APROXIMACIÓN A LA RELIGIOSIDAD VETONA

JOSÉ MANUEL DURÁN MORENO

1 APROXIMACIÓN A LA RELIGIOSIDAD VETONA

APROXIMACIÓN A LA RELIGIOSIDAD VETONA
ÍNDICE………………………………………………………………………………….2 INTRODUCCIÓN. HISTORIOGRAFIA Y MÉTODO……………………………..3 ACERCA DE LOS VETONES………………………………………………………..4 LOS VERRACOS………………………………………………………………………5 RELIEVES, GRABADOS Y EPIGRAFÍA…………………………………………...6 SANTUARIOS Y LUGARES DE CULTO…………………………………………...7 PRINCIPALES DIVINIDADES VETONAS……………………………………...….8 BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………………...10

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INTRODUCCIÓN. HISTORIOGRAFIA Y MÉTODO
En el estudio de la cultura de los vetones, en los aspectos que pretendo abordar acerca de la religión y culto, resulta bastante llamativa la contradicción con la que nos topamos en una primera aproximación que es la del atractivo que despierta dicho tema frente a una marcada escasez de fuentes y documentación. De este modo parto desde una base difícil que es la carencia de documentación, hecho que pretendo suplir de la mejor manera posible a través de la erudición y planteamientos de hipótesis propias y análisis de la de otros autores. Un hecho que condiciona la carencia de documentación, y viceversa, es que no se sabe mucho sobre este tema. Las fuentes históricas con las que contamos, como comentaré a continuación, no aportan mucho y es lo que ha llevado a que se tienda mucho a generalizar y a plantear hipótesis, algunas fácilmente desmontables. Por lo tanto resulta más fácil abordar mi objeto de estudio en función de la historia de este pueblo en su contexto y relación con el entorno y con otras culturas así como en sus estructuras sociales, económicas y de relaciones de poder pues tal y como ocurre en la actualidad, la religión lo abarca todo, de ahí a que analizarla no sea tarea fácil. De este modo hay que establecer un punto de inflexión en la presencia romana, no ruptura pero sí marcar la importancia en cuanto a la evolución y cambios estructurales que se produjeron a partir de entonces. Como comenté, las fuentes son escasas y en algunos casos parciales, de carácter arqueológico y epigráfico fundamentalmente además de otras literarias. La arqueología puede darnos mucha información, pero hay que tener en cuenta la reutilización, traslado y la verdadera concepción y uso del objeto arqueológico. Las fuentes epigráficas son las que más datos han aportado pues hay más de 300 nombres de dioses e inscripciones votivas, prácticas de incubatio1 y donaciones, no pudiendo olvidar que toda esta epigrafía es de época romana y por ello tiene una cronología tardía para el horizonte indígena y que con toda posibilidad haya alguna variación. Además un alto porcentaje de estos teónimos aparece solamente una vez, por lo que podemos saber cómo se llama la divinidad ajenos a su simbología, atribuciones, escenografía, culto, posible mito, etc.

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“Ensueño sanador”. Práctica realizada durante la Antigüedad consistente en que un paciente o enfermo pasara una noche en la casa del dios para que éste le diese un mensaje respecto a su salud. En relación a nuestro tema de estudio, a modo de ejemplo, la inscripción a Vaelicus en el santuario de Postoloboso, Candeleda (Ávila), en la que se le agradece una sanación.

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Hay también insculturas rupestres con un supuesto valor religioso y con respecto a las fuentes literarias, de época romana, la información es insuficiente, parcial o genérica. De la historiografía y bibliografía actual, Eduardo Sánchez Moreno recalca que “ha sido una constante tratar la particularidad religiosa de las tierras vetónicas embutida dentro del continente lusitano”2; por lo que se tiende mucho a comparar, que es posible al haber semejanzas. Por otro lado la mayoría de los trabajos consisten en ofrecer listas y listas, con su respectivo análisis filológico, de las divinidades halladas en inscripciones epigráficas. Entre estas obras cabe destacar el estudio filológico de Blázquez con obras como Religiones primitivas de Hispania I. Fuentes literarias y epigráficas. Madrid (1962) y Diccionario de las religiones prerromanas de Hispania. Madrid (1975). Mi organización del contenido, debido a la dificultad inicial respecto a las fuentes, se vertebra a tenor de estas mismas. Parto de las diversas fuentes y evidencias materiales, planteando las hipótesis y teorías existentes sobre los verracos, epigrafía, relieves, insculturas y santuarios hablando para acabar abordando el panteón vetón y plantear una mejor conclusión explicadas las fuentes y evidencias de antemano. En cuanto al título, hablo de aproximación en el sentido de que no se puede abarcar este objeto de estudio en su totalidad y con seguridad y dada las trabas documentales que nos encontramos; y de religiosidad por abordar cuestiones acerca de las divinidades, devoción, culto y posibles creencias.

ACERCA DE LOS VETONES
Los vetones se localizan en un marco espacio temporal allá por la II Edad del Hierro entre los pueblos del Occidente de la Península Ibérica, entre ellos lusitanos, célticos, conios y túrdulos antiguos, tratándose fundamentalmente de una agrupación más bien historiográfica como apunta Manuel Salinas de Frías en su libro Los pueblos prerromanos de la Península Ibérica. Los vetones se emplazaban al este de los lusitanos, al oeste de los Montes de Toledo y ocupando aproximadamente las provincias de Salamanca, Ávila, Cáceres y Badajoz y entre el Duero y el Tajo. La peculiaridad de este pueblo radica en sus vestigios materiales como los santuarios y sobre todo esculturas zoomorfas denominadas verracos, de ahí a que se los denomine como la “Cultura de los verracos”. Hasta hoy se han hallado unos 400 verracos de los que se
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Comentario extraído de su artículo Aproximación a la religión de los vetones: Dioses, ritos y santuarios publicado en STVDIA ZAMORENSIA, Segunda etapa, vol. IV, 1997, 115-147

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discute su posible significado religioso, económico o incluso funerario, cuestión que abordaré más adelante. Existía fragmentación política pero este hecho no quita que haya alianzas en momentos puntuales, de hecho Roma aprovechó esa desunión para doblegarlos. Sus principales poblamientos se sitúan en tierras elevadas y escarpadas aprovechando la defensa natural, siendo sus ciudades más importantes Salmántica, Austóbriga, Cápera, Obila y Lacimurga entre otras. Habitan en castros amurallados y con la defensa natural que les da el terreno además tener estrategias defensivas como campos de piedras hincadas. La mayoría de estos castros controlan zonas extensas de pastos y pasos porque su economía ganadera se basa en la trashumancia.

LOS VERRACOS
Los verracos son la posible evidencia religiosa más significativa, algunos como los abulenses de Mesa de Miranda, de Ulaca o Las Cogotas y los salmantinos de Berrocal de Padierno o Lumbrales, entre otros, se datan antes de la presencia romana entre los siglos IV y II a.C. Se debate mucho acerca del significado de estas esculturas y su función, habiendo varias hipótesis al respecto. Por ello resulta necesario estudiar el contexto en el que se emplazaban originalmente, estando seguros de que no se hayan desplazado. Dada la práctica de la trashumancia y del pastoreo como actividad económica fundamental entre los vetones, se suele asociar a estas figuras zoomorfas con áreas de pastos, expresando así posibles ideas mágico-religiosas acerca del crecimiento y reproducción de estas especies y en relación con el medio. Sin embargo esta atribución sería válida para toros o cerdos, pero no en el caso de jabalíes. Los jabalíes suelen aparecer en contextos funerarios por lo general en el mundo mediterráneo. En el contexto de esta cultura hay evidencias de ello además de otras en la Península Ibérica, iconográficas, como en la pátera de Tivisa3 que posiblemente desarrolla un mito que ocurre en el Más Allá. El jabalí de Ciudad Rodrigo aparece en un contexto funerario ya que se emplaza a las puertas de la población en una zona posiblemente de necrópolis y con una función apotropaica. Respecto a la cuestión del culto a la figura zoomorfa sería más correcto considerar este planteamiento ya que se trataría más de manifestaciones de ideas y creencias dentro
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Ejemplo aportado por Manuel Salinas de Frías en Los Pueblos prerromanos de la Península Ibérica. Madrid (2006). Pag. 157

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de lo que podríamos considerar como religioso y en las que se usaría la figura de estos animales. Por lo tanto se trataría de ideas o creencias que entrarían en el terreno de lo religioso y no tanto del culto a estos animales en el caso de que pudieran relegar en estas especies la representación de una divinidad. Por otro lado estaría el ofrecimiento de animales y su ritualización en cuanto a sacrificios.

RELIEVES, GRABADOS Y EPIGRAFÍA
Se tiene constancia de un número indeterminado de relieves rupestres con caballos, jinetes, otros animales y representaciones geométricas. En varias ocasiones se les ha atribuido un significado religioso, pero no hay evidencias suficientes para sostener tal hipótesis. En este sentido resultaría paradigmático el caso del castro de Yecla de Yeltes donde aparecen muchas representaciones de caballos y jinetes en el paramento de la muralla y con mayor o menor presencia dependiendo del lugar, es decir, que generalmente se agrupan en los accesos del castro. Las evidencias epigráficas se enmarcan cronológicamente entre el siglo I a.C. y el III d.C. de forma aproximada y sólo pocas inscripciones pueden datarse con más acierto según los datos que contienen. La epigrafía de época romana, sobre dos tercios del total, aporta mejor información en cuanto a dioses, dedicantes y dedicatoria, ofrendas, causas, circunstancias, etc. pero hay que tener en cuenta que la información es parcial. El tercio de inscripciones restante, casi 100 inscripciones, corresponde a divinidades indígenas. El culto indígena se seguiría practicando, pero con la presencia cada vez más fuerte de divinidades y prácticas religiosas romanas, griegas y orientales se produce una paulatina evolución. La religión es quizás el aspecto que menos varía a lo largo del tiempo en una cultura y de hecho habrá aún vestigios de indigenismo cuando llegue el Cristianismo. Por lo tanto se adoptarían nuevas divinidades y prácticas religiosas sin entrar en conflicto con las anteriores, habrá divinidades que por sus atribuciones se fusionarán con las recién llegadas produciendo sincretismos y asimilaciones y es que las inscripciones apenas aportan algo referente a la continuidad en la forma del culto. El problema principal que trae la existencia de tantos teónimos distintos es si todos son divinidades diferentes o si se repite la misma divinidad varias veces pero con diferente nombre y caso aparte cuando hay inscripciones con varios nombres4. En cambio hay divinidades con bastantes atestiguaciones que permiten analizarlas mejor y
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Una evidencia ejemplar es la inscripción de un ara de granito hallada en Arroyomolinos de la Vera con lo siguiente: Arabo/Carobe/Eicobo/Talusico/…/m.t.d./d.m./…m…

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con ello lanzar hipótesis, caso de Arentius Arentia, Bandua, Reue, Trebaruna, Ataecina y Vaelicus. M. L. Albertos, Untermann y otros autores han aportado varias hipótesis acerca de los teónimos a tenor de las terminaciones de los nombres de divinidades –ico o –bo respecto a gentilidades y cultos geográficamente más o menos amplios, aspecto que trataré más adelante cuando analice el panteón vetón.

SANTUARIOS Y LUGARES DE CULTO
La religión de los vetones, al igual que la de otros pueblos prerromanos de la Península Ibérica, tiene un carácter naturalista debido a la relevancia de lugares y elementos naturales como ríos, manantiales, astros, claros de bosque, astros, peñas, etc. Originariamente estos espacios naturales serían los elegidos para la comunicación entre los hombres y los dioses, pero el espacio de culto se transforma con el tiempo debido más a la influencia de Roma que a la propia cultura vetona, cambiando más de forma que de fondo. Por otro lado la arqueología ha mostrado la supuesta evidencia de lugares de culto urbanos en la zona más privilegiada del asentamiento y también menhires y saunas. Por lo tanto, un rasgo importantísimo y común además entre todos estos santuarios es su emplazamiento en espacios naturales característicos junto a cursos de agua, manantiales o confluencias de vías fluviales, claros de bosque... Este hecho lleva a hablar de una posible función fronteriza en el sentido de que se trataba de puntos de convergencia de varios asentamientos y se reunirían, celebrarían fiestas, intercambios, etc. además de cultos, sacrificios o ritos iniciáticos entre otros. Así, cito textualmente a Sánchez Moreno (1997) en relación a esta cuestión remarcando que “de la semblanza del espacio sagrado también se infiere el dinamismo del mundo vetón en lo que a comunicación, contacto interpoblacional e interacción cultural se refiere”. El santuario mejor conocido y tomado como paradigmático es el de Ulaca, en Soloancho (Ávila). Se trata de un espacio sacro a cielo abierto, una gran piedra de granito en la que se excavaron cazoletas comunicadas entre sí por pequeños canales así como escalones para ascender a la superficie. La disposición de los orificios y su conexión respondería a la función de rituales, sacrificios, libaciones o baños iniciáticos. Las características de este santuario llevan a relacionarlo con otros posibles5 como el de
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Martín Valls (1985: 116-117) lo relaciona con el expositorium del castro de Villasviejas de Plasencia. Ferreira da Silva (1986: 300-302) establece paralelos con otros de la región noroeste como el Castelo de San Veríssimo, Vilar de Perdizes, Castro de Três Ríos o Lamas de Moledo, entre otros. Benito y Grande (1992) Teso de San Cristóbal, El Castillo, La Peña Gorda o La Dehesa, entre otros.

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Panoias en Portugal, en el mismo contexto espacio temporal, pero en primer lugar la cronología es difícil de fijar y tampoco puede saberse con certeza su verdadera función. A unos 200 metros se localiza una gran fragua u horno erigida en algo parecido a un semihipogeo tallado en granito con diferentes estancias, vanos y bancos labrados que aluden a un posible carácter termal. Autores como Almagro Gorbea y Álvarez Sanchís (1993) sostienen la función ritual de este santuario y con ello la práctica de baños iniciáticos llevados a cabo por cofradías de guerreros, algo que también defiende Eduardo Sánchez Moreno6 aludiendo al carácter naturalista de las manifestaciones religiosas de los vetones y a la evidencia que aportan diferentes fuentes geográficas, arqueológicas, epigráficas y literarias en Marcial (Epigr., VI, 42, 16), Justino (Epit., XLIV, 2, 6) y Estrabón (III, 3, 6). Otro santuario es el del Trampal, Alcuéscar (Cáceres), localizado cerca de fuentes manantiales y en una zona de contacto entre vetones, lusitanos y célticos, rindiendo culto posiblemente a Ataecina a tenor de las 15 inscripciones que se hallaron en él. Cabe destacar también el santuario de Postoloboso, Candeleda (Ávila), próximo a la conexión de vías fluviales, delimitando además tres espacios naturales diferentes como son un terreno montañoso, una fértil llanura y un escalón tectónico muy estratégico desde el punto de vista de control de territorio. Diferentes aras e inscripciones lo identifican con el culto a Vaelicus. Respecto a los sacrificios, sí hubo y se realizaban en actos centrales de culto y situaciones especiales. Lo más normal es que hubiera ofrendas de tortas, leche, cerveza o animales pequeños pero se dieron situaciones en las que se sacrificaron caballos y animales de mayor tamaño así como personas incluso, hecho que documenta Plutarco (Quaest. Rom. 83)

PRINCIPALES DIVINIDADES VETONAS
Como muestran las diversas fuentes analizadas, la religión vetona era politeísta, con multitud de dioses y cultos atomizados y de amplio localismo y peculiaridades, con un arraigo fuerte debido a que pervivieron hasta la llegada del Cristianismo pero en la que incidió mucho la presencia romana. Tradicionalmente se ha tendido a ofrecer enumeraciones de las divinidades documentadas a partir de la epigrafía, hecho criticado ya que no aborda poco más allá del nombre en concreto y su análisis filológico, sin
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El agua en la manifestación religiosa de los vetones: algunos testimonios publicado en las Actas del I Congreso peninsular de Termalismo antiguo (La Rioja, 1996). 1997, pags. 129-140

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adentrarse en posibles funciones, simbología, etc. además de todos los que aparecen nombrados una sola vez. Por ello distingo entre divinidades mayores, de culto geográficamente amplio y que aparecen nombradas varias veces; y por otro lado divinidades de ámbito más local. Manuel Salinas de Frías habla de otro grupo más que serían las divinidades o entes naturales astrales fundamentalmente como el sol, la luna, etc. debido a su presencia en otros pueblos mediterráneos y orientales. Ataecina sería uno de los dioses mayores de culto geográficamente extendido a tenor de la extensa representación epigráfica, con distintas invocaciones además como aparece en la epigrafía, caso de Dea Sancta Turobrigensis Ataecina. Posiblemente fuera la divinidad tutelar de Turóbriga, pero existe un debate historiográfico al respecto porque no se sabe a ciencia cierta dónde localizar ese supuesto centro principal de culto. Lo que sí existía era un culto importantísimo en una zona entre el Tajo y el Guadiana, con incidencia en el santuario de El Trampal, siendo exclusiva de los vetones y extendiéndose hacia tierras lusitanas y de la Beturia. En cuanto a sus atribuciones, por un lado Leite de Vasconcellos (1905) le atribuye ser una divinidad de la tierra y de la fertilidad, Blázquez (1962a, 1975) dice tratarse de una diosa infernal y Rodrigo y Haba (1992) que se trata de una diosa de las aguas y de la sanación debido a supuestas propiedades curativas de las aguas minerales de El Trampal. Ataecina sería asimilada posteriormente a Proserpina, diosa de la fertilidad y por ello de la vida, muerte y resurrección, del ciclo de la naturaleza. De este modo, teniendo en cuenta que el culto a Ataecina se produce en zonas de cereal y desarrollo agrícola y que se han representado ramos o espigas junto con su nombre, se trata con mayor posibilidad sea un “dying and rising gods”, de la fertilidad y prosperidad, de ahí a su asimilación posterior a Proserpina/Perséfone. El culto a Vaelicus, con mucha epigrafía y vestigios de culto amplio, se centra fundamentalmente en los alrededores del santuario de Postoloboso debido a la evidencia de veinte inscripciones votivas. Hay autores que lo ponen en relación con Endovelicus, divinidad principal del panteón lusitano. Mientras que Leite de Vasconcellos (1905) habla de unos atributos relacionados con la medicina debido al hallazgo de epigrafía donde se atestigua la práctica de incubatio, Blázquez (1962a, 1975) mantiene la relación con Endovelicus con una significación ctónica o infernal, de ultratumba y siendo un posible dios-lobo, siendo ésta la hipótesis hasta ahora más sostenida, en la misma línea con Fernández Gómez.

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Bandua aparece representado también con frecuencia, pero se trata con mayor posibilidad de una deidad tutelar7, señor de los lugares en donde era venerado, ligado a comunidades humanas. Esta atribución de protector está aceptada, con algunos matices según diversos autores, habiendo quien habla además de su carácter guerrero con función psicopompa. Trebaruna sería una divinidad doméstica y posiblemente de ámbito tribal según Salinas, en cambio Marco Simón piensa que se trata de una divinidad acuática. Baraecus está vinculado a Ruanos (Trujillo), al territorio que protege. Arentius Arentia se trata posiblemente de una pareja de dioses de culto local por las dos alusiones que se tienen un en contexto urbano. Nabia, según un autor u otro aparece como una divinidad vinculada a las aguas (Leite de Vasconcellos), de la vegetación (Melena, 1984) o divinidad de la guerra (García Fernández-Albalat, 1990). Otra divinidad con posible carácter acuático es Reue. Como comenté en el apartado de epigrafía, uno de los problemas de la extensa lista de teónimos es que respondan a una pluralidad de dioses diferentes, habiendo varias hipótesis al respecto. Por un lado M. L. Albertos hablaba de teónimos con similitudes a los gentilicios por la terminación en –ico y que los sustituirían en las regiones donde estos gentilicios tendían a desaparecer. Por otro lado Untermann, entre otros, sostiene que no todos aluden a divinidades diferentes, sino que son nombres de dioses con cultos muy amplios geográficamente y que tienden a identificarse con lugares concretos mediantes esas variantes. Ya establecidos los romanos nos encontramos con inscripciones a Júpiter, Hércules, Liber, Victoria, Salus. Mercurio, Silvano o Marte. El progresivo establecimiento de formas de culto romanas se dio primero en contextos urbanos y posteriormente pasaría a núcleos rurales, presentándose la duda de hasta qué punto lo que tenemos es más o menos indígena o romano.

BIBLIOGRAFÍA
ÁLVAREZ-SANCHÍS, J: Los vettones. Madrid: Real Academia de la Historia, 1999. BLÁZQUEZ MARTÍNEZ, J. M.: Diccionario de las religiones prerromanas de Hispania. Madrid: Itsmo, 1975. SALINAS DE FRÍAS, M: Los vettones. Indigenismo y romanización en el occidente de la Meseta. Salamanca: Ed. Universidad de Salamanca, 2001.
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Salinas (1982b: 328) lo asimila a Fortuna o a Tutela a partir de la traducción del indoeuropeo Bandcomo mandar u ordenar.

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SALINAS DE FRÍAS, M. Los pueblos prerromanos de la Península Ibérica. Madrid: Akal, 2006. SÁNCHEZ MORENO, E. Aproximación a la religión de los vetones: Dioses, ritos y santuarios. STVDIA ZAMORENSIA, Segunda etapa, vol. IV, 1997, 115-147. RECURSOS ELECTRÓNICOS: - http://www.castrosyverracos.com/ - http://www.arqueomas.com/peninsula-iberica-vettones-religion-y-mundofunerario.htm

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