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Parte I, Sesión III: LA ÓPTICA DE EUCLIDES Y LA VISIÓN EN LOS ESTOICOS

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Presentación de la Sesión III del Seminario de La Luz
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SEMINARIO DE LA LUZ 3ª SESIÓN (28/11/11

)

LA ÓPTICA DE EUCLIDES Y LA VISIÓN EN LOS ESTOICOS

La explicación geométrica de la forma circular del arco iris aristotélica -concebida seguramente por alguno de los discípulos del Maestro- y la geometrización de la óptica llevada a cabo por Euclides, como una ilustración de sus Elementos, son los primeros intentos serios de matematización de fenómenos naturales que han tenido lugar en la historia del pensamiento. Su influencia ha sido enorme en los desarrollos posteriores de la ciencia de todos los tiempos. Posidonio, el estoico, publicará, imitando a Aristóteles, unos Meteoros en los que habla del arco iris y en donde distingue el objeto de la Física -la búsqueda de las causas- del de la Astronomía que es el de "salvar las apariencias". Séneca, en sus Cuestiones Naturales, se interesa de nuevo por el apasionante y misterioso tema del arco iris, y aunque "aduzcan los geómetras razones no ya persuasivas, sino apodícticas", son muchas las dudas en relación con el arco celestial, pues, por ejemplo, "¿por qué razon siendo uno el color del sol, sus imágenes (en el arco iris) son multicolores?"

" No es el altruismo o el ejercicio masoquista del anticuario ni la exaltación desinteresada del romántico lo que nos induce a volvernos con fervor, con una voluntad incondicional de aprendizaje, hacia el pensamiento político de la antigüedad clásica. Nos impele a hacerlo la crisis de nuestro tiempo, la crisis de Occidente". del prólogo a La ciudad y el hombre de Leo Strauss (1962)

"En la actualidad, cuando empleamos la palabra ciencia ésta significa algo tan esencialmente diferente de la doctrina y scientia de la Edad Media como de la episteme griega. La ciencia griega nunca fue exacta, porque según su esencia era imposible que lo fuera y tampoco necesitaba serlo. Por eso carece completamente de sentido decir que la ciencia moderna es más exacta que la de la Antigüedad... de "La época de la imagen del Mundo"(1938). M. Heidegger

... Del mismo modo, tampoco se puede decir que la teoría de Galileo sobre la caída libre de los cuerpos sea verdadera y que la de Aristóteles, que dice que los cuerpos ligeros aspiran a elevarse, sea falsa, porque la concepción griega de la esencia de los cuerpos, del lugar, así como de la relación entre ambos, se basa en una interpretación diferente de lo ente, y en consecuencia, determina otro modo de ver y cuestionar los fenómenos naturales. A nadie se le ocurriría pretender que la literatura de Shakespeare es un progreso respecto a la de Esquilo, pero resulta que aún es mayor la imposibilidad de afirmar que la concepción moderna de lo ente es más correcta que la griega. Por eso si queremos llegar a captar la esencia de la ciencia moderna, debemos comenzar por librarnos de la costumbre de distinguir la ciencia moderna frente a la antigua únicamente por una cuestión de grado desde la perspectiva del progreso". de "La época de la imagen del Mundo"(1938). M. Heidegger

Simplicio a fin de aclarar la comparación entre el método matemático y el método físico que Aristóteles había dado en el 2º capítulo del libro II de la Fisica reprodujo el pasaje escrito por Gémino en un comentario a los Meteorologica del estoico Posidonio:
“Pertenece a la Teoría física examinar lo que concierne a la esencia del Cielo y de los astros, su potencia, calidad, generación y destrucción; y por Júpiter, tiene también el poder de dar demostraciones en cuanto al tamaño, la figura y el orden de esos cuerpos. La Astronomía, por el contrario, no tiene ninguna aptitud para hablar de estas primeras cosas, sus demostraciones tienen por objeto el orden de los cuerpos celestes, después, claro está, que el Cielo está verdaderamente ordenado; ella discurre sobre las figuras, tamaños y distancias de la Tierra, el Sol y la Luna; habla de los eclipses y de las conjunciones de los astros, de las propiedades cualitativas y cuantitativas de sus movimientos. Y puesto que ella depende de la teoría que considera las figuras desde el punto de vista de la calidad, del tamaño y de la cantidad, es justo que acuda al socorro de la Aritmética y de la Geometría; y en relación con estas cosas, que son las únicas de las que está autorizado a hablar, es necesario que se acorde con la Aritmética y la Geometría.”

Frecuentemente, sin embargo, el astrónomo y el físico toman el mismo capítulo de la Ciencia por objeto de sus demostraciones; se proponen, por ejemplo, probar que el Sol es grande, o que la Tierra es esférica; pero, en tal caso, ellos no proceden por la misma vía; el físico demuestra cada una de sus proposiciones deduciéndolas de la esencia de los cuerpos, de su potencia, de lo que mejor le conviene a su perfección, a su generación, a su transformación; el astrónomo, por el contrario, las establece mediante circunstancias que acompañan a las dimensiones y figuras de las particularidades cualitativas del movimiento y del tiempo que corresponde a este movimiento. Con frecuencia, el físico se referirá a la causa y pondrá su atención en la potencia que produce el efecto que él estudia, mientras que el astrónomo sacará sus pruebas de las circunstancias exteriores que acompañan ese mismo efecto; él no es capaz de contemplar la causa, de decir, por ejemplo, qué causa produce la forma esférica de la Tierra y de los astros.

En ciertas circunstancias, como por ejemplo cuando razona sobre los eclipses, no se propone en ningún momento el conseguir una causa; en otros casos, propone ciertas premisas, a título de hipótesis, de tal forma que una vez admitidas, los fenómenos sean salvados. Por ejemplo si se pregunta el por qué el Sol, la Luna y los otros astros errantes parecen moverse irregularmente, entonces que se suponga excéntricos al mundo los círculos descritos por los astros, o que se suponga cada uno de esos astros arrastrado por la revolución de un epiciclo, la irregularidad aparente de su marcha está igualmente explicada; es necesario por tanto declarar que las apariencias pueden ser igualmente producidas por una u otra de estas maneras de ser, de forma que el estudio práctico de los movimientos de los astros errantes será acorde con la explicación que se haya supuesto.

Es por ello que Heráclides de Ponto declaraba que es posible salvar la irregularidad aparente del movimiento del Sol admitiendo que el Sol está inmóvil y que la Tierra se mueve de una cierta manera. No es por tanto competencia del astrónomo saber cuál de los cuerpos está en reposo por natura (...) Es el físico el que tiene sus principios, principios según los cuales los movimientos de los astros son regulares, uniformes y constantes".

en las Cuestiones Naturales, de Séneca

Libro I: De los fenómenos ígneos que se muestran en el cielo
- Para le explicación del halo, Séneca recurre a la analogía: la formación de los círculos en el agua de un estanque cuando se tira una piedra en él "toda luz es redonda y el aire, herido por la luz, tomará esta forma"

en las Cuestiones Naturales, de Séneca
- Séneca, en su explicación del arco iris toma citas de Aristóteles, de Artemidoro de Pario (?) y de Posidonio. El arco iris es la

"imagen húmeda del Sol formada en el seno de una nube hueca"

Séneca se interesa más por la explicación de los colores que por la de la forma geométrica del meteoro.

... si bien Séneca observa: “Aducen los geómetras razones no ya persuasivas, sino apodícticas, que no dejan resquicio a la duda más pequeña de que el arco iris es una imagen del sol defectuosa por culpa de la configuración del espejo”

Aún admitiendo la explicación de Aristóteles, según la cual las gotas de agua actuarían como espejos (planos) reflectantes, sin embargo, Séneca sigue haciéndose muchas preguntas, pues "¿Cómo se afirma haber muchos millares de imágenes allí donde yo no veo ninguna?"

Aceptando que al ser muy pequeños, los espejos reproducen el color del sol y no su forma, queda aún la cuestión:

“¿Por qué razón siendo uno el color del Sol, sus imágenes son multicolores?”

en Séneca

en Newton

Aquí, Séneca, impotente, recurre a la resignación, dadas nuestras humanas limitaciones:
“nada hay más falaz que nuestros ojos” pero, cabe afirmar que una parte de la coloración procede del sol y otra parte procede de la nube. La luz y la humedad determinan los matices en el colorido según los grados de intensidad o de debilidad de esas dos causas. Séneca se ha inspirado aquí en Artemidoro de Pario que había dicho al respecto: "El color del fuego le viene del Sol; el color azul, de la nube, y las otras tintas las produce la mezcla del uno y de la otra"

El estoico Posidonio, en su tiempo, una autoridad intelectual comparable a Aristóteles, había aceptado la explicación del arco iris como reflejo de una infinidad de espejos yuxtapuestos: los formados por una miríada de gotas de agua en una nube hueca. Séneca, seguidor de Posidonio, sin embargo, se pregunta: • “¿Qué cosa hay más desemejante que el sol y el arco iris, en el cual no se muestra ni la figura ni el color del sol ni su dimensión?” • “Concedámoste que hay en la nube gotas sin cuento y que reflejan ellas un cuerpo (...) une tú todos estos espejos entre sí; las imágenes no se fundirán en una sola, sino que cada una encerrará en sí la semejanza del objeto reflejado. Hay espejos formados de muchos espejos: ellos, si les presentas un hombre, te devuelven un pueblo...”

Aunque no todos los espejos reflejan la realidad: “los hay ante los cuales temes colocarte; hasta tal punto desfiguran a quien se mira en ellos, conservando el parecido para caricaturizarle; los hay que pueden darte una halagüeña idea de tu robustez; los hay que del rostro sólo reflejan el lado derecho, o que le tuercen o que le invierten. ¿Qué maravilla es si en el seno de una nube se forma un espejo que reproduce una imagen viciosa del sol?”

Seguramente a Séneca le hubiera gustado leer a Borges, en Los espejos:
“Yo que sentí el horror de los espejos No sólo ante el cristal impenetrable Donde acaba y empieza, inhabitable, un imposible espacio de reflejos” ...

“Sino ante el agua especular que imita El otro azul en su profundo cielo Que a veces raya el ilusorio vuelo Del ave inversa o que un temblor agita Y ante la superficie silenciosa Del ébano sutil cuya tersura Repite como un sueño la blancura De un vago mármol o una vaga rosa,

Hoy, al cabo de tantos y perplejos Años de errar bajo la varia luna, Me pregunto qué azar de la fortuna Hizo que yo temiera los espejos.” ...

• Para Posidonio, el mundo está constituido por una jerarquía de grados del ser que va desde los seres inorgánicos, pasando por las plantas y los animales, hasta el hombre, y por encima de éste hasta el dominio de lo divino, en una armonía universal, organizada por un Dios que está en la cima de la jerarquía como omnipresente Actividad Racional. El mundo está penetrado por una fuerza vital que procede del Sol y Dios mismo es un abrasador soplo racional. • Séneca y los estoicos tardíos, predicaron lo virtuoso, que no estaba reñido con el estudio y conocimiento de las cosas naturales. El misterioso arco iris con su belleza apenas explicada es una muestra de nuestras limitaciones.
Borges nos lo dice al final de su poema sobre Los Espejos:

Dios (he dado en pensar) pone un empeño En toda esa inasible arquitectura Que edifica la luz con la tersura Del cristal y la sombra con el sueño. Dios ha creado las noches que se arman De sueños y las formas del espejo Para que el hombre sienta que es reflejo Y vanidad. Por eso nos alarman. ..... los espejos

Viniendo hoy de Gran Canaria he visto una cosa estupenda desde el avión: un arco iris perfectamente circular en el centro del cual se proyectaba, sobre las nubes, la sombra del avión, de tal forma que la parte delantera, donde yo iba, ocupaba justo el centro del círculo. Además, producía el efecto de que ese arco iris se desplazaba a la misma velocidad que el avión. El lunes 28 es la 3ª parte del seminario sobre la luz en La Orotava. Igual podíamos ir. (comentario de Melchor Núñez a Agustín Isidro)
25/11/11

3a.) en Histoire de l'arc-en-ciel de Bernard Maitte "(...) El mundo es complejo, demasiado complejo para poder ser comprendido de manera global. En el caos de las impresiones sensoriales y en su diversidad, nuestra razón aísla, distingue y ordena. Identificamos un determinado fenómeno, por ejemplo, el arcoiris, y queremos explicarlo. Hemos visto cómo los mitos dan un sentido a este fenómeno, describiéndolo y construyendo explicaciones, expresando de esa manera una capacidad de representación a la que las sucesivas iniciativas encaminadas al conocimiento tendrán que referirse. Aristóteles se nutre de ellas y llega más lejos: pretende la unidad de la filosofía y también la unidad del mundo, quiere conocer la sustancia de las cosas y forja para ese fin un instrumento, el empirismo complementado con las lógicas inductiva y deductiva, en las cuales la palabra y lo que ella designa tienen un valor primario. Gracias a este método, construye una physis del sentido común, una matemática y una metafísica. El arcoiris se convierte en un arquetipo de las ciencias subordinadas. Aristóteles consigue explicar su geometría y sus colores: lo diáfano en acto.

3b.- La ciencia árabe muestra que la lógica verbal y la observación solas no bastan para construir la inteligibilidad del mundo. A ellas es necesario añadir otra categoría de la prueba: el recurso al experimento, que se corresponde con tres tipos de relación entre matemáticas y física: verificar las demostraciones de la geometría, explicar la comparación entre la luz y un móvil, estudiar el comportamiento de un objeto natural inaccesible, utilizando un objeto análogo artificial. Para esto último es necesario que se realicen sofisticados aparatos de medida, concebidos en función del objetivo a alcanzar, y únicamente posibles gracias a las estrechas relaciones entre filósofos y artistas. El arco iris no puede continuar siendo sólo una geometrización global del fenómeno, sino más bien una geometrización de los recorridos seguidos por cada rayo luminoso en cada gota de agua, estudiada con el auxilio de modelos analógicos.

3c.- Los latinos del medioevo no llegaron a este recurso concreto del experimento a causa de la ausencia de relaciones entre intelectuales y artesanos. Pero ellos, sin embargo, situaron nuevamente la creación en el centro de sus intereses, la coherente obra de Dios, cognoscible gracias a un acercamiento independiente de la fe: la filosofía. Fe y filosofía son dos caminos que llevan a Dios: inmersas en una corriente que une dialéctica y misticismo, observación sujeta a medida y neoplatonismo. La geometrización de los rayos luminosos, que explica el arco iris, está construida por ellos sobre vías iniciadas por los árabes, pero finalmente diferentes. Los filósofos latinos del otoño del medioevo establecen una relación con el mundo artesanal y reencuentran el sentido del experimento, continuando las iniciales matematizaciones. Estos esfuerzos, en una renovación del pitagorismo y del neoplatonismo, les llevan a perder la ilusión de la unidad de la ciencia al considerársela inalcanzable, provocando un profundo cambio en la escena intelectual que se acompaña de un desplazamiento de los centros del saber hacia las cortes de los mecenas, en las que la ciencia busca eficacia. Se asiste a una pérdida de interés por el conocimiento del arco iris.

3d.- En el Renacimiento, la ciencia moderna cree poder unificar naturaleza y espíritu, pero parece que para alcanzar este objetivo, sea necesario estudiar cuidadosamente los hechos parciales, para sucesivamente llegar a un conocimiento global, objetivo que se propone como el de un horizonte a alcanzar. Aplicando este programa, Kepler disocia luz, camino óptico, ojo y sensación, pero intenta reunir estos diversos conocimientos bajo el interior (el palio sonrosado!) de un decidido misticismo. Y esto es porque participa en el descentramiento definitivo de la Tierra y en la narcisista herida que sufre la humanidad desde entonces. Para defenderse también contra la pérdida de centralidad del hombre, aprobada por Galileo, Descartes escribe una novela del mundo, en la cual la explicación del arco iris mejora con el descubrimiento de la ley de refracción, explicación que será emblemática en su batalla contra la Escuela. Tres epistemologías heredadas del pasado alimentan este nacer de la ciencia moderna: el neoplatonismo, el método empírico de refutaciónproposición, y el método hipotético-deductivo. Las tres se contraponen y enriquecen. Consecuentemente, Newton podrá sacar a la luz su sistema del mundo, en el cual el arco iris vendrá explicado a través de la mecánica, los caminos ópticos de los rayos calculados por medio del análisis infinitesimal y los colores cuantificados. Newton nos dejó también en herencia los siete colores, permitiendo así insertar el arco iris en el orden místico del mundo. (...)

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