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Propuesta Comunista, nº 55, abril 2009

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Propuesta Comunista

Revista política Partido Comunista de los Pueblos de España Abril 2009, nº 55

Propuesta Comunista Director: Juan R. Lorenzo Consejo de Redacción: Área Ideológica del PCPE Diseño de Portada: C. Suárez Maquetación: J. Mora Edita: Partido Comunista de los Pueblos de España Depósito Legal: M-12283-1990 Redacción: C/ Carretas nº 14 - 6º, G-1 28012 Madrid Telf. y Fax 91 532 91 87 e-mail: propuestacomunista@pcpe.es www.pcpe.es

Índice

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años PCPE

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años revolución

PCPE, 25 AÑOS EN LA BRECHA Julio Díaz ...................................................................................... TESIS APROBADAS EN EL CONGRESO DE UNIDAD DE 1984 ............................................................

CUBA

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“DEMOCRATIZAR LA CULTURA SIN POPULISMO, SIN HACER CONCESIONES, HA SIDO LA IDEA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA” Entrevista a Abel Prieto ............................................................. 37 ALGUNAS REFLEXIONES PARA VALORAR JUSTAMENTE LA REVOLUCIÓN CUBANA EN SU 50 ANIVERSARIO Domingo Galván ........................................................................ 57 VENEZUELA: RESISTIR, LUCHAR, VENCER Carolus Wimmer ......................................................................... “LA CRISIS ACTUAL MARCA UN MOMENTO DE UN DETERIORO MUY PROFUNDO DEL SISTEMA CAPITALISTA” Entrevista a Osvaldo Martínez ................................................. 77

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Julio Díaz

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PCPE, 25 AÑOS EN LA BRECHA

Julio Díaz Secretario de Organización del CC del PCPE

ara hablar de los 25 años del PCPE podemos utilizar un esquema de historiografía burguesa y trazar la historia del Partido de forma lineal, en función de una sucesión de liderazgos y protagonismos políticos determinados, o podemos, sin dejar de mencionar y calificar el papel de determinados dirigentes, tratar de buscar y profundizar en las razones materiales e ideológicas que han hecho posible que un proyecto político nacido hace ahora 25 años, en unas circunstancias históricas muy distintas a las actuales, siga en este momento no sólo plenamente vigente y con una clara proyección de futuro, sino reivindicando con orgullo su pasado y principios fundacionales.

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Celebramos el Congreso de Unidad Comunista en enero de 1984. Hacía ya casi 7 años de la celebración de la cumbre eurocomunista de Madrid (en la que los secretarios generales del PCE, PCI y PCF proclamaban el eurocomunismo como vía pacífica para la construcción del socialismo) y de la firma de los Pactos de la Moncloa, en los que Santiago Carrillo y Marcelino Camacho, en nombre del PCE y de CCOO, respectivamente, comprometieron la paz social a cambio de sustanciosas mejoras en los derechos políticos y condiciones materiales de vida de la clase obrera. La realidad demostraba, en 1984, que no sólo no se avanzaba hacia el socialismo, sino que tampoco casi ninguna de las ventajas proclamadas por los dirigentes eurocomunistas se hacía efectiva y, en cambio, sí se mantenían con igual fuerza las causas de la explotación y la injusticia que, generación tras generación, venía sufriendo la clase obrera y el campesinado español. Tasa de paro del 21,08%(1), incremento de la precariedad laboral, moderación salarial, mantenimiento intacto del poder de la oligarquía financiera y terrateniente y consolidación del protagonismo y poder de la Iglesia Católica con la firma del Concordato, en 1976, y los acuerdos de enero de 1979. Un panorama plenamente desfavorable para los intereses de la clase obrera y que demostraba la máxima de que, “más pronto o más tarde, las reformas chocarían con un obstáculo insalvable y se volverían contra sí mismas porque mantenían las relaciones existentes”(2). El desarrollo de la lucha de clases demostró la falacia revisionista y fue colocando a un buen número de los y las comunistas fuera de la disciplina de las siglas históricas del comunismo español. Para nada fue la decisión de tal o cual dirigente, como trataron de mantener siempre nuestros enemigos burgueses o revisionistas: fue la necesidad de un buen número de comunistas de construir un nuevo marco organizativo y político que diera cauce a sus anhelos de luchar por la construcción del socialismo en España. Desde la diáspora, iniciada en 1968 con el PCE (VIII y IX Congreso) y las Células Comunistas, seguida, en 1973, por el PCOE y el PCT, y acelerada, en 1982, por el Partido de los Comunistas de Cataluña (PCC), no se había dado hasta entonces ningún contexto político que, con tanta
(1)Dato de la Encuesta de Población Activa (EPA) (2)La estética de la resistencia. Peter Weiss Ed. Hiru pag.177

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claridad, marcara el camino de la unidad orgánica como premisa previa e imprescindible para la efectividad de la lucha política de los y las comunistas marxista–leninistas. Confirmado el éxito de la Transición con el desenlace final del golpe de estado del 23-F, el régimen político y económico heredero del franquismo, en 1984, estaba plenamente consolidado e iniciaba, tras su incorporación a la OTAN, en 1983, el proceso de integración en la Comunidad Económica Europea (CEE). Con un PCE plenamente integrado en la lógica del sistema y unas CCOO insertas en la dinámica del diálogo social, la lógica de la lucha de clases obligaba a los revolucionarios y revolucionarias a intentar dotarse de un instrumento útil para la batalla política por la defensa de los intereses de la clase obrera y el socialismo. Así nace el PC (posteriormente PCPE, por problemas de registro oficial). De esa manera, se formaba un escenario que abría nuevamente las puertas al desarrollo en España de un proyecto para la revolución socialista. Surgía una organización capaz y dispuesta, como partido clasista, a disputarle, en el conjunto del Estado Español y desde las filas de la clase obrera, la dominación y la hegemonía de clase a la burguesía. Tras la traición eurocomunista, los y las comunistas, tras largos años de división entre los distintos destacamentos que se reivindicaban del marxismo-leninismo, contaban con un nuevo partido dispuesto a seguir con la lucha heroica del histórico Partido Comunista de España. Por todo lo expuesto, es evidente que fueron las necesidades impuestas por la lucha de clases, y el fracaso absoluto del revisionismo y el reformismo para articular cualquier proyecto independiente de la burguesía, lo que provocó que en Enero de 1984 se realizara el Congreso de Unidad Comunista, del que nació el PCPE. El internacionalismo Vivir la solidaridad con la Unión Soviética y lo países socialistas como una necesidad de lucha política hizo, desde un inicio, que el internacionalismo se sintiera como una referencia obligatoria del PCPE. En los años en que el revisionismo hacia permanentemente gala de antisovietismo para ganarse la legitimidad institucional en la sociedad burguesa, los revolucionarios/as entendimos que la defensa del bloque

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socialista era la mejor garantía para el avance del socialismo y la defensa de los intereses de la clase obrera y los pueblos oprimidos. Desde la condena, en 1968, de la intervención solidaria del Pacto de Varsovia en Checoslovaquia o de la ayuda militar soviética a Afganistán, en 1979, el revisionismo en el seno del comunismo español utilizó la La renuncia a dar la denuncia de la Unión Soviébatalla ideológica por el tica como argumento para internacionalismo hizo que hacer avanzar las posiciones análisis y proclamas proimperialistas ganaran posiciones liquidacionistas en el seno en el seno de la clase obrera, el del PCE. La renuncia a dar campesinado, la juventud y los la batalla ideológica por el sectores populares, debilitando internacionalismo hizo que análisis y proclamas prola posición de los comunistas imperialistas ganaran posiciones en el seno de la clase obrera, el campesinado, la juventud y los sectores populares, debilitando la posición de los comunistas en el seno de las mismas. El apoyo vergonzoso al sindicato polaco Solidaridad y la condena activa, tanto del PCE como de CCOO, al intento de 1981 para recuperar la legalidad socialista en Polonia, fue, para muchas personas, la señal inequívoca de que las posiciones contrarrevolucionarias se habían hecho definitivamente con el control de la dirección del histórico PCE. En un ambiente marcado por la proliferación de armas nucleares y la lucha, en Europa, contra la instalación de misiles de crucero de la OTAN, cada vez era más evidente la necesidad de defender a la URSS como único garante efectivo de la paz mundial. En ese sentido, el PCPE siempre se referenció con absoluta claridad como un partido inequívocamente internacionalista y consecuentemente comprometido con la lucha por la paz. Fue una batalla muy dura y de gran firmeza ideológica en la que la posición internacionalista del Partido tuvo que saberse defender en las distintas plataformas unitarias por la paz y contra la OTAN frente al incansable y visceral ataque de las posiciones antisoviéticas representadas no sólo por los revisionistas de derechas, sino también por toda la

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amalgama, entonces existente, de organizaciones izquierdistas (MC, LCR, PCE(m-l), PST…). En relación a este episodio de nuestra vida política, es importante destacar que, tras la desaparición del Muro de Berlín y la URSS, la totalidad de estas organizaciones, que hacían permanente bandera de antisovietismo en toda su acción política, acabaron disolviéndose y, una buena parte de sus militantes, yéndose a casa o nutriendo las filas del reformismo más rastrero. ¿Quizás ya habían cumplido la misión histórica para la que nacieron? Curiosamente, ahora, cuando se empieza a dar pasos decididos en la coordinación y avance del movimiento comunista internacional, algunas de ellas se refundan y vuelven a la escena política. La Perestroika y la desaparición de la URSS Junto a la solidaridad activa con la URSS y los países socialistas, se debe reconocer que, en el PCPE, existió, fundamentalmente en la estructura de liberados del Partido, una cierta dependencia económica, así como subordinación a las orientaciones políticas de los aparatos internacionales de determinados partidos comunistas del Este. Esta injustificada situación, sentida como una realidad normal por una buena parte de la militancia, determinó el primer gran intento de liquidación del PCPE, en enero de 1989: un falso congreso de unidad con el PCE, promovido/impuesto por el aparato de relaciones internacionales del Partido Socialista Unificado de Alemania Democrática(3) y el PCUS, y del que participó una parte significativa de los cuadros dirigentes, siendo capaz de arrastrar a una parte no despreciable de organizaciones de base. Triste epílogo con el que Ignacio Gallego (1914–1990) concluyó una vida que tuvo sus tiempos de entrega sincera a la causa del socialismo y magistral prólogo de Julio Anguita para su obra liquidacionista en el seno del comunismo español. Esta situación de dependencia propició, respecto a lo que ahora denominamos, sin ambages, proceso de liquidación del socialismo y restauración del capitalismo en Europa del Este(4), una posición inicial de entusiasmo con las reformas y un final de eclecticismo e indeterminación que, durante un período, nos alejó de la corriente más firme en la defensa de los
(3)Propuesta Comunista, nº 5, pág 11 (4)Documento del CC sobre el 90 Aniversario de la Revolución de Octubre

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principios políticos e ideológicos del marxismo–leninismo en el seno del entonces debilitadísimo y desmembrado movimiento comunista internacional. Para analizar el proceso vivido por nuestro Partido en esos difíciles años, se hace preciso buscar categorías que determinen por qué inicialmente(5) una parte sustancial de nuestra dirección y base militante se entregó con armas y bagajes (entiéndase dinero y patrimonio) a la organización que meses antes definían como revisionista y liquidacionista, y, posteriormente(6), otra parte tampoco despreciable se desgajaba del Partido para iniciar un recorrido político e ideológico que, pasados los años, les ha llevado, en muchos casos, a liderar las corrientes más reformistas en el seno de la izquierda española. Igual que en nuestros Estatutos nos decimos herederos de las mejores tradiciones del comunismo español, debemos reconocer que en nuestra génesis se insertaron también las peores y todas aquellas contra las que hoy libramos una batalla decidida. Oportunismo, instrumentalización particular de las finanzas del Partido, pobreza ideológica, camarillas…, en definitiva, importantes dosis de revisionismo ideológico, programático y organizativo disfrazadas de “prosovietismo” en unos afiliados que convivieron durante un corto período con elementos que sinceramente luchaban por reconstruir una herramienta útil para la revolución socialista, afiliados que, al ver que no imponían su voluntad a una militancia decidida a defender su Partido, optaron por abrazar los cálidos brazos de la política inserta en la lógica del sistema de dominación capitalista. Fue una dura batalla en el seno del Partido entre reformistas y revolucionarios que, afortunadamente para el comunismo en el Estado Español, se saldó con la victoria de las tesis marxista-leninistas y abrió el camino para un lento, pero imparable, proceso de unidad comunista en el seno del PCPE que se abrió tras el Congreso de Unificación Comunista del PCOE y el PCPE, en el año 2000, y que, aun hoy, sigue abierto a todos los y las camaradas y destacamentos marxista-leninistas dispersos en diversos partidos y organizaciones de ámbito estatal y/o territorial o nacional.
(5)Fundamentalmente, en torno al falso congreso de unidad con el PCE de enero de 1.989 (6)Proceso escenificado en el 4º Congreso del PCPE, realizado en 1.993

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La lucha por el sindicalismo de clase

A la vez que se fundaba el PCPE, se iniciaba una ofensiva en el seno de CCOO para recuperar las posiciones combativas y de clase en el seno de la organización sindical de los comunistas. La política de pacto social propiciada por la dirección eurocomunista del sindicato no era capaz de frenar ninguna de las embestidas que gobierno y patronal venían lanzando contra los derechos de la clase obrera. La existencia del Partido y la presión ejercida, entre otros/as, por sus cuadros sindicales, propició un giro en la acción sindical de CCOO que condujo a la convocatoria en solitario, el 20 de junio de 1985, de la primera huelga general tras el fallecimiento del tirano Franco. Una huelga general contra el proyecto de modificación de las pensiones del gobierno del PSOE y frente al entreguismo sindical que tan bien representaba en esos momentos UGT. Fue un avance en el que mucho tuvimos que ver los/as comunistas, pero que, dada la sindicalización de los cuadros y su incapacidad para desarrollar la política sindical del Partido, provocó no sólo la imposibilidad de estructurar una alternativa de clase dentro de CCOO, sino una ofensiva contra el propio Partido dirigida y financiada desde el aparato de CCOO. El desarrollo posterior de CCOO hacia un sindicato de servicios, la represión contra determinados cuadros sindicales comunistas y la incapacidad de marcar una línea concreta de acción sindical a los, cada vez más escasos, cuadros sindicales en CCOO hizo que se iniciara una diáspora sindical y un abandono de posiciones en el seno del movimiento obrero que desgraciadamente hoy todavía perdura y que, sin lugar a dudas, estamos obligados a corregir en la Conferencia de Movimiento Obrero que celebraremos en el año 2009. Para el avance de las posiciones políticas e ideológicas del Partido en el seno de la clase obrera se hace imprescindible una lucha decidida por el sindicalismo de clase y una intervención ordenada y políticamente dirigida en las distintas organizaciones sindicales de las que participa nuestra militancia.

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Por la III República y el derecho de autodeterminación Desde el momento mismo de su fundación, el PCPE fue un Partido que nunca aceptó la Constitución y la monarquía. Supimos coger la abandonada bandera tricolor y mostrarnos herederos del PCE que más consecuentemente defendió la II República y, por ello, jamás renunciamos, ni teórica ni prácticamente, a la lucha por la Tercera. Ahora, cuando de la forma más oportunista posible, en función de las batallas internas en IU, la dirección del PCE amenaza “romper el pacto constitucional” manteniendo su apoyo al proyecto de la UE, los comunistas del PCPE recordamos también, frente a la unanimidad de los constitucionalistas, nuestra soledad en el rechazo a la incorporación de España al entonces denominado Mercado Común Europeo. También supimos defender, frente al bloque ideológico dominante, el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Nunca el PCPE suscribió ninguna lacrimógena declaración de plañidera unanimidad democrática y, siempre, con la máxima coherencia con los postulados teóricos sobre la autodeterminación de los pueblos, defendió que el futuro socialista de España pasaba por una unión de pueblos y naciones soberanas que libremente decidieran vincularse a un nuevo proyecto social y político hegemonizado por la clase obrera de los distintos pueblos y naciones de España. Con el desarrollo de nuestras tesis, esta propuesta en torno al proyecto de Estado que defendemos los y las comunistas, ha acabado definiéndose como un proyecto de carácter confederal y socialista. La propuesta de Período Constituyente Republicano es la orientación central de esta estrategia, que define el nuevo proyecto del PCPE para la lucha de clases en el Estado Español. El Frente de Izquierdas En el V Pleno del CC (1984) se aprobó la política de Frente de Izquierdas. Pasados los años, el análisis y la propuesta siguen estando, en gran medida, vigentes: un frente político y social de izquierdas que articule las alianzas necesarias para socavar las bases de la dominación oligárquica. Soberanía para la mayoría social: nacionalización de la banca y sectores estratégicos, OTAN no, rechazo a la UE, no a las pri-

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vatizaciones, defensa del sector público… como base de un programa capaz de iniciar cambios en la estructura de dominación capitalista y que siente las bases para que el Partido Comunista pueda ganar hegemonía social entre la clase obrera y los sectores populares y lograr orientar la lucha, inicialmente reformista, hacia el socialismo. En esa batalla seguimos, es difícil, y permanentemente se demuestra la poca solidez de las alianzas que, a nivel central o territorial, hemos sido capaces de construir. Esfuerzo loable que iniciamos con una apuesta sincera por el proyecto de Izquierda Unida, concebido como un frente político y social, y que, en poco tiempo, acabó con la quiebra del proyecto fundacional y la imposición a los socios fundadores de un nuevo partido reformista con un programa acorde a sus propósitos de integración institucional. Se nos expulsó y a la vez se eliminó del programa la nacionalización de la banca y las posiciones críticas con la Comunidad Económica Europea(7). Una vez más, el revisionismo, como lo hizo con el PCE tras la muerte de Franco, rompió las bases de un proceso nacido para confrontar con la clase dominante y utilizó para ello las peores armas del clientelismo político y el caciquismo(8). Sabemos de la necesidad de avanzar en la articulación del Frente de Izquierdas, pero también somos muy conscientes que sin la existencia de un fuerte Partido Comunista no avanzará esta política antioligárquica y antiimperialista. Los CJC En 1985, por acuerdo del CC del PCPE, se crean los Colectivos de Jóvenes Comunistas como referente organizativo de la juventud comunista en el Estado Español. Un acierto histórico, sujeto también a las vicisitudes que la realidad nos imponía, y que, pese a todas esa dificultades, se ha demostrado como una fenomenal cantera de cuadros comunistas.
(7)Aún hoy, con toda la crisis del sector financiero, IU sigue sin reclamar la nacionalización de la banca y se limita a pedir un banco público. Ver artículo de Cayo Lara en Público el sábado 7 de Marzo de 2009. (8)Nuestra expulsión de IU coincidió en el tiempo con la farsa de congreso de unidad realizado en enero de 1989.

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Una juventud educada en el marxismo–leninismo y consciente de la responsabilidad de desarrollar un proyecto que, pese a compartirlo estratégicamente con el PCPE, se muestra como una realidad organizativa y políticamente soberana. Fraguados/as en la lucha estudiantil, por la paz, obrera y antiimperialista, los CJC avanzan firmes hacia su 7º Congreso, a realizar en diciembre de 2009. VII Congreso: A la ofensiva Tras la celebración del V Congreso, se inició un período de profunda parálisis política de la dirección central del Partido. Fue un congreso en el que fuimos incapaces de abordar los principales problemas y dificultades que tenía el Partido y del que, tras él, la actividad política del Partido y su propia estructura organizativa se mantuvo gracias a la actividad e iniciativa de las organizaciones territoriales. Con este panorama, sólo interrumpido por el feliz desenlace del Congreso de Unificación Comunista PCOE–PCPE, el CC decidió, en un pleno realizado en marzo de 2002, destituir al Secretario General y al Comité Ejecutivo y convocar un congreso extraordinario para los días 1, 2 y 3 de Noviembre de 2002. Fue una difícil decisión que demostró la calidad política de los militantes del PCPE(9) y su capacidad para superar bien y con un mínimo coste organizativo una situación que, en otro proyecto, hubiera acabado en enfrentamientos y rupturas. Con este congreso se recuperaba, entre otras cosas, el ejercicio de dirección colectiva y la rendición de cuentas, buscando hacer realidad y desarrollar el tan mentado, pero pocas veces desarrollado, centralismo democrático en el seno del Partido. La situación seguía siendo muy difícil, pero muy pronto la disposición de la militancia demostró que sí era posible corregir la tendencia paralizante que se había impuesto en el último período y relanzar polí(9)VII Congreso (extraordinario) del PCPE: Un cambio significativo en la construcción del Partido Comunista en el Estado Español. Carmelo Suárez. Propuesta Comunista nº 39

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tica y organizativamente al Partido buscando ocupar el espacio de organización de vanguardia que por definición le corresponde. Esta situación de avance se escenificó por primera vez para el conjunto de la militancia en la importante y organizada presencia del PCPE en la convocatoria de solidaridad con Cuba realizada en Salamanca en octubre de 2005. Esta posición de recuperación progresiva del leninismo en el Partido es la que permitió celebrar, en abril de 2006, el 8º Congreso en una situación, aunque muy embrionario, de indudable impulso general del proyecto político que representa el PCPE. Hoy vivimos una realidad que, de forma permanente, nos sitúa ante retos cada vez superiores. La necesidad de dar las respuestas adecuadas en el momento oportuno a cada una de las necesidades que la lucha política nos sitúa delante es la dinámica diaria de un Partido que ni puede, ni quiere sustraerse a esta frenética y, a veces, endiablada realidad de, no solo tener que acertar en su análisis, sino, también, de aplicarlos correctamente. Nuestro día a día es una lección permanente de materialismo histórico: ¡Bienvenida sea!

Tesis aprobadas en el Congreso de Unidad de 1984

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TESIS APROBADAS EN EL CONGRESO DE UNIDAD DE 1984(1)

I.- SITUACION INTERNACIONAL La crisis del capitalismo La internacionalización del capital ha intensificado la dependencia entre los países de la cadena imperialista. La exportación de capitales constituye el mecanismo fundamental mediante el cual las empresas transnacionales extienden su dominación económica en el mundo. La proliferación de las filiales de las empresas monopolistas en el extranjero se ha visto acompañada por un espectacular aumento de la inversión directa de capital, que, en la década de los años 70, ha elevado sustancialmente la parte acumulada del mismo en los países receptores. En 1971, la inversión directa acumulada en el exterior ascendía a 158.000 millones de dólares; en 1975, alcanzaba los 259.000 millones; y, en 1980, llegaba a los 450.000 millones de dólares. Tales cifras suponen una tasa de crecimiento promedio anual de más del 12% para la década, superior a la tasa de crecimiento de las propias economías de los países de la OCDE,
(1)Extracto (primera parte) de las Tesis aprobadas por el Congreso fundacional del PCPE. En el próximo número de Propuesta Comunista se publicará la segunda selección de ese importante documento, cuyo texto completo puede consultarse en www.pcpe.es.

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tomadas en su conjunto, en el mismo período. Pero si el flujo de capitales invertidos en los países subdesarrollados entre 1970 y 1980 ascendió a 62.615 millones de dólares, las ganancias repatriadas a los países inversores alcanzaron los 139.703 millones de dólares; lo que significa que, por cada dólar invertido, las empresas transnacionales se llevaron 2,2 dólares a sus países de origen. En el caso de las transnacionales norteamericanas, que, en el mismo período, invirtieron 11.446 millones de dólares y extrajeron, en forma de ganancias repatriadas, 48.663 millones, el beneficio asciende nada menos que a 4,25 dólares extraídos del Tercer Mundo por cada dólar invertido. Pero, si incluimos el año 1980, la tasa de beneficios repatriados por los monopolios norteamericanos se eleva aún más. En ese año, con una desinversión de -3.454 millones de dólares, las ganancias repatriadas por las transnacionales USA ascendieron a 7.325 millones; lo que eleva el total a casi 56.000 millones de dólares extraídos de los países del Tercer Mundo por una inversión que no llega a los 8.000 millones de dólares. Es decir: por cada dólar invertido las transnacionales norteamericanas se llevaron siete. El abismo entre los países capitalistas desarrollados y los países subdesarrollados es mayor que nunca y no cesa de crecer. La dependencia de éstos aumenta y adquiere nuevas for mas. Desde las metrópolis imperialistas se intenta imponer una nueva división internacional del trabajo que, mientras perpetúa la condición de unos países como productores de materias primas, convierte a otros en colonias de producción industrial a bajo precio para los mercados controlados por el gran capital. Al mismo tiempo, los países imperialistas se reservan para sí las empresas de alta tecnología y establecen en los países subalternos las industrias de carácter contaminante, utilizando la ciencia y la técnica como nuevos factores de dominación y dependencia. El resultado es una acentuación de los desequilibrios internos de los países menos desarrollados, con crisis en la agricultura, aumento del éxodo rural y concentración urbana desorbitante, con un progresivo deterioro del entorno ecológico, incremento de la dependencia tecnológica y financiera y, también, incremento de la dependencia alimentaria. Las compañías multinacionales y los organismos internacionales de coordinación de la estratega política, económica y militar del imperia-

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lismo (Comisión Trilateral, FMI, OTAN) pugnan por mantener el actual orden económico internacional, tratan por todos los medios de mantener el dominio del mercado mundial, el control de las materias primas y de las fuentes de energía, el monopolio tecnológico y la supeditación económica de los países subalternos (lo que permite al imperialismo la expoliación y el saqueo de las riquezas del Tercer Mundo)… En el interior de los países capitalistas, aparecen nuevas tensiones y se agudiza la lucha de clases. Los gobiernos de estos países, ya sean conservadores o socialdemócratas, coordinan su estrategia para imponer una política económica neoliberal que supone una disminución del poder adquisitivo de los salarios, un aumento vertiginoso del paro, una fiscalidad regresiva y una política económica neoliberal que restricción de los supone una disminución del poder servicios públicos y adquisitivo de los salarios, un aumento de las prestaciones vertiginoso del paro, una fiscalidad sociales, en contra regresiva y una restricción de los de los intereses de servicios públicos y de las prestaciones los trabajadores y sociales, en contra de los intereses de los de las masas poputrabajadores y de las masas populares lares. La nueva división internacional del trabajo, que pretende reforzar la supremacía de los países imperialistas; la política neoliberal, que restringe las conquistas sociales y los derechos sindicales de los trabajadores; el resurgir del militarismo y los conflictos bélicos regionales, forman parte de una misma estrategia del capitalismo, orientada a dar una solución a la crisis en contra de los intereses de la clase obrera y de los pueblos. Frente a esa estrategia, hay que oponer la unidad de los trabajadores de los países desarrollados y subdesarrollados en un proyecto común de liberación nacional y emancipación social que, conjurando los peligros de guerra, dé a la crisis actual una alternativa revolucionaria. Se trata de articular una alianza de todas las fuerzas antiimperialistas con el objetivo de reestructurar las relaciones económicas y comerciales en un nuevo orden económico internacional, basado en la soberanía sobre los propios recursos, el intercambio solidario y el crecimiento equilibrado que supere las diferencias entre países desarrollados y países subdesa-

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rrollados. Un nuevo orden que se presenta como la alternativa posible y necesaria ante la quiebra del modelo neocolonial y neocapitalista surgido de la Segunda Guerra. Un nuevo orden económico que ponga fin a los desequilibrios entre países pobres y países ricos, que acabe con el despilfarro y la miseria, que dé prioridad a las necesidades sociales de las masas y que aborde la solución de los graves problemas ecológicos que hoy amenazan a nuestro planeta. La lucha de clases adquiere nuevas formas y nuevas dimensiones que exigen ampliar el programa revolucionario y hacen más necesaria que nunca la conciencia internacionalista de la clase obrera, por encima de las fronteras nacionales, para dar solución a los viejos y los nuevos problemas que plantea la lucha por la emancipación social en un mundo estrechamente relacionado. La lucha por la paz Con el fin de recomponer su dominio, el imperialismo aumenta la presión económica y militar, lo cual configura un nuevo clima de guerra que pone en peligro la paz mundial… La formación e influencia del complejo industrial-militar es una de las características propias del modo de producción capitalista en la fase del imperialismo. La fabricación de material de guerra es un negocio altamente rentable El militarismo y la carrera de armamentos son elementos que para algunos monopolios. Las responden a la lógica opresora y empresas más poderosas de agresiva del sistema imperialista EEUU, Inglaterra, RFA, Frany, a la vez, frenan el proceso de cia o Suecia trabajan para la industria bélica y se dedican a construcción del socialismo la exportación de armamentos. El militarismo es consustancial a la naturaleza del sistema imperialista, que precisa de la fuerza militar para mantener su dominación. En las actuales circunstancias, la opción del imperialismo de alcanzar una superioridad estratégico-militar sobre los países socialistas conduce a una aceleración sin precedentes de la carrera de armamentos… El militarismo y la carrera de armamentos son elementos que responden a la lógica opresora y agresiva del sistema imperialista y, a la vez,

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frenan el proceso de construcción del socialismo. La propia administración Reagan ha expresado su voluntad de obligar a la Unión Soviética a aumentar su presupuesto de defensa en base a la hipótesis de que un gran crecimiento de dicho presupuesto frena sus inversiones en la industria civil “reduciendo significativamente el nivel de vida de los consumidores”. Según esta hipótesis, la “carrera de armamentos podría romper la columna vertebral de la economía soviética”… Pero, si el rearme e, incluso, la guerra son objetivos acariciados por el Pentágono y el Departamento de Estado nor teamericano, la paz es y ha sido históricamente un objetivo fundamental del movimiento obrero y de los pueblos; un objetivo profundamente revolucionario e inseparable de la lucha por el socialismo. Por esto, los comunistas consideramos como un objetivo central hacer retroceder a los partidarios de la guerra y abrir la vía del desarme, para conjurar el riesgo de hecatombe y dedicar los presupuestos militares a la puesta en marcha de programas urgentes de desarrollo económico y social. Son recientes las propuestas de la URSS y de los países del Tratado de Varsovia encaminadas a abrir negociaciones, sin condiciones previas, sobre la proscripción de todo tipo de arsenales de armas atómicas, bacteriológicas y químicas, o sobre la necesidad de no ampliar los bloques militares y negociar su disolución gradual y simultánea. La Unión Soviética se ha comprometido públicamente a no ser la primera en utilizar armas nucleares y ha propuesto a EEUU la firma de un acuerdo para la no utilización del espacio cósmico con fines bélicos, sin que los países de la OTAN hayan correspondido a estas iniciativas. La lucha contra el imperialismo …Pero las clases dominantes, incluidas las oligarquías de los países del Tercer Mundo, no aceptan la necesidad de los cambios e, incluso, intentan dar marcha atrás a la evolución histórica. EEUU, como principal potencia imperialista, Gran Bretaña, RFA, Francia y el resto de los países capitalistas, en mayor o menor grado, combaten hoy las luchas emancipadoras con tácticas diversas. En los países del Tercer Mundo

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dichas tácticas pueden ir desde el estímulo de las vías reformistas de signo oligárquico hasta la contrarrevolución abierta con apoyo a las dictaduras militares más sanguinarias. Sin olvidar, en este contexto, el papel de la II Internacional, con una intervención creciente que, en una línea reformista, tiende a integrar las luchas de liberación en la lógica del sistema capitalista. En los países de capitalismo desarrollado se producen ataques a las posiciones conquistadas por el movimiento obrero y se intenta descargar sobre las espaldas de los trabajadores el peso de la crisis, y aislar a los comunistas por medio de la lucha ideológica y propagandística de la burguesía. La ofensiva del imperialismo se concreta, en el terreno político, en un viraje autoritario la burguesía ha estimulado las que tiende a restringir los deretendencias eurocomunistas, que chos de los trabajadores en las no son sino variantes del viejo democracias burguesas. A la vez, se maniobra para dividir reformismo socialdemócrata a la clase obrera organizada consiguiendo que se integren en el sistema algunos sectores que renuncian a una crítica marxista rigurosa de las relaciones socio-políticas burguesas y siembran ilusiones de un cambio reformista que la experiencia histórica ha demostrado totalmente inviable. En algunos países capitalistas desarrollados, en los que la socialdemocracia no es capaz de integrar a amplios sectores del movimiento obrero —influidos por la tradición comunista—, la burguesía ha estimulado las tendencias eurocomunistas, que no son sino variantes del viejo reformismo socialdemócrata… El PC, que reafirma su oposición radical al imperialismo, es firme partidario de fortalecer un Frente Antiimperialista Mundial. La internacionalización del capital y la hegemonía de EEUU El modo de producción capitalista, en la fase del imperialismo, se caracteriza por la concentración monopolista e internacionalización del capital. La formación de monopolios, y la exportación de capitales, ha creado un sistema capitalista mundial. Los grandes monopolios multinacionales han adquirido un grado de control elevado sobre gran parte de Estados del sistema imperialista. Hay una tendencia poderosa, con

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raíz económica, a la creación de centros de decisión política de carácter supranacional. La concentración y la internacionalización del capital son la base objetiva que impulsan los organismos de coordinación económica, política y militar del imperialismo. Las líneas estratégicas de la política económica tienden, cada vez más, a trazarse desde los organismos supranacionales, que imponen su dictado a las naciones dependientes o semidependientes… El Mercado Común El proceso de integración económica que ha dado lugar a la formación del Mercado Común Europeo es un aspecto importante de la nueva configuración del imperialismo en la etapa actual. Un conjunto de naciones, que salieron debilitadas de la Segunda Guerra Mundial por el hundimiento de sus imperios coloniales, firmaron el Tratado de Roma con la finalidad de establecer una barrera exterior común, ampliar sus mercados internos y aumentar su peso económico en la competencia internacional. Se trata de un reagrupamiento regional de viejas potencias coloniales para proteger sus mercados y fortalecer sus monopolios en la disputa por el mercado mundial. Es decir: lo que se produjo fue un proceso de reestructuración imperialista. Nada tuvo que ver la voluntad de los pueblos europeos en un proceso de tal naturaleza. Sin embargo, la fuerte expansión económica que impulsó el Mercado Común, en la segunda mitad de los años 50 y en los años 60, permitió a la burguesía europea extender su hegemonía política, ideológica y cultural. Las capas intermedias existentes y las que surgieron en el proceso de expansión se identificaron con los proyectos de la clase dirigente, imaginando una eterna sociedad de bienestar. Sectores importantes de la clase obrera, situada a la defensiva, se dejaron ganar por la tentación reformista. El ascenso de los partidos socialdemócratas en Inglaterra, RFA, Francia, Suecia y otros países y las desviaciones reformistas en el propio movimiento obrero de tradición comunista son los resultados más palpables del fenómeno anterior y de la presión ideológica de la burguesía. Esto explica que algún partido comunista haya aceptado el Mercado Común, FMI e, incluso, la OTAN, dejándose arrastrar por la corriente

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del imperialismo europeo —como si por el hecho de ser europeo dejara de ser imperialismo—, mientras mantiene su oposición a las formas más brutales que la dominación imperialista adopta en el Tercer Mundo. La política de los comunistas con respecto al Mercado Común debe basarse en una posición de clase nítida y firme. La integración económica europea es, sin duda, una operación de matriz imperialista. E, incluso, las relaciones económicas en el seno de la CEE son relaciones de carácter imperialista. La división del trabajo en el interior de la Comunidad es una división desigual propia del sistema imperialista… El “europeísmo” es la forma que adquiere actualmente la ideología del imperialismo en la Europa Occidental. La ideología de la burguesía monopolista ha influido sobre los partidos de extracción obrera, que han tendido a “europeizar su política”. La La integración económica europea es, aceptación acrítica del Mercado Común, sin duda, una operación como si el proyecto económico de la de matriz imperialista burguesía monopolista europea fuera la expresión de los intereses de todos los europeos, es ajena a la teoría marxista de la lucha de clases, y no podía traer otra consecuencia que el debilitamiento de la tradición revolucionaria del movimiento obrero en la Europa occidental. En 1916, Lenin ya había advertido de los peligros del “chovinismo europeo” que, en el El “europeísmo” es la fondo, supone la tolerancia de los partidos socialdemócratas con respecto a las forma que adquiere actualmente la ideología apetencias imperialistas de la burguesía, estimula las tendencias conciliadoras y del imperialismo en la reformistas en el seno del movimiento Europa Occidental obrero y sólo sirve para acentuar el predominio de las clases explotadoras. En la actualidad, el eurocomunismo considera a Europa —y a los regímenes parlamentarios imperantes en su mitad occidental— como la medida de todas las cosas y, bajo el manto de un “europeísmo” tomado de prestado, ignora la verdadera relación entre los hechos económicos y su plasmación política, por lo que su influencia sobre una parte de la clase obrera europea amplía el ámbito del reformismo socialdemócrata tradicional. No se puede esperar que la conciencia revolucionaria se desarrolle sin conciencia antiimperialista.

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Los países socialistas La Revolución de Octubre de 1917 fue el punto de partida del movimiento más revolucionario e innovador de nuestra época. La primera revolución proletaria triunfante dio origen al Movimiento Comunista Internacional, que ha influido, directa e indirectamente, en todos los procesos de transformación social que ha conocido el siglo XX… En un breve período histórico, la revolución socialista ha convertido unos países agrarios y atrasados económicamente en países industrializados, sobre la base de estructuras sociales colectivistas. Los países socialistas han abolido la propiedad privada de los medios de producción y de cambio, han puesto fin al sistema de explotación, han conseguido erradicar el hambre y el desempleo, alfabetizar al pueblo y elevar su nivel de cultura, establecer una sanidad eficiente y una avanzada seguridad social. Los países coloniales que adoptaron la vía socialista han seguido un desarrollo económico independiente y han modificado radicalmente las condiciones de vida de sus pueblos. El socialismo ha alcanzado, en suma, conquistas históricas sin precedentes… El socialismo es una sociedad de transición hacia una nueva formación económico-social, es el período revolucionario que media entre el capitalismo y el comunismo. El triunfo de la revolución socialista no supone la liquidación inmediata de La sociedad de transición es una una cultura, unas formas de sociedad con contradicciones, vida y unos hábitos sociales que se agudizan al desarrollarse el con tradición de milenios. socialismo en un mundo sometido La división entre el trabajo a la presión del imperialismo manual e intelectual no desaparece, sino que adquiere —a través de la enseñanza universal— un contenido no clasista y un sentido más igualitario. Su desaparición, en el comunismo, requiere un desarrollo cualitativo de las fuerzas productivas, de la tecnología, de la ciencia y de la nueva cultura. La sociedad de transición es una sociedad con contradicciones, que se agudizan al desarrollarse el socialismo en un mundo sometido a la presión del imperialismo. La crítica marxista de la realidad en los países socialistas se ha de hacer a partir de una concepción rigurosa de la evolución histórico-social, que tenga en cuenta las dificultades objetivas impuestas por el atraso económico preexistente, con que se encontraron la mayor parte de las sociedades post-

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revolucionarias, y por la hostilidad agresiva del imperialismo. Estas circunstancias, junto a errores que se han cometido en la aplicación práctica del marxismo —errores que el movimiento comunista ha examinado y examina autocríticamente—, explican fenómenos negativos, como ciertas limitaciones en el desarrollo económico y político, y la existencia de determinadas contradicciones nacionales que se manifiestan entre algunos países socialistas. Sin embargo, las dificultades en la construcción del socialismo no reducen la trascendencia de los cambios revolucionarios que se han realizado. En la historia de la lucha de clases —que no ha evolucionado nunca en estado puro— tenemos antecedentes de las contradicciones que atraviesan los procesos revolucionarios. Pero nadie niega hoy el valor histórico que la revolución burguesa tuvo en su época. Y ninguno negará en el futuro el valor de la revolución socialista como una conquista histórica de la clase obrera y de la humanidad. El PC analiza la realidad a través del método marxista-leninista y a partir de una posición en la que se afirma simultáneamente la independencia del partido y la solidaridad internacionalista. Por tanto, los comunistas españoles situamos el análisis crítico del socialismo real en el contexto de la lucha de clases, sin ceder a la presión ideológica y propagandística del imperialismo, sin olvidar el papel de los países socialistas en defensa de la paz y en apoyo de las luchas de liberación nacional y emancipación social. Tal actitud es la única que responde fielmente a los intereses de la clase obrera y de los pueblos de España. La existencia de un conjunto de países que han roto la lógica del capitalismo y han emprendido la construcción de un sistema socialista constituye un factor de paz y una ayuda decisiva para los pueblos que luchan contra el imperialismo. Sin esa ayuda solidaria, Cuba, Vietnam, Angola, Mozambique, Etiopía, Nicaragua, y otras naciones, difícilmente hubieran podido consolidar sus revoluciones ante la ofensiva del imperialismo, después de su heroica lucha de liberación… La República Popular China ha realizado cambios importantes en su estructura social; pero, en la política internacional, no interviene de la forma que corresponde a un país socialista…

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Por una política exterior independiente, de solidaridad y de paz Los comunistas nos oponemos al constante incremento de los presupuestos militares que, en nuestro país, siguiendo la pauta impuesta por la administración norteamericana, han experimentado un crecimiento superior al 200% entre 1979 y 1984. Exigimos la reducción de dichos presupuestos y el aumento de las inversiones en el sector público de la economía, con el objetivo de combatir el paro y mejorar las prestaciones sociales… En consecuencia, el PC se ve obligado a denunciar el atlantismo que inspira la política exterior del gobierno del PSOE, su alineamiento en la estrategia belicista de la administración Reagan —ejemplarizado en las declaraciones de Felipe González, favorables a la instalación de misiles en RFA, y en el incremento extraordinario de los gastos militares— y su supeditación política, económica y militar a los intereses del imperialismo. En Europa, la política del PSOE representa en la práctica los intereses del capitalismo español y de las empresas multinacionales. Las negociaciones para la entrada en el Mercado Común se están siguiendo sin información ni cauces de participación popular, y con plena dejación de los intereses nacionales. Nuestro partido, de acuerdo con los intereses de la clase obrera y de las clases populares, del interés nacional, se opondrá firmemente a la integración española en la CEE y promoverá un amplio debate sobre las consecuencias negativas de tal integración para la economía de nuestro país… Los comunistas españoles reivindicamos la soberanía española sobre Gibraltar; pero con la misma lógica reconocemos que en Ceuta y Melilla se da una situación que también debe cesar, en el marco de una solución global que respete la integridad territorial de España y Marruecos, e incluya el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui y la desmilitarización de la zona, con la prohibición del establecimiento de bases militares extranjeras. La política exterior que propugna el PC garantiza el derecho de los pueblos a la plena soberanía e independencia, tanto política como económica, y la práctica de unas relaciones internacionales basadas en la defensa de la paz y la cooperación solidaria entre los pueblos.

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Por el internacionalismo y la unidad del movimiento comunista
Los comunistas españoles seguiremos esforzándonos por la coordinación del movimiento obrero europeo en la necesaria lucha contra el gran capital monopolista. Pero el inter nacionalismo de clase parte de una visión mundial de los problemas. Es preciso superar una visión eurocéntrica del mundo para formar la verdadera conciencia internacionalista de la clase obrera española. Sólo una clase obrera que sabe ser solidaria con los trabajadores y los pueblos de todos los países, es capaz de defender consecuentemente sus propios intereses. En la actual situación, cuando la crisis del capitalismo hace aun más estrecha la relación entre la lucha de clases nacional e internacional, es más necesaria que nunca una voluntad unitaria para que el movimiento comunista intervenga con una política coherente. Los planes coordinados del imperialismo para dar una solución capitalista a la crisis exigen una respuesta global de los países socialistas, del movimiento obrero de los países capitalistas y de los pueblos del Tercer Mundo. Tenemos el deber de reforzar esta alianza estratégica, para que la solución a la crisis actual tenga un significado de ruptura con el sistema imperialista. Los comunistas españoles defendemos la unidad del movimiento comunista internacional, sin perjuicio de la independencia de cada partido; una unidad basada en el marxismo-leninismo y en el internacionalismo proletario. II.- CAPITALISMO EN CRISIS

La crisis actual del capitalismo y el fin de las ilusiones reformistas
Una vez más en su historia, el mundo capitalista se debate en medio de una profunda crisis económica que convulsiona la totalidad de sus estructuras, instituciones y valores. La inflación galopante, el estancamiento productivo, la destrucción de capital productivo, la contracción de los mercados, el paro masivo y el rápido agravamiento de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y populares son algunas de las manifestaciones más evidentes de la crisis actual del sistema capitalista. El virulento desencadenamiento y posterior desarrollo y profundización de la crisis está sirviendo para poner de relieve que los límites y

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contradicciones sociales, características del capitalismo, siguen teniendo plena vigencia, a pesar de los cambios institucionales y del alto grado de desarrollo que las fuerzas productivas han alcanzado, especialmente en los países imperialistas, La propuesta de una salida neutral es decir, en el centro del o negociada de la crisis resulta sistema internacional capi- absolutamente absurda e inviable talista. Las teorías reformistas de diverso cuño que han venido defendiendo que las sociedades occidentales contemporáneas o bien habían dejado de ser capitalistas, o bien habían superado las contradicciones y lacras sociales típicas del capitalismo tradicional, quedan reducidas a meras e ilusorias especulaciones… La intervención “benefactora”, de “arbitro de la crisis”, que los partidos reformistas pretenden que desempeñe el Estado burgués frente a la actual crisis del capitalismo refleja una fuerte dosis de idealismo y estéril voluntarismo político. La propuesta de una salida neutral o negociada de la crisis resulta absolutamente absurda e inviable. De la crisis sólo podrá salirse con la lógica del capitalismo, y, por tanto, a costa de los trabajadores, o a través de una vía de transformaciones socio-económicas e institucionales profundas dirigidas a sustituir la propia lógica capitalista, generadora de la crisis, en la perspectiva del socialismo… Ante el desencadenamiento de la crisis, el Estado burgués se ha visto obligado a redefinir progresivamente su función interventora para prestar una especial atención a las exigencias de reestructuración industrial y saneamiento de los sectores en crisis, al tiempo que atenúa paulatinamente, cuando no renuncia abiertamente, a sus anteriores cometidos sociales de redistribución de la renta, consecución del pleno empleo, garante de las prestaciones y servicios públicos básicos, etc. A través de instrumentos monetarios, crediticios y legislativos, el Estado burgués tiende a favorecer, mediante planes específicos, las exigencias reestructuradoras que implica la crisis, “flexibilizando” los mercados laborales, reajustando la estructura salarial, recortando los excedentes de producción de las empresas públicas ubicadas en sectores

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afectados especialmente por la crisis y financiando el despegue de los nuevos sectores industriales. A su vez, el desarrollo tecnológico, que el reformismo concebía, junto con la intervención del Estado, como la gran panacea a los problemas del capitalismo, ha elevado de manera extraordinaria la capacidad productiva de las metrópolis capitalistas. Sin embargo, al mismo tiempo, este desarrollo, lejos de dar lugar a una “nueva sociedad”, ha acelerado y agravado considerablemente las contradicciones del sistema, que, incapaz de canalizarlo racionalmente poniéndolo al servicio de la sociedad y de los pueblos, tiende a convertir de manera creciente este potencial productivo en una fuente incontrolable de riesgos y peligros para la supervivencia de la humanidad y de miseria material y espiritual para las clases trabajadoras… Algunas interpretaciones burguesas de la crisis El desenvolvimiento del sistema capitalista experimenta en su desarrollo etapas de expansión combinadas con etapas de crisis. Durante las etapas de expansión se desarrollan al mismo tiempo las contradicciones que, necesaria e insalvablemente, desembocan en crisis periódicas, cada vez más profundas y virulentas… Los ideólogos del imperialismo tratan de paliar los temores que la carrera armamentista despierta entre la población atribuyéndole una serie de falsas “bondades”, entre las que se barajan, como más corrientes, el sostener que la industria bélica constituye un motor impulsor del desarrollo económico, además de generar ella misma empleo, y ser punta de lanza de la investigación e innovación tecnológica que luego se transmite a la industria civil. La inconsistencia de tales supuestos ha sido sobradamente desmentida por un número ya abundante de rigurosas y bien documentadas investigaciones, llevadas a cabo en diversos países. Todos estos estudios prueban: 1) Que la industria bélica detrae parte del plusvalor generado por los sectores realmente productivos en tér minos capitalistas, reduciendo la rentabilidad de éstos, y frenando su crecimiento y el del sistema en su conjunto. 2) Que la relación inversión-empleo es muy superior en la industria bélica que en el resto de los sectores civiles, lo cual significa

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que aquella genera menos puestos de trabajo por unidad de inversión que éstas. Como medida aproximativa, crear un puesto de trabajo en la industria bélica requiere un monto de inversión cinco veces superior al de la industria civil. 3) En cuanto a la investigación bélica, que en EEUU, por ejemplo, absorbe el 65% de los recursos dedicados a la investigación en general, se ha constatado rigurosamente que solamente un 10% de los hallazgos en este terreno son asimilables por la industria civil… Esclarecer ante las masas obreras y populares la auténtica naturaleza de la crisis actual y su significado dentro de la “crisis general del capitalismo”, poniendo de relieve el carácter ilusorio de las políticas reformistas, constituye hoy una tarea política e ideológica de primera magnitud. El convencimiento, asumido a través de su práctica político-social y de una resuelta y esclarecedora lucha teórica e ideológica, de que la única salida real a los peligros y miserias que conlleva la crisis capitalista se encuentra en la transformación del capitalismo y en la conquista del socialismo, constituye una premisa central para que las más amplias masas, consciente y decididamente, opten por una salida consecuentemente revolucionaria. La formulación de una teoría científica y rigurosa de la crisis, al igual que de otros aspectos de la realidad, constituye una necesidad ineludible para prevenir cualquier veleidad reformista, o izquierdista, a la hora de elaborar una estrategia política justa, capaz de organizar y orientar revolucionariamente la práctica del partido y de los movimientos de masas. La carencia de una teoría revolucionaria y de una línea política sólidamente fundamentada sólo puede conducir, como ha sucedido con el eurocomunismo, a una pérdida de los objetivos políticos de clase y al desarrollo de una práctica típicamente tacticista y oportunista. Rasgos significativos y naturaleza de la crisis económica actual del capitalismo Tras casi treinta años de expansión prácticamente ininterrumpida, el sistema capitalista internacional se ve inmerso en una profunda y virulenta crisis estructural. El auge y la prosperidad económica capitalista, iniciadas al finalizar la Segunda Guerra Mundial, han dado paso, recién inaugurada la década de los años 70, a una situación económica que,

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por su alcance y gravedad, amenaza con poner de nuevo en circulación, salvando las distancias existentes, el fantasma de la gran depresión de los años treinta… Tres son los rasgos propios de la crisis actual de sobreacumulación que llaman inmediatamente la atención del obser vador: a) la intensidad y capacidad destructiva de la misma; b) su carácter altamente internacionalizado; y c) la complejidad de su evolución y de sus manifestaciones concretas… Es evidente que, tanto la “crisis del sistema monetario y financiero” como la “crisis de la energía” y “de las materias primas” o “la crisis de regulación del Estado”, etc, etc., presentan una indiscutible autonomía en su desenvolvimiento; existe, sin embargo, una matriz común a todas estas rupturas o crisis parciales: la caída de la rentabilidad capitalista, provocada por la sobreacumulación creciente de capital que conlleva el desarrollo capitalista durante las fases de expansión. La sobreacumulación relativa de capital y la consecuente caída de la tasa de beneficios, a que da lugar, constituyen la expresión más precisa y significativa de la contradicción existente entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el sistema de relaciones sociales capitalistas en el que se produce este desarrollo. En efecto, la crisis, y la interrupción del desarrollo de las fuerzas productivas, se produce no porque no existan recursos y medios económicos disponibles, sino porque dicho desarrollo socava, a partir de un cierto momento, las condiciones de valorización del capital. Alcanzando este punto, el desarrollo de las fuerzas productivas se sacrifica al interés supremo de la rentabilidad del capital, en torno a la cual se articula todo el edificio socioeconómico capitalista. La crisis cumple la misión de reajustar el adecuado equilibrio entre desarrollo de las fuerzas productivas y condiciones de valorización, facilitando, con ello, una nueva etapa de expansión. Frente a las diversas interpretaciones que pretenden presentar la crisis como resultado de factores accidentales o casuales, las investigaciones desarrolladas en base a la economía política marxista prueban que nos encontramos insertos en una crisis capitalista de sobreacumulación de capital. Se trata de una crisis que es el resultado de la propia lógica del

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desarrollo capitalista, y que tiene su origen determinante en el excesivo crecimiento relativo experimentado (como consecuencia del progreso técnico que es inherente al proceso de acumulación capitalista) por el valor del capital constante (planta, equipo, materias primas, etc.) que debe movilizar y rentabilizar cada trabajador empleado productivamente. La recomposición capitalista de la crisis La expoliación del Tercer Mundo, la exportación imperialista de capitales hacia los países capitalistas de inferior desarrollo y la intervención del Estado han venido jugando históricamente un importante papel como mecanismos contrarrestantes de la caída de la tasa de beneficio, retardando con ello el surgimiento de la crisis. Sin embargo, estos mecanismos han sido incapaces de evitar, en última instancia, la repetición periódica y crecientemente agravada de las mismas. En ocasiones, sólo la guerra se ha mostrado capaz de destruir y desvalorizar capital en los términos suficientes y adecuados como para que el capitalismo pudiese iniciar nuevas fases de expansión. La Segunda Guerra Mundial, que destruyó la mayor parte de las instalaciones productivas de Europa y Japón, y creó las bases materiales para la expansión de la postguerra, constituye un ejemplo elocuente al respecto. Las guerras interimperialistas provocan la división y subyugación de la clase obrera, permiten reorganizar los mercados internacionales y reestructurar la hegemonía imperialista y contribuyen, con todo ello, en definitiva, a crear las condiciones para un nuevo auge capitalista, destinado irremediablemente, en caso de producirse, a desembocar, tarde o temprano, en una nueva crisis de mayores dimensiones… Ante las limitaciones con que choca para dar, hoy por hoy, una salida abiertamente bélica a la crisis, el imperialismo desarrolla, a fondo, en diversos frentes, una intensa ofensiva dirigida a reorganizar sus estructuras económicas, políticas e institucionales en la perspectiva de elevar la tasa de beneficio y recobrar su deteriorada hegemonía. La erosión salarial y la elevación de la productividad, junto con el desmantelamiento más o menos acelerado del sector público, en su vertiente de servicios y prestaciones sociales, constituyen puntos

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esenciales de esta ofensiva, que está conduciendo a una mayor explotación y a un rápido y grave deterioro de las condiciones de vida de la clase obrera y de amplias capas de asalariados. Simultáneamente, el creciente endurecimiento de los mercados, la acaparación del crédito por los monopolios y la utilización cada vez mayor por parte de estos últimos de tecnologías inasequibles para la pequeña y mediana empresa, conduce a un acusado reforzamiento del proceso de monopolización y a la ruina a extensos sectores de la pequeña y media burguesía, que se ven obligados a cerrar sus negocios y a engrosar las filas del proletariado. Los procesos de concentración y centralización capitalista están siendo especialmente intensos, a escala nacional e internacional, tanto en el sector financiero como comercial e industrial. La fusión de bancos y empresas está a la orden del día, prácticamente en todos los grandes sectores de la economía capitalista. Las perspectivas del empleo ante la crisis y las nuevas tecnologías El desarrollo tecnológico guardó siempre, pero, de manera especial, en sus momentos de “cambio revolucionario”, una estrecha relación con las condiciones del empleo y del mercado laboral, y uno de sus aspectos más inmediatos y evidentes es el desplazar mano de obra del proceso de trabajo. Sólo en la medida en que el surgimiento de nuevos sectores económicos y el proceso de expansión e inversión de capital son capaces de generar tantos puestos de trabajo como los que amortiza el cambio tecnológico y la consecuente elevación de la productividad, el número de empleos se mantiene constante; en caso contrario, el desempleo crece irremisiblemente. A lo largo de la historia del capitalismo, la tendencia al crecimiento del desempleo ha sido constante aún en sus etapas de máxima expansión. Sólo la reducción progresiva del tiempo de trabajo (la jornada laboral se redujo a través de varias etapas de 16 a 8 horas legales, se elevó la edad de escolarización obligatoria, que pasó a 14 y, después, a 16 años, y se instituyen límites cada vez más bajos a la edad de jubilación) y la rápida expansión del sector servicios y del sector público, tras la II Guerra Mundial, permitieron contrarrestar la tendencia

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al desempleo y mantener, en los países capitalistas industrializados, tasas socialmente aceptables de empleo… Todas estas perspectivas tecnológicas representan, por su potencial incidencia sobre las condiciones de trabajo y sobre la estructura sociológica y culla elevación de la productividad se ha tural, un reto logrado, fundamentalmente, a base de reducir tremendo plantillas e intensificar los ritmos de trabajo… para el movimiento obrero y sindical y un factor esencial a tener en cuenta a la hora de criticar las ilusas pretensiones que alberga el “reformismo” en el sentido de que la reducción salarial, en la medida en que fuese capaz de incentivar la inversión, podría contribuir a paliar el desempleo. La reducción salarial no solamente no estimula la inversión, sino que, además, las “nuevas tecnologías”, ahorradoras de mano de obra, lejos de crear empleo, desplazarán a más trabajadores de sus puestos de trabajo. En España, en los cinco últimos años, la inversión ha estado casi paralizada y la elevación de la productividad se ha logrado, fundamentalmente, a base de reducir plantillas e intensificar los ritmos de trabajo… A expensas de esta situación, se desarrolla progresivamente un “mercado negro de mano de obra” que tiende a fragmentar y dividir a la clase obrera, al tiempo que facilita la superexplotación de los más necesitados; paralelamente a este mercado negro, se desarrolla una “economía oculta”, que especula con las miserias que provoca la propia crisis. Se deja constancia de la utilización que hace el capitalismo de su propia crisis para frenar e, incluso, a veces, hacer retroceder el avance del movimiento obrero y las conquistas sociales… Revolución socialista o barbarie capitalista: he aquí, en definitiva, la gran encrucijada a la que se enfrenta la humanidad, y a la que los comunistas en vanguardia del movimiento obrero, y de todas las fuerzas sociales responsables y progresistas, damos respuesta organizando las condiciones para que la revolución sea realidad.

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DEMOCRATIZAR LA CULTURA SIN POPULISMO, SIN HACER CONCESIONES,HA SIDO LA IDEA DE LA REVOLUCIÓN CUBANA

Con motivo del homenaje a Antonio Gades, organizado por la Fundación Obrera de Investigación y Cultura, celebrado el pasado 28 de febrero en Madrid, Propuesta Comunista entrevistó a Abel Prieto, Ministro de Cultura de Cuba, que participó en este acto en representación del Gobierno Revolucionario cubano.

–¿Qué lleva al Gobierno cubano a implicarse en el homenaje a Gades? –Primero, porque fuimos invitados por los organizadores, por el PCPE, por la FOIC, y, después, porque para nosotros Gades es una figura muy especial, alguien muy querido en Cuba, como artista excepcional y, al mismo tiempo, como un amigo solidario (Alicia Alonso, cuando Fidel le entrega la Orden José Martí, habla de Gades y se refiere a su solidaridad sin límites y sin fisuras). El pueblo cubano siente que Gades es uno de esos amigos a toda prueba, uno de esos amigos que siempre estuvo respaldándonos, apoyándonos; una persona muy solidaria, que le hizo esa nota a Fidel (que está en su tumba en las montañas del Oriente de Cuba): “nunca me sentí un artista, sino un simple miliciano vestido de verde olivo, con un fusil

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en la mano para donde, como y cuando sea, siempre estar a sus órdenes”. Es un hombre admirable, que desde que llegó por primera vez a Cuba, en el año 75, llevó todo su arte a nuestro país: hizo Bodas de Sangre, con el Ballet Nacional; bailó con Alicia en una obra muy importante de Alberto Méndez que se llama Ad Livitum, con música de Sergio Vitier; se sumó al Ballet Nacional, con Giselle, viajando a Estados Unidos con la representación de ballet de Cuba, y, a partir de entonces, estuvo yendo a Cuba muchas veces, haciendo una amistad extremadamente íntima con Fidel y con Raúl, y quiso que sus restos descansaran en Cuba, para orgullo nuestro. Nosotros lo sentimos como un cubano más, como alguien que nunca nos falló, que siempre estuvo cerca de nuestras batallas, y como un artista inmenso. Por eso, entendemos y vivimos este homenaje como una iniciativa muy oportuna y tremendamente necesaria; por eso, es imprescindible que Cuba estuviera presente aquí. –En un mundo en el que el mercado decide por dónde debe discurrir la obra y la evolución de los intelectuales y artistas, razón -señalaba anteriormente- que impide que los artistas críticos tengan un hueco en ese mercado, ¿qué legado podemos extraer de la trayectoria profesional, artística y personal de Antonio Gades? –Gades dejó un ejemplo muy claro de trabajo con las tradiciones populares, de mucho rigor, sin aceptar lo colateral, las lentejuelas con las que a veces esa tradición popular se presenta, buscando lo esencial con gran valentía artística, con mucha claridad en términos estéticos y en términos éticos, y, al propio tiempo, es ejemplo de persona de una vocación social y política de avanzada, de vanguardia. Es una persona que nunca se apartó de esas lealtades esenciales. En un tiempo en que la gente renegaba de sus ideas de izquierda, se mantuvo muy firme en la defensa de esas ideas y, en este sentido, es muy significativo que Gades se haya muerto siendo miembro del Comité Central del PCPE y llevando como bandera su amistad con Raúl, con Fidel y con la Revolución Cubana. Todas esas cosas, en tiempos donde hay tanto oportunismo, donde hay tanta gente vendiéndole el alma al diablo

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(u ofreciéndosela, a ver si se la quiere comprar –risas-), donde se han visto tantos espectáculos lamentables, su figura y su trayectoria dan una imagen de firmeza, de lealtad, de coherencia intelectual y moral que, sin duda, trasciende con mucho su obra, su espacio y los años de su vida. Esa herencia le pertenece al futuro. –La cultura en Cuba también sufre las consecuencias del bloqueo impuesto por Estados Unidos. Quisiéramos tener la perspectiva de qué podría haber sido la cultura cubana de no haber estado sometida a ese bloqueo. –El terrible costo económico que tiene el bloqueo afecta a las posibilidades que tiene el gobierno revolucionario de hacer cosas en la cultura, a lo que pudiéramos realmente impulsar y promover si no existiera esa guerra financiera y económica. El mercado del arte norteamericano es el más activo del mundo y sería una fuente importante de ingresos para nuestros artistas (sólo por derechos de autor, es difícil calcular cuánto pierden nuestros compositores, nuestros músicos). El bloqueo impide calibrar el peso que podrían tener en EEUU las artes visuales cubanas (que tienen una vitalidad muy particular), el mundo del espectáculo, el propio Ballet (que antes de Bush viajaba muchas veces a EEUU, pero nunca con un carácter comercial), figuras del jazz que llaman latino (tenemos muchas figuras jóvenes, aparte de Chucho Valdés y otros artistas ya consagrados; estos profesionales de la música tendrían allí un mercado seguro). El propio intercambio con artistas norteamericanos está limitado. Yo creo que, en general, habría opciones de intercambio cultural con lo más auténtico del arte de EEUU. A nosotros no nos interesa vincularnos con el arte de la industria del entretenimiento: ahí hay subproductos, pseudocultura, basura, en definitiva, que más bien empobrece, y no es para nosotros, en absoluto, una prioridad cultural. Pero hay muchos artistas muy valiosos y mucha producción audiovisual alternativa que nos interesa. Además, nosotros tenemos aliados naturales en los mejores artistas e intelectuales de EEUU (Noam Chomsky, Howard Zinn, Bellafonte, Danny Glover, Sean Penn, Robert Redford -todos ellos siempre han estado interesados en Cuba y visitando nuestro país, aunque, a partir de

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las limitaciones que impuso Bush, en la última etapa, ese intercambio prácticamente se cortó). Así que, sin duda, el bloqueo influye en la cultura nuestra porque limita nuestros intercambios y nuestras posibilidades económicas de una manera muy radical y pienso que, si algún día se logra vencer ese cerco y derrotar esa política espantosa y genocida, la cultura tendría ventajas importantes. –A pesar del bloqueo, la Revolución avanza. ¿Cuáles son los principales logros que ha tenido la cultura cubana durante estos 50 años? –No es fácil sintetizar. Lo primero que me viene a la cabeza son las escuelas de arte. Hoy tenemos más de 60 escuelas de arte en Cuba, en todas las provincias, que garantizan la democratización del hecho cultural, que fue uno de los principios de la política del país desde el propio año 59. Las primeras escuelas de arte se crearon en el año 60 y la idea central de Fidel y de la dirigencia revolucionaria en ese tiempo era que no se perdiera ningún talento, ya estuviera en la Sierra Maestra o en los barrios más marginales de las ciudades. Yo creo que eso se ha ido logrando. Hoy, el resultado de las escuelas de arte, en términos de calidad, es muy, muy bueno. Cada vez que mandamos a un artista joven a cualquier país del mundo, a los concursos internacionales en Europa, esos artistas ganan los primeros premios. Son muy competitivos (hay que reconocer que el nivel es muy alto y que compiten en él de manera natural) los jóvenes graduados en nuestras escuelas. Esa es una de las grandes conquistas revolucionarias, que va desde las escuelas elementales de arte (para niños de enseñanza primaria) hasta la universidad de las artes, que es el Instituto Superior de Arte (ISA), que está en La Habana. Otra conquista importantísima es la producción de libros. En Cuba tenemos más de 100 editoriales, tenemos la Feria del Libro, que es el evento cultural más trascendente del país, el más masivo, que recorre las provincias de Cuba después de inaugurarse en La Habana. Alejo Carpentier tuvo una frase cuando se creó la Imprenta Nacional, en el año 1960; él dijo entonces: “terminaron para el escritor cubano los tiempos de la soledad; empiezan los tiempos de la solidaridad”. Porque antes de

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la Revolución no había prácticamente editoriales, y, las que funcionaban, eran privadas. Así, Nicolás Guillén publicó su primer libro gracias a un premio que se ganó en una lotería (con ese dinero se pagó su propia edición de su poemario, que después resultó fundamental en la lírica cubana). Alejo Carpentier nunca publicó un libro antes de la Revolución, aunque ya era un escritor de fama mundial, que vivía en Venezuela al final de la década del 50. De modo que se puede decir, sin faltar a la verdad, que no había un respaldo para la labor del escritor y no había lectores. Teníamos un 30% de población analfabeta y un porcentaje importantísimo de ciudadanos que, aunque sabían leer, lo hacían de una manera muy rudimentaria. Era un país con una élite cultivada, de grandes poetas, de grandes intelectuales, y una masa de gente ignorante, que era la tragedia de la Cuba prerrevolucionaria (una de las cosas más grotescas que se ven hoy es gente, en Miami, tratando de idealizar la Cuba de los tiempos de Batista, la Cuba previa al 59, que tenía ésta que acabo de esbozar como una de sus caras más horribles). Otra de las conquistas fundamentales es la creación de un cine nacional (el ICAIC –Instituto Cubano del Arte y de la Industria Cinematográfica- se crea en el año 1959), y la formación de un público masivo para el cine de calidad. Hoy tenemos el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, que es un evento anual y se forman colas enormes de gente, que no van a ver las películas de Hollywood, sino el mejor cine de América Latina y el cine experimental de todas partes. Se creó una cultura masiva en relación con el cine, se creó un cine nacional, con obras maestras (Memorias del Subdesarrollo, Lucía); Santiago Álvarez, que es uno de los más grandes documentalistas de la historia del cine, se forma en esos años; y se funda una industria del cine, que, al propio tiempo, influye en toda América Latina y, de manera decisiva, en el nacimiento el movimiento del nuevo cine latinoamericano. Todo eso tiene que ver con la Revolución Cubana. Creo que en el propio campo del ballet, de la danza, de las artes escénicas, esas manifestaciones se extienden y tienen ejemplos verdaderamente de vanguardia. El Ballet Nacional, por ejemplo, ha dado una pléyade de artistas impresionantes, y se ha creado un público masivo para el Ballet. Es decir, en general, en las artes plásticas -tenemos un evento

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de primer nivel, la Bienal de Artes Plásticas-, en las artes visuales, apostamos por el arte más cuestionador, ajeno a todo el mundo comercial mediocre y defensor de los valores del llamado Tercer Mundo. Creo que, en general, hay un nivel cultural, a una escala masiva de la población, que alcanza manifestaciones de las más sofisticadas. Es una idea que está muy clara en los discursos de Fidel en torno al tema de la cultura (Palabras a los intelectuales, del 61), o de Armando Hart y de los grandes dirigentes de la política cultural de la Revolución: la idea de democratizar la cultura sin populismo, sin hacer concesiones. Eso se ha demostrado con el cine de calidad, con el ballet de calidad, el ballet clásico, con las expresiones de vanguardia en las artes plásticas. Es decir, esa idea de que el pueblo tenga acceso, comprenda, evalúe y disfrute lo mejor del arte cubano y universal es un espacio ganado, una victoria más de la Revolución. La cultura en Cuba ha tenido también una concepción descolonizadora: la Casa de las Américas se crea en el mismo año 1959 y es una institución de la descolonización, una institución que hizo que el pueblo cubano se sintiera latinoamericano y caribeño, tomara conciencia de que pertenecemos a una patria mayor. La Casa de las Américas hizo un trabajo, con Haydée Santamaría –su fundadora- al frente, de promoción de la literatura latinoamericana y caribeña verdaderamente extraordinario. Al tiempo, se creó un lector cubano para esa literatura, un espectador para las manifestaciones teatrales de América Latina. Es decir, esa visión no colonial de la cultura, esa visión afirmadora de la identidad, es también una conquista de la Revolución. En este sentido, y paralelamente, se hizo un importantísimo trabajo en nuestras editoriales con la literatura africana (Arte y Literatura tradujo y publicó a los mejores autores de África). Un ejemplo señero es el del nigeriano Wole Soyinka, que fue Premio Nobel, y que se tradujo por primera vez al español en Cuba, antes de ser internacionalmente conocido tras recibir ese galardón. En definitiva, la política cultural que se fundó en el año 59 en Cuba, sin ser para nada chovinista, defiende lo nuestro, a la par que defiende el acceso del pueblo al patrimonio cultural universal. Es una política que no se atiene a los patrones coloniales, sino que busca las expresiones culturales del mundo del Sur, muchas veces subestimadas y, a veces, saqueadas.

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Otra cosa importante fue la recuperación del patrimonio cultural de origen africano, pues la Cuba prerrevolucionaria era muy racista, profundamente racista y la Iglesia Católica era muy reaccionaria (nosotros no teníamos sacerdotes -como ha habido en América Latina- asociados a las luchas de liberación; muy al contrario, en la lucha de liberación cubana, la iglesia se alió a la alta burguesía y rechazó de una manera visceral y muy racista todo el legado espiritual africano, que es fundamental para la nacionalidad cubana). La Revolución, combatiendo esto, fundó el Instituto de Etnología y Folclor; desde el Teatro Nacional se hizo un trabajo de investigación muy importante; se creó el Conjunto Folclórico Nacional y las revistas que se editaron en torno a este tema fueron fundamentales. Se creó una fundación, que hoy preside Miguel Barnet, que se llama Fernando Ortiz (en homenaje a uno de los estudiosos más relevantes de ese legado africano), que ha contribuido a que el cubano sepa y entienda que forma parte de esa multiculturalidad, es decir, que sus raíces vienen de las distintas regiones de España, pero también de las distintas regiones de África, que tienen unas raíces asiáticas (chinas), etc. Yo creo que esa imagen del cubano que tiene ver con la diversidad de sus orígenes es otra de las ganancias de la Revolución. –¿En qué se diferencia una cultura basada en criterios de mercado y una cultura como la cubana, basada en un modelo revolucionario, con prioridades más sociales? ¿Qué organismos tiene Cuba para fomentar y desarrollar este tipo de cultura? Y, sobre todo, ¿cómo puede participar la juventud en ellos? –Una de las cosas que a veces dicen los medios de la derecha es que los intelectuales de las izquierdas se han puesto viejos; se habla de que no hay nuevos valores en la izquierda intelectual, en la izquierda artística. Es una especie de argumento que he visto a menudo. Sobre esto hemos debatido un poquito en Cuba y una de las cosas que hay que decir es que cuando uno analiza la derechización de los últimos 20 años, en el campo de los mecanismos de legitimación cultural, uno se da cuenta de que es muy difícil para un joven talento, con posiciones de herejía y revolucionarias, con posiciones de oposición al sistema, hacerse famoso. En los últimos 20 años, la derecha ha copado los mecanismos de legitimación intelectual: esa es la verdad.

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Cuando uno mira a la cultura y ve a Mario Benedetti, Ernesto Cardenal, Volodia Teitelboin, Julio Cortázar y otras figuras que uno recuerda y que tienen que ver con la idea de la revolución, del cambio y de la transformación, uno no encuentra nombres jóvenes, es muy difícil. Por supuesto, los hay: el mismo Manu Chao es un artista con propuestas muy interesantes, para nada frívolas. Hay que estudiar un poco el tipo de discurso que él propone porque es muy válido. Pero, en general, no es fácil encontrar gente joven famosa. Hay mucha gente joven haciendo cosas interesantísimas, pero les cuesta mucho trabajo colocarse (vamos a decirlo así) dentro de los circuitos grandes de promoción y de divulgación, que están copados por la gran maquinaria de la derecha para premiar al intelectual y al artista que se pliega al sistema y, con ello, premiar la frivolidad, la tontería, el subproducto vacío y castigar a aquello que puede ser revolucionario. Hay ejemplos muy ilustrativos: a la gran canción-protesta norteamericana (Bob Dylan, Joan Báez, hasta el propio Pete Seger) o a todos los cantautores de los 60, que hicieron canciones que tenían una fuerza transformadora extraordinaria, el mercado los fue acorralando, los fue llevando a cauces inofensivos. Lo mismo pasó con el hip-hop, con el rap, que nacieron como expresión de protesta por las condiciones en que vivían los negros en los barrios marginales de EEUU y, al final, el mercado absorbió todo eso hasta el punto de que ahora el rapero por excelencia es Eminem, un hombre de raza blanca. El arte de vanguardia y de rebeldía ha sido sometido por el mercado, que es un censor implacable, que ha ido acorralando las manifestaciones que pueden resultar peligrosas para el sistema, mutilándolas, anulando su sentido revolucionario y transformador y premiando aquello que, de un modo u otro, funciona como un factor de integración al sistema. En Cuba estamos trabajando duro para apoyar todo lo que sea experimentación, apoyar un arte que no tenga que hacer concesiones mercantiles, apoyando a los jóvenes en este objetivo. Nosotros tenemos una institución, la Asociación Hermanos Saíz, de artistas y escritores jóvenes, muy activa, que es muy crítica con la gente que dentro de Cuba, que los hay, hacen concesiones al mercado. Esa

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Asociación tiene un discurso muy crítico de la industria hegemónica del entretenimiento, muy crítico de la contaminación que a veces llega hasta nuestros artistas, muy crítico de errores que pueden cometer las instituciones nuestras, repitiendo modelos coloniales. Hoy hay un movimiento de novísima trova en Cuba, con figuras muy jóvenes, que está haciendo una canción pensante; grupos de rap muy valiosos; tenemos, incluso, una agencia de rap atendiendo a ese movimiento; tenemos una agencia de rock, que se encarga de este sector de la música. En las artes plásticas, hay gente valiosísima en Cuba. En la Bienal de este año presentan instalaciones -son sobre todo instalacionistas- que van más a lo intelectual, a la pregunta intelectual más que a lo ornamental. La Bienal hace especial énfasis en ese tipo de arte. Hay mucha gente joven haciendo cosas muy interesantes en las artes visuales. Se acaba de celebrar la Muestra de Cine Joven. Muchos realizadores jóvenes cubanos están haciendo, a partir de las nuevas tecnologías digitales (que abarata mucho la producción cinematográfica), un cine muy valioso, muy interesante. Este evento ha tenido un efecto importante en la promoción de estos jóvenes valores del cine. Ahí enfrentamos la tragedia de que las instituciones nuestras tienen recursos muy limitados frente a la explosión de talento que hay en el país; hay un desfase enorme entre las posibilidades de las instituciones culturales del país de promover esa obra, ese talento, ese mensaje, y la cantidad y calidad de nuestros intelectuales y artistas. –Un tema recurrente en los ataques a Cuba es la libertad de expresión. Sin embargo, entendemos que esta libertad no se basa tanto en las manifestaciones irreflexivas como en el hecho de que haya condiciones materiales para que esa libertad se pueda ejercer realmente y con responsabilidad. ¿Cómo ha trabajado la Revolución en el tema de la libertad de expresión en la cultura y más allá de ella? –Voy a empezar por la cultura. Yo creo que nosotros hemos logrado, a pesar del acoso al que nos han sometido, a las agresiones cotidianas, al bloqueo, que no haya una mentalidad de plaza sitiada. No ha habido una contracción en la discusión, en el debate, en nuestra democracia, a pesar del enorme peligro externo y a pesar de los feroces ataques.

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En la sociedad cubana se debate extraordinariamente. En el Congreso de la UNEAC –Unión Nacional de Escritores y Artistas-, en abril de 2008, se discutió a fondo, con gran profundidad y crudamente, sobre todos los temas que tienen que ver con nuestra política cultural, todo el funcionamiento de nuestras instituciones; se discutió el tema de la educación en Cuba, la ética; se discutieron temas asociados a las manifestaciones de corrupción que estamos viviendo, lamentablemente; en definitiva, todos los temas que afectan al tejido espiritual nuestro. Estuvieron presentes todos los Ministros cuyas tareas se relacionan con algunos de los temas que fueron tratados allí -el de Turismo, el de Educación, yo mismo. Fue un Congreso muy serio, muy riguroso, donde predominó el espíritu crítico desde un punto de vista totalmente revolucionario. Otro ejemplo es el discurso de Raúl del 26 de julio de 2007, que abrió un proceso de debate nacional (en los centros de trabajo, de estudio, en los barrios) que derivó en una avalancha muy valiosa de propuestas de la gente (más de un millón) que pedían de nosotros que hiciéramos un socialismo más eficiente, que resolviéramos los problemas de la burocracia, que resolviéramos los problemas que tienen que ver con la distorsión de nuestro socialismo (no con el socialismo en sí). Es decir, el cubano masivamente no ve en lo absoluto que las soluciones puedan estar en el capitalismo, y, al mismo tiempo, debate y analiza. Nosotros estamos obligados (todas las personas con responsabilidades institucionales) a hacer asambleas mensuales con los sindicatos, tenemos que rendir cuentas permanentemente de nuestras gestiones. Por otro lado, nuestro Partido no es un partido electoral. En el propio Partido hay una democracia interna muy notable, hay mucho debate, mucha discusión. Decir que en Cuba no hay libertad de expresión es una caricatura con visiones fascistoides de la ultraderecha, cada día más desprestigiada. En el contacto que tuvimos, el Secretario del PCPE decía que defender a Cuba hoy, a la luz de todo lo que está ocurriendo, con la crisis brutal del capitalismo y del modelo neoliberal, es más fácil que en otros momentos. Las tesis de Fidel se han venido confirmando y yo pienso que cada día se va a mirar con más respeto a Cuba. En los últimos tiempos, ha habido

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un montón de visitas importantes de mandatarios del mundo a Cuba; nuestro país acaba de entrar en el Grupo de Río; Raúl ha hecho una gira internacional muy importante. Así que el prestigio de Cuba se ha ido consolidando de una manera muy clara, al tiempo que se ha ido desprestigiando toda aquella filosofía que se ha usado para atacar al socialismo y para atacar a nuestro país. Hay mucha libertad de expresión en Cuba: en el teatro, en el cine, en la literatura, en todos esos ámbitos se denuncian y critican duramente nuestros problemas. Nosotros no promovemos un arte propagandístico; hay una extraordinaria libertad de expresión, que habría que ver si tiene igual en el mundo del mercado neoliberal. –¿Qué perspectiva se tiene desde Cuba de la crisis capitalista actual y del hecho de que, pese a ser la clase obrera la más perjudicada en este proceso, las ayudas de los gobiernos vayan a los bancos y financieras? –Nosotros pensamos que es un momento en que resulta trascendente la elaboración de proyectos alternativos, resulta esencial la crítica de lo que está pasando, pues a lo que estamos asistiendo es al intento de salvar el sistema, no a la revisión de sus bases. La intervención estatal en esta crisis, la que está haciendo EEUU y Europa, está orientada a salvar el sistema, sin entender que lo que está en crisis es el sistema mismo. Es un momento para trabajar en el campo intelectual. Yo recordaba recientemente, en la intervención que hice en la Feria del Libro, la frase de Fidel, cuando se celebró, en La Habana, el 150 aniversario del natalicio de Martí (se reunieron muchos intelectuales del mundo en Cuba), que decía que, ante lo que estaba pasando, ante la barbarie de la guerra, ante el genocidio cotidiano del neoliberalismo, había que “sembrar ideas y sembrar conciencia”. Pues bien, a mí me parece que en el momento actual hay que sembrar ideas, hay que difundir las ideas del cambio, toda esa producción interesante. Creo que hoy estamos viviendo que la izquierda sale del trauma, del golpe aquel tan espantoso del desmantelamiento del bloque socialista (la propia URSS, cosas que parecían eternas y que se vinieron abajo de una manera muy poco gloriosa), tras el que mucha gente se quedó paralizada.

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Aparte de los oportunistas, que rápidamente cambiaron de casaca y empezaron a tratar de hacerse un lavado de biografía, mucha gente honesta se quedó desconcertada ante el terrible cataclismo (en Cuba fue muy fuerte, económicamente y también en términos de ideas, de paradigmas). Pero pienso que ha habido un repunte en los últimos años de las ideas de izquierda. Lo que está pasando en América Latina es muy alentador, realmente alentador, y creo que hay que aprovechar el momento para consolidar esas ideas, difundirlas, debatirlas, buscar alternativas para que esos esfuerzos intelectuales de la izquierda auténtica no queden aislados, crear redes, articular que esa producción intelectual se conozca. Yo creo que hay mucha gente hoy en el mundo, mucha gente, que son, que forman, núcleos de resistencia cultural y que están trabajando de manera dispersa. El reto, entonces, es crear una red o consolidar las redes ya existentes y hacer que estén conectadas unas a otras. Me parece que ahí hay un trabajo, que tiene que ver con ese tejido intelectual, que es muy importante hacer, que es vital hacer. En cuanto a la crisis, este fenómeno va a tener un efecto didáctico durísimo, amarguísimo, para toda esa gente que pensaba que, efectivamente, el capitalismo y el neoliberalismo eran soluciones. Estamos viendo todos esos fetiches derrumbarse (estamos viendo la caída del Muro de Berlín del capitalismo y el neoliberalismo) y, frente a esto, hay que crear alternativas, llevar la crítica hasta sus últimas consecuencias. Se están reeditando libros de Marx (es muy ilustrativo esto), que parecía que había quedado en un panteón arqueológico, y ahora resulta que, de pronto, la crítica y el desmontaje que hizo Marx del sistema capitalista adquiere una gran actualidad. Por supuesto, hubo cosas que Marx no pudo prever, pero es muy interesante que sus ideas vuelvan al primer plano de la discusión intelectual del mismo modo que se está volviendo a hablar de las ideas comunistas y de las doctrinas de emancipación que parecían ya superadas. –¿Qué papel se le reconoce al pensamiento crítico (desde el plano de rechazar los dogmatismos) en la profundización del proceso revolucionario y cómo se aborda la apertura de espacios para el desarrollo de la crítica? ¿Se percibe este hecho como una necesidad?

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–Hay una frase de Fidel, del momento en que se creó la Imprenta Nacional, en que refirió algo así como: “no le decimos al pueblo cree, sino lee”. Esa frase es muy reveladora de cómo concibe Fidel, desde ese mismo momento, la formación de ese pueblo, de ese hombre nuevo sobre el que se ha debatido tanto. Lo cierto es que no pretendemos formar fanáticos. Desde sus inicios, a la Revolución no le interesó formar fanáticos, robots que fueran con las banderas marchando sin argumentos y sólo repitiendo consignas. Es decir, trabajamos siguiendo la idea de que tenemos que formar un pueblo culto, un pueblo libre, que ejerza el pensamiento crítico como algo habitual, esencial, que le resulte orgánico. Un revolucionario tiene que ejercer esa valoración crítica de manera tan natural como el hecho mismo de respirar. Fidel, en su concepto de revolución, dice también: “revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado”. O sea, un revolucionario no puede ser alguien que acepte la rutina, que se conforme con cuatro esquemas y cuatro consignas; tiene que ser un perpetuo crítico de lo que hace y hacemos entre todos, como sociedad, y a mí me parece que ese debate, esa discusión, es muy enriquecedora. El ejemplo que más presente tengo ahora es ese Congreso de la UNEAC al que antes hice referencia, y que sirve mucho para ilustrar esto que digo: el papel de la crítica entre revolucionarios es vital y no puede ser sustituida por nada. No hay manera de defender nuestro socialismo, de transformarlo para hacerlo más socialista, más eficiente, que no sea a través de esa crítica, del análisis de nuestros problemas; eso es una idea esencial. –Usted se ha referido en varias ocasiones a los medios de comunicación de masas, al rol que juegan en la sociedad. ¿Qué papel les toca a estos medios en el remonte de la crisis ética actual y en la superación de la influencia ideológica que, incluso en Cuba, se transmiten a través de los productos de consumo que ofrecen? ¿Cómo se subvierte el efecto que esos productos tienen sobre la gente? ¿Cómo se cambia el individualismo que propugnan por la solidaridad, cada vez más urgente? –En torno a los medios masivos de comunicación, a nosotros nos interesa mucho formar ciudadanos que sean receptores críticos de ese mundo de la información y de la cultura que nos viene desde todas par-

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tes; es decir, yo creo que la idea de que tenemos que crear esa capacidad en la gente es en la que tenemos que trabajar. Sería ridículo ponernos ahora a prohibir una película o a prohibir algún tipo de texto; en primer lugar, porque no sería realizable en el mundo de las tecnologías y de Internet, y, en segundo lugar, porque resultaría pueril e ingenuo pretender que alguna idea o mensaje, informativo o político, no llegue a la población. La batalla hay que ganarla en el interior de la gente, en la formación de valores en la ciudadanía. En definitiva, es mantener viva esa idea de Martí de que la libertad está asociada a la cultura y que tener un pueblo culto es tener un pueblo al que no se pueda manipular ni hipnotizar, un pueblo que tenga referencias muy claras, una cultura muy sólida y, también, una cultura política muy sólida. Nosotros, en ese campo, hemos tenido avances muy importantes: no hay manera de explicar que el pueblo cubano haya resistido, junto a Fidel y junto al Partido, el durísimo embate de los 90, un período de tanta falta de todo tipo de cosas materiales, si no es con una cultura política muy sólida. A mí me parece que eso es una conquista de la Revolución, que no es una batalla definitivamente ganada, sino que hay que seguir construyendo, trabajando con las jóvenes generaciones. Esa batalla se libra y se gana en el debate y en la participación; estoy convencido de que la cultura política se gana participando. Todas las grandes subtareas de la Revolución se hicieron participando. La campaña de alfabetización se hizo con la participación de decenas de miles de personas, y, como ésa, se han llevado a cabo infinitas grandes obras revolucionarias, haciendo que el pueblo participara en ellas, que fuera parte de ellas. La idea de un pueblo con ese sentido crítico muy acusado, capaz de resistir todo ese diluvio de falsedades, de subproductos culturales; de decidir, a partir de sus propias referencias y de sus propias convicciones y principios, qué, de todo eso, vale la pena y qué no tiene sentido, porque lo pretende es manipular; tener esa capacidad es lo que verdaderamente hace libre al pueblo cubano.
(1) Dirección de Calibán, Revista Cubana de Pensamiento e Historia: www.revistacaliban.cu

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Ahora bien, en Cuba sí tenemos una influencia muy fuerte de la industria del entretenimiento (el cine estadounidense de la peor especie entra en Cuba todo el tiempo y, personalmente, opino que influye en la población nuestra, aunque no de una forma determinante). Lo que se ha venido haciendo en todos estos años de Revolución, con la inserción de los instructores de arte en el sistema general de educación, ha sido fundamental en este combate. Hoy tenemos 6 mil instructores de arte graduados, trabajando con niños, con adolescentes, porque estamos convencidos de que hay hábitos culturales que si no se inculcan en la persona en edades tempranas, después es muy difícil que formen parte de la vida adulta de cualquiera de ellas. Todas estas ideas orientadas a crear hábitos culturales desde la infancia y la adolesciencia son formas de defenderse frente a esa oleada de la industria del entretenimiento. –Háblenos de la experiencia de la revista digital Calibán(1) –La Revista Calibán tiene que ver con las distorsiones en el campo de la historia. Yo creo que la batalla de ideas (como la bautizó Fidel) se da en y por el presente, pero también por el pasado. Ustedes en España tienen esa tragedia muy viva, en torno a la relectura que se ha hecho de la historia de este país desde la derecha, que resulta muy obvia y nefasta. Sin embargo, ese hecho ocurre a escala global; de manera permanente se está intentando revisar la historia. Es muy obvio también lo que se ha venido haciendo con la guerra de Vietnam (a través del cine, a través de la literatura) y qué decir de lo reescrito y dicho de la Segunda Guerra Mundial. La memoria histórica y la memoria cultural del mundo ha sido trabajada, distorsionada de una manera muy intencionada, muy perversa, por parte de los dueños de los grandes medios de comunicación y de difusión cultural. Hay, en definitiva, una lectura reaccionaria, imperial, de los procesos históricos de los cuales venimos todos nosotros. Un ejemplo es la folclorización de las figuras de la izquierda. Hollywood ha hecho una labor muy destructiva en este sentido (hay una película vergonzosa en esta línea, la dedicada a Lorca, en la que el papel protagonista lo encarna el actor de origen cubano Andy García, y que merecería ser enterrada en el centro de la tierra; también hay otra sobre Frida Kahlo, otra sobre Evita Perón, otra sobre Emiliano Zapata), llevando al terreno de la chabacane-

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ría y el esperpento a figuras que han estado vinculadas a procesos revolucionarios o transformadores de distinto tipo, limpiándolas y convirtiéndolas en fetiches de brillo y lentejuelas. Todo esto se ha hecho a través del libro, de la ficción, de las películas, de una mediocre documentalística asociada a un supuesto cine educativo (el History Channel –Canal Historia- es el estereotipo de este vergonzoso crimen que se está cometiendo con la historia y con la memoria cultural del mundo). Pues bien, Calibán tiene esa intención, asociada sobre todo a la historia de Cuba, y tiene que ver con la idealización, verdaderamente impúdica, que se está haciendo, en el exterior, de la Cuba del régimen batistiano. Es insólito que se pretenda ignorar de qué abismo sacó a Cuba la Revolución, un abismo sin fondo en términos morales, sociales, culturales. Éramos una colonia envilecida, y da vergüenza que haya gente que se preste a dar una imagen edulcorada de aquella parte de nuestra historia. Calibán (que toma el nombre de un gran libro de Roberto Fernández Retamar, que, a su vez, hace una relectura de La Tempestad, de Shakespeare, utilizando el Calibán del escritor británico para reivindicar nuestra esencia, usándolo como símbolo del Sur) es una revista digital, en la que están participando historiadores cubanos, donde se debate en foros en los que todo el mundo puede participar, porque no sólo se trata de la historia de Cuba, sino que de lo que habla y se discute es de hasta qué punto la historia de nuestro continente, de América Latina (y, en general del mundo) puede conformarse con la visión reaccionaria que se está dando de su evolución y de sus procesos. –Antes hablaba de la absorción de muchos intelectuales y artistas por parte del sistema y del empeño que sus gestores ponen en llevar a la práctica una línea de acción y unas políticas destinadas a aniquilar cualquier expresión de pensamiento crítico y a neutralizar todas las manifestaciones culturales y artísticas que les resulten peligrosas. En esta línea, existe entre alguna gente de la cultura cubana la sensación de que, si bien no con la misma forma, pero sí con un resultado que podría acercarlo mucho al panorama esbozado antes, en Cuba se ha producido un fenómeno, el del acomodamiento, que hace que intelectuales y artistas no estén res-

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pondiendo al momento histórico que se está viviendo en el mundo, e, incluso, dentro de la propia Cuba. ¿Qué análisis cabe hacer de esta inquietud? –En cuanto a las manifestaciones culturales más jóvenes, la Asociación Hermanos Saíz ha estado impulsando conciertos, giras, discos. Hay un montón de gente muy joven haciendo cosas muy interesantes que creo que sí tiene ese núcleo de rebeldía que caracterizó a la Nueva Trova. En general, mi percepción es que los artistas jóvenes no están haciendo concesiones mercantiles -y me refiero a la novísima canción cubana pensante, porque hay sectores, como dije antes, en los que algo de eso sí ocurre. De todos modos, yo creo que esos peligros están siempre presentes; no creo que podamos eludir ese tipo de debate, ese tipo de discusión; yo insisto mucho en lo importante que es tener en Cuba, en activo, a críticos de arte y de las distintas manifestaciones de la cultura que nos estén ayudando continuamente a detectar cuándo se está distorsionando el sentido esencial de la creación cultural. Nos pasó con grupos de rap, que empezaron a hacer reggaeton buscando éxito y se posicionaron en la línea de hacer música comercial sin más. También en las artes plásticas ha habido casos de artesanos y artistas que han encontrado una fórmula exitosa y se dedican a repetirla. Son algunos casos de ese fenómeno que planteas, que desde luego no es representativo. En cualquier caso, eso no lo puede resolver un ministerio ni una institución. Para hacerlo hay que crear un clima de debate donde este tipo de fenómenos sea discutido abiertamente con argumentos y que el artista que se reconozca en esa línea de acomodamiento pueda evaluar su trayectoria y reposicionarse. En ese sentido, creo que el debate propiamente artístico es vital también para el desarrollo de la cultura revolucionaria. –¿Qué relación existe entre los intelectuales y artistas cubanos que están fuera del país con los que trabajan y viven en la isla y cómo se articula desde las instituciones culturales esa relación? –Nosotros, desde hace algunos años, hemos adoptado una política –que creo que ha sido muy útil– de no excluir a los artistas que viven fuera de Cuba de nuestro trabajo de divulgación y promoción, y de sepa-

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rar, incluso, la posición política del artista del aporte que han hecho a la cultura cubana. Es decir, resulta absurdo pensar que, porque alguien se muda y se va de Cuba, ya lo que haga deja de ser cultura cubana. El ejemplo más clásico de esto que expreso es un libro de una escritora cubana, Lidia Cabrera, titulado El Monte, que publicamos en el año 1985 en Cuba. Ella, que vivía en Miami y mantenía una posición de gran hostilidad hacia la Revolución, hizo esta obra -que es como la biblia de la santería cubana-, que nosotros publicamos porque ese libro forma parte de nuestra cultura. De la misma manera hemos ido publicando obras de artistas emigrados, que nos pertenecen, aunque no estén, y forman parte irreversible de nuestro acervo cultural. Por supuesto, en ese campo de los emigrados hay muchas gradaciones: los hay que trabajan con nuestras embajadas en la defensa de la causa cubana, en el movimiento por la liberación de los cinco revolucionarios presos en EEUU; hay otros que no hacen eso, pero que, al mismo tiempo, son respetuosos de la obra de la Revolución; en este tema hay muchos matices y tenerlos en cuenta es muy importante. Pero, en general, cuando la obra es valiosa, hay que divulgarla en Cuba. Tenemos un caso muy cercano: con motivo del 50 aniversario de la Revolución, se publicó una antología del cuento en la que se incluyó uno de Cabrera Infante (ahora la viuda nos está reclamando no sé bien qué), pues entendemos que un proyecto como éste, que quiere reflejar la cultura de estos 50 años, ha de tener entre sus páginas cuentos de Cabrera Infante, de Jesús Díaz, gentes que se convirtieron después en personas, digamos, profesionales de la contrarrevolución; pero esos cuentos son nuestros y enriquecieron entonces, y siguen enriqueciendo ahora, el patrimonio cultural cubano. Eso lo hemos tenido claro y lo vamos a seguir haciendo de este modo. –Haciendo una traslación de la coherencia y el compromiso político de Gades a su obra como artista, y extendiendo esa relación al mundo de la cultura y de sus expresiones, ¿cuánto ha de haber de política en las manifestaciones culturales de los intelectuales para lograr la coherencia y materializar el compromiso con la lucha de los pueblos?

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–Yo, personalmente, no creo que la cultura, para ser revolucionaria, tenga que llevar temas revolucionarios (y no estoy hablando ahora como funcionario del Gobierno cubano). Hay demasiados ejemplos de mala literatura que pretende ser revolucionaria, de teatro mediocre que pretende ser teatro revolucionario; hay casos excepcionales (Bertolt Brecht) que hicieron un arte portador directo de un mensaje revolucionario y que, al tiempo, era de la más alta calidad; ahora bien, yo creo que el arista tiene que ser consecuente con su mensaje, con lo que quiere decir. A mí me preocupa el arte que se propone hacer propaganda, porque ni funciona como propaganda ni funciona como arte. –¿Cómo se ve desde Cuba el papel que ha de jugar la cultura en los procesos de cambio, de transformaciones soberanistas, que vive América Latina, de cara a la profundización y fortalecimiento de los mismos? –En América Latina, todos estos procesos de cambio no han generado (sería precipitado afirmar algo así) un arte y una cultura que sean portadores de los ideales de justicia, de los ideales de democracia verdadera, que están hoy haciéndose visibles en todos estos procesos. Al propio tiempo, entiendo que sí hay una batalla por el rescate de las culturas populares, hay una batalla por la diversidad cultural. Se creó, por Fidel y Chávez, el Fondo Cultural del ALBA, que es una entidad que nació en La Habana hace unos 4 años, nueva, a la que se adscribió Bolivia, Nicaragua, a la que estuvieron invitados desde el principio Haití, Ecuador, y que tiene entre sus objetivos trabajar por un modelo de integración también en la cultura, trabajar al margen del gran mercado, crear distribuidoras, etc. La cultura en estos procesos tiene un valor que va más allá de lo coyuntural político; tiene un carácter de siembra que la hace mucho más permanente. Sin embargo, no se puede negar que en todos estos procesos, en sus esfuerzos de integración, la cultura está llamada a tener un papel protagónico, aunque –añadiría- habría aún mucho que hacer en ese campo. 28-03-2009

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ALGUNAS REFLEXIONES PARA VALORAR JUSTAMENTE LA REVOLUCIÓN CUBANA EN SU 50 ANIVERSARIO

Domingo Galván Presidente de la Plataforma Canaria de Solidaridad con los Pueblos

uba cumple 50 años de su Revolución triunfante de 1959. Un acontecimiento histórico del que –estamos seguros- se escribirán numerosos textos, de todo tipo, a favor y en contra, a lo largo y ancho del planeta, en este año. Este, evidentemente, pretende ser uno de esos textos a favor del proceso revolucionario cubano y tiene el propósito –como objetivo directo- de contribuir a la reflexión de la militancia comunista -y afín a dicho proceso-, desde el punto de vista de aportar determinados elementos que nos sirvan a modo de argumentos fundamentales, no ya sólo para defender la Revolución Cubana y su causa (la liberación nacional y social de Cuba como neocolonia de la dominación imperial -concretamente, de la metrópoli yanki), sino para todo tipo de proceso revolucionario de carácter socialista o, cuanto menos, anticapitalista. Al mismo tiempo, pretende -como objetivo indirecto- emplear el tema de la Revolución

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Cubana para tratar -de forma indirecta, de cara a la militancia con menos formación política e ideológica- lo que debiera ser un revolucionario comunista, tanto en su concepción del mundo (teoría) como en su experiencia humana (práctica), pues el camino de la Revolución Cubana (proceso de masas) es el camino del revolucionario comprometido con el cambio social (proceso personal individual), y, a veces, la dinámica social capitalista -en la que vivimos y que nos condiciona- nubla este camino, aparte de colocar numerosas piedras y precipicios en el mismo. El texto tiene como base un discurso que pronuncié en un acto público de solidaridad con la Revolución Cubana, a finales del pasado año, el cual he tratado de reelaborar para que tuviera una forma más acorde para el cometido que pretende nuestra revista de formación política e ideológica. Planteamiento metodológico de análisis Para comenzar, convendría recordar -para no perdernos en exponer solamente datos de cifras y hechos sobre dicho acontecimiento históricoque el planteamiento de método a adoptar como comunistas, a la hora de analizar cualquier proceso o fenómeno social, debe partir del análisis concreto histórico desde el punto de vista de clase –en nuestro caso, del interés de las clases explotadas, en general, y de la obrera, en particular-, pues sólo partiendo desde aquí podremos analizar y manifestar nuestra posición –de clase, y no como “individuo desclasado”- ante la realidad. Posición de clase que nos debe ayudar siempre a aclararnos a la hora de analizar la realidad -como el buen médico que, identificando (e identificándose con) la dolencia del paciente, adopta tal posición profesional a la hora de hacer un diagnóstico (análisis) y recomendar un tratamiento (medio) para superar una enfermedad (objetivo)-. Por tanto, lo primero que deberíamos hacer para analizar el mundo es tomar posición desde una perspectiva concreta, con base a los intereses sociales de quien lo hace. Si uno se sitúa de antemano en una posición de clase –y, en concreto, en la posición de las clases explotadas- verá más claramente el proceso revolucionario cubano y se identificará con el mismo. Si uno, por amor a ser “objetivos”, se sitúa en una posición de valorar los procesos y fenó-

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menos sociales desde el punto de vista de la “independencia” (formal) ajena a las clases sociales, realmente estará contribuyendo a fortalecer el interés de la clase explotadora, en aquellas sociedades donde sea dominante, dado que solamente mostrará los datos “objetivos” (que nos quieran mostrar y con la interpretación desde el punto de vista de la clase dominante), pero no el hilo conductor que los relaciona y condiciona, que no es otro que la lucha de clases en toda sociedad dada. Lógicamente, si no se acepta la teoría de la lucha de clases como motor de la (Pre)-Historia de la Humanidad -hasta nuestros días-, será imposible ver la realidad tal y como es, en toda su profundidad, y sólo contemplaremos la superficialidad de la misma, siempre narrada -por la oficialidad ideológica de las clases explotadoras- como diversos hechos sociales sin conexión y sin analizar las causas sociales reales que los originan, que tienen siempre un trasfondo económico. Dicha teoría, aplicada a cualquier fenómeno social, debiera siempre ser valorada sujeta a los principios de la sana crítica y de la duda razonable, para no faltar a la verdad. Principios ideológico-políticos Debiéramos hacer mención a una cuestión de principios ideológicos-políticos y teórico-prácticos –que, a veces, olvidamos o consideramos que son ideas anticuadas, pero que debieran centrar siempre nuestra actitud como (pre)-revolucionarios ante la realidad social- y no es otra que conocer que -como comunistas- somos partidarios de liberar a las clases trabajadoras de la explotación capitalista, de aspirar a la conquista del poder político como clase social explotada y de realizar la revolución social -como proceso radical de transformación rápida y en corto plazo- de las condiciones de vida de una sociedad, en general, y en interés de las clases explotadas, en particular, con el objetivo de construir, mediante la democracia proletaria, una nueva sociedad, la socialista, que nos dirija al comunismo como “república de la libertad, la igualdad y la fraternidad” (desde el punto de vista proletario, y no burgués, lógicamente). Si olvidamos esto, o sea, la causa (la liberación de las clases explotadas), los medios (la conquista del poder político, la revolución social y la democracia proletaria) y los objetivos (el socialismo y el comunismo

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para la liberación social), y no los fijamos en lo más hondo de nuestra conciencia como una guía cotidiana que nos oriente en nuestra forma de actuar en el mundo, habremos perdido nuestra razón de ser. Nos pasará –como he indicado en alguna ocasión, a algunos de mis camaradas- algo parecido a lo que les ocurre a muchas personas con ideas religiosas: seremos creyentes, pero no practicantes. Y el comunismo, sin experiencia práctica –sin vida real-, no deja de ser sino un ideal moral, pero no una teoría sustentada y desarrollada continuamente sobre bases científicas, como pretende ser. De ahí la importancia de ser sujetos activos en nuestra relación en y con el mundo, guiados por dichos principios. El proceso revolucionario cubano se puede ver desde otra perspectiva distinta, si se tienen en cuenta estos principios ideológico-políticos que defiende como suyos. Desde esta perspectiva histórica -que plantea el desarrollo de la humanidad como un proceso de luchas de clases y donde las clases explotadas tienen el deber y la misión de liberarse de las cadenas que imponen las clases explotadoras-, podemos decir que Cuba camina hoy más libre de las cadenas de la explotación que la gran mayoría de los pueblos del mundo, por más que su desarrollo técnico (industrial) sea más bajo que el de los países más avanzados del capitalismo. Y que, por tanto, desde esta misma perspectiva, en Cuba hay más libertad, más igualdad, más justicia social y más democracia para las clases explotadas que en los países más avanzados del capitalismo. El contexto histórico del imperialismo El momento en que se celebra este 50 aniversario de la Revolución Cubana tiene lugar en un mundo donde se extiende una crisis profunda jamás conocida en la historia humana por las dimensiones que está alcanzando. Podríamos definirla como “la crisis de las 3 E”: crisis económica, ecológica y espiritual. Crisis que hoy toca la puerta de las llamadas sociedades capitalistas avanzadas, pero crisis que vienen soportando desde hace décadas, e, incluso, siglos, la gran mayoría de la humanidad, debido a la política de saqueo, expolio y exterminio de los pueblos y de la naturaleza que habitan el planeta y que han venido soportando dicha explotación por medio de distintos modos sociales de producción a lo largo de la Historia.

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Porque –como dice Santiago Alba en un artículo reciente, del pasado año- no debemos olvidar que, antes de la actual crisis –aparecida hace año y medio-, ya el mundo vivía en esta crisis de las 3 E, pues, en un planeta habitado por cerca de 7.000 millones de personas, existen 950 millones de hambrientos, 4.750 millones de pobres, 3.000 millones de personas sin acceso a servicios públicos sanitarios y educativos y al agua, 1.000 millones de desempleados, 875 millones de adultos analfabetos, 400 millones de niños esclavos, 218 millones de niños que trabajan, 12 millones de niños que mueren cada año por causa de enfermedades curables, 12 millones de personas que malviven en campos de refugiados por causas de guerras, 13 millones de personas muertas al año por el deterioro del medio ambiente o más de 16.000 especies que están en peligro de extinción (entre ellas, la cuarta parte de los mamíferos). ¿O, acaso, no es una situación de crisis la descrita?(1). El pensamiento económico comunista siempre ha sostenido esta tendencia histórica del capitalismo a su desarrollo caótico mundial –que ahora, sencillamente, podemos cuantificar a nivel planetario con altas cifras dramáticas como las indicadas- y a su posterior descomposición por los graves conflictos de todo tipo que originaría en caso de no ser superado por el comunismo -hasta ahora, única opción válida teorizada sobre bases científicas y con diversas experiencias reales concretas (algunas derrotadas por la contrarrevolución burguesa) en cuanto a los primeros pasos para su desarrollo –la construcción del socialismo como fase previa al comunismo (sociedad sin clases). Quizá, para comprender “este mundo de las cifras dramáticas” en el que vivimos y verlo tal y como es -y no tal y como nos lo muestran los ideólogos capitalistas dedicados, mediante pago, a generar opiniones favorables al capitalismo-, debiéramos mirarlo desde cierta altura, casi desde el espacio exterior a la Tierra, a modo de quien viene de otro planeta y observa lo que ocurre sobre la superficie terrestre, como observador científico. Si lo observamos así, veremos realmente cómo el mundo humano construido en el planeta es un “verdadero sistema imperial de
(1)Datos extraídos del artículo “La superioridad del capitalismo”, de Santiago Alba Rico, publicado en lajiribilla.cu y rebelión.org, así como de otras fuentes (manifiesto de ONGs de Gran Canaria), que, a su vez, utilizan principalmente los informes de las Naciones Unidas y otros organismos mundiales (como la OIT) sobre situación del mundo.

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explotación” -bárbaro y criminal- que actúa a nivel mundial, con sus metrópolis y sus colonias y Estados dependientes, aún habiéndose constituido formalmente muchos pueblos en Estados-naciones libres, independientes y soberanas. Siguiendo nuestro análisis del mundo humano, en cuanto a su organización social, podremos ver cómo se organiza una minoría de sociedades humanas –las metrópolis, por regla general, y algunos Estados dependientes- sobre la base de un consumo depredador de recursos limitados; sociedades que están instaladas en unos pocos países gracias al imperialismo, insostenibles social y ecológicamente, manteniéndolas en la opulencia a costa de condenar a la extrema pobreza, el hambre, la enfermedad y la guerra al resto de pueblos humanos del planeta –neocolonias y numerosos Estados dependientes-, así como exterminando gran variedad de otras especies y lugares naturales. Si partimos de esta visión del mundo, en resumen, de la existencia del imperialismo, nos será más fácil comprender lo que sucede en el mismo. Ética revolucionaria En este mundo en el que vivimos, no hace falta ser -o llamarse- comunista, para luchar contra este modo de vida basado en la explotación. Pero sí es cierto que quienes son verdaderamente comunistas –por ir adquiriendo un profundo conocimiento de la realidad material a partir de la experiencia práctica y por mantener una relación con el mundo basada en el bienestar común, y no sólo por querer llamarse así-, parten de una situación más favorable para luchar contra esta situación de injusticia insostenible para cualquier ser humano y para el resto de especies naturales, al presuponérseles un elevado grado de conciencia, convicción, justicia, ética, responsabilidad y compromiso social, así como emplear un análisis teórico-científico sustentado sobre la experiencia histórica natural en general y humana, en particular, siendo la base de ésta última las luchas entre las clases sociales. Cuando se observa el mundo tal y como se ha descrito, y se llega a descubrir la causa que lo origina, se nos debiera plantear una cuestión ética en nuestra conciencia, si realmente queremos dar un salto como seres naturales con alto grado de conciencia, y así pasar de la Pre-Historia

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(de in-humanos, dirigidos por los impulsos naturales) a la Historia (de humanos, dirigidos por la conciencia social), o lo que es lo mismo, de la barbarie a la socialización. Y esa cuestión ética es la lucha por la liberación del ser humano (y del resto de la naturaleza) de la explotación por parte del ser humano. Y, entonces, cuando nos planteamos esta cuestión ética, deberíamos contestar algunas preguntas, tales como: ¿Es necesario mantener un modo de vida que causa tanta destrucción, muerte y sufrimiento, con el único objetivo de enriquecer materialmente a una minoría explotadora que emplea la fuerza de “sus” leyes y armas para someter a la mayoría explotada y robar legalmente el patrimonio común? ¿Es necesario mantener un sistema social que nos impide elevarnos y ser realmente seres racionales-emocionales con capacidad de producir lo que es útil democrática y socialmente y de amar a nuestro entorno, para, de ese modo, consumir de forma sostenible? ¿Es legítimo sublevarse en contra de dicho sistema brutal, aunque por ello se nos pueda calificar de “dictadores o terroristas” por parte de quienes lo defienden? ¿Es legítimo, desde el punto de vista del explotado, buscarse la vida para “salvarse uno mismo y a los míos” (“mi familia”), sin luchar al mismo tiempo por la supervivencia colectiva de “todos los que habitamos el planeta” (incluye al género humano y resto de especies vivas)? ¿Se puede y se debe construir otro modo de sociedad y de mundo, más justo e igualitario socialmente, distinto al que nos propone el capitalismo? ¿Puede y debe ser la política –arte o disciplina de dirigir los intereses generales de la población social humana-, en manos de los explotados, el medio capaz para construir ese otro modo de sociedad y de mundo, o no debe ser usada para tal fin por parte de los mismos? ¿Está legitimada la violencia, por parte de los explotados, como medio para cambiar sus condiciones de vida y acabar con la tiranía de los explotadores? ¿Es, o puede ser, o debe ser, la Declaración Universal de los Derechos Humanos un instrumento en manos de las clases explotadas para legitimar su lucha contra la explotación y la tiranía? ¿Se debe estar dispuesto a perder la vida por la defensa de una causa justa, como es la liberación social de los explotados? ¿Se debe defender el proceso revolucionario de liberación social de los explotados aún cuando supondrá la creación de “nuevas víctimas”

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(los explotadores)? ¿Vale la pena luchar por una causa y, en concreto, por la causa de la liberación de los explotados? Estas y otras preguntas son las que se deberían -nos deberíamosplantear quienes hayamos visto ese mundo real en el que vivimos. Y, precisamente, éstas fueron algunas de las cuestiones éticas que se plantearon los jóvenes revolucionarios cubanos –y, posiblemente, gran parte de los revolucionarios en la Historia- hace ahora 50 años (antes y después de la Revolución), unos más concientemente, otros más intuitivamente y otros arrastrados por la ola revolucionaria, hasta llegar a la conclusión de que había que derrotar ese mundo explotador. Mundo explotador que, en la isla caribeña –que funcionaba como neocolonia de la metrópoli yanki, tras la derrota de la anterior metrópoli española-, tenía rostros y nombres, tanto en el lado de los explotados como en el de los explotadores. Esa lucha contra el mundo explotador, había que comenzar por realizarla en el lugar donde uno vivía, aún siendo una minoría el grupo de personas concientes de la realidad, pues no es posible esperar a que todos los explotados tomen conciencia de dicha realidad para comenzar a andar por la senda de la liberación, salvo que se quiera caer en una ilusión ficticia, sin base real. Y, así, un grupo de jóvenes revolucionarios cubanos optaron por comenzar a andar, eligiendo emplear –analizadas las condiciones objetivas y subjetivas de su realidad social- la violencia revolucionaria (lucha armada) para hacer la guerra (guerra de guerrillas) contra la tiranía de la dictadura militar pro-yanki de Batista. La lucha se desarrolló en tres años (1956-1959), y comenzó en las montañas para finalmente extenderse a las ciudades. Una vez ganada la guerra al enemigo explotador, comenzó la Revolución como proceso de masas humanas que dirigen y transforman su modo de vida, en un corto período de tiempo, de forma radical (o sea, desde la raíz), cortando con las limitaciones que regían con el anterior régimen de vida. Fruto de este proceso, Cuba experimentó grandes cambios en muy pocos años (primeros cinco años tras la Revolución), como, por ejemplo, la apropiación de las tierras por parte de los campesinos gracias a la reforma agraria; la nacionalización de grandes empresas multinacionales extranjeras -principalmente, norteamericanas-, así como de los bancos, las aseguradoras

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y otros tipos de empresas, por medio de la expropiación por parte del Estado en manos de los revolucionarios; numerosas medidas a favor de la liberación de la mujer; o la erradicación total del altísimo analfabetismo de la población cubana. Si bien es cierto que la Revolución Cubana, en sus inicios, una vez ganada la guerra, no tenía una idea clara de hacia dónde dirigirse, también lo es que, algunos de los grandes cambios indicados anteriormente, anticipaban ya el previsible carácter socialista del proceso revolucionario, aparte que un buen número de sus dirigentes se consideraban de ideas socialistas o comunistas. Algunas ideas sobre las que se asienta la Revolución Cubana Sería importante señalar algunas ideas sobre las que se asienta la Revolución Cubana como pilares de su construcción como sociedad socialista. Todas ellas, con un trasfondo de la ética revolucionaria practicada y fomentada por el Che. Una primera surgió en torno a un debate importante que se dio, en la dirigencia de la Revolución Cubana, ya en los primeros años -que gira en torno a una cuestión ético-política-, y, principalmente, al calor del pensamiento del Che. Esta cuestión es la relativa a la construcción del nuevo ser humano (“el hombre nuevo”, en términos de la época) y del socialismo -la nueva sociedad en construcción-. El Che meditó y estudió esta cuestión defendiendo la concepción de que el “nuevo ser humano” debería cultivar altos valores humanistas socialistas –todos ellos asociados a los que deberían practicar los comunistas que quisieran realmente serlo-, como: la disciplina y la moral de combate, la confianza en la victoria, la conciencia y el deber de luchar, el espíritu de sacrificio, el ejemplo del revolucionario, la camaradería, la autocrítica, el amor a la humanidad, el odio al imperialismo, la solidaridad con los pueblos ... Una segunda fue otro debate importante de esos primeros años, en concreto, una cuestión económico-política relativa a los estímulos en la producción. El Che era partidario de fomentar entre los trabajadores el estímulo moral sobre el estímulo material que planteaban otros economistas, llegando incluso a decir que el socialismo económico, sin la moral comunista, no le interesaba. Precisamente, en Cuba se abrió este debate,

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que años después ha venido igualmente a conectar con otro, como es la limitación de los recursos naturales y el replanteamiento de un modo de sociedad socialista/comunista desde el punto de vista de un productivismo sostenible ecológicamente y encaminado a cubrir las necesidades reales de la población. Una tercera, también económico-política, fue la relativa al nivel de consumo necesario por el ser humano en una sociedad dada. El Che era partidario de que “nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello”(2). El hombre común, entendido como el que no se encuentra ni en la sociedad de la opulencia que goza una minoría de sociedades humanas, ni el que se encuentra en la sociedad de la extrema pobreza que sufre una buena parte de sociedades humanas. Una cuarta, ético-política, fue la relativa al deber de la solidaridad internacionalista con los pueblos en lucha contra el imperialismo. La muerte del Che luchando por la liberación de Bolivia, tras su paso por África, nos indica hasta qué grado llevó a cabo dicho deber. Una quinta, económico-política, fue la relativa a la conexión entre la lucha de liberación nacional y el socialismo como base socioeconómica sobre la que apoyar la independencia y la soberanía real de los pueblos Estas ideas están hoy puestas sobre la mesa en todo el planeta, en un mundo cada vez más mundializado: papel del ser humano, producción, consumo, relaciones entre pueblos y liberación popular. Socialismo cubano Antes de entrar de lleno en la cuestión de los logros revolucionarios en Cuba, quisiera referirme al debate sobre la existencia del socialismo en Cuba, o sea, a si existe o no socialismo en Cuba. Si adoptamos un punto de vista abierto sobre el concepto de socialismo, teniendo en cuenta los rasgos esenciales del mismo (ver obras
(2)El socialismo y el hombre en Cuba. Che, 1965.

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clásicas sobre el socialismo, como el Manifiesto Comunista y otros textos del mismo estilo), debiéramos concluir que sí existe socialismo en Cuba, si bien un socialismo que se desarrolla en un país atrasado industrialmente y que no ha logrado superar dicho atraso económico, en gran medida, por el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos -si bien es cierto que, aún sin bloqueo, posiblemente tendría, al igual que otros muchos países, ciertos problemas para desarrollarse técnicamente, si bien con posibilidad de solución real en caso de la existencia y el desarrollo de un verdadero marco de solidaridad y cooperación justa entre pueblos (como se vislumbra con el ALBA). No obstante, la falta de desarrollo técnico-industrial no debiera ser el único requisito para ir en contra de definir a la sociedad cubana como socialista, pues el socialismo –desde una visión abierta como la sostenida- se desarrollará de forma distinta en cada sociedad, según las especificidades históricas de partida (económicas, culturales, políticas, religiosas ...), por lo que sería conveniente irnos a los rasgos comunes que definen lo que es el socialismo, para saber si el mismo se desarrolla o no en un lugar, aunque industrialmente o tecnológicamente no se haya desarrollado. Y, en este sentido, Cuba sí cumpliría los requisitos comunes del socialismo: tendencia a la socialización y a la igualdad social y económica, grandes medios sociales de producción en manos de los productores con titularidad pública, centros de enseñanza públicos con vinculación al trabajo, grandes infraestructuras en manos del Estado, desvinculación de la Iglesia del Estado, elevado nivel de planificación de la economía en torno a las necesidades reales de la población, mayor peso de las relaciones anímicas vitales de la población sobre las relaciones económicomercantiles ... Lo que sí es evidente es que Cuba no puede ser definido como un país capitalista en el sentido clásico marxista del concepto, por mucho que existan ciertos elementos del capitalismo que se han introducido –sobre todo, en la última década- en la sociedad cubana, debido principalmente a la caída del bloque socialista y a la necesidad de Cuba de resituarse en el nuevo escenario mundial.

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No obstante, algunos camaradas definen la economía cubana como capitalismo de Estado con un gobierno socialista. Este debate tiene sus matices, y, lógicamente, aquí no se va a poder cerrar, pero considero que, en un proceso de construcción social donde se parte de una situación que tiende a destruirse (capitalismo) y se tiende a otra situación que se va construyendo (socialismo), una manera de definir a ese proceso es sencillamente definirlo por el nombre de lo que se quiere construir, aunque existan aún elementos de lo que tiende a destruirse. De esta manera, si vemos el socialismo como un proceso en construcción –con sus avances y retrocesos en función de las luchas de clases internas y externas- sobre los escombros del capitalismo (que todavía no ha dejado de existir), y no como un estado ya acabado (totalmente construido), podemos superar este debate. Elementos a valorar para conocer otra visión de Cuba y su Revolución(3) En la actualidad, Cuba es un Estado socialista de 11 millones de personas, que se liberó de la anexión imperialista –primero española y después yanki- tras más de un siglo de lucha para constituirse en un Estadonación libre, independiente y soberano. En estos 50 años de Revolución, Cuba ha tenido que soportar toda clase de agresiones (militares, terroristas, bacteriológicas, mediáticas, ...) por parte del imperio, porque se rebeló contra éste, conquistando su segunda independencia; porque la ha mantenido, a pesar del enorme sacrificio de su población; y porque es un “mal ejemplo” para otros pueblos neocolonizados y dependientes del imperio, que podrían optar por liberarse del mismo. Este es el verdadero peligro que supone Cuba, un país pequeñito, que tiene en jaque al imperio. Por eso, no es de extrañar que, contra Cuba, haya una campaña mediática de desinformación a través de todos los grandes medios de comunicación de masas que están al servicio del imperio. Por eso, sólo nos llegan determinados acontecimientos que ocurren en la isla caribeña;
(3)La mayoría de los datos indicados están extraídos del Informe del X Encuentro de Solidaridad con Cuba, celebrado en Sevilla, en mayo de 2008, así como del libro Biografía de Fidel Castro “a dos voces”, de Ignacio Ramonet.

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precisamente aquellos que, presentados muchas veces fuera del contexto cubano, podrían hacernos pensar que lo que vive el pueblo cubano es una dictadura criminal y sanguinaria, que oprime a sus habitantes y no defiende los derechos humanos. Esa es la visión que hoy predomina en nuestras sociedades capitalistas, pues es lo que nos muestran y dicen dichos medios de comunicación al servicio imperial. Sin embargo, esos mismos medios no suelen tener en cuenta estos otros datos que nos mostraría una visión más real de lo que es Cuba, con sus logros y sus dificultades: Primero: el pueblo cubano viene soportando un bloqueo económico, comercial y financiero por parte de Estados Unidos desde el año 1961, como medida de guerra por haberse liberado del imperialismo yanki, que castiga a toda empresa que comercia con Cuba (dicho embargo no está legitimado por las Naciones Unidas). En octubre de 2008, 185 países de los 192 que integran las Naciones Unidas votaron a favor de que se ponga fin a dicho bloqueo. Los daños causados a la economía cubana por el embargo norteamericano han sido estimados en más de 53.000 millones de euros, entre 1961 y 2008. ¿Quién ejerce entonces una política genocida hacia el pueblo cubano sino Estados Unidos?. Segundo: el pueblo cubano celebra elecciones cada 5 años, en el ámbito municipal, provincial y estatal, y, a las mismas, no concurren partidos políticos, ni tan siquiera el Partido Comunista, sino que existe libre concurrencia de candidatos a las elecciones, que son seleccionados para su propuesta por las asambleas populares de cada ámbito, al estilo de la democracia asamblearia de la Revolución Francesa de los primeros años. A Cuba se la critica por no permitir el pluripartidismo político, pero hoy sabemos que el pluripartidismo político, bajo una sociedad capitalista que todo lo compra, no garantiza en sí mismo que exista democracia (o sea, gobierno del pueblo y para el pueblo), sino una partitocracia al servicio de los más ricos, con un fuerte bipartidismo que se alterna en el gobierno, según las necesidades de los más ricos. Tercero: el pueblo cubano aprobó una Constitución democrática de carácter socialista en el año 1976, con el voto favorable del 97% del electorado, que reconoce y garantiza los derechos fundamentales ampa-

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rados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y es una de las más avanzadas del mundo. A Cuba se la critica por su falta de democracia, pero, al igual que otros países, se ha dotado de una Constitución que regula su sistema político-institucional, refrendado por su pueblo, por lo que no se la puede calificar de dictatorial solo por el simple hecho de ser socialista. Cuarto: Cuba ocupa el puesto número 50 en desarrollo humano elevado (de un total de 177 países estudiados), es decir, aquellas sociedades que mejoran las condiciones de vida de sus ciudadanos a través de un incremento de los bienes para cubrir sus necesidades básicas y complementarias y de la creación de un entorno en el que se respeten los derechos humanos, según el Informe 2006 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Quinto: Cuba es el único país del mundo que cumple los criterios mínimos para la sostenibilidad ecológica según el informe del 2006 presentado en Pekín por la asociación suiza ADENA-Fondo Mundial para la Naturaleza. Sexto: Cuba es, según UNICEF, el único país de América Latina que ha erradicado la desnutrición infantil, inclusive durante el duro período especial de los años 90, y exhibe la esperanza de vida más alta del Tercer Mundo (78 años) y la tasa de mortalidad infantil más baja del Tercer Mundo (5 muertos por cada mil nacidos vivos), incluso por debajo de la de Estados Unidos. Séptimo: Cuba, con sus escasos recursos, es uno de los países que más compromisos tiene en cooperación con los Países del Tercer Mundo, desarrollando programas como Barrio Adentro, en Venezuela, en el que se ha dotado a cada barrio de un centro de salud, y Operación Milagro, que ha servido, en los últimos 4 años, para devolver la vista a un millón y medio de personas de más de 20 nacionalidades, de forma gratuita, con el apoyo de Venezuela. Octavo: Cuba erradicó el analfabetismo en 1961, sólo 2 años después de la Revolución, y, en la actualidad, a través del programa de alfabetización de adultos “Yo sí puedo”, ha permitido, en escasos 2 años, liberar a países como Venezuela, Nicaragua o Bolivia del analfabetismo.

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Desde 1961, en Cuba, a través de su programa de becas, se han graduado 47.000 jóvenes, procedentes de 126 países, en más de 33 especialidades universitarias y técnicas. Desde 1961, Cuba ha cooperado con 154 países del mundo con una aportación de 270 mil cooperantes, y, en la actualidad, cooperan más de 41 mil profesionales cubanos en 97 países, de los que 31 mil son del sector de la salud. Cuba es el país del mundo que más médicos aporta a la campaña de Naciones Unidas contra el SIDA, con más de 3.000 médicos, cuando, entre Estados Unidos y la Unión Europea, no llegan a 1.000, indicando las Naciones Unidas que sin los médicos cubanos sería prácticamente imposible hacer la campaña; al igual que sin los 2.500 médicos/sanitarios cubanos enviados para cubrir el terremoto de Pakistán de 2005 no se hubiese salvado la vida de más de 1.500 personas y curado a miles. Noveno: Cuba condenó el atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001 y, sin embargo, 5 cubanos permanecen presos en cárceles de Estados Unidos, desde 1998, por haberse infiltrado en las organizaciones terroristas de Miami y por haber alertado al gobierno cubano de los planes de más de 170 atentados a la isla, siendo acusados de espionaje, en un proceso judicial amañado, condenándoseles incluso a altas penas de prisión, entre ellas, 2 cadenas perpetuas a una misma persona, y torturándoseles en una mazmorra conocida como “el hueco”. Décimo: el pueblo cubano ha enviado cientos de miles de voluntarios a combatir contra el colonialismo en varios países del mundo que solicitaron su ayuda. También, apoyando a los movimientos de liberación nacional de innumerables países, principalmente en África, como Argelia, Congo, Angola y Sáhara Occidental, y en Latinoamérica, como Bolivia y Nicaragua. Undécimo: en la batalla de Cuito Cuanavale, en Angola, desde final de 1987 hasta marzo de 1988, gracias a las tropas cubanas se derrotó al ejército de Sudáfrica (que era apoyado por Estados Unidos e Israel) y se consolidó la independencia total de Angola, abriéndose la vía de triunfo de la independencia de Namibia, así como se dio un golpe de muerte al régimen racista de Sudáfrica, lo que permitió la liberación de Nelson Mandela pocos años después y el acceso del CNA al gobierno.

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Duodécimo: Cuba y Estados Unidos firmaron un acuerdo, en 1994, en el que Estados Unidos se comprometía a conceder 20 mil visados al año para los cubanos que quisieran viajar a dicho país pero que nunca ha dado más de 1.000 visados anuales, forzando de este modo a que se produzca un proceso de emigración clandestina que debe arriesgar su vida en alta mar; emigración que es premiada en EEUU con la Ley de Ajuste que concede indirectamente la nacionalidad norteamericana a quien viaje ilegalmente, lo que le abre las puertas inmediatamente a tener derecho de residencia y a trabajar, derechos que sirven para posteriormente solicitar y acceder a la nacionalidad norteamericana. Decimotercero: Estados Unidos tiene prohibido a sus ciudadanos viajar a Cuba, con penas de hasta 10 años de prisión a quién lo haga (a los cubanoyankis Obama los deja viajar una vez al año, en lugar de una vez cada 3 años como hasta su llegada a la presidencia). Decimocuarto: mientras en Cuba mantienen abiertas sus oficinas varios medios de comunicación extranjeros, tanto europeos como norteamericanos (entre ellos, la CNN), el gobierno estadounidense no autoriza que los periodistas cubanos trabajen en Estados Unidos. Decimoquinto: Cuba fue el primer país en solicitar que se suprimiera la deuda externa a los países del Tercer Mundo. Decimosexto: Cuba tiene uno de los mejores sistemas sanitarios y educativos del mundo (de carácter público, gratuito y universal, reconocido por las Naciones Unidas), a donde van incluso ciudadanos norteamericanos con escasos ingresos, tanto a ser tratados médicamente como a estudiar, dado que no pueden pagar en Estados Unidos los precios de la sanidad y la educación en manos de empresas privadas. Decimoséptimo: Cuba es una potencia en biotecnología y muchas de sus patentes farmacológicas son empleadas para curar numerosas enfermedades en el mundo, a precios baratos (entre ellas, el fármaco que cura la úlcera del pie diabético). Decimoctavo: mientras a Cuba se la tacha por el imperio de violar los derechos humanos por condenar a prisión, en el año 2003, a 75 cubanos que conspiraban con el gobierno de Estados Unidos para derribar el régimen socialista de la isla, en los 50 años de socialismo nunca

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han ocurrido determinados delitos contra los derechos humanos, tal y como sí indica Amnistía Internacional, en sus informes anuales, que han ocurrido en varios países de la Unión Europea y en Estados Unidos, delitos tales como asesinato político, tortura, desapariciones, secuestro, tráfico de seres humanos y un largo etcétera de delitos, sin mencionar las cárceles-limbo, como la de Guantánamo, o los vuelos secretos de aviones norteamericanos llevando personas secuestradas autorizados por varios gobiernos (entre ellos, el de España), o las ejecuciones extrajudiciales cometidas por los GAL en España bajo el gobierno de Felipe González. Además, por tercer año consecutivo, Cuba forma parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, con el apoyo principal de los países del Tercer Mundo, mientras que Estados Unidos ha quedado fuera. Decimonoveno: en Cuba, la tercera edad, una vez jubilada, colabora en centros y comunidades educativas, así como en consejos escolares de salud y casas de los abuelos, y no son marginados en residencias privadas que, con tal de ahorrar en costes, empeoran la calidad de vida de los ancianos. Vigésimo: en Cuba, cada año, toda la población recibe un programa de simulacro de huracanes, llamado Meteoro, lo que ha posibilitado que existan escasas víctimas en la isla (no llega a una decena en 10 años), mientras en otros países de la zona del Caribe, incluido Estados Unidos, mueren miles de personas, como ocurrió en el caso del huracán Katrina. Vigésimoprimero: en Cuba existen 65 escuelas de arte, se editan 80 millones de libros al año y se ruedan entre 5 y 6 películas anualmente, y existen 11.000 instalaciones deportivas gratuitas, siendo una potencia mundial en deporte, con 24 medallas en Pekín y 27 en Atenas. Vigésimosegundo: Cuba es, junto a Venezuela, la pionera en establecer un sistema de integración socioeconómica latinoamericano de carácter solidario, llamado ALBA, al que ya se han sumado otros países, que ha parado los pies a los tratados de libre comercio promovidos por EEUU, que tanto han arruinado a los pueblos latinoamericanos.

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Esta es la Cuba que no nos muestran los medios de comunicación al servicio del imperio. Una Cuba socialista en vías de desarrollo, que resiste con sacrificio -año tras año- la agresión del imperio. Una Cuba socialista, con limitado desarrollo económico –en gran parte, por culpa del bloqueo-, pero con un desarrollo político, ecológico y social sostenible, y unos valores humanos y unas prácticas de solidaridad internacionalista dignas para el ser humano. Valoración final del socialismo cubano y su Revolución El modelo político, social y económico cubano no es perfecto, pero sí podemos decir que es más justo, éticamente; más democrático, políticamente; y más sostenible, social y ecológicamente, así como más exportable para la inmensa mayoría de los pueblos del mundo, que el ofrecido por el imperialismo, tanto para las sociedades opulentas como para las sociedades empobrecidas. Porque si todos los pueblos del mundo quisieran vivir con el nivel de consumo depredador del país capitalista más avanzado industrialmente –EEUU-, nos harían falta muchos planetas Tierra para poder sostenerlo, al igual que muchas Etiopías y Haitís que sufrieran sus hambrunas. ¿Entonces, por qué habríamos de pedirle a Cuba que abandone su modelo, en vez de que lo mejore? ¿Es tan difícil entender que el imperialismo lo que quiere para Cuba es su nueva colonización y no más democracia, y que lo que teme de Cuba es que su éxito pueda suponer un ejemplo a seguir por otros pueblos? ¡¡Ojalá existieran en el mundo muchas revoluciones como la cubana!! La Cuba socialista merece respeto, comprensión, admiración, simpatía y defensa, a pesar de los errores que pueda cometer, al mismo tiempo que nosotros necesitamos de la existencia de la Cuba socialista para defender las causas de liberación de nuestros pueblos. Porque Cuba ha dado un paso que sólo han hecho poquísimos países, y es levantarse contra el imperio para liberarse de él, mientras, en nuestros países, no hemos sido capaces de hacerlo. Y, en ese camino de liberación social, va 50 años por delante de nuestros pueblos, sometidos a la explotación del capital, por más que su población pueda pasar determinadas necesidades materiales o su nivel técnico-industrial no sea lo más avanzado. Ahora sabemos que ese es o puede ser el precio que hay que pagar por liberarse

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de las cadenas invisibles del capital. Sólo hay que estar predispuesto a pagarlo. Esta Revolución, que ahora cumple 50 años, sirve de bandera y de luz a muchos pueblos que hoy tratan de construirse como Estadosnaciones libres, independientes y soberanos, al margen del poder del imperio. 3 de marzo de 2009

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Carolus Wimmer Miembro del Buró Político del PCV Vicepresidente del Parlamento Latinoamericano

La crisis económica Analistas económicos internacionales, de diversas procedencias, coinciden en manifestar que definitivamente ha comenzado el declive de EEUU como principal exponente del sistema capitalista en su fase imperialista. En consecuencia se perfilan varias tendencias: a) La conformación de un bloque de amplias alianzas entre países socialistas y capitalistas donde se destacan China, Rusia, India y en menor medida Brasil, que tratan de diferenciarse y evitar un mayor impacto de la crisis en sus respectivas economías. b) Un bloque de países que avanzan, en una larga fase de transición –que contiene rasgos muy específicos para cada experiencia–, hacia el socialismo (China, República Popular Democrática de Corea, Vietnam, Laos, Cuba).

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c) Otro bloque de países que emprenden el camino de la liberación nacional antiimperialista y la ampliación de la democracia en Latinoamérica, el Caribe y otros continentes (Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Sudáfrica, etc.). En tanto, se debilita la tríada de EEUU, Europa y Japón. Se favorece, así, la existencia de un mundo multipolar contra la unipolaridad que trató de imponerse en lustros recientes. Altas instancias del gobierno venezolano han sostenido que el impacto de la crisis no afectará a Venezuela. Sin embargo, como quiera que la economía mundial se encuentra regulada por múltiples interrelaciones, es indudable que todos los países del mundo –incluso Venezuela- van a ser afectados, unos más, otros menos. En lo que respecta a la economía venezolana, cuenta con un conjunto de fortalezas que aminoran en el tiempo el impacto de la crisis mundial, pero su carácter monoproductormonoexportador y la gran dependencia de las importaciones dejan flancos que posibilitan un fuerte impacto de corto y mediano plazo. En virtud de ello, el Partido Comunista de Venezuela (PCV) orienta su trabajo en el análisis del impacto real en nuestro país, así como en el proceso de unidad latinoamericana y caribeña contenida en la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) y, correlativamente, en los proyectos e instancias inherentes a ella, entre las que cuentan las economías de los países del MERCOSUR, UNASUR y Banco del Sur. En lo concerniente al país, considera la incidencia de la crisis en el presupuesto nacional de 2009, en las reservas internacionales y en los fondos de inversión, las misiones, la infraestructura, el desarrollo de los planes para crear la base material productiva que desarrolle la agricultura, la ganadería y la industria, elevando la producción de bienes y servicios, vitales para garantizar la soberanía y la seguridad alimentaria. Elección de Barack Obama a la presidencia de EEUU La elección de Obama creó expectativas a nivel mundial. Hemos señalado que no garantiza ninguna transformación profunda del actual orden internacional. Sin embargo, las variantes con respecto al gobierno anterior tienen efectos concretos y de diversos alcances (local, continental y mundial). Tal elección obedece a la competencia entre grandes

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grupos económicos, nacionales y transnacionales, que se alternan por el control del aparato político y militar más importante del sistema imperialista mundial. Dos poderosos sectores monopólicos de la economía estadounidense –energético y financiero–, ambos permeados e influidos considerablemente por la política sionista, resuelven sus contradicciones, no antagónicas, mediante acuerdos para alternarse en la presidencia, lo cual queda demostrado por el nombramiento de su equipo económico proclive al sector financiero. Es muy pronto para llegar a definiciones mediante la comparación entre lo que se dijo en la campaña electoral y los hechos de gobierno que se generen. Pero las manifestaciones del hoy Presidente Obama sobre Venezuela no auguran cambios en el tratamiento que se nos ha dado por el gobierno de EEUU. Latinoamérica y el Caribe En Latinoamérica y el Caribe se sostiene y avanza la ofensiva de los pueblos y gobiernos progresistas. En las recientes elecciones regionales de Nicaragua y El Salvador, conquistaron importantes victorias, respectivamente, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), enfrentados a la más feroz campaña del imperialismo estadounidense y la oligarquía a él asociada. Asímismo, la contundente victoria popular que significó el referendo aprobatorio de la nueva Constitución de la República de Bolivia también es un gigantesco paso de avance en la liberación de los pueblos del continente sudamericano, que denota la fortaleza y trascendencia de esta corriente histórica liberadora que cruza la Patria Grande latinoamericana. Es desde esta perspectiva que afirmamos que, pese a toda la presión imperialista y a la dependencia de las oligarquías locales que le están subordinadas, avanza inexorablemente el proceso de acumulación de fuerzas populares y revolucionarias a nivel de América Latina y el Caribe. Es con el fin de fracturar esta alianza estratégica, de carácter popular, progresista y revolucionario, que se viene forjando en el continente entre gobiernos y pueblos, que se ejecuta la línea de contacto directo y

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realineamiento que adelanta el recién posesionado gobierno de Barack Obama, a cuyo efecto cuenta con la activa colaboración de los gobiernos entreguistas de Uribe Vélez, en Colombia, y de Alan García, en Perú. En Latinoamérica, hay que destacar la ocupación de la Amazonía peruana por contingentes militares de EEUU y la puesta en funcionamiento en ese país del programa “Nuevos Horizontes”, que autoriza la presencia militar mencionada y la impunidad por crímenes y delitos que cometan en dicho territorio. Brasil ha reforzado su presencia militar en la frontera de los ocho países amazónicos, lo cual puede interpretarse como respuesta a las amenazas imperialistas o acompañamiento a la política uribista de cercar los movimientos insurgentes en dichas zonas. Hay que prestar la mayor atención a la evolución de esta situación. Venezuela Con el referendo del 15 de febrero 2009 sobre la enmienda constitucional, nos proponemos darle continuidad a los avances políticos y sociales que se han iniciado a favor de la población, la clase obrera, trabajadoras y trabajadores en general y a la creación del instrumento unitario de dirección colectiva necesario al tránsito del capitalismo al socialismo. En tales condiciones, precisamos mantener en el desempeño de la Presidencia de la República a Hugo Chávez. Trabajamos por acumular fuerzas hacia la izquierda, comprometidas con un proceso revolucionario que nos permita crear las condiciones materiales y culturales que hagan posible pasar del capitalismo al socialismo. Después de la victoria, estamos en un momento histórico de exacerbación de la lucha de clases. El resultado de la enmienda nos muestra distintos escenarios, que es necesario tener en cuenta: a) Con la aprobación, se dan las condiciones políticas generales para continuar avanzando hacia el socialismo, conservando la posibilidad de hacerlo por la vía menos dolorosa que hemos transitado hasta ahora. Se mantendrá, además, nuestro país a la ofensiva en su política internacional actual, que se opone al imperialismo y procura la integración de los países del Sur. Se mantendrán las misiones, que han traído bienestar a los

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sectores más vulnerables de la población, y avanzaríamos en la organización de las y los trabajadores del país para que asuman, con toda responsabilidad, el papel que legítimamente les corresponde en las decisiones de la política, en la planificación, producción y distribución de bienes y servicios, privilegiando al proletariado y sus aliados naturales, contra la burguesía y el imperialismo. Todo ello en un contexto de profundización de la lucha ideológica en el seno de la amplia alianza de clases y capas comprometidas con el combate antiimperialista. b) La oposición proimperialista, que no alcanzó los votos suficientes, agudizará la ofensiva reaccionaria. En consecuencia, es más necesario que nunca organizar a las y los trabajadores y preparar una vía diferente a la relativamente pacífica, por la que transitamos hoy, para impedir el regreso al poder ejecutivo nacional de gobernantes que sumieron a nuestro pueblo en la miseria, el atraso y la dependencia, bajo el yugo del imperialismo y la oligarquía. Los resultados electorales del pasado nos muestran tendencias que no podemos soslayar y que merecen toda la atención, como se acostumbra en los partidos marxistas-leninistas, por dura que sea la realidad y por difíciles que se presenten las circunstancias emanadas del mencionado evento. No vamos a detenernos en las magnitudes numéricas de la votación, suficientemente conocidas. Apoyados en ellas, y en el examen del desarrollo de las contradicciones de clase manifestadas, en la estrategia y la táctica de los actores y, por supuesto, en los aciertos más evidentes, podemos hacer una primera aproximación al tema, que nos permita avanzar hacia los cambios previstos para esta etapa del desarrollo del proceso, según nuestra propia formulación programática y táctica. El análisis nos indica, entonces, que la derecha proimperialista mejoró su línea de acción general, afinando lo concerniente a su participación en el proceso electoral, sin que con ello estén abandonando el desarrollo de las otras líneas de acción dirigidas a continuar su lucha política reaccionaria utilizando las diversas formas y métodos contrarrevolucionarios. Concentraron esfuerzos y trabajo abierto y soterrado para alcanzar posiciones de carácter estratégico, sin dispersar fuerzas y

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esfuerzos en todo el ámbito nacional. El diseño estratégico y la ejecución táctica fueron armoniosos y concretaron los objetivos en esta etapa de la confrontación electoral. Lograron confundir, neutralizar e incluso ganar una parte de los sectores populares que en eventos anteriores defendieron el proceso. Es importante continuar analizando estos fenómenos para extraer las experiencias que nos permitan prever con mayor rigor científico los resultados de las contradicciones sociales. Lo anterior nos lleva a examinar en conjunto, y no de manera separada, a los actores políticos actuales, cuya interrelación se mide más por los intereses de clase que representan y defienden que por el discurso o el campo que ocupan, bien en las fuerzas “chavistas”, o contra el gobierno en el terreno del imperialismo y la derecha tradicional o de nuevo cuño. En tal sentido, apreciamos la agudización de la lucha de clases, especialmente en el campo de la ideología, por cuanto concepciones peligrosamente favorables a los intereses de la burguesía se encuentran todavía muy arraigadas en amplios sectores de la población y dentro del gobierno, lo cual se manifiesta, incluso, en las tácticas antiPCV que se dieron durante el finalizado proceso electoral. Esta realidad demanda: –Profundizar, ampliar y acelerar en el seno del Partido y la Juventud Comunista el proceso de formación de cuadros y de elevación de la conciencia socialista, enmarcada en el marxismo-leninismo, a los fines de desarrollar un profundo debate ideológico y político dirigido a construir hegemonía, en todo el complejo sistema de relaciones sociales en el que nos desenvolvemos, a la vez que fortalecemos orgánicamente el Partido y su Juventud. –Impulsar, en forma orgánica, sostenida y coherente en toda la estructura del Partido, la línea política de articulación y acumulación de fuerzas con el conjunto del movimiento popular revolucionario, tanto el que actúa en calidad de corrientes organizadas en el seno de otras organizaciones políticas policlasistas del proceso bolivariano como el que se expresa en forma autónoma, a los fines de consolidar espacios de acción común de carácter estratégico, construidos con base a la

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definición de áreas de coincidencias –y, también, de divergencias– en lo teórico y lo práctico. –Enfatizar el accionar del colectivo militante del PCV y la JCV, acumulando fuerzas, hacia la clase obrera y sectores de trabajadores, el campesinado pobre y la intelectualidad revolucionaria para consolidar y desarrollar una correlación de fuerzas a favor del rumbo socialista del proceso revolucionario, para lo cual debe lograrse que la clase asuma su papel de vanguardia de la revolución y supere la condición de acompañante subordinado a la pequeña burguesía o de espectadora pasiva del proceso. –Sostener teóricamente y avanzar en el terreno de lo concreto en la construcción del Frente Amplio Nacional Antiimperialista y por el Socialismo, con el objetivo de aportar al desarrollo y consolidación de la dirección colectiva del proceso revolucionario venezolano. –Adelantar en el seno del Partido y la Juventud Comunista el más profundo análisis en torno a las Tesis aprobadas por el XIII Congreso Extraordinario del PCV, en las cuales definimos el partido que necesita la revolución, a los fines de adoptar las medidas políticas y orgánicas que permitan su aplicación consecuente en toda y por toda la estructura orgánica de nuestro partido. Tendencias más relevantes Las tendencias más relevantes actualmente las sintetizamos así: a)Favorecimiento de los intereses de la burguesía emergente, que se está fortaleciendo, estrechamente vinculada al gobierno nacional, altamente partidizada, sustituyendo a grupos tradicionales de poder, lo cual demuestra una conciliación de clases para mantener la gobernabilidad del país y garantizar el control de algunas ramas del poder público y un equilibrio sostenible en el tiempo dentro de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. b)Esta concepción (que legitima el liderazgo de la pequeña y mediana burguesía en el seno de lo que debe ser la amplia alianza nacional antiimperialista, por la liberación nacional), de consolidarse, afectará la estrategia de construcción del socialismo, a largo plazo.

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c)No se logra aún la unidad suficiente y el fortalecimiento de las fuerzas revolucionarias, democráticas y progresistas en torno a líneas programáticas y tácticas sólidas, con la perspectiva del tránsito hacia el socialismo, y ello muestra, en consecuencia, una gran debilidad en ambos sentidos. d)Consolidación del PSUV como partido político del gobierno del Presidente Hugo Chávez Frías, cuyos métodos de dirección se corresponden a los de un partido policlasista, determinado por el origen y la concepción de clase de quienes lo integran, y dentro del cual las corrientes marxista-leninistas son minoritarias. e)La evidente contradicción entre el socialismo científico y el que se dice caracteriza el actual proceso. Estamos convencidos que el gobierno actual, por su composición de clases y la influencia que éstas tienen en las decisiones, no va a crear las condiciones del tránsito del capitalismo al socialismo, a menos que logremos conformar una correlación de fuerzas políticas y sociales que lo obligue a tomar decisiones de Estado en esa dirección. f)Las incomprensiones y ataques al PCV, y su intención expresa de eliminarlo políticamente, obedecen a diversas razones, entre las que podemos señalar la presencia de elementos anticomunistas en el PSUV y la influencia de tendencias históricamente enemigas de los partidos comunistas, como los trotskistas. g)Se acentúan con fuerza factores adversos a la sociedad y a los cambios progresistas en los ámbitos económico, político, social y cultural, como son la corrupción, la inseguridad, el despilfarro, la falta de contraloría sobre el manejo de los dineros públicos, la ausencia de correspondencia entre el discurso y la práctica política e institucional de numerosos “cuadros” del proceso, la falta de control sobre los medios privados de comunicación, que son aprovechados al máximo en defensa del imperialismo y la oligarquía criolla. h)Aumenta peligrosamente la presencia del fenómeno del paramilitarismo en todo el territorio nacional, con todas sus secuelas de crímenes y negocios sucios, comprobándose un mayor posicionamiento político en el gobierno de Estados tan importantes como Zulia y Táchira.

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Lo anteriormente expuesto, de no revertirse, conduce al desgaste de la figura del Presidente Chávez como líder del proceso de cambios y descalifica el discurso del socialismo; abre, además, el camino a la influencia de la derecha y a los planes diversos del imperialismo dirigidos a liquidar los avances revolucionarios. Eso nos conduce a un laberinto de acontecimientos futuros, que, de ser mal analizados y peor tratados, puede abrir una enorme brecha en el proceso de cambios actuales y, por ello, estamos obligados a prever los acontecimientos del inmediato futuro, a efectos de no ser sorprendidos por la dinámica en desarrollo. Hemos dicho, en el XII Congreso y el XIII Congreso extraordinario de nuestro Partido, que la principal debilidad de este proceso radica en la ausencia de una dirección colectiva que trace las líneas gruesas del accionar de las fuerzas inmersas en el combate político, social, económico y cultural. Y, peor aún: el movimiento popular revolucionario carece de la unidad, la combatividad y la fuerza material de una organización de vanguardia del proletariado que asuma las tareas del tránsito del capitalismo al socialismo y, en tal razón, son la pequeña y mediana burguesía las que pugnan por dirigirlo, de acuerdo a sus particulares intereses de clase. Lo anterior nos exige contribuir en mayor medida a crear las condiciones para la construcción de esa vanguardia colectiva de la que hacemos parte, sin dejar de lado nuestros objetivos programáticos, a pesar de las dificultades anotadas. Hemos caracterizado el proceso como de liberación nacional y señalado como principal enemigo al imperialismo estadounidense, y, mientras esto siga siendo cierto, es obligación de las y los comunistas entender perfectamente y actuar en consecuencia para evitar el retroceso que se vislumbra en el horizonte de la patria hacia regímenes ya superados y a los cuales buena parte de nuestro pueblo no está dispuesto a regresar. Carácter de clase del PCV Por todo esto, el énfasis del PCV y la JCV en el trabajo ideológico, político y organizativo en el seno de la clase obrera y demás sectores de trabajadores y trabajadoras, campesinado pobre e intelectualidad revolucionaria, en la línea de acumular fuerzas de carácter y contenido popular revolucionario, no es una opción, sino una necesidad imperativa del momento histórico.

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En la esencia del marxismo-leninismo, hay dos concepciones básicas que inciden directamente en la fortaleza o debilidad ideológica, orgánica y política del PCV, que son: la concepción del papel histórico de la clase obrera y la concepción del papel histórico del Partido Comunista. Cuando estas dos concepciones no están interiorizadas en todo el activo militante ni dominan todos los aspectos de la vida del Partido, perviven deficiencias y problemas como los que aún tenemos en nuestra organización, los cuales debemos exponer y puntualizar para identificar y aplicar los lineamientos que permitan superarlos –según su complejidad- en el corto, mediano y largo plazo. Debe ser nuestro compromiso consciente: fortalecer la estructura orgánica del Partido, bajo el cumplimiento consecuente de los lineamientos leninistas de organización; detectar, evaluar y corregir nuestros problemas organizativos y de funcionamiento; desarrollar metodologías de trabajo y una disciplina que nos permitan avanzar y desarrollar las tareas inmediatas del 2009 y las de los años por venir; elevar nuestra militancia y nuestros organismos en todos los niveles al grado que precisa la revolución socialista venezolana; en resumen, ser –cuantitativa y cualitativamente-, ¡cada día, más comunistas! Esto nos lleva a examinar, en primer lugar, la formación y presencia de la clase obrera en el conjunto de la sociedad venezolana –con presencia de un millón de trabajadoras y trabajadores en las industrias básicas, pero productora de la mayoría de los ingresos del país-, además de las concepciones ideológicas predominantes en la clase obrera, con bastante influencia reformista. Reivindicando, como lo hacemos, a la clase obrera como la clase que cuenta con las condiciones necesarias para abanderar la construcción de la nueva sociedad, al frente de las demás capas de trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad, tenemos la tarea vital y decisiva para la revolución socialista de llevar a la clase obrera venezolana a ocupar su papel de vanguardia. Para esto, debe tomarse en cuenta que, en el sector de servicios y en los denominados técnicos y profesionales, hay más de dos millones de trabajadoras y trabajadores vinculados directa o indirectamente con el

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Estado a todos los niveles, lo que les imprime cualidades diferentes. Tales particularidades no nos eximen de orientar prioritariamente nuestro trabajo y política de crecimiento hacia las empresas básicas e industriales fundamentales, teniendo claro que en éstas se define la correlación de fuerzas en la lucha por el poder. Otra de nuestras mayores tareas se encuentra en el sector agroindustrial y campesino –vitales para alcanzar la soberanía alimentaria-, donde continúa el predominio del latifundio y la falta de contundencia en las luchas campesinas. El PCV está obligado a cumplir su papel histórico como el instrumento indispensable para dirigir a la clase obrera venezolana en el camino de la liberación nacional y la construcción del socialismo. Por lo tanto, una de las tareas fundamentales de nuestro Partido, hoy, es el crecimiento dirigido hacia la clase obrera, nutriéndose de ella, construir células en las empresas e incrementar nuestra presencia en las empresas fundamentales de la economía: petróleo, minería, industria pesada o semipesada, energía eléctrica, puertos, agroindustria, cementos, alimentos, transporte pesado. El Partido Comunista de Venezuela, durante sus 78 años de vida orgánica, ha sido siempre un partido revolucionario; siempre ha sido, y será, leal al marxismo-leninismo, a la revolución socialista, al internacionalismo proletario, a la lucha contra la dominación de los monopolios imperialistas norteamericanos y a la conquista para nuestro pueblo de libertad, democracia y bienestar. Nuestro Partido es importante referente histórico, político, programático de las ideas socialistas y de la lucha de clases, que se agudiza cada vez más, en medio de la complejidad nacional e internacional. El PCV trabaja por alcanzar los niveles de desarrollo ideológico, orgánico, político y de influencia de masas requeridos por las exigencias diarias del proceso, y que hemos definido como el Partido que requiere la Revolución venezolana.

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“LA CRISIS ACTUAL MARCA UN MOMENTO DE UN DETERIORO MUY PROFUNDO DEL SISTEMA CAPITALISTA”

Entrevista a Osvaldo Martínez, Director del Centro de Investigaciones de la Economía Mundial y Presidente de la Comisión de Asuntos Económicos de la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba(1).

–Despidos masivos de trabajadores en todas partes del mundo, aumento del desempleo y de los índices de pobreza, cierre de empresas, quiebras de bancos, son algunos de los efectos de la crisis que se van sintiendo. ¿En qué momento de la crisis nos encontramos? –La crisis está comenzando, y nadie puede predecir exactamente cuánto va a durar ni qué intensidad va a tener. Ya estamos ante algo más que una crisis financiera: es una crisis económica global que compromete no sólo a las finanzas internacionales, sino también a la economía real. Por el enorme grado de desarrollo que adquirieron en los años anteriores la especulación y el capital financieros, por la magnitud del estallido que se ha producido en el sector de la especulación financiera y por el elevado grado de globalización de la economía mundial, cabe deducir que esta crisis va a ser, con toda seguri(1) La entrevista fue realizada por Luisa María González García, estudiante de Periodismo de la Universidad de La Habana, y publicada en Cubadebate (www.cubadebate.cu) el 10-03-2009.

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dad, la más fuerte desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado. Lo ocurrido desde agosto del 2008 hasta la actualidad ha sido el estallido de esa burbuja de especulación financiera, debido, esencialmente, al impulso de la política neoliberal. En estos momentos, la crisis está comenzando a tocar la economía real, es decir, la economía que produce bienes y servicio reales, desarrollo de tecnologías, que produce valores de uso útiles para satisfacer necesidades. ¿Cuánto más va a afectar a la economía real? Es muy difícil decirlo. Hay múltiples opiniones de autores. Algunos señalan que la crisis puede durar entre dos y cinco años. Como referencia histórica, recordemos que la crisis de los años 30 comenzó en octubre de 1929, se desarrolló con toda intensidad hasta 1933 y, cuando estalla de Segunda Guerra Mundial, en 1939, la economía de la época todavía no había recuperado los niveles de actividad económica que tenía antes de 1929. Lo que resolvió finalmente aquella crisis (y digo “resolvió” entre comillas, porque hablo de la solución que el capitalismo le da a una crisis) fue justamente la Segunda Guerra Mundial: la destrucción de fuerzas productivas que ésta implicó fue lo que le permitió al capitalismo iniciar, a partir de 1945, una nueva etapa de crecimiento, basado en reconstruir lo destruido por la guerra. Toda crisis, vinculada o no a una guerra, es, ante todo, un proceso de destrucción de las fuerzas productivas. Volviendo a la actualidad, no me atrevo a hacer un pronóstico exacto de la duración de la crisis, pero lo que sí me atrevo a afirmar es que está muy lejos de haber tocado fondo. –¿Cuáles han sido los sectores más impactados? –El estallido de la burbuja financiera ha provocado el desplome de bolsas de valores, la quiebra de importantes empresas especuladoras (la llamada banca de inversión, que realmente no es la inversión productiva, sino la inversión especulativa). Han quebrado algunos grandes bancos, se ha afectado el crédito a nivel global, pues se ha vuelto más escaso y caro. Ha ocurrido un descenso de los precios de las materias primas y del petróleo. Empiezan a afectarse sectores de la economía real, como es el caso de la industria automovilística de Estados Unidos: las tres grandes (la General Motors, la Ford y la Crysler) están recibiendo ayuda

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del gobierno para evitar la quiebra. Han cerrado varias líneas aéreas, se han reducido los vuelos. Aumenta el desempleo, el turismo está viéndose afectado. Es decir, es un proceso en cascada, que puede llevar a una profundización muy grande de la crisis en el 2009. –Para algunos especialistas, esta es una crisis cíclica más del sistema capitalista, como las explicara Carlos Marx en el siglo XIX. Pero también se dice que la actual no es una más, sino que, dadas las dimensiones impresionantes que ha alcanzado, es la expresión de la destrucción interna del capitalismo avanzado, ¿cuál es su opinión? –Yo pienso que la actual es, indudablemente, una crisis cíclica del capitalismo. Una más, en el sentido de que el sistema, desde 1825, fecha en que Marx registró la primera, ha sufrido muchas crisis de este tipo. La crisis no es una anormalidad en el capitalismo, es una regularidad de él; incluso, le es necesaria al sistema. El capitalismo tiene una peculiar lógica, pues necesita destruir fuerzas productivas para poder abrir paso a otra etapa de crecimiento económico. Sin embargo, la crisis actual, sin duda alguna, marca un momento de un deterioro muy profundo del sistema capitalista. Me parece que puede llegar a profundizarse a extremos muy graves, pero no creo que por sí sola represente el final del sistema capitalista o su destrucción definitiva. Una de las cosas que Marx argumentó con mucha lucidez fue que el capitalismo no se derrumba por una crisis económica; al capitalismo hay que derrumbarlo, y eso es con acciones políticas. –Entonces, ¿usted está de acuerdo con lo que dijo Marx, y luego manifestaron Lenin y Rosa Luxemburgo, que, a pesar del germen auto-destructor del capitalismo, hacen falta revoluciones para derrumbarlo? –Por supuesto que sí. Creer que el capitalismo se va a derrumbar automáticamente, en virtud de una fuerza espontánea, como una crisis económica, es una utopía. La crisis puede crear condiciones favorables para grandes movimientos políticos anticapitalistas. Si el arte de la política se sabe manejar y existe un liderazgo que aproveche las coyunturas, capaz de conducir a los pueblos, la crisis crea condiciones favorables

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porque genera mayor pobreza, desempleo, ruina en gran escala, desesperación en las masas. En la historia, grandes crisis económicas estuvieron relacionadas con movimientos revolucionarios. Por ejemplo, en los años de la Primera Guerra Mundial, hubo una crisis profunda del capitalismo de entonces, y, relacionado con ello, se produjo el triunfo, en Rusia, de la primera revolución socialista de la historia. Sin embargo, la crisis de los años 30 estuvo vinculada con el surgimiento del fascismo, puesto que, en Alemania e Italia, la desesperación que en las masas provocó la crisis fue capitalizada por la derecha, y fueron conducidas hacia posiciones de extrema derecha, fascistas, chovinistas, ultranacionalistas. Lo que quiero enfatizar con esto es que nada está escrito ineluctablemente en la historia: todo depende de la pericia, del arte de las fuerzas políticas que estén contendiendo. Dentro de las circunstancias actuales, creo que hay un razonable espacio para pensar en cambios: estamos en un momento, a mi juicio, favorable para que esta crisis se relacione con una radicalización de movimientos anticapitalistas. –Es una crisis cíclica más, pero es diferente. ¿Qué factores la distinguen? –Yo creo que son diferencias especialmente de contexto. Esta crisis es particularmente complicada porque complicada es la economía mundial de esta época, mucho más que la de 1929. En primer lugar, el nivel de globalización de la economía es enormemente superior, lo que se refiere al grado de interconexión que tienen las economías nacionales y que, en 1929, era todavía incipiente, correspondiente a las tecnologías de la época, sobre todo en el transporte y las comunicaciones. En aquella época no había Internet, ni correo electrónico, ni aviación a reacción. Se dependía del telégrafo -el teléfono era muy imperfecto todavía y los aviones apenas empezaban a volar. En estos momentos, la situación es muy distinta. La globalización es de tal naturaleza que cualquier suceso que ocurra en una economía de cierto peso repercute en minutos en el resto del mundo. Hay una gran interconexión de los mercados, especialmente de los mercados financieros a nivel global, y eso significa que la economía mundial es como una

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telaraña en la cual todos estamos prendidos, y un movimiento en cualquier parte de esa telaraña se siente inmediatamente en las otras partes. Por tanto, la capacidad de difusión de la crisis hoy es muchísimo más intensa que en 1929. Esa es la primera diferencia. La segunda es un nivel de financierización de la economía mundial enormemente superior también. El monto del capital especulativo y la naturaleza de las acciones de ese capital son mucho más intensos la economía mundial es como que en 1929. En aquella época, una telaraña en la cual todos estamos prendidos,..., por había bolsas de valores, pero su funcionamiento era mucho más tanto, la capacidad de difusión simple. Hoy, la especulación de la crisis hoy es muchísimo financiera alcanza una sofisticamás intensa que en 1929 ción inmensa, y esa sofisticación es, a la vez, uno de los puntos débiles, es decir, se hacen operaciones especulativas tan sofisticadas, riesgosas, irreales, y tan estafadoras, que han estado en la base de la explosión financiera que ha ocurrido. Hasta el momento no se han tomado medidas lo suficientemente radicales para frenar la crisis, pero, poco a poco, vemos cómo el Estado, sobre todo en Estados Unidos, está interviniendo para evitar la quiebra de compañías, empresas, con lo que toma un protagonismo que recuerda el keynesianismo utilizado por Franklin D. Roosevelt para salir de la crisis de los 30. Hoy se dice que un neo-keynesianismo será la alternativa. En esencia, eso es lo que están intentando: aplicar un cierto neo-keynesianismo, que todavía se presenta muy difuso. Se ve en lo que ha anunciado el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, acerca de la realización de un gran plan de obras públicas con el cual pretenden reconstruir todo el sistema vial (carreteras, puentes, etc.). Ese es un muy típico recurso keynesiano para generar empleo e ingresos, y estimular la demanda. Pero, al mismo tiempo, eso se está combinando con otras cosas que son contradictorias, como el hecho de rescatar a los especuladores fracasados y destinar sumas de dinero gigantescas a recomponer la estructura especulativa que fracasó y se hundió. Esto es contradictorio con el propio keynesianismo, y es la expresión clara de que los neoliberales continúan teniendo importantísimas posi-

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ciones de poder; de hecho, no han sido desplazados del poder todavía. Estamos ante una pugna entre un neoliberalismo que no se resigna a morir y un neo-keynesianismo que pretende establecerse. Ahora, yo tengo muchas dudas de que el neo-keynesianismo, incluso aplicado con rigor, pueda ser la solución de esta crisis, puesto que esta crisis tiene ya otros componentes nuevos. Esta Esta crisis combina crisis combina elementos de superproducción elementos de y de subproducción al mismo tiempo; es una superproducción y crisis que coincide con un punto tal de agrede subproducción sión al medio ambiente, que ya no es sólo ecoal mismo tiempo nómica, sino ambiental también, con lo cual ya está entrando en juego la supervivencia de la especie humana y la supervivencia de las condiciones para la vida humana en el planeta. –¿Quiere decir que, como ya ha sucedido, el keynesianismo será una solución temporal que sólo maquillará los problemas sin ir a su esencia? –Por supuesto. No se puede pensar que el keynesianismo y el neokeynesianismo constituyen una receta infalible para solucionar los problemas económicos del capitalismo. El capitalismo ha tenido grandes crisis con políticas neoliberales, y con políticas keynesianas también. Del año 73 al 75 hubo una profunda crisis capitalista que ocurrió bajo políticas keynesianas, y fue justamente un factor que impulsó a la sustitución de la política keynesiana por la política neoliberal. No debemos creer esa falsa dicotomía de que el neoliberalismo impulsa la crisis y el keynesianismo la resuelve. Sencillamente, el sistema es contradictorio y tiende periódicamente a las crisis económicas. Las políticas económicas, sean neoliberales o keynesianas, pueden facilitar, retardar, estimular, pero no son capaces de eliminar las crisis capitalistas. –Entonces, queda una solución: el socialismo –Sin dudas. Estoy más convencido que nunca de eso y pienso que hoy está planteado con mucha claridad el dilema de Rosa Luxemburgo: socialismo o barbarie. No creo que la humanidad regrese a la barbarie, siquiera sea porque el instinto de conservación es el más fuerte de todos.

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La condición racional creo que prevalecerá, y esa condición racional implica también el sentido de justicia social. Creo que prevalecerá la superación del capitalismo, y la puesta en práctica del socialismo creativo, el socialismo como una permanente búsqueda, lo cual no niega que el sistema tiene ciertos principios generales básicos comunes para todos los socialismos; pero, a partir de ellos, se abre un inmenso campo de experimentación, de polémica, de creación. –¿Y eso sería el socialismo del siglo XXI? –Creo que sí. –El presidente ecuatoriano Rafael Correa, en su conferencia en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, en enero de este año, explicó que uno de los problemas del socialismo era haber conservado un modelo de desarrollo igual al capitalismo; es decir, un camino diferente y más justo para llegar a lo mismo: Producto Interno Bruto, industrialización, acumulación, ¿qué cree usted sobre esto? –Eso es algo muy bien planteado por Correa. El socialismo de los países del campo socialista repitió el modelo de desarrollo del capitalismo, en el sentido de concebirlo como un resultado cuantitativo de crecimiento de fuerzas productivas. Así, se establecía una competencia puramente cuantitativa con el capitalismo, y el desarrollo consistía en llegar a eso, sin darse cuenta de que el modelo de desarrollo capitalista es la estructuración de una sociedad de consumo imposible de concebir para toda la humanidad. El planeta no lo resistiría. Es imposible repetir el modelo del automóvil individual para cada familia, el modelo de la sociedad norteamericana idílica, es necesario concebir otro modelo de la sociedad de Hollywood, de desarrollo en el cual haya una absolutamente imposible; compatibilidad con el medio y es imposible también que ambiente y un criterio mucho ésa siga siendo la realidad más colectivo de funcionamiento para una parte de los 250 millones de personas en Estados Unidos, y una enorme retaguardia de pobreza en el resto del mundo. Por tanto, es necesario concebir otro modelo de desarrollo en el cual haya una compatibilidad con el medio ambiente y un criterio mucho más colectivo de funcionamiento.

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Aunque le escuché muchísimas cosas acertadas, hubo una que me parece desacertada. En su entrevista por televisión, cuando hablaba de ese socialismo del siglo XXI, con el que yo estoy totalmente de acuerdo, se refirió a cosas que estarían obsoletas y que hay que desechar. Entre ellas, mencionaba la lucha de clases, y creo que lo que él explicaba en su conferencia en el Aula Magna sobre las luchas políticas que tiene frente a sí en Ecuador, lo que él está describiendo, no es más que un episodio de la lucha de clases, en la cual el proyecto que él representa está inmerso. ¿Quiénes se oponen a ese proyecto? Sin duda alguna, la oligarquía, la burguesía. ¿En quién se puede apoyar él para oponerse a esos enemigos? En los trabajadores, los campesinos, los indígenas. No estoy pensado en una delimitación clasista estrecha y clásica, sino en la existencia indudable de clases sociales entendidas en un sentido amplio, y la lucha de ellas es algo innegable, evidente. Si negamos la lucha de clases, entonces, ¿qué nos quedaría, la colaboración de clases? No creo que se pueda marchar al socialismo del siglo XXI en Ecuador con la colaboración de Gustavo Novoa, o con ese sector de la Iglesia Católica y todos los que hoy tratan de derrocarlo. –En el mundo se han creado muchas expectativas en torno a la nueva presidencia de Barack Obama en Estados Unidos. ¿Qué papel puede jugar la gestión de su gobierno para la salida de la crisis? –Yo no tengo muchas esperanzas de cambio con el gobierno de Barack Obama, creo que puede representar un cierto cambio más cosmético que profundo en la política norteamericana. A mi juicio, él representa la posición de un sector político de Estados Unidos que comprendió que era imposible continuar con un régimen tan impopular, desgastado y desagradable como el de George Bush. No obstante, hay un factor que debemos tener en cuenta y concederle, al menos, el beneficio de la duda: una cosa pueden ser las ideas de Obama y otra cosa puede ser hasta dónde la profundidad de la crisis económica pueda empujarlo. Y utilizo otra vez como recurso volver a los años treinta. En 1932, en plena intensidad de la crisis, llegó a la presidencia Franklin D. Roosevelt, y las ideas de su plataforma electoral, en realidad, no eran nada extraordinarias, no hubo planteamientos que permitieran adivinar lo que en la práctica haría:

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su política de activa intervención del Estado en la economía, de apoyarse en el sector sindical, de regular la economía privada norteamericana con un sentido de economía nacional. Todas las medidas que tomó Roosevelt fueron más el resultado de lo que la crisis le obligó a hacer que de una filosofía política que a priori tuviera. Algo similar pudiera ocurrir con Obama, hay que darle el beneficio de la duda para ver hasta dónde la crisis lo puede empujar. –En las últimas semanas se ha hablado sobre el papel de la integración latinoamericana en el enfrentamiento a la crisis, y, aunque la integración se encuentra en proceso de conformación, ha habido cambios a niveles estructurales que se han ido concretando. Entonces, ¿cómo la integración nos puede ayudar a enfrentar la crisis como región y como país? –Yo creo que un aspecto estratégico decisivo del futuro de América Latina y el Caribe es la integración (por supuesto, no como apéndice subordinado a Estados Unidos, sino la integración de América Latina y el Caribe consigo misma). Lo que ha primado en la integración latinoamericana durante décadas ha sido la retórica y no la práctica. Ahora estamos asistiendo a los inicios de un nuevo momento, marcado especialmente por la Cumbre de Salvador de Bahía, efectuada en diciembre pasado, y en la que Cuba ingresó al Grupo de Río. También tenemos la Alternativa Bolivariana para las Américas, un nuevo modelo de integración, basado en la solidaridad y la cooperación, no en el mercado. Esta situación coincide con la gran crisis que obliga a América Latina a repensar toda su inserción en la economía mundial. Coincide, además, con la profunda crisis de la política neoliberal que determinó todo en América Latina en los últimos 30 años. Es un gran momento; y pienso que hay un razonable grado de posibilidad de que la verdadera integración latinoamericana y caribeña comience a dar pasos firmes. Una de las cosas que algunos autores señalan es que, tras esta gran crisis económica, la economía mundial quede estructurada en grandes bloques regionales: uno, en Asia; otro, que seguirá existiendo, en América del Norte; y, uno nuevo, conformado en América Latina. Esa es una posibilidad muy interesante.

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