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CAIN Y ABEL

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Carlos Tomás Knott

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CAÍN y ABEL El Problema De Las Religiones

Carlos Tomás Knott

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Título en inglés: The Story of Cain and Abel

Editorial Discípulo Apartado 202 22080 Huesca, España Copyright©1992, 2001 Carlos Tomás Knott Todos Los Derechos Reservados Impreso en Romanyà/Valls, S.A. Verdaguer, 1 - 08786 Capellades (Barcelona) ISBN-84-89870-22-5 Depósito Legal: B-6.938-2.001
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Caín y Abel:
El problema de las religiones
¿Cuántas religiones supones que hay en el mundo? ¿Podrías hacer una relación de ellas? ¿Cuánto tiempo crees que te costaría? ¿De qué tamaño tendría que ser el papel para escribir toda la lista de ellas? ¿Te sorprenderías si te dijera lo fácil que es hacerlo? Sí, ¡sencillísimo! Puedo afirmar sin lugar a dudas que hay solamente dos religiones en todo el mundo. Hablamos de religión en el sentido de lo que ella hace respecto al
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problema más básico del ser humano: el PECADO, y respecto a la cuestión de CÓMO podemos obtener el perdón y la vida eterna. En este sentido, repito que sólo hay dos religiones. No lo estoy simplificando demasiado. Realmente la cuestión no es tan compleja como parece. ¿Cómo puedo afirmar esto? Me explicaré. Aunque hay muchos nombres diferentes, y muchísimas prácticas religiosas distintas, en el fondo hay sólo dos religiones básicas. Una religión es la de Caín, y la otra la de Abel, y ellas se encuentran en Génesis 4:2-7. Génesis es el libro de los comienzos, los principios, y aquí encontramos los comienzos de todas las religiones del mundo, en
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Caín y Abel. La historia de estos dos hombres nos enseña admirablemente el comienzo de las religiones, las ideas concebidas por los hombres acerca de cómo acercarse a Dios. La religión de Caín es la religión de las obras, y la “religión” de Abel, realmente, no es una religión, sino una fe en Dios, en Su Palabra, y por lo tanto, en un sacrificio presentado como sustituto. Miles de años después, y a pesar de todo lo que el hombre ha pensado, inventado y explorado, no hay más religiones que estas dos. Al analizarlo, veremos que cada ser humano cree como Caín o como Abel. Propongo que pensemos en su historia y veamos si eres como Caín o como Abel.
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La Religión de Caín Primero consideraremos a Caín. Ocupa un lugar de distinción en la historia, porque fue el primer hijo humano nacido (Génesis 4:1). Otra distinción acerca de Caín se ve más tarde, cuando edificó la primera cuidad (Génesis 4:17), y como dijo un amigo mío, quizá llegó a ser el primer alcalde. ¡Excelentísimo Ayuntamiento de Enoc, ciudad de Caín! Pero lo que nos interesa ahora está en Génesis 4:3, donde dice que él llevó el fruto de la tierra al Señor, es decir, los resultados de su ardua labor como hortelano. Debemos reconocer que Caín no era un hombre perezoso. Al parecer, de los dos hermanos, él trabajaba más
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arduamente, siendo labrador de la tierra. En Génesis 3:19 Dios había dicho que el hombre obtendría el fruto de la tierra con el sudor de su frente. Esto describe a Caín, picando, arando, despedregando, regando, etcétera. Los que han tenido un huerto o han sido agricultores saben qué es esto. No estuvo de brazos cruzados, sino que a fuerza de duro trabajo consiguió el fruto. Tenía callos en las manos, y acababa cada día cansado de sus labores, pero al final vino la cosecha, recogió los frutos de su trabajo, y los presentó a Dios en un altar. Pero, Génesis 4:5 dice que Dios no miró con agrado lo que Caín trajo. Inmediatamente sentimos la sorpresa, y preguntamos: “¿por qué?”
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Al repasar el texto de Génesis, si reflexionamos, comenzamos a notar el problema. Caín presentó el fruto de su labor, pero su cosecha vino de una tierra maldita por Dios. Génesis 3:17 declara la tierra maldita por causa del pecado. Por eso, lo que Caín presentó a Dios venía teñido de maldición. Y también hubo otro problema. Lo que Caín ofrendó a Dios no fue al precio de ninguna muerte. No había ningún animal que matar, ni sangre derramada, ninguna vida entregada. Lo que Caín había ofrecido era un sacrificio incruento, sin sangre. De esta manera, Caín no estaba viendo la seriedad de la culpabilidad de su condición de
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pecador. Estaba dando a entender que el pecado no es tan serio como para tener por consecuencia la muerte. Se podía pagar ofrendando unos ajos, tomates, patatas, judías u otras cosas del huerto. Es decir, que él no creía que era necesario el derramamiento de sangre. “Dios aceptará lo que yo haga, el fruto de mi arduo trabajo”. Él presentó lo mejor de su trabajo, no era cualquier cosa sino lo mejor, y lógicamente esperaba ser aceptado. Aquí observamos que todavía hay muchas personas como Caín en el mundo. Es muy común oir a la gente expresar la creencia de que Dios le aceptará si es sincera o hace lo mejor que puede. Muchos piensan que está bien tener sus propias ideas sobre
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cómo llegar a Dios y al cielo, como lo hizo Caín. ¿Tú qué piensas? ¿Crees que es suficiente ser sincero y hacer lo mejor que puedes? Podrías decir, “después de todo, si hacemos lo mejor que podemos, ¿quién puede pedir más? Dios puede pedir más, mucho más, porque Él es perfecto. ¿Piensas que te ayudará el darle la vuelta a la página, esto es, comenzar de nuevo, “borrón y cuenta nueva”? Pero si Dios realmente no lo ha borrado, no será olvidado ni pasado por alto. Hay quienes declaran estar reformando y limpiando sus vidas. Otros entran en una confraternidad, se hacen devotos, se entregan a una comunidad religiosa, o siguen ciertas reglas filosóficas y regímenes de ejercicio y dieta para ser mejores
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personas: yoga, vegetarianismo, etc. El punto es que Caín también hizo sinceramente lo mejor que pudo. Pero no le sirvió. El pobre Caín tuvo que descubrir lo que muchas otras personas todavía necesitan saber, y es algo que puede ahorrarles muchos disgustos y perdición. Es esto: Dios no acepta al ser humano aunque haga las cosas lo mejor posible, porque lo mejor de nuestras obras y vidas, como en el caso de Caín, están teñidas de maldición. Como la tierra era maldita, y no podía producir nada bueno, así también el corazón del hombre es malo y no puede producir nada bueno. El profeta Jeremías habló de esto cuando dijo:
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“¿Mudará el etíope su piel, y el leopardo sus manchas? Así también, ¿podréis vosotros hacer bien, estando habituados a hacer mal?” (Jeremías 13:23). En Eclesiastés 7:20 Dios nos declara: “Ciertamente no hay hombre justo en la tierra, que haga el bien y nunca peque”. En Isaías 64:6 leemos: “Todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia”. Dios es tan puro, tan santo, tan perfecto, tan justo, que nada de lo que el hombre pueda hacer le igualará. La gente todavía trata de alcanzar a Dios a través de las religiones de los hombres, religiones como la de Caín, religiones de obras. Sus
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prácticas pueden ser diferentes, siguen diferentes reglas, pero sus ideas y enseñanzas buscan la misma manera de ser aceptados por Dios: Obras. Por eso, todas las religiones del mundo son variedades de la misma religión. ¿Qué variedad es la tuya? Variedades de la Religión de Caín El hindú debe hacer sacrificios, repetir oraciones, y vivir una vida pura. El krishna cree que se salvará repitiendo: “Hare Krishna” cierto número de veces cada día, además de otras practicas. Los budistas siguen los ocho pasos hacia el Nirvana (que significa: “nada”), incluidas las
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oraciones y el dar dinero, así como otras obras. El musulmán guarda los cinco pilares del Islam: El testimonio (“Kalimatu ash shahada”), oraciones (“Salat”), limosnas a los pobres (“Zakat”), ayuno (“Saum”), y el peregrinaje a La Meca (“Hajj”). Los falsamente llamados Testigos de Jehová también creen que se salvarán haciendo las buenas obras que su organización les indica. Y aunque te moleste leerlo, la verdad es que los católicos romanos no son diferentes, porque deben ser bautizados cuando son pequeños, confirmados y recibir los sacramentos (sobre todo Misa, etc.), rezar, hacer buenas obras, dar limosnas y continuar en un estado de gracia en la Santa
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Iglesia. De las variedades del camino de Caín, el romanismo es quizá la rama más elaborada, más complicada y adornada, pretendiendo a fin de cuentas la salvación por obras, como Caín. Muchas iglesias protestantes también se han deslizado de la verdad del evangelio, predicando el bautismo, la fidelidad a la Iglesia y las buenas obras como vitales para ser aceptados por Dios o bien para obtener y mantener la salvación. Es un error fatal, una herejía. El hombre nunca será su propio salvador ni co-salvador con Dios. ¡Sólo el Señor Jesucristo salva! Y podríamos continuar haciendo la lista, porque alrededor de todo el mundo hay miles de
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millones que creen como Caín y tratan de alcanzar a Dios y ser aceptados por Él haciendo las cosas lo mejor posible. Trabajan para agradar a Dios, como Caín. Todo es la misma religión, deseando que de alguna manera podamos convencer a Dios de que nos acepte haciendo el bien o mostrándole nuestra sinceridad y buenas intenciones. Después de todo dicen: ¡Él sabe que no somos perfectos! Pero la respuesta de Dios a todos ellos, será la misma que le dio a Caín: Rechazo. Vuelve a leer Génesis 4:5-7 y medita sobre lo que sucedió. Dios no nos aceptará si nos acercamos a Él llevándole nuestras obras. ¿Por qué no? Porque las obras no pueden pagar por el pecado. Acuérdate de eso
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porque es algo importantísimo que muy poca gente entiende. Solo la muerte paga por el pecado. Por favor, recuerda esto o no entenderás el mensaje del Evangelio repetido a lo largo de toda la Biblia. En Ezequiel 18:4 Dios declara tajantemente: “El alma que pecare esa morirá”. Es una ley espiritual que los médicos y los avances en la ciencia no pueden cambiar ni saltar. “Los que practican estas cosas son dignos de muerte” (Romanos 1:32). “La paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23). ¿Qué pagaremos por el pecado? ¿Qué llevaremos por el pecado para que sea aceptado por Dios? La respuesta es: MUERTE. Sólo la muerte lo hará.
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El sacrificio de Caín falló porque era incruento, no hubo muerte, no había sangre derramada, y sus obras no podían hacer que un Dios santo y justo le aceptara. Esto aparentemente a Caín le parecía razonable, como dice Proverbios 14:12, “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte” Caín era sincero, pero se puede ser sincero y seguir equivocado. Hoy todavía muchos siguen este camino. Además de ser sincero, era tozudo, porque Dios le dio una oportunidad para cambiar y hacer lo que agradaba a Dios, pero no quiso. Es más, resulta que, a raíz de esto, Caín se ganó la distinción de ser el primer homicida, por matar a su hermano. ¿Por qué?
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“Porque sus obras eran malas, y las de su hermano Abel justas”, dice 1 Juan 3:12. ¿Qué malas obras había cometido? Simplemente esta: que ofreció un sacrificio que no agradó a Dios, y cuando fue amonestado no quiso cambiar. ¡Acabó persiguiendo a Abel simplemente porque había hecho lo que a Dios le agrada! La religión y los religiosos han hecho lo mismo a lo largo de la historia, en lugar de arrepentirse y obedecer a Dios, se empeñan en seguir su propio camino y acaban persiguiendo a los que simplemente por fe se acercan a Dios. ¡El primer homicidio fue por motivos religiosos! Piensa en todas las religiones que hemos mencionado,
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y todas las miles, aun millones de personas que éstas representan. No dudamos ni un segundo de su sinceridad. Estoy seguro que creen que realmente hacen bien. Como Caín estaba convencido de lo que hacía. No lo hizo para quedar mal, sino creyendo que estaba bien. Así también hoy en día. La religión a sus profesantes les parece bien; creen que hacen bien. Pero el problema es que, como Caín, no consultan a Dios, ni piensan hacerlo. Debemos consultarle, es muy importante hacerlo, porque la Biblia dice: “Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte”. Para evitar este grave error, tenemos la Palabra de Dios.
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¿Hay muchas personas practicando estas religiones? Sí. ¿Y lo han hecho durante muchos años? Sí, tienen notorio arraigo. ¿Tienen muchos argumentos de por qué piensan que hacen bien y no son malas personas? Oh, sí. Pero están equivocadas, y sobre todo, respecto al fin de su camino. ¿Dónde irán a parar? A la muerte. Como Caín, aunque hagan lo que les parece mejor, esto no consigue nada delante de Dios. No serán aceptados por Dios y no podrán entrar en el Cielo. ¿Es atractiva su religión? Puede que lo sea, pero si el final del camino es la muerte, ¿para qué sirve? ¿De qué les sirve ser fieles toda la vida a algo erróneo, sin fundamento en la Palabra de Dios, y que es
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impotente para otorgarles vida eterna? No sirve de nada, excepto para vanas esperanzas. Algunos piensan que al no cambiar, están siendo fieles y que esto es la honradez, pero no hay honor en persistir en el error. ¡Pregunta a los que se hundieron con el Titanic! Cuando se juega la salud y la vida espiritual, el perdón de pecados y el destino eterno, no es honrado sino tozudo o loco el que se aferra a un error simplemente porque nació en el o porque es lo que le habían enseñado toda la vida. La verdadera honradez y la sensatez estarían en reconocer dónde está la verdad y hacer los cambios necesarios para estar en ella.
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He aquí la religión de Caín: las buenas obras, la caridad, los esfuerzos del hombre, la sinceridad, el “hacer tu parte” o “hacer bien sin mirar a quién”, etc. Ahora bien, está más que claro que Caín hizo lo que hizo sinceramente, porque le pareció buena y recta su forma de proceder, pero nuestro parecer no nos guía en las cosas de Dios. Consulta de nuevo el texto sagrado. Dios rechazó la ofrenda de Caín y de esta manera, le hizo saber desde el principio que rechazará a todo aquel que se le acerque de esta manera, que lo que vale no es nuestro parecer sincero, sino lo que Dios dice. Además, ¡qué sencillo y seguro! Si Dios ha hablado, debemos hacer caso de lo que ha dicho, y así no podremos
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fallar. Pero al ser humano parece que todo menos esto le apetece. Amigo, ya es hora de que aprendamos de la historia de Caín y Abel. Dios reveló e instruyó al hombre en cómo acercarse a Dios, y cómo obtener perdón de pecados desde el principio. Pero muchas personas no se han detenido a consultar la Palabra de Dios. Algunos no se han molestado en saber siquiera qué dice la Biblia. Y otros la han leído alguna vez, o la han oído leer alguna vez, pero realmente no piensan que es tan importante. Quizá piensan que si somos sinceros y hacemos lo mejor que podemos, es todo lo que se les puede pedir. Pero están equivocados. Dios declara en más
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de un lugar que Él no acepta las buenas obras como paga del pecado. Dicho de otra manera, no se pueden absolver los pecados haciendo limosnas u obras de penitencia. Las buenas obras no anulan en ninguna manera a las malas. No nos debería extrañar, ya que ni en los juzgados es así. Si uno comete homicidio, ¡no puede ser perdonado simplemente porque en muchos otros días no mató a nadie! No tiene nada que ver. Dios, que es Juez absolutamente justo, no dejará entrar en el Cielo a nadie que se justifica en sus obras. Las obras no son el camino al cielo, porque no pueden pagar por los pecados del hombre, y por lo tanto, nunca pueden satisfacer a Dios.
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Y, ¿qué de ti, amigo? ¿Te crees buena persona, o has llegado al punto de reconocer que eres pecador? Tengo una amiga que dice que hay tres clases de personas: las buenas, las malas, y las que no son tan buenas como las buenas, ni tan malas como las malas. ¿Crees como ella? Hay mucha gente que cree así, y que piensa que es de la tercera categoría. Pero esto va totalmente en contra de la Palabra de Dios. Dios dice: “no hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10), y : “no hay quien haga lo bueno” (Romanos 3:12). De donde no hay, no se puede sacar. Y por otra parte, Dios declara: “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). No hay que
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tomar esto como un insulto o disparate. Lo correcto sería tomarlo como el análisis del médico, cuando nos examina y reconoce cuál es nuestro problema y nos dice el diagnóstico. Dios nos conoce mejor que nadie; Él no miente, y no se equivoca. Así que, lo sensato sería creer a Dios. Amigo, ¿realmente crees que eres pecador? Consulta S. Marcos 7: 20-23 para ver lo que Jesucristo dice acerca de tu corazón. Espero que te dejes convencer por la Palabra de Dios, por lo que escribieron los santos apóstoles y por lo que dijo nuestro Señor Jesucristo: que eres fundamentalmente malo, una persona pecadora, que tu propio corazón produce maldades. Y
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debes saber que ninguna cantidad de buenas obras puede quitar tus pecados o tu culpa, ni tampoco puede hacerlo la religión aunque la practiques fielmente por toda la vida. ¡No te quitará ni un sólo pecado! ¡Acuérdate de Caín, de lo inútil de su ofrenda de los frutos de sus labores! Él nunca fue aceptado, y “nunca” es un término absoluto. Su historia es comentada en el Nuevo Testamento por el apóstol Juan. En 1 Juan 3:12, Caín es llamado: “del maligno”, y dice que: “sus obras eran malas”. Judas también le menciona, en Judas 11, donde leemos: “¡Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín...” ¡Menudo camino! Espero que no
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vayas por el camino de Caín, el camino de tus propias buenas obras y prácticas religiosas, porque no te harán aceptable delante de Dios. Solamente te pueden dar una falsa esperanza que se esfumará al final. Quizá nunca lo habías pensado, pero es verdad que debes arrepentirte del pecado de hacer buenas obras y practicar tu religión. Si quieres encontrar la salvación de Dios, tienes que abandonar lo que no le agrada, y acercarte a Él como indica en Su Palabra. No pienses secretamente que eres diferente, o que Dios aceptará TUS buenas obras o TU religión. Efesios 2:8-9 dice: “porque por gracia sois salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros pues es don de Dios: no
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por obras, para que nadie se gloríe”. El apóstol Pablo, escribiendo en Tito 3:5, afirma acerca de los verdaderos cristianos: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubieramos hecho, sino por su misericordia”. Amigo, ésta es la doctrina apostólica acerca de la salvación. Si no te lo enseñaron así, se equivocaron. ¿Sabes cómo puede Dios salvarte por misericordia, y no por obras? Miremos el caso contrario al de Caín: esto es, a Abel su hermano y lo que él hizo, y veremos como Dios puede aceptarnos y cómo lo hará.

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La Religión de Abel “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín” (Hebreos 11:4).La “religión” de Abel no es de presentar frutos de obras, sino de ofrecer un sustituto. La sustitución comienza a presentarse como doctrina de salvación desde este mismo capítulo de Génesis, y a lo largo de la Biblia no cambia. Se ofreció una vida por otra vida. Un cordero fue sacrificado, puesto sobre el altar y ofrecido a Dios. La sangre brotó, un cordero tuvo que morir y ser ofrecido en lugar de Abel. Dios dijo que había hecho “bien”. ¿En qué sentido? En el sentido de que había hecho lo que Dios requería. Por eso, Dios lo
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aceptó. Contrastando a los dos hermanos, alguien observó: “Caín ofreció el sudor de su frente, pero este sudor no podía sustituir la sangre del cordero”. Esto es verdad. Abel ofreció una vida en lugar de la suya propia. Él sabía que el pecado era una cosa seria, y que sólo la muerte podía pagar por esto. ¿Cómo lo sabía? Lee de nuevo los primeros siete versículos de Génesis 4, y recuerda que Dios sacrificó al primer animal en Génesis 3:21, para cubrir al hombre con su piel después de haber pecado. Creemos que al matar al animal o animales para proveer las pieles, Dios aprovechó para enseñar a Adán y Eva la manera de hacer un sacrificio. Tuvo que ser
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impresionante, porque nadie jamás había matado, y era la primera vez que vieron la muerte física. Quedaría en Adán y Eva la responsabilidad de enseñar a su prole las ordenanzas de Dios. Así que, andando el tiempo, llegaron Caín y Abel al mundo, y cuando se les explicó lo del sacrificio, Abel simplemente creyó lo que Dios había dicho. Por eso, Abel por la fe ofreció mejor sacrificio que Caín, quien no creyó pero trató de ir a Dios por su propio camino (Hebreos 11:4). La fe es confianza inquebrantable en Dios y en Su Palabra. Así que si Abel ofreció su sacrificio por la fe, esto significa que Dios había dicho algo y que Abel lo creyó. La Santa Palabra de Dios sigue siendo digna de nuestra fe.
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Nos consta que en este incidente con Caín, nació la religión humana, quizá bien intencionada pero equivocada y fatal. Caín es el patrón de todos aquellos que a lo largo de la historia humana han intentado acercarse a Dios por sus propios caminos. Han sido muchas las variedades de religión inventadas, pero todas tienen el rasgo fatal de Caín: el parecer y lo mejor del hombre, en lugar de simplemente creer a Dios y hacer lo que Él dice. Dicho de otra manera: obras humanas en lugar de fe. Los de Caín son la mayoría, pero esto a Dios no le impresiona, y no le aparta de Su declaración del evangelio: “Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al
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impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5). Es triste tanto tiempo desperdiciado buscando ese camino, porque es el Cielo de Dios, siendo que Él ya nos ha dicho cómo podemos tener vida eterna y entrada a Su Cielo. Abel creyó a Dios, y ofreció un mejor sacrificio que Caín. Esto es lo que Hebreos 11:4 nos enseña. Si quieres hallar el perdón de tus pecados y tener una vida nueva, vida eterna, y un futuro en el cielo, tendrás que aceptar los términos de Dios y abandonar la religión de Caín, cualquiera que sea la variedad que practiques. Porque no son iguales todas las ofrendas, aunque sean hechas sinceramente y deseando el bien. “Sin fe es imposible
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agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Es posible agradarte a ti mismo sin fe, y agradar a muchas otras personas. Es posible ser religioso sin fe, pues muchos hay que practican con devoción sincera su religión, pero que no creen a Dios, y aparentemente bien poco les importa semejante pecado. Ten por cierto que Dios rechazó a Caín y aceptó a Abel. Si sigues a Caín, serás rechazado, pero si sigues a Abel serás aceptado, porque en la ofrenda de Abel hay dos cosas: (1) fe: insisto de nuevo, que creyó a Dios, que no es lo mismo que simplemente creer en Dios. Quiere decir que él creyó lo que Dios había dicho. ¿Crees la
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Palabra de Dios? (2) obediencia: hizo lo que Dios le había dicho, lo cual demostró que realmente creía. Pero quizá lo más importante es que la ofrenda de Abel era una ilustración del gran ofrecimiento que el Señor Jesucristo haría un día en el futuro, en la cruz, dando Su vida como el Sustituto de todos nosotros. Nuestro Sustituto Como hemos visto, Dios aceptó a Abel a causa del cordero que ofreció, como sustituto. Pensemos en esto, porque nos
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ilustra perfectamente cómo Dios puede aceptarnos, no por las obras, sino por medio de un Sustituto. En Juan 1:29 el Señor Jesucristo es llamado: “el Cordero de Dios”. Él es el Cordero de Dios, el Sustituto perfecto, que quitó el pecado del mundo. ¿Cómo lo pudo hacer? Romanos 6:23 dice que la paga del pecado es la muerte. Jesucristo pagó estar muerte, pagó la culpa de tu pecado, cuando murió en la Cruz. No estamos hablando de la Misa, sino de un hecho histórico y terminado. Jesucristo murió, fue sepultado y resucitó. Hoy está sentado a la diestra de la Majestad en las alturas, donde ya no sufre, ni continúa siendo sacrificado. El evangelio dice: “Cristo murió por
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nuestros pecados”, habla del pasado, de algo hecho y terminado. El problema que algunos tienen, quizá tú también, es que al oír palabras así toda la vida, piensan que ya lo saben o ya lo creen. Pero si fueses un verdadero creyente, ¡no estarías practicando una religión de Caín donde tus obras cuentan en algo para tu salvación! Piensa por favor en lo que significa el evangelio. Cuando Cristo murió, fue en tu lugar, como tu representante. Él te estaba sustituyendo, pagando la pena de muerte que tú debías sufrir. ¿Comprendes? Como persona pecadora, necesitas un Sustituto, un Cordero, porque si no, tendrás que pagar por tus propios pecados, y esto significaría la eternidad en
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el lago de fuego. Pero el perfecto Cordero de Dios, el Señor Jesucristo, ya murió en tu lugar. ¡Cuánto te ama Dios, para enviar a Su Hijo a morir así por ti! La obra de pagar por los pecados está hecha, porque según Hebreos 9:26, Cristo: “se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado” (énfasis añadido). No se sacrifica en cada Misa. Lo hizo una vez para siempre. ¿Crees a Dios? Esto es lo que Su Palabra dice. Ahora veremos si vas a ser como Caín y aferrarte a tu religión, o si vas a ceder y dar la razón a Dios. ¡Él ya la tiene! Amigo, en S. Juan 19:30 leemos que Jesucristo gritó: “consumado es”. ¿Qué significan
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estas palabras? Que ya está. Consumado no es lo mismo que comenzado. Cristo no sigue siendo sacrificado, lo siento, pero ni en la Misa ni en ningún sentido, sino que ya ha: “obtenido eterna redención” (Hebreos 9:12). No está tratando de obtenerla, porque la Palabra de Dios dice: “habiendo obtenido”. ¿Crees a Dios? Si puedes afirmar que sí, te va a costar tu religión, pero será para tu bien. Dios lo tiene todo preparado para ser aplicado a ti personalmente, en el momento que te arrepientas de tus pecados y religión, creas estas maravillosas Buenas Noticias y confíes sólo y totalmente en el Señor Jesús para salvarte. El apóstol Pedro habló de esto en 1 Pedro 1:18-19, donde leemos:
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“Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir la cual recibisteis de vuestros padres no con cosas corruptibles como oro o plata sino con la sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin contaminación”. San Pedro creyó al Señor. ¿Y tú? Este es el hecho maravilloso de la sustitución que Jesucristo llevó a cabo en la cruz por ti. Te invito a leer el capítulo 53 de Isaías, porque es precioso, y allí verás cómo 700 años antes del evento el profeta habla de la muerte del Señor Jesús: fue llevado como un cordero al matadero, cargando nuestros
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pecados en Él, sufriendo por nosotros para que pudiéramos ser justificados (declarado recto por Dios). Ésta ha sido siempre la única manera en que Dios trata al pecado y perdona a hombres y mujeres. En el Antiguo Testamento las profecías y sacrificios ayudaron a la gente a mirar hacia delante, por fe, al perfecto sacrificio. En el Nuevo Testamento, el maravilloso y prometido sacrificio se cumplió cuando el Señor Jesucristo murió fuera de Jerusalén. Algunas personas piensan que no es muy importante si Cristo murió realmente o no, pero sí que lo es. Si no hubiera muerto, los profetas de Dios en el Antiguo Testamento hablaron falsamente. Ellos profetizaron del Mesías,
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Salvador, y de Su muerte, (como en Isaías 53). Si no murió, no hay ninguno que pueda llevar nuestros pecados. Dios ya ha dicho que no aceptaría lasbuenas obras (la religión de Caín), y que no habría esperanza para ninguno de nosotros. Pero el Señor Jesús murió, y lo hizo por ti y por mí, siendo castigado por nuestros pecados (1 Pedro 3:18). Luego resucitó de la muerte al tercer día y vive sentado a la diestra de la Majestad en las alturas. La Biblia afirma que Cristo puede salvar a todo aquel que por Él se acerca a Dios (Hebreos 7:25). Espero que lo creas, porque te librará de ser devoto de cualquier otra persona. ¡Mejor ser creyente en Cristo y devoto Suyo!
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Puesto que el Cordero que murió por ti, es Jesucristo, debes acercarte a Dios sólo por medio de Él. Esto quiere decir que no hay otro mediador. ¡No hay otro camino, porque no hay otro sustituto! Cristo dijo en Juan 14:6, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. ¿Crees esto? No hay más caminos que conducen a Dios. Las religiones de los hombres admiten mucha variedad, pero el Evangelio que salva es único. En Hechos 4:12 San Pedro afirmó: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. ¿Crees esto? Pedro no se acercaba a Dios por medio de la Virgen, ni por
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otros. Sólo hay salvación en Jesucristo. En 1 Timoteo 2:5 el apóstol Pablo declaró: “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. ¿Crees esto? Es la Palabra de Dios. Según Dios, el Papa no es mediador, ni lo es la Virgen ni ningún otro “santo”. Es muy sencillo: “un solo Dios, y un solo mediador”. ¿Vas a creer a Dios como hizo Abel, o vas a ser como Caín e insistir en lo tuyo? Puedes elegir el camino, pero cada camino tiene su destino.

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Lo que Debes Hacer Resumamos. ¿Qué debes hacer si realmente ves que eres pecador, que tus pecados merecen el juicio de Dios y la condenación eterna? Debes arrepentirte, abandonar tus ideas y tradiciones y creer a Dios. Dale la razón si quieres salvarte, porque la tiene. No sigas las religiones del hombre ni sus antiguas tradiciones, ritos y ceremonias. ¡Déjate de filosofías humanas, fabricadas por seres que la mayoría de ellos no alcazan ni siquiera los cien años de edad! Ninguna de estas cosas te llevará a la vida eterna. No todos los caminos conducen a Dios, ni muchos de ellos, ni más de uno. Recuerda que Dios advierte: “Hay
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camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14:12). La tradición, la práctica de la mayoría, lo que parece razonable o lógico, todo esto puede parecerte recto, pero es un error grande y fatal. Mi consejo es que abandones la religión de Caín, en cualquiera de las formas en que la estés practicando, aunque lo hayas hecho toda tu vida, aun si todos los de tu alrededor lo siguen haciendo. Aunque te llamen loco. ¿Qué saben? ¿Cómo pueden tener la razón si no creen a Dios? No te refugies en la muchedumbre, o en la mayoría. No importa cuántos practican una religión, cuánto se ha extendido en el mundo, cuánto poder o dinero tiene, cuántos
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templos tiene, etc. Como bien dice el refrán: “Mal de muchos, consuelo de tontos”. No te estoy llamando tonto, simplemente te advierto a no tomar un consuelo vano. Ahí caen muchos, por el miedo al “qué dirán”. No vendas tu alma por el “qué dirán”. Después no te dará ningún consuelo. Aunque seas diferente, aunque fueras el único (que no lo serás), pero ¿qué más da si tienes vida eterna? ¿O crees que es más importante agradar a los hombres que a Dios? Los fariseos en San Juan 12:43 cayeron en la trampa del “qué dirán”: “amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios”. Pero Dios es el único que puede perdonar tus pecados.
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Renuncia a la religión de Caín. No confíes en tus buenas obras o prácticas religiosas. Reconoce que son pecados. Cree las buenas noticias de Dios: el evangelio. Humíllate y confía en el Señor Jesucristo como Aquel que murió por tus pecados, fue sepultado, y resucitó al tercer día. Díselo en tu corazón, y con tus labios. Él murió en tu lugar, tomó el castigo de tus pecados. Se levantó de la tumba y vive: un Salvador vivo que puede perdonarte ahora mismo. El Cordero de Dios puede darte vida eterna, salvarte eternamente, si vienes a Dios por Él. Confía solamente en Jesucristo; no en Él más tus obras, Él más tu religión, ni en nada por
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el estilo. ¡Todo o nada! El sacrificio de Abel ilustró lo que Cristo iba a hacer. Abel presentó el cordero sólo por la fe, creyendo a Dios. La fe cree la Palabra de Dios, y por lo tanto confía en el sacrificio que Dios ya proveyó: el Señor Jesucristo. Esto es suficiente, para la persona que cree a Dios. Y como Dios no puede mentir, engañar ni equivocarse, Su Palabra es la cosa más segura del universo. Si Dios dice que tenemos vida eterna, no nos debe caber duda. Vuelvo a preguntarte una vez más antes de despedirme. ¿Qué religión es la tuya? ¿La de Caín o la de Abel? ¿Dice tu religión: “HAZ...”, “haz esto”, “haz lo otro, y quizá al final Dios te salvará (si hubieras hecho lo
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suficiente)”? Es el camino de la perdición, porque nunca puedes hacer suficiente. Mejores son estas palabras: “HECHO”, “CONSUMADO ES”. No confíes en tu religión, obras o sinceridad, porque acabarás rechazado como Caín. Confía en Dios y en Su Palabra. Te ruego en el Nombre del Señor Jesucristo que rechaces estas cosas, y que confíes plenamente en el Señor Jesús y en lo que Él hizo: “una sola vez para siempre” cuando murió en la cruz por ti. Si lo haces, serás verdadera y realmente salvo, para siempre! Dios perdonará todos tus pecados: pasados, presentes y futuros, y te dará en el acto vida, si vienes arrepentido a Él por medio de Jesucristo tu
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Sustituto. Abandona la religión, como un barco que va a pique, y entrégate a Cristo. No importa cuál haya sido tu vida de antes. Si vienes a Él en fe, confesándole y tomándole como tu Señor y Salvador, te salvará ahora. Voy a terminar con un precioso himno, por favor, leelo y piensa en este mensaje, y acude al Señor Jesucristo para tu salvación eterna.

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Lo que estas manos mías han hecho, no puede librar mi alma de su culpa, Ni lo que yo he obrado en este cuerpo puede sanar mi espíritu. Ni lo que yo siento o hago vale, porque esas cosas no me dan paz con Dios, Ni siquiera mis oraciones, suspiros o lágrimas pueden aligerar mi carga tan pesada y terrible. Tu amor a mí, Oh Dios mío, y no el amor mío a Ti, Puede quitar esa negra inquietud y librar mi pobre espíritu. Ninguna obra sino sólo la Tuya para mí, y no me vale otra sangre si no es la que brotó de Ti, Y no hay fortaleza sino sólo la divina que pueda librarme y llevarme. Sólo Tu obra, oh mi Salvador, me libra del peso de mi pecado; Sólo Tu sangre, oh Cordero de Dios, me limpia y derrama Tu paz sublime dentro de mi.
(traducción libre de una poesía de Horacio Bonar 1808-1899)
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Todo O Nada, por Ray W. Johnson Único En Majestad, por William MacDonald Sólo Una Vida, por William MacDonald Los Diez Mandamientos, por Carlos Tomás Knott Te Leo El Futuro, por Carlos Tomás Knott Miguel Servet: Historia de Una Ejecución, por Miguel Fernández - - - - - - otros materiales - - - - - - Estudios en Cristianismo Básico, (DIME) por O. J. Gibson El Evangelio Según Roma, (Portavoz) por J. G. McCarthy Una Mujer Cabalga La Bestia, por Dave Hunt Don Quijote, Protestante, por Ramón Vallés Casamayor

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