un año, una tienda de paños, géneros para chalecos y bretañas. Tagle debía trasladarse a Santiago, alquilar una tienda en buena situación y consagrar toda su actividad a su atención. N o debía vender al fiado a nadie y llevar tres libros: uno de diario, otro para las facturas y un tercero para sus gastos. La extensión de sus negocios llegaba hasta Iquique, donde tenía corresponsales. Resuelto a no quedarse apoltronado en el puerto, a fines de 1838 vemos que hizo un viaje a Coquimbo, a bordo del bergantín Percibran, y con esta ocasión otorgó poder a los señores Bringas y Sánchez para que, a su nombre, recibieran los fondos que vinieran de Sydney, en Nueva Holanda, como producto de la venta de una partida de harina flor enviada en el bergantín inglés Vulture. III Resuelto a ampliar el giro de sus actividades comerciales, y ante el creciente desarrollo del comercio porteño, se decidió Alessandri a emprender un viaje a Francia, en los primeros días de 1839.14

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Ya en junio siguiente lo encontramos en tratos mercantiles con la casa Berteche, Bonjean y Chesnon, de París, la que le abrió un cuantioso crédito en telas, que pronto daría margen a un engorroso pleito, pues habiéndose negado el comerciante italiano a pagar las facturas, aquéllos procedieron a protestar los pagarés correspondientes.
U d . sabe el origen de nuestras relaciones con el señor Alessandri, escribían los comerciantes parisinos a su corresponsal en Valparaíso M. Félix Fauché; vino a nuestra casa r e c o m e n d a d o por u n amigo de quien hacemos la más alta estimación; él mismo estaba precedido de la reputación de h o m b r e de honor, y de poseer una fortuna laboriosamente adquirida. Esta recomendación, la consideración de que gozaba el señor Alessandri, f u e r o n para nosotros títulos a nuestra confianza; y al instante le hicimos la propuesta de u n crecido crédito que él aceptó, Nos c o m p r ó sobre muestras en que convino cierta cantidad de fardos de paños, q u e según nuestras facturas de 30 de junio y 22 de setiembre de 1840 era de u n valor de 103,148 francos.

En mayo siguiente, 1841, hallamos a Alessandri de nuevo en Chile, entregado por completo a sus trabajos mercantiles. Parece que por esta época pensó nuevamente dedicarse á las actividades de armador, y adquirir un buque de vapor para hacer el tráfico entre Valparaíso y Constitución, pará lo cual había obtenido el privilegio correspondiente. Efectivamente, por escritura de 18 d e junio de 1842, echó las bases de una sociedad con don Francisco Videla y la firma Fauché Hermanos, que se llamaría Compañía de Vapores Chilenos, con un capital de 60,000 pesos, dividido en acciones de 2,000 pesos cada una, y que tenía por objeto la navegación al puerto del Maule y sus caletas adyacentes. La sociedad tendría diez años de duración y podría aumentar su capital a 150,000 pesos. A esta sociedad traspasó Alessandri el privilegio que había obtenido, por lo que se le reconocía el derecho a disfrutar de una renta de 10,000 pesos anuales, a deducir de las utilidades. Pero f u é con la cuantiosa mercadería que trajo de Francia con lo que logró ampliar la extensión de su giro e incrementar rápidamente sus intereses, que le dieron una destacada situación en el mundo comercial del puerto. Así, vemos que por esta fecha' no se ocupa más que de recaudar los intereses que tiene repartidos desde Copiapó hasta Lima, otorgar fianzas y atender su negocio. 15 Disfrutando ya de un crecido caudal y habiendo formado una familia, consideró llegada la hora d e optar por la nacionalidad chilena, que le otorgó la Municipalidad porteña, de acuerdo con las disposiciones constitucionales en vigor, en sesión de 6 de julio d e 1842.16 Por esos días realizó u n viaje al Perú, que indudablemente no obedecía más que a propósitos comerciales. C o n fecha 14 de febrero de 1843, los señores Fauché Hermanos, "vecinos y del co-

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mercio de esta plaza", otorgaron una fianza a su favor a fin d e que no tuviera entorpecimiento en la ejecución d e su viaje, y el mismo día otorgó u n poder a don Rafael Valdés, "por tener que ausentarse de esta República para la del Perú, y siéndole necesario dejar u n a persona que lo represente", le confería poder general. La liquidación de las cuentas con la casa Berteche f u é muy laboriosa y se arrastró durante algunos años. "Hacia el vencimiento de sus pagarés, decían aquéllos a su corresponsal Fauché, recibimos de él una carta, de 4 de diciembre de 1841, en la que nos transmitió expedientes que había hecho levantar d e algunos fardos solamente, y apoyándose en su contenido, nos ofrecía por cancelación d e los 72,000 francos, 40,000 francos con el interés del 6 % al año, desde el 30 de abril de 1842." A fines de 1842 el corresponsal que tenía Alessandri en París, E. Leyraud, le escribía en carta de 13 de diciembre: " N o tengo nada absolutamente que decirte de nuevo; el asunto de los paños está siempre durmiendo, los señores Chesnon y Compañía quedan calladitos, pero con todo esto no dejan de acordarse siempre, aunque no digan nada. Veremos lo que dirán al recibir la contestación a la carta que te escribieron." Empeñados en recibir el total de su crédito, ante las proposiciones que les hizo Alessandri de una rebaja, se negaron terminantemente a todo arreglo, y en mayo de 1843 hicieron protestar todos los pagarés que había firmado el comerciante porteño. A l año siguiente los negocios tomaron muy mal aspecto: las casas de París tenían muchas órdenes de compra desde Chile, pero ante las dificultades para recibir el importe de las mercaderías resistían porfiadamente toda remesa.
No podemos quedar por más tiempo en una posición intolerable, escribía la casa Berteche a su corresponsal Fauché el 22 de octubre de 1844, no podemos tampoco consentir en las increíbles pretensiones del señor Alessandri; por su parte, debe sentir la necesidad de cumplir con nosotros, y recurrimos a la benevolente intervención de U d . para llegar a la conclusión amistosa de este negocio. Dejamos a un lado toda idea de especulación a expensas nuestras por parte del señor Alessandri; es una sospecha injuriosa para él que n o podemos admitir; se trata de u n negocio comercial importante en que la lealtad debe estar de ambas partes; y si nos dirigimos a sus buenos oficios, es para tratarla directa y amigablemente, o para decidirlo por árbitros, que lo juzgarán amistosamente y en último recurso. Si el señor Alessandri rehusase tratar directamente y a lo amigo, si rehusase en fin, lo que no podemos creer, sujetarse a árbitros, tendríamos la prueba cierta de q u e quiere, hacer una especulación. C o n t r a tan odiosa intención, no tenemos ni armas ni argumentos de que proveer a Ud., si estuviésemos reducidos a sufrir una expoliación de esta naturaleza sería de desesperar de la conciencia y justicia h u m a n a s . Esperamos que se nos hará justicia en los mares del sur, y que se demostrará que todo el ruido, todo el estrépito que se ha hecho, n o tenía otro objeto que el de expoliarnos descaradamente.

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Es de imaginar la preocupación de los comerciantes franceses, que a cuatro mil leguas de distancia se veían víctimas de una audaz especulación, sin más armas que su buen derecho. "Esperamos que se nos hará justicia en los mares del sur", clamaban angustiados, y, a decir verdad, el comerciante porteño se vió burlado en sus propósitos de expoliación. El juicio ejecutivo se planteó ante el Tribunal del Consulado de Valparaíso. Para entender en él otorgó Alessandri poder a don Rafael Valdés el 3 de diciembre de 1845, y como viniera en apelación a la Corte de Santiago, designó apoderado a don Bartolomé Montero. En opinión de la casa Berteche, la cuenta corriente de Alessandri, ajustada al 30 de abril de 1845, ascendía a 86,867 francos. El apoderado de aquélla cobraba al comerciante porteño la suma de 72,000 francos, procedentes de letras aceptadas por Alessandri en Marsella, el 12 de diciembre de 1840, valor de mercaderías, con vencimiento al 30 de abril de 1842. Al cambio de la época la suma cobrada alcanzaba a 15,157.89 pesos. Vuelto el expediente a Valparaíso, el pleito terminó con una transacción, cuyos detalles no se conocen. 17 IV Pero en ninguna especulación anduvo más afortunado el antiguo titiritero que en la relativa á la construcción del teatro de Valparaíso: ahí estaba en su elemento, pisaba en terreno propio y se movía con facilidad. Según el señor Anrique, el primer teatro que tuvo el puerto se hallaba inmediato al castillo de San Antonio, y no pasaba de ser un rancho con techo de paja, edificado a fines del siglo XVIII. Pero, después de la Independencia, en 1823, don Domingo Arteága inició la construcción de uno en el edificio que había empezado el convento de San Agustín, pero habiéndose subastado el predio por el gobierno, el animoso empresario se quedó sin teatro. En opinión del historiador del teatro en Valparaíso, don Roberto Hernández, esa iniciativa no fué más que un remedo de teatro, pues apenas si allí se dieron algunas funciones de títeres. Lá primera idea de Alessandri fué la de construir un teatro en Santiago, para lo cual presentó una solicitud al Ministerio del Interior, en la que ofrecía erigir uno digno de la capital, "y que la creciente civilización del país hace cada día más indispensable", en el sitio comprado por lá Municipalidad para el objeto, que se comprometía a terminar en el plazo de tres años. El empresario tendría el usufructo del edificio durante doce años, al término de los cuales el Cabildo le reembolsaría el valor de la construcción y recuperaría el inmueble. 18 Pasada la solicitud a conocimiento de la Municipalidad, ésta la discutió en sesiones de 20 de mayo, y en las siguientes de 15 de

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julio, 2, 5, 23 y 27 de agosto de 1842, aprobó las bases del contrato, sin que más adelante quedara constancia de las causas del fracaso de la negociación. A fines de 1842, Alessandri y don Pablo del Río, antiguo Oficial Mayor de la Comisaría de Ejército y Marina, unido con él por antiguos vínculos, pues ya le había servido d e fiador al ser nombrado para su empleo en 1829, formalizaron ante la Municipalidad una propuesta para la construcción de u n teatro, que fué favorablemente informada. El acta d e 13 de enero del año siguiente consignaba lo siguiente: "Constituida la sala en comisión, pará convenir con los señores don Pedro Alessandri y don Pablo del Río acerca de las bases bajo las cuales se proponen construir un teatro permanente en esta ciudad, se oyó una exposición del señor Alessandri, demostrando las ventajas de su propuesta presentada anteriormente, y habiéndose retirado, después de alguna discusión sobre los nuevos términos en que debía concebirse, la sala consideró de nuevo el asunto, que previa la competente consulta y aprobación del Supremo Gobierno debía accederse a la petición d e Alessandri y del Río, bajo las siguientes condiciones. . . " 18 Con las modificaciones que se introdujeron por decretos supremos de 4 de febrero y 23 de marzo, las bases principales, reducidas a escritura pública el 20 de junio, disponían lo siguiente:
Art. 1* Alessandri y del Rio construirán de su cuenta y riesgo en esta ciudad una casa de teatro, capaz de contener en su platea, palcos y galeria o cazuela, con la comodidad necesaria, dos mil personas a lo menos, y la conservarán p e r m a n e n t e m e n t e en el ejercicio a que es destinado, d e modo que en ninguna época carezca el público de tan útil distracción. Art. 2° La Municipalidad cede a Alessandri y del Río el terreno que tiene y posee la ciudad en la Plaza de la Victoria, situada entre la cárcel y la casa de abastos, el cual se compone de 35 varas al frente de dicha plaza, 33 varas hacia el mar, 77 varas hacia el Este y 70 hacia el Oeste. Art. 3" Alessandri y del Río disfrutarán del terreno sin gravamen alguno pecuniario durante quince años, contados desde el día que se extienda y firme esta escritura, transcurridos los cuales deberán pagar a la Municipalidad seiscientos pesos anuales, esto es, u n interés de u n cinco por ciento anual, sobre el capital de doce mil pesos que se calcula valdrá el terreno para aquel tiempo. Art. 4 ? A más del pago anual de seiscientos pesos indicado, Alessandri y del Río se comprometen a dar cada año, desde que el teatro principie a funcionar, u n beneficio a favor de la Municipalidad, cuyo producto se destinará, a juicio de la mencionada corporación, a aquel de los establecimientos de beneficencia que actualmente existen o en adelante existieren en esta ciudad y que tuviesen más urgente necesidad de la aplicación de dicho producto. El mencionado beneficio deberá tener lugar en el día que la Municipalidad lo pida, por la Compañía y pieza de exhibición que ésta señale de entre las que funcionen en el establecimiento. 2 0

Por escritura de 4 de julio d e 1843, se formalizó la sociedad entre Alessandri y del Río, comprometiéndose ambos a "asistir personalmente, y con la mayor continuación posible, a la construcción

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del teatro, que ambos han contratado con la Ilustre Municipalidad de esta ciudad, y a obrar de acuerdo en todo lo concerniente a esta empresa. 2° Alessandri y del Río pagarán por mitad todos los gastos que cause la empresa, para lo cual se hará un balance mensual." Los trabajos se iniciaron de inmediato y de acuerdo con los compromisos contraídos, cimientos y murallas deberían estar concluidos en enero siguiente. El 2 de noviembre ambos socios suscribieron con don Pedro Clureaux, autor de los planos, el contrato de construcción, debiendo entregarse la obra el 15 de abril. El honorario del constructor se fijó en $ 5.500, más un palco a su elección en la cuarta fila. La obra progresó rápidamente y ya para fines de año estaba casi terminada. "La obra del teatro se acelera, escribía El Mercurio de 24 de octubre; numerosos obreros y artistas, pintores, carpinteros, doradores: todos a porfía trabajan en su conclusión. Por las mañanas y a la tarde está aquello lleno de curiosas visitas, que á la verdad salen satisfechas y admiradas de la brillante combinación con que allí se ostenta lo elegante y lo cómodo." Desde antes de la terminación de la obra, el animoso empresario procuró tener en su poder el texto de algunas obras que pudieran representarse. En carta de 17 de junio de 1844 su corresponsal Leyraud le escribía desde París: "Me alegro de ver que tu teatro va adelantándose. Voy a ver modo d e mandarte las piezas de comedias y tragedias en francés. Ya te he dicho que aquí no se encuentran piezas en castellano, sino cosas viejas," Apenas terminada la construcción de la obra sus propietarios procedieron a vender varios palcos, dentro de una modalidad que ha desaparecido, y que les produjo ingentes utilidades. Así, por escritura de 28 de octubre, vendieron un palco a don Enrique V. Ward, quien tendría la propiedad absoluta de él, y en consecuencia no se vería en la necesidad de hacer erogaciones por funciones ordinarias ni extraordinarias, ni por beneficios de ninguna especie en "representaciones dramáticas, líricas u otra cualquiera. Podrá así mismo alquilarlo, prestarlo y venderlo, pero en este último caso los empresarios serán preferidos." En vísperas de la inauguración del teatro, los empresarios solicitaron se les eximiera de la obligación de proporcionar entrada gratuita a las autoridades, a lo que el Intendente, general Prieto, no accedió. Elevaron entonces del Río y Alessandri una solicitud al gobierno, en noviembre de 1844, pidiendo la revocación de lo dictaminado por la Intendencia y que se dispusiera que ninguna autoridad estuviera exenta de pagar el valor de su entrada. El Ministro del Interior, don Manuel Montt, después de pedir informes al Intendente y al fiscal de la Corte Suprema de Justicia, dictó un decreto, que lleva la fecha de 12 de diciembre de 1844, en virtud del cual se estableció "que los empresarios del teatro

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de la Victoria en Valparaíso no puedan hacer uso de la licencia que se les ha concedido para abrir este establecimiento sin que franqueen, sin remuneración alguna, la entrada a los individuos de la Municipalidad y les destinen un palco decente, como está ordenado por el decreto de 19 de noviembre del intendente de aquella provincia." Bien a regañadientes se inclinaron los empresarios a dar cumplimiento a lo mandado, poniendo a disposición del Municipio un palco, pero el Intendente les exigió que pusieran a disposición del cuerpo edilicio un palco doble de los que vendían al público, que debía estar aislado de los demás por sus correspondientes tabiques. [Aun cuando los interesados protestaron y alegaron que se les imponía una contribución excesiva, lá autoridad se mantuvo firme en el cumplimiento de lo dispuesto. 21 El teatro se inauguró el 16 de diciembre de 1844, para lo cual los empresarios hicieron ir de Santiago la Compañía Lírica, contratada para una temporada' de 60 funciones. La prensa no les regateó elogios, y así El Mercurio escribía al día siguiente: "Los señores de la empresa merecen sin duda el mayor elogio. Ellos, con la conciencia del poco brillo que la perspectiva del negocio les presenta, no han perdonado medio por dar al teatro de Valparaíso toda la capacidad, todo el lujo, toda la perfección que podía apetecerse en u n teatro levantado para una capital y para un pueblo del gusto más desenvuelto". 22 Desde entonces desfilaron por el escenario del Teatro de ía Victoria toda clase de espectáculos, que ha reseñado con prolijidad el laborioso historiador del teatro en el puerto, don Roberto Hernández. Entre los viajeros que por entonces visitaron Valparaíso figuró Jacques Aragó, quien no escatimó elogios al ya acaudalado empresario, recordando sus modestos comienzos de titiritero,
Monsieur Alessandri, escribió el viajero, ha pasado por allí; pero ¿quién es M. Alessandri? Aventurero intrépido, lleno de bondad, como Colón de quien es compatriota; pobre, pero como él rico de esperanzas, se dejó caer sin contar para vivir más que con sus dedos, y u n surtido completo de marionetes. Es poco, ¿verdad? ¡Pues bien! Ha sido lo suficiente a M. Alessandri para llegar a ser en pocos años poseedor de una magnífica fortuna. Las pesetas se cambiaron en pesos, los pesos en onzas, y, sin ser desdeñados, los títeres pasaron a dormir en la antecámara. Todo se encadena aquí abajo: los monicacos, que merced a un hilo agitan los brazos y las piernas, preceden a las marionetas, éstas a los saltimbanquis y, en fin, éstos a los payasos: bien sabemos que de bufones han salido artistas de renombre. Alessandri llegó, pues, a ser sin ninguna dote, agraviado como yo, objeto de una sólida reputación, creador por . el pensamiento de un teatro rival de los más hermosos de Europa. En los corazones bien puestos un proyecto concebido es un hecho realizado. Pintores, arquitectos, decoradores, fueron invitados a la fiesta; se les hizo venir de París, de España, de Italia. Alessandri tomó la empresa y muy pronto Valparaíso tuvo u n monumento. Yo debía estas

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líneas al hombre que ha comprendido que las artes son una riqueza nacional; nada puedo decir de su familia, distinguida, elegante, instruida, sino que se la ve radiante de dicha, y que se la deja con sentimiento. 2 3

Desde entonces el teatro comenzó a rendir al empresario cuantiosas utilidades, lo que lo movió a desentenderse de algunos negocios mineros que había afrontado, 24 y entregar parte de la atención de sus asuntos a su hijo político don Juan Lagarrigue, con quien organizó una' sociedad en comandita. 25 Por esos años, 1851, la empresa sufrió algunas modificaciones, pues compró la mitad de ella, perteneciente a del Río, don Vi' cente Balbastro, argentino, en opinión del señor Hernández, y casado con una señora quillotana de deslumbrante belleza'. Dos años más tarde, por escritura de 21 de febrero de 1853, vendió Alessandri la mitad de su parte a don Juan José Uribe, vecino de Copiapó, en la suma de quince mil pesos. La Municipalidad había autorizado la transferencia en sesión de 18 de febrero. Tres años más tarde, 1854, cumplidos ya los sesenta, Alessandri, quebrantado por su vida laboriosa y aventurera, se desentendió del todo de los negocios teatrales y otorgó poder al canciller del Consulado de Cerdeña, Alfonso Cinelly. para que "entendiéndose en un todo con las empresas o compañías, que quieran o tengan que hacer en dicho establecimiento, firme contratos u otros arreglos que juzgue convenientes a los intereses del poderdante. Por último, que su dicho apoderado administre en un todo el mencionado establecimiento, con la amplitud de facultades de que el señor poderdante usaría si su persona f u e s e . . . " 20 El teatro ruvo un final dramático: se incendió el 26 d e setiembre de 1878. El señor Hernández reproduce en su libro citado una antigua fotografía en la que se puede apreciar toda la magnitud que tuvo el edificio. Los últimos años de su vida, sin desentenderse del todo de los negocios, los consagró Alessandri a las tareas consulares, pues obtuvo el nombramiento de Cónsul 'General de Cerdeña en Chile. Con fecha 4 de abril de 1851 se le expidió el exequátur correspondiente, con residencia en Valparaíso. La actividad del Consulado no era muy considerable, de modo que apenas sí encontramos eco de ella en la documentación de la época. En nota de 2 de enero de 1852 expresaba Alessandri al Ministro de Relaciones que serios cuidados domésticos le habían privado de contestar una nota que le dirigiera, y aprovechó la oportunidad que se le ofrecía para felicitarlo por la terminación de la guerra civil. Con su salud ya seriamente quebrantada inició la liquidación de los intereses que tenía en provincias, y en 1853 otorgó poder general para la atención de sus negocios a su hijo político don Juan Lagarrigue. 27 Habiendo experimentado una larga enfermedad, y

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animado del deseo de variar de residencia', pidió autorización al Ministerio para designar cónsul interino a su hijo político, lo que fué aceptado. Desde entonces, y viendo cercano ya el fin de sus días, no se preocupó mas que de poner en orden sus negocios: en 8 de junio de 1854 vendió la barca A lianza, por haber muerto uno de sus dueños, a don Enrique Cornish, naviero, residente en Constitución; otorgó poder para cobrar los arriendos de la casa que tenía en Santiago; vendió u n a mina que tenía en el mineral del Romero, en la provincia de Atacama, y dió por cancelados algunos pequeños préstamos personales. En enero de 1856 sufrió Alessandri un serio percance con el incendio total de su casa de Santiago. Poco después se interesó vivamente ante su amigo el Presidente Montt en que favoreciera los proyectos de su compatriota don Juan Siccardi para el establecimiento de una fábrica de loza. N o carecen de interés las dos cartas que dirigió a ese magistrado sobre el particular, y que dicen así:
Valparaíso, 17 de julio de 1856. Muy señor mío y de mi mayor aprecio: C o n f o r m e a lo que hice a Ud. presente en la noche de mi despedida, obtuve que don Juan Siccardi, fabricante de lozas y porcelanas, abandonara el buque que debía llevarle a Lima y se dirigiera a esa capital, para proponer la traslación en Chile de la fábrica que posee en el Piamonte. Aseguro a Ud. que por el poco tiempo que he conversado con él, y visto sus diplomas y medallas, y por los informes que acerca de él he adquirido, m e llenan de satisfacción en poder ofrecerlo como digno, por su honradez y capacidad, de toda la confianza de Ud. Él no pide ningún adelanto ni otra recompensa, sino cuando todos sus útiles de fabricación y sus 25 mejores obreros toquen estas playas. Considerando a Chile como mi segunda patria y por consiguiente deseoso de verlo progresar, m e sería muy grato que u n conciudadano mío fuese el que primero introdujera en él esta nueva industria en la época presente tan notable por sus progresos. El señor don Francisco Solano Pérez está encargado de presentarlo a Ud. y de ser su intérprete y consejero, para que no caiga en manos de alguno que explote para sí el talento de este hombre sencillo, pero de mérito y honrado. Sírvase Ud. ponerme a los pies de su señora y disponer de éste su sincero amigo y obsecuente servidor Q.S.M.B.
PEDRO ALESSANDRI

Señor don Manuel Montt. Valparaíso, agosto 11 de 1856. Muy señor m í o y de mi mayor aprecio: En cuanto recibí la estimada de Ud., fecha 5 del corriente mes, hice presente a don Juan Siccardi las observaciones que U d . se sirve manifestarme sobre la necesidad de que dicho señor designe los fondos que solicita del Gobierno como auxilio para completar los que su establecimiento exige, y le recomendé al mismo tiempo limitase lo más posible su demanda. Con este motivo he tenido con el señor Siccardi varias entrevistas (a las que ha asistido el señor don Victorino Garrido, quien, debiendo dirigirse a ésa próximamente informará a U d . verbal mente sobre el particular) y de ellas ha resultado la nueva exposición que recibirá U d . al mismo tiempo que la presente.

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C o m o U d . lo sabe, mis deseos en este asunto no tienen más micas que el adelanto de Chile en la industria fabril; y crea U d . que n o pierdo oportunidad a fin de atraer a este país a hombres inteligentes y de provecho, sobre todo en la clase obrera. N o m e extenderé más sobre este asunto, pues q u e la vista de la citada solicitud y lo que el señor Garrido manifieste a U d . sobre el particular pondrá a U d . al corriente de si la exposición de Siccardi puede ser acogida favorablemente por el Supremo Gobierno; y si U d . lo cree conveniente, el señor Siccardi no tendrá embarazo de pasar a esa capital a ponerse a las órdenes de U d . a fin de dar más explicaciones sobre dicho asunto. Suplicaré a U d . sí, de que dado el caso de que U d . considerase inadmisible la solicitud de Siccardi tuviere U d . a bien manifestármelo a fin de que el interesado no se perjudique demasiado en la demora consiguiente. Me es grato reiterarme de Ud., con el mayor aprecio, su muy aftmo. y atento servidor Q.S.M.B.
PEDRO ALESSANDRI

N o dejó de formular reparos a esta iniciativa gubernativa don Pablo Pauliny, quien tenía establecida ya una' fábrica de loza, que parece no llevaba marcha próspera. El Presidente tomó el asunto con interés y por una ley de 14 de octubre de ese año obtuvo se autorizara al Ejecutivo para que, previo el contrato respectivo y las seguridades correspondientes, pudiera proporcionar a don Juan Siccardi u n a cuadra de terreno y u n préstamo d e 10.000 pesos para plantear en el país una fábrica de porcelana. En carta de 12 de diciembre, decía el Ministro de Hacienda, don Alejandro Vial, al Presidente: "Se ha prevenido a los Ministros de la Tesorería que inserten en el contrato que debe extenderse con Siccardi la cláusula que V, E. se sirvió indicarme." Desde 1854 había entrado en funciones, con el carácter de Vice Cónsul, don Francisco Alfonso Cinelly, y al año siguiente recibió plenos poderes para concluir u n tratado de amistad, comercio y navegación. El tratado fué aprobado en 1856, y canjeado el 6 de marzo de 1857, días antes de lá muerte del negociador. Por eso la Memoria de Relaciones Exteriores de 1857 decía lo si' guiente:
El tratado de amistad, comercio y navegación entre la República y S. M: el Rey de Cerdeña, que aprobasteis en vuestras pasadas sesiones, ha sido can' jeado en Santiago el 6 de marzo del presente año, poco antes del lamentable fallecimiento del señor Alessandri, plenipotenciario n o m b r a d o al efecto.

Alessandri, que había sido condecorado con el título de Caballero de San Mauricio v San Lázaro, fué acreditado con el carácter de Encargado de Negocios para la firma d e ese pacto. Por u n a de esas ironías en que es pródigo el destino, apareció suscribiendo el primer pacto entre Chile y el Reino d e Cerdeña el antiguo titiritero, elevado al rango diplomático tras cruento y laborioso esfuerzo. Su muerte, ocurrida el 31 de marzo de 1857, dió motivo a una elogiosa nota del Ministro Camilo Cávour dirigida al gobierno de Chile, concebida en estos términos:

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Ministerio de Relaciones Exteriores. T u r í n , 9 de agosto de 1857. Dolorosa ha sido para el Gobierno del Rey la muerte del caballero Alessandri que, en sus funciones de Cónsul General de Cerdeña, y cumpliendo con entera fidelidad e inteligencia las instrucciones que se le pasaban, promovió siempre entre el Gobierno de S. M. y el de la República de Chile las excelentes relaciones a que el Tratado recientemente concluido con su intervención ha dado una nueva y solemne consagración. En los testimonios de honor decretados por las autoridades de la República al caballero Alessandri y en el lamento u n á n i m e de los diarios de Valparaíso, ve el Gobierno del Rey, n o menos que un elogio al mérito del difunto, una prueba de la armonía de sentimientos que existe entre ambos países y de benevolencia hacia la Cerdeña. Me congratulo de poder dar las gracias a V. E., en nombre del Gobierno del Rey, por estas demostraciones de simpatía, y deseoso de poder designar por sucesor del caballero Alessandri otra persona n o menos digna y n o menos grata al Gobierno de esa República, aprovecho esta oportunidad para expresar a V. E. los sentimientos de mi alta consideración. El Ministro
C. CAVOUR

VI Viendo cercano el ocaso de sus días, el animoso comerciante otorgó su testamento el 13 de enero de 1857. Después de las declaraciones de rigor sobre el nombre de sus padres y de haber contraído matrimonio con doña Carmen Vargas Ba'quedano, dejaba constancia de que "ella ni yo llevamos caudal alguno al matrimonio", y que todos los bienes habían sido adquiridos durante la sociedad conyugal. Sus bienes consistían en su casa de Valparaíso, en la parte que le correspondía' del teatro, en una casa en Santiago, ubicada en la calle Huérfanos esquina de A h u m a d a , algunas barras de minas, muebles, vajilla y carruajes. La casa d e Valparaíso se tasó en poco más de 58.000 pesos, lá parte que tenía en el teatro en 11.749 pesos, el palco a que igualmente tenía derecho en 3.500 y la casa de Santiago en 138.000. En su matrimonio con doña Carmen Vargas, tuvo por hijos a d o ñ a Aurora, casada con don Juan Lágarrigue; a doña Elcira, casada con don Carlos Mendeville, y a don Pedro Alessandri y Vargas, menor de 21 años y mayor de 16 a la fecha de su muerte, De la reseña biográfica anterior no es difícil destacar los rasgos psicológicos de la personalidad de Alessandri, que se acentuarán en sus descendientes a través de las generaciones: la audacia, el espíritu de iniciativa', la falta de escrúpulos, el histrionismo y la pasión por el dinero. D u r a n t e mucho tiempo persistió, en la tradición d e las sociedades santiaguina y porteña, el recuerdo del titiritero que, como en los cuentos de las Mil y U n a Noches, cambió su raída capa de peregrino por el suntuoso manto del caballero.

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NOTAS
1 Tiene dos acepciones, el que trae o gobierna los títeres, y el que hace piruetas en la barra, o sea el volatinero. No ha quedado en los documentos contemporáneos constancia específica del papel de Alexandri, como se le cita en sus primeros años de residencia en Chile, de las funciones precisas que ejercía. 2 Recuerdos de treinta años, p. 66 de la edición de 1945. a Notario Ignacio Torres, 1823-24, fojas 91-92 y 171 vuelta. 4 Historia de la nación argentina, tomo VII, "Rosas y su época", Buenos Aires, 1950, pág. 469. 5 Hernández, Roberto. Valparaíso en 182/, Valparaíso, 1927, pp. 50-51. 6 Escritura de 27 de junio de 1826. 7 Escritura de 12 de diciembre de 1826, ante Menares. 8 Hernández. Valparaíso en 1827, p. 261. 0 Escritura de 15 de noviembre de 1827. 10 Escritura de 15 de marzo de 1828. 11 Escrituras de 18 de agosto y 17 de noviembre de 1829. 12 Escritura de 28 de junio de 1831, poder a don Florencio Bello, vecino de Guayaquil, para que a su nombre transe y negocie la deuda de 5,662 pesos de don Joaquín Avilés. Poder de 26 de mayo de 1831 para la venta de la Resolución y de 6 de febrero de 1832 para la venta del Napoleón. Poder de 27 de agosto de 1833 a don Tomás Davis, residente en Inglaterra, para entender en todo lo relacionado con el seguro de la fragata Resolución, alias Aurora. 13 Archivo Nacional. Judicial de Valparaíso, legajo 3. Alessandri, Pedro, con Casimiro Balcázar. 14 Antes de emprender viaje, como era costumbre en la época, el emprendedor italiano otorgó su testamento, con fecha 2 de enero, ante José de Torres. En él se declaraba natural de Toscana, hijo de Francisco Alessandri y de Teresa Farri, ser católico y estar casado con doña Carmen Vargas y Baquedano, y tener por hijos a doña Aurora, doña Elisa y don Pedro Alessandri y Vargas. Declaraba igualmente tener dos hermanos: Vicente y Margarita, vecinos de Liorna. Tres días más tarde otorgó poder a don Félix Fauché, "para que a su nombre y representando su misma persona entienda en todos los asuntos que se le ofrezcan con el Supremo Gobierno de esta República, ínterin dure la ausencia del mandante." 15 Entre estos merece recordarse un cobro hecho a Carlos Ferrari, vecino de Copiapó, por $ 1.200, (poder, ante Martínez, de 22 de febrero de 1842) valor de un pasaje de Génova a Valparaíso, proveniente de una escritura en que se reconocía, extendida en Valparaíso el 22 de febrero de 1835. Ferrari expuso que en esa fecha él no contaba más que 19 años, que no tenía capital ni giro propio, y que se hallaba en casa de su padre Antonio Ferrari, sirviéndole como su primer dependiente en su establecimiento de café en Santiago, pero que efectivamente concurrió a Valparaíso a esperar a su familia que venía de Europa, y que para evitar los embarazos que el capitán del buque ponía para el desembarco, concurrió al almacén del señor Alessandri, donde firmó un documento por el valor del pasaje. Archivo Nacional. Judicial de Copiapó, legajo 133, pieza 3. 16 Hernández, Roberto. Los primeros teatros de Valparaíso, Valparaíso, 1928, p. 219. 17 Archivo Nacional. Judicial de Valparaíso, legajo 84, pieza 18. Expediente seguido por don Julio Bartolomé Bayer contra don Pedro Alessandri, sobre cobro d e pesos, 1845, y legajo 471, pieza 11, Testimonio del expediente

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ejecutivo sobre cobro de pesos seguido por el apoderado de don Adolfo Roux contra d o n Pedro Alessandri. A ñ o 1845. 18 Se publicó en El Araucano de P de julio de 1842. 19 Escritura de 14 de setiembre de 1829 ante Álamos. 20 Hernández, Roberto: Los primeros teatros de Valparaíso, Valparaíso, 1928, pp. 12Q-121. Se encuentra reproducido el contrato en el folleto que con el título Cuestión del teatro, imprenta del Mercurio, 31 pp., dieron a los moldes Alessandri y del Río en noviembre de 1844, para pedir la revocación de algunas providencias que el Intendente había dictado en relación con el funcionamiento del teatro. Archivo Nacional. Ministerio del Interior. Causas particulares. 1819' 1846. 22 Hernández, obra citada, p. 144. 23 Anrique, Nicolás. Ensayo de una bibliografía dramática chilena, Santiago, 1899, pp. 155-156. 24 Por esta época se desprendió Alessandri de algunos negocios de minas que tenía en Tocopilla, República de Bolivia: por escritura de 6 de agosto de 1845 vendió por sí, como apoderado de don Carlos Barroillet y en compañía de don Zenón Urbistondo, en la suma de 26,000 pesos, a la firma Naylor, Boardman, Oxley y Gemenll Harker y Cía., parte de la mina, y dos meses más tarde traspasó en 13.000 pesos, a la firma Agustín Hemenway y Cía., la parte que había conservado de la misma. Escrituras de 28 de julio, 6 de agosto y 18 de octubre de 1845. 25 Escritura de 20 de noviembre de 1849. 26 Escritura de 24 de noviembre de 1854, ante Victorio Martínez. 27 2 de diciembre, ante Victorio Martínez.

Capítulo II D O N PEDRO ALESSANDRI V A R G A S Y SUS HIJOS
No he de callar, por más que con el dedo, ya tocando la boca, o ya la frente, silencio avises, o amenaces miedo. ¿No ha de haber un espíritu valiente? ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? QUEVEDO, Epístola satírica y censoria.

El único hijo hombre del antiguo titiritero, Pedro, nació el 14 de marzo de 1838. La muerte de su padre lo sorprendió casi en la adolescencia, después de precarios estudios en el colegio de los Padres Franceses, hogar espiritual de los hijos de las familias acomodadas de Santiago. A la muerte de su padre se le adjudicó una casa situada en la calle Ahumada 1 , tasada en $ 63.270 y una cuota de $ 10.204. El 12 de octubre de 1859, cumplidos los 21 años, se habilitó de edad a fin de administrar libremente sus bienes. Deseoso de formar una familia, tres años más tarde otorgó poder a su cuñado Juan Lagarrigue a fin de que arrendara una propiedad agrícola, que fué la hacienda' de Longaví, al sur del pueblo de Linares, de la que se recibió el l 9 de octubre de 1862. El 1' de julio de 1863 contrajo matrimonio con doña Susana Palma Guz-mán, de su misma edad, hija de don José Gabriel Palma, que había alcanzado una posición destacada como magistrado y catedrático de derecho. Don José Gabriel Palma había nacido en Santiago en abril de 1794, del matrimonio del español Joaquín Palma y María de las Nieves Villanueva. Se recibió d e bachiller en leyes en octubre de 1817 y de abogado dos años más tarde. Incorporado en la magistratura, fué nombrado Ministro de la Corte de Apelaciones en 1843, y de la Corte Suprema de Justicia nueve años más tarde, por decreto de 23 de marzo de 1852. A la muerte del decano de leyes don Juan Francisco Meneses, en diciembre de 1860, como miembro más antiguo de la Facultad, entró a reemplazarlo en el carácter de vice decano, siendo designado para el decanato en propiedad, por un período de dos años, por decreto de 31 de julio de 1861, en los últimos días de la administración de don Manuel Montt. Por una ley de 3 de setiembre de 1863 se le abonaron veinte años de servicios, y cinco años más tarde, a raíz d e la acusación contra la Corte Suprema, enderezada a quebrantar la po29

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derosa influencia política de Montt, se le otorgó la jubilación por decreto de 7 de noviembre de 1868. En Longa'ví permaneció encerrado don Pedro Alessandri Vargas siete años de su vida. Allí crecieron sus tres primeros hijos, José Pedro, nacido en 1864, María del Carmen y Arturo, que vió la luz el 20 de diciembre de 1868. Dos años antes, en 1866, había renovado el arriendo de la hijuela de Membrillar de Longavi, propiedad de doña Luisa Urrutia. 1 Dos años más tarde, 1868, al término del arriendo, pensó en adquirir una propiedad agrícola en Talca, 2 negocio que no prosperó, pero por escritura de 31 de enero d e 1870 adquirió d e don Rodulfo Oportus y don Gabriel Vidal los fundos denominados Romeral, Pequen y Quilvo, que se hallaban contiguos y componían uno solo, en la provincia de Curicó, de más o menos 230 cuadras de extensión, en la' suma de $ 34.600. Pagó al contado la suma de $ 18.600 y el saldo reconociendo deudas e hipotecas, a cancelar en los cuatro años por venir. 3 Alessandri entró en posesión del predio al iniciarse la temporada agrícola de ese año y se consagró de lleno á sus trabajos. En los años siguientes compró a pequeños propietarios colindantes algunos retazos de terrenos que le permitieron agrandar su propiedad, y a principios del 73, habiendo prosperado sus negocios, estuvo en situación de adquirir de don Adolfo Moreno una hijuela denominada Paso Ancho, ubicada en San Pablo, de 70 a 80 cuadras, en la suma de $ 16.000. En los años siguientes, 73, 74 y 77, entusiasmado con la fertilidad de su fundo, adquirió otros pequeños predios colindantes, que le permitieron ensanchar la propiedad. A la sombra de sus aleros vieron la luz, por esos años otros tres hijos. Susana, Gilberto y Julia'. El gran conflicto de la guerra del Pacífico sorprendió al animoso agricultor entregado a sus pacíficas tareas, de las que no logró arrancarlo. Tras largo esfuerzo y duro batallar llegó el bienestar económico, lo que le permitió adquirir en 1882, en público remate, de la testamentaría de don Manuel Franco, en la suma de $ 35.000 un fundo denominado "Peñón", en la cuarta subdelegación rural de la misma provincia, que deslindaba con propiedades del señor Fernando Lazcano. Pero con la prosperidad económica vinieron también los quebrantos de la salud, y ante la necesidad de atender a la educación d e sus hijos, Alessandri Vargas pensó en trasladar su residencia a Santiago. En julio de 1885 adquirió de la sucesión de doña Isabel Riesco de Baeza, y de las señoras Emilia y Eulogia Baezá, una casa en la Avenida de las Delicias esquina de San Isidro, en 45.383 pesos.4 Sus negocios agrícolas siguieron prosperando y cuatro anos más tarde adquirió, en sociedad con el señor Emilio Lailhacar, en 36.000 pesos, de la sucesión de Manuel Barrios, el f u n d o denomi-

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n a d o " L a Pataguilla", ubicado en la u n d é c i m a sección rural d e la misma provincia. 5 Pero por esos días su precaria salud se acentuó y se vió en la necesidad de trasladarse a Santiago. Los últimos cinco años d e su vida fueron d e amargo dolor y lenta agonía: q u e d ó baldado, sin más consuelo que la lectura y las monótonas alegrías domésticas. A l desencadenarse el d r a m a d e la revolución d e 1891 el pobre inválido asistió a él como m e r o espectador: veía ya m u y cercano el fin de sus días y el 18 d e junio d e ese año otorgó su testamento. 0 Murió u n a ñ o más tarde, el 9 d e julio de 1892. A l morir, don P e d r o Alessandri dejó a su familia en m e d i a n a situación económica, situación q u e la incorporaba de lleno en la clase media. Desde el p u n t o d e vista social su posición era insignificante, al margen d e la vieja sociedad santiaguina, ya q u e sus dos hijas mujeres se encontraban casadas con extranjeros, u n a con el español Lagarrigue y la otra con el francés Mendeville. A la m u e r t e d e su padre, el mayor de los hijos, José Pedro, ya había obtenido el título de ingeniero de la Universidad del Estado, después de realizar sus estudios secundarios en el Colegio de los Padres Franceses. Desde su t e m p r a n a j u v e n t u d dió muestras d e sus aptitudes p a r a la vida económica: la sangre del abuelo estaba palpitante en los rasgos de su personalidad psicológica. Ya en 1893, poco después de la muerte de su padre, compró a sus hermanos parte de su herencia en lo q u e les correspondía d e la propiedad de la A v e n i d a Delicias con San Isidro. C o m o contratista de obras públicas realizó algunas secciones de la dársena de T a l c a h u a n o , parte del ferrocarril d e Aleones y el túnel del Árbol. " A n t e s se había dedicado a los negocios, escribe d o n Virgilio Figueroa en su Diccionario, y conseguido lo que constituyó la obsesión d e su j u v e n t u d y gran parte de su vida: hacerse millonario. T r a b a j ó en eso, empeñosa y tesoneramente, desde q u e obtuvo su título de ingeniero civil, geógrafo y agrícola, hasta q u e se ganó una f o r t u n a con la liquidación del Sindicato de Obras Públicas, que él f u n d ó y dirigió d u r a n t e varios años. En esa poderosa institución se reveló h o m b r e de empresa y d e grandes vuelos económicos, llegando á conseguir que se le diera buena parte d e la construcción del ferrocarril d e Arica a La Paz." Por escritura de 15 d e abril de 1910 compró a don Luis Gregorio Ossa el f u n d o San Gregorio de Ñuñoa, de 191 cuadras de extensión y siete lotes de terrenos en la n u e v a población d e Ñ u ñoa, en la suma de 1.910.481 pesos. 7 Esa propiedad, bautizada desde entonces con el nombre de chacra Santa Julia, en honor d e su esposa, hija de don Eulogio Altamirano, constituyó la sólida base de su cuantiosa fortuna. "Allí realizó obras de adelanto y transformación comunal q u e afianzaron su prestigio e incrementaron sus rentas, agrega el biógrafo citado. Ideó y abrió la A v e n i d a Mácul, vendió sitios a ambos lados, consiguió préstamos para todos

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los compradores, les hizo edificar chalets y palacetes de diversos estilos, y poco tiempo más tarde esa avenida, dotada de luz eléctrica, de tranvías y agua potable y corriente, era una de las arterias de progreso arquitectónico de Ñuñoa y Santiago y figuraba en los roles de avalúo por valor de decenas de millones de pesos." " A l mismo tiempo que realizaba esa obra colosal, apunta Figueroa, que habría arrredrado a otros menos emprendedores que él, erigía en el corazón mismo de Santiago, entre las calles de Huérfanos, Bandera, Agustinas y Morandé, la famosa galería Alessandri, que ocupa una manzana entera y que hace honor á la cultura material de un pueblo." Disfrutando de una crecida fortuna, el empeñoso hombre de negocios quiso condecorar su personalidad con u n cargo de representación popular, y en 1915 disputó con éxito la senaturía de Aconcagua á don José Elias Balmaceda. Pero era el desarrollo de la vida económica el que le interesaba más intensamente y fué en ese campo en el que tomó algunas provechosas iniciativas: así, f u é u n o de los primeros en pensar abrir el mercado norteamericano a los productos de la fruticultura chilena. Presidió en 1918 un Congreso Nacional de Lechería, propició la creación del Ministerio de Agricultura y en 1922 organizó u n á exposición de fruticultura que tuvo gran resonancia. Murió en noviembre de 1923. El segundo de los hijos de don Pedro Alessandri, doña María del Carmen, casada con Carlos Rencoret Avendaño, f u é muy desgraciada en su matrimonio y la protagonista de u n drama doloroso. En julio de 1901 se presentó a la justicia contra su marido, exponiendo que se había casado contra la voluntad de su familia, pero que Rencoret se portaba con ella como un tirano, dejándola abandonada en el campo, mientras él, á pretexto de negocios, se iba a los pueblos vecinos por largas temporadas, llevando u n a vida disoluta. Expresaba que Rencoret había gravado, sin su consentimiento, el f u n d o El Carmen, situado en Curicó, que le había correspondido por herencia paterna, y que además de ese tenía en arrendamiento otros tres fundos, llamados Quetequete, Huaico Bajo y El Cuadro, con lo que justificaba las largas ausencias que hacía de su lado. Agregaba que cuando el estado de su salud la hacía trasladarse a Santiago, la privaba de los recursos más indispensables para su subsistencia. Pero no pararon ahí sus pesares, pues por esos días lá agredió en plena calle, con escándalo de todo el vecindario. Esta escena bochornosa duró hasta altas horas de la noche, por lo que tuvo que pedir alojamiento en casa de u n á vecina, la señora Adela Urrutia. La calumniaba en su honor d e casada y de señora, "por lo que, roto todo lazo de unión entre él y yo, no cabe sino u n divorcio perpetuo." En una presentación al juzgado pedía se le otorgara divorcio temporal por cinco años, fundada en la avaricia

CUENTA JENERAL
DE LAS

ENTRADAS Y GASTOS
FISCALES
DE LA

REPUBLICA DE CHILE
BAJO EL RÉJIMEN DICTATORIAL

(De Enero a Agosto de 1891)

SANTIAGO DE CHILE
TlvriPIlIE^TT^ nsr^-OXOIsrJLL, M O N E D A . 1893 Portada de la Cuenta jeneral de entradas y gastos Santiago de Chile, 1893 federales, 112

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de Rencoret, o divorcio perpetuo, fundada en malos tratamientos, graves y repetidos, de su marido. "Mi mujer es enferma, decía a su vez el marido, padece de histerismo, y está expuesta, como toda persona histérica, a accesos más o menos agudos que perturban su tranquilidad y su criterio." En opinión del Dr. Ugarte, consultado sobre el caso, expresó que la estada de la señora en el campo resultaba imposible. El 23 de diciembre de 1901 se verificó un comparendo a fin de llegar a un avenimiento. Rencoret se comprometió a entregarle cuatrocientos pesos mensuales para sus gastos y toda la ropa de su uso personal y los muebles de su casa de Santiago, excepción hecha de los de comedor. El domicilio de la señora debería ser fijado por sus hermanos José Pedro y Arturo, debiendo elegirse un barrio distinto al de la calle Dieciocho, "para evitar la maledicencia del barrio y borrar todo resto de los sucesos desgraciados verificados en esa calle." Por resolución del juzgado de 27 de diciembre se aceptó un divorcio temporal por dos años, pero este acuerdo no fué de larga duración. "Circunstancias que por ahora no es del caso explicar, decían los hermanos en una presentación a la justicia, dificultan el cumplimiento de lo convenido; por lo cual venimos en declarar que dejamos sin efecto el anterior acuerdo, quedando las partes en libertad de proceder a este respecto en la forma que estimen conveniente a su derecho." Poco después fué secuestrada por sus hermanos y su marido, y trasladada en un tren especial hasta la estación Quinta, desde donde fué conducida a'l f u n d o El Cu-adro, situado en Chépica. El terror de la señora no conoció límites, temiendo de u n momento a otro ser asesinada por su marido; de aquí que no fuera sorprendente que desde entonces se agitara trémula la llama de su espíritu. En abril de 1902 se presentaron ante el administrador de la Casa de Orates Carlos Rencoret y los hermanos José Pedro, Arturo y Gilberto Alessandri, exponiendo que desde algún tiempo a esa parte se venían notando en doña María del Carmen síntomas de perturbación mental, por lo que pedían se le recluyera en ese establecimiento. Fué conducida' a él el 17 de mayo, después de considerar u n informe del médico del establecimiento, Dr. Eduardo Donoso Grille, en el que sostenía que se hallaba con sus facultades mentales perturbadas. Temerosa de un nuevo secuestro, ella sostenía que había sido llevada a lá fuerza al campo, por sus hermanos, coludidos con su marido, expresando que no padecía d e ninguna enajenación mental y pidiendo ser examinada por los doctores Carlos Sazie y Guillermo del Sol. Los informes de estos médicos constituyen dos documentos de singular valor para trazar el cuadro psicológico de la señora, cuyos rasgos ofrecen extraordinaria similitud con los de algunos de sus hermanos.

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"En cuanto a su señora madre, decía el primero en su informe, doña María del Carmen dice que había querido vivir con ella, pero cree que sus hermanos la hayan indispuesto, porque a pesar de haberle escrito últimamente una carta desde su reclusión, no ha recibido contestación alguna; que en diversas ocasiones h a rogado a su madre y a sus hermanos, después del divorcio temporal con su marido, que la admitan a su lado, y que hasta hace poco don José Pedro era su apoderado. En conclusión, evacuando el informe pedido por U.S. el infrascrito es de opinión que doña María del Carmen Alessandri d e Rencoret se encuentra en su sano y entero juicio." El informe del Dr. del Sol es una pieza de la cual no podrán prescindir el psicólogo ni el historiador, por cuanto puntualiza con prolijidad los rasgos de la histeria. Dice así:
"El facultativo que suscribe, nombrado por U.S. para examinar el estado de las facultades mentales de la señora María del Carmen Alessandri de Rencoret, después de visitar a la referida señora en la Casa de Orates en los días 23 y 24 del presente, y de examinarla cuidadosamente, expone a U.S. lo siguiente: La señora representa unos 35 años, es blanca, pálida, de regular estatura y visiblemente enflaquecida. Su fisonomía deja ver con facilidad las huellas de sufrimientos morales recientes. Las funciones de la palabra, así como las del oído, son normales. Su aparato y funciones visuales son normales. Las pupilas no presentan ni desigualdad, ni anomalías de coloración. No presenta señales de infección sifilítica. Su pulso, respiración y temperatura son normales. Presenta las señales de una operación que le fué practicada en años anteriores para extraerle u n tumor del ovario. Ha tenido así mismo ataques nerviosos que, sin duda, han sido hísté' ricos. La sensibilidad táctil está bien conservada, n o sucediendo lo mismo con la sensibilidad al dolor, que está alterada, en especial al lado izquierdo, en el que existe una hiperestesia bien marcada. Hay además zonas de anestesia desigualmente distribuidas. Esta llega en la faringe hasta la abolición del reflejo llamado faríngeo. Los demás reflejos existen, estando los patelares un poco exagerados. Investigando en la esfera psíquica, se deja ver desde luego que se trata de una persona de regular inteligencia, que contesta con la mayor claridad y despejo a las preguntas que le dirijo; que 'me cuenta sin inconveniente la historia detallada de sus padecimientos, así físicos como morales; que se apasiona e indigna cuando recuerda la parte que ella atribuye a su familia en esos padecimientos y cuando los acusa de haberla secuestrado en la Casa de Orates. A continuación asegura no desearles mal alguno y pretender que solamente la dejen en paz. La relación hecha por ella misma deja traslucir -con facilidad la persona de carácter apasionado y cuya sensibilidad moral corre parejas con la física, esto es, está afectada de la misma irregular distribución. Tiene, pues, la enferma, al lado de los estigmas físicos bien acusados, los estigmas mentales de la histeria. El problema está en saber si este estado puede por sí mismo constituir un estado de enajenación mental y si éste reclama su secuestro en un asilo. Creo que no y que aunque estas personas puedan, en el momento de una emoción moral fuerte, perder transitoriamente la razón, tener ideas fijas o

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volverse impulsivas, ello dura generalmente muy poco y jamás ha sido motivo para considerarlas enajenadas y m u c h o menos para secuestrarlas en un Manicomio. Hay que advertir que la persona que examino, no presenta alucinaciones ni ilusiones, ni f e n ó m e n o alguno q u e autorice a considerarla afectada de cualquier forma de locura conocida. Se limita a hablar apasionadamente de los sucesos que se relacionan con su secuestro, lo que nada tiene de anómalo en una persona a quien considero histérica, física y t n o r a l m e n t e y, por consiguiente, para quien los acontecimientos que le afectan en unas esferas morales se sienten con enorme violencia, en tanto q u e otros, de no m e n o s importancia que aquellos, pasan desapercibidos o los mira con indiferencia. En otro orden de vida psíquica se p u e d e n también presentar iguales alteraciones, lo que permite dar la clave de las palabras groseras que se dicen pronunciadas por esta señora en ocasión en que era examinada por el Dr. Donoso Grille, al día siguiente de haber sufrido fuertes emociones. En resumen, señor juez, creo: 1* Q u e la señora Alessandri de Rencoret presenta los estigmas físicos y mentales de la histeria; 2 ' Q u e conserva la plenitud de su inteligencia; 3 ' Q u e no está afectada de enajenación mental; 4 ' Q u e es posible que en su carácter de histérica y en estado de mal, haya podido estar transitoriamente privada de su razón o dominada por ideas fijas en la esfera afectiva; y 5 ' Q u e hoy está en su perfecta razón y, por consiguiente, debe salir del Establecimiento. Dr. G. del Sol. Santiago, 28 de mayo de 1902.

Pocos días después sus hermanos José Pedro y A r t u r o se presentaron a la Casa de Orates y obtuvieron que fuera puesta en libertad. Inmediatamente la embarcaron para el sur y la remitieron al f u n d o de su cuñado Rencoret en Chépica. Su abogado, Ernesto Bianchi Tupper, se presentó acusándolos d e rapto y secuestro, pero el juzgado m a n d ó sobreseer en el asunto. Después de tan amargos padecimientos, la vida de doña María del C a r m e n se extinguió rápidamente, pues apenas si sobrevivió tres años a sus tribulaciones: falleció el 30 de setiembre de 1905.8 El tercero de los hijos, Arturo, nació en Longaví el 20 de diciembre d e 1868. Los años d e la infancia se repartieron entre Longaví y la propiedad de campo que la familia tenía en las vecindades de Curicó. En 1880, a los doce años, el adolescente f u é enviado al Colegio de los Padres Franceses, en Santiago, en el que se educaban los jóvenes de las familias acomodadas, de tendencia conservadora, por cuanto el primer establecimiento de segunda enseñanza, el Instituto Nacional, tenía fama d e estar bajo la influencia liberalizadora de los eminentes maestros y escritores Barros A r a n á y Miguel Luis Amunátegui. Muchas familias de la clase media, de advenedizos enriquecidos, ansiaban colocar a sus hijos en aquel colegio, donde anudarían relaciones de amistad con los jóvenes de familias aristocráticas de Santiago: así ocurre con los Alessandri, José Pedro y Arturo, que concurren a sus aulas. Siete años permaneció en ese colegio, en el que tuvo como

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condiscípulos a algunos jóvenes que iban a figurar más tarde en la vida política del país: Luis Aldunate Echeverría, Carlos Estevez Gazmuri y Eleazar Lezaeta. Antonio Castro y Carlos Silva Cotapos, que abrazarían la profesión religiosa y alcanzarían las altas dignidades eclesiásticas, también figuraron entre ellos. En el colegio de los Padres Franceses se despertaron en Arturo las aficiones literarias, en las que no persistió. U n primer ensayo de cuento, La adivina de nuestros días, publicado en El eco literario, órgano del Círculo Literario Benjamín Vicuña Mackenna, dirigido por C. Rubén País León, no demostraba facultad alguna para el culto de las letras y sólo una acentuada inclinación a lo truculento. En los primeros días de 1888 se recibió de bachiller y se incorporó como alumno regular del curso de Derecho, concurriendo a las clases de Derecho Romano, Filosofía del Derecho y Derecho Civil, que profesaban los señores José Francisco Fabres, José Antonio Lira y Paulino Alfonso. Ese mismo año obtuvo un empleo de auxiliar en la Biblioteca Nacional, que entonces dirigía el historiador y bibliógrafo don Luis Montt. 9 En 1889 cursó el segundo año de derecho, estudiando Economía Política con don Zorobabel Rodríguez y don Francisco Noguera, Derecho Civil con el señor Alfonso, e Internacional con don Miguel Varas Herrera. En 1890, siendo estudiante del tercer año de leyes, obtuvo el empleo de bibliotecario en lá Biblioteca del Congreso. Ese año, en el que se agudizaron las dificultades entre el Presidente Balmaceda y el Congreso, tuvo como maestros a don Valentín Letelier y don Abraham Kónig, miembros del partido radical y entusiastas partidarios de la causa del Congreso, y a don Miguel Luis Valdés. En noviembre de ese año obtuvo un nombramiento para tomar los exámenes de Historia Sagrada en los colegios de segunda enseñanza, junto con los señores Onías Ossandon Planet y Antonio Huneeus. En los primeros días del ano siguiente estalló la revolución y se interrumpió el régimen jurídico del país: al levantamiento de la escuadra, el 7 de enero, siguieron las primeras acciones militares que entregaron a la causa constitucional las provincias septentrionales. Lá convulsión revolucionaria sacudió también las aulas universitarias y arrancó de sus cátedras a los señores Letelier, Amunátegui, Fabres, Alfonso, Varas, Rodríguez y Lira, para ser reemplazados por otros, afectos al régimen dictatorial, entre los que figuraron los señores Bañados Espinosa, Ballesteros, Salas Lavaqui, Raimundo Silva Cruz y Llausás. El joven Alessandri no interrumpió sus estudios y se adhirió decididamente a la causa revolucionaria: mientras con una mano percibía el sueldo de bibliotecario del Congreso, con la otra atacaba violentamente al

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dictador desde las páginas del periódico La Justicia, que circulaba clandestinamente. La prensa clandestina realizó en esos días una activa labor de propaganda cívica y m a n t u v o encendido el fuego del entusiasmo entre los partidarios de la causa constitucional. En ese periódico hizo el joven Alessandri su aprendizaje de periodista político y atacó al mandatario con una virulencia que utilizaría con frecuencia en su carrera política.
El tirano que hoy nos maltrata, escribía en La Justicia de 30 de mayo, pertenece a aquella raza de malvados que nacen inclinados al crimen y que se precipitan a él por una necesidad imprescindible de su pervertida naturaleza. C o m o hombres privados, son el terror de la gente de bien y siempre es el presidio o el patíbulo su lecho de muerte; como gobernantes, son monstruos humanos, horrorizan a la h u m a n i d a d entera por sus crímenes y la historia los conserva en sus páginas impresos con caracteres de sangre, para enseñar a los pueblos que es u n deber libertar a la h u m a n i d a d de tales plagas, siempre que por desgracia aparecen en su seno. Son verdaderos cánceres del cuerpo social, cuya pronta curación es indispensable para evitar que se propaguen y originen la muerte rápida de las naciones.

A medida que se acentuaban los éxitos de la causa' revolucionaria f u é subiendo el tono del diapasón del aprendiz de periodista. O c h o días más tarde, en el número 27, de 9 de junio, intentaba bosquejar una semblanza de Balmáceda que merece reproducirse.
En medio del fragor de la lucha, decía, y de los gritos desesperados de las víctimas, que gimen bajo la férrea mano del criminal, entretiene a sus comensales con aquellas frases sonoras y aparatosas, con aquellas expresiones huecas de que siempre ha vivido enamorado. Conservando toda la seriedad que sabe guardar en las grandes representaciones, y con tono solemne y levantado, se dirige a sus tertulios para manifestarles que él es u n mero instrumento del destino llamado a operar en esta nación u n gran movimiento social, u n trastorno en la vida pacifica de este pueblo, sugerido por las necesidades sociales. Los pueblos necesitan de estos golpes rudos de la fortuna para modificar sus hábitos y costumbres, para imprimir una nueva faz a su existencia, para enrielar la nave del Estado por otro sendero; la mano previsora de la Providencia que vela por los destinos humanos, fija su atención en el hombre m á s adecuado para constituirlo en ejecutor de su voluntad soberana y para que realice sus designios supremos: este ser privilegiado, esta naturaleza superior, es don José Manuel Balmaceda. Él ha sido el elegido, el llamado a operar entre nosotros una gran revolución social; él es quien debe derrocar de su trono a la aristocracia chilena, usufructuaria hasta el presente del poder, para suplantarla por la clase media, apartada de los negocios públicos hasta el m o m e n t o en que Balmaceda vino al poder. El eco de estas palabras resuena diariamente en la prensa dictatorial y el séquito inconsciente del César repite estas baladronadas sin comprenderlas, sin fijarse que el año se divierte a sus expensas y que lo burla en su propia cara.

Mientras la mascarada del Congreso organizado por Balmaceda discutía el proyecto d e Constitución con que se pretendía

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modificar el régimen político, el joven Alessandri concurría puntualmente a su empleo de bibliotecario y en sus ratos de ocio reanudaba sus ataques, con renovada violencia, al dictador.
La existencia depravada del gran monstruo de la Humanidad Iván IV o el Terrible, escribía en La Justicia de 13 de junio, es una pálida sombra del miserable Dictador. Estremécete, tirano, porque Dios y los hombres te han de juzgar: la misericordia del Ser Supremo no es para ti y la justicia humana cerrará los ojos para aplicar en tu lóbrega conciencia el castigo que claman tus víctimas.

Mientras en Santiago se seguían con creciente ansiedad los preparativos militares que la Junta Gubernativa organizada en Iquique realizaba para derrocar la dictadura, la prensa clandestina seguía en su acción proselitista, en la que no se quedó atrás el periódico que redactaban el joven Alessandri y Aníbal Montero,
Necesitan a veces los pueblos de estos sacrificios, escribía en el número 34 del 9 de julio, reclaman también la sangre de sus hijos para afianzar sus libertades y para arrojar ante ellos los obstáculos que dificultan su marcha; pero estas tremendas catástrofes nos enseñan que el castigo de los perturbadores del orden público es una necesidad, que el perdón no es legítimo y que la sangre de las víctimas sólo se borra con la sangre de los culpables,

Suprimidas las garantías constitucionales, cerradas las imprentas, desbaratados los tribunales de justicia, la dictadura no conoció ningún freno para sus desbordes, y el joven estudiante de derecho empapaba' su pluma de indignación patriótica para caracterizar la personalidad de Balmaceda. En el número 38, de 23 de julio, bajo el título de El tirano Balmaceda, decía:
U n gobierno que azota por opiniones políticas y encarcela a millares de inocentes, es gobierno de tiranos cobardes. López en el Paraguay y Rosas en Buenos Aires, no fueron tan infames ni tan crueles como es en Chile el tirano Balmaceda, a quien estaba reservado destruir los tribunales de justicia, que fueron desempeñados por hombres de probidad y de respeto para todos los partidos políticos de Chile.

Ya en vísperas de la jornada decisiva que derribaría la dictadura, la virulencia del lenguaje del estudiante de derecho cobró mayor intensidad. Así, en el número del 20 de agosto de 1891, escribía lo siguiente:
Una esperanza brilla aún en el horizonte del Dictador, como último refugio en desesperada situación; las bayonetas que lo rodean le hacen delirar aún con un triunfo imposible. Pero aquellas armas defensoras, que con tanto anhelo acaricia su mente loca, son para él un mortal enemigo y las primeras, tal vez, que se humedecerán en su propia sangre, pues él, que corrompió al ejército, él que fué el primero en cubrir bajo las banderas de Chile una manada de mercenarios, él que borró de sus filas el honor militar, la abnegación y el patriotismo, será también el primero en sentir las consecuencias de su pecado y caerá ultimado por sus propios soldados, tan pronto como vean en él u n hombre indefenso y sin recursos.

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Y a u n cuando permanezca en torno suyo u n grupo de esos miserables que lo sostienen, caerán pronto entre Iodo y sangre, impotentes para resistir al e m p u j e de u n ejército victorioso ya en m u c h o s combates, y que marcha al amparo de u n gran principio y de una noble idea. Además, no es sólo u n ejército contra otro ejército, el que luchará; no, es todo u n pueblo que se alzará contra u n grupo de asesinos y miserables, q u e han ensangrentado el suelo de la patria, es todo u n pueblo ante el cual deben rendir cuenta los conculcadores de sus libertades y los violadores de sus más sagrados derechos. El tirano tiene la conciencia de todo esto: sabe ya que su fin se aproxima, y esa intranquilidad, ese temor inusitado que se manifiesta en todas sus órdenes, que se trasluce y revela en todo el c ú m u l o de ridiculas y arbitrarias medidas, q u e día por día a u m e n t a n , es el reflejo de los remordimientos postreros del criminal que ve ante sí el patíbulo.

Derribada la dictadura, el joven Alessandri continuó sus estudios d e derecho y desempeñando su cargo de bibliotecario. Fuera de su sueldo percibía algunos pequeños honorarios como examinador de historia antigua, griega y romana, en los colegios particulares de segunda enseñanza, para integrar lás comisiones de los cuales f u é designado en las temporadas de noviembre de 1891 y noviembre de 1892. Poco después de la muerte de su padre, ocurrida en julio de ese año 1892, se consagró a la composición de su memoria para optar al grado de Licenciado en Leyes y Ciencias Políticas, que consistió en u n breve estudio sobre habitaciones obreras. Llamaba en ella la atención hacia ¡as malas condiciones en que vivían los obreros en las ciudades del país, y se pronunciaba en favor de dotar al Consejo d e Higiene de atribuciones para intervenir en la construcción de habitaciones y velar por sus condiciones higiénicas. N o se manifestaba partidario de la intervención del Estado en esta materia. " N o queremos nosotros, como algunos socialistas, decía, que el Estado se convierta en constructor y empresario de habitaciones, no; semejante intervención es contraria a los principios fundamentales del derecho y condenable por sus resultados." El 6 de enero de 1893 obtuvo su título de abogado y algunos meses más tarde, el 10 de junio, renunció al empleo de bibliotecario. [Doña María Susana Rita de los Dolores, nacida el 8 d e agosto de 1873, fué la primera de las hijas mujeres de don Pedro Alessandri nacida en el campo vecino a Curicó. Casó con d o n Federico Long, muerto medio siglo antes que ella, santa señora q u e se consagró con abnegación a la educación de su familia. Falleció el 4 d e noviembre de 1949. El tercero de los hijos hombres de d o n Pedro Alessandri, Gilberto, nació á fines de agosto de 1877 y f u é bautizado el 14 de septiembre siguiente, apadrinándolo sus tíos Juan Lagarrigue y Aurora Alessandri.

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Apenas cumplidos los 21 años, se habilitó de edad para entrar en posesión de su haber paterno, consistente en la suma de $21,757, del que le hizo entrega su señora madre el 3 de abril de 1899. 10 Éste f u é el niño malo de la familia, nos ha referido u n o de sus contemporáneos. Su señora madre le tenía encargada la cobranza de sus rentas, arriendos, etc., y la rendición de cuentas andaba muy mala. Hasta que llegó a falsificarle u n cheque a su propio hermano José Pedro, quien lo atracó y lo conminó a desaparecer de Santiago, o de lo contrario lo metía en la cárcel. Esto coincidió con el robo al señor Bascuñán y la desaparición misteriosa del "enmascarado" de la capital. 11 Enrique Oyárzún traza de él la siguiente semblanza en sus Memorias:
Gilberto tuvo también sus días de gran figuración. Fué en 1906 o sus proximidades. Se le acusó de haber dado, en compañía de otros cinco maleantes como él, un atraco a u n conocido corredor de comercio de Santiago, un señor Bascuñán, que tenía su oficina en los bajos de la casa de don Fernando Lazcano, en Bandera esquina de Agustinas. Seis enmascarados lo asaltaron y lo despojaron de una suma de 100,000 pesos. Se le cayó la máscara a uno y se reconoció a Gilberto Alessandri. Denunciado a la justicia, fué condenado, a pesar de las influencias de José Pedro y Arturo, a relegación por seis años a Magallanes. Era dentista, y allí ejerció su profesión e hizo otras mil pilatunas, a más de sacarle las muelas a sus clientes. Vuelto a Santiago en 1920, e ignorante de tal travesura y de que se le conocía con el nombre de "El enmascarado", me lo adjudicó Arturo como compañero para ir a vigilar a Gatemu la elección presidencial de ese año, y tuve que hacer en su compañía, sólo con él y en la noche de la elección, una caminata a pie desde Chagres a Llay Llay y pernoctar en esta estación para tomar el tren de la mañana siguiente. Al saber mis amigos de esta caminata en estas condiciones, me contaron quién era el pájaro que Arturo tne había dado por compañero, al rogarme por todos los santos que le fuera a defender su elección a las mesas de Catemu, donde se le decía que se había preparado una enorme falsificación, dirigida por don Gonzalo Bulnes. Para oponerse a tal enemigo me pedía que fuera yo, que acababa de ser Ministro de Hacienda, y que Bulnes me respetaría. Así sucedió. No volví a ver a Gilberto, pero era tal su reputación en Santiago, que entre sus amigos de los bares del centro era muy conocido este epigrama que, entre copas, le improvisó Manuel Gamboa: UN ATRACO —¡La bolsa, o por Belcebá juro que eres hombre muerto! —¡Soy Alessandri! —iGilberto? i Entonces me robos túí

En la primera Administración de su hermano f u é nombrado dentista del cuerpo d e Carabineros. Era u n bohemio incorregible, dado a la buena vida y al doice jar niente. Reapareció en San-

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tiago en la segunda Presidencia de su hermano mayor, con quien tenía un gran parecido físico, y era frecuente verlo merodear por las oficinas administrativas. En el sentir de sus amigos tenía una simpatía personal acentuada y gustaba reír de la olímpica petulancia de sus sobrinos Alessandri Rodríguez. Falleció el 20 de noviembre de 1937, y la prensa le rindió un homenaje conmovedor. A este respecto recuerda Oyarzún en sus Memorias:
"Para dar una idea de la moral periodística hoy en uso, basta saber que todos los diarios gobiernistas de estos días han dedicado artículos necrológicos a la memoria de Gilberto, pintándolo como un benefactor cuya filantropía hará gran falta en el país. Presentan sus condolencias al Gobierno y en especial a S. E. el Presidente Arturo Alessandri. Desde hacía cinco años Gilberto disfrutaba de varias canonjías, entre otras, del puesto de jefe del servicio odontológico del ejército o de carabineros, con gran renta."

La menor de las hermanas, Julia, falleció en plena adolescencia. Don Virgilio Figueroa le consagra en su Diccionario las siguientes líneas:
"Falleció a los 18 años, cuando las ilusiones y las esperanzas mantienen el espíritu en grata y descuidada animación y cuando la vida se produce con más fuerza y con mayor encanto. Se fué en la primavera de la vida, sin alcanzar a ver el esplendor de sus hermanos, don José Pedro y don Arturo Alessandri Palma, que presidieron sus funerales, verificados el 27 de septiembre de 1900, en Santiago. Al acompañamiento asistieron altas personalidades de la política y del foro. La muerte ocurrió el 26 de septiembre de 1900."

En la existencia de la familia, lá sombra de la madre se proyecta en una melancólica penumbra: si la vida fué generosa con ella, cubrió también su camino de espinas y abrojos. Falleció muy anciana', a los 78 años, el 20 de noviembre de 1916. La precaria moral que caracteriza la vida de alguno de los hermanos será rasgo distintivo en la vida de Arturo, para quien ninguna ley, ni divina ni humana', pondrá freno a sus impulsos para la realización de sus caprichos y de sus ambiciones. N O T A S
Notarial de Linares, 1866. Poder a don Fidel Contardo, vecino de Talca, de 27 de marzo de 1868. Notaría de Linares, 1868, 3 Escritura de 31 de enero de 1870, ante el notario Angulo de Curicó. 4 Escritura ante el notario Gómez Solar, de 20 de julio de 1885. 5 Escritura de 16 de abril de 1889, ante el notario don Isaac E. Oi'tíz Vera. 6 Protocolizado ante el notario Ávalos, 1892. 7 Escritura ante el notario Mariano Meló Egaña.
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La historia de este doloroso drama consta en tres expedientes judicia-

les: Alessandri, María del Carmen, con Rencoret, Carlos, Separación de bienes. 1901. Archivo judicial de Santiago, legajo 288, N 9 3. Alessandri, María del Carmen, con Rencoret, Carlos. Divorcio. Mismo legajo, N 9 4. Rencoret, Carlos. Denuncia sobre secuestro María del C a r m e n Alessandri. Archivo Nacional, judicial de Santiago, legajo 1668. 9 E n las confidencias hechas a algunos de sus biógrafos, Alessandri, con su irreprimible tendencia a la simulación, sostuvo que había obtenido ese cargo por concurso. En los documentos pertinentes no hay ninguna prueba de ello, Dicen así: Santiago, 25 de julio de 1888. Señor Ministro: El auxiliar de esta Biblioteca, D. David Toro Meló no concurre a prestar sus servicios desde el 15 de junio, y según se m e informa, se ha trasladado a Copiapó, sin haberme avisado que deseaba renunciar. Como este abandono d e funciones no puede continuar sin introducir graves perturbaciones en el servicio, pido a U d . la separación del referido empleado, y propongo para ocupar la plaza vacante a don Arturo Alessandri Palma. Dios gue. a U.S. Luis MONTT Señor Ministro de Instrucción Pública, Santiago, 27 de julio de 1888. N ú m . 2307.' Visto el oficio que precede, Decreto: Sepárase de su empleo al auxiliar de la Biblioteca Nacional, d o n David T o r o Meló, y se nombra para que sirva dicho cargo a d o n Arturo Alessandri Palma, propuesto por el jefe respectivo. Pagúese al nombrado el sueldo correspondiente desde que principie a prestar sus servicios. Tómese razón y comuniqúese. BALMACEDA, F. Pugd Borne.
10 Archivo judicial de Santiago, legajo 191, N* 7. Palma de Alessandri Susana, Aprobación de cuentas, 1899. 11 Conversación con don Alejandro Lira.

Capítulo 111 EL APRENDIZAJE P O L Í T I C O Una vez restablecida la normalidad política y vuelto el país al orden constitucional, Alessandri renunció su empleo de bibliotecario del Congreso y se consagró exclusivamente al ejercicio de su profesión de abogado, buscando d e preferencia su clientela entre los miembros de la colonia italiana, que tenían en su mano casi el monopolio del comercio minorista. De allí a poco, considerando afianzada su situación económica, contrajo matrimonio, en julio d e 1894-, con doña Rosa Esther Rodríguez, nieta de don José Antonio Rodríguez Aldea, el discutido Ministro de Hacienda del Gobierno d e don Bernardo O'Higgins. No estuvo el matrimonio exento de incidencias, y una anécdota relacionada con él caracteriza perfectamente la versátil personalidad del político. Interrogado Alessandri por el notario de la C u ria, señor Góngorá, en circunstancias que rendía las informaciones matrimoniales sobre su profesión de fe católica, le habría respondido, con toda la petulancia de la juventud: —IQué voy a ser católico! iCómo se le ocurre que voy a creer en las paparruchas de la Iglesia! —lEntonces no puede cásarsel —le respondió Góngora. Pasado el primer impulso, comenzaron las aflicciones del novio y apeló a la intervención del hermano José Pedro, para que solucionara la dificultad. Éste llegó hasta el Arzobispo señor Casanova, quien puso como condición, para que la Iglesia bendijera el matrimonio, la retractación por escrito de cuanto había proferido contra la fe católica. Alessandri no tuvo inconveniente en hacerlo, y así se lee, de puño y letra del interesado, en la información que se conserva en la Curia eclesiástica d e Santiago: Retracto todo lo dicho contra la Iglesia Católica y profeso creer todo lo que cree lá Iglesia Católica, Apostólica, Romana.
ARTURO ALESSANDRI

Santiago, 25 de julio de 1894. Góagora. En la información misma, aludiendo a la profesión de fe, declara Alessandri (la letra es del notario): "Y en ella también h e rectractado algunos conceptos erróneos que antes había emitido." 1 Ninguna actividad estaba más en consonancia con el ejercicio de la profesión de abogado que la de la política, a través de la
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cual se abrían por entonces, y por ahora, todas las puertas de la influencia, del éxito y del bienestar económico, Desde temprano lo comprendió Alessandri y la posibilidad de ingresar a la lucha de los partidos y a la arena candente de las luchas cívicas, comenzó a surgir vehemente en sus ambiciones y a estimular sus iniciativas. Sus relaciones de amistad con don Fernando Lazcano, senador por Curicó, dirigente del partido liberal, tipo característico del magnate santiaguino de fines del pasado siglo, le abrieron rápidamente el camino de la política. El señor Lazcano, rico hacendado de la provincia de Curicó, vecino y amigo del padre de Alessandri, dispensó su calurosa protección al joven provinciano, en cuya despierta inteligencia y actividad veía toda una promesa. En su casa conoció a su cuñado Federico Errázuriz Echaurren, ya en trance de postular la candidatura a la Presidencia de la República, y de allí nació una amistad que habría de gravitar considerablemente en su carrera política. La campaña presidencial de 1896 enardeció intensamente los ánimos. La Convención de la Alianza Liberal, a la que concurrieron radicales, liberales democráticos y demócratas, proclamó la candidatura de don Vicente Reyes, que no había tomado parte en lá revolución contra Balmaceda, y que gozaba de gran prestigio por su austeridad y la firmeza de sus convicciones, pero que no tenía condiciones de orador ni estaba dispuesto a tomar ninguna iniciativa para conquistar adhesiones. La Convención, a la que concurrieron liberales y nacionales, reunida el 5 de abril, y en la que actuó como uno de sus secretarios Alessandri, proclamó en la primera votación candidato a don Federico Errázuriz Echáurren, por 1,032 sufragios. Errázuriz, de 46 años de edad, hijo del Presidente del mismo nombre, liberal de tibias convicciones, pero astuto, calculador y ambicioso, había figurado desde antiguo en la política y había formado parte del Gabinete Prats, durante el cual hicieron crisis las relaciones de Balmaceda con el Congreso. N o había tomado parte activa en la revolución del 91 y su elección importaba una incógnita. Poco después de su proclamación los conservadores se adhirieron a su candidatura. La campaña electoral se desarrolló en el más caldeado ambiente, y durante ella Errázuriz logró ganarse algunos elementos dispersos y uncir a su carro el grueso del partido conservador, que no podía olvidar que durante la administración de su padre habían sido alejados de las responsabilidades gubernativas. Ninguna persona culta permaneció indiferente, y mientras en el triunfo del candidato de la Alianza Liberal se veía la garantía de una política de acentuadas tendencias secularizadoras, en el éxito de Errázuriz se vislumbraba una amenaza para el desarrollo de las ideas e instituciones liberales. En el escrutinio realizado por el Congreso Pleno el 30 de

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agosto, anuladas las actas de algunos electores, resultaron 137 votos por Errázuriz y 134 por Reyes. Ninguno de los candidatos contaba con la mayoría absoluta y, de acuerdo con lo prescrito por la Constitución, debía elegir el Congreso. La elección de Errázuriz estuvo manchada por dos actos de inmoralidad política. Fué el primero la escandalosa defección de uno de los electores de don Vicente Reyes, cínicamente cohechado por un plato de lentejas; y el segundo, el debate que se planteó sobre si tenían derecho a votar los parientes inmediatos de Errázuriz Echaurren. Se resolvió que en el Congreso pleno no regían las inhabilidades de esa clase. El 3 de septiembre el Congreso eligió Presidente a don Federico Errázuriz por 62 votos, contra 60 que obtuvo el señor Reyes. El señor Errázuriz inició su gobierno con un gabinete integrado por balmacedistas, conservadores y nacionales, en el que las carteras del Interior, Relaciones, Justicia, Hacienda, Guerra e Industria, fueron confiadas á los señores Aníbal Zañartu, Enrique de Putrón, Adolfo Ibáñez, Francisco Fabres, Manuel Bulnes y Francisco Baeza, respectivamente. Era, como dijo con jactancia, Zañartu, la victoria representada por los vencedores. El Gabinete no contaba en el Congreso con una mayoría homogénea que le asegurara su existencia, pues la Alianza Liberal- contaba en la Cámara de Diputados con u n fuerte porcentaje de votos. Bañados Espinosa promovió en la Comisión Conservadora un debate político, que concretó en un voto de desconfianza qué aprobó la Cámara, citada a sesiones extraordinarias, el 6 de noviembre, por 49 votos contra 20 y 17 abstenciones, y que planteó de inmediato la crisis ministerial. "Conocidas las declaraciones del señor Ministro del Interior, decía ese voto, lá Cámara estima que el actual Gabinete no refleja sus aspiraciones y tendencias políticas." "Es hecho demostrado que la mayoría del país es liberal y que no puede,= en consecuencia, aceptar condiciones que son la primera instancia del entronizamiento definitivo en el poder del partido conservador." "Si la antigua intervención electoral vuelve, dijo con visión profética Mac-Iver, el 6 de noviembre, ojalá me engañe, antes de un decenio verá el país un nuevo 91, si no u n período de desórdenes y conmociones internas." Se organizó entonces el Gabinete Antúnez-Morla Vicuña, al que le tocó presidir las elecciones de marzo del 97. Desde el primer momento este gabinete tuvo que encarar la presión de los intereses privados, y así en las sesiones extraordinarias del mes de enero la Cámara despachó, casi sin debate, un proyecto del Ejecutivo por el cual se le autorizaba, por el término de un año, para sacar a subasta pública grandes extensiones de terrenos salitreros en Tarapacá. La Cámara de Diputados que inició su -período ordinario en

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junio de 1897, estaba integrada por un conjunto de personalidades que constituían el fiel reflejo de la estructura social y del estado de la cultura del país. En esa Cámara Alessandri haría' su aprendizaje político, en la que se destacaban oradores de alto vuelo, como Mac-Iver, luchadores políticos apasionados, como Baña'dos Espinosa, y servidores públicos con una dilatada hoja de servicios, como don Pedro Montt.
El partido balmacedista tenía una nutrida representación, en la que figuraban los señores Balmaceda, Daniel y Rafael; Bañados Espinosa; Bello Codesido, Alemany, Echaurren Valero, Víctor; Herboso, Francisco; Meeks, Sanfuentes, Vicente y Alberto; Silva Cruz, Raimundo; Pinto Agüero, Guillermo y Vergara, Luis Antonio. Los conservadores disponían de una fuerte cuota, en la que figuraban los señores Ariztía, Rafael; Concha Subercaseaux, Carlos, Echenique, Joaquín y José Miguel; Fabres, José Francisco; García, Ignacio; Irarrázaval, Fernando; Larrain Prieto, Luis; Matte Pérez, Ricardo; Ochagavía, Silvestre; Ossa, Macario; Ovalle, Abraham; Prieto Hurtado, Joaquín; Sánchez, Darío; Scotto, Federico; Undurraga, Luis A.; Urrejola, Gonzalo. La representación del partido radical, aunque no muy numerosa, contaba en su seno con hombres de alto valer intelectual y moral, como los señores Mac-Iver, Enrique; Kónig, Abraham; Feliú, Daniel; Bannen, Pedro; Huneeus, Jorge; Peiteado, Francisco de Paula; Robinet, Carlos Toribio; Hevia Riquelme, Anselmo; -Casal, Eufrosino y González, Julio, José Bruno. El grupo de liberales doctrinarios, a los que el presidente, con su inclinación a los apodos, denominó carabinas recortadas, por la baja estatura de algunos de ellos, estaba compuesto por los señores Donoso Vergara, Pedro; Ibáñez, Maximiliano; Matte, Eduardo; Valdés Valdés, Ismael; Videla, Eduardo; Yáñez, Eliodoro; Bernales, Daniel; Gacitúa Brieba, Abraham; Valdés Cuevas, José Florencio, y Vergara Correa, José. U n grupo de liberales denominados errazuristas, encabezado por don Ismael TocOrnal, estaba integrado por Alessandri; Jaramillo, José Domingo; Rivera, Juan de Dios; Padilla, Miguel Ángel; Ríoseco, Daniel y Palacios Zapata, Carlos A. Entre los diputados nacionales figuraban los señores Pedro Montt, Arturo Besa, Miguel Urrutia, Cornelio Saavedra, Máximo del Campo y Eduardo Mac Clure, mientras que la representación demócrata estaba reducida a los señores Guarello, Ángel, y Gutiérrez, Artemio.

Los matices en que se dividía el partido liberal no podían ser más variados.
Pasemos una ligera mirada por el puritano campo liberal, decía en la sesión de la Cámara de 14 de julio el diputado balmacedista Enrique del Campo, que constituye en esta Cámara, junto con la minoría, el baluarte atrevido, el arca inviolable de las ideas del liberalismo, y encontraremos que sus matices son tan variados como los del arco-iris; que sus ideales y tendencias personales son tan contrapuestas en el fondo, como los polos de una máquina eléctrica; que los caudillos que lo dirigen y absorben, desacreditados en la opinión por variados y escandalosos sucesos que más de una vez la han conmovido y que yo no quiero mencionar ahora por no sacar este debate de los convenientes límites a que debe ceñirse, buscan sólo el logro de sus personales ambiciones y, convirtiendo a los prosélitos que mansamente los siguen, en cómodos escabeles de süs deseos, llegarían a la altura, como lo hemos visto otras veces, haciéndose cruda guerra y despeñándose mutuamente.

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Apenas iniciadas las sesiones ordinarias del Congreso se planteó u n nuevo cambio ministerial, que determinó la organización del Gabinete Orrego Luco-Morla Vicuña, sobre el cual gravitó decisiva influencia conservadora. Elocuente demostración de ello fué el agravio inferido al ilustre historiador y servidor público señor Barros Arana, que no f u é nombrado nuevamente Rector d e la Universidad del Estado, a pesar de haberlo colocado el Claustro por dos veces consecutivas en el primer lugar de lá terna correspondiente, por la cerrada oposición de aquel partido. 2 < El Gabinete Orrego Luco tuvo una vida precaria y apenas si subsistió dos meses, lo que determinó al Presidente a buscar el apoyo de los balmacedistas, los caídos el 91, que hasta la víspera habían combatido con decisión su candidatura presidencial. Se organizó entonces un Gabinete conservador-liberal-balmacedista, en el que las carteras estuvieron repartidas en la siguiente forma: Interior, Antonio Valdés Cuevas; Relaciones Exteriores, Raimundo Silva Cruz; Justicia e Instrucción Pública, Domingo Amunátegui Rivera; Hacienda, Elias Fernández Albano; Guerra y Marina, Carlos Palacios Zapata, e Industria, Domingo Toro Herrera. Ese Gabinete experimentó una modificación a fines de diciembre, que reforzó la preeminencia conservadora-balmacedista, pues ingresaron a la cartera de Hacienda 1 el señor Alberto González Errázuriz y a la de Industria y Obras Públicas el señor Bañados Espinosa. "Su organización responde al propósito de buscar base parlamentaria que permita hacer un gobierno estable e imprimir a los negocios públicos la actividad debida", dijo el Ministro del Interior en la Cámara de Diputados el 26 de agosto. N o sin cierta desconfianza liberales, radicales, balmacedistas y nacionales ofrecieron su apoyo al Gabinete haciendo fe en su promesa que desarrollaría una política liberal. Pero el Presidente, vivamente preocupado de organizar una sólida mayoría parlamentaria, que le permitiera afrontar con éxito la solución d e la cuestión de límites con la República Argentina, no ahorró esfuerzos por atraerse el apoyo de los liberales democráticos. Se entendió entonces con el presidente d e ese partido, don Enrique Salvador Sanfuentes, y se organizó, el 14 de abril de 1898, un 'Gabinete netamente coalicionista, en el que la cartera del Interior correspondió a don Carlos Walker Martínez y la de Relaciones Exteriores a d o n Juan José Látorre. La de Instrucción Pública se confió al Dr. Augusto Orrego Luco; la de Guerra y Marina, al coronel don Patricio Larraín Alcalde; la de Hacienda, a don Darío Zañartu, y lá d e Industria y Obras Públicas, a don Emilio Bello Codesido. La organización d e este Gabinete dejó profundamente disgustados a radicales y liberales doctrinarios, pues vieron que con él la voluntad presidencial se decidía resueltamente por los conservadores. Pocos días después entró al Ga-

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bínete, en la cartera de Guerra y Marina, el señor Blanco Viel, y a la de Hacienda el señor Sotomayor. ¡Los enemigos de ayer trabajando ahora codo a codo! ¡Qué sarcasmos de la política! ¡El connotado jefe del partido conservador, el implacable enemigo de Balmaceda, unido estrechamente a sus adversarios de ayer, y el ínclito vencedor de' Angamos, hombre de acción y de espada, ungido Ministro de Relaciones Exteriores! "Sus amigos políticos han sido muy crueles con su señoría, le dijo el diputado Kónig, en sesión de 18 de agosto, llevándolo a ocupar u n puesto de tantos sacrificios, sin otro bagaje que la buena voluntad." Fueron los diputados radicales los que se singularizaron en la crítica a la fisonomía del Gabinete y a las personalidades que lo habían gestionado, a ese grotesco contubernio de conservadores y balmacedistas. Los liberales democráticos, decía el diputado Huneeus en sesión de 4 de agosto, en su impaciencia por apodedarse del gobierno, hicieron imposible la alianza liberal, mientras protestó de las ofensas y ataques inferidos al general Kórner, el vencedor de Concón y la Plácilla, que desempeñaba el cargo de jefe del Estado Mayor del Ejército. Caracterizó con acertados rasgos la personalidad del jefe de ese partido.
"Pocas mistificaciones más audaces se han hecho nunca en Chile, dijo, que la de presentar a la cabeza y como símbolo de las tendencias democráticas de este pueblo, a un hombre del carácter y de las tendencias del honorable señor Sanfuentes. Aristócrata por temperamento y por carácter, no tiene en su vida pública actos que lo hayan acercado al pueblo y a sus tendencias."

La presentación del Ministerio a la Cámara de Diputados dió origen a un debate altamente interesante. Alessandri negó que en él estuviera representado el partido liberal de gobierno, mientras el diputado Concha afirmó que se había organizado un gobierno de los tintes más recargados y de los propósitos más intransigentes de los últimos tiempos. El señor Mac-Iver, con la elevación y agudeza de su preclaro talento, pronunció una severa catilinaria, en la que ya no sólo puso de relieve el verdadero carácter del Ministerio, sino que hizo la autopsia del régimen. N o se reacciona, dijo, sino que se crea un estado nuevo, no conocido durante la vida de la República; se tiende a la abolición del gobierno local y á la creación de un centralismo contrario a los principios liberales y a las reglas más elementales de organización pública, "Dos Cámaras populares, con igual influencia en el Gobierno, con tendencias opuestas, como ha sucedido, tenían que dar por resultado el quebrantamiento mismo del juego regular de las instituciones." Más adelante agregó, puntualizando la fisonomía del Gabinete: "Él representa y encarna al régimen de coalición, esa política coalicionista cuyos resultados son el desgobierno y el sometimiento

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de la acción de los altos poderes públicos al servicio de intereses que n o son los verdaderos intereses nacionales." En el curso del mes de junio, el personal del Gabinete experimentó algunos cambios, ingresando a las carteras de Instrucción Pública y Hacienda los señores Carlos Palacios Zapata y Rafael Sotomayor, respectivamente. El hecho de más funestas consecuencias que se produjo durante la vida de ese 'Gabinete fué la discusión y promulgación de la ley que autorizó la emisión de cincuenta millones de pesos de papel moneda, que no sólo importó la quiebra del patrón de oro, sino la imposición de un régimen monetario que pesaría sobre las clases medias e inferiores con leoninas ventajas para las clases poseedoras. "Los que siempre vivieron de las ajenas fatigas, dijo el diputado Gacitúa en sesión d e 16 de julio, saboreaban anticipadamente la esperanza de vender caro el fruto d e sus tierras y pagar con moneda fácil el sudor de sus inquilinos."En vano se alzó la voz admonitoria del señor Mac-Iver para evitar ese despojo.
"Mida la Cámara, en vista de esto sólo, dijo en sesión de 15 de julio, la magnitud de la pérdida, del atentado y de la injusticia que envuelve la abolición del régimen metálico, y piense si es conveniente y lícito realizar tal obra con corazón ligero y sin causas que l a justifiquen ante el país y ante la propia conciencia. i Qué enorme gravamen sobre el trabajo!, agregó. Contemple la Cámara la situación que le crea a la gran masa del pueblo de Chile que vive de u n pobre salario y que apenas basta para la satisfacción de sus más premiosas necesidades y juzgue si hay justicia y razón para causar tan duros males por remediar una crisis monetaria transitoria y por aliviar las obligaciones de un contado número de nuestros conciudadanos."

"La explicación de este fenómeno, escribe el economista Fetter, sólo puede encontrarse en la existencia de una clase fuertemente endeudada entre la aristocracia terrateniente del país y en el predominio de esa clase en un Congreso irresponsable. Si la historia monetaria puede tener sus tragedias, puede decirse que la suspensión del patrón de oro en Chile en 1898, es una de ellas". 3
"Entre los pequeños comerciantes, artesanos y clase trabajadora en general, que favorecían al patrón de oro y se oponían tenazmente a toda emisión de papel moneda por el Gobierno, informaba al Departamento de Estado el Ministro de Estados Unidos, Henry Lañe Wilson, el sentimiento de protesta se tradujo en reuniones tumultuosas y amenazantes."

La subsistencia indefinida del papel moneda, escribe por siT1 parte el historiador d o n Alberto Edwards, lejos d e perjudicar los intereses oligárquicos, los servía, sin que las clases medias, ni mucho menos el pueblo, sospecharan siquiera el despojo sistemático de que eran objeto.

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El debate que suscitó la discusión del proyecto de ley enaltece la calidad de los miembros de esa memorable legislatura. Fué en vano que se alzara la voz admonitoria de los diputados de oposición, entre ellos los señores Gacitúa Brieba y Ma'c-Iver. Fué en vano que se recordara el proyecto de acuerdo aprobado por abrumadora mayoría por la Cámara, en sesión de 24 de julio anterior, que decía: "La Cámara considera que a la subsistencia del régimen metálico, están vinculados la fe pública y la prosperidad d e la nación". Pudo más, para decidir aquella funesta medida, la presión de las alarmantes circunstancias porque atravesaban las relaciones internacionales del país, las urgencias momentáneas de circulante y los intereses de la casta gobernante. En ese debate participó lá flor y nata de esa legislatura: MacIver, Konig, Huneeus, Bañados Espinosa, Gacitúa, Ibáñez, al que dieron un tono de elevación patriótica altamente impresionante. Mac-Iver, que tenía el valor moral de llamar las cosas por su nombre y de hablar con crudeza, no podía menos de dejarse llevar por el pesimismo. N o le faltaron en esas circunstancias al Gabinete que propiciaba ese despojo sus defensores, entre ellos Bañados Espinosa, a lo que el elocuente diputado radical observó: "Cuando la opinión pública despierte de la siesta que duerme y se dé cuenta cabal de la enormidad de lo sucedido, con voto o sin voto de la Cámara, el Gabinete desaparecerá". "Cuando comenzamos la vida pública, agregó, recibimos de nuestros antecesores u n país floreciente, feliz y honrado, la primera de las Repúblicas hispano-americanas; entregamos a nuestros hijos, amarga el decirlo, una patria en decadencia, pobre y desacreditada." Alessandri, todo oídos en esa memorable jornada, en la cual aprendió indudablemente muchas cosas que ignoraba, enrolado entre los sostenedores del Gabinete, no participó en el debate y se limitó a fundar su voto favorable al proyecto en sesión de 20 de julio. El proyecto fué aprobado por 60 votos contra 13. Entre estos últimos estaban todos los dé los diputados radicales. Pero la prueba de fuego pará el Gabinete se planteó al suscitarse ante el Congreso la cuestión internacional. En sesión de 18 de agosto el Ministro pidió preferencia para discutir el convenio que había firmado el 16 de abril, dos días después de jurar su cargo, con el agente diplomático del Perú, conocido con el nombre de Billinghurst-Latorre, destinado a dar cumplimiento a la cláusula tercera del Tratado de Ancón, ocasión en la que fué duramente atacado por la oposición. Este Tratado, dijo el diputado Ibáñez, constituye una verdadera humillación para el país. "Jamás, que yo recuerde, agregó, se ha humillado y abatido tanto nuestro decoro de país libre como en esta negociación." En sesión de 19 de agosto la Cámara acordó discutir el asunto en sesiones secretas. En la misma sesión el diputado Ibáñez protestó del rumor que circulaba en el sentido de que asistirían a

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las conferencias de los peritos en la' cuestión de límites el Presidente de la República, el Ministro de Relaciones Exteriores y el agente diplomático de lá República Argentina, lo que en su opinión importaba la modificación de los Tratados vigentes. El ambiente estaba caldeado al rojo vivo. -Los trabajos de demarcación en el terreno avanzaban con lentitud y ya en el mes de mayo se había celebrado en la sala de despacho del Presidente de la República una reunión a la que asistieron los peritos, el Presidente, el Ministro de Relaciones y el Ministro argentino señor Pinero, en la que se acordó que tres meses más tarde los peritos debían presentar planos generales de demarcación, fijando mutuamente la línea fronteriza y que, transcurrrido ese mes, cualesquiera que fuera el estado de las gestiones, cesaría la intervención pericial para dar lugar a la iniciativa de los gobiernos. Se deseaba poner término a la cuestión de medio siglo, eliminando los desacuerdos, los recelos y las desconfianzas, para echar las bases de un sólido entendimiento y de una amistad perdurable. -La polémica periodística proseguía con encendido apasionamiento, a uno y otro lado de los Andes, las movilizaciones de tropas y los preparativos militares seguían activamente, la animosidad en Chile contra el perito Moreno crecía intensamente, y la porfiada tenacidad de Barros Arana irritaba a los espíritus exaltados de Buenos Aires, hasta el punto de atribuir a su eliminación del cargo una importancia decisiva para la solución de las dificultades. El Ministro argentino, Piñero, era de opinión d e poner término definitivo a las discusiones entre los peritos. Moreno regresó a Buenos Aires y durante su ausencia, d e mayo a agosto, recrudecieron las alarmas y los preparativos militares llegaron al punto culminante, "Conviene y debemos estar lo más listos posibles en septiembre próximo, decía el Ministro de Relaciones Exteriores, Latorre, al agente de Chile en Buenos Aires, Walker Martínez, en carta de 20 d e mayo, a fin de presentar entonces nuestro ultimátum, sí de aquí allá no nos entendemos con los señores argentinos respecto a la larga y justificada disputa' que sostenemos con ellos sobre la malhadada cuestión de limites." Los peritos reanudaron sus labores el 29 de agosto, y en reunión de ese día, de l 9 y 3 de septiembre, señalaron los puntos sobre los cuales debía correr lá línea divisoria entre ambos países. En esas circunstancias se iniciaron las negociaciones secretas entre el perito Moreno y el Presidente Errázuriz. "El perito argentino n o debió buscar la conformidad del Presidente, sin que lo supiera su colega, dice el señor Piñero en sus Memorias, acerca del encabezamiento d e u n acta que éste suscribiría. Le constaban la antipatía y la enemistad del perito hacía el Presidente d e Chile y pudo prever, con entera certidumbre, que el u n o no aceptaría la ingerencia del otro en asuntos que le eran privativos". 4

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El rompimiento entre los peritos se hizo inevitable y se produjo el 9 de septiembre. "Las poblaciones se hallaban agitadas en ambos países y la cuestión de límites quedaba a una línea del estado de guerra", agrega el señor Piñero. El Presidente estaba deseoso de intervenir en la negociación y se encontraba profundamente descontento de su Ministro de Relaciones Exteriores, sindicado de pertenecer al grupo de los partidarios de la guerra. Entregada la solución de la cuestión a los gobiernos, era fácil advertir la resistencia de la Argentina a recurrir al arbitraje pactado sin tener seguridades sobre la suerte que correría la Puna de Atacama. La entrega de la Puna fué el precio para la aceptación del arbitraje. El agente diplomático de Buenos Aires siguió conferenciando confidencialmente con el Presidente Errázuriz, y obtuvo el apoyo de don Pedro Montt, Presidente de la Cámara de Diputados, "el hombre de mayor influencia entonces en el Gobierno de Chile", en opinión del señor Piñero, quedando desde ese momento apartado el Ministro Latorre de la negociación. "El señor Montt me declaró, en completa reserva, agrega, su convicción de que el señor Latorre se hallaba1 mal inspirado, que era incompetente e incapaz de manejar el magno asunto, que pesaban sobre él influencias perniciosas y que deseaba provocar la guerra." En las actas firmadas el 22 de septiembre los gobiernos de ambos países acordaron someter al arbitraje de S. M. Británica las divergencias de los peritos, arbitraje pactado el 17 de abril de 1896, La negociación había sido laboriosa y difícil. Se restableció la calma y la prensa de ambos lados de la cordillera acogió con júbilo el acuerdo. La entrega de la Puna de Atacama fué negociada directamente entre el Presidente Errázuriz y el general Roca, que había asumido la Presidencia de la República el 15 de octubre, sirviendo de mediador secreto entre ellos el perito Moreno. La idea de reunir en Buenos Aires un Congreso de Plenipotenciarios argentinos y chilenos, que se ocuparía del asunto de la Puna, y concertaría un arreglo directo, barajada entre el Ministro Piñero y el Presidente Errázuriz, fué resistida en un principio por éste, pero llevada adelante por intermedio de Moreno, provocó naturalmente la renuncia del Ministro Piñero, que consideró deprimida y ajada la representación que ejercía. El protocolo correspondiente se firmó el 2 de noviembre, y diez días más tarde el perito de Chile señor Barros Arana, presentó la renuncia indeclinable de su cargo. Barros Arana, que había seguido entregado a sus labores, creyó poder aportar el contingente de su larga experiencia en el asunto a la defensa de los intereses territoriales de Chile. El Gobierno había resuelto acreditarlo en misión especial en Londres, como defensor de los intereses nacionales ante el tribunal arbitral, y en-

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vió al Senado un proyecto de ley en virtud del cual devengaría el sueldo correspondiente a u n Ministro plenipotenciario. La discusión de ese proyecto había sido postergada a indicación de Sanfuentes (-Enrique Salvador), y de otros enemigos del historiador,; que no le perdonaban su decidida oposición a lá dictadura dé Balmaceda. Sanfuentes hizo saber al Presidente que tanto él como sus correligionarios no estaban dispuestos a sancionar el nombramiento de Barros Arana. ¡Ta'n vivas estaban aún las odiosidades provocadas por la revolución! 5 Enterado Barros Arana de la participación del Presidente, a espaldas del Ministro y del perito, en la cuestión d e límites, considerando igualmente deprimida la representación y atribuciones que tenía, se apresuró a renunciar su cargo. Idéntica resolución adoptó el Ministro de Chile ante el ¡Gobierno de Buenos Aires, Walker Martínez. El triunfo del Presidente había sido completo y no vaciló en sacrificar, para asegurar su política pacifista, a esos eminentes servidores del país. Barros A r a n a cobró, como era natural, una invencible antipatía a la persona del Presidente Errázuriz, a quien se refería en sus cartas y conversaciones privadas con el desprecio más profundo y en los términos más despectivos. El epílogo de ese penoso episodio de las relaciones internacionales fué triste e ingrato. Los representantes d e Chile en la Junta de Delegados que se reunió en Buenos Aires fueron los señores Eulogio Altamirano, Julio Zegers, Enrique Mac-Iver, Eduardo Matte y Luis Pereira. Como se daba por descontado, los representantes de Chile no llegaron a ningún acuerdo con los delegados argentinos, procediéndose entonces a nombrar la comisión de arbitraje. Por parte de Chile fué designado don Enrique Mac-Iver, y representante de Argentina don José E. Uriburu, los que en unión del Ministro plenipotenciario de los Estados Unidos, Mr. William J. Buchanan, y por dos votos contra uno, resolvieron en definitiva el problema y fijaron los límites orientales de la provincia de Antofagasta. La Puna f u é finalmente entregada el 24 de marzo del año siguiente. En sesiones secretas de los meses de agosto y septiembre la Cámara de Diputados estuvo entregada a la discusión del protocolo BillinghursuLatorre, que había sido sancionado por el Senado, pero que encontró una porfiada resistencia en la Cámara d e Diputados, donde lo combatieron especialmente los radicales y los liberales doctrinarios. "El protocolo es malo en sí y es malo por las consecuencias que se derivarían de su aprobación", dijo el diputado Kónig. "Gracias a esta política, cuya dualidad inmoral vino a estrellarse en la oposición de esta Cámara, dijo el diputado Huneeus en diciembre del año siguiente, que en una campaña inolvidable y patriótica, despedazó el ignominioso Pacto Billinghurst-Latorre."

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Alessandri, que se había manifestado u n disciplinado diputado de la mayoría, sacó resueltamente la cara en favor del Gabinete, defendiéndolo con calor al tratarse de la administración d e los ferrocarriles del Estado, sobre lo cual se había planteado una interpelación, y en seguida se opuso, de acuerdo con la doctrina sostenida por el Ministerio, a que se diera publicidad al acuerdo d e la Cámara sobre el protocolo suscrito con el Perú. D e allí a poco se planteó una profunda desavenencia entre el Presidente y el Ministro de Industria y Obras Públicas, en relación con la administración de los ferrocarriles del Estado, y que terminó por provocar la crisis del Gabinete, por el retiro violento de los Ministros balmacedistas, almirante Juan José Latorre y Emilio Bello Codesido, que servían las carteras de Relaciones Exteriores e Industria, respectivamente. Buscó entonces el Presidente la ayuda de los liberales doctrinarios y de los radicales, pero éstos, aún cuando ofrecieron su apoyo a cualquier Gabinete en que no estuvieran representados los liberales democráticos, consideraron incompatible con su programa colaborar con los conservadores. El Presidente se encontraba en una situación muy difícil, embotellado, como se decía en el lenguaje político de la época, y casi en la imposibilidad d e prescindir del concurso de los balmacedistas, que contaban con un buen número de votos en el Senado, sobre cuyo presidente, don Fernando Lazcano, ejercía una poderosa influencia el jefe de ese partido señor Sanfuentes. En esas circunstancias el Presidente actuó con su habilidad y astucia características: reorganizó el Gabinete, nombró Ministro de Relaciones al que lo era de Guerra y Marina, don Ventura Blanco, a otro conservador para esa cartera, el señor Carlos Concha Suberca'seaux y para la de Industria y Obras Públicas a Alessandri. Dos motivos movieron al Presidente a nombrar al diputado por Curicó para ese Ministerio: uno para desarmar la oposición que pudiera hacerle su cuñado Lazcano, a quien seguía incondicionalmente un grupo de cinco a seis senadores, que aseguraban al Gobierno la mayoría d e esa rama del cuerpo legislativo, y que dispensaba a Alessandri la protección más decidida; y el otro disponer de un dócil instrumento para defenderse de los ataques de sus adversarios políticos. El Gabinete se presentó al Senado el 20 de diciembre, encontrando una fría acogida. El único que alzó la voz f u é el anterior jefe del partido liberal democrático, Sanfuentes, quien puntualizó las bases en que se había pactado la coalición gubernativa, reducidas a cuatro puntos. El primero consistía en el compromiso de no plantear ninguna cuestión doctrinaria; el segundo, velar por la moralidad administrativa; el tercero, fomentar el trabajo a fin de desarrollar la producción del país, y el último, la asignación de una cuota del diez por ciento d e los empleos de la administración

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pública al partido liberal democrático, incluyendo los de la magistratura. En la misma exposición dejó constancia, con una crudeza desconcertante, que el punto fundamental del desacuerdo había consistido en la cuestión económica, ya que su partido había exigido una nueva emisión de papel moneda.
Dentro de los partidos políticos hay quienes creen que el progreso del país se consulta manteniendo sin innovación alguna el estado económico presente, dijo; y hay quienes creen, y entre ellos nos contamos los liberales democráticos, que el progreso del país necesita para su desarrollo, una emisión de circulante que dé vida fácil y holgada a los negocios.

Recordó que el propio Ministro de Hacienda había manifestado que la cuestión económica era cuestión cerrada y q u e en opinión del Presidente de la República cometían un atentado contra el bienestar público los que pensaban siquiera en que había necesidad de aumentar el circulante. Le hace honor al Presidente haber resistido esa pretensión d e sus amigos balmacedistas de seguir en el camino d e las emisiones de papel moneda. A q u í tenemos puntualizados con crudeza, de labios de uno de los más caracterizados representantes d e ese partido, dos de los factores que desde entonces gravitarían en la vida económica y moral de la República: la aspiración a continuar por el camino/ de las emisiones del papel moneda y la exigencia a la distribución de los empleos de la administración pública, incluyendo los de la justicia, que rendirían tan amargos frutos con el correr d e los años. La Cámara de Diputados debatió extensamente la cuestión internacional, y en una de sus sesiones, Alessandri, por sugestión del Presidente, sin lugar a dudas, atacó con rudeza al antiguo perito en la cuestión de límites, Barros A r a n a . Alessandri, que había iniciado sus tareas alejando del servicio público al subsecretario, Luis Izquierdo, se consagró con interés a sus tareas, y promovió la iniciación de una serie de trabajos públicos, entre ellos el ferrocarril d e Pitrufquén a Loncoche y de este punto a Antilhue, que unió a Valdivia con Santiago; el ferrocarril de Temuco a Carahue; el d e Pueblo H u n d i d o a Pueblo de Oro y el de Serena a Vallenar. Entre otros trabajos públicos que encaró merecen mencionarse la terminación de las obras hidráulicas de la laguna de Peñuelas, que dotó de agua potable a Valparaíso-, la iniciación de los trabajos d e construcción del edificio del Ministerio a su cargo y otros de menor importancia. 6 En febrero se ausentó el Presidente de Santiago para concurrir a entrevistarse, en las aguas del Estrecho de Magallanes, con el Presidente de la República vecina, general Julio A . Roca, viaje en el cual f u é acompañado por los Ministros de Relaciones, Guerra y Justicia e Instrucción Pública, señores Blanco Viel, Concha

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y Palacios Zapata. Quedaron en Santiago los demás Ministros de Interior, Hacienda e Industria y Obras Públicas. N o fué de larga duración la existencia de ese Gabinete, por cuanto habiéndose producido un cambio en la dirección del partido balmacedista, que entró a presidir Claudio Vicuña, se inició un movimiento en favor de la reconstitución de la Alianza Liberal. La crisis del Gabinete se planteó en junio, y su solución fué muy laboriosa. El Presidente buscó el apoyo de los radicales, q u e se negaron a ingresar al Gobierno, por la profunda división en que se hallaban los diversos grupos liberales y la inconsistencia que ofrecía la organización de una mayoría parlamentaria. D e aquí provino el nombramiento de un nuevo Gabinete, sin conservadores, que tuvo una vida precarísima, pues duró sólo dos meses, en que las carteras estuvieron distribuidas en la siguiente forma: Interior, Raimundo Silva Cruz; Relaciones, Federico Puga Borne; Justicia e Instrucción Pública, Francisco Herboso; Hacienda, Federico Pinto Izarra; Guerra, Javier Ángel Figueroa, e Industria, Daniel Rioseco. El personal gubernativo, reclutado entre senadores y diputados, revelaba a las claras la debilidad de ese Gabinete. El precario apoyo que le prestaban sus propios correligionarios, balmacedistas y liberales, fué visible en el debate político suscitado en la Cámara de Diputados, que terminó en sesión de 29 de agosto con la votación de la orden del día con una mayoría vergonzante. En medio de la aridez d e los debates parlamentarios, florecían, de cuando en cuando, algunos rasgos de ironía. Así, en sesión de 22 de julio, se cambiaron entre Alessandri y Pleiteado estás agudas estocadas:
Alessandri.— Yo rogaría al honorable diputado se sirviera estar tranquilo y fuera benévolo conmigo, así como yo lo fui con su señoría cuando usaba la palabra, y con esta diferencia: que yo necesito de la benevolencia de todos, y su señoría de la de nadie. Pleiteado.— Es necesario que su señoría se fije en que yo no he salido de mi humilde puesto de d i p u t a d o . . . Alessandri.— Quiere esto decir que su señoría vive de esperanzas, mientras el diputado que habla vive de recuerdos.

Ya para estos días se acentúan los rasgos que han d e caracterizar el funcionamiento del régimen parlamentario: ese bizantinismo de las combinaciones gubernativas, los Gabinetes turnantes de duración insignificante, que esterilizaría toda obra del Ejecutivo, la frivolidad de los debates y la pérdida de tiempo en la intervención en asuntos de puro resorte del Ejecutivo.
El Congreso toma cada día mayor ingerencia, decía el diputado don Eduardo Matte en sesión de 7 de julio, en asuntos que no son de su incumbencia, que son del resorte de la administración pública, y con ello tiende a desquiciarse el prestigio del Ejecutivo y a debilitarse la responsabilidad ministerial.

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El Ministerio murió de asfixia a los pocos días. "Sin embargo hemos notado desde los primeros momentos, decía el Ministro de Justicia señor Herboso en sesión de 12 de agosto, ciertos recelos y desconfianzas, que han ido acrecentándose y que manifiestan que no hay adhesión al Ministerio entre los miembros de los diversos partidos políticos que desean la aproximación liberal." N o era un secreto que el propio Presidente de la República no veía con simpatía un Gabinete de Alianza Liberal, y a los pocos días, los mismos balmacedistas volvieron a entregarse en brazos de los conservadores. Se organizó así, en los primeros días de septiembre, un gabinete de coalición, integrado por liberales, conservadores y liberales democráticos. A la cartera de Interior pasó el Ministro de Hacienda del Gabinete anterior, Rafael Sotomayor, a Guerra y Marina volvió el señor Concha Subercasseaux, y a Relaciones entró otro conservador, el señor Rafael Errázuriz Urmeneta. En Justicia e Instrucción Pública quedó el mismo Ministro del Gabinete anterior, el balmacedista señor Herboso; Ministro de Hacienda fué nombrado otro balmacedista, el señor Manuel Salinas, y Ministro d e Industria f u é designado el señor Gregorio Pinochet, quien falleció el 28 de octubre, siendo reemplazado por el señor Florencio Valdés Cuevas. En vísperas de la renovación del Congreso, los partidos temían la intervención del gobierno en las elecciones para generar una mayoría sólida en el Congreso. D e aquí las desconfianzas y temores. Pero la fuerte representación que el partido conservador tenía en el Senado aseguraba la estabilidad de la coalición. Los términos de Alianza Liberal y Coalición perdieron todo significado ideológico, y al partido balmacedista, fluctuando de una combinación a otra, le era indiferente la tendencia política del Gabinete.
¿Qué fe pueden inspirar las promesas de respeto a la libertad electoral hechas por u n Gabinete en que figuran Ministros como el de Justicia, decía el señor Pinto Agüero en la Cámara el 19 de octubre, que en la sesión de 28 de julio último se presentó formando parte de un Ministerio que prometía hacer política netamente liberal, y a quien hoy vemos, sin que haya transcurrido un corto espacio de tiempo, figurando en u n Gabinete de Coalición? Mis amigos creyeron oportuno pactar un nuevo acuerdo político, respondió el interpelado sin inmutarse, que yo he acatado, y cuyos detalles por ser muy conocidos, juzgo innecesario recordar. —Pero eso n o se puede decir, honorable Ministro, le observó el diputado Daniel Balmaceda, porque si no podremos creer que su señoría sirve lo mismo para un barrido que para u n fregado.

A u n cuando el Ministro del Interior mantuvo una estudiada reserva sobre la política que desarrollaría en materia económica', ' no dejaron de alzarse voces para protestar de los propósitos d e encarar nuevas emisiones. Acusado de estar animado d e espíritu de combate, y del deseo de hacer triunfar determinadas candida-

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turas en las elecciones próximas, f u é sin embargo su gestión al frente del Ministerio d e H a c i e n d a la q u e mereció reparos más f u n d a d o s al Ministerio Sotomayor. Por u n a ley reservada del año anterior se había autorizado la contratación d e u n empréstito por quinientas mil libras esterlinas, en los momentos en q u e se creía inevitable la guerra con el país vecino, y se compraban apresurad a m e n t e armamentos d e todas clases, y que sólo había producido 436.000 libras, bochornosa operación, q u e hacía recordar las leoninas ganancias d e los banqueros en los primeros empréstitos d e la época de la independencia. La inversión d a d a a esa cuantiosa suma, y los abonos hechos a la cuenta corriente q u e el Gobierno tenía en el Banco d e Chile, deducidos d e ella, dieron origen a u n a interpelación en la C á m a r a de Diputados, q u e n o f u é ajena a la mutación ministerial q u e n u e v a m e n t e se p r o d u j o a fines d e noviembre. La idea de encarar nuevas emisiones arrancó la vigorosa protesta del d i p u t a d o Mac-Iver, q u e veía en ella el propósito de m a n tener p e r m a n e n t e m e n t e al país en el régimen d e papel m o n e d a . C h i l e n o p u e d e realizar ninguna operación d e crédito porque su crédito está enfermo, dijo. Pero lo peor que hay, agregó, es el pésimo efecto q u e esto causará en el extranjero, porque esto demuestra que n o tenemos ideas ni planes determinados sobre materias d e importancia f u n d a m e n t a l . Y poniendo el dedo en la llaga d e cuantos intereses económicos promovían esos propósitos, expresó:
Los agricultores n a d a van a g a n a r : se sentirán halagados d u r a n t e treinta o c u a r e n t a días con la esperanza d e mejorar y después, c u a n d o se vean desengañados, pedirán d e n u e v o más papel, más p a p e l j siempre más papel. A p r o b a d a esta ley, dijo f i n a l m e n t e , d e b e m o s decir adiós para siempre a la esperanza de restablecer algún día en el país el r é g i m e n metálico. Y mientras este régimen n o vuelva y se consolide, n o habrá estabilidad en los negocios ni prosperidad posible.

A fines de noviembre el Gabinete f u é " p a r c h a d o " , por la renuncia d e los señores Sotomayor y Concha, siendo reemplazados, en las carteras del Interior y Guerra, respectivamente, por los señores Elias Fernández A l b a n o y Ricardo M a t t e Pérez. La fisonomía política del Gabinete se conservó invariable. A este Gabinete le correspondería presidir las elecciones generales del a ñ o siguiente. La irregular vida privada q u e llevaba el Presidente n o contribuía, naturalmente, a prestigiar el poder público. Los ecos de ella llegaron hasta el seno mismo de la representación nacional, y en sesión de 3 de noviembre decía aludiendo a ella u n d i p u t a d o d e la oposición: " N o seré yo, por supuesto, quien venga a discutir en este recinto la conducta privada del Primer Magistrado d e la República, discusión q u e sería, por lo demás, bien inútil, ya q u e la pequeñez d e este país hace q u e sea d e fácil conocimiento la

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vida privada de todas las personas, especialmente de las que ocupan una posición espectable." En las últimas sesiones d e esa legislatura hizo una severa autopsia de los tres años d e gobierno conservador el diputado radical don Jorge Huneeus, trazando u n cuadro sombrío de los rasgos sobresalientes que caracterizaban la política gubernativa'. Ese discurso constituye una pieza notable, no sólo por la valiente forma d e sus firmes trazos, sino porque apuntan ya en él las primeras críticas a la estructura social y al régimen político predominantes. Comenzó por señalar que el país había llegado a los días más sombríos de abatimiento político, de decadencia social y corrupción administrativa. Afirmó que había surgido toda u n á escuela de jefes d e partidos que hacía una política menuda, que degeneraba fácilmente en politiquería, y en último término, en personalismo humillante y torpe, cuyas consecuencias eran la anarquía, el desgobierno y la corrupción administrativa. Pasó revista a las lacras que ofrecía el cuerpo social, víctima del alcoholismo, del bandidaje, de la ignorancia de las prescripciones más elementales de la higiene y del desorden en la administración local, cuyos resultados más visibles eran las cifras pavorosas que alcanzaba la mortalidad. Se refirió a continuación a la política económica, sobre la cual el gobierno no tenía una opinión fija, al cierre del crédito en el mercado europeo y a las bochornosas condiciones en que había sido contratado el empréstito d e quinientas mil. libras esterlinas. Fustigó con indignación patriótica los rumbos impresos a la política exterior, el desastroso pacto Billinghurst-Latorre, despedazado por la Cámara después de una campaña memorable; la entrega de armamentos al gobierno clerical del señor Fernández Alonso de Bolivia; el envío de agentes diplomáticos a Lima y España, dando por hecho y aprobado el Pacto con el Perú y, por último, "la corona de espinas de la cesión de la Puna de Atacama". Atribuyó la causa d e los males porque atravesaba el país a lá desorganización d e los partidos liberales, y entre las d e orden social y económico, al opio del salitre y al abandono del norte, al papel moneda, a la anexión de Tarapacá y al ausentismo de los agricultores. Asignó al Presidente de la República la responsabilidad en el fraccionamiento de los partidos liberales y anatematizó el rumbo clerical impreso por el partido conservador a su política. Caracterizó las tres fracciones liberales en la dirigida por el propio presidente de la Cámara, señor Montt, que seguía al Presidente d e la República en . todo y por todo; la presidida por el señor Sanfuentes, que había caído en contradicciones "vergonzosas y mercenarias", a la que denominó los suizos de la política;

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y el grupo llamado errazurista, integrado por los más incondicionales amigos del jefe del Estado. Aludió finalmente a la resistencia conservadora a educar al pueblo á fin de mantenerlo perpetuamente sumido en el "monstruoso régimen" del inquilinaje, para terminar sosteniendo que la administración imperante había sido la peor y la más inepta que había tenido el país, por cuanto no había abrigado otro propósito que burlar las aspiraciones y anhelos de la mayoría liberal de la nación. 7 En los primeros días de marzo de 1900 se verificaron las elecciones para la renovación total de la Cámara de Diputados y la mitad del Senado. El cohecho que se practicó, que desde la caída del presidencialismo constituiría una d e las lacras d e las costumbres políticas del país, arrancó la protesta d e la prensa.
La venalidad juega un papel tan indecoroso como decisivo en sultados electorales, escribía El Ferrocarril de 7 de marzo de 1900; modo que al paso que vamos los puestos legislativos y municipales, inmensa mayoría, sólo se obtienen a influencias de la mayor suma de q u e es posible gastar para asegurar el triunfo de las candidaturas. los rede tal en la dinero

El Gobierno obtuvo u n a precaria mayoría que permitió seguir gobernando sin cuidado al régimen de coalición. D e 13 senadores conservadores sólo 8 conservaron su representación, y en la C á m a r a de Diputados, merced al recurso d e las votaciones políticas hechas en la calificación d e las elecciones, la representación d e ese partido quedó reducida a 23 diputados.
Obtuvieron bancas por primera vez en esa legislatura los señores Miguel Cruchaga, Agustín Edwards, Emiliano Figueroa, Alfredo Irarrázaval, Eduardo Phillips, Renato Sánchez García de la Huerta, Ramón Serrano Montaner, que consagrarían largos años al servicio público. La representación balmacedista f u é nutrida, figurando entre ellos los señores Julio Alemany, Emilio Bello Codesido, Anselmo Blanlot Holley, Luis Antonio Verga ra y muchos más. E n la representación radical se destacaban los señores Casal, José Bruno González Julio, Jorge Huneeus, Francisco de Paula Pleiteado y Carlos Toribio Robinet. Entre los liberales gobiernistas Alessandri fué reelegido para la diputación d e Curicó y de los abiertos adversarios de la Administración obtuvieron bancas los señores Eduardo Phillips, ex-Subsecretario de Relaciones, y Joaquín Walker Martínez, q u e presentó su candidatura a diputado por Santiago como independiente y que hizo de la cuestión internacional su plataforma política. Obtuvo u n triunfo resonante, con la más alta mayoría de sufragios. D e la Cámara anterior ingresaron al Senado los señores Raimundo Silva Cruz, Pedro Bannen, Eduardo Matte y Pedro Montt.

En una de las primeras sesiones formuló u n vigoroso ataque a la política gubernativa el diputado Huneeus, con motivo de las declaraciones hechas por el Presidente de la República en su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, es-

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pecialmente en materia de política internacional, que calificó de indiscretas e insensatas. Pero pocos días después, el 11 de junio, los círculos políticos fueron sorprendidos con la dramática noticia de que el Presidente había sufrido u n derrame cerebral, lo que le impedía ejercer su alto cargo. Se designó entonces Vice-Presidente de la República al Ministro del Interior, señor Elias Fernández Albano, hombre de temperamento conciliador que no despertaba resistencias, quien confió la atención del despacho de esa cartera al Ministro de Relaciones señor Errázuriz Urmeneta. Este dramático episodio, que mantuvo en suspenso la actividad de los partidos durante algún tiempo, planteó una verdadera tregua, que la Cámara utilizó en discutir extensamente, durante todo el período ordinario, los poderes de sus miembros, con lo que se consagró un tiempo precioso a cuestiones pueriles, en las que se hizo grosera burla del resultado de las elecciones, para introducir el perturbador factor de las votaciones esencialmente políticas. "Yo noto con sentimiento una decadencia en todo el país, no sólo en materias electorales, sino también en materia política y administrativa, decía el diputado Maximiliano Ibáñez, en sesión de 23 de agosto. A cada momento vemos producirse dentro de la administración actos de verdadera inmoralidad. Veo que los mismos elementos parlamentarios que así se han conducido en estos últimos tres meses, incubarán próximamente alguna candidatura que venga a perfeccionar el sistema." Estamos sufriendo los síntomas, agregó, d e una decadencia moral, polítíca y social. "Se ha sentado como u n principio de derecho público, agregó, que la Cámara, o más bien dicho que lá mayoría de la Cámara, puede dar su fallo en esta materia, según sea o no conveniente a sus intereses políticos." Manifestó que creía altamente peligroso dejar en manos del Congreso, sin restricción alguna, la facultad de calificar las elecciones d e sus miembros. "Yo creo que si la Cámara continúa ejerciendo esta, facultad soberana de calificar las elecciones de sus miembros, declarando diputado al que no lo es, y expulsando a los que verdaderamente han sido favorecidos con el sufragio d e las urnas, nadie podrá calcular ni prever las consecuencias, ni las perturbaciones que harán peligrar el bienestar de la República." ¿Qué factores contribuían a mantener el Gobierno de coalición, contando los partidos liberales con una representación tan considerable en ambas ramas del Congreso? Los señaló con claridad el señor Rocuaht al terminar el período de sesiones ordinarias, al decir que en el partido liberal se había introducido el personalismo, que anteponía las personas a la bandera, las conveniencias del momento a las doctrinas y el espíritu de círculo al sentimiento nacional. Pero fué en el estudio de la situación internacional en el cual

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la legislatura realizó en ese año una labor más fructífera. La planteó con vehemencia y exaltado patriotismo el diputado Walker Martínez, denunciando los avances argentinos en regiones que se hallaban en disputa y sometidas al arbitraje de S. M. Británica, especialmente en los valles Lacar y 16 de octubre. Gran parte de ese debate se desarrolló en sesiones secretas, pero algunas cuestiones se ventilaron en sesiones públicas, en las que el diputado interpelante atacó con vigor la política presidencial.
En las actas de las sesiones secretas de la Cámara de Diputados, dijo, he dejado las pruebas de que el culpable de la humillante situación en que se ha colocado a nuestra patria en el exterior es, individualmente, el que dentro de ella no deja en pos de su administración el recuerdo de una obra d e progreso, ni de una institución mejorada, ni de un ideal realizado, ni de un arranque siquiera que denuncie alguna tendencia generosa de su espíritu. Quien nos ha humillado fuera, agregó, es quien nos humilla adentro. Quien nos ha hecho desempeñar en el exterior el triste papel de un país de cobardes, es quien en el interior ha deprimido el nivel moral de nuestra política, es quien ha desorganizado y abatido a los partidos; es quien sembró la corrupción del personalismo, que nos arrastra a la puja de intereses, es quien destruyó las tradiciones de nuestra pureza administrativa y quien abatió la primera magistratura con sus liviandades depresivas, con sus hábitos truhanescos, con su absoluta falta de seriedad y su carencia completa de virtudes cívicas. 8

Los últimos meses del gobierno del señor Errázuriz transcurrieron en un ambiente de hondas preocupaciones, derivadas de la inestabilidad política, ante la proximidad de la contienda presidencial, y del sombrío panorama internacional, en que el país se sentía amenazado en todas sus fronteras. El precario estado de salud del Presidente contribuía a poner una nota angustiosa en los corazones patriotas, Al reasumir su alto cargo el 11 de octubre, el Presidente organizó un Gabinete sin conservadores, en el que la cartera de Interior fué confiada al señor Fernández Albano, la de Relaciones Exteriores al señor Manuel Salinas, la de Justicia al señor Bello Codesido, la de Hacienda al señor Santelices y la de Industria y Obras Públicas al señor Rafael Orrego. Era u n Gabinete de liberales tibios y de balmacedistas, que pretendía representar las tendencias del Gabinete anterior y ofrecer garantías de respeto a todos los partidos en la próxima contienda presidencial. El Ministerio fué recibido con desconfianza por la oposición en la Cámara de Diputados, en el seno de la cual se caracterizó al Ministro del Interior como decidido partidario de la candidatura de don Pedro Montt; mientras los liberales gobiernistas, por boca de Alessandri, y los conservadores a través de Cruchaga, le reiteraron su incondicional adhesión. Pero el Gabinete se derrumbó apenas organizado, y fué reemplazado por el Ministerio Sánchez Fontecilla-Bello Codesido, integrado por conservadores,

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balmacedistas y nacionales. A fines d e diciembre reemplazó al señor Sánchez Fontecilla el señor Rafael Orrego González. El panorama internacional se presentaba amenazádoramente sombrío: pendía del fallo del árbitro la cuestión d e límites con la República Argentina y se hacían preparativos para la reunión del Congreso Panamericano en México, donde, sin lugar á dudas, se coludirían todos los enemigos d e Chile y se harían esfuerzos para desprestigiar su causa. En esas circunstancias, en sesión de 14 de enero, utilizando una fórmula d e cortesía, q u e no dejó d e suscitar dudas desde el punto de vista constitucional, la Cámara de Diputados rechazó el protocolo d e 16 de abril d e 1898, Billinghurst-Latorre. 9 Pero era la contienda presidencial la que absorbía la atención de los partidos, ante los numerosos candidatos que aspiraban a la primera magistratura de la nación. Los acontecimientos se desarrollaron rápidamente: la candidatura de d o n Pedro Montt era un hecho y se habían iniciado los trabajos electorales de ella; el 4 de febrero se anunciaba la unión de las dos fracciones. del partido balmacedista, lo que determinó una modificación ministerial, incorporándose al Gabinete en las carteras de Relaciones y Justicia, respectivamente, los señores Silva Cruz y Vergara Donoso, con lo que se anticipaba el quebrantamiento d e la coalición gubernativa. Días más tarde el partido liberal de gobierno recuperaba su libertad d e acción para ingresar a la Convención que designaría candidato a la Presidencia de la República. Notificado el Presidente de esa resolución manifestó su decidido propósito de mantenerse alejado de la lucha que se iniciaba. La Convención se reunió el 3 d e marzo con asistencia d e liberales, balmacedistas y algunos conservadores adversarios del señor Montt, y en las primeras votaciones obtuvieron gran número de sufragios los señores Claudio Vicuña, Fernando Lazcano, A u gusto Matte y Ramón Barros Luco. Cinco días más tarde la C o n vención proclamó candidato al señor don Germán Riesco Errázuriz, de filiación liberal, primo y cuñado del presidente d e lá República. La voltereta política tendía abiertamente a derribar el Gabinete: la Comisión Conservadora citó al Congreso a sesiones extraordinarias y, quebrantada la mayoría gobernante, n o le quedó a l ' Presidente otro camino q u e organizar u n nuevo Ministerio, que juró el 14 de marzo. Lo integraban los señores Domingo Amunátegui Rivera, Raimundo Silva Cruz, V e n t u r a Carvallo Elizalde, Manuel Fernández García, general Vicente Palacios y José Ramón Nieto, en las carteras del Interior, Relaciones, Justicia, Hacienda, Guerra e Industria, respectivamente. Este Ministerio fué recibido con u n voto de desconfianza por la nueva mayoría' parlamentaria, que exteriorizó el diputado Guillermo Rivera. Fué inútil que Alessandri intentara u n a débil defensa del Gabinete.

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Lamento m u c h o estar en desacuerdo con mis honorables colegas, di/o. Por eso declaro que él m e merece mi más absoluta confianza y que le prestaré mi más decidida cooperación, procurando evitar de esta manera que el partido liberal continúe fraccionándose y subdividiéndose según sea el n ú m e r o de sus miembros. C o n esta misma franqueza declaro también, agregó, q u e estoy resuelto a cumplir con todos y cada uno de los pactos que contraje en la Convención d e 3 d e marzo.

A lo que el diputado Rivera interrumpió diciendo:
— iSe conoce! . . .

El voto de desconfianza al Gabinete f u é aprobado por gran mayoría en sesión de 16 de marzo. La reacción del Presidente f u é sorprendente: hizo publicar en el Diario Oficial una declaración en la que decía que poderosas razones le impedían aceptar la candidatura del señor Riesco, q u e lamentaba q u e se tratara de levantarla, y anunciaba su propósito de abandonar el ejercicio del poder. El señor Yáñez calificó esa declaración de extraña en su forma, inverosímil en el fondo y enteramente inexplicable en cuanto a su oportunidad política. La solución d e la crisis f u é laboriosísima, y d u r ó cuarenta días. Después del fracaso experimentado por los señores Zegers y Sánchez Fontecilla, se organizó el 1 de mayo el Gabinete presidido por el señor Aníbal Zañartu, al que ingresaron los señores Luis Mártiniano Rodríguez, Ramón Escobar, Juan Luis Sanfuentes, general Wenceslao Bulnes y Joaquín Fernández Blanco, en las carteras d e Relaciones, Justicia, Hacienda, G u e r r a e Industria, respectivamente. La mitad de él estaba integrada por balmacedistas. El mismo día el Presidente abandonó el m a n d o y lo asumió con el carácter d e Vice-Presidente el señor Zañartu. A l presentarse este Gabinete a la Cámara, f u é objeto de las críticas más airadas la actitud del Presidente por su reacción ante el voto contra el Gabinete anterior, en la que se creyó ver una amenaza al régimen constitucional y parlamentario. El señor Ibáñez observó el curioso fenómeno psicológico que se producía en los jefes de Estado de los países americanos al expirar su período, en que más que Presidentes de la República se sentían algo así como soberanos o jefes de monarquías, depositarios d e todo el poder público. La salud del Presidente se agravó rápidamente y a fines de ese mes era público que su estado era desesperado. Bajo esa dramática preocupación se realizaron el 25 de junio las elecciones presidenciales. La contienda se dió entre conservadores y nacionales, que apoyaron al señor Montt, y balmacedistas, liberales y radicales que sostuvieron la candidatura del señor Riesco. Éste obtuvo una

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abrumadora mayoría, 172 electores, contra 79 del señor Montt. El Presidente falleció en Valparaíso, a consecuencia de u n a trombosis cerebral, el 12 de julio. Después d e algunas escaramuzas, el Gabinete siguió en funciones hasta el día del aniversario nacional, en que el nuevo magistrado asumió su alto cargo. _ En ese ambiente político y social hizo Alessandri su aprendizaje político. Hijo predilecto de lá coalición gubernativa, diputado incondicional d e la mayoría, la personalidad d e Errázuriz constituyó para él u n modelo digno d e imitar. Escuchando a los fogosos oradores de dos legislaturas, a los Mac-Iver, Huneeus, Kónig) Ibáñez y los dos W a l k e r Martínez, dió sus primeros pasos en la oratoria parlamentaria. Su fugaz paso por el Ministerio n o contribuyó a darle prestigio; todo lo contrario. Por escritura d e 10 de octubre de 1902 adquirió en la A l a m e d a de las Delicias, en lá cantidad de 110,000 pesos, u n a casa, que reconstruyó, en cuya fachada hizo esculpir, con exhibicionismo d e advenedizo, las iniciales d e su nombre, A . A. 1 0 Y d o n Diego Barros Arana, que no desconocía, naturalmente, los ataques de q u e lo había hecho objeto en las sesiones secretas de la Cámara' d e Diputados, de regreso a su casa del Instituto, expresaba a sus acompañantes, al pasar frente a ella, alzando el bastón severamente acusador: —¡Audacia administrativa! 1 1 N O T A S
1 Archivo de informaciones matrimoniales de la Curia Eclesiástica. T e r cer trimestre de 1894, p. 208. 2 Donoso, Ricardo, Barros Arana, historiador, educador y h o m b r e público, p, 227, y A m u n á t e g u i Solar, Domingo, "Memorias", en Boletia del Instituto Nacional, n* 24, mayo de 1946. 3 Fetter, Frank W h i t s o n , La inflación monetaria en Chile. Santiago, 1937, pp. 123-125. 4 En Chile. La cuestión de límites. El arbitraje. La Purut de Atacama, 1897-1898. Buenos Aires, 1937. 5 "Y en todo y para todo el gobierno pasaba sobre nuestros agentes, atrepellaba y deprimía ante el perito argentino la autoridad del perito de Chile que entregó al ridículo sin n o m b r e de hacerle preparar u n viaje a Londres a defender nuestros derechos, para obstruirle después en el Senado la autorización necesaria para aquel i m p o r t a n t e viaje." H u n e e u s , Jorge, Balance de la Administración Errázuriz, p. 49. 6 El detalle de los trabajos p u e d e verse en la Memoria del Ministerio correspondiente a 1899, Memoria del Ministro de Industria y Obras Públicas, presentada al Congreso Nacioncd en 1899. Santiago, Imprenta Nacional, 1899. 7 Este discurso corre igualmente impreso en u n folleto q u e lleva por título Balance de la Administración Errázuriz y del Gobierno Conservador, Imprenta y Librería Ercilla, 1900. 8 El señor W a l k e r Martínez recogió las piezas de este debate en su libro Las invasiones del valle Lacar, Santiago, 1901. La cita del texto corresponde a la p. 222. 9 En sesión de 28 de diciembre de 1901 promovió Carlos W a l k e r Martínez en el Senado u n debate sobre la política internacional de la Administra-

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ción de don Federico Errázuriz, cuya gloria, dijo, brillaba como un sol qtie n o se oscurece, a pesar de las amenazas de algunas nubes turbias y envidiosas. Ese discurso provocó un interesantísimo debate, en el que participaron los señores Vicente Reyes y Federico Puga Borne, quienes formularon justificados reparos a la política exterior del señor Errázuriz. "Dije que no había tales lauros, decía el primero en sesión de 8 de enero de 1902, y que no cabía la figura del sol resplandeciente; puesto que no sólo no se habían mejorado nuestras relaciones internacionales, sino que se habían empeorado, siendo aquella Administración impotente para mejorarlas." Participaron en ese debate los ex Ministros de Relaciones de Errázuriz Silva Cruz y Latorre, sin aportar antecedentes de significación. El señor Eduardo Matte, q u e f o r m ó parte de la Junta de Delegados en la cuestión de la Puna de Atacama, puntualizó los motivos que tuvo para aceptar la representación de Chile. Después de recordar q u e el pacto que sancionó el arbitraje en relación con la Puna de Atacama, obtuvo en la C á m a r a de Diputados 54 votos a favor, contra 14, dijo lo siguiente: " O t r a razón tuvimos para aceptar aquel pacto: la calidad de los hombres designados por los Gobiernos, que no eran geógrafos, n i ingenieros, ni expertos en el conocimiento de aquel territorio, indicaba que había u n pensamiento político, que se trataba, no de hacer una operación pericial, sino de hacer una buena obra de reconciliación entre dos paises jóvenes, de gran porvenir y pobres, no por falta de recursos, sino por falta de edad, que viven en alarmas y en convulsiones perpetuas. "Llegados a Buenos Aires sufrimos gran desilusión al ver que los representantes argentinos no tenían tales propósitos. Pero n o fuimos oídos n i comprendidos en nuestras intenciones, y desde que se habló de nuestros derechos, notamos u n cambio en sus procederes, por lo demás siempre caballerescos y corteses." Agregó que, en su opinión, la propaganda que se había hecho en Chile, encaminada a probar que la delegación chilena no llevaba otro propósito que el de ir a la entrega incondicional de la Puna, había determinado el fracaso de la Junta de Delegados. La Comisión Arbitral quedó entonces constituida por el señor Mac-Iver por parte de Chile, Uriburu por parte de la Argentina y Buchanan como tercero en discordia. Comenzó el delegado chileno por sostener la nulidad d e la cesión de la Puna hecha por Bolivia a la Argentina, fundándose en que no se podía hacer cesión de un territorio ocupado por otra nación, excepción de nulidad que f u é rechazada por el árbitro. Alegó en seguida la reivindicación, manifestando que Chile había estado en posesión de la Puna, lo q u e también fué rechazado por el árbitro. "Vino al fin el fallo de este grave negocio, terminó diciendo: el señor Buchanan dió acogida a la mayor parte de las pretensiones argentinas, pero n o a todas; dejó u n trozo considerable de la Puna para la nación chilena. Ese fallo ¿fué u n desastre para la diplomacia de Chile? ¿Fué una victoria? Esta cuestión no puede fallarse sino según el criterio de cada cual." En sesión de 10 de enero entró al debate el señor Blanco Viel, defendiendo su labor al frente del Ministerio de la Guerra, especialmente para aumentar los efectivos militares, a lo que se había aludido en la discusión. Para u n estudio de esa candente cuestión de historia diplomática, el debate de 1902 reviste singular importancia. Al expedirse el fallo del rey de Inglaterra sobre la cuestión de límites se renovó en el Congreso la discusión de ese asunto. Durante él don Gonzalo Bulnes hizo en la Cámara de Diputados, en sesión de 9 de diciembre de 1902, la siguiente revelación que no carece de importancia: —Quiero hacer en este momento una revelación que nunca había hecho: Existe en mi poder un documento por el cual consta que el mismo día que se nombraba árbitro en la cuestión de la Puna al señor Buchanan, el Gobierno de Chile, que estaba impuesto que el árbitro nos era adverso, se

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dirigió al Gobierno de Inglaterra pidiéndole que interpusiese su influencia con el gobierno americano para que, a su vez, influyese sobre Buchanan —¿para qué cree la Cámara?— para que el arbitro recién nombrado fuese imparcial. Si alguien me contradice estoy dispuesto a probarlo. El debate del Senado repercutió en la C á m a r a d e Diputados, en la que f u é analizada con prolijidad la política exterior de d o n Federico Errázuriz. Participaron en él diputados de los distintos sectores, se levantó en parte el sigilo de lo que había ocurrido en las sesiones secretas de la Cámara, y condenaron la complacencia de la política exterior de la extinta administración, especialmente los señores Phillips y Bulnes, mientras que el señor Díaz Sagredo la defendió con decisión. Phillips analizó la política sin rumbo seguida en relación con los países limítrofes, denunció con indignación algunos de los procedimientos utilizados por el señor Errázuriz para desprenderse d e cuantos cruzaban sus planes, y se refirió al agravio inferido al señor Barros Arana, cuyo nombramiento para defender los intereses de Chile ante el Tribunal Arbitral de Londres era pedido con insistencia por la opinión ilustrada, mientras era combatido desde el seno mismo del Gobierno por el Presidente de la República y el Ministro del Interior señor Walker Martínez, estimulados por el senador balmacedista señor Sanfuentes. El señor Errázuriz llegó hasta a pedir al Ministro de Chile en Londres, señor Gana, le expresara que la presencia del señor Barros A r a n a en Londres no era necesaria. La circunstancia de haber desempeñado Phillips el cargo de Sub-Secretario del Ministerio de Relaciones Exteriores daba a sus palabras singular gravedad. Se refirió igualmente ese diputado a la constitución del arbitraje para solucionar la cuestión de la Puna de Atacama. "El señor Errázuriz estaba comprometido con el señor Roca a entregar la Puna, y los delegados chilenos fueron a Buenos Aires a hacer u n papel ridículo y bochornoso, sin imaginarse que eran burlados por nuestro propio gobierno", expresó en sesión de 5 de enero. El hijo político del Presidente fallecido, señor Sánchez García de la Huerta, con nobleza q u e le f u é reconocida, pidió se publicaran los nombres de todos los diputados que en las sesiones secretas de la C á m a r a votaron en favor del arbitraje en la cuestión de la Puna, indicación que fué modificada por el señor Robinet, en el sentido de que la Comisión de Relaciones de la Cámara diera a la publicidad lo que, a su juicio, f u e r a digno de revelarse. Finalmente se votó una indicación del diputado Cruchaga para publicar únicamente una lista de los diputados q u e tomaron parte en la votación de la gestión en virtud de la cual se sometió a arbitraje la Puna de Atacama. La primera acta, en la cual se acordaba el funcionamiento en Buenos Aires de una Conferencia de Delegados de ambos países, que debería trazar la línea divisoria entre los paralelos 23 y 26° 52 45", f u é aprobado por 50 votos contra 11. La segunda acta, en la q u e se convenía, para el caso de que en dicha conferencia n o se produjera acuerdo, en la designación de u n delegado chileno y otro argentino y del Ministro de los Estados Unidos en la Argentina, para que, en calidad de demarcadores, procedieran a trazar de manera definitiva la mencionada línea divisoria, fué aprobada por 45 votos contra 16. Usaron de la palabra en favor del proyecto los señores Mac-Iver, Alessandri, Eduardo Matte, Máximo del Campo y A b r a h a m Kónig respecto de la primera acta. Hablaron en contra del proyecto los señores Ibáñez, Huneeus, Pleiteado, Yáñez, Feliú, Jordán, Richard y Kónig respecto de la segunda acta. Actas de las sesiones secretas 39 a 47, celebradas los días 5, 8, 10, 11, 12, 15, 16, 17 y 18 de noviembre d e 1898. Boletín de Sesiones de la Cámara de Diputados, Sesiones extraordinarias de 1901-1902, pp. 1726-1727.

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10 Notario, Reyes Lavalle. Vendedor, Manuel Ruiz Vallador. Pagado al contado: $61,560. D e u d a hipotecaria: 50,000 pesos. 11 En sesión de 22 de enero de 1904 el diputado radical d o n Ascanio Bascuñán Santa María se refirió a la corruptela que se había introducido de hacer modificaciones en contratos que se habían aprobado para la ejecución d e obras públicas, con lo que se irrogaba pérdidas considerables al Fisco y se derivaban grandes ganancias para los contratistas. Felicitó al diputado Francisco Rivas Vicuña por haber planteado una cuestión de la más alta moralidad, para que n o se continuara, por simples decretos, autorizando modificaciones en contratos celebrados en conformidad a las leyes, como había ocurrido con la construcción del ferrocarril de Pitrufquen a A n t i l h u e y Loncoche. Obras que importaban u n millón, resultan después a u m e n t a d a s de valor en cuatro o cinco veces esa cantidad, dijo, porque con ese sistema se hace más fácil la explotación de los intereses fiscales. Sintiéndose aludido Alessandri, dijo en la sesión de 27 de este mes: Alessandri: Su señoría ha dicho que el contratista hizo propuestas ventajosas para llevarse el trabajo, seguro que las grandes influencias que pudiera mover más tarde, en el sentido de modificar el contrato, le permitirían resarcirse con ventaja para él y perjuicio para el Fisco. Estas expresiones, unidas a u n susurro persistente de la maledicencia, fuera de la Cámara, que afecta a mi persona, me inducen a esclarecer las cosas, porque por los deberes d e mi cargo y el honor de la Cámara misma, es necesario debelar estas calumnias. Bascuñán: T o d o podía esperarlo, menos que Su Señoría viniese a increpar mi conducta cuando, en cumplimiento de sagrados deberes, he traído aquí una cuestión de alta moralidad pública. No es el honorable diputado por Curicó quien puede, con ventaja para él, ponerse al f r e n t e de mi conducta, ni crea q u e logrará hacerme callar. C o n esa audacia que todos conocemos, el señor diputado por Curicó viene a desafiarme para que cite la influencia que Su Señoría haya podido ejercer respecto de la modificación del contrato del ferrocarril de T e m u c o a Carahue y otro. Se refirió especialmente a la construcción del ferrocarril de P i t r u f q u e n a Loncoche y de Loncoche a Antilhue, a la que se presentó como p r o p o n e n t e u n ingeniero, a nombre de una sociedad de W e d e l e s y Compañía, de la cual era abogado y representante Alessandri. En esta situación se presentaron las propuestas, y la del ingeniero cliente del señor Alessandri, quien era entonces Ministro de Industria y Obras Públicas, f u é la más baja, por u n valor inferior en cuatrocientos y tantos mil pesos, con gran sorpresa de todos. ¿Qué pasó después? Lo q u e sucedió después f u é que se aceptaron las propuestas por cuatrocientos mil pesos menos que el presupuesto f o r m a d o por la Dirección de Obras Públicas. Algún tiempo después el señor Alessandri gestionaba la modificación del contrato ante la Dirección de Obras Públicas. El debate f u é subiendo de tono y se produjo el siguiente diálogo: Alessandri: Me ha dicho el honorable diputado por Imperial que yo h e ejercitado influencias oficiales para defraudar los intereses del Estado, y ésta es la más grave ofensa que se puede hacer a u n miembro de la representación nacional. Yo necesito desvanecer la ofensa para que mi n o m b r e continúe brillando puro y sin mancha. Bascuñán: Todo eso es farsa. Su Señoría no es más q u e u n farsante. Alessandri: Y Su Señoría un calumniador villano. Bascuñán: Yo no levanto palacios en la A l a m e d a con gestiones administrativas. Alessandri: Lo h e levantado con mi trabajo, con lo que gano en mi profesión, y Su Señoría se está muriendo de envidia porque no es capaz de ganar ni u n centavo con la suya. H e formado mi fortuna con mi trabajo,

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juntando peso sobre peso, y ahí están mis colegas de los Tribunales que pueden decir cuánto he ganado con mi profesión. Bascuñán: Si todos sabemos lo que dicen; si todos saben que Su Señoría es u n agente administrativo. Es hora ya de q u e los farsantes salgan de la Cámara. Alessandri: Y es hora también de que salgan los calumniadores, porque son más dañinos. Explicó a continuación Alessandri el interés que tuvo, siendo Ministro de Industria y Obras Públicas, en 1899, por la construcción de ferrocarriles y q u e la propuesta aceptada al señor Bobillier para ia construcción del ferrocarril de Pitrufquen a Loncoche había sido aprobada con conocimiento de los Ministros de Estado y que ella eta inferior, en más de cuatrocientos mil pesos, a las demás propuestas. Las propuestas se aceptaron el 23 de mayo de 1899. Siguió diciendo: Alessandri: El señor diputado por Imperial m e enrostra el h e c h o de haber edificado u n palacio en la Alameda. A h í en los bancos de enfrente están mis compañeros de Tribunales. Ellos saben que el dinero que poseo lo he ganado en el ejercicio de mi profesión de abogado. Y ahora que me h e visto calumniado, c u a n d o he sentido los mordiscos de la envidia, ahora c u a n d o h e conseguido que reventara en esta Cámara la calumnia a fin d e aplastarla, en verdad, miro al cielo y doy las gracias a Dios, que existe, y en quien creo, por haberme abierto el camino del trabajo y de la fortuna para que pueda debelar a los que n o son dignos siquiera de mi desprecio. Bascuñán: C o m o decía, el señor diputado por C u r i c ó no ha contestado los cargos que yo he formulado en esta Cámara. Yo manifesté desde u n principio que el señor diputado por C u r i c ó era representante o abogado de Wedeles y Cía., que fué q u i e n contrató el ferrocarril de Pitrufquen a Loncoche. Éste es, pues, el secreto de la comedia; que se bajaran las propuestas para que éstas se adjudicaran a determinada persona, bajo la promesa de que se introducirían modificaciones; y el honorable señor Alessandri, siendo Ministro de Industria y Obras Públicas, hizo esta adjudicación. Y fué el señor diputado por Curicó, entonces Ministro, el que adjudicó esas propuestas a los propios contratistas de los cuales era abogado. Alessandri: Su Señoría m e atribuye malas intenciones por despecho y porque en esas propuestas fué vencido Su Señoría. Bascuñán: Nada m e importa que esas propuestas se adjudicaran a éste o a aquél. Pero la verdad es que esas modificaciones, previstas con anticipación, se h a n realizado completamente, y n o quiero c o n esto decir que el señor diputado por Curicó las ha gestionado personalmente, pues esto n o significa nada desde que Su Señoría tiene tantas personas d e quienes valerse. N o m e diga tampoco Su Señoría que n o iba siquiera al Ministerio de Obras Públicas, pues todo el m u n d o sabe que h u b o tiempo en que Su Señoría materialmente vivía en ese Ministerio. Alessandri: N o es cierto. Bascuñán: El señor Alessandri no se ha d e f e n d i d o del cargo que le he hecho de haber sido abogado d e los contratistas, antes de ingresar al Ministerio y de continuarlo siendo hasta el presente. Alessandri: Soy abogado e n los Tribunales solamente del señor "Wedeles, que no es el contratista. Bascuñán: Es que Su Señoría n o es sólo abogado en los Tribunales, sino que ante el Gobierno es ü n gestor administrativo. Las gestiones encaminadas a obtener el contrato del ferrocarril de Pitrufquen a Loncoche y de Loncoche a Antilhue, no se hicieron ante los Tribunales, sino ante el Gobierno. Alessandri: Si yo era Ministro en esa época. Bascuñán: Pero no lo era cuando gestionaba esas propuestas, cuando las

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preparó por u n precio tan inferior, q u e dejaban realmente en ridículo a los proponentes honrados que n o podían tomar como base las modificaciones futuras, Alessandri: Pero, si yo mismo pedí esas propuestas. Entré al Ministerio el 19 de diciembre de 1898 y pedí las propuestas en febrero del 99. Bascuñán: Pues eso, precisamente, es lo más incorrecto. Su Señoría gestionó ese contrato antes de ser Ministro. Alessandri: N o es cierto. Bascuñán: C u a n d o yo lo afirmo, es porque me consta. Alessandri: Pero yo, que intervine como Ministro en ese asunto, afirmo lo contrario. Bascuñán: La Cámara y el país juzgarán entre Su Señoría y yo. ¿Será necesario dejar constancia de que no hubo envío de padrinos ni Be llegó al duelo?

Capítulo

IV

LA O L I G A R Q U I A P A R L A M E N T A R I A Al comenzar el siglo persistían sobre la situación geográfica d e Chile los factores que lo convertían en una verdadera isla, aislado del resto del m u n d o por barreras poco menos que insalvables, sin que le quedara abierta al tráfico mercantil otra ruta que la marítima. Pero por esos mismos días, comenzaron á gravitar sobre su desenvolvimiento algunos inventos, entre los cuales la energía eléctrica aplicada al alumbrado y la movilización, contribuirían a transformar fundamentalmente los hábitos de la vida social y económica. El 1' de junio de 1900 se fundaba en Santiago el diario El Mercurio, llamado a ejercer apreciable influencia como expresión del pensamiento d e un considerable sector de la opinión ilustrada, mientras en el campo espiritual surgían personalidades e iniciativas reveladoras de anhelos profundamente renovadores. El legado que recibió el gobierno del señor Riesco de su antecesór, particularmente en el terreno internacional, no podía ser más ingrato. ¿Sería una revelación para el país decirle que nuestras relaciones exteriores se encuentran en u n pie deplorable, y que las gestiones diplomáticas con el Perú, Bolivia y la Argentina se hallan hoy más enredadas que nunca?, decía en la Cámara de Diputados el 27 de junio de 1901 don Gonzalo Bulnes. 1 Las vibrantes voces de los diputados Walker Martínez, Irárrázaval y Bulnes se alzaron en las sesiones ordinarias de ese año pará poner de relieve la vacilante política exterior seguida por el gobierno anterior, el abandono en que se encontraba el ejército, la inferioridad de las fuerzas navales de la República, comparadas con las del país vecino, y el aislamiento diplomático en que se hallaba el país. Fracasadas las negociaciones diplomáticas con Bolivia, repudiado el protocolo Billinghurst-La torre, las relaciones diplomáticas con el Perú y Bolivia se encontraban al margen d e la ruptura, con el retiro de la representación diplomática de esos países. "Hoy nos encontramos en una situación intermediaria entre la paz completa y la ruptura d e relaciones, decía el diputado írarrázaval el 24 d e julio. No otro es él estado que crea el retiro d e sus representantes ante nuestra Cancillería dispuesto por el gobierno d e esos países." El fracaso de la misión Kónig a Bolivia, y la desgraciada nota que le puso término, intensificó contra Chile la hostilidad de sus enemigos, que creyeron llegada la oportunidad d e mover la opinión internacional en su contra.
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Las relaciones con la Argentina n o habían cambiado favorablemente, y el doloroso sacrificio d e la entrega de la P u n a d e A t a c a m a n o había mejorado la situación: los avances argentinos en el territorio en disputa, sometido al arbitraje d e S. M . Británica, despertaban en Chile la vibrante reacción de patriotas apasionados y la exaltación d e la prensa, lo que n a t u r a l m e n t e contribuía a m a n tener la inquietud en el ambiente. D e cuán precaria era la situación de Chile en ese terreno lo reveló bien a las claras el r u m b o que tomaron las cosas en el Congreso Panamericano reunido en México a fines de ese año, en el q u e la representación de Chile f u é confiada a los señores Alberto Blest Gana, Augusto Matte, Joaquín W a l k e r Martínez y Emilio Bello Codesido, y en el que estuvieron coludidos, en aquel mom e n t o crítico de la vida internacional, Perú, Bolivia, la Argentina, acompañados del Uruguay y Paraguay, para aprobar u n proyecto, sigilosamente preparado, q u e obedecía al propósito d e sancionar el arbitraje obligatorio para todas las cuestiones pendientes y las q u e se produjeran en el futuro. La indiferencia de la delegación d e los Estados Unidos, y la energía, actividad y diligencia d e los diplomáticos chilenos, lograron desvanecer los peligros que en aquella oportunidad amenazaron la vida de la República, que era sólo el resultado d e la política d e claudicaciones y debilidades q u e caracterizaron la gestión internacional de don Federico Errázuriz. 2 En el terreno político la vida nacional se desenvolvió bajo el régimen d e u n a oligarquía parlamentaria, representativa d e los intereses económicos predominantes. Puso de relieve el carácter d e ese estrecho maridaje existente entre los intereses políticos y económicos, el diputado Irarrázaval, quien en sesión d e 25 de julio, decía que los fondos públicos constituían la riqueza y el patrimonio d e los empleados públicos, de los contratistas y d e las personas q u e ejercían la industria bancaria, q u e era privilegiada. "Es preciso decirlo fríamente, porque es la verdad, expresó, son los bancos los q u e en Chile tienen la dirección d e la política." Llamó la atención al peligro que envolvía el hecho d e q u e corrieran por u n a misma m a n o los intereses del Estado y d e los bancos, a cuya cobardía atribuyó la complacencia y lá política de convencionalismo a la que se habían sacrificado los intereses materiales del país y aun el decoro nacional. El señor Riesco, conciliador, modesto, celoso observante de las normas jurídicas, sin pretensiones absorbentes, ajeno a todo caudillismo, ajustó su conducta a lo q u e entendía constituía su deber d e magistrado en u n a república parlamentaria. A l asumir el poder organizó u n gabinete q u e se llamó de Alianza Liberal, integrada por liberales y balmacedistas, en el que las carteras se repartieron en la siguiente forma: Interior, Barros Luco; Hacienda, Juan Luis Sanfuentes; Jus-

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ticia e Instrucción Pública, Manuel Egidio Ballesteros; Relaciones, Eliodoro Yáñez; Guerra y Marina, Beltrón Mathieu, e Industria y Obras Públicas, Ismael Tocornal. A l presentarse ese Ministerio en la Cámara de Diputados, con un programa anodino y conciliador, dijo Guillermo Rivera, hablando a nombre del partido balmacedista. "En el año 1899, la Alianza Liberal era una utopía. Hoy día es realidad y los diputados liberales pueden afirmar que han llevado su contingente inquebrantable de disciplina a la realización de esta obra de reconstrucción política de la República." Esa declaración no pasó de ser una sangrienta ironía, pues de allí a poco ese partido, abandonando las filas de la Alianza', volvió a reunirse a los conservadores, obligando al Presidente a organizar Ministerios coalicionistas. Más tarde volvió a la Alianza, enmendando el rumbo, para iniciar así el camino de los Gabinetes turnantes, que haría del todo estéril la acción del Ejecutivo. Trabajado ese partido por fuertes personalismos, contribuyó como ninguno a caracterizar la inanidad del régimen político. Al encontrarse el Presidente sin una acentuada mayoría parlamentaria, recurría a lo que se llamaba u n Gabinete d e Administración, que integraban personalidades alejadas de la política activa o que se hallaban vinculadas a la administración pública. Los cambios ministeriales comenzaron a plantearse por los motivos más fútiles, en el fondo de los cuales siempre gravitaba u n interés electoral. Ese primer Gabinete del señor Riesco tuvo una vida precarísima. Ya en octubre el Ministro de Hacienda, Juan Luis Sanfuentes, había sido reemplazado por el señor Barros Borgoño, pero a mediados del mes siguiente se organizó u n o nuevo, con liberales y balmacedistas, que fué el Tocornal-Yáñez, que duró cinco meses en funciones. Ante las escaramuzas que se plantearon en el Congreso se organizó en mayo de 1902 un nuevo Ministerio de liberales y balmacedistas, presidido por don Ramón Barros Luco y en que la cartera de Relaciones fué confiada a don José Francisco Vergara Donoso. Fué el tercer Gabinete d e la Alianza Liberal, que duró hasta noviembre, en víspera de las elecciones para la renovación del Congreso, circunstancias en las que se unieron las dos fracciones del partido balmacedista, dirigidas por el señor Sanfuentes, que inició por esos días con éxito su activa acción desquiciadora. Constituido en jefe del partido liberal democrático, el señor Sanfuentes, nunca más volvió a desempeñar u n a Secretaría d e Estado, e instalado en la "casa azul" d e la calle Compañía, presidió el centro más activo de influencia política, al cual acudían solícitos los postulantes. El campo de su acción fué naturalmente el de la administración pública, en la que dió colocación a u n a vasta clientela, de la que no se vieron excluidos los magistrados de los Tribunales de Justicia, afianzándose así una magistratura política, como en los tiempos de don Manuel Montt, cuya obra

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sería p r o f u n d a m e n t e desmoralizadora y contribuiría a desacreditar el régimen parlamentario. La oligarquía parlamentaria comenzó a d o m i n a r sin contrapeso e n todo el organismo político de la República: surgió el caudillismo local, representado las más d e las veces por el senador o d i p u t a d o más influyente, que repartía los cargos públicos en la provincia entre su clientela, e intervenía abiertamente e n la inversión d e los gastos públicos, sin otra mira q u e favorecer a sus electores o satisfacer sus intereses. Los Ministros de Estado se convirtieron así en meros representantes d e esos conglomerados políticos, sin voluntad propia, ni u n programa constructivo, ni anhelos reformistas. Ya en el pacto suscrito en noviembre, de u n a frivolidad lind a n t e con lo grotesco, q u e dió origen al gabinete d e coalición, ambos partidos, conservadores y balmacedistas, se comprometieron a ayudarse en la calificación d e los poderes d e sus miembros, para hacerla con criterio exclusivamente político, y se llegó al total falseamiento de la representación popular. D e acuerdo con la ley electoral vigente, los poderes d e los senadores y diputados debían ser otorgados por la respectiva Junta Escrutadora, en las q u e se había introducido, desde algunos años a esa parte, la corruptela de q u e se dividieran en mayoría y minoría, q u e extendían poderes a distintos candidatos. Surgieron entonces lo q u e se d e n o m i n ó poderes duales o dualidades. D e aquí la escandalosa d u ración q u e tenía la calificación d e la elección d e los miembros d e las Cámaras, q u e daba lugar a los debates más pueriles y apasionados, y en los q u e se perdía u n tiempo precioso. La precaria situación internacional dió origen a nuevas alarmas bélicas, a u n o y otro lado de los Andes, y el espectro d e la guerra apareció n u e v a m e n t e con su faz amenazadora, alentado por parte d e la prensa y ciertos sectores. En enero de 1902 el Congreso autorizó al Ejecutivo para invertir tres millones de libras esterlinas en adquisiciones navales y para contratar empréstitos. E n esas circunstancias, en u n ambiente d e incertidumbre y en medio d e los cambios ministeriales, el Presidente Riesco encaró la situación con entereza y en medio d e mil dificultades, y después d e negociaciones laboriosas con el agente diplomático argentino señ o r José A . Terry, se firmaron el 28 de Mayo los pactos en los q u e descansa la amistad chileno-argentina. Consistían en u n acta preliminar, u n tratado general de arbitraje y u n a convención sobre armamentos navales. El acta preliminar consignaba la ordinaria expresión de anhelos comunes, ante el temor q u e prevalecía en muchos círculos chilenos, y que en el Congreso de México había q u e d a d o d e manifiesto, de q u e Argentina interviniera en las cuestiones pendientes q u e C h i l e tenía con Perú y Bolivia. D e aquí la declaración del Ministro de Relaciones Exteriores, según la cual, respetando

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la independencia e integridad d e los demás Estados, Chile no abrigaba tampoco propósitos d e expansión territorial, salvas las que resultaren del cumplimiento d e los Tratados vigentes o que más tarde se celebraren, y que perseveraría en esa política. El arbitraje pactado fué amplísimo: las Altas Partes contratantes se obligaron a someter a él todas las controversias, de cualquier naturaleza, que surgiesen entre ellas, en cuanto no afectasen a los preceptos de la Constitución de u n o y otro país, y siempre que n o pudieran ser solucionadas mediante negociaciones directas. El árbitro debía decidir d e acuerdo con los principios del derecho internacional. Por la Convención sobre armamentos navales, ambos gobiernos se comprometieron a desistir de la adquisición d e las naves de guerra que por esos días se construían y a disminuir sus respectivas escuadras, para lo cual se gestionaría u n acuerdo que produjese la discreta equivalencia d e ambas flotas. A l divulgarse los pactos se experimentó una sensación de alivio en la tensión internacional, matizada con distintas reacciones en Argentina, Perú y Bolivia, pero ellos encontraron una vigorosa resistencia en los Congresos d e Santiago y Buenos Aires. El Senado chileno los aprobó por abrumadora mayoría en sesión de 20 d e julio, y el Senado argentino en sesiones d e 27 y 28 del mismo mes. E n la Cámara de Diputados encabezaron la resistencia los señores Gonzalo Bulnes, Alfredo Irarrázaval, Eduardo Phillips, Ramón Serrano Montaner y Daniel Ríoseco, quienes comenzaron por protestar que se les discutiera en sesiones secretas. U n a oposición similar encontraron en la Cámara argentina. A fin de quebrantar esa oposición se suscribió el acta de 10 d e julio de 1902, por la que se declaró que no podía ser materia d e arbitraje la ejecución de los Tratados vigentes o de los que fuesen consecuencia de los mismos, con lo que se excluyeron d e arbitraje con la República Argentina las dificultades pendientes con Perú y Bolivia, y se consignó que no asistía derecho a ninguno de los gobiernos contratantes a inmiscuirse en la forma que el otro adoptase para dar cumplimiento a esos Tratados. Se estableció, además, que la discreta equivalencia naval n o hacía necesaria la enajenación d e buques, a fin d e que ambos Gobiernos conservaran las escuadras necesarias para la defensa natural y el destino permanente de lá República d e Chile en el Pacífico y de la República Argentina en el Atlántico y Río de la Plata. El 8 de agosto el grupo d e diputados opositores lanzó u n manifiesto al país contra los pactos, mientras iniciaba su defensa en las columnas de El Ferrocarril don Julio Zegers. 3 Sostenían los opositores, motejados de "internacionalistas", que los pactos serían ineficaces por la mala fe argentina, que en cierto sentido eran inconstitucionales, y que constituían al país en una especie

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d e protectorado británico. Decían, finalmente, q u e ejercerían u n a influencia gravísima en la solución del problema del norte y que, en cuanto a equivalencia naval, dejaban al país en u n a inferiorid a d de la mitad en relación al poder con q u e quedaba l á A r gentina. La defensa del señor Zegers, elegante, fina, irónica, n o compartía los siniestros vaticinios d e los opositores. "El pacto d e desarme no es el fantasma d e dos caras q u e forjan fantasías enfermas, escribía. Es u n a solución cuerda y patriótica q u e consulta, en la medida de lo posible, la paz y buenas relaciones entre dos Estados vecinos que h a n vivido en paz, nunca alterada, y q u e están p r o f u n d a m e n t e interesados en mantenerla en servicio propio, en homenaje a los deberes de h u m a n i d a d . Los pactos d e arbitraje y desarme impedirán q u e se explote en adelante el patriotismo con alarmas d e guerra que consumen los recursos nacionales y producen crisis desastrosas." "Es grato abandonar ese campo de recelos y desconfianzas, terminaba diciendo, para respirar la atmósfera pura y generosa d e fraternidad y d e respeto que producen los pactos celebrados por Chile y la República Argentina." La Cámara, desestimando los siniestros vaticinios del patriotismo exaltado, después d e 51 días d e discusión, aprobó el pacto de arbitraje por 59 votos contra 7, y el d e limitación d e armamentos por 53 contra 13. ¡Esa memorable jornada parlamentaria hace alto honor a la cultura política, al patriotismo y a la capacidad de esa legislatura. Tres meses más tarde, el 20 d e noviembre d e 1902, se expidió el fallo arbitral de S. M. Británica por el q u e se ponía término a la controversia territorial, que incluía u n a extensión d e 94,140 kilómetros cuadrados. En virtud d e él se asignaron a Chile, 54,225 kilómetros cuadrados, y 39,915, a lá República Argentina. Si bien Chile apareció favorecido en cuanto a la extensión territorial q u e se le reconoció, la República Argentina alcanzó mayores ventajas, por cuanto quedó en posesión d e regiones de mayor porvenir económico. El Tribunal arribaba a la conclusión d e q u e los T r a tados eran ambiguos en sus estipulaciones fundamentales, y se prestaban a las interpretaciones antagónicas q u e deducían las partes, y consideró que debía prescindirse d e los Tratados y buscarse la solución en u n reparto prudencial y equitativo d e los territorios, dentro de las exigencias extremas formuladas por las Altas Partes. El Tribunal reconoció la superioridad teórica d e la línea divisoria propuesta por Chile en la mayor extensión d e la cordillera, pero al trazar el límite en la Patagonia, se desvió prácticamente d e ella, y en lugar d e atender a u n principio geográfico, reconoció u n a situación d e hecho, es decir, atendió a la ocupación. Los valles d e Lacar, 16 d e octubre, Cholila y otros, ocupados con poblaciones, fueron entregados a la República A r -

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gentina. El Tribunal creyó encontrar u n a equivalente compensación para Chile en la adjudicación que le hizo d e los valles de Cisnes y Aysén y de los territorios d e Ültima Esperanza. El fallo arbitral fué comentado con apasionamiento a u n o y otro lado d e los Andes por los sectores más exaltados: mientras el doctor Zeballos decía que sancionaba gravísimas planes de expansión política de Chile, en la Cámara d e Diputados se alzó la voz de don Ramón Serrano Montaner, quien sostuvo que importaba la amputación de una parte importante del territorio nacional, y que, al hacer la división de algunos lagos, se creaba la fuente de futuras dificultades. Felizmente, los temores de los agoreros no se cumplieron, y el magnífico ejemplo de cultura política que dieron ambos países abrió el camino al desarme moral y en seguida a una verdadera confraternidad llamada a rendir los más fecundos y provechosos frutos. Pero, en medio de la sensación de tranquilidad que se derivó de la sanción de los pactos d e Mayo, lá política interna volvió a complicarse a consecuencia de la defección de los balmacedistas de la Alianza Liberal, y d e su ingreso a la Coalición con conservadores y nacionales, en virtud del pacto del 11 de noviembre, destinado, ante todo, a afianzar su situación en el Congreso. Esta desvergonzada voltereta dió origen a la organización del primer Gabinete de Coalición de la Administración Riesco, el Fernández Albano-Pinto Agüero, en el que se asignaron a los balmacedistas tres carteras: Relaciones, Hacienda e Industria y Obras Públicas. Al presentarse este Ministerio a la Cámara de Diputados el 21 de noviembre, fué objeto de los más violentos ataques d e parte de liberales y radicales. " D e repente, en la forma silenciosa y sorpresiva en que se preparan los grandes atentados, nuestros aliados, los liberales democráticos, desertaron de las filas de la Alianza y se unieron a sus adversarios para derribarla del gobierno, hiriendo por la espalda al veredicto popular del 25 de junio", dijo el diputado Ibáñez. "Resulta entonces que este movimiento, agregó, debe su existencia a propósitos d e repartición de cargos y empleos públicos. Este Ministerio llega, pues, al Gobierno a repartir raciones." No menos violentos fueron en sus apreciaciones, para condenar airadamente la actitud de los balmacedistas los diputados Huneeus y Aldunate Bascuñán, y mientras el primero constató la impresión d e desaliento que dejaba esa defección, el último señaló las funestas consecuencias q u e produciría, fomentando la empleomanía para reclutar adeptos en vísperas de elecciones. "El país está navegando en una anarquía escandalosa, decía Huneeus, desde hace muchos años. Desde la revolución acá, tenemos que reconocerlo, todas las fórmulas de Gobierno ensayadas han fra-

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casado por obra exclusiva del partido liberal democrático. Yo n o digo q u e en el seno d e la Alianza n o haya habido a veces desunión, pequeños intereses contrapuestos; pero todo ello n o autorizaba u n movimiento d e lá trascendencia del q u e ha ejecutado el partido liberal democrático."
" D e m a n e r a q u e la dirección liberal democrática, decía a su vez el dip u t a d o A l d u n a t e Bascuñán, olvida los intereses generales del país, los intereses del liberalismo, que n o son fantasías, sino anhelos d e l a l m a ; y ¿porqué? Por cuatro asientos más en la C á m a r a o en el Senado, por eso q u e los españoles l l a m a n u n poco de turrón."

N o menos ingrata f u é la acogida que el Ministerio encontró en el Senado, en el q u e alzaron su voz los señores Mác-Iver y Reyes. "Yo considero, dijo el primero, que ya entre nosotros los partidos apenas existen, habiendo d a d o lugar a los bandos políticos. ¿Por q u é cayó el Ministerio Barros Luco? ¿Por q u é se efect u ó este cambio? ¿Por q u é volvemos d e nuevo a estos juegos ministeriales " Heridos en su amor propio, caracterizados con los conceptos más denigrantes, los diputados balmacedistas se defendieron con tenacidad, si no con brillo n i razones valederas, a través d e sus mejores oradores, los señores Pinto Agüero, Vázquez G u a r d a y Meeks. Q u e d ó bien de manifiesto, a pesar d e las declaraciones d e prescindencia electoral hechas por el Ministro del Interior, q u e el Gabinete tenía intenciones d e verdadera hostilidad contra el Presidente, y como éste se resistiera a cambiar a algunos agentes inferiores del Ejecutivo, presentó su renuncia el 16 d e diciembre, al mismo tiempo que la C á m a r a acordó la suspensión d e la discusión d e la ley d e presupuestos, por 40 votos contra 31, resolución d e la cuál protestó airado d o n Gonzalo Bulnes. Se iba directamente al avasallamiento del Ejecutivo. Pero diez días más tarde se presentó el Gabinete a la C á m a r a de Diputados, en la q u e declaró que se habían salvado las desinteligencias suscitadas con el Presidente d e la República y q u e el Ministerio m a n t e n d r í a el programa expuesto al iniciar sus funciones, especialmente e n c u a n t o decía relación con la contienda electoral. Finalmente, el 7 de febrero se terminó lá discusión d e los presupuestos y cinco días más tarde se clausuró el período d e sesiones extraordinarias del Congreso. Los preparativos para la contienda electoral embargaron desde ese m o m e n t o toda la actividad política. El reparto d e los asientos parlamentarios constituía preocupación absorbente e n todos los círculos. La lucha se iba a dar en condiciones m u y desfavorables para la Alianza, que temía ver considerablemente reducidas sus filas. Las elecciones se verificaron en los primeros días d e marzo, sin q u e se produjeran desórdenes, y para 94 diputaciones obtuvieron poderes 105 candidatos, y para 13 bancas en el Senado preten-

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dían haber sido elegidas 17 personas. Lá coalición pretendía disponer de 55 votos en la Cámara y 18 en el Senado, contra 40 que decía la Alianza en la Cámara de Diputados y 13 en el Senado. Apenas realizadas las elecciones, y debido a la precaria salud del Presidente, se vió éste obligado a alejarse del poder durante tres meses, lo que dió origen a un nuevo cambio ministerial, en el que se confió la cartera del Interior al señor Barros Luco, quien designó al señor Rafael Sotomayor para la de Relaciones Exteriores. Las demás carteras fueron repartidas entre conservadores y balmacedistas. El señor Barros Luco asumió la Vice Presidencia el 4 de abril.
T a n t o el Senado como la Cámara tuvieron en la legislatura que se inició en 1903, una fuerte mayoría coalicionista, de conservadores y balmacedistas. Entre los primeros figuraron los señores Astorquiza, Octavio; Campillo, Luis E.; Concha, Carlos; Correa, Manuel Domingo; Cruchaga, Miguel; Bernales, Daniel; Díaz Sagredo, Eulogio; Echenique, Joaquín; Eyzaguirre, Javier; García Sierpe, Ignacio; Huneeus, Alejandro; Ochagavía, Silvestre; Ruiz Valledor, Eduardo; Urzúa, Darío; Vergara Correa, José; Urrejola, Gonzalo, y Rivas Vicuña, Francisco. La cuota de los diputados balmacedistas, o liberales democráticos, era muy alta, figurando entre ellos los señores Alemany, Julio; Casanova Zenteno, Rafael; Figueroa, Emiliano; Letelier, Aníbal; Meeks, Roberto; Montenegro, Pedro N.; Ossa y Ossa, Blas; Paredes, Fanor; Pérez Eastman, Santiago; Pinto Agüero, Guillermo; Porto Seguro, Luis; Salas Lavaqui, Manuel; Bello Codesido, Emilio; Zañartu, Héctor; Sanfuentes, Vicente; Toro Herrera, Santiago; Vázquez Guarda, Efraín; Villegas, Enrique; Balmaceda, Daniel; Sánchez, Darío y Vergara, Luis Antonio. De balmacedistas aliancistas se calificaba a los señores Casanova, Porto Seguro y Rivera. La representación del partido liberal, muy reducida, estaba integrada por Alessandri, Figueroa Larrain, Javier; Ibáñez, Maximiliano; Larraín Claro, Carlos; Echaurren, José Francisco; Irarrázaval, Alfredo; Valdés Cuevas, José Florencio; Valdés Valdés, Ismael; Valdivieso Blanco, Jorge; Freire, Fernando, y Zañartu Fierro, Carlos. Entre los diputados radicales se destacaban Bascuñán, Ascanio; Ávalos, Carlos Gregorio; Carvallo, Ramón Liborio; Corvalán Melgarejo, Ramón; Larenas, Alberto; Lorca Marcoleta, Perfecto; Matus, José Tomás; Pleiteado, Francisco de Paula; Rocuant, Enrique; González Julio, Samuel; Lamas, Luis; D e l SolaT, Rosamel; Suárez Mújica, Eduardo; Muñoz, Fidel y Plummer, Guillermo. Los nacionales, muy castigados en las elecciones, estaban representados por los señores Besa, José Víctor; Cruz Díaz, Aníbal; Dávila, Ponciano; Edwards, Agustín; Espinoza, Manuel; Urrutia, Miguel, y algún otro; mientras que la representación demócrata estaba reducida a tres diputados, los señores Guarello, Concha y Gutiérrez.

Una situación similar se produjo en el Senado, en el que tuvieron bancas los jefes políticos señores Fernando Lazcano, Pedro Montt, Juan Luis Sanfuentes, José Tocornal y Arturo Besa, y en el que se destacaban por su vigorosa personalidad los señores Mac Iver, Walker Martínez y Vicente Reyes. La labor de ese año fué de una esterilidad y frivolidad verdaderamente impresionantes, pues la mayor parte de las sesiones del período ordinario estuvo dedicada a la calificación de las elecciones de sus miembros, hecha con escandaloso criterio político.

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A l reasumir sus funciones el señor Riesco introdujo una pequeña modificación en el Ministerio anterior, pasando a Interior el d e Relaciones, señor Rafael Sotomayor, e ingresando a esta última cartera el nacional, d o n Máximo del Campo. La vida d e este Gabinete no f u é duradera, pues en breve surgieron las desinteligencias entre los partidos de mayoría, derivadas de algunos nombramientos y d e la calificación d e las elecciones, lo que hizo temer el retiro de los nacionales d e lá combinación gobernante. Se organizó entonces un Gabinete de conservadores y nacionales, que juró el d e septiembre: f u é el Ministerio Matte Pérez-Edwards Agustín, en el que se confió la cartera d e Relaciones al diputado por Quillota, joven entonces d e 25 años, y que había iniciado su brillante carrera pública tres años antes. Los balmacedistas, fuertemente resentidos por no disfrutar de los gajes del poder, anticiparon la precaria vida que tendría el Gabinete. A n t e la impotencia en que iba cayendo el Ejecutivo y la esterilidad de la labor política y administrativa, el Presidente creyó necesario bosquejar u n programa de acción, que sometió a los jefes de partidos, entre cuyos puntos incluyó la modificación de los reglamentos d e las Cámaras; la reforma electoral, renovando los registros a fin d e evitar las dualidades; la ejecución d e algunas obras sanitarias, entre ellas el alcantarillado de Santiago y de otras poblaciones; la solución del problema internacional del norte; la construcción de vías férreas y el establecimiento de Cajas de A h o rros y poblaciones para obreros. El Gabinete f u é recibido con tibias palabras d e buena crianza en ambas Cámaras, pero a principios de octubre, después del regreso de Europa del jefe del partido nacional, don Pedro Montt, el Gabinete f u é parchado, ingresando a Interior el señor Besa, don Arturo, y a Guerra y Marina el conservador señor Barros Méndez, don Luis. El señor Besa leyó u n programa en el que prometió seguir la línea política del Ministerio anterior, incluyendo algunas cuestiones de interés nacional, la colonización, lá mortalidad general, las relaciones exteriores, etc.; es decir, el mismo programa que habían ido repitiendo los Ministros anteriores, y que no dejaban d e arrancar expresiones de amargo escepticismo en los corazones patriotas, que veían con h o n d a preocupación el futuro. Mientras los miembros d e la mayoría ofrecían su incondicional adhesión, radicales y liberales formulaban reparos, críticas ardientes y advertencias sombrías que caían en el vacío. Comenzaba a gravitar ya en la situación política la cuestión presidencial, y las mutacioñes que se sucedían tenían la más estrecha vinculación con ella. La versatilidad de que se acusaba al partido balmacedista se f u n d a b a , en opinión d e sus adversarios, en el hecho d e que ya despuntaban entre sus caudillos, ambiciones presidenciales. La oligarquía parlamentaria dominaba sin contrapeso alguno: pequeños grupos d e diputados fraguaban en los pasillos zancadi-

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lias, que derribaban sin remedio los Ministerios a los dos o tres meses d e nombrados. La rotativa ministerial iba así haciendo caer la acción del Ejecutivo en la impotencia y en el marasmo. U n grupo de diputados balmacedistas, movido por vivo descontento, explotado por los sectores aliancistas, acordó lá postergación de la discusión de la ley dé presupuestos para 1904 hasta después del 31 d e diciembre. Ese recurso, utilizado desde entonces con harto lamentable frecuencia, iba a constituir u n o de los peores factores de perturbación en la marcha administrativa del país y a contribuir a desacreditar el régimen político. El Gabinete, herido de muerte, renunció el 23 de diciembre. Los pequeños grupos parlamentarios, no contentos con entregarse al juego d e derribar Ministerios, llevaron más adelante su obra y comenzaron a imponer los nombres de sus propios integrantes para incorporarlos a los equipos ministeriales. Lá solución de la crisis fué bastante laboriosa, hasta que en los primeros días de enero juró el Gabinete Errázuriz Urmeneta-Silva Cruz, integrado por conservadores, nacionales y balmacedistas, que logró hacer promulgar la ley d e presupuestos el 5 d e febrero de 1904. Dos meses más tarde, la Junta Ejecutiva del partido liberal democrático decidió romper la alianza con los conservadores y el Gabinete se derrumbó estrepitosamente. U n a honda sensación de amargura y descontento había prendido en muchas almas al constatar la frivolidad de la vida política', la desmoralización ambiente y la mediocridad de los hombres que desfilaban al frente de los más altos cargos políticos. "Con la mano puesta sobre el corazón y con la sinceridad de los hombres honrados, decía el diputado Maximiliano Ibáñez, en la recepción del Gabinete Errázuriz-Silva Cruz, el 11 de enero de 1904, tenemos que reconocer el maleamiento d e nuestras instituciones, la desorganización de los servicios públicos, el despilfarro de los fondos nacionales y la desmoralización general que nos invaden." Desde el primer momento se vió la debilidad de ese Gabinete, que conservando la fisonomía política del anterior, se limitó al cambio de algunos hombres, a fin de satisfacer las ambiciones de algunos diputados balmacedistas. Lá oposición juzgó con acritud, en la tribuna de la Cámara, el momento político, y un voto que formuló, que decía: "la Cámara deplora la forma en que se ha organizado el actual Gabinete", logró sólo dos votos de mayoría para rechazarlo. El Presidente había caído en una notoria impotencia para ejercer sus facultades constitucionales y designar los Ministros de Estado, que imponían los pequeños círculos o grupos de diputados. Refiriéndose a la presión que en este sentido ejercían los diputados balmacedistas, decía Maximiliano Ibáñez en sesión de 19 de octubre de 1903: "Este partido se h a hecho el paladín del parlamentarismo, llevando el régimen parlamentario hasta extremos

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verdaderamente inconcebibles, hasta anular en absoluto la acción del jefe del Estado, hasta arrebatándole - la preciosa facultad constitucional de nombrar sus Secretarios d e Estado". Pero f u é el clamor contra la inmoralidad administrativa predominante, lo que puso una nota más sombría sobre esa legislatura. Ya el diputado Bascuñán Santa María había formulado una gravísima acusación contra Alessandri, recordada en páginas anteriores, y pocos días después el diputado Irarrázaval señaló a cuatro diputados como gestores en las propuestas para proveer d e calzado al ejército. Los partidos se disputaban con encarnizamiento la cartera de Obras Públicas, á través de la cual se invertían cuantiosos caudales públicos. "Así se explica lá verdadera pecha que se produjo al organizarse el actual Ministerio, decía Irarrázaval en sesión de 29 de enero de 1904, alrededor de la cartera de obras públicas, algo que no se había visto jamás en nuestro país. Los partidos h a n librado batalla por la posesión de esa cartera, confesando que el manejo de ella importaba beneficios para sus intereses políticos". "¿Cómo, no hay una mano que intente poner remedio al mal, que aplique a la llaga el hierro candente?, preguntaba más adelante. ¿Qué hace S. E. el Presidente de la República? ¿No conoce este alto funcionario las malas influencias que se arrastran a su alrededor? ¿No ha llegado hasta su almohada el rumor de las protestas, verdaderamente indignadas aunque sordas de la opinión pública, en presencia de actos de inaudita inmoralidad ejecutados por personas que están cerca de él? ¿Considera S. E. que sirve al país al mantenerse mudo, imperturbable, contemplando la vergonzosa situación presente? El país se ahoga en una atmósfera nauseabunda, expresó. La vigorosa clarinada del diputado Irarrázaval conmovió a la Cámara y en medio de las reacciones de los diputados señalados por el dedo acusador, se puso d e relieve el escandaloso derroche de los caudales públicos por medio de los contratos de colonización, la modificación de las propuestas para la ejecución d e obras públicas, la adquisición de transportes para la armada y de elementos para el ejército. D e aquí surgió el proyecto de acuerdo, formulado por el diputado radical Fidel Muñoz Rodríguez, para nombrar una comisión investigadora. "Los gravísimos denuncios hechos por los señores Bascuñán, Irarrázaval, Zañartu y Hübner, dijo, manifiestan que existen en esta honorable Cámara elementos disolventes que sin mirar al bien nacional, sólo persiguen la satisfacción d e sus personales intereses." El voto formulado estaba concebido en estos términos: "La Cámara acuerda el nombramiento d e una Comisión parlamentaria encargada de investigar los denuncios formulados en su seno con motivo de gestiones incorrectas e indebidas ejercidas por miem-

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bros d e la Cámara en contratos públicos y demás casos análogos que se denuncien ante la misma Comisión." A pesar de los reparos del diputado Pinto Agüero, que creyó ver en el voto un ataque al Presidente de la República, el proyecto de acuerdo f u é aprobado por 33 votos, absteniéndose de votar 25 diputados. El diputado Díaz Sagredo complementó la indicación para que la investigación se hiciera extensiva a las compras de carbón para los ferrocarriles y agentes que intervinieron en ellas, y a la internación de ganado argentino por los boquetes de la cordillera y quiénes eran los internadores; mientras el señor Rioseco propuso que se incluyera todo lo relacionado con la adquisición del crucero Chacübuco y los transportes Mdipo y Rancagua, por cada uno d e los cuales se había pagado 30.000 libras, más del precio en que habían sido ofrecidos. La Cámara acordó finalmente el nombramiento de dos comisiones, una que debía admitir únicamente los cargos firmados por diputados en ejercicio, dentro del plazo de ocho días, y otra que debía investigar los hechos siguientes:
a) Nota del Ministro de Chile en Francia sobre la adquisición del crucero Chacahuco, y razones por que se pagó mayor precio que el pedido por el vendedor. b) Antecedentes de la adquisición de los transportes Maipo y Rancagua, agentes que intervinieron, precio que valían y precio que se pagó. c) Internación de ganado de la Argentina, quiénes eran los internadores, qué resguardos aparecían comprometidos en los contrabandos y qué medidas había adoptado la Superintendencia de A d u a n a s para castigar a los culpables; y, d) Compras de carbón para los ferrocarriles, agentes que habían intervenido y forma en que se procedía en la aceptación de las propuestas.

Naturalmente que todo aquello no pasó de constituir una mera declaración académica y pronto cayó la losa del olvido sobre aquellos escándalos. En la imposibilidad d e organizar un Gabinete político, el Presidente recurrió a un Ministerio de Administración, que fué el décimo de su gobierno, en el que la cartera de Interior fué confiada al señor Sotomayor y la de Relaciones al señor Adolfo Guerrero. U n mes más tarde, los balmacedistas, aliados a liberales y radicales, entraron nuevamente en la Alianza, suscribiendo un programa que incluyó entre sus aspiraciones constituir un organismo calificador de las elecciones, establecer la precedencia del matrimonio civil al religioso, modificar la ley de elecciones, establecer la elección directa del Presidente de la República y eliminar la incompatibilidad de los cargos d e parlamentarios con los empleos de la enseñanza pública. Ese pacto dió origen al Ministerio Ballesteros-Bello Codesido, que estuvo integrado por balmacedistas, radicales y liberales, en la siguiente forma: Interior, Manuel E. Ballesteros; Relaciones, Bello Codesido; Justicia, Alejandro

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Fierro; Hacienda, Maximiliano Ibáñez; Guerra, Ascanio Bascuñán Santa María e Industria, Carlos Gregorio Ávalos. Este Ministerio estuvo a pique de derrumbarse a consecuencia de la elección de mesa del Senado, a consecuencia de la defección de los balmacedistas, pero en sesión de 30 de mayo le dió un voto de confianza. Las dos cuestiones fundamentales que se trataron en las sesiones ordinarias de ese año (1904) fueron la conversión metálica y la constitución de la propiedad salitrera, en torno de la cual se cernía la insaciable voracidad de las empresas, por medio de toda clase de abusos. Sobre este asunto había confeccionado un proyecto el Ministro de Hacienda, destinado a cautelar los intereses del Estado, y que modificaba substancialmente otro presentado por el Ejecutivo dos años antes, y que, como era de esperarlo, encontró una vigorosa resistencia de cuantos propiciaban la entrega de los yacimientos salitrales a la explotación de la iniciativa privada. En torno a esos intereses pesaban cuantiosos capitales, que encontraron en el Congreso tenaces abogados y defensores. Entre ellos figuró Alessandri, quien intervino en el debate en las sesiones del mes de agosto, haciendo un estudio de la legislación peruana y boliviana dictada sobre la materia, para realizar el cual no tuvo más que utilizar los trabajos de los señores Bertrand y Billinghurst sobre la materia. Ese proyecto fué de allí a poco encarpetado: ítan poderosos eran los intereses a cuya voracidad se había pretendido poner freno! Este Gabinete tuvo la fortuna y el honor de dar término a la negociación iniciada desde meses antes para firmar un tratado de paz con Bolivia. El 20 de octubre de 1904 se suscribió el Tratado de Paz y Amistad Bello-Codcsido Gutiérrez, que reemplazó el pacto de tregua firmado veinte años antes, y que rige hasta ahora. El Tratado reconocía el dominio absoluto y perpetuo de Chile sobre los territorios ocupados en virtud del pacto de tregua, fijaba el límite oriental de los territorios incorporados á la soberanía nacional, resolvía unir el Puerto de Arica y al A l t o de la Paz por medio de un ferrocarril, disponía la entrega de 300.000 libras esterlinas a Bolivia, y un gasto de 6.500,000 pesos de 18 peniques en el pago de algunas deudas del mismo país. Por u n protocolo confidencial anexo ambos gobiernos se comprometían a unir su acción a fin de que Chile se asegurara el dominio de los territorios de Tacna y Arica. El Tratado fué discutido y aprobado rápidamente por el Congreso y promulgado como ley en marzo siguiente. U n voto aprobado en la Cámara de Diputados en sesión d e 9 de octubre dió por tierra con el Gabinete. El voto decía: " N o contando el actual Ministerio con la confianza de la representación parlamentaria liberal, los diputados liberales acuerdan pedir a sus Ministros que se retiren del Ministerio." Era la prepotencia de los grupos, movidos algunas veces por los motivos más fútiles

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e insignificantes, lo que determinaba esas mutaciones en los equipos ministeriales, q u e llevarían al falseamiento del régimen político y a la esterilidad de la acción del poder público. De esa escaramuza surgió la organización del Ministerio que presidió el señor Bello Codesido, en el que la cartera de Relaciones estuvo á cargo de don Luis Antonio Vergara y la de Instrucción Pública f u é confiada al señor Rivera. A l presentarse ante las Cámaras el Ministro del Interior declaró q u e n o necesitaba exhibir u n programa por cuanto sostenía y representaba los mismos propósitos del Gabinete anterior. Agregó que serviría los propósitos y el programa de la Alianza Liberal y procuraría dar solución a los problemas d e interés nacional que se hallaban pendientes. Esa declaración no constituía, naturalmente, u n programa de acción política y administrativa, sino una expresión anodina y vaga de la vaciedad y carencia de ideas q u e caracterizaban a la Administración. Este Gabinete tuvo q u e encarar u n ambiente de borrasca en el seno del Congreso y en la opinión pública. A principios d e enero se difundieron gravísimos escándalos ocurridos en un colegio congregacionistá, que repercutieron clamorosamente y determinaron la dictación de un decreto que clausuró todos los colegios dirigidos por los Hermanos d e las Escuelas Cristianas. Esta medida hirió profundamente a los conservadores, que movió a elevar el tono de las expresiones de los diputados de su partido hasta la injuria. Mientras tanto el Gobierno había obtenido la prórroga de la conversión metálica, después d e un debate laborioso en ambas ramas del Congreso, y la emisión d e 30 millones de pesos d e papel moneda. Los intereses agrícolas, invencibles en el Congreso, obtenían con ello u n nuevo y fácil triunfo que repercutiría dolorosámente en las clases asalariadas. En esas circunstancias el señor Mac-Iver promovió en el Senado u n debate sobre las relaciones del Ejecutivo con los bancos, que concretó en el siguiente proyecto:
La Cámara considera q u e constitucionalmente n o puede el Gobierno tomar o recibir dinero de los Bancos o de cualquiera persona, ni dar en préstamos a los Bancos o a cualquiera persona, o depositar en poder de ellos dinero o valores públicos, sin autorización legislativa.

Esa iniciativa produjo naturalmente una gran alarma y provocó un acuerdo del Gabinete para pagar inmediatamente lo que el Fisco adeudaba al Banco de Chile, echando m a n o d e los recursos autorizados por la ley de postergación de la conversión metálica, y poner término al sistema d e hacer giros sobre fondos prestados por la misma institución.

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C o n sobra de razón comentó ese acuerdo el señor Mac-Iver en el Senado, diciendo que él no importaba más que ofrecer que no se giraría en descubierto cuando se tenían 30 millones en la mano y no se sabía en qué invertirlos. Sobre ese mismo tema ya se había llamado lá atención en la Cámara d e Diputados, pero que él afectaba directamente los intereses de la oligarquía gobernante lo probaba a las claras la vigorosa resistencia que encontró en la Cámara Alta la iniciativa del senador por Ñuble. "El Senado debe considerar que hay una necesidad absoluta, una necesidad de tranquilidad nacional, decía en sesión de 30 de diciembre, en cortar para siempre estas fatales relaciones entre los Bancos y el Gobierno." El voto del señor Mac-Iver fué ignominiosamente derrotado, como era de esperarlo. En reemplazo de él f u é aprobado el siguiente, harto revelador del propósito d e soslayar la cuestión d e fondo y no innovar en la materia: "Estimando el Senado que el acuerdo gubernativo d e que ha d a d o cuenta el señor Ministro de Hacienda, está en armonía con la necesidad de dar autorización legislativa para que el Estado reciba valores en préstamos, pasa a lá orden del día." La cuestión de los colegios congregacionistas provocó primero la renuncia del Ministro de Instrucción Pública, Rivera, y poco después la de todo el Ministerio. Se organizó entonces, a mediados de marzo d e 1905, otro de la misma fisonomía política del anterior, integrado por dos Ministros d e cáda u n o d e los partidos de la Alianza, balmacedistas, liberales y radicales, que apenas d u r ó cuatro meses. La proximidad de la elección presidencial y de la renovación del Congreso, comenzó a gravitar en la situación política, y a debilitar los vínculos de la combinación gubernativa. El incidente que determinaría la crisis, relacionado con el nombramiento del señor Puga Borne para la Legación de Chile en Ecuador, que después de aprobado por el Senado quedó sin efecto, por declaración del interesado de no haber aceptado. el cargo, a fin de no perder su banca de senador, dejó en claro que los liberales doctrinarios se preparaban a apuñalar la Alianza. El señor MacIver propuso que el Senado declarase que el señor Puga Borne había perdido su investidura, y la mayoría envió el proyecto a comisión, donde f u é encarpetado. Está resolución provocó inmediatamente la caída del Gabinete. La solución de la crisis f u é muy laboriosa, y dió origen a u n lamentable debate en la Cámara de Diputados, en la que los diputados liberales se enrostraron todas sus miserias y mezquinas ambiciones, y terminó con un proyecto de acuerdo, presentado por Alfredo Irarrázaval, concebido en estos términos:
La Cámara declara: 1' Q u e no corresponde a las buenas prácticas parlamentarias el mante-

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r> ¡miento de u n Gabinete dimisionario, que no cuenta, además, con su personal completo. T' Q u e el debate actual puso de manifiesto la cordialidad que reina entre liberales moderados y conservadores, liberales democráticos y demócratas. 3 ' Q u e n o obstante este debate n o ha bastado a comprobar la formación de una mayoría parlamentaria. 4 ' Q u e en consecuencia, vería con agrado la formación de u n Gabinete de Administración.

La C á m a r a aprobó por 44 votos contra 37 sólo el primer artículo del proyecto de acuerdo. Entre esos votos figuraron los de los diputados liberales Alessandri, Puga e Irarrázaval, embarcados ya en la candidatura lazcanista. Los demás artículos del proyecto fueron rechazados. D e aquí provino la organización de u n Gabinete, que vivió los meses d e agosto y septiembre, integrado por liberales, nacionales y balmacedistas, y que constituiría el puente para llegar a uno d e coalición. D e acuerdo con la terminología de la época el Gabinete era de administración. Las carteras fueron repartidas en la siguiente forma: Interior, Juan Antonio Orrego; Relaciones, Agustín Edwárds; Justicia, Antonio Huneeus; Hacienda, Antonio Subercaseaux; Guerra, almirante Luis Uribe e Industria, Enrique Villegas. Declarada la libertad de acción por los nacionales, ni la Alianza ni la Coalición lograron constituir mayoría parlamentaria. "Esta idea del Ministerio de Administración, decía el diputado demócrata Malaquíás Concha, no corresponde a ninguna terminología política, es simplemente una fórmula para ocultar la anarquía política en que se encuentra dividida la C á m a r a . " Fué ese mismo diputado quien, con coraje cívico que le honra, puntualizó los factores que contribuían a provocar la crisis política latente, cuya' raíz veía en la ausencia d e ideales de los partidos políticos, en la carencia completa d e principios y en la indiferencia por encarar las verdaderas necesidades sociales d e la nación. El desgobierno y la anarquía amenazan la suerte del país, decía, y hay necesidad urgente d e abordar las cuestiones sociales y económicas en toda la amplitud de sus diversas manifestaciones, particularmente todos los problemas relacionados con lá tierra, el capital y el trabajo. Destacó el n ú m e r o d e niños que no recibían los beneficios de la primera enseñanza y se pronunció en favor de la instrucción primaria obligatoria, proyecto d e ley fuertemente resistido por las clases conservadoras; y los factores económicos que contribuían a mantener u n abismo entre las clases sociales, entre los que se refirió en primer término a la existencia de la gran propiedad agrícola. Llamó la atención hacia la necesidad de dictar leyes que establecieran sobre bases d e equidad y justicia las relaciones entre el capital y el trabajo, y recordó la indiferencia de los partidos por el despacho de algunos proyectos que decían relación con las cuestiones sociales, entre los que men-

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cionó el relativo al descanso dominical obligatorio; la vigilancia del trabajo a domicilio; el que prohibía el pago de los salarios en mercaderías o en fichas, como ocurría especialmente en las minas y en la pampa, con lo que se sometía a los trabajadores a la más despiadada de las explotaciones; a la reglamentación del trabajo en las cárceles y al que prohibía el trabajo d e los niños. íQué van a preocuparse los honorables diputados del proyecto que prohibe el trabajo nocturno de las mujeres y los niños, medida impuesta por lá higiene y la moral social!, exclamaba con amargura. ¡No se excitan por estas cosas los nervios de sus señorías! ¡Quién va a acordarse de esas cosas! Ese régimen político, esa elegante anarquía, en la que dominaba sin contrapeso la oligarquía parlamentaria, f u é el caldo d e cultivo en el que floreció lozana la inmoralidad administrativa y se consumó la explotación económica de los bienes del Estado. Las fuentes fundamentales de esa explotación fueron los yacimientos solitrales de las provincias septentrionales y la entrega d e las tierras públicas por medio de concesiones a particulares. "Tratándose de los terrenos salitrales que se han usurpado al Estado, mediante las ubicaciones indebidas de títulos giratorios y otros procedimientos semejantes, decía en la Cámara de Diputados el 23 de agosto Maximiliano Ibáñez, se h a pretendido disculpar el fraude, diciendo que convenía al país que esos yacimientos de salitre, en vez de permanecer inexplotados, fueran entregados a la industria, y de esta manera se ha creído cohonestar los grandes despojos de que se ha hecho víctima al Fisco." El Gobierno h a tolerado con la mayor indolencia el despojo de todos sus terrenos salitrales del norte, decía a su vez el diputado conservador señor Echenique, que ocupándose al mismo tiempo de la escandalosa concesión de tierras fiscales, agregaba: "Las concesiones de tierras hechas con el pretexto de colonización, y que no son sino regalos simulados d e grandes extensiones del territorio nacional, hechos contra todas lás leyes, contra todas las buenas prácticas administrativas, contra todas las lecciones de la experiencia, y con tal refinado arte en los procedimientos, que h a llegado a formar una industria nueva en el arte de apropiarse los terrenos fiscales por medio de concesiones de colonización." Calculaba el diputado por Santiago que las concesiones hechas en las provincias de Malleco, Cautín, Valdivia, Llanquihue, Chiloé y territorio de Magallanes sumaban muchos millones de hectáreas de terrenos explotables, que con el correr de los años costarían muchos millones. En el debate planteado intervino igualmente el diputado Ibáñez, sosteniendo que las concesiones eran ilegales y de nulidad absoluta, y como el diputado Echenique terminara por formular una acusación constitucional contra los Ministros que las habían hecho, los señores Bello Codesido y Luis A. Vergara, la Cámara les dió u n abrumador voto de abso-

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lución, pues la iniciativa del diputado por Santiago no contó con más voto que el suyo. Esos .intereses encontraron abogados y favorecedores poderosos, políticamente influyentes, revestidos de mandato parlamentario: fueron los gestores administrativos cuya funesta acción habría de contribuir poderosamente al desprestigio del régimen político. "Hemos visto tantas veces que con el progreso d e las gestiones administrativas de los diputados, y con la inestabilidad de los Gabinetes, la vida ministerial suele depender de resoluciones de esta naturaleza", decía Echenique en sesión de 19 de agosto. Al margen de esa actividad económica surgieron iniciativas y empresas de gran envergadura, entre las cuales puede mencionarse el Sindicato de Obras Públicas de Chile, con un, capital de 16 millones de pesos, cuya finalidad consistía en hacerse cargo de las diversas obras públicas, fiscales o municipales, que se realizaran en el país. El dinero circulaba caudalosamente, surgieron numerosas sociedades anónimas, unas con bases reales e imaginarias otras, cuyas acciones se cotizaban en la Bolsa en u n vesánico frenesí de rápido enriquecimiento. La vida social, especialmente en Santiago, cobró una animación extraordinaria, se improvisaron fortunas considerables y se produjeron bancarrotas ruidosas, con su cortejo de amargos dramas prontamente olvidados. Santiago se remozó bajo un ritmo vertiginoso, se levantaron palacios magníficos y el lujo de la alta sociedad hacía amargo contraste con lá miseria del pueblo. En medio de aquel derroche de ostentación y de bienestar, dos episodios dramáticos sacudieron la sensibilidad de la sociedad de la época: f u é el primero la tragedia que tuvo por escenario el Teatro Municipal el l 9 de junio de 1905, que daría asidero a Luis Orrego Luco para la composición d e su notable novela Casa Grande, y el segundo las clamorosas manifestaciones d e protesta del pueblo de Santiago, por el impuesto a la internación d e ganado argentino, durante e l mes de octubre, sangrientamente reprimidas por la fuerza pública, y reveladoras de la honda angustia y profunda miseria que mordía las entrañas de las clases trabajadoras. El señor Orrego comprendió que su Gabinete era la expresión de u n a tregua momentánea, mientras se hacían los últimos aprestos para las jornadas de marzo y junio del año siguiente. Al iniciarse el período de sesiones extraordinarias, a mediados de octubre, la Coalición apareció ya con mayoría en ambas Cámaras, y pudo organizarse un Ministerio conservador-balmacedista, presidido por don Miguel Cruchaga Tocornal, en el cual los liberales lazcanistas estaban representados por el Ministro de Relaciones señor Puga Borne, que era el cuarto Gabinete de ese año

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agitado. Ese Gabinete entró a la Moneda al mismo tiempo que se producían en Santiago las violentas manifestaciones de rebeldía del pueblo, que arrancaron airadas voces de protesta en el seno de la Cámara joven. El proyecto más importante que se discutió en ese período fué el de constitución de la propiedad salitrera, que finalmente fué encarpetado, pero durante el cual denunciaron, con coraje cívico que les enaltece, el despojo de la riqueza pública, los diputados Maximiliano Ibáñez y Joaquín Echenique. "Desde hace mucho tiempo venimos observando, y hasta cierto punto soportando con tranquilidad, dijo el primero, en sesión de 26 de octubre, la usurpación de la riqueza pública en el norte y en el sur del país. N o es exagerado calcular en 150 millones de pesos lo que se ha arrebatado a la riqueza pública en los últimos tiempos, y ahora se completa el cuadro vergonzoso de la usurpación de los bienes nacionales, con los sucesos de Santiago, sucesos vergonzosos y dolorosos, que han manifestado que el Gobierno es impotente para garantir la vida y la propiedad de nuestros conciudadanos." El informe de la Comisión de Hacienda de la Cámara, suscrito por los señores Echenique, Ibáñez y Cruz Díaz, puntualizó los medios de que se había echado mano para llevar a cabo aquellas usurpaciones, entre los cuales se había llegado hasta la falsificación de títulos. "Por último, decía ese documento, no son raros los casos de pertenencias salitreras que se han constituido haciendo valer títulos falsos o falsificados, con los cuales se han arrancado al Estado yacimientos salitrales de gran valor." El diputado Ibáñez se refirió con indignación patriótica, en sesión de 9 de enero de 1906, a las mensuras abusivas conocidas con el nombre de Cachimbas, y. ál temor que despertó en su ánimo, al desempeñar la cartera d e Hacienda, e imponerse de los abusos cometidos, de que toda la riqueza salitrera fiscal cayera bajo lá voracidad de los intereses particulares si no se ponía pronto remedio al mal. Aludió también a lo poderosos que eran esos intereses y cómo no habían sido extraños a la caída del Ministerio de que formaba parte al enterarse de sus propósitos de enfrentarlos. "En el camino en que vamos, dijo, con esta desmoralización que cunde, con esta desmoralización que nos lleva a no hacer diferencia entre el hombre que obra honradamente y el que usurpa lo ajeno; cuando los que lucran con la fortuna del Estado se pasean con lá frente alta en forma que no usan los hombres honrados y de trabajo; cuando no es pecado tomarle al Fisco el dinero que le pertenece; cuando esto se hace como cosa corriente y normal; cuando no se señala con el dedo á los que usurpan la riqueza pública, es fácil pensar que no sólo los bienes de la na-

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ción, sino también nuestras instituciones, nuestra propia organización corren peligro." U n a postrera intervención de Alessandri en el debate, inspirada en el propósito d e hallar una solución conciliatoria, no prosperó, y finalmente el proyecto f u é encarpetado. 4 La muerte del senador por Santiago, señor Walker Martínez, dió oportunidad a los bandos adversarios para medir sus fuerzas en vísperas de las elecciones generales. El candidato de la coalición gubernativa fué don Ángel Custodia Vicuña, y el de la alianza de liberales, nacionales y radicales, don Javier Ángel Figueroa. En el inesperado triunfo de éste se creyó ver u n anticipo del triunfo de la Alianza' en las elecciones, pero no ocurrió así y la Coalición alcanzó mayoría en ambas ramas del Congreso. En el Senado, de veinte asientos en lucha, sólo siete correspondieron a los partidos liberales unidos, entre los cuales el más resonante fué el que obtuvo don Pedro Montt en Santiago. En esá legislatura llegaron por primera vez a la Cámara, entre los liberales, los señores Jorge Matte Gormaz, Ramón Rivas Ramírez, Antonio Huneeus, Benjamín Errázuriz, Julio Puga Borne y Luis Izquierdo; entre los conservadores, Arturo Lyon Peña, Juan Enrique Concha, Emilio Claro Cruz, Ricardo Cox Méndez y otros; entre los radicales, Alejandro Rosselot; entre los balmacedistas, Roberto Sánchez, Enrique Zañartu Prieto, Belfor Fernández y Agustín Correo Bravo. Entre los diputados nacionales que obtuvieron bancas por vez primera pueden citarse a los señores Raúl Edwards, Roberto Arellano y Francisco Antonio Encina. Los demócratas lograron elegir a los señores Malaquías Concha y Bonifacio Veas y al luchador obrero Luis Emilio Recabarren, escandalosamente excluido de la Cámara con fútiles pretextos, exclusión que contó con el voto de Alessandri. A pesar del triunfo de la Coalición en las elecciones generales el Gabinete no pudo sostenerse, a consecuencia d e mutuas desconfianzas surgidas entre sus miembros, organizándose entonces un gabinete de conservadores y balmacedistas presididos por don José Ramón 'Gutiérrez, cuya vida f u é precarísimá, por cuanto los conservadores se hallaban hondamente divididos ante la cuestión presidencial. U n mes después de organizado el Ministerio presentó su renuncia. El 27 de abril se reunió la Convención de la Unión Liberal, integrada por liberales, radicales y nacionales, y en el primer escrutinio, por 348 votos entre 400, eligió candidato al señor don Pedro Montt. El señor Montt, la más vigorosa personalidad política del periodo parlamentario, tenía 60 años de edad al ser proclamado como candidato, y una nutrida hoja d e servicios públicos, en el Congreso, en la enseñanza y en los establecimientos de asistencia social. Alberto Edwards trazó de él esta semblanza que merece recordarse.

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El señor don Pedro Montt, la más alta personalidad política que ha podido contemplar de cerca nuestra actual generación, contaba 60 años de edad cuando el voto entusiasta de la inmensa mayoría de sus conciudadanos le llevó a dirigir los destinos de la nación. Ningún hombre público de Chile ha sido objeto de mayores y más audaces esperanzas. La liquidación de nuestros partidos caducos; el término definitivo de la anarquía parlamentaria; la restauración de las viejas tradiciones de orden y gobierno; todo esto y más todavía se esperaba de él.

Reconocía, sin embargo, que dos rasgos de su personalidad le fueron altamente perjudiciales: la terquedad y el dogmatismo, pero la opinión pública creyó encontrar en él un carácter y una, voluntad decidida para reaccionar resueltamente contra la anarquía y la inmoralidad reinantes. 5 La Coalición conservadora-balmacedista proclamó el 10 de mayo la candidatura de don Fernando Lazcano, magnate opaco, cuya personalidad ofrecía los rasgos característicos del hinchado figurón de la época. Cuñado del Presidente Errázuriz Echáurren, concuñado del Presidente en ejercicio, representaba a la oligarquía predominante y el continuismo en el poder. La prensa política aludió al decenio Errázuriz-Riesco y a la dinastía oligárquica que pretendía perpetuarse en el gobierno. Conservador y tradicionalista, el señor Lazcano conquistó naturalmente la valiosa adhesión de ese partido. Don Julio Zegers lo retrataba con estas palabras:
La verdad es que el señor Lazcano ha prestado pocos servicios o no ha prestado servicio alguno considerable a la nación. Ya he dicho que no hay proyectos ni discursos suyos que manifiesten estudios serios o ideas definidas sobre materias de interés general. Tampoco se ha asociado a campañas doctrinarías, sean liberales o conservadoras.®

La campaña fué ardorosa. Factor decisivo en ella fué la adhesión de una fracción del partido conservador, a la que se denominó de los montanas, alusión a unas joyas entonces en boga', con la que se firmó un pacto político, cuyas bases se reducían a estipular la tregua doctrinaria por cinco años y el gobierno en común de los partidos contratantes. 7 "No sólo se achacaba al señor Riesco la responsabilidad de la anarquía parlamentaria, escribe el historiador ya citado, sino también la corrupción administrativa, que según voz corriente se había entronizado en el gobierno, en forma de concesiones onerosas para el Estado y de complacencias para con agentes administrativos, numerosos y bien relacionados. Era comúnmente admitido que las orgías del resurgimiento emanaban su origen de este género de concesiones y complacencias." 8 El triunfo del señor Montt fué aplastador y en la jornada electoral obtuvo más de los dos tercios de los sufragios, resultado ante el cual no pudo intentarse ninguna componenda. Presidió las elecciones un Ministerio de balmacedistas, libe-

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rales y conservadores, encabezado por don Manuel Salinas. Apenas organizado ese Gabinete se presentó al Congreso pidiendo la sanción de un proyecto, presentado con mucha urgencia, para solucionar la cuestión económica, en virtud del cual se autorizaba una emisión de papel moneda por cuarenta millones de pesos. Ese proyecto encontró una vigorosa resistencia en la Cámara de Diputados, cuya significación y trascendencia puso de relieve el diputado Ibáñez. La fiebre de especulaciones bursátiles a que se entregaron los particulares, con motivo de las decenas de sociedades (ganaderas, colonizadoras, mineras y salitreras), organizadas a la sombra del despojo de los bienes del Estado, determinó una delicada situación para los bancos, con cuyos préstamos se había alimentado aquella artificial vida de los negocios. A n t e esa situación de angustia los intereses bancarios, poderosamente amparados por la oligarquía parlamentaria, acudieron a la ayuda del Estado mediante una nueva emisión de papel moneda. Durante la discusión de ese proyecto el diputado Irarrázaval formuló indicación para que una comisión parlamentaria investigara el estado de las cajas d e los bancos y las causas de la crisis monetaria, indicación que f u é ignominiosamente rechazada por 35 votos contra 5 y 7 abstenciones. En vano protestó más de un diputado, entre ellos Maximiliano Ibáñez, señalando la inicua expoliación que constituía el proyecto para las clases asalariadas. La Cámara aprobó finalmente un proyecto de transacción, presentado por Guillermo Rivera, que autorizaba lá emisión de 40 millones d e pesos en billetes, la mitad de los cuales se destinaría a obras públicas y la otra mitad se prestaría a los bancos. N o es difícil destacar los rasgos que caracterizan la acción de la oligarquía parlamentaria durante el gobierno del señor Riesco: en el terreno político se impuso incontrarrestablemente, organizando alianzas o coaliciones ayunas de todo programa de contenido doctrinario o económico. En el campo político administrativo constituyó la expresión de la inmoralidad ambiente, surgida a consecuencia del desarrollo económico, en que se llevó a cabo el despojo de los grandes bienes del Estado, sus yacimientos salitrales y las tierras baldías de la región austral. Otro rasgo que surge vigoroso y patético, en ese momento dramático de la vida chilena, en que la riqueza pública y privada contribuyen á forjar nuevas aspiraciones de bienestar y ostentación, y a ahondar las diferencias entre las clases sociales, es el de la intensidad con que gravitan ya las cuestiones sociales en las entrañas de las clases trabajadoras, que encuentran trágicas manifestaciones en Valparaíso y Santiago. Inicuos despojos, mediante emisiones de papel moneda, acentuaron la precaria situación de las clases desposeídas. En ese cuadro sombrío hay un rayo brillante que honra alta-

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mente al gobierno del señor Riesco, y que hace fuerte contraste con el de su antecesor: su política exterior, los Pactos de Mayo, que echaron las bases de una duradera confraternidad con la República Argentina, y el Tratado de octubre de 1904 con Bolivia, que zanjó todas las cuestiones derivadas con ese país de la guerra del Pacífico, le salvan en parte de los penosos rasgos que caracterizan la administración interna. N O T A S
1 U n análisis de la situación internacional en esas circunstancias, en que se renovaron nuevamente las alarmas bélicas, se encuentra en los artículos publicados por el señor Julio Zegers en El Ferrocarril, que corten reunidos en un folleto que lleva por título Relaciones entre Chile y Argentina. Santiago, Imprenta Cervantes, 1902. 2 Sobre la conferencia de México y el punto de vista de Chile pueden consultarse las Memorias de Relaciones Exteriores correspondientes a 1901 y 1902 y la obra del señor Bello Codesido, Anotaciones para la historia de las negociaciones diplomáticas con el Perú y Bolivia, 1900'1904, Santiago, 1919, en el que hay un capítulo sobre ella. "Se quería convertir la Conferencia de México, se consigna en la Memoria de Relaciones Exteriores correspondiente a 1901, en una especie de Tribunal encargado de revisar y fallar asuntos pendientes y pasados, en que eran parte sus mismos miembros y ante el cual pretendían hacernos comparecer como acusados, para convertir aquella Asamblea de paz en campo de guerrilla." 3 El manifiesto al país de los diputados opositores, así como los artículos del señor Zegers se encuentran en u n folleto impreso ese mismo año con el título de La paz chileno-argentina, Santiago, imprenta Cervantes. U n cuadro detenido de la negociación y tramitación de los pactos y de las relaciones internacionales se encuentra en el reciente libro del señor Germán Riesco, Presidencia de Riesco, 1901-1906, Santiago, Imprenta Nascimento, 1950. Una ecuánime apreciación de la personalidad del negociador argentino de los pactos de Mayo, Dr. José A. Terry, se encuentra en un hermoso trabajo del Dr. Carlos Saavedra Lamas. Dr. losé A. Terry. El Financista. El Diplomático, Buenos Aires, 1946. Sobre las negociaciones confidenciales que precedieron a los Pactos de Mayo, orientados en el propósito de ampliar las facultades del árbitro inglés, en las que cupo destacada actuación al financista argentino señor Ernesto Tornguist, contiene noticias muy valiosas el escrito de don Jorge Huneeus Gana, La amistad chileno-argentina. El verdadero origen de los Pactos de Mayo. Datos para la historia, Santiago, Imprenta Barcelona, 1908. 4 Durante el debate Alessandri declaró, en sesión de 18 de enero de 1906: "No es un misterio para nadie que yo tengo intereses en la industria salitrera; pero ellos están radicados en propiedades mensuradas desde hace más de veinte años, que no han originado pleito alguno con el Fisco y que h a n sido adquiridas de sus legítimos y antiguos dueños, pagadas con buenos pesos," A lo que creyó necesario agregar: "Yo hago esta declaración porque va siendo ella necesaria en los tiempos que corremos, y para que se sepa que mis palabras son desinteresadas e inspiradas sólo en el bien del país." 5 Siete años de recuerdos políticos. Don Pedro Montt. "El Mercurio", 13 de agosto de 1912. 6 Don Pedro Monte y don Femando Lazcano, Santiago, Imprenta Cervantes, 1906. Son altamente interesantes, para conocer el pensamiento de la juventud liberal de la época, dos folletos que publicó por esos días, bajo

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seudónimo, el escritor y profesor d o n Luis Galdames. El primero, firmado Justo Zárate, lleva el título de La democracia en peligro, y el segundo, firmado ' Juan José, El pueblo y los candidatos. 7 El pacto político estaba concebido en estos términos: Los representantes de los partidos liberal, radical y nacional que suscriben, deseando procurar a la República u n Gobierno de Administración que facilite el desarrollo y progreso del país y que afiance las bases tradicionales de honradez administrativa, de respeto a las leyes y de seriedad en la acción y evolución de los partidos, se comprometen: 1® A trabajar por el triunfo de la candidatura del senador electo por Santiago, don Pedro Montt. 2" A no suscitar durante el Gobierno del señor Montt ninguna cuestión político religiosa que pueda perturbar la armonía de los partidos o la marcha de la administración. 3Q A q u e los partidos liberal, conservador radical y nacional tengan la representación que les corresponde en el Gobierno. 4' A dedicar atención preferente: a. Al fomento de la instrucción pública, y en especial de la enseñanza primaria, construyendo escuelas y subvencionando las de enseñanza gratuita, en proporción al n ú m e r o de alumnos. b. A la solución de los problemas relacionados con el bienestar de las clases populares. c. A l incremento y reorganización de la A r m a d a y del Ejército. d. Al mejoramiento del sistema electoral procurando a la vez que el sufragio sea libre y consciente. e. A limitar convenientemente la iniciativa de los miembros del Congreso en la formación de los presupuestos. f . A destinar anualmente una suma importante de las rentas nacionales al mejoramiento d e los puertos, de las vías de comunicación y a la ejecución de otras obras públicas reproductivas. Santiago, 2 de abril de 1906. Javier Ángel Figueroa. Ismael Valdés Vergara. Adolfo Guerrero. Eduardo Suárez M. Juan Castellón. Francisco de P. Pleiteado. Máximo del Campo. Carlos Besa. Elias Fernández. Boletín, de Sesiones de la Cámara de Diputados. Sesión de 11 de agosto de 1911. 8 Siete años de recuerdos políticos. Los montanas. Elecciones Presidenciales de 1906. "El Mercurio", 20 de agosto de 1912.

Capítulo

V

EL DEMOLEDOR EN A C C I O N Don Pedro Montt inició su administración bajo las penosas impresiones derivadas de los desastres del terremoto del 16 de agosto, pero con el apoyo decidido de la opinión pública, que veía en él las condiciones de ilustración, energía y probidad necesarias para reaccionar contra la anarquía y la inmoralidad políticas predominantes. Era tan grande el desprestigio en que salió la Administración anterior, que al gobierno del señor Montt se le calificó de regenerador. "En 1905 éramos más felices que hoy, escribía Alberto Edwards en 1912: entonces creíamos en un hombre; ahora ya no creemos en ninguno." Elegido con el apoyo de liberales, radicales y nacionales y una fracción de los conservadores, fracasado el propósito de organizar un Ministerio político, el señor Montt iba a tener que encarar una vigorosa oposición en el Congreso, en el cual no contaba con mayoría, en la que se verían coludidos los vencidos en la jornada electoral, el grueso de los conservadores, los balmacedistas y tres o cuatro lazcanistas decididos, entre los cuales se encontró Alessandri, que iniciaría entonces su obra demoledora. Ya en sesión de 10 de julio, mordido por el despecho de la abrumadora derrota' electoral, pronunció Alessandri en la Cámara unas palabras harto reveladoras de su versatilidad ideológica. Dijo que el resultado de la jornada del 25 d e junio había suscitado una serie de cuestiones de la más alta importancia, entre las que señaló la necesidad d e entregar la elección de Presidente de la República al Congreso, reservando la elección directa sólo para el caso de elección extraordinaria, debiendo sustraerse a las Municipalidades de toda intervención electoral. Se pronunció contra el sufragio universal, por el gran desarrollo que se había dado al cohecho. "Hemos dado el sufragio universal, dijo, a un pueblo que no estaba preparado para ejercitar este derecho, y esta altísima función de un pueblo soberano y libre, hemos tenido la vergüenza de verla convertida y degenerada en el más indecoroso mercado electoral." Necesitamos restringir el sufragio popular, agregó, para contener el desborde del cohecho electoral desenfrenado que nos corroe y destruye. El señor Montt tuvo el propósito de iniciar su administración con u n Gabinete político en el que estuvieran representados los partidos que lo llevaron a la Moneda, esto es, doctrinarios, nacionales, montanas y radicales, y confió su organización al señor Ismael Valdés Vergara. El Ministerio estaba integrado en esta
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forma: Interior, Valdés Vergara; Relaciones, Manuel Foster Recabarren; Justicia, Enrique A . Rodríguez; Hacienda', Antonio Subercaseaux; Guerra, Eduardo Délano, y Obras Públicas, Carlos Gregorio Ávalos. Pero esta combinación se derrumbó pocos días antes de efectuarse la transmisión del m a n d o presidencial por la negativa' de los conservadores señores Fóster y Subercaseaux a aceptar el nombramiento del señor Letelier para la Rectoría de la Universidad, que el Presidente estaba resuelto a firmar después de la elección hecha por el claustro universitario. Fracasada esta fórmula, el primer Gabinete del señor Montt estuvo integrado en la siguiente forma: Interior, Javier Ángel Figueroa; Relaciones, Santiago Aldunate Bascuñán; Justicia, Enrique Rodríguez; Hacienda, Raimundo del Río; Guerra y Marina, Belisario Prats Bello y Obras Públicas, Eduardo Charme. A l presentarse a la Cámara, el 12 de octubre, con un programa de trabajo administrativo y de tregua doctrinaria, la oposición inició de inmediato la ofensiva. En esa oportunidad habló largamente Alessandri, formulando críticas al gobierno por algunos nombramientos que había hecho, pero que eran de una puerilidad tan inconsistente que lindaban con lo grotesco. Dijo que el Ministerio pensaba suprimir las Cajas de Ahorros, y refiriéndose al problema de la falta de brazos, se pronunció en favor de la inmigración italiana. Expresó que el Ministerio, que no había cumplido cinco semanas en el poder, tenía una labor corta, pero fecunda en hechos negativos, y anunció que para evitar que se mistificara al país se mantendría en una oposición irreductible. Anunció que el Gabinete estaba ya muerto. La elección de Consejero de Estado por la Cámara de Diputados, recaída en don Raimundo Larrain Covarrubias, por dos votos de mayoría sobre su competidor don Enrique Mac-Iver, y el nombramiento de don Valentín Letelier para Rector de la Universidad, fueron los dos episodios que provocaron la caída del Gabinete Figueroa Larrain-Aldunate Bascuñán, a las pocas semanas de entrar a la Moneda. Se organizó entonces un Ministerio presidido por don Vicente Santa Cruz, que estuvo integrado por los señores Ricardo Salas Edwards, Ramón Escobar, Rafael Sotomayor, José Francisco Fabres y Carlos Gregorio Ávalos, en las carteras de Relaciones, Justicia, Hacienda, Guerra y Obras Públicas, respectivamente. Era u n Gabinete universal de nacionales, liberales, conservadores, liberales democráticos y radicales, que daría la batalla por lá dominación indiscutida del Ejecutivo. A ese Gabinete se incorporaron los liberales democráticos, mientras el jefe de ese partido, señor Sanfuentes, era elegido Presidente del Senado. iA cuatro meses d e distancia de la jornada electoral, lá influencia de Sanfuentes llevó nuevamente a su partido a la acogedora sombra de los aleros d e la Moneda, bajo el impulso de las brisas liberales que arreciaban nuevamente!

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Las sesiones extraordinarias á que fué convocado el Congreso estuvieron especialmente consagradas a atender cuestiones urgentes e impostergables provocadas por el terremoto de agosto; la discusión del proyecto para la construcción de las obras del puerto de Valparaíso, la contratación de u n empréstito por u n millón cien mil libras esterlinas y se trataron incidentalmente las cuestiones relacionadas con la constitución de la propiedad salitrera y la necesidad de armar al país. Los representantes y agentes de firmas extranjeras iniciaron una hábil propaganda, destinada a alarmar a lá opinión pública y que se traduciría en la inversión, de allí a poco, de ingentes sumas en la adquisición de armamento para el ejército. Alessandri intervino ocasionalmente en esas discusiones y, en sesión de 16 de noviembre, se declaró resueltamente en favor de nuevas emisiones de papel moneda. Pero el nervio de las discusiones giró en torno del proyecto del Ejecutivo, en el cual el Presidente había puesto el mayor interés, sobre construcción de u n ferrocarril longitudinal, que uniendo la región de los valles transversales con las provincias septentrionales sostuviera como una espina dorsal la vida económica del país. Ese proyecto encontró una vigorosa oposición en la Cámara de Diputados, que lo obstruyó por todos los medios a su alcance, a través de los diputados balmacedistas y liberales, especialmente Irarrázaval. En ese proyecto se pensaba invertir una suma ingente, siete millones quinientas mil libras esterlinas, y el propósito del Presidente de entregar la ejecución de la obra a firmas extranjeras, a fin de evitar la corruptora influencia de las empresas nacionales, desencadenó en su contra una odiosidad apasionada que movió los más variados resortes. El Mercurio y ha Ley protestaron airadamente de esa obstrucción sostenida, en la que veían mezquinos propósitos d e hostilidad personal al Primer Magistrado de la nación; pero ni el clamor de la prensa, ni la voluntad de la mayoría, lograron quebrantar la resistencia de la oposición, que llegó á sostener que en el fondo del proyecto había un enorme peculado. "Y de aquí que este inocente proyecto, simplemente administrativo, decía el Ministro Santa Cruz, en sesión de la Cámara de 31 de enero de 1907, haya llegado a convertirse en un problema de carácter político, parlamentario y hasta religioso." U n contraproyecto, gestionado como una solución conciliatoria, tampoco prosperó, y finalmente se acordó postergar la discusión del asunto para el período de las sesiones ordinarias. El otro asunto que conmovió a la Cámara fué el de los fraudes salitreros de Taltal, en los que se hallaron coludidas todas las autoridades del departamento, excepción hecha del Gobernador, lo que determinó el envío de u n magistrado de los tribunales de justicia y el nombramiento de un juez adAioc. "Esto es lo que quiere el Gobierno: castigar a los autores de los fraudes d e Taltal,

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cometidos con la confabulación de todas las autoridades, cosa tal vez ocurrida por primera vez en Chile", decía el Ministro Sotomayor en la Cámara el 15 d e enero. E n ese episodio creyó ver Alessandri el propósito del Gobierno de amedrentar a los diputados de la oposición, d e donde provino la violenta reacción que exteriorizó y que contribuyó no poco a perturbar sus relaciones con el Ministerio de Hacienda. Esa intervención de Alessandri f u é la q u e provocó la carcajada de Zin Zal, el periódico satírico d e Hinojosa que apareció por esos días:
En la sesión del lunes por la tarde, Aparece Alessandri haciendo alarde De justicia, honradez y patriotismo E injuriando a medida que improvisa. Dice tantas mentiras, que hasta él mismo No aguanta más la risa. En su improvisación que es en desmedro Del buen sentido, claro se divisa Q u e habla por boca de él don José Pedro. Éste n o usa pastillas de clorato, Pero existe por medio u n s i n d i c a t o . , .

D e allí a poco se producía el derrumbe del brillante edificio financiero en que se habían cifrado tan risueñas esperanzas: la caída de los valores de aquellas sociedades imaginarias, que habían hecho la fortuna de muchos, repercutió naturalmente en la política, se produjo lá caída del Gabinete, la organización de un Ministerio d e coalición y la consiguiente emisión d e papel moneda, en la que los bancos veían su salvación. El crac de la calle Bandera arrastró a la clase media y en el orden político provocó lá impopularidad más grande del Presidente, a quien se atribuía naturalmente la causa del desastre. Entre los negocios más característicos d e esos días en que la audacia, la impunidad y la desvergüenza se daban la mano, merecen recordarse el de sales potásicas de Upeo, en las vecindades de Curicó, el de las minas de rubíes de Santa Juana, y el Sindicato de Obras Públicas, que sirvieron para echar las bases d e sociedades cuyas utilidades quedaron sólo en las manos de los organizadores de ellas. A raíz del desastre surgieron dos iniciativas: una para reglamentar lá organización de las sociedades anónimas, obligándolas a enterar en caja el capital dentro de u n plazo d e dos años, y u n proyecto económico que se traducía en u n a nueva emisión d e papel moneda. Para el despacho del primero surgieron inesperadas resistencias, mientras la discusión del segundo consumió todo el período ordinario d e sesiones d e ese año. Al iniciarse las sesiones ordinarias del Congreso quedó en evidencia, después de la elección d e mesa de las Cámaras, que

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la coalición contaba con mayoría en ellas; se había verificado la unión de los conservadores, en la que había gravitado no poco el deseo de ver eliminados a los radicales del poder. La crisis, latente desde muchos días antes, se hizo efectiva apenas abierto el Congreso, organizándose un Gabinete de balmacedistas y conservadores presidido por don Luis Antonio Vergara, y en el que las carteras de Relaciones, Justicia, Hacienda, Guerra e Industria, fueron confiadas a los señores Federico Puga Borne, Emiliano Figueroa, Guillermo Subercaseaux, Alejandro Lira y Gonzalo Urrejola, respectivamente. Alessandri batió palmas de alegría al presentarse el Gabinete a la Cámara. "Lá presencia del actual Gabinete es para mí motivo de patriótico júbilo", dijo en sesión de 12 de junio. Después de atacar al partido radical, del que decía que volvía a la oposición desmedrado y vencido, "quiero reiterar, expresó, nuevamente, mi satisfacción profunda' por la organización del nuevo Gabinete, felicito al país y me felicito yo también al ver que nuevos horizontes y nuevos rumbos prometen días fecundos d e prosperidad y de progreso". 1 Dos largos meses destinó la Cámara de Diputados a la discusión del proyecto económico, presionada por los bancos, y con apoyo decidido de cuantos hostilizaban al gobierno por todos los medios a su alcance. Oreros y papeleros disertaron largamente, y entre estos últimos apoyaron resueltamente el proyecto Irarrázaval y Alessandri. Para defender al Presidente se alzaron las voces de los diputados Rivera y Encina, condenando este último, en sesión de 23 de julio, con palabras de fuego, los propósitos de cuantos propiciaban nuevas emisiones para fomentar las especulaciones bursátiles. "Hemos discutido dos meses, decía, una emisión que es inútil, que ningún alivio reporta a la crisis, que el país rechaza, pero que la especulación bursátil ha menester." Y agregaba con amargura: "Pero hay que soportarlo, hay que sacrificar al país en aras de unos cuantos ineptos que no han sabido hacer su jornada en la vida y que, vencidos en la lucha económica hasta por la broza o escoria' social que otras naciones nos arrojan, buscan en el juego, al amparo de sus influencias, la fortuna que son incapaces de ganarse por sí mismos!" A n t e las manifestaciones d e protesta que surgieron en varias partes del país por la actitud del Congreso, y el anuncio hecho por el Presidente en el sentido d e que estaba resuelto a vetar la ley, recrudecieron los violentos ataques a la persona del señor Montt, á quien se caracterizaba como instrumento de una camarilla. El Gabinete coalicionista tuvo que soportar dos interpelaciones: una al Ministro de Guerra, por el llamado a calificar servicios del coronel Pinto Concha, Jefe del Estado Mayor del Ejército, y otra al Ministro de Hacienda por el depósito hecho en el

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Banco de Chile de la. suma d e 600,000 libras esterlinas, ninguna de las cuales terminó en votos adversos. Apenas iniciado el período de sesiones extraordinarias del Congreso, y a consecuencia de una votación adversa al Ministerio, que se produjo en la Cámara de Diputados en la elección d e mesa, se planteó de inmediato la crisis que se venía incubando lentamente desde semanas atrás. En la ruptura d e la coalición gravitó poderosamente la elección senatorial de Llanquihue, en la que los liberales democráticos apoyaron al candidato conservador señor José Francisco Fabres. 2 La ruptura del Presidente con los conservadores era inevitable y se organizó en esas circunstancias un Gabinete de nacionales y liberales, cuya jefatura f u é confiada a don Rafael Sotomayor, conservando la cartera de Relaciones Exteriores el señor Puga Borne. Ministro de Justicia e Instrucción Pública f u é nombrado don Domingo Amunátegui Solar; d e Hacienda, don Enrique A . Rodríguez, nacional; d e Guerra, don Belisario Práts Bello, y de Obras Públicas, don Joaquín Figueroa Larrain, ambos liberales. Alberto Edwards ha trazado de Sotomayor u n a interesante semblanza, "En lo moral, desprecio por la opinión y los obstáculos, escribió; prontitud para la acción en los tiempos de crisis; indolencia musulmana en los tiempos ordinarios; más apto por consiguiente para la guerra que para la paz; para los momentos difíciles que para la rutinaria labor administrativa. Por eso se le temé al par que se le admira. Se le cree capaz de todo; es un político de golpes de Estado, u n poco fuera d e su centro en nuestra opaca actualidad." 3 Ese temor lo interpretó Alessandri, quien al presentarse el Gabinete a la Cámara pronunció contra él una catilinária, bien característica d e los recursos de que echaría mano el agitador q u e iniciaba su obra demoledora. "Considero, señor Presidente, dijo, que el Gabinete actual es un reto audaz lanzado al Congreso y un reto audaz lanzado también a la faz del país. Ello no obstante, es realmente doloroso que se haya tenido la audacia de mandar a lá Cámara u n Ministerio que no tiene base alguna parlamentaria." Dijo que el Gobierno se mostraba indiferente ante la difícil situación económica porque atravesaba el país, cuyo síntoma más alarmante lo constituía la caída del cambio internacional; q u e había combatido y que combatiría la política económica del jefe del Estado; le negó al Ministro d e Hacienda capacidad para el ejercicio del cargo, sosteniendo que se limitaría a servir los propósitos del Presidente. Enarboló la amenaza d e la agitación popular: ¿Han pensado, sus señorías, en la cuestión social que se incuba?, decía. Sin ocultar la. animadversión, q u e le producía la personalidad del Ministro del Interior, decía que era ridículo hablar de Gabinete de administración con tal jefe, y que el Minis-

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te rio, más que ese título, merecía el que se le designara como d e provocación. Las sesiones extraordinarias de fines d e año estuvieron casi exclusivamente dedicadas a estudiar la situación económica, sobre la cual hablaron largamente los diputados liberales de oposición Alessandri, Rivas e Irarrázaval, propiciando la creación de u n Banco privilegiado o del Estado, con lo cual se pretendía encubrir una nueva emisión de papel moneda.
Yo n o aceptaría siquiera el estudio de esta cuestión, decía el diputado don Agustín Edwards en sesión de 9 de diciembre, porque creo que el primer deber del Congreso y de todos los poderes públicos de Chile es poner atajo a esta política emisorista que nos puede llevar a la ruina y que cercena los salarios, los jornales, todas las rentas, al propio tiempo que encarece enormemente la vida. La crisis económica ha arreciado, decía el Presidente M o n t t a don A u gusto Matte en carta de 2 de noviembre. Los que h a n hecho malos negocios o h a n contraído obligaciones superiores a sus recursos, piden que el Gobierno tome medidas para salvarlos en sus dificultades, y, como usted comprende, por más deseos que tenga de socorrer a los necesitados, esto excede a las fuerzas del Gobierno, cuyo principal deber es el de un capitán de buque en medio de tormenta, es decir, mantener el bajel a flote, cuidando que no se estrelle ni lo arrastren las olas.

El debate se prolongó extensamente, en medio del cansancio de la Cámara, hasta que los sangrientos sucesos de Iquique conmovieron hondamente al país y dieron a lá oposición asidero para renovar sus ataques al Ministerio. Con motivo de las medidas tomadas por la autoridad para evitar la circulación de dos periódicos que pretendían difundir noticias alarmantes sobre los sucesos de Iquique, Alessandri dijo que el gobierno intentaba pulsar la opinión sobre la forma en que reaccionaba ante u n ataque de esa especie. Aludiendo a la agresión que de manos d e agentes inferiores de lá autoridad habían sufrido dos periodistas (el ataque a Lacquaniti y Pulgar por una caricatura injuriosa para el Presidente de la Comedia HumanaJ dijo:
"Nosotros en ese entonces callamos, y yo soy el primero en confesarme reo por no haber protestado oportunamente contra los responsables de ese delito. El mismo silencio que entonces se guardó quizás pudo excusarse con la gravedad de la injuria cometida y castigada por ese medio. Porque no es aceptable que agentes de la autoridad, que están encargados de proteger los derechos de todos, se valgan de estos medios vedados para castigar a los delincuentes, los cuales deben ser perseguidos y juzgados en conformidad a las leyes; este es el procedimiento regular prescrito por las leyes en todos los países civilizados."

IQué lástima que con el correr del tiempo, el diputado opositor de 1907 echara en olvido esa profesión d e fe en los casos d e Tópate y de lá Caja de Seguro Obligatorio! Los diputados Concha, Veas y Alessandri dieron a sus observaciones el carácter de interpelación y el primero terminó propo-

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niendo el nombramiento de una comisión parlamentaria para investigar los sucesos d e Iquique, pero el debate terminó, en sesión de 6 de febrero sin que recayera sobre él u n pronunciamiento de lá Cámara. Bajo la penosa impresión producida por los dolorosos sucesos de Iquique, la C á m a r a discutió y aprobó un proyecto reglamentando el trabajo de las mujeres y de los niños. Pero el asunto que conmovió más fuertemente a los círculos políticos f u é el relacionado con el préstamo a la Casa Granja, hecho público desde diciembre de 1907 y que se planteó en el seno de lá Cámara en las sesiones ordinarias del año 1908. Participaron en ese memorable debate los más caracterizados representantes de todos los partidos políticos, sus oradores más connotados, y como en el fondo era esencialmente político, trajo por tierra al Ministerio Sotomayor. La oposición, a través de Alessandri, Ramón Rivas e Irarrázaval, hizo derroche de talento, de ingenio y de agresividad política, y como se ventilaban intereses cuantiosos, no sólo despertó el interés de la opinión pública, sino que revistió caracteres casi dramáticos. Pero teniendo en cuenta las relaciones que unían al Ministro Sotomayor con la Casa Granja, tuvo rasgos personales verdaderamente odiosos. La Casa Granja era poseedora de ocho oficinas salitreras en explotación, d u e ñ a del puerto de Coloso y del ferrocarril de Aguas Blancas, que servía a catorce oficinas salitreras de la pampa. La firma anunció, a fines de 1907, después d e la intensa agitación social que había sacudido a la provincia de Tarapacá, que estaba amenazada de cesar violentamente en sus pagos y demandó la ayuda gubernativa. El gobierno, después de una consulta de notables realizada el 3 d e diciembre, acordó depositar 600,000 libras esterlinas en el Banco de Chile, para que éste las facilitara a la Casa Granja. En sesión de 6 de junio el diputado Rivas interpeló al Ministro de Hacienda sobre el préstamo mencionado. El señor Rodríguez sostuvo que, de no haber procedido en esa forma se habría planteado una catástrofe social y económica de imprevisibles consecuencias, de donde provino el contrato suscrito el 6 d e diciembre, en virtud del cual el Ejecutivo depositó la cantidad apuntada en el Banco de Chile a fin de que la prestara a la Casa Granja. El diputado interpelante expresó que el Ministro de Hacienda se había convertido en instrumento del Ministro del Interior, y criticó con rudeza que se ayudara a la industria salitrera a través de los Bancos. En su opinión lá operación había sido ilegal.
" Q u e d a en pie, inamovible, dijo, el desgraciado préstamo a la Casa Granja, a la que se han proporcionado los recursos fiscales sin ley que lo autorizara, y sin que lo excuse ninguna razón de buen servicio público o de interés nacional, sabiendo o ignorando la verdadera situación de los negocios de esta Casa, sabiendo o ignorando la situación jurídica de la prenda ofrecida en garantía, y, por último, con perjuicio de las finanzas de la nación y

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de la situación económica general y sin que esta operación tenga ningún precedente que la justifique, sino que, por el contrario, haciendo obra de excepción y favoritismo."

De allí a poco entró al debate una de las primeras espadas de la Cámara, Alfredo Irarrázaval, que con agudo ingenio y fluida oratoria habló con crudeza de la acción de los gestores administrativos y de los que estaban interesados en la prosperidad de los negocios de la Casa Granja. Con coraje cívico aludió a la personalidad del Ministro del Interior, con quien dijo que no lo ligaba ni amistad ni odio. " H e venido aquí a tratar una cuestión d e moralidad pública, expresó, y tengo derecho para ser creído." Después de una débil intervención del Ministro d e Hacienda, volvió a lá ofensiva el diputado Ramírez, impugnando el hecho de que la operación se hubiera realizado por un simple decreto y no en virtud d e una ley. En la sesión d e 26 de junio entró a participar en el debate el diputado por Curicó, Alessandri, quien consideró el asunto desde el ángulo constitucional y legal, y atacó con violencia al Ministro del Interior. "El espíritu más benévolo para con los señores Ministros, dijo, no podrá excusarlos de la responsabilidad de este acto, que no tiene precedentes en la historia política de este país. N o hay un solo caso en que se haya procedido con más audacia, violando premeditadamente la Constitución y las leyes y menospreciando al Congreso del país." Alessandri terminó formulando un proyecto de acuerdo concebido en estos términos:
"La Cámara, oída la exposición de los señores Ministros del Interior y de Hacienda, estima que el Ministerio ha extralimitado sus facultades constitucionales y legales al depositar en el Banco de Chile 600,000 libras destinadas a entregarlas en préstamo a la Casa Granja y Cía., y pasa a la orden del día,"

La defensa del Ministro del Interior constituyó el fiel retrato de su personalidad psicológica: fué hábil, abogadil, ingeniosa, sin que faltaran en ella las invectivas ni los ataques personales a sus adversarios. La actitud de los conservadores, de resuelta hostilidad al Gabinete, cortó las últimas amarras que los unían al gobierno del señor. Montt, y sería d e considerables consecuencias políticas. El debate se prolongó aún durante todo el mes de julio y la cuestión fué analizada, desde todos los ángulos, moral, constitucional, legal y administrativo. En sesión d e 30 de julio se votaron las indicaciones formuladas: un proyecto de acuerdo del diputado Mariano Palacios para pasar lisa y llanamente a la orden del día fué desechado por grán mayoría, resultando aprobado por 41 votos contra 2, y 30 abstenciones, el formulado por el señor Pleiteado concebido en estos términos: "La Cámara, atendidos los antecedentes que, según las explicaciones ministeriales, concu-

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rrieron en el contrato de 6 de diciembre de 1907, y los móviles que lo han inspirado, pasa a la orden del día." El Ministerio se salvó merced a los votos radicales, pero ya estaba herido de muerte. La crisis se produjo un mes más tarde, organizándose entonces un Ministerio de liberales, balmacedistas, nacionales y radicales, presidido por el señor Javier A . Figueroa con don Rafael Balmaceda en Relaciones y el señor Suárez Mujica, radical, en Justicia e Instrucción Pública, lo que no dejó de provocar los rezongos de los conservadores. Las demás carteras fueron confiadas a los señores Montenegro, Aníbal Rodríguez y Guillermo Echavarría, balmacedista y nacionales, en Hacienda, Guerra y Obras Públicas, respectivamente. La vida de este Gabinete fué, no sólo ,precaria, sino que totalmente estéril. Dos problemas preocupaban profundamente, el aplazamiento de la conversión metálica, que debía llevarse a cabo el l 9 de enero de 1910, y la ejecución de las obras del puerto de Valparaíso. Al convocarse el Congreso a sesiones extraordinarias para el 15 de octubre, el Presidente resistió incluir en la convocatoria los proyectos económicos, pero aun cuando tuvo que hacerlo, declaró en el seno del Consejo de Estado que, cualquiera que fuera la resolución de lá Cámara, estaba decidido a realizar la conversión metálica. El Ministerio se encontró así con u n ambiente de frialdad que esterilizó por completo su acción, y ya a mediados de diciembre su situación era tan débil y vacilante que no logró hacer progresar ni la discusión de la ley de presupuestos para 1909. La jornada electoral de marzo siguiente que traía vivamente preocupados a los partidos, y la decidida oposición del partido conservador, ya resueltamente hostil al Gobierno del señor Montt, fueron los factores que contribuyeron á arrastrarlo a su caída. La crisis se produjo a mediados de diciembre, mediante una maniobra que encabezó Alessandri, que importaba la postergación de la discusión de la ley de presupuestos. La solución de la crisis fué laboriosa, y en sesión de 13 de enero la Cámara aprobó un proyecto de acuerdo del diputado Fernández, concebido en estos términos:
La Cámara, confiando en que se procederá lo más brevemente posible a la organización de un Ministerio que refleje la actual mayoría de la Alianza Liberal, acuerda entrar a tratar de la ley de presupuestos, restableciendo al efecto las sesiones diarias de la mañana que se habian destinado a este objeto.

Alessandri formuló otro, que decía que debía organizarse un Ministerio parlamentario, sosteniendo que un Ministerio de Alianza Liberal no podría vivir, ni obtener el despacho de ningún proyecto por cuanto importaría un grito de combate para una fracción importante de la Cámara. Con esa versatilidad caracte-

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rística suya decía: "Es un hecho que vivimos bajo un régimen parlamentario, éste es el régimen establecido por nuestra Constitución, consagrado por los hechos y confirmado por la revolución del 91." El consumado agitador que dormía en el fondo de su alma no podía perder esa oportunidad para esgrimir la amenaza de que no lograría vida duradera un Gabinete que no contemplara los intereses políticos de la pequeña fracción opositora de la Cámara.
U n Gabinete de Alianza Liberal importa una amenaza para una fracción considerable de esta Cámara, no tiene fuerzas, no tiene elementos, decía, para hacer aprobar los presupuestos, ni para presidir las elecciones, ni para obtener el despacho del proyecto del puerto de Valparaíso, ni para ejecutar ningún acto importante que en los momentos actuales interese al país.

El nuevo Gabinete tuvo la misma fisonomía política del anterior, juró el 22 de enero y tres días más tarde se presentó a la Cámara. Ministro del Interior fué nombrado el señor Eduardo Charme, conservando la cartera de Relaciones el señor Rafael Balmaceda. Ministro de Instrucción Pública fué nombrado el señor Jorge Huneeus, radical, con lo que se intensificó la hostilidad conservadora a la Administración. "Nosotros consideramos ese nombramiento, dijo el diputado Barros Errázuriz en lá Cámara, como una ofensa al partido conservador, a la sociedad chilena y a la misma Constitución del Estado, que consagra la religión católica como lá de la nación chilena." Ministro de Hacienda fué nombrado don Luis Devoto, de Guerra don Darío Zañartu, y de Obras Públicas, don Manuel Espinosa Jara. El Gabinete prometió observar la más absoluta prescindencia en la jornada electoral próxima, ocuparse de normalizar las relaciones amistosas con el Perú, sorpresivamente quebrantadas por el penoso incidente de la corona, ofrecida por el agente diplomático en Lima señor Echenique a los caídos en la guerra del Pacífico, buscar una solución de armonía a la cuestión económica y estimular la acción del Congreso para adoptar una pronta resolución sobre el proyecto de construcción del puerto de Valparaíso. El Gabinete, que encontró una benévola acogida en la Cámara, se preocupó ante todo de apresurar el despacho de la ley de presupuestos, y oír algunos reclamos de intervención electoral. En sesión de 6 de febrero, el diputado por Curicó incurrió en un lapsus harto revelador d e lo que fermentaba yá en los más íntimos repliegues de su subconsciente. "Yo declaro, señor Presidente, dijo, que si tuviera que optar entre perder mi candidatura o salvarla mediante la obstrucción, d e la ley de presupuestos, lo digo con sentimiento sincero y honrado, yo preferiría resignar mi candidatura presidencial. . . " Inmediatamente reaccionó y expresó: "Es un lapsus linguae. Digo que renunciaría a mi candidatura a d i p u t a d o . . . "

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La Cámara puso término a la discusión de la ley de presupuestos sólo en sesión de 18 de febrero. Las elecciones para la renovación de la mitad del Senado y de toda la Cámara se efectuaron en los primeros días de marzo, sin que se formularan acusaciones serias de intervención del Ejecu' tivo, y dentro del ya proverbial derroche de dinero en la compra de votos. La fisonomía política del Congreso se mantuvo, con ligeras alteraciones, más o menos con los mismos rasgos que la del anterior, con una fuerte representación conservadora y balmacedista, siguiéndole en el número de bancas los liberales, nacionales, radicales y demócratas. Desde el punto de vista social tuvo una mayor representación en ese Congreso la burguesía o clase media. Entre los diputados radicales que llegaron por primera vez a la Cámara, y que tendrían una larga vida pública, merece recordarse a los señores Armando Quezada Acharan, Enrique Oyarzún y Víctor Robles, entre los liberales a Manuel Rivas Vicuña, Carlos Balmaceda y Enrique Bermúdez, y entre los nacionales Alberto Edwards, Miguel Varas Velázquez y Cornelio Saavedra. Alessandri fué reelegido como diputado por Vichuquén. En su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso el Presidente Montt declaró que era su propósito realizar la conversión metálica en la fecha fijada por la ley, sobre lo cual había recaído ya el pronunciamiento de dos Congresos. Esta declaración despertó de inmediato lá alarma de las clases plutocráticas, iniciándose en la Cámara d e Diputados u n extensísimo debate que ocupó casi todo el período, y durante el cual -alzaron la voz los representantes de todos los partidos, ya a favor, ya en contra de la idea. Por el plano inclinado de las cuestiones económicas, los opositores se deslizaron al ataque mismo de la Administración. Fué una lucha dramática, la última encarada por el Presidente, que terminó con su derrota y apresuró su muerte, y que enaltece su nombre d e servidor público valeroso y abnegado. El primero en abrir el fuego, entonces soldado bisoño de la lucha parlamentaria', pero caracterizado representante de los intereses agrícolas, fué Enrique Zañartu, que fué secundado de inmediato por la primera espada de la Cámara y contumaz adversario de la Administración, Alfredo Irarrázaval. N o estuvieron unánimes los pareceres de los miembros de la comisión especial nombrada por la Cámara para pronunciarse sobre los proyectos económicos, pues mientras la mayoría fué de opinión de postergar la conversión, sólo se pronunciaron en favor de ella el diputado nacional Enrique A . Rodríguez y el demócrata Malaquías Concha. N o estuvo ausente del debate la opinión de los economistas y catedráticos señores Guillermo Subercaseaux y Darío Urzúa, que no siguieron por el camino de los adversarios de lá política presidencial.

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A esta altura del debate una nueva pirueta del partido bálmacedista dió por tierra con el Gabinete, mediante una declaración de su directorio general, en virtud de la cual, manteniendo sus tendencias liberales, recobraba su libertad de acción. El Presidente, sin consultar a los jefes de los partidos de la Alianza, organizó entonces un Ministerio Presidencial de nacionales y liberales, en la siguiente forma: Interior, Enrique A. Rodríguez, que lo había sido de Hacienda en el Gabinete Sotomayor; Relaciones, Agustín Edwards; Instrucción Pública y Justicia, Domingo Amunátegui Solar; Hacienda, Joaquín Figueroa; Guerra, Roberto Huneeus, y Obras Públicas, Pedro García de la Huerta. Este Gabinete, recibido tibiamente por los liberales, fué vapuleado por la oposición, en la que llevaban la voz cantante los diputados Alessandri, Rivas Ramírez e Irarrázaval, por considerar que pesaba sobre él la sombra bochornosa del préstamo a la Casa Granja, que sólo había beneficiado a los abogados y gestores administrativos que intervinieron en él y a la familia interesada. Aludiendo ál precario estado de salud del Presidente de la República, Irarrázaval se refirió, en sesión de 17 de junio, a la posibilidad, próxima o remota, de una transmisión transitoria del mando supremo. Las más destacadas cabezas de la Cámara joven intervinieron en el debate: entre los liberales, Izquierdo y Alfonso, y entre los radicales, Quezada Acharán y Muñoz. Durante él se volvió a tocar la cuestión de las relaciones del Fisco con los Bancos y una declaración del Ministro de Hacienda, en el sentido de que el Gobierno se esforzaría por regularizarlas, mereció la expresa aprobación de la Cámara. Los últimos oradores que intervinieron extensamente en la discusión fueron los señores Concha, don Malaquías, y Edwards, Alberto, el primero con prolijidad y erudición, y el segundo con esa claridad y buen sentido que constituían los rasgos más señalados de su personalidad psicológica, "Se ha enredado esta cuestión con tantas otras, decía con razón en sesión de 20 de julio, que, al fin y al cabo, ha venido a ser este debate una especie de resumen de todos los problemas económicos que pueden tratarse en el seno de la representación nacional, o en un texto de economía política. La balanza comercial, la internación y exportación, la legislación bancaria, etc., etc., todo se ha traído á colación, cuando sólo debíamos discutir sobre el régimen monetario que más convenga para la prosperidad del país." Edwards, nacional a macha martillo, defendió con calor al Gobierno, acusado con insistencia por sus adversarios de derrochar el tesoro público a manos llenas, diciendo que los gastos más considerables en que había incurrido habían sido los invertidos en la reconstrucción de Valparaíso y en la mejora del servicio de los ferrocarriles, y que los fondos provenientes de empréstitos se habían destinado a obras públicas, al ferrocarril longitudinal, al

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alcantarillado de Santiago y a la construcción del ferrocarril de Arica a la Paz. En sesión de 2 de agosto votó la Cámara) por abrumadora mayoría, la postergación de la conversión metálica, y poco después lo hacía el Senado. El Presidente, como lo había declarado, ejerciendo facultades que le otorgaba la Constitución, vetó el proyecto sancionado por el Congreso, lo que provocó de inmediato Í a crisis ministerial, por la renuncia que hizo de su cargo el Ministro de Hacienda, Joaquín Figueroá, con la que solidarizaron sus colegas. El 19 de agosto fué nombrado Ministro de Hacienda interino, el titular de Relaciones señor Edwards, quien suscribió el mensaje con las observaciones del Presidente al proyecto aprobado. El Ministro de Hacienda se encontró en una situación muy incómoda, pues interrogado con anterioridad en la Cámara había expresado que el Ejecutivo se conformaría con la opinión del Congreso. La valiente actitud del Presidente despertó arranques de entusiasta adhesión, virulentos ataques de la prensa y la mal reprimida ira de la oposición. Los papeleros, representantes de los intereses agrícolas, que habían visto inclinarse respetuoso al Presidente anterior ante las emisiones de papel moneda, vieron con indignación la decidida actitud del Primer Magistrado. El veto, discutido principalmente en la Cámara desde el punto de vista constitucional, abrió nuevamente la puerta a los enconados ataques de la oposición, en los que se llevaron la palma de la intemperancia los diputados Irarrázával y Alessandri. El primero acusó a la Administración de incapacidad, de haber muerto la industria salitrera, de iniciadora del sistema de las grandes obras públicas contratadas fuera de presupuesto, y de elevar la conversión metálica al rango de fundamental plataforma' política. Echando la mirada al terreno político, acusó al Presidente de la desorganización de los partidos, de burlar el régimen parlamentario y de haber entronizado en la Moneda el personalismo, sosteniendo que el Ministerio dimisionario había colocado en una situación muy penosa al Ministro de Hacienda, quien había hecho una declaración a nombre del Gobierno, en el sentido d e que éste respetaría la opinión de la Cámara, sin conocer el pensamiento del Presidente de la República. Intervino a esta altura del debate Alberto Edwards y se produjo este diálogo:
Edwards: Lo que retrata exactamente la situación actual es el hecho de que su señoría se encarnice con u n Ministerio muerto, porque parece que sus señorías no tuvieran otro objetivo dentro de esta Cámara que encarnizarse con todos los Gabinetes, vivos o muertos. Irarrázaval: Parece que su señoría c o n f u n d e la muerte política de u n Gabinete con la muerte natural de cada uno de sus miembros, hasta el punto de que, una vez muerto u n Gabinete, entran los señores Ministros en lin grado de descomposición real y efectiva que impide acercarse a ellos.

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Alessandri: Nosotros n o comemos carne h u m a n a porque es muy indi' gesta, sobre todo cuando es de Gabinetes muertos.

En medio del ardor que despertó el debate sobre el veto presidencial se produjeron dos incidentes bien característicos del régimen parlamentario: fué el primero la interpelación formulada por Alessandri, con motivo de una medida disciplinaria adoptada contra el general Goñi, durante la cual hizo profesión de fe política; y el último, el relacionado con los proyectos de acuerdo con los señores Torrealba, Barros Errázuriz y Zañartu, sobre las modalidades que deberían revestir las economías que se introdujeran en los gastos variables del presupuesto, todos los cuales fueron rechazados. Sostuvo en esa oportunidad Alessandri que la Constitución establecía el régimen parlamentario, y que aun cuando él era partidario del régimen presidencial, debía respetarse el régimen político consagrado por la Constitución. "Presente mañana su señoría un proyecto de reforma de la Constitución del Estado, decía en sesión de 31 de agosto, dirigiéndose al Ministro de Guerra, y verá que lo acompaño enérgica y activamente; pero mientras exista la Constitución tal como está, mientras los que han interpretado así la Constitución le estén debiendo al país cien millones de pesos, diez mil vidas y los innumerables trastornos y caídas que hemos palpado del 91 acá; mientras no se haya pagado esa deuda, no tenemos el derecho de rebelarnos contra esta interpretación y la Constitución debe cumplirse y respetarse, i pese a quien le pese!" Porque si hay algo grande y sagrado, agregaba, haciendo profesión de fe constitucionálista, que debe permanecer inmutable, es la Constitución; defendiendo sus fueros defendemos el fuero de la patria. El Ministro sostuvo que era atribución exclusiva del Presidente de la República aplicar medidas disciplinarias a los oficiales del ejército, y que creía que el diputado interpelante no pensaba destruir la obra de Portales, que puso freno a las ambiciones del caudillaje militar. A lo que el diputado por Vichuquén replicó:
—Pero, perdóneme el señor Ministro, su señoría no es Portales. Huneeus: No soy Portales, ni su señoría tampoco lo es, aunque reconozco que su señoría está más cerca de él que yo. Alessandri: i Si yo no he pretendido serlo jamás. . . 1

En vísperas de las festividades patrias se organizó un Gabinete del que estuvieron excluidos sólo los conservadores. Fué el penúltimo Gabinete del señor Montt, y estuvo integrado por los señores Ismael Tocornal, liberal, en Interior. Agustín Edwards, nacional, en Relaciones Exteriores; Emiliano Figueroa Larraín, balmacedista, en Justicia e Instrucción Pública; Manuel Salinas, balmacedista, en Hacienda; Aníbal Rodríguez, nacional, en Guerra, y Eduardo Délano, radical, en Obras Públicas.

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El Congreso, por abrumadora mayoría, rechazó las observaciones del Presidente y no le quedó a éste otro camino que el de la sumisión. C o n h o n d o desencanto el ilustre servidor público vió la inutilidad de sus esfuerzos, y fracasado su empeño por sacar al país del régimen del papel moneda. Al presentarse el Gabinete Tocornal en la Cámara se dijo que era un Ministerio de Alianza Liberal, por cuanto contaba con el apoyo de todas las fracciones del liberalismo, aun cuando no faltaron voces que hicieron ver la vaciedad de las denominaciones que tomaban los Ministerios que desfilaban por la Moneda. Los síntomas de debilidad del régimen político eran tan evidentes, que en su discurso el Ministro del Interior expresó su propósito de prestar acogida a las reformas constitucionales y legales encaminadas a corregir sus defectos.
"Debemos confesar a este respecto, decía en esa ocasión el diputado Irarrázaval, que el programa que acaba de leernos el señor Ministro del Interior nos ha producido la mayor sorpresa, puesto que no hemos encontrado en él ni una sola palabra que nos explique por qué este gobierno se llama de Alianza Liberal ni en qué se diferencia él de los gobiernos de coalición que otras veces hemos tenido."

Y poniendo el dedo en la llaga de la frivolidad de esas combinaciones políticas, que no descansaban ni en un programa de acción, ni en afinidades ideológicas, sino en meras ventajas mezquinas, agregaba:
"Nada de esto nos lía dicho el señor Ministro y el país habrá de preguntarse con tristeza y desencanto si esta nueva Alianza Liberal no será lo mismo que la otra, y lo mismo que la coalición anterior, y lo mismo que la unión liberal: sindicatos ocasionales y transitorios que duran mientras dura el acuerdo entre los presidentes de los partidos en o j d e n a repartirse entre ellos las gollerías que contiene el presupuesto de la nación: intendencias, gobernaciones, legaciones."

Aludió igualmente a la impotencia en que se hallaba el señor Tocornal para ofrecer un programa liberal, ya que era de pública notoriedad el compromiso contraído por los radicales de no promover cuestiones de principios durante la administración, imperante, y a la fragilidad d e la situación política, derivada de lá actitud del partido que se decía liberal moderado, que u n día se unía a la alianza liberal y al siguiente a la coalición conservadora, buscando únicamente su propia' conveniencia a fin d e perpetuarse en el poder. El Gabinete tuvo que encarar dos cuestiones candentes: la primera relacionada con los abusos cometidos en la entrega de terrenos para la colonización, en lá parte austral del territorio, sobre la cual promovió una interpelación el diputado Irarrázaval, y que terminó con el nombramiento de una comisión parlamenta-

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ria para oír los reclamos de los colonos que se consideraban perjudicados; y la otra, que conmovió intensamente a la opinión pública, fué la reclamación de la firma de Alsop y Cía., amparada por el Departamento de Estado de Washington, y que terminó con la firma de un protocolo que se suscribió en Santiago el l 9 de diciembre de 1909, en virtud del cual el asunto f u é sometido al arbitraje del Rey de Inglaterra. Pero fueron las cuestiones políticas las que debatió la Cámara con mayor interés y extensión en ese período de sesiones extraordinarias. Los radicales rechazaron con energía la afirmación de que un pacto les impedía promover cuestiones doctrinarias, al mismo tiempo ciue propiciaron la dictación de una ley de instrucción primaria' obligatoria. Sobre esta materia pronunciaron discursos medulares los diputados Oyarzún y Muñoz Rodríguez, insistiendo en que su partido era decidido partidario de la primera enseñanza laica, gratuita y obligatoria. A fines de diciembre algunas escaramuzas estuvieron a pique de dar por tierra con el Gabinete: anunciado el propósito del Presidente de ausentarse del país, a fin de concurrir a la celebración del centenario de la independencia del país vecino, surgió la idea, que encontró acogida en la Moneda, de organizar un Ministerio de Administración, que permitiera al señor Montt dejar a un amigo de su confianza en el cargo de Vicepresidente y llevar en su comitiva a dos Ministros. Dió el motivo para provocar la crisis la elección de mesa del Senado, donde los conservadores lograron formar una mayoría que determinó el fracaso de la candidatura del señor Valdés Valdés para la Presidencia de ese cuerpo. El diputado Irarrázaval denunció estas maniobras y se pronunció ardorosamente en favor de la permanencia del Gabinete en funciones, formulando u n proyecto de acuerdo concebido en estos términos: "La Cámara vería con gusto que el Gabinete actual continuará en el desempeño de sus funciones, y le manifiesta su confianza." Liberales y nacionales se pronunciaron en favor de esta iniciativa reconociendo que iba contra la esencia del régimen parlamentario la subsistencia de un Gabinete que no contaba con respaldo político en el Senado, y en el debate se abrió paso la idea' de encarar una reforma constitucional r u é quitara a aouel cuerpo las atribuciones de carácter político. El proyecto de Irarrázaval fué modificado por Maximiliano Ibáñez, con otro que decía: "Reiterando la Cámara su deseo de mantener la Alianza Liberal, declara que el Ministerio no ha perdido en ningún momento su confianza, y pasa a la orden del día", que fué aprobado por 36 votos, con sólo la abstención de los votos conservadores. La crisis había durado cuarenta y cinco días y el Presidente se había encontrado en las mnvores dificultades para organizar un nuevo Gabinete. El señor Tocornal se presentó nuevamente

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ante las Cámaras y los representantes de todos los partidos, con la abstención de los conservadores, le expresaron su tolerancia para que continuara al frente de los negocios públicos. "¿Es del caso preguntar si el Gabinete representa a la Alianza Liberal?, preguntaba el diputado Fernández en esa oportunidad. ¿Para qué discutir si el Gabinete conserva o no la misma fisonomía política que tuvo al principio? Lo mejor es evitar discusiones sobre este punto, porque sobre toda consideración está el hecho tangible, superior a todo, que se impone a la conciencia del país: el consenso de todos los partidos para ejercer el Gobierno por medio del Gabinete de Alianza Liberal que antes nos representaba." Aceptada la tregua, la Cámara se entregó de lleno á la discusión del proyecto de ley de presupuestos y de uno que destinaba recursos para la adciuisición de elementos destinados a la defensa nacional. La discusión de la ley de presupuestos terminó en sesión de 2 de marzo. Antes de clausurarse el período de sesiones extraordinarias se despacharon las autorizaciones constitucionales necesarias Dará que el Presidente de la República y la Escuela Militar pudieran ausentarse del territorio nacional, a fin de concurrir a las ceremonias conmemorativas q u e se celebrarían en Buenos Aires, v la Cámara designó una comisión inteeráda pollos dioutados Alessandri, Balmaceda, Concha, Cox Méndez, Izquierdo, Muñoz Rodríguez y Saavedra, para aue la representara en ellas. El Senado designó a su vez una comisión integrada por los señores Del Río, A l d u n a t e Solar y Rivera. El Presidente se ausentó el 21 de mayo en su viaje a Buenos Aires y entró a ejercer el m a n d o supremo, con el titulo de Vicepresidente de la República, el señor Tocornal, pasando a desempeñar la cartera' de Interior el Ministro de Justicia señor Figueroa. El Presidente y comitiva, en la que figuraban senadores, diputados, ministros y representantes de las fuerzas armadas y de los tribunales de justicia, fueron objeto de clamorosas manifestaciones de cordialidad en la capital del Plata. En una sesión solemne celebrada por el Congreso argentino hicieron uso de la palabra los diputados chilenos Izquierdo y Alessandri, en calurosos términos d e confraternidad internacional que arrancaron nutridos aplausos. Diez días después el Presidente reasumió el m a n d o supremo, con su salud ya muv quebrantada. Siguió al frente del Ministerio del Interior el señor Tocornal, pero renunció el 17 de junio, designándose en el carácter de interino para reemplazarlo al Ministro de Hacienda, el balmacedista señor Salinas. Había trascendido a los círculos políticos el penoso estado d e salud del Presidente, v la oposición parlamentaria veló sus armas. A fines de diciembre anterior había' muerto el diputado Ramón Rivas Ramírez. Alessandri regresó de Buenos Aires en un estado de ánimo m u y diferente con respecto al Primer Magistrado, y el único que se

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mantuvo en la brecha de una oposición irreductible f u é Alfredo Irarrázaval. Al iniciarse el período de sesiones ordinarias, el Presidente leyó el que habría de ser su último mensaje, fiel reflejo de su personalidad moral, intelectual y cívica, en el que pasó revista a sus preocupaciones de estadista y servidor público. La Cámara de Diputados inició la discusión del proyecto de instrucción primaria obligatoria, elaborado por su comisión de Instrucción Pública, que se estrelló con la invencible oposición conservadora, que utilizó el recurso de la obstrucción para llevarlo al fracaso. En vano propuso Alessandri una fórmula de transacción, a fin de eliminar del proyecto todos aquellos artículos que despertaban la tenaz oposición conservadora: después de diversas escaramuzas se nombró una comisión especial informante y, finalmente, el proyecto f u é encarpetado. Resuelto el Presidente a dejar el poder, siguiendo el consejo de los médicos que lo atendían, que veían en u n largo reposo la única posibilidad de restablecimiento, deseó dejar en el cargo de Vicepresidente a su correligionario y amigo de toda su confianza, Agustín Edwárds. Este deseo determinó la mutación ministerial, en virtud de la cual se aceptó la renuncia a los Ministros Salinas, Rodríguez y Délano, pasando Edwards de Relaciones Exteriores a Interior; Ministro de Relaciones fué designado el diputado liberal Luiz Izquierdo; de Hacienda, el liberal democrático Carlos Balmaceda; de Guerra y Marina, Carlos Larrain Claro, liberal; de Obras Públicas, el radical Fidel Muñoz Rodríguez. Siguió al frente de la cartera de Justicia e Instrucción Pública el liberal democrático Emiliano Figueroa Larrain. La recepción que encontró el Ministerio en la Cámara reveló con meridiana claridad cuán hondamente trabajado se hallaba ya el partido liberal democrático ante las candidaturas presidenciales que despuntaban en el horizonte político y el decidido propósito que lo animaba de cerrarle el paso a la del señor Edwards, calificada por el diputado Zañartu de ridicula y absurda. Refiriéndose a la división de su partido, dijo: "En el fondo, todos estamos dispuestos a cerrarle el paso a esa candidatura. Unos creen que se consigue ese propósito dando entrada al Ministerio del Interior al organizador del actual gabinete, y otros, como yo, que es indispensable manifestar que el país no está dispuesto a permitir que continúe, por u n momento más, una pretensión que no vacilo en calificar de ridicula y absurda." Acusó a Edwards de ser el más calificado representante de la oligarquía bancaria. "El señor Ministro del Interior actual, don Agustín Edwards, dijo, representa esta tendencia de la oligarquía bancaria. Ahí están en el poder los hijos de los que echaron las bases de esa oligarquía; y aquí estamos algunos que tratamos de

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combatirla, y que somos los hijos de los que lucharon en otro tiempo en contra de ella." Los adversarios de don Pedro Montt no le perdonaban aún a éste y a sus amigos políticos la tenacidad con que había defendido la conversión metálica, y al Ministro Edwards el hecho de que hubiera firmado el mensaje vetando la ley que autorizaba su postergación. Por eso Zañartu, extremando la nota, decía: "La principal preocupación del Gobierno actual, secundada siempre por el político que hoy ocupa el puesto de Ministro del Interior, há sido la de humillar, la de atacar, la de hollar las prerrogativas constitucionales del Congreso..." Desde ese momento f u é evidente que el señor Edwards no sería Vicepresidente de la República. Pocos días más tarde, el 8 de julio, el Presidente aceptaba la renuncia del Ministro del Interior y designaba para reemplazarlo al señor Elias Fernández Albano. A l asumir éste la Vicepresidencia, entró a ejercer las funciones de Ministro del Interior el que lo era de Relaciones, Izquierdo. El asunto de mayor trascendencia que debatió por esos días la Cámara fué la acusación constitucional formulada por el diputado Irarrázaval contra el ex Ministro de Hacienda Salinas, por la inversión de considerables cantidades de fondos públicos fuera de presupuesto. Después de un largo y laborioso debate, la proposición de acusación fué desechada en sesión de 9 de agosto por 39 votos contra 10. Pocos días después, el 16, moría en Bremen, lejos de la patria, el Presidente de la República señor Montt, bajo el peso de las dolencias contraídas en su abnegada consagración al servicio público. Su muerte causó dolorosa impresión en el sentimiento nacional y en todos los círculos se rindió cumplido homenaje a los eminentes servicios que había prestado a la patria, al alto concepto que tenía del cumplimiento de su deber y al celo con que se había consagrado al servicio público. La Cámara le rindió un conmovedor homenaje, en el que participaron diputados de todos los partidos, y del que no estuvo ausente la elocuente y brillante voz de su tenaz adversario Alfredo Irarrázaval. N O T A S
1 Entre los asuntos profesionales que defendió por esos días Alessandri, merece recordarse el de la compañía salitrera "La Valparaíso", época de la que dataron sus relaciones con Gustavo Ross Santa Maria. Alessandri se presentó cobrando a dicha compañía, sociedad . anónima establecida en aquel puerto, 10,000 libras por honorarios profesionales. La compañía, de la cual Ross era acreedor por una suma aproximada de 1.300,000 pesos, gestionó la reposición del auto declaratorio de quiebra. La Corte de Apelaciones de Valparaíso mandó reponer el auto declaratorio de quiebra, sobre el cual se interpuso recurso de casación en la forma, que fué

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desechado por unanimidad por la Corte Suprema. Ante este nuevo fracaso, la parte de Gustavo Ross se desistió del recurso de casación de fondo. "La Valparaíso quedaba salvada, merced a mis esfuerzos, decía Alessandri, a mi trabajo, a mi constancia, a mi empeño." La Corte m a n d ó pagar 75,000 libras de honorarios a Alessandri, en lugar de las 10,000 que cobraba. 2 Discursos de don Luis Antonio Vergara en el Senado, en agosto de 1911. 3 Siete años de recuerdos políticos. El Ministro Sotomayor. "El Mercurio", 5 de septiembre de 1912.

Capítulo

VI

L A PAZ E N LA I N E R C I A Desde que se enfermó el Presidente Montt surgieron los candidatos, y los trajines de los aspirantes a recoger su herencia politica se hicieron ostensibles. "Había candidatos de muy diverso género, escribe Alberto Edwards, y el primero y más antiguo de todos, don Juan Luis Sanfuentes. El jefe del partido liberal democrático podrá serlo todo en este mundo, menos un figurón. Su ideal es muy sencillo. Si no manda como rey, prefiere hacerlo aún, cuando más no sea, como mayordomo de palacio." 1 El candidato de los liberales doctrinarios era don Javier A. Figueroa, el de los nacionales don Agustín Edwards, y algunos, entre ellos el mismo Alberto Edwards, acariciaban la posibilidad de elevar al solio presidencial al almirante don Jorge Montt. "Todo el m u n d o político se puso en movimiento, agrega el escritor citado, pero nadie se encontraba organizado para una lucha que surgía de improviso. N u n c a estuvo, pues, más cerca Agustín Edwards de la presidencia, que ese 16 de agosto de 1910." En medio de esas preocupaciones, que mantenían a los partidos hondamente agitados, y se hacían los preparativos pára la celebración del centenario de la Independencia, con la ciudad llena de ilustres huéspedes extranjeros, entre los cuales figuraría el Presidente de la República Argentina, falleció el 6 de septiembre, á las dos de la tarde, el Vicepresidente de la República, señor Fernández Albano. Surgió entonces una cuestión de interpretación constitucional que se solucionó rápidamente. El artículo 65 de la Constitución establecía que cuando el Presidente de la República m a n d a r e personalmente la fuerza armada, o cuando por enfermedad, ausencia del territorio u otro grave motivo no pudiere ejercitar su cargo, le subrogaría el Ministro del despacho del Interior, con el título de Vicepresidente de la República. El artículo siguiente, 66, disponía que, a falta de Ministro del despacho del Interior, subrogaría al Presidente el Ministro del despacho más antiguo, y a falta de los Ministros del despacho, el Consejero de Estado más antiguo que no fuere eclesiástico. Desempeñaba las funciones de Ministro del Interior, con el carácter de interino, el de Relaciones Luis Izquierdo. "¿Existía o no existía, el 6 de septiembre de 1910, un Ministro del Interior?, se preguntaba Alberto Edwards, o en otras palabras, ¿había conservado el señor Fernández este carácter, aun después de asumir la Vicepresidencia?" El Ministro de Estado más antiguo erá el de
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Justicia, el balmacedista don Emiliano Figueroa. ¿A cuál correspondía la Vicepresidencia?
Es honroso para Chile, y muy principalmente para d o n Luis Izquierdo, dice Edwards, el q u e este debate ni siquiera fuese promovido. N o le faltaron al distinguido jefe del Gabinete ni razones ni elementos de resistencia; por el contrario, la mayoría de sus colegas estaban dispuestos a acompañarlo, y él desempeñaba las funciones de Ministro del Interior. Sólo en defecto de tal Ministro correspondía la Vicepresidencia al de Justicia.

Muñoz Rodríguez, representante en el Gabinete del partido radical, intentó plantear el problema, o por lo menos exponer las razones en pro o en contra de cada una de las soluciones. Él, por su parte, se declaró en favor de los derechos del señor Izquierdo.
El asunto podía complicarse, escribe Edwards. D e los cinco Ministros, dos estaban implicados: eran sus derechos los que iban a discutirse. D e los otros tres, u n o se había p r o n u n c i a d o en favor del señor Izquierdo, y otro, don Carlos Larrain Claro, amigo íntimo y correligionario del mismo, participaba del mismo m o d o de pensar. Sólo quedaba don Carlos Balmaceda, como probable apoyo de los presuntos derechos del Ministro de Justicia. 2

La solución la dió el mismo Izquierdo, con desprendimiento que le enaltece. N o h e estudiado el p u n t o constitucional, dijo, pero estas discusiones son perturbadoras. Mi opinión es q u e corresponde la Vicepresidencia a don Emiliano Figueroa, y aun cuando no fuera así, u n hombre como él, de carácter conciliador, amigo de todo el mundo, d a a los partidos más garantías que yo. En la situación actual del país, cualquier conflicto en el Gabinete debe evitarse. El mismo día, 6 de septiembre, se comunicó a la Comisión Conservadora el fallecimiento del señor Fernández Albano, y la designación del Ministro de Justicia e Instrucción Pública, como Ministro del despacho más antiguo, para la Vicepresidencia d e la República. Alto, corpulento, de hermosa figura, con una vida política reciente, en lá que n o se había destacado, pero vividor apasionado, clubman, amigo de sus amigos, don Emiliano Figueroa era de aquellos hombres que toman la vida por su lado más amable, y que en todas partes conquistan adhesiones y amistades. Tenía u n a gran simpatía personal, y como no era de temperamento luchador ni de ideas acentuadas, no despertaba resistencias. A d e más, sus iniciales, E. F., correspondían a las del Vicepresidente fallecido, Elias Fernández, y n o desentonarían los regalos q u e podían traer las Embajadas extranjeras. . . La Convención de los partidos, que iba a elegir, n o ya a u n candidato, sino al Presidente de. la República, se reunió en el salón de honor del Congreso dos días más tarde, el 8 d e septiembre, y a ella concurrieron liberales, radicales, demócratas, balmacedistas y nacionales. El señor Sanfuentes contaba con elementos

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decisivos, mientras la candidatura del señor Edwards, que despertaba grandes resistencias entre doctrinarios y balmacedistas, era apoyada por nacionales y una fracción radical. Las votaciones se sucedieron durante siete días, y cuando la ardorosa lucha comenzaba a provocar la fatiga en todos los ánimos, los nacionales intentaron una maniobra, votar por el jefe radical señor Mac-Iver, con lo que éste logró lá mayoría, pero a petición de la representación sanfuentista, suspendió el escrutinio y se negó a proclamar el resultado de la votación. "El señor Mac-Iver, que presidía la Convención, escribe Manuel Rivas Vicuña, sin ambiciones personales, que buscaba una solución de armonía y que había demostrado en todos los actos de la asamblea la gran elevación de su espíritu, accedió a este pedido y suspendió el escrutinio, que a juicio de sus amigos debía darle la proclamación de candidato a la Presidencia de la República y la elección sin lucha." 3 Surgió entonces, como candidato de transacción, el nombre de don Ramón Barros Luco; liberal, el más anciano de los políticos, pues contaba con 76 años de edad. En la sesión de la Convención celebrada en la tarde del 14 de septiembre resultó elegido casi por unanimidad de los sufragios. Los conservadores adhirieron a su candidatura por medio de una nota que le dirigieron al día siguiente. La lucha cívica desarrollada en la Convención terminaba con una tregua. Disipado el humo de las descargas de artillería, apagado el eco de los desfiles militares, de los saraos y banquetes, da la colocación de primeras piedras y de cuantas fiestas en que corrió el champagne a raudales, la vida política volvió a su ritmo normal, 4 El 14 de octubre se inició el período de sesiones extraordinarias del Congreso, y de allí a poco se suscitó una cuestión de alto interés que tuvo consecuencias políticas. El diputado radical Víctor Robles promovió el tópico de lá renuncia que de su cargo había hecho ante la Santa Sede, presionado por el Internuncio de Su Santidad, el Arzobispo de Santiago señor Ignacio González Eyzaguirre, que le había sido aceptada, lo que iba contra la Constitución, contra las leyes y vulneraba el derecho de patronato que ejercía el Estado. El Arzobispo se limitó a comunicar estos hechos al Gobierno, el que, en nota confidencial de 7 de noviembre, le manifestó la sorpresa que había' experimentado al conocer su resolución, y que de acuerdo con el régimen de patronato existente ella debía haberse presentado por intermedio del Ejecutivo. Terminaba pidiéndole que no insistiera en una resolución que daba origen a dificultades. La cuestión se debatió extensamente en sesión de 11 de noviembre, día en que se hizo pública la crisis del Gabinete, por renuncia que había hecho de sm cargo el Ministro radical de

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Obras Públicas, Muñoz Rodríguez, que no estaba de acuerdo con la actitud de sus colegas, a quienes acusó de falta de deferencia a su persona, a la que se adhirieron los demás Ministros. 5 Esto movió al diputado Robles a formular un proyecto de acuerdo concebido en estos términos:
La Cámara declara que, conforme al Patronato establecido por la Constitución, los funcionarios eclesiásticos no pueden impetrar de la Santa Sede o de cualquiera otra autoridad eclesiástica extranjera, resoluciones que afecten al ejercicio de sus funciones políticas, sino por intermedio y con permiso del Gobierno,

Los conservadores Cox Méndez y Barros Errázuriz disertaron extensamente sobre el derecho de patronato, protestaron de las alusiones hechas al Internuncio de Su Santidad y de la actitud del Ministro de Industria que había abandonado airosamente su puesto, porque no se había procedido por su colega el Ministro del Culto con violencia injuriosa contra el Arzobispo 'y el agente diplomático de la Santa Sede, lo que demostraba los extremos dolorosos a que podría llegar un Gobierno el día en que, para desgracia del país, cayeran los poderes públicos en las manos irresponsables del radicalismo... Los liberales se esforzaron por salvar la vida al Gabinete, lo que movió a Maximiliano Ibáñez a presentar un proyecto de acuerdo dándole u n voto de indemnidad. Decía ásí: "La Cámara, estimando que la nota dirigida por el Ministro de Relaciones Exteriores al Arzobispo de Santiago, importa el mantenimiento del patronato establecido por la Constitución, pasa a la orden del día." El episodio se dió por solucionado ante la declaración que hizo el Ministro del Culto, según la cual en el asunto había puntos que no podían darse a conocer, porque se relacionaban con cuestiones internacionales pendientes. Los dos proyectos de acuerdo fueron retirados y la crisis ministerial se solucionó mediante el procedimiento del parche, integrando el Gabinete con el señor Enrique A. Rodríguez, en Interior, y Beltrán Mathieu, en Industria y Obras Públicas. El Ministro del Interior declaró que continuaba en funciones el Gabinete de Alianza Liberal, pero su presencia al frente del Gobierno provocó la airada protesta del diputado Irarrázaval, quien recordó lá responsabilidad que había tenido en el desgraciado préstamo hecho a la Casa Granja durante el Ministerio que presidió el señor Sotomayor. En las elecciones presidenciales realizadas el 14 de octubre, sin entusiasmo, se llenaron las fórmulas constitucionales. Por primera vez en lá historia política del país se había producido un acuerdo unánime alrededor de un hombre. De aquí que el señor Barros Luco proclamara su divisa, de que su elección constituiría una "garantía para todos".

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Cincuenta años de vida política tenía el señor Barros Luco al asumir la Presidencia de la República el 23 de diciembre de 1910, ya que había ingresado por primera vez a la Cámara de Diputados en 1861, como diputado ministerial. Desde entonces había recorrido todos los cargos: diputado, ministro, senador, miembro de la Junta de Gobierno triunfante en 1891, presidente de una y otra Cámara, Ministro Plenipotenciario en Francia. Fué partidario de todos los gobiernos, con excepción de uno solo, como apunta don Domingo Amunátegui. En todos esos cargos había demostrado su espíritu conciliador, su buen sentido, su astucia' de pura cepa criolla, su fascinación por el ejercicio del poder, captada ya por Justo Arteaga Alemparte en la semblanza que de él trazara cuarenta años antes. Representaba con acentuados rasgos el tipo del caballero chileno de vigoroso espíritu público, inclinado a prestar su apoyo a todas las iniciativas de progreso en el campo de la vida industrial y económica, y de bien público en el terreno social. La organización de su primer Gabinete estuvo llena de 'dificultades, pues se mantenían vivas y latentes las pasiones que habían chocado en el seno de la Convención. Se acercaba la fecha de la transmisión del mando presidencial, y no se organizaba Gabinete; llamado por el señor Barros Luco el señor Eliodoro Yáñez, éste, sin consultar a los radicales, nacionales ni balmacedistas, pretendió organizar u n ministerio esencialmente liberal, pero no logró éxito. Uno de los factores que contribuía' a perturbar la solución era la honda división que trabajaba al partido balmacedista en dos fracciones: una que respondía dócilmente al señor Sanfuentes, con mayoría en la Cámara de Diputados, y otra llamada vergarista, que reconocía como jefe a don Luis Antonio Vergara y presidía el señor Latorre, y que contaba con mayoría entre los senadores de su partido. Ante el fracaso de la misión del señor Yáñez, el Presidente electo pensó en una fórmula de un Gabinete de dos liberales, dos radicales y dos nacionales, que excluía a los balmacedistas, que tampoco encontró apoyo en los partidos. En "estas circunstancias, faltando sólo horas para la ceremonia de la transmisión del mando, el señor Barros Luco llamó a varios dirigentes del partido liberal, les manifestó los peligros de la situación y les exigió la organización inmediata de un Gabinete, pyes, en caso contrario, tenía lá resolución de comunicar al Congreso que, en vista de las dificultades que existían entre los partidos, se encontraba en la imposibilidad de entrar a desempeñar el cargo para el cual habia sido elegido. Este fué el origen del Ministerio llamado de los seis, todos ellos de filiación liberal doctrinaria, que acompañó al señor Barros Luco en sus primeros días de gobierno. Las carteras estuvieron distribuidas así: Interior, Maximiliano Ibáñez; Relaciones Exterk>

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res, Culto y Colonización, Rafael Orrego; Justicia e Instrucción Pública, Domingo Amunátegui Solar; Hacienda, Raimundo del Río; Guerra y Marina, general Arístides Pinto Concha, y Obras Públicas, Ismael Valdés Vergara. La organización de este Gabinete despertó las iras de nacionales y radicales. Alberto Edwards, diputado nacional, expresaba claramente este estado de ánimo, en la semblanza que trazaba dos años después, del Jefe del Gabinete: "Doctrinario refinado, escribía, de la vieja escuela de las 'carabinas recortadas', seco de carácter, dogmático, intransigente; convencido cual ninguno del derecho divino del partido a la dominación exclusiva y al exterminio de las fracciones liberales afines, etc." G Este Gabinete fué bien recibido en el Senado, pero con agresiva violencia por radicales, balmacedistas y nacionales en la Cámara de Diputados. Los liberales trataron de salvarlo, con el apoyo de los francotiradores Irarrázaval y Alessandri. Después de un apasionado debate, de recriminaciones y mutuas inculpaciones, el diputado radical Gandarillas terminó por formular un proyecto de acuerdo concebido en estos términos: "Reconociendo los altos propósitos que se tuvieron en vista al organizar el Gabinete que preside el honorable señor Ibáñez, la Cámara estima que ha llegado el momento de que se organice u n Ministerio parlamentario." El voto de indemnidad que pretendieron darle los liberales, redactado por el señor Alfonso, decía: "Lá Cámara, haciendo cumplido honor a los altos móviles que han dado origen a la formación del actual Gabinete, y a los antecedentes de los seis Ministros que lo forman, considera que ha correspondido a una necesidad de orden público." El proyecto de acuerdo del señor Gandarillas fué aprobado por 40 votos contra 30 y 4 abstenciones, entre ellas la de Irarrázaval. El Gabinete renunció de inmediato. Maximiliano Ibáñez no volvió a figurar como Ministro en la administración Barros Luco. Se organizó entonces (11 de enero de 1911) u n Gabinete de u n liberal, dos nacionales, dos balmacedistas y un radical, que fueron los señores Rafael Orrego, en Interior; Enrique A. Rodríguez y Ramón León Luco, en Relaciones y Guerra; Aníbal Letelier y Roberto Sánchez, en Justicia y Hacienda, y Javier Gandarillas Matta, en Obras Públicas. El Ministerio encontró buena acogida en la Cámara. En su programa, el Ministro del Interior prometió ocuparse de los proyectos relativos al regadío del territorio, a la aprobación del censo y fijación del número de senadores y diputados, a la renovación de ios registros electorales, reforma de la ley municipal y de la legislación obrera. Era u n programa anodino, que no despertaba alarmas ni resistencias, que vieron con complacencia hasta los conservadores.

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Lá discusión de la ley de presupuestos quedó terminada el 30 de enero, suspendiéndose en seguida el período de sesiones extraordinarias. La renovación de una parte del Senado y de toda la Cámara de Diputados comenzó a preocupar a los partidos con mucha anticipación, de donde surgió el acuerdo llamado d e la Alianza Chica, en virtud del cual nacionales, radicales y balmacedistas convinieron en un reparto equitativo de los asientos del Senado entre todos los partidos liberales, incluyendo a los doctrinarios. Desde el mes de marzo de 1911 este acuerdo se hizo público y, ante la amenaza que los amagaba, los doctrinarios se mantuvieron quietos por algún tiempo, pero la actitud de los balmacedistas, profundamente trabajados por el personalismo absorbente del señor Sanfuentes, provocó el fracaso de la Alianza Chica y el derrumbe de allí a poco de lá alianza grande. 7 Al iniciarse las sesiones ordinarias del Congreso, era evidente lá caída de la combinación política imperante. Pocos días antes que el cambio político absorbiera la atención de los círculos políticos, el fallo arbitral del Rey de Inglaterra en la reclamación Alsop provocó un interesantísimo debate parlamentario, expresión de la viva impresión que aquél causó en la opinión pública. Los senadores Walker Martínez y Rivera formularon los más amargos reparos a la actitud de la Cancillería de Wáshington y al manejo de las relaciones exteriores, al desorden imperante en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y al lamentable rumbo que tuvo esa negociación, al que no había sido ajena la inestabilidad del régimen político.
Desde luego creo que esta reclamación Alsop, por el fin que ha tenido, absolutamente desfavorable para los intereses de la República, decía el senador Rivera el 25 de julio, no es más que la consecuencia, que ya se ha señalado en esta Cámara, y de la cual se ha hablado también en la prensa, en todo momento y circunstancia, de la inestabilidad ministerial, de la falta de rumbos definidos y sin solución de continuidad en los procedimientos de la Cancillería de Chile.

Página ingrata ésa de nuestras relaciones internacionales que arrancó airadas voces de protesta del senador Walker Martínez, y fundadas observaciones de Guillermo Rivera, quien llamó lá atención hacia la pésima doctrina d e modificar los tratados por medio de notas confidenciales, que se sustraían al conocimiento del Congreso, afirmación que determinó a los negociadores señores Vergara y Bello Codesido a ilustrar el desarrollo que había tenido el asunto con exposiciones cargadas de calor polémico. El debate del Senado repercutió en lá Cámara de Diputados, en la que el diputado don Paulino Alfonso puntualizó la intervención que le había cabido en él, como abogado d e uno de los interesados en la reclamación, formuló amargos reparos a la ne-

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gligenciá del agente diplomático de Chile en "Washington señor Walker Martínez, y aludió a la bochornosa humillación que había constituido para el país el ultimátum del Secretario de Estado Mr. Knox. 8 Mientras se barajaban sigilosamente nuevas combinaciones ministeriales, la Cámara discutió algunas cuestiones d e alto interés, tales como el proyecto de reforma municipal y la constitución de la propiedad salitrera, pero, como lo advirtió el diputado Riva's Vicuña, el período iba a ser del todo estéril por la incertidumbre política predominante. El pacto político que dió origen al ministerio de coalición, firmado por los partidos conservador, nacional, balmácedista sanfuentista y demócrata el 3 de agosto, se divulgó inmediatamente, planteando la crisis del Gabinete. La reacción de liberales doctrinarios y radicales ante la nueva combinación f u é violenta, y las pomposas declaraciones de bien público que contenía el pacto no lograron engañar a nadie en el sentido de que lo que se gestionaba era una mera cuestión de reparto de los asientos parlamentarios. 9 "Esta tendencia es disolvente, decía El Mercurio en editorial del 5 de agosto, y cuando los pactos electorales se celebran entre partidos antagónicos tienden a introducir la desorganización de los partidos de principios y a destruir sus fuerzas como resultado de las transacciones y componendas. Bajo un p u n t o de vista más general, la acción de los caudillos de Santiago anula el ejercicio de u n derecho que corresponde al electorado nacional." El manifiesto de la Junta Ejecutiva del partido liberal democrático, expresión del pensamiento del señor Sanfuentes en que pretendía justificar el pacto, era de u n a puerilidad impresionante, pues lo explicaba sólo como un acto de defensa ante el propósito que habría existido de organizar u n Ministerio de tres liberales doctrinarios y tres balmacedistas vergaristas. En la Cámara de Diputados, Maximiliano Ibáñez declaró que la nueva combinación venía animada de propósitos de lucha y de batalla, mientras Fidel Muñoz Rodríguez hizo la autopsia de ella en sus aspectos políticos y electorales, al mismo tiempo que arremetió vigorosamente contra los liberales democráticos. Los partidos coligados pretenden arrollar a los partidos liberal y radical en las próximas elecciones, dijo, y en sus finalidades políticas no abrigan otro propósito que elevar a su caudillo a la silla presidencial. Lo acusó de contribuir a la inestabilidad de las combinaciones políticas y de u n oportunismo funesto que había hecho fracasar toda política de orientación liberal. En defensa de la nueva combinación se alzaron las voces del conservador Cox Méndez, del balmacedista Zañartu y del nacional Encina. El discurso de este último, verdadera profesión de fe política y sociológica, teñida d e esa petulancia tan caracterís-

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ticamente suya, en el que no faltaron los alfilerazos a sus adversarios ni las citas de sus autores favoritos, Gustavo Le Bon y Varcher de Lapouge, no consistió más que en un ataque a la enseñanza pública, a la que atribuyó la decadencia moral del país y cuya difusión, dijo, había contribuido a orientar a la juventud hacia las profesiones liberales y los empleos públicos. Sostuvo que Chile debía buscar su porvenir económico en la manufactura, en el comercio y la navegación. U n proyecto de acuerdo de Enrique Zañartu para que se organizara u n Ministerio parlamentario perdió toda oportunidad, por cuanto a la sesión del 16 de agosto se presentó el nuevo Gabinete presidido por José Ramón Gutiérrez, conservador, en el que las carteras estuvieron repartidas en esta forma: Relaciones Exteriores, Enrique A. Rodríguez, nacional; Justicia e Instrucción Pública, Benjamín Montt, nacional; Hacienda, Pedro Nicolás Montenegro, balmacedista; Guerra, Alejandro Huneeus, conservador, y Obras Públicas, Enrique Zañartu, balmacedista. Este Gabinete, que contaba con una precaria mayoría en el Senado, se encontró con una cerrada oposición de radicales y liberales doctrinarios en la Cámara1 de Diputados, que esterilizó del todo la labor administrativa que se había propuesto desarrollar.
Tal como estamos en realidad, decía en el Senado Luis Antonio Vergara el 14 de agosto, el Gobierno de este pais no es democrático; tal como estamos y tal como se gestionan los intereses políticos, lo que hay es una verdadera oligarquía; es menester reaccionar, si queremos sostener en la altura debida nuestras instituciones, y esta reacción no debe principiar en Santiago, debe venir de las provincias.

Y Alberto Edwards, asignando parte de la responsabilidad de la anarquía política imperante al partido doctrinario, escribía: "Si de todo esto ha resultado la más franca y completa anarquía política de que haya memoria en los anales del país, ello no es extraño." 1 0 Comentando la situación política', con coraje cívico poco común, Luis Antonio Vergara, puntualizó en el Senado las causas a que se debía la división del partido liberal democrático, que atribuyó al personalismo absorbente que se había apoderado de su dirección. Encarándose con Sanfuentes, aludió a la versatilidad que lo había caracterizado, yendo u n día del brazo de los liberales y otro de los conservadores, lo que había contribuido a enajenarle al partido las simpatías de la opinión pública. " A este partido se le atribuían las crisis ministeriales y la desorganización administrativa, que es lá consecuencia de la inestabilidad ministerial", expresó. Declaró que la fracción vergarista del partido no existía y que él repudiaba todo caudillismo.

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"Yo rechazo en absoluto, dijo en sesión de 28 de agosto, la idea de u n caudillo de partido. Es indudable que para algunos ciudadanos el caudillo de u n partido es u n elemento sumamente cómodo, puesto que contando con la benevolencia del caudillo pueden llegar a los más elevados puestos sin sacrificios; con este sistema no se requiere preparación, no se requieren servicios al país.. Entre tanto, creo que la disciplina de los partidos políticos y el bienestar del país exigen que los hombres tengan preparación y suban a los altos puestos por su inteligencia, por su trabajo, por sus servicios en pro del bien público."

Expresó que el Gabinete no contaba con una base estable de gobierno, y que lo único que se buscaba era la influencia electoral y una considerable representación para el partido en el Congreso que se elegiría en marzo próximo. Colocado Sanfuentes en la picota, contestó con u n discurso tan pequeño, tan misérrimo de ideas, que constituía el retrato de su personalidad psicológica y política. El duelo tomó u n carácter personal, agresivo y odioso. En la Cámara de Diputados el debate político se prolongó hasta fines d e agosto y termiinó con dos proyectos d e acuerdo, uno formulado por Ramírez Sanz, que decía: "La Cámara estima que el actual Ministerio no corresponde a las tendencias liberales dominantes en la mayoría de los miembros de ella", y otro del diputado Bustos, por el que se declaraba que el Gabinete reflejaba la mayoría parlamentaria. Este último f u é aprobado por 36 votos, absteniéndose de votar 26 diputados, entre los cuales figuró Alessandri. Agotado el debáte político, la Cámara volvió su atención a otras cuestiones, entre ellas las económicas, sobre los cuales habló extensamente Alessandri, que después d e haberse mantenido independiente se incorporó al partido liberal, junto con su padrino el senador Lazcano, manifestando que u n medio de solucionar las dificultades porque atravesaba el país en ese terreno consistiría en la consolidación de la deuda externa y en lá contratación d e un empréstito. El Ministro aceptó el nombramiento de u n a comisión especial encargada d e proponer u n proyecto relativo al déficit fiscal. El diputado Muñoz Rodríguez promovió la cuestión de la venta de los bienes raíces d e las comunidades religiosas, operación atribuida a la presión que ejercía el representante diplomático del Vaticano. A u n cuando las sesiones fueron prorrogadas hasta el 10 d e septiembre, el Gabinete encontró de parte de la oposición la más vigorosa resistencia para el despacho de los asuntos urgentes, y en vano apeló el Ministro del Interior a la responsabilidad que le cabía en ella a los diputados liberales doctrinarios, que en su opinión estaban en lá obligación moral de cooperar a la administración que presidía un correligionario suyo como el señor Barros Luco. La prueba de fuego para el Ministerio f u é la elección complementaria del senador por Coquimbo, vacante por fallecimiento

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de don Rafael Balmaceda, que se realizó el 8 d e octubre, y a disputar la cual se presentaron candidatos que representaban a las dos fracciones en que se encontraba dividido el partido liberal democrático: el del sector sanfuentista lo f u é Juan E. Mackenna, de los caídos con Balmaceda el 91, mientras el candidato d e la otra fracción lo fué el señor Bello Codesido, hijo político d e Balmaceda, y que tenía ya una nutrida hoja de servicios públicos. A la lucha se le dió mucha significación, por cuanto se consideró que se iba a demandar de la opinión de u n a provincia trádicionalmente liberal u n pronunciamiento sobre las dos situaciones políticas que se encontraban al frente luchando por el predominio en la dirección de los negocios públicos. La calificación de la elección dió en el Senado lugar a un larguísimo debate, que se prolongó hasta diciembre, en cuya sesión del 11 f u é definitivamente aprobada' la elección de Mackenna; y a u n a interpelación al Ministro del Interior en la C á m a r a d e [Diputados, durante la cual se le hicieron los más severos cargos de intervención electoral. En sesión del 18 de diciembre la C á m a r a sepultó la interpelación pasando á la orden del día. El Ministerio no había logrado quebrantar la resistencia de la minoría, que obstaculizó todas sus iniciativas por medio de la obstrucción más decidida. Era evidente que las escaramuzas ante la proximidad de las elecciones caldeaba los ánimos, y que el Gabinete n o lograría larga vida. Fatigado d e una lucha que n o era grata' a su temperamento ni a su carácter, hostilizado por corrientes subterráneas de sus propias filas, el señor Gutiérrez renunció el 6 de enero, siendo reemplazado por el señor A b r a h a m Ovalle, cambio que no tuvo naturalmente ningún alcance político. A l presentarse ante el Congreso, el Ministro declaró que sus preocupaciones principales eran las d e tomar las medidas necesarias para restablecer el equilibrio de las finanzas y dar garantías de libertad ante la próxima jornada electoral, Pero el Gabinete, herido ya d e muerte, renunció el 23 d e enero, con motivo del nombramiento de u n Consejero de Estado, y fué reemplazado por u n o presidido por el señor Tocornal, en el que tuvieron representación todos los partidos. Figuraron en él u n nacional y u n balmacedista' en Relaciones y Justicia, respectivamente, los señores Renato Sánchez y A r t u r o del Río; u n radical, Alejandro Rosselot, en Guerra y Marina, y u n conservador, A b r a h a m Ovalle, en Obras Públicas. Era un Ministerio universal, grato a las afecciones políticas del Presidente. Tocornal, ex Vicepresidente de la República, tolerante, conciliador, bondadoso, caballero de rancia estirpe, daba garantías a todos los partidos, y nadie dudaba de su palabra, dada su alta calidad moral, y prometió absoluta prescindencia en la próxima jornada electoral. El Ministerio f u é recibido con unánime aceptación.

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La discusión de la ley de presupuestos se prolongó hasta el 14 de febrero, pero lá consideración de otros asuntos, tales como los relativos a arbitrar nuevos recursos para saldar el déficit, el que quitaba las funciones electorales a la Municipalidad de Santiago y modificaba la ley de servicio militar obligatorio, ocuparon la mayor parte de las laboriosas sesiones. Los liberales Izquierdo e Ibáñez, y los radicales Muñoz y Quezada, tuvieron destacada participación en los debates de lás cuestiones políticas y económicas. Las elecciones se verificaron en los primeros días de marzo, con sus característicos rasgos de compra de electores y corruptelas de todo género, realizadas con toda impudicia.
Si en lo que respecta a la acción del Ejecutivo, escribía El Mercurio de 5 de marzo de 1912, el país no tiene sino motivos para congratularse de la prueba porque ha pasado, no ocurre lo mismo con los procedimientos puestos en juego por los partidos para conseguir el triunfo de sus candidatos. En la mayor parte de los colegios electorales se ha hecho gala de u n impudor que toca los últimos límites. -El cohecho y los fraudes en las votaciones y escrutinios ha alcanzado proporciones alarmantes. El cuerpo electoral estaba completamente podrido, escribía Manuel Rivas Vicuña en sus Apuntes para la historia de la Administración Barros Luco. La elección no dependía de los electores, sino de la mayoría de las municipalidades que organizaba el poder electoral. La gran cuestión era obtener la mayoría en las juntas receptoras de sufragios y contar con u n personal adecuado para cambiar el resultado de la elección, si no era favorable. Los fraudes habían triunfado en las calificaciones hechas con criterio político por las Cámaras. El cohecho era el medio de ganar la elección en las ciudades o aldeas cabeceras de departamento. El fraude, el tutti, era el sistema rural de obtener el triunfo. Los poderes públicos emanan del. voto y de la voluntad de los ciudadanos, decía a su vez Maximiliano Ibáñez en la Cámara de Diputados el 29 de agosto de 1912; y en la actualidad, triste es decirlo, son tantos los fraudes y son tantos los abusos que han venido arraigándose en nuestras costumbres electorales, que ya ,el prestigio y el respeto que debe necesariamente inspirar el Congreso ante el país entero ha decaído mucho.

El resultado de la elección cambió considerablemente la fisonomía política del Congreso: los nacionales fueron poco menos que liquidados, excluidos sus dos cerebros de Edwards y Encina, mientras que los liberales democráticos conquistaron gran número de bancos en la Cámara de Diputados, con lo que quedaron dueños de una fuerza decisiva, en la que se afianzaría el dominio de Sanfuentes. Los liberales ganaron numerosos asientos: conservaron sus bancas sus leaders Maximiliano Ibáñez e Izquierdo, y el que habría de caracterizarse como un espíritu florentino, Manuel Rivas Vicuña. Los radicales vieron también reforzadas sus filas, a las que se incorporó el combativo y juvenil Pablo Ramírez, como diputado por Valdivia. Los elementos representativos de la clase media acentuaron su representación, y los demócratas conquistaron por primera vez una banca en el Senado para don Ángel Guarello. Desde el punto de vista político la elección no

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había definido una mayoría de alianza o coalición, pero liberales democráticos y conservadores tenían una fuerza tan considerable que con la ayuda de cualquier pequeña facción podían inclinar la balanza en su favor. Con el triunfo balmacedista .Sanfuentes se convirtió en el árbitro de la situación y comenzó nuevamente a tejer su tela: la dirección de la política se desplazó del Palacio de la Moneda a la casa azul de la calle Compañía', en la que se cocinaban las nuevas combinaciones ministeriales. A la que se urdió por esos días se le dió el nombre de concentración liberal, formalizada por medio de u n pacto, suscrito entre liberales doctrinarios y liberales democráticos, y que contaba con el apoyo abierto y decidido de los conservadores. 11 Era la antigua coalición con una etiqueta diferente, pero organizada ahora con un propósito bien claro: el de afianzar su predominio en el Congreso en la calificación ele las elecciones. T a n burdo reparto del botín electoral arrancó la protesta vigorosa de la prensa y la ira de los nacionales.
En cuanto a convertirnos en una pandilla política, escribía con reprimida indignación Alberto Edwards, sin más objeto que Fulano sea ministro, Mengano diputado, y el otro de más allá juez de letras, no creo que tal tentativa tenga éxito práctico. El campo ése está ya tomado y explotado por agrupaciones que nos han precedido y que cuentan con un personal experto y competente en ese género de luchas políticas. 1 2

De esa combinación surgió el Ministerio de 20 de mayo, compuesto de tres doctrinarios y tres balmacedistas, organizado en casa del señor Sanfuentes, integrado por los señores Guillermo Rivera, antiguo balmacedista incorporado después en el partido liberal, en Interior; Joaquín Figueroa, en Relaciones Exteriores; Samuel Claro Lastarria, en Hacienda'; Luís Devoto, en Guerra y Marina, y Belfor Fernández, en Obras Públicas. Conservó la cartera de Justicia el senador balmacedista Del Río. La presentación del Gabinete ál Senado dió origen a un interesante debate. Rivera se limitó a declarar que su programa consistiría en dar impulso a las cuestiones consignadas en el pacto de 3 de mayo, mientras el senador Eyzáguirre dejó bien en claro que el partido conservador formaba parte de la nueva combinación política. El senador Mackenna aludió, con poca discreción, a su vuelta a la arena política después de veintidós años de ausencia, en las circunstancias mismas que el Presidente, como una prueba de que no guardaba rencores por los sucesos del pasado, había confiado la cartera' de Guerra y Marina a un miembro del partido caído el 91. Con su claro talento político, y con su elocuencia característica, hizo la autopsia de la situación el senador por Atacama, Mac-Iver. En su opinión, el Gabinete no ofrecía ninguna novedad, por cuanto él no representaba más que a la

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coalición, de donde provenía su debilidad, por cuanto constituía la yuxtaposición artificial de partidos de tendencias antagónicas. Sostenía que la exclusión del partido conservador del pacto político no tenía otra significación que el miedo a la impopularidad, al repudio del sentimiento liberal del país. Atribuyó la frecuencia de las crisis ministeriales a la falta ae disciplina en los partidos y recogió el rumor de que la reconstitución de la coalición no obedecía a otra cosa que a defender algunos sillones parlamentarios ganados en las últimas elecciones. "Se ha formado una mayoría, dijo, para calificar a' su agrado las elecciones, y una vez calificadas éstas, aquélla no tendrá base ni razón de ser." ¿Qué son estos sueños de veintidós años, se preguntaba, a que se ha aludido en esta sala? ¿Acaso el Ministerio es presidencial? "El hecho es que la anarquía cunde, dijo, que en lugar de ser este Ministerio la expresión de una fuerza homogénea, prestigiosa, popular, capaz de realizar las reformas que se desean, es la expresión de la ruptura del partido liberal con el liberalismo chileno, es la guerra civil de los partidos liberales," Las defensas de Rivera y de Lazcano no lograron restar exactitud a las palabras del senador por Atácama, cargadas de un sombrío pesimismo. La calificación de las elecciones se hizo rápidamente, como era de esperarlo, pero se abría paso ya la idea de quitar al Congreso intervención en ellas, entregándola a un tribunal de derecho. La reforma de la ley electoral de 1890 la había sancionado la Cámara en sesión de 30 de mayo, y pendía de la consideración del Senado, y a promover su rápida aprobación consagró todos sus esfuerzos el diputado Manuel Rivas Vicuña, La calificación de las elecciones de senadores planteó una dificultad en las senadurías de Linares y Colchagua, disputadas entre liberales y conservadores, para zanjar la cual se recurrió a un sistema al margen de la Constitución, pero grato al sentimiento conciliador de los chilenos: por medio de sendos tribunales de honor. Se confió al Ministro de Relaciones Figueroa la designación de los árbitros, quien eligió a don Antonio Huneeus para lá de Linares, y a don Carlos Balmaceda, Presidente de la Cámara de Diputados, para la de Colchagua. El primero, después de un estudio de los antecedentes, reconoció algunas nulidades y recomendó la aprobación definitiva de los poderes de don Joaquín Echenique sobre su adversario José Pedro Alessandri; mientras el segundo se pronunció en favor del mejor derecho de don José María Valderrama, sobre su competidor el conservador don Alberto González Errázuriz. La intervención de Huneeus en ese episodio le concitó la odiosidad de los Alessandri, quienes no la olvidarían fácilmente. Pero antes de dos meses, a fines de julio, una interpelación al Ministro de Obras Públicas, por la liquidación del contrato del

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ferrocarril d e Lingue a Pichilemu, y que provocó una declaración de solidaridad ministerial, planteó la crisis. La actitud de los conservadores f u é decisiva para plantear esa mutación, que suscitaba ya, no sólo una crisis de Gabinete, sino la parálisis y la quiebra del régimen político, con amenazadores síntomas. Ese constante desfilar de hombres por la Moneda, ese flujo y reflujo de los Gabinetes, esá impotencia del Ejecutivo para acentuar su acción política, llevaron primero el escepticismo a la opinión y provocaren ruidosas manifestaciones de protesta contra la corrupción ambiente, tales como las campañas de los jóvenes del Club Liberal y la organización de la Liga de Acción Cívica. Las expresiones de descontento llegaron hasta los cuerpos armados y se iniciaron sigilosos trajines pára poner violento término a ese estado de cosas mediante u n golpe d e fuerza. ¿Qué factores contribuían a provocar esa situación? En la prensa y en la tribuna' parlamentaria fueron puntualizados con crudeza: la desorganización de los partidos y su falta de disciplina, las ambiciones políticas de cuantos senadores y diputados deseaban desempeñar las funciones ministeriales, y la desquiciadorá y tesonera acción de los caudillo; dominados por frenéticas ambiciones presidenciales.
Estamos todos contestes sobre el hecho de que nos hallamos en u n momento de desquiciamiento, decía el diputado Ramírez Sanz en sesión de 29 de agosto de 1912, y es a la vez unánime el clamor en el sentido de iniciar la reacción contra semejante estado de cosas, que no puede menos de ser hondamente perjudicial para los intereses del país, y que acaso llegará a atentar contra los cimientos mismos de nuestra organización política.

En medio de esa desmoralizadora anarquía se formó un nuevo Gabinete, en cuya organización participaron simultáneamente los señores Mackenna, en representación de Sanfuentes, y Guillermo Barros jara, sobrino del Presidente, que estuvo integrado por tres balmacedistas y tres liberales. A los primeros se confiaron las carteras de Justicia', Guerra y Obras Públicas, que fueron ocupados por los señores Enrique Villegas, Claudio Vicuña y Oscar Viel, respectivamente, mientras los últimos se reservaron las del Interior, Relaciones y Hacienda, en las personas de los señores Barros Jara, Huneeus y Manuel Rivás Vicuña. iLa recepción que encontró el Ministerio en la Cámara fué de una frialdad harto reveladora del precario respaldo que tenía en ella. Liberales y balmacedistas le ofrecieron su apoyo, mientras los conservadores dejaron constancia de que habían recuperado su libertad de acción. La presencia del Ministerio en el -Senado dió origen a algunas declaraciones sugestivas, pues mientras el balmacedista Mackenna se lamentó de la frecuencia con que se cambiaban los Gabinetes, y el liberal García de la Huerta expresó su simpatía al nuevo equipo gubernativo, el senador Mac-Iver echó la sonda de su a'gu-

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da penetración psicológica ante la nueva situación que se había planteado. ¿Cuál es la situación que se derrumba?, se preguntaba. Lá causa de ella la veía en factores esencialmente políticos, en la reacción del sentimiento liberal del país y en la presión de nuevas fuerzas de orientación democrática. En su concepto, n o eran las instituciones las que habían hecho crisis, sino los dirigentes de los partidos que obedecían en su acción a propósitos exclusivamente personales. Terminado el período ordinario, en que ninguna 1 cuestión de gran envergadura dominara en las discusiones del Congreso, la' inquietud de los aspirantes a los sillones ministeriales iba a encontrar una brecha en la situación derivada de una negociación diplomática iniciada por el Gabinete el 10 de noviembre, que se tradujo en u n intercambio de comunicaciones entre los M i n a r o s de Relaciones de Chile y Perú, señores Antonio Huneeus y W e n ceslao Valera, en virtud del cual se postergaba hasta 1933 él plebiscito que determinaría la suerte definitiva de las provincias de Tacna y Arica. Esa negociación f u é vigorosamente combatida en ambas ramas del Congreso. Entró en esa oportunidad al Gabinete el diputado Manuel Rivas Vicuña, que había llegado por primera vez al Congreso tres años antes, y que se perfilaría desde entonces como figura de primera magnitud en el escenario político. D e 32 años de edad, de una probidad acrisolada, con un alto espíritu público, estudioso, conocedor de la administración pública, se conquistó desde la primera hora un gran prestigio y gozó de alta influencia' ante sus correligionarios. Comenzó desde esa misma hora a jugar la política con agudeza y agilidad florentinas, y su personalidad gravitó como una de las más acentuadas y características de ese anárquico período del régimen parlamentario. El malestar político surgió pronto entre radicales y liberales y trascendió al Senado, donde Gregorio Burgos, senador por Concepción, formuló algunos reparos a la labor del Ministro del Interior. La conspiración contra el Gabinete se había difundido y el Senado trató de apuntalar la situación vacilante con un voto político, que considerado en sesión de 31 d e diciembre, f u é aprobado por abrumadora mayoría. La zancadilla sigilosamente fraguada en los pasillos de la Cámara f u é hecha repentinamente en la sesión de 10 de enero, en la que se dió cuenta de un proyecto de acuerdo presentado por Jorge Valdivieso Blanco, concebido en estos términos: "La Cámara vería con agrado que el señor Ministro de Guerra agitara el despacho del proyecto de ley que se relaciona con la planta del Ejército", expresión del bizantinismo más refinado para derribar al Gabinete. A l ataque iniciado por el diputado Miguel Rivera se sumó Alessandri, quien dijo que consideraba una "sagrada exigencia patriótica provocar una crisis ministerial como el

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único medio eficaz para cambiar el rumbo que se está dando a la gestión de nuestros negocios internacionales". lEstaba demasiado vivo en su espíritu el fallo de don Antonio Huneeus en el arbitraje de la elección senatorial de Linares, para que n o allegara el combustible de su verba fácil en esa empresa demoledora! Revestido del celo por el interés público, atacando directamente al Ministro Huneeus, por la que sostenía había sido falta de entereza en la defensa del decoro nacional en la negociación con el Perú, ese discurso de Alessandri era harto revelador de su oportunismo político. "Por estas razones, y para provocar la crisis ministerial que yo persigo como una exigencia de salvación pública, terminó diciendo, votaré el proyecto d e acuerdo en debate." La expresión del sentimiento de la Cámara fué harto elocuente y a los Ministros afectados, de Relaciones y Guerra, no les quedó más camino que el de la renuncia. De las mismas filas balmacedistas surgieron voces de protesta contra el nuevo sistema de derribar Ministerios por motivos fútiles y odios personales. "Lo que se quería era derribar el Gabinete para satisfacer todos esos odios personales que he dicho, manifestaba Enrique Zañartu en sesión d e 14 de enero, para satisfacer ambiciones mezquinas, para que siguiera funcionando la neumática de la rotativa." El Ministerio fué parchado, como se decía en el lenguaje político de la época, pasando Villegas, d e Justicia a Relaciones, ingresando en lugar de éste el balmacedista' Aníbal Letelier, y a Guerra y Marina el liberal Jorge Matte Gormaz. La fisonomía del Gabinete se conservó idéntica, pero los síntomas de anarquía se agudizaron al presentarse ante el Congreso. El señor Sanfuentes tejía pacientemente su tela y reforzaba su acción colocando su clientela en la administración pública, especialmente en la judicatura, en cuya generación ejercía' influencia decisiva desde el Consejo de Estado. Al presentarse ante la Cámara el Ministro del Interior dijo sólo dos palabras, expresando sus deseos de encontrar el apoyo del Congreso para la atención de los intereses generales del país, sin formular u n programa de acción administrativa ni política. Era n o sólo la carencia de ideas y de voluntad, sino la expresión de la inercia y de la incompetencia, características del régimen, a la sombra de las cuales no era de sorprenderse florecieran las ambiciones de los caudillos y se estimulara el ímpetu de los audaces. D e los bancos balmacedistas renovadas voces de protesta señalaron los nuevos métodos utilizados por los descontentos y los ambiciosos para derribar Gabinetes, pero liberales y conservadores manifestaron su complacencia por la continuación de la tregua política, mientras radicales, nacionales y demócratas dejaron constancia de que no los unía ningún vínculo con el Minis-

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terio. El diputado Saavedra terminó formulando un proyecto de acuerdo que decía:
La Cámara lamenta que al organizarse el nuevo Ministerio no se haya tomado en cuenta la opinión manifestada por ella en su último voto.

Heroicos esfuerzos dialécticos hizo el diputado Claro Lastarria para defender a su partido, denunciado como interesado en mantener una coalición encubierta para favorecer una candidatura presidencial, mientras Cornelio Saavedra se refirió indignado á las causas de la caída del Gabinete y aludió con indiscreción a la prepotencia que ejercía el caudillo balmacedistá. "Pero, ¿no está en la conciencia de todos que ese candidato liberal democrático es el verdadero jefe de la República hoy día?", decía. A mediados de enero quedó despachada la ley de presupuestos, dos meses más tarde el Ministro de Hacienda, Rivas Vicuña, realizó un viaje a las provincias septentrionales y a su regreso, hondamente decepcionado de la división dominante en su partido, renunció a su cargo, en el cual f u é reemplazado por el senador y vicepresidente del partido, Pedro García de la Huerta. En mayo, tres de los Ministros, los de Relaciones, Guerra y Obras Públicas viajaron hasta Lá Paz, con ocasión de la inauguración del ferrocarril de Arica, construido por Chile en cumplimiento de las disposiciones del Tratado de Paz de 1904, y a su regreso la crisis estaba latente. "Las intrigas no cesaban en el campo liberal, escribe Manuel Rivas en sus Apuntes para la historia de la A d ministración Barros Luco, siempre guiadas por la misma mano que hemos señalado al iniciarse la administración. El centro de las preocupaciones erá siempre el Consejo de Estado y la formación de las ternas judiciales. En honor d e la verdad, el señor Sanfuentes y los Ministros liberales democráticos, señores Villegas y Letelier, se habían mostrado siempre conciliadores. En cambio, la política d e este grupo liberal era contradictoria, personalista, de doble sentido y n o obedecía a ningún propósito de bien público." Las rencillas surgidas entre liberales y balmacedistas por la provisión de algunos cargos judiciales repercutieron en el Gabinete y plantearon la crisis a poco d e iniciadas las sesiones ordinarias del Congreso. Apenas comenzadas, se planteó una interpelación al Ministro de Relaciones por el regreso al país del Internuncio Monseñor Sibilia, que mantenía hondamente conmovida a la juventud estudiantil, que había protestado en manifestaciones clamorosas por su vuelta a asumir la representación diplomática del Vaticano. Se le acusaba de tener en la administración de la Iglesia una participación que menguaba y deprimía la independencia del prelado, d e haber presionado al Arzobispo para que renunciara

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tres años antes y de mantener una actitud indiscreta y altanera ante las autoridades nacionales. Recibido con ruidosas manifestaciones de hostilidad por la juventud estudiantil de filiación liberal, a la que apoyaron los diputados radicales Arancibia Laso, Maira y Ramírez, su presencia en Santiago constituyó una sorpresa para el Gobierno y renovó las antiguas dificultades. La agitación estudiantil, fomentada por los periódicos satíricos que entonces vieron la luz, El Pito y La Teja (en el que se aludía a la pérdida del capelo que había experimentado el representante diplomático vaticano, arrebatado por los estudiantes) se hizo extensiva al Congreso, donde fué extensamente debatida. El diputado Izquierdo recordó la intervención del Internuncio en la cuestión arzobispal promovida en noviembre de 1910, criticó amargamente el incumplimiento d e las instrucciones dadas al agente diplomático de Chile ante el Vaticano señor Errázuriz Urmeneta, a fin de que solicitara el retiro de Monseñor Sibilia, y terminó por formular una interpelación. En el Senado se promovió igualmente la cuestión, participando en el debate los señores Yáñez, Walker Martínez y Aldunate, pidiendo el primero un esclarecimiento de la intervención de Monseñor Sibilia en los asuntos del resorte de la Iglesia chilena, y condenando los dos últimos las manifestaciones estudiantiles. Las algaradas callejeras de la juventud liberal provocaron a su vez la reacción d e la juventud conservadora y de lá representación ante el Congreso del mismo partido, que salió en ardorosa defensa de la personalidad del Internuncio y d e su actuación. El debate, que fué bastante animado en los primeros días, sostenido por Izquierdo y Robles vigorosamente, y por Cox Méndez de parte de los conservadores, decayó antes de mucho, y después de las explicaciones que dió el Ministro de Relaciones, Villegas, en sesiones secretas, la Cámara votó la orden del día. El Internuncio abandonó silenciosamente el país algunos meses más tarde. La solución de la crisis ministerial fué muy laboriosa: el Presidente acariciaba la idea de un Gabinete universal, con representación de todos los partidos, pero pronto se encontró sin el apoyo de los jefes de éstos, y sólo con el del señor Sanfuentes, que prefería un Ministerio sin radicales. Pero el Presidente se resistía a organizar un Gabinete enteramente sanfuentista, y confió la tarea a su ex Ministro de Hacienda Manuel Rivas Vicuña, a quien exteriorizaba la confianza más absoluta y el afecto más entrañable. Finalmente, en la noche del 16 de junio, juró el Ministerio de tres liberales y tres balmacedistas, en lá siguiente forma: Interior, Rivas Vicuña; Justicia, Fanor Paredes; Hacienda, Arturo Alessandri; Obras Públicas, Enrique Zañartu. Del Gabinete anterior quedaron Villegas en Relaciones y Matte en Guerra.

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Mientras se extendían los decretos de nombramiento, el Presidente recuperó su buen humor, hizo bromas a los ministros, y dirigiéndose a Alessandri le dijo: — N o se interese por este puesto, don Arturo, es muy ingrato. El Ministerio se presentó como presidencial, de amigos personales del Jefe del Estado. En la Cámara encontró una acogida glacial, aun cuando liberales, balmacedistas y conservadores le ofrecieron su apoyo. La mesa de la Cámara presentó su renuncia, pero le f u é rechazada por gran mayoría. Al votar la renuncia, dijo el diputado Subercaseaux: —Voto que no, para que cese alguna vez esta comedia que ya va cansando al país; y a fin de que la Cámara pueda trabajar, por fin, en algo útil. El Gabinete, interpretando los deseos del Presidente, prestó preferente atención a la reforma electoral, a la situación económica y a las obras de fomento, pero apenas entró en funciones se vió abocado a prestar auxilio al Banco d e la República, que estaba a pique de declararse en quiebra. En esas circunstancias el gerente de la institución pidió el depósito de una fuerte suma, lo que resistió vigorosamente el Ministro del Interior.
El señor Alessandri había recibido también, escribe Rivas Vicuña en el libro citado, la visita del gerente del Banco de la República y creía que era deber del Gobierno evitar la catástrofe y salvar al Banco. Le recordé los préstamos a la casa Granja, hechos durante la administración de d o n Pedro Montt, y los ataques que esta medida había merecido de su parte, y del Ministro de Industrias señor Zañartu. —Desde el Gobierno las cosas se miran de otro modo, me contestó, sobre todo cuando se tiene la responsabilidad de la situación. —Las buenas prácticas, le repliqué, que usted sostuvo entonces debemos aplicarlas ahora. N o podemos comprometer el interés fiscal porque u n Banco ha sido mal manejado, pero sí debemos preocuparnos de evitar en lo posible las consecuencias de su caída.

El Presidente resistió con entereza la presión de los intereses bancarios y la situación del momento se salvó haciendo un depósito de 500,000 libras esterlinas en el Banco de Chile, con el compromiso de retirarlo si cambiaba el Gabinete. El Banco de la República entró pronto en liquidación. La muerte del presidente del Senado, Ricardo Matte Pérez, y la elección de su sucesor, agitó por esos días a los círculos políticos. Los liberales, pensando utilizar la presencia de Alessandri en el Gobierno, proclamaron la candidatura de su hermano José Pedro, lo que reforzó tan vigorosamente la situación de su adversario, el liberal independiente don Francisco Valdés Vergara, que no le quedó al primero otro camino que retirarse de la contienda. El señor Valdés Vergára triunfó por una mayoría abrumadora sobre su competidor, un candidato demócrata. La precaria situación política del Gabinete quedó en descu-

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bierto en la primera sesión del período extraordinario, en la que el leader conservador Ruiz Valledor declaró que su partido había votado la reelección de la mesa, integrada por Carlos Balmaceda como Presidente y Julio Puga Borne y Manuel García de la Huerta como Vicepresidentes, como una manifestación de solidaridad con el partido liberal democrático. "Lo cual significa en forma bastante clara, comentó de inmediato Max Ibáñez, que no toman los honorables diputados conservadores en cuenta al partido liberal, que está representado en la mesa directiva por dos de sus miembros, y que no tienen el deseo de mantener con el partido liberal la misma cordialidad que con el partido liberal democrático." La crisis se planteó d e inmediato. La solución de la crisis ministerial demoró varias semanas y el Presidente se sentía tan desalentado, tan huérfano de todo apoyo político, hasta de su propio partido, que pensó en la renuncia. Se habló de la organización de un Gabinete con nacionales, para llegar a la concentración liberal completa, mientras Sanfuentes hablaba de la consolidación de la situación predominante y Manuel Rivas barajaba su fórmula predilecta del Ministerio universal o ecuménico. El bizantinismo político había llegado a la perfección utilizando formas y denominaciones huecas, sin ningún contenido ideológico, social o económico. U n a primera tentativa de organización ministerial confiada a Maximiliano Ibáñez, que figuraba como leader de la oposición en la Cámara, no prosperó, y un sondeo hecho mediante u n proyecto de acuerdo presentado por Cornelio Saavedra, para que continuara en funciones el Gabinete, fué aprobado por 42 votos y 35 abstenciones, en las que figuraron los radicales en masa, los nacionales y muchos liberales, no salvó la situación. El Presidente llamó entonces a don Ismael Tocornal, a quien no tenía simpatías, iniciándose un duelo florentino entre éste y Rivas Vicuña, que degeneró en incidente personal y designación d e padrinos, y terminó satisfactoriamente con la firma de una acta. U n Ministerio presidido por Luis Claro Solar, personalidad resistida en algunos sectores liberales, pero cuya designación aceptaban los señores Sanfuentes y Barros Borgoño, elegido este último presidente del partido liberal, tampoco prosperó. La lucha de fondo era entre Sanfuentes y Rivas y en lá pugna de las ambiciones gravitaban odios personales y emulaciones inconfesables. Concertados finalmente el veterano caudillo y el joven leader liberal, en medio d e gran sigilo, organizaron un ministerio ecuménico» que quedó integrado así:
Interior, Rafael Orrego, liberal. Relaciones, Enrique Villegas, liberal democrático. Hacienda, Ricardo Salas Edwards, conservador. Justicia, Enrique A. Rodríguez, nacional. Guerra, Ramón Corbalán Melgarejo, radical. Obras Públicas, Enrique Zañartu, liberal democrático.

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La prolongación de esta crisis, la anarquía profunda en que habían caído los partidos, el liberal a la cabeza, y los amenazadores síntomas de relajación que se advertían, con intensificación del malestar social y su repercusión en la vida económica, arrancaron vigorosas voces de protesta en el seno mismo de los cuerpos políticos, el Senado entre ellos. El gobierno en que nos encontramos,' decía don Gonzalo Bulnes en sesión de 17 de noviembre, el mismo día en que juró el Ministerio, nos hará perder respetabilidad en el interior y en el exterior de la República, y pidió se dejara constancia en el acta de su protesta. Este Gabinete promulgó la nueva ley electoral, en cuya preparación le cupo activa participación a Rivás Vicuña, y que constituía una viva aspiración del Presidente; la que otorgó autonomía a la empresa de los Ferrocarriles del Estado y otras d e menor importancia. El 8 de febrero se promulgó la ley de presupuestos para 1914. La tregua política se mantendría algunos meses y los partidos tomaban posiciones para las elecciones del año siguiente y pensaban en las posibilidades de los aspirantes á la sucesión presidencial. Los liberales democráticos, férreamente unidos alrededor de su caudillo Sanfuentes, mantenían sus compromisos con los conservadores. Los radicales habían celebrado un pacto político electoral con los demócratas, y los doctrinarios, hondamente trabajados por el divisionismo, eligieron presidente del partido al señor Javier A. Figueroa, como la personalidad más destacada que oponer al jefe balmacedistá. Los nacionales se mantenían al margen, pero Cornelio Saavedra se destacaba como el propagandista del sanfuentismo en sus filas. Manuel Rivas aparecía como el jefe de los diputados y de la juventud liberal. En esta amable inercia, que no encaraba ninguna cuestión de alta envergadura, se deslizaba la vida política y sorprendió al país la guerra europea, que de inmediato perturbó el comercio internacional, provocando las más graves repercusiones en el campo económico, con la paralización de numerosas fábricas y oficinas salitreras, arrastrando a la desocupación a miles de trabajadores. El Ejecutivo promovió la dictación de algunas leyes de emergencia, que fueron tramitadas rápidamente, pero el descontento con el Gabinete surgió en los círculos del señor Sanfuentes •y reventó en el Senado, mediante un proyecto de acuerdo presentado por el señor Mackenna, que envolvía' una censura para el .Presidente de la República. "El Senado acuerda manifestar a S. E. el Presidente de la República, decía, la conveniencia, en obsequio de los intereses generales de la nación, de que se sirva S. E. tener presente, en la organización de toda combinación ministerial, las atribuciones especiales que le confiere el inciso 69 del artículo 73 de la Constitución." Sostenía Mackenna que la anarquía predominante, en la que

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no había sistema parlamentario por la ausencia de toda mayoría, ni régimen presidencial, por cuanto las resoluciones n o las tomaban los Ministros, sino los partidos políticos a los cuales se hallaban sometidos, había derivado en la organización de una justicia política. El debate, que había sido promovido por la renuncia del señor Valdés Vergara de su cargo de consejero de la administración de los ferrocarriles del Estado, y provocó las más amargas críticas al régimen político imperante, estuvo cargado de recriminaciones. Don Joaquín Walker, adversario decidido del balmacedista Mackenna, le decía: "Este proyecto de acuerdo es una granada con mecha' vieja, con mecha del 91, destinada a explotar bajo los bancos ministeriales, bajo los bancos de los señores Villegas y Zañartu, correligionarios del jefe de partido que la lanza. De modo que el jefe d e partido que quiere poner término a la rotativa ministerial toma en sus manos el manubrio de la rotativa y la hace funcionar para derribar al Ministerio." Y recogiendo la alusión a la organización de una magistratura política, que nadie erá menos llamado a criticar que el senador balmacedista, le decía: "¿No se sabe quién es el jefe del partido liberal democrático? ¿No se culpa a don Juan Luis Sanfuentes, con justicia o injusticia, de ser él quien h a armado la máquina del Consejo de Estado pará nombrar jueces exclusivamente liberales democráticos, dando uno que otro a los liberales doctrinarios, a los conservadores y los radicales?" Desacuerdos producidos entre los Ministros d e Hacienda y Obras Públicas, provocaron la renuncia del primero, diciendo que no había contado con la cooperación administrativa necesaria para llevar adelante sus propósitos y mantener en buen pie las finanzas públicas. Se nombró para reemplazarlo a su correligionario señor Barros Errázuriz, quien prometió seguir una política d e severas economías en los gastos públicos. Apenas había asumido sus funciones el nuevo Ministro, cuando se planteó la crisis total, a raíz de la cual se organizó por el señor Sanfuentes el Ministerio Ch arme-Villegas, sin consulta de los partidos, calificado de seudo-ecuménico, que provocó las protestas violentas de liberales y radicales Las carteras se distribuyeron así: Interior, Eduardo Charme, liberal, senador por Colchagua; Relaciones, Villegas, liberal democrático; Hacienda, Enrique Oyarzún, radical; Guerra, Barros Errázuriz, conservador; Obras Públicas, Absalón Valencia, liberal democrático, y Justicia, Ruperto Álamos, nacional. Con este Ministro, Sanfuentes tanteaba el terreno para ir abiertamente a la coalición, pensaba derribar de la presidencia del partido liberal a Figueroa, medir su influencia entre los radicales mediante la imposición de Oyarzún y tomar el pulso a los nacionales para unirse a conservadores y balmacedistas.

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El Ministerio, acogido con las tradicionales palabras de buena crianza en el Senado, fué recibido con reprimida violencia en la Cámara de Diputados. "Estoy cierto de no decir una novedad al manifestar que lá formación de este Ministerio ha tenido lugar en una forma extraña, decía Max Ibáñez. A u n más, puedo agregar que se ha constituido en una forma alarmante." Y definiendo su filiación, decía: "Este Ministerio se compone de seis personas políticas que no representan a ningún partido, aun cuando cada uno de ellos pertenece a algún partido," Y Manuel Rivas Vicuña, recordando su entrevista con Sanfuentes en esos días, apunta que le dijo: —Se disparó solo, don Juan Luis, y ya ve las consecuencias. —Hay que pensar ahora, me contestó sonriendo, cómo salimos del paso. El Ministerio duró ocho días en funciones, y a fin de solucionar el impasse, el Presidente llamó a su consultor y hombre de confianza, Rivas Vicuña, quien con la cooperación de Alessandri y Jorge Matte, buscó un entendimiento entre doctrinarios y balmacedistas, y promovió una entrevista entre Sanfuentes y Figueroa Larrain. Fruto de esos laboriosos trajines, en los que el regateo y el reparto de las carteras se hizo con vistas a las próximas elecciones, fué el Ministerio que presidió el sobrino del Presidente, Guillermo Barros Jará, que juró el 15 de septiembre, que representaba la fórmula universal acariciada por el gestor y padrino de ella desde meses atrás. A Relaciones ingresó el senador balmacedista Salinas; á Justicia, su correligionario Valencia; a Hacienda, el antiguo diputado nacional Alberto Edwards, y a Obras Públicas, el radical Julio Garcés. En Guerra quedó el conservador Barros Errázuriz. Al jurar el Ministerio, le expresó Sanfuentes a Rivas Vicuña: —Cuídelo usted, a ver si le dura más de tres meses. Yo me voy a 'Camarico. 14 Y le agregó: —Se ha dado usted el lujo de organizar en mi casa un Gabinete con elementos que me son contrarios. "Era suficiente este par de frases, comenta Rivas Vicuña, para comprender que don Juán Luis no estaba satisfecho con el Ministerio y preparaba una nueva evolución política." Se había solucionado la crisis ministerial, agrega, pero se abría la crisis política. Efectivamente los pasos que se habían dado para la organización de la coalición habían hecho largo camino, y la vida del Gabinete no iba a ser de larga duración, a pesar del apoyo que le ofrecieron todos los partidos en la Cámara. La tregua política terminó repentinamente y el señor Sanfuentes se esforzó por ver asegurados sus intereses políticos. Notificados el Presidente y el Gabinete de la existencia del pacto político que unía a conservadores, balmacedistas y nacionales, que tenía mayoría en ambas

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ramas del Congreso, el primero declaró que respetaría el régimen parlamentario mientras el último presentó inmediatamente su renuncia. El nuevo Gabinete quedó integrado por Montenegro en Interior, 'Alejandro Lira en Relaciones, Cox Méndez en Guerra, Valencia en Justicia, Saavedra en Obras Públicas, siguiendo Edwards en Hacienda. Era la fórmula de dos representantes de cada partido, grata a las ambiciones políticas de Sanfuentes. El Ministerio se trazó un amplio programa de acción administrativa y económica, sobre el cual hicieron poca fe radicales y doctrinarios. Era un equipo de lucha e iba a' afrontar la próxima jornada electoral, animado del decidido propósito de triunfar. El diputado Izquierdo, hablando con la elegante elocuencia que lo caracterizaba, insistió en cuán hondamente desnaturalizado estaba el régimen político imperante. "Lo hemos desnaturalizado, decía, hasta este extremo carnavalesco sobre el cual he creído útil llamar la atención en este momento. Un régimen semejante, aplicado en tales condiciones, no puede perdurar. U n país como el nuestro no puede tolerar por mucho tiempo un régimen semejante, que es inercia y es anarquía."
Este Ministerio presidió las elecciones de 7 de marzo, cuyo resultado anticiparía el de la jornada presidencial. La campaña se daría entre la coalición, amparada por el Ministerio, y la Alianza Liberal, representante de los anhelos populares, en la que gravitaban ya aspiraciones de reformas sociales y económicas propiciadas por radicales y demócratas. El triunfo de la Alianza Liberal fué resonante, particularmente en las elecciones senatoriales. Alessandri triunfó estruendosamente en Tarapacá; Augusto Bruna, sin lucha, en Antofagasta; Abraham Gatica, en Coquimbo, Vicente Reyes, en Santiago, y Eduardo Charme, en Colchagua, volvían sin lucha al Senado, mientras Ismael Tocornal triunfaba en Ñuble. En Aconcagua, Elias Balmaceda triunfaba sólo por 70 votos, contra su competidor José Pedro Alessandri, pero no habían funcionado algunas mesas y hubo necesidad de repetir la elección. En la elección complementaria triunfó este último, en una jornada en que el secreto del éxito estuvo sólo entregado al dinero. En el Senado, la mayoría quedó dependiente del voto del señor Charme, amigo de Sanfuentes, y que se mostraba vivamente herido con sus correligionarios. En la Cámara de Diputados la Coalición conservó la mayoria, pero en las filas de la Alianza se destacaron algunas personalidades vigorosas por su preparación, valor cívico y entereza moral. Entre los radicales figuraban Ramón Briones Luco, Cabero, Aguirre Cerda, Quezada Acharán, Pablo Ramírez, Oyarzún, Robles y Fidel Muñoz, y entre los de segundo plano, el Dr. Barrenechea, Ramón Ernesto Videla, Rosselof, Gustavo Silva Campo y Carlos A. Ruiz, Entre los liberales figuraron Porto Seguro, Bermúdez, Manuel Rivas Vicuña, Eduardo Opazo, Jorge Matte, Jorge Errázuriz Tagle, Jaramillo y Samuel Claro Lastarria. Las más destacadas cabezas conservadoras eran las de Gumucio, Silva Cortés, Peragallo, Alejandro Lira, Ricardo Salas, Edwards y Francisco Urrejola; entre los balmacedistas figuraron Carlos Balmaceda, Enrique Villegas, Augusto Vicuña, Belfor Fernández, Héctor Zañartu, Enrique Zañartu, Luis Urrutia Ibáñez y Oscar Urzúa Jaramillo. La representación de los nacionales era muy reducida, figurando en ella Arturo Prat Carvajal, Enrique A. Rodríguez, Ruperto Álamos, Arturo Alemparte, Cornelio Saavedra y algún otro, y en la del

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partido demócrata se contaba a Luis Malaquías Concha, Nolasco Cárdenas, Zenón Torrealba.

Desde ese momento toda la atención de los círculos políticos giró en torno de la próxima campaña presidencial. U n sondeo en el ánimo de don Fernando Lazcano, el más tibio de los liberales, grato a los conservádores, en el sentido de si aceptaría la candidatura presidencial de la Alianza, no encontró acogida, mientras Alessandri, empapado aún del entusiasmo de su valiente campaña de Tarapacá, en la que se había conquistado el título de León de Tarapacá, que ya habían ostentado el heroico Eleuterio Ramírez y el malogrado coronel Robles, sostenía que el triunfo de lá Alianza era incontrarrestable y que debía pensarse en un hombre joven, luchador y decidido, cuya personalidad correspondiera al hondo sentimiento liberal predominante en las provincias. La vigorosa personalidad del señor Sanfuentes, la influencia que ejercía en el Gobierno y en la administración pública, la enorme clientela política de que disponía y su prepotencia de caudillo eran factores que gravitaban de antemano para ungirlo como el candidato indisputable de la Coalición. Del lado de la Alianza el candidato con mayores probabilidades era el presidente del partido, Figueroa Larrain. El Presidente, vivamente contrariado por la impopularidad del Ministerio, que se había resistido a convocar al Congreso a sesiones extraordinarias, deseaba cambiarlo, y surgió entonces una situación de tirantez entre ambos que se tradujo en una acentuada desconfianza. La Convención de la Alianza se reunió el 10 de mayo. Entre los candidatos liberales con mayores posibilidades figuraban los señores Ismael Tocornal, Eliodoro Yáñez, Ismael Valdés Valdés, Ismael Valdés Vergara y Arturo Alessandri. "Ya hemos visto cómo tomó en sus manos el estandarte de la Alianza, escribe Manuel Rivas, y lo llevó al triunfo en la ardiente campaña de Tarapacá. Sus amigos habían rodeado esta hazaña de caracteres heroicos y la presentaban como el emblema de la reacción contra la oligarquía y el símbolo de la democracia. Erá para ellos u n taumaturgo que cambiaría la faz del país. U n grupo de fervorosos partidarios se había inscrito en la Convención, deslizándose en las filas de los tres partidos. El momento no era favorable para dar una campaña abierta y decidida, pero le convenía destacarse desde luego como presidenciable y correr las contingencias de la Convención." Los demócratas fueron los que decidieron, después de tres días de reunión la elección del señor Figueroa como candidato d e la Alianza. En los balcones de la casa del señor Sanfuentes, apunta Manuel Rivas, situada frente al Congreso, reinaba la alegría a la salida de la Convención." 15

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Honda impresión causó en el ambiente político el espíritu que se manifestó en el seno de la Convención aliancista, intensamente teñido de odiosidad contra la oligarquía.
Con esa silenciosa actividad del partido liberal, escribía el Dr. Orrego Luco, hace vivo contraste la actividad estrepitosa del grupo radical, que pareció haber encontrado en el salón de honor del Congreso Nacional teatro apropiado para una parodia extravagante de la Convención Francesa. Allí había Dantones y Robespierres de pacotilla; allí había acusadores públicos que, en juicio improvisado y sumario, condenaban la aristocracia liberal a la guillotina política. En medio de escenas deplorables se sintieron en esos días resonar bajo las bóvedas del Congreso de Chile los gritos de: i Abajo la aristocracia! Ahí no se respiraba en la atmósfera apasionada de las luchas políticas, sino en la atmósfera incendiaria de una guerra social. 10

La Convención coalicionista, reunida el 16, ungió en la segunda votación, por 1,001 votos, candidato al señor Sanfuentes. La campaña presidencial se realizó en un ambiente de encendido apasionamiento. El candidato de la Alianza, frío, sin dotes oratorias, no despertó mayor entusiasmo, pero en la gira que hizo al sur del país fué acompañado por Alessandri, cuya personalidad despertaba ya calurosas adhesiones. "Los discursos del candidato resultaban opacos, escribe Rivas Vicuña, sus ademanes pesados, no era un hombre que atraía a primera vista, era necesario conocerle para apreciarle. A su lado brillaba don A r t u r o Alessandri, que continuaba preparando su futura campaña; sabía tomar el sentir de la Asamblea, vibraba con ella y la conmovía con el ardor de su palabra." La Alianza había pedido con insistencia el cambio de Gabinete y la organización de uno que diera garantías, lo que se había pactado yá en el mes de mayo entre los señores Sanfuentes y Rivas Vicuña. El presidente del Senado visitó al Presidente y le declaró que el Ministerio no representaba a la mayoría d e ese cuerpo, declaración ante la cual no le quedó otro camino que el de la renuncia. El 7 de junio juró el Ministerio que presidiría! las elecciones presidenciales y que quedó integrado por Villegas, balmacedista, en Interior; Lira, conservador, en Relaciones; Samuel Claro, liberal, en Justicia; Alberto Edwards, nacional, en Hacienda; capitán de navio Guillermo Soublette, en Guerra, cartera que se declaró neutral, y Fernando Freire, liberal, en Obras Públicas. El Ministerio f u é calificado de presidencial. Encontró buena acogida en ambas ramas del Congreso, aun cuando Fidel Muñoz expresó a nombre de su partido que éste permanecía vigilante y con el arma al brazo, estudiando cada uno de sus actos para ver si correspondía a su programa. La elección presidencial estuvo manchada con la muerte del diputado liberal Guillermo Eyzaguirre, que se había trasladado a Chiloé encabezando un grupo de jóvenes correligionarios, que con-

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movió hondamente el país y en la que se vió el propósito de lograr el triunfo a sangre y fuego. Eyzaguirre murió a manos de u n agente electoral, en un duelo, y la noticia se mantuvo en reserva por lá autoridad, convencida de la influencia que su difusión ejercería en el electorado. 17 El resultado de la jornada fué muy estrecho. El señor Sanfuentes aparecía' con mayor número de electores, pero su adversario había obtenido mayor número de sufragios. Ninguno de los candidatos aparecía con la mayoría suficiente, y de acuerdo con las disposiciones constitucionales debería precederse a la elección por el Congreso, en el que el caudillo de la Coalición contaba con la mayoría. Se abrió entonces la idea que sostuvo don Ismael Tocornal en el Senado, de constituir un Tribunal de Honor, que calificara la elección, que eliminara a los candidatos los votos fraudulentos y se los asignara a su contendor, pero encontró fuerte resistencia. En ese ambiente de incertidumbre se intentó el cohecho de algunos electores y aun llegar a la elección de un candidato de transacción. Después de un extenso debate, que duró varios días, procedió el Congreso a elegir al Presidente de la República: el señor Sanfuentes obtuvo 77 votos, contra 41 para el señor Figueroa. Numerosos parlamentarios aliancistas no concurrieron a sufragar por el señor Figueroa. C o n su claro talento de psicólogo, el Dr. Orrego Luco vió los nuevos factores que aparecieron en la contienda cívica: la quiebra del viejo prestigio de la oligarquía, el ímpetu arrollador de la clase media, las primeras manifestaciones de rebelión del electorado de provincias.
Esta lucha dejará huella profunda en nuestra vida política, escribía; dejará precedentes peligrosos que más adelante se puedan invocar; ha comprometido la seriedad de nuestros hábitos y el prestigio del país; ha hecho por momentos que sombras siniestras asomaran en el fondo del escenario político, y nos ha dejado oír esos rumores sordos que preceden al derrumbe de las instituciones fundamentales. Hemos atravesado una situación de inquietante y amenazadora incertidumbre. Hemos estado en los bordes del abismo.

En realidad, como se ha observado, el triunfo de Sanfuentes fué el último que obtuvo la oligarquía dominante. El enardecimiento de las pasiones, a consecuencia de la elección presidencial, perturbó intensamente las últimas semanas del gobierno del señor Barros Luco e hizo resentirse el trabajo parlamentario. Los debates sobre los sucesos de Castro y Tarapacá, y la elección complementaria de la Ligua, mantuvieron vivo el fuego entre ambas fracciones políticas, y provocaron la última crisis ministerial d e ese gobierno. La Cámara de Diputados, en sesión de 28 de octubre, acordó mandar por ocho días a comisión un proyecto de nuevas contribuciones, y el Ministro de Hacienda,

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Edwards, hizo del asunto cuestión de 'Gabinete. El Senado, a su vez, acordó postergar la discusión de los presupuestos, no con el ánimo de provocar dificultades al gobierno que terminaba sus días, sino demostrar que no habría gobierno posible sin el concurso de la Alianza Liberal, con lo que se hacía efímero el triunfo de la Coalición en la elección presidencial. Al iniciarse el período de sesiones extraordinarias, don Francisco Valdés Vergara, senador por Santiago, renovó uná interpelación al Ministro de Hacienda sobre las transgresiones que se cometían a las leyes en la contabilidad fiscal. Esa interpelación dió origen á u n interesante debate, pero el Ministro de Hacienda, a pesar de sus esfuerzos, no logró escapar a las censuras del Senado. El senador por Atacama propuso un proyecto de acuerdo, que decía:
El Senado espera que el Gobierno, apreciando debidamente la gravedad de los hechos relativos a la administración de la Hacienda Pública y a la contabilidad nacional, denunciados por el honorable senador por Santiago, señor Valdés Vergara, empleará los medios adecuados para remediarlos, y pasa a la orden del día.

N o dejó buena impresión sobre la forma en que se llevaba la contabilidad del Estado ese debate, y el señor Mac-Iver se refirió dolorido a las relaciones del Gobierno con el Banco de Chile. La interpelación terminó con la aprobación, por gran mayoría, d e un proyecto de acuerdo, formulado por el señor Lazcano, para pasar a la orden del día que, al votarse, Alessandri comentó con estas' palabras: —Ya que el señor Ministro acepta esta raspa cariñosa, voto que sí. U n proyecto d e acuerdo formulado en la Cámara para apuntalar el Gabinete no prosperó, y, por el contrario, dió motivo a nuevas y apasionadas recriminaciones. La solución d e la crisis se arrastró durante algunos días, en medio de la viva preocupación del Presidente, hasta que el 14 de diciembre, con la entusiasta cooperación de su leal amigo Manuel Rivas, se organizó un Ministerio de seis liberales, amigos personales del primer Magistrado. que debería acompañarlo en la ceremonia de la transmisión del mando presidencial. Fué el llamado Gabinete Escolta, que estuvo integrado por el señor Barros Jara en Interior, Rafael Orrego en Relaciones, Gregorio Amunátegui en Justicia, Manuel García de la Huerta en Hacienda y Pedro Felipe Iñiguez en Obras Públicas. Al asumir y al abandonar el gobierno, el señor Barros Luco contó así con la leal cooperación de sus correligionarios. Fué el suyo el último d e los gobiernos del régimen parlamentario que no estuvo abrumado por problemas angustiosos, ni en el campo de la política exterior ni en el de la interna. El Presidente pudo llevar a cabo alguna de sus viejas aspiraciones, espe-

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cialmente la que decía relación con la modificación de la ley electoral, y realizar algunos deseos, como el d e dotar de u n palacio a la Biblioteca Nacional. Realizó su administración ese ideal de los tiempos felices: la paz en lá inercia. Días tormentosos se anunciaban ya, con amenazadores síntomas, sobre el porvenir político de la República. N O T A S
1 "Siete años de recuerdos políticos. 1905-1912. Los candidatos", El Mercurio, de 28 de septiembre de 1912. 2 "Siete años de recuerdos políticos. 1905-1912. Los dostrinarios se tiran a fondo", El Mercurio, 12 de octubre de 1912. 3 Sobre la Convención de 1910 hay dos artículos útiles para la historia. El primero, el de Alberto Edwards, "Siete años de recuerdos políticos, 19051912, La Convención de 1910", publicado en El Mercurio, de 8 de octubre de 1912, y otro de Manuel Rivas Vicuña, "Campañas presidenciales", X, El Mercurio, de 3 de febrero de 1925. 4 Este momento está evocado en el ameno libro de Carlos Moría Vicuña, El año del centenario, Santiago, Imprenta Universitaria, 1921. Algunas semblanzas de políticos de la época, en estilo jocoserio, se encuentran en el libro de Ángel C. Espejo (Maltrana), Buen humor, 1909A910, Santiago, 1910. 5 La renuncia del señor Muñoz Rodríguez es un documento que tiene vivo interés para nuestra historia política. Decía asi: "Excmo. Sr.: Tengo la honra de elevar a V. E. mi renuncia del cargo de Ministro de Estado en el Departamento de Industria y Obras Públicas. La circunstancia de encontrarse para finalizar el laborioso período administrativo de V . E„ y la voluntad decidida puesta por mí en la cooperación de esas labores, me obligan, a mi pesar, dar el f u n d a m e n t o de mi renuncia. C o n ocasión del conflicto suscitado por la renuncia que de su alto cargo de Arzobispo de Chile, tuvo a bien hacer Monseñor González Eyzaguirre ante la Santa Sede, se sometió este asunto al Consejo de Gabinete, en el cual fueron adoptadas resoluciones cuya ejecución quedó subordinada a la actitud de la Santa Sede. Posteriormente a ese Consejo, y habiéndose acordado reunirse para resolver la actitud del Gobierno en vista de las noticias esperadas, el infrascrito no ha tenido conocimiento oficial de lo acordado y ejecutado por el señor Ministro del Culto. Tengo la convicción de que no ha existido en el elevado espíritu de V. E,, ni por parte de mis demás honorables colegas, la más ligera intención de descortesía para mí y, al efecto, he recibido de V. E. gratas y satisfactorias expresiones; pero tratándose de u n Ministro de Estado, representante en el Gobierno de una fuerte y respetable colectividad política, ellas no son suficientes ante la fuerza de los hechos. Por otra parte, atendido el giro que a este asunto le h a dado el honorable Ministro del Culto, y que últimamente he conocido por informaciones ver< bales de V. E,, puedo declarar a V. E. que no estoy de acuerdo con mi honorable colega, y que estimo que esta vez no se ha hecho respetar el derecho de patronato del Estado con la energía, convicción y versación jurídica con que fuera ejercido por los hombres de Gobierno de administraciones pasadas. Reiterando a V. E. mis particulares sentimientos de adhesión y amistad, me es grato expresar a V. E. mi reconocimiento por la confianza que siempre se ha servido dispensarme. Santiago, 10 de noviembre de 1910. Fidel Muñoz R-" "La moderación de nuestra actitud provocó una crisis ministerial, decía

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Luis Izquierdo en la Cámara de Diputados el 6 de julio de 1913. El Ministro radical señor Muñoz Rodríguez creyó que no habíamos hecho lo bastante, nos acusó de débiles en la defensa de los derechos del Estado y abandonó el Gobierno." En ese discurso, Izquierdo hizo importantísimas revelaciones sobre la ingerencia del Internuncio Monseñor Sibilia en los asuntos internos de la Iglesia chilena, lo que movió al Gobierno de entonces a pedir a la Santa Sede que lo llamara, a fin de no verse en la penosa obligación de declararlo persona no grata. 8 "Siete años de recuerdos políticos, 1905-1912, La alianza camina a la muerte." El Mercurio, 29 de octubre de 1912. 7 Alberto Edwards, "Siete años de recuerdos políticos. 1905-1912. La Alianza camina a la muerte." El Mercurio, 29 de octubre de 1912. 8 La intervención del señor Vergara se desarrolló en la sesión del Senado de 19 de julio. La exposición del señor Bello Codesido se encuentra en El Mercurio de 5 de agosto de 1911, con el título "El tratado con Bolivia". Respuesta al señor Walker Martínez. El fallo arbitral sobre la cuestión se encuentra publicado en la Memoria de Relaciones Exteriores, correspondiente a 1910-1911. Una exposición sobre los antecedentes de ella se encuentra en el informe que elevó al Ministerio el consultor del mismo, abogado don Alejandro Álvarez, impreso con el siguiente título: Informe presentado al Ministerio de Relaciones Exteriores sobre las gestiones del Gobierno de Estados Unidos en favor de Alsop y Cía. Santiago, Imprenta Barcelona, 1910. Ese informe, de 31 de diciembre de 1907, calificado de desgraciado por el ex Ministro Bello Codesido, constituyó la fuente de información en que se basó la política de la Cancillería chilena. Este asunto tuvo una pequeña repercusión años más tarde. Aludido por una referencia de don Galvarino Gallardo Nieto, don Joaquín Walker Martínez se refirió a él en un artículo de La Nación de 15 de agosto de 1922, en el que reprodujo lo que dijo en el Senado en 1911. Gallardo respondió en dos artículos, aparecidos en El Mercurio de 16 y 18 de agosto, en los que quedaba harto mal parada la diligencia y la capacidad diplomática del señor Walker Martínez en la defensa de los intereses del país. 9 En Santiago, a 3 de agosto de 1911, reunidos los que suscriben, presidentes de los partidos conservador, liberal democrático, nacional y demócrata, en representación de sus respectivos partidos, han convenido en el siguiente acuerdo: 1' A fin de garantir la corrección de los procedimientos de las próximas elecciones generales, los partidos expresados se comprometen a trabajar unidos en la elección de senadores, diputados y municipales, y en los actos subsiguientes a dicha elección. 2° Dentro de este acuerdo se comprometen a cederse recíprocamente las fuerzas electorales necesarias para asegurar el triunfo de las candidaturas que se detallan en el pliego que se firmará por separado y que se considerará como parte integrante del presente acuerdo. 3 ' Se comprometen asimismo a adoptar las medidas necesarias para reprimir los fraudes o abusos que tiendan a falsear el legítimo resultado de las elecciones. 4 ' Al tnismo tiempo acuerdan aunar desde luego sus fuerzas parlamentarias a fin de trabajar por el siguiente programa de gobierno: I. El arreglo de las finanzas nacionales por medio del equilibrio del presupuesto, dentro de un régimen de economía y la cancelación del déficit actual por la creación de recursos adecuados; II. La solución de las cuestiones nacionales pendientes; III. La atención de la defensa nacional y de los servicios del Ejército y Armada;

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IV. El despacho de las reformas de la Ley Electoral y Municipal, y de los proyectos tendientes al mejoramiento de las clases obreras; V. La edificación escolar y fomento de la instrucción pública; VI. La reforma de los servicios de los ferrocarriles y de la colonización nacional. VII. La represión del alcoholismo, y VIII. La protección a la industria nacional y el fomento de la agricultura y del comercio, impulsando el despacho de los proyectos de irrigación, de protección a la marina mercante nacional y de mejoramiento de puertos. 5 9 U n tribunal compuesto de los presidentes de los partidos representados resolverá cualquier dificultad que ocurra acerca del cumplimiento del pacto que precede. 6* El presente acuerdo surtirá sus efectos una vez que haya sido ratificado por los respectivos directorios de los partidos representados. Juan. Luis Sanfuentes. José Tocornal. Arturo Besa. Por el presidente del partido demócrata y con su autorización, Malaquias Concha. 10 "Siete años de recuerdos políticos. 1905-1912. De cómo vivió y murió la Coalición." El Mercurio, 24 de diciembre de .1912. 11 Los que suscriben, con la representación política que invisten, h a n convenido en unir la acción de los partidos liberal y liberal democrático para dar fuerza y estabilidad al Gobierno, y realizar, entre otros, los siguientes objetivos de interés nacional: a) Proponer e impulsar las reformas constitucionales, legales y reglamentarias que sean convenientes para procurar la estabilidad ministerial y facilitar de u n modo eficaz la labor del Congreso; b) Propiciar de igual manera las reformas legales que tengan por objeto asegurar de un modo permanente el equilibrio de los presupuestos y su oport u n o despacho por el Congreso; revisar el sistema tributario; consolidar la deuda pública y reformar la ley de Bancos; c) Reformar la ley de Elecciones; d ) Reformar la ley de Municipalidades; e) Proteger la marina mercante nacional; /^ Formar u n plan general de obras públicas; g) Reorganizar los ferrocarriles del Estado. Y han convenido a la vez en lo siguiente: 1" Los partidos liberal y liberal democrático prestarán su apoyo a la organización de u n Ministerio compuesto de tres liberales y tres liberales democráticos. 2 ' La mesa de la Cámara de Senadores no sufrirá modificación en su actual organización, y la de la Cámara de Diputados será compuesta de u n liberal democrático, un liberal y un conservador. 3* El partido a quien corresponda la jefatura del Ministerio no tendrá la presidencia de la Cámara de Diputados. 4 ' Para la elección de Consejeros de Estado se votará en ambas Cámaras por u n liberal democrático y un conservador. 5" La calificación de las elecciones de senadores y diputados será cuestión abierta. 6 ' El partido liberal democrático queda autorizado para pactar con el partido conservador su ingreso a esta combinación política sobre las bases anteriores. Santiago, a tres de mayo d e mil novecientos doce. I. Valdés Valdés. Manuel Salinas. Juan Luis Sanfuentes. 12 "La enfermedad de mi partido", El Mercurio, 23 de mayo de 1912. 13 El texto de los telegramas cambiados entre los gobiernos de Chile y el Perú se encuentra en la Memoria de Relaciones Exteriores de 1911-1914. 14 Estación del ferrocarril del sur, en las proximidades de Talca, cerca de la cual poseía Sanfuentes una propiedad de campo. 16 A raíz de la Convención de la Alianza Liberal, en plena euforia de su

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personalidad, Alessandri se hizo escribir u n a biografía por Claudio de Alas, seudónimo con que se había dado a conocer u n bohemio colombiano, de brillante talento, que por entonces vivía en Chile, Jorge Escobar Uribe. Arturo Alessandri. Su actuación en la vida, se intitulaba, y su aparición arrancó una carcajada a Ángel Pino. (Biografías íntimas. El Mercurio, 5 de agosto de 1915.) Poético estudio biográfico del honorable señor Alessandri, calificó Luis Izquierdo a esa obra en sesión del Senado de 7 de noviembre de 1916. Escrita en el lenguaje grandilocuente de Vargas Vila, con exclamaciones altisonantes del todo ajenas al temperamento nacional, hay en esas páginas mucho del autor y no poco de Alessandri. Sus grotescas adulaciones nos parecerían ahora ridiculas si no supiéramos que eran pagadas a tanto la línea, ya que desde entonces mostró Alessandri su inclinación a utilizar los servicios de cagatintas mercenarios. Agotaba allí el poeta colombiano el ditirambo de las adulaciones más rastreras. Dice que había nacido para poeta, pero que la política mató en él al artista, y haciendo su retrato físico decía que su cráneo tenía perfectas líneas napoleónicas. D e cuantas tonterías están consignadas allí en letras de molde merecen recogerse las alusiones al ejército, en las que se advierten ya los propósitos de Alessandri de utilizarlo en la satisfacción de sus ambiciones políticas. Después de algunas palabras de el< ?io que se le hacen, escribe Claudio de Alas: "El Ejército de Chile, como lo¡¡ de todos los grandes países, tiene también el derecho y el deber del pensamiento." Clara incitación a la intervención política, proscrita terminantemente en la letra y en el espíritu de la Constitución. Por esa época Claudio de Alas era u n bohemio incorregible que vivía poco menos que de milagro. Gozaba de la admiración de una de las hetairas de la calle Eleuterio Ramírez, en cuyo álbum había escrito sonetos inflamados de pasión. Hastiado de sus días santiaguinos y pensando abrirse camino en u n ambiente más grato, se dirigió a Buenos Aires, donde se suicidó el 5 de marzo de 1918, a los 32 años de edad. Su ejecutor testamentario fué Juan José de Soiza Reilly, quien escribió un hermoso articulo sobre su personalidad, "El poeta suicida", que se encuentra en Las Últimas Noticias de 29 de noviembre de 1923, y recogió sus últimos escritos en u n volumen que intituló El cansancio de Claudio de Alas, en cuyo prólogo se dice lo siguiente sobre la biografía mencionada: "Obligado por la dolorosa vida periodistica escribió u n libro sobre el político chileno señor Arturo Alessandri. Le habían pagado cinco mil pesos para que lo escribiera. Pero la índole prosaica de la obra le detenía en su laboT. Para obligarle a que escribiera el libro, la comisión de políticos que lo pagaba encerró a Claudio en una habitación. Le pasaban la comida por una ventana. Claudio estuvo prisionero siete d í a s . , , A l concluir la semana entregó los originales y le abrieron la puerta, dándole cinco mil pesos más. Empleó siete días en ganarlos y tres solamente en consumirlos. Era u n bohemio de sangre azul." U n a semblanza del escritor colombiano, salpicada de anécdotas, se encuentra en el ameno libro de recuerdos literarios de Fernando Santiván, Confesiones de Enrique Samaniego. Santiago, Editorial Ercilla, 1933. 16 Al margen de una ¡ornada electoral, pp. 17-18. 17 Sobre este dramático episodio existe un folleto firmado por Mario Alagan, La muerte misteriosa de Guillermo Eyzaguirre R. Santiago, Empresa Zig-Zag, 1915. El debate de la Cámara de Diputados y del Senado, desarrollado en las sesiones del mes de Julio, contiene noticias de alto interés sobre ese sombrío drama.

Capítulo

VII

DESARROLLO DE LA CUESTIÓN SOCIAL Factores económicos y sociales iban a provocar en Chile, después de la guerra del Pacifico, problemas que hasta entonces no había encarado: el aumento de lá población, el desarrollo industrial y la incorporación d e lá provincia de Tarapacá a la soberanía nacional, y con ella el monopolio de la industria salitrera, darían origen a cuestiones llamadas a modificar p r o f u n d a m e n t e la estructura social. N o escapó ál interés de los pensadores y los sociólogos estudiar las causas q u e contribuían a mantener vivos factores de descomposición y descontento, y uno d e los primeros en abordarlo f u é el ilustre escritor d o n Augusto Orrego Luco, quien, en unos artículos que vieron la luz en La Patria, d e Valparaíso, en 1884, señaló las causas de la formación del proletariado, entre las cuales él veía sólo la consecuencia del antiguo inquilinaje d e nuestros campos. "En los primeros momentos ese fenómeno social pasó sin ser percibido, escribía, pero ya h a alcanzado proporciones que pueden alarmar al que es capaz d e entrever algo más allá del horizonte d e los políticos vulgares." El Dr. Orrego Luco veía en la existencia de u n número mayor de mujeres que hombres, "hecho monstruoso" en su opinión, u n o d e los factores de la emigración d e los trabajadores chilenos fuera de las fronteras nacionales y d e lá formación del proletariado d e las ciudades. " A h o r a preguntamos, decía, sí es posible dejar q u e se desenvuelva tranquilamente u n a situación social en que el inquilinaje es u n ideal; en q u e la emigración y lá muerte d e los párvulos no son dos males deplorables bajo todos sus aspectos; en q u e las mujeres predominan sobre los hombres por su n ú m e ro; en que el estado civil desaparece de los campos." A n t e la situación amenazadora y grave que se presentaba, convenía en que era indispensable establecer nuevas condiciones económicas y morales, proponiendo, desde luego, como impostergable, el mejoramiento del salario de los trabajadores. Sostenía' q u e la cuestión social había hecho su sombría y tremenda aparición antes d e la guerra del Pacífico por falta d e previsión. "Hasta aquí nos llevó la imprevisión, el salario bajo, la falta de industrias nacionales, escribía, la miseria y la ociosidad del arrabal, y allí de nuevo nos veremos arrastrados si no conseguimos extirpar esas calamidades económicas." Pasaron desde entonces cerca de veinte años antes que el descontento popular se tradujera en manifestaciones amenazadoras,
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de carácter subversivo, con atentados contra la propiedad, hasta que la huelga de los obreros de la Compañía Sudamericana de Vapores, ocurrida en Valparaíso el año 1903, reveló a los poderes públicos la necesidad de encarar un estado de cosas cuya solución no admitía demoras. Después de los sangrientos sucesos de Valparaíso, de mayo de 1903, el clamoroso estado de pauperismo de las clases trabajadoras no logró sacudir la sensibilidad de los cuerpos legislativos. Apenas iniciadas las sesiones d e ese año el diputado Fidel Muñoz Rodríguez, recién ingresado a lá Cámara, propuso el nombramiento de una comisión parlamentaria encargada de estudiar la situación obrera y proponer un proyecto d e ley relativo al trabajo, al arbitraje, al desarrollo del ahorro, a la indemnización en casos de accidente y al mejoramiento de sus condiciones intelectuales. Esa idea no encontró ninguna acogida en la Cámara. "Aquí está pasando un fenómeno singular, decía en sesión d e 20 de junio el diputado conservador señor Día'z Sagredo: nos estamos asustando con la cuestión obrera, con una cuestión que, en realidad, no existe en Chile, porque en verdad n o puede decirse que se haya producido en Chile el problema o la cuestión obrera, que es causa de preocupaciones en Europa." E n el mismo sentido se expresó el diputado balmacedista Bello Codesido, y lá Cámara desechó, por 36 votos contra 12, el proyecto de acuerdo del señor Muñoz Rodríguez para nombrar la comisión mencionada. Sólo la representación radical y algunos liberales le prestaron acogida. Pero f u é en la región salitrera, en la cual lás condiciones de vida de los trabajadores eran deplorables, por la expoliación de que eran víctimas de parte de las compañías, donde prendió el descontento en forma más intensa. Desde lá incorporación d e Tarapacá a la soberanía nacional, la emigración de trabajadores, desde las provincias septentrionales, particularmente Atacama y Coquimbo, y desde el valle central de Chile hasta Chiloé, f u é considerable: el espíritu aventurero del pueblo chileno y las promisoras perspectivas de los altos salarios, arrastraron hasta allá legiones de trabajadores. Las características del clima y las penosas condiciones en que vivían los trabajadores en las oficinas salitreras constituyeron factores determinantes de un malestar que no pudieron dejar de oír los poderes públicos. D e aquí surgió la iniciativa del Ejecutivo para designar la que se denominó Comisión Consultiva de Tarapacá y Antofagasta, que fué nombrada por un decreto de 12 de febrero d e 1904, y que estuvo integrada por el Ministro del Interior, señor Rafael Errázuriz Urmeneta, y por los señores Paulino Alfonso, Ramón Bascuñán, Máximo del Campo, Francisco de Borja Echeverría, Ernesto Hübner, Antonio Huneeus, Federico Pinto Izarra, Enrique Rodríguez, Manuel Salas Laváqui, Darío Urzúa, Luis Antonio Vergara y Enrique Villegas.

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La comisión se trasladó a las provincias nombradas, se impuso de las condiciones en que funcionaban los servicios públicos, oyó a patrones y obreros, y a su regreso a Santiago elevó un informe preliminar al Presidente de la República con fecha 11 de abril. "Faltan, por consiguiente, a primera vista, decía en él, causas eficientes de u n a cuestión social perturbadora en las faenas de la pampa salitrera. Pero la comisión ha podido observar notoriamente que existe un malestar más o menos serio y u n principio de perturbación que, con razón o sin ella, tiende a desarrollarse. Muchos obreros se quejan con insistencia que su condición material es poco holgada, del monopolio del comercio ejercido exclusivamente por los patrones de la pulpería'; de la emisión d e fichas; de las hostilidades de que son víctimas si compran a los comerciantes libres; de la insalubridad de las habitaciones, y, en fin, de algunos otros abusos. La condición moral de los obreros de la pampa es a todas luces deficiente. Los patrones, por su parte, se quejan, agregaba el informe, d e un verdadero malestar social, que amenaza traer consigo las más graves consecuencias en todo el país. Ellos n o se cansan de repetir que los operarios viven tranquilos y que no se habría producido dificultad alguna a no ser por las incitaciones constantes y tenaces de un grupo d e individuos, ajenos a las mismas faenas, que f u n d a n su interés, su lucro y hasta su propia existencia en el descontento de la clase trabajadora de los puertos y de la Pampa." La Comisión gubernativa oyó el clamor del descontento existente entre los trabajadores y constató el deplorable estado en que se hallaban los servicios públicos, pero es difícil darse cuenta del sombrío cuadro que ofrecía la vida en las salitreras a través de los documentos oficiales. U n periodista que acompañó a la comisión, el señor Pedro Belisario Gálvez, publicó en El Chileno u n a serie d e artículos, a través de los cuales se pueden reconstituir los rasgos sobresalientes de la vida en la pampa salitrera'. Es tal vez, en el orden cronológico, una de las primeras repercusiones de las cuestiones sociales en el ambiente de la prensa. N o sin animación describía Gálvez el cuadro hostil de la naturaleza en medio de la cual se desenvolvía la vida del obrero pampino.
Figuraos inmensas llanuras, escribía, áridas, secas, desprovistas de vegetación, tan mezquinas en su superficie como generosas y ricas en sus entrañas, en donde durante el día quema u n sol inclemente y sopla por la noche cierzo helado y traidor. Figuraos unas agrupaciones de viviendas hechas de zinc, verdaderos campamentos, que tal es el nombre cabalmente, construidas a la ligera, como las tiendas en el desierto, todas iguales, algunas dotadas de ciertas condiciones, otras que se acercan a celdas de presidio. Figuraos una labor igual, u n trabajo idéntico en todas partes: los mismos esfuerzos, los mismos procedimientos. Figuraos, en una palabra, la monotonía, la tristeza perenne, la falta de sociabilidad, de espectáculos cultos, de ese comercio hum a n o que es la base de la felicidad social y convendréis en que no puede

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tomarse aquello sino como un sitio transitorio, como un lugar ingrato que es fuerza dejar apenas sea posible.

La queja unánime de los trabajadores era contra la pulpería, almacén de artículos de primera necesidad explotado como monopolio por las compañías y el uso obligado de las fichas. Las reclamaciones insistían en el precio excesivo de los artículos, disminución manifiesta en el peso, decomísación inflexible de la mercadería comprada fuera de ella y despido inmediato del trabajador sorprendido en ello, acusado d e ejercer lo que se denominaba contrabando. Ya en la Cámara de Diputados se había alzado la voz de los diputados demócratas Concha y Landa, en las sesiones de agosto y septiembre de 1901, para protestar del abuso de las compañías de Tarapacá que pagaban el salario de los obreros en fichas, lo que los constituía en verdaderos esclavos. Don Gonzalo Bulnes, antiguo intendente de esa provincia, confirmó lo afirmado por los diputados demócratas. El señor Landa terminó pidiendo se pusiera en vigor un decreto dictado el 26 de octubre de 1852, que prohibió la circulación de monedas de plomo, de suela o de otra clase en el territorio de la República. En las sesiones ordinarias de 1903 volvió a protestar la representación demócrata de la indiferencia de las autoridades para impedir la circulación obligada de fichas en las salitreras, aun cuando había sido ordenada por el gobierno. En sesión de 17 de octubre el diputado Malaquías Concha dió a conocer una petición formada por más de 1,300 personas, en la que se solicitaba: 1', el cambio de fichas a la par; 2", el libre comercio; 3 g , el cierre de los cachuchos, y 49, el retiro de las guarniciones de policía de las oficinas, debiendo establecerse en los pueblos o estaciones. El monopolio de las pulperías constituía para las compañías un magnífico negocio, que dejaba pingües utilidades.
Aquí está, a nuestro juicio, escribía el periodista citado, la expoliación del trabajador, la exacción de sus dineros. Dejemos a un lado el atentado contra la libertad del trabajador, la tiranía de obligarlo a comprar allí, y solamente allí. Económicamente nos parece una esclavitud sin nombre. Es hacer entrar por el mesón de la pulpería lo que se paga por la caja de la oficina, con esta diferencia: que lo que se paga, bien ganado está, y lo que se vende adolece de fraudes y recargos exorbitantes. Para usar una forma sencilla, diremos que esta rotación del dinero se produce así: el salitrero da cinco con la mano derecha y recoge seis con la mano izquierda.

La emisión de fichas, de circulación exclusiva en las oficinas, amarraba aún más al trabajador a la pulpería. El periodista se asomó también a las habitaciones de los obreros y quedó hondamente impresionado por sus condiciones miserables. En ese ambiente desolador, aplastado por la rudeza del cli-

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ma, sin escuelas ni diversiones, florecían esplendorosas dos plantas aniquiladoras: la bebida y el juego, explotadas por particulares q u e hallaban la complaciente o corruptora protección de las autoridades. El extenso informe que la Comisión Consultiva del Norte elaboró d e sus trabajos, trazaba u n sombrío cuadro d e lá situación social existente en la región salitrera, y el estudio que hizo de los servicios públicos constituía u n aporte valioso para encarar los problemas que se presentaban como impostergables y urgentes: mejoramiento del agua potable de las ciudades, construcción de obras sanitarias, elevación del standard de vida de los servicios públicos, jueces, profesores y policías, fomento de lá enseñanza. Pero si sus conclusiones quedaron sólo en el terreno académico, en u n aspecto dió sus frutos: puso en el plano de los deberes impostergables de los poderes públicos atender al problema de la habitación popular, contra la cual se alzaba u n clamor unánime á lo largo del país, no ya como u n a obra humanitaria, sino q u e d e verdadera salvación nacional. El primer paso que se había d a d o en esta materia había sido el reglamento de conventillos, dictado en noviembre d e 1901 por la Municipalidad de Santiago. U n a comisión nombrada en octubre del año anterior había elaborado un proyecto sobre el particular, q u e yacía en los archivos del Congreso, que sirvió de base para el que redactó el señor Manuel Salas Lavaqui, secretario de la Comisión Consultiva del Norte, y que f u é sometido a la consideración de la C á m a r a d e Diputados a fines de julio de 1905, donde su autor lo defendió vigorosamente. Ese proyecto dió origen a lá ley 1838, de 20 de febrero de 1906, de habitaciones obreras, que lleva las firmas del Presidente d o n Germán Riesco y d e su Ministro d o n Miguel C r u chaga, y que, en realidad, puede caracterizarse como la primera léy social dictada en Chile. Sin embargo, sólo la acción d e los intelectuales contribuiría a formar una verdadera conciencia de la necesidad de afrontar u n a situación que se presentaba cada díá con caracteres más acentuados. El 15 de abril de 1904 dió A r m a n d o Quezada Acharan, en el Ateneo de Santiago, una conferencia sobre la cuestión Social, llamada á golpear la sensibilidad de sus conciudadanos, y q u e merece recordarse por su valentía moral, por cuanto puso con crudeza el dedo en la llaga. Señalaba en ella las hondas diferencias existentes en las clases sociales del país, que no se hallaban unidas por la comunidad d e espíritu, ni de sentimientos, ni de costumbres; mientras insistía en la impostergable necesidad q u e había de dotar al pueblo de una instrucción adecuada, que le proporcionará hábitos de higiene y ahorro, que lo liberara del alcoholismo y demás plagas que lo diezmaban. D e la tribuna de los pensadores y los sociólogos, la cuestión social pasó al ambiente académico, y prendió en el alma sensible

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de los jóvenes que velaban sus armas para consagrarse a la vida del foro y del servicio público.
Se siente en toda la República, escribía el señor Arturo Contreras G., en 1904, en su Memoria El derecho de los pobres, un malestar, un descontento natural que, crece paulatinamente. Las clases obreras se levantan en nivel moral, no aspiran a una revolución completa en el orden establecido, al estilo del movimiento europeo, sino que piden derechos, garantías, goces de que ahora están privados; un poco de más humanidad y misericordia de parte de los patrones y menos indiferencia de parte de las clases ricas.

Mientras unos señalaban las penosas condiciones de vida de las clases obreras, otros desentrañaban los factores a que obedecía el malestar predominante, atribuyéndolo a causas de orden moral y negaban la influencia de la escuela en el mejoramiento de las costumbres. El primero de los partidos políticos en acoger el clamor que se alzaba estridente de la entraña misma del pueblo fué el radical, que el 31 de diciembre de 1905 inauguró en Santiago una Convención en la que se enfrentaron las dos tendencias que separaban a sus líderes, la individualista representada por Enrique MacIver y la socialista acaudillada por Valentín Letelier. En opinión de este último, no había ya ningún pueblo culto que no legislara sobre la organización del trabajo y sobre las condiciones de vida de la clase obrera, para levantar el nivel material y moral de las clases laboriosas. A su lado estuvo Armando Quezada Acharan, sosteniendo que la legislación obrera no debía confundirse con el socialismo sistemático, por cuanto ella era sólo la consecuencia ineludible de lá evolución democrática del siglo xix. El triunfo de la tendencia socialista fué decisivo y la Convención hizo una declaración en el sentido de que era deber moral, obligación jurídica y obra de previsión política, no abandonar a los desvalidos en la lucha por lá vida, especialmente a los pobres que vivían del trabajo diario y que se debían dictar leyes y crear instituciones para mejorar su condición hasta colocarlos en un pie de igualdad con las otras clases sociales. La Convención del partido liberal, reunida en diciembre de 1907, recogió en forma mucho más atenuada esos anhelos y el punto undécimo y último del programa que aprobó se refería al problema obrero, para solucionar el cual se pronunciaba en favor de una legislación del trabajo, el mejoramiento de las condiciones higiénicas de habitaciones y talleres, la reglamentación del trabajo de las mujeres y de los niños y lá formación de poblaciones para obreros. Las cuestiones sociales comenzaban a penetrar tímidamente en la mente de los hombres públicos. En sesión de 7 de diciembre de 1906 la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de acuerdo formulado por el señor Astorquiza pará nombrar una comisión

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de siete diputados encargada d e informar acerca d e las medidas legislativas q u e convendría adoptar en favor del mejoramiento de la clase obrera. N o faltaron en esas circunstancias caudillos populares que, comprendiendo en toda su trascendencia los males que azotaban a las clases trabajadoras, se propusieran remediarlos mediante la difusión d e la enseñanza y la organización d e los obreros. El más caracterizado de ellos, por sus perfiles verdaderamente apostólicos, y por la abnegación con que sirvió sus ideales, f u é Luis Emilio Recábarren, tipógrafo de profesión, quien trasladándose a la región salitrera, consagró todas sus energías a la organización de las clases trabajadoras. Elegido diputado al Congreso en las elecciones d e marzo de 1906, fué arrojado d e la Cámara con fútiles pretextos, para dar entrada a su contendor de filiación radical, Daniel Espejo. N o se quería siquiera oír el angustiado clamor d e los representantes de la clase trabajadora. Mandada repetir la elección, volvió a triunfar Recabarren por una pequeña mayoría de votos, pero en la calificación d e ella la Cámara se pronunció en favor de su contendor. "En vista d e todo lo cual yo declaro, decía el diputado Rocuant en sesión de 25 de octubre, que si no hubiera estricta justicia, para expulsar al señor Recabarren de la Cámara, ello será necesario hacerlo por razones de alta moralidad social y por otras que están vinculadas a la felicidad y engrandecimiento del pueblo, pues n o es tolerable que en la Cámara vengan a representarse las ideas de disolución social que sostiene el señor Recabarren." 1 El malestar d e la clase obrera fué intensificándose y surgieron pronto manifestaciones de protesta y huelgas, en Valparaíso y en Santiago, que fueron severamente reprimidas por la autoridad. La más graves de todas ellas fué la que se produjo en Iquique en diciembre de 1907, ciudad en la que se reunieron alrededor de quince mil trabajadores, formulando a las autoridades peticiones en el sentido d e suprimir el uso obligatorio d e las fichas en las oficinas salitreras, pago de los jornales a razón de u n cambio fijo de 18 peniques, supresión de las pulperías y libertad de comercio sin restricciones, cierre con reja de hierro de todos los cachuchos, 2 establecimiento de balanzas para controlar los pesos d e los artículos vendidos en las pulperías, garantías de que los obreros no serían despedidos sin u n aviso previo de quince días, y otras de menor importancia. Después de negociaciones infructuosas, que duraron varios días, y ante el carácter abiertamente subversivo que tomó la huelga, la fuerza pública disolvió lá concentración de los obreros albergados en la escuela Santa María, d e lo que resultaron centenares d e muertos y de heridos. La reacción de la opinión pública' ante los sangrientos sucesos d e Iquique fué vigorosa: mientras los diarios los comentaron al sabor de los intereses que representaban, en la Cámara de Dipu-

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tados se alzó la voz de los diputados demócratas Bonifacio Veas y Malaquías Concha, quienes criticaron con vehemencia la acción represiva de las autoridades y acusaron de imprevisión al Gobierno. El diputado Alessandri, colocado en una situación de cerrada oposición al Gobierno del señor Montt, y que había estado atacando al Ministro Sotomayor con motivo d e su política salitrera, formuló una interpelación al Gabinete. Defendió al Ministerio el diputado liberal Luis Izquierdo, quien señaló que en los desgraciados sucesos de Iquique había que distinguir dos cuestiones: una de orden público y una cuestión obrera, un problema social, que interesaba tanto a la autoridad pública como a la acción legislativa.
Todos esos movimientos, dijo, presentan aspectos y dificultades comunes, que convendría resolver por medio de una legislación permanente, que reglamente en cuanto sea posible el trabajo en los grandes centros industriales, que defina las relaciones de patrones y obreros, que abra camino a la solución conciliadora del arbitraje y que propenda, como quieren los h o n o ' rabies diputados demócratas, y como querrá toda persona que a m e la justicia, la distribución equitativa del producto de la riqueza entre el capital y el trabajo, entre el patrón y el obrero, entre todos los elementos que concurren a realizarla.

La interpelación siguió discutiéndose en las sesiones del mes de enero, sin que la Cámara adoptara finalmente resolución alguna al respecto. En sesión de 6 de febrero de 1908, el diputado Izquierdo declaró que el asunto estaba ya demasiado fiambre para seguir discutiéndolo. La obstinada obstrucción de los diputados opositores, Alessandri entre ellos, esterilizaba del todo la acción gubernativa. D e aquí que el Presidente de la República, don Pedro Montt, no sin hondo desencanto, escribiera al Ministro en Wáshington, señor Aníbal Cruz Díaz, en carta de 19 de enero de 1908:
De política interna vale más n o hablar. A causa de la división de los partidos, funciona un Ministerio de administración, hace cerca de tres meses, y aunque da garantías a todos, no por eso tenemos estabilidad, y en el Congreso encuentran tropiezos aun los proyectos de más evidente utilidad pública. Usted sabe que por las prácticas desarrolladas, sobre todo en los últimos tiempos, bastó la oposición de unos pocos paTa esterilizar la acción de las Cámaras, y es imposible que en cualquiera situación falten algunos que, por buenas o malas razones, quieran obstruir.

Caída la acción del Ejecutivo en la impotencia, no quedó abierto otro camino de enmienda que el clamor de los periodistas y los patriotas, que miraban con temor y piedad la suerte adversa y las duras condiciones en que se desenvolvía la vida de los trabajadores de los campos y de la pampa salitrera. En medio de los regocijos con que se celebraba el primer centenario de la independencia política de la nación, se alzó la valerosa voz del doctor

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Valdés Canje, seudónimo del profesor d o n Alejandro Venegas, quien desde las páginas de su angustioso libro Sinceridad trazó con sombríos rasgos las penosas condiciones de la vida en las salitreras, la explotación del trabajador por medio de las pulperías, la obligada circulación d e las fichas y la horrible condición d e sus habitaciones.
Estas barracas, que constituyen lo q u e se llama campamentos, escribía refiriéndose a éstas, son las habitaciones más terribles q u e se p u e d e n imaginar: en el día el hierro se caldea con el sol que cae a plomo y refleja sus rayos en aquellas arenas abrasadas y los cuartos se convierten en hornos; en la noche, la temperatura, aun en verano, baja mucho, y la habitación del obrero pasa del calor insufrible a u n frío que m u c h a s veces n o le permite conciliar el sueño; diferencias de 30° en el día y la noche son corrientes.

Puntualizaba Venegas, con coraje cívico, las mil formas con que los salitreros mantenían amarrado al trabajador al ámbito de las oficinas: 3 los descuentos para el servicio médico, el establecimiento de las fondas, especie de hoteles en las que se hacía la venta de bebidas alcohólicas y se hallaban otras diversiones, la explotación del juego, con sus derivados d e borracheras y toda clase d e desórdenes. En medio de aquella naturaleza hostil, y d e aquel clima continental despiadado, tenía aún el trabajador otros enemigos no menos poderosos: los garitos, los burdeles y la policía.
En otro tiempo los trabajadores bajaban de la p a m p a periódicamente a Iquique a darse algunos días de jolgorio, escribía el autor d e Sinceridad, y los lupanares, las tabernas y las casas de juego hacían su agosto. A h o r a los trabajadores no necesitan bajar, p o r q u e estos lugares de diversión h a n ido a establecerse a u n paso de las oficinas, en todas las poblaciones a lo largo del ferrocarril salitrero. Villorrios que no alcanzan a tener 2,000 habitantes cuentan con dos o tres garitos, cinco o seis burdeles y u n n ú m e r o de tabernas difícil de calcular.

La acción de las autoridades para reprimir ese estado de cosas era nula, por cuanto si no se hallaban coludidas con cuantos explotaban la flaqueza de los trabajadores, eran impotentes para enfrentarse con turbios intereses que tenían poderosos favorecedores. "Las autoridades civiles y judiciales, y las policías, agregaba Venegas, son los peores enemigos que tiene el obrero de la región salitral; porque parece que sólo existieran para el servicio de los magnates dueños de lás oficinas, y, en consecuencia, para oprimir al trabajador." Puntualizaba, por último, el hondo sentimiento de protesta y de rencor que se estaba incubando en el alma del proletariado del norte del país llamado a producir dolorosos trastornos. En vano se alzaban en el recinto parlamentario voces airadas para protestar d e los abusos que se cometían con los trabajadores d e la pampa, a quienes se seguía expoliando con el pago en fichas.

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" D a d a esta situación, la gente de la pampa tiene que arrancar, decía en la Cámara de Diputados el 4 de enero de 1912, el diputado Araya, acosada por las malas habitaciones, la inmundicia de los campamentos, el abuso de las pulperías y los abusos de los jueces y de la policía." En las sesiones extraordinarias d e la C á m a r a de Diputados, en noviembre de 1911, insistió el diputado radical, señor Quezada, en la necesidad de discutir los proyectos d e legislación social q u e se hallaban pendientes, entre los cuales figuraban los relativos á los accidentes del trabajo, a la creación de la Inspección del T r a bajo, el que reglamentaba el trabajo de las mujeres y los niños, y otro sobre creación de una caja d e crédito prendario. Esta iniciativa encontró buena acogida en el Ejecutivo, que los incluyó en la convocatoria, a fin de q u e el Congreso pudiera discutirlos en el período de sesiones extraordinarias, pero la consideración d e ellos no hizo por entonces ningún progreso. Transcurrieron aún tres años y u n a nueva voz d e alarma se alzó vigorosa, sacudiendo con valor la sensibilidad d e los habitantes de la provincia de Tarapacá: el escritor y poeta Víctor Domingo Silva, después de una detenida visita y estudio del funcionamiento de los servicios públicos, denunció con indignación y coraje de patriotá el cuadro sombrío de prodredumbre moral y miseria que ofrecía. En vigorosos artículos que publicó la prensa de Santiago e Iquique, y en polémicas ruidosas que encaró con órganos de los intereses salitreros, aludió al vergonzoso sistema de explotación establecido por jueces y policía, al amparo del caciquismo político. Sin dejar de reconocer la importancia f u n d a mental que revestía la cuestión obrera, sostuvo que el desorden y el escándalo se habían refugiado en los municipios y que el pueblo era víctima de una grosera tiranía judicial, policial y d e las autoridades, que se habían confabulado para despojarlo. En su opinión, todos los servicios municipales, desde los teatros hasta los mataderos, estaban entregados al favoritismo más escandaloso, por medio d e palos blancos y en beneficio exclusivo d e municipalidades en ejercicio. " A q u í se h a n ayuntado, escribía, en estrecho maridaje, el palo blanco 4 y la coima, para producir esos hijos espurios que se llaman los servicios municipales d e Iquique." Resuelto a purificar la corrompida atmósfera moral que prevalecía en la provincia, en la que unos por conveniencia y otros por miedo, enmudecían y callaban, apeló al sentimiento público y señaló entre los causantes d e la situación imperante al balmacedismo avasallador, representado por el senador d e la provincia. Comprometido en u n a campaña d e depuración, denunció al caciquismo político de amparador de lo que calificaba como el festín del fraude. " E n estos tiempos d e cobardías y de intereses creados, escribía, es muy difícil que la acción de un escritor baste

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para destruir situaciones formadas y sostenidas por la audacia y la codicia durante algunos años." La campaña del valeroso escritor encontró amplia resonancia y contribuyó a sacudir la indiferencia del sentimiento público.
No era u n secreto que Tarapacá había llegado a substraerse a la acción administrativa, escribía El Mercurio de 9 de julio de 1913, casi diríamos a la soberanía nacional, para convertirse en el vínculo de un cacicazgo político de la peor especie, que domina en la provincia, gracias a la desidia del Gobierno central y a su impotencia para libertarse de ciertos compromisos.

La vigorosa campaña moralizadora del escritor, difundida desde la prensa y la tribuna de los centros políticos, adquirió las proyecciones d e u n verdadero escándalo.
El gobierno, sin embargo, agregaba el diario citado tres días más tarde, n o puede alegar ignorancia de nada ni extrañarse de otra cosa de que no hubiera estallado antes el escándalo que hoy trae revuelto a Iquique y agitado en Santiago al Congreso: se ha acumulado allí tal cantidad de materia purulenta que ha reventado a la menor presión. Informes repetidos ha tenido el Gobierno acerca de la situación de Tarapacá, en los cuales se le han manifestado los excesos de la administración de justicia de la pampa; la corrupción de las policías; la burla de las leyes con aquiescencia de las autoridades inferiores, que por su parte aprovechan de tal situación; el desinterés general por la suerte del t r a b a j a d o r . . .

Y aludiendo a la indiferencia del Ejecutivo para poner remedio a las podredumbre administrativa predominante en Iquique denunciada por Víctor Domingo, se preguntaba en la edición de 31 de julio: ¿Hasta tal extremo los compromisos partidistas y los fraudes electorales y el reparto de las provincias entre determinados caciques, malea el criterio de los hombres de Estado? En ese cuadro de la corrupción administrativa de la provincia, denunciada por la corajuda pluma del poeta, ningún síntoma era más revelador de la decadencia de lá moral pública que el que ofrecía la Municipalidad, cuyos servicios más esenciales aparecían entregados a la voracidad de los especuladores. Por eso, con hondo desencanto, había dicho don Enrique Mac-Iver que én u n país en que el gobierno local se corrompía, en que sólo por excepción se encontraba una que otra municipalidad que serVía con honradez al fin de su instituto, era un país cuya masa social estaba' moralmente enferma o cuya moral pública se hallaba en quiebra. 5 La resonancia de la campaña periodística sacudió también al Congreso, y en las sesiones del mes de agosto la representación parlamentaria de lá provincia de Tarapacá reconoció implícitajrñenté la gravedad de los cargos formulados contra los servicios jjúblicos, la administración local y la justicia. "En el afán de acaparar lá situación administrativa, como base para la situación electoral y de la influencia local, ha ido el partido dominante más allá de lo conveniente", expresó un diputado mientras el Minis-

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tro del Interior, Rivas Vicuña, expresó que el gobierno no podía tomar en cuenta el aspecto político d e lá situación d e Tarapacá. Pero al término del debate el diputado Toro Lorca propuso el nombramiento de una comisión parlamentaria a fin de que se trasladara al norte, estudiara en el terreno los problemas y propusiera las medidas adecuadas para encararlos, idea que encontró acogida. La comisión quedó integrada por los diputados señores Enrique Oyarzún, Ismael Vicuña, Subercaseaux, Enrique Costa, Ruperto Álamos, Francisco Vidal y Nolasco Cárdenas, pero estos dos últimos se vieron en la imposibilidad de trasladarse a la pampa, y la comisión quedó finalmente integrada por los cuatro primeros. Cooperó a sus trabajos el Jefe d e la Oficina del Trabajo señor Eugenio Frías Collao. En sesión d e 7 de noviembre dió cuenta en la Cámara el Presidente de la comisión, Oyarzún, d e los resultados de la visita a las provincias del norte en u n notable discurso, digno de recordarse, n o sólo por las noticias que aporta para conocer la situación social y administrativa imperante entonces en la región salitrera, sino por la indignación patriótica que lo inspiró y el coraje cívico que revelaba. Comenzó por exponer el programa que se había trazado la comisión, que no había sido otro sino el de fiscalizar la organización administrativa, estudiar la vida política, imponerse d e las características d e la actividad industrial y compenetrarse d e la situación económica y social de las provincias septentrionales. Ninguno d e los miembros de la comisión había visitado con anterioridad la región salitrera, y la primera observación que hicieron f u é advertir la ciega conformidad y confianza d e sus habitantes sobre lá riqueza de las provincias y la permanente desconfianza hacia la acción d e los agentes, grandes o menudos, de los poderes públicos. " A q u í n o hay de malo sino los hombres que nos gobiernan", se Ies dijo á los diputados en Tocopilla. Transmitió Oyarzún la penosa impresión que dejó a los miembros de la comisión al imponerse d e las horribles e inhumanas condiciones de los campamentos d e los trabajadores, y el sentimiento de horror que se desprendía al ver las modalidades en que se realizaba el trabajo en las oficinas. "La trituración de los grandes trozos de caliche o d e costra', que es lo que ahí se beneficia, dijo, hecha en chancadoras abiertas y en medio de una nube de polvo sofocante, obligaba a los trabajadores a cubrirse la cara con u n grueso pañuelo que les impedía respirar, y andaban a ciegas; los cachuchos, donde en agua hirviente se opera la disolución de la sustancia salitrosa del mineral chancado, no tenían seguridad alguna que evitaran las caídas dentro de ellos, y se veía perfectamente cuán penoso debía ser ese trabajo, con los riesgos consiguientes a semejante abandono, ya que los operarios están expuestos a esas caídas peligrosísimas. La temperatura d e

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las salas de las calderas era posiblemente superior a cuarenta y cinco grados, y la comisión no permaneció sino pocos minutos dentro de ella, pues se sentía ahogada por el polvo, ofendidos sus ojos por los vapores salinos de los cachuchos y sofocada por ese gran calor de la sala. Las demás instalaciones corrían parejas con las anteriores, y los campamentos eran también de lo más primitivo y desaseado que vieron en toda la excursión." La comisión calculaba en 52,000 el número de trabajadores existentes en la pampa, desde Pisagua a Chañáral, y en 4,000 los que perecían anualmente a consecuencia de accidentes del trabajo en las salitreras. El cuadro trazado por el valiente diputado por Concepción de la corrupción del servicio judicial y de la policía, de la difusión del alcoholismo, del abandono de la enseñanza y de los servicios de beneficencia, excedía en rasgos sombríos al pintado por los escritores Alejandro Venegas y Víctor Domingo Silva en los últimos años. Acusó a la autoridad provincial y departamental de Tarapacá y Pisagua, no sólo de negligencia, sino que de complicidad en el encubrimiento de verdaderos delitos; a la autoridad judicial de haber perdido completamente su prestigio por ser vergonzosamente venal y corrompida, y al Municipio de Iquique de corporación cuyo estado moral era detestable. La administración política y comunal de Tarapacá y Pisagua en los últimos años, dijo, más que una administración corrompida, ha sido una corrupción administrada. Sostuvo que en el sistema organizado de perpetuo escamoteo del dinero ajeno, se habían manchado casi todos los empleados de lá administración provincial y comunal de Tarapacá. Aludió también en su discurso a la composición social de Tarapacá, convertida en refugio de todos los náufragos de la vida de las provincias del valle central, en asilo de toda lá "podre social de nuestras ciudades, arrojada sobre el litoral y la pampa salitrera".
ICómol, exclamaba con justa indignación. H a n pasado diez años, durante los cuales u n gran dolor social, el gemido de toda una provincia desgarrada entre las unas de unos cuantos perillanes, n o ha dejado de exhalarse, ly n o ha habido una sola autoridad local, u n solo funcionario o empleado público, que haya hecho llegar hasta el Gobierno la exposición de esta vergonzosa desnudez?

Criticó, no sólo la cobardía de los funcionarios administrativos que no habían hecho ver ese estado d e cosas, sino que el silencio de los Tribunales de Justicia para hacer cesar ese cuadro de disolución, de ese pudridero administrativo en medio del cual habían preferido conservar sus empleos. Consciente la comisión parlamentaria de sus deberes, expuso a la Corte Suprema de Justicia algunos de los más graves abusos

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y deficiencias que viciaban la administración d e justicia en Tarapacá y Antofagasta, y redactó nueve proyectos de ley, que sometió a la consideración de la Cámara, sobre el trabajo de las mujeres y los niños, pago de salarios a los obreros, accidentes del trabajo, habitaciones de los obreros, sobre reorganización de la Oficina del Trabajo, reforma de la justicia de menor cuantía, sobre atribuciones de los Ministros del Tribunal de Cuentas, a fin de que pudieran inspeccionar las tesorerías municipales, sobre mejoramiento de sueldos de empleados administrativos y judiciales de ambas provincias, y reducción de los miembros de la M u nicipalidad de Iquique, e insinuó a los Ministros del Ejecutivo la adopción de diversas medidas de carácter administrativo necesarias para el mejoramiento de los servicios públicos. Pero revelador de la impotencia en que había caído el régimen político del país para resolver problemas tan angustiosos como los que afectaban a la pampa salitrera, f u é el hecho de que ninguno d e esos proyectos, elaborados tras madura reflexión y estudio, fué sancionado por el Congreso. ¡Tan influyente era la presión de los intereses económicos, nacionales y extranjeros, sobre los poderes públicos! En ese caldo de cultivo propenso a todas las demagogias, formado a través de largos años d e una explotación capitalista despiadada, a cuya sombra había prosperado el caciquismo político desmoralizador, se iba a ejercer la acción d e la candidatura senatorial de Alessandri, envuelta en el ropaje demoledor de su verba apasionada, henchida d e halagadoras promesas, N O T A S
Julio César Jobet, "Notas sobre Luis Emilio Recabarren", revista Travesía, T e m u c o , n ' 3, noviembre-diciembre de 1948. C o n el título de "Semblanza de Recabarren" y "Recabarren, caudillo popular", le consagró el mismo autor dos artículos en Occidente, agosto y septiembre de 1951. 2 Cachucho es u n chilenismo por el cual se define una embarcación pequeña, pero en el lenguaje pampino se designa con este nombre, a grandes fondos de hierro, en los que por medio de tubos de vapor se hace el cocimiento del caliche triturado, a una temperatura de 115 a 120 grados, que deja como depósito el salitre y demás materias solubles que contiene. 3 "Oficina se llama en las provincias del norte el establecimiento industrial donde se beneficia el caliche, del cual • se saca el salitre como producto principal, y yodo, sulfato de sosa, sal marina y otros, como productos secundarios." Valdés Canje, ob. cit., p. 222, n. 4 Palo blanco es u n chilenismo con el q u e se designa al falso postor e n los remates, y por extensión, a todo intermediario que representa intereses de terceros. Mohatrero. 5 Discurso sobre la crisis moral de República, Santiago, Imprenta Moderna, 1900, p. 26. Entre las reacciones que mereció el discurso de Mac-Iver merece recordarse un folleto impreso en Lima, con el seudónimo de Montalván, Chile. Su presente y su pasado, I m p r e n t a Liberal, 1900. Su autor era Carlos Luis Hübner.
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Capítulo

VIII

LAS ELECCIONES DE T A R A P A C A
Si este c h o q u e n o hubiera ocurrido, tal vez n o t e n d r í a m o s q u e l a m e n t a r la m u e r t e d e u n funcionario público y n o estarían las elecciones de Tarapacá señaladas por esa m a n c h a de sangre. Declaración de A r t u r o Prat Carvajal en el sumario por la m u e r t e del Prefecto Delgado.

Creada por ley de 31 d e octubre d e 1884 la provincia de Tarapacá, e incorporada en el régimen político d e la República, f u é su primer senador d o n Luis Aldunate, y después d e la revolución d e 1891, el eminente hombre público d o n M a n u e l A n t o n i o Matta, q u e murió poco más tarde en el ejercicio d e ese cargo. E n las elecciones d e 1894 f u é elegido d o n Ramón Barros Luco, y tres años más tarde, d o n Elias Balmaceda, h e r m a n o del Presidente d o n José Manuel, q u e la desempeñó hasta el a ñ o 1909, época en la que el caciquismo político empezó a echar en la provincia fuertes raíces. E n las elecciones generales d e ese año f u é elegido senador d o n A r t u r o del Río, quien hizo de ella u n feudo, a cuya sombra prosperó la corrupción política y administrativa q u e h a q u e d a d o puntualizada en el capítulo precedente. En marzo d e 1915 debían realizarse elecciones generales, para la renovación del Senado, y elección d e la C á m a r a d e Diputados. La combinación gubernativa que las presidiría estaba integrada por u n Gabinete d e Coalición, compuesto de liberales democráticos, conservadores y nacionales. Este Ministerio contaba con mayoría en ambas ramas del Congreso. La oposición, constituida por liberales doctrinarios y radicales, formaba la combinación partidista denominada comúnmente desde antiguos tiempos Alianza Liberal. La jornada electoral se presentaba m u y reñida, por cuanto las pretensiones de la oposición amenazaban con quebrantar la mayoría coalicionista del Congreso. Alessandri, hasta entonces diputado por Curicó, vió la posibilidad d e postular su candidatura senatorial por Tarapacá, que pretendían radicales y balmacedistas, entre los primeros d o n Juan Castellón, presidente del partido, y entre los últimos Oscar Viel Cavero, El poeta Víctor Domingo Silva, m a n t e n i e n d o fresco el recuerdo de su campaña regeneradora, y convencido d e la necesidad de levantar u n nombre q u e estuviera' resuelto a dar u n a batalla, contribuyó con su entusiasmo de escritor y de patriota ardoroso a lanzarlo en esa empresa, q u e n o carecía de peligros.
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LAS ELECCIONES DE TARAPACÁ

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Reunida en Iquique la Convención Provincial proclamó el 9 de enero lás candidaturas a senador d e Alessandri y a diputado de Ramón Briones Luco. El primero aceptó de inmediato y poeos días más tarde arribaba a Iquique el valiente escritor, a asumir su puesto d e combate al frente del periódico La Provincia: acogido clamorosamente, manifestó q u e la batalla se libraría entre u n régimen d e regeneración y prosperidad y el reinado del f r a u d e y la explotación comunal en beneficio d e unos cuantos. Desde ese m o m e n t o el periódico mencionado se convirtió en el motor de la ardorosa campaña, que desde la primera hora tomó caracteres de enconado apasionamiento: por u n a parte, el balmacedismo, fuerte en sus posiciones, amparado por las autoridades comunales y policiales, se consideraba poco menos que en una situación inexpugnable, mientras q u e del otro lado radicales y liberales estaban resueltos a reñir u n a jornada q u e liberara a la provincia de u n régimen explotador y corruptor. Comenzó entonces La Provincia> redactada por la vibrante pluma del poeta Silva, a encender el entusiasmo d e los partidarios del candidato liberal, a elogiar la personalidad d e éste y a destacar la oportunidad que se presentaba d e liberar a Tarapacá de la expoliación a que la tenía sometida el caciquismo político. La virulencia del lenguaje d e la prensa era clara expresión d e la contenida indignación que anidaba en todos los corazones.
Tarapacá, explotada por la pandilla del señor de Punta de Lobos, escribía La Provincia el 22 de enero, era u n a m a n c h a oscura, una m a n c h a sangrienta en el mapa administrativo de la República; era u n b a l d ó n siniestro para nuestro b u e n n o m b r e de país civilizado; refugio de aventureros; playa a d o n d e venían a guarecerse lo q u e bota la ola de los presidios y las cárceles del sur y que aquí, bajo la inescrupulosa protección de u n sátrapa, venía a convertirse en sanguijuela del pueblo, en verdugo de trabajadores, en insaciable parásito social.

A fines de enero, Alessandri se dirigió a Iquique a organizar sus trabajos electorales. Sus adversarios, contando con el decisivo amparo del Ministerio, n o se habían descuidado y esperaban triunfar en la jornada ejercitando la poderosa influencia q u e tenían en sus manos. Entre las medidas q u e se adoptaron merece citarse el nombramiento q u e se hizo, para el cargo de prefecto d e policía de Iquique, del sub-prefecto d e la policía de Antofagasta, Rogelio Delgado, hombre resuelto y sin escrúpulos, llamado a jugar u n dramático papel en la jornada. Desde su llegada a Iquique la campaña adquirió caracteres de inusitada violencia, que fueron desde los asaltos a las casas d e los adversarios políticos hasta el asesinato. Cuadrillas d e matones, asalariados con fondos comunales, amparados por la policía, cometían día a día agresiones y atentados que contribuían a mantener bajo u n a impresión d e terror al vecindario.

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D e regreso d e Iquique, Alessandri denunció la situación imperante en T a r a p a c á en sesión d e 12 de febrero d e la C á m a r a de Diputados, acusando al Ministerio de u n a abierta intervención electoral. Se refirió al nombramiento d e Delgado para prefecto d e la policía, al mantenimiento de u n a partida de matones subvencionada por la Municipalidad, expresando q u e el Gobierno era impotente para m a n t e n e r el orden público, con lo que se abría la bochornosa posibilidad de q u e los agentes consulares extranjeros pidieran a la autoridad garantías para los intereses de sus connacionales q u e se hallaban amenazados. Finalmente, sostuvo q u e el Ministro del Interior se resistía a enviar a u n jefe del Ejército para presidir el acto electoral. El Ministro del Interior, Montenegro, le contestó con viveza y se suscitó u n violento incidente d u r a n t e el cual se cambiaron las expresiones más insultantes. En opinión del Ministro del Interior, la libertad electoral no estaba amenazada y manifestó que no estaba dispuesto a remover a ningún funcionario de orden político sino por antecedentes m u y justificados. El incidente personal derivó en u n duelo, recurso harto frecuente en los días del régimen parlamentario para lavar las injurias personales sin mayores consecuencias.
En Santiago, a 12 de febrero de 1915, decía el acta q u e se levantó, reu n i d o s los señores Luis Devoto y H é c t o r Zañartu, en representación de d o n Pedro Montenegro, y los señores M a n u e l Rivas V i c u ñ a y Luis Izquierdo, en representación de d o n A r t u r o Alessandri, expusieron los primeros q u e t e n í a n encargo del señor Montenegro de exigir el retiro de las palabras ofensivas p r o n u n c i a d a s en la sesión de esta tarde de la C á m a r a de Diputados, por el señor Alessandri, o en subsidio u n a reparación por las armas; y los segundos, q u e las instrucciones de su representado n o les p e r m i t í a n retirar palabra alguna y q u e aceptaban, por lo tanto, q u e se verificara el duelo en las condiciones q u e fijaran los representantes del ofendido. Se acordaron las siguientes: el duelo se verificará a las 6 a. M. Se cambiará u n disparo a 25 pasos d e distancia. Se usará el revólver. Presidirá el duelo el padrino que sea designado por la suerte. Luis Devoto, Héctor Zañartu. Manuel Rivas V. Luis Izquierdo.

A la hora indicada en el acta preinserta, se efectuó el duelo en la forma convenida, decía El Mercurio, en la propiedad Villa Tranquila, q u e posee en lá A v e n i d a Pedro d e Valdivia el señor Luis Barceló Lira, y bajo la dirección del señor Izquierdo, design a d o por la suerte. Asistió a él, además de los padrinos, el doctor d o n Paulino Díaz. Los disparos n o dieron en el blanco ni h u b o reconciliación. A la renuncia de su cargo q u e había presentado Montenegro en vísperas del duelo, adhirieron los demás miembros del Gabinete, pero en la tarde del 13 d e febrero el Presidente acordó rechazarlas todas. U n o d e los puntos q u e se consideró en las negociaciones conciliadoras q u e se iniciaron decía relación con el cambio de autoridades d e Tarapacá, v e h e m e n t e m e n t e acusadas

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de intervención ante la próxima jornada electoral. Como resultado de esas gestiones se acordó q u e u n general del Ejército, que lo f u é don Sofanor Parra, asumiera el m a n d o de las fuerzas militares d e la Provincia, y cambiar al Intendente por otro funcionario que lo reemplazara con el carácter de interino. Fué designado para ese cargo u n funcionario de Hacienda, el señor Ricardo Vélez, cuyo nombramiento se extendió el 17 de febrero. Desde antes del regreso de Alessandri a Iquique se renovaron en esta ciudad las escenas de violencia. En la noche del 26 d e febrero fué asesinado, a la salida del Hotel Génova, el oficial de policía Manuel Jesús Maira, sospechoso de no ser dócil instrumento del Prefecto, por una partida de maleantes encabezada por un matón d e profesión, Juan Pavelich. Esa misma noche entraron ladrones al domicilio d e Máira y se apoderaron d e unos papeles, q u e parece eran comprometedores para el Prefecto Delgado. 1 O c h o días antes de la elección arribaron a Iquique el Intendente suplente, Vélez, el general Parra, acompañado de su ayudante, Bernardo Gómez Solar, y Alessandri. Éste llegó acompañado de Víctor Domingo Silva, y d e u n guarda espaldas, Manuel LemuSj ex oficial del Ejército, del que había' sido separado, que desde ese momento no lo abandonó ni un instante, ni d e día ni de noche. 2 D e una y otra parte se reclutaron matones, la hez d e la plebe, carne d e presidio, decididos á cometer toda suerte de atentados. Mientras la policía, convertida en instrumento del senador Del Río, contaba con los forajidos que pagaba la Municipalidad, la Alianza Liberal n o se q u e d ó atrás y movilizó u n a bien remunerada pandilla' de salteadores: u n tal Chacón, alias "El quince cobres"; "El Repollo Chico"; "El Rubio Cordero"; "El helado en paquete"; "El busca la vida"; Eliodoro Varas, "El Repollo Grande"; reclutada especialmente entre los fleteros d e la bahía. Los preparativos que se hacían d e ambas partes, más que para u n a campaña d e opinión, parecían los de una contienda de fuerza amparada por lá audacia. Desde su llegada a Iquique, el Intendente se resistió a poner la policía bajo la dependencia de la autoridad militar, entregándole el mantenimiento del orden en las calles, hecho que constituyó uno d e los factores determinantes d e la tragedia. Por esos días había llegado a Iquique el Ministro de la Corte de Tacna, Gustavo Sepúlveda, en visita extraordinaria, para instruir el sumario por la muerte del oficial Máira, y otro contra el Prefecto Delgado por prisión arbitraria. El 5 de marzo, en mérito del sumario y a petición del Ministerio Público, encargó reo al Prefecto, quedando, en consecuencia, suspendido en el ejercicio de sus funciones. 'Comunicada esta resolución al Intendente, la acató al princi-

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pió y nombró Prefecto suplente al Comisario Francisco Silva Feliú, pero horas más tarde le mandó al juez u n oficio manifestándole que con motivo de una contienda de competencia, que había sido desestimada por la Corte en el mes d e febrero, no cumplía la resolución judicial.
Y asi f u é como, decía el magistrado Sepúlveda, mediante este atropello a las leyes, consumado por el señor Intendente Vélez, y que el Código Penal castiga como u n delito, p u d o el prefecto Delgado continuar en su puesto, no obstante hallarse en todo su vigor una resolución judicial que lo encargaba Teo y lo suspendía en sus funciones.

Esa misma noche el Prefecto f u é invitado a comer a casa de Enrique González, a la que llegó más o menos a las ocho y me* dia, y de ella mandó a su asistente a buscar sus pantalones d e montar y sus botas. ¡Apenas llegó el asistente, se puso el uniforme y mandó por el Comisario Silva Feliú y su caballo. C o m o a las diez llegó el Comisario, acompañado del sub-inspector Osses y unos diez guardianes, todos montados. D e la casa de González se dirigió al Telégrafo, se desmontó y entró al interior, quedando en la puerta, paseándose, el Comisario Silva Feliú. Instantes después salió a la puerta y con u n guardián mandó llamar al candidato á diputado señor Barbosa, y mientras éste llegaba, se instaló en la oficina del jefe, contigua a la que concurría el público. A la misma hora se celebraba una reunión en el Centro d e la Juventud Radical, en el local situado en la calle Luis Uribe, esquina de Esmeralda, que tenía por objeto entregar a Alessandri una tarjeta d e plata, con su nombre, que había elaborado u n obrero. Hasta el seno de la reunión llegó la noticia d e la sospechosa conducta de la policía, con lo que los ánimos se exaltaron hasta el extremo. Efectivamente, en el curso de ella Alessandri recibió un aviso, de su amigo Carlos Villarroel, concebido en estos términos:
Don A r t u r o : En la esquina de la casa de H u r t a d o hay dos matones arturistas, que están en continuas conferencias con otros de la misma especie y con guardianes de la policía, y aun con el mismo Silva Feliú. El Prefecto está en casa de Enrique González, al frente de la mía, a donde ha venido a verlo Silva Feliú. N o m e cabe duda que se trama algún plan. Se lo aviso para que se cuiden de este sitio y para que Lemus tome sus medidas, si lo estima oportuno. Suyo aftmo., C. Villarroel.

A l término de la reunión, Alessandri recomendó a la concurrencia la mayor moderación y que se disolviera inmediatamente, pero ésta, bajo la influencia del caldeado ambiente encendido por los oradores, salió en busca d e lá policía que esperaba junto al Telégrafo, a los acordes de la Marsellesa, que entonaba una

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charanga improvisada, en medio d e vivas al partido radical y a la Alianza Liberal, y de mueras a la policía y al Prefecto asesino del pueblo. ¡Abajo la policía! ¡Muera el Prefecto asesino del pueblo! ¡Retírense los pacos! Alessandri, que f u é u n o de los últimos en salir, tomó u n a dirección opuesta a los asambleístas, pero en el camino cambió de propósito y. se dirigió al Telégrafo, al q u e entró acompañado de Isidoro Huneeus, Eduardo Pagueguy, E d u a r d o Holley, Manuel Lemus y su secretario Carlos Becerra. Sólo u n a hoja d e la puerta de la casa estaba abierta, y al frente de ella el Comisario Silva Feliú con los guardianes. Alessandri pidió a éste q u e le guardara las espaldas y se acercó a u n a d e las ventanillas a poner un telegrama. Apenas había escrito el nombre del destinatario, sonó un disparo en la calle, al ruido del cual Lemus corrió a cerrar la puerta de calle del Telégrafo, m o m e n t o en el cual se sintió u n a descarga, de carabinas y revólveres, a consecuencia de la cual Lemus resultó herido en u n a pierna. Alessandri y acompañantes, revólver en mano, derribaron u n a mampara que separaba la oficina del público de la pieza del jefe del Telégrafo, en la que hallaron al Prefecto detrás d e u n escritorio, armado d e revólver.
Entré a la oficina y conmigo entraron d o n Isidoro Huneeus, d o n Carlos Becerra, d o n Eduardo Pagueguy, don Eduardo Holley y d o n M a n u e l Lemus, y nadie más; toda la demás gente q u e d ó afuera", declaró Alessandri en el sumario. El señor Prefecto, agrega, cuando entré a la Oficina, estaba m e d i o inclinado detrás de u n escritorio en actitud d e u n h o m b r e que observa, y t a n pronto c o m o m e vió, con su revólver en la m a n o , corrió hacia la puerta por d o n d e yo había entrado y afirmó la espalda contra el tabique que daba a la calle y d o n d e seguía nutrido el tiroteo.

En ese momento f u é muerto Delgado, de u n golpe q u e le produjo una enorme herida en la cabeza y de u n tiro q u e le comprometió los pulmones. Murió en la misma oficina del jefe del Telégrafo. 3 N o se necesita de m u c h a perspicacia para determinar quién ultimó al Prefecto Delgado: d e las declaraciones del sumario y de los testigos fluye con meridiana claridad la responsabilidad del matón Lemus. " Q u e Lemus tome sus medidas, si lo estima oportuno", había dicho Villarroel a Alessandri momentos antes, y q u e no anduvo lerdo en tomarlas lo reveló claramente el desenlace del drama. Los empleados del Telégrafo q u e se hallaban en el interior del edificio huyeron en distintas direcciones, subiendo la mayor parte de ellos a los altos. El mismo camino siguieron Alessandri y sus acompañantes y numerosos manifestantes q u e penetraron de la calle. Desde el segundo piso subieron al tejado y se dispersaron por las casas vecinas.

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Después que el señor Alessandri penetró al interior, dice A r t u r o Prat Carvajal en su informe, y a los altos del edificio, deben haber entrado muchas otras personas, no sólo de los que habían llegado con él, sino de los que en poblada se h a b í a n dirigido desde la asamblea aliancista hacia el telégrafo. Entre éstos ha estado quien o quienes asesinaron al Prefecto.

En opinión del mismo Prat, la versión de que la policía atacara sin motivo o hubiera 1 disparado contra Alessandri, n o resistía el menor examen. "Y esto se confirma, agregaba, si se piensa que penetró después al Telégrafo, hizo bajar a todos los refugiados en los altos, entre los cuales ha debido encontrarse quién o quiénes asesinaron al Prefecto, sin que fueran víctimas de ningún atropello. Hizo salir al señor Alessandri y muchos otros, acompañándolos hasta el Hotel Fénix, y a los que supuso implicados los detuvo incomunicados hasta la llegada del señor Juez d e T u r n o . " La policía quedó dueña del edificio del Telégrafo, y comprendiendo Alessandri el peligro que se cernía sobre sus partidarios, resolvió ir a pedir la ayuda de la fuerza del Ejército, habland o con el general Parra. Al descender por la escalera vió que u n o de los guardianes le apuntaba con su carabina, ante lo cual exclamó: —i N o me asesinen! —¡Nosotros no asesinamos a nadie!, le respondió el oficial Madariaga. Antes de bajar del segundo piso, Alessandri insistió en que estaba desarmado. Es evidente que, comprendiendo la situación comprometedora que se le presentaba, hizo entrega d e su arma a alguno de sus acompañantes. A los altos llegó también Lemus, Se sentó en u n a cama y allí mismo se le prestaron los primeros auxilios. Ya en la calle, pidió al Sub-Comisario Silva Feliú que lo acompañara al Hotel Fénix, residencia del general Parra. Momentos después concurrió al sitio de la tragedia tropa del Ejército y se restableció la calma. En la calle encontraron la muerte Carlos González, Fernando López Díaz y Julio Ramírez, y quedaron heridos Manuel Lemus, Francisco Díaz, E d m u n d o Farney, Luis Riobó, Moisés Savidich, José Segundo Chacón y el guardián Juan José Vargas. Poco después de las once se constituyó en el Telégrafo para iniciar el sumario el juez Ismael Poblete, pero desde el día siguiente lo prosiguió el Ministro de la Corte de Apelaciones de Tacna, en visita extraordinaria, Gustavo Sepúlveda. 4 Sólo después de la muerte de Delgado tropa del Ejército realizó el patrullaje de las calles y sitios públicos, lo que se había resistido decididamente a disponer el Intendente Vélez. ' El acto electoral se realizó el domingo 7 de marzo, y en él obtuvo un triunfo abrumador la Alianza Liberal, Alessandri como senador, y como diputados Ramón Briones Luco, radical, y Luis

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M. Concha, demócrata. La coalición gubernativa no logró hacer triunfar más que a sus candidatos a diputados Arturo Prat Carvajal y Enrique Barbosa. El éxito d e la Alianza Liberal f u é igualmente claro en otras provincias. "Lo más claro en la elección que acaba de pasar, comentaba El Mercurio del 9 de marzo, y lo que más interesa, es el aplastador triunfo de la opinión en casi todos los puntos." A l mes siguiente se realizaron 1 as elecciones municipales y la Alianza Liberal obtuvo el triunfo de su lista de candidatos, con lo que se logró desterrar de la administración comunal lá corrompida organización levantada a la sombra del caudillismo político. El hasta ayer poderoso senador Del Río desapareció del escenario político y se hundió en el anonimato de su residencia provinciana, donde murió quince años más tarde, en 1930. El poeta Víctor Domingo Silva, cuyo coraje cívico tuvo decisiva influencia en la contienda electoral, pulsó su lira y cantó al vencedor en este soneto:
I Salud ha puesto y e n que de u n sol al triunfador en cuyas manos el pueblo el porvenir que sueña, serán, bajo la luz risueña de libertad, todos hermanos!

Hoy, que a vuestros esfuerzos sobrehumanos u n régimen n e f a n d o se despeña, sea, por voz alzada, nuestra enseña terror de sicofantes y tiranos. Lejos de donde os ríe la victoria, estoy con vos, mas perdonad que os diga, yo que jamás a la verdad rehuyo: Ya que es al pueblo a quien debéis la gloria, responded a la fe que en vos abriga; no matéis su ilusión: ISed siempre suyot

Todos los que estaban en el secreto de la muerte de Delgado se juramentaron pará guardar sobre él el mayor sigilo. A su regreso a Santiago, Alessandri fué calurosamente acogido por sus partidarios, pero desde entonces la sangrienta sombra del Prefecto Delgado lo perseguiría tenazmente a través de su borrascosa carrera política. 5 II U n vistazo al Senado, al incorporarse Alessandri a ese vener a b l e cuerpo político y legislativo, es altamente ilustrativo del ambiente predominante, fiel expresión de lá estructura social que . por entonces ofrecía la sociedad chilena. Lo presidían con su alta autoridad moral, y sus largos años de servicios públicos, don Enrique Mac-Iver, radical, senador por la

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provincia d e Atacama, y don Vicente Reyes, senador por Santiago, que si no se había señalado por su espíritu combativo, había mantenido u n a inquebrantable adhesión a las ideas liberales. Por su edad, por su fortuna y por su figuración política, ya que n o por el intelecto ni por la elocuencia, les seguía d o n Fernando Lazcano, liberal desteñido, adversario de don Pedro Montt en las elecciones d e 1906, y padrino político del flamante senador por Tarapacá. ,Dos eminentes servidores públicos, d e acusada personalidad intelectual y política, tuvieron bancas en ese Senado, al que llegaron en brazos de elementos independientes, don Francisco Valdés Vergara y d o n Joaquín W a l k e r Martínez, ambos con honrosa figuración en la revolución del 91, q u e derribó lá dictadura d e Balmaceda. La representación conservadora estaba integrada por personeros del viejo patriciado, de la oligarquía terrateniente, o abogados en ejercicio, entre los que figuraban los señores Pedro Correa Ovalle, Joaquín Echenique, Gonzalo Urrejola, Silvestre Ochagavía, A b r a h a m Ovalle, Carlos A l d u n a t e Solar y A l f r e d o Barros Errázuriz, q u e era el benjamín del Cuerpo, pues había nacido en 1875. Entre los senadores liberales figuraban algunos, fuera de los nombrados, procedentes del viejo patriciado, como los señores Ismael Tocornal, Ismael Valdés Valdés, Luis Claro Solar, Joaquín Figueroa Larrain, Pedro .García d e la H u e r t a y el ilustre historiador don Gonzalo Bulnes, y los que, sin ostentar pergaminos, habían formado su personalidad tras largo esfuerzo y luchand o bravamente con la adversidad y la pobreza, y q u e socialmente procedían d e la clase media: los señores José María Valderrama, de rancia cepa colchagüina; E d u a r d o C h a r m e , hijo de u n ingeniero francés; Eliodoro Yáñez, abogado d e claro talento, hijo de sus obras; Augusto Bruna, A b r a h a m Gática, A l f r e d o Escobar y los dos Alessandri, A r t u r o y José Pedro. La representación balmacedista estaba integrada por Pedro Letelier Silva, senador por Talca, agricultor y abogado; Pedro N . Montenegro, senador por Bío-Bío, y Manuel Salinas, que lo era por la provincia d e Cautín, abogados y políticos d e larga figuración en la vida pública, y Daniel Oliva, industrial del salitre, quien después de hacer fortuna en la pampa se consagró a la actividad agrícola en la provincia d e Aconcagua. El partido radical no tenía u n a representación numerosa, pero en ella figuraban dos hombres d e personalidad vigorosa y alta probidad moral: los señores Daniel Feliú y Ascanio Bascuñán Santa María, abogado el primero, nacido en Valparaíso en 1844, e ingeniero el último. El otro senador radical lo era Gregorio Burgos, por Concepción, natural d e Rere y antiguo intendente d e esa provincia en tiempo d e d o n Pedro Montt.

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Lá representación del partido nacional la tenían A r t u r o Besa Navarro, ingeniero y hombre d e empresa, jefe del partido desde la m u e r t e del recordado Presidente Montt; d o n A n t o n i o V a r a s Herrera, abogado, patriota exaltado, q u e había heredado d e su ilustre padre como rasgo característico la severidad catoniana, y Miguel Urrutia, abogado d e rancia estirpe d e militares y servidores públicos, hombre de temperamento conciliador y bondadoso. El único senador demócrata lo era Ángel Guarello, nacido en Valparaíso en 1866, el primer díputa'do, senador y ministro de ese partido, abogado d e vasta clientela, en cuya personalidad moral y psicológica prevalecían rasgos acentuadamente porteños: el espíritu de iniciativa, las tendencias democráticas y la probidad más acrisolada. N O T A S
1 D i c t a m e n fiscal en el proceso sobre el asesinato del inspector de policía M a n u e l Jesús Maira, suscrito por d o n Marco A. Vallejo Garcés, El Mercurio, 1® de mayo de 1915. El Fiscal p e d í a quince años de presidio para Juan Pavelich Cabezas y Jesús Cortés López, como autores del homicidio. 2 Declaración de L e m u s en el s u m a r i o : Yo llegué a ésta con don A r t u r o Alessandri a trabajar por su candidatura a senador y mi concurso iba a prestarlo p r i n c i p a l m e n t e en el partido d e m ó crata y socialista, pues yo tengo m u c h a s relaciones entre los obreros y mi candidatura a d i p u t a d o h a sido proclamada por los demócratas de la provincia de Arauco. C o m o se h a n tenido m u c h o s denuncios de intento de asesinato al señor Alessandri, yo h e a n d a d o c o n s t a n t e m e n t e con él en todas partes, de día y de noche, guardándole las espaldas. Alessandri calificó a L e m u s de persona honorabilísima. " U n o de mis acompañantes, dijo en el Senado el 9 de julio, d o n M a n u e l Lemus, ex teniente del Ejército, persona honorabilísima, digna d e todo respeto y consideración, y q u e andaba sin otro propósito q u e d e f e n d e r los nobles ideales políticos que a c a r i c i a b a . . . " 3 I n f o r m e médico legal q u e examinó el cadáver de Delgado, suscrito p o r los doctores G e r m á n Aliaga, Alvarellos y A r o s : El cadáver del señor Rogelio Delgado presenta las siguientes lesiones: a. En la parte superior de la cabeza se e n c u e n t r a u n a h e r i d a d e ocho centímetros de extensión, en dirección oblicua d e atrás a adelante y d e izquierda a derecha, que c o m p r e n d e todo el espesor de las partes blandas hasta el hueso; sus bordes son irregulares, y h a sido producida, al parecer, por u n cuerpo c o n t u n d e n t e . b. E n la parte externa del reborde orbitario superior del lado izquierdo se e n c u e n t r a una herida d e cuatro centímetros d e extensión, d e dirección oblicua, q u e c o m p r o m e t e el espesor d e la piel y panículo adiposo, esta herida es también contusa, c. En la parte anterior y d e r e c h a d e l tórax, a dos traveses de d e d o por encima del m a m e l ó n , se e n c u e n t r a u n solevantamiento de la piel, d e l t a m a ñ o de u n a m o n e d a d e u n peso, de coloración azulada, q u e presenta e n su centro una m a n c h a circular m á s oscura d e cinco milímetros d e diámetro; e n esta zona se nota crepitación al tacto. d. E n la parte posterior derecha del tórax, al nivel del noveno espacio intercostal y a cuatro traveses d e d e d o d e la línea m e d i a , se e n c u e n t r a u n a perforación, producida, al parecer, por u n proyectil de a r m a d e f u e g o de p e q u e ñ o calibre. Conclusiones. El cadáver del señor Delgado presenta dos heridas con-

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tusas en la cabeza y una herida penetrante del tórax, producida por u n proyectil de revólver del calibre de cinco milímetros, que habiendo penetrado por la parte posterior, al nivel del noveno espacio intercostal, ha seguido una dirección oblicua hacia adelante y arriba produciendo una perforación del p u l m ó n con abundante hemorragia, y yendo a alojarse en la parte anterior por fuera del tórax, a dos centímetros por encima del m a m e l ó n : la causa precisa y necesaria de la muerte es la herida del pulmón, que ha determinado una hemorragia copiosa. 4 El "Sumario sobre la muerte del Prefecto de Policía don Rogelio Delgado y otros delitos", parece confeccionado con el deliberado propósito de embrollar el asunto y ocultar la verdad. El diputado A r t u r o Prat Carvajal, en el informe que rola en el expediente, dejó constancia, con valentía moral que le honra, de la lenidad con q u e procedió el juez Poblete. "Más al interior, decía en él, pasando por una puerta que comunica a la oficina del Director con el local destinado a los empleados, y donde funcionan también los aparatos telegráficos, encontramos al señor juez don Ismael Poblete. Los individuos detenidos por la policía, de que nos había hablado el señor Alessandri, ya no lo estaban, pues, según nos informó el mismo señor juez, los había hecho salir y n o . s e había tomado aún ninguna declaración. El diputado señor Barbosa y el señor Barahona reclamaron del señor juez por la lentitud con que se iniciaba la investigación, y por haber dejado salir sin que se les hiciera previamente declarar a los individuos que la policía tenía allí detenidos. El señor juez ordenó entonces que se nos hiciera salir, primero de ese local de los empleados, y después de la oficina del Director, en la cual se constituyó en seguida para hacer las primeras diligencias del sumario." "Después que el señor Alessandri penetró al interior y a los altos del edificio, agrega, deben haber entrado muchas otras personas, no sólo de los que habían llegado con él, sino de los que en poblada se habían dirigido desde la asamblea aliancista hacia el telégrafo, Entre esos ha estado quien o quienes asesinaron al Prefecto. La policía que penetró en seguida al edificio, dejó salir a un grupo numeroso con el señor Alessandri, tal vez sin tomar los nombres, y dejó detenidos e incomunicados sólo a siete, a los cuales püso a su vez en libertad el señor juez Poblete, sin hacerlos declarar previamente. D e ésa manera se perdió el momento más interesante para hacer una investigación que diera resultados positivos." El fiscal se lamentaba en su dictamen del deliberado propósito de ocultar la verdad, que se desprendía de las declaraciones del personal de Ja policía. "Esta falta de sinceridad en las declaraciones de la policía, decía, en cuanto se refiere a lo ocurrido en l a ' n o c h e del 5, és u n hecho que resalta notoriam e n t e en el proceso." "Esta falta grave de veracidad, agregaba más adelante, y la más grave de la colusión manifiesta dé los oficiales con su tropa para engañar la investigación, en hecho de tal m a g n i t u d - y publicidad, revejan una absoluta falta de moralidad en él personal de la policía que actuó en los sucesos del 5, y quitan a las declaraciones policiales todo sello de sinceridad y de valor como testimonios jurídicos." Agotada la investigación, y ya electo Alessandri senador, el magistrado Sepúlveda, por sentencia expedida en Iquique el 30 de abril d e 1915, m a n d ó sobreseer hasta que' se presentaran mayores datos. A título de curiosidad merece recordarse que el diario La Provincia, sostenedor de la candidatura de Alessandri, encabezaba la información del sábado 6 de marzo con el siguiente título a tres columnas: "El Pueblo asesinado por el Prefecto Delgado." A n t e las observaciones formuladas por la lenidad de la justicia, y a requerimiento del Ministerio, la Corte Suprema dispuso una visita extraordinaria a los juzgados de letras de la provincia de Tarapacá, que fué confiada

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al Ministro don Julio Zenteno Barros. E n el i n f o r m e q u e expidió este m a gistrado con fecha 23 de abril, dió u n voto de i n d e m n i d a d al juez Poblete; cuya actuación consideró ajustada a derecho, y m a n i f e s t ó q u e la labor del Ministro Sepúlveda no se prestaba a observación. El i n f o r m e del Ministro Sepúlveda al Ministro de la C o r t e S u p r e m a d o n Julio Zenteno, se e n c u e n t r a publicado en La Provincia de 5 d e mayo de 1915. El i n f o r m e del fiscal Marco A . Vallejo Garcés, en el proceso por la m u e r t e de Delgado, también se publicó en el m i s m o diario, en los n ú m e r o s del 27 de abril a 7 de mayo. 5 Entre las n u m e r o s a s publicaciones q u e se hicieron con ocasión de las elecciones d e Tarapacá, vieron la luz algunas cartas a través de las cuales aparecen detalles reveladores de las costumbres electorales de la época y de los factores q u e contribuyeron al t r i u n f o electoral de Alessandri. Entre esos d o c u m e n t o s merece reproducirse la carta q u e el I n t e n d e n t e Vélez dirigió al Ministro Montenegro, que publicó Alessandri en la prensa y que, i n d u d a b l e m e n t e , el primero hizo llegar a sus m a n o s "para h a c e r m e ver q u e n o había en ella n i n g ú n concepto hiriente en mi contra". Decía así: Iquique, marzo 12 d e 1915. Señor d o n Pedro N . M o n t e n e g r o Santiago. Mi distinguido Ministro y amigo: A usted le habrá s o r p r e n d i d o el triunfo de Alessandri, después de las seguridades de éxito q u e p r o b a b l e m e n t e h a bría recibido en ésa. Yo llegué a ésta el 27 del próximo pasado y dos o tres días después p u d e apreciar la verdadera situación política de la provincia. Siento decirle, p u e s es la verdad, q u e nuestro amigo Del Río estaba p r o f u n d a m e n t e equivocado al apreciar de u n m o d o optimista los intereses del partido y, en consecuencia, su propia situación. Por desgracia, el liberalismo democrático estaba desquiciado; n o eran tan pocos los disidentes, reinaba el más p r o f u n d o desorden, n o había n i n g u n a dirección (esto es exacto), y lo que es peor, estaba pobre y corrompido. Esto se vió claro el día de la elección, en q u e una b u e n a parte de los liberales democráticos, y entre ellos u n director del partido, v e n d i ó su voto, y los comisionados vendían a los radicales a los propios nuestros después d e robarle el dinero a Del Río. N o h u b o ni b u e n o s apoderados, ni escogidos vocales a d j u n t o s y los cor misionados eran casi todos simples rateros. Agréguese a esto, y le hablo con la m á s estricta verdad, que la opinión pública estaba con Alessandri, lo m i s m o el elemento extranjero y todavía la justicia se inclinaba a su causa. Este m i s m o candidato disponía de una s u m a fabulosa de dinero, cerca de $ 300,000, y con todos estos factores, y c o n t a n d o a d e m á s con la parcialidad de los oficiales del Ejército, el éxito n o era dudoso. Yo hice c u a n t o m e f u é posible por la causa, pero nuestro c a m p o estaba carcomido y f u e r o n inútiles los esfuerzos gastados para evitar la catástrofe. Del Río m e ha explicado todo, diciéndome lo e n g a ñ a b a n estando él en Santiago, y que llegó el día c u a n d o recién organizaban los trabajos. C u a n d o tenga el gusto de verlo le explicaré c o n más detalles lo expresado anteriormente. Era tanta la exaltación política, antes y después del asesinato del Prefecto señor Delgado, q u e si no tomo las medidas de orden q u e adopté, tales como la designación d e u n Jefe del Ejército para Prefecto, que es liberal democrático, el acuartelamiento de la Policía y el l l a m a d o al Ejército por dos días para que se encargara del orden público, la situación habría llegado a extremos q u e más vale n o pensar en ellos. Y el señor general Parra brillaba por su ausencia, ni u n a palabra verbal con él, n a d a de acuerdos, sino todo por notas.

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Yo siempre tuve presente, en todo y por todo, la situación del Ministro del Interior y creo haber obrado bien. Me ha extrañado saber que todas las comunicaciones telegráficas del señor Ministro de la Guerra al general Parra llegaban a conocimiento d e la Alianza casi al mismo tiempo que al destinatario. C o m o ya está todo tranquilo, creo q u e las elecciones municipales no alterarán la situación. C o m o Eugenio Sánchez c u m p l e su licencia antes de las elecciones, él las presidirá. En consecuencia, yo pienso regresar a ésa el 22, previa consulta y autorización que pediré a usted. C o n mis respetos para la señora Anita, reciba usted el aprecio y la m u c h a deferencia que le guarda su amigo y s. s., Ricardo Vélez R. P. D . Alessandri m e ha m a n d a d o decir q u e m e acuerde quién es él, y q u e lo cuente como enemigo, que m e perseguirá siempre. Esto es baladí. R. V. R. Después de escrita y cerrada esta carta, la he abierto para decirle que h e conversado con el sub-inspector del Telégrafo, persona muy seria, y m e h a significado que el parte que él dió al Inspector del Telégrafo en ésa, sobre los sucesos del 5, es casi igual al parte que yo di al Gobierno, y m e agregó q u e el que dió el general Parra al Ministro de la G u e r r a se apartaba m u c h o de lo que sucedió en realidad. M e dijo, además, que le había m a n d a d o recado al mismo general sobre el sigilo de los telegramas q u e le había dirigido al Ministro de la G u e r r a y q u e había contestado, haciendo una mueca de desprecio, que él n o tenía por q u é reservarlos. Yo estimo que el general está muy infatuado y que n o conviene por n i n g ú n motivo repita su visita a ésta. Sería de desear que el coronel Chaparro a s u m a la C o m a n d a n c i a General de Armas. Sería la única m a n e r a d e q u e el orden aquí se respetase por todos. Yo creo que Parra tenía simpatías visibles por Alessandri, y respecto de sus oficiales h u b o parcialidad l a m e n table. El juez Poblete y el Ministro Sepúlveda son indignos, a m i juicio, de figurar en la magistratura. Ojalá pidiera usted al Director de Telégrafos, señor Cifuentes, u n a copia del parte del sub-inspector. Esto sería muy importante, yo n o m e h e apart a d o de la verdad. R. V. Este d o c u m e n t o lo publicó Alessandri en La Mañana del 22 de marzo de 1915. La indignación de los partidarios del candidato vencido, por el asesinato de Delgado y la lenidad de la justicia, está claramente expresada en una carta d e Francisco J. H u r t a d o a d o n Juan Luis Sanfuentes, de 14 de marzo, y que se publicó en La Provincia de 25 del mismo mes, y q u e revela q u e el sigilo de la correspondencia n o se conocía en Tarapacá. Decía en u n o de sus fragmentos: "Los señores Prat y Barbosa le relatarán ese crimen sin nombre, del cual, para mayor pena todavía, quieren e m p a ñ a r su memoria, pretendiéndola hacer aparecer como que quería matar a Alessandri. D e mi casa, señor, salió en presencia del señor Vélez, Barbosa y Quintana, para firmar en el Telégrafo del Estado el recurso de queja ante la Corte S u p r e m a y de T a c n a por el auto incalificable del Ministro Sepúlveda que lo encargaba reo. La turba radical lo vió entrar a la oficina del Telégrafo y se le f u é en masa encima, a la cabeza de Víctor D. Silva, u n m a t ó n Lemus, traído por Alessandri, y otros. Lo encerraron y lo ultimaron en seguida, en la forma más cruel q u e pueda darse. Nada podemos esperar sobre el esclarecimiento de los hechos, p o r q u e tanto el juez Poblete, a quien increpó d u r a m e n t e Barbosa por dejar escapar Con toda maldad en el primer m o m e n t o a los delincuentes, c o m o el Ministro Sepúlveda, que se avocó después al conocimiento del asunto, no h a r á n sino embrollarlo aún más con fines políticos determinados." Alessandri hizo u n a larga exposición sobre las elecciones en Tarapacá

LAS ELECCIONES DE TARAPACÁ

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en La Mañana de 31 de marzo d e 1915, q u e reprodujo La Provincia en sus números de abril siguiente. Pero f u é en el debate que se inició en el Senado el 30 de junio de 1915, en el q u e se habló más extensamente del asunto. En sesión de ese día comenzó por protestar Alessandri de los ataques de q u e lo hacía objeto el diario del Arzobispado, La Unión. " A l senador de T a r a p a c á n o le corresponde responsabilidad alguna por aquellos sucesos desgraciados, dijo, y que, en consecuencia, n o h a m a n c h a d o sus m a n o s ni su asiento con sangre." A lo que el senador conservador Barros Errázuriz respondió dándole u n consejo. "Pero así como su señoría nos hacía u n a invitación, decía, yo a mi vez m e atrevo a dar u n consejo a su señoría, y es el de q u e nadie tiene mayor obligación que su señoría en aclarar lo ocurrido en Iquique, en descubrir al autor de ese crimen y en entregarlo a la justicia. Ese consejo da a su señoría, u n amigo y u n h o m b r e honrado, y tenga su señoría la seguridad de que, reabierto el proceso y descubierto el autor del crimen, nadie volvería a hablar del asunto." E n sesión de 9 d e julio habló Alessandri d u r a n t e tres horas d e lo ocurrido en Iquique, atribuyendo toda la responsabilidad de ellos al estado de corrupción en q u e se hallaba la policía de esa ciudad. En sesión del 12 intervino n u e v a m e n t e el senador Barros Errázuriz, q u i e n expresó: "Lo q u e ha q u e d a d o en claro es q u e ha habido en Iquique u n prefecto de policía vilmente asesinado, y q u e los culpables d e la m u e r t e de ese funcionario están i m p u n e s hasta este m o m e n t o , y están i m p u n e s p o r q u e u n Ministro de la C o r t e de Tarapacá ha sobreseído en el proceso respectivo."

Capítulo

IX

LA CRITICA DEL RÉGIMEN P O L Í T I C O

I C o m o h a n a p u n t a d o los publicistas, el régimen parlamentario se estableció en Chile sin encarar u n a reforma d e la Constitución: lás disposiciones que ésta consignaba entregaba en manos del C o n greso las herramientas necesarias para asegurar su preeminencia. En su carta de aceptación de la candidatura a la Presidencia d e lá República, dirigida el 5 d e noviembre d e 1891 a d o n Eulogio Altamirano, decía d o n Jorge M o n t t : "El respeto p r o f u n d o e incondicional al régimen parlamentario que obligó al país a soportar resignado los dolores y peligros d e la última lucha, h a q u e d a d o consolidado de u n a m a n e r a inconmovible por el triunfo." El triunfo del Congreso dejó establecido claramente dos principios f u n d a m e n t a l e s : el Ejecutivo no intervendría en las elecciones populares, ni en la generación del poder legislativo ni en la designación del candidato a la Presidencia d e la República, y el Presidente no podría gobernar si no contaba con el concurso de la opinión pública representada en el Parlamento. La ley d e la comuna autónoma arrebató a su vez al Ejecutivo lá influencia q u e ejercía a través de los Municipios, y afianzó en ellos la de los grandes propietarios rurales. La intervención del Ejecutivo en la generación del Congreso f u é reemplazada por el cohecho y la falsificación de los escrutinios, lacras de las costumbres políticas, a la sombra de las cuales se acentuó la influencia de los intereses plutocráticos y decayó visiblemente la calidad d e sus miembros. Pero la libertad electoral quedó como u n saldo favorable, considerada como verdadera f u e n t e de la autoridad política, en m a n t e n e r la cual estuvieron interesados desde entonces todos los partidos. El nuevo régimen afianzaría el predominio de la aristocracia, q u e tenía en sus manos el control de las fuerzas económicas, sociales y políticas. El régimen se constituyó en verdaderamente oligárquico, en el cual los jefes d e los partidos políticos ejercieron u n predominio avasallador, iniciando u n juego d e combinaciones oportunistas q u e lo llevarían rápidamente a la impotencia y al desprestigio. Ese régimen era la expresión de la estructura social del país y sirvió los intereses de la casta predominante. La masa del pueblo no contaba para nada y la clase media gravitaba apenas, te178

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níendo en cuenta la poca densidad d e lá población y el precario desarrollo de la industria. La influencia del partido conservador, decidido partidario de la defensa de los intereses de la Iglesia, f u é factor decisivo en la subsistencia d e ese régimen; mientras que el partido liberal democrático o balmacedista, cayó en el caudillismo, primero d e Enrique Salvador Sanfuentes, y más tarde de su hermano Juan Luis, iniciando una política oportunista que lo desacreditaría del todo ante la opinión pública; pero que le crearía u n a clientela q u e afianzaría su influencia durante largos años. El partido nacional, al cual se esforzaron por darle u n contenido doctrinario y económico sus intelectuales más connotados, Alberto Edwards y Francisco Antonio Encina, ya herido d e muerte, osciló entre ambas combinaciones de Alianza Liberal o Coalición, según fuera de donde soplara el viento de la conveniencia. Su jefe, el senador A r t u r o Besa, comerciante e industrial, no tenía u n a personalidad vigorosa, como don Pedro Montt, capaz de imprimirle rumbos, y en sus manos marchó a la nulidad y el desastre. Los partidos liberal y radical sostuvieron, eso sí que con, algunos eclipses, sus tradicionales doctrinas: lucharon por el respeto, de las garantías individuales y d e la libertad de prensa, por el. desarrollo de la enseñanza pública y la libertad de la cátedra, al mismo tiempo que se enfrentaron al partido conservador, que cada día tomó u n tinte más clerical, amparador d e los intereses espirituales y financieros de la Iglesia. El partido demócrata, a través del cual se exteriorizaron los; anhelos populares, con u n a pobrísima representación parlamentaria', apenas si gravitó en las combinaciones d e los partidos. Comenzó a abrirse paso trabajosamente, y después d e años de luchas^ alcanzó numerosas bancas en el Congreso y llegó a compartir la responsabilidad ministerial. Dentro de ese cuadro en q u e se proyectaba el sentimiento público iba a desarrollarse la vida política en combinaciones cuyos nombres venían desde antiguo, especialmente el d e la Alianza Liberal, con que la bautizó d o n Manuel Antonio Matta, q u e entró á tener las responsabilidades del poder en las postrimerías del gobierno de don Federico Errázuriz, al ingresar por primera vez los radicales al Ministerio; y de Coalición, q u e f u é después de 1891, familiar para designar la participación del partido conservador en ellas. La primera escaramuza en q u e los partidos medían sus fuerzas era la elección de las mesas del Senado y de la C á m a r a de Diputados, pero en otras de menos significación, tales como la elección de consejeros de Estado o d e la C a j a Hipotecaria, d e valor decisivo en la generación del poder judicial y en el control del crédito agrícola, tenían también repercusiones ministeriales, de

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d o n d e provino la rotativa que, si n o dejaba d e tener positivas ventajas, evitando el personalismo absorbente, ofrecía inconvenientes de funesta trascendencia para el manejo de los intereses nacionales, especialmente en el campo de la hacienda pública y de las relaciones internacionales. La precaria vida d e los Gabinetes fué, así, u n o de los factores q u e reduciendo a la esterilidad y la impotencia la acción gubernativa, más contribuyó a desacreditar el régimen político. Los rasgos que caracterizan el funcionamiento del régimen parlamentario en Chile no se acentuaron desde el primer momento, sino que fueron definiéndose paralelamente con el desarrollo económico, y á medida que gravitaron más intensamente en la vida social y económica el enriquecimiento fiscal, á consecuencia de la conquista del monopolio d e la industria salitrera, el desenvolvimiento agrícola de la región austral del territorio y el incremento de la industria manufacturera. La influencia de esos intereses, y particularmente los d e la industria bancaria, fuertemente vinculada a la agricultura, iba a pesar cada día con mayor intensidad en la vida política de la nación. Pero pronto surgieron en el campo académico, en las asambleas políticas y en el seno mismo de la representación parlamentaria, voces llenas d e coraje cívico q u e analizaron con escalpelo estigmatizador los rasgos del régimen predominante, señalaron sus lacras, propusieron enmiendas y puntualizaron los motivos que aconsejaban su corrección y enmienda. Los medios utilizados para entorpecer la acción del Ejecutivo fueron bien conocidos y se hicieron harto frecuentes: la obstrucción d e los proyectos d e leyes formulados por el Ejecutivo, a la sombra d e los reglamentos de las Cámaras; la postergación del despacho d e las leyes constitucionales, la que autorizaba el cobro de las contribuciones cada dieciocho meses, la q u e sancionaba la permanencia d e las fuerzas armadas en las vecindades del f u n cionamiento del Congreso, y la que fijaba los gastos anuales de la nación; y la interpelación a los Ministros del despacho, q u e n o siempre era inspirada en propósitos d e bien público. La intervención d e los congresales en el nombramiento d e los empleados d e la administración pública f u é el precio para conquistar adhesiones y quebrantar resistencias, y la satisfacción d e necesidades del servicio público en las provincias pasó a ser herramienta d e apoyo político, d e d o n d e emanó el caciquismo d e congresales que mandaban en su jurisdicción como en verdaderas satrapías. El ejercicio del poder público en esas condiciones y el desarrollo de la actividad económica favoreció la improbidad d e los políticos, muchos d e los cuales se hicieron agentes de firmas extranjeras y nacionales: f u e r o n los gestores administrativos, cuya actividad iba a contribuir á cavar la fosa del desprestigio del régimen ante la opinión pública.

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Es altamente ilustrativo seguir . la huella de los episodios que llevaron finalmente a la desnaturalización del régimen político y de las reacciones que produjo en el seno mismo de la representación parlamentaría y del sentimiento público. En sesión de 11 de junio de 1898, el diputado Eufrosino Casal hizo suyo u n proyecto presentado por el diputado Gutiérrez en el año anterior, por el cual se establecía la incompatibilidad entre el cargo de diputado con el de abogado defensor en juicios contra el Fisco, que f u é rechazado por 32 votos contra 15, votación en la que el diputado Alessandri se abstuvo de pronunciarse. U n año más tarde se planteó u n interesante debate relacionado con la intervención d e la Cámara en las cuestiones judiciales. En sesión de 27 d e julio d e 1899 el diputado don Pedro Montt llamó la atención de la Cámara hacia la conveniencia que había en que ésta no continuará ocupándose en negocios de carácter estrictamente judicial.
Principió hoy la sesión pidiendo el honorable diputado por Vallenar, dijo, que se oficiara a la Corte de La Serena a fin de que ésta se dirigiese al juez de Copiapó, ordenándole que despachara, a la brevedad posible, u n proceso q u e p e n d e de su conocimiento. En seguida el honorable diputado por Santiago señor Gutiérrez ha denunciado como abusivas ciertas órdenes de prisión expedidas por el juez de Nueva Imperial, e inmediatamente ha pedido al señor Ministro de Justicia que reprima enérgicamente esos avances. En este terreno, señor, debemos ir despacio. N o deseo excusar n i disminuir en lo menor la responsabilidad proveniente de algún abuso, pero sí deseo, cuando se están condenando todos y cada u n o de los procedimientos de una autoridad que obra en conformidad a la ley, levantar mi voz para incitarla a que se 6iga adelante, a q u e n o se detenga en el camino q u e le señalan sus deberes de magistrado. Deseo que no se conculquen las libertades públicas, pero al mismo tiempo no quiero que se f o m e n t e n los abusos y las arbitrariedades, ni que se impida la correcta aplicación de las leyes.

N o compartió la opinión del diputado por Petorca el señor Toro Lorca, quien expresó en la misma oportunidad lo siguiente:
¿Consiste acaso la misión de los representantes del pueblo únicamente en aprobar las leyes que nos presenta el Ejecutivo o en tramitar los proyectos que se propongan por iniciativa de u n señor diputado o de u n honorable Ministro? Ño. A p a r t e de esto se encuentra el derecho de fiscalización, q u e es tanto o más importante, el derecho de obtener de los señores Ministros la amonestación de los empleados públicos que n o c u m p l e n con su deber.

Desde distintos sectores comenzaron a alzarse voces que clamaron por poner enmienda a aquel estado d e cosas. La admonitoría voz de don Enrique Mac-Iver, que trazó con sombríos rasgos la crisis moral que invadía el cuerpo social, repercutió más allá de las fronteras nacionales, en una resonancia en la que despuntaban ya algunas críticas al régimen político. En un folleto publicado en Lima ese mismo año 1900 por Carlos L. Hübner, se

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llamaba la atención hacia la necesidad de devolver al Ejecutivo su antiguo prestigio, de afianzar la libertad de enseñanza, de modificar los reglamentos de las Cámaras y establecer la clausura de los debates, reduciendo a prudentes proporciones la iniciativa parlamentaria en materia de gastos públicos y el régimen municipal. 1 La marea d e las corruptelas se desbordaba desde los pasillos del Congreso hasta los centros del agiotaje, lo que provocó las iras del diario El Mercurio, cuya edición santiaguina habíá visto la luz el 1° d e junio de ese año, que denunció el hecho según el cual algunos diputados comunicaban a casas fuertes extranjeras datos ciertos o inexactos sobre lo que lá C á m a r a estaba tratando en sesiones secretas, que servían de base a especulaciones mercantiles. A n t e denuncia tan grave, la Cámara acordó comisionar a la mesa para que hiciera1 una investigación al respecto, pero el director del diario, Luis Alberto Carióla, se negó a facilitar mayores informaciones, diciendo que las proporcionaría ante autoridad competente. A pesar de las protestas que surgieron de los diferentes bancos, la Cámara' encarpetó el asunto. D e aquí arrancó también la vehemente imprecación del diputado Irarrázaval, que con tribunicia indignación decía en sesión d e 24 de julio d e 1901: "Yo creo, señor, que la respuesta a estas preguntas está en que en 1879 luchábamos contra u n pueblo leproso, y en que, al concluir la guerra a costa del heroísmo de nuestros soldados, adquirimos el tesoro d e ese leproso como indemnización, pero junto con él el germen de la lepra que hoy nos invade." El vigoroso anhelo de reaccionar contra el régimen imperante que se manifestó en el triunfo de la candidatura' de don Pedro Montt, encontró acogida en las filas del partido liberal. Ya en la Convención de éste, celebrada en diciembre de 1907, se aprobó u n voto en el que se decía que, con el fin de asegurar el correcto funcionamiento del régimen parlamentario, se debían adoptar medidas tendientes a impedir que los miembros del Congreso intervinieran como tales en la administración y suprimir la iniciativa parlamentaria en materia de gastos públicos. Pero era la intervención de los parlamentarios en los negocios administrativos, en calidad de abogados, agentes o gestores, lo que provocaba una reacción más viva, en el seno mismo de la representación parlamentaria. Así, en sesión d e 3 de julio de 1908, Enrique Zañartu, después de recordar que tenía presentado desde antiguo u n proyecto para la creación de Comisiones d e Investigación Parlamentaria, formuló un proyecto de acuerdo, concebido en estos términos: "La Cámara estima que el cargo de congresal, Ministro o Consejero de Estado, n o es compatible con el ejercicio habitual o accidental de gestiones administrativas remuneradas."

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El proyecto f u é aprobado por 30 votos, absteniéndose de votar 22 diputados. El fondo de las críticas que se hacían al régimen imperante están señaladas con exactitud en una conferencia que Maximiliano Ibáñez dió en el Centro Liberal el 15 de junio de ese año. En su opinión, el cuadro que ofrecía el funcionamiento de ese sistema no era halagador. Reconociendo que el régimen político consagrado por la Constitución d e 1833 era el parlamentario, decía que la desorganización de los partidos había dado por resultado la inestabilidad ministerial y la esterilidad d e la labor parlamentaria. En su opinión, la obstrucción no había alcanzado el desarrollo que tenía en otros países y que la última reforma introducida en el reglamento d e la Cámara de Diputados le había puesto algunas limitaciones. Se lamentaba de lá decadencia de la calidad del personal parlamentario, que n o se hubiera sancionado el antiguo anhelo del partido de limitar la iniciativa parlamentaria en materia d e gastos, y d e la parcialidad con que se procedía en la calificación de las elecciones de los miembros del Congreso, con lo que se había llegado a la falsificación de la representación parlamentaria. Las causas de estas lacras son profundas, decía, y "se deben a la ignorancia de la inmensa mayoría de los electores, a la relajación moral de los espíritus, al alejamiento político de muchos hombres meritorios, al predominio que las conveniencias personales ejercen sobre los deberes públicos d e los políticos". 2 En medio del ambiente de pesimismo predominante, hondamente desalentador, se alzó una voz que planteó la cuestión en el terreno moral, en el de las conveniencias generales del país y en el de la necesidad de reconstruir el régimen imperante. Fué la de don Luis Barros Borgoño, personalidad política e intelectual de relieve, que comenzó por asentar que constituía una funesta falsedad sostener el concepto de q u e n o se debían juzgar con el mismo criterio los actos privados y las acciones del hombre público. "La aplicación de los principios morales a la política se estima por muchos como u n a manifestación de inocencia, indigna de u n hombre político práctico, decía, que le imposibilita para el ejercicio útil del gobierno y para la dirección acertada de los partidos." Este desconocimiento d e las leyes morales, agregaba, se manifiesta en la impunidad y la indiferencia que se emplea pára con los que conculcan la moral o la ley, a la sombra del interés partidarista o d e la conveniencia política del momento. Encarando lá cuestión de fondo, en su opinión, de la circunstancia accidental o transitoria, de que una Cámara funcionara mal o en forma deplorable, n o podían deducirse consecuencias absolutas relacionadas con la naturaleza del régimen mismo. Sostenía que había que ir a la reforma del sistema electoral, reducido

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a procedimientos d e engaño, fraude y mercado, para obtener una verdadera representación nacional. 3 Más que u n a crítica al régimen político f u é la formulada por d o n José Alfonso, funcionario judicial y soñador de repúblicas platónicas, en u n trabajo presentado al Primer Congreso Científico Panamericano, en el que sostuvo la conveniencia de hacer una verdadera reforma constitucional. Expresión incoherente d e anhelos que estaban en el ambiente, Alfonso señalaba como reformas urgentes la supresión de la inamovilidad d e los jueces, la modificación d e las incompatibilidades parlamentarias, que cerraban las puertas del Congreso al personal de la enseñanza pública, la creación de u n colegio electoral único y la elección directa del Presidente de la República. Veía las fuentes d e corrupción del régimen imperante en la venalidad del electorado y en el voto acumulativo, cuya supresión consideraba poco menos que indispensable. 4 En la Convención del partido nacional, celebrada en Santiago los días 3, 4 y 5 de noviembre d e 1910, pronunció Alberto Edwards, apasionado panegirista del gobierno fuerte, un discurso en el que, reconociendo que el régimen parlamentario había sido el único instrumento eficaz de la evolución de los pueblos en la dirección de sus destinos, y que fuera de él nada de duradero pudo establecerse, formulaba algunas críticas sobre la forma en que había sido establecido en Chile. Comenzó por afirmar que la Constitución de 1833 había establecido las bases legales del parlamentarismo al consagrar la responsabilidad ministerial y el voto anual por las Cámaras d e los subsidios y de los presupuestos, que así lo habían entendido nuestros gobernantes, con excepción de uno solo, pero que el régimen se hallaba falseado por la intervención electoral. Consideraba que el sistema parecía consolidado en definitiva y que el legado político del infortunado Presidente Balmaceda n o encontraría tal vez ejecutores testamentarios. En su opinión, el partido nacional era el más apto para la vida parlamentaria, pero con su incurable tendencia a suscribir paradojas, decía con toda seriedad: "El absolutismo es u n a necesidad: prácticamente no puede discutírsele. El régimen parlamentario lo ha sabido conciliar por el gobierno del pueblo por el pueblo." Lá manera absurda en que se practicaba el régimen "parlamentario lo había llevado a su descrédito, por lo que el partido debía consagrar todos sus esfuerzos a mejorar sus detestables procedimientos, entre los cuales la intervención excesiva de los parlamentarios en la distribución de los gastos públicos era la que más había contribuido a fomentar la anarquía administrativa. Era necesario modificar los reglamentos d e los cuerpos legislativos, a fin de evitar la obstrucción, pero consideraba que constituían utopías poco menos que irrealizables la mejor organización del régimen municipal, el saneamiento d e los registros electorales y la

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reforma de la ley sobre formación de los presupuestos. Finalmente, formuló indicación para' que en el programa del partido se consignara entre los propósitos de éste el mantenimiento del principio de autoridad, por medio del correcto ejercicio del régimen parlamentario, "practicado hoy por todos los pueblos libres de la tierra". Ese discurso constituye una extraña profesión de fe en uri escritor que se caracterizó como el más entusiasta panegirista d é Portales y en el admirador más decidido de don Manuel Montt, y que veía en los gobiernos llamados fuertes la fórmula más adecuada de régimen político, A la sombra de la anarquía predominante, y ante el clamor de los empleados de la administración pública por el mejoramiento de su situación económica, no f u é extraño que éstos encontraran amparadores, no desinteresados, de sus aspiraciones. Así, en sesión de 25 de enero de 1911, Jorge Mátte denunció el hecho de que, estando pendiente la discusión del proyecto que aumentaba sueldos de los empleados de las Direcciones del Tesoro y de Contabilidad, se había acercado a ellos un gestor administrativo, ofreciéndoles sus servicios para apresurar su aprobación. Representantes de todos los partidos se rasgaron las vestiduras ante un denuncio que empañaba seriamente el prestigio de la Cámara y se propuso que se pasara el asunto a la justicia ordinaria, para que, mediante un Ministro de Corte, se hiciera la investigación 1 correspondiente. "Yo soy de los que creen que estos cargos no afectan a los honorables diputados, dijo Irarrázaval, pero al mismo tiempo es indudable que hay numerosos empresarios que se dedican a la fácil tarea de vender fuera de este recinto la influencia d e loé honorables diputados que se sientan en estos bancos." La Cámara no tomó finalmente ninguna resolución y se conformó con la promesa' hecha por el Ministro de Justicia, presenté en la sesión, de pasar un oficio a la Corte de Apelaciones sobre la designación de un Ministro para que hiciera la investigación correspondiente. Había consenso unánime en asignar a los defectuosos reglamentos de los cuerpos legislativos lá esterilidad d e la acción parlamentaria, y la idea de encarar su reforma apenas si encontraba oposición en las bancas conservadoras. En sesión de 1 de febre® ro de 1911 el diputado radical Quezada Achárán insistió en que se pusiera en discusión el nombramiento d e una comisión encargada del estudio de la reforma del reglamento de la Cámara, sosteniendo que ésta era impotente para despachar proyectos d é verdadera importancia y que su labor se reducía a sancionar los de leyes secundarias; y que se encontraban pendientes iniciativas de tanta trascendencia como las relativas al código sanitario, el proyecto que reformaba la ley de alcoholes, el que reorganizaba

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los ferrocarriles del Estado y otros. En su opinión, las Cámaras eran antes la tribuna en que la nación aprendía el derecho público y constituían el espejo de las virtudes cívicas, pero que comenzaban a ser consideradas por la opinión como un organismo, si no perjudicial, por lo menos inútil. "Por doloroso que sea, es la verdad, dijo, que hoy por hoy las Cámaras no tienen en Chile el prestigio ni el ambiente de respeto y general confianza que tuvieron antes. Y ello en gran parte se debe, a mi juicio, a que no sólo han cambiado de naturaleza los debates de la Cámara, que antes eran grandes torneos de elocuencia, sino que, además, se han resentido más cada día de deficiencia del funcionamiento legislativo." Para rebatirlo se alzó la voz del diputado Alfonso, don Paulino, quien sostuvo que no había lógica en atribuir la esterilidad parlamentaria y el desprestigio que ella arrojaba sobre el Congreso a las deficiencias del reglamento. U n o de los parlamentarios que más insistió en la necesidad de poner barreras al parlamentarismo desbordado fué Luis Izquierdo, reconociendo, sin embargo, que constituía el mejor régimen político ideado para el gobierno de los pueblos libres. En sesión de 8 de septiembre de 1911 llamó la atención a la necesidad de reformar el reglamento de la Cámara, indicación que renovó tres meses más tarde, la que se estrelló con la invencible resistencia conservadora, y f u é finalmente rechazada por 38 votos contra 13. Son los reglamentos internos del Congreso los que han desnaturalizado el régimen parlamentario, sostenía; las mayorías que asumen ante el país las responsabilidades, no gobiernan, entregadas como se hallan a las minorías que son, al fin de cuentas, las que señalan los límites en que debe encerrarse la acción gubernativa. "De aquí la anarquía, la inestabilidad ministerial y el desorden en nuestras prácticas parlamentarias y administrativas." Tal desorden no podrá prolongarse indefinidamente, decía en tono agorero. Pero fué la falta de probidad de los parlamentarios, y su intervención en la provisión de artículos para el servicio público, lo que más contribuyó a echar sombras sobre el régimen parlamentario, El Diario Ilustrado hizo por aquellos días una encuesta entre sus lectores para premiar la mejor respuesta a la siguiente pregunta: ¿Qué es un gestor administrativo?, que rindió los más peregrinos resultados. La adquisición de armamento para el ejército dió por esá época motivo para un escándalo que tuvo bastante resonancia. Por un decreto de julio de 1904 se reglamentaron las atribuciones de la llamada Comisión Militar en Europa, encargada de la adquisición de material de guerra para el ejército. A fines de 1911, el gobierno resolvió la adquisición de 37,500 fusiles, 5,000 carabinas y diez millones de cartuchos para fusil, para llenar la cual se

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recibió u n a propuesta de la firma alemana Deutsche W a f f e n , pero como ésta manifestara que no podía suscribir ningún compromiso por estar atendiendo el d e otro gobierno, hizo u n arreglo con la firma Steyr, para que los fabricara bajo su responsabilidad. Steyr había sido excluido de la propuesta, por cargos que se le habían hecho por la mala calidad d e su material, pero habiéndolos desvanecido pidió se le admitiera a concurrir directamente en la contratación de fusiles y carabinas. Las dos firmas tenían agentes poderosos en Santiago, entre los cuales se suscitó una lucha subterránea y reñida. El Ministro de Guerra, Alejandro H u n e e u s G. de la H., en el Gabinete de coalición qué presidía don R a m ó n Gutiérrez, se resolvió al fin en favor de la Deutsche W a f f e n , con lo q u e se encontró en abierta discrepancia con la Legación de Chile en Berlín, servida por don Augusto Matte, quien sostuvo la conveniencia d e abrir el camino de la libre concurrencia para obtener precios más favorables. El escándalo que surgió f u é resonante: el Ministro d e Guerra f u é interpelado en la C á m a r a de Diputados, y la prensa tronó vigorosa y airada. La Comisión Militar en Europa f u é disuelta y de nada valieron las reiteradas peticiones de sus jefes, el general Arístides Pinto C o n c h a y el coronel Luis Altamirano, para que se abriera u n sumario. El Ministro en Berlín pidió a su vez que se diera a la publicidad u n a nota q u e dirigió al Ministerio.
Los acusadores h a n obtenido c u a n t o deseaban, decía el general Pinto Concha en carta al Presidente de la República, señor Barros Luco: la disolución de la Comisión Militar que estorbaba a sus manejos fraudulentos y el máximo de los pedidos de guerra. Sobre veinte y dos millones de encargos, hechos desde la fecha de la disolución de la Comisión Militar hasta hoy, veinte millones les h a n sido asignados por orden del Ministerio d e Guerra, a tales casas determinadas, sin concurrencia d e las q u e son agentes o interesados nuestros dectractores. Él acusador oficial ha sido elevado al más alto cargo del Ejército y todos los demás, sean éstos consejeros o ejecutores, conservan sus puestos. (Carta de 25 de enero de 1912.) "Dos cosas me h a n l l a m a d o singularmente la atención en el curso d e esta negociación, decía en carta de 26 d e febreto de 1912 d o n Augusto M a t t e a don Ismael Tocornal: desde luego, la increíble candidez con q u e el pobre Huneeus h a firmado los telegramas más absurdos y más contradictorios, y en seguida la audacia y el descaro con q u e los agentes administrativos de la Deutsche W a f f e n Fabrik e n Santiago (cuyos nombres a n d a n aquí en todas las bocas) h a n abusado del candor d e H u n e e u s , sacrificándolo c r u e l m e n t e como lo h a n hecho. "Para q u e tú te persuadas de la franca entrada q u e tenían en el Ministerio de la G u e r r a aquellos agentes administrativos, pagados en libras esterlinas, como h e podido averiguar de u n m o d o fidedigno, m e bastará que te diga que la Deutsche W a f f e n Fabrik sabía aquí las instrucciones de la Legación antes que la Legación misma. "Contra esto se ha sublevado m i conciencia de chileno, y tengo la resolución inquebrantable de descorrer el velo y de hacer resaltar la verdad desnuda." 5

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Pero pronto cayó la losa del olvido sobre esos turbios manejos y no se advirtieron manifestaciones de reacción de ningún sector importante. En las sesiones de fines de agosto de 1912, en los momentos en que la rotativa ministerial llegaba a los extremos más alarmantes, formularon algunas apreciaciones sobre el régimen predominante los senadores balmacedistas Salinas y Mackenna. El primero lo caracterizaba en la inestabilidad ministerial, en la carencia d e planes administrativos, en la desorganización de muchos servicios públicos y en la anarquía predominante en los círculos parlamentarios. Consideraba indispensable encarar una reforma de la Constitución y modificar la ley de municipalidades. Mackenna, que había vuelto al Congreso y a la vida política después d e u n largo alejamiento de cuatro lustros, partidario decidido d e Balmaceda, asignaba todas las lacras de la administración al mantenimiento del régimen parlamentario, y aludiendo a la corrupción que se había difundido, recordó los robos de carbón en los ferrocarriles del Estado, que llegaban anualmente a seis millones de pesos, de los quince que se gastaban; a las modificaciones escandalosas que se hacían en los contratos de obras públicas, lo que había movido al senador Walker Martínez a formular un proyecto de ley para que no se pudieran alterar sino por medio de leyes, recordando el caso del puente sobre el Maule, en las vecindades de Constitución, mencionado por el senador Mac-Iver, que contratado primitivamente en 33,000 libras esterlinas, llegaba' ya a las 75,000 con las modificaciones que se le habían introducido posteriormente. En su opinión, el régimen parlamentario era absurdo y desgraciado y calificó la situación dominante como de desgobierno araucano. Dos pasos importantes se dieron por esos días en lá modificación del régimen político y que constituían la satisfacción de antiguas aspiraciones: uno tendía a disminuir la iniciativa de los parlamentarios en materia' de gastos públicos, y el otro a quitar al Congreso intervención en la calificación d e las elecciones de sus miembros. Por ley 2672, promulgada el 16 de agosto de 1912, y que lleva la firma del Ministro de Hacienda señor Rivas Vicuña, se encomendó a la Comisión Mixta de Senadores y Diputados encargada de informar el proyecto de ley de presupuestos, aprobar previamente el cálculo de entradas A n t e ella sólo podían formular oportunamente indicaciones los ministros, senadores y diputados, pudiendo la comisión aprobarlas, modificarlas o rechazarlas, de modo que no podían hacerse indicaciones de aumento de ninguna especie durante la discusión del presupuesto en las Cámaras. La otra iniciativa fué la aprobación, por la Cámara, d e un proyecto de reforma constitucional, que incidía en los presentados en agosto de 1900 por Maximiliano Ibáñez, en junio de 1903

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por Agustín Edwards, y el d e los señores Alfonso, Q u e z a d a y Dé!ano, f o r m u l a d o el 25 d e junio d e 1900. E n v i r t u d d e ese proyecto se constituía u n T r i b u n a l Calificador, integrado por dos Ministros d e la C o r t e S u p r e m a y u n o d e la C o r t e d e Apelaciones d e Santiago, designados, respectivamente, por cada u n a d e ellas; d e dos senadores elegidos por el S e n a d o y dos d i p u t a d o s elegidos por la Cámara 1 en votación acumulativa, y q u e sería presidido por el más antiguo d e los dos Ministros d e la C o r t e Suprema. Por otro proyecto se hacían extensivas a los senadores las mismas funciones q u e Ja Comisión Revisora d e Poderes, creada por ley 1807, d e 8 de febrero d e 1906, le confería respecto d e los poderes d e los diputados. La C á m a r a , en sesión d e 29 d e agosto de 1912, la última del período ordinario, aprobó este último, pero dejó p e n d i e n t e el d e reforma constitucional e n v i r t u d del cual se creaba el T r i b u n a l Calificador. Las manifestaciones d e reacción contra el régimen i m p e r a n t e apenas si se exteriorizaban en los comentarios d e la prensa o en una q u e otra voz q u e se alzaba en el recinto parlamentario, pero cuando la a n a r q u í a llegó a su p u n t o c u l m i n a n t e y se vió la impotencia d e l Presidente para resistir la intervención d e l caudillism o político, surgieron en distintos círculos movimientos vigorosos de protesta contra la corrupción ambiente, q u e encontraba su exhibición más elocuente en los servicios municipales d e la capital. Tales movimientos se concretaron en la organización d e u n a Liga d e Acción Cívica, q u e encontró el aplauso y el apoyo d e prestigiosos servidores públicos, d e gran a u t o r i d a d moral a n t e la sociedad, entre los q u e figuraron los señores Miguel Varas, V i cente Reyes, Enrique Mac-Iver, Ismael Tocornal, Ismael V a l d é s Vergara y m u c h o s más, q u e al margen d e los partidos políticos movió la opinión en el sentido d e iniciar u n a limpieza en los establos d e Augias, comenzando por la reforma m u n i c i p a l y electoral. En los discursos q u e se pronunciaron al constituirse es fácil advertir el cansancio d e la opinión ilustrada por el m a r a s m o predominante y el valor con q u e se señalaron algunos d e los factores que contribuían a caracterizar la situación m o r a l y política. " L a sociedad chilena tiene ansias d e salir d e esta n u b e q u e la encubre de escándalos administrativos, d e crisis políticas y financieras", decía José Miguel Echenique; al m i s m o t i e m p o q u e fustigaba con palabras d e fuego la acción d e los agentes d e las casas extranjeras y la f u n e s t a influencia q u e ejercían en el m a n e j o d e los asuntos económicos y financieros d e l país; mientras Ismael T o c o r n a l lamentaba l á supeditación en q u e se encontraba el Presidente d e la República, contraria a todo régimen d e b u e n gobierno, para la designación d e los Secretarios d e Estado, y la corrupción d e la justicia y d e los servicios policiales, y clamaba por la reorganización

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d e éstos y la necesidad d e encarar las cuestiones sociales, entre las cuales la represión del alcoholismo consideraba como la más urgente. Ese movimiento encontró amplia resonancia en la opinión de la capital y las provincias, y dió como f r u t o el despacho de la ley de reforma municipal, que arrebató a la Municipalidad d e Santiago toda ingerencia en las cuestiones electorales, aun cuando n o dejaron de alzarse las voces de los escépticos que veían en él sólo la acción de los despechados d e la política o" fracasados de los negocios. "Esa institución d e la Liga de Acción Cívica, escribía Galvarino Gallardo, monstruosa extravagancia que ha creído hallar base, brisa favorable y prenda de éxito en el desprestigio d e los partidos, en la difamación del nombre del país, en la injuria sistemática contra hombres d e culminante figuración en la política." 6 Contra esos hombres de culminante figuración en la política, pero de turbia y funesta actividad en la vida pública, protestó airada la generosa e idealista juventud del Centro Liberal de Santiago, el Kindergarten terrorista de la calle Bandera, como decía el redactor de La Mañana, condenando vigorosamente la personalidad y la acción de algunos hombres públicos chilenos.' D e esa clamorosa campaña, que halló resonancia en lá prensa, se valió José Miguel Echenique para una conferencia que dió en el Club Fernández Concha sobre el carácter y la cobardía moral, en la que dijo: "En Chile se h á abierto un juicio de opinión sobre el origen de este desgobierno que ha arrastrado al país a la disminución del valor de su moneda, a los presupuestos exhorbitantes y a los empréstitos poco justificados. El mal h a ido generándose poco a poco, merced al silencio de los partidos, a lá cobardía de muchos y al debilitamiento de los caracteres." 7 U n a querella criminal del Vicepresidente d e la Cámara con-' tra los jóvenes del Centro Liberal terminó por abandono d e la instancia. 8 Desde entonces apenas si se destacaron opiniones aisladas para formular críticas al régimen político o planear enmiendas. Nadie pensaba en alterar las báses políticas dominantes y sólo se oían lamentaciones de la indisciplina de los partidos, la falta de rumbos en sus orientaciones y la esterilidad de su acción. Abriéndole la intimidad de sus convicciones políticas, Agustín Edwards decía a Miguel Urrutia, en carta de 18 d e junio d e 1913: "En 1891 se estableció u n régimen parlamentario que no puede, que n o debe destruirse, porque, en principio, es el mejor que se conoce y hay que perfeccionarlo." Sostenía la conveniencia de armar a las mayorías de los medios necesarios para gobernar, reconocía la forma en que las minorías esterilizaban la acción del Ejecutivo y que habían sido los conservadores, q u e sintiéndose minoría ante el país y constituidos en paladines d e los derechos de las minorías,

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los que más habían contribuido a demoler la autoridad y debilitar el poder de los Gabinetes. Se manifestaba partidario de la unión de los partidos liberales y d e la incorporación de los nacionales en una combinación que siguiera esos rumbos. Para hacer efectiva la acción d e las mayorías era indispensable establecer la clausura del debate por simple mayoría, idea que lentamente se f u é abriendo camino. En 1916 la C á m a r a encomendó al Comité de Reforma Constitucional la redacción de u n proyecto de reforma del reglamento, el que consideró como la más urgente consagrar aquella idea. Pero transcurrió algún tiempo antes de que se llevara á la práctica. 9
La reforma del reglamento de nuestras Cámaras es, a mi juicio, la cuestión de más importancia q u e podríamos despachar; es la reforma más trascendental que, d e n t r o del régimen actual, tenemos que abordar, decía Guillermo Subercaseaux en la Cámara de Diputados el 19 de enero de 1916, refiriéndose al programa del f l a m a n t e partido nacionalista. Cambiar al presente nuestro régimen parlamentario es muy difícil; pero confío que algún día llegaremos a cambiarlo. Sin embargo, creo que la reforma del Reglamento de ambas Cámaras, aun m a n t e n i e n d o nuestro mal régimen parlamentario, es algo que podemos y debemos llevar a efecto cuanto antes, para que así el país pueda tener gobierno.

El informe de la comisión especial designada por la Cámara, integrada por los señores Carlos Balmaceda, Guillermo Subercaseaux, Jorge Errázuriz Tagle, Augusto Vicuña, Julio Prado y Manuel Rivas, favorable a la reforma del artículo 84 del reglamento, fué discutido extensamente en el período de sesiones ordinarias de ese año, pero se estrelló ante la irreductible oposición conservadora. II La Administración Sanfuentes se inició con u n Gabinete de Coalición, presidido por d o n Elias Balmaceda, e integrado por los señores Ramón Subercaseaux en Relaciones, Ramón Santelices en Hacienda, Dr. Augusto Orrego Luco en Justicia, General Salvador Vergara en Guerra y Roberto Guzmán Montt en Obras Públicas. Todos los Ministros eran de edad provecta, excepción hecha del último. El Presidente estaba convencido de la vida efímera que tendría su Gabinete, ya que la mayoría d e que disponía la Alianza Liberal en el Senado n o le aseguraba su estabilidad, pero con el nombramiento de los señores Orrego y Vergara, d e filiación liberal, buscó el quebrantamiento d e la mayoría del Senado y sembrar la discordia en el partido, haciendo vacilar al senador Lázcano entre la amistad personal y la lealtad política. Constituía u n secreto a voces que la mayoría aliancista del Senado recibiría al Gabinete con u n voto adverso. Vanos fueron los esfuerzos hechos por el Ministro del Interior, sosteniendo que el Senado no era una Cámara política, y por ei de Justicia, pre-

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tendiendo caracterizar al Ministerio como de conciliación y armonía: la mayoría aliancista se mantuvo férreamente unida, y el voto propuesto por la Alianza, que decía: "el Senado declara que el actual Ministerio no es parlamentario y, en consecuencia, no le prestará su concurso", f u é aprobado en sesión de 30 de diciembre por 19 votos contra 14. ¿Respetaría el Presidente el régimen parlamentario o mantendría el Gabinete contra lá voluntad del Senado? En el debate político que se planteó en la Cámara de Diputados al presentarse el Gabinete, Maximiliano Ibáñez, a nombre de la Alianza, dejó claramente establecido su carácter político y lá imposibilidad en que se hallaba de afianzarse en el poder. El Senado había acordado postergar la discusión d e los presupuestos y la mayoría aliancista, a fin de forzar lá mano al Presidente a que tomara una decisión rápida, acordó paralizar en la Cámara la discusión de la ley que autorizaba el cobro d e las contribuciones. A l Presidente no le quedó más que ceder y llamar a u n o de los leaders de la Alianza para organizar el nuevo Gabinete. Éste f u é Maximiliano Ibáñez, que se había caracterizado por su fidelidad a las ideas liberales y la rigidez d e su carácter, quien organizó u n ministerio universal al que ingresaron radicales y demócratas. La distribución d e las carteras se hizo sin ninguna dificultad: en Relaciones Exteriores siguió el conservador señor Subercaseaux; Ministro d e Hacienda f u é nombrado el radical A r m a n d o Quezada Acharán, que se había conquistado sólido prestigio por la seried a d d e su carácter y su alto espíritu público; al Ministerio de Justicia ingresó el balmacedista Roberto Sánchez, a Guerra y Marina, el nacional Cornelio Saavedra, y a Obras Públicas, Ángel Guarello, demócrata. Era la primera vez que este partido entraba a tener responsabilidades gubernativas. En su programa d e trabajo, dijo Ibáñez en su presentación ante la Cámara, el Ministerio eliminará todo propósito partidista. Prometió mantener la prescindencia electoral más absoluta. "El propósito principal de este Ministerio, dijo, es el de abordar en sus variadas fases los problemas económicos relacionados con la Hacienda Pública, con las industrias en general y con el comercio exterior de la República." Todos los partidos le exteriorizaron al Gabinete su apoyo más decidido, pues lo veíán animado de tendencias conciliatorias y pacíficas. La primera contienda electoral que encaró el Ministerio fué la de Concepción, vacante por la elección del señor Sanfuentes. La coalición presentó como candidato al conservador señor Javier Eyzaguirre, y la Alianza Liberal al señor Alfredo Escobar. El triunfo de este último reforzó la mayoría del Senado y tuvo proyecciones en el campo periodístico. U n i d o a los señores Gatica, Bruna y Yáñez constituvó u n grupo de senadores que se hizo cárgo del diario liberal La Mañana, que, transformado en gran

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empresa, comenzó en breve a dar a los moldes el nuevo diario ha Nación, q u e pronto se convertiría en órgano de las ambiciones políticas del último. Este Gabinete obtuvo recursos para el pago de las deudas pendientes del Estado y para iniciar u n vasto plan d e edificación escolar, q u e perpetuaría el nombre d e esa Administración, que en este aspecto de su labor pretendió continuar la iniciada por Balmaceda. El período d e sesiones extraordinarias se prolongó hasta fines d e abril, y la ley q u e fijaba los gastos públicos d e la nación f u é despachada sólo en los primeros días d e ese mes, lo q u e había d a d o asidero a la prensa conservadora para asignar la demora d e su aprobación a la mayoría alia'ncista del Senado. El descontento sobre la situación imperante surgió d e las filas radicales, que consideraron q u e lá permanencia d e la Alianza en el gobierno afectaba a su unidad. Los senadores Reyes y Mac-Iver, con su alta autoridad moral y política, fueron partidarios del mantenimiento d e la situación, y en una reunión d e parlamentarios de la Alianza, por dos votos de mayoría, se acordó continuar en el gobierno. Pero fueron finalmente los conservadores los que torpedearon la tregua; el Ministro d e Relaciones, Silvestre Ochagavía, que había reemplazado a su correligionario Subercaseaux pocas semanas antes, desautorizado por la junta ejecutiva d e su partido, que protestó del nombramiento de una directora d e Liceo d e Niñas, renunció, arrastrando al Gabinete. 1 0 El Presidente encomendó al señor García d e la H u e r t a la organización d e u n Ministerio a base d e partidos, gestión que no encontró acogida. Se organizó entonces, el 1 de julio, el siguiente Gabinete: ®
Interior, Luis Izquierdo, liberal. Relaciones, Juan Enrique Tocornal, liberal. Justicia, Alberto Romero, nacional. Hacienda, Luis Devoto, balmacedista. Guerra, General Jorge Boonen Rivera. Obras Públicas, Justiniano Sotomayor, nacional.

Q u e d a b a n excluidos radicales y demócratas. " ¿ Q u é significaba la presencia de dos liberales en el gobierno?, se preguntaba Manuel Rivas en sus Memorias. ¿El Presidente continuaba desarrollando el lado pequeño d e su política y quería con este Gabinete sembrar la desconfianza en la combinación aliancista, indicando a radicales y demócratas q u e los liberales les abandonaban para ir al gobierno? ¿Quería el Presidente molestar personalmente al señor Tocornal, don Ismael, jefe de la Alianza Liberal, llevando al Gabinete a u n o de sus parientes? El juego era conocido. La Alianza Liberal no se dejaría tomar en estas redes. Radicales y demócratas sabían la sinceridad del concurso que le prestaban los liberales y tenían plena y merecida confianza en su jefe, d o n Is-

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mael Tocornal, para imaginarse q u e pudiera existir alguna concomitancia entre ellos y los Ministros liberales." ¿Manuel Rivas se pasaba d e suspicaz? A l plantearse la crisis se celebró en la M o n e d a u n a reunión de los presidentes d e partidos, en la q u e con autorización de los señores Mac-Iver, Tocorn a l y Cárdenas, representantes de la Alianza Liberal, se acordó ir a u n ministerio de administración, con prescindencia de todá consideración política y buscando sólo las personas que mejor respondieran a las exigencias del servicio público. 1 1 Sin embargo, el Presidente, jugador empedernido de la política, incluyó dos liberales en el Gabinete con los propósitos que puntualizaba el diput a d o por Curicó. El Ministerio levantaba desde el primer m o m e n t o fuertes resistencias entre radicales y liberales, y el mismo señor Tocornal hizo esfuerzos porque se le brindara' u n a acogida benévola. " M e acerqué al honorable señor Mac-Iver para pedirle que lo recibiera en esta C á m a r a en condiciones que le dieran el mayor prestigio posible, decía Tocornal en sesión de 25 d e octubre, pues yo consideraba que la voz del señor Mac-Iver era la única q u e podía acallar las suspicacias q u e se habían levantado en la C á m a r a . " Efectivamente, en las brevísimas palabras que pronunció el senador por A t a c a m a expresó q u e a la Alianza Liberal no la ligaba ningún lazo partidista con el Ministerio y que no había tenido la pretensión d e tener representación política en él. A nombre d e la Coalición dijo dos palabras el senador Besa. " E n seguida m e trasladé a la C á m a r a de Diputados, agregaba Tocornal, e hice cuanto estaba d e mi parte para que allí el Ministerio fuera recibido en la misma forma' q u e en el Senado; pero declaro que fui impotente para conseguirlo." En la C á m a r a d e Diputados Fidel Muñoz, a nombre d e la Alianza, recibió al Gabinete con u n a declaración d e guerra y dejó constancia d e haber recibido encargo especialísimo del partido liberal para declarar q u e no le ligaba ninguna relación con él; "para decir que la Alianza Liberal mira a este Ministerio no con benevolencia, sino con desconfianza; y que la Alianza Liberal permanecerá en pie en su puesto de combate examinando u n o a uno. sus actos". Se suscitó con esa declaración u n animado debate, d u r a n t e el cual el Ministro del Interior explicó las circunstancias en que había' sido organizado el Ministerio, y Zañartu aludió a la precaria existencia que habían tenido los dos primeros Gabinetes d e la Administración en marcha. La lucha contra el Gabinete comenzó d e inmediato en ambas ramas del Congreso: en la Cámara de Diputados Carlos Alberto Ruiz inició u n a interpelación al Ministro d e Guerra, por u n a circular en que se prohibía a los miembros del Ejército pertenecer á sociedades secretas, y en el Senado planteó otra Alessandri sobre la policía d e Iquique, cuya situación denunció como corrom-

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pida. La primera dió origen a u n largo y extensísimo debate, q u e interesó p r o f u n d a m e n t e a la opinión pública, y que f u é tal vez el último de carácter doctrinario que se desarrolló durante el período parlamentario. Lo sostuvo con brillo el partido radical, a través de Ruiz, Fidel Muñoz y Ramón Briones, mientras que del lado conservador lo rebatieron algunos dii minori. El d i p u t a d o interpelante puso al Ministro de la Guerra u n puente de plata para salir de la dificultad, insinuándole' que, en vez d e hablar de prohibición, dijera sólo que se trataba de u n a recomendación; pero firme el Ministro en su actitud, creyéndose sostenido por el aplauso que había encontrado en la prensa conservadora y en la mayoría de la Cámara, se negó a entrar en una transacción. A esta altura de la discusión entró á ella M a n u e l Rivas Vicuña. "Basta enunciar los términos de la cuestión: las libertades constitucionales por u n lado, la disciplina del ejército por otro, para reconocer lá importancia de la cuestión que nos ocupa y lo delicado del problema que lleva envuelto", decía. T e r m i n ó haciendo u n llamado al Ministerio para que reconociera que había excedido sus facultades constitucionales, ya que la orden impugnada afectaba a la libertad de conciencia, a u n a cuestión d e fuero interno, q u e consideraba d e su deber defender y amparar. Era una' voz conciliadora que se alzaba en medio del ardor apasionado del debate, que había enardecido á radicales y conservadores. O c u p ó en seguida la tribuna la autorizada y mesurada voz del diputado Quezada Acharán, quien pronunció u n discurso de irrebatible argumentación y de sólida doctrina', revestido de las más correctas formas académicas. Partiendo de la premisa de q u e la orden del Ministro constituía u n desacierto administrativo y u n ataque a las libertades constitucionales, n o regateó sus elogios al gobierno por su interés en alejar el empeño, en lo que decía relación con las promociones militares, pero sostuvo que ella contribuía a socavar el edificio de nuestras instituciones, vulneraba la libertad de conciencia y era una expresión d e cerrada intolerancia. "Yo espero, señor Presidente, terminó diciendo, que los hombres que tienen la responsabilidad d e las ideas d e sus respectivos partidos, encontrarán, al resolver sobre esta interpelación, el medio de conciliar el interés actual de la política con el interés superior d e lá Constitución. Las situaciones políticas pasan, y lo q u e a todos nos interesa es m a n t e n e r incólumes las condiciones generales del derecho público chileno." Ese discurso arrancó una calurosa palabra d e elogio del venerable patriarca del partido, el senador Mac-Iver, sucesor espiritual de Matta por su autoridad moral y su elocuencia. " N u n c a se ha defendido en nuestro Parlamento, dijo, con más brillo, con más acierto, con más verdad y lógica, la ley, el derecho, la libertad y el buen sentido." 1 2 C u a n d o se creía q u e el discurso del d i p u t a d o por Santiago

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abriría la puerta a alguna solución, u n a nueva declaración del Ministro de la Guerra en el sentido de q u e no modificaría su orden, reveló con claridad la intransigencia gubernativa. Acudieron en apoyo del Ministro el conservador Herrera Lira y el balmacedista Vicuña Subercaseaux, reconociendo que el asunto se había convertido en cuestión meramente política, y replicaron el liberal Rivas Vicuña y el diputado interpelante, insistiendo en la inconstitucionalidad de la orden. "Jamás a nadie se le ha ocurrido, terminó diciendo Rivas, que la facultad de legislar se deposite en un Ministro, y que este Ministro pueda ejercitarla por simples órdenes ministeriales, sin comprometer así siquiera la. firma del Presidente de la República." El período ordinario de sesiones terminó sin que recayera u n pronunciamiento de la Cámara sobre el candente asunto. Pero el debate esencialmente político f u é el que planteó Alessandri en el Senado, a propósito d e la reorganización de la policía d e Iquique, y que se tradujo en un d u e l o personal con el Ministro del Interior, Izquierdo. Comenzó el primero por hacer u n a declaración de lealtad política al partido radical. "Mi actitud en este sillón será en todo absolutamente de acuerdo con el partido radical, dijo, de manera que si este partido tolera al Ministerio yo lo toleraré, y si, por el contrario, lo combate, prescindiré d e toda consideración y afecto, y también lo combatiré." En sesión d e 14 d e agosto comenzó Alessandri exponiendo la situación d e inaudita corrupción por q u e atravesaba la policía d e Iquique, y en la sesión siguiente dió a sus observaciones el carácter d e interpelación (sincronizada con la que en la otra Cámara inició Víctor Domingo Silva, incorporado como d i p u t a d o por Copiapó a principios d e ese año) y terminó formulando el siguiente proyecto d e acuerdo: "El Senado declara que la respuesta dada por el señor Ministro del Interior a los cargos comprobados en el presente debate, n o corresponde a los propósitos de corrección administrativa y de prescindencia electoral manifestados por el actual Gabinete." En sesión d e 29 de agosto expresó Izquierdo en el debate, q u e el proyecto de acuerdo tenía alcance ministerial, y q u e ya no se trataba de dilucidar los cargos contra el prefecto, el comisario y los guardianes de la policía de Iquique, de que existía constancia en el voluminoso expediente que se había1 formado al respecto. Fino, sarcástico, mordaz, se reía Izquierdo con aguda ironía d e la oratoria pedestre, vulgar, altisonante del senador por Tarapacá. Insistió éste en sus observaciones, pero del terreno policial lá cuestión derivó al campo exclusivamente político, sosteniendo Alessandri que se estaba preparando la intervención electora] para las elecciones del año 1918. El discurso de Izquierdo en la última sesión ordinaria del período anticipó ya el rumbo que tomaría el debate, porque seña-

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lando la actitud demoledora' en que se hallaba empeñado Alessandri aludió a la funesta acción de los q u e socavaban las instituciones. " H a habido en todos los tiempos y en todos los regímenes personas que desprestigian a las instituciones porque las repudian y combaten; y personas que las desprestigian por el abuso que hacen de ellas. Y bien, entre quienes combaten y quienes abusan de las instituciones, h a n hecho más daño, h a n sido siempre más peligrosos los que abusan d e las instituciones que quienes las combaten de frente." El debate se reanudó al iniciarse el período de sesiones extraordinarias, y como se había hecho evidente el propósito d e derribar el Ministerio, surgieron algunas tentativas para sostenerlo, a las que no f u é ajeno el propio don Ismael Tocornal, quien en sesión de 17 d e octubre, en sustitución del proyecto de acuerdo de Alessandri, propuso el siguiente: "El Senado espera que el señor Ministro del Interior, en la reorganización de la policía d e Iquique, atenderá las fundadas observaciones que ha formulado el honorable senador por Tarapacá, y pasa a la orden del día." La crítica fundamental que se hacía al Ministerio era la de estar preparando la intervención gubernativa para las elecciones próximas, pero conservadores y nacionales vieron en la interpelación un ataque a fondo al régimen parlamentario, una empresa demoledora inspirada en el propósito d e socavarlo. "Lo que me alarma es el desprestigio del régimen parlamentario, decía el senador Barros Errázuriz en sesión de 18 d e octubre, que vendrá como consecuencia necesaria de esta actitud d e los partidos de la Alianza, porque está actitud d e la Cámara va desprestigiando el régimen actual y haciendo pensar en la necesidad de reemplazarlo por otro menos conforme con las libertades democráticas y republicanas, que yo soy el primero en defender." Le negaba Barros Errázuriz imparcialidad a Alessandri para ocuparse de la situación de la policía d e Iquique. "El señor senador por Tarapacá ha llegado al Senado después d e una lucha profundamente apasionada, decía, lucha en la cual murió más d e una persona, y yo digo entonces que el honorable senador que dirigió esta lucha, y esto es muy humano, carece de la imparcialidad necesaria para juzgar lo ocurrido en Iquique." En su opinión, si se quería derribar el Ministerio, y se tomaba' como pretexto la policía de Iquique, se había buscado u n mal pretexto, una razón inexistente. El debate del Senado suscitó el interés d e la prensa, y hasta el mismo Mercurio vió en él u n ataque al régimen parlamentario, el afán de desprestigiar a las clases dirigentes y la expresión de un sombrío y sordo rumor amenazador. "Pero el d a ñ o mayor es ese desprestigio de las clases dirigentes, que n o se ve, escribía, pero que cualquier rastreador d e corrientes subterráneas puede co-

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nocer, aplicando el oído en ciertos sitios donde el pensamiento de mañana germina al calor de la funesta discordia de hoy." En sesión de 24 de octubre inició Izquierdo su nueva intervención, con esa claridad de visión y agudeza del intelecto que hicieron de él, no sólo uno de los mejores oradores de su época', sino un político de sutil perspicacia. Defendió al Gabinete del cargo de estar preparando la intervención electoral e hizo u n llamado a la necesidad de no desnaturalizar el régimen político imperante. "La intervención electoral f u é muerta' y sepultada por la revolución de 1891, dijo, que no f u é una lucha entre u n sistema y otro sistema, entre el sistema representativo y el sistema parlamentario; que no f u é sino la lucha del país contra la intervención electoral, la crisis fatal, inevitable, del viejo régimen. Balmaceda f u é la víctima d e esta crisis. Desde entonces hemos tenido, en la teoría y en la práctica, en la ley y en los hechos, la libertad electoral, o mejor dicho, hemos reemplazado la intervención de los Gobiernos antiguos, por la intervención de los municipios primero y de los funcionarios electorales después; y por la intervención triunfante e irresistible, que ha venido en Chile a corromper y falsear la soberanía nacional: ila intervención del cohechol" Fué la última vez que resonó tal vez con elocuencia, en el seno del Parlamento, la voz de la cordura y del patriotismo en defensa del régimen político. "La grave dolencia que a nosotros aqueja, agregó, el problema d e mayor entidad que se impone a la meditación y al patriotismo de los honorables senadores, son los que se relacionan con el modo en que practicamos el sistema parlamentario o con la necesidad de afianzarlo evitando que se desnaturalice y que nos arrastre, por la fuerza de las cosas, a u n a regresión hacia el pasado, que sería funesta." Convencido de que la suerte del Gabinete estaba decidida, expresó la satisfacción del Gabinete "de haber hecho algo, de haber aportado nuestro concurso en la obra d e reacción q u e se siente venir, y que ha de llegar, porque ella' consulta los grandes y permanentes intereses del país". En la caída del Ministerio veía la Alianza el medio de mantener la cohesión de sus filas ante la próxima jornada' electoral, mientras del ládo de sus adversarios no se ahorraban esfuerzos por introducir en ellas la desconfianza. "Sabido es que en la Alianza hay dos corrientes bien diseñadas, expresaba el senador Barros Errázuriz: u n a formada por los hombres d e valer, por políticos distinguidos que h a n encanecido al servicio, del país y que son símbolo de la Alianza Liberal; otros que quieren atropellado todo y que no tienen otro anhelo que entorpecer la marcha del Gobierno del señor Sanfuentes." La votación adversa al Gabinete, y por tanto, la caída d e éste, se produjo en los primeros días d e noviembre. El duelo personal

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entre Izquierdo y Alessandri estuvo salpicado d e agudos alfilerazos. En sesión del 8 d e noviembre se p r o d u j o entre ambos el siguiente diálogo:
Izquierdo: Por mi parte, creo lo contrario; creo en la otra C á m a r a . Reflexione el h o n o r a b l e senador, Alessandri: D e ordinario, reflexiono más q u e guardar a la gente el respeto q u e se le debe, cosa que que su que t e n d r í a m o s mayoría suele reflexionar. . . señoría, p o r q u e sé su señoría n o sabe.

E n esa o p o r t u n i d a d bosquejó Izquierdo u n programa d e reforma constitucional, tendiente a realizar la obra q u e n o se llevó a cabo a raíz del triunfo d e 1891, para q u e el régimen parlamentario funcionara regularmente: la transformación del S e n a d o en u n cuerpo revisor, dejar u n a sola C á m a r a política, otorgar al Presidente la facultad d e disolver la C á m a r a política. Creía q u e así como se habían sancionado algunas reformas d e importancia, tales como la reorganización d e los ferrocarriles y las facultades otorgadas a la Comisión Mixta d e Presupuestos, la reforma habría de surgir algún día por sí sola, sin grandes resistencias. "El mismo buen sentido d e los chilenos concluirá por imponer la reforma del Reglamento d e las Cámaras, expresó, la limitación de los debates, el orden del trabajo, q u e son indispensables para que funcione el instrumento del sistema parlamentario, para q u e el sistema parlamentario sea entre nosotros sistema d e gobierno, sistema que facilite y n o perturbe, el libre juego d e las energías nacionales." El voto d e censura al Gabinete f o r m u l a d o por el presidente del partido liberal, Tocornal, votado en sesión d e 9 d e noviembre, f u é aprobado por 17 votos contra 14 y u n a abstención, q u e correspondió al señor Bulnes. El Mercurio comentó con melancolía el triunfo d e los d e m o ledores, condenó las maniobras d e las ambiciones, elogió las elocuentes palabras del Ministro y defendió débilmente el régimen político. " N o hay sino dos sistemas d e gobierno, escribía' el 10 d e noviembre, el absoluto y el parlamentario, q u e es d e libertad y está ya arraigado en el alma d e los chilenos." V a n a s palabras q u e quedarían sepultadas en el olvido en m e d i o d e la borrasca, cuyos síntomas amenazadores se anunciaban. 1 3 N O T A S
1 Chile. Su presente y su pasado, por Montalván. Lima. I m p r e n t a Liberal, 1900. 2 Eí régimen parlamentario en Chile. C o n f e r e n c i a en el C e n t r o Liberal el 15 d e junio d e 1908. I m p r e n t a Cervantes, 1908. 3 Orientaciones políticas. C o n f e r e n c i a dada en el C e n t r o Liberal, el 8 de octubre de 1909. Santiago. I m p r e n t a Ce'rvanteS, 19094 El parlamentarismo y la reforma política en Chile. Santiago, Cabera y Cía., impresores, 1909.

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Papeles de don Ismael Valdés Vetgara. Liga de Acción Cívica. Su fundación en Santiago de Chile, el año 1912. Santiago de Chile, imprenta de A . Hinojosa P., 1912. Los artículos de Gallardo se encuentran reunidos en u n volumen q u e lleva por título Liga de Acción Cívica y parados políticos. Santiago, Imprenta Universitaria, 1913. 7 El Diario Ilustrado, 3 de noviembre de 1912.8 Archivo "Nacional. Archivo Judicial de Santiago, Legajo 1651. ® Sobre las características y el funcionamiento del régimen parlamentario ofrece alto interés el estudio del publicista norteamericano Paul S. Reinsch, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Wisconsin, q u e se encuentra en el tomo IX de ¡a Revista Chilena, 1919. U n a conferencia de Manuel Rivas en torno a la idea de la clausura del debate se encuentra en la misma Revista, t o m o IV, 1918. 10 "Debo recordar que uno de los Ministros de Estado, el de Instrucción Pública, decía Fidel Muñoz ert sesión de 5 de julio, había nombrado como directora de un Liceo a una distinguida profesora de Estado. Ese nombramiento fué h e c h o con el acuerdo expreso del representante del partido conservador en el Gabinete anterior, señor Ochagavía. Producido este hecho, tramitado y firmado-el decreto correspondiente, la junta ejecutiva del partido conservador t o m ó u n acuerdo que envolvía la desautorización expresa de su Ministro. Este hecho trajo como consecuencia la renuncia del señor Ochagavía, quien se consideró desautorizado por su propio partido. Las gestiones de la junta ejecutiva del partido conservador tendieron a la detención de la tramitación de ese decreto, aprobado por los señores Ministros de Estado y por S. E. el Presidente de la República. Y esas gestiones posteriores al acuerdo del decreto, trajeron como consecuencia la renuncia del señor Ministro de Instrucción." Basándose en el acuerdo d e la junta ejecutiva conservadora renunciaron los otros Ministros y la Junta Central del partido radical declaró que en adelante el partido n o cooperaría a la labor de un Gabinete en que ocupara algún asiento u n representante del partido conservador. 11 Acta leída por el senador Barros Errázuriz e n sesión de 18 de octubre. " E n realidad, n o había acta de aquella reunión, dijo el senador Montenegro días más tarde. Lo que ocurrió f u é que con posterioridad a ella yo redacté lo que, en mi concepto, había pasado y lo di a la prensa. Entiendo que la versión que di es la que corresponde a la verdad de las cosas, y que su señoría aceptó como exacta. De manera q u e no h u b o acta, sino una publicación hecha en la prensa en virtud de la redacción que yo hice." El discurso de Quezada corre impreso en u n folleto en el q u e se incluyó la carta de felicitación que le envió Mac-Iver, q u e lleva por titulo En el Parlamento. Libertad de conciencia. Política liberal. Santiago, Imprenta Barcelona, 1916. 13 Los discursos de Izquierdo corren en u n folleto- que dieron a los moldes sus amigos, con el título de Nuestro sistema político ante el Senado. Valparaíso, Sociedad I m p r e n t a y Litografía Universo, 1916.

Capítulo

X

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I Al producirse el d e r r u m b e del Ministerio Izquierdo, se organizó u n o calificado d e administración, integrado por Enrique Zañartu en Interior, Alámiro Huidobro en Relaciones, Pedro Felipe íñiguez en Justicia e Instrucción Pública, A r t u r o Prat en Hacienda, Oscar Urzúa en Guerra y Marina y ¡Ramón León Luco en Obras Públicas. D e ese Gabinete, compuesto d e balmacedistas, liberales y nacionales, estaban excluidos conservadores, radicales y demócratas, y organizado con la complacencia d e la coalición, obedecía al propósito de quebrantar la unidad de la Alianza, incorporando en él, sin lá autorización del partido, a dos miembros del liberalismo doctrinario. El Ministerio f u é bien recibido en el Congreso, al q u e se presentó en son conciliador, pero en la C á m a r a el liberal Bermúdez dejó en claro q u e n o lo unía ningún vínculo político con la Alianza.
El G a b i n e t e es, para nosotros, u n Ministerio coalicionista, dijo; ningún lazo nos liga e n este m o m e n t o a los distinguidos señores q u e acabo d e n o m brar y así n o d e b e n extrañarse d e encontrar a todos y a cada u n o de los miembros de la Alianza Liberal en la estrecha fila d e u n a fiscalización severa, constante y levantada, como nos lo i m p o n e n las actuales circunstancias. H e mos querido u n a solución de a r m o n í a y cordialidad, se nos trae u n a solución de batalla. Dispuestos estamos a ella, h a c i e n d o la p r o m e s a solemne a la faz del país de q u e nuestra acción jamás se apartará del o r d e n y de los grandes deberes que la patria exige, pero t e n i e n d o t a m b i é n presente q u e hay dictados de conciencia q u e nos obligan a garantir las libertades públicas, ante cuyo deber todo sacrificio nos parecerá p e q u e ñ o .

El debate político a q u e dió lugar el discurso de Bermúdez, en el que intervinieron Cornelio Saavedra y R o m u a l d o Silva a nombre de la coalición, y M a n u e l Rivas y el d i p u t a d o por V a l paraíso por la alianza, dejó bien en claro la desconfianza latente que existía entre ambas combinaciones, resueltas a hacer triunfar sus propósitos por todos los medios que tenían en sus manos. "Este Gabinete aviva nuestra desconfianza, y por eso hemos declarado q u e nos mantenemos en la oposición", terminó expresando Bermúdez. Sin embargo, n o se renovó el debate sobre la circular del Ministro d e la Guerra, y el Ministerio obtuvo las facilidades necesarias para hacer despachar la ley d e presupuestos para 1917. El
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período de sesiones extraordinarias se prolongó hasta fines d e enero y se clausuró en cuanto se sancionó aquélla. El rumbo que tomaba la cuestión internacional preocupaba intensamente a los partidos, ante la inminencia de la entrada d e los Estados Unidos a la contienda, cuya Cancillería ejercía fuerte presión para que los países americanos adoptaran una actitud similar. En el círculo íntimo del Presidente predominaban los partidarios de los imperios centrales, en la representación parlamentaria las opiniones se encontraban fuertemente divididas, pero el sentimiento público, aunque trabajado hondamente por las simpatías y las influencias germánicas, se había manifestado decididamente en favor de los aliados y del mantenimiento de la neutralidad. En estas circunstancias el Presidente consultó confidencialmente a algunos políticos, entre ellos a Manuel Rivas, quienes se pronunciaron por el robustecimiento de la neutralidad, camino en el cual se creía contar con la adhesión de la República Argentina. La indudable inclinación del Perú y Bolivia hacia los aliados, que los arrastraría a hacer una declaración de guerra a Alemania, con la intención de hacer pesar su influencia en la revisión de sus asuntos con Chile, movió a muchos a considerar detenidamente este aspecto d e la cuestión, pero prevaleció el criterio de mantener a toda' costa la neutralidad, mientras los intereses y la soberanía de Chile no fueran afectados por deliberados actos de agresión o atropello. Pero era la contienda electoral del año siguiente, en la que la alianza se esforzaría por conquistar la mayoría de la Cámara de Diputados y reforzar la que tenía en el Senado, la que tenía vivamente preocupados a los partidos. De aquí que los preparativos comenzaran con mucha anticipación y que la actividad política girara en torno de ella. El descontento contra el Ministerio era vivísimo en las filas de la alianza y lá ofensiva contra él comenzó en el Senado, a propósito de las ternas cerradas del Consejo de Estado. En sesión d e 11 de julio, el senador radical Feliú propuso la postergación de la discusión d e lá ley que autorizaba el cobro de las contribuciones. "Parece que lo que se quiere es amordazar a la opinión pública, dijo, preparando el camino para que la próxima elección no sea el eco de la voluntad popular, sino del interés de los partidos políticos que forman parte de la actual administración." En la misma sesión el senador Yáñez, a nombre de la alianza, propuso un voto de desconfianza al Ministerio, diciendo que el país se sentía amenazado en su libertad electoral, y que el Gabinete no correspondía a la situación predominante, voto que fué aprobado por 16 votos y tres abstenciones. El proyecto que autorizaba el cobro de las contribuciones fué enviado a Comisión. Los ánimos estaban tan enardecidos que la mayoría coalicionista de la C á m a r a de Diputados hizo presentar al diputado na-

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cional M a r c h a n t u n proyecto d e acuerdo q u e decía: "La C á m a r a declara q u e dará facilidades para la organización del Ministerio promulgada q u e sea la ley que autoriza el cobro de las contribuciones." Dos días después el Senado aprobó el proyecto d e ley e i n m e d i a t a m e n t e de promulgada la ley juró un nuevo Gabinete, presidido por el señor Tocornal, jefe del partido liberal, e integrado por todos los jefes de partidos. La carteras se repartieron así:
Interior, T o c o r n a l , liberal. Relaciones, Besa, nacional. Justicia, Guarello, demócrata. H a c i e n d a , Quezada, radical. G u e r r a , Montenegro, balmacedista. Obras Públicas, González Errázuriz, conservador. El s e g u n d o G a b i n e t e universal d e la administración S a n f u e n t e s , c o m e n t a M a n u e l Rivas e n sus A puntes para la historia de la administración Sanfuentes, era t o d a u n a n o v e d a d en la historia nacional, y quizás u n caso ú n i c o en la historia del m u n d o . E n m o m e n t o s graves, en los casos de u n peligro exterior, todos los partidos se agrupan alrededor del gobierno para prestarle su concurso, pero n o sabemos de otro caso en q u e esta colaboración se haya prestado precisamente por los jefes de todos Los partidos políticos.

La organización del Gabinete y su fisonomía importaban suscribir u n pacto de tregua. En su discurso ante las Cámaras el señor Tocornal expresó q u e el deber principal del Ministerio era el d e dar garantías absolutas d e libertad electoral, y q u e para cumplir este compromiso estaba dispuesto a hacer todos los sacrificios necesarios, por dolorosos q u e fueran. Manifestó q u e el período d e tranquilidad y confianza q u e se iniciaba permitiría al Congreso ocuparse d e aquellos proyectos d e interés nacional q u e desde hacía tiempo estaban bajo su consideración, tales como los relativos a la marina mercante, Código sanitario, organización del poder judicial, instrucción primaria obligatoria y edificación escolar. Representantes d e las dos combinaciones políticas le manifestaron su incondicional adhesión. El Gabinete obtuvo el despacho de gran n ú m e r o d e proyectos de ley, no d e gran trascendencia, pero aprovechando la tregua doctrinaria pactada, la C á m a r a de Diputados sancionó, gracias a los infatigables esfuerzos del d i p u t a d o liberal Rivas Vicuña, y no sin vencer tenaces resistencias, u n proyecto orgánico d e instrucción primaria q u e imponía la obligación escolar. El Senado discutió extensamente la cuestión d e los nombramientos judiciales, d u rante la cual h u b o consenso u n á n i m e en considerar inútil y perjudicial la subsistencia del Consejo de Estado, y el problema d e la constitución d e la propiedad salitrera, sobre el cual promovió u n a interpelación el señor A l d u n a t e , en q u e formuló graves cargos a la delegación fiscal.

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La tregua no fué de larga duración, y en el seno del Gabinete se suscitaron hondas discrepancias sobre la remoción de funcionarios sindicados de intervención electoral, lo que movio a los Ministros aliancistas a formular su renuncia con fecha 27 de septiembre. En una reunión de la representación parlamentaria aliancista, verificada al día siguiente, se aprobó el siguiente voto:
La representación parlamentaria d e la Alianza Liberal aprueba y aplaude la actitud de los señores Tocornal, Quezada y Guarello de retirarse del Ministerio y se hace solidaria de ella; y teniendo presente que la actual crisis se ha producido por el mantenimiento del régimen de intervención electoral en el gobierno lo que significa una grave amenaza a las libertades públicas, acuerda: no cooperar a la organización o funcionamiento de u n nuevo Gabinete, mientras n o se den al país garantías amplias y efectivas de libertad electoral.

El Presidente parecía estar dispuesto a todo y a seguir gobernando con los tres presidentes coalicionistas: Besa entró a subrogar a Tocornal en Interior, González Errázuriz a Guarello en Educación, y Montenegro al Ministro radical en Hacienda. Nada irritaba más a radicales y liberales que ver a un conservador al frente de la cartera de Educación Pública, lo que no ocurría desde los lejanos tiempos de don Federico Errázuriz. Hasta el mismo Manuel Rivas, cauteloso y moderado, escribió bajo el pseudónimo de Segundo Jara, tibios artículos de oposición en las páginas de La Nación. 1 ¿Respetaría el Presidente el régimen parlamentario? La irritación en los círculos de la alianza era intensísima y se hablaba ya, no de crisis ministerial, sino que de crisis política. El Presidente tuvo que claudicar y se vió en la necesidad de confiar la organización del nuevo Gabinete a uno de sus adversarios más decididos, Eliodoro Yáñez, que representaba la tendencia más avanzada del liberalismo y contaba con fuertes simpatías en el radicalismo. La cartera de Relaciones fué confiada a Eduardo Suárez Mújica, ex Embajador en Wáshington, radical, que tampoco era santo de la devoción del Presidente; la de Obras Públicas a Malaquías Concha; lá de Educación a Arturo Alemparte, nacional, de tendencia aliancista; la de Hacienda al conservador Ricardo Salas Edwards y lá de Guerra al balmacedísta Oscar Viel Cavero. El Presidente creyó introducir una cuña en las filas de la alianza y esas pequeñas astucias presidenciales eran vivamente celebradas en el círculo de sus consejeros más íntimos. El Gabinete encontró buena acogida en el Congreso, pero en el ánimo de la coalición no entraba sinceramente el propósito de facilitar su tarea, ni menos permitirle presidir las elecciones generales. La discusión de la ley de presupuestos se arrastró lentamente y la alianza la demoró como un medio de tener abierto el Congreso. Todo giraba en torno de la próxima jornada y se iniciaron sigí-

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losamente negociaciones para llegar a u n acuerdo electoral, a las q u e no f u é ajeno el propio Presidente. La alianza rechazó d e plano todas las proposiciones, segura como estaba d e obtener la adhesión del electorado, ante lo cual la coalición decidió derribar el Gabinete. U n a votación adversa al Ministro d e Hacienda en la C á m a r a d e Diputados, en la discusión d e u n proyecto económico, provocó la renuncia d e éste, arrastrando con ella la de todo el Gabinete. La solución d e la crisis f u é m u y laboriosa. Cuantos esfuerzos hizo Yáñez por salvar la vida de su Gabinete resultaron inútiles. El Presidente pensó confiar lá organización del nuevo Gabinete al Dr. Puga Borne, pero, ante el vacío q u e encontró en las filas d e la Alianza se pensó en u n Ministerio d e lucha encabezado por Enrique Zañartu, e n circunstancias q u e arreciaban los trajines para llegar a u n amigable reparto de los asientos del Senado, q u e la Alianza desahució con intransigencia. El Presidente se inclinó entonces a u n a solución conciliatoria y confió la organización ministerial a don Domingo Amunátegui, Rector d e la Universidad, q u e estaba alejado d e la vida política y daba amplias garantías a la Alianza. El Gabinete q u e presidiría la decisiva jornada d e marzo próximo quedó integrado así:
Interior, A m u n á t e g u i , liberal. Relaciones, G u i l l e r m o Pereira, conservador. Hacienda, M a n u e l Hederra, nacional. Educación Pública, Pedro Aguirre Cerda, radical. Guerra, Luis V i c u ñ a Cifuentes, balmacedista. Obras Públicas, Francisco Landa, demócrata.

La personalidad d e los Ministros d e la Alianza era acentuada y en el ánimo del Ministro del Interior gravitó intensamente el recuerdo de las elecciones presididas por su ilustre padre cincuenta años antes. Los preparativos d e la jornada electoral embargaron desde ese m o m e n t o todos los ánimos, en medio d e la ansiedad predominante por el fallo q u e pronunciaría el electorado. II La conquista del poder político por la clase media n o se produjo d e golpe, sino q u e en varias etapas, en la eclosión d e las cuales gravitaron factores económicos, sociales y políticos. Mientras la dirección d e toda la vida económica d e la nación estuvo concentrada en Santiago y Valparaíso, los elementos políticos de las provincias obedecieron dócilmente, pero a lá sombra del desarrollo económico del norte y sur del país, d e las industrias salitrera y agrícola, surgieron elementos políticos q u e pronto pesarían en las jornadas electorales. En los primeros años del siglo era visible la existencia del cáu-

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dillismo político en las provincias, que ostentaba diversas etiquetas partidistas, pero cuya influencia era reconocida y acatada por los magnates santiaguinos. U n Arturo del Río en Tarapacá, u n Smitmans en Malleco, o u n Celestino Díaz en Llanquihue, constituidos en árbitros del poder electoral, elegían municipalidades, diputados y senadores, contando casi siempre con el apoyo de las influencias oficiales. Comenzaron a aparecer así en el escenario político santiaguino auténticos representantes d e los intereses económicos d e las provincias: fueron los llamados regionales o regionalistas, que las más d e las veces procedían con cierta independencia 1 , al margen de las directivas partidistas. Esos elementos no tenían propiamente u n a conciencia d e clase, y se distribuían en los partidos políticos tradicionales. En su formación gravitó poderosamente el desarrollo d e la enseñanza pública, especialmente d e la secundaria, que reclutando sus elementos en la juventud procedente de la burguesía provinciana, lanzó a la lucha varias generaciones resueltas a disputar el campo de lá actividad a sus usufructuarios en la administración pública, en los negocios, en las profesiones liberales y, finalmente, en la vida política. Apenas esos elementos hicieron irrupción en la vida política se encontraron, como era natural esperarlo, con la abierta hostilidad de los representantes de los partidos tradicionales, especialmente conservadores y nacionales, q u e se refirieron a ellos con altivo desprecio primero y con sarcasmo hiriente y corrosivo en seguida.
Desde esa época el partido conservador combatió sin tregua al radical por medio de sus plumarios, decía en la C á m a r a de Diputados Fidel Muñoz Rodríguez, el 10 de agosto de 1911, tachándolo de que no era sino el repre.sentante de la clase media, sin raíces en el pueblo, compuesto por u n núcleo d e profesionales y de oficiales de peluquería, cantinas y baratillos. N o habría repetido estas palabras de ataque si no hubiera gravísima equivocación y verdadera ignorancia en la apreciación que hacen de la clase media los miembros de ese partido. La grandeza de una nación, honorables colegas clericales y conservadores, está precisamente en la clase media, que en su conjunto es la más ilustrada y que es la que educa y forma la opinión del pueblo. C o n razón ha dicho u n eminente publicista inglés: las clases medias, es decir, la mayoría de las gentes que tienen educación, he ahí cuál es la f u e n t e del poder en Inglaterra. La opinión pública es la opinión del burgués q u e usa el ómnibus. No es, en modo alguno, la de las clases aristocráticas como tales, n i la de las clases q u e tienen más educación y más gusto.

Ta Cámara de Diputados elegida en las elecciones d e 1912 estuvo integrada, en su gran mayoría', por representantes d e pura extracción de clase media y de formación provinciana, cuyas cuotas más considerables tenían los radicales y demócratas. Entre los primeros figuraron Arancibia Lázo, Quezada, Julio Garcés, Guillermo Bahamonde, Enrique Oyarzún, Víctor Robles, Pablo Ra-

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mírez y m u c h o más, y entre los últimos, Guillermo Bañados, Nolasco Cárdenas y Malaquías Concha. Entre los liberales, Enriq u e Bermúdez, Luis Izquierdo, Alessandri, Matías Silva, Samuel Pozo y muchos más eran de formación provinciana y procedían d e la clase media. De la misma formación y origen eran otros diputados nacionales y balmacedistas.
La aristocracia política, por su parte, escribe Alberto Edwards, n o pretendía disimular su desprecio por esos advenedizos vencidos en las luchas de la vida económica y social, q u e intentaban suplantarla e n la dirección d e l país. Esos hombres destituidos de experiencia y capacidad directiva, sin lastre histórico ni aptitudes hereditarias, e n el concepto de sus émulos, sólo conseguirían derribar el majestuoso edificio de la República, levantado trabajosamente d u r a n t e varias generaciones.

Esos advenedizos fueron calificados de siúticos, utilizando una expresión que ya había conquistado carta d e ciudadanía en la literatura chilena. Siúticos fueron Jotabeche y Lastarria, y en el campo político fueron todos aquellos hombres d e formación burguesa, procedentes d e las provincias, ante cuya irrupción se cerraron a piedra y lodo las casas d e la aristocracia santiaguina. Alberto Edwards alude a la triste situación d e ese proletariado intelectual. En realidad, la actividad d e la clase media se había ido desplazando del campo d e los negocios a los d e la administración y d e la vida públicas, y ya á principios del siglo había desalojado casi del todo a los miembros de las familias tradicionales de la judicatura, del ejército, de la administración y del profesorado, d e aquí q u e el planteamiento d e la lucha en el terreno político fuera el resultado de u n proceso fatal. C u a n d o yo llegué a Santiago, m e decía u n magistrado d e la C o r t e Suprema, los jóvenes que veníamos de provincia e ingresábamos a los Ministerios, sólo podíamos llegar a' oficiales d e partes. Los empleos d e jefes de sección y las subsecretarías estaban reservados para los hijos de las familias santiaguinas. Los jóvenes de provincia que venían a Santiago llenos de energías a conquistarse u n a situación y u n nombre, captaban fácilmente ese estado de espíritu y pagaban la hostilidad ambiente con altanería. Ese m o m e n t o de la evolución social d e Chile está bieri caracterizado en una desconocida y olvidada página d e A n t o n i o Bórquez Solar, q u e siempre se m a n t u v o fiel a la tradición d e su altiva tierra chilota.
El gobierno es de unos pocos, mejor dicho, de u n a s cuantas familias que residen en la capital desde los albores d e la nación libre, o poco después, que h a n recibido en herencia, en feudo, mejor aún, dignidades y prebendas; influencias y puestos en la administración de la cosa pública y que d e f i e n d e n con porfiado tesón contra el e m p u j e de las nuevas ideas. Tales familias, muchas de ellas de nebuloso origen, unidas entre sí por la m a n c o m u n i d a d de intereses o por los lazos del parentesco, f o t m a n u n a c o m o ciudadela, inexpugnable contra la cual el talento y la virtud se estrellan, y ejercen u n a

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verdadera tiranía, que si es cierto que n o da garrote vil, ni tiene mazmorras, ni nos prohibe gritar nuestras aspiraciones, n o por eso es m e n o s aborrecible e intolerable que la q u e domina por el terror. Pero esto tiene q u e concluir. La misma oligarquía está allegando el combustible para la hoguera en la cual ha de purificarse de todo pecado y toda iniquidad. 2

Esa penetración d e la clase media en el campo político se acentuó en las elecciones de 1915, con la conquista d e algunos bancos en el Senado y con el reforzamiento de su situación en la C á m a r a d e Diputados, mientras los anhelos de renovación, en el terreno social y económico, harían violenta irrupción en la jornada del 3 d e marzo d e 1918, lo que Alberto Edwards llama la rebelión del electorado, pero q u e sería más exacto definir como la rebelión d e las provincias contra la hegemonía sántiaguina. III La jornada electoral f u é m u y durá. La Alianza iba a disputar a sus adversarios la mayoría de la C á m a r a d e Diputados, es decir, la conquista del poder político sin contrapeso. Creía contar con la adhesión espiritual del electorado y d e aquí el derroche q u e se hizo d e actividad, de entusiasmo y de dinero. Para poder competir con éxito con los candidatos á senadores d e la coalición, la Alianza tuvo que buscar adhesiones en el campo d e la plutocracia agrícola o industrial, a u n cuando la tibieza de ellas fuera notoria en el terreno ideológico. El generalísimo d e la campaña f u é el presidente del partido liberal, Tocornal, entusiastamente secund a d o por Manuel Rivas Vicuña, ambos vinculados a familias tradicionales. La lucha f u é especialmente reñida en Aconcagua', d o n d e el candidato liberal, Claro Solar, dió la batalla contra el presidente del partido conservador, González Errázuriz; en Maule, d o n d e disputaron la banca el liberal Madrid con el balmacedista Héctor Zañartu; en Bío-Bío, donde el liberal Fernando Freire hizo morder el polvo d e la derrota' al presidente del partido balmacedista, Montenegro, y en Cautín, d o n d e triunfó sorpresivamente el candidato liberal José María Valderrama, después de abandonar el terreno a su adversario en Colchagua. N o hubo lucha para los candidatos a senadores de la alianza en Atacama, Talca, Cautín, Malleco y Valdivia, mientras sus candidatos en Coquimbo, Valparaíso, Santiago, Concepción y Arauco obtuvieron magnífico triunfo. La alianza vió así reforzada en forma decisiva la mayoría con q u e contaba en el Senado. Pero el triunfo verdaderamente espectacular f u é el que aseguró a la alianza la mayoría d e la Cámara d e Diputados, con acentuado aumento de la representación radical y demócrata. Entre los radicales vinieron por primera vez a la C á m a r a Antonio Pinto Durán, Wenceslao Sierra, Octavio

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Señoret, Víctor Célis, Luis Ambrosio Concha, Abaraim Concha, Galvarino Gallardo, Rafael Torreblanca, Pedro Rivas Vicuña, Remigio Medina, Luis Orrego Luco y Enrique Burgos Varas, y siguieron en ella Oyarzún, Robles, Aguirre Cerda, Arancibia Lazo y Pablo Ramírez; entre los liberales hicieron su aparición en la vida política César Ferrera, Guillermo Edwards, Alejandro Rengifo, H e r n á n Correa y A r t u r o Yávar, y entre los balmacedistas Enrique Balmaceda. El predominio d e los hombres d e procedencia d e clase media y de extracción provinciana era abrumador. La campaña n o tuvo u n a plataforma ideológica ni u n programa social, y en el terreno político sólo se advirtió el fuerte sentimiento liberal del país orientado en el propósito d e quebrantar la decisiva influencia del partido conservador.
A h o r a bien, ¿qué afortunado conjunto de factores morales y materiales ha favorecido este despertar unánime?, se preguntaba Emilio Rodríguez Mendoza en las columnas de La Nación. La victoria reciente, extraordinariamente u n i f o r m e en todo el país, agregaba, con la sola y siniestra excepción de Chiloé (donde f u é derrotado Emilio Bello en su candidatura a senador) prueba, pues, q u e hay en acción fuerzas nuevas y poderosas: mayor vida propia en la provincia y mayor independencia y actividad económica en el individuo. 3

El mismo Rivas Vicuña publicó en La Nación, antes y después de las elecciones, con el pseudónimo d e Primitivo Rojas, u n a 6erie de artículos en los que n o se consignaba ningún programa de acción d e envergadura, sino la expresión de aventar del campo la influencia conservadora. 4 El triunfo d e la Alianza causó terrible impresión en el ánimo de sus adversarios políticos, y el Presidente pensó en renunciar, propósito del que lo hicieron desistir sus consejeros íntimos: no podía plantearse la cuestión del régimen político; el país había elegido dos C á m a r a s d e matiz homogéneo y al primer magistrado no le quedaba más que acatar el veredicto d e las urnas. Los leaders políticos d e lá alianza creían q u e ésta n o debía asumir las responsabilidades del poder hasta q u e el nuevo Congreso iniciara sus tareas, pero la coalición se allanó a que las afrontara desde luego. La crisis se planteó con ocasión de ciertos incidentes producidos en la Armada, que el Ministro quiso cortar aplicando severas sanciones, que no encontraron apoyo ni en el Presidente ni en sus colegas d e Gabinete. El Ministro convino en postergar su renuncia hasta después d e las fiestas conmemorativas del centenario de la batalla d e Maipú, 5 de abril. La renuncia total del Gabinete se hizo efectiva diez días más tarde. El Presidente comenzó a tejer su tela, viendo la posibilidad d e dividir a la combinación triunfante, tarea' en la que lo secundaron los diputados Cornelio Saavedra y Belfor Fernández. El primero trabajó en las filas radicales propiciando la idea d e confiar la or-

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ganización ministerial a Alessandri, propósito que combatieron algunos de los consejeros íntimos del Presidente, convencidos de que la elección del Ministro del Interior importaba la consagración de un candidato presidencial. Inmediatamente después del triunfo de la alianza, planteada la cuestión presidencial, surgió una sorda emulación entre Alessandri y Yáñez, sosteniendo este último la idea de que a él le correspondía recoger el fruto de la victoria, lograda gracias á los esfuerzos de la propaganda de su diario La Nación. Ungido Alessandri como el verdadero jefe del movimiento antioligárquico, "se pensó que esta designación lograría sublevar contra el nuevo jefe del Gobierno los intereses y las ambiciones de los magnates aliancistas, que contaban aún en las Cámaras con importante séquito, escribe Alberto Edwards, produciéndose así el dislocamiento d e los partidos triunfantes". La solución d e la crisis fué muy laboriosa. Dice Manuel Rivas en sus Memorias que el Presidente le ofreció con insistencia la jefatura del Gabinete, pero este distinguido político, hostil por temperamento, como dice acertadamente su amigo el autor de La fronda aristocrática en Chile, a las actitudes y decisiones definidas, la rehusó con pertinacia, recomendándole los nombres de don Luis Barros Borgoño o don Antonio Valdés Cuevas. "El Presidente me respondió que las informaciones que le suministraban los señores Saavedra y Fernández le hacían ver que el señor Alessandri sería muy bien recibido por los radicales", agrega Rivas. —Va a cometer un nuevo grande error, Presidente —le dije—, poniendo término a esta conversación en los momentos que el tren se detenía en la estación d e Maipú. Tocornal, herido porque él Presidente no lo llamó a la Moneda, dejó temporalmente la dirección del partido en manos de Yáñez y Rivas. Al fin, después de tres días d e laboriosas consultas, durante las cuales Alessandri y Yáñez se disputaron con encarnizamiento el honor de organizar el primer Gabinete d e alianzadiberal^ y en que hubo que vencer no pocas dificultades, logró éxito el primero, mediante u n equipo de tres radicales y tres liberales. Quedaron excluidos los demócratas. El Ministerio quedó integrado así:
Interior, Alessandri, liberal. Relaciones, Daniel Feliú, radical. Hacienda, Luis Claro Solar, liberal. Instrucción Pública, Pedro Aguirre Cerda, radical. Guerra y Marina, Jorge Valdivieso Blanco, liberal. Obras Públicas, Ramón Briones Luco, radical.

En su programa bosquejó Alessandri un vasto plan de acción administrativa. "Producida la última' crisis ministerial, por razones

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que todos conocen, comenzó diciendo, S, E. el Presidente de la República, respetuoso del régimen parlamentario, establecido por nuestra Carta Fundamental y afianzado por la historia..." Expresó que el gobierno perseveraría en la política de severa neutralidad que se había impuesto, y se pronunció en favor de complementar las leyes de matrimonio y registro civil, estableciendo la precedencia del matrimonio civil al religioso. Prometió prestar preferente atención a las cuestiones educacionales, mejorar la precaria situación del profesorado y dictar una legislación social que asegurara el bienestar de las clases trabajadoras. Prometió igualmente ocuparse de la industria salitrera, de la revisión del régimen tributario y acelerar lá discusión de los proyectos relativos a la constitución de la propiedad austral y del código sanitario. Manifestó que era necesario ocuparse de la lucha contra el alcoholismo y de la marina mercante nacional y terminó pidiendo el concurso patriótico de los partidos para el despacho d e la ley d e presupuestos. Era, más que un programa ministerial, todo un programa presidencial, susceptible d e realizar a lo largo de u n á administración. El gabinete fué recibido con benevolencia por diputados y senadores de ambas combinaciones políticas, y la ley de presupuestos de ese año fué despachada en los primeros días del mes de mayo; pero antes de mucho comenzó lá guerrilla y Enrique Zañartu puso en serios apuros al Ministerio pidiéndole una declaración sobre los sucesos de la Armada, que habían provocado la crisis del Gabinete anterior. Zañartu, que no tenía pelos en la lengua, dijo en esa oportunidad a Alessandri algunas claridades que merecen los honores d e la transcripción.
—Su señoría es muy hábil para dar golpes escénicos, le decía en sesión de 7 de mayo; narra la historia en la forma que le conviene; ésta es una de las características de su señoría; abusando de esta facultad ha querido ponerme en contradicción hoy con él pasado.

Y recordándole su pasado de fiel hijo de la coalición, transformado por el arte maravilloso de su versatilidad política, en leader de la alianza triunfante, le agregaba:
—No creo que pueda ser mi honorable amigo, el campeón de la coalición durante quince días, que tanto se burló de los pendones liberales, quien pueda echarme en cara una contradicción de esta índole. Alessandri: Yo, lo mismo que su señoría, confieso mis errores. Si h e prestado mi cooperación a la coalición antes, declaro que he cometido un grave error, del cual me arrepiento y en el cual no incurriré en todo el reeto de mi vida. Zañartu: ISomos dos arrepentidos! Con una diferencia: que yo, para mí, no exijo sino "el reino de los cielos", como todos los arrepentidos, mientras que a su señoría lo van a hacer Presidente de la República, como se asegura ya en algunos diarios de provincia.

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Dos cuestiones absorbieron del todo la atención de la Cámara durante el período de sesiones ordinarias: la reforma del reglamento, a fin de establecer la clausura del debate, y una interpelación de la representación conservadora sobre lo que en esos días había ocurrido en el pueblo de Castro, en que el promotor fiscal, nombrado juez subrogante, se había visto obligado a renunciar bajo la presión de una poblada. Desde la iniciación del período ordinario se vió bien a las claras el espíritu combativo d e que venía animada la nuevá representación parlamentaria, y la actit u d de Pinto Durán, al negarse a prestar el juramento por Dios que prescribía el reglamento, provocó la airada protesta de los conservadores. Alessandri había comenzado a tejer activamente su tela, y a mostrarse como el más entusiasta partidario d e la unión de liberales y radicales, y d e la resurrección de la vieja alianza liberal de 1875, a fin de llevar a cabo un programa de reformas doctrinarias. U n telegrama dirigido por Alessandri a un jefe político de los Ángeles, provocó en la Cámara el siguiente diálogo, en sesión de 26 d e junio:
Rivas Vicuña, Pedro: Me parece u n hermoso documento. G u m u c i o : N o se sabe si es poesía o proclama de u n candidato a la Presidencia de la República. Rivas Vicuña, Pedro: Pero en todo caso es muy hermoso. Ramírez, Pablo: Puede ser las dos cosas. Alessandri, Ministro del Interior: E n todo caso, es muy sincero.

La interpelación sobre los acontecimientos d e Castro la utilizó Alessandri para entrar al terreno político e interpretar a su manera el significado del triunfo del 3 de marzo. Haciendo el elogio de la alianza de 1875, dijo que paralizado el país en el camino d e las reformas, había entrado después del 91 en u n camino de componendas, dejando d e m a n o las luchas doctrinarias. D e la unión liberal radical resultaría, en su opinión, la construcción del edificio d e la República nueva, " o sea la construcción del edificio que va a terminar la coronación de las instituciones de libertad d e conciencia". Ese era el significado histórico de la jornada del 3 de marzo. Captando hábilmente el ambiente, halagando a radicales y liberales, decía con su fácil oratoria abogadil:
El país ha querido derribar este régimen de anarquía y volver a los gobiernos homogéneos y verdaderamente parlamentarios. El más alto honor que pueda alcanzar u n hombre en la vida política, después de tantos años en que en el gobierno n o habla Ministerios políticos, es llegar a este banco y poder decir con orgullo: estoy representando las aspiraciones, las orientaciones y el programa de las aspiraciones nacionales que están contenidas en el programa de la alianza liberal.

Y recogiendo la alusión d e que se proclamaba candidato a la Presidencia de la República, decía, con ese histrionismo tan característicamente suyo: "El Ministro del Interior, señor Presidente,

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óigalo la Honorable Cámara, óigalo también el país, reconoce que no tiene títulos, ni antecedentes de ninguna especie para aspirar, para pretender siquiera los honores a que, en forma d e interrupción, suelen referirse los honorables diputados de los bancos del frente." Con cruda franqueza condenó la actitud del Ministro del Interior y puntualizó el alcance d e sus declaraciones, el diputado conservador Gumucio, El atentado gravísimo cometido en Castro, en que una turba capitaneada por malhechores coartó el ejercicio de sus atribuciones al juez subrogante, y lo forzó a firmar su renuncia y a salir del departamento, ha quedado en la más completa impunidad, dijo, por la obra del Ministro del Interior, que había estorbado lá acción del Ministro visitador designado por la Corte d e Valdivia,
Quien hace ostentación orgullosa de asumir la responsabilidad de actos abiertamente ilegales y notoriamente indebidos, demuestra o demasiada irreflexión, o demasiado atrevimiento. El señor Ministro dedicó la última parte de su discurso del viernes, agregó, a demostrar que no era candidato a la Presidencia de la República. No hay memoria en nuestra vida política de que hayan creído necesario negar sus candidaturas los que n o han pensado en ser candidatos, y, por lo contrario, todos los que han luchado por la Presidencia, antes de lanzarse a la lucha, invariablemente han tomado la precaución, no sólo de negar su calidad de candidatos, sino aun de asegurar del modo más terminante que en ningún caso, y por ningún motivo, la aceptarían. No sé si me equivoco; pero me parece que las declaraciones que hizo el viernes el señor Ministro tienen todo el alcance de una autoproclamación de candidatura.

Y terminó diciendo:
La opinión pública, después de apreciar si el señor Ministro del Interior aspira o no a la candidatura presidencial, apreciará también si su actitud en los asuntos de Castro, si sus lisonjas al partido radical, si sus ataques al partido conservador y, sobre todo, si sus ostentosos alardes doctrinarios y su programa de combate, son para servir al país o simplemente son para servir sus ambiciones presidenciales.

Siguió (Alessandri enarbolando, con apasionado entusiasmo, el emblema de las reformas doctrinarias y sosteniendo que ése había sido el significado del triunfo del 3 de marzo. Rindió a Mac-Iver un fervoroso homenaje de admiración, diciendo en sesión de 25 de julio: "Y supongo que en esta Cámara nadie cree que nunca este hombre público, que representa hoy u n símbolo, una bandera, este hombre que lleva en sí toda una tradición gloriosa, y que jamás en su vida ha aplaudido o sostenido a ningún Gabinete de coalición..." agregando que nunca más volvería a incurrir en el error de cooperar a un Ministerio d e coalición. A la larga incursión que había hecho el Ministro del Interior por las páginas de la historia nacional, recordando la supresión del fuero eclesiástico y la aprobación del Código Penal, en su

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afán de halagar al partido radical, respondió G u m u c i o con reprimido desprecio:
N o está en el debate ni la separación de la Iglesia y el Estado, ni el f u e r o eclesiástico, ni la doctrina del partido conservador, ni la alianza liberal, dijo en sesión de 3 de agosto: ú n i c a m e n t e está en debate la actitud del señor Ministro en lo q u e respecta a la visita decretada por la C o r t e de Valdivia para sustanciar el proceso por el atentado contra el juez subrogante d e Castro.

Y aludiendo al versátil papel de Alessandri, empeñado en conquistar la adhesión de sus aliados d e última hora, expresó: " U n a tradición d e honor nos obliga a salir al frente cuando se nos provoca con seriedad; pero el buen sentido nos aconseja quedarnos en desdeñosa indiferencia ante provocaciones como las del señor Ministro del Interior. Pero u n gran partido como el nuestro no se inclina para recoger el bonete con cascabeles que se arroja al suelo, bajo la carpa de un circo, para obtener los aplausos del público." La Cámara dió un voto de indemnidad al Ministro por amplia mayoría: por 57 votos contra 36 y 5 abstenciones pasó a la orden del día. U n asunto que preocupó vivamente a los círculos políticos f u é la provisión del Arzobispado de Santiago, que quedó vacante con la muerte del señor González Eyzaguirre, y que dió origen a laboriosos cabildeos. El senador Lazcano levantó la candidatura del Obispo Miguel Claro, primo del Ministro de Hacienda Claro Solar, y obtuvo para ella el apoyo de u n nutrido grupo de senadores liberales, pero, sostenidos por diversos círculos, surgieron las candidaturas de don Crescente Errázuriz, del P. Antonio Castro y del obispo de Valparaíso, monseñor Gimpert. Consultado privadamente, el Nuncio declaró que la tendencia del Vaticano era la de nombrar obispos jóvenes, y que sólo encontrarían resistencia los frailes ex-claustrados y los que tuvieran más de 70 años d e edad, es decir, las-dos condiciones que reunía don Crescente para no ser preconizado. Parece que el Presidente hizo consultar por intermedio de su hermano Enrique Salvador a don Crescente, y éste había manifestado que se encontraba' en la imposibilidad de aceptar el cargo. En atención a esta respuesta, el Consejo de Estado no tuvo inconveniente en formar una terna colocando en primer lugar al señor Errázuriz, en el segundo al Obispo Claro, y en el tercero al Obispo de Valparaíso. El Presidente envió inmediatamente u n mensaje al Senado pidiendo el pase constitucional para presentar a la Santa Sede a monseñor Errázuriz como candidato al arzobispado. El Senado lo despachó por unanimidad. La preconización por la Santa Sede demoró hasta el 14 d e noviembre, pero f u é favorable.

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El debate sobre la clausura del debate llenó casi del todo las sesiones del período ordinario, y la representación liberal puso el mayor interés en lograr su aprobación: la alianza liberal, a fin de quebrantar la obstrucción conservadora, acordó una sesión permanente d e 24 horas. Se iniciaron gestiones de arreglo y los conservadores recurrieron a Alessandri para llegar a u n a solución. Los demócratas tampoco eran partidarios de la clausura por simple mayoría, y el Ministro del Interior aprovechó la oportunidad para reconciliarse con los conservadores y promover un arreglo que los liberales le enrostraron como u n a defección. La transacción a que se llegó decía que, discutido u n proyecto de ley durante durante diez sesiones, u n Ministro del despacho o diez diputados podían pedir la declaración de urgencia del asunto en debate. La urgencia podía ser ordinaria o extraordinaria: la primera debería votarse en sesión a que se citara especialmente y se entendería aprobada si reunía a su favor el voto de la mayoría de los diputados presentes, mientras que la urgencia extraordinaria debería también votarse en sesión a que se citara especialmente y se entendería aprobada si reunía a su favor el 68 % • de los diputados presentes. El descontento liberal se hizo más acentuado por considerar que el Ministro del Interior sacrificaba los intereses del partido a los de radicales y demócratas, mientras al mismo tiempo buscaba apoyo entre nacionales y balmacedistas. Los liberales presentaron por su cuenta u n proyecto sobre precedencia del matrimonio civil al religioso, para no ser menos doctrinarios que sus aliados. Los síntomas de debilitamiento de la combinación triunfante en la jornada del 3 d e marzo eran evidentes. El Presidente, preocupado de lás relaciones con el país vecino, y no congeniando con la falta d e ductibilidad del Ministro de Relaciones, creyó llegado el momento de cambiar el Ministerio. Mandó llamar a Rivas Vicuña y Yáñez, los dos vicepresidentes del partido liberal, y quedaron d e acuerdo en plantear la crisis moviendo a los demócratas, quienes debían reclamar una cartera ministerial, Alessandri prefirió la crisis total, ante una exigencia de uno de los partidos de la alianza, antes que la caída en virtud de un voto de censura. El nuevo Gabinete juró el 6 de septiembre. NOTAS
Llevaban los siguientes títulos: "Los Gobernadores en viaje", "Reflexiones en el campo", "Lo que dice Juan Morales, por el camino", " E n el Pueblo" y "En casa del doctor", y aparecieron desde el 4 hasta el 10 de octubre. 2 "La oligarquía santiaguina", en Revista de América, de Ventura García Calderón, París, n® 18, noviembre de 1913. 3 "El antiguo régimen", La Nación, 10 de marzo de 1918. 4 Se publicaron durante los meses de febrero y marzo.
1

Capítulo

XI

DERRUMBE D E LA A L I A N Z A LIBERAL Dos meses después d e la renuncia del Ministerio Alessandri-Feliú terminó la guerra europea, cuyas consecuencias repercutieron de inmediato en la vida económica e internacional del país: a la disminución de la exportación del salitre, columna vertebral d e la economía nacional, se siguió una alza considerable de los artículos d e primera necesidad, que afectó intensamente a las clases trabajadoras, provocando manifestaciones de violento descontento en lá pampa salitrera y en las grandes ciudades. La conquista del poder político por el proletariado en Rusia, y la agitación social que agitó a las masas en la Europa central y oriental, como consecuencia d e su derrota en los campos d e batalla', llegó en su influencia demoledora hasta las aguas del Pacífico, sacudiendo los cimientos mismos de la estructura social y política. N o menos trascendentales iban á ser las mutaciones que el triunfo de los aliados provocaría en el campo d e las relaciones internacionales de Chile, a consecuencia d e la exaltación q u e se produjo en el pueblo peruano, que creyó llegado el momento d e obtener el apoyo de los vencedores para liquidar a su favor la vieja contienda sobre la soberanía de los departamentos d e T a c n a y Arica. A fines de noviembre se celebró en Santiago u n a grandiosa manifestación popular, organizada por la que tomó el nombre de Asamblea de Alimentación Nacional, que presidía Carlos Alberto Martínez, que se encaró con el Ejecutivo, al que elevó u n memorial en el que pedía que se fijara el valor de la moneda, se prohibiera la exportación de cereales y la libre internación del ganado, del azúcar, del arroz, del té. y otros artículos alimenticios. La impresión que causó esa demostración f u é desconcertante y sus consecuencias no se hicieron esperar. Era el despertar d e la conciencia del proletariado, seguro de su fuerza y resuelto a hacerse oír. En el orden político, provocó lá caída del Gabinete García de la Huerta-Bahamonde, que había llevado una vida precaria, y la organización del Ministerio Quezada Acharán-Barros Borgoño, integrado por radicales, liberales y un demócrata, en el que la cartera de Guerra fué confiada a Enrique Bermúdez, cuyo ingreso al Gobierno había resistido el Presidente con porfiada resistencia. Desde ese momento los problemas sociales y económicos pasaron al primer plano, y el advenimiento del proletariado a la vida política iba a suscitar variadas reacciones. U n o d e los pocos que
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vió con claridad la trascendencia d e las p r o f u n d a s transformaciones que se gestaban fué el d i p u t a d o radical A n t o n i o Pinto D u r á n , q u e desde su aparición en el hemiciclo parlamentario se conquistó la agresiva hostilidad d e los conservadores, y q u e con u n a oratoria revestida d e animación y colorido, puntualizó con coraje cívico los factores que gravitaban sobre la vida social y económica de la nación. "Estamos asistiendo a la transformación de todos los valores, decía en sesión de 26 d e diciembre d e 1918. A nuestra antigua organización social, formada por una' oligarquía omnipotente arriba y u n pueblo analfabeto y miserable abajo, h a sucedido la formación de u n a clase media numerosa, ilustrada, inteligente, que analiza y juzga por sí misma, q u e n o se deslumhra, al contrario, se sonríe b o n d a d o s a m e n t e . . Expresó su confianza en el progreso que haría el país en el camino democrático y en que desaparecerían la gratuídad d e los cargos parlamentarios y la ceremonia anacrónica del juramento. A n i m a d o d e espíritu batallador, y convencido d e la necesidad d e encarar las cuestiones económicas y sociales, se manifestó otro d e los noveles diputados radicales, Pablo Ramírez, populachero y simpático, que suplía su carencia d e cultura general con su tendencia iconoclasta y demoledora. A n t e la presión d e las nuevas fuerzas sociales se tomaron medidas para eí abaratamiento d e las subsistencias, el Ejecutivo se propuso destinar recursos para la construcción d e habitaciones para obreros, se promovió la creación de u n a Junta Nacional d e Subsistencias y el señor Silva Somarriva propuso en la C á m a r a el nombramiento d e una Comisión especial para q u e estudiara los proyectos pendientes sobre colonización, seguro obrero, salario mínimo y jornada diaria d e ocho horas d e trabajo. ¿A q u é obedecía la intensa agitación q u e movía al pueblo a expresar sus necesidades en forma hasta entonces desconocida? En lá tribuna d e la C á m a r a y en las columnas d e la prensa surgieron n u e v a m e n t e las viejas lamentaciones contra la incapacidad del régimen político para encarar las nuevas necesidades sociales' y la esterilidad d e la labor parlamentaria, pero d e las clases conservadoras surgió u n a explicación más fácil, cual f u é la d e atribuir el malestar predominante a la obra d e la propaganda d e los' agitadores, a quienes se acusó de ejercer u n a labor subversiva. Fué el término que se acuñó para designar a cuantos promovían el mejoramiento d e las condiciones d e las clases trabajadoras o miraban con simpatía su causá.
Debo decir y l a m e n t a r q u e tengo el convencimiento de q u e e n el f o n d o de este movimiento hay u n propósito subversivo, hay doctrinas subversivas, decía el señor Vial Solar en la C á m a r a el 25 de noviembre, q u e si se las deja desarrollar, sin combatirlas con discreción, con prudencia, d e n t r o de la justicia, p u e d e n ser causa d e gravísimas perturbaciones y desórdenes y de desgracias innumerables para pobres y ricos, para todo el país,

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A esto respondió Pinto D u r a n poco después diciendo que en todos los siglos d e la historia a los q u e habían predicado ideas nuevas se les había llamado subversivos y agitadores del orden social. En el Senado se lamentó con h o n d a pena don Gonzalo Bulnes d e la m u e r t e del viejo Chile, dócil y obediente, q u e se había dejado gobernar pacientemente por dos docenas d e familias santiaguinas.
Ese espíritu se e n c u e n t r a alterado con la propaganda malsana viene del extranjero, decía en sesión de 3 de febrero de 1919, como n e n las epidemias. L a m e n t o , pues, t e n e r q u e h a c e r m e a m í m i s m o flexión, el Chile de hoy n o es el Chile antiguo. Desgraciadamente cipios del o r d e n están subvertidos. q u e nos nos vieesta relos prin-

Para d e f e n d e r al país d e todo contagio ideológico, ante aquella marea d e propaganda socialista q u e se difundía por todas las latitudes, se discurrió la dictación de u n a ley, llamada de resirdencia, que f u é una de las primeras leyes represivas dictadas por entonces, q u e encontró el apoyo d e todos los partidos. Por ella se reglamentaba lá entrada al país de los extranjeros, se dispuso la apertura d e registros especiales para ellos a cargo de la policía, y se entregó al Ejecutivo la facultad d e expulsar del territorio nacional a los indeseables. La disposición contenida en el artículo segundo era la más reveladora de su espíritu persecutorio. El Congreso discutió y sancionó rápidamente el proyecto respectivo, q u e experimentó serias modificaciones en la Comisión d e Legislación d e la C á m a r a , al q u e formularon ligeros reparos los congresales Gallardo Nieto y Rodríguez Mac-Iver. Alessandri n o participó en el debate, pero figuró entre los senadores q u e la votaron afirmativamente. La ley f u é promulgada el 12 d e diciembre d e 1918. La primera aplicación d e la ley d e residencia en la persona del subdito español Casimiro Barrios, empleado d e comercio, q u e se había conquistado alguna notoriedad por su palabra fácil y su acción proselista, despertó u n a fuerte protesta en el Congreso, especialmente d e parte d e la representación radical y demócrata, q u e movió finalmente al Ejecutivo a derogar el decreto de expulsión. Barrios se decía miembro d e u n partido d e n o m i n a d o socialista obrero. 1 La otra persecución q u e despertó las iras de las clases trabajadoras f u é la de q u e se hizo víctima a Julio Rebosío, acusado d e entregarse a la propaganda sediciosa, y q u e puesto a disposición d e la justicia ordinaria, pasó en seguida a la jurisdicción d e la autoridad militar, acusado d e deserción. Encerrado en u n inm u n d o calabozo del regimiento Tacna, con u n a barrá de grillos, f u é tratado con una ferocidad propia d e la E d a d Media, lo q u e movió a piedad al Ministro d e la Guerra, quien ordenó se le

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D E LA A L I A N Z A

LIBERAL

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mantuviera en condiciones h u m a n a s , intervención d e la q u e se derivó u n conflicto con el c o m a n d a n t e general d e armas d e Santiago, general Bari. 2 La d e t o n a n t e declaración del d i p u t a d o demócrata, Nolasco Cárdenas, vicepresidente de la C á m a r a , en la recepción del Ministerio Q u e z a d a A c h a r a n , q u e hirió p r o f u n d a m e n t e el sentimiento patriótico nacional, dió origen a u n a reacción violentísima, en el recinto parlamentario y en la calle, q u e provocó la caída d e lá mesa d e ese c u e r p o y volcó la atención pública hacia la cuestión internacional, especialmente después d e la intervención q u e se creyó l l a m a d o á desarrollar el Presidente d e los Estados Unidos, Mr. W i l s o n . El 6 d e diciembre d e 1918 el E m b a j a d o r de los Estados U n i d o s puso en m a n o s del Presidente d e la República u n extenso m e n s a j e d e aquel magistrado, en el q u e le expresaba la preocupación q u e había d e s p e r t a d o en el Gobierno d e los Estados U n i d o s la suspensión d e las relaciones consulares entre el Perú y Chile, en vísperas d e la reunión d e la Conferencia d e la Paz en París, llam a b a la atención d e ambos gobiernos hacia la gravedad de la situación producida y ofrecía su asistencia p a r a llegar a u n a solución equitativa d e la cuestión q u e los separaba. La dignidad y firmeza con q u e contestó ese mensaje el Gobierno d e Chile, por intermedio d e su Ministro d e Relaciones d o n Luis Barros Borgoño, encontró el apoyo y el aplauso d e todos los partidos, y destacó los vigorosos relieves d e la personalidad d e éste como la d e u n posible c a n d i d a t o a la sucesión presidencial. El incidente C á r d e n a s d e j ó en situación tan incómoda al partido demócrata, q u e n o contribuyeron a mejorar las declaraciones hechas en el sentido d e que había' h a b l a d o sin interpretar el sentimiento d e sus correligionarios, q u e d e t e r m i n ó la renuncia del Ministro d e O b r a s Públicas y su reemplazo por u n radical. D e allí a poco la agitación social se hizo más intensa, y prendió con exaltación e n el n o r t e y sur del territorio, en la provincia de lAntofágasta y en la región magallánica. En N a t a l e s se declaró una huelga d e todo el elemento obrero, q u e paralizó la actividad en las estancias ganaderas, y q u e f u é reprimida violentamente. El Gobierno pidió facultades extraordinarias por sesenta días, q u e el Congreso le acordó r á p i d a m e n t e con el apoyo d e todos los partidos y sólo con u n a tibia oposición demócrata. T o d a la estructura social parecía crujir a n t e el e m b a t e d e las nuevas corrientes, y el Ministro del Interior, Q u e z a d a , n o dejó d e expresar su sentimiento, al tener q u e recurrir a m e d i d a s ya olvidadas casi en la historia política del país.
Doloroso es, p o r cierto, febrero, venir a r o m p e r en desde h a c e m á s d e c u a r e n t a de facultades extraordinarias para estos años, para el q u e habla, decía e n el S e i j a d o el 3 d e m o m e n t o s l a tradición q u e tenía el país en q u e n o se había necesitado echar m a n o asegurar el o r d e n interior; cierto q u e ésta

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A L E S S A N D R I , AGITADOR Y

DEMOLEDOR

será u n a m e d i d a impopular, pero si h a n de cumplirse los deberes agradables, n o m e n o s imperioso es el c u m p l i m i e n t o d e los deberes cuyo d e s e m p e ñ o p u e d e desagradar a una parte de los conciudadanos.

La lucha estaba planteada en el terreno social y sus repercusiones las hallamos en la vida política. Los radicales se manifestaban vivamente descontentos d e sus ministros, a quienes caracterizaban como representantes de la oligarquía antes q u e del radicalismo, y este descontento era manifestado clamorosamente en las filas de la juventud, mientras los candidatos Yáñez y Alessandri lo fomentaban y estimulaban las ambiciones d e los diputados que deseaban ser ministros. L a crisis se planteó a fines d e abril por la renuncia de los tres ministros radicales. Los liberales manifestaron su propósito d e conservar su representación en el Ministerio. El Presidente ofreció lá cartera del Interior al señor Hevia Riquelme, antiguo diputado y diplomático, con una larga hoja d e servicios públicos, quien llevó a la cartera d e Instrucción Pública a Pablo Ramírez, q u e tenía fuerte arraigo en las filas d e la juventud. Los demócratas exigieron u n a cartera y f u é designado Ministro d e Obras Públicas el diputado M a n u e l J. O ' R y a n . El ingreso del señor Hevia Riquelme no satisfizo en m a n e r a alguna a los radicales: n o tenía temperamento d e luchador, era tibio y acomodaticio, y en el terreno doctrinario no representaba nada. En su discurso programa prometió "abordar resueltamente los problemas sociales y procurar q u e los poderes públicos, d e acuerdo con las orientaciones modernas, se apresuren a d o t a r al país d e u n a completa legislación social, basada en la justicia y en la solidaridad h u m a n a , q u e procure el bienestar d e las clases trabajadoras y u n a perfecta armonía entre el capital y el trabajo". Los síntomas del h o n d o malestar predominante hallaban su expresión en la tribuna parlamentaria, en la que n o faltaron voces q u e los tradujesen con valentía, pero con cierta vaguedad e incoherencia. El alma popular chilena se agita por grandes anhelos d e reforma, decía Pinto D u r á n en sesión d e 2 de julio. "El pueblo d e C h i l e siente hambre; pero más q u e h a m b r e de pan, h a m b r e d e justicia. Y por eso creo que no se le p u e d e satisfacer sino con reformas amplísimas del orden de cosas existente." Consideraba que la Constitución, oligárquica como era, sectaria y opresora de la conciencia, consignaba, sin embargo, algunos principios modernos y humanos. Presintiendo q u e le había' tocad o vivir en u n a época de grandes transformaciones, creía q u e de la entraña d e la nacionalidad surgiría u n Chile nuevo. " P o d r á n venir años de convulsiones, decía; pero, pasada la tormenta, sobre las ruinas humeantes, sobre los escombros calcinados, resurgirá como el Fénix el Chile nuevo, el C h i l e del porvenir." Pero sus anhelos reformistas n o llegaron más allá d e formular

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una expresión d e deseos. "La C á m a r a vería con agrado, decía el proyecto d e acuerdo q u e presentó, q u e el C o m i t é d e Reforma Constitucional estudie e informe, a la mayor brevedad, los proyectos de reforma d e la Constitución." El descontento era particularmente intenso contra el Ministro d e Hacienda, C l a r o Solar, a quien se caracterizaba como d o m i n a d o por u n reaccionarismo agresivo y enemigo solapado de la Alianza. T r e c e diputados radicales firmaron u n d o c u m e n t o en el q u e se consignaba el propósito de n o permitir su permanencia en el Ministerio en ninguna cartera, lo q u e provocó i n m e d i a t a m e n t e su renuncia. F u é la llamada crisis d e los bomberos> pues los dos ministros q u e salieron f u e r o n los d e Interior y Hacienda, q u e pertenecían a ese cuerpo. Para reemplazarlos f u e r o n nombrados los señores Serrano Arriera y Philippi, mientras algunos días más tarde el d e m ó c r a t a O ' R y a n era sustituido por su correligionario Malaquías C o n c h a . El c a m p o político iba siendo limpiado d e enemigos por los aspirantes a la sucesión presidencial: los Tocornal y Rivas Vicuña, los Quezada y los Guarello, q u e habían organizado y hecho triunfar la Alianza, en quienes liberales y balmacedistas veían u n a garantía d e seriedad y abnegación cívica, eran reemplazados por hombres mediocres, sin personalidad, q u e se convertirían e n dócil instrumento d e los ambiciosos. La discusión del proyecto d e instrucción primaria obligatoria, que se arrastró e n el Senado d u r a n t e todo el período d e sesiones ordinarias, y sobre el cual hablaron extensamente todas las cabezas visibles d e ese cuerpo, dió origen a u n episodio característico d e las nuevas corrientes q u e sacudían al partido radical. El venerable patriarca Mac-Iver, q u e se había m a n t e n i d o inquebrantablemente fiel a su credo individualista, se refirió despectivamente al n u e v o credo q u e movía a las clases trabajadoras y medias, lo q u e provocó u n virulento a t a q u e d e Pablo Ramírez, que lo celebraron con u n resonante b a n q u e t e sus correligionarios.
A l l a d o de esto, decía el primero, se presenta este proyecto c o m o la fracción d e u n programa q u e se llama de r e f o r m a social, c o m o u n programa social. En el día de hoy esta palabra, agregó, suena c o m o la voz de u n a sirena e n los oídos de los pueblos en general. I R e f o r m a social! fEs la felicidad social, es la felicidad de cada u n o de nosotros, es el p r o g r a m a nacional! Y atraídos por la voz d e esta sirena se r e ú n e alrededor d e este proyecto u n a cantidad considerable de v o l u n t a d e s en n u e s t r o país.

En ese d e b a t e habló extensamente Alessandri, y en su discurso, recogiendo las alusiones d e Mac-Iver, lo rebatió con inteligencia y enarboló el programa d e reformas q u e flotaba en el ambiente.
Los problemas y reformas n o son u n canto d e sirena, u n a dulce palabra q u e halaga y acaricia el oído, c o m o lo dijera el senador d e A t a c a m a ; se basan en principios f u n d a m e n t a l e s de d e r e c h o y justicia, y obedecen a u n a imperiosa

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exigencia del presente. Golpean ellos de u n m o d o efectivo el deber y la conciencia de los hombres de Estado, que deben prestarle atención efectiva y preferente. N o es aceptable que mientras algunos n a d a n en la opulencia, carezcan otros, en absoluto, de pan, vestido, habitación, luz para el espíritu, reposo conveniente y adecuado para el cuerpo, convenientemente reparador. Principios de solidaridad, de justicia y conservación social, exigen la existencia de un prudente equilibrio entre las más diversas esferas y capas sociales.

En el discurso que pronunció el Ministro d e Instrucción Pública, Ramírez, en el ágape que le ofreció la juventud radical el 9 de agosto, dijo que los males que afligían al país se debían al clero, a la oligarquía y al capital, cuyos representantes embarazaban toda política reformista, atrincherándose en los defectuosos reglamentos de las Cámaras, que n o consagraban la clausura del debate, con lo que se esterilizaba toda acción d e las mayorías. Esas expresiones arrancaron violentas reacciones en la prensa conservadora y en la tribuna parlamentaria, en la que arreció la crítica a la organización social y política, con arrebatadores apostrofes a la oligarquía. En ese tono habló, no sin elocuencia, el diputado Pinto Durán, dando a sus discursos cierto carácter mesiánico. "Soy un instrumento de que el progreso se sirve, decía en sesión d e 23 de julio, para abrir camino a las ideas nuevas, soy en esta C á m a r a la voz del porvenir." H e venido a pedir, agregaba, anunciando la bancarrota del régimen existente, la reforma completa, radical, del orden d e cosas existente, porque ese orden de cosas se está cayendo a pedazos. Esa violenta crítica a las características de la estructura social, a la influencia de la Iglesia y a la esterilidad de la acción parlamentaria, encontró amplia resonancia' en las clases trabajadoras, mordidas en las entrañas por el encarecimiento d e los artículos de primera necesidad y la desocupación, q u e se había acentuado al término del conflicto europeo. A esas críticas respondían en el Congreso los diputados conservadores Gumucio, Herrera Lira, Ruiz de Gamboa y Menchaca con violentos ataques al partido radical, con pueriles alusiones a la formación espiritual d e los diputados Ramírez y Pinto Durán, ambos egresados d e las aulas católicas, pero sin aportar ninguna idea constructiva, ningún plan coherente de acción política que diera satisfacción a las impostergables necesidades de las clases laboriosas, o prestara asidero a las esperanzas de las masás. "Es cierto que con frecuencia me refiero a la oligarquía, insistía Pinto D u r á n en su crítica demoledora; pero es porque la oligarquía es el gran hecho social y político d e nuestro país, es el gran hecho político y social d e nuestra historia." A fines de agosto, el 29, se verificó en Santiago u n a gran manifestación popular, el mitin del hambre como se le llamó, clamorosa expresión d e la angustiosa situación porque atravesaban

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las clases laboriosas y que produjo alarmante preocupación en los círculos gubernativos. Era la presión d e las masas que, acicateada por la miseria, golpeaba la conciencia de los poderes públicos. Mientras el descontento prendía cada día con mayor intensid a d en la burguesía y el pueblo, los políticos n o descansaban en 6us sigilosos trajines, moviendo sus piezas ante la inminencia d e la jornada próxima. D o n Luis Barros, ya en tren de candidato, había alejado del país a los señores Tocornal y Yáñez, al primero con una ostentosa misión diplomática ante el rey d e Inglaterra, para agradecer la visita d e Sir Maurice d e Bunsen, y al último con otra a los Estados Unidos y Europa, en compañía de los señores Juan Enrique Tocornal y Augusto Villanueva, con el pretexto de entablar negociaciones comerciales con los países del Atlántico y sondear a las Cancillerías ante la intensa' propaganda que movían Perú y Bolivia para promover la revisión de los pactos de 1883 y 1904, que zanjaron la guerra' del Pacífico. En el Senado, los conservadores opusieron u n a porfiada resistencia a la sanción del proyecto d e instrucción primaria obligatoria. Las gestiones de arreglo que se hicieron por Manuel Rivas para quebrantarla, prosperaron y el proyecto f u é sancionado por ese cuerpo en vísperas de la clausura del período ordinario. Las primeras escaramuzas se realizaron en el seno del partido liberal, donde cada grupo se disputó la mayoría. Los amigos d e Barros Borgoño se confundían con los d e Tocornal, mientras Manuel Rivas, secundado por u n nutrido núcleo d e diputados liberales, se mantenía a la expectativa. Alessandri propuso a Barros la elección de uno de sus amigos como presidente del partido, y las vicepresidencias al grupo d e Manuel Rivas. El Ministro d é Relaciones se pronunció en favor d e Guillermo Rivera, decidido enemigo d e su adversario, quien llevó adelante la idea d e celebrar una convención que diera a éste u n nuevo programa. Pero la convención demostró a las claras cuán h o n d a m e n t e trabajado se hallaba el partido ante las nuevas corrientes ideológicas y sociales y anticipó su división en la jornada electoral: una, que sostenía las tradiciones, y se manifestaba partidaria d e los antiguos nombres, Tocornal, Valdés Valdés y Barros Borgoño, y otra avanzada, reformista, reclutada entre los elementos de la clase media y provinciana, dispuesta a secundar las aspiraciones d e Yáñez o Alessandri. En los mismos días se reunió en Concepción la convención del partido radical, en la q u e prevalecieron los elementos m á s avanzados de éste, que reconoció la existencia d e la lucha d e clases y acordó su retiro del gobierno, con lo q u e extendió la partida de defunción d e la alianza que había vencido en las elecciones del año anterior. Sus acuerdos produjeron viva impresión y provocaron la renuncia de los Ministros del partido. Desaparecida toda cordialidad entre los miembros d e la alianza se planteaba

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u n á nueva situación política, que excluiría a los radicales d e las responsabilidades gubernativas. Las divergencias giraban naturalmente en torno a las cuestiones sociales.
La verdad de fondo, decía el presidente de la convención, Pedro Aguirre Cerda, en un reportaje que le hizo el diario El Sur de Concepción, es que los elementos oligárquicos experimentan realmente verdadero temor, verdadero pánico, ante el avance de este partido, compuesto de multitudes vigorosas, nuevas, intelectuales, reformistas; no porque vayan a subvertir el orden social, produciendo el caos, sino porque va contra los actuales privilegios, no quiere castas, rechaza el centralismo y amenaza acabar sin contemplaciones con los intereses creados.

Se organizó entonces u n Ministerio d e liberales, nacionales, balmacedistas y u n demócrata. Ministro del Interior fué nombrado Bermúdez, y en su lugar fué designado Aníbal Rodríguez; a Instrucción Pública entró Julio Prado Amor, mientras en Relaciones, Hacienda e Industria siguieron Barros Borgoño, Philippi y Concha, respectivamente. Era el clásico parche d e los buenos tiempos parlamentarios. La presentación del Gabinete al Senado dió motivo a un debate apasionado, en el que se encontraron unidos para condenar la nueva situación política Mac-Iver, Rivera y Alessandri.
Nos" encontramos delante de u n Ministerio que representa la ruptura de la alianza liberal, dijo el primero, y nosotros somos representantes hasta el día de hoy y lo seremos probablemente el día de m a ñ a n a , de la alianza liberal. Pero hay algo más grave: es una política separatista, una política de ruptura de la alianza liberal, que importa el desconocimiento de la voluntad nacional, el repudio del veredicto del 3 de marzo de 1918. Y este repudio n o es sólo el repudio de una resolución de una Cámara legislativa, o de u n Congreso, o de u n compromiso o acuerdo de partidos, es el repudio de una decisión nacional que había sido aceptada por todos y consagrada por el país entero.

Rivera condenó la nueva situación política que había surgido, y que tomó el nombre de unión liberal, en nombre de la moralidad política, y fustigó con palabras de fuego al Ministro del Interior, elegido como candidato aliancista el año anterior, que hasta la víspera había figurado en el Gabinete en representación d e esa agrupación, y que entraba ahora a colaborar en la obra d e una combinación adversaria. En el mismo tono, pero no ya melancólico, sino abiertamente batallador, habló Alessandri: "Yo n o lo siento, dijo, yo n o deploro el hecho. Por tendencia, por temperamento, m e gusta la oposición." Puntualizó que la razón principal de la nueva organización •ministerial había sido la de expulsar a los radicales del gobierno, •y anunció que volvía a su banca de senador de oposición. Ya un tanto clarificado el ambiente, don Gonzalo Bulnes, con sinceridad que le honra, dió una explicación de la mutación política operada, reveladora de la influencia que ejercían las nuevas corrientes.

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La fracción del partido radical que predominó en esa asamblea, dijo en sesión de 13 de octubre, refiriéndose a la convención radical, tiene una intelectualidad política distinta de la del partido liberal. T e n e m o s diversa manera de considerar los problemas de orden político y social. Estamos tan distanciados en este punto que casi podríamos considerarnos como partidos antipodas y en tal forma que esa fracción del partido radical ha debido convencerse que, mientras marche con nosotros, no podrá hacer triunfar sus ideas. Somos fuerza refractaria a sus idealidades políticas y sociales. El autor del voto adoptado en la convención, ha escrito en la prensa reconociendo que persigue u n ideal social completamente distinto del nuestro. Los liberales no estamos preparados para esta evolución. Por mi parte, yo confieso que no lo estoy absolutamente.

Dislocada lá mayoría parlamentaria por la defección liberal, el Gabinete quedó sin respaldo político y entró en crisis el mismo día que se presentó a la Cámara. Alessandri protestó en el Senado de la indisciplina de sus correligionarios y d e que para justificarla se levantara lá bandera del respeto a la Constitución y del mantenimiento del orden social, que nadie amenazaba, a lo que contestó el presidente de la corporación, Lazcano, lamentando estar en desacuerdo con "un amigo a quien tanto quise durante tantos años", y que lo que se deseaba era reconstituir el viejo partido liberaí. La solución d e la crisis fué muy laboriosa, y el 8 d e noviembre juró u n Gabinete integrado por representantes de las viejas familias, que se dijo era d e administración, y que, en el fondo de su pensamiento, era ferozmente reaccionario. Las carteras fueron distribuidas en esta forma:
Interior, José Florencio Valdés Cuevas. Relaciones, Alamiro Huidobro. Instrucción Pública, José Bernales. Hacienda, Guillermo Subercaseaux. Guerra y Marina, Germán Riesco. Obras Públicas, Oscar Dávila Izquierdo.

De regreso de su residencia antofagastina, a la que lo arrastraba el ejercicio d e su actividad profesional, se refirió Pinto Durán, con punzante ironía no exenta d e gracia, a la nueva organización ministerial.
Los acontecimientos producidos en los últimos meses, decía en sesión de 29 de diciembre, manifiestan que estamos abocados a una reacción oligárquico clerical. C o m o paladín de la reacción oligárquica se ha presentado esa entidad de tonalidades indecisas, casi crepusculares, bautizada con el nombre de unión liberal, entidad que, precipitó misteriosamente en las retortas y alambiques de su laboratorio maravilloso el mayor alquimista de nuestra política criolla, nuestro prestigioso colega el honorable diputado por Curicó. (Rivas Vicuña.)

Y caracterizando la personalidad de los ministros, agregaba:
Lo preside u n representante distinguido de nuestra más rancia aristocracia. En el Ministerio de Relaciones podemos ver a un retoño distinguí-

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dísimo de la ilustre familia de los marqueses de la Casa Real. Los demás ministros son todos hijos y nietos de Presidentes de la República o descendientes de oidores de la Real Audiencia, evocando así en esos bancos prosaicos imágenes coloniales, aureoladas por la pátina del tiempo y por el polvo augusto de los siglos.

iLa vida del Gabinete fué precarísima y en las sesiones d e la Cámara de fines de enero planteó la cuestión d e confianza. La designación del señor Mac-Iver como consejero de Estado, y la del señor Porto Seguro como consejero de la Caja Hipotecaria, hizo concebir a los radicales lá posibilidad d e reconstituir la alianza con los votos liberales, y movió a Arancibia Laso a presentar u n proyecto de acuerdo que decía: "La Cámara vería con agrado que se organizará un nuevo Ministerio en que estuviera representada su actual mayoría", que modificó el señor Urzúa agregándoles las palabras "de alianza liberal". Votado en sesión de 30 d e enero, con la abstención de liberales, conservadores y balmacedistas, fué aprobado por 29 votos contra 1, extendiendo la partida de defunción del Gabinete. La lucha se iba a plantear, con renovado apasionamiento, en todos los campos: el social, el político, el económico y el ideológico. N O T A S
1 En sesión de 2+ de diciembre hizo el senador demócrata Torrealba la defensa de Barrios, bosquejando su biografía. Vicuña Fuentes le ha dedicado una página en su Tiranía en. Chile. 2 Vicuña le ha consagrado algunas emocionadas páginas al dramático caso de Rebosio, que terminó por suicidarse.

Capítulo

XII

LA C O N S P I R A C I Ó N DE 1919 La agitación surgida a fines de 1918, y lá manifestación popular de 22 de noviembre, que empavoreció a las clases poseedoras, provocó honda preocupación en los círculos militares, de la que pensaron aprovecharse los políticos, Alessandri entre ellos. De aquí surgió la idea, concebida por el general Armstrong, de trabajar por estrechar los lazos de unión y compañerismo entre los jefes de lá institución, a fin de robustecer la acción del Presidente de. la República y ofrecerle un concurso eficaz en caso de que llegarán a producirse conmociones populares. "No hay duda de que el general Armstrong desempeñó bien su papel, hablando generalmente a cada uno según su carácter y según el giro de sus actividades", decía en su vista el fiscal general Hurtado. Los primeros iniciados por Armstrong en la idea fueron los generales Moore y López, quienes se comprometieron a hacerle propaganda entre los demás jefes. Armstrong procuró atraerse a los generales Brieba y Germán Fuensalida, y a los coroneles Dartnell, Agustín Echavarría, Emilio Sotomayor, Jorge Lorca Prieto, Guillermo Dublé, Francisco Flores, Juan Emilio Ortiz Vega y Rafael Toledo. En sus conversaciones, Armstrong hizo ver a sus colegas la posibilidad de obtener el despacho de los proyectos de leyes militares que se encontraban pendientes d e la consideración del Congreso, la conveniencia de colocar a oficiales en actividad o en retiro al frente de Intendencias y Gobernaciones, y ejercer sobre el Gobierno una tutela que llevara finalmente ai desplazamiento del elemento civil. Los primeros pasos se dieron dentro del mayor sigilo, y para asegurar el mantenimiento de éste, Armstrong hizo prestar a sus colegas el juramento correspondiente. N o era está la primera vez que los militares pretendían intervenir en la vida política y derribar el régimen parlamentario: las manifestaciones del descontento surgían d e todas partes y la impotencia del Ejecutivo para encarar y resolver los más impostergables problemas que gravitaban sobre el país se hacía notoria. En 1912, u n a inocente Liga Militar que contó con la adhesión de numerosos oficiales de Marina, pretendió intervenir abiertamente y trastornar el régimen político, movimiento que finalmente se malogró, por cuanto desistió de tomar parte en él don Gonzalo Bulnes, que se había comprometido a acaudillarlo. 1 Generalizada la idea de unir a la oficialidad superior, se pro227

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cedió a hacerla extensiva a otros jefes d e menor graduación. Armstrong habló a los jefes d e sección d e su Departamento (el General de Guerra de que era jefe), comandantes Salvo y Del Canto, y mayores Villalobos y Gómez. El general Moore inició al coronel Hinojosa y a los mayores Ibáñez y Depassier, y el general López a los comandantes Maturana y Concha. El almirante Cuevas inició al general Herrera, al mayor Montero y al capitán de fragata Figueroa. El coronel Fuensalida habló al comandante Desiderio García, de Carabineros, al coronel Echava'rría y a los comandantes Vidaurre y Muñoz Feliú, mientras el coronel Sotomayor se puso al habla con los comandantes Lazo, Charpín, Concha y Quintiliano Barbosa. Algunos d e los comandantes nombrados hicieron propaganda con el fin de buscar adeptos. Satisfecho Armstrong de la marcha del proyecto, consideró llegado el momento de organizar el trabajo, para lo cual se celebró, en lá segunda quincena d e marzo d e 1919, u n a reunión con los coroneles, que tuvo lugar en la casa del mayor Gómez Solar. Presididos por el jefe del Departamento General d e Guerra, concurrieron a ella los coroneles Ecbavarría, Sotomayor, Solís de O v a n d o e Hinojosa. En esa reunión todos estuvieron d e acuerdo en proceder de modo que no se les pudieran atribuir intenciones subversivas, y se nombró u n Comité d e Coroneles encargado de hacer propaganda entre los demás jefes. El 15 d e abril, con el pretexto de estudiar el cambio d e uniforme, se celebró en la oficina del general Armstrong, en el Ministerio de la Guerra, una reunión d e tenientes coroneles, a la q u e concurrieron los comandantes Montt, Salvo, Vidaurre, Del Canto, Aguilar, Caviedes, Barbosa, Lazo, Charpín y Concha, y el coronel Hinojosa. El general hizo presente que ya estaba iniciado casi todo el personal superior del Ejército, que la primera división había respondido en masa y que d e la segunda, tercera y cuarta, sólo faltaban algunos comandantes de cuerpo, a quienes no se consideraba apropiados, por ser amigos del Presidente d e la República o de personas afectas a éste, y unos pocos comandantes ele cuerpo, a quienes no se les había hablado por ser oficiales desconceptuados. Del mayor Manterola se dijo que era el primero a quien había que tomar preso, excluyéndose al coronel don M a riano Navarrete y al comandante Francisco Javier Díaz, que serían dejados para última hora. Todos los presentes, de pie, juraron mantener en reserva lo tratado en la reunión. El juramento estaba concebido en estos términos:
Yo, juro por mi honor guardar sigilo y fidelidad en todo lo que se refiere a la Sociedad Ejército de Regeneración, a la cual juro pertenecer y servir con toda la decisión de mi alma y la entereza de mi carácter y en cuyo servicio, para grandeza de la Patria, n o escatimaré sacrificios, guardando absoluto secreto sobre lo que se m e confiare y llegare a saber y obedeciendo, sin discusión, leal y esforzadamente, las órdenes que recibiere. Estrecha solidaridad nos u n e : a ella ligamos nuestro honor, y por ella juramos

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amparar al compañero, caer con él en su defensa, y aplastar al delator si es necesario.

Las exclusiones anteriormente mencionadas se explicaban, por cuanto algunos jefes eran tildados de ajustarse estrictamente a la disciplina y de ser enemigos jurados de cambullones e intrigas políticas. Desde algunos años a esa parte, la oficialidad superior del ejército se había visto dividida a raíz del memorable debate suscitado en 1916 en la Cámara de Diputados por la orden del día emitida por el Ministro de la Guerra, general Boonen Rivera, según la cual el juramento a la bandera importaba la prohibición, para los militares, de pertenecer a sociedades secretas, cofradías o logias, a fin de evitar que contrajeran compromisos que alguna vez pudieran estar en pugna con el juramento de fidelidad á la patria. Paralelamente con la acción del general Armstrong, el comandante julio César del Canto, d e propia iniciativa, había desarrollado una labor personal, en su opinión destinada a asegurar el éxito d e los fines perseguidos, para lo cual elaboró u n proyecto de Junta Militar, semejante a las que se habían organizado en España, cuyos dos primeros firmantes fueron Del C a n t o y el comandante Salvo. Del Canto leyó su proyecto al mayor Carrasco, jefe del Estado Mayor de la Segunda División, que, según declaró en el proceso, le dejó la impresión d e haber sido escrito por un desequilibrado, pero que, finalmente, aceptó estampando su firma. Del Canto mantenía su proyecto en su caja d e fierro y el mayor Villalobos guardaba el pliego con firmas. En la reunión de comandantes se dió lectura al proyecto y se habló abiertamente de lá forma en que la Junta Militar presionaría al Gobierno para hacer determinados nombramientos y, en caso d e resistencia, para derrocarlo. Días después de la reunión de tenientes coroneles, se verificó una reunión de generales, a la que asistieron los generales Armstrong, Binimelis, Moore, López y Herrera, el almirante Cuevas y el coronel Hinojosa, en lá que se leyeron listas d e los jefes a quienes se iba a hablar y el plan d e operaciones. Herrera, profundamente alarmado por el giro que tomaba la conspiración, ya en el camino de la subversión, decidió pedirle al general López le hiciera presente al general Armstrong los peligros de su empresa. Pero fueron los comandantes de cuerpo, sospechosos del giro que tomaban las actividades de su colegas y conscientes d e su responsabilidad, los primeros en resistirse. Vicuña Fuentes sostiene que era la masonería, a través de Gómez Solar y Carrasco, lá que pretendía trastornar el orden político e imponer a Alessandri en la Presidencia d e la República. 2 Los comandantes de cuerpo, convencidos de que no era po-

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eible permitir que la Liga siguiera adelante, acordaron mancomunar su acción con el propósito de desbaratar sus propósitos. Los comandantes adquirieron la certeza d e que podrían contar, además de sus regimientos, con la policía y los carabineros, a fin de contrarrestar por la fuerza de las armas cualquier intento revolucionario que pudieran realizar en Santiago los directores de la Liga'.3 Mientras tanto, Del C a n t o obtuvo las adhesiones de los coroneles Toledo y Flores, Prefecto de Policía el primero y comandante de Carabineros el último, pero Toledo se negó a firmar el proyecto de Junta. Los comandantes de cuerpo provocaron una reunión con el general Herrera, en la que el comandante Caviedes le dijo: "Mi general: o el señor general Armstrong nos está engañando, o lo están engañando a él. Es necesario que usted le hable, que le quite la venda de los ojos o que le coloque la pistola al pecho para que hable claro." Poco después, se pusieron al habla con los prefectos de policía y carabineros. En esas circunstancias, entre el 26 y el 29 de abril, tuvo lugar en la oficina del mayor Carrasco una reunión a la que asistieron los comandantes Vidaurre, Caviedes, Barbosa, Lazo, Charpín y Concha. Caviedes, con mucha vehemencia, interpeló a Carrasco y protestó del engaño de que se les estaba haciendo víctimas. Le preguntó si el general Bari, comandante de la División, se encontraba al tanto de lo que estaba sucediendo, a lo que Carrasco contestó que el general conocía el asunto, pero sólo en sus líneas generales. Vidaurre expresó que él había entrado a sabiendas de lo que se trataba y que, llegadas las circunstancias, había que pasar por todo, que se había comprometido a emplear cualquier medio, aunque hubiera que derramar sangre para apoderarse del Gobierno. Agregó que el país estaba enfermo y que era necesario sanarlo. En la reunión se acordó nombrar una comisión para que se acercara al general Armstrong y le pidiera una reunión de la Junta Directiva, a fin d e obtener amplias explicáciones sobre los fines perseguidos. El general Armstrong expresó que las alarmas eran infundadas, que él no aceptaba las ideas del comandante Del Canto y que citaría a una nueva reunión. Estas incidencias trascendieron a los comandantes de brigada d e artillería e infantería'. C o n el propósito de obtener adhesiones en la primera División, el general Armstrong envió al norte al coronel Lorca, con quien estuvo en comunicación por correspondencia en clave, y que se puso al habla con el general Rojas Arancibia, el comandante de la Guarda y otros oficiales de las guarniciones d e Antofagasta, Iquique y Tacna, cuya adhesión obtuvo. En Valparaíso la propaganda la hicieron el almirante Cuevas y el coronel Lorca. Armstrong confesó que participaban de sus ideas los genera-

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les Binimelis, Moore, Fuensalida, López, Herrera, Brieba, Bari y Yávar, pero que n o entraron en la conspiración los generales Altamirano, Boonen Rivera, Hurtado, Marín, Pinto C o n c h a y Vicente Ramírez. El 9 d e mayo, el comandante Del Canto, conocidas ya las primeras medidas del Gobierno relacionadas con estos asuntos, entregó espontáneamente al Ministro del Interior, Hevia Riquelme, copia del proyecto d e Junta Militar y u n a lista de los jefes que estaban comprometidos. El proyecto d e Junta Militar es u n d o c u m e n t o interesante y pintoresco, quo.merece reproducirse. Decía así:
E n Santiago de Chile, en el m e s de abril de mil novecientos diez y nueve, los abajo suscritos, generales y oficiales superiores del Ejército y almirantes y jefes de la A r m a d a de guerra, accediendo a los anhelos manifestados por la opinión pública d e la nación, q u e pide para el país u n gobierno republicano, democrático, q u e sólo se inspire en el bienestar de todos los habitantes d e l territorio, y creyendo q u e el medio más a d e c u a d o pata alcanzar este propósito es la f o r m a c i ó n de una Junta Militar q u e manifieste al Presidente de la República, que es el generalísimo del Ejército y de la Marina, q u e todas las fuerzas armadas del país reiteran su adhesión constitucional al jefe del Estado para que pueda, en adelante, hacer u n gobierno f u e r t e y capaz p a t a concluir con la a n a r q u í a política que perturba el progreso de la nación, que h a traído la desmoralización administrativa y la desorganización de los servicios públicos, siendo, además, la causante de las exigencias sociales, q u e aspiran en los actuales m o m e n t o s a evolucionar en el seno de todas las colectividades políticas y sociales de la República; v i e n e n en f i r m a r la presente Carta constitutiva de esta Junta, jurando, por su h o n o r d e oficiales del Ejército chileno, a guardar absoluto silencio sobte la constitución d e esta Junta y a poner a disposición del poder Ejecutivo, para los fines m á s arriba expresados, su inteligencia, su concurso y sus energías. 1. Constitúyese u n a Junta Militar, cuya existencia deberá ser siempre nc%ada, q u e t e n d r á por objeto robustecer la acción del p o d e r Ejecutivo, procurando el c u m p l i m i e n t o de todas las leyes, decretos y disposiciones q u e S. E. el Presidente de la República, como jefe constitucional de él, p r o m u l g u e o dicte para la buena m a r c h a de la nación. Esta Junta tendrá, además, como segundo objetivo, velar por la depuración d e las instituciones armadas, porq u e su organización sea la m á s a d e c u a d a y p o r q u e ellas r e s p o n d a n siempre con eficiencia y seguridad al m a n t e n i m i e n t o del o r d e n i n t e r n o del país y a las exigencias internacionales. La Junta Militar sólo tiene existencia real, c u a n d o está constituida en sesión, la q u e d e b e r á efectuarse con sigilo y seguridad para sus miembros y cuidando q u e sus debates no sean oídos sino por los jefes que la c o m p o n e n , jurando todos ellos, al incorporarse a la Junta, guardar absoluto secreto de todo c u a n t o a la Junta se refiera, y negando siempre su existencia, para q u e n o p u e d a decirse q u e S. E. el Presidente de la República, n i sus Secretarios de Estado, gobiernan a m p a r a d o s por las fuerzas armadas d e la nación. Todos los hombres q u e c o m p o n g a n esta Junta, d e b e n ser sanos de alma, altruistas, disciplinados, ecuánimes y enérgicos, q u e t e n i e n d o por divisa el amor a la patria, consagren sus inteligencias y energías a cooperar a la acción del Jefe del Poder Ejecutivo. Por eso es q u e todo jefe que debe f o r m a r parte de esta Junta, q u e es cabeza representativa, por c o m ú n acuerdo, de todas las fuerzas armadas de la nación, debe, ante todo, meditarlo mucho, examinar su conciencia y calcular si cree reunir las condiciones de b u e n a fe en sus propósitos, de sacrificio, discreción, patriotismo y disciplina.

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A nadie se obliga de antemano, pero una vez aceptado el cargo, el pensamiento debe ir muy lejos y muy alto, para ofrecer, sin vacilaciones, la adhesión necesaria, que será la obra depuradora y defensora de los derechos de todos los ciudadanos chilenos, sin distinción de castas sociales. El Ejército nada quiere para sí, si no es la conservación eficiente de su existencia, necesaria a ú n para la vida de los pueblos; pero lo quiere y lo exige todo para la patria. Los miembros de la Junta Militar no aspiran a recompensa ninguna; serán recompensados cuando se beneficie la colectividad chilena, cuando ella tenga un gobierno sabio, justo y previsor. 2. La Junta militar será compuesta: a ) Por todos los generales y almirantes del Ejército y Armada. b) Por los comandantes en jefe de las divisiones de Ejército. c) Por los subsecretarios del Ministerio de la Guerra y Marina, si fuesen militares. d) Por los jefes de las brigadas de la guarnición de Santiago. e} Por un capitán d e navio, otro de fragata y otro de corbeta, designados por el Director General de la Armada. f ) Por el jefe de los Carabineros. g) Por el Prefecto de la Policía de Santiago. h) Por los comandantes de unidades o cuerpos de tropas de la guarnición de Santiago. i) Por cuatro jefes del Ministerio de la Guerra, designados por el Presidente de la Junta. i) Por dos jefes del Estado Mayor General, designados por el Presidente de la Junta. k) Por el Edecán más caracterizado de S. E. el Presidente de la República. I) Por el Jefe de Estado Mayor de la Segunda División del Ejército. 3. Será presidente titular de la Junta el general o almirante más caracterizado; en caso de inasistencia de éste, a las sesiones, presidirá el más caracterizado de los miembros que asistan. Secretario será el teniente coronel más antiguo, y prosecretario el mayor menos antiguo. Las sesiones tendrán lugar cada vez que el presidente titular o cinco miembros de la Junta lo estimen necesario y lo comuniquen verbalmente al presidente titular, que está obligado a residir en la capital, para que cite a sesión a más tardar para tres días después de aquél en que f u é solicitada la reunión. Es preciso el q u o r u m de quince miembros para que la Junta pueda sesionar. Los miembros que sin causa justificada fbonafidej no asistan a tres sesiones consecutivas, perderán su puesto en la Junta y deberán, por consiguiente, dejar el puesto que ocupan en la guarnición de Santiago, para que otro jefe les reemplace en ¡a Junta, la que por ningún motivo debe verse privada del concurso de todos sus miembros. La misma Junta, al principiar sus sesiones, calificará las inasistencias de sus miembros. 4. La Junta no tendrá libro de actas ni archivo de ninguna clase. Sus acuerdos serán únicamente verbales. Si en las sesiones fuere necesario leer documentos, éstos quedarán siempre en poder del secretario, q u e los guardará en caja de fondos. El presidente titular de la Junta o el que haya presidido la sesión, pondrá verbalmente en conocimiento del Ministro de la Guerra los acuerdos que para la seguridad del gobierno haya tomado, acuerdos que S. E. el Presidente de la República podrá poner en vigencia si lo estimare de justicia y conveniencia para la marcha del país, o para beneficio de las instituciones armadas, q u e son la salvaguardia de la patria. 5. Cualquiera de los miembros de la Junta puede hacer proposiciones sobre asuntos que se refieran al Ejército y demás instituciones militares del país.

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Abierta la sesión por el presidente, el secretario dará cuenta verbal de lo tratado en la sesión anterior, y de si todas las disposiciones gubernativas h a n sido cumplidas. La Junta debe tener presente que todo acuerdo qué tome en su gobierno S. E. el Presidente de la República, debe, necesariamente, ser cumplido, ya que éste es el cuasi-objeto de la existencia de la Junta. En seguida el secretario dará a conocer los nombres de los inasistentes y las tazones de las inasistencias. Después, el presidente ofrecerá la palabra para seguir tratando de asuntos n o resueltos en la sesión anterior, o bien para debatir otros nuevos. Las discusiones se harán con todo método y orden. C u a n d o el presidente ofrezca la palabra, el que desee usar de ella la pedirá y, una vez concedida, expondrá sus opiniones en la forma más breve y contundente posible, terminando siempre por hacer una indicación. Después, el presidente ofrecerá la palabra sobre la indicación. Los que la soliciten, pueden hablar por orden de antigüedad, por sólo dos veces y por no menos d e quince minutos cada vez. C u a n d o hayan hablado todos los q u e solicitaren la palabra, y hayan, a juicio del presidente, antecedentes bastantes para votar la indicación, se cerrará el debate y se procederá a votar, no pudiendo ya nadie hacer uso de la palabra. 6. Cada miembro tiene derecho a un voto. Si resultare empate, el presidente resolverá la votación. Las votaciones son secretas y se resuelven por mayoría de votos de los asistentes. Nadie puede excusarse de votar. Si la Junta en sus debates no hubiese llegado a u n acuerdo o a votación, se continuará la sesión antes de cuarenta y ocho horas, del m o m e n t o en que se levanta. 7. La Junta Militar no puede permitir que ninguna autoridad o corporación del país pueda, aunque sea indirectamente, cambiar o restringir las decisiones que el Ejecutivo tomare; toda persona (incluso los miembros de la Junta Militar) que tratare de desvirtuar o impedir en cualquiera forma las determinaciones del Supremo Gobierno, será juzgada por la Junta y condenada a la pena que sus miembros acuerden. Solamente S. E. el Presidente de la República, por medio del Ministro de la Guerra, puede ordenar a la Junta la revisión de sus acuerdos y siempre que ella lo solicite de su presidente titular, por los dos tercios de los miembros asistentes y con una sesión de anticipación, debiendo el presidente titular citar a sesión especialmente para efectuar esa reunión.

La nómina de los oficiales comprometidos, según el documento anónimo que recibió el Presidente de la República, y que corre entre los antecedentes del sumario, era muy extensa. Seguramente esta nómina era exagerada, y fué abultada con el propósito de impresionar al Presidente sobre la magnitud del movimiento. Mucbos de los incluidos en ella no fueron llamados siquiera por el fiscal al iniciarse el proceso. En opinión de Del Canto, pertenecían a la masonería los comandantes Vidaurre, Lazo, Salvo y Del Canto, el coronel Ortiz Vega, los mayores Villalobos, Viaux y Gómez Solar, el capitán Martínez y el general Moore, mientras que calificaba de beatos a los coroneles Sotomayor y Échavarría, y a los comandantes d e cuerpo de Santiago, Caviedes, Barbosa, Concha y Charpín. El Gobierno, que estaba enterado de la marcha de la conspiración por las informaciones que les proporcionaban el prefecto de policía Toledo y el de carabineros Flores, 4 encaró resueltamente la situación e inmediatamente llamó a calificar servicios a unos, puso en disponibilidad a la mayor parte de los jefes com-

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prometidos y designó al general Carlos H u r t a d o Wilson para que iniciara el sumario correspondiente. El general Sáez, que f u é secretario del fiscal designado, cuenta en su libro Recuerdos de un soldado u n a deliciosa anécdota. Llamados por el Presidente d e la República el Ministro d e la Guerra Bermúdez y él, se desarrolló la siguiente escena:
Era Ministro de la Guerra, escribe, en aquella fecha, don Enrique Bermúdez, político joven y obsequioso. Él se encargó de hacer una sucinta relación de todos los acontecimientos que conociera el Gobierno sobre el complot denunciado. De cuando en cuando el Presidente intervenía para completar algún dato o para hacer u n rápido comentario. Terminada la exposición, don Juan Luis sacó d e su escritorio la copia de un telegrama, y pasándola al señor Bermúdez, le dijo con aire impregnado de malicia: —Lea, Ministro. Se trataba de u n telegrama dirigido a u n señor del Norte. El remitente protestaba en él de q u e el Gobierno estuviera dando los caracteres de u n complot a una burda farsa, ideada por sus agentes. Leyó el señor Bermúdez el telegrama, y, como éste no llevara firma, preguntó al Presidente con un candor admirable: —¿Y de quién es este telegrama, Excelencia? — ¿No lo calcula u s t e d . . . ? —No, s e ñ o r . . . — I Ahí —exclamó d o n Juan Luis, y volvió a guardar el telegrama, ¡Los políticos! El Presidente y su Ministro sabían perfectamente de quién era ese telegrama, a través de cuyas palabras se traslucía el temperamento fogoso del senador de Tarapacá, pero no entraba en sus procedimientos eso de tender las cartas así no más en la mesa. U n o y otro habrían deseado denunciar al firmante, pero los dos prefirieron guardar discreto silencio. El Ministro había ido más lejos aún, negando, en los diarios de ese mismo día, terminantemente, que en el complot descubierto tuvieran participación alguna elementos civiles. 5

La reacción de la prensa f u é unánime. El más tibio de los diarios en comentar el episodio fué La Nación, que obedecía a las sugestiones de Yáñez; pero El Mercurio lo condenó abiertamente. "Gobernar u n país por medio de una Junta Militar, decía en su edición de 16 de mayo, pública o secreta, aunque sea por el conducto del Presidente de lá República, es una revolución que sólo la inocencia, la ignorancia o la maldad, pueden buscarle diversos nombres, como "fomento del progreso nacional", "defensa d e las instituciones", "amparo al poder". Eso, todo eso, es mentira; la verdad es la intención oculta d e los instigadores y promotores militares. La verdad es que se pretendía hacer del más puro, inmaculado e intachable Ejército de Sudamérica, un poder antidemocrático, un militarismo de segunda mano, una máquina de bastidores." La reacción en los círculos parlamentarios fué decidida. En sesión de l 9 de julio, don Gonzalo Bulnes manifestaba que el Senado acompañaría' al Presidente de la República en todas las medidas que empleara para mantener el orden público, pero días más tarde, Enrique Zañartu se refería a la conspiración en térmi-

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nos violentos, diciendo que era el acto más torpe, inaudito y vergonzoso que registraba la historia del pais. Pero el que puso el dedo en lá llaga, con su acostumbrada franqueza y punzante ironía, fué el redactor del Diario Ilustrado, Rafael Luis Gumucio, que con el título Conspiración de Catilina, denunciaba el 11 de mayo con crudeza lá participación de Alessandri en el complot.
H a habido una conspiración y se ha querido atribuirla a Catilina, escribía. Causa extrañeza que circulen rumores tan absurdos y que existan personas ingenuas que los crean y maldicientes que los repitan. El hombre es harto arriesgado, demasiado impulsivo, le sobra atrevimiento y le falta medida, reposo y reflexión; pero, si puede hacer disparates, es demasiado inteligente para hacer tonterias. Tiene loca ambición a la Presidencia de la República; pero no necesita de conspiraciones militares para satisfacerla a un año plazo, pues, por sus pasos cabales, y en hombros de tres partidos, va, por el camino constitucional, a la Moneda, Sus enemigos, que se empeñan en enredarlo en el complot abortado, insinúan, insidiosamente, que tal vez ha recurrido a la conspiración por temor a que ciertas personalidades le arrebaten sus expectativas, ya sea rompiendo la combinación en que se apoya, o ya sea con cualquier otro recurso; pero rechazamos de plano la insinuación, porque bien sabemos que no le inspiran temor alguno esas personalidades, que ni se atreven, ni pueden atreverse a nada en contra de él.®

El general Hurtado, que por cierto no miraba con ninguna simpatía la personalidad de Alessandri, evitó todo lo que pudiera dar a la investigación u n carácter político. En opinión de Sáez, que actuó d e secretario, se incurrió en el error de investigar demasiado, y en ver presuntos culpables por todas partes, confundiendo a veces la ingenuidad de algunos con u n propósito delictuoso. El Senado, en sesión secreta d e 7 d e julio, exteriorizó su caluroso aplauso al Ministro de lá 'Guerra por su energía. El senador Zañartu felicitó al Gobierno y al Ministro por la entereza con q u e había mantenido los altos intereses del país, expresiones a las que se adhirieron los señores Lazcano, Rivera y Aldunate Solar a nombre d e los conservadores. El senador demócrata Malaquías Concha se pronunció en u n sentido similar, mientras que el radical Quezada Acharán dijo que no comprendía cómo alguien pudo concebir la idea de u n movimiento semejante. El presidente de la corporación, Tocornal, adhirió a las opiniones de los senadores preopinantes. En su dictamen, expedido el 23 d e agosto d e 1919, el general Hurtado declaraba que se había provocado un movimiento de opinión dentro del ejército con el propósito de subvertir el orden político de la nación, que la disciplina d e la institución había sido seriamente quebrantada, y que había mérito suficiente para elevar el sumario a proceso por el delito de conspiración. En sesión de 27 de enero d e 1920 el senador radical Feliú

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presentó un proyecto de ley de amnistía concebido en estos términos: Artículo único. Concédese amnistía a todos los comprometidos en el hecho o hechos que han motivado el proceso militar que hoy se sigue contra varios jefes de nuestro Ejército y de que está encargado el fiscal don Carlos Hurtado Wilson." El proyecto tenía que ser incluido en la convocatoria para que el Congreso pudiera considerarlo en el período de sesiones extraordinarias. Sanfuentes tuvo buen cuidado de no acoger esa iniciativa. En la Cámara de Diputados se alzó la voz de Pinto Durán, sosteniendo que los militares procesados no estaban sometidos a los tribunales ordinarios, sino que a la autoridad militar regida por la Ordenanza del Ejército, y que era indispensable poner término a una situación que tenía a un grupo distinguido de jefes militares al margen de las garantías constitucionales y legales. El Auditor de Guerra, Joaquín Santa Cruz, f u é de opinión de que fueran enjuiciados los oficiales comprometidos. El general Hurtado inició su penosa labor y expidió su dictamen el 12 de abril de 1920, en el que pedía, de acuerdo con el artículo 148 de la Ordenanza del Ejército, la pena de muerte para los siguientes generales y oficiales superiores:
Generales: Guillermo Armstrong, Alejandro Binimelis, Manuel Moore, Víctor Rojas Arancibia, Vitalicio Luis López y contraalmirante Arturo Cuevas. Coroneles: Agustín Echavarría, Emilio Sotomayor, Jorge Lorca, Carlos Hinojosa, Francisco Solís de Ovando y Juan E. Ortiz. Tenientes coroneles: Ernesto Medina, Luis Montt, Eugenio Vidaurre, Julio César del Canto, Cochrane Salvo, Florentino de la Guarda, Manuel E. Lazo, Orozimbo Barbosa y Armando Aguilar, y Mayores: José A. Villalobos, Washington Montero, Bernardo Gómez, Ismael Carrasco, Ambrosio Viaux y Luis Otero. Absolvió de la acusación a los tenientes coroneles Pedro Charpín, Quintiliano Barbosa, Roberto Concha e Ignacio Caviedes y al mayor Aníbal Riquelme. Absolvió igualmente al general Alberto Herrera, cuya falta había sido, en su opinión, compurgada sobradamente con la prisión que había sufrido desde el 13 de noviembre anterior. Absolvió asimismo de responsabilidad al general Germán Fuensalida y a los coroneles Basilio Maturana, Francisco J. Flores y Rafael Toledo, a estos dos últimos porque, "cumpliendo con su deber dieron cuenta al Gobierno de lo que ellos sabían respecto a la Liga",

Pronunciándose en favor d e la eliminación del Ejército de algunos elementos perturbadores, decía con palabras proféticas:
Tengo también la convicción de que muchos de los que no reciber ahora la sanción correspondiente a su delito, alentados por la impunidad que les favorece, constituirán u n elemento pernicioso para el Ejército. Es de temerse que dentro de plazos más o menos largos, muchos de éstos pudieran volver a juntarse para constituir núcleos de donde saldrían nuevas sociedades secretas y a las que ingresarían todos los ambiciosos, descontentos y m u r m u radores, todo aquel elemento que, comprendiendo que no puede surgir por su propio esfuerzo, siente la necesidad de ingresar a las Ligas secretas, que no

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son otra cosa que sociedades de protección mutua y que no sirven sino para deprimir el carácter de sus miembros, ya que sólo el ingresar a ella es confesarse que no se siente capaz de surgir únicamente por su propio esfuerzo.

El 17 de mayo de 1920 se convocó al Consejo de Guerra de oficiales generales, que quedó integrado por los generales Boonen Rivera, Arturo Marín, Eduardo Ramírez y Pedro Morandé, y por los coroneles Francisco Vial y Juan Pablo Bennett. Tomaron la defensa de los acusados connotados abogados del foro santiaguino, entre ellos los señores Juan Esteban Montero, que tomó lá del general Armstrong, Santiago Lazo, Alberto Cumming, Eulogio Rojas Mery, Ruperto Álamos, Manuel Cabezón Díaz, Agustín Correa Bravo y Alfredo Cañas O'Ryan. La sentencia del Consejo de Guerra se expidió el 28 de julio del mismo año, y por ella se condenó á los jefes acusados a penas de prisión, arresto y relegación. 7
Luego tomaba el mando supremo de la nación, escribe el general Monreal, el nuevo Presidente señor Arturo Alessandri, y como nadie ignoraba la simpatía y deferencia que este magistrado tenía a favor de los dirigentes de ese movimiento, se creyó, naturalmente, que todos los separados volverían al servicio y que todo se restituiría a la misma situación de antes. No pasaron así las cosas, sin embargo, y las injusticias y falta de equidad se fueron repitiendo, hasta que las' consecuencias fatales, lógicas, de la desmoralización y corrupción de los encargados de administrar justicia, se hicieron sentir en forma dolorosa y cuando ya no era posible una reacción favorable. 8

Las compensaciones y premios a los conspiradores se otorgaron desde que el nuevo magistrado asumió la Presidencia de la República: por decretos de 12 de enero de 1921 fueron designados prefectos de policía de Santiago y Valparaíso; respectivamente, los mayores Bernardo Gómez Solar e Ismael Carrasco Rávago. El general Brieba fué ascendido a general de división, nombrado Comandante General de Armas de Santiago y miembro del Consejo de Estado, mientras otros jefes fueron reincorporados. La primera palada de tierra al proceso la dió la Corte de Apelaciones de Santiago por sentencia de 13 de agosto de 1921, por lá cual invalidó d e oficio la sentencia del Consejo de Guerra y repuso la causa al estado de dictarse nuevo fallo por el tribunal correspondiente. La última palada' de tierra la dió el general Brieba mandando sobreseer definitivamente, por la siguiente resolución:
Santiago, 5 de septiembre de 1921. CONSIDERANDO: 1 Q u e el fallo de la Ilustrísima Corte Marcial, pronunciado el 13 de ® agosto del presente año, invalida la sentencia pronunciada el 28 de julio de 1920 por el Consejo de Guerra de Oficiales Generales; 2® Q u e aun cuando esta sentencia es nula, es digno de notarse que ella establece que no está comprobado el delito de conspiración para una rebelión, por el cual se procesó a los oficiales;

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3® Que, según el considerando 34 de la expresada sentencia, los castigos que se imponen se f u n d a n sólo en presunciones, que no reúnen los requisitos para ser considerados como prueba plena; 4® Q u e el señor fiscal de la frustrísima Corte, después de u n acabado estudio del proceso, termina por pedir la absolución de los acusados, y 5® Que, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 11 del título LXXIV d e la Ordenanza General del Ejército es atribución privativa del C o m a n d a n t e General de Armas la de resolver en su concepto si las faltas cometidas por oficiales deben ser juzgadas en el Consejo de Guerra, o por el propio Juzgado dé la Comandancia General de Armas, DECRETO: Sobreséase definitivamente en este proceso y archívese.—L. Brieva A., general y Comandante General de Armas.

N o f u é ésta la primera vez que los políticos metieron su mano en los cuarteles, pero el complot de 1919 dejó en descubierto hasta dónde había llegado Alessandri en su labor corruptora d e los cuerpos armados. N O T A S
1 Sobre este episodio de nuestra historia contemporánea hay noticias en las siguientes publicaciones: "La conspiración de 1912", artículo publicado por el autor en El Mercurio, el 16 de febrero de 1930; C o m o si fuera ahora. . ., por Emilio Rodríguez Mendoza, 1930, y Arturo A h u m a d a , El ejército y la revolución, Santiago, 1931. 2 La tiranía en Chile, p. 54. 3 Los propósitos de la Liga no se veían muy claros y a nosotros sólo se nos había iniciado a medias, declaró el comandante Charpín, mientras el comandante Roberto Concha dijo: "Reunidos los comandantes, estudiamos detenidamente toda la situación, llegando a la conclusión de que el plan, que al principio se nos presentaba sano y noble, inspirado en propósitos de unión, de compañerismo y de apoyo al gobierno, no era sino una pantalla, existiendo en el fondo un plan verdaderamente revolucionario, cuya finalidad no era otra que la de apoderarse del gobierno." D e que los comandantes de cuerpo se dieron cuenta a donde se les quería arrastrar, hay constancia en la declaración del mayor Caviedes, quien expresó: "Creo que se está empleando con nosotros u n procedimiento verdaderamente canallesco —expresó en una reunión de los comandantes de cuerpo—, que aquí no se trata del bien del país, sino de lanzarnos en u n a revolución, aun a trueque de colocarnos en una situación semejante a la de Rusia, hoy día. Se nos engaña; tal vez hay aquí algunos ambiciosos que se están sirviendo de nosotros como de una plataforma para alcanzar u n objetivo que yo rechazo en absoluto." 4 República de Chile. Ministerio del Interior. N. 1365. Confidencial. Santiago, 7 de octubre de 1919. En las incidencias militares q u e han dado lugar al sumario instruido por el Juzgado de esa Comandancia, este Ministerio cree necesario hacer presente a U.S. que el Jefe del Cuerpo de Carabineros y el Prefecto de Policía de Santiago han cumplido con su deber y merecido en todo momento su confianza, porque, principalmente, tomaron con oportunidad las medidas del caso para que el orden público no fuera alterado, y mediante su concurso e indicaciones pudo el Gobierno confirmar los acentuados rumores que hasta él habían llegado y conocer los propósitos que abrigaban los inculpados al pretender apartarse de sus deberes militares. Dios gue. a U.S. E. Bermúdez-

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A la Comandancia General de Armas. Don C. B. S. recuerda haberle oído contar a Sanfuentes que cuando comenzaron a circular rumores de la existencia de u n complot militar, m a n d ó llamar al jefe de Carabineros, coronel Flores, quien después de algunos días le habría dado noticias tranqu¡lizándolo¡ diciéndole que no había malestar, que todo el personal era de gente digna y que n o había motivos de inquietud. Sin embargo, le habría agregado: hay un oficial que tiene grandes ambiciones y ascendiente en cierto sector del ejército, el mayor Ibáñez, a quien convendría sacar del servicio, Don Juan Luis se habría resistido a cortarle la carrera sin motivo justificado y se había limitado a nombrarlo Prefecto de la policía de Iquique, por decreto de 11 de agosto. 6 T o m o I, pp. 47 y 48, 6 —Tú te jactas mucho, le habría dicho Cornelio Saavedra a Alessandri, de tu civilismo y de tu valor para defender el régimen constitucional. Esto, tal vez, lo dirás en tus memorias, aprovechándote de que yo no escribiré las mías, para recordarte cómo una noche, a altas horas, en 1919, fuimos a la Avenida Matucana a ver a u n general, con el que contábamos pata derribar el Gobierno. T ú te debes acordar —le agregaba— que el general salió a abrirnos la puerta de calle en calzoncillos y con poncho, con u n a vela en la mano, y q u e después de ese espectáculo se enfrió por completo nuestro entusiasmo para derribar al gobierno con tales hombres. [Referido por d o n C . B. S.] 7 El general Armstrong, a un año y dos meses de prisión y un año diez meses de relegación a la provincia de Cautín. Al general Manuel Moore, a dieciocho meses de prisión. Al general Vitalicio Luis López, y al Almirante Arturo Cuevas, a u n año de arresto. Al general Alberto Herrera, a tres meses de arresto. A l coronel Carlos Hinojosa Peña y. Lillo, a un año de prisión. A los coroneles Agustín Echavarría, Emilio Sotomayor y Francisco Solís de Ovando, a u n año de arresto, Al coronel Jorge Lorca Prieto, a ocho meses de arresto. A l teniente coronel Julio César del Canto, a un año, dos meses de prisión y u n año diez meses de relegación a Magallanes. Al teniente coronel Cochrane Salvo Rubio, a un año, seis meses de prisión. A los tenientes coroneles Eugenio Vidaurre y Manuel Lazo, y a los mayores Ismael Carrasco Rávago y José A n t o n i o Villalobos, a u n año de prisión. Al teniente coronel Luis Montt Carrera, a seis meses de prisión. Al teniente coronel A r m a n d o Aguilar Encina y al mayor Wáshington Montero, a. cuatro meses de arresto. Al teniente coronel Florentino de la Guarda, a ocho meses de arresto. A los tenientes coroneles Roberto Concha Baeza, Pedro Charpín Rival, Ignacio Cavíedes Silva y Quintiliano Barbosa Urrutia, a cuarenta y cinco días de prisión. Al mayor Bernardo Gómez Solar, a diez meses de arresto. Al mayor Ambrosio Viaux, a seis meses de arresto. La sentencia absolvió al general Víctor Rojas Arancibia, al teniente coronel Ernesto Medina Fragüela, al coronel Emilio Ortiz Vega, al teniente coronel Orosimbo Barbosa Urrutia y a los mayores Aníbal Riquelme y Luis Otero. La sentencia recomendaba el retiro del ejército del general López, de los coroneles Hinojosa, Sotomayor y Lorca, y de los tenientes coroneles Julio César del Canto y Cochrane Salvo. Se publicó en el Diario Ilustrado de 4 de agosto de 1920. 8 Historia completa y documentada, p. 36.

Capítulo

XIII

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Entre los demagogos se han encontrado en todos los tiempos los ejemplos más despreciables de la naturaleza humana.
LORD MACAULAY.

La Cámara d e Diputados despachó la ley de Presupuestos para 1920 en sesión de 9 de febrero. Celebró aún cuatro sesiones más, en febrero y marzo, y entró en receso. El Senado la sancionó al día siguiente y celebró su última sesión el 16 de marzo. El Presidente no tenía ninguna prisa por solucionar la crisis ministerial, y estando el Congreso cerrado, no había posibilidad de una nueva mutación ministerial. Pudo así darse el gusto de organizar un Ministerio que amparara las expectativas de su candidato señor Barros Borgoño. Desde la organización de lá Unión Liberal, o mejor, desde que los liberales defeccionaron de la Alianza, se diseñaron dos corrientes bien marcadas en su seno: una moderada, compuesta de los antiguos aliados del partido conservador, que deseaba aprovechar la división liberal para formar una combinación con los conservadores, y otra integrada por los elementos separatistas que dirigía Manuel Rivas, que habiendo perdido su situación de preeminencia dentro d e la Alianza Liberal, supeditada por Rivera, Alessandri y Yáñez, aspiraba a organizar una nueva Alianza Liberal con nacionales, balmacedistas y un grupo radical que le era afecto. Este grupo propiciaba la candidatura de don Ismael Tocornal o don Luis Barros Borgoño, y combatía resueltamente las de Yáñez y Alessandri. Fué la llamada de los electrolíticos, dócil a las sugestiones de Manuel Rivás, que propició la reunión de una Convención única, como medio de detener la candidatura de Alessandri. D e aquí se derivaron apasionadas polémicas en la prensa y surgieron incidentes ruidosos, entre Alessandri y Rivera por una párte, y Manuel Rivas y Enrique Zañartu por la otra, reveladoras del encarnizamiento con que cada grupo defendía sus propósitos. 1 La idea d e la convención única fracasó ante lá resuelta actitud de las asambleas radicales, liberales y demócratas, hondamente trabajadas en favor d e las candidaturas de Yáñez y Alessandri, y que estaban decididas a tomar una activa participación en la designación del candidato. Yáñez y Alessandri descartaron pronto lá idea d e la Convención única y el Presidente, deseoso de evitar la lucha presidencial
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o que se modificara la situación en u n sentido favorable al candidato de la U n i ó n Liberal, organizó el 26 d e marzo un Ministerio decididamente hostil a Alessandri. Fué el Ministerio MontenegroHuneeus, en el que las carteras estuvieron repartidas así:
Interior, Montenegro, balmacedista. Relaciones, Antonio Huneeus, liberal. Hacienda, Oyarzún, radical. Instrucción Pública, Bermúdez, liberal. Guerra, Régulo Valenzuela, nacional. Obras Públicas, Malaquías Concha, demócrata.

Montenegro, el más apasionado e influyente d e los consejeros del Presidente, era enemigo decidido de Alessandri, cón quien había tenido ruidosas rivalidades profesionales, y de Tocornal, a quien n o perdonaba la hostilidad con que había combatido su candidatura a senador por Bío-Bío, dos años antes. Su presencia al frente del Ministerio no era prenda de espíritu conciliador. El sector aliancista estuvo representado por A n t o n i o Huneeus, frío, correcto, académico, sin temperamento de luchador, unido a Alessandri por vínculos de gratitud, por el apoyo que le había prestado a su malograda candidatura a senador por Santiago, pero que en el fondo de su alma n o deseaba su éxito. Oyarzún, partidario del señor Sanfuentes, lo q u e le había conquistado algunos años antes la censura d e su partido, n o simpatizaba con las ambiciones de Alessandri, ni tampoco Concha. Bermúdez se había hecho íntimo del Presidente y secundaba calurosamente su política, mientras el senador Valenzuela era u n hombre oscuro, sin personalidad ni relieve. Los elementos alessandristas no miraron con simpatía el G a binete, pero el propio Alessandri había declarado que n o necesitaba de la influencia gubernativa para triunfar, por cuanto su campaña se basaba en el afecto popular y en la defensa de los intereses de las clases trabajadoras. En vísperas d e la reunión d e la convención, Yáñez y Alessandri salieron en gira al sur del país, exponiendo sus programas, reclutando a sus partidarios y agitando la opinión d e las provincias contra el centralismo santiaguino. A su regreso, ambos aspirantes se manifestaban seguros del triunfo. El Diario Ilustrado no dejó de criticar a Alessandri por cuanto había dicho en las provincias, echando las simientes de u n a campaña d e agitación contra lá capital del país. Desde antes d e la reunión de las convenciones, la prensa metropolitana había' adoptado posiciones y abocado sus cañones contra los adversarios: Yáñez contaba con su diario La Nación, El Diario Ilustrado, fuertemente influenciado por el Arzobispado, era el portavoz de las clases conservadoras, mientras El Mercurio se mostraba indeciso, auscultando el lado d e que soplara el viento

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de las posibilidades. E n esas circunstancias, desde el 20 de abril arrendó una de sus páginas á la Alianza Liberal, es decir, a Alessandri, provocando con su actitud la protesta de la prensa conservadora y la renuncia de uno de sus más brillantes redactores, Joaquín Díaz Garcés, que desde ese mismo día se acogió al hogar periodístico de la calle Moneda. "Créame usted que no pienso que el país pueda aceptar, ni en u n momento de extravío, decía el escritor en su renuncia al diario, esa candidatura' personalista y santiaguina, del coalicionista de ayer y aliancista de hoy; pero, aunque no sea ya un peligro, es u n mal ejemplo." Los resultados d e la Convención eran claros desde antes de su reunión. El personal de la convención aliancista, la fecha de cuya reunión se fijó pará el domingo 25 de abril, se había reclutado entre los elementos radicales y demócratas de la burguesía, de lá clase media y del proletariado. A l lAlessandri, no!, que proclamó Joaquín Díaz desde las páginas de La Nación el día d e la Convención, respondió el lAlessandri, sí! d e Rafael Maluenda en la página arrendada d e El Mercurio. La Convención aliancista' se reunió el día señalado en el salón grande del Congreso, con asistencia d e más d e mil convencionales. Los convencionales radicales no excedían de cuatrocientos. En u n a reunión previa se habló de la conveniencia d e hacer en la primera votación u n saludo a la bandera, votando por el patriarca Mac-Iver, insinuación contra la cual se alzó Santiago Xabarca diciendo q u e los radicales debían agruparse en torno d e Alessandri.
Desde ese m o m e n t o los viejos radicales vimos nacer un gran peligro para nuestro partido, escribe Oyarzún en sus Memorias, su absorción por el nuevo credo, el alessandrismo, y temblamos, pues creíamos conocer a su Mahoma.

En la segunda votación, y cuando se creía que la elección no se decidiría antes de siete u ocho votaciones, f u é elegido Alessandri por 801 votos, contra 261 que obtuvo Yáñez. En su discurso bosquejó Alessandri u n vasto programa' de acción política, en el campo económico, en el social y en el internacional. Manifestó su sorpresa ante la rapidez de su designación y la más absoluta confianza en el sentimiento liberal del país, cuyas vibraciones y anhelos acababa d e auscultar. Prometió hacer una política netamente nacional, y se caracterizó a sí mismo como el paladín de las libertades públicas y de la libertad electoral, declarándose partidario de la laicización de las instituciones. Rindió homenaje a la Constitución de 1833, "monumento glorioso sobre el cual se ha cimentado la grandeza de la República", pero se manifestó adversario del centralismo exagerado, proclamando la necesidad d e dar mayor intervención a las provincias en la designación de sus autoridades y en la satisfacción de sus necesidades. Reconoció que la humanidad atravesaba por u n perío-

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do de profunda transformación social y q u e era necesario satisfacer las aspiraciones "del proletariado por medio d e una legislación que reglamentara las relaciones entre el capital y el trabajo, para lo cual había q u e crear u n tribunal de arbitraje obligatorio. Se refirió a la defensa de la raza, a la necesidad d e crear u n Ministerio del Trabajo y Previsión Social, al fomento de la primera enseñanza, a la estabilización de la moneda y a la justicia que envolvía el establecimiento del impuesto directo a la renta y al mejoramiento de la situación en q u e se encontraba la mujer ante las leyes positivas. En materia internacional se pronunció en favor de la solución del problema pendiente con el Perú. El programa n o tenía nada d e extremista'; sin embargo, alarmó a las clases conservadoras. En ese m o m e n t o culminante d e su vida, el político versátil q u e había en él n o podía dejar d e aparecer como el agitador que amenazaba a los que pretendieran cerrarle el paso. "Los puntos anteriormente insinuados, dijo, más que el programa político d e u n candidato que solicita y pide los sufragios de sus conciudadanos, son las vibraciones de un alma apasionada y sinceraj q u e persigue su realización desde hace muchos años. Son afirmaciones que formula quien jamás dice lo que no siente y quien n u n c a deja de cumplir lo que promete. Y parodiando a algunos Presidentes q u e se habían caracterizado como elementos conciliadores, que n o constituían amenaza para nadie y sí garantía para todos, expresó q u e quería ser u n a amenaza para los reaccionarios, para los q u e se alzaban contra la justicia y para todos los que se mostraban ciegos, sordos y mudos ante el momento histórico de h o n d a transformación porque atravesaba la h u m a n i d a d . El triunfo d e Alessandri causó estupor entre las clases pudientes d e la sociedad, reconoce don Domingo Amunátegui. ¿Qué nuevas corrientes morales o políticas, se preguntaba, habían robustecido a la clase media para que tuviera el atrevimiento de presentar combate contra sus dominadores d e otro tiempo? La expresión d e ese temor estaba claramente expuesto en el aviso publicado en la prensa por la U n i ó n Liberal, al día siguiente de la proclamación d e Alessandri, con el título d e Hannibal ad portas.
El político q u e se ha paseado por el país como el programa viviente d e las envidias regionales, de los odios de clases y de las más avanzadas t e n d e n cias comunistas, se decía en él, encarna hoy también las aspiraciones de la Alianza Liberal. Toca a los hombres de bien de todos los credos políticos agruparse en torno de los vitales intereses del país, gravemente amagados. Pueden contribuir a dominar la roja marea de la anarquía y el maximalismo, a ñ a d i e n d o su esfuerzo a la labor patriótica de la U n i ó n Liberal, q u e l u c h a por poner dique a sus avances destructores.

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Hombres de orden: se trata de los supremos intereses nacionales, vuestra propia y personal seguridad. ICorred a defenderla!

de

"En el C l u b de la Unión, en los círculos banca'rios, entre las gentes graves y sesudas de la capital, escribe Manuel Rivas en sus Memorias, la candidatura Alessandri era una locura, sería la última bullada aventura de tan discutido personaje. N o tenía medios de fortuna para afrontar la campaña, no tenía la mayoría del Parlamento, era pura bulla." Las clases conservadoras advirtieron con temor el ímpetu arrollador con que surgían a disputarle el campo político los elementos de la clase media y del proletariado, y la estrecha cohesión que los unía ante el conjuro de la palabra de Alessandri. A las nutridas huestes radicales y demócratas se agregaron algunos elementos sueltos de los partidos nacional, liberal y balmacedista. La Convención unionista se reunió el domingo siguiente, 2 de mayo. Estaba compuesta de los miembros de los directorios generales d e los partidos liberal, liberal democrático y nacional, de los dirigentes de estas agrupaciones en lás provincias y de gran número d e empleados, especialmente de la Caja Hipotecaria. Pocos días antes de su reunión había regresado d e Europa el señor Tocornal, cuya candidatura había adoptado como propia el partido liberal, y para la cual pidió el apoyo de los demás partidos d e la Convención, Manuel Rivas y sus amigos la sostenían vigorosamente, pero la combatía con todo el peso de su influencia' el Ministro del Interior Montenegro. Desde el primer momento la candidatura de Enrique Zañartu conquistó gran número de votos, apoyada con entusiasmo por la Moneda y sus correligionarios. Alessandri veía con gran temor la posibilidad del triunfo de Tocornal, y logró hacer deslizar en la Convención numerosos partidarios suyos dispuestos a desbaratarla. Estos elementos, secundados por los que obedecían a la Moneda, lá hicieron fracasar. Manuel Rivas se retiró de la asamblea. Las aspiraciones d e Zañartu quedaron igualmente descartadas, pues quedó en evidencia' que no alcanzaría a reunir el quorum reglamentario. Se iniciaron gestiones ante los conservadores, para obtener su apoyo al candidato que proclamara la Convención, pero éstos exigieron algunas garantías. En esas circunstancias, Tocornal renunció a su candidatura y los liberales democráticos ofrecieron su apoyo a u n candidato liberal. A l tercer día d e la reunión, don Luis Barros fué proclamado candidato d e la Unión Liberal por 985 votos entre 1,112 convencionales. A l ser ungido candidato, don Luis Barros tenía 62 años de edad y una larga hoja de servicios públicos, en el profesorado, en la administración y al frente d e la Cancillería. Frío, correcto, académico, su candidatura no despertaría entusiasmos encendidos, los conservadores la mirarían con recelo y las clases medias

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y el proletariado con h o n d a desconfianza. Sobrino d e don Diego Barros A r a n a , cuya personalidad habia ejercido p r o f u n d a influencia en su formación espiritual, se había mantenido fiel a su credo liberal y sólo una vez en su vida política había tenido u n desliz coalicionista. A los pocos días los conservadores manifestaron su apoyo al candidato y se echaron las bases del pacto político d e la combinación q u e tomó el nombre de U n i ó n Nacional, a la que ingresaron liberales, nacionales, balmacedistas y conservadores. Era la vieja coalición con distinta etiqueta.
En atención a la necesidad de asegurar e n t r e nosotros el m a n t e n i m i e n t o de las instituciones, decía el pacto aprobado el 13 de mayo, y de conjurar los antagonismos de clases, artificiosamente creados como recurso electoral, y que producen una situación de extraordinaria gravedad, análoga a la q u e atraviesan algunos países de la E u r o p a : Los partidos liberal, liberal democrático, nacional, nacionalista y conservador, consideran necesaria la organización de fuerzas vigorosas, sociales y políticas, q u e p e r m i t a n la realización del programa que les es c o m ú n y convienen en f o r m a r u n a U n i ó n Nacional.

Se comprometían a realizar el siguiente programa:
1® Asegurar el orden social con el estricto respeto de las leyes y la eficacia de la acción gubernativa, que permita a la vez el libre ejercicio de las actividades democráticas. 2® Implantación i n m e d i a t a de la ley de instrucción primaria obligatoria. 3® A d o p c i ó n de medidas administrativas que faciliten la correcta constitución de la familia. 4® Acción del Estado para solucionar las cuestiones sociales, 5® Fijar el valor de la m o n e d a . 6® Dictación de u n Estatuto Administrativo.

La nueva combinación de partidos encontró el aplauso de las clases conservadoras. "La U n i ó n Nacional, q u e nace ahora a la vida política del país, decía1 El Diario Ilustrado de 14 d e mayo, tenía ya u n tiempo de gestación: desde q u e los radicales comenzaron a supeditar a los liberales, sobre todo desde q u e u n a parte de los radicales tomó rumbos q u e podían considerarse disolventes. La U n i ó n Liberal f u é u n primer movimiento de defensa'. La idea de la Convención única f u é también otro arbitrio de defensa." D e allí a poco el señor Barros Borgoño, sin hacer promesas, pesando la responsabilidad q u e asumía, esbozó un programa d e alta envergadura.
Resistimos a todas las soluciones de imposición y d e violencia, dijo en una gran asamblea en Valparaíso, p r o f u n d a m e n t e convencidos de q u e éstas, en cualquiera forma q u e se desarrollen, nos llevarán siempre al desengaño y al fracaso. El antiguo o r d e n de los partidos y aquella regularidad de su funcionamiento, ha venido t r a n s f o r m á n d o s e en todos los países. Pesa sobre el Estado el deber ineludible de garantir la seguridad de las personas y de los bienes.

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Sostuvo que-debía practicarse u n parlamentarismo real y propició la dictación de u n estatuto administrativo. Se refirió a la política internacional, a las instituciones armadas, a las finanzas y a la producción, al régimen financiero y a la estabilidad de la moneda, a las industrias extractivas, a la agricultura, a los ferrocarriles y a la colonización. Aludió a su preocupación por la enseñanza pública, a cuyas penalidades no había sido extraño, dijo, a los problemas del trabajo y d e la asistencia social. 2
Es como una síntesis comprensiva d e lo que el patriotismo querría ver aplicado en todos los órdenes de la actividad nacional, comentaba El Diario Ilustrado el 20 de mayo. N o se intenta deslumhrar con promesas excesivas; n o se habla a pasiones de ninguna clase, se indica" el camino de todo lo prácticamente posible en p u n t o a progreso, en concepto de estadista, no como simple reclame d e candidato.

Desde el primer momento, el candidato popular sacudió lá sensibilidad de las clases desvalidas con promesas mesiánicas: el agitador, el demoledor y el demagogo se encontraba en su propio elemento. Prometió la destrucción del capitalismo y la satisfacción de todas las necesidades de las clases trabajadoras, se presentó como el paladín de la justicia social, el libertador d e los oprimidos y el redentor de los expoliados. Atacó a la oligarquía con violencia y halagó en todos los tonos las más bajas pasiones del populacho. A c u ñ ó u n a frase que tuvo m u c h o éxito para referirse a las clases acomodadas: la canalla dorada, y siguiendo fielmente las conclusiones de Le Bon, repitió incesantemente, para grabar en la mentalidad popular la seguridad de que sería Presidente de lá República "pese a quien pese". Y para halagar al proletariado siempre se refirió a él como su "chusma querida". Dió así a su propaganda, a sus discursos, a sus actitudes todas, u n carácter esencialmente social. N o se trataba d e una lucha política, sino de u n á contienda social, concepto que recogieron, aunque con cierta incoherencia, los documentos que circularon en la época.
La cuestión presidencial no tiene absolutamente, por u n o ni por otro lado, carácter político, es una cuestión n e t a m e n t e social, estricta y necesariamente social, y por el lado de la Alianza Liberal este carácter tiene 1 un valor especial, porque en ella se encarnan todas las más elevadas aspiraciones del pueblo de Chile, porque en ella descansan todas sus esperanzas, decía en u n manifiesto el doctor Francisco Landa, demócrata, refiriéndose a u n a circular de la Federación Obrera de Chile.

Del lado de la Unión Nacional se agruparon las fuerzas económicas más poderosas del país, la banca, el alto comercio, la industria y la clase propietaria, como decía d o n Domingo A m u nátegui; mientras que sostuvieron entusiastamente a Alessandri la pequeña burguesía o clase media y el proletariado, con estrechas

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conexiones en el ejército, cuyo apoyo buscó el candidato sin medir sus consecuencias. 3 Factor decisivo en el encendido entusiasmo que prendió en las masas f u é una actitud de la juventud estudiantil, la llamada generación del año 20, que veía en Alessandri el renovador de los rancios hábitos políticos y el representante d e las nuevas corrientes sociales e ideológicas. U n nutrido grupo de esclarecidas inteligencias universitarias había iniciado, d e algunos años a esa parte, a través del camino de la educación popular, el "ir hacia el pueblo", que se tradujo en una estrecha confraternidad de ideales y propósitos, inspirada en el deseo d e romper los viejos moldes y crear un ambiente d e mayor solidaridad social. Diez años antes la Federación de Estudiantes había f u n d a d o una escuela nocturna pará obreros, en la que trabajaron Félix Corona, Pedro León Loyola, A r t u r o Peralta, Carlos Vicuña, Laín Diez y muchos otros. "Era una muestra de idealismo juvenil y de altruismo, escribió el último, que andando los años y con el impacto de la revolución rusa debía desembocar en los sucesos que señalan el apogeo del movimiento estudiantil y definen a la generación del año veinte." 4 Esa labor, ampliada desde 1917 a través d e la que se llamó Universidad Popular Victorino Lastarria, echó las bases d e una poderosa corriente política, hábilmente explotada por el candidato popular. El clima d e agitación que sacudió a las masas parecía hacer estremecer toda la estructura social y sembró el miedo en las clases poseedoras, provocando las reacciones más intensas, que recorrían la gama de todas las pasiones. Entre esas reacciones la más interesante f u é la del anciano leader radical Mac-Iver, que por su autoridad moral, su brillante talento y sus dilatados servicios al país, ejercía grande influencia entre sus correligionarios. Desde que asomó la posibilidad de la candidatura de Alessandri estuvo contra ellá. U n a gestión confidencial que realizó don Carlos Balmaceda, en el verano d e 1920, por encargo d e los diputados radicales al Congreso, para moverlo a fin d e que se pusiera al frente de la oposición a ella, no dió resultado ni lo sacó de su retiro, porque el hecho solo de viajar de Constitución a Santiago importaría en su opinión reconocer la posibilidad d e esa candidatura, que se resistía a imaginar. Mac-Iver no fué a la Convención y su oposición era tan notoria que en una entrevista periodística' afirmó que Alessandri halagaba a las masas con palabrería, que era el menos indicado para ofrecer u n a realización de las justas aspiraciones populares, que la Convención había sido preparada con artes d e mala ley, y que si las provincias y el país no abrían los ojos ante el peligro alessandrista, quería decir que estaban ciegos. Y en una carta escrita en el mes de marzo decía

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que el viento de lá cobardía cívica soplaba con la fuerza de un huracán y que los absurdos más repelentes servían de bandera política. Esta actitud alarmó a los jefes radicales y una comisión compuesta de Quezada, Aguirre y Briones se acercó al Ministro de Hacienda, Oyárzún, para pedirle visitaran al leader y le encarecieran que, no sólo cesara en sus manifestaciones en contra del candidato de la Alianza, sino que consintiera en recibir su visita y le otorgara su apoyo moral para lá contienda electoral. Oyarzún ha recogido en sus Memorias los detalles de esa entrevista.
No han podido los correligionarios elegir mejores voceros que ustedes para decirme lo que acabo de oír, les habría dicho, ya que sé que a ustedes les ha repugnado el candidato de la Alianza hasta el momento de ser proclamado en la Convención, y que sólo por u n deber de disciplina, que mucho les honra, se han puesto a la obra de dirigir la campaña electoral como lo están haciendo. Veo eso y les aplaudo su determinación, puesto que todavía son jóvenes y tienen inteligencia y entusiasmo cívico que los deben por entero al partido y al país. Tienen todavia algo mejor que todo eso: la confianza en los hombres y la fe en la causa liberal. I Ojalá no las pierdan jamásl Sólo con ellas se lucha denodadamente y sólo con ellas se triunfa o se soportan las derrotas. .}

Se refirió en seguida a la prédica que se hacía de ideas disolventes y a la campaña demoledora de la Carta fundamental, y agregó con tono profético:
¿Pero no conocen ustedes a Alessandri? ¿Qué no saben que es el italiano más falso, personalista y amigo de la populachería inconsciente que hay en el país? ¿Están seguros ustedes que una vez en la Presidencia, y aunque tenga ministros radicales, no va a rodearse de favoritos y adulones que los suplanten a ustedes y los obliguen a retirarse, a menos que se corrompan con él y entren también en los negocios y corruptelas de que se va a plagar la administración? No me crean un mal hombre, que por odio personal vaticina el cúmulo de desgracias que veo para la República. N o ; pero conozco, y mucho, al hombre, y por desgracia veo que el ambiente que hay en el país es para que desarrolle en toda su amplitud sus malos instintos y las ambiciones locas de reformador sin control que lo tienen dominado. . . Se rodeará de todos los corrompidos que hay en la administración o que ansian entrar a ella; halagará los malos instintos de la plebe para lanzarla contra las clases que hasta hoy h a n gobernado y que, aunque con defectos y cegueras que mucho mal han hecho, son las únicas que pueden dirigir a la nación en este desconcierto universal, en que nos ha sumido la guerra europea y su dificilísima liquidación, y como en el fondo de su carácter hay el mismo atropellador personalismo que tuvo Balmaceda, sin las formas cultas con que éste lo disimulaba hasta que ,era necesario hacerlo aparecer, preparará una revuelta social que quién sabe adonde lleve al país y que, seguramente, impedirá q u e se cumpla el período completo de su presidencia.

A n t e nuevos argumentos, Mac-Iver se sometió y convino en recibirlo. Agrega Oyarzún:
Meditó u n momento, y luego, con voz temblorosa y con todas las muestras de u n concentrado dolor, dijo: —Bueno; es posible, y ojalá que yo exagere en mis temores y tengan ustedes la razón; que venga y lo oiré; pero que no m e haga comedias; nada

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de abrazos ni de llantos, ni de escenas mujeriles. N o m e gustan los actores sino en las tablas. . . Salimos con la impresión de que habíamos hecho una buena obra, pero Quezada y Pedro Aguirre quedaron de aleccionar a Alessandri para que supiera conducirse en la entrevista que debía celebrarse en esa misma tarde. Según mis noticias, la cosa pasó como temía don Enrique, pues hubo abrazos, lloriqueos y juramentos. 5

La agitación prendió en la calle y una muchedumbre compacta permanecía todo el día instalada frente a la casa del candidato, oyendo su palabra ardorosa, cargada d e promesas. El fervor popular no conoció límites ante la aparición del redentor d e las masas. "Durante la campaña, la muchedumbre hizo suya la melodía de Cielito Lindo y le dió otra letra absolutamente alessandrista, recuerda González Vera. Se cantó más q u e el himno nacional. Cantábanla de día y d e noche, dentro y fuera d e los hogares, en los tranvías, en los victorias, en todas partes. Y de día y de noche vibraba el grito de ¡Viva Alessandri!" 6 Apenas abierto el período de sesiones ordinarias del Congreso y confiando en las promesas de prescindencia electoral que había hecho el Presidente, surgieron las críticas al Gabinete, acusado de intervención electoral. La situación para el Presidente era muy difícil, pues si bien la Unión Nacional contaba con u n a abrumadora mayoría en el Senado, en la Cámara de Diputados no había una definida, que decidían los independientes o electrolíticos que obedecían a Manuel Rivas. El 11 d e junio, dos semanas antes de la elección, el Comité Ejecutivo d e la Alianza Liberal declaró que el Jefe del Gabinete no daba garantías d e prescindencia electoral. En sesión de ese día lá C á m a r a d e Diputados aprobó u n proyecto de acuerdo que decía: "La Cámara estima que debe procederse a organizar u n Gabinete q u e dé amplia garantía electoral." Los electrolíticos votaron favorablemente el proyecto. En el Senado se alzó la vigorosa voz de Enrique Zañartu, no sólo para protestar d e las manifestaciones de hostilidad hechas al candidato de la Unión Nacional en su jira por las provincias, sino para defender al Gabinete. U n proyecto de acuerdo que formuló, y que decía: "El Senado estima que el Gabinete Montenegro-Huneeus garantiza el libre ejercicio del derecho de sufragio y la prescindencia d e la contienda electoral", fué aprobado en sesión de 16 de junio por 13 votos contra 4. En esas circunstancias el Presidente organizó u n Gabinete de batalla, decidido enemigo de la candidatura d e Alessandri, en, el que la cartera del Interior, fué confiada al Dr. Federico Puga Borne; la de Hacienda al abogado nacional Antonio Viera Gallo, que había acompañado en su comitiva a don Luis Barros y se había declarado acérrimo adversario de Alessandri; la d e Guerra y Marina, a don Pedro Opazo Letelier, balmacedista, íntimo amigo del Presidente, y la de Instrucción Pública al ingeniero radical

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d o n Javier Gandarillas Matta. En Relaciones quedó Huneeus, y en Obras Públicas el demócrata Concha. T a n pronto se conoció la composición ministerial la Alianza protestó airada, por cuanto se había procedido sin consultarla y los Ministros no habían obtenido el pase reglamentario de las juntas directivas. El C o m i t é Ejecutivo de Alessandri ordenó el retiro de los Ministros aliancistas y éstos abandonaron sus cargos, mientras la U n i ó n Liberal resolvió llegar hasta la elección con sus tres Ministros, quienes entraron a subrogar a los renunciantes. La contienda electoral se iba a dar en las condiciones más irregulares, en medio d e u n caldeado ambiente político, h o n d a m e n t e hostil a la Moneda, resuelta a arrojar todo el peso d e su influencia á favor de u n o de los candidatos. A medida q u e se acercaba el día d e la elección, la pugna de las tendencias se hizo más intensa y los numerosos manifiestos q u e vieron la luz pública revelaban cuán h o n d a m e n t e divididos se hallaban los partidos. El C e n t r o Liberal de Santiago, con la firma de Ismael Edwards, C o n r a d o Ríos, Fernando Claro, Alberto Zañartu y Ambrosio Montt, se pronunció contra el candidato popular, y en el mismo sentido lo hizo u n grupo de viejos radicales ahora disidentes, entre los q u e figuraban los señores Pedro Bannen, Gregorio Burgos, M a n u e l A n t o n i o Prieto, Ascanio Bascuñán, Fidel Muñoz, Luis A d á n Molina y Aristóteles González Julio.
Agitadores sin patriotismo y sin escrúpulos, decían en él, que constituyen u n peligro grave para la paz pública en q u e deben desenvolverse las actividades nacionales, y que se d e n o m i n a n a sí mismos apóstoles de las reivindicaciones sociales, vienen s e m b r a n d o desde tiempo atrás odios d e clases y e n v e n e n a n d o el espíritu de nuestras multitudes, con definidas aspiraciones de mejoramiento, que existen latentes en el espíritu del pueblo, y q u e están hoy reavivadas por el eco de los acontecimientos europeos. 7

Del otro lado se contestaba con igual destemplanza.
Los verdaderos enemigos del o r d e n social, decían los demócratas en u n manifiesto lanzado en los primeros días de junio, los verdaderos perturbadores de la tranquilidad pública, son los partidos o grupos que, sordos y ciegos a las nuevas necesidades sociales, p r e t e n d e n d e t e n e r el progreso n o r m a l del país, p e r p e t u á n d o s e en el gobierno y m a n t e n i e n d o la desorganización en todos los órdenes de la actividad. Hoy se e n c u e n t r a n f r e n t e a f r e n t e dos tendencias q u e conviene señalar: de u n lado, los reaccionarios de todos los matices, que quieren impedir la evolución tranquila y democrática del país, y que se congregan para perpetuar los privilegios de u n a oligarquía centralista y absorbente, que invoca sin p u d o r el m a n t e n i m i e n t o d e u n orden social injusto y arbitrario y que, a falta de razones, denuesta a la Alianza y a su candidato, llamándolos agitadores y revolucionarios. , , La U n i ó n Liberal representa el pasado lleno de privilegios y abusos irritantes, la esclavitud del pueblo por la miseria, la ignorancia y los v i c i o s . . .

La guerrilla d e la prensa, en la q u e se discutía no sólo la personalidad del candidato popular, sino q u e su programa' y la sin-

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ceridad con que lo defendía, ponía bien d e manifiesto el enardecimiento d e las pasiones, caldeadas al rojo vivo.
¿Así es que usted se imagina, buen señor, escribía Ricardo Valdés en El Mercurio, bajo el título de "El tonto alessandrista", que Alessandri, genuino representante del parlamentarismo incompetente, legítimo producto de la corrupción gubernativa, coalicionista hoy y demagogo al otro día, orador sin convicciones y cambuilonero sin escrúpulos, va a regenerar el país por la abolición de todo lo malo, de todo lo incorrecto, de todo lo inmoral que él mismo ha contribuido a instituir como sistema de gobierno por una acción fatal, demoledora y antipatriótica? 8

!A lo que respondía Rafael Maluenda, en la otra página arrendada del mismo diario, expresando su confianza en las virtudes reformadoras y redentoras del candidato.
Ahora si lo que se resiste es el programa de reivindicaciones que nuestro candidato ha ofrecido al país, entonces lo que se desea es seguir m a n t e n i e n d o la República en su miserable estado económico e intelectual, para que los vicios que se h a n entronizado en sus actividades políticas y administrativas se perpetúen indefinidamente. Y esto es algo que todo chileno debe repugnar y combatir,

Alessandri pregonaba en todas partes su pobreza y que la exigüidad de sus recursos era reemplazada por el entusiasmo de sus partidarios, pero en realidad su caja electoral f u é considerable y el hermano José Pedro abrió su bolsa con largueza. Don Luis Barros atendió a los gastos de su campaña con las cuantiosas erogaciones de sus parciales y comprometiendo parte considerable de su fortuna personal. La caja electoral d e cada candidato subió de los tres millones de pesos. La jornada electoral del 25 d e junio se desarrolló en u n clima de violencia. Los electores d e la Alianza, obedeciendo instrucciones que se habían difundido previamente por todo el país, votaron en las primeras horas de la mañana, para organizarse en seguida en bandas que, con el pretexto de velar por la corrección del sufragio, asaltaban las secretarías adversarias, intimidaban a los electores, amendrentaban al público y provocaban desórdenes, que la fuerza pública era impotente para contener. Eran las ligas contra el cohecho, utilizadas en las elecciones desde algunos años a esa parte, como eficaz herramienta d e coerción e intimidación de los adversarios. Las primeras informaciones atribuyeron a Alessandri 179 electores de Presidente, contra 175 de su adversario. Los Ministros se retiraron esa noche d e la Moneda sin proporcionar informaciones oficiales. D e acuerdo con las disposiciones constitucionales, si ninguno de los candidatos obtenía la mayoría absoluta d e electores, debía precederse a la elección por el Congreso, en la que era notoria la mayoría partidaria del señor Barros Borgoño. D e aquí que ante

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esta posibilidad, comenzó Alessandri a sostener que se pretendía robarle la elección e inició la más intensa campaña de agitación pará presionar al Congreso e impresionar a la opinión pública. Comenzó la segunda etapa de la elección, que f u é la más agitada. Alessandri apeló a su querida chusma, a la que enardecía con incendiarias perorátas desde los balcones de su casa. En los días siguientes á la elección, Santiago vivió horas sombrías, bajo la amenaza de la agresión de las turbas. El comercio cerró sus puertas, no se pudo atender con regularidad el abastecimiento de la ciudad por el temor a los asaltos, no circulaban los automóviles, y se intentó privarla de los servicios más indispensables, luz y agua potable, que la fuerza pública tuvo que reprimir con energía. Se quería' llevar la angustia y el temor a todos los hogares y al rumor de que la capital sería entregada al saqueo, invadieron el radio urbano turbas de desarrapados dispuestas a todos los excesos. Con la firma de los dirigentes de la Alianza se transmitieron a provincias telegramas anunciando que había estallado la revolución. "Toda la vida y la actividad social de Santiago están suspendidas", decía don Gonzalo Bulnes en el Senado el 28 de junio. En medio de este estado de alarma no dejó d e florecer el buen humor entre los mismos padres conscriptos. En esa misma sesión, entre los senadores Valenzuela, Zañártu y Feliú hubo el siguiente diálogo:
Valenzuela: A u n los automóviles de los miembros de la Alianza Liberal han sido apedreados, como pasó con el automóvil del señor Carlos Briones. Feliú: Ese sería un caso aislado, señor senador. Zañartu: Si el señor senador por Concepción tiene dudas al respecto, invito a su señoría a que demos un paseo en automóvil. Feliú: Yendo con su señoría voy completamente seguro. Zañartu: En el automóvil de su señoría podríamos salir a dar una vuelta por la Alameda, llegando hasta la Estación y volveríamos por San Pablo. Entonces vería su señoría que no llegábamos como habíamos salido. Feliú: Si su señoría no g r i t a . . . Zañartu: Me comprometo a ir en silencio como una tumba.

'De uno y otro sector político se apeló a Manuel Rivas: Alessandri en demanda del reconocimiento de su triunfo, y la Unión Nacional pidiendo que se pusiera término a lá agitación popular que todo lo perturbaba. Ambas combinaciones estaban de acuerdo en que era indispensable introducir u n cambio en el equipo ministerial. El Presidente comprendió la gravedad de la situación y se apresuró á organizar un nuevo Gabinete, U n a misión confiada a Arturo Prat para tal objeto no prosperó, hasta que el señor Sanfuentes, siguiendo los consejos de Manuel Rivas, organizó un Ministerio de puros liberales, en el que tenían representación las dos combinaciones de Alianza Liberal y Unión Nacional, o mejor

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dicho, los dos candidatos a la Presidencia. El Ministerio quedó integrado así:
Interior, Pedro García de la Huerta. Relaciones, Luis A l d u n a t e Echeverría. Hacienda, Francisco Garcés Gana. Instrucción Pública, Lorenzo Montt. Guerra, Ladislao Errázuriz. Obras Públicas, A r m a n d o Jaramillo.

El Gabinete se presentó a la C á m a r a el l 9 de julio y encontró buena acogida. En su discurso programa el señor García de la Huerta declaró que el proceso electoral debía desarrollarse en forma tranquila y prometió agitar los proyectos de prórroga d e la Ley d e Conversión Metálica y d e Instrucción Primaria Obligatoria, D e allí a poco surgieron los primeros pasos para la organización d e u n Tribunal d e Honor para calificar la elección presidencial, idea que encontró fuerte resistencia en los círculos de la Unión Nacional, que contaba en el Congreso con la mayoría necesaria para la elección del señor Barros Borgoño. U n a primera tentativa d e Eduardo Suárez Mujica fracasó, y Gumucio atacó con violencia al mediador desde las columnas del Diario llustrado.
Verificada la elección e n las condiciones que se conocen, decía Montenegro a Suárez Mujica en carta de 14 de julio, y formuladas las reclamaciones de nulidad que se tramitan, la cuestión presidencial queda subordinada en sus resultados a la decisión que sobre estas reclamaciones recaigan. El Congreso Pleno procederá a proclamar Presidente de la República, si u n o de los candidatos queda con mayoría de electores, o a elegirlo, si n i n g u n o de los dos queda con esta mayoría.

La profunda agitación social predominante, fomentada por el candidato popular por todos los medios, introdujo el pánico entre las clases acomodadas, que Alessandri aprovechó para enarbolar el pabellón de la revolución. O Alessandri o la revolución, escribía uno de los más fervorosos partidarios de Alessandri por esos días, Galvarino Gallardo, mientras don Ramón Serrano Montaner sostenía q u e la idea del Tribunal d e Honor era la resultante del miedo a Alessandri. En esas circunstancias se produjo en Bolivia una revolución que derrocó del poder al señor Gutiérrez Guerra, con quien Chile había estado negociando, en medio de u n ambiente de cordialidad, viendo la manera de satisfacer sus anhelos, y elevó ál señor Bautista Saavedra, caudillo del partido republicano. U n o d e los jefes d e ese partido, el Dr. Escalier, había declarado en Buenos 'Aires que, de triunfar la revolución, se producirían cambios profundos en la política internacional sudamericana y se crearía una nueva situación en la controversia sobre Tacna y Arica.

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Las informaciones d e que disponía el Gobierno, y las declaraciones bolivianas en el sentido de que pretendía reivindicar el litoral de Antofagasta, inducían a pensar, no sin fundamento, en la existencia de u n plan entre los gobiernos del Perú y Bolivia para iniciar una acción que permitiría al primero recuperar Tacna y Tarapacá, y al segundo Antofagasta, aprovechando la honda división social y política surgida en Chile con ocasión de la contienda presidencial. Considerada la situación en Consejo de Gabinete, se acordó decretar la movilización y el Ministro de la Guerra tomó una serie d e medidas encaminadas á reforzar las guarniciones de las provincias del norte, que dieron origen a la expresión de los sentimientos nacionales, de u n patriotismo exaltado, que halló hondas repercusiones y dos reacciones bien marcadas. Del lado estudiantil y obrero se vió en la acción gubernativa una maniobra de la burguesía para escamotear el triunfo a Alessandri y asegurarlo al señor Barros Borgoño, mientras la juventud unionista' creyó llegada la hora de la vuelta de mano de las agresiones que había padecido a mano de las Ligas contra el cohecho. Ese vibrante momento de fervor patriótico estuvo manchado por tres bochornosos atentados, sólo explicables por el grado de exaltación a que habían llegado las pasiones políticas: el asalto a la Federación d e Estudiantes, el asalto y destrucción de la imprenta N u m e n , y el asalto e incendio de la Federación Obrera de Magallanes. Realizados con la complicidad o indiferencia de las autoridades, arrojaron sobre los últimos meses del gobierno d e Sanfuentes el odio más encarnizado de sus adversarios, todos los elementos políticos que militaban en las filas de la Alianza, d e la juventud estudiantil y del proletariado. Blanco de la odiosidad d e las clases conservadoras f u é la Federación de Estudiantes y sus leaders, Gandulfo, Demaría, Loyola, Vicuña. Aquellos estudiantes h a n delinquido contra la moralidad y h a n cometido un grave desacato contra los poderes constitucionales del Estado, dijo el Ministro de Instrucción Pública en el Senado. En materia social, la Federación había hecho una declaración de principios que decía:
La Federación reconoce la constante renovación de todos los valores humanos. De acuerdo con este hecho, considera que la solución del problema social nunca podrá ser definitiva y que las soluciones transitorias a que se puede aspirar, suponen una permanente crítica de las organizaciones sociales existentes. Esta crítica debe ejercerse sobre el régimen económico y la vida moral e intelectual de la sociedad. A n t e las necesidades reales de la época presente, estima que el problema social debe resolverse por la sustitución del principio de cooperación al de competencia, la socialización de las fuerzas productivas y el consecuente reparto equitativo del producto del trabajo común, y por el reconocimiento efectivo del derecho de cada persona a vivir plenamente la vida intelectual y moral.

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Acepta la acción organizada del proletariado y la acción política n o m i ' litante en cuanto concurra a la realización de estas nuevas concepciones de la vida social.

La Federación de Estudiantes, instalada e n pleno centro de la ciudad, en la primera' cuadra d e la calle de A h u m a d a , f u é asaltada, en medio de la indiferencia d e la policía, a medio día del 21 de julio, su mobiliario arrojado a la calle y quemado, y los estudiantes que se hallaban en lá casa tuvieron que huir por los tejados de las casas vecinas para escapar d e la furia de los exaltados. Por decreto d e 24 d e julio se la declaró disuelta. La imprenta N u m e n , d e propiedad de Julio Valiente y Santiago Labarca, era acusada d e imprimir las proclamas, folletos y periódicos que habían contribuido a mantener viva la agitación social. En ellá se habían impreso igualmente los estatutos d e los Trabajadores Industriales del mundo, I . W . W . y los periódicos anarquistas Acción Directa y Verba Roja.9 El asalto, incendio y destrucción d e la Federación Obrera d e Magallanes, que contaba con más de cuatro mil asociados, se verificó en la madrugada del 27 d e julio, con la cooperación de las autoridades civiles y militares d e ese apartado territorio. U n policía y cuatro obreros resultaron muertos y el local d e la Federación f u é arrasado desde sus cimientos. C o m o manifestación d e protesta se produjo un paro obrero q u e d u r ó cinco días. La reacción d e los sectores políticos f u é intensa y contribuyó a exaltar las pasiones partidistas. El mismo día del asalto a la Federación, la C á m a r a d e Diputados discutió u n proyecto para invertir cinco millones d e pesos en los gastos d e movilización y aprovisionamiento del ejército, q u e dió origen a u n debate violentísimo. El Ministro d e la G u e r r a prometió q u e n o volverían a producirse hechos como los q u e había presenciado la capital, pero el diputado Arancibia Lazo expresó el temor d e q u e se estuviera inculcando en el pueblo la idea d e q u e se llegaba a u n a situación internacional extrema con el propósito d e apartar la atención pública de la solución d e la lucha política. G u m u c i o justificó el asalto a la Federación como el fruto del enardecimiento del entusiasmo patriótico y como la manifestación d e la indignación de la juventud ante la actitud infame, odiosa y traidora de los q u e intentaban apartar al pueblo d e sus deberes para con la patria.
D e m o d o que si en nuestro país hay quienes están e f e c t u a n d o en realidad u n a obra verdaderamente subversiva, decía Pinto D u r á n en la C á m a r a el 24 de septiembre, son esos altos funcionarios, esos altos magistrados, q u e al violar la Constitución y las leyes para oprimir a u n a n u m e r o s a categoría de ciudadanos r o m p e n el pacto social y provocan y justifican terribles represalias.

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Dos días después caía asesinado, en plena Plaza de Armas, en circunstancias que marchaba al frente d e u n a manifestación patriótica, el joven Julio Covarrubias Freire, vinculado a tradicionales familias santiaguinas. ¿Quién armó el brazo del asesino? ¿Su muerte f u é el f r u t o de u n disparo fortuito d e sus propios compañeros de manifestación, como sostenía Vicuña Fuentes, o existía el propósito d e amedrentar a la alta sociedad santiaguina sin retroceder ni ante el asesinato? La exaltación d e la pasión política llegó al -paroxismo. Los diputados radicales Gallardo, Arancibia y Robles protestaron con indignación d e u n a infame proclama impresa en los talleres del Diario Ilustrado. ¿Es tolerable, señor Presidente, decía el segundo, que en horas de peligro, los que se creen verdaderamente patriotas procuren dividir la familia chilena presentándonos a algunos como agentes d e nuestro enemigo tradicional? En el Senado se alzaron las voces del radical Feliú y del demócrata Torrealba para condenar con vehemencia lo ocurrido en Punta Arenas, mientras d o n Gonzalo Bulnes defendió con calor a su sobrino Alfonso, Gobernador d e aquel territorio, y el conservador Barros Errázuriz y el balmacedista Zañartu aplaudieron decididamente la acción represiva d e las autoridades. 1 0 En la C á m a r a d e Diputados el demócrata Cárdenas hizo, en sesión de 25 de agosto, u n a pavorosa descripción d e lo ocurrido en Punta Arenas. En las sesiones d e agosto y septiembre de lá C á m a r a d e Diputados se debatieron extensamente los sucesos de Punta Arenas y las medidas represivas, y el Ministro del Interior, lamentándolas, expresó su confianza en la justicia para sancionar a los que resultarán responsables d e los atropellos. En esa acción represiva cupo una parte culminante a los tribunales d e justicia. Se inició u n proceso con el pretexto del hallazgo de una partida d e dinamita en el local de la I . W . W . de Valparaíso, llamado d e los subversivos, que f u é confiado al Ministro d e la Corte d e Apelaciones José Astorquiza, y fueron reducidos a prisión gran número de obreros, estudiantes y simples simpatizantes con la causa de Alessandri, q u e contribuyó a caracterizar al Gobierno con los más sombríos colores del más intransigente reáccionarismo y le conquistó del todo la antipatía popular. La víctima más connotada de esa feroz persecución f u é el poeta Domingo Gómez Rojas, alma candorosa de niño y ciudadano inofensivo, que tratado con crueldad propia de la Edad Media, quebrantó del todo su frágil arcilla y lo arrastró a la tumba. La otra víctima elegida fué el Dr. Ducci, profesor de la Escuela de Medicina y antiguo Presidente de la Federación de Estudiantes, a quien se pretendió arrojar d e su cátedra, pero que f u é amparado resueltamente por el Consejo d e Instrucción Pública. El Senado había dado, en sesión de 28 de julio, u n abru-

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mador voto d e aplauso al Gabinete "por las medidas tomadas en resguardo de las prerrogativas del Gobierno para garantir la seguridad nacional y conservación del orden público, y en especial por su presentación al Consejo de Instrucción Pública para que l a instrucción del Estado se dé conforme a las ideas d e patriotismo y de respeto a la Constitución y a las leyes". Montt, que había renunciado por la actitud del Consejo de Instrucción Pública, se dió por satisfecho con el voto del Senado. Disipados los temores d e una guerra internacional, y siendo notorios los peligros de la concentración de u n a fuerza armada numerosa en las provincias del norte, fuerza que se hallaba poderosamente trabajada en favor de Alessandri, la atención pública se volcó nuevamente a la política interna y a la elección presidencial, El 25 de julio se reunieron normalmente los colegios provinciales, cuyos resultados eran favorables a Alessandri. Este aparecía con mayor número de electores, aun cuando don Luis Barros había reunido mayor número de votos en la elección de primer grado. Desde ese momento sus partidarios comenzaron a considerar a Alessandri como Presidente electo y se celebraron en diversos puntos del país mítines en los que primeramente se hizo u n juramento de fidelidad a la bandera nacional, en seguida uno d e respeto a la Constitución, y finalmente uno d e adhesión al Presidente electo de la República, don A r t u r o Alessandri, Se renovó desde ese momento, pero con menos intensidad, la agitación popular. Alessandri se consideró seguro d e su triunfo y propició la organización del Tribunal d e Honor, que admitieron sus más decididos adversarios, entre ellos Zañartu. Desde que se vió la posibilidad de q u e la situación internacional derivara en un conflicto armado, Zañartu sostuvo en la prensa la necesidad de no continuar en las incidencias políticas internas y d e buscar una solución conciliatoria. Se iniciaron negociaciones entre representantes de ambas combinaciones políticas, a fin de constituir a la Corte Suprema en Tribunal d e Honor, pero después d e laboriosas conversaciones, surgieron dificultades que provocaron el fracaso d e esá fórmula. Alessandri no había descuidado trabajar a la oficialidad y a la tropa del ejército en su favor. Envió a Antofagasta con ese propósito á su agente Bernardo Gómez Solar, y el numeroso cuerpo de tropas reunido en Tacna dió inequívocas muestras de adhesión al candidato popular. Manuel Rivas afirma en sus Memorias haber visto en casa d e Alessandri a oficiales del ejército de uniforme, lo que demostraba que se trataba de oficiales en servicio activo de su profesión. El Gabinete propició y buscó con afán u n a solución conciliatoria, siempre grata al temperamento de los chilenos, pero el que la gestionó con más empeño y logró hacerla triunfar f u é Manuel Rivas. El 8 d e agosto siete diputados independientes o electrolí-

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ticos lanzaron un manifiesto llamando a la concordia a ambas combinaciones y d a n d o a entender que estaban dispuestos a no asistir al Congreso Pleno si no se llegaba a u n acuerdo que diera garantías d e corrección de la calificación d e la elección presidencial. Esos siete diputados decidían el quorum constitucional con que podía funcionar el Congreso Pleno y la mayoría de la Cámara. 1 2 Alessandri propuso los nombres de los señores Tocornal y Emiliano Figueroa', quienes deberían designar el tercer árbitro para constituirse un Tribunal. El 10 de agosto apareció un manifiesto de la Unión Nacional aprobando la idea y al siguiente otro de la Alianza en el mismo sentido. Después de numerosas reuniones y d e salvar grandes dificultades, se aceptó agregar a los dos nombres propuestos y aceptados el d e los Presidentes de ambas Cámaras, señores Fernando Lazcano y Ramón Briones Luco. El acuerdo entre los representantes d e la Alianza y d e la Unión se firmó el 21 d e agosto. El Tribunal debía fallar como árbitro en las reclamaciones formuladas contra las elecciones d e electores de Presidente y estudiar y resolver d e acuerdo con la ley d e elecciones; tendría la facultad d e agregar electores siempre que d e los antecedentes de las reclamaciones apareciera que el elector eliminado correspondía 1 a la agrupación adversaria; tomaría como base para el estudio de las reclamaciones los resultados d e los comicios del 25 de julio; tomaría acuerdos por la mayoría absoluta y, u n a vez resueltas todas las reclamaciones, debería declarar cuál de los dos candidatos había sido elegido. Si ninguno de los dos candidatos hubiera obtenido la mayoría absoluta, el Tribunal declararía cuál de ellos habría sido elegido, a n o mediar los actos que alteraron el resultado legítimo de la elección. El artículo final del acta decía:
Los representantes d e la U n i ó n Nacional y de la Alianza Liberal conciertan este pacto movidos del más elevado sentimiento de amor a la justicia y a la paz social, y anhelosos del bienestar de la República, y lo suscriben en fe de que sus respectivos amigos políticos del Congreso Nacional ajustarán a las resoluciones que libre el Tribunal de Arbitros los sufragios que van a emitir en las actuaciones constitucionales relacionadas con la elección de Presidente de la República.

H u b o aún que quebrantar algunas resistencias, y la intransigencia del Presidente del Senado, Lazcano, que había exteriorizado su decidida oposición a Alessandri, para la designación de personas imparciales. Reunidos los señores Lazcano y Briones, en su calidad de Presidentes de las Cámaras, con los señores Tocornal y Figueroa Larrain, como ex Vicepresidentes de lá República, eligieron a los señores A r m a n d o Quezadá Acharán, Luis Barriga y Guillermo Subercaseaux para integrar el Tribunal. D o n Luis Barros comprendió de inmediato q u e la aceptación

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de la fórmula de constitución del Tribunal importaba renunciar a sus expectativas, y con serenidad de espíritu y valor cívico afrontó su amarga situación. El camino encontrado, al margen de las disposiciones constitucionales, ahorraría al país una situación de violencia, pero si importaba un sacrificio, constituía una expresión de cultura política muy de acuerdo con el temperamento y la tradición nacionales, "Obramos como si la Constitución no sirviera, comentaba El Diario Ilustrado, cuando el respetarla escrupulosamente no traía conflicto alguno. Es lógico ya reformar u n sistema constitucional que no se respeta." Hasta el último momento mantuvieron su irreductible oposición a Alessandri Mac-Iver y Lazcano. Con fecha 30 de julio, escribía el primero a Alberto Cabero a Antofagasta:
Penosa impresión me ha causado su carta de 5 de los corrientes. N o porque sean una sorpresa para mí las faltas de nuestros correligionarios, sino porque entristece verlas confirmadas. IQué hacerlel C o m o usted dice, más que un quebrantamiento del sentido moral y político, el partido sufre de u n a depresión intelectual que alcanza los límites de la locura. Los radicales que siguen a Alessandri, que son con m u c h o los más numerosos, n o están en su sano juicio. N o piensan, n o sienten, no proceden en conformidad a sus principios y tradiciones, sino sujetándose a las consecuencias inmediatas y olvidando m u c h o la moral y los intereses del país. Ya no somos radicales. Pero no debemos desesperar, sino prepararnos para corregir los efectos desastrosos de esa conducta y restablecer nuestro partido en las bases filosóficas, políticas y orgánicas que tanto lo engrandecieron y adaptaron al servicio del país. Yo espero que los cooperadores de esta obra de reconstitución y reparación han de ser muy numerosos y que limpia quedará la bandera d e principios y limpio y puro el corazón del radicalismo chileno. Pienso que quedaremos en la oposición. Creo que sería una felicidad para el partido. No me imagino que dados los abusos de Tarapacá y A n tofagasta, comprendido Taltal, y los vicios electorales de otros departamentos, el Congreso no proceda a anularlas y a rectificar la elección, escogiendo a Barros, y por lo mismo, dando el predominio a la Unión Nacional. Así podremos depurarnos y rehacernos para bien del país y del mismo partido. Estoy viejo y ciego, mas espero que las fuerzas no me abandonen del todo y que el aliento y la esperanza continúen viviendo en mi espíritu.

C o n respecto a la actitud de Lazcano, cuenta Oyarzún en sus Memorias una anécdota que merece recogerse.
Fué en la antevíspera del repentino fallecimiento de d o n Fernando, escribe. Salía éste de la Caja Hipotecaria, donde reemplazaba a don Luis Barros Borgoño, cuando a la puerta se halla con don Ismael Tocornal. —¿Va a asistir, Fernando, a la sesión del Tribunal Arbitral de mañana?, pregunta Tocornal. —Sí, Ismael; y a u n q u e me imagino que los dados están ya tirados, por defección de algunos miembros que se h a n pasado a Alessandri, y a pesar de hallarme gravemente enfermo, iré a cumplir mi deber de salvar al país. Y al alejarse, dijo a Enrique Echeverría Cazotte por lo bajo: —Supongo que entendería lo que le dije, pues él y Guillermo Subercaseaux están sindicados de haberse dado vuelta la chaqueta. Se dirigieron al Banco Español, y en el hall se toparon con Alessandri,

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q u i e n saludó secamente y pasó de largo, para volver en seguida a encontrarse con d o n F e r n a n d o para decirle: —¿Me permite, señor, dos palabras para aclarar u n a situación q u e m e afecta en extremo? Me dicen q u e en su tertulia política usted habría dicho a n o c h e q u e el triunfo de mi candidatura presidencial, hoy sometida al Trib u n a l de H o n o r q u e debe decidirla, sería u n a ruina para el país. ¿Es efectivo esto? —Sí, señor; lo dije y lo repito con la más íntima convicción de mi viejo patriotismo de chileno. —Pero, señor, ¿cómo p u e d e decir eso d e mí, usted, q u e es mi verdadero p a d r e político, m i director espiritual desde mi iniciación en la vida pública; mi constante y generoso protector en la sociedad, en la administración y en la política general del país; usted, con quien he soñado yo con ocupar c o m o mi m á s leal y respetable consejero en mi gobierno, pues si el T r i b u n a l m e favorece sería yo el titular de la Presidencia, pero e n realidad gobernaría usted? —No, Arturo, n o diga eso, p o r q u e no es sincero en decirlo; p o r q u e hace cuatro o cinco años que usted se apartó de mis consejos y ya n o soy para u s t e d eso que acaba de repetirme; p o r q u e es ahora u n bolchevique y hará gobierno sovietista, del que yo abomino, y por eso le combatiré con mis pocas energías. . . Alessandri m u r m u r ó algunas palbras, hizo u n medio saludo y se retiró, pues d o n F e r n a n d o e n t r ó a la sala de la Presidencia del Banco.

Dos días después, el 30 d e agosto, d o n Fernando Lazcano cayó m u e r t o en la sala del Tribunal d e Honor, en el Senado, repentinam e n t e f u l m i n a d o por u n a t a q u e al corazón. ¿Qué lucha dramática sacudió su alma? Hay en su m u e r t e u n símbolo impresionante: era la caída d e la oligarquía, que había gobernado al país por tantos años. £1, genuino representante de las familias tradicionales, q u e no había logrado llegar a la Presidencia d e la República, veía como incontrarrestable el triunfo de su ahijado, d e su discípulo, del otrora amigo querido, levantado en brazos de corrientes sociales e ideológicas despreciadas e incomprendidas. Y allí yacía su cadáver tendido sobre la mesa d e trabajo preparada para el Tribunal d e Honor. Pronto se hizo presente en ella Alessandri. M a n u e l Rivas h a conservado la escena en sus Memorias.
Me correspondió presenciar la llegada del candidato de la Alianza a la cámara mortuoria, escribe. U n a h o n d a y sincera emoción embargaba a A r t u r o Alessandri, las lágrimas corrían a b u n d a n t e s e incontenibles por sus mejillas. Se acercó al cadáver de aquel h o m b r e q u e había sido su iniciador e n la vida pública, su jefe, su amigo, a quien había mirado c o m o a u n padre; d u r a n t e m á s de veinte años había llevado a los combates el escudo de su señor, contrariando a veces sus propias convicciones. A h o r a , c u a n d o campeaba por sus propios fueros, le había encontrado como adversario. T o d o aquel pasado se elevaba al mismo tiempo q u e el presente, la amistad estrecha, la lucha tenaz, y aquellos sentimientos contradictorios caían de u n solo golpe ante la m u e r t e para dejar lugar sólo a los afectos íntimos del corazón, superiores en sus fuerzas a las vicisitudes de la vida política, q u e juega con los h o m b r e s y hoy les u n e para separarlos m a ñ a n a . Le vi acercarse al cadáver y estrechar la m a n o a u n tibia de su señor y amigo.

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El Senado rindió a su presidente u n conmovedor homenaje de admiración y respeto. Esa misma tarde se completó el Tribunal de Honor reemplazando a Lazcano por el Vicepresidente de ese cuerpo, don A b r a h a m Ovalle, miembro del partido conservador. Por esos días algunas medidas tomadas por el Intendente de Santiago provocaron ira en las filas aliancistas, y la renuncia de los Ministros de esa combinación, lo que movió a Pinto D u r á n a presentar en la C á m a r a u n proyecto d e acuerdo q u e decía:
La C á m a r a estima que u n elemental deber de patriotismo obliga al Presidente de la República a apresurarse a solucionar la crisis ministerial, organizando u n Gabinete con amplia base en el Parlamento y en la opinión, que pueda, en consecuencia, afrontar con eficacia los graves problemas externos e internos del m o m e n t o presente.

D e las filas de la Unión Nacional surgió la protesta por esa iniciativa, que vulneraba las atribuciones del Presidente de la República. Los señores Silva Somarriva, Gumucio, Silva Rivas y Reyes del Río presentaron a su vez otro diciendo q u e el proyecto del diputado por Antofagasta desconocía las atribuciones constitucionales del Primer Magistrado. Superadas las dificultades, los Ministros retiraron sus renuncias, pero el ambiente político siguió caldeado, y a las estridentes declaraciones del diputado por Antofagasta, anunciando el hundimiento de la civilización occidental, respondía Gumucio expresando su confianza en la solución d e todos los problemas q u e abrumaban al m u n d o mediante la aplicación de los principios del cristianismo social. Pablo Ramírez, a su vez, entonaba loas a los nuevos valores sociales que surgían a la vida pública nacional y saludaba estremecido a la Segunda República Chilena, la República radical y democrática. Lá cancelación d e la personalidad jurídica d e la Federación de Estudiantes y los sucesos d e Punta Arenas, sobre los cuales se hicieron en el seno d e la C á m a r a las revelaciones más impresionantes y depresivas para la cultura nacional, contribuyeron a mantener encendido el fervor d e cuantos esperaban el advenimiento del nuevo gobierno como la iniciación de u n régimen de justicia social y eficacia administrativa, y teñían los últimos meses d e la administración imperante con los más sombríos rasgos d e la persecución odiosa, de la reacción violenta contra las nuevas corrientes ideológicas y del encarnizado ensañamiento de las autoridades contra los sostenedores d e las ideas del nuevo evangelio social. Demócratas y radicales se encontraron así fuertemente unidos, n o sólo en el apoyo al candidato popular, sino en la condenación exaltada de la política represiva ejercida por la administración. U n resonante episodio alegró lás últimas semanas del gobierno de Sanfuentes: la sanción y promulgación, en los últimos días d e agosto, de la ley d e Instrucción Primaria Obligatoria, que el país acogió con júbilo, y por la que había luchado tenaz y esfor-

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zadamente Manuel Rivas Vicuña, pero otros los ensombrecieron. Se hizo la designación d e los primeros representantes d e Chile ante la Liga de las Naciones; y una desgraciada iniciativa del Presidente para negociar con el Perú, para lo cual envió al ex Ministro que había presidido las elecciones del 25 de junio, Puga Borne, encontró en la Cámara una reacción tan violenta de parte de todos los partidos, que estuvo a pique de provocar la renuncia presidencial. En medio de la mayor exaltación, vivo aun el apasionamiento de la jornada electoral. Pinto Durán expresó:
Los que insinuaron dudas respecto del patriotismo de muchos chilenos, los que nos consideraron como antipatriotas a todos los que militamos en la Alianza Liberal, han recibido u n castigo que tal vez no se lo hubieran deseado aplicar ni aun sus mayores enemigos: h a n proporcionado a la República la única humillación, la única vergüenza que se registra en las páginas de su gloriosa historia. A f o r t u n a d a m e n e no está en manos del señor Sanfuentes, por alto q u e esté, el poder de humillar realmente al altivo pueblo de Chile. En toda esta odiosa incidencia ha habido una humillación personal del señor Sanfuentes; pero no u n a humillación del altivo pueblo de Chile.

Los trabajos del Tribunal de Honor se desarrollaron rápidamente durante el mes de septiembre: estudió las reclamaciones, oyó los alegatos de los abogados y se formó' conciencia sobre aquéllas. Los señores Figueroa y Ovalle formaron u n grupo cerrado en favor de don Luis Barros, y Quezada y Briones en favor de Alessandri, de modo que los verdaderos árbitros eran Barriga, Subercaseaux y Tocornal. Entre las primeras sentencias del Tribunal hubo algunas desfavorables a los intereses de la Unión, que anticiparon la impresión de que el fallo final sería favorable a Alessandri. En los círculos de la Unión se hicieron cargos a Subercaseaux, que a su juicio representaba los intereses de la Unión dentro del Tribunal, y no podía votar contra ellos sin cometer una traición. Éste, a su vez, sostenía que se había solicitado su opinión como hombre de honor y que jamás habría aceptado un cargo que lo comprometiera a faltar a su conciencia. Si el carácter de su misión era el que le atribuían los unionistas, prefería renunciar. Así lo hizo, y el señor Tocornal lo acompañó en ella. U n a gestión en que intervino don Antonio Huneeus permitió salvar las dificultades y el Tribunal condnuó estudiando las reclamaciones. Don Ismael Tocornal comenzó a frecuentar la casa de Manuel Rivas, a quien anticipó que los trabajos realizados hasta ese momento eran favorables a Alessandri, pero era indispensable que éste se comprometiera a respetar la libertad electoral y el régimen parlamentario y que buscara soluciones de armonía en los conflictos que surgieran entre el capital y el trabajo. Alessandri ofreció comprometerse por escritura pública, si era necesario, a todo lo que Tocornal le pidiera en la forma más solemne, según asevera Manuel Rivas en sus Memorias. Rivas quiso

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sondear a Subercaseaux sobre el fallo del Tribunal, pero n o lo encontró: andaba muy preocupado y había ido a la iglesia d e S a n Ignacio. Tocornal, a su vez, antes de firmar el fallo, se consultó con el Arzobispo d e Santiago, monseñor Errázuriz. El 30 d e septiembre, Tocornal informó a Rivas d e que las resoluciones tomadas en la tarde definían la situación en favor de Alessandri. Rivas buscó a Alessandri a fin d e anticiparle la noticia y, como n o lo encontrara en su casa, le dejó escrita u n a carta, en la que le señalaba las ventajas del régimen parlamentario, le insistía en la conveniencia d e respetar la libertad electoral y le recomendaba la necesidad d e satisfacer las reivindicaciones populares. En los momentos en que se retiraba regresó Alessandri, a quien leyó la carta q u e acababa de escribirle.
Me estrechó entre sus brazos, escribe Rivas Vicuña. Se había imaginado que le iba a pedir algo humillante, algo contrario a sus declaraciones. Aquella carta le revelaba toda la pureza de mi patriotismo. Lo que yo le aconsejaba era su pensamiento. Sí, él m e juraba por la m e m o r i a de sus padres, sobre la cabeza de sus hijos, por lo más santo y más sagrado que hubiera en el cielo o en la tierra, que respetaría las libertades públicas, que m a n t e n d r í a el régim e n parlamentario y que buscaría soluciones de armonía entre el capital y el trabajo. Y lo hacía sin la m e n o r dificultad, con el mayor agrado, porque ése era su credo, su sentimiento, su alma. Si alguna vez u n a palabra se hubiera escapado de sus labios que pudiera despertar la menor sombra de duda sobre este particular, había sido u n arranque en el entusiasmo de una improvisación.

El fallo del Tribunal d e Honor se anunció en 30 de septiembre: reconoció a Alessandri 177 electores y 176 a d o n Luis Barros. Fué acogido con clamoroso entusiasmo en las filas d e la Alianza Liberal, y con sombría hostilidad entre los adherentes d e la U n i ó n Nacional, de cuyo seno surgieron amargas recriminaciones contra Guillermo Subercaseaux, que determinaron su renuncia' como presidente del partido nacionalista. Don Luis Barros recibió el fallo con singular entereza, sin q u e se alterara en lo más mínimo la serenidad d e su alma superior. El Congreso en pleno se reunió el 6 d e octubre, y de acuerdo con las disposiciones constitucionales y lo pactado en el acta de constitución del Tribunal de Honor, procedió a la elección d e Alessandri. Entre 116 votantes obtuvo 87 votos. 29 congresales votaron en blanco. En esa oportunidad don Gonzalo Bulnes pronunció estas palabras reveladoras del sacrificio con que la Unión Nacional concurría al acto:
La U n i ó n Nacional cumple con el deber, penoso para ella, de concurrir a la proclamación del candidato que combatió en la lucha de las urnas. Se somete a este deber, p o r q u e así se lo ordena la Constitución. Lo cumple, porque así consagra el compromiso político que pactó, y lo cumple ahogando en su pecho m u c h a s justas protestas. N o quiero abrir debate sobre lo sucedido; pero, lo repito, nuestro silencio es u n gran sacrificio. La Unión Nacional pide por mi conducto a sus miem-

2.264

ALESSANDRI, AGITADOR Y DEMOLEDOR

bros, que den los votos necesarios a don Arturo Alessandri para que pueda ser proclamado constitucionalmente. Al mismo tiempo, señor Presidente, la Unión Nacional pide a Dios, al Dios omnipotente, que vela por los destinos de la República, que los temores que ella ha abrigado no se realicen, para que la nación continúe, como hasta aquí, por el camino del progreso y de la libertad, y para que su porvenir sea digno de su glorioso pasado.

Ya de Presidente electo, Alessandri lanzó un breve manifiesto, en el cual, siguiendo las recomendaciones de Manuel Rivas, decía que respetaría la libertad electoral, que mantendría el régimen parlamentario y que buscaría soluciones de armonía a los conflictos entre el capital y el trabajo, halagadoras promesas que arrancaron el aplauso del mismo Diario Ilustrado y hasta una calurosa carta de su decidido adversario Guillermo Rivera. ¡Huecas y vanas palabras, que olvidaría con tanta rapidez como la frivolidad con que las había pronunciado! El Gabinete presentó su renuncia, pero la Alianza que no tenía ningún interés por asumir el poder en ese momento, reiteró su confianza a sus integrantes y el Ministerio siguió hasta la expiración del mandato del señor Sanfuentes. Las tranquilizadoras declaraciones del Presidente electo no fueron duraderas, pues poco antes d e asumir el mando, en una manifestación dada al jefe d e su campaña electoral, Arancibia Laso, despotricó en un discurso contra el Senado y los tribunales de jusricia; el agitador y el demoledor era incapaz de reprimir las expresiones de su personalidad psicológica ni en la víspera misma en que iba a vestir la toga de la magistratura suprema. La transmisión del mando presidencial se verificó en 23 de diciembre, en un ambiente d e delirante entusiasmo popular hacia el nuevo Presidente y de hostilidad hacia el magistrado que se acogía al retiro de la vida privada. En la ceremonia del Salón de Honor se produjo un episodio de mal augurio: la piocha que sostenía la banda presidencial, que ya tenía colocada Alessandri, cayó al suelo y le fué colocada de nuevo por el Presidente del Senado. —Mal augurio, comentó Alessandri, la insignia del mando se quiere escapar. — N o importa, replicó Claro Solar, porque nada ha pasado; yo se la puse d e nuevo. NOTAS
1 En carta de 8 de mayo le decía "Había sido yo ardiente sostenedor y vención de todos los partidos liberales, juicio, uno de los medios más eficaces liberalismo." Y aludiendo al mantenimiento del

Guillermo Rivera a don Luis Barros: entusiasta propagandista de la Consin exclusión de ninguno: era, a mi de realizar la tan deseada unión del nombre de Alianza liberal a la com-

19 2 0

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binación en que no figuraba este partido, le agregaba: "Llamar Alianza Liberal a u n a combinación en que no hay liberales, es una mistificación; no es más que una ingeniosa y artística ilusión. - . " 2 El Diario Ilustrado, 19 de mayo. 3 D o n Carlos Balmaceda sostuvo en el Consejo del Banco de Chile que éste debía hacer algo para atajarla, idea que f u é combatida por el presidente del Banco, Villanueva, y don Miguel Varas. Alessandri se jactaba una vez, ante Balmaceda y Cornelio Saavedra, de que d u r a n t e la campaña presidencial, cuando el gobierno le destacaba tropa frente a su casa con ametralladoras, él tenía en. el cajón de su escritorio los percutores de esas mismas ametralladoras, sin las cuales no podían f u n cionar. —Poco d e fiar debe ser una tropa —le habría dicho Balmaceda— cuyos oficiales confían a uno de los candidatos los percutores de las ametralladoras.. Pronóstico proféticó, pues esa misma tropa víó con completa indiferencia la caída de Alessandri cuatro años más tarde. 4 Laín Diez, La generación del año veinte, Babel, n® 40, julio-agosto de 1947. 5 Entre esas reacciones merece recordarse la de doña Sara del C a m p o , viuda del Presidente d o n Pedro Montt. —Ustedes oirán hablar del millón que iba a darles el Dr. G u z m á n —decía en una entrevista—. Eran cuarenta y cinco mil pesos, y después del discurso de Alessandri en T e m u c o , el doctor declaró que no daba un centavo y repartió el dinero entre obras de beneficencia. Pues bien, Alessandri f u é a suplicarle que n o diera en efecto esa plata, sino " q u e dijera que la había dado". ¡Miren si es rasgo de carácter revelador! ISi es un actor, un. verdadero actor d e teatro! C u a n d o en Valparaíso visitó el hospital de San Juan de Dios, se admiraba mucho de las instalaciones, y Carlos V a n Burén le iba diciendo: "Esto, don Arturo, es obra de los ricos." Hasta que A r t u r o le contestó: "No embrome, don Carlos, si esas cosas no las digo en serio; son para la exportación; c u a n d o llegue a la Presidencia usted verá cómo les doy u n puntapié a é s t o s . . . " U n demócrata que iba en la comitiva, se retiró indignado. Zig Zag, 19 de . junio de 1920, n® 800. 6 J. S. González Vera, Alessandri, Babel, n® 55, tercer trimestre d e 1950. 7 El Diario Ilustrado, 9 de junio. 8 El Mercurio, 18 de junio. 9 El asalto a la Federación de Estudiantes ha sido referido por Vicuña Fuentes en su libro La tiranía en Chile, y por González Vera, en su reciente libro de recuerdos, Cuando era muchacho, Santiago, 1951. w El i n f o r m e de Alfonso Bulnes sobre los sucesos d e Punta Arenas se encuentra en el Boletín de Sesiones del Senado, 1920, pp. 847-852. 11 E n sesión de 27 de julio de 1937, de la C á m a r a d e Diputados, el diputado por Magallanes Efraín Ojeda declaró q u e el asalto de la Federación había sido perpetrado por la Guardia Blanca organizada en la ciudad, y por oficiales del batallón Magallanes disfrazados, y que, después del asalto, se procedió a incendiar el local. 12 " D o n M a n u e l Rivas Vicuña, autor del triunfo del señor Alessandri, porque f u é él quien, atrayendo u n grupo de diputados, se hizo dueño de la mayoría de la otra C á m a r a e inclinó la balanza en favor del actual Presidente", decía don Carlos A l d u n a t e en el Senado en sesión de 14 de abril de 1921.

Capítulo

XIV

LOS PLEITOS C O N EL B A N C O DE CHILE Nada más característico de la personalidad moral d e Alessandri que los pleitos que sostuvo con el Banco de Chile, derivados de una cuestión de intereses, en la que anduvo mezclada la tenebrosa mano de la política, cuyas consecuencias lo perseguirían á través de su tormentosa vida pública, y que no dejarían de repercutir en las modificaciones que se introdujeron en la organización financiera del país. Las relaciones entre Alessandri y el Banco databan d e antiguo: la labor de su bufete profesional daba, naturalmente, un activo movimiento a su cuenta corriente en esa antigua y prestigiosa institución comercial. En la fiebre de especulación bursátil que se produjo durante los años 1904 y 1905, que en notables páginas ha descrito el novelista de Casa Grande, cayó también Alessandri, creyendo hacer fortuna, invirtiendo algunos recursos en acciones salitreras y mineras; pero, al producirse poco después la catástrofe, que provocó una aguda crisis económica, lo arrastró en sus consecuencias, haciéndolo perder en la vorágine todo su activo. 1 Por escritura pública de 29 de mayo de 1909, suscrita por el director gerente del Banco de Chile, don Augusto Villanueva, y Alessandri, reconoció éste deber al Banco las siguientes obligaciones, con sus respectivos intereses, liquidados hasta el 31 de diciembre de 1908:
Saldo de su cuenta corriente ..._ $ 84,897.82 Intereses » 6,791.00 Documento firmado en 22 de junio de 1904 » 12,500.00 Intereses » 2,052.00 Documento firmado en 26 de noviembre de 1904 » 30,000.00 Intereses » 5,233.00 Saldo del documento firmado en 7 de septiembre de 1905 » 58,650.00 Intereses » 8,263.00 Saldo del documento firmado en 7 de octubre de 1906 » 270,000.00 Intereses » 24-130.00 Saldo de cuenta corriente luz eléctrica de Taltal » 26,059.23 Intereses » 2,085.00 Documento firmado por don José S. León con la fianza de Alessandri .. » 1,000.00 Intereses * > 26.00 Documento firmado por don William BidweII en 1" de diciembre de 1908 con la fianza de Arturo Alessandri » 35,000.00 Documento firmado por don Rafael Bascuñán, con hipoteca de 266

LOS PLEITOS CON E L B A N C O DE C H I L E

267
» 100,000.00
» 9,200.00

Lo que hacía u n total de

. $681,820.05

Por la segunda cláusula de esa escritura, el Banco amplió a cinco años, contados desde el 29 de m a y o d e 1909, el plazo de las obligaciones anteriormente enumeradas y r e d u j o al 5 % el interés f u t u r o d e las demás obligaciones, comprometiéndose Alessandri a pagarlo el 31 de diciembre d e cada año. En el caso d e mora, en el pago de capital e intereses, Alessandri debería abonar el interés penal de 12 % anual. Para garantizar esas operaciones, Alessandri entregó al Banco, en prenda, las siguientes acciones:
8,000 acciones de la C o m p a ñ í a Estañífera Llallagua. 1,860 acciones de la C o m p a ñ í a Salitrera Progreso de Antofagasta. 40,000 acciones de la C o m p a ñ í a María Teresa de Aguas Blancas, y constituyó hipoteca sobre su casa-habitación de la A v e n i d a Delicias 1158.

El 6 d e noviembre de 1919 concurrió al Banco d e C h i l e A r turo Alessandri Rodríguez, g r a d u a d o recientemente de abogado, quien puso en manos del gerente, don Pedro A. Torres, la siguiente cárta:
Santiago, 6 de noviembre de 1919. Señor Gerente del Banco de Chile. Presente. Muy señor m í o : El notario don Mariano Meló Egaña, a quien acompaña mi apoderado general d o n A r t u r o Alessand-ri Rodríguez, lleva los fondos necesarios para pagar, en capital e intereses, el saldo que, previa la respectiva liquidación, resulta que yo a d e u d o en ese Banco, con motivo de la obligación de que da cuenta la escritura de 29 de mayo de 1909, otorgada ante el notario d e esta ciudad don Eduardo Reyes Lavalle. Ruego a usted que, junto con recibir el pago, se sirva devolver y entregar a las personas antes nombradas, todas las acciones, con sus frutos producidos d u r a n t e el tiempo que el Banco las h a tenido en su poder, y que le fueron dadas en prenda por mí, según reza la escritura citada de 29 de mayo de 1909. Mi apoderado general otorgará a usted la correspondiente escritura de recibo de las acciones constituidas y entregadas por mí en prenda a ese Banco. Soy de usted, atto y s. s., Arturo Alessandri.

Esta carta, dictada por u n sórdido interés, era de u n a m a l a f e púnica, por c u a n t o el Banco había v e n d i d o las acciones por orden del mismo Alessandri. Si, desde el p u n t o d e vista moral, la situación del Banco era inamovible, n o ocurría lo mismo desde el ángulo jurídico, pues, de acuerdo con la ley, la institución comercial no podía, en caso alguno, proceder a la venta de los valores entregados en p r e n d a . Surge, desde luego, u n a pregunta q u e se alcanza al menos

2.268

ALESSANDRI, AGITADOR Y

DEMOLEDOR

zahori: ¿cómo pudo el Banco, asesorado por abogados distinguidos, proceder a la venta d e esos valores cuando la ley se lo prohibía? ¿No pensó en la posibilidad de que su cliente recurriera a los tribunales de justicia? ¿'Consideró que su situación era tan inexpugnable por disponer de la carta en que su cliente ordenaba esa venta? En defensa del Banco debe afirmarse, sin embargo, que por entonces casi todos ellos procedían en estos asuntos con entera libertad, sin ajustarse rigurosamente a las disposiciones legales, y haciendo honor a la buena fe de sus clientes. Sobre el deleznable fundamento d e estas premisas iba a girar todo el episodio, sombría página de nuestros anales judiciales y políticos. A n t e el requerimiento d e su cliente, el gerente del Banco presentó a Alessandri Rodríguez una liquidación de las operaciones, quedando éste de volver al día siguiente para pronunciarse en definitiva. Efectivamente, al día siguiente volvió Alessandri hijo al Banco y expuso que deseaba cancelar íntegramente el sald o que su mandante pudiera estar adeudando, pará lo cual el notario llevaba los valores necesarios, y que no aceptaba por ningún capítulo la liquidación presentada, exigiendo, a su vez, la devolución de las acciones dadas en prenda. C o m o n o se produjera acuerdo sobre la liquidación, y el Banco se negara a restituir las acciones, se dió por terminada la comisión. Tres días más tarde, el 10 d e noviembre, se presentó Alessandri ante el tercer juzgado civil demandando al Banco d e Chile por lo siguiente:
1® Q u e dentro de tercero día de ejecutoriada la sentencia que se dictare, debían liquidarse en la forma legal correspondiente las operaciones realizadas entre el Banco de Chile y el demandante. 2° Q u e eran de propiedad del d e m a n d a n t e los frutos o dividendos de las acciones cuya restitución pedía hubieran producido desde el 29 de mayo de 1909 y los que, en lo sucesivo, produjeran, hasta el día en que se efectuara la restitución, y como esos frutos han debido ser percibidos por el Banco, en su carácter de acreedor prendario y tenedor de ellos, se declarara: a) Q u e debían compensarse por su deuda en la forma determinada, compensación que debería tomarse en cuenta al hacerse la liquidación. b) Q u e el Banco debía abonarle esos frutos con el interés del 12 % anual desde la fecha en que se habían producido. 3° Q u e el Banco de Chile, una vez aprobada judicialmente la liquidación, debía pagar al d e m a n d a n t e el saldo que resultara a su favor, restituir las acciones que dió en prenda y cancelar la hipoteca constituida sobre su casa de la Avenida de las Delicias. 4-15 Si la liquidación arrojaba un saldo en contra, se declarara que el Banco de Chile debía entregarle esas acciones y cancelarle su hipoteca tan pronto como le pagase dicho saldo. 5® Q u e siendo el d e m a n d a n t e acreedor del Banco, y a u n en el caso de ser deudor, se declarara que cualquiera disminución del precio de plaza que experimentaran las acciones, después de la notificación de la demanda, sería de cargo exclusivo del Banco, y 6® Q u e el demandado debería abonar las costas del juicio.

LOS PLEITOS C O N EL BANCO DE

CHILE

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El Banco sostuvo que la d e m a n d a no contenía u n a exposición de hechos suficiente para1 servir de base a la aplicación del derecho, y que, lo que el demandante perseguía, n o era una simple liquidación de cuentas, sino otro objeto, que en la demanda no se mencionaba, pues el comentario público que anunció el juicio, desde algunos meses antes que se entablara, daba también ai litigio un propósito que no concordaba con la demanda presentada, y se señalaba hasta el valor en dinero del provecho que Alessandri creía obtener con ella. Agregaba que, obligado a contestar, se limitaría a lo q u e consignaba la demanda, ignorando recados y rumores y despreciando interpretaciones que pudieran resultar antojadizas; que Alessandri conocía, tan bien como el Banco mismo, el estado de sus obligaciones; que la d e m a n d a n o contenía acción alguna y que la institución respetaba el sentimiento que había impedido a Alessandri hablar con claridad. En el ir y venir de los escritos quedaba algo en la sombra, que demandado ni demandante aclaraban; era que el Banco, sintiéndose víctima d e una extorsión, con deliberada prudencia, n o quería deprimir la personalidad del candidato presidencial de la Alianza Liberal, revelando lo que había recogido el rumor de la calle, en el sentido d e que había sido el propio interesado el que había ordenado al Banco la venta d e las acciones de Llallagua. Mientras tanto, el 29 d e marzo d e 1920, en vísperas d e reunirse la Convención que proclamaría a Alessandri candidato a la Presidencia d e la República, el Banco planteó ante el Segundo juzgado Civil un juicio ejecutivo contra Alessandri, cobrándole la suma d e $ 552,107.05, reconociendo que había, abonado a sus obligaciones las siguientes sumas:
1* En. 7 de enero de 1910, precio en que f u e r o n vendidas 1,000 acciones de la C o m p a ñ í a Estañífera de Llallagua, por orden de Alessandri $ 20,000.00 2 En 15 de abril de 1910, precio en q u e f u e r o n vervdidas 600 ac® ciones de la misma Compañía, por orden de Alessandri. » 13.872.50 3 En 19 de abril de 1910, precio en que fueron vendidas 500 ac® ciones de la m i s m a Compañía, por orden de Alessandri. » 11,550.00 4 En 20 de abril de 1910, precio en que fueron vendidas 400 ® acciones de la misma Compañía, por orden de Alessandri- » 9,240.00 5® En 3 de mayo de 1910, por dividendo de 5,500 acciones de la C o m p a ñ í a Estañífera de Llallagua » 6,033.50 6® En 22 de junio de 1910, precio en que f u e r o n vendidas 1,500 acciones de la misma Compañía, por orden de Alessandri. » 47,837-50 7 En 30 de junio de 1910, precio en q u e f u e r o n vendidas 2,000 ® acciones de la misma Compañía, por orden de Alessandri. » 65,325.00 8 En 2 de julio de 1910, precio en que fueron vendidas 1,000 ® acciones de la misma Compañía, por orden de Alessandri. * 33,600.00 9 En 4 de julio de 1910, precio en que f u e r o n vendidas 1,000 ® acciones d e la misma Compañía, por orden de Alessandri. » 8,941-80 T o d o lo cual hacía u n total de $252,350.30

2.270

ALESSANDRI, AGITADOR Y DEMOLEDOR

El Banco sostenía haber vendido esos valores por orden de Alessandri, a lo que éste respondió que el hecho era absolutamente falso, por cuanto esa orden jamás había sido dada, y que, en el supuesto de que la orden hubiera existido, el Banco habría vendido las acciones en una forma que no era la señalada por la ley, de donde debía entenderse que la prenda había estado, y estaba en poder del acreedor. De aquí deducía que el Banco había percibido dividendos por una suma muchas veces superior al monto d e la deuda que se cobraba en el juicio. Con su impudicia característica, Alessandri comenzaba por negar la existencia de la orden, pero una vez exhibida ésta en forma irrefutable, no vacilaría en sostener uná nueva falsedad, diciendo que la fecha que consignaba era la exacta. En su larga vida pública vamos a ver con frecuencia a Alessandri utilizar la falsedad y la inexactitud como recursos habituales, para guardar un mortal silencio cuando es sorprendido en su histrionismo. Pero como sabe que la orden existe, recurre á la incapacidad legal del Banco para realizar la venta. El Juzgado, por sentencia de 9 de juriio de 1920, en medio de los apasionamientos de la campaña por la Presidencia de la República, que debería decidirse pocos días más tarde, después de dejar constancia de que el Banco no había percibido por cuenta de Alessandri más dividendo que el señalado de $ 6,033.50, y desechar todas las excepciones alegadas por el ejecutado, declaró que debía seguirse adelante lá ejecución hasta hacerse entero pago al ejecutante del capital, intereses y costas.2 La reacción d e Alessandri ante esa sentencia fué inmediata y característica de su personalidad psicológica'. Lanzó un manifiesto al país, que publicó El Mercurio dos días más tarde, en que explicaba a su manera su litigio con el Banco, mientras en la página que la Alianza Liberal arrendaba en el mismo periódico insertó, sin firma responsable, un violento e injurioso ataque al magistrado que la dictó y al Banco de Chile.
A principios del año 1910, decía en el manifiesto, sin estar vencido el plazo de cinco años para hacer efectiva la obligación y garantizada la deuda con la hipoteca de mi casa, el Banco vendió ilegalmente y sin derecho las 8,000 acciones de Llallagua. La venta se hizo a vil precio y, según comprobantes que exhibiré oportunamente en el juicio, lograré determinar las personas de los afortunados compradores. El Banco sostiene que la venta de esas acciones se hizo con la autorización mía, agregaba; pero, aun cuando el juicio está ya en estado de sentencia ante el Tercer Juzgado Civil de Santiago, ese hecho no ha sido alegado y mucho menos se ha intentado probarlo. Cuando se acercaba la campaña presidencial, llegó a mi conocimiento, por diversos conductos, que se murmuraba en mi contra y que desde las oficinas y de entre los allegados del Banco salía un rumor para combatir mi probable candidatura presidencial, exhibiéndome como un deudor moroso.

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Agregaba que cuando se preparaba la Convención que debía designar el candidato de la Alianza Liberal a la Presidencia de la República, f u é sorprendido por la demanda ejecutiva del Banco, lo que no dejó de causarle extrañeza, por cuanto se hallaba pendiente u n juicio suyo contra el Banco en el que le cobraba una suma considerable. N o podía el demagogo perder esa oportunidad para pintarse como una pobre víctima de la voracidad del Banco, y el manifiesto terminaba con este párrafo delicioso:
Y esto servirá para que el pueblo de Chile conozca y vea, una vez más, las innobles e ilícitas armas que se gastan entre nosotros por los usufructuarios de las fortunas y de los privilegios ilícitos contra los que defendemos los derechos de todos.

El ataque al Banco y al magistrado firmante de la sentencia, don Felipe Urzúa, llevaba por título "El fallo de la presión política y bancaria", y en él se decía que el juez había sido presionado por un director del Banco, significándole que no obtendría ascensos en su carrera si no dictaba una sentencia adversa a Alessandri. Lo único que se ha querido conseguir a toda costa, agregaba, "es una sentencia contra el señor Alessandri con el propósito de esgrimirla como arma política contra el adversario de la Coalición". La acusación que en esa publicación se hacía á un distinguido hombre público, don Carlos Balmaceda, director del Banco d e Chile, movió a la dirección de El Mercurio a cancelar el contrato en virtud del cual se publicaba lá página de la Alianza Liberal, como lo advirtió al público en su edición del día siguiente. De ella se derivó un ruidoso incidente entre Balmaceda y los consejeros políticos de Alessandri, que llegó hasta la Corte Suprema. D e los estrados judiciales, el juicio, cuyas incidencias corrían de labio en labio en los corrillos, saltó a las columnas de la prensa, y de aquí a la calle. Al día siguiente, 12 de junio, el Banco publicó en los diarios una exposición, con la firma de su presidente, Augusto Villanueva, pieza lapidaria que dejaba al desnudo la personalidad moral del candidato de la Alianza Liberal.
El manifiesto al país publicado ayer por don Arturo Alessandri, decía el documento, obliga al Banco de Chile a exponer brevemente lo que hay de' verdad acerca de las cuestiones litigiosas que tiene pendientes con dicho caballero, sin ánimo de entrar en polémica ni recoger las injurias e insinuaciones malévolas que el señor Alessandri reparte entre el funcionario judicial que falló el juicio y el propio Banco de Chile. Las injurias a este último tienen como causa una supuesta intervención del Banco en la política, intervención que todos saben que jamás ha existido. No es del caso recoger las alusiones que el señor Alessandri hace a lo' que él llama el maridaje del Banco con el Estado; las relaciones que desde hace más de sesenta años existen entre el Banco y el Fisco no han de haber sido perjudiciales para éste, cuando la h a n solicitado y mantenido todos los

2.272

ALESSANDRI, AGITADOR Y DEMOLEDOR

gobiernos, conservadores, radicales y liberales, que desde entonces se han sucedido, en alguno de los cuales ha figurado el propio señor Alessandri como Ministro de Hacienda. A consecuencia de la exageración de los valores creada por la especulación que hubo durante los años comprendidos entre 1904 y 1908, se produjo una aguda crisis económica que afectó principalmente a los que en esos negocios creyeron haber hecho fortuna, y fueron muchas las personas que corrieron la suerte del señor Alessandri, quien, como él mismo lo expresa en su manifiesto, perdió su activo y q u e d ó sólo con su pasivo. El Banco de C h i l e . trató entonces al señor Alessandri en sus dificultades con la mayor deferencia: no sólo le concedió plazos, sino también u n a considerable rebaja de intereses, que el señor Alessandri parece desconocer en su publicación de ayer. El señor Alessandri dió entonces al Banco como garantías la hipoteca de su casa y prenda sobre acciones de las sociedades denominadas Progreso, María Teresa y Llallagua, garantías que, en conjunto, contra lo que asevera el señor Alessandri, no bastaban en aquel tiempo para cubrir la deuda. La sociedad salitrera María Teresa fracasó y sus acciones perdieron pronto totalmente su valor. Las de Progreso siguieron una vida casi igualm e n t e lánguida. Llallagua entró, a poco de nacer, en una intensa crisis, de la cual no se habría salvado sin la cooperación del Banco de Chile, directamente o por préstamos que éste hizo a los directores de esa compañía. Las acciones de Llallagua se resintieron de esta situación, y durante enero de 1909 se cotizaron a $ 8.00. Sólo en diciembre de ese año, y enero del siguiente, alcanzaron por momentos el precio de $ 20. Esta alza indujo al señor Alessandri a hacer u n pago anticipado, para lo cual dió al Banco la orden, que en copia fotografiada se inserta al pie de esta publicación. El señor Alessandri se ha esforzado en hacer creer que n o ha dado semejante orden, fundándose en u n error de fecha, en que él mismo incurrió, al escribir "enero 3 de 1909", en lugar de "enero 3 de 1910". El error es notorio, porque es absurdo suponer que cuando las acciones estaban a 5 8.0Ü se diera orden de venderlas a $ 20.00. Este último precio, como ya se ha dicho, sólo f u é alcanzado, y por momentos, en diciembre de 1909 y enero de 1910. Por lo demás, en enero de 1909, el Banco de Chile no había recibido en prenda esas acciones y no tendría, si fuera de esa fecha, sentido la carta que se refiere a las acciones dadas en garantía. Podemos también probar que no es éste el único caso en que el señor Alessandri ha incurrido en el error, tan frecuente, de fechar, al comenzar un año, con las cifras correspondientes al año anterior.

Es lo que los psicólogos llaman atracción mental.
La venta se hizo por parcialidades, agrega el señor Villanueva, por intermedio del corredor de la Bolsa don Carlos Salinas, a los mejores precios d e plaza, y de los lotes vendidos se dió aviso verbalmente y por escrito al señor Alessandri, como consta en los libros del Banco. En el curso del juicio, el señor Alessandri ha sostenido que ignoraba hasta hace u n mes que se hubiesen vendido las acciones. El Banco afirma que lo sabía. D e otra manera, el señor Alessandri, que refiere haber vivido durante muchos años sin activo alguno y dedicado únicamente a pagar sus deudas, no habría dejado de reclamar del Banco los ingentes valores que dice le pertenecían. Ahora confiesa el señor Alessandri que conocía la venta de esas acciones al asegurar en su manifiesto que había conversado sobre este hecho en varias ocasiones con el presidente del Banco, don Germán Riesco, muerto en 1916. El señor Alessandri dice en su manifiesto que el Banco no ha intentado siquiera probar en el juicio que él hubiera dado orden de vender las acciones. La explicación es sencilla: -ése es un hecho extraño al juicio. Pero para este

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Facsímile de la carta de Alessandri ordenando la venta de las acciones Llallagua

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juicio público a que nos provoca el señor Alessandri exhibimos en seguida, c o m o ya se dijo, la carta orden. Esto es cuanto estamos dispuestos a decir f u e r a de los tribunales sobre este asunto, para el cual no volveremos a recurrir a la prensa.

U n tono d e altivo desprecio hacia su adversario campea en ese documento, en el que se advierte el firme terreno moral que pisa el que es arrastrado por u n litigante de mala fe. En él está expuesta con claridad la cuestión, sin hueca palabrería y sin propósito alguno d e impresionar a la opinión. Puesto en descubierto ante la opinión pública y totalmente perdido en el terreno moral, no le quedó a Alessandri otro camino q u e sostener q u e la carta era del 3 de enero de 1909 y seguir en su campaña d e difamación de la institución comercial. En u n remitido q u e publicó en El Mercurio el 13 de junio, con el título de " U n a palabra más", insistía en que la fecha d e su carta era la señalada y que el argum e n t o del Banco era pueril, por cuanto sus deseos eran que sus acciones n o fueran realizadas a vil precio. Expresaba' que, una vez que se fallara a su favor el litigio pendiente ante los Tribunales, destinaría el valor de la indemnización a fines d e beneficencia y progreso para el país. Proponía la constitución d e un Tribunal Arbitral para fallar la cuestión, sacándola de la jurisdicción de los Tribunales de Justicia, e integrado por personalidades como los señores Enrique Mac-Iver, Miguel Varas, Luis Dávila Larrain, José Bernales, Luis Barriga, Ricardo Letelier y Leopoldo Urrutia, y q u e mantenía su proposición d e invertir ese dinero 1 en fines de bien público. Acusaba finalmente al Banco d e lucrar escandalosamente con los depósitos d e los fondos fiscales, sobre los cuales pagaba u n interés de u n 2 %, y que prestaba al 8 % , y sostenía q u e el Banco Central o Privilegiado n o se había creado por la invencible resistencia que para ello había ofrecido el Banco, y particularmente su presidente, señor Villanueva. Días antes d e la elección presidencial, el 15 de junio, publicaba en El Mercurio u n tercer remitido, con el título de "Óigame todavía el país", en el q u e decía que era pueril el argumento del Banco al sostener q u e el 3 de enero de 1909 era día domingo, fecha de la carta d e marras, por cuanto no era extraño que a fines de semestres trabajaran los empleados en las oficinas d e los Bancos, y que, tratándose d e negocios excepcionales, se habilitaran horas extraordinarias para atenderlos. Pero e m p e ñ a d o en desprestigiar al Banco, insistía en u n a larga columna en sus ataques, diciendo q u e erá monstruoso que lucrara en sus relaciones con el Fisco, con perjuicio evidente de la agricultura, la industria, la minería, el comercio y los particulares. Y echando m a n o del tono populachero, tan grato a sus predilecciones, terminaba con estás arrogantes palabras:
A l decir estas cosas, c u m p l o con u n alto y elevado deber cívico, sin que m e importen sus resultados ni consecuencias y básteme sólo decir que, cua-

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ALESSANDRI, AGITADOR Y DEMOLEDOR

lesquiera que sean las armas que se esgriman en mi contra, queda todavía en mi espíritu energía bastante para afrontar todas las dificultades, para salvar todos los obstáculos y para luchar y vencer.

La sentencia se dictó con fecha 15 d e diciembre de 1920, pocos días antes de que Alessandri asumiera la Presidencia de la República. Constaba de 37 considerandos. En el cuarto, letra se dejaba constancia de que Alessandri había negado terminantemente el hecho de haber otorgado al acreedor prendario la autorización para vender las acciones dadas en prenda, que esa venta se habría efectuado antes de vencer lá obligación que tenía con el Banco, que no se había hecho en pública subasta ni por ministerio de la justicia, y que el valor de las 8,000 acciones de Llallagua, cuyo valor reclamaba el demandante, era, el día de la notificación de la demanda, de 3.560,000 pesos. Se dejaba igualmente constancia de lo sostenido por el Banco, en el sentido de que no había restituido las acciones dadas en prenda porque habían sido vendidas por orden escrita de Alessandri. El considerando décimo octavo d e la sentencia decía:
Q u e la principal y más grave divergencia que existe entre las partes respecto a la liquidación de las operaciones pendientes se refiere a la venta de las acciones de la Compañía Llallagua, dadas en prenda según consta de la planilla de fojas 8 del juicio ejecutivo, que en Copia corre a fojas 98 de este cuaderno, y confesión del Director-Gerente del Banco de Chile, don Pedro A. Torres, que al absolver la articulación tercera de las posiciones de fojas 87 y 89, declara que es efectivo que, con posterioridad a la escritura de fojas 2, las 8,000 acciones al portador de la Compañia Llallagua, entregadas en prenda por el señor Alessandri al Banco de Chile, y recibidas por éste, no han sido devueltas o restituidas al señor Alessandri y no tiene inconveniente en repetir lo que el Banco ha dicho en varias ocasiones, esto es, que las acciones fueron vendidas por orden escrita del señor Alessandri, y da esta respuesta sin verse obligado a darla por tratarse de una cuestión extraña al juicio.

En el considerando siguiente se dejaba constancia de que el Banco no había alegado excepción de haber vendido la prenda por orden del deudor prendario, con motivo del alzá experimentada por las acciones de Llallagua, que en diciembre de 1909 y enero de 1910 alcanzaron por momentos a 20 pesos por acción, cuya carta estaba fechada en Santiago el 3 de enero de 1909, documento que no podía tomarse en cuenta en el litigio y que sólo se insertaba para ilustrar el juicio público a que Alessandri había arrastrado al Banco. Expresaba igualmente la sentencia que el Juzgado no podía legalmente pronunciarse en el juicio sobre la validez o nulidad de la venta de las 8,000 acciones de Llallagua, y reconocía la procedencia de la primera petición de la demanda, relativa a la liquidación de las operaciones pendientes entre ambas partes, en el sentido de que lá entrega de las acciones debió verificarse tan pronto como el demandante se allanó a pagar el saldo que resultare, previa liquidación de las operaciones efectuadas; pero reco-

LOS PLEITOS CON E L BANCO DE C H I L E

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nocía al mismo tiempo que el Banco había tenido motivos plausibles para litigar. La sentencia terminaba por acoger en todas sus partes las peticiones primera, tercera, cuarta y quinta de la demanda, entendiéndose que la cuarta se acogía sólo en el carácter de subsidiaria; acogía la petición segunda de la misma demanda, sólo en cuánto pedía se declarara que eran de propiedad del demandante los frutos o dividendos d e las acciones, desde el 29 d e mayo de 1909 y los que en lo sucesivo se produjeran hasta el día en que se efectuara la restitución de las acciones, y que el Banco estaba obligado, además, a abonar esos frutos sin intereses; rechazaba las demás peticiones y excepciones de las partes; reservaba a las partes el derecho de discutir la liquidación que se ordenaba practicar por la sentencia y el valor de las acciones Llallagua, y respecto al monto de los dividendos, en otro juicio diverso, y que las costas del juicio se pagarían por mitad entre las partes. El Banco d e d u j o apelación d e la sentencia del juzgado del señor lejandro Fuensalida e interpuso recurso de casación en la forma. La C o r t e de Apelaciones, por sentencia de 8 de abril d e 1921, en fallo expedido por los Ministros José Astorquiza, Fermín Donoso Grille y Abel Maldonado, no dió lugar al recurso d e casación en la forma interpuesto por el Banco. El Banco había sido vencido ante los Tribunales d e Justicia y no le quedó otro camino q u e entregarse: de aquí provino la transacción a que se llegó, en virtud d e la cual ambas partes desistían d e sus respectivas demandas, el Banco pagaba en el acto a Alessandri la suma de un millón ciento cinco-mil pesos (pesos 1.105,000), cancelaba la escritura d e m u t u o de 29 d e mayo de 1909, alzaba la hipoteca constituida en el mismo instrumento sobre la casa de la Avenida de las Delicias 1158, restituía las 40,000 acciones d e la Compañía Salitrera Máría Teresa de Aguas Blancas y las 1,860 acciones de la Compañía Salitrera Progreso de Antofagasta, y Alessandri, por su parte, renunciaba a toda acción o derecho contra el Banco por la venta que había hecho de las 8,000 acciones de Llallagua y declaraba no tener reclamo alguno contra el Banco.
2Con cuánto contribuyó para los gastos electorales de la campaña presidencial de 1920?, se preguntaba Virgilio Figueroa en su Diccionario Histórico y Biográfico de Chile en la semblanza de José Pedro Alessandri. Algunos creen que con menos de u n millón de pesos, pero otros, acaso más conocedores de la verdad, fijan en u n millón la cuota dada por d o n José Pedro.

A reintegrar la suma q u e le había prestado su hermano destinó Alessandri el millón y pico d e pesos que había extorsionado al Banco d e Chile. Pero, ¿no había prometido que la destinaría a fines d e beneficencia y progreso para el país?

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ALESSANDRI, AGITADOR Y

DEMOLEDOR

NOTAS
1 E n la p. 266 se recuerda la declaración de Alessandri hecha C á m a r a de Diputados e n sesión de 18 de enero de 1906. 2 Se encuentra en El Diario Ilustrado de 10 de junio.

en la

Capítulo

XV
1

"PESE A Q U I E N PESE"

Ya tenemos al agitador en la Moneda disfrazado de gobernante: en el ejercicio de su cargo aplicará los mismos métodos utilizados á lo largo d e su vida política, agitará a las masas, hablará sin descanso, lanzará manifiestos, escribirá cartas, formando una espesa columna de humo para ocultar la clamorosa falencia del poder público puesto en sus manos. Como lo había pronosticado Mac Iver organizó un Ministerio de mediocridades, en el que sólo se destacaban por su personalidad los señores Aguirre Cerda y Matte Gormaz, mientras en su círculo íntimo vivió desde el primer momento rodeado d e una camarilla de logreros y gestores, entre los que alcanzó sombría notoriedad Horacio Fabres Fuensalida. Ministro de Hacienda f u é designado Daniel Martner Urrutia, nacido en Cauquenes, hijo de sus obras, y que tras un ímprobo esfuerzo había logrado un título académico d e una Universidad alemana'. Era de una ingenuidad perfectamente germánica, no tenía ninguna experiencia de los negocios públicos, pero contaba con el apoyo decidido de la logia. Por lo menos Aguirre Cerda y Martner representaban en ese momento la influencia d e la masonería, que sería considerable desde entonces. Ministro de Guerra y Marina f u é designado Carlos Silva Cruz, director de la Biblioteca Nacional, ex Subsecretario de Instrucción Pública, balmacedista y partidario entusiasta de Alessandri, pero completamente ajeno a cuanto dijera relación con los servicios de la defensa nacional. Ministro de Instrucción Pública f u é A r m a n d o Jaramillo Valderrama, que había representado los intereses de la Alianza en el último Gabinete del señor Sanfuentes, unido a Alessandri por u n a lealtad a toda prueba, culto, caballeroso, discreto, pero no tenía una personalidad acentuada'. El Ministro de Obras Públicas f u é Zenón Torrealba, demócrata, obrero gásfiter o plomero, sin más cultura que la de la escuela primaria, y que tuvo una trágica muerte dos años más tarde. El Gabinete encontró buena' acogida en el Congreso, aun en el Senado, donde la Unión Nacional disponía d e una mayoría abrumadora. En su organización se prescindió de todos los precedentes del régimen parlamentario, y el Ministro del Interior en B discurso declaró que representaba a la Alianza Liberal triunU fante pero que esperaba que el Senado por patriotismo le prestaría su apoyo. La situación social y económica que tuvo que encarar el gobierno era deplorable: a la paralización d e numerosas oficinas sali277

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treras, determinada por la depresión del mercado universal, se siguió la baja en el precio de algunas materias primas, entre ellas la lana y el cobre, que provocaron una desocupación obrera que dió origen al malestar social más profundo, y como estaban vivos los fermentos difundidos en la campaña electoral del año anterior, sus manifestaciones no demoraron en estallar. Los primeros actos de la nueva administración, procediendo al reparto de los cargos políticos, y otros de menor importancia, como las prefecturas de policía d e Santiago y Valparaíso, provocaron las acerbas críticas de la oposición, y la actitud del Senado, al rechazar un mensaje del Ejecutivo1 para acreditar como Ministro ante el gobierno de China a Víctor Robles, motivó la renuncia del Ministro de Relaciones Exteriores, que el Presidente rechazó por una carta de 22 de enero. "Con frases rutilantes no se modifica la verdad de las situaciones, comentaba don Gonzalo Bulnes en El Diario Ilustrado,2 y los antiguos Presidentes que no hablaban sino por medio de sus organismos constitucionales, ganaban mucho más con su silencio en el concepto público. Con un manifiesto por semana este país se va a enfermar de los nervios." A principios de febrero un episodio dramático iba a poner a prueba el temple moral del agitador y demoledor disfrazado de gobernante; las simientes derramadas en su campaña electoral iban a rendir sangrientos frutos, y en esa encrucijada el magistrado reaccionó con los mismos procedimientos que había condenado el candidato para captar las simpatías de la ingenua alma popular. Al iniciarse la paralización de las oficinas salitreras, comenzó el amargo desfile de las masas trabajadoras hacia la costa, en busca del camino hacia el acogedor valle central del país. U n a gran caravana procedente del interior de Antofagasta se detuvo en la oficina San Gregorio, cuyo administrador Mr. Jones contaba con la adhesión y la simpatía d e los elementos trabajadores. En esa oficina había algunos carabineros de guarnición, que fueron reforzados por soldados del regimiento Esmeralda de Antofagasta, al mando del teniente Argandoña, caracterizado con sombríos rasgos por la pluma de Carlos Vicuña. Los trabajadores, intensamente excitados por la miseria, por la desocupación, por la angustia de la situación incierta, y por la exaltada prédica de Recabarren, se apoderaron de la oficina y dieron muerte a Argandoña, cuyo cadáver mutilaron. El administrador d e la oficina, Mr. Jones, que había quedado herido en una pierna, fué embarcado hacia Antofagasta, pero murió en el viaje. Fueron enviadas inmediatamente fuerzas del regimiento Esmeralda de Antofagasta, que ocuparon las oficinas y atacaron a los rebeldes con ametralladoras. Ciento treinta víctimas cayeron en el campo, entre ellas muchas mujeres y niños, según afirma Vicuña Fuentes.

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A l e s s a n d r i m o s t r ó en a q u e l sangriento episodio, agrega, su i n c a p a c i d a d d e gobernante. Su corazón generoso lo llevó a r e c o m e n d a r p r u d e n c i a y c a l m a al I n t e n d e n t e d e A n t o f a g a s t a , en largas conversaciones telegráficas; p e r o n o le dió n i n g u n a o r d e n precisa y dejó q u e los militares hiciesen la subida a la p a m pa p o r su cuenta, sin el control de u n a a u t o r i d a d civil, y el Ejército f u é a S a n Gregorio, n o a c u m p l i r la f u n c i ó n pública de restablecer y resguardar el o r d e n , sino a ejercer u n a i n n o b l e venganza, d o b l e m e n t e ciega, p o r q u e ni sabía el v e r d a d e r o motivo d e la m u e r t e d e A r g a n d o ñ a , ni se curó de c o m p r o b a r la relación m e n t i r o s a del t e n i e n t e G a i n z a . 3

Lá prensa conservadora vió en ese episodio, n o las consecuencias de la desesperada situación p o r q u e atravesaban los trabajadores de la p a m p a salitrera, sino la expresión d e la c a m p a ñ á de agitación iniciada desde el año anterior, q u e rendía sangrientos frutos.
Las elecciones del 6 d e marzo se realizaron d e n t r o d e u n a m b i e n t e de t r a n q u i l i d a d , sin q u e se f o r m u l a r a n cargos de intervención gubernativa. La Alianza o b t u v o n u e v o s asientos e n el Senado, pero n o logró q u e b r a n t a r la abrum a d o r a mayoría d e q u e disponía la U n i ó n N a c i o n a l . Se i n c o r p o r a r o n a él Briones Luco p o r T a r a p a c á , Arancibia Laso por A n t o f a g a s t a , los liberales Gatica y G a r n h a m por C o q u i m b o y Valparaíso, el d e m ó c r a t a B a ñ a d o s por Santiago, José P e d r o A l e s s a n d r i en Ñ u b l e y A g u i r r e C e r d a en C o n c e p c i ó n . Los conservadores reforzaron su situación con el t r i u n f o de los señores Lyon Peña, H u n e e u s y J u a n E n r i q u e C o n c h a p o r A c o n c a g u a , Santiago y O'Higgins, respectivamente. E n las elecciones para la C á m a r a de D i p u t a d o s el t r i u n f o d e la Alianza f u é a b r u m a d o r , e s p e c i a l m e n t e el d e los radicales, q u e llegaron a u n a cifra récord en su representación, cerca de los 40 diputados. D e este partido ingresaron p o r p r i m e r a vez a la C á m a r a , L e o n a r d o G u z m á n , A r t u r o Lois, A q u i l e s Vergara, Luis A . González, Santiago Labarca, Luis Salas Romo, G u i l l e r m o Holm a n , G u i l l e r m o Cortés, Roberto P o u c h o u c q , M a n u e l J. Ortiz, P e d r o Rivas V i c u ñ a , Francisco Jorquera, D o m i n g o D u r á n , P e d r o D u h a l d e , A d o l f o O e t t i n g e r y A r t u r o Montecinos. E n el n ú m e r o de d i p u t a d o s seguía en i m p o r t a n c i a la representación conservadora. M a n t u v i e r o n sus b a n c a s los señores Silva Cortés, G u m u c i o , U r r e jola y M e n c h a c a , y e n t r e los q u e ingresaron por p r i m e r a vez f i g u r a r o n Jaime Larrain, M a n u e l Cruzat, Pablo M a r í n y a l g ú n otro. Los liberales tuvieron u n a representación corta pero bien matizada d e abogados y agricultores. E n t r e los q u e ingresaron p o r p r i m e r a vez figuraron H o r a c i o Mujica, H é c t o r Claro, Ismael Edwards, José Maza y E r n e s t o Escobar. C o n s e r v a r o n sus b a n c a s T o m á s Ramírez, G u i l l e r m o Edwards, A r m a n d o Jaramillo, Francisco G a r c é s G a n a y Matías Silva. Los d e m ó c r a t a s a u m e n t a r o n c o n s i d e r a b l e m e n t e su representación, m i e n t r a s balmacedistas y nacionales m a r c h a r o n poco m e n o s q u e a la liquidación. D e a q u í q u e apenas desvanecido el h u m o d e la batalla electoral se iniciaran negociaciones de unificación liberal, para agrupar bajo una sola e n t i d a d a doctrinarios, balmacedistas y nacionales. C o n q u i s t a r o n bancas en esa C á m a r a r e p r e s e n t a n t e s auténticos del proletariado, con el n o m b r e de c o m u n i s t a s o socialistas, e n t r e los q u e figuraron Luis V . Cruz, Luis E. Recabarren, Juan Pradeñas, J u a n Vargas M á r q u e z y O s c a r C h a n k s . D e s d e el p u n t o d e vista social la representación d e la clase m e d i a y del proletariado era a b r u m a d o r a .

D e allí a poco se p r o d u j o el primer ataque a las prerrogativas del S e n a d o y se inició la obra desquiciadora d e las instituciones: habiendo rechazado ese cuerpo el mensaje del Ejecutivo para acre-

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ditar como Ministro en Francia a Luis A l d u n a t e Echeverría, los Ministros presentaron la renuncia de sus cargos por ver en aquel u n voto de censura. D e aquí tomó pie Alessandri para rechazar la renuncia d e los Ministros en u n largo documento, fechado el 13 d e abril, en el que decía que la actitud del Senado era un simple acto de hostilidad personal contra el Presidente de la República, q u e dirigiría la gestión de los negocios internacionales prescindiendo de la cooperación de ese cuerpo, q u e era indispensable arrebatarle las facultades políticas y convertirlo en cuerpo consultivo y q u e el Ejecutivo debía tener la facultad de disolver el Congreso. El demoledor, vestido con lá túnica del reformista, planeaba u n vasto plan de reforma constitucional para derribar el régimen parlamentario y echar las bases de u n a dictadura, Pero no se detuvo en este camino: había q u e desacreditar al Senado y señalarlo como blanco de las iras populares. A l día siguiente de conocerse la resolución del Senado u n a turba escoltada por la policía llegó hasta las casas de los senadores Bulnes y Errázuriz, profiriendo las injurias más soeces, quebrando vidrios, disparando tiros de revólver e incitando al asalto. Se hizo repartir u n a proclama en la que se decía q u e era necesario apoyar al Presidente d e la República y protestar contra el acuerdo revolucionario tomado por el Senado. Ese término de revolucionario lo utilizaría con frecuencia Alessandri pará referirse a cuantos se atrevieran a cruzar sus propósitos. La proclama decía así:
N o es posible que dieciséis ciudadanos, por alta que sea su investidura, jueguen con los destinos de la nación y entorpezcan por capricho las relaciones internacionales, en m o m e n t o s tan difíciles para la República y la tranquilid a d interior. El pueblo debe protestar con energía de estos verdaderos desmanes de u n grupo reducido de políticos, que no tienen d e r e c h o a llevar al desorden y al caos al Gobierno. Prestemos nuestro apoyo incondicional al Excmo. Presidente de la R e p ú ' blica d o n A r t u r o Alessandri, y así m a n i f e s t a r e m o s nuestro amor y patriotismo. C o n d e n e m o s a los fariseos ocasionales del S e n a d o y h a b r e m o s d a d o muestras de la cordura del pueblo en contraposición a las bajezas de los senadores.

D e esa actitud y d e esas violencias protestó con indignación en lá C á m a r a alta el conservador A l d u n a t e Solar, diciendo que ni Balmaceda se había atrevido a n o respetar los acuerdos privativos del Senado y que por el camino elegido se iba directamente a la destrucción del régimen parlamentario. Defendió al Ejecutivo el radical Quezada, en u n tono d e moderación muy d e acuerdo con su temperamento, pero sin justificar en manera alguna las manifestaciones de hostilidad contra los senadores Bulnes y Errázuriz. La C á m a r a de Diputados reaccionó también contra el ¡Senado, y a u n cuando el Gabinete retiró su renuncia aprobó en sesión de 14 de abril un proyecto d e acuerdo reiterándole su confianza.

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Era notoria la mediocridad d e algunos d e los Ministros qué tenía Alessandri, a algunos de los cuales deprimía en los términos más ofensivos. Oyarzún recuerda a este respecto en sus Memorias que siendo presidente de lá Comisión de Hacienda d e la Cámara, recibió u n llamado del Presidente a la Moneda.
El llamado era para pedirme que lo ayudara a hacer pasar en la Comisión de Hacienda y en la C á m a r a un proyecto de empréstito con emisión de papel m o n e d a , que deseaba presentar. Al llegar Jorge Matte, le dice Alessandri: "Le estoy pidiendo a Enrique que nos ayude en la Comisión y en la C á m a r a : a pasar el proyecto emisor que tú vas a ir a d e f e n d e r también en ambas." , —¿Cómo, dije yo, va a ir a esa defensa Jorge q u e es Ministro de Relaciones, y no Martner, que es el titular de Hacienda? —¿Pero qué n o sabes que ese idiota es incapaz de hacer una defensa difícil como será esa, a u n q u e tú la apoyes con todo tu prestigio? En ese m o m e n t o entra Martner a la sala y ¡ en respuesta a su saludo al Presidente recibe esta a n d a n a d a : —Aquí estoy pidiéndole al Ministro d e Relaciones que vaya a la defensa del proyecto financiero que U d . no es capaz de ir a sostener e n la Cámara. —Yo n o puedo ir a defenderlo, Presidente, porque tengo ideas contraria^ a las del proyecto. O í r esto Alessandri y levantarse para gritar a todo p u l m ó n f u é todo u n o : — ¿Ideas contrarias? ¡Si U d . n o tiene ideas d e ninguna clase! Si los fisiólogos y los psicólogos dicen que para concebir u n a idea necesita el cerebro 300 revoluciones por segundo y el suyo n o las da ni en u n año. . . Ideas.;. .1 ¡Vaya si m e ensarté con U d . . . ! Martner se sintió anonadado. Era entonces u n distinguido profesor d e Economía Política, modesto y ajeno a toda independencia social, y por eso se sentía humillado y carecía de los arrestos necesarios a una airada protesta. Era radical, es decir, mi correligionario, y era mi amigo, aunque, n o de trato muy frecuente; pero m e sentí indignado por él y por esas ofensas q u e se prodigaban ante extraños y en la seguridad de que quedarían impunes. M e levanté para despedirme y dejar precisamente a ese loco que así insultaba a- u n h o m b r e de bien por el delito d e contradecirle.

Pocos días después Martner presentó su renuncia, conjuntamente con el Ministro de Guerra y Marina, Silva Cruz, y fueron nombrados para reemplazarlos Oyarzún y Enrique Bálmaceda Toro. Recuerda Oyarzún q u e Quezada y Pedro Aguirre fueron a nombre del Presidente a ofrecerle el cargo, pero que deseó excusarse y no aceptar.
Fui y dije a Alessandri, agrega, Presidente: al excusarme y rehusar su ofrecimiento, debo decirle que yo no puedo ser Ministro de U d . — ¿Por qué? —Porque desde que éramos diputados h e m o s andado siempre con diversas ideas económicas, y ahora mismo tiene U d . en el Senado u n mensaje sobre política salitrera que yo no acepto y que debo ir a d e f e n d e r por solidaridad con mis antecesores en la cartera.. . —¡Qué solidaridad ni qué niño muerto! Lo retiras no más y n o digo nada. En todo caso necesito u n h o m b r e preparado como tú para descansar del enorm e fardo que tengo encima, pues por la incapacidad de algunos de mis ministros he tenido que ser Presidente a cargo de las carteras de Hacienda, de G u e r r a y Marina y d e Obras Públicas y ya n o p u e d o más. Por lo demás, t ú serás Ministro autónomo, jamás m e m e t e r é en tu Ministerio y n o haré sino firmar lo que m e mandes. Ya sabes q u e siempre 1 te h e distinguido con mi

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respeto por tu carácter y tu preparación. T e juro que nunca tendremos dificultades. Acepté y cumplió su palabra, pero u n mes después decía a sus íntimos que no veía las horas en que pudiera librarse de mí, ya que yo no permitiría las mil triquiñuelas que él quería hacer a mis espaldas, y con el concurso de sus amigos y favorecidos, como las que hizo en el asunto del pool salitrero y que realizó el 30 de septiembre, cuando ya no era yo ministro, sino Víctor Célis, pues yo renuncié el 16 de agosto de ese año 21.

El 11 de mayo fueron despachados por lá Cámara de Diputados los presupuestos para ese año. Antes de terminar esa legislatura, se alzaron por última vez en el recinto de la Cámara, dos voces resonantes para expresar el hondo desencanto que había prendido ya en el alma popular ante la vaciedad de las promesas presidenciales: fueron las d e Pablo Ramírez y Antonio Pinto Durán, que no conservarían sus báncas. "Conviene decirlo a los sordos y a los ciegos, decía el primero en sesión de 13 de mayo, que la situación se va haciendo cada día más grave y que la duda empieza á morder al pueblo, y no se engañe tampoco el señor Presidente de la República, porque el escepticismo ya despunta abajo." Pinto Durán, que había acompañado al candidato con fervor encendido, comprendió cuán por debajo de las esperanzas cifradas en él se hallaba Alessandri y como se sentía herido por el fracaso de su candidatura senatorial por Antofagasta, se inclinaba a hablar con crudeza. En sesión d e 6 de mayo recordó que hasta entonces el Presidente se había limitado a pronunciar discursos y a escribir cartas, y aludió al propósito de derribar el régimen parlamentario y establecer la dictadura que despuntaba en su acción política. Y poniendo el dedo en la llaga, refiriéndose al reducido círculo de amigos que lo rodeaba, decía: "El círculo de amigos íntimos del Presidente de la República no ha comprendido bien el alcance de la última campaña presidencial. H a creído que el triunfo del señor Alessandri era un triunfo vulgar que, como los otros triunfos presidenciales, llevaba aparejado un botín que consistía en el reparto de puestos, honores, prebendas, influencias." Llamó especialmente la atención hacia las penosas condiciones en que se hallaban las clases trabajadoras, a consecuencia de la desocupación, y a la imperiosa necesidad de encarar en conjunto la cuestión social. Pero esas voces clamaban en el desierto, ante la mediocridad d e los hombres puestos al frente de los negocios públicos y la frivolidad de la acción del Ejecutivo. Dos cuestiones fundamentales tocó Alessandri en su primer mensaje leído en la apertura d e las sesiones ordinarias del Congreso de ese año: la cuestión internacional y la reforma de la Carta Fundamental de 1833. Sobre la primera dijo que era resolución inquebrantable del gobierno eliminar la única dificultad exterior que había pendiente, consultando la opinión de los habitantes d e Tacna y Arica sobre su nacionalidad definitiva, y en

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materia de reformas constitucionales emitió una serie de opiniones a las cuales nos referimos con más detención en otro capítulo. Aludió en seguida al proyecto de Código del Trabajo, elevado a la consideración del Congreso, y dió extensa cuenta de la actividad de los servicios públicos, haciendo así de ese documento, más que una sobria exposición de la política gubernativa, un resumen de las Memorias ministeriales, o de la cuenta que las Secretarías de Estado debían dar anualmente al Congreso impuesta por la Constitución. Todo eso en medio de un mar de palabras, de sinónimos y de promesas. Ese documento no dejó de encontrar una viva reacción en los sectores conservadores: Francisco Huneeus lo comentó desde su banca del Senado y Gumucio desde las columnas de El Diario Ilustrado, donde escribía:
Es una simple, o mejor dicho, amplificada repetición de sus discursos de candidato. Es una peroración de u n caudillo q u e anhela mover entusiasmos populares y moverlos con palabras sonoras, con frases de efecto, y sobre todo con promesas. ¡Qué inmensa multitud de palabras, qué abundancia de sinónimos!

La administración se había iniciado en deplorables condiciones financieras, por la paralización de la industria del salitre, determinando una cesantía como tal vez no se había conocido anteriormente, privando al Estado de su principal fuente de recursos. Los productores d e salitre, especialmente los ingleses, tomaron a su cargo la venta del producto en Europa, a través d e un Pool, cuya influencia gravitó considerablemente en la paralización de la industria'. Para atender a las más premiosas necesidades de la administración pública el gobierno propició y obtuvo del Congreso la autorización necesaria para contratar un empréstito por 50 millones de pesos, oro de 18 peniques. Pero los síntomas de relajación social, agudizados por la intensa depresión económica, salieron pronto a la superficie, revelando cuán hondamente perturbada se hallaba la vida de la colectividad. La quiebra de dos Bancos, el Muñoz de Arce en abril y el Popular en junio, fueron la expresión de síntomas inquietantes. En el directorio de este último figuraban algunos señores de campanillas y en el desastre, provocado por la inmoralidad con que había manejado los capitales del banco el directorio, se vió también arrastrado el Fisco, pues el Ministro Martner había depositado en sus cajas la considerable suma de medio millón de pesos. Pero ningún espectáculo fué más depresivo e impresionante que el ofrecido por los albergues de desocupados, en los que fueron alojados, en una promiscuidad espantosa, las masas obreras arrancadas de lá pampa salitrera por la paralización de la industria. Cerca de veinte mil personas, entre hombres, mujeres y ni-

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ños, fueron distribuidos en distintos barrios d e la ciudad, y el Estado atendió a su subsistencia por medio de proveedores a quienes controlaba la policía. Toda esa población flotante vivía en la ociosidad, matando las horas en el juego o deambulando por la ciudad, exhibiendo su miseria y sus impresionantes harapos. En ese caldo de cultivo florecían espontáneamente la indignación, la rebeldía y el odio, y en vano se alzaron en el Congreso algunas voces pidiendo la solución de ese problema angustioso. "El Gobierno siente pesar sobre él y sobre el país, como una verdadera montaña este problema d e la desocupación, dijo Tomás Ramírez, Ministro d e Justicia, ante el Senado, y n o descansa u n solo instante buscando la manera de solucionarlo", a lo que agregó don Gonzalo Bulnes que efectivamente era una montaña, en el fondo de fuego, que estaba llena d e malas pasiones que fermentaban en la desgracia. Pero lo que indignaba a la opinión pública era que, a lá sombra de ese dramático estado de cosas, n o descansara la infatigable actividad de los logreros que, por medio1 de plazas supuestas y otras mil triquiñuelas, defraudaban escandalosamente al Fisco, empresa en la que se hallaron coludidos con algunos agentes inferiores de la autoridad. Pero la ola de inmoralidad ambiente había subido hasta los altos círculos gubernativos, y la prórroga d e la concesión del ferrocarril salitrero de Tarapacá provocó, n o solo u n resonante escándalo público, sino que la caída del Gabinete. En sesión de 18 de julio, el senador conservador Echenique denunció en el Senado que por un decreto de 30 de junio anterior se había prorrogado hasta el 31 de diciembre de 1986 la concesión que la Compañía de Ferrocarriles Salitreros de Tarapacá tenía para la explotación de la línea, en circunstancias q u e dentro de quince años más terminaba, fecha en la que el ferrocarril debería pasar a propiedad del Estado. Por otro decreto de la misma fecha se autorizaba a la misma compañía para aumentar las tarifas en u n 35 % . La resolución gubernativa encontró una vigorosa oposición en la representación parlamentaria de la provincia, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, protestando de ella, por considerarla u n verdadero atentado a los intereses d e Tarapacá y sosteniendo que esá prórroga no podía hacerse por u n simple decreto sino que era materia d e ley. El dedo acusador de la prensa y del rumor público insistente se alzó para señalar a los gestores del negocio. En sesión d e 25 d e julio decía Enrique Zañartu en el Senado:
Todavía el señor Ministro manifestó que lo tenía molesto el rumor que circulaba, acerca de que habría habido, ¿cómo lo diré?.. . en fin, que había habido malos manejos en este negocio. —Valdés.— El venticello, señor senador.

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—Zañartu.— Exactamente, pero no m e hable su señoría de venticello con la grippe q u e tengo. En realidad, el rumor a que se refirió el señor Ministro, existe, circula y aumenta de día en día; pero estoy cierto que nadie ha dado crédito a él en lo que se refiere a su señoría y a sus colegas.

Lá reacción d e Alessandri fué característica de su temperamento de agitador: envió a los diarios de Iquique telegramas insultantes para la representación parlamentaria de la provincia, a la que acusaba de hacer causa común con los conservadores, que procedían simplemente por odio en su contra. "Yo he terminado ya mi carrera política", decía en uno de ellos, y la provincia haría al país el más grande d e los servicios si lo ayudaba á mantener la estabilidad ministerial. Esa actitud del Presidente fué acogida con indignación en el Senado, que en sesión d e 26 de julio votó un proyecto de acuerdo, por abrumadora mayoría, que decíá: "El Senado estima que la prórroga de las concesiones d e los ferrocarriles de Tarapacá no pudo hacerse válidamente por medio de u n simple decreto." Ese proyecto fué aprobado por 24 votos contra 5. El voto del Senado planteó d e inmediato la crisis ministerial. U n a comisión de juristas nombrada por el Consejo de Estado, integrada por los señores Carlos A l d u n a t e Solar, Isidro Salas y Ricardo Reyes Solar, declaró que el decreto de 30 d e junio era inconstitucional e ilegal. Sin embargo, la mayoría aliancista de la Cámara, en su empeño por salvar la vida al Gabinete, le reiteró su confianza en un voto aprobado por 39 votos contra 25 abstenciones, y en él se pronunciaba también sobre la legalidad del decreto. Ese voto decíá: "La Cámara declara que el decreto d e fecha 30 de junio último, n o merece de ningún modo las críticas que se le h a n hecho, por ser dicho decreto legal y conveniente, y con este motivo reitera su confianza al Gabinete." C o n razón comentaba El Diario Ilustrado eL13 de agosto:
El voto de la Cámara de Diputados no es más que u n a tentativa que, según toda probabilidad, resultaría frustrada, de u n conflicto sin sentido y estéril. ¡Qué imprudente y ridiculamente se está destruyendo nuestro sistema d e gobierno! ¡Qué penosa impresión para la opinión pública...!

La Cámara, atendiendo a lá petición de Cornelio Saavedra, acusado en el diario La Epoca de haber sido el gestor del decreto de prórroga, nombró una comisión investigadora. Ismael Edwards puntualizó que la comisión debía limitarse á estudiar "la actuación que en la dictación del decreto hayan tenido los que se han llamado gestores administrativos, y los móviles que ha tenido la representación parlamentaria de Tarapacá para oponerse a la dictación d e este decreto y posteriormente a su mantenimiento." El informe de la Comisión investigadora f u é ampliamente absolutorio. Expresó que había llegado al convencimiento de que

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a ningún miembro de la Cámara podía atribuirse una intervención indebida en la tramitación del decreto de prórroga. Pero, en su informe a la Comisión, Ramón Briones Luco lamentó la intromisión que había tomado en el asunto el Presidente de la República, con lo que no hacía más que barrenar el régimen parlamentario.
Sólo queda, señor Presidente, decia, algo profundamente sensible, que yo lamento como patriota y como hombre público, y esto es que el primer mandatario de la nación descienda, por más bien intencionados y sanos que sean sus propósitos, a asumir responsabilidades que la Constitución entrega a los Ministros de Estado. Con este sistema no puede mantenerse el régimen parlamentario de Gobierno. Si todos los actos gubernativos se van a regular en lo sucesivo por las responsabilidades del Presidente de la República, nuestro régimen constitucional no podría mantenerse airosamente. El Presidente es irresponsable y si él asume la responsabilidad que sólo concierne a los Ministros, llegaríamos a un régimen imposible.

La solución de la crisis fué bastante laboriosa. Por fin, el 16 de agosto juró un Ministerio de liberales, radicales y demócratas, que estuvo integrado en esta forma:
Interior, Héctor Arancibia Laso, radical. Relaciones, Ernesto Barros Jarpa, liberal. Hacienda, Víctor Célis, radical. Justicia e Instrucción Pública, Tomás Ramírez Frías, liberal. Guerra y Marina, Remigio Medina, radical. Obras Públicas, Artemio Gutiérrez, demócrata.

Todos eran hombres nuevos y correspondían al ideal de la "renovación de valores". Ninguno de ellos había desempeñado anteriormente una Secretaría de Estado, todos procedían de la clase media y su actividad había girado en torno de las profesiones liberales, de la prensa y del profesorado. Arancibia bosquejó un vasto programa de acción: prometió ocuparse de restablecer el equilibrio de las finanzas públicas, de la industria salitrera y de los desocupados. El penoso estado del erario no permitía en su opinión encarar un programa de obras públicas, pero admitía lá posibilidad de entregar las tierras fiscales del sur a la actividad económica de los obreros desocupados. Por su extensión y amplitud, más que un programa ministerial parecía la plataforma de u n candidato a la Primera Magistratura. En sus palabras finales expresó que tendría como preocupación fundamental robustecer el principio de autoridad. El Ministerio fué bien acogido en la Cámara, pero con un sombrío silencio en el Senado por parte de la Unión Nacional. Un ruidoso episodio, que interesó vivamente a las clases cultas, puso de allí a poco a prueba la estabilidad del Gabinete y la' capacidad de estadista de Alessandri. U n prestigioso profesor de los Institutos Nacional y Pedagógico1, que se había destacado por su vigorosa personalidad de escritor y por su coraje cívico, Carlos

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Vicuña Fuentes, hizo en una sesión de Directorio de la Federación de Estudiantes una declaración sobre la cuestión del norte, en el sentido de que debía resolverse el problema internacional mediante la devolución al Perú de Tacna y Arica y la cesión a Bolivia de una faja de terreno en Tarapacá que le proporcionara una salida al mar. Esta declaración, hecha en los momentos en que se preparaba' la "ofensiva diplomática" sobre la cuestión de Tacna y Arica, exasperó al Gobierno, que acordó la destitución d e Vicuña Fuentes. Francisco Huneeus desistió d e la interpelación que había formulado al Ministro del ramo, pero el episodio f u é ampliamente debatido en la Cámara de Diputados, la que aprobó unánime la resolución gubernativa. Esa resolución, que era abiertamente atentatoria a las garantías constitucionales, apasionadamente discutida en los centros políticos y estudiantiles, no contribuyó a prestigiar la acción del Gobierno ni del Presidente. 4 A principios de octubre se iniciaron las sesiones extraordinarias del Congreso y el Senado comenzó a discutir la cuestión salitrera, la que dió motivo a Enrique Zañartu para atacar vigorosamente ai Gobierno, iniciador de la tácticá demoledora d e asignar toda la responsabilidad sobre el Congreso.
El hacer proyectos sobre todos los temas habidos y por haber, el recoger proyectos a domicilio y mandarlos al Congreso, ha sido la característica de la administración actual, decia en sesión de 13 de octubre. Su juego está a la vista: se encarga de revelarlo ante el pais el propio Presidente de la República todos los días desde los balcones de la Moneda. Yo mando, dice, los proyectos al Congreso, allá no los despachan. Esta farsa es denigrante de la dignidad del Gobierno de Chile que es un país serio. Es cierto que se m a n d a n proyectos, proyectos los más descabellados que pueden imaginarse; pero es también cierto que los Ministros, con raras excepciones, no agitan esos proyectos y que hay casos como el proyecto de monopolio de las ventas del salitre, tomadas por el Estado, en que el propio Ministro entierra el proyecto.

La política gubernativa en materia salitrera fué objeto de las más severas críticas, tanto en la prensa como en el Congreso, especialmente por parte de Zañartu, quien sostuvo que al mantener los precios fijados por la Asociación Salitrera lo único que se hacía era favorecer al Pool para que colocara su stock en el mercado europeo. "El acuerdo no es para que concluya la crisis salitrera, escribía, el acuerdo es para salvar a un grupo de especuladores extranjeros, el acuerdo arruina al país." 5 Ya veremos como todas esas negociaciones dieron origen a turbios manejos que se difundieron un año más tarde provocando escándalo público. En esas circunstancias el agitador discurrió un medio de amedrentar al Congreso y vejar a senadores y diputados, lanzando las masas de los albergues contra el recinto parlamentario. Manejadas por lá policía las turbas desfilaron durante tres días frente al' Congreso, se estacionaron delante de su edificio, vejaron con soé-

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ees insultos a los congresales e impidieron su acceso a las salas d e sesiones. El Senado se negó a sesionar bajo la presión de las masas y protestó vigorosamente contra esa acción demoledora, con la que se pretendía estrangular la libertad d e la tribuna parlamentaria. U n a protesta similar se alzó también desde los bancos de la Cámara d e Diputados. A lá protesta d e los miembros del Congreso se agregó la airada de la prensa, que no dejó de destacar la persistencia de esa obra demoledora d e las instituciones. A la hostilidad del ambiente parlamentario contra el Ejecutivo se sumó la del partido demócrata, h o n d a m e n t e resentido con el Presidente por los términos insultantes con que se había referido a él con motivo de la reorganización de la policía de Valparaíso, que lo movió a proclamar su libertad de acción y plantear su retiro del Gabinete, y con él la crisis ministerial. Alessandri pasaba por u n período de excitación nerviosa, sobre cuyo peligro no -había dejado de llamar la atención el profesor francés M. Dumás, en provocar el cuál habían influido ruidosas incidencias. Por esos días invitó a los miembros de la Comisión de Legislación Social de la Cámara a reunirse en su sala de despacho, invitación que declinaron por cuanto no deseaban sesionar bajo la tutela' del Presidente d e la República. Pidió entonces Alessandri concurrir personalmente al seno de la Comisión en el recinto d e la Cámara, a fin de discutir personalmente el proyecto de Código del Trabajo, petición que la Comisión rechazó igualmente con una rotunda negativa. Nada da una idea más clara del grado de intensidad que habían alcanzado las pasiones que transcribir el diálogo que ese día se produjo en el seno de lá Cámara,
—S.E. el Presidente de la República tenía la convicción, decía Cornelio Saavedra, de que esa invitación debía ser acogida por hombres q u e compartían con él las tareas de gobierno, y que tenían la obligación de concurrir a la sala de su despacho a buscar la solución de las dificultades creadas. —Vargas Márquez.— Pero no como lacayos. —Matte, Domingo.— C o m o parlamentarios y amigos. —Saavedra.— Es natural entonces que en el ánimo de S.E. el Presidente de la República, que se ve acosado por toda clase de problemas graves en estas angustiosas horas porque atraviesa la nación, que se ve fustigado diariamente por la oposición, que no desperdicia oportunidad para entrabar su Gobierno. . . —Edwards Matte, Ismael.— Protesto de esa a f i r m a c i ó n . . . —Gumucio.— Eso no es exacto. La minoría, lejos de estorbar, ha dado las más amplias facilidades de gobierno. —Saavedra.— Es perfectamente inexacto. —Gumucio.— Su señoría debe citar los casos en que la minoría ha entrabado la acción del Gobierno. —Saavedra.— Su señoría mismo, en el diario en que escribe, n o hace otra cosa que estar envenenando el alma del pueblo contra el Presidente de la República. —Gumucio.— Quien envenena el alma popular es el Presidente de la República que engaña a las masas y las lanza contra el Congreso. —Saavedra.— Su señoría miente.

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-^Gumucio.— .El q u e miente es su señoría. —Saavedra.— Su señoría miente. —Gumucio.— Su señoría miente y m i e n t e siempre.

La crítica a la administración arreciaba en el Congeso y en las columnas de la prensa, y Alessandri comenzó a sondear el estado de ánimo del Ejército', a través d e su amigo el prefecto d e la policía d e Santiago. Organizó éste u n a comida a u n numeroso grupo de oficiales en servicio activo, después d e la cual se trasladaron e n cuerpo a saludar al Presidente d e la República, a altas horas de la noche. Esta intempestiva visita, reñida con las más elementales normas de la disciplina militar, arrancó voces de protesta en el Congreso, en el que se la calificó de "la emboscada del 13 de octubr°." El largo debate sobre la cuestión salitrera terminó en el Senado a fines d e octubre, y u n proyecto d e acuerdo formulado por Ladislao Errázuriz, que decía "el Senado considera que el acuerdo entre el directorio de la Asociación d e Productores y la unión de los compradores debió haberse hecho sobre bases que, eliminand o de u n á vez las dificultades pendientes, establecieran desde luego la libertad de comercio del salitre", no logró los votos necesarios para ser aprobado. En sesión de 10 d e noviembre la C á m a r a rechazó, por abrumadora mayoría, la proposición d e acusación contra el ex Ministro de Hacienda Daniel Martner formulada por la minoría, por la forma en q u e había dispuesto del producto del empréstito por cinco millones de libras para los ferrocarriles del Estado, autorizado por ley 3718, d e 17 de enero d e 1921, lo que había d a d o origen a especulaciones que dejaron utilidades de varios millones en manos de los agiotistas. Esa proposición d e acusación se basó en el informe de la comisión investigadora nombrada por el Senado, integrada por los señores Echenique, Valenzuela, Errázuriz, Edwards y Freire, pieza terriblemente acusadora contra la capacid a d del ex ministro. Sin embargo, en la proposición de acusación n o se hacían cargos a la probidad del funcionario. "Pero, al mism o tiempo declaramos, decían, que nuestros conceptos no envuelven cargo alguno contra la honradez del ex ministro al cual proponemos que se acuse." Q u e b r a n t a d a la alianza por el acuerdo del directorio demócrata, no le quedó al Presidente otro camino q u e despojarse d e sus vestiduras d e caudillo y recabar la cooperación d e sus adversarios. El Senado había aprobado en sesión d e 20 d e octubre u n voto en favor de la organización d e u n Gabinete parlamentario, del cual n o p u d o desentenderse. U n a primera gestión encomendada a Eliodoro Yáñez n o prosperó, pero llamado el antiguo jefe d e la Alianza Liberal, Tocornal, logró organizar en los primeros días de noviembre u n Gabinete de puros liberales, en el que la Unión

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Nacional tuvo dos carteras, y figuró también un electrolítico, el acomodaticio señor Garcés Gana. Las carteras quedaron distribuidas así:
Interior, Ismael Tocornal. Relaciones, Barros Jarpa. Hacienda, Francisco Garcés Gana. justicia, Roberto Sánchez García de la Huerta. Guerra y Marina, Samuel Claro Lastarria. Obras Públicas, A r m a n d o Jaramillo.

En su discurso programa Tocornal caracterizó el Gabinete como de transición. En el Senado encontró buena acogida, pronunciando en esa oportunidad Rivera unas proféticas palabras. "Los momentos no son de plácemes, dijo, ni permiten felicitaciones: el manto que cubre los destinos de la República está tejido con angustias, recelos e incertidumbres y se necesitan energía indomable, patriotismo sin límites y cooperación desinteresada para restaurar nuestro organismo político, social y financiero, atacado por una serie d e enfermedades malignas que, o nos vienen de afuera o son la consecuencia d e vicios internos, que no han sido detenidos a tiempo en su marcha triunfal hacia la anarquía, hacia el desorden y hacia la ruina." En la Cámara de Diputados el conservador Joaquín Irarrázaval pronunció una apasionada filípica contra la Alianza1 Liberal. Los demócratas mantuvieron u n discreto silencio. Con su conocimiento del corazón humano y de las cosas políticas de Chile, decía a este respecto Luis Izquierdo a don Miguel Urrutia, desde Buenos Aires en carta de 5 de noviembre:
Ya tenemos Ministerio en Chile. T e m o que el Presidente entre con él en la era d e las crisis ministeriales periódicas, que h a n sido el alimento y la entretención de nuestra vida política. Los radicales h a n probado ya el Gobierno —fruta prohibida—, ya conspirarán hasta recuperarlo. La vida para don Ismael no será fácil en la Cámara y si yo tuviera sentimientos d e rencor, casi m e alegraría q u e así fuera, porque don Ismael entra a la Moneda en las mismas condiciones en que entré yo, cinco años atrás, con la viva resistencia de don Ismael, presidente aliancista entonces, que m e puso toda clase de tropiezos hasta traerme abajo. Los Ministros actuales son magnificas personas: la cuestión es que la amalgama de las dos corrientes en q u e . e s t á n divididos se haga sin choque dentro de la casa y que n o los estrangulen los que han quedado fuera. Las palabras serán siempre de cooperación y de buenos deseos: los actos no lo serán tanto.

La tregua política tácitamente pactada no fué de larga duración. El Ministro Tocornal tuvo que afrontar la severa crítica de la Cámara por las escandalosas defraudaciones descubiertas en los albergues de desocupados, pero encontró facilidades para la sanción de un proyecto de un empréstito' por cien millones de pesos para obras públicas. El descontento contra la situación política imperante surgió de las filas radicales y demócratas, a través de

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una interpelación que planteó Santiago Labarca al Ministro del Interior, por un choque habido entre la policía y fuerza de carabineros con u n grupo de albergados de Santiago que se dirigía, con propósitos hostiles, al fundo "Los Herrera" d e Eliodoro Yáñez. En esa interpelación propuso Labarca el siguiente voto: "La Cámara estima1 que el Gobierno cumple una incondicional obligación al dar albergue a los obreros cesantes, y, por lo tanto, no puede imponerles restricciones ni condicionar en forma alguna los derechos que como a ciudadanos les corresponden según la Constitución y las leyes." El debate, utilizado por Labarca y Recabarren como pretexto de exposición de sus ideas políticas y sociales, parecía no responder a un acto de hostilidad al Gabinete, logró despertar el interés de la Cámara pero el voto contaba con escaso número de adherentes. La interpelación, puesta en la orden del día de la sesión del 16 de diciembre, tomó otro carácter con la nota que diez días más tarde envió el Ministro al jefe de las fuerzas de carabineros sobre la actuación que le correspondía a la fuerza pública en los comicios o manifestaciones públicas que debían realizarse por esos días en Rancaguá. Surgió de aquí un debate ardoroso, sostenido apasionadamente por radicales y demócratas como medio de derribar el Gabinete, que encontró en la Cámara el apo-yo d e liberales, balmacedistas y conservadores. La prensa conservadora aprovechó la oportunidad para renovar sus ataques a los radicales.
Los radicales, por su carencia de hombres preparados para el Gobierno, escribía Gumucio en El Diario Ilustrado de 28 de enero, por la incompetencia de su personal parlamentario, por sus enconadas luchas intestinas entre círculos y personas, y por sus apetitos insaciables, le han hecho imposible la administración al hombre que llevaron a la Presidencia de la República.

La interpelación prolongada indefinidamente, mediante la llamada' huelga de brazos caídos o neumática parlamentaria, provocó finalmente la impaciencia de los radicales, quienes mediante un voto de Francisco Jorquera, Miguel Angel Padilla y Remigio Medina, lograron sus propósitos. Ese voto decía:
Considerando que la Organización del actual Ministerio se realizó sobre la base de la tolerancia de los partidos de la Alianza Liberal y de la incondicional garantía a ellos por parte del mismo; y que en reiteradas declaraciones y actos administrativos últimos se ve manifiesta hostilidad del Gobierno con alguno de los partidos, la Cámara declara que el Gabinete no le merece confianza.

Esa proposición, retirada por los radicales ante lá renuncia del Gabinete, pero hecha suya por Gumucio, fué rechazada por la Cámara por abrumadora mayoría, con los votos d e conservadores, liberales y balmacedistas. Alessandri, en larguísima carta a los Ministros, de 4 de febrero, les pidió que retiraran su renuncia por cuanto la inestabilidad ministerial se había convertido en un ver-

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dadero flagelo público, agregándoles que u n año de gobierno había producido en su espíritu la convicción profunda d e que todos los sacrificios que se hicieran por producir la estabilidad ministerial serían de beneficio nacional, y que los Gabinetes sólo debían abandonar su puesto por u n voto franco del Parlamento. Y con esa versatilidad d e ideas, tan característicamente suya, les agregaba que había que reaccionar "francamente sobre todo sistema que sea contrario al correcto juego del régimen parlamentario, garantía' única de las democracias modernas." La Junta Ejecutiva del partido liberal aliancista, en acuerdo de 9 de febrero, reiteró su adhesión a los Ministros del partido y lamentó las incidencias que habían provocado su renuncia, con lo que extendió la partida de defunción al Ministerio. El Diario Ilustrado batió palmas por el fracaso de la Alianza Liberal y expresó con severidad algunas crudezas.
Pero d o n d e el fracaso del régimen de Alianza Liberal llegó a su culminación, escribía el 9 de marzo, usando u n vocablo de moda, es en la deshonestidad con q u e se h a n m a n e j a d o los dineros de la nación. Es inconcebible cómo en este estado de pobreza, de miseria pública y privada, se haya entrado a saco en las arcas fiscales, con la complacencia del gobierno, que no sólo se ha mostrado débil con los delincuentes, sino q u e les ha prestado valimiento y apoyo.

La solución de la crisis f u é laboriosísima. Llamados los señores Jaramillo, Célis, Aguirre Cerda' y Claro Lastarria n o pudieron superar las dificultades. Los radicales oponían u n a vigorosa resistencia a la continuación de Barros Jarpa al frente d e la cartera de Relaciones Exteriores. El gobierno de la República se encuentra acéfalo, decía El Diario Ilustrado el 19 de marzo. "El personalismo en toda forma, agregaba, amenaza con destruirlo todo entre sus redes de menguada sutileza." En esas circunstancias Alessandri organizó el 22 d e marzo u n Ministerio de amigos personales, sin consulta a los partidos, que estuvo integrado así:
Interior, Jorge Matte, liberal. Relaciones, Barros Jarpa, liberal. Hacienda, Galvarino Gallardo, radical. Justicia, Octavio Maira, radical. Guerra, Ignacio Marchant, nacional. Obras Públicas, Dr. Fajardo, demócrata.

El Gabinete se presentó al Senado al día siguiente, lo que dió ocasión a Ladislao Errázuriz para pronunciar u n discurso lapidario, en el que condenó con severidad la obra d e la administración por su ineptitud, por el desprecio d e la ley y por el favoritismo.
Q u é extraña complacencia encontró el Gobierno en dar colocación preferente en altos cargos de la administración, dijo, a los militares sobre quienes pesaban los graves cargos del proceso, es lo q u e ignoramos aun y continuare-

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mos tal vez sin saberlo. Pero es el h e c h o q u e a u n antes de que u n a artificiosa resolución, q u e quiso revestirse de fórmulas judiciales, sobreseyera en el juicio, ya eran prefectos de la policía de las dos primeras ciudades de la República, dos oficiales que tenían sobre otros el título prelativo de estar sometidos a proceso.

Manifestó q u e se había creído detenida la obra del desgobierno y la anarquía con la organización del Ministerio Tocornal, derribado al fin por la mayoría de la C á m a r a de Diputados mediante la neumática parlamentaria, y terminó proponiendo u n voto que decía q u e el Ministerio no contaba con la confianza del Senado. V o t a d o en la misma sesión f u é aprobado por 14 votos contra 4 y 3 abstenciones, q u e fueron de los senadores Arancibia, Yáñez y Briones Luco. Se organizó entonces el l 9 de abril u n Ministerio d e tres unionistas y tres aliancistas, con nacionales y demócratas, sin radicales. La cartera del Interior f u é confiada a Jaramillo, liberal; la d e Relaciones, a Barros Jarpa, de la misma filiación; la d e Hacienda, a Samuel Claro, liberal unionista; la d e Justicia, a Guarello, demócrata; la d e Guerra, a Roberto Sánchez, balmacedista y la d e Obras Públicas a Miguel Letelier, nacional. El Gabinete se presentó como de administración, y encontró u n a benévola acogida en el 'Congreso. C o m o manifestación de b u e n a voluntad al Gabinete, Santiago Labarca puso término a la interpelación pendiente retirando el voto que había presentado; pero d e allí a poco se plantearon dos nuevas interpelaciones, u n a de Ismael Edwards sobre las defraudaciones en los albergues y otra d e Rojas Mery sobre la entrega del f u n d o Pellahuén. En sesión de 19 d e mayo se dió cuenta del proyecto del Dr. González Cortés para establecer u n seguro obligatorio de enfermedad e invalidez para los obreros, y comenzó la' discusión, q u e quedó m u y avanzada, del proyecto de impuesto a la renta. U n penoso incidente entre el Primer Magistrado y el diputado Edwards Matte, estuvo a pique de plantear la renuncia del Gabinete. Alessandri, q u e no supo mantener el decoro de su alto cargo en su vida privada, había nombrado mayordomo de palacio a u n individuo d e turbios antecedentes, y sus flaquezas, divulgadas por episodios dramáticos y ruidosos, n o contribuyeron a prestigiar el poder público. El domingo 16 d e abril se encontró Alessandri con Edwards M a t t e en el principal paseo de la ciudad y tuvieron u n altercado en el cual se insultaron ambos groseramente. Ese episodio, en el q u e se creyó ver u n atentado a la libertad parlamentaria, provocó u n a protesta en el Senado y una declaración presidencial. En sesión d e 18 de abril dijo el senador Concha Subercaseaux:

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Los senadores de la mayoría del Senado, acompañados por varios senadores de la minoría, impresionados gravemente con los sucesos ocurridos el domingo y que son del dominio público, y viendo en ellos un atentado contra el ejercicio del derecho de fiscalización parlamentaria, y afectada la dignidad de la nación, han acordado, y lo hago en nombre de ellos, protestar del hecho ocurrido. Y esperan que no habrán de repetirse hechos que afectan al nombre del país. Creemos que una consideración de dignidad nos obliga a n o abrir debate sobre este lamentable incidente.

Enrique Zañartu no adhirió a ía protesta, diciendo q u e se trataba d e un incidente estrictamente privado. U n a declaración similar hicieron los senadores Torrealba y Arancibia. La declaración presidencial estaba concebida en estos términos:
S. E. expresa que desea declarar a los señores Ministros que el incidente, que nadie lamenta tanto como él, ocurrido en la tarde del domingo con el diputado don Ismael Edwards Matte, reviste un carácter exclusivamente personal, derivado de la acción, a su juicio inaceptable, que ha ejercido el señor Edwards Matte ofendiéndolo en su dignidad privada, en términos que ningún hombre podría aceptar en silencio, y llevando su persecución personal hasta extremos que, a su entender, explican ampliamente la exaltación con que en dicho incidente procedió, sin que en ningún momento haya sido causa directa o inmediata de él la forma como el honorable señor Edwards Matte ha ejercido sus funciones de diputado; cree inútil agregar que, respetuoso como ha sido siempre del sistema parlamentario, no se apartará de este camino y todo miembro del Congreso puede estar cierto, como puede estarlo el país, de que nunca el Presidente de la República impedirá o tratará de coartar el derecho de fiscalización del Parlamento, cualquiera que sea la forma en que se la ejercite.

La protesta del Senado envolvía u n cargo tan'grave que podía dar margen a una acusación constitucional contra el Presidente de la República. De aquí que los Ministros exigieran una expresa declaración, en el sentido de que contaban con la confianza de ese cuerpo, que de no hacerse provocaría su renuncia. Así se verificó en la sesión siguiente, haciendo de portavoz de la mayoría Ladislao Errázuriz, declaración que agradeció el Ministro del Interior, Jaramillo. El mensaje con que Alessandri inauguró las sesiones ordinarias del Congreso de ese año, era una pieza extensísima, una especie de resumen de las memorias de las Secretarías de Estado. Reconocía' en él que los anhelos del Gobierno no habían alcanzado plena realización debido á la angustiosa situación económica, pero que se habían atenuado en parte las consecuencias d e la crisis financiera que pesaba sobre el país. Consagró varias páginas a las relaciones exteriores, aludió a sus propósitos de encarar una reforma constitucional, insistió en la necesidad de sancionar el Código del Trabajo y en la creación de un Ministerio de Agricultura. Se extendió en seguida latamente sobre el problema de la desocupación, proporcionando algunas cifras sobre la extensión que había alcanzado en el país y en el extranjero, recomendó la sanción del proyecto para establecer zonas secas en algunas regio-

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nes del país, como medio de reprimir el alcoholismo, y entró a continuación en una prolija exposición de la actividad d e la administración en las distintas ramas del servicio público. Terminó con un largo párrafo en el que destacó el ingrato ambiente en que se movían los gobiernos en tiempos de angustias económicas, cond e n a n d o el pesimismo como disolvente y aniquilador, para concluir con u n a frase de efecto, tan grata a sus predilecciones: IQueden los pesimistas en el camino! I|Atrás los que d u d e n ! iPaso a los que esperan! La atención del Congreso d u r a n t e el período ordinario estuvo absorbida por la discusión de la cuestión internacional, de la ley de presupuestos y d e la contratación d e u n nuevo empréstito. Pero la política interna continuó tan agitada, ante los síntomas d e dislocación de la Alianza Liberal, que la debilidad e incoherencia d e la acción gubernativa se hizo cada día más notoria. En tres provincias la Alianza experimentó fracasos sucesivos, harto reveladores del descontento público y fiel expresión del desvío del electorado. En la vacante producida en lá provincia d e Maule, por muerte del senador A r t u r o Besa, f u é elegido por abrumadora mayoría el conservador Romualdo Silva 'Cortés, que tuvo como adversario al demócrata Oscar Chanks, y alcanzó u n a cifra ridicula de votos; en Santiago, en la vacante dejada por el radical Quezada A c h a r á n , designado Ministro en Francia, f u é elegido senador Ismael Tocornal, proclamado por la U n i ó n Nacional y a cuya candidatura adhirió la Alianza; y como diputado, en la vacante que había dejado Silva Cortés, triunfó ampliamente el candidato conservador Emilio Tizzoni, a quien se opuso como adversario el demócrata' Fajardo. Pero la campaña más resonante y q u e tuvo consecuencias d e orden ministerial f u é lá d e la senaduría de Colchagua, en la q u e h u b o nécesidad de proceder a elección por la repentina muerte del más joven d e los senadores, el liberal Jorge Errázuriz Tagle. La Alianza proclamó la candidatura del propio Ministro del Interior, Jaramillo, hombre de toda la confianza y predilección de Alessandri, que contaba en esa provincia con antiguas vinculaciones, que databan d e los tiempos d e su tío el senador Valderrama. La Unión Nacional proclamó la candidatura de E d u a r d o Opazo Letelier, antiguo diputado liberal, abogado d e gran fortuna, d e extensa cultura jurídica y literaria, y de gran valor cívico, que se caracterizaría en el Congreso como orador de alto vuelo. La elección, verificada el 30 de julio, dió u n triunfo abrumador á Opazo. El fracaso de Jaramillo, alejado temporalmente de su cargo, para afrontar la jornada electoral, en el que había sido reemplazado por el Ministro de Justicia Guarello, provocó la renuncia d e ambos. Sin embargo, pocos días después se creyó salvada la situación, pero ésta se complicó con el voto presentado en el Senado

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contra el Ministro de Relaciones Exteriores, Barros Jarpa, cuya acción había recibido las críticas más severas. En la C á m a r a d e Diputados se protestó airadamente de la conferencia que había ido a dar al C l u b Militar, a exponer la negociación d e Washington, lo q u e provocó los más serios reparos, tanto desde el p u n t o d e vista constitucional como desde el político. El voto, presentado por Ladislao Errázuriz en la sesión d e 3 d e agosto, importó u n verdadero enjuiciamiento del Ministro de Relaciones. "Se h a aseverado q u e los acuerdos de Wáshington se adoptaron con el consentimiento o consulta del Senado, dijo. Se ha podido aseverar tal cosa t o m a n d o seguramente las informaciones dadas aisladamente a algunos de sus miembros sobre resoluciones ya adoptadas por el Gobierno. Creo-, por eso, dejar establecido que el Senado conserva su absoluta libertad d e acción para apreciar los acuerdos d e "Wáshington como lo estime más conveniente para el interés nacional." El voto estaba concebido en estos términos:
El Senado declara que el protocolo y las actas que consignan los acuerdos a que, según las noticias telegráficas, se ha llegado en las Conferencias d e Wáshington, y sobre las cuales n o adelanta juicio, h a n sido suscritos sin su conocimiento y n o guardan conformidad con las declaraciones del señor Ministro de Relaciones Exteriores.

Discutido extensamente, Zañartu propuso n o mezclar u n asunto de carácter político con el fondo mismo del problema, y como ya el Ministro había formulado la renuncia de su cargo, formuló u n proyecto de acuerdo para pasar a la orden del día. En la sesión de 10 de agosto intervino en el debate el senador Mac-Iver, para rebatir a Zañartu, q u e había hecho u n cargo a la Junta d e Gobierno d e Iquique, por haber suscrito u n protocolo con Bolivia mediante el cual entregaba el territorio de T a c n a y Arica a cambio del reconocimiento d e su beligerancia. Fué la última vez q u e se alzó su elocuente voz en defensa del régimen parlamentario para protestar de la tesonera labor q u e se realizaba para destruirlo. V e l a d a m e n t e condenó lá acción d e Alessandri en ese sentido y fustigó al Ministro por su falta de entereza. ¿De qué se trata hoy?, se preguntaba. Lisa y llanamente de u n proceso contra u n Ministro d e Estado, de u n acto de alta fiscalización parlamentaria, al q u e h a contestado el Ministro, n o encarando la situación, sino q u e presentando su renuncia. Y aludiendo a la afirmación hecha por Zañartu, se lamentó de la forma en que se rebajaban los debates parlamentarios. iYo siento que bajamos tanto!, exclamaba, tal vez-en otro tiempo fuimos apasionados, pero ahora, i cómo rebajamos nuestro carácter, cómo emponzoñamos nuestras diferencias políticas y nuestras divergencias d e opinión en lo q u e respecta a los negocios públicos! T a l vez se exageraba en materia d e principios, pero no se encanallaba y siento q u e ahora nos encanallamos!

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Pocos días después enmudecía para siempre su elocuente, vibrante y enaltecedora voz de patriota y d e orador sin segundo. C o n su muerte desapareció el más decidido defensor del régimen parlamentario, el más autorizado portavoz de las ideas liberales, el primer orador parlamentario que recogió la tribunicia herencia d e d o n Isidoro Errázuriz. Separada la cuestión internacional d e la cuestión política, la lucha se trabó entre partidarios y adversarios del gobierno. Dos intervenciones, u n a de Barros Errázuriz adversa al Ministro, y otra d e Tocornal, favorable, n o mejoraron la situación d e aquél. Finalm e n t e Ladislao Errázuriz puntualizó que en su voto había dos cuestiones: u n a d e responsabilidad histórica y la otra de responsabilidad parlamentaria, "perfectamente clara y definida y q u e ha quedado acreditada con la propia declaración del Ministro, que reconoció implícitamente sus contradicciones al dar cuenta al Senado d e la m a r c h a de lá gestión diplomática". Votada la censura contenida en el voto del senador Errázuriz, f u é aprobada por 20 votos contra 7 y una abstención, que correspondió a Briones Luco. La solución de la crisis ministerial f u é laboriosísima. Tentativas d e organización confiadas a los señores Briones, Claro Solar, Tocornal, Saavedra y Rivera no prosperaron hasta que el 29 de agosto juró el siguiente Gabinete:
Interior, A n t o n i o H u n e e u s Gana, liberal aliancista. Relaciones, Samuel Claro Lastarria, liberal unionista. Hacienda, Guillermo Edwards, liberal unionista. Justicia, Robinson Paredes, demócrata. Guerra y Marina, H e r n á n Correa Roberts, liberal aliancista. Obras Públicas, Miguel Letelier, nacional.

Del Ministerio anterior quedaban Claro Lastarria y Letelier, pero era excluido el representante balmacedista. H u n e e u s estaba p r o f u n d a m e n t e herido con Alessandri por el agravio que le había inferido al despojarlo de la presidencia d e la delegación d e Chile ante lá Sociedad de las Naciones, q u e había confiado a su entrañable amigo Agustín Edwards, con lo que obtenía la incondicional adhesión del diario El Mercurio, d e modo q u e con ese nombramiento creyó darle u n a reparación. T a n t o Huneeus como C l a r o tenían acentuadas afecciones con la mayoría del Senado, cuya resistencia al protocolo d e Washington creyó Alessandri quebrantar. N o ocurrió así, y la cuestión internacional, apasionadamente debatida en la tribuna del Senado, en las columnas de la prensa y en todos los círculos cultos, gravitó desde entonces intensamente en la política interna. El Senado votó con enmiendas el protocolo suscrito en W á s h ington en sesión de 16 d'e octubre, provocando la renuncia de los Ministros del Interior y d e Relaciones Exteriores. C o m o ese debate,

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tuvo lugar en sesiones secretas, las causas de la crisis quedaron u n poco en la penumbra', pero en la recepción del Ministerio se hicieron alusiones claras a ellas. Huneeus f u é reemplazado en la cartera del Interior por Izquierdo, y Claro Lastarria por A l d u n a t e Solar, presidente del partido conservador, los dos delegados de Chile en las conferencias d e Wáshington, que regresaron por esos días a Santiago.
La última sesión secreta, la del domingo, dijo Enrique Zañartu en la recepción del Ministerio, destinada a la discusión del Protocolo, debió dejar en el ánimo de los señores Ministros el íntimo convencimiento de que la solución por ellos patrocinada con tanto e m p e ñ o n o iba a contar con la mayoría de los votos y ante esta desautorización de la mayoría del Senado, que amparaba a sus señorías en sus puestos, creyeron que el camino les estaba indicado, de presentar las renuncias de sus cargos. La crisis ha debido, pues, producirse, agregó, o porque los señores Ministros se pusieron en desacuerdo con la mayoría del Senado, o porque creyeron que para el mejor éxito de estas gestiones era necesario que tomaran a su cargo la defensa del Protocolo las mismas personas que lo habían negociado y que, en consecuencia, mejor que nadie podían suministrar y dar a las Cámaras las seguridades que éstas necesitan para aprobar el Protocolo.

La declaración que hizo Izquierdo en su discurso d e presentación ante el Congreso f u é bastante explícita; dijo que su presencia al frente del Ministerio obedecía al cumplimiento d e u n deber patriótico.
Nuestro programa es m u y breve, dijo, defender los arreglos de Wáshington, obtener q u e se aprueben en forma que haga posible su ratificación, o caer con ellos.

Hablando a nombre de lá mayoría del Senado, Eduardo Opazo expresó que creía q u e no habría nuevas razones que pudieran mover al Senado a renegar del voto que ya había emitido. La presentación del Gabinete a la C á m a r a de Diputados dió origen a u n debate bastante vivo, d u r a n t e el cual se diseñaron ya las resistencias q u e el Protocolo de Wáshington encontraría en su seno. El Dr. Guzmán, hablando a nombre d e algunos diputados radicales, dijo que el Gabinete n o contaría con su simpatía política, por cuanto constituía la expresión de la voluntad fuerte y caprichosa del Presidente d e lá República, quien buscaba por todos los medios menoscabar el prestigio del Congreso. Puntualizado el hecho de q u e la mutación ministerial obedecía sólo al propósito de encarar la discusión del Protocolo de W á s h ington, y de q u e ella n o alteraba la situación política imperante, representantes d e todos los partidos reconocieron que aquella era una cuestión abierta, que no afectaba la responsabilidad política d e los partidos. Ismael Edwards insistió en preguntar si se había negociado ya la prórroga del plazo para canjear las ratificaciones, que vencía el 20 d e octubre, lo que ponía a la Cámara en situación de discutirlo en u n plazo brevísimo, a lo que el Ministro contestó

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q u e se iniciaría esa negociación en caso necesario. La C á m a r a resolvió eximir la discusión del Protocolo del trámite de comisión. La atención del país estuvo d u r a n t e u n largo mes pendiente del debate de la C á m a r a de Diputados, verificado en sesiones secretas desde el 18 d e octubre hásta el 14 de noviembre, día en que aprobó el protocolo rechazando las enmiendas del Senado por 78 votos contra 27. A fines de noviembre, la tramitación del Protocolo de W a s h ington ante el Congreso estaba en sus últimas etapas, pero antes d e terminarse se planteó la crisis del Gabinete por renuncia d e Guillermo Edwards al Ministerio de Hacienda, por desacuerdos con el Presidente, a la que adhirió el Ministro d e Obras Públicas, Letelier, en atención a haberse retirado su partido, el nacional, de la combinación política de lá U n i ó n Nacional. Eran las primeras escaramuzas d e las elecciones para la renovación del Congreso, y los partidos amenazados de liquidación iban de u n lado a otro empujados por el viento d e las conveniencias electorales. El l 9 d e diciembre se planteó la crisis total del Gabinete. La solución de la crisis f u é m u y trabajosa. La mayoría del Senado había aprobado una serie de puntos, que consideraba' debían incorporarse en el programa del Gabinete q u e se organizase, entre los que figuraban la sanción d e los proyectos d e leyes de impuesto pendientes, la reforma de la legislación aduanera, que n o se autorizara la contratación de nuevos empréstitos ni se recurriera a emisiones de papel moneda, que se revisara las leyes orgánicas de los servicios públicos, q u e se terminaran las obras públicas iniciadas, y q u e la provisión de los empleos públicos se hiciera con sujeción a los méritos y antigüedad, "por el bochornoso fracaso que para el buen nombre del país h.a traído el quebrantamiento de tales normas y los nombramientos hechos por influjos y por retribuir servicios políticos". U n á primera tentativa confiada a Tocornal, q u e propició, u n a fórmula sin radicales ni conservadores, f u é desahuciada por los radicales, fracaso del q u e surgió la organización confiada a Manuel Rivas Vicuña, recién reincorporado a la política activa después d e haber tenido la representación del país ante la Sociedad de las Naciones, de tres aliancistas y tres unionistas, lá mayoría liberales, con la cooperación d e demócratas y balmacedistas. El Gabinete juró el 21 de diciembre y quedó integrado así:
Interior, Rivas Vicuña, l i t e r a l electrolítico. Relaciones, Izquierdo, liberal. Hacienda, Ricardo Valdés Bustamante, liberal. Justicia y Educación Pública, Paredes, demócrata. G u e r r a y Marina, O n o f r e Bunster, liberal. Obras Públicas, Absalón Valencia, balmacedista.

Este Ministerio nació herido d e muerte, por lá hostilidad conservadora y las reticencias radicales. Los primeros habían exigido

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el Ministerio -de Educación para u n liberal, pero los radicales lograron imponer la permanencia del representante demócrata en esa cartera. El Gabinete, q u e se presentó como de administración, encontró buena acogida en el Congreso. Rivas, en u n programa d e envergadura, se refirió a l á cuestión internacional, a la situación financiera, a la legislación social y a las reformas q u e era necesario introducir en la enseñanza pública; pero en m e d i o d e u n a desconfianza latente, se hizo evidente desde la primera hora q u e el Gabinete n o alcanzaría larga vida. La crisis se planteó a los pocos días con motivo del n o m b r a m i e n t o d e Presidente d e la C o r t e S u p r e m a d e Justicia y d e Ministro del mismo T r i b u n a l . Ese f u é el último Gabinete en el q u e participaron representantes d e la U n i ó n Nacional: con la vuelta d e los radicales al poder, la lucha política asumiría rasgos d e apasionamiento precursores d e la borrasca. NOTAS
1 Pese a q u i e n pesare, debió haber dicho, p e r o u n a de las características de Alessandri era la de estropear la lengua castellana sin p i e d a d alguna. 2 Sobre el misma tema, 24 de enero d e 1921. El acta suscrita e n t r e los partidos de la alianza para el reparto d e intendencias y gobernaciones, leída p o r Rivera en el S e n a d o en sesión de 11 de enero, p r o d u j o la m á s penosa impresión. D e ella t o m ó asidero Zañartu para calificarla, n o d e combinación política, sino d e m o n t o n e r a f a m é l i c a q u e se atropella para repartirse el p r e s u p u e s t o . C o m e n t a n d o los n o m b r a m i e n t o s d e G ó m e z Solar y Carrasco para las prefecturas m e n c i o n a d a s , dijo Barros Errázuriz en el S e n a d o u n a s palabras proféticas. "Las consecuencias q u e p u e d e n d e s p r e n d e r s e d e este p r o c e d i m i e n t o las veremos s e g u r a m e n t e , y quiera Dios q u e u n a d e ellas n o sea la del r e l a j a m i e n t o de la disciplina en el Ejército", expresó e n sesión d e 26 d e enero. 3 La tiranía, en Chile, p. 115. La versión d a d a por A l e s s a n d r i d e los sucesos de S a n Gregorio, manifestación elocuente d e su talento abogadil, se e n c u e n t r a e n la sesión del S e n a d o d e 20 de diciembre d e 1944. 4 Los detalles del episodio los h a referido el propio V i c u ñ a F u e n t e s en su libro La libertad de opinar y el problema de Tacna y Arica. Santiago, I m p r e n t a Selecta, 1921. 5 Zañartu escribió en el m e s de octubre varios artículos sobre la materia q u e vieron la luz en El Diario Ilustrado, los días 5, 6 y 13- La cita del texto c o r r e s p o n d e al del día 13, intitulado AI abismo.

Capítulo

XVI

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A l asumir Alessandri el poder, la única cuestión internacional q u e Chile tenía p e n d i e n t e era la d e l cumplimiento d e l artículo 3° del T r a t a d o de Ancón, suscrito e n 1883 y q u e puso término a la guerra del Pacífico. Era la llamada cuestión d e T a c n a y Arica, f u e n t e p e r m a n e n t e d e fricciones entre C h i l e y Perú, cuyas relaciones diplomáticas se encontraban cortadas d e s d e diez años atrás, y q u e d e c u a n d o e n c u a n d o pasaba ál primer plano d e la actualidad internacional. Las p r o f u n d a s transformaciones experimentadas en el m a p a d e E u r o p a a consecuencia d e la guerra m u n d i a l , y las nuevas orientaciones d e la política exterior d e los Estados U n i d o s aconsejaban al espíritu menos zahori encarar T a solución d e u n a dific u l t a d q u e constituía u n factor d e perturbación en las relaciones d e los pueblos americanos. T o d o s los gobiernos habían i n t e n t a d o poner término a esa situación anormal y las negociaciones diplomáticas iniciadas, por diversos motivos, n o llegaron a resultados satisfactorios. Algunos gobiernos propiciaron la solución boliviana, pero los más se inclinaron a buscarla ú n i c a m e n t e en el acuerdo d e los dos países interesados.
El arreglo directo lo h a n b u s c a d o en C h i l e c o n sinceridad, escribía Luis Izquierdo a su amigo Miguel U r r u t i a desde B u e n o s Aires, el 22 de agosto de 1921, todos los Presidentes, desde q u e B a l m a c e d a envió a d o n A u g u s t o M a t t e e n m i s i ó n confidencial, hasta la triste y simpática a v e n t u r a d e Puga B o r n e el a ñ o pasado; y algunos, c o m o Riesco y d o n Pedro M o n t t , v e r d a d e r a m e n t e inspirados en u n a m o r evangélico d e la paz. El arreglo directo, con todo, s u p o n e dos v o l u n t a d e s y el Perú n o h a q u e r i d o n u n c a prestar la suya. M e n o s ahora. El P e r ú siente q u e s u debilidad es su fuerza y e x p e r i m e n t a el placer m u j e r i l d e injuriarnos. Y s u f r i r á n u n e x t r a ñ o error quienes crean q u e hoy v a m o s a e n c o n t r a r otra disposición en Leguía.

Y a en el mes d e julio de 1921, el Gobierno d e l Perú, a través d e su E m b a j a d o r en "Washington Federico Alfonso Pezet, hizo u n sondeo en el D e p a r t a m e n t o de Estado sobre la posibilidad d e encarar u n a solución d e la rancia controversia diplomática; gestión q u e f u é conocida del E m b a j a d o r d e C h i l e M a t h i e u , quien la transmitió al Gobierno d e la M o n e d a . ¿Este sondeo tuvo relación con la gestión C a s t r o Ruiz? U n a y otra estuvieron "desligadas", según expresión del Secretario del D e p a r t a m e n t o de Estado, M r . Hughes. D o s factores contribuirían a perturbar, en la negociación q u e inició el Gobierno d e Alessandri con decidido empeño, la solución anhelosamente buscada: el personalismo y la v a n i d a d presidencial, y la mayoría política adversa q u e prevalecía en el Senado, q u e le
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darían en ciertos momentos, caracteres impresionantes. A m p a r a d o en la disposición constitucional que le entregaba la dirección de las relaciones exteriores y la negociación de los tratados, Alessandri rodeó los primeros pasos de la negociación de gran sigilo y mantuvo completamente ignorantes de ella a los miembros d e las Comisiones d e Relaciones Exteriores del Congreso. Para llevar adelante sus propósitos, tuvo necesidad Alessandri d e buscar un instrumento que le obedeciera ciegamente y lo secundara sin discusión, y lo halló en el joven Ernesto Barros Jarpa, a quien nombró Subsecretario del Ministerio d e Relaciones Exteriores primero, y en seguida Ministro, en agosto de 1921. Nacido en 1894, después de hacer sus estudios en el Liceo de Talca y en la Universidad del Estado, en la que obtuvo su diploma' de licenciado, Barros Jarpa se había d a d o a conocer como periodista en La Nación, bajo el ala protectora de Eliodoro Yáñez, por sus artículos sobre política internacional, que firmaba con el pseudónimo de William Temple. Después de don Agustín Edwards era el Ministro más joven q u e había desempeñado esa cartera. I El primer paso dado por el Gobierno f u é hacer u n sondeo ante las Cancillerías de Itamaráty, Montevideo y Buenos Aires sobre la acogida que encontraría la inciativa de Chile para dirigirse directamente al Perú a fin de encarar el cumplimiento de la cláusula tercera del Tratado de Ancón, para lo cual fué enviado el Ministro de Relaciones, Matte, en misión especial. El Gobierno del Brasil manifestó q u e consideraba absurda la pretensión del Perú de declarar insubsistente el T r a t a d o de Ancón, y legítimo y razonable el propósito de Chile de resolver por sí solo, sin la intervención de otras potencias, el problema del norte. Aconsejó, sí, que debía resolverse pronto y pidió seguridades de que no se pediría a ninguna otra potencia cosa diversa de lo pedido al Gobierno del Brasil. El Ministro de Relaciones Exteriores d e la República Argentina, Honorio Pueyrredón, dió seguridades de que el Gobierno argentino observaría en todo momento, respecto de Chile, una política de cordialidad, y que n o intervendría en ninguna forma y en ningún caso en la solución del conflicto pendiente entre Chile y el Perú. Matte regresó en mayo, y Alessandri, en su mensaje de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso, d e l 9 d e junio, expresó los deseos del Gobierno de solucionar la única dificultad pendiente en materia de política exterior y de consultar la voluntad de las poblaciones d e T a c n a y Arica sobre su nacionalidad definitiva. N o se hablaba allí de iniciar negociaciones con el Perú, y se aludía

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abiertamente al propósito de realizar unilateralmente el plebiscito en T a c n a y Arica, como manifestación de u n acto d e soberanía. Pero lo más interesante era saber cómo recibiría el Perú la iniciativa de Chile: para hacer ese sondeo se buscó la ayuda y la cooperación del Uruguay. II Ya en agosto, Alessandri acordó enviar a Wáshington, en misión confidencial, a Carlos Castro Ruiz, antiguo subsecretario del Ministerio de Relaciones Exteriores, y que entonces ejercía las funciones de subgerente del Banco d e Chile, que tenía buenas relaciones de amistad con Henry P. Fletcher, antiguo Ministro d e Estados Unidos en Santiago y que había sido nombrado subsecretario del Departamento de Estado. A principios d e ese mismo año el Departamento de Estado había declarado que, á menos q u e fuera invitado, no intentaría intervenir en la cuestión d e T a c n a y Arica, pero que estaba llano a ofrecer sus buenos oficios a los dos Gobiernos interesados, de acuerdo con la política tradicional d e los Estados Unidos. Alessandri escribió a Mathieu, Embajador d e Chile en W á s h ington, pidiéndole su cooperación, y le dirigió u n a nota, con fecha 27 de agosto, en la que le expresaba que el Gobierno consideraba llegado el momento d e realizar una acción diplomática' enérgica en el sentido de que llevara a las Cancillerías extranjeras el convencimiento de que Chile estaba dispuesto a hacer cumplir el T r a t a d o de Ancón, para lo cuál invitaría al Gobierno del Perú a celebrar, en breve plazo, el plebiscito contemplado en aquél.
Es para esta emergencia que es necesario que U.S. practique cerca del Gobierno de los Estados Unidos, se le decía, una gestión de carácter enteram e n t e extraoficial, que tienda a obtener de ese Gobierno que, en obsequio a la armonía continental, sugiera espontáneamente a Chile y al Perú la realización del plebiscito, sobre bases tanto o más generosas que las del protocolo Huneeus-Valera, bases que acordaríamos previamente con él en la misma forma extraoficial-

Ésta f u é la que en Santiago se llamó la negociación de octubre, sobre la cual se m a n t u v o gran sigilo y despertó la violenta indignación del Senado. A d e m á s de las instrucciones escritas, Castro llevó otras verbales, que expuso a Mathieu y a Fletcher. Así dijo que probablemente Chile extendería la invitación al Gobierno peruano á través del Presidente del Uruguay. El Subsecretario Fletcher preguntó si el Gobierno estaba preparado para modificar las bases del protocolo Huneeus-Valera y aludió especialmente a la disposición de que la Comisión plebiscitaria estaría presidida' por el Presidente de la Corte Suprema de Chile. Mathieu manifestó q u e confiaba en que el Gobierno no insistiría en este p u n t o y que estaría llano a aceptar la presidencia d e la Comisión por el mágis-

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trado q u e presidiera la C o r t e S u p r e m a del Uruguay, o d e otro país imparcial. .Se acordó m a n t e n e r la negociación en el mayor secreto. El 28 d e septiembre, M a t h i e u y Castro visitaron a Fletcher d u r a n t e u n a hora. E n la conversación ambos dejaron en claro q u e C h i l e deseaba q u e Estados Unidos sondeara al Perú en el sentido de si estaba dispuesto a solucionar la cuestión sobre las bases d e las disposiciones del T r a t a d o d e A n c ó n . Mathieu prometió enviar extraoficialmente el texto de las bases sobre las cuales, según el gobierno de Santiago, se podría celebrar el plebiscito. C h i l e creía que, e n el caso d e n o producirse el acuerdo entre los dos gobiernos sobre las bases del plebiscito, sería posible q u e Estados Unidos ofreciera sus buenos oficios a ambos gobiernos para buscar ese acuerdo. Fletcher insistió en que la política de Estados Unidos consistía e n no tomar ninguna iniciativa a petición de u n o d e los interesados, q u e pudiera resultar desagradable para el otro. Prometió someter la cuestión a la consideración del Secretario d e Estado, Mr. Hughes. El 12 d e octubre, el Secretario d e Estado manifestó a M a t h i e u q u e Estados Unidos deseaba hacer cuanto estuviera d e su parte para facilitar u n a solución de la larga controversia, y que le sería grato, de acuerdo con su política, cooperar a u n arreglo q u e d e cualquier m a n e r a resultara aceptable para los Gobiernos interesados. Las conversaciones de M a t h i e u con Fletcher se prolongaron durante octubre y noviembre, pero la atención del D e p a r t a m e n t o d e Estado estuvo por esos días del todo absorbida por las discusiones d e la Conferencia del Desarme. D u r a n t e aquéllas, el Gobierno d e la M o n e d a insistió en q u e n o era p r u d e n t e subordinar la acción d e la Cancillería a lo q u e contestara el Gobierno del Perú, porque si esta respuesta, como se esperaba, era desfavorable, la invitación d e C h i l e perdería toda fuerza moral, pues se formularía a sabiendas d e q u e sería rechazada. El Gobierno creía que la insinuación d e los Estados Unidos debería concurrir en la última etapa de las negociaciones directas, en todo caso, después de producida la invitación a la celebración del plebiscito. D u r a n t e las conversaciones de "Wáshington, Uruguay desistió repentinamente de seguir interviniendo en el asunto. III Todos los pasos anteriormente mencionados fueron la base d e lá "ofensiva diplomática", como se la llamó, que se inició en diciembre. El 10 de ese mes Alessandri citó al Consejo d e Ministros, al q u e expuso q u e consideraba llegado el m o m e n t o d e invitar al Gobierno d e Lima a iniciar negociaciones para dar cumplimiento a la cláusula tercera del T r a t a d o d e A n c ó n y celebrar el plebiscito

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estipulado en él. Los Ministros estuvieron d e acuerdo en tomar esa iniciativa. El 12 de diciembre, invitó Alessandri a su sala d e despacho a los presidentes de los partidos, a fin de informarles del paso que pensaba dar el Gobierno y recabar su opinión. Concurrieron a esa reunión los señores C l a r o Solar, por los liberales unionistas; Ramírez Frías, por los liberales aliancistas; Carlos A l d u n á t e Solar, por los conservadores; Enrique Zañartu, por los liberales democráticos; A r m a n d o Quezada A c h a r á n , por los radicales; Robinson Paredes, en representación d e los demócratas, y Felipe Herrera, d e los nacionales. E n ella expuso Alessandri la propaganda q u e realizaba el Perú en contra d e Chile y las razones que, a su juicio, existían para invitarlo a negociar la solución de la soberanía sobre el territorio de T a c n a y Arica, mediante lá discusión de las bases del plebiscito estipulado en el T r a t a d o de Ancón, sosteniendo que se debería llegar hasta someter al arbitraje si procedía, o no, la celebración del plebiscito en las circunstancias predominantes. Los concurrentes estuvieron d e acuerdo en q u e se debería llevar adelante la iniciativa, después de algunas preguntas que formularon A l d u n a t e , Claro y Zañartu. Comenzó entonces el debate diplomático entre Barros Jarpa, Ministro d e Relaciones de Chile, y A l b e r t o Salomón, que lo era del Perú. El mismo 12 de diciembre, la Cancillería chilena dirigió u n extenso telegrama a Lima, al q u e se dió gran publicidad, por medio del cual se invitaba al Gobierno del Perú para llevar a la práctica, sin pérdida d e tiempo, los acuerdos celebrados en noviembre de 1912 (el protocolo Huneeus-Valera) para verificar, en T a c n a y Arica, la consulta plebiscitaria consignada en la cláusula tercera del T r a t a d o d e A n c ó n . Salomón contestó cinco días más tarde en u n telegrama en q u e proponía someter la cuestión íntegra del Sur Pacífico al arbitraje de los Estados Unidos. El Gobierno de la M o n e d a informó inmediatamente d e su iniciativa a su Embajador en Washington, Mathieu, y al Embajador de Estados Unidos en Santiago, Collier, de modo que el Departam e n t o de Estado estuvo en situación d e seguir, paso a paso, el curso de la gestión. D e la reacción del Gobierno de Lima estuvo prolijamente informado por las noticias de su Encargado d e Negocios en Lima, Sterling. Perú acogió con viva desconfianza la iniciativa chilena y sostuvo, como lo declaró su Embajador en Washington, Pezet, q u e la controversia jamás sería solucionada sino mediante la intervención de la Argentina, Brasil y Estados Unidos. Éste se esforzó, en esa etapa de la gestión, por mantener lá más estricta imparcialidad. La respuesta del Perú era habilísima: negaba la procedencia del plebiscito en las condiciones predominantes y proponía el arbitraje en forma amplia', que Chile siempre había resistido y combatido. Alessandri, q u e estaba dispuesto a aceptar el arbitraje con

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ALESSANDRI, AGITADOR Y DEMOLEDOR

respecto a si procedía el cumplimiento d e la cláusula tercera del Tratado de Ancón, consultó la opinión de los Ministros, y el del Interior, Tocornal, sugirió la conveniencia de oír a los miembros de las Comisiones de Relaciones Exteriores del Congreso. La reunión se verificó el 17 de diciembre. A l d u n a t e Solar se pronunció en favor de la aceptación del arbitraje, limitado a determinar sólo quiénes tendrían derecho a voto en el plebiscito. Don Gonzalo Bulnes manifestó sus temores d e que, abierto el camino de las concesiones, hubiera necesidad de llegar a otras mayores. Guillermo Rivera, Yáñez e Ismael Pereira, fueron de opinión de que se siguiera la gestión dejando constancia de que Chile n o rehuía el arbitraje, respecto d e la forma y modo en que se debía dar cumplimiento á la cláusula tercera del T r a t a d o de Ancón. Estos fueron los términos de la contestación de Santiago, hecha el 20 de diciembre, en la que se pedía fijar los términos precisos de la cuestión. Salomón contestó cuatro días más tarde aceptando la idea de nombrar u n delegado en Wáshington para discutir y acordar en detalle las bases y objeto del arbitraje. Se abrió así el camino para seguir negociando en Wáshington y la conversación telegráfica entre ambos Cancilleres, que n o estuvo exenta d e amargas recriminaciones, continuó hasta el 31 de diciembre. IV A mediados de enero de 1922, el Departamento de Estado, por intermedio de sus Embajadores en Lima y Santiago, manifestó a los Gobiernos de ambos países la complacencia con que se había visto el intercambio de comunicaciones para llegar a un arreglo respecto de la controversia sobre las disposiciones no cumplidas del Tratado de Ancón, el elevado espíritu de conciliación que animaba a ambos Gobiernos y la sugerencia para nombrar representantes que se encontraran en Wáshington, a fin de buscar los medios de solucionar las dificultades que los habían dividido. Los dos Gobiernos aceptaron de inmediato la invitación formulada. Al aceptar la invitación, Barros Jarpa entregó a Collier, Embajador de Estados Unidos, en el carácter de estrictamente confidencial, una nota en la que le expresaba que el Gobierno de Chile consideraba que el T r a t a d o de A n c ó n estaba en vigencia en todas sus partes, que ése era el espíritu incorporado en la nota d e invitación de los Estados Unidos, y la opinión del Secretario de Estado, Mr. Hughes, tal como la había manifestado al Embajador Mathieu, y que esta idea era la base fundamental de la negociación que se llevaría a cabo con el Perú en Wáshington. La publicidad dada por el Gobierno de Santiago a la nota de Estados Unidos y la algazara que se hizo para pintarla como un triunfo de Chile, no dejó de entorpecer y demorar la contestación

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del Perú. El D e p a r t a m e n t o de Estado exigió el retiro de la nota confidencial d e Barros Jarpa a Collier, suprimiendo las referencias á las conversaciones anteriores, y reemplazando toda la fraseología, en lo que estuvo de acuerdo con Mathieu. U n a dificultad similar se planteó con la nota d e aceptación del Perú, q u e también tuvo que ser reemplazada. El último día de enero se hizo el nombramiento de los representantes de Chile, que lo fueron Carlos A l d u n a t e Solar, presidente del partido conservador y consejero de Estado, y Luis Izquierdo, que ejercía las funciones de Ministro plenipotenciario en Buenos Aires, para lo cual se solicitó el acuerdo d e la Comisión Conservadora, por hallarse en receso el Senado. El Perú nombró, a fines de febrero, a los señores Melitón F. Porras y H e r n á n Velarde, como plenipotenciarios, y al señor Solón Polo como consejero. U n a pretensión de Bolivia para intervenir en la conferencia f u é rechazada d e plano por el Presidente Harding, en telegrama dirigido al Presidente de Bolivia, Bautista Saavedra. El Mercurio, en editorial de 2 d e febrero, elogió calurosamente la personalidad de los plenipotenciarios chilenos, al hombre d e derecho y al diplomático experimentado.
Estas dos personalidades merecen la plena confianza del Gobierno y de la opinión, escribía. A m b o s son h o m b r e s de extraordinaria capacidad, de largos y brillantes servicios públicos, conocedores de los problemas sobre q u e versarán las conversaciones de W á s h i n g t o n . El señor A l d u n a t e es u n o de los juristas m á s ilustres de Chile. El señor Izquierdo es u n h o m b r e de Estado eminente, cuya habilidad diplomática ha sido probada en m u c h a s ocasiones. Formarán ambos u n a delegación completa, bajo todos conceptos, y apta para obtener el mejor resultado.

Izquierdo, comentando su nombramiento, en carta a don Miguel Urrutia de 25 de marzo, no dejó de lanzarle una estocada a los internacionalistas del Mápocho, y al más connotado de todos, José Miguel Echenique.
Me alegraré por mi país, le decía, y lo sentiré por José Miguel Echenique y todos los internacionalistas de oficio —con corona o sin corona— que no se c o n f o r m a r á n que vivamos en paz, sin u n a cuestión cualquiera en q u e poder jugar u n pequeño rol y deslizar al oído de la gente incauta palabras misteriosas. C u a n d o yo f u i Ministro de S a n f u e n t e s hace cinco años, Echenique m e llevó al Ministerio u n sobre cerrado y lacrado con infinitos sellos. Contiene, m e dijo, u n plan respecto de Bolivia q u e n o conocen sino tres h o m b r e s : el Presidente de Bolivia, el de Chile y yo. Lo entrego a usted porque n o tengo confianza en el Ministro de Relaciones Exteriores, que era —no sé si usted lo recuerda— nuestro amigo Juan Enrique Tocornal. C o m o quince días después volvió al Ministerio, en f o r m a siempre de conspirador, para p r e g u n t a r m e mi opinión. Le devolví el sobre intacto, tal como m e lo había entregado, y le dije que m e daba miedo r o m p e r tantos sellos. N o es raro que José Miguel encuentre horriblemente desacertado mi nombramiento.

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ALESSANDRI, AGITADOR Y

DEMOLEDOR

V Las conferencias entre los delegados chilenos y peruanos se iniciaron en Washington el 15 d e mayo, en u n a solemne ceremonia verificada en el edificio d e la U n i ó n Panamericana, d u r a n t e la cual pronunciaron discursos los señores Hughes, Izquierdo y Porras. A p e n a s iniciada ésta, el Perú renovó su pretensión d e la nulidad del T r a t a d o d e Ancón, por el incumplimiento de algunas d e sus disposiciones por parte de Chile, con lo que creía precipitar el arbitraje, lo que el Departamento d e Estado rechazó con energía. Perú sostuvo que lá única solución racional y justa consistía en la devolución lisa y llana d e las provincias; q u e la no realización del plebiscito se había debido a C h i l e y que lás cosas habían llegado a tal p u n t o que éste era impracticable. A l d u n a t e argumentó q u e el plazo fijado en el T r a t a d o d e A n c ó n para la realización del plebiscito n o era fatal, y q u e si d e n t r o de los diez años n o se p u d o exigir por ninguna d e las partes su verificación, n o había razón para que, transcurrido ese plazo, n o pudiera llevarse a cabo. Agregó q u e la reversión d e las provincias a la soberanía peruana 1 n o dependía del simple transcurso d e los diez años, sino d e u n a condición, la del triunfo del Perú en u n plebiscito celebrado después del transcurso d e ese plazo, y q u e C h i l e no podía aceptar la responsabilidad que se le quería imputar por el hecho de n o haberse acordado hasta entonces el protocolo plebiscitario. Izquierdo lamentó q u e se colocara la cuestión en u n terreno q u e se apartaba del mecanismo establecido en el T r a t a d o d e A n cón, que no comprendía q u e se propusiera prescindir del plebiscito, q u e debía sugerirse la discusión d e bases plebiscitarias, que se discutirían conjuntamente con las q u e formularan los delegados d e Chile, de modo q u e nada sería más sencillo q u e señalar los puntos de divergencia para someterlos al fallo del árbitro. Porras argumentó q u e la discusión de las condiciones plebiscitarias tenía m u c h o de extraño y algo d e irrisorio, por cuanto habían transcurrido veintiocho años sin que se hubiera podido llegar a un acuerdo sobre el particular. Expresó q u e el Perú n o había perdido nunca su ardiente anhelo d e recuperar el territorio q u e había cedido por diez años, n o con el objeto de prestar auxilio a la región salitrera, como había dicho A l d u n a t e , sino como prenda de u n a indemnización pecuniaria. Después de u n a laboriosa discusión, la delegación peruana, teniendo en cuenta los compromisos esenciales d e la conferencia, propuso el siguiente acuerdo:
Se sometería a arbitraje, en el p u n t o esencial, lo siguiente: C o n el objeto de determinar la manera en que debía darse cumplimiento al artículo tercero del T r a t a d o de A n c ó n , se somete a arbitraje, si procede o no, en las circunstancias actuales, la realización del plebiscito.

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Si n o p r o c e d e , a q u é país c o r r e s p o n d e el d o m i n i o definitivo d e T a c n a y A r i c a y . b a j o q u é condiciones. Si procede, bajo q u é condiciones debe realizarse el plebiscito.

Izquierdo, a nombre de la delegación d e Chile, propuso el siguiente proyecto:
La delegación d e C h i l e p r e s e n t a c o m o base d e discusión p a r a acordar las condiciones del plebiscito q u e d e b e realizarse con arreglo al artículo tercero del T r a t a d o de A n c ó n , y p a r a señalar los p u n t o s d e d e s a c u e r d o q u e serian m a t e r i a d e arbitraje, las proposiciones siguientes: P r i m e r o : Negociación H u n e e u s - V a l e r a d e 1912. S e g u n d o : C o n t r a p r o p o s i c i ó n p r e s e n t a d a por el s e ñ o r Porras c o m o Ministro d e Relaciones Exteriores d e l P e r ú a la legación de Chile en Lima, c o n f e c h a 5 d e n o v i e m b r e d e 1909, c o n j u n t a m e n t e con las modificaciones q u e p r o p o n g a n los delegados d e C h i l e . T e r c e r o : S o m e t e r , d e s d e luego, a arbitraje todas las condiciones plebiscitarias sobre las cuales n o h a y a h a b i d o a c u e r d o anterior e n t r e los dos gobiernos, o sobre las cuales haya h a b i d o a c u e r d o s contradictorios. C u a r t o : E n t r a r a discutir las bases plebiscitarias sin r e f e r e n c i a a n i n g u n a d e las negociaciones anteriores, s o m e t i e n d o las divergencias a arbitraje. Q u i n t o : El G o b i e r n o de C h i l e acepta la tercera proposición de la f ó r m u l a p e r u a n a y p r o p o n e al G o b i e r n o d e los Estados U n i d o s p a r a q u e fije la f o r m a e n q u e d e b e hacerse la consulta plebiscitaria.

E n atención a las declaraciones hechas por ambas delegaciones, se acordó la suspensión de las reuniones, poner en conocimiento de las respectivas Embajadas la situación a que se había llegado para q u e éstas lo pusiesen en conocimiento del D e p a r t a m e n t o d e Estado. Se p r o d u j o así el impasse. VI En u n a carta privada de Izquierdo a Urrutia tenemos algunas curiosas noticias sobre la actividad d e la delegación chilena en Wáshington, con algunas apreciaciones dignas de conservarse.
U s t e d sabe q u e tengo la c o s t u m b r e d e m a d r u g a r , pero mis m a ñ a n a s , d e seis a las ocho, en q u e m e t r a e n los diarios, m e las h a n t o m a d o hasta a h o r a el o r d e n a r los papeles d e la C o n f e r e n c i a , el r e d a c t a r telegramas al Ministerio, t a n largos que, e n c o n j u n t o , f o r m a n u n libro, y el escribirle al Presidente lo q u e o c u r r e e n las r e u n i o n e s . A las n u e v e m e voy a la oficina q u e nos h a n p r e s t a d o e n el m a g n í f i c o edificio de la P a n A m e r i c a n . Allí m e e n c u e n t r o con d o n Carlos A l d u n a t e , m a d r u g a d o r c o m o yo, y p e r d e m o s l a s t i m o s a m e n t e el t i e m p o en lo q u e él llama armonizar ideas, pero q u e en realidad n o es otra cosa q u e la m o d i f i c a c i ó n de l a s proposiciones y d e los telegramas en t é r m i n o s q u e los h a c e n oscuros, ambiguos y contradictorios. A m í m e desespera la falta d e claridad y m e fatiga este batallar const a n t e con p e r s o n a s con quienes hay q u e m a r c h a r d e acuerdo- —estamos u n i d o s al m i s m o yugo— y q u e tienen u n a m e n t a l i d a d diversa. D o n Carlos A l d u n a t e n o h a b í a salido n u n c a d e Chile, y en C h i l e de su casa. H a sido t o d a su vida abogado, y es u n gran abogado. T i e n e su inteligencia y su criterio vaciados en el m o l d e f u n d i d o en tantos años de ejercicio c o n s t a n t e y exclusivo de la profesión. N o es raro q u e m i r e la negociación actual d e s d e u n p u n t o de vista diverso del m í o : la m i r a c o m o u n juicio, u n juicio i m p o r t a n t e , e n q u e es necesario utilizar toda la chicana d e los p r o c e d i m i e n t o s judiciales. IES insoportable!

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ALESSANDRI, AGITADOR Y DEMOLEDOR

N o imagine usted, sin embargo, q u e h e m o s peleado, como Yáñez con Juan Enrique, como A n t o n i o con Rivas, Lejos de eso, estamos en la mejor a r m o n í a y procedemos juntos, cediendo cada cual u n a parte d e sus opiniones —más yo q u e él, porque es natural q u e le guarde las consideraciones a q u e está dulc e m e n t e acostumbrado e n Chile. Y mal que mal nos d e f e n d e m o s juntos en una especie de lawn tennis que estamos jugando con Santiago. Desde allá nos envían como bolas las proposiciones para ceder —quieren que aparezcan como nuestras— y nosotros las devolvemos para q u e nos lleguen como instrucciones del Gobierno. Y se h a n cambiado veinte fórmulas y miles de palabras alrededor d e una dificultad q u e no se quiere abordar f r a n c a m e n t e , y que, sin. embargo, no se p u e d e eludir. La situación, que en Chile se conoce por las publicaciones de los diarios, mitad historia y m i t a d novela, es ésta: nosotros n o aceptamos apartarnos una línea del Tratado, pero aceptamos el arbitraje sobre las dificultades q u e presenta su cumplimiento. El Perú n o desconoce ahora el T r a t a d o : quiere cumplirlo, pero sostiene, et pour cause, que el transcurso del tiempo hace inaplicable la cláusula plebiscitaria. La dificultad, por consiguiente, es arbitraje amplio o arbitraje restringido sobre el artículo tercero del Tratado. Chile p r o p o n e el restringido, limitado a las bases del plebiscito; el Perú, el amplio, que c o m p r e n d e la cuestión de si p r o c e d e ' o n o el plebiscito, pero sin insistir en las viejas majaderías de la validez del Tratado, de la soberanía de Tarapacá, ni de la "cuestión integra del Sur Pacífico". ¿Cómo vamos a salir de la dificultad? N o lo sé. N o saldremos ciertamente con juegos de palabras, q u e es la puerta de salida a que la gente parece inclinada en Chile. Mientras tanto, mi querido amigo, estoy en la situación de repetir todos los días el versito del lego de Emiliano: Dios es la suma bondad, etc.

¿Conoce usted a Álvarez?, le agregaba más adelante. Es u n b u e n sujeto,' u n excelente sujeto, pero nada más. C u a n d o uno lo ve citado como autoridad en algunos textos europeos, se pregunta si las d e m á s autoridades que citan valdrán tanto como ésta. Álvarez publicó hace años, en tiempos de Puga Borne, u n libro rojo q u e es u n disparate m o n u m e n t a l , en q u e sostiene la teoría de q u e Chile p u e d e quedarse con T a c n a y Arica sin mayores miramientos p o r q u e el T r a t a d o pactó por pura broma el plebiscito. Pues el libro rojo es la sacra Biblia de Álvarez y nadie lo m u e v e de allí. Pero, insensiblemente, en mi conversación íntima con usted, m e pongo a pelar. En cambio, usted m e tiene olvidado y n o me escribe una línea. Esto n o es justo. Debo enojarme y decirle adiós.

Producido el impasse,, comenzaron las manifestaciones de inquietud de la opinión pública chilena, y el Ministro d e Relaciones fué interrogado tanto en el Senado como en la Cámara d e Diputados, sobre el estado en que se hallaban las negociaciones. Alessandri se dirigió personal y confidencialmente al Presidente Harding pidiéndole se interesara por la proposición hecha por el Embajador de Chile al Secretario del Departamento de Estado, a fin de q u e no pereciera el ideal pacifista' que representaba. El Secretario de Estado, Mr, Hughes, tomó en sus manos el asunto, cuya solución f u é laboriosísima, y dió origen a prolijas consultas a los Gobiernos d e Chile y Perú, que insistía en someter a arbitraje la suerte definitiva del territorio en caso d e pronunciarse el árbitro en contra d e la solución del plebiscito.

LAS R E L A C I O N E S

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Del lado chileno se p r o d u j o el desacuerdo entre los delegados A l d u n a t e e Izquierdo, sosteniendo el primero q u e sólo podía someterse a arbitraje las calidades de los votantes, pero resistiéndose a entregar ál arbitraje si procedía, o no, la celebración del plebiscito e n las circunstancias predominantes. Izquierdo, q u e representaba el pensamiento íntimo de Alessandri, era de opinión de someter al fallo del árbitro sí procedía, o no, el plebiscito. La discrepancia llegó al extremo d e q u e A l d u n a t e planteó su renuncia y h u b o q u e hacer u n gran esfuerzo para hacerlo desistir d e sus propósitos. En sesión secreta de 16 d e junio comenzó el Senado a discutir las negociaciones de W á s h i n g t o n . En esta ocasión Yáñez manifestó sus temores de q u e se arrastrara a C h i l e a la partija del territorio, pero el Ministro declaró q u e el Gobierno n o se apartaría d e su política de exigir el cumplimiento del artículo 3 9 del T r a t a d o d e A n c ó n . Ladislao Errázuriz expresó que él tenía u n a d u d a más f u n d a m e n t a l , y era la d e q u e los Estados U n i d o s n o querían solucionar la dificultad sin el plebiscito, p e r o que, al establecer las bases en q u e debía efectuarse, podía, imponer u n a f ó r m u l a q u e encubriera y significara la solución de la partija. La gestión del Secretario del D e p a r t a m e n t o d e Estado se desarrolló en lá segunda quincena de junio y primera del mes siguiente, esforzándose por convencer al Presidente Leguía de q u e su intención era la d e eliminar para siempre las cuestiones relativas al plebiscito de las discusiones y d e plantear el asunto en el terreno d e las negociaciones entre las dos partes interesadas, en caso d e pronunciarse contra el plebiscito. Perú temía que, llegado este últ i m o caso, las negociaciones n o tuvieran éxito, situación en la cual debería someterse el asunto al árbitro. E n u n a entrevista d e A l d u n a t e con Hughes, celebrada el 10 d e julio, se habló de la posibilidad d e q u e Estados Unidos n o f u e r a el árbitro, y q u e desempeñara estas funciones u n jurista, mencion á n d o s e el n o m b r e d e M r , Elíhu Root. La conferencia de la cual surgió el acuerdo se celebró en el despacho del Secretario de Estado, el 17 d e julio, con asistencia de los señores Hughes, A l d u n a t e y Porras, h a c i e n d o d e intérprete el D r . Rowe, Director General d e la U n i ó n Panamericana. A l d u n a t e expresó q u e la Conferencia d e Plenipotenciarios había decidido pedir al Presidente d e los Estados U n i d o s sirviera d e árbitro y q u e abrigaba la esperanza de q u e prestara ese gran servicio. Porras f o r m u l ó u n á declaración similar. Hughes manifestó q u e el Presidente apreciaría p r o f u n d a m e n t e el honor que se le discernía y q u e le sería grato aconsejar al Presidente aceptara el nombramiento. A l d u n a t e señaló en seguida el p u n t o de vista de la delegación chilena y manifestó el deseo de q u e se insertara en el Protocolo, en el A c t a C o m p l e m e n t a r i a o en la m i n u t a d e las conferencias, u n a

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A L E S S A N D R I , AGITADOR Y

DEMOLEDOR

declaración en el sentido de que si el arbitro se pronunciaba contra la celebración d e l plebiscito, n o se alteraría la situación d e las provincias en poder d e Chile, y q u e n o se discutiría el d e r e c h o q u e le asistía para legislar y n o m b r a r autoridades administrativas. Agregó q u e esta interpretación era la q u e le d a b a n a la f ó r m u l a H u g h e s la delegación y el Gobierno chilenos, q u e aceptaban en ese entendido. Porras consideró q u e lá declaración d e C h i l e era s u p e r f l u a e innecesaria, mientras el Secretario de Estado felicitó a ambas delegaciones por el progreso q u e se había h e c h o y por haber llegado a u n acuerdo sobre los puntos f u n d a m e n t a l e s . El Protocolo y el A c t a C o m p l e m e n t a r i a f u e r o n firmados en W á s h i n g t o n tres días más tarde. E n torno a ellos iba a girar toda la apasionada discusión q u e se suscitó e n la opinión pública y en los cuerpos legislativos d e C h i l e . Esos d o c u m e n t o s rezaban así:
R e u n i d o s en W a s h i n g t o n , e n c o n f o r m i d a d a la invitación d e l G o b i e r n o d e los Estados U n i d o s d e A m é r i c a para procurar la solución de la larga controversia relacionada con las disposiciones n o c u m p l i d a s del T r a t a d o de Paz d e 20 de o c t u b r e d e 1833, los infrascritos, e n representación d e Chile y el Perú, a saber: D o n Carlos A l d u n a t e y d o n Luis Izquierdo, Enviados Extraordinarios y Ministros Plenipotenciarios de C h i l e en Misión Especial; y D o n M e l i t ó n F. Porras y d o n H e r n á n V e l a r d e , E n v i a d o s Extraordinarios y Ministros Plenipotenciarios del Perú en Misión Especial; d e s p u é s de c a n j e a r sus respectivos plenos poderes, h a n a c o r d a d o lo siguiente: A r t í c u l o 1® Q u e d a constancia d e q u e las únicas dificultades derivadas del T r a t a d o de Paz sobre las cuales los dos países n o se h a n puesto d e a c u e r d o son las cuestiones q u e e m a n a n d e las estipulaciones n o c u m p l i d a s d e l artículo tercero de dicho T r a t a d o . A r t í c u l o 2° Las dificultades a q u e se r e f i e r e el artículo anterior serán som e t i d a s al arbitraje del Presidente de los Estados U n i d o s de A m é r i c a , q u i e n las resolverá sin ulterior recurso con audiencia de las partes y en vista d e las alegaciones y probanzas q u e éstas p r e s e n t e n . Los plazos y p r o c e d i m i e n t o s serán d e t e r m i n a d o s p o r el árbitroA r t í c u l o 3® El p r e s e n t e protocolo será s o m e t i d o a la aprobación de los respectivos Gobiernos y las ratificaciones serán canjeadas en W á s h i n g t o n por i n t e r m e d i o de los r e p r e s e n t a n t e s d e Chile y del P e r ú d e n t r o del plazo m á x i m o d e tres meses. F i r m a d o y sellado en "Washington, en doble ejemplar, a 20 d e julio de 1922.—M. F. Forras. Carlos A l d u n a t e . Hernán Velarde. Luis Izquierdo. ACTA COMPLEMENTARIA

A fin de precisar el alcance del arbitraje estipulado en el artículo s e g u n d o del Protocolo suscrito en esta f e c h a , los infrascritos a c u e r d a n dejar establecidos los siguientes p u n t o s : Primero- Está c o m p r e n d i d a en el arbitraje la siguiente cuestión p r o m o v i d a p o r el P e r ú e n la r e u n i ó n celebrada por la C o n f e r e n c i a el 27 d e m a y o ú l t i m o . C o n el objeto d e d e t e r m i n a r la m a n e r a c o m o d e b e darse c u m p l i m i e n t o a lo estipulado en el artículo tercero del T r a t a d o de A n c ó n , se s o m e t e a arbitraje, si p r o c e d e o no, en las circunstancias actuales, la realización del plebiscito. El G o b i e r n o d e Chile p u e d e oponer, p o r su parte, a n t e el arbitro, t o d a s las alegaciones q u e crea convenientes a su defensa.

LAS RELACIONES

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Segundo. En caso de que se declare la procedencia del plebiscito, el árbitro queda facultado para determinar sus condiciones. Tercero. Si el árbitro decidiera la improcedencia del plebiscito, ambas partes, a requerimiento de cualquiera de ellas, discutirán acerca de la situación creada por este fallo. Es entendido, en el interés de la paz y del buen orden que, en este caso, y mientras esté pendiente u n acuerdo acerca de la disposición del territorio, n o se perturbará la organización administrativa de las provincias. Cuarto. En caso de que no se pusieran de acuerdo, los dos Gobiernos solicitarán, para este efecto, los buenos oficios del Gobierno de los Estados Unidos. Quinto. Están igualmente comprendidas en el arbitraje las reclamaciones pendientes sobre Tarata y Chilcaya, según lo determine la suerte definitiva del territorio a que se refiere el artículo tercero de dicho Tratado. Esta Acta forma parte integrante del Protocolo d e su referencia. Firmada y sellada en doble ejemplar en Wáshington, el 20 de julio de 1922.—M. F. Porras. Carlos Aldunate. Hernán. Velarde. Luis Izquierdo.

VII El mensaje con que los documentos diplomáticos fueron enviados al Congreso el 26 de julio, decía simplemente:
O í d o el Consejo de Estado, tengo el h o n o r de someter a vuestra aprobación el Protocolo chileno-peruano suscrito en Washington el 21 del presente y el Acta Complementaria de la misma fecha, cuyos textos autorizados os acompaño.

Comenzó desde ese momento la etapa más apasionada e interesante del problema: ganar para el Protocolo el apoyo de la opinión pública y del Congreso, para obtener lo cual Alessandri echó máno de todos sus recursos. Caracterizó a los adversarios del arreglo d e enemigos personales suyos y de antipatriotas, q u e lo combatían por odio a su persona y a su administración. En esa empresa encontró el apoyo de alguna prensa, pero los diarios adversos al Gobierno, La Nación, que respondía a las inspiraciones del senador Yáñez, y El Diarrio Ilustrado, órgano de los conservadores, abrieron sus páginas a cuántos criticaron el Protocolo como inconveniente y peligroso. La oficina d e prensa de la Moneda, en telegramas difundidos de un extremo á otro del país, comenzó a tocar el bombo y hacer sonar los platillos, pintando la firma del Protocolo como u n grandioso triunfo d e la diplomacia, e injuriando a los hombres públicos que lo atacaban. Contra esa grotesca propaganda se alzaron las voces d e Ismael Edwards, de Yáñez y otros senadores en la Cámara alta. En sesión de 27 d e julio, decía el primero en la Cámara de Diputados: "La opinión de las provincias n o puede, n o debe ser movida por "los hilos del telégrafo. La acción del Gobierno no puede, ni debe ser asimilada a la de ningún titiritero o saltimbanqui. La opinión de las provincias debe formarse en el estudio sereno de los hechos, en el análisis minucioso de la actuación d e los

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hombres de gobierno y d e sus representantes ante el Congreso soberano." 1 La opinión pública se hallaba h o n d a m e n t e conmovida y el d o c u m e n t o diplomático de Wáshington era discutido con apasionamiento en todos los círculos y en todos los hogares, el sentimiento nacional se exaltó y desde ese m o m e n t o nadie f u é indiferente a u n debate que interesaba intensamente á toda la nación. El primero en exteriorizar su inquietud f u é el Senado, que mientras se negociaba el protocolo, exigió la presencia del Ministro d e Relaciones Exteriores, y en sesión d e 19 de julio, el día anterior a su firma, enrostró a Barros Jarpa las contradicciones en q u e incurría, a lo que éste contestó con altanería q u e causó el más deplorable efecto. La primera exposición d e Barros Jarpa sobre la negociación d e Wáshington se realizó en sesión d e 20 d e julio, parte en sesión pública y parte en sesión secreta, ocasión en la q u e calificó la negociación d e extraordinariamente feliz, diciendo que el Gobierno creía haber realizado u n a labor patriótica al poner todo su esfuerzo al servicio de una solución que se arrastrabá desde cuarenta años atrás, perturbándolo todo en la política del continente americano. , En la sesión del día siguiente, Silva Cortés hizo u n a larga y prolija impugnación d e la exposición ministerial y entró a participar en el debate don Enrique Mac-Iver. ¿Es aceptable, es conveniente, se preguntaba, la entrega incondicional d e toda esa región al juicio d e u n funcionario extranjero, a u n q u e sea el Presid e n t e d e Estados Unidos? Afirmaba categóricamente q u e no. Expresó que había' razones para alarmarse del arbitraje, lo consideraba excesivo, desmesuradamente amplio; expresó sus dudas, diciendo que en u n juicio sobre esas materias n o llevaría Chile la mejor parte. ¿Pero n o habrá en esto algo d e personalismo?, se preguntaba en sesión d e 24 de julio. ¿Algo de esa mezcla d e los intereses d e los q u e m a n d a n con los intereses públicos? N o quiere creerlo, pero deseaba hablar algo de eso, que flotaba en el ambiente. Yáñez inició su intervención en el debate en la sesión secreta d e 25 d e julio, q u e continuó en sesiones públicas. Las actas d e esas sesiones privadas, leídas por Alessandri en sus años postreros, cuando preparaba sus Recuerdos de Gobierno, tienen algunas anotaciones marginales del político, de sugestivo valor psicológico. En esa primera sesión sostuvo Yáñez que la solución producida era contraria al honor y al sentimiento nacionales. A lo que Alessandri anotó:
T i p o clásico de chileno: n o ir jamás en busca de soluciones definitivas, t a l cual las buscaba con fe y resolución Alessandri hasta alcanzarlas.

Y más adelante:

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C u e s t i ó n de envidia. N o p o d í a n soportar q u e h o m b r e s m e n o r e s q u e ellos resolvieran lo q u e ellos n o p u d i e r o n resolver d u r a n t e cuarenta años.

O b r a maestra d e inteligencia, de agudeza abogadil y d e argumentación, f u é el largo discurso del senador por Valdivia. Comenzó por consignar el vivo pesar con q u e entraba al debate, y por declarar q u e n o se trataba d e u n a cuestión política, sino q u e d e u n a alta y grave cuestión nacional, q u e afectaba los intereses más f u n d a m e n t a l e s d e la República, a su honor, a su soberanía y a su integridad territorial. Hizo u n a larga excursión por la historiad-diplomática d e la guerra del Pacífico, cuya tradición había consistido en d e f e n d e r tenazmente sus derechos d e nación soberana,' tradición que en la negociación d e W á s h i n g t o n se había olvidado. Tradición diplomática q u e el señor Ministro, no diré q u e ha olvidado, agregaba, sino q u e no ha podido apreciarla, q u e no h a podido sentirla porque no la ha vivido. Era el maestro, q u e recalcaba su situación de m e r o aprendiz d e h o m b r e público al discípulo q u e se iniciaba. Sostuvo q u e en la negociación d e W á s h i n g t o n la delegación p e r u a n a f u é directamente a lá destrucción, en todas sus partes, de la cláusula tercera del T r a t a d o de A n c ó n e ilustró la tradición diplomática d e la Cancillería, con lo q u e ésta había sostenido invariablemente, en el sentido de buscar en la celebración del plebiscito la única fórmula d e solución d e la dificultad.
Estoy í n t i m a m e n t e convencido de q u e los acuerdos de W á s h i n g t o n n o tien e n ni a u n el mérito de p o n e r t é r m i n o a la cuestión con el Perú, decía en sesión d e 31 de julio, y q u e n o bastarán para restablecer la amistad q u e yo siempre h e a n h e l a d o entre los dos países, ni consultan los intereses de la paz d u r a b l e y verdadera q u e todos deseamos, sino q u e llevan en sí el g e r m e n de nuevas dificultades y nuevas perturbaciones para el porvenir. Deseo q u e el país estudie y medite; deseo q u e juzgue sin dejarse llevar por falsos mirajes.

A esa altura del d e b a t e insistió e n la inexplicable contradicción q u e surgía d e las declaraciones oficiales del Gobierno y el texto de los acuerdos de Wáshington. Manifestó que se había sostenido la existencia de antecedentes y documentos que u n deber patriótico imponía silenciar, pero q u e si ellos existían n o habían llegado al conocimiento d e los cuerpos legislativos.
H a y u n h e c h o claro, absoluto, incontrovertible, agregaba, y es que el Sen a d o n o h a tenido participación, y, por consiguiente, no tiene responsabilidad alguna respecto de los acuerdos t o m a d o s en W á s h i n g t o n ; p o d r á n ser ellos buenos o malos, pero son de la sola y exclusiva responsabilidad del Gobierno.

C o m e n z ó desde ese m o m e n t o a morder la d u d a en el ánimo del Senado de la ignorancia en q u e se le había m a n t e n i d o de algunos aspectos d e la negociación y de q u e se le habían ocultado documentos. D a n d o término a su discurso insinuó la conveniencia d e encarpetar el asunto.

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La conclusión lógica a que debiera llegar, dijo, es la de pedir a la C á m a r a el rechazo liso y llano de ese Protocolo; pero n o lo hago. Deseo sencillamente pedir a la Cámara, que antes de pronunciarse, estudie, que pese la situación, q u e contemple los intereses permanentes del país y m i d a todo el alcance de su responsabilidad.

E n sesión de 2 d e agosto se dió cuenta del informe d e lá Comisión d e Relaciones Exteriores del Senado en el que se manifestaba que había considerado el mensaje con el cual se acompañaba el Protocolo y el Acta Complementaria suscritos en W a s h ington, transmitidos por cable desde aquella capital.
La Comisión ha creído q u e n o era p r u d e n t e y q u e sentaría u n precedente contrario a las buenas prácticas de Administración, agregaba, el de considerar documentos de tanta gravedad sobre simples transcripciones telegráficas, yacordó, por unanimidad, postergar el estudio d e esta materia hasta que lleguen los originales.

En la sesión d e ese día inició el Ministro d e Relaciones Exteriores la defensa de su acción, y después d e referirse al p u n t o planteado por el informe d e la Comisión, expresó la satisfacción del Gobierno por los acuerdos d e Wáshington, enderezados a obtener la incorporación definitiva d e T a c n a y Arica al territorio nacional, y que constituiría una gran desventura que ellos no merecieran la aprobación del Congreso. Manifestó q u e la actitud d e los impugnadores del Protocolo, al sostener que él se salía1 de lo dispuesto en el Tratado, envolvía u n grave peligro para la posición jurídica del país. En la sesión siguiente la cuestión tomó u n carácter dramático: se dió lectura a u n a acta de u n a reunión privada celebrada por u n grupo d e senadores el 13 d e junio, en la que se acusaba al Ministro de haber incurrido en las más graves contradicciones. Después de la lectura del acta, Ladislao Errázuriz formuló u n voto d e censura al Ministro.
Se h a aseverado, dijo, q u e los acuerdos de W á s h i n g t o n se adoptaron con el consentimiento o consulta del Senado. Se h a podido aseverar tal cosa tom a n d o seguramente las informaciones dadas aisladamente a algunos de sus miembros sobre resoluciones ya adoptadas por el Gobierno. C r e o por eso dejar establecido que el Senado conserva su absoluta libert a d de acción para apreciar los acuerdos de W á s h i n g t o n como lo estime más conveniente para el interés nacional.

El voto f u é discutido extensamente y el Ministro defendió, n o sin elocuencia, su actuación, sosteniendo que n o entraba en las miras del Gobierno la partición del territorio, y reiterando la confianza que el Ejecutivo tenía en el resultado de la consulta plebiscitaria. Entró en seguida en algunos detalles d e la negociación d e Wáshington y en el alcance q u e tenían los buenos oficios.

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En la sesión del día siguiente Rivera puntualizó las consultas que se le habían hecho durante la negociación y expresó su certidumbre de que el debate se mantendría a la altura d e la importancia del asunto; mientras el Ministro siguió tratando extensamente sobre el alcance de los buenos oficios. 'Alessandri, en su afán de salvar la situación del Ministro, no pudo reprimir su vehemencia y publicó, en el Diario Oficial y en todos los diarios de Santiago, una larguísima exposición que no haría más que enardecer los ánimos, ya intensamente caldeados con el debate del Senado. Comenzaba por citar lá disposición del N ? 10 del artículo 73 d e la Constitución, que señalaba, entre las atribuciones especiales del Presidente de la República, la de conducir las negociaciones y hacer las estipulaciones preliminares de los Tratados. Sin embargo, agregaba, a pesar de esta disposición, y por un deber d e cortesía y conveniencia, deseó consultar algunas opiniones autorizadas, y fué así cómo el 12 de diciembre se reunieron en su sala de despacho los jefes de los partidos políticos señores Claro Solar, Tomás Ramírez, Armando Quezada, Robinson Paredes, Carlos Aldunate, Enrique Zañartu y Felipe Herrera, y siete días más tarde hacía citar a los senadores Bulnes, Rivera, Yáñez y González Errázuriz, miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, a los miembros de la misma Comisión de la Cámara de Diputados y a los jefes de los partidos. , Transcribía en seguida las opiniones vertidas en la última d e esas reuniones, tomadas de los apuntes personales que redactó inmediatamente después d e ella, por los señores Aldunate, Bulnes y Rivera. Don Gonzalo Bulnes habría dicho que el arbitraje era un mal necesario y grave, pero que, desgraciadamente, era inevitable dado el ambiente mundial. Agregaba que el borrador de la contestación a la Cancillería de Lima había sido redactado de puño y letra de don Eliodoro Yáñez, como ya lo había manifestado el Ministro en el Senado. Consignaba en seguida que el 18 de junio se había recibido el telegrama N" 99 del Embajador Mathieu, en el que se transcribía la fórmula Hughes, en que se proponía' el arbitraje, y que enterado de la inquietud que había surgido entre algunos senadores hizo llamar al senador conservador Francisco Huneeus, quien se manifestó satisfecho de cuanto había oído. Afirmaba en seguida que el 25 de junio impuso del mismo telegrama y del estado d e las negociaciones a los senadores Bulnes, González Errázuriz, Ochagavía, Huneeus, Zañartu y Aguirre Cerda y en los días siguientes a los señores Bulnes y Claro Solar, mientras el Ministro d e Relaciones lo había hecho en Valparaíso con el senador Rivera.
Ninguno de los honorables senadores a quienes m e he referido creyó que la fórmula consignada en el telegrama N® 99, de 18 de junio de 1922, fuera una solución que se salía del Tratado de Ancón, agregaba, y que no importara su leal y honrado cumplimiento.

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Defendía a continuación al Ministro de Relaciones, y decía que se explicaba la paral ogización en que incurría Ladislao Errázuriz, que no estuvo en la reunión d e la Moneda el 19 de diciembre, y tampoco había conocido el telegrama N- 99, pero que los senadores que habían aceptado esa fórmula con posterioridad, y encontrado aceptable y conveniente la proposición transmitida por el Embajador, era incuestionable que lo habían hecho estimando, d e acuerdo con el sentir del Gobierno, que ella importaba resolver el problema dentro del Tratado de Ancón. Agregaba que había una profunda injusticia cuando se quería exhibir al Ministro obrando en contradicción con sus declaraciones. La aclaración presidencial provocó, además de la exposición de Rivera en el Senado, dos reacciones. U n a , de don Luis Claro Solar, y otra de El Diario Ilustrado. Decía la primera:
La Aclaración concluye estableciendo que la fórmula Hughes es substancialmente lo estipulado en el Protocolo y Acta complementaria suscritos en Wáshington. En mi opinión, esta conformidad substancial no existe; y así debió también pensarlo nuestra Cancillería, cuando en la comunicación que dió a la prensa el día 20 de julio decía haber telegrafiado a los plenipotenciarios de Chile para que no suscribieran los acuerdos de Wáshington si no se dejaba debidamente esclarecido qué, en caso de declararse por el arbitro la improcedencia del plebiscito, ello n o afectaría a la condición actual del territorio poseído por Chile y sujeto a la legislación y autoridades chilenas, según el artículo 3" del Tratado de A n c ó n . El interés del país y los respetos que debo al Presidente de la República m e obligan a limitarme a las líneas anteriores.

N o menos severas y condenatorias de la actitud presidencial fueron las palabras del diario conservador.
Esta publicación, como de un capítulo de Memorias, decía, tiene evidentemente para el público el interés de los documentos de esta clase, literatura bastante en boga en la actualidad. Pero con todo respeto creemos que el Excmo. Sr. Alessandri habría procedido en más estricta conformidad con nuestro régimen parlamentario de gobierno, si hubiera excusado dicha publicación. El señor Ministro de Relaciones Exteriores habría podido exponer ante el Congreso en substancia todo lo que S. E. deseaba que fuera dicho.

La intervención de Alessandri, en vez de mejorar la situación del Ministro, lo precipitó en su caída. U n a última defensa de Enrique Zañartu, que propuso pasar a la orden del día, y que f u é vigorosamente rebatida por Mac-Iver en su postrer discurso parlamentario, no salvó a Barros Jarpa de su estrepitoso derrumbe, que, anticipándose al voto del Senado, había presentado su renuncia con el carácter de indeclinable. Planteado el conflicto entre sostenedores y adversarios del Gobierno, se vió, desde luego, cuán abrumadora era la mayoría contraria al Ministro y al documento diplomático. Huneeus, Barros Errázuriz y el autor del voto d e censura lo sostuvieron con vigo-

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roso apasionamiento, mientras el Ministro apenas si contó con el precario apoyo d e los señores Tocornal y Torrealba. El voto d e Zañartu que decía:
En presencia de la renuncia del señor Ministro de Relaciones Exteriores, el Senado acuerda pasar a la orden del día,

f u é rechazada por 20 votos contra 7 y una abstención. La censura fué sancionada con el mismo número d e votos. Votaron a favor del Ministro sólo los señores Aguirre, Arancibia, Concha Luis E., Tocornal, Torrealba y los dos Zañartu. VIII Entró entonces a desempeñar las funciones de Ministro d e Relaciones Exteriores Samuel Claro Lastarria, liberal unionista, que harta la víspera había servido la cartera de Hacienda, mientras Ministro del Interior f u é designado Antonio Huneeus Gana, el negodador del protocolo de 1912, ambos con fuertes vinculaciones en la Unión Nacional, cuya resistencia a la aprobación d e la negociación de Wáshington creyó Alessandri quebrantar. Exasperado por la resistencia que encontraba su política exterior, viendo en la oposición sólo la expresión de la odiosidad a su persons y a su Gobierno, el incorregible agitador que había en Alessandri discurrió lanzar nuevamente a las másas contra los cuerpos legislativos, buscando el apoyo del sentimiento popular. En vísperas d e las fiestas patrias hizo organizar el 15 de septiembre una manifestación popular, integrada en su mayoría por obreros y estudiantes, a la que se dirigió desde los balcones de la Moneda, en ese lenguaje en el cual era maestro consumado, para asignar la responsabilidad de la resistencia a su política exterior a sus adversarios.
C u a n d o era candidato a este puesto que hoy ocupo por voluntad de mi pueblo, expresó, dije que viviría siempre en contacto con vosotros, así de corazón a corazón, de espíritu a espíritu, para poder sentir de cerca las palpitaciones del corazón del pueblo, para conocer sus pensamientos, para escuchar sus ideas evolucionistas y para dirigir sus destinos en conformidad a sus deseos y a sus aspiraciones.

í Q u é bien se sentía el agitador y el demagogo en ese ambiente, dirigiéndose a las masas en un lenguaje lleno de vaciedades, pero que las conmovía hasta el entusiasmo más delirante! Hoy que hemos triunfado, se quiere empañar el brillo d e la victoria, agregaba, y en estas circunstancias no permitiré jamás que el Protocolo sea rechazado. Se manifestó seguro que la aprobación del Protocolo importaba la incorporación al territorio n a cional de las provincias en litigio.2 N o sólo atacó a la mayoría del Senado por su actitud, sino a.

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los diarios que habían formulado reparos a la gestión diplomática d e la Moneda, y en primer lugar a La Nación, órgano del senador Yáñez. Pero las reacciones fueron muy serias: el Senado, en una sesión privada, consideró la actitud presidencial un ataque a sus facultades constitucionales y la crisis ministerial fué estrechamente evitada. Como siempre, después de las exaltaciones a que lo arrastraba su histerismo, caía en la depresión y daba las explicaciones más humildes, no tuvo inconveniente para declarar "de que en ningún momento pensó, ni piensa, desconocer la majestad d e la Constitución, ni la plena libertad de los poderes del Esrado para ejercer sus atribuciones, y que ha jurado respetar nuestra Carta Fundamental, y que la respetará en todo tiempo y circunstancias, como es su deber". El comentario de El Diario Ilustrado a ese episodio fué violentísimo.
Ya nada llegaba a extrañarnos en el Excmo. Sr. Alessandri, escribía el 17 de septiembre, después de todo lo que, con lamentable frecuencia, había hecho en los tristísimos veintiún meses en que, para inmensa desgracia del país, ha desempeñado la Presidencia de la República. Pero el discurso que anteayer pronunció desde uno de los balcones de la Moneda, y- que ayer publicó en las columnas de El Mercurio, excede a todo lo anterior. Desde luego, ha sido inaceptable que el Presidente de la República haya hecho preparar el meeting y haya hablado en él para excitar a las masas, mientras el Congreso, en uso de sus facultades constitucionales, estudia el Protocolo de Washington. " Las palabras del Presidente de la República contra los miembros del Congreso importan, por lo menos, u n monstruoso desacierto, aparte de una imperdonable injusticia. Sus palabras sobre que su voluntad es soberana, es u n reto al régimen constitucional y al espíritu democrático. Pero, probablemente, todas esas palabras sólo importan, en realidad, la manifestación de una perturbación mental que a la vez es triste y peligrosa.

La Comisión d e Relaciones Exteriores del Senado, integrada 1 por los señores Bulnes, Yáñez, Rivera, Ochagavía y González Errázuriz discutió el asunto en el mes de septiembre, y de su informe se dió cuenta en sesión del 21, en la cual se trató si debía considerársele en sesiones públicas o secretas. Prevaleció esta última opinión. El embajador d e los Estados Unidos, advirtiendo la fuerte resistencia que había a la aprobación del Protocolo, manifestó q u e la más ligera modificación que se introdujera en él importaría su rechazo, lo que sería inaceptable para el Perú, de lo que se derivaría la persistencia de la cuestión sin esperanza alguna de encontrarle una solución pacífica. Esta actitud del embajador Collier le valió una severa reprimenda del Departamento de Estado, conminándosele seriamente en el sentido que se abstuviera d e hacer declaraciones.

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IX El debate se inició en el Senado el 22 d e septiembre. Don Gonzalo Bulnes, como presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores, expresó que a ésta se presentaban tres caminos: el rechazo, la aprobación con reservas y el adelantamiento d e las negociaciones, y que optó por este último como más conciliatorio para los Estados Unidos y el más adecuado para evitar los inconvenientes que se presentaban de un lado y otro. Se refirió extensamente a las características que habían tenido los plebiscitos celebrados en Europa durante el siglo xix, y a la misión que había llevado Carlos Castro Ruiz el año anterior. "Y así, por una extraña evolución, dijo, de ésas que frecuentemente burlan los propósitos humanos mejor inspirados como éste, buscando la paz, habríamos llegado a la guerra," En las dos sesiones siguientes, d e 25 y 26 de septiembre, el Ministro de Relaciones hizo una extensa defensa del Protocolo. Intervino en seguida el senador conservador Silva Cortés, quien dijo:
Yo m e atrevo a anunciar, desde luego y francamente, que en el terrible dilema en que se nos h a colocado, y no viendo la posibilidad razonable de otra solución, considero que el interés de Chile se sirve mejor aceptando y ratificando este Tratado, porque los males que a mi juicio serían consecuencia segura e inevitable de la negativa, constituirían una desgracia muy grande, enormemente más intensa y perjudicial que todos los eventos inciertos del resultado desfavorable que pudiera derivarse del pacto de arbitraje. Tampoco es u n obstáculo para ello, agregó, el que yo haya creído, y crea todavía, que el Gobierno ha procedido en forma inconveniente en el curso de estas negociaciones, eligiendo una mala época para iniciarlas, haciendo declaraciones comprometedoras, ocultando al Congreso Nacional antecedentes y documentos importantes que debió darlos a conocer, por lo que ha podido recibir una censura y hasta hacer procedente la acusación que pudiera entablarse contra él.

A lo que don Gonzalo Bulnes agregó:
El dilema que se nos h a colocado es verdaderamente atroz, como dice el señor senador. Es atroz haber colocado a un país en la situación en que se encuentra el nuestro, porque no cabe duda de que, de cualquier lado que se mire, no se ven sino dificultades; y esas dificultades colocan las conciencias y el patriotismo de los miembros de esta Sala en la situación que ha indicado el señor senador.

Comentario de Alessandri al margen del acta:
¡Pavoroso criterio! ¡Encontrar atroz dar solución ampliamente satisfactoria a u n problema que se arrastraba cuarenta años! Las consecuencias de la aprobación, agregaba Bulnes, son: la pérdida probable de Tacna y Arica, es el enredo con Bolivia, es el triunfo moral del Perú, que apelarla al m u n d o entero diciendo que en una hora de justicia extraña Chile ha tenido que salir de Tacna y Arica, de manera que los cua-

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renta años de posesión han sido fruto de la imposición de la fuerza, que nos hemos mantenido allí sólo por obra de la violencia.

A esta altura del debate intervino Guillermo Rivera en la discusión, protestando de la presión que se ejercía sobre los senadores y leyendo los detalles de la discusión del Protocolo en el Congreso peruano. Zañartu le increpó que figurara ahora entre los adversarios de la negociación, que había defendido en circunstancias en que se le había ofrecido el Ministerio de Relaciones a fines de agosto, a lo que el aludido replicó que había cambiado de opinión cuando conoció, el 30 de agosto, los documentos secretos de la gestión de Wáshington. Insistió el senador por Valparaíso en lo ajeno que había sido el Senado a la negociación y calificó con dureza lá actitud del Ministro de Relaciones, Barros Jarpa, que había ocultado la documentación relativa a la misión Castro Ruíz.
De manera que se hizo la invitación al Gobierno del Perú sin que el Senado nada supiera acerca de sus antecedentes, ni de cuál iba a ser su alcance, agregó. ¿Se detuvo aquí, como diré, la insinceridad del Gobierno? No, señor Presidente; y empleando de nuevo una expresión un poco rara, ella culminó el día 28 de agosto. Había ya alguna noticia, vaga, indeterminada, imprecisa, de que había existido una llamada negociación de octubre, y el señor Presidente de nuestra Comisión de Relaciones Exteriores pidió al Ministerio, a fin de informar sobre el Protocolo y el Acta Complementaria, el envío de los antecedentes sobre la negociación Castro Ruiz, que habían sido pedidos con anterioridad en el seno de la Cámara, aunque sin obtenerlos jamás. Y tenemos en seguida la carta del señor Ministro de fecha 28 de agosto, que es un documento de gran importancia, porque contiene el memorándum declarativo del Presidente de la República. En esa carta se afirma terminantemente que tal negociación no ha existido. Y, en medio del estupor más profundo de los señores senadores, dos días después, o sea el 30 de agosto, llega aquí el señor Claro Lastarria trayendo la negociación Castro Ruiz. Entonces fué cuando se produjo entre los senadores el movimiento más extraordinario de estupefacción y de asombro. El anterior Ministro de Relaciones Exteriores salía de la Moneda el 29 de agosto, dejando, para ser conocido al siguiente día, este último rasgo de su sinceridad y lealtad para con el Senado de Chile. En realidad, agregaba, y aunque esta afirmación pueda contrariar algunas opiniones muy respetables, emitidas durante el curso del debate, ni el Senado de la República, ni su Comisión de Relaciones Exteriores, han sido consultados en las diversas fases de esta negociación. No fueron consultadas para iniciarlas, no fueron consultadas para solicitar la invitación del Gobierno de los Estados Unidos, no fueron consultadas en el momento en que se produjo el choque de los Plenipotenciarios en Wáshington, ni fueron consultadas tampoco en el instante en que se dió remate a la negociación. Y, al contrario, lejos de haber sido consultados, se ha venido a demostrar, con posterioridad, que había una documentación de importancia trascendental que se había mantenido en secreto, que no había llegado a conocimiento de los senadores en ningún momento de la negociación.

Acusado Rivera de obstruir, se produjo en esa sesión el siguiente diálogo con el Ministro Claro Lastarria:

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Rivera: Llego a la indicación q u e ha formulado el señor Ministro, que al fundarla, pronunció la palabra obstrucción. Claro Lastarria: No, señor senador. Rivera: Entonces ha sido el diario oficial El Mercurio de hoy. Claro Lastarria: N o es diario oficial. Rivera: ¡ Q u é desgraciado soy, que no logro entender bien a su señorial Claro Lastarria: Más desgraciado soy yo, que no logro hacerme entender del señor senador. Rivera: El Mercurio es tenido, generalmente, como diario o f i c i a l . . . ¿Está bien así, señor Ministro? Claro Lastarria: Su señoría califica a u n diario atribuyéndole u n carácter que yo no conozco. Rivera: Pero en el c o m ú n sentir es reputado como diario oficial.

E n la sesión del 5 de octubre, el Ministro del Interior, H u neeus, declaró que tenía en su poder una nota emanada d e la Embajada de los Estados Unidos. A l margen de esta referencia Alessandri anotó lo siguiente:
Ésta f u é u n a nota en que Collier, creyendo servir la causa del Gobierno de Chile, manifestó que Estados Unidos vería con disgusto el rechazo del Protocolo. El Presidente de la República pidió al Embajador que retirara materialmente una nota que no debía guardarse en la Cancillería. Así se hizo, en defensa de la soberanía y dignidad del país, aun cuando la intención había sido ayudar al Gobierno. Me sorprende cómo el Ministro de Relaciones (sic) n o completó con esto su afirmación. La prensa comentó con indignación el asunto de la nota de Collier, que La Unión de Valparaíso calificó de "truculento armadijo preparado en la M o n e d a para asustar incautos". La M o n e d a obtuvo u n p e q u e ñ o triunfo, agregaba, a u m e n t a r el n ú m e r o de votantes para el rechazo de las enmiendas. ¡Pobre resultado para tantos afanes!

En la sesión del 6 de octubre defendió extensamente el Protocolo el Ministro del Interior, Huneeus, y terminó proponiendo un proyecto de acuerdo aprobatorio de él y del acta complementaria. Creo que este protocolo, con todos sus inconvenientes, nos lleva a soluciones que concilian el interés de Chile, dijo. En esa misma oportunidad volvió a intervenir don Gonzalo Bulnes.
Si el señor Ministro pudiera llegar hasta el fondo de nuestras almas, dijo, podría apreciar la desesperación que sentimos al ver que se nos ha colocado ante este dilema implacable, que se haya llevado esta negociación hasta u n p u n t o que coloca a la Cámara en el disparadero de optar o por u n inconveniente grave o por un peligro, de manera q u e no nos es posible aceptar uno sin caer en el otro. Esto no habría sucedido si el Gobierno hubiera procedido para con la Cámara con la lealtad que le debe, la lealtad que la Constitución le impone; porque si es cierto que el Presidente de la República es el encargado de dirigir las relaciones exteriores, también lo es que el Presidente de la República sabe que lo que haga en este orden de cosas n o tendrá carácter definitivo sino cuando haya sido aprobado por el Congreso. Procediendo con esa lealtad n o puede producirse, entre uno y otro poder, el divorcio que produjo el anterior Ministro de Relaciones Exteriores, lo mismo que el que le precedió en el cargo, porque la verdad es que ésa ha sido la política adoptada por esta

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Administración y que ha traído como consecuencia este impasse tro país se encuentra ahora, sin poder encontrarle solución.

e n que nues-

Por esos días llegaron a Santiago, llamados por el Gobierno, los delegados a la Conferencia d e Wáshington, A l d u n a t e e Izquierdo, y fueron invitados a concurrir a la Comisión de Relaciones Exteriores. A ello se refirió el senador Yáñez en la sesión celebrada cuatro días más tarde.
Los delegados nos h a n expresado su opinión personal, el concepto que ellos se h a n formado, el ambiente, creo repetir la palabra exacta, que había en Wáshington cuando se tramitaba la negociación; la idea que se h a n form a d o del señor Hughes, la opinión que tienen de la sinceridad del señor Porras y aun de la del señor Gutiérrez, agente confidencial d e Bolivia. Nos h a n expresado la confianza personal que ellos abrigan respecto del buen éxito de esta gestión y se ha llegado aún a decir que esta opinión personal es suficiente para creer q u e esta negociación nos lleva a la feliz solución de la cuestión con el Perú.

En la sesión del día siguiente se dió cuenta del proyecto d e acuerdo presentado por don Luis Claro Solar, que contenía las enmiendas en las cuales estaba de acuerdo la mayoría del Senado. Decía así:
Artículo único. Se aprueban el Protocolo y Acta Complementaria ajustados en Wáshington, con fecha 20 de julio de 1922, entre los Plenipotenciarios delegados de Chile y Perú, debiendo, previamente a su ratificación, dejarse establecidos los puntos siguientes, que son condición de su aprobación: 1® Q u e los acuerdos celebrados en Wáshington, con fecha 20 de julio de 1922, no alteran las facultades de soberanía que dió a Chile el Tratado de 20 de octubre de 1883, ni la plenitud ni efectividad de su ejercicio en los territorios de Tacna y Arica durante la celebración del plebiscito; 2® Q u e dichos acuerdos no afectan tampoco a la validez de los actos realizados por Chile con respecto a dichos territorios, ni a la eficacia del Tratado con Bolivia, de fecha de 20 de octubre de 1904, y Convenciones Adicionales del mismo Tratado; y 3® Q u e para dar cumplimiento a la consulta plebiscitaria deberán fijarse los puntos susceptibles de arbitraje, de acuerdo con el texto del T r a t a d o de 20 de octubre de 1883 y con los antecedentes y propósitos que las Altas Partes Contratantes tuvieron en vista al celebrarlo y en armonía con los principios de Derecho Público aplicables a esta clase de actos existentes a la fecha en que la consulta plebiscitaria f u é estipulada.

Ese día prosiguió en sus observaciones el senador por Valdivia.
Y en medio de esos grandes jalones del camino, dijo, están las negociaciones de Wáshington, en donde, como lo dice el propio Delegado señor Izquierdo, se torcieron los rumbos de la diplomacia chilena, y al torcer los rumbos de la diplomacia se abandonaron las instrucciones anteriores, el texto del Tratado, la tradición diplomática, todos los antecedentes que podían servir de garantía al país.

Sostuvo que, en el fondo, se trataba d e un arbitraje político, y que si se iba a u n arbitraje político, los Estados Unidos iban a ir al

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fondo, n o para el día, sino para u n día lejano en que n o se sabía qué papel iba a jugar ese país.
U n o s pocos senadores, dominados por una incomprensión deplorable, escribía Galvarino Gallardo en El Mercurio el 12 de octubre, incapaces de advertir la evolución cada día más perfecta del arbitraje internacional, olvidados de que hay leyes positivas en nuestras instituciones jurídicas q u e prescriben obligatoriamente la aceptación del arbitraje, creyéndose premunidos de u n a infalibilidad a toda prueba, jactándose de una sabiduría profunda, divorciados completamente de las aspiraciones q u e prevalecen en todas las clases sociales de la República, imaginándose que van a provocar la crisis presidencial, se manifiestan dispuestos a cruzar el camino parlamentario al Convenio de Wáshington, y h a n resuelto impedir q u e lo estudie y considere la Cámara de Diputados.

Fidel Muñoz, por su parte, veía en la aprobación del Protocolo el restablecimiento de la armonía entre el Jefe del Estado y la mayoría del Senado, y Barros Jarpa, en las columnas d e El Mercurio, insistía en negar, el 14 de octubre, la existencia d e la misión Castro Ruiz. U n desmentí do similar hizo publicar en la prensa el Presidente de la República. La sesión del día 13 tuvo u n carácter impresionante. E n la sesión pública se suscitó u n animado debate, provocado por Rivera, en el que volvió a recoger el cargo d e obstrucción q u e se hacía al Cuerpo, con lo cual se vertía un concepto falso y se mixtificaba a la opinión pública. N o es posible que se mantenga al Senado en esta situación, expresó, porque ella es injusta y temeraria. Zañartu aludió a la extensión que había adquirido el debate y dió a entender que prevalecía la impresión de que el Senado deseaba dejar transcurrir el plazo fatal fijado sin tomar una resolución definitiva'. El Ministro Claro Lastarria, al rr.ismo tiempo que se lamentó de la extensión que había adquirido el debate, sugirió la conveniencia de dedicarle u n mayor tiempo a la discusión. En la sesión privada intervinieron los senadores Bulnes y Claro Solar, dando noticias sobre la misión Castro Ruiz.
Ésta es una pequeña parte de la verdad, dijo el primero, porque, Castro Ruiz, a más de la nota confidencial, llevó una carta del Presidente de la República para el Embajador en Wáshington, y además instrucciones verbales. El Presidente de la República ha ido graduando: primero dijo una cosa en una comunicación oficial; después, lo que no se atrevió a decirlo en una nota oficial, lo decía en una carta privada, y, en seguida, lo que no se atrevía a decirlo en carta privada, lo decía verbalmente y en reserva.

Don Luis 'Claro analizó la documentación de la negociación de Wáshington, la misión de Castro Ruiz, las instrucciones de los delegados d e Chile y los telegramas cambiados con ellos. Dijo:
Hay aquí entonces constancia de la misión confidencial que llevó el señor Castró Ruiz. El único documento q u e no se ha leído en el Senado lo vov a leer, p o r q u e es útil para establecer lo que vale la sinceridad de los

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hombres públicos. Es una nota dirigida al Presidente del Senado el 9 de agosto, y dice: "Tengo el honor de acusar recibo del oficio N° 79, de 31 de julio próximo pasado, en que U . S. me participa que, a petición del H. senador señor Bulnes, esa Cámara acordó pedir al infrascrito el envío de todos los antecedentes que haya en el Gobierno sobre la misión confidencial del señor Carlos Castro Ruiz a los Estados Unidos. "En respuesta me es grato manifestar a U . S. que el Ministerio de Relaciones Exteriores no ha confiado ninguna misión al señor Carlos Castro Ruiz, quien fué designado consejero de la Embajada en los Estados Unidos como un útil colaborador del Embajador Mathieu en las negociaciones de empréstito y otras cuestiones que nuestra Embajada ha tenido a su cargo. "El actual Gobierno no ha tenido ante el Gobierno de los Estados Unidos otro funcionario encargado de los intereses chilenos que el Embajador Mathieu, que en todo momento ha contado con la más amplia confianza de S. E. el Presidente de la República y sus Ministros de Relaciones Exteriores, (Firmado.) Ernesto Barros Jarpa." Silva Cortés: Bien dije que procedía la acusación. Rivera: ¡Y así se dice que todos los senadores estamos comprometidos! Silva Cortés: Comprometidos no se puede decir. De modo que el 7 de octubre, agregaba Claro Solar, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile le decía al Embajador en "Washington que entendía, en vista de la comunicación enviada por éste, en que se expresaba que había sido bien recibido por el Subsecretario de Estado señor Fletcher, el contenido de la nota confidencial de 27 de agosto, que éste estaba de acuerdo con el texto de la invitación que se le había hecho conocer por el señor Castro Ruiz. Esto ocurría dos meses antes que se invitara al Perú a la Conferencia de Wáshington.

Defendió finalmente, a la luz d e la historia de la tramitación en el Congreso de los tratados negociados por Chile, y de las opiniones de los tratadistas, la facultad legislativa de introducir modificaciones en ellos, y terminó diciendo:
El Protocolo suscrito en Washington con fecha 20 de julio, aunque en realidad fué firmado el 21, no obliga la fe pública de Chile, sin la previa ratificación del Congreso. De modo a u e cuando se argumenta diciendo que es desdoroso para el Estado de Chile, para el honor del país, el que el Congreso no preste su sanción a lo que los delegados, señores Aldunate e Izquierdo, han hecho en las Conferencias de Wáshington a la faz del mundo, cuando en realidad no cumplieron las instrucciones que llevaban, sino las que se les dieron después, cambiando las primitivas, se dice algo que no tiene sentido en derecho internacional, algo que es absolutamente incongruente, algo que los Estados Unidos no podrá estimar sino como el ejercicio del derecho que un país soberano tiene para rechazar lo que estima inconveniente, para negar la sanción legislativa a u n Tratado que no consulta los bien entendidos intereses de la República.

La sesión celebrada el domingo 15 de octubre f u é dramática. El Ministro del Interior, Huneeus, manifestó que el Gobierno, haciéndose cargo de las dos objeciones fundamentales planteadas por el señor Claro Solar, había dirigido un telegrama al Embajador en Washington sugiriéndole procurara se incluyera en la ratificación una inteligencia en el sentido de que la soberanía de

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Chile sobre los territorios en disputa n o se innovaba, ni el caso d e plebiscito, ni en el caso de su improcedencia; y una segunda inteligencia, en el sentido de que las obligaciones de Chile con Bolivia emanadas del Tratado de 1904, y de los protocolos que lo complementaban, no quedaban afectos por los acuerdos de Wáshington. El Perú había rechazado terminantemente la idea, de modo que la gestión no tuvo probabilidad alguna d e acogida ni de éxito. La declaración del Ministro produjo u n a impresión de estupor. Barros Errázuriz planteó la cuestión de la humillación que importaría pará el país el que el acto plebiscitario fuera realizado bajo la autoridad de fuerzas militares extranjeras. El arbitraje nos quitará la presidencia del plebiscito, dijo; es decir, nos arrebatará la soberanía. De aquí que sugirió dos enmiendas. La primera decía;
A fin de dar u n sello de absoluta imparcialidad al acto plebiscitario, se sentiría inclinado a recomendar q u e ni el Perú ni Chile presidiesen el plebiscito.

Y la segunda:
Es entendido que la soberanía de Chile, el país vencedor, se mantiene durante la celebración del plebiscito.

Intervinieron en seguida, extensamente, Ochagavía, pronunciándose contra' el Protocolo, y Zañartu y Tocornal, que hasta ese momento habían figurado entre sus más calurosos defensores, en favor de las reservas propuestas por Claro Solar.
¿De manera, comentaba Zañartu, refiriéndose a la gestión de que dió cuenta el Ministro del Interior, que los señores Ministros n o han encontrado antes de ahora que había posibilidad de mejorar la situación de Chile en esta negociación? La verdad es que esto es casi increíble, y por más que no quiero molestar a los señores Ministros, que me merecen personalmente la mayor estimación, habremos de convenir en que esta actitud del Gobierno es s u m a m e n t e torpe.

El ambiente de la sala se hizo desde ese momento intensamente desfavorable a la aprobación del Protocolo. Zañartu y Tocornal, comprendiendo la debilidad de su posición, se manifestaron partidarios de las enmiendas, mientras Gatica y Briones Luco se pronunciaron en favor de la aprobación sin reservas. La impresión de estupor entre los partidarios de la aprobación fué intensísima, mientras los discursos de los Ministros del Interior y de Relaciones Exteriores arrancaron el caluroso elogio d e los adversarios. Ese mismo día circularon rumores de lá renuncia de los Ministros, a la que se adheriría todo el Gabinete. 3 La votación se verificó al día siguiente, lunes 16 d e octubre.

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¿Se aprueba el Protocolo y Acta Complementaria con reservas? Se obtuvieron 19 votos por la afirmativa y 12 por la negativa.
Votaron por la afirmativa: Ariztía, Barros, Bulnes, Concha Subercaseaux, Correa, Echenique, Edwards, Errázuriz, Gatica, González, Huneeus, Letelier, Ochagavía, Opazo, Rivera, Urrejola, Valdés, Yáñez y el Presidente, Claro Solar. Votaron por la negativa: Aguirre, Arancibia, Bañados, Concha don Luis, Garnham, Lyon, Silva Cortés, Tocornal, Torrealba, Zañartu Enrique y Zañartu Héctor.

Votado en seguida el proyecto de acuerdo presentado por el Presidente, fué aprobado por 18 votos contra 12, mientras el punto tercero por 18 contra 13. Las enmiendas decían:
Primero. Q u e los acuerdos celebrados en Wáshington con fecha 20 de julio de 1922 no alteran las facultades de soberanía que dió a Chile el Tratado de 20 de octubre de 1883, ni la plenitud ni efectividad de su ejercicio en los territorios de Tacna y Arica durante la celebración del plebiscito. Segundo. Q u e dichos acuerdos no afectan tampoco a la eficacia del Tratado celebrado con Bolivia el 20 de octubre de 1904, y convenciones adicionales del mismo Tratado, ni a la validez ni efectos permanentes de los actos realizados por Chile con respecto a dichos territorios. Tercero. Q u e forman parte integrante del Tratado de Ancón los principios y costumbres que regían los actos plebiscitarios en la fecha en que dicho Tratado se celebró.

Después de la votación, la renuncia de Huneeus y Claro Lastarria fué inevitable. Ese mismo día, antes de la media noche, juraron los nuevos Ministros del Interior y Relaciones Exteriores, Izquierdo y Aldunate, respectivamente, a quienes se abría la posibilidad de dar la batalla por la aprobación perdida en esa primera etapa del memorable debate del Senado. El Ministerio, así parchado, se presentó al Congreso el día siguiente, 17. En el Senado, Zañartu protestó de la versión dada por La Nación en la sesión secreta del día domingo, y lamentó que no estuviera presente el senador Yáñez, propietario del periódico; mientras el senador Tocornal, justificando su actitud, incurrió en un peregrino Iqpsus linguae, al decir que no había hombre más enemigo que él de las crisis presidenciales... " M e he equivocado, rectificó, he querido decir que no hay hombre más enemigo de las crisis ministeriales que el senador que habla." X Pasó el proyecto a la Cámara de Diputados, donde el Gobierno disponía de uná mayoría abrumadora, que le era incondicional: todas las esperanzas de aprobación del Protocolo se cifraron entonces en la actitud que adoptaría esa rama del Congreso, que desde luego se adelantaba sería ampliamente favorable. En se-

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sión d e 17 de octubre acordó eximir el proyecto del trámite d e Comisión, lo que provocó la renuncia de los miembros que la integraban. Algunos de los diputados de oposición, que habían concurrido a las sesiones secretas del Senado, habían adelantado opiniones, entre ellos Ismael Edwards, que aludiendo al hermetismo gubernativo, se había referido al propósito que parecía existir de ocultar al país la riranía grosera de equívocos, engaños y contradicciones que habían constituido la triste gestión de Wáshington. El debate se inició en la sesión secreta del 18 de octubre, con un extenso discurso del Ministro de Relaciones Exteriores, Aldunate, en el que estudió especialmente la negociación de Wáshington.
Los delegados del Perú resistían tenazmente la discusión de bases plebiscitarias, dijo, y la delegación chilena buscaba, por todos los medios posibles, arrastrarlos a ello. El Perú se encastillaba en sostener la improcedencia del plebiscito. Así las cosas, llegó la respuesta del Gobierno de Chile sobre la fórmula del 27 de mayo, confirmatoria del rechazo perentorio hecho por los Delegados, y en que se indicaba la aceptación del inciso 3', que contenía la idea de someter a arbitraje las condiciones en que habría de verificarse el plebiscito. A n t e la negativa de la Delegación peruana de aceptar este fraccionamiento de su proposición, la suspensión de las conferencias se hizo inevitable. En estas circunstancias fué cuando el delegado señor Izquierdo, privadamente, por propia iniciativa, sin consentimiento del que habla y bajo su responsabilidad, creyó conveniente conversar con el señor Porras sobre la probabilidad de que el Perú aceptara una fórmula como la de nuestro telegrama N 5 24, sin adelantar que ella contaría con la aceptación de nuestro Gobierno, como nos había sido ya comunicado. Éste fué el momento en que surgió la fórmula Hughes, que f u é bien recibida en Chile y con recelos y mal disimulada resistencia en el Perú.

Se refirió en seguida a la forma en que se gestionó la fórmula Hughes, pára entrar a continuación a explicar el alcance y significado de las disposiciones del Protocolo, rebatiendo las observaciones hechas en el informe d e la Comisión de Relaciones del Senado. En la sesión pública del 20, el Ministro se manifestó en favor de la idea de proseguir el debate en sesiones privadas, mientras Ismael Edwards se refirió a los documentos de la negociación que la Cámara desconocía y José Maza intentaba una defensa del ex Ministro Barros Jarpa. Las sesiones secretas d e ese día y d e l siguiente fueron consagradas á la lectura de los documentos d e la negociación.. En la de 23 d e octubre, entró al debáte Francisco Bulnes, y en su extenso y bien estudiado discurso se refirió a los plebiscitos celebrados en Europa en el siglo xix, utilizados como fórmulas para dar valor jurídico a anexiones yá realizadas por el triunfo de las armas, o d e cesión disimulada. Hizo la historia de la paz entre Chile y el Perú y recordó cóm<? en la mente d e los negocia-

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dores del Tratado de Ancón prevaleció lá idea de revestir la cesión de Tacna y Arica en forma de no herir el sentimiento nacional del Perú.
Todo ha venido a tierra en la última negociación, agregó. Se han olvidado los precedentes diplomáticos que informaron la celebración del Tratado, se ha olvidado el concepto claramente manifestado por los negociadores que lo ajustaron, se han torcido los rumbos que inspiraron una discusión sostenida durante cuarenta años, y prescindiendo de todo, y arrojando todo por la borda, se ha llegado a concluir un pacto que entrega al arbitraje, sin restricciones, la fijación de las bases plebiscitarias, que entrega, en consecuencia, a ajena resolución, la suerte definitiva de esa parte del territorio nacional. La aprobación sin reservas de este pacto, terminó diciendo Bulnes, importaría entregar al arbitraje más amplio que es posible imaginar la fijación de las condiciones del plebiscito, no sólo en lo que se refiere a las bases de su celebración, sino también en otros puntos que, como la presidencia del acto, afectan directamente a nuestra soberanía.

En las sesiones siguientes intervinieron en el debate, impugnando el Protocolo, los diputados Miguel Luis Irarrázaval, Guzmán, Mujica y Vergara Vicuña, y defendiéndolo, Cordero Albano.
Resumiendo, decía el primero de ellos, estimo que la H . Cámara no debe aceptar el Protocolo, por cuanto éste debe formar parte del Tratado de Ancón, porque la cláusula tercera de dicho Tratado establece que u n Protocolo determinará las bases del plebiscito y el Protocolo de Wáshington es precisamente el que las fija, y contiene una cláusula en virtud de la cual puede declararse la improcedencia del acto plebiscitario, lo que es contrario al Tratado mismo de Ancón. Por lo tanto, el Protocolo de Wáshington no puede formar parte del Tratado de Ancón.

En la sesión de 30 d e octubre entró a participar en el debate el diputado por la Serena Aquiles Vergara Vicuña, quien tuvo con el Ministro Aldunate el siguiente diálogo:
Vergara: Pero su señoría no m e negará que, en caso de declararse la improcedencia del plebiscito, habrá que determinar, por medios extraños al Tratado de Ancón, la nacionalidad de los territorios de Tacna y Arica. Aldunate: No puede predecirse lo que ocurrirá en ese caso que, seguramente no llegará, honorable diputado.

En las dos sesiones siguientes, d e 31 de octubre y 2 de noviembre entraron a la liza dos fervorosos partidarios del Protocolo, el radical Rojas Mery y el liberal Ramírez Frías, el primero sosteniendo que las reservas del Senado eran inconstitucionales y el segundo argumentando que no sólo eran innecesarias sino que dañinas para los intereses de Chile.
Por esto, terminó diciendo el último, y antes que nada porque estimo q u e 1 este problema debe en absoluto ser resuelto; porque no nos sería dable tampoco prolongarlo a nuestra voluntad, y porque creo que el ajuste de Wáshington ha sido lo mejor que ha podido obtenerse y es satisfactorio; por ésto le daré mi voto liso y llano, en lá conciencia de que hago obra útil a mi

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patria, que no comprometo su porvenir, como a mi juicio lo comprometemos alargando el conflicto o rechazando el arbitraje, que hemos buscado, hayamos o no sido los primeros en la iniciativa.

En la misma sesión inició su intervención, larga, prolija y apasionada como su temperamento, ísma ;1 Edwards Matte. Comenzó rindiendo homenaje a la memoria del excelso orador Maclver, analizó lás instrucciones que se dieron a los delegados que fueron a Wáshington, aludió al valor militar y económico de Tacna y Arica y estudió el asunto en sus aspectos electorales, económicos y militares.
Bajo el prisma electoral, dijo los antecedentes que he expuesto a la Cámara, antecedentes que no han sido rectificados, pues hemos oído sólo la promesa de una rectificación, no ofrecen de modo alguno halagüeñas expectativas para nuestro patriotismo. Al contrario, he dicho que, conforme al censo de 1918, para mí el horizonte internacional de la patria se presenta denso y pavoroso. Por todas estas circunstancias, agre®'), y porque tengo la convicción de que los Pactos de "Wáshington no salvaguardan debidamente los intereses de Chile, favoreceré con mi voto las «servas con que el H. Senado quiso complementar estos tristes pactos, que ti o quiero calificar con la dureza que se merecen por la forma en que se han tramitado.

A continuación d e Edwards intervinieron los señores Urzúa, Claro Salas y Labarca, los tres decididos adversarios del Protocolo, y en la sesión de 10 de noviembre el Ministro rebatió los discursos de los impugnadores d e la negociación. En la reunión siguiente echó su cuarto a espadas el diputado Jorge Andrés Guerra, entusiasta partidario del Gobierno y del pacto, y recogió las palabras del Ministro Aquiles Vergara, quien dijo:
La exposición del señor Ministro de Relaciones Exteriores es el único esfuerzo del Gobierno de Chile para prestigiar una solución de este problema, que va a ser profundamente dañosa para el interés nacional, y este prestigio está muy lejos de haber llegado a robustecer la triste actuación de nuestros seudos diplomáticos, que dirigieron las negociaciones desde el país.

Las últimas intervenciones en el debate correspondieron a los diputados Bulnes, Irarrázaval Smith, Ramírez Frías y Edwards Matte, y lo cerró un esperanzado y elegante discurso del Ministro Izquierdo. La votación se verificó en sesión de 14 de noviembre, dando 78 votos por la afirmativa y 27 por la negativa. El proyecto aprobado por la Cámara decía:
Artículo único. Se aprueban el Protocolo de Arbitraje y el plementaria ajustados en Wáshington con fecha 20 de julio de los plenipotenciarios delegados de Chile j el Perú. Las ratificaciones del Protocolo y del Acta Complementaria canjeadas en Wáshington no obstante haber transcurrido el plazo bierno de Chile concierte con el del Perú. Acta Com1922, entre podrán ser que el Go-

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XI A l volver el proyecto al Senado, y darse cuenta d e él en sesión del 17, se planteó por don Gonzalo Bulnes una importante cuestión constitucional, tanto en la sesión pública' como en la privada. El Presidente expresó que le asaltaban dudas sobre la forma en que se debía tramitar el asunto. En su opinión se trataba d e un asunto nuevo; que si el Ministro insistía en que se pusiera nuevamente en discusión el Protocolo d e Wáshington estaba en su derecho para hacerlo, pero que la Mesa, sin un acuerdo especial del Senado, no podía poner en discusión las modificaciones hechas por la Cámara de Diputados a una resolución que ya había tomado el Senado. El Ministro de Relaciones sostuvo que los Tratados debían ser aprobados por el Congreso y estaban sometidos a los mismos trámites de todas las leyes. Como transacción el señor Silva Cortés propuso un proyecto de acuerdo que decía:
El Senado declara que el proyecto aprobado por la C á m a r a de Diputados debe tratarse, en su tercer trámite constitucional en el Congreso, poniéndose en discusión, para votarse oportunamente, las adiciones y correcciones hechas por la Cámara de Diputados cuando ésta se pronunció sobre el Protocolo y Acta Complementaria suscritos en Wáshington en julio del año actual por los plenipotenciarios de Chile y el Perú.

La discusión se trabó en el terreno constitucional. Don Gonzalo Bulnes fué de opinión que el asunto no estaba claro en la Constitución y Yáñez se pronunció en el. mismo sentido. Según éste los tratados se promulgaban como proyectos de acuerdo, no tenían características especiales, no estaban reglamentados por la Constitución ni por los reglamentos de las Cámaras. En su opinión se llamaban proyectos de acuerdo por cuánto reflejaban u n acuerdo del Senado o de la Cámara de Diputados. En esa misma ocasión intervino José Pedro Alessandri, formulando una indicación que sin d u d a alguna le f u é sugerida por su hermano el Presidente. Ella decía:
Para que, prescindiéndose por el momento de la cuestión constitucional, y sin sentar precedentes, se entre a considerar el Protocolo y Acta Complementaria de Wáshington, aprobados por la Cámara de Diputados, haciendo mió el proyecto de acuerdo de dicha Cámara.

En la sesión de 22 de noviembre el Ministro del Interior agregó a la indicación de Alessandri lo siguiente:
en la inteligencia de que, si el Senado no aceptase la indicación, se tramitaría el oficio de la Cámara de Diputados de acuerdo con lo dispuesto en el articulo 42 de la Constitución Política.

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El Ministro de Relaciones Exteriores hizo presente q u e el Gobierno tenía el propósito de observar la Constitución en la ratificación del Protocolo, d e manera que si éste n o era aprobado en ambas ramas del Congreso con arreglo a la Constitución del Estado, en forma clara y precisa, n o podía ratificarlo, y que no podía tolerar ningún vicio d e nulidad en la tramitación d e los acuerdos suscritos en Wáshington. En la sesión de 23 de noviembre se dió tácitamente por aprobada la primera parte de la indicación de Alessandri, y en la del 27, después d e u n largo discurso del senador conservador Ochagavía, adverso al Protocolo, rechazó la corrección y adición hechas por la Cámara, por 16 votos contra 14. Votaron por la afirmativa:
Aguirre, Alessandri, Arancibia, Briones, Concha Subercaseaux, Concha Luis, G a r n h a m , Lyon, Silva Cortés, Tocornal, Torrealba, Valdés, Zañartu Enrique y Zañartu Héctor. Votaron por la negativa Barros, Correa, Echenique, Edwards, Errázuriz, Gatica, González, Huneeus, Letelier, Ochagavía, Opazo, Rivera, Urrejoía, Yáñez y el Presidente.

En sesión del día siguiente, 28 d e noviembre, se dió cuenta en la Cámara del oficio del Senado y por 47 votos contra 17 insistió en su proyecto anterior. Volvió entonces el proyecto al Senado, en el quinto trámite constitucional, y la votación se repitió con el mism o número de votos. N o contó el Senado con los dos tercios necesarios exigidos por la Constitución para hacer prevalecer su opinión, y quedaron así sancionados el Protocolo y el Acta Complementaria en la forma aprobada por la Cámara de Diputados. En oficio del 30 de noviembre decía el Senado: "El Senado ha tenido a bien n o insistir en el rechazo de la adición y d e la corrección. . Así terminó este larguísimo y memorable debate. Por decreto d e 14 de diciembre se mandó extender el instrumento de ratificación y el 15 d e enero siguiente se efectuaba e n Wáshington el canje y ratificación del Protocolo. Dos semanas más tarde el Presidente de Estados Unidos contestaba aceptando el cargo de árbitro. XII El 25 d e marzo d e 1923, se inauguró en Santiago la Quinta Conferencia Panamericana, ceremonia en la cual pronunció Alessandri u n extenso discurso, d e corte académico, característico de su personalidad intelectual y psicológica, en el que el ideólogo manifestaba su confianza en la cooperación y la fraternidad humanas, y el político tocaba las cuerdas que movían la sensibilidad popular: la justicia social y el ya gastado aforismo del amor fecundo. Después d e una larga excursión por la historia diplomática d e Chile aludió a los esfuerzos realizados en el siglo anterior por

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llegar a la unión americana y se refirió con fervoroso aplauso a los ideales de confraternidad panamericana. Los dos puntos novedosos que contenía el programa de la Conferencia, repercusión en el escenario de esta parte del mundo de los propósitos enunciados en otras latitudes, eran el relativo a la limitación de los armamentos y el de la disminución del consumo de las bebidas alcohólicas. El primero recogía los anhelos formulados en la Conferencia sobre limitación de armamentos reunida en Wáshington en noviembre de 1921 y el último no hacía más que seguir el ejemplo de la política que en ese terreno había iniciado la gran República del Norte. U n a brillante pléyade de internacionalistas, hombres de Estado y de letras se dió cita con ese motivo en Santiago. Y el tema que despertó el interés y las suspicacias de los países, especialmente Brasil y la Argentina, fué el relativo a la limitación de armamentos. Desde el primer momento el Brasil formuló objeciones a la inclusión de ese punto en el programa de la reunión, haciendo presente que habría preferido discutirlo sólo con Argentina y Chile, y ya iniciada aquélla se plantearon ásperas fricciones, que en vez de contribuir a la limitación parecían abrir el camino a una desenfrenada rivalidad entre los países preferentemente interesados en el problema. La delegación argentina, presidida por el señor Manuel Augusto Montes de Oca, insinuó un máximum d e 55,000 toneladas para los barcos capitales y el Brasil uno de 80 mil, y haciendo un esfuerzo por llegar a una transacción, la delegación de Chile, presidida por Agustín Edwards, propuso u n máximum de 66 mil toneladas por cinco años y de 90 mil por otros cinco. La representación de Chile persiguió franca y abiertamente la limitación, pero la Conferencia 1 terminó sin que se llegara a un acuerdo preciso sobre el particular, y dejando u n amargo saldo de suspicacias que bien se pudo evitar. La Conferencia, que se clausuró el 3 de mayo, aprobó una serie de tratados y convenciones y d e votos de gratitud y de deseos, como ocurre en todas las reuniones de esa índole. Entre los primeros merecen citarse los relativos a la constitución de un Tribunal de Justicia Permanente, de una convención para evitar y prevenir conflictos entre los Estados americanos, sobre la organización de la Unión Panamericana, sobre codificación del derecho internacional americano, sobre protección de monumentos arqueológicos y muchos otros de menor significación. Q u e d ó flotando en el ambiente una impresión de la frivolidad de las deliberaciones de la Conferencia, si no de sus resultados contraproducentes, como se hizo notar en el seno de lá Cámara popular de Chile.

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N O T A S
1 ' A d e m á s , todas las tardes, en mi sala de despacho, redactaba telegramas a todos los diarios de las provincias, refutando con energía los argumentos d e La 'Nación y los ataques que hacían en público los senadores de oposición. Naturalmente que, no obstante aquellas vigorosas protestas contra la sección prensa, cuyo único redactor era yo, se mantuvo más firme, no obstante los ataques 'del señor Yáñez." Recuerdos de Gobierno, p. 206. 2 Esta misma idea la consignó en una carta a Carlos Alberto Martínez el 12 de septiembre, que éste leyó en la Cámara en sesión del día siguiente. s "El 15 de octubre en la noche presenté mi renuncia del cargo de Ministro", declaró Samuel Claro en la C á m a r a tres días más tarde.

Capítulo

XVII

V U E L T A D E L O S R A D I C A L E S A L PODER La vuelta de los radicales al poder, en el Gabinete que presidió Francisco Garcés Gana y que juró el 12 d e enero de 1923, iba a constituir para la Unión Nacional una verdadera declaración de guerra. Los Ministros unionistas se habían retirado profundamente heridos, considerándose víctimas de un engaño inaceptable. En el Ministerio de Relaciones continuó Izquierdo; a Justicia e Instrucción Pública ingresó Carlos Alberto Ruiz, radical, ex-presidente d e la Cámara, orador fácil y galano, pero hombre de calidad moral muy discutida; Ministro d e Hacienda f u é nombrado Aníbal Rodríguez, nacional, hombre opaco y cómodo; a Guerra y Marina entró Gustavo Silva Campo, radical, abogado en ejercicio y diputado por Tarapacá, y a Obras Públicas pasó Paredes, demócrata, que hasta la víspera lo había sido de Instrucción Pública. El jefe del Gabinete, antiguo .electrolítico, inteligente, astuto, amigo de estar siempre a la sombra del poder, constituía u n elemento de transición q u e no despertaría fuertes resistencias.
La mayoría del Senado vuelve a sus tiendas, escribía Fidel Muñoz en El Mercurio, porque cree que su dignidad no le permite seguir cooperando en el gobierno. El campo queda, pues, despejado para que la mayoría de la Cámara de Diputados, encabezada por el partido radical, asuma con valentía y patriotismo la solución de los graves problemas que afectan nuestra vida política, internacional y financiera. 1

¿Tenían los hombres públicos puestos al frente de la administración lá capacidad, el espíritu público y la decisión para afrontarlos? Pronto la opinión experimentaría u n nuevo desengaño al constatar cómo los hombres responsables se entregaban a las seductoras intrigas de la politiquería, se destrozaban en medio d e acusaciones vergonzosas y la administración caía en la inercia, en medio de un ambiente caldeado por las ambiciones. iGarcés Gana leyó en el Congreso un programa sumarísimo, como si estuviera de antemano convencido d e la efímera existencia del Ministerio. "Nos empeñamos especialmente en el despacho d e lá ley de presupuestos y d e las leyes tributarias pendientes d e la consideración del Congreso; en la organización de la defensa d e nuestros derechos en Wáshington y en la preparación de la Conferencia Panamericana, próxima a celebrarse en nuestra capital." A nombre de la Alianza lo recibió en el Senado José Pedro Alessandri, ofreciéndole su más decidido apoyo, mientras que a nombre de los balmacedistas lo hizo Zañartu. La Unión Nacional
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V U E L T A D E LOS RADICALES A L PODER

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guardó u n amenazador silencio. En la C á m a r a d e Diputados radicales, liberales aliancistas, demócratas y nacionales expresaron su complacencia por la nueva organización ministerial. La única nota discordante f u é la d e Ismael Edwards, a n o m b r e de los diputados unionistas, q u e ofreció ejercer una fiscalización acuciosa, serena y sostenida.
¿ Q u é h a n avanzado d u r a n t e la s e m a n a l a solución d e los problemas urgentes q u e interesan al país?, preguntaba M a n u e l Rivas e n El Mercurio el 29 d e enero. N o seríamos justos si no reconociéramos u n mayor esfuerzo del Senado. N o seríamos justos si no reconociéramos la inercia de la C á m a r a d e D i p u t a d o s ; p e r o los problemas c o n t i n ú a n intactos. El país c o n t i n ú a aguard a n d o ; los mejores esfuerzos fracasan; las más laudables iniciativas se postran. Hay a f á n de hablar. H a y incomprensión del m o m e n t o p o r q u e atraviesa el país, de la responsabilidad q u e sobre cada cual pesa.

La lucha se entabló entre la mayoría del S e n a d o y Alessandri. U n a oposición implacable denunció la podredumbre q u e se había d i f u n d i d o en la administración y en los altos círculos políticos. En sesión d e 7 d e febrero Ladislao Errázuriz denunció en el Senado los caracteres catastróficos de- la situación financiera, d e cómo el Estado había vivido en los dos últimos años d e los recursos extraordinarios provenientes d e los empréstitos, y cómo el costo d e mantenimiento d e los albergues y d e las obras públicas d e emergencia para encarar la desocupación, se había elevado a la considerable s u m a d