Paz, Octavio. “La mesa y el lecho”. El ogro filantrópico. Historia y política 1971-1978. 1979.

Barcelona: Seix Barral, 1990: 212-234. Impreso. Las semejanzas entre la sociedad primitiva y la utópica no provienen únicamente de que ambas están fuera de la historia. La sociedad primitiva (o nuestra idea de ella) es, hasta cierto punto, una proyección de nuestros deseos y de nuestros sueños – y así participa del carácter ejemplar de la sociedad utópica; a su vez, las construcciones de los utopistas en buena parte se inspiran en los rasgos reales o imaginarios de las sociedades arcaicas (212-213). Las analogías entre el mundo norteamericano y el imaginado por Fourier no son menos reveladoras que las diferencias. Entre las primeras: la abundancia material y la libertad erótica, esta última total en Harmonía y relativa en los Estados Unidos. La diferencia mayor es que la sociedad –su orden social que, a semejanza del que gobierna a los cuerpos celestes, está regido por la atracción que une a las oposiciones sin suprimirlas–, mientras que en los Estados Unidos, abierta o disimuladamente, imperan el lucro, la mentira, la violencia y los otros males de la sociedad civilizada (214). En la sociedad civilizada la Religión legisla sobre los placeres, señaladamente sobre los del lecho y la mesa –la Religión es amor y comunión– pero para reprimirlos y desviarlos. Al contradecir las pasiones y las inclinaciones, las transforma en obsesiones y delirios feroces […] En la sociedad civilizada las pasiones son maléficas, dividen a los hombres; en Harmonía, los unen. A pesar de que se despliegan totalmente y sin freno, no rompen la cohesión social ni lesionan a los individuos. Precisamente porque está enteramente socializado, el hombre de Fourier es enteramente libre. Todo está permitido pero, al contrario de lo que sucede en el mundo de Sade, gracias a una radical reversión de los valores, las pasiones destructoras cambian de signo y se vuelven creadoras (214). El erotismo es la pasión más intensa y la gastronomía la más extensa. Ni los niños ni los viejos pueden practicar la primera; en cambio, la segunda barca la infancia y a la vejez. Aunque una y otra están hechas de enlaces y combinaciones, en un caso de cuerpos y en el otro de sustancias, en la Erótica el número de combinaciones es limitado y el placer tiende a culminar en un instante (el orgasmo), mientras que en la Gastrosofía las combinaciones son infinitas y el placer, en lugar de concentrarse, tiende a extenderse y propagarse (sabores, paladeos) […] Las artes son el dominio de la Erótica, las ciencias el de la Gastrosofía (215). La cocina norteamericana tradicional es una cocina sin misterio: alimentos simples, nutritivos y poco condimentados (215). A semejanza de la conversación entre los comensales, la relación entre las substancias y los sabores es directa: prohibición de salsas encubridoras y aderezos que exaltan a los ojos y confunden al gusto. La separación entre los alimentos es análoga a la reserva del trato entre los sexos, las razas y las clases (216). La cocina norteamericana teme a las especias como al diablo pero se revuelca en pantanos de crema y mantequilla. Orgias de azúcar. Oposiciones complementarias: la sencillez y la sobriedad casi apostólicas del lunch frente a los placeres sospechosamente inocentes y pregenitales del ice-cream y el milk-shake (216). En cuanto al whiskey y al gin: son bebidas para solitarios e introvertidos […] Los vinos, licores y alcoholes son el complemento de la comida y, así, tienen por objeto estimular las relaciones y las uniones que se anudan en torno a una mesa. Al revés – del vino, el pulque, la champaña, la cerveza y el vodka, ni el whiskey ni el gin acompañan a la comida. Tampoco son aperitivos ni digestivos. Son bebidas que acentúan el retraimiento y la insociabilidad (216-217). El deseo, lo mismo en gastronomía que en erótica, pone en movimiento a las sustancias, los cuerpos y las sensaciones: es la potencia que rige los enlaces, las mezclas y las transmutaciones. Una cocina razonable en la que cada sustancia es lo que es y en la que se evitan tanto las variaciones como los contrastes, es una cocina que ha excluido el deseo (217).

el trabajo. Éste es el verdadero mal. a su vez. el pene y la vulva –signos alternativamente sagrados o malditos de los sueños. pocos han dicho que a lo largo de nuestra historia hemos revelado una singular incapacidad para la crítica y la autocrítica […] Nos hace falta la crítica filosófica. Lo que comenzó como una liberación se ha transformado en un negocio (224). mientras que el erotismo se despliega en la sociedad. da gato por liebre y todo esto no en beneficio del gusto o de la salud sino como un negocio colosal (222). La modernidad no se mide por los progresos de la industria sino por la capacidad de crítica y de autocrítica. redentor. la cocina. social y política. Aceptar las salsas extrañas. lo ambiguo. El placer en su forma más inmediata. en el fondo. El cambio modifica a la visión misma del tiempo: el ahora es el tiempo del placer mientras que el tiempo del trabajo es el mañana (223). los aliños. El culto a la higiene [“el culto a la salud se manifiesta como “ética de la higiene” (218)”]. su raíz inconsciente es religiosa […] Desde su nacimiento los norteamericanos fueron modernos. Hay además. El otro nombre de pureza es separación. al mismo tiempo. los sodomitas y las especias (220). por la industrialización de los alimentos y sus siniestras consecuencias. Uno es físico y el otro moral. los mitos y las religiones– se han convertido en slogans de este o aquel producto. lo impuro. es un gasto de energía que produce bienes y así transforma la vida biológica en vida social. los chicanos. Es lo contrario del ahorro y del trabajo. Aunque la higiene es una moral social que se funda explícitamente en la ciencia. Viola los antiguos tabúes alimenticios. La boca y los dientes. La universalidad de la ciencia (o de lo que pasa por ciencia) justifica la elaboración y la imposición de padrones colectivos de normalidad […] Aunque ostenten la máscara de la higiene y la ciencia. Justicia poética: la posibilidad del envenenamiento colectivo es el castigo de la obsesión por la pureza de los alimentos y por su origen. En la primera. no lo es menos su impunidad. La sexualidad es animal. La industria de la alimentación ha sido y es el agente principal de la degradación del gusto y ahora se ha convertido en una amenaza contra la salud pública. la función de esos padrones de normalidad en el dominio del erotismo no es distinta a la de la cocina “sana” en la esfera de la gastronomía: la extirpación o la separación de lo extraño. directa e instantánea: el olor y el sabor. es una función natural. no es sino otra expresión del principio que inspira las actitudes ante el deporte. no las correspondencias entre los sabores sino la satisfacción de una necesidad: éstos son sus dos valores. La salud es la condición de dos actividades del cuerpo: el trabajo y el deporte. en la segunda. en función de la modernidad estadounidense: la crítica al puritarismo deviene en este exceso]. a la inversa de lo que ocurre con el placer sexual. Todo el mundo repite que las naciones latinoamericanas no son modernas porque todavía no han logrado industrializarse. el signo cambia: el deporte es un gasto. otro nexo entre trabajo y deporte: ambos se despliegan en el ámbito de la rivalidad. económica y moral. para ellos es natural creer en la ciencia. El deporte es un gasto físico que. La desenvoltura de la industria es asombrosa. El trabajo. desplaza a los valores tradicionales. para nosotros esa creencia implica una negación de nuestro pasado (219). ambos están asociados a la idea del cuerpo como trabajo (217). el segundo al de la cultura. Contradicción aparente pues en realidad se trata de un sistema de vasos comunicantes. mezcla las sustancias. segundo. al final se vuelve productivo: el deporte es un gasto que produce salud. Una misma condenación para los negros. Su esencia es lo imaginario: el erotismo es una . los adobos y los aderezos revela no sólo un cambio de gustos sino de valores. el vientre y los senos. el cuerpo es un agente productivo y. lo diferente. que han minado los tabúes alimenticios [esto. por el cosmopolitismo y el eclectismo reinantes. el sexo y las razas. Nadie sabe qué es lo que come cuando abre una lata o un paquete de comida prefabricada. ni los rusos ni los hispanos tuvimos siglo XVIII (220). La primera pertenece al dominio de la biología. los condimentos raros. usa más de 3000 “aditivos” y compuestos químicos. Lo que me interesa subrayar es que la moral culinaria (pues en este caso se trata de una moral y no de una estética) se ha quebrantado en los Estados Unidos por partida doble: primero.No el placer sino la salud. ambos son competencia y emulación (218).

La industria convierte al erotismo en un negocio. Ahora bien. teatro. una vez más. La ruptura con la moral social aparece como unión con lo absoluto (229). etc. el cristianismo afirma que sólo vivimos una vez sobre la tierra y que no hay retorno. con ella. En Occidente. el erotismo. jamás logramos poseerlo todo. a su manera. El segundo es una nota constante en todas las sociedades humanas (232). interdicción y ruptura. El erotismo es una representación. hermetismo. reaparece como disentimiento: el erotismo se convierte en crítica social y política. A pesar de que las filosofías que inspiraron a estos grupos eran muy distintas – cristianismo. por ser un ir más allá. la rebelión erótica es síntoma de un hecho decisivo y que está destinado a alterar el curso de la historia norteamericana y. Ante la distancia esencial del otro. Al acentuar y profundizar la relación de afinidad entre el ritual erótico y el religioso. El otro es nuestro doble. a diferencia de la sexualidad animal. El cristianismo perfeccionó al platonismo: la persona no sólo es única sino irrepetible. Me falta todavía apuntar otras diferencias entre el amor y el erotismo. Por eso es inseparable de la perversión y la desviación (227). conduce a politizarlo. la del mundo: el derrumbe del sistema de valores del capitalismo protestante (234). ni el león ni la manta religiosa hacen el amor como nosotros […] El erotismo no es sexo en bruto sino transfigurado por la imaginación: rito. . Violenta paradoja: esa persona que amamos “para siempre” la amamos por una sola vez (231-232). los taoístas. poner de manifiesto el parentesco entre erotismo. redacta manifiestos. Hay una línea de separación entre erotismo y sexualidad: la palabra como. Éste es el origen de la ceremonia erótica. su legalización.metáfora de la sexualidad. es una búsqueda. sea la violencia transgresora (228). descubrimos su relación íntima con el rito religioso y con la representación poética y artística. Más exactamente: es una de las formas en que se manifiesta el deseo. religión y poesía […] El rito religioso y la ceremonia erotica son. la moralización del erotismo. la política en una opinión (234). quiero decir: si hemos de dar crédito a los testimonios del pasado. El otro extremo del erotismo se llama amor (230). las imágenes encarnan. En ese más allá está la libertad del otro y mi reconocimiento de esa libertad. en el sentido religioso de la palabra conversión: el crimen se vuelve sacramento. Por una parte. una ceremonia de transfiguración: los hombres y las mujeres hacen el amor como los leones. pronuncia arengas y desfila por calles y plazas (234). consagra la excepción. Más que una transformación se opera una conversión radical. ante todo y sobre todo. Colinda con la religión y con la poesía por la función cardinal y subversiva de la imaginación. budismo. Al – romper el tiempo circular del paganismo clásico. una ceremonia que. por la otra. El primero es histórico. se abre una doble posibilidad: la destrucción de ese otro que es yo mismo (sadismo y masoquismo) o ir más allá todavía. la excepción erótica desaparece como excepción: no es sino una inclinación natural. representaciones […] apenas concebimos a la unión sexual como ceremonia. La imaginación vuelve palpables los fantasmas del deseo (229). perpetuamente ajeno. Nuestro doble está más allá. Estas tendencias y movimientos [el libertinaje de los gnósticos. hinduismo– en todos ellos aparece un elemento común: la ritualización de la transgresión […] el rito se propone integrar a la excepción. No hay civilización sin represión y de ahí que la esencia del erotismo. El sexo se vuelve crítico. En las tres experiencias la realidad real se vuelve imagen y. esos movimiento no hicieron sino. a su vez. aparece sólo en ciertos grupos y civilizaciones. el otro es el fantasma inventado por nuestro deseo. El erotismo no está en la sexualidad animal: es algo que el hombre ha inventado. los tántricos. El otro extremo del erotismo es lo contrario de la transgresión sadomasoquista: la aceptación del otro. las palomas o la manta religiosa. ¿De qué o de quién? Del otro –y de nosotros mismos.] representaron una tentativa por trascender la doble condenación que parece ser la condición del erotismo: represión y transgresión. las águilas.

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