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PREFACIO

“Lo mejor del mundo es la libertad soberana del espíritu”


Jean Jaurés (Discurso ante la Cámara de Diputados)

He aquí una selección de planchas para los trabajos en Logia. Planchas pero no
monólogos…

En efecto, estas “planchas” fueron elaboradas para servir de preámbulos a los debates y
reflexiones contradictorios que tienen lugar, efectivamente, en Logia. Si algunos de
estos temas se han expuesto en la apertura de los “Coloquios de Ferrette”, es porque los
problemas que tratan –lejos de limitarse a las estructuras masónicas- interesan a toda la
familia humana.

Lo que subyace bajo el conjunto de estos ensayos es el deseo que nos anima de precisar
y delimitar siempre la “almena” filosófica en la que está inserto el pensamiento
institucional del “Droit Humain”; es decir, el humanismo masónico.

George Bernard Shaw decía que un ideólogo es alguien que se ha dedicado a hacer al
hombre mejor que a la humanidad. Pero podríamos también invertir esta frase
ingeniosa y afirmar que un humanista es alguien que se ha dedicado a hacer a la
humanidad mejor que al hombre…

Este humanismo deja a la conciencia de cada uno la libertad de creer en una


transcendencia con las eventuales correlaciones religiosas. El humanismo masónico
que toma al hombre como un fin y como un valor sagrado no se identifica pues con el
humanismo ateo de Ludwig Feuerbach retomado por Marx y cuya traducción en el
campo sociopolítico constituye la base histórica de la ideología comunista.

Este libro se inscribe así en la responsabilidad que tenemos todos de velar para que
nuestras Logias no se reduzcan a una especie de círculos pseudo literarios –cajones de
sastre para lo mejor, lo peor y para todo…

El mundo debe poder contar con el aporte de sabiduría de la Masonería evolutiva


cuando se encuentra en un enfrentamiento dramático entre, por un lado, los partidarios
de un humanismo clásico según Kant y después Jonas, y por otro, aquellos que como
Fukuyama, presagian un “final de la Historia humana”.

Los poderes exorbitantes –“antropotécnicos” y “post humanistas” (según los términos


de Sloterkijk)- que el Hombre se está otorgando sobre sus propias estructuras y
capacidades, hace ya presentir un dilema ético entre la persistencia del Homo Sapiens
Sapiens o su transmutación artificial o elitista en un “super-ser”.

El “Droit Humain” -Orden Masónica Internacional de hombres y mujeres libres de todo


dogma- tiene vocación de contribuir a todo lo que perpetúe la especie humana.
LÉON NISAND

CELEBRACIÓN HUMANISTA

DIEZ PLANCHAS PARA TENIDAS EN LOGIA MASÓNICA

Prólogo de Marc GROSJEAN


Gran Maestro Honorífico de la Orden Mixta Internacional “Le Droit Humain” (El
Derecho Humano)

Ediciones DETRAD/AVS
A Laurette Estène-Nisand cuya humanidad y generosidad ejemplares me
sostienen y me guían.

A todos aquellos que me inspiran y me acompañan en la búsqueda de lo que


libera y eleva lo humano,

Pero también a todos aquellos cuya enemistad “esotérica” justifica y refuerza


mi determinación.
PREFACIO
Por Marc Grosjean

Gran Maestro Honorífico de la Orden Masónica Mixta Internacional “Le Droit


Humain” (El Derecho Humano)

Léon Nisand ha tratado de situar a los francmasones frente a todas las


dificultades de la vida cotidiana, frente a los múltiples problemas que se les
plantean respecto a su comportamiento, sus deseos, sus preocupaciones, y
también frente a la reacción en el mundo tan diverso y tan complejo de las
diferentes obediencias y el contacto con la sociedad profana.

Desea también advertir al mundo masónico contra los peligros de desviación


cada vez más frecuentes. La “profanización” de la Masonería se presenta
ampliamente porque poco a poco va siendo penetrada por la influencia cada
vez mayor de los medios de comunicación. Sufre también una desviación que
la distancia de los fines altruistas propios de las obediencias.

No olvidemos tampoco la presencia de los “arribistas” atraídos por el apoyo que


creen poder encontrar en el seno de la francmasonería para alcanzar más
rápidamente un lugar en el poder político o en el plano económico.

¿Es quizás más fácil hoy que ayer convertirse en masón?


¿Es demasiado severo Léon Nisand respecto a aquellos que perjudican a la
Masonería pero también a la democracia en general? ¿Podemos
reprochárselo? No lo creo; es la experiencia de un hombre angustiado por la
evolución del mundo profano y de su nefasta influencia en la francmasonería
actual.

Léon Nisand ha separado claramente la francmasonería Mixta e Internacional


de las diversas obediencias nacionales mostrando las dificultades de su
situación en la sociedad actual.

Este hecho es esencial porque el “Masón del futuro”, como le caracterizaba


Georges Martin, se ha liberado de las diferentes contingencias que todavía
cuelgan” de las diversas masonerías nacionales.

Léon Nisand ha tenido el mérito de buscar las debilidades que podrían


encontrar los masones del “Droit Humain” si se desviaran del camino que
trazaron los Fundadores y que prosiguieron sus sucesores. Nos recuerda que
el objetivo es, ante todo, rechazar lo que divide y buscar, por el contrario, lo
que une.

La Orden masónica respeta la libertad de cada uno.


No nos dice lo que hay que hacer o lo que hay que creer. Aconseja a cada
miembro que siga su propio destino. Sugiere:
“…Busca tu mismo tu camino, estudia ardientemente, apasionadamente todos los problemas…
Combate sin piedad el prejuicio y el dogma allí donde lo encuentres. Respeta, sin embargo, el
pensamiento de tus semejantes, incluso cuando te parezca que es erróneo, porque todo
pensamiento sincero es respetable…”
(Amélie Gédalge)

El elemento esencial es, de hecho, la práctica del libre examen, basándose


éste último en la tolerancia y la laicidad, fuentes fecundas de la enseñanza
iniciática.

Marguerite Martin, una de las figuras más emotivas: “Recordemos siempre que el ideal
superior de nuestra Internacional Masónica debe colocarse por encima de todo. No existen
concesiones demasiado duras, sacrificios demasiado difíciles, deberes demasiado imperiosos.
Los aceptamos por adelantado, sin egoísmo y sin debilidad, porque sabemos muy bien,
¿verdad? que la salvación de la humanidad tiene ese precio y que la Obediencia Masónica que
realice esa obra está consagrada a los más altos destinos”.

Esta posición exige una claridad perfecta en la exposición de las ideas que
tratan de llevar al lector hacia una reflexión epistemológica y después a
determinarse por sí mismo. Se basa ante todo en la razón, apoyándose en un
espíritu científico liberado de toda influencia dogmática y abierto a toda
propuesta constructiva.

El filósofo Edmund Husserl afirmaba:

“Entiendo como efectivamente científica una filosofía que trabaje totalmente en el paso a paso
de la evidencia y que, así, se encuentre realmente fundada y fundadora de forma última”.

Georges Martin, fundador del “Droit Humain” recomendaba ante todo el estudio
de la vida humana y consideraba la ciencia como la base evolutiva del
racionalismo y del conocimiento razonado del hombre. Escribió:

“Las religiones se ocupan de las relaciones que los seres humanos deben mantener con el
poder divino, para mecer y obtener la felicidad eterna tras su muerte. La francmasonería mixta
agrupa a seres humanos de todas las razas, religiones y nacionalidades, para buscar de forma
continua y en común, los medios para asegurar a cada uno la mayor cantidad de bienestar
material y de bienestar moral durante su vida.
Las religiones dividen a los seres humanos, la francmasonería quiere unirles”.

Léon Nisand ha intentado, especialmente en el capítulo dedicado al misticismo,


introducirse hasta las fuentes más lejanas y más profundas del “Yo” para tratar
de comprender lo que nos sobrepasa e incluso entender e interpretar
racionalmente el “inconsciente colectivo” tan querido por Carl Gustav Jung,
quien precisaba:

“Cada uno tiene una sombre que le sigue, pero cuanto menos incorporada está esa sombra a
la vida corriente del individuo, más negra y densa es”.

Léon Nisand ha comprendido que nos encontramos en un momento crítico de


la Historia del Mundo. Sin duda, se dirige principalmente a los francmasones,
pero también a la juventud. La juventud cree que nuestras estructuras de
pensamiento están anticuadas. Aspira a nuevos horizontes y espera romper el
comportamiento establecido y acumulado en el curso de un largo pasado.
Toma conciencia de un nuevo humanismo de dimensiones universales, que se
apoya en la ciencia evolutiva y se basa en un aumento de los conocimientos.

Este mundo nuevo ¿no es el que aparece en germen en esta obra “Celebración
humanista” y que presagiaba ya el pensamiento de Georges Martín?

Así pues el “Droit Humain” parece ser la Masonería más apta para adaptarse al
Mundo que viene. Léon Nisand trata de trazarnos el camino.

“Celebración humanista” no dejará de marcar una imposición de calidad en sus


lectores. La sentirán como un paradigma apropiado para la reflexión.

Los interrogantes que suscita relativos a la etología y a la ética abren un paso


innovador.

El Mundo de la Sabiduría, que representa el reflejo de las aspiraciones


humanas hacia una mayor grandeza y respeto de la personalidad de cada uno,
conduce la marcha evolutiva y ascendente de la Historia hacia una mayor
belleza y hacia la esperanza de una vida mejor al alba de un nuevo milenio.

Marc GROSJEAN
I

LA MASONERÍA LIBERAL

LA BÚSQUEDA DE SENTIDO DE LA VIDA HUMANA


¿Porqué deberíamos llevar una vida coherente, adecuando la conducta a una ética y
obligándonos a obedecer las leyes que rigen la sociedad?
¿Porqué mantenerse dignos para nosotros mismos y para los demás?
¿Porqué renunciar a satisfacer de inmediato los impulsos y deseos, haciendo que el
tribunal íntimo de la conciencia los juzgue primero?
¿Tiene la vida humana un significado más allá de su soporte biológico organizado?
Y en ese caso, ¿cuál es su significado?
¿Cuál es el sentido de la persona humana y de la humanidad?
¿Existiría immanencia de una transcendencia en todos los humanos tal como lo afirman
ciertas religiones y en particular las que emanan de la Biblia? Es posible…

Pero la respuesta pertenece al ámbito de las creencias personales.

Cuando un ser humano se encuentra, frente a frente, con otro ser humano, el único
hecho que puede llegar a comunicarse a pesar de sus complejidades respectivas parece
depender de una programación transcendente…

Esta transcendencia no necesita “revelarse” ni por medio de una aterradora tormenta en


la cumbre de alguna montaña ni por el misterio de una “zarza ardiendo” que no se
consume ni por cualquier epifanía –porque esa transcendencia está presente en nosotros.

Ahora bien, la espiritualidad laica de la Orden masónica mixta e internacional “Le Droit
Humain” no se apoya en ningún dogma –en ninguna autoridad transcendente- para
proponer una moral de relación fraterna entre “Yo” y “Tu”.

Si el mandato religioso de amar al prójimo ha fracasado durante milenios en los escollos


del exclusivismo dogmático, el proyecto masónico, por su parte, consiste en crear el
ejemplo de una forma de vivir juntos a pesar de las diferencias. Pero este proyecto
masónico solamente se apoya en la razón humana –esa “razón” tan desacreditada (la
“Puta del Diablo” según una imprecación de Lutero). La audacia de la microsociedad
masónica es atreverse a levantar su voz en el gigantesco debate que opone a los
poderosos imperios espirituales o políticos que, sin embargo, no consiguen detener el
curso del colosal tren de la humanidad hacia la muralla de obstáculos belicosos.

No hay que confundir modestia con inexistencia. Si el “Droit Humain” desarrolla su


ideología para una asamblea todavía limitada, no por eso deja de estar presente en el
vasto mundo…. Y aporta así su contribución a la paz de la humanidad.

Sin embargo, dejando a parte el argumento teológico-ético, ¿es todavía posible discernir
un sentido a la vida humana?
Y en se caso, ¿en qué podría consistir ese sentido?
Dar un sentido no significa, ciertamente, que cualquiera pueda dedicar arbitrariamente
el sentido de la vida humana –incluida la suya- a lo que mejor le parezca, al igual de
aquel rey de Francia que consagró, simplemente, su país entero a la divinidad de su
elección…porque “ese era su deseo”, según la fórmula aceptada de su época.

Según los creyentes religiosos, (porque se puede ser creyente sin ser religioso), todo
ocurre como si el hombre hubiera sido creado por la divinidad para servirle por todos
lados con las alabanzas y los cultos de las diversas instituciones establecidas a ese
efecto. Esto deja suponer que, a pesar de ser todopoderosa, la divinidad tendría la
necesidad de hacerse celebrar como lo haría un potentado humano. Esta definición
antropomórfica del deseo divino se encuentra en muchas calificaciones corrientes como:
Dios rey - Dios padre - Dios misericordioso – Dios celoso - Dios vengativo – Dios de
la paz – Dios de los Ejércitos. Ahora bien –incluso para los agnósticos- esas
denominaciones religiosas pueden parecer como extremadamente reductoras para
calificar al Infinito y al Absoluto.

Si lo divino se ha “antropomorfizado” así en Occidente es porque el helenismo y


después su réplica cristiana mezclaron los campos de lo divino y de lo humano. Sin
embargo, podemos pensar también que una sima infranqueable separa el campo de la
Potencia creadora del de su creación, incluido el ser humano.

Esta idea de la separación radical está fuertemente respaldada por el inexplicable y


desconcertante “Silencio de Dios” en Auschwitz, por ejemplo. Porque efectivamente
podemos asimilar “Auschwitz” con el paradigma del mal absoluto de la
deshumanización de lo humano.

Mientras que los “milagros” abundan y son interpretados como derogaciones


reveladoras impuestas a las leyes del cosmos por el Todopoderoso, ninguna palabra
divina ha franqueado la sima del silencio en dirección a los humanos enloquecidos para
impedirles –entre otras infamias- llevar colas enloquecedoras de niños hacia las cámaras
de gas…. Pero, en el otro sentido, ninguna oración humana ha podido franquear la sima
del silencio para lograr la misericordia divina.

Para los no religiosos y para los no creyentes, la sociedad humana es responsable de sí-
misma –antes que recurrir a cualquier otra explicación- y tiene el deber de suscitar unos
códigos éticos que le permitan sobrevivir en la dignidad.

La francmasonería liberal, institución liberada de todo dogma y de toda tiranía


espiritual, es un lugar consagrado a la búsqueda de sentido para la vida humana…
II
LA SOCIEDAD PLURAL DEL “DROIT HUMAIN” (EL DERECHO
HUMANO):
Alternativa ejemplar al choque de las civilizaciones

“Cuanto más atrapadas se encuentran las diversas culturas del mundo por el torbellino único
de la mundialización, más se despierta en ellas la necesidad súbita de defender su autonomía
original, su alteridad, su autenticidad.
Pero defenderlas, ¿contra quien? ¿Contra la civilización como tal?
Eso sería difícil y no tendría ningún sentido. Entonces cada uno defiende su autenticidad contra
un enemigo de substitución, otra autenticidad.
…Pienso que si el mundo actual quiere escapar a los horrores de conflictos cada vez más
terribles, solamente tiene un camino posible: debe tratar de insuflar a la civilización que le
rodea el espíritu de una coexistencia multicultural. No es en absoluto necesario que los
pueblos, las diferentes religiones, las culturas, se adapten unos a otros. Basta con que se
acepten unos a otros como socios legítimos e iguales. Ni siquiera están obligados a
comprenderse o a entenderse. Basta con que se respeten y honren sus diferencias. Por otro
lado, la eventual comprensión y entendimiento solamente pueden nacer en el marco de un
respecto mutuo”.
(Vaclav HAVEL, 8-12-94 Nueva Delhi)

Vivimos una época de mutaciones espectaculares de la humanidad…


Mutaciones temibles por los desequilibrios, resonancias y reacciones en
cadena que provocan, tanto en el campo demográfico como en el científico
tecnológico, informático y sociopolítico.

En un artículo importante publicado en 1993 en la revista “Foreign Affairs”,


Samuel Huntington, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de
Harvard, ya emitió una hipótesis según la cual, tras las grandes guerras
ideológicas e internacionales que desgarraron el mundo, la humanidad sufriría
conflictos gigantescos que confrontarían a las civilizaciones intransigentes en
cuanto a sus delirios hegemónicos.

El profesor Huntington acaba de precisar su punto de vista en su libro: ”The


clash of civilizations and the remaking of the world order”. Según su análisis, la
crisis que dividía hasta hace poco a la humanidad en dos bloques antagonistas
y un bloque de países neutros se modifica progresivamente por la emergencia
de un nuevo reparto de las masas humanas que ponen en competencia ocho
civilizaciones, cada una cristalizada sobre la certitud de su superioridad. Son
las civilizaciones: occidental, latino-americana, musulmana, china, hindú,
eslavo-ortodoxa, budista y japonesa. Sin embargo, nos permitimos añadir
modestamente a esta lista, la galaxia expansionista de las sectas predadoras
que –gracias a los guiños de su pseudo espiritualidad extravagante- logran
captar y dominar a innumerables inocentes que buscan misterios e
intercesiones mágicas.

Así pues, Samuel Huntington piensa que los inevitables desacuerdos entre las
culturas cerradas sobre si mismas podrían incidentalmente degenerar y
convertirse en conflagraciones. Al periodo de la “guerra fría” sucedería así un
“choque de civilizaciones” cuyas premisas angustiosas se manifiesta, por
ejemplo, en la ex Yugoslavia,

“En la confluencia de las civilizaciones occidental, ortodoxa y musulmana”

o también en Oriente Medio, en Asia central y en Extremo Oriente, en


Cachemira, en Tíbet, en Sri Lanka, en Sudan, etc.

En esa coyuntura, ¿qué podría pasar?


Algunos proyectan lanzarse totalmente a la emulación de la violencia para
lograr su ambición de someter el mundo entero a su imperio pretendidamente
espiritual pero las “purificaciones étnicas” de los racistas o las motivaciones
religiosas de las “guerras santas” son solamente pretextos hipócritas para
cubrir viles pillajes o anexiones territoriales…

¿Metástasis de un imperialismo criminal que sueña con “durar mil años” a


ejemplo de los nazis?

¿Paz “mesiánica” por la conversión de pueblos enteros a una única religión


predicada por “su” profeta particular (Is.II, 5)? Dios mío, naturalmente. Pero
todo a elección de su profeta.

La Historia nos demuestra que ningún poder temporal o espiritual puede lograr
someter a todos los seres humanos o reducirles a un mismo modelo. E incluso
si, como escribe Paul Auster: “Todo hombre es un universo portador en sus genes de la
memoria de la humanidad”, solamente se trata de la memoria de una estructura
orgánica… Porque podríamos perfectamente hacer clones (y eso es algo
cientificamente posible y probale) –pero las conciencias, por suparte se
diversificarían hasta el infinit. Cada ser humano siegue siendo un ser único por
su edificación psíquica y su viaje espiritual.

Nadie puede ya considerar una solución para la problemática mundial al


totalitarismo que conlleva la represión, es decir, la supresión de las diferencias
entre los seres humanos. Evidentemente, la humanidad solamente puede
perdurar por medio de la coexistencia en una compleja multipolar que impida el
enfrentamiento de las culturas y en particular, el enfrentamiento de sus masas
religiosas.

Así pues, para la mayoría de los creyentes, la inefable transcendencia se


revelaría a los seres humanos en unas teofanías relatadas por unos profetas
inspirados, expresándose cada uno en su marco cultural específico –mientras
que las inmanencias, por su parte (como la consciencia del mal, de libertad, de
justicia, de compasión) serían solamente reflejos de la transcendencia en el
espíritu de cada persona. Por el contrario, para los no creyentes, los valores
inmanentes representarían la herencia específica e intercultural – el fondo
común- inscrito en el activo educativo de todos los miembros de la familia
humana.
En el punto de encuentro de estas opciones muchas veces apasionadas, la
Orden Masónica Mixta Internacional “Le Droit Humain” –punta de lanza de la
Masonería liberal porque reúne en el seno de una Confederación a grupos
nacionales, mujeres y hombres de buena voluntad- deja a la responsabilidad de
las instituciones religiosas el campo escatológico de las relaciones con una
transcendencia, y limita voluntariamente su campo de actividad al marco de las
inmanencias comunes a todos. Esta especificidad le permite invitar a todos los
seres humanos a participar en una convivencia intercultural e internacional sin
exclusiones de ningún tipo.

El “Droit Humain” avanza la ejemplaridad de su sociedad plural que podría


finalmente acreditar –por su modelo casi profético en pleno tumulto de las
naciones- la alternativa salvadora de una solidaridad de especie de todos los
seres humanos del mundo.
III

INTERNACIONALIDAD DEL “DERECHO HUMANO”


Si todos los seres humanos del mundo celebraran juntos su humanidad…

La nación no es una formación social primaria como la familia, el clan, la tribu o


la ciudad. Por lo tanto no está determinada ni por la población de un territorio
definido, ni por un complejo endogámico como la etnia, ni por los fieles de una
única y misma religión o cultura –sino que depende especialmente de un
mismo poder socio-político de una población inscrita en un mismo movimiento
histórico y una misma consciencia sentimental. La nacionalidad se caracteriza
por el conjunto o por una parte solamente de esos factores cuando se
encuentran en los cruces de la Historia. Actualmente, la nación posee un
estatus de identidad que confiere a sus ciudadanos la protección legal en el
país o el subcontinente en el que residen y una relativa libertad de circulación
en el vasto mundo.

Existe una especie de tejido que les relaciona –una ”vinculación” que une a los
ciudadanos de una nación, aunque la nación finalmente sólo sea un mito-, una
especie de identidad colectiva… Sin embargo, los sacrificios consentidos por
los ciudadanos por su nación sobrepasan todo lo que se podría lógicamente
imaginar, ya que pueden llegar hasta la inmolación de su vida en el altar de su
patria…

Si actualmente asistimos a una multiplicación de las revindicaciones de


independencias nacionales, es porque las culturas tradicionales temen la
uniformización y la monotonía, corolarios del internacionalismo.

La nación es una madre-patria que da a sus miembros una especie de


cohesión casi espiritual que va más allá de la comunidad de los intereses
sociales y del marco que emana de sus poderes constitucionales.

Pero además de los símbolos estatales, representados por las fiestas


nacionales, los himnos, la bandera y las condecoraciones -el sentimiento
nacional se refuerza por medio de numerosos factores unificadores. Así por
ejemplo, sus obras de arte típicas, las guerras de su historia, las proezas de
sus héroes reales o legendarios, las victorias de sus campeones deportivos, los
logros de sus personajes celebres y los grandes hechos mitificados de sus
potentados, reputados como sagrados “por la gracia de Dios” o por la voluntad
popular. Sin embargo, la persistencia de ese conjunto coyuntural se apoya
muchas veces en el postulado de una superioridad nacional que puede
provocar un antagonismo virtual, es decir hostilidad de lo más violenta, hacia
otras entidades nacionales. El orgullo nacional es una especie de
reactualización del surco circular que Romulo trazó para simbolizar los muros
de su futura Ciudad y en nombre de la cual mató a su hermano gemelo Remo
que había franqueado esta ficción de un chistoso salto.

Si la nacionalidad puede considerarse como una característica importante de la


compleja identidad, el sentimiento nacional, llevado al extremo, se transforma a
veces en un verdadero sectarismo nacionalista. Así es como el nacionalismo,
que anima la lucha de los ciudadanos de una nación contra las intrusiones
extranjeras, puede alegarse como ideología de propaganda por parte de los
partidos políticos totalitarios que pretenden que exista enfrentamiento con los
únicos defensores de los intereses nacionales.

Como cualquier radicalización, el nacionalismo, con sus ambigüedades y sus


exageraciones, puede llevar a situaciones nefastas para la misma nación y
para sus vecinos cercanos o lejanos. Y sin embargo, a pesar de todas estas
eventuales desviaciones, la nación y algunos agrupamientos continentales de
naciones siguen siendo las bases necesarias de los estados que constituyen el
tejido social de la humanidad y, hasta ahora, ninguna utopía holística, tanto sea
imperialista como mundialista o mesiánica ha llegado a subrogar a la instancia
nacional, patria y matriz de identidad.

¡Pero hemos llegado al tiempo de la internacionacionalidad!

Hay que subrayar que a pesar de su parentesco terminológico, la


internacionalidad -coexistencia constructiva entre naciones- no debe
confundirse con el internacionalismo, que es una ideología política que niega la
necesidad de los estados nacionales y que contempla su substitución por una
estructura mundial dominante. Ahora bien, contrariamente a las teorías de sus
defensores, el internacionalismo -tanto fundado sobre una “lucha de clases”
como sobre una civilización global de modelo euro-americano- ha reforzado
paradójicamente y desarrollado las opciones nacionalistas. El debate está lejos
de haberse cerrado, porque ninguna opción puede presumir de detentar la
verdad infalible.

Tenemos que elegir la solución que represente un mal menor…

Los ritmos de la historia se aceleran y el mundo se reestructura rápidamente


con la multiplicación de sus millones de habitantes, un mundo cuyas autarcias
nacionales e incluso supranacionales han desaparecido bajo el empuje de las
revoluciones demográficas, industriales e informáticas que conllevan la
extensión planetaria de los mercados.

Las naciones -incluso aquellas que competían entre ellas hasta ahora-
establecen múltiples relacionas y se ven obligadas a cooperar en los planos
culturales, políticos, económicos, científicos y éticos. Se confederan en
uniones continentales y se ponen de acuerdo cada vez más a menudo, a
escala planetaria.

Se puede constatar que, contrariamente a las numerosas tentativas de


hegemonía espirituales o temporales que han ensangrentado la historia desde
hace dos milenios, la supervivencia de la humanidad depende ahora de la
coexistencia y del entendimiento entre las naciones.

Y si tenemos fe en una transcendencia creadora y reguladora -y


particularmente si se proclama una e indivisible- poco importa cómo unos u
otros la denominan. Los seres humanos son unos insensatos que continúan
matándose entre ellos sobre la cacofonía de su Torre de Babel…

Por lo tanto es urgente, actualmente, desarrollar la internacionalidad para que


ninguna iniciativa internacionalista pueda provocar una reacción en cadena
catastrófica, alumbrada localmente por alguna ambición de supremacía
cultural.

En este contexto socio-político, la internacionalidad del “Derecho Humano”


reviste una importancia que sobrepasa de lejos sus propias estructuras.

Los profetas siempre están muy solos para expresar la humanidad a las
multitudes… Pero una gota en el océano, ¿no es, a fin de cuentas,
infinitamente más significativa que ninguna gota?.

La internacionalidad del “Derecho Humano” que experimenta la coexistencia


pacífica y la cooperación de toda la familia humana en el respeto mutuo de las
culturas, de las espiritualidades específicas y de las nacionalidades diversas,
está en fase armoniosa con la internacionalidad mundial que se impone
progresivamente en las relacionales entre los pueblos.
IV

COMERCIO DE “MISTERIOS”ARCAICOS
O
CANTERAS MASONICAS PARA EDIFICAR EL HUMANISMO

“El pensamiento no debe nunca someterse –ni a un dogma, ni a un partido, ni a una pasión, ni
a un interés, ni a una idea preconcebida, ni a nada similar, excepto a los mismos hechos.
Porque para el pensamiento, someterse sería dejar de ser”
(Henri Poincaré)

Para los integristas de cualquier tipo, el deseo de demostrar la exactitud de sus


dogmas prima sobre la realidad de los hechos. Por el contrario, Hubert Beuve-
Méry, antiguo director de “Le Monde”, decía: “Los hechos son sagrados, el comentario
es libre”.

Con este espíritu se inscriben estos comentarios libres sobre la francmasonería


liberal, que sigue siendo si embargo una institución sagrada para cada uno de
sus miembros.

En la revista “Historia spécial” (VII-97, nº 48) titulada “Los francmasones”,


podemos leer, en un artículo del periodista Jean-Moise Braitberg:

“… Como prueba del malestar de los francmasones respecto a la cuestión laica, constatamos
desde hace algunos años, la emergencia de clubes o de grupúsculos de inspiración masónica,
y decididamente laicos, que tratan de llevar al terreno profano un combate que cada vez les es
más difícil resolver en el interior de las logias donde la legibilidad del combate de ideas es más
impreciso porque se confunde muchas veces con los combates por el poder en la obediencia.
De hecho, muchos francmasones llegan actualmente a una constatación amarga: la
francmasonería ya no produce ideas nuevas susceptibles de iluminar a la sociedad y de
contribuir al perfeccionamiento material y moral de la humanidad”.

En el mismo momento en que cae de su pedestal tradicional en su propio país,


la altiva Gran Logia Unida de Inglaterra está desacreditada y es sospechosa
incluso de facilitar el favoritismo reciproco entre sus miembros, los medios de
comunicación difunden cada vez más frecuentemente constataciones poco
favorables para la francmasonería. Este descrédito suscita interrogantes e
incluso a veces revisiones desgarradoras entre aquellos que desearían que la
francmasonería evolutiva fuera una garantía del progreso humanista.

¿Cuáles son entonces los objetivos del “Droit Humain”?


- ¿Desea federar sus Logias en todo el mundo para trabajar por el progreso
ético de la familia humana?,
¿U ocuparse de poner a flote todo tipo de esoterismos que han sucumbido
en los abismos del olvido?
- ¿Desea ser un organismo mundial de concertaciones humanistas, o un
comercio de “misterios” arcaicos para aficionados a las antigüedades?
- ¿Desea ser un lugar de debates lógicos y constructivos o un conjunto de
tarimas místicas desde las cuales algunos podrían asestar -a unos
auditorios asombrados e incluso a veces consternados- unas exposiciones
más o menos plausibles sobre creencias místicas o sectarias a las que,
además, ni el auditorio ni eventualmente el mismo auditor se adhieren
personalmente?

Un dicho marinero señala:


“No existe viento favorable para aquel que no sabe donde va”.
Ahora bien, hasta el momento, el “Droit Humain” siempre se ha inscrito en un
proyecto ideológico bien definido.
“…La francmasonería... ¿dispone del monopolio de las verdades superiores accesibles
solamente a las inteligencias de elite? No.
¿Trata cuestiones abstractas, transcendentes, que exigen previamente estudios preparatorios?
No. Puede uno ingresar en ella sin diplomas.
¿Guarda secretos, arcanos, misterios que solamente deben ser divulgados a un pequeño
número de elegidos? No, porque ya ha pasado el tiempo de los misterios, de los secretos, de
los arcanos…” decía María Deraismes en su discurso durante su Iniciación, el 14
de Enero de 1882.

Basta con releer el Capítulo primero de la Constitución internacional para


conocer exactamente los Principios fundamentales y los proyectos con los que
todos los miembros del “Droit Humain” se comprometen por medio de su
juramento solemne.
Imaginemos hasta que punto sería equívoca la situación del “Droit Humain” si -
olvidando el gran diseño de sus geniales creadores María Deraismes y
Georges Martin y desmintiendo su vocación proclamada- se dejara llevar hacia
unas concepciones masónicas de una época caduca. Esa desviación
despertaría en especial la antigua esperanza de apropiarse de unos privilegios
ocultos prestados a unas “sociedades misteriosas” cuyas misteriosas doctrinas
solamente serían accesibles a sus adeptos elegidos y designados por una
misteriosa jerarquía según unos criterios no menos misteriosos…
Las Logias del “Droit Humain” estarían así orientadas, por grados sucesivos
hacia el estudio de temas pretendidamente “esotéricos”.
Estas tendencias hacia un “esoterismo” elitista son una importante herencia de
los movimientos sectarios que se sirven de buen grado de ellas para
confundirse solapadamente con la francmasonería antigua o para infiltrarse en
las Logias para terminar anexionándolas. Esto no impide que el “esoterismo”
pueda alegarse a veces en el ámbito de algunas Logias en ocasiones que
aparentemente sólo son accidentales…
Porque si dichas desviaciones se propagaran en el “Droit Humain”, los daños
serían tanto más importantes en cuanto a que instalarían su habitual embrollo
de ideologías contradictorias. Así es como puede instalarse una incoherencia
en la que se mezclarían unas reflexiones serias basadas en un discurso lógico
y frecuentes ejercicios de estilo en diversas jerigonzas irracionales adornados
intencionadamente con demagogias pseudo religiosas o mitológicas y
reminiscencias catequistas….

Imaginemos por un instante hasta que punto unas tenidas de este tipo estarían
lejos de las preocupaciones de aquellos que proclaman seriamente que quieren
“velar el sueño de los hombres”.
Todo esto sería solamente un amable juego social para los diletantes
dispuestos a matar el tiempo, pero esto conllevaría también numerosos
abandonos de miembros decepcionados y un enojoso descrédito ante las
instituciones serias. Sin embargo, para los responsables elegidos –designados
por sus Hermanos y Hermanas para cuidar la identidad permanente de la
Orden y no de la renovación eventual de su mandato- evitar un debate sobre
los objetivos de su movimiento velándose la cara por puro inmovilismo o
pusilanimidad, equivaldría un una felonía.
La célebre efigie de los tres monos que se cubren los ojos, las orejas y la boca,
sirve demasiado frecuéntente de cobertura cómoda a una indiferencia
egoísta…
Formulando de esta forma unas críticas un poco alertas, se corre el riesgo de
ser mal entendido y sobre todo de ser tachado de intolerante frente a
numerosas corrientes ideológicas que tratan de introducir o de reintroducir unas
creencias particulares en una francmasonería que desearía permanecer libre
de todo dogma.
Ahora bien, a menos de caer en una laxitud suicida, “Tolerancia” no significa:
aceptación de todo y de cualquier cosa. Podemos observar que los candidatos
a la tiranía invocan siempre la “tolerancia” de aquellos cuya desconfianza
quieren paralizar. Pero cuando los intolerantes llegan así a apoderarse del
poder, es demasiado tarde para reaccionar, porque el rodillo compresor del
sistema totalitario no libera nunca, naturalmente, a los imprudentes
incondicionales de la “tolerancia”.

“Tolerancia” no es una palabra refugio sino un estado de hecho.


También, la defensa de sus ideas y de su personalidad contra un adversario de
mala fe que avanza hipócritamente bajo el disfraz de la “tolerancia” para
combatir mejor el humanismo masónico, no debe tomarse como intolerancia
sino como uno de los aspectos de la lucha constante para conservar las
libertades esenciales.
La Historia relega a las tinieblas de los olvidados a numerosos grupos humanos
que se han sacrificado en vano por respeto a una tolerancia erigida como
dogma.

¿Por qué el “Droit Humain” debería dejarse desposeer impunemente de sus


opciones iniciáticas establecidas democráticamente en su Constitución
Internacional libremente discutida y después votada por sus representantes
regularmente elegidos?

Aquellos que tienen a su cargo representar a la Orden Masónica Mixta


Internacional en las Conferencia públicas deben definir sin ambigüedades los
sectores exactos afectados por sus actividades.
Por mi parte, refiriéndome al texto introductorio de la Constitución Internacional,
declaro, conscientemente, a ls audiencias a las que me han invitado a
dirigirme que:

El “Droit Humain” que no es ni una secta, ni una religión,


ni una búsqueda de poderes ocultos,
ni una oficina de especulaciones políticas,
ni un organismo de tráfico de influencias,
ni un simple círculo de estudios teóricos,
quizás pueda definirse de la forma siguiente:
1º) en el plano individual, como un lugar de encuentro para el intercambio de ideas -sin
dogmatismos previos- relativas al progreso de la humanidad y para la edificación iniciática de
cada uno:
2º) en el plano colectivo, como una hermandad de hombres y de mujeres que -considerando al
ser humano como un valor sagrado- defienden el entendimiento entre todos a pesar de sus
diferencias individuales y culturales.

Esta descripción significa que el simbolismo y los rituales masónicos del “Droit
Humain” no son asimilables a un culto sectario o religioso.

Pero esta definición hace aparecer también que las actividades del “Droit
Humain” no están destinadas ni a asegurar la promoción de cualquier
“esoterismo”, ni a defender o a difundir unos elementos de creencias religiosas,
ni a convocar unas facultades ocultas (como la astrología, las numerologías,
los espiritismos, las parapsicologías y pseudo terapias irracionales y su
nebulosa de empresas charlatanas…), ni a constituir unas sectas politico-
místicas generadoras habituales del totalitarismo.

No olvidemos el encadenamiento inexorable de los sistemas que llevan, con


gran frecuencia, del conformismo más anodino hasta la alienación totalitaria.

En una perspectiva idéntica, Claude Saliceti escribe:

“Ciertamente, los símbolos y los ritos en lugar de ser apoyos, referencias, sugerencias,
fermentos para el impulso del pensamiento, pueden, fuera del control de la razón crítica, llevar
al pensamiento hacia los fantasmas y el delirio puro, o también convertirse en ídolos o por el
contrario ser solamente simples decorados adecuados para servir a la vanidad y a la
impostura”.
(“Humanismo, francmasonería y espiritualidad” PUF 1998).

Por eso, participar en la desviación de los programas de una Logia del “Droit
Humain” hacia uno de los sistemas que acabamos de citar constituye un
engaño a ojos de la mayoría de los miembros que no han venido ni para
convertirse a una religión, ni a una ideología, ni para participar en unas
excursiones fantasmagóricas del espíritu, o una desviación del tiempo ya
demasiado breve reservado para las actividades masónicas.

No se trata en absoluto, naturalmente de hacer un juicio de valor sobre otras


formas de pensar. Las creencias religiosas así como el libre examen forman
parte del dominio espiritual e íntimo de cada persona –un dominio en el que la
francmasonería laica no podía irrumpir sin negarse a sí misma y retroceder
hacia el sectarismo totalitario y la tiranía inquisitorial. Cada francmasón es libre
de adherirse a otros movimientos no liberticidas para sí mismo o para los otros,
con la condición, sin embargo, de no molestar a su Logia tratando de predicar
o de imponer su propia fe.

“Artículo 5 del Capítulo 1º de la Constitución Internacional.


Declaración de principios – Definición de la Orden.

La Orden Masónica Mixta Internacional “Le Droit Humain” no profesa ningún dogma. Trabaja
en la búsqueda de la verdad. Por eso en los Talleres, las discusiones o debates que traten
cuestiones sociales o religiosas no podrán, en ningún caso, tener otra finalidad que aclarar a
los miembros y permitirles cumplir, con mejor conocimiento de causa, sus deberes de
francmasones.”
Si el “Droit Humain” en su conjunto, llega a preservar rigurosamente sus
criterios iniciáticos y humanistas sin dejarse desnaturalizar por el ejemplo de
algunas Logias desviadas, hacia una desordenada kermesse donde cualquiera
puede venir para decir cualquier cosa, de cualquier manera y con cualquier
motivación -el mensaje y la ejemplaridad de la Orden Masónica Mixta
Internacional podrían muy bien constituir una aportación considerable para la
evolución de nuestro mundo en crisis.

El “Droit Humain” se atreve a incitar a todos los hombres de buena voluntad,


sin exclusividades y sin esperar más, a tomar un lugar en una mesa de
convivecia con sus diferencias y sus antecedentes de conversión religiosa o
cultural.

Si la francmasonería evolutiva no anuncia, con la frecuencia que algunos lo


desearían, unas ideas determinantes en el campo sociopolítico, al menos tiene
el mérito de existir como audiencia necesaria de un concepto efectivamente
tolerante de la paz en la tierra para toda la familia humana.
V

MISTICISMO E INICIACIÓN HUMANISTA

Místicos – ensayos de sublimación de la condición humana…

En su “Crítica de la razón pura” Kant denomina “Dialéctica transcendental” al


estudio de la ilusión por la cual un espíritu humano se propone sobrepasar los
límites de sus experiencias inmediatas para comprender y determinar los
conceptos de alma e incluso de Dios.

Aquellos interesados en una reflexión sobre lo que sobrepasa la sensibilidad e


incluso la inteligencia de los seres humanos, es decir, la transcendencia,
pueden hacer un periplo sorprendente -y sin embargo iniciático por sus
implicaciones humanas- en el universo del misticismo.

Se pensaba hasta ahora que la razón lógica y rigurosa era predominante en el


espíritu del occidental, mientas que los fantasmas hacían jugar sus leyendas
chispeantes en el espíritu del oriental. Pero todas las religiones del globo
terrestre están, a la vez, al oriente de su occidente y al occidente de su oriente.

Por eso, cada vez parece más evidente que la consciencia de todos los seres
humanos del mundo –sea cual sea su origen cultural y, naturalmente, étnico-
está igualmente entretejidas de racional e irracional.

El razonamiento solo no puede responder a las cuestiones metafísicas


esenciales. Para imaginar la creación del universo y su propio lugar en ese
universo, el hombre ha tenido que inventar a la divinidad y después no ha
dejado de celebrar, cultivar y defender contra todo ataque, sus relaciones
personales y colectivas con lo divino, tales como las había imaginado. Tanto y
hasta tal punto que el invento de lo Absoluto tuvo el triste privilegio de
convertirse en el más asesino de todos los inventos humanos.

La espiritualidad religiosa -fundada sobre la fe en la manifestación tutelar de


una potencia transcendente- supone la existencia de una esencia humana,
individual, inmaterial y eterna que se denomina alma. A partir de esta creencia
se desarrolla el concepto de una transcendencia que estaría vinculada a esa
alma por una alianza que especifica algunos servicios o ventajas recíprocas.
Todo esto -la respuesta a la angustia existencial- es el origen de las religiones
que son instituciones que tranquilizan a un gran número de seres humanos.

Por encima de la nave de la catedral de Estrasburgo, una impresionante flecha


de piedra se eleva audazmente hacia el cielo inaccesible de la
transcendencia… Ahora bien, si es necesario un edificio para recibir al
conjunto de los fieles, por el contrario, una torre tan alta parece superflua –a
no ser que se quiera simbolizar el impulso hacia el Infinito. O a menos que se
trate de una especie de reedición de la temeraria empresa de los místicos
sumerios que, según la leyenda bíblica, trataron de construir un rascacielos que
les levantaría lo bastante alto como para que su fama se extendiera por toda la
tierra….

El psiquismo místico se vincula con la mentalidad primitiva que, según Lévy-


Bruhl, está fundada en “la creencia en unas fuerzas, unas influencias, unas
acciones imperceptibles para los sentidos y sin embargo reales”.

Más allá de los cultos religiosos, los místicos buscan aproximarse a eso que
Romain Rolland describe como “algo ilimitado, algo infinito, en una palabra,
oceánico”.

Tratan de entender la inconcebible Creación, de contemplar a la Divinidad


invisible e incluso de sublimarse en la inefable Luz….
Moshe Idel considera “que un fenómeno es de naturaleza mística cuando se realiza un
contacto con la divinidad diferente de las experiencias religiosas comunes cultivadas en una
religión a la vez por su intensidad y su alcance espiritual”.

Las religiones -a pesar del conservadurismo doctrinal resultante de la


revelación divina que reclaman- sirven frecuentemente de cimiento a esos
brotes intempestivos e incontrolables que son los misticismos -ultra religiones
para ultra religiosos- como el Tantrismo (forma mística del Hinduismo), el
Sufismo (forma mística del Islam), la Kabbala (forma mística que emana del
Judaísmo) y muchas otras… Sin embargo, si cada sistema místico está
marcado por sus orígenes culturales e históricos, también es verdad que
diferentes místicas parecen muchas veces más cercanas unas de otras que de
sus propias religiones de origen, pero sin llegar a confundirse. Así ocurre por
ejemplo con las místicas nacionalistas –religiones artificiales creadas para
controlar pueblos enteros.

La imaginería mística escapa muchas veces a cualquier proceso lógico y su


formulación, arremolinandose sobre sí misma, se transforma en una
logomaquia de demagogias apocalípticas. ¿Habría decidido el Poder
transcendente crear la materia, después sus formas, más tarde la evolución del
ser vivo hasta la humanidad, para servirse de ella como de un espejo en el que
se contemplaría a sí mismo? O bien, tal como escribe Hubert Reeves, ¿está
dotada la materia de “una especie de levadura cósmica que tiende a hacerla
alcanzar unos estados cada vez más estructurados?”

Podemos comprender la lógica del engranaje de los estados de la materia


desde los quarks hasta las galaxias o a las moléculas complejas, pero esto no
conduce a admitir de igual forma la hipótesis de una evolución del ser vivo
proyectada y programada -ya que a veces es lineal, a veces accidental- que
conduzca a las macromoléculas de la “sopa primordial” hasta el sumum actual
de la complejidad que sería el Homo Sapiens Sapiens.
Los cabalistas han llegado a mantener que haciendo lo que Dios manda, es a
Dios mismo lo que hacemos. Se puede observar que, a parte de su asombroso
antropocentrismo, esta afirmación roza extrañamente el ateísmo, aunque sea
místico. Sin embargo, el misticismo, por su mayor intensidad, cincela la religión
como el buril talla la piedra blanda…
Misticismo y sectarismo:
Florescencias venenosas de las religiones.

Maravilloso para aquellos a los que eleva hacia las delicias del éxtasis o a los
que mece en las languideces de la melancolía, el misticismo se vuelve
pernicioso cuando conduce al adepto hacia un delirio que intoxica su
razonamiento lógico. Un toque de misticismo puede hacer brillar una
personalidad, mientras que un misticismo dominante la hace parecer insensata.

La búsqueda apasionada de verdades esenciales ¿puede llevar a la demencia?

Algunos místicos que no se contentaron con milagros pudieron aumentar su


percepción de la transcendencia:
“Y yo digo, Dios no es ni ser ni razón, ni conoce esto o aquello. Es por lo que Dios está vacío
de todas las cosas y es por lo que es todas las cosas”, anuncia Maître Eckhart.

Pero por el contrario, el misticismo, con su cortejo de manifiestos ditirámbicos,


de tentaciones fabulosas, de iluminaciones oníricas y de trances –seduce
particularmente a los humanos que no han accedido a un razonamiento realista
o que han elegido deliberadamente complacerse en las ilusiones y las
quimeras.

En su exaltación, el místico -como todo histérico- somatiza su éxtasis y baila,


sin control del cuerpo, según la música de su cielo…

Sin embargo, esta somatización no se limita siempre a desahogos


sentimentales. Puede llevar a unos extremos que se manifiestan por estigmas,
visiones u otras alucinaciones como constatación supuesta de violaciones
celestes de las leyes de la naturaleza, denominadas “milagros” por aquellos
que necesitan pruebas metafísicas para dar base a sus creencias.

Estos “milagros” son denominados “actos mágicos” cuando parecen realizados


por taumaturgos acreditados de poderes sobrenaturales por sus sectarios.

Si no fuera así, ¿cómo podríamos invocar un encuentro con el Absoluto? Esto


recuerda mucho a la narración bíblica (Gen. XXXII, 23-33) que relata cómo
Jacob fue golpeado en la cadera al final de su combate nocturno al pié del
torrente Jabbok, contra nada menos que “una criatura celeste”. A causa de lo
cual, Jacob –simplemente- se denominó a continuación Israel (el que ha
luchado con Dios). Así nacen los renombres metafísicos cuya pretensión
puede ser implicar e incluso obligar al cielo…

Sin embargo, ni siquiera es necesario ser creyente -en el sentido religioso del
término- para abandonarse a un sentimentalismo místico que depende, en este
caso, bien de una hiperemotividad constitucional, bien de una especie de
diálogo con un uno mismo distinto…

Nietzsche escribió: “yo soy un místico y no creo en nada”.


Y a propósito de su inspiración: “Es spricht” (eso habla)…

Si tuviera que definirme a mi mismo yo no diría solamente “eso habla”, sino


“eso canta – eso grita, eso llora en los trasfondos de mi sensibilidad- en los
pliegues más profundos de mi estructura de ser vivo…”.

Cada uno lleva así, en su intimidad profunda, una resultante personalizada del
misticismo humano, al igual que lleva -en todos los núcleos de su textura
celular- la combinación genética constituida, a lo largo de los tiempos, por los
innumerables contactos e intercambios de la humanidad ancestral…

Con el aumento actual de las creencias más diversas, las búsquedas


espirituales constituyen un campo ipreciso donde se mezclan y muchas veces
se confunden las mentalidades religiosas más inofensivas y los delirios
sectarios.

Ahora bien, si el misticismo –mezcla detonante de esas dos disposiciones- ha


sido siempre una opción tan exaltante como peligrosa para sus propios
afiliados, también es responsable de las persecuciones y atrocidades que sus
adeptos terminan por infligir a los otros por fanatismo.

“Todavía peor, algunas fórmulas místicas son utilizadas malignamente como cebos espirituales
por los doctrinarios del charlatanismo, del totalitarismo y del terrorismo:
- así ocurre con el héroe místico que encarna las virtudes de pureza y de inteligencia de su
“raza”, de su nación o de su región…
- así ocurre con todos los engaños terapéuticos a base de gesticulaciones parapsicológicas
o de invocaciones esoterico-oculto-charlatanescas;
- así ocurre igualmente con la frecuente utilización del dogma según el cual el tiempo sería
cíclico con un retorno obligatorio a una mítica edad de Oro; gracias al farol de la Leyenda
se ilumina un cliché idílico y se predice el resurgir en la era que comenzará pronto…
-
Mezclando doctoralmente consideraciones sobre estos tiempos prefigurados con suputaciones
zodiacales, se inscribe la palabrería en unas connotaciones esotéricas tan vagas como
atractivas. Pero es sobre todo la pertenencia a una corriente mística lo que incita a algunos a
rechazar la reflexión crítica de los “intelectuales racionalistas” en beneficio de la “intuición” que
solamente iluminaría a los adeptos de lo irracional…

A partir de esto, el fervor místico no se contentará ya con sus rituales, sus cánticos y sus
danzas hieráticas que pueden elevar la imaginación hasta las puertas del éxtasis. Con la
intolerancia que resulta de la certidumbre de ser el único en ostentar la única Verdad, el
fanatismo podrá incluso llevar a desbordamientos irracionales gravemente perjudiciales para
los profanos.
Nadie sabe cuando ni como las elevaciones estáticas de los místicos se convertirán en
borrachera y después en locura asesina. Por esto estamos obligados a constatar finalmente
que cuando triunfa el delirio místico, las libertades y la paz corren los peligros más graves”
(“Les Sens de l’Humain”, Léon Nisand)

Las certidumbres religiosas o políticas bastaban ya a los creyentes extremistas


para masacrar a seres humanos en nombre de la verdadera fe. ¿Era también
necesario que los frenesies místicos se añadieran a las ideologías habituales
para abolir toda compasión humana y desembocar incluso en las atrocidades
pasadas y actuales que firman el fracaso de millones de manifiestos falsamente
edénicos? Y sin embargo un gran número de personas dedican a los místicos
y a sus prácticas una especie de deferencia convencional y conformista –
deferencia que corresponde muy frecuentemente al respeto enternecido que se
testimonia tanto a unos vestigios de los compromisos ancestrales como a la
nostalgia de tradiciones que se lamenta en parte haber abandonado….

Si nos interesamos por el misticismo, no es para promoverlo, sino para


entender mejor el proceso de este engranaje que atrapa a numerosos seres
humanos y que puede desorientar su espíritu. Pero es importante subrayar el
peligro representado por la tendencia hacia el misticismo que constituye
demasiado a menudo una etapa en el camino que conduce a la alienación
totalitaria.

La prudencia nos obliga a citar el serio aviso talmúdico dirigido a aquellos que
se ven tentados por la aventura del misticismo:

“Cuatro doctores célebres entran en el PaRdèS


(El Jardín del Edén y místico de la Kabbala: origen de la palabra PaRaISO) (Cant.IV,13).
Ben Azal miró y murió…
Ben Zoma miró y perdió la razón…
Ben Abouya, llamado Ah’er (el otro) se convirtió
Solamente Aquiba salió tal y como había entrado…”
(Hag.14B, y Jer. Hag 2, 1,77ª)

Lo que significa que, a pesar de sus encantamientos, el misticismo es un


campo amenazador para el equilibrio mental: solamente el más sabio de los
cuatro salió indemne.

Misticismos…
Alienación o iluminación – Ascetismo o júbilo…

¿Cómo se podría hacer comprender a un ciego de nacimiento los encantos de


un paisaje?
Y ¿cómo se podrían describir las bellezas de la música a alguien que siempre
haya sido sordo?
Entonces, ¿cómo se podría comunicar el ambiente místico a quien no ha
sentido todavía sus pasiones o sus trances?
Solamente la poesía puede enriquecer las palabras para sobrepasar la
palabra…

Ensayemos pues la expresión poética para aproximarnos mejor al misticismo y


a los místicos.

Laberinto místico – antes de abordarte,


Evoquemos algunos recuerdos de infancia,
Donde señalan los escasos vestigios de los entusiasmos de antaño,
Nostálgicos recuerdos de espejismos desaparecidos…

Naturaleza mística, ¡préstame tu arte de las metáforas!


Ilumina mi verbo con resplandores poéticos
Estrecha mi corazón con emociones intensas
Con las que tu rompes las puertas del Infinito…
Nombra la divinidad a la que desearías aproximarte
En tu deseo de ver lo que es invisible.

Místicas numerosas que celebran lo Absoluto,


Místicas espirituales, religiosas o políticas,
Osáis separaros de vuestras fuentes vivas
Para instaurar vuestras propias creencias…
Místicas de la bondad y místicas de la violencia,
Místicas que separan lo espiritual de lo temporal,
Místicas de fusión con lo divino,
Que pretendéis ayudar al Creador a perfeccionar su creación,
Vosotras exaltáis hasta el extremo las visiones de vuestra fe.

Místicas de las palabras y polisemia de los símbolos,


Unión libre de superlativos
De las que la lógica racional rechaza la unión,
Místicas de meditación las mas variadas,
Tentativas de huida hacia lo inefable,
Vosotras construís los cielos que recorren vuestros sueños.

Y por la alegría o los sollozos que impregnan vuestros cánticos,


Por el retorcimiento o la inmovilidad
De vuestras danzas extáticas,
Y por vuestros excesos incluso en la borrachera de vuestras certidumbres,
Hacéis vibrar al ser humano
Como un violinista su violín,
Y los ojos de vuestros iniciados reflejan vuestros delirios.

Místicas - vértigos existenciales,


Místicas - inmersiones en lo irreal.
Místicas
Ensayos de sublimación de la condición humana…

La devoción mística expresa, por sus éxtasis, un deseo individual de


sobrepasar la condición humana e incluso, para algunos creyentes, la
aspiración de fusionarse con lo divino Esto evoca la reflexión sufí:

“Una gota de agua, en tanto que es una gota de agua, debe tomarse por una simple gota de
agua –pero cuando está en el océano puede decir: “Soy el océano” (Rûmi)

Por el contrario la iniciación humanista – libre de todo dogma – se limita más


modestamente al esfuerzo constantemente renovado del iniciado para integrar
progresivamente los valores más “vinculantes” y más elevados del ser humano.

“La perfección del hombre es su perfeccionabilidad” (André Neher)

Erasmo decía: “El Hombre que no nace Hombre, se convierte en Hombre”.

El misticismo es más bien pasivo por naturaleza mientras que la progresión


iniciática es esencialmente activa. Sin embargo, la confusión entre misticismo
e iniciación ha marcado fuertemente los diferentes rituales masónicos y todas
las doctrinas que se reclaman hijas del “esoterismo”, al igual que de la Kabbala
judía, del cabalismo cristiano, de la alquimia, del hermetismo y de otras gnosis
y sectas…
Observemos de paso que la mistificadora y aparentemente “ocultista” Helena
Petrovna Blavatsky –fundadora y presidenta de la Sociedad de Teosofía- ha
utilizado, entre otras citas y para simular una pretendida erudición, algunos
elementos vulgarizados del Zohar (en particular el “Siphra Ditseniouta”, un
oscuro comentario de 6 páginas sobre los 6 primeros capítulos del Génesis).
Helena Petrovna Blavatsky se convirtió en la egeria de la Hermana Annie
Besant que la sucedió y que difundió, a continuación y a la vez, en el mundo
anglófono, sus “Logias teosóficas” y la Masonería Mixta e Internacional del
“Droit Humain”…

Annie Besant afirmó, sin embargo, en su época, que “aquellos que quieren hacer de
la Masonería Mixta una dependencia de alguna autoridad espiritual no comprendían lo que es
la masonería. Porque ésta tiene su camino propio para alcanzar un aspecto de la Verdad y no
puede estar subordinada a ninguna otra vía mística o religiosa sin perder su carácter esencial.
Y lo reciproco es cierto…prohibir tal o cual concepción sería también arbitrario”.
(Cit. Marc Grosjean, en “Georges Martin” I)

Por otro lado, desde la alta Edad Media y hasta el siglo XVIII incluido, la lengua
hebraica y el misticismo de la Kabbala ejercieron la misma fascinación sobre
los amantes del exotismo espiritual que las terminologías originales del
hinduismo y del budismo sobre el lenguaje de las sectas actuales. En la Edad
Media y en el Renacimiento, y todavía en la actualidad, existió y existe una
especie de esnobismo respecto al hebreo que lleva a algunos a obtener ciertos
conocimientos de esta lengua y a veces incluso a pretender ser hebreistas
distinguidos sobre la base de unas nociones muy rudimentarias.

En el reino de los ciegos, algunos que ven poco se consideran tiradores de


elite…

Esto es lo que puede explicar la presencia de numerosas expresiones


hebraicas en los rituales y las alusiones pseudo cabalísticas huérfanas de su
contexto, en particular los “Sephirot” en los grados masónicos 13 y 14, y
también, como lo destaca Daniel Beresniak, “en los ocultistas, y los esotéricos
iluminados, los martinistas, martinesistas, magistes, rosacruces y, de una forma general, en
todos los literatos fascinados por los “misterios””.

¡La única mística válida para todos los seres humanos es la mística de lo
humano!
Solamente un sentimiento casi místico de la dignidad de toda persona, sin
excepción, puede reunir, para su supervivencia, a la familia humana que los
poderes religiosos o políticos siempre han dividido.

Por eso, la Francmasonería liberal del “Droit Humain”, gracias a su


espiritualidad humanista, al progreso de la paz en comparación con los
mesianismos hegemónicos, trata de promover la convivencia de todos los
seres humanos, por encima de sus variadas creencias, opciones u orígenes y
por encima de sus diferencias culturales.
VI

Del “Esoterismo” a la iniciación humanista

“El Hombre es ese animal loco cuya locura ha inventado la razón”.


(Castoriadis)

Respecto al pensamiento contemporáneo, el paso del tiempo parece haber


arruinado la consideración que disfrutaba antes el concepto de “esoterismo”.
En efecto, excepto para designar el ambiente interno y las tradiciones
reservadas a los miembros de una cofradía, el esoterismo aparece hoy como
una especie de jungla inextricable e indeterminada donde se funden y se
reencuentran las innumerables elucubraciones irracionales, es decir
antirracionales, que animan a las sectas.

A la llamada del término “esoterismo” en Internet, miles de artículos exponen


las propuestas más insólitas para atraer nuevos clientes entre las personas que
tienen un sentido crítico debilitado, es decir inexistente, o que buscan
subconscientemente un “director de conciencia” o un “gurú”.

Pero sea cual sea el camino del acercamiento, al abordar las orillas del
“esoterismo” así entendido, se penetra inevitablemente en la nebulosa de las
sectas mercantiles o psicóticas o en su amalgama.

Estas sectas invierten el inmenso dominio de la creencia transformándolo en


una feria mundial de la credulidad en la que los camelos de la ilusión defienden
sentenciosamente mezclas “espirituales” tan dudosas como ostentosas.

Las falsas promesas de este “esoterismo” constituyen actualmente el tejido de


la relación interactiva entre el fenómeno sectario y sus víctimas.
Para un espíritu libre y crítico, el término “esoterismo” recubre el conjunto
heteróclito de creencias extravagantes y de estafas desvergonzadas que se
reclaman vinculadas con la irracionalidad.

Ahora bien, la Francmasonería liberal y evolutiva se ha comprometido y se


compromete cada vez más con su ideal humanista. Se ha alejado hasta tal
punto de sus teorías y significados originales que el calificativo de “esotérico”
se ha convertido, para ella, en una definición inadaptada. Los “esoterismos” y
sus pseudo espiritualidades engañan el ojo, son antitéticas con la vocación
ética de la francmasonería evolutiva actual y sobretodo del futuro.

De todas formas, en la actualidad los adultos toman por secretos de polichinela


los pretendidos “misterios” de los que, invariablemente, se propone la
revelación a todo eventual interesado. Pero hay que tener la madurez psíquica
del adulto, lo que es menos normal de lo que se cree.

Por otro lado, el componente elitista del “esoterismo” es contrario al concepto


democrático del saber, ya que reserva sus pretendidas “enseñanzas” a unos
discípulos elegidos según los criterios y la buena voluntad de los “maestros del
pensamiento”. Ahora bien, están lejos los tiempos en los que los libros
sagrados –con cierres excepcionalmente abiertos- se exhibían solemnemente,
de lejos, ante la masa popular mantenida en la ignorancia y la tutela…

“Cuando en 1637, al comienzo del “Discurso sobre el método” Descartes afirma que el sentido
común es “la cosa mejor repartida del mundo”, toma posición a favor de una ciencia que deja
atrás la amplia herencia magico-astrológica del pensamiento antiguo y medieval, vinculado con
la diferenciación entre profanos e iniciados” (Jean Paul Thomas en “Le Monde” 6-VIII-99).

Se puede constatar que existe actualmente una iniciación humanista abierta a


todas las personas honesta, que deseen sinceramente aproximarse a la
sabiduría y mantener su filantropía, mientras que las iniciaciones “esotéricas”
continúan buscando, con sus promesas elitistas, a aquellos que desearían
diferenciarse de todos los otros gracias a la adquisición privilegiada de
pretendidos “secretos”.

Las doctrinas “esotéricas”, marcadas por sus connotaciones político-elitistas,


correspondían todavía no hace mucho tiempo, a las reminiscencias de una
sociedad aristocrática cuyos fundamentos y estructuras serían consideradas
sin embargo caducas. Ahora bien, actualmente, todo lo que separa a los seres
humanos en categorías exclusivas es contrario a los criterios de una
francmasonería que se ha convertido en democrática.

Por otro lado, el complejo de las doctrinas “esotéricas” se rodea


voluntariamente del dogma retrógrado y obscurantista que -a semejanza del
“conocimiento primordial”, tan querido por René Guénon- confiere más valor a
las enseñanzas del pasado que a los descubrimientos más recientes.
Los mitos de una “Edad de Oro” en el pasado, de la búsqueda en el presente
de una misteriosa “Palabra perdida”, y las “Profecías” milenaristas que
anunciaban para un futuro inminente todo tipo de cataclismos apocalípticos y la
forma de salvarse de ellos –se proponen como grandes cebos del “esoterismo”
y están reservados únicamente a los fieles adeptos, mientras que los objetores
se encontrarían entre las condenas del “infierno”…

El argot esotérico-ocultista atrae a un publico especialmente sensible a las


sugerencias del vocabulario fetiche de lo irracional, en el que florecen: los
“horóscopos” y “temas astrales”, los “destinos”, las “reencarnaciones”
concedidas según las fantasías más extravagantes, el “magnetismo”, los
“dones de videncia”, o ”curaciones por imposición de manos” tan
charlatanescas como megalomaniacas…

Los “esoterismos” no dejan de desembocar en todo tipo de “poderes ocultos”


casi mágicos.
Así ocurre con las “aptitudes adivinatorias”, los “hechizos y los hechizos
liberatorios”, las “curaciones” sobrenaturales, de una pretendida maestría de
pretendidas “ondas positivas” y “ondas negativas”… y otras “mesas giratorias”
que hacen girar las cabezas y desviarse el espíritu…

Pero, ¿qué tiene la iniciación humanista de la francmasonería en común con


todo este embrollo del que es el antinomio?
La francmasonería liberal, que se considera garante del respeto y de la libertad
del espíritu humano y, en consecuencia, garante de la honestidad intelectual
contra la vergonzosa estafa –debe reclamar su reprobación ante la explotación
de una clientela mistificada por todo tipo de imposturas pseudo culturales.

¿Por qué toda la literatura que trata de la francmasonería ha sido confinada


sistemáticamente a la estantería del “Esoterismo” de todas las bibliotecas y
librerías?

¿Acaso porque algunos escritos masónicos, a pesar de la evolución del


pensamiento en el tiempo, continúan deletreando el alfabeto de los siglos
precedentes? Entonces, ¿por qué no clasificamos igualmente las
publicaciones de los químicos actuales entre las de los alquimistas de la Edad
Media?

Para un buen número de observadores exteriores, la imagen de la


francmasonería está todavía marcada por la historia de su filiación iniciática
cuyas connotaciones esotéricas evocan los “misterios” antiguos y las
iniciaciones elitistas.

En efecto, desde sus inicios modernos, en 1717, la francmasonería ha


evolucionado en tres fases influenciadas cada una por el contexto sociocultural
de la época:
En el siglo XVII la masonería fue religiosa y culta,
- en el siglo XIX fue netamente esotérico-ocultista,
- y durante el siglo XX se ha transformado cada vez más rápidamente en su
estado actual de Orden filosófica y humanista.

Estas tres fases se han superpuesto progresivamente sin sustituir


completamente una a la otra. Esta es la razón por la que las encontramos
todavía frecuentemente unidas, estrechamente entremezcladas a pesar de sus
contradicciones. Porque el humanismo que nos une es más fuerte que las
ideologías que podrían separarnos.
Sin embargo, a fuerza de exaltar la libertad de elección, una corriente espiritual
corre el riesgo de desvirtuar su identidad. Es por eso por lo que la masonería
termina rompiéndose en un polvo de grupúsculos en busca de definiciones más
exactas para unos o para otros…
En la actualidad, los ideales, para ser válidos y atractivos, deben definirse
claramente. El oportunismo está mal visto y no se puede ya reagrupar, a
cualquier precio, unos sistemas de pensamiento y sus contrarios con el único
fin de permanecer nominalmente presente en todos los casos.

Parece claramente que la corriente masónica moderna no se satisface ya


solamente portando insignias para conservadores de un Museo de las
tradiciones esotéricas.

Las fábulas pseudo históricas del Caballero de Ramsay –declarando filiaciones


míticas de la masonería con la orden desaparecida de los Templarios y otros
grupos de caballeros de las cruzadas- se han hecho obsoletas y
espiritualmente antinómicas en relación con la iniciación humanista que no se
confunde ya con la cristianización. Y los títulos recargados e hiperbólicos, los
decorados tradicionales, las espadas y otros símbolos de muerte al estilo
antiguo, son solamente evocaciones históricas de la revolucionada época en la
que una “nobleza” elitista se apoyaba en las armas, se autoproclamaba como
valor hereditario.

Ahora bien, la francmasonería moderna es, ante todo, una corriente de


reflexión ética y pragmática sobre los problemas planteados a la humanidad
actual.

Así podemos considerar que las logias liberales se encuentran en un cruce de


caminos: o bien que su maravillosa masonería se disuelva en reflejos lúdicos,
mistificaciones, imposturas y engaños sectarios, o bien optan por la difícil vía
de la rectitud y la autenticidad de la iniciación humanista.
VII

LOS NUEVOS HORIZONTES DE LA ÉTICA

ÉTICA DEL SER VIVO

(Introducción del XIV Coloquio de Ferrette 1997)

Con la ética del ser vivo, tocamos un dato esencial de la problemática sin
precedente y casi vital planteada a nuestra generación.

Hans Jonás, escribió en “Le Principe Responsabilité”:


“Vivimos en una situación apocalíptica, es decir en la inminencia de una catástrofe universal,
en el caso en el que dejáramos que las cosas actuales siguieran su curso”.

Edgar Morin desarrolló brillantemente este tema durante el Coloquio de


Ferrette 1994 sobre “Tierra-Patria” y acaba de citar, en el curso de las
“Conversaciones del siglo XXI” de la UNESCO, una idea magistral de Hölderlin:

“Cuando el peligro crece, crece lo que salva”.

Nadie puede tener la pretensión de realizar por si solo un estudio sobre la Ética
del Ser Vivo. Por eso es especialmente interesante consultar, entre otras, la
obra de Lucien Sève: “Pour une critique de la raison bioéthique” (Ed. Odile
Jacob, 1994).

El interés de una ética del ser vivo depende de la respuesta a dos cuestiones
previas:
1) ¿Debe perdurar necesariamente la humanidad?
2) ¿Debemos preocuparnos de su continuación mucho más allá de nuestra
propia existencia e incluso al precio de un ataque contra nuestra calidad de
vida?

Sobre este tema, Hans Jonás escribe:


“Por sí mismo, nada de lo que no existe (todavía) tiene derecho a la existencia y a la
reivindicación de que le ayudemos para llegar a existir”.

El paleontólogo americano Stephen Jay Gould piensa que “la consciencia quizás
no se desarrolle más en ninguna especie durante los cinco mil millones de años de vida que le
quedan a la Tierra antes de la explosión del Sol”. Esta suposición podría constituir, por
sí misma, una motivación suficiente para preservar -hasta donde se pueda, en
el infinito del espacio-tiempo- el accidente cósmico representado por la
humanidad.

Pero, ¿qué clase de humanidad deseamos?

¿Cuáles son los criterios morales o éticos que permiten distinguir lo que es
bueno para el género humano de lo que es -o podría llegar a ser- nefasto para
él? Considerando además que, debido a los múltiples factores de cambio, el
futuro se presenta como un enredo inextricable o casi impredecible. Y se
puede constatar -mejor todavía que en el pasado- hasta que punto las
pequeñas causas pueden generar graves efectos…

¿Cómo cualificar lo que entendemos por “moral” y por “ética”? Se puede


pensar como André Comte-Sponville que “la moral se refiere al Bien y al Mal
considerados como valores absolutos o transcendentes; la ética a lo bueno y lo malo
considerados como valores relativos ( a un individuo, a un grupo, a una sociedad) e
inmanentes”.

Sin embargo, la novedad absoluta de los problemas planteados por la biología


excluye -para la mayoría de ellos- una solución por la única referencia a unos
textos antiguos venerados precisamente por su antigüedad.
En efecto, desde la emergencia del razonamiento lógico, la antigüedad de un
documento no puede ya ser considerada como una garantía –a pesar de las
innumerables traducciones, revisiones y readaptaciones de los textos antiguos
a lo largo de los milenios.

Además, a pesar de sus apologías del respeto de la vida humana, las


numerosas religiones que pretenden expresar las voluntades divinas nunca han
logrado pasar de la palabra al acto. Por eso, para sacralizar realmente la vida
humana, los religiosos debería haberse abstenido de proferir sus habituales
amenazas de muerte contra sus adversarios o sus competidores; habrían
debido obligarse también a luchar contra la pena de muerte, contra las atroces
carnicerías por “infieles”, “brujas” y otras “herejías”… Habrían debido incluso
rechazar el concepto antinómico de la “guerra santa”.

Pero por el contrario, y a pesar de las más vibrantes profesiones de fe de


aquellos que se confiesan de esa fe, el hundimiento de la humanidad a las
crueldades más atroces nunca ha sido criticado, sino todo lo contrario.

Al igual que la verdadera honestidad no reside en el temor al policía,


igualmente los discursos más ditirámbicos sobre la fraternidad y el amor al
prójimo no sustituyen a su práctica continuada en la vida corriente.

Es la concertación ética lo que interesa, en la actualidad, a aquellos que no se


contentan ni con una huida hacia hipócritas recitaciones de fórmulas piadosas
ni con una reducción de la vida humana hacia un materialismo desecante.

¿Pero qué paradigma elegir para definir una ética del ser vivo? ¿El respeto de
la persona? ¿La dignidad humana? Respeto y dignidad son dos aspecto de
una misma consideración, porque no se respeta verdaderamente más que lo
que está investido de una dignidad.

El Utilitarismo que predica “la mayor felicidad del mayor número” puede
conducir a subordinar el respeto del individuo al bienestar colectivo, justificando
así el cinismo por la buena conciencia. Es el tema de la terrible obra de
Dürrenmatt:
“La visita de la vieja dama”.
También podríamos vernos tentados por remontar hacia viejos conocimientos
que, para algunos, son más bien conocimientos que se hacen viejos: los
imperativos categóricos según Kant:
“Actúa siguiendo una máxima que pueda a la vez servir como ley universal. Toda máxima no
cualificada para ello es contraria a la moral”.
Pero también: ”Actúa de tal forma que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la
persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca simplemente como un medio”.

Hans Jonas, ante la progresión desenfrenada de las tecnologías, preconiza


sustituir la noción de respeto del ser humano por el sentimiento de la
responsabilidad, de donde proviene una nueva formulación de los imperativos:
“Actúa de forma que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida
auténticamente humana sobre la tierra”.

Lo que también puede transcribirse como: “No comprometas las condiciones


para la supervivencia indefinida de la humanidad en la tierra”.

Se tata aquí de nuestra responsabilidad hacia nuestros descendientes y


también hacia todos los otros seres humanos, conocidos o desconocidos.

¿Qué desearíamos nosotros para ellos?


Y por otro lado, ¿tenemos el derecho de desear alguna cosa para ellos –antes
de que ellos puedan decidir por ellos mismos?
¿No estemos inclinados a imponerles nuestras propias opciones en detrimento
de su libertad de elección?

Para asegurar la continuación de las generaciones, no basta con traer hijos al


mundo, hay que gestionarles también la posibilidad de mantener lo que Hans
Jonas denomina:
“La permanencia de una vida auténticamente humana”.

Volvamos a la ética del ser vivo que conlleva una comparación constante entre
el caso particular y los principios generales. Así es como la responsabilidad
ante el futuro implica la preservación de la exogamia a pesar de los avances de
la Procreación medicamente asistida, sobre todo cuando la donación de los
óvulos se realiza en el anonimato.
La responsabilidad interviene también en el Diagnóstico Pre Implantación.
Lucien Sève escribe sobre este tema:
“Frente al conocimiento rápidamente creciente de varios miles de enfermedades genéticas
monofactoriales, y frente a la exploración iniciada de las predisposiciones multifactoriales con
afecciones temibles, ¿debemos, con una gran circunspección –o no debemos-
comprometernos en la vía de prácticas eugénicas a escala individual, como aquellas que se
hacen posibles con el DPI, es decir trabajar para hacer posible un día unas modalidades muy
preciosas de terapia génica germinal, con efectos transmisibles a la descendencia?. Estas
decisiones de altura puntual ¿no comprometen de hecho la aceptación o rechazan el principio
de otra imagen del hombre?”

El fruto del árbol del Conocimiento del Bien y del Mal (ética) ¿es también fatal
para el ser humano tal como lo afirman algunos en referencia al texto bíblico?
(Gen.II, 16-17).

El teólogo protestante, Paul Ramsey, en su libro “Fabricated Man” acusa a los


científicos de querer “jugar a Dios”. Efectivamente, todos los seres humanos -y
particularmente aquellos que son religiosos- siempre se han sentido fascinados
y mistificados por unos juegos de papeles divinos… a pesar de sus
consecuencias lo más frecuentemente nefastas. Y sin embargo, si la
ocurrencia, recordada por Elisabeth de Fontenay “desde el primer sílex tallado
el hombre había ido demasiado lejos” hubiera sido exacta, nuestros
antepasados australopitecus nunca habrían accedido a ningún tipo de reflexión,
porque habrían desaparecido rápidamente como los innumerables mutantes
inadaptados para la inserción en su sistema ecológico. Entonces… ¿cómo se
puede tratar de satanizar la ciencia en virtud de una dogmática, deseando así
que la humanidad permanezca en el oscurantismo y en un estatismo dañino?

Saint-Exupery decía:
“Tu no puede permanecer sin cambios mientras el mundo cambia”.

De todas formas, la curiosidad, el cuestionarse, el descubrimiento, los


progresos técnicos, dejan prácticamente en su puesto y sustituyen de forma
incomparable la muy lenta evolución genética del ser humano.

Desde la Antigüedad hasta el presente, no han existido tantos progresos


científicos como en los últimos años…
Sin embargo, uno puede verse confrontado con ideas inconsecuentes que van
hasta preconizar unas extravagancias científicas ciertamente alienantes para el
género humano.

Según un estudio de 1990, citado por Lucien Sève:


“El 95% de los profesionales franceses de la FIVETE son favorables, en el caso de parejas no
fértiles, a la selección genética de los embriones incluso en ausencia de todo riesgo genético
conocido; dos de cada tres aplican su idea del diagnóstico preimplantación a las parejas
fecundas, con, para uno de cada tres, el objetivo de buscar “todas las eventuales anomalías”.

El proyecto inicial de la Procreación Medicamente Asistida consistía en paliar la


esterilidad de algunas parejas; ahora bien esta técnica ha evolucionado
rápidamente hacia unos horizontes imprevistos que van hasta los proyectos de
ectogénesis contemplados por Jean Louis Touraine. ¿Es una progresión hacia
un mundo mejor o -por el contrario- una desviación hacia “Le meilleur des
mondes” de Aldous Huxley? Citemos una vez más a Lucien Sève:

“Madres vendedoras engañosamente llamadas portadoras, PMA para embarazo programado,


gestación delegada a la hermana o a la abuela, elección del sexo por conveniencia, donación
de embriones, encargo por catálogo de características del niño a nacer, donación de embriones
a la investigación, comercio de óvulos, inseminación de vírgenes, maternidad después de la
menopausia… Inventario incompleto y pasablemente alucinante donde se ve como se
multiplican disociaciones alarmantes –entre maternidad ovular y uterina, concepción y
reproducción, embrión y pre embrión…- dislocando el parentesco, la filiación, la identidad
misma, mientras que se acentúa el vaivén entre procreación humana y productivismo
zootécnico”.

A esto hay que añadir que el Diagnóstico Pre Implantación y la “Medicina


Predictiva” podrían abrir el camino, no solamente a unas angustias inútiles para
los futuros enfermos que ignoran su predisposición genética –sino también a
una “Medicina asegurada” con consecuencias sobre los contratos y
discriminaciones frente al empleo.
El motor innegable de las desviaciones de la biología sigue siendo el dinero.
Unos enormes intereses tratan de corromper el campo de los transplantes de
órganos y más todavía los sectores farmacéuticos, como el de las pruebas
genéticas, las vacunas eventuales contra los cánceres, el SIDA y las grandes
pandemias tropicales.

Por ejemplo, una multinacional farmacéutica invertía en 1991, 300 millones de


dólares para adquirir la patente de la técnica de las pruebas genéticas…

Por principio ético, todos los elementos constituyentes del cuerpo humano
deberían ser declarados fuera del comercio.

Ante el tumulto mundial frente a los problemas éticos planteados por la


biología, los poderes estatales se dirigen a las instancias morales para solicitar
consejo.
Las enseñanzas de la Medicina y del Derecho tratan de luchar contra la
desaparición de cualquier modus vivendi creando una disciplina de bioética con
estudios sancionados por un diploma. Pero esta veleidad corre el riesgo de
estar en contradicción con el principio mismo de la ética que se propone
promover. En efecto, una ética representa un consenso ampliado tras una libre
concertación no un conjunto de prescripciones preconizadas -es decir
impuestas- por unos poderes establecidos…

Los dogmas falsos o convertidos en inadecuados –no se transforman en


verdades cuando se les hace aclamar por millones de personas exaltadas por
la borrachera de la masa.

“Todo el rebaño corre en cada cordero” decía Alain.

Ahora bien, la sociedad masónica no es un pueblo de corderos…

Unas modestas asambleas que deliberan con toda libertad de espíritu pueden
aportar una contribución evolutiva y válida a la construcción pacífica de una
verdadera Etica del ser vivo.

Parafraseando a Heráclito que decía:


“Si no esperas lo inesperado, nunca lo encontrarás”
propondríamos con gusto, como conclusión:
“Si tu no apuestas por la utopía, ciertamente no contribuirás a su realización”.
VIII

HACIA UNA REDEFINICIÓN DE LOS VALORES ESENCIALES DE LA


PERSONA HUMANA

Desde su aparición, la humanidad se ha desarrollado más o menos


rápidamente según las civilizaciones y sus épocas. Pero en la actualidad, el
soplo habitual de la historia se ha convertido en un huracán –y nosotros nos
encontramos en el ojo del huracán…

Todo ha ocurrido como si la evolución lenta de las sociedades humanas


hubiese dejado lugar a una mutación cuyas reacciones en cadena afectan a
todos los campos de la actividad. La crisis se ha desatado sobre una
expansión demográfica cuyas terribles consecuencias no parecen frenar
todavía la terrible progresión.

Muy a menudo unas estructuras que -desde hace miles de años- regían las
éticas de las colectividades e inspiraban las morales individuales, se han
petrificado manteniendo sus pretensiones y sus existencias tradicionales.

Formulas rutinarias y actitudes convencionales vacías de su sentido, han


sustituido el espíritu y miman los comportamientos que pretenden representar.
Los sistemas de valores, sobrepasados por el avance de las técnicas
científicas, se han convertido en catálogos de arquetipos anticuados cuyo
significado respecto a la realidad es comparable al de una colección de
animales disecados de un museo zoológico en comparación con la misma
fauna que vive en su medio natural.

Contrariamente a los dogmas fundadores de algunas instituciones, ningún


grupo humano puede asignarse el monopolio exclusivo y definitivo de la
caridad, de la espiritualidad o de la verdad, a no ser que demuestre un inmenso
orgullo de sí mismo y un rechazo sectario por los otros.

Y ningún colectivo humano puede tratar de imponer a todos los otros su código
religioso o su ética, bajo pena de suscitar una guerra santa ideológica más,
pero esta vez con un peligro de destrucción total.

Sea por persuasión o por obligación, nunca se podrá llegar a poner de acuerdo
a todos los seres humanos del mundo sobre unos valores fundamentales. Esto
no nos libera, sin embargo de formular claramente estos valores para que
queden inscritos en el contradictorio debate. Porque las éticas –contrariamente
a los sistemas dogmáticos impuestos en nombre de un absoluto- son teorías
razonadas de lo que es bueno o malo, y estas teorías son el resultado de un
consenso humano lo más amplio posible en el interior de una cultura.

Sin embargo, todas las grandes problemáticas de la sociedad están


estrechamente ligadas a una definición de la persona humana. Ahora bien,
ningún poder temporal o religioso puede determinar por sí solo los valores
constitutivos de la persona. Esa pretensión es todavía menos admisible
cuando emana de sociedades que -para imponer su voluntad de poder- han
ratificado e incluso provocado la muerte de los que les contradicen o de los que
compiten con ellos, por medio de la tortura, el fuego, el envenenamiento, la
decapitación, la separación, la horca –en contra de toda compasión humana.

Pero si la seguridad de detentar la única Verdad puede llevar a excesos e


incluso a las peores infamia del fanatismo, es el desprecio por la persona
humana lo que se encuentra necesariamente en el origen de crímenes innobles
como el genocidio, la tortura, los asesinatos terroristas o canallescos, y también
-colmo de maldad y de suciedad- la exhumación de cadáveres para profanarlos
públicamente.

Hay que honrar a todos aquellos que hacen pasar el principio de tolerancia -es
decir, el principio de igualdad en dignidad- por encima de sus opiniones, es
decir de sus seguridades políticas, ideológicas o religiosas.

La plenitud de una persona se realiza cuando puede elegir y después actuar


según sus propias opciones y no por obediencia ciega a una autoridad o a un
reglamento. ¡La obediencia, es la excusa habitual de los criminales contra la
humanidad cuando se les lleva ante la justicia!

Todos estos datos hacen converger la reflexión sobre el enraizamiento


metamoral de las éticas.

En la “Crónica de Amnistía Internacional” de Julio de 96, Alain Le Guyader


comenta así la ética fundadora de los Derechos del Hombre enunciada en el
Artículo 1º de la Declaración Universal:

(“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y en derechos. Están dotados
de razón y de consciencia y deben actuar unos respecto a otros con un espíritu de
fraternidad”).

“Esta afirmación solamente es inteligible en virtud del acto ético de reconocimiento mutuo que
implica en sí misma, precediendo y dando base al Derecho para todos en los mismos Derechos
fundamentales.
Se trata de un reconocimiento originario según el cual todos los seres humanos se reconocen
como seres humanos iguales. Esto es lo que lleva a la verdad ontológica de esta propuesta. Y
este reconocimiento de una igualdad ontológica, que es también el enunciado de una norma
axiológica crítica, da su sentido a los derechos del hombre, porque instituye unos sujetos de
Derecho que, sin él, no existirían como tales.
En consecuencia, no habría Derechos del Hombre ni Derecho a esos Derechos, sin este
reconocimiento intersubjetivo que es lo primero en todos los aspectos. Existe pues, por este
hecho, una reciprocidad originaria de los Derechos según la cual yo no puedo reivindicar un
Derecho sin, al mismo tiempo, reivindicarlo para todos.
Por lo tanto, yo debo ser garante de los Derechos del otro y de cualquier otro, al mismo tiempo
que reivindico los míos. Porque esta base compromete evidentemente una responsabilidad de
cada uno respecto a todos y de todos respecto a cada uno.
La fraternidad no quiere decir otra cosa, y es todo lo contrario del individualismo consumista.
También podemos decir que con la Declaración de los Derechos del Hombre se ha abierto un
proceso indefinido de reconocimiento mutuo en la historia. Significa una nueva alianza que no
es ya de orden religioso, sino entre los seres humanos como tales y reconociéndose como
tales.
Instituyen así una transcendencia interna en las sociedades afirmando lo que debe ser
autoridad entre ellos y sobre cualquier otra forma de autoridad. Por eso los Derechos del
Hombre constituyen la forma simbólica, en el sentido etimológico del término, de las
sociedades modernas contemporáneas”.

Como todos los humanistas ávidos de libertades, los francmasones


adogmáticos están de acuerdo con estos comentarios, sin inclinarse sin
embargo, hacia un entusiasmo actual que se ha podido calificar de “Derecho de
Hombrismo”.

En efecto, si no se respetase el significado simbólico de cualquier persona,


entonces las declaraciones más comprometedoras relativas al ser humano
serían solamente formulas vacías y redundantes.

La estructura humana está inscrita en un genoma de base que es un código


común a toda la especie pero que rige también, por sus innumerables
particularidades, el genotipo personal y único de cada individuo. Esto basta ya
para inducir a la presentación física –con su cara particular (“Panim”) que guía
el pensamiento de Emmanuel Levinas: una cara única, diferente de todas las
otras, una cara que personaliza la persona y la saca del anonimato…
Sin embargo, a este concepto de la cara, habría que añadir: “los ojos”
(“Eïnaïm): la mirada -la inefable mirada del ser humano- espejo de los
sentimientos de la persona…

Este personaje humano, desde su nacimiento al estado viable, va a ser tenido


en cuenta por la sociedad que le dará un nombre y le inscribirá en la lista de los
vivos de este mundo (porque los seres humanos solamente reconocen aquello
a lo que han dado nombre). (Génesis, II, 19-20)

Es a partir de esta acogida -de este reconocimiento- cuando la humanidad


asumirá o debería asumir, la salvaguardia del individuo.
Así se encuentran inmediatamente planteadas las problemáticas tan complejas
del feto y del coma profundo.
Sin embargo, para completar la construcción de una persona, son necesarias
contribuciones esenciales de la sociedad, más allá del aporte biológico
parental. Y, en consecuencia, la necesidad categórica de estos elementos
constituyentes sociales de la persona abre ciertos derechos a todo recién
nacido, a todo menor, después a todo adulto….

“Para hacer un hombre, son necesarios hombres” le gusta decir a Albert Jacquard, y
esta fórmula no es ciertamente sólo un simple juego de palabras…

Si mi persona existe es porque tu me reconoces como un miembro de la familia


humana…
Es porque tu derramas en mi conciencia la esencia vital y tonificante de la
compasión humana…
Si mi persona persiste, es porque tu me aceptas en mi especificidad -con mis
particularidades- mis ideas raras, mi carácter forjado no se sabe dónde ni
como, mis cambios de humor, mis gustos extraños, mis nostalgias culturales,
mis fetiches vestimentarios o lúdicos, mis convicciones o mis inseguridades…
Todas estas originalidades que no son las tuyas.
Y si mi persona subsiste, es porque mis semejantes -los seres humanos- me
respetan, me ayudan y me protegen tras haberme construido. Y es porque mis
antepasados me han insertado en la cadena de las generaciones; porque me
han educado –implicado en el tejido social, nacional, familiar, cultural. Es
también porque unos sucesores integrarán quizás mi paso en sus buenos
recuerdos y, quizás incluso, le honrarán después de mi desaparición.
La humanidad que, sin embargo, aspira a la paz, se hunde en las guerras de
exterminio debidas a los engranajes de la intolerancia. Sin embargo, la
constatación de la crisis de los valores fundamentales no lleva obligatoriamente
al retorno a un autoritarismo retrógrado y represivo, como lo desearían las
tiranías temporales o espirituales.
Muy al contrario, en lugar de reeditar los funestos errores del pasado, hay que
precisar urgentemente, proclamar y promover unas modalidades ínter
culturales de la sacralidad de la persona.

Según el pensamiento de Emmanuel Levinas, la relación del “Yo” y del “Tu” nos
lleva a un “Él”: a otro…. Otro que, los más a menudo, yo ni siquiera conozco; y
esta relación con el otro significa para algunos una relación “transcendente”
con el Todo Otro… Así, cuando un ser humano se encuentra, cara a cara, con
otro ser humano, el único hecho que pueden corresponder, a pesar de sus
respectivas complejidades, emana ya del campo de la transcendencia –una
transcendencia que no está limitada, sin embargo, a la única relación inter
seres humanos porque, para muchas personas, implica lo infinito lo eterno…

-¿Qué hay entre tu y yo?


- Una relación inmanente –o incluso transcendente: la dignidad humana. Esta
dignidad que establece a todo ser humano como sagrado para los otros seres
humanos, contrariamente a los dogmas grotescos del racismo –en especial del
racismo nacionalista de Berrès a Hitler y sus émulos contemporáneos.

Por eso, por encima de todos los valores constitutivos de la persona,


colocaremos la dignidad –“la cara humana” (Panim).

Y como esa transcendencia es inmanente en todos nosotros, no necesita


ninguna “revelación” mágica destinada a vencer la incredulidad. Esta
transcendencia, como ya lo hemos afirmado, no necesita manifestarse por
demostraciones apocalípticas que trastornan de forma fantasmagórica el orden
habitual de las leyes de la naturaleza.

Aquellos que desean percibir la transcendencia se acercan en primer lugar a


otros seres humanos…

Si las prescripciones religiosas de amor al prójimo han naufragado durante


milenios, sobre los escollos de las exclusiones dogmáticas, la espiritualidad
humanista de la francmasonería liberal –que no se refiere a ninguna potencia
exterior para proponer una ética de la relación humana- trata de demostrar por
el ejemplo que la fraternidad humana puede efectivamente sustituir la
heterofobia.
Al mismo título que la vida, la dignidad de la persona debería redefinirse y
sacralizarse. Esta dignidad afirmada e incensada por la mayoría de los códigos
de leyes –no es por ello menos escandalosamente pisoteada.
Para muchas personas, la dignidad es más importante que la vida y es por lo
que prefieren la muerte al envilecimiento o a la humillación.

Si las exclusiones racistas, ideológicas, religiosas y sociales reservan la


indignidad a los perseguidos, la vergüenza infringida recae inevitablemente
sobre los perseguidores mismos. La humanidad está degradada, manchada y
desorientada por sus “Auschwitz”… (Se puede tomar a “Auschwitz" como el
paradigma contemporáneo de la decadencia del ser humano).
Y la perversidad negacionista que añade la mentira y la burla al sufrimiento de
las familias consternadas, no podrá borrar las monstruosas atrocidades
humanas. Muy al contrario, la falsificación de la historia abre el camino a
futuros “Auschwitz” que podrían servirse de los medios técnicos del futuro.
Shoah – masacres de Camboya o de Burundi – “purificaciones étnicas” –
violaciones sistemáticas en Bosnia – esclavitud y prostitución de niños –
avasallamiento y servidumbre de las mujeres, asesinato funcional de su
sexualidad por la excisión del clítoris… Todas estas abominaciones no
deberían ya ser ocultadas por el velo púdico de la política, de la demagogia o
de una pretendida tolerancia que solamente es una excusa de la indiferencia o
de la cobardía.

Además, la dignidad de la persona no puede conjugarse con ninguna de las


segregaciones contempladas por las teorías mortíferas de los racistas de
cualquier signo.

Por eso una nueva definición de la persona requeriría ante todo la instauración
de una igualdad de los dos sexos sin argucias engañosas. No debería existir
más una sub-humanidad “femenina”.

La dignidad de la persona exige naturalmente un respeto fundamental por las


gentes de todos los orígenes étnicos.

Requiere el respeto a los minusválidos, a los náufragos sociales, a los


disminuidos por la vejez o la enfermedad, a los condenados, a los prisioneros e
incluso el respeto a las personas que han muerto.

La dignidad de la persona implica fundamentalmente la ilegalización de la


tortura.

Para prevenir el “Crimen contra la humanidad”, se debería crear el concepto


jurídico de Crimen de Atentado a la Dignidad Humana.
La vida misma de toda persona debería ser redefinida, en cuanto a su principio
y también en cuento a su final, para beneficiarse de una protección
incondicional que comprometa a los Estados, y a la justicia de los seres
humanos, sin olvidar a la pretendida justicia divina usurpada por los humanos.
Porque, en efecto, las instituciones religiosas se han apropiado muchas veces
del derecho de administrar a sus contrarios una justicia divina compuesta por
ellos para poder combatir mejor a aquellos que no han podido dominar…
También el “Silencio de Dios” ante los crímenes más abominables ha podido
interpretarse por algunos como una reprobación recordando la condena de
Sodoma y Gomorra.

El contrato de la sociedad humana exige que la vida de toda persona se estime


como un valor sagrado para todos. Esto significa que un castigo nunca debería
sobrepasar el respeto a la vida, incluso cuando hubiera que castigar a la
persona más criminal.
La pena de muerte –todavía legal en numerosos países- es una fuente de
injusticias irreparables y una negación escandalosa de la inviolabilidad de la
persona.

Finalmente, si no quiere ser profanada por la barbarie totalitaria o canibalizada


por una economía de mercado desenfrenada, la humanidad estará obligada a
establecer sobre el respeto a ella misma, la motivación transcendente de la
salvaguardia de las personas.

El respeto de la vida de toda persona constituida, eso quiere decir que uno no
se puede arrogar el derecho a amenazar de muerte a los que le contradicen.
Así pues, para algunos sectarios, un esbozo embrionario es más sagrado que
la vida del médico que interviene para permitir sobrevivir a la madre.

Los fanáticos, haciendo gala de su odio miserable como si fuera un valor


transcendente, amenazan de muerte a las personas a las que sueñan con
sacrificar para ilustrar su piedad –las personas de las que se permiten
contestar el derecho a la vida…

Pero exceptuando la defensa de la libertad de vivir -el derecho a la vida- de


toda persona constituida, sería hipócrita pretender analizar los valores
fundamentales sin especificar también las libertades intrínsecas que están
íntimamente asociadas a ellos:
- La libertad de vivir de toda persona debería necesariamente comportar
acceso a las atenciones médicas preventivas y curativas así como a una
vivienda decente.
- La libertad de espíritu -lo que excluye la información tendenciosa o falsificada
y condena el endoctrinamiento, en particular el endoctrinamiento de la persona-
niño…

La libertad de creencia y también la de no-creencia, incluidas en los países en


los que existe una religión mayoritaria. Esto significa que ninguna persona
debería ser rechazada o condenada por razones religiones. Por otro lado, a
partir de su nacimiento, una persona –sujeto activo y no objeto pasivo- no debe
pertenecer en plena posesión ni a una religión, ni a una secta, ni a un grupo, ni
incluso a unos padres que dispondrían a título definitivo de su cuerpo y de
espíritu.
Toda persona tiene el derecho a expresarse: por la palabra, por escrito o por
métodos audiovisuales.
- La libertad para toda persona de no sufrir la mutilación funcional o mental que
limite su vida sexual sin otros motivos, o en detrimento de su libertad de
procreación o de su no-procreación.

He aquí pues a la persona humana: nacida de la humanidad -participante de la


dignidad humana- especificada por sus libertades esenciales. Apoyándose en
estos valores esenciales, la justicia debe defender la integridad de cualquier
persona contra la agresión y si fuera necesario, contra la misma sociedad.

Pero, ¿por qué medios se podría intervenir para llevar a la humanidad a


redefinir y después a aceptar los valores esenciales de la persona? No
tenemos la pretensión de avanzar unas respuestas que sobrepasan nuestra
inteligencia y nuestras competencias.
Sin embargo, el optimismo nos incita a pensar que una situación desastrosa
puede imponer unas soluciones que, de otra forma, no se habrían
contemplado.

De la violencia actual podría, por necesidad, nacer la tranquilidad…


IX

ÉTICA PARA LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN


MEDIOS DE COMUNICACIÓN PARA LA ÉTICA

¡Hemos ganado!.
¡El equipo de Francia acaba de ganar la Copa del mundo de fútbol!
En ese mismo instante, los 2 mil millones de telespectadores que veían en
directo el encuentro final -y, entre ellos, docenas de millones de franceses-
vibran ante las “extrañas lucernas” de la medíática Mundovisión. Después
asistimos al espectáculo de la alegría de multitudes de franceses, gritando,
disfrazados, tricolorados, exultantes viéndose así mismos en las pantallas
gigantes…
El ambiente de victoria ha empujado al olvido de la indiferencia cualquier otro
pensamiento que no sea este partido del siglo…

Ahora bien, después de esta velada mediática, las divulgaciones lúbricas de la


encuesta político-judicial y casi obsesiva respecto a la actividad sexual de un
personaje mediático – se han beneficiado de un récord de afluencia en
Internet… Naturalmente, esas publicaciones comportan unas consecuencias
inevitables para la democracia y la política, pero es sobretodo la mirada
indiscreta sobre la intimidad de otros lo que está en causa y el hipócrita ”tapen
esta ciberexhibición que no se debería ver…”

Y los medios provocan… ¡Y los medios calientan a su pùblico!

Y los innumerables lectores-auditores-telespectadores -por su parte- se


sumergen y se ahogan en las aguas revueltas de los canales mediáticos.

Hemos sido testigos de eso. Nos hemos sentido más o menos inquietos por
todo eso…
La demagogia y el mercado prescriben vender –inmediatamente y en todos
lados- los “scoops” y los tipos de información más solicitados.

Los medios llegan a las masas y les comunican todo tipo de informaciones, que
pueden, por sus distorsiones, llegar a ser extremadamente malignas. Uno de
los criminales promotores de la propaganda fascista, declaraba incluso
cínicamente:
“No hablamos para decir cualquier cosa, sino para producir un efecto” (Goebbels)

Pero además de la información, los medios difunden todo tipo de formaciones


científicas u otras;
- sirven para propagar creencias e ideologías muy diversas,
- son los vectores de los reclamos comerciales e industriales,
- Finalmente, son utilizados para los endoctrinamientos de todo tipo.

Ahora bien, cada avance del saber del hombre comporta una cara negativa.
Así ocurre con los progresos técnicos de los medios de información.
Sin embargo, si la utilización de estos medios necesita la aplicación de una
ética, recíprocamente, la elaboración y después la difusión de una ética
solamente puede realizarse gracias a los medios de información.

La naturaleza del hombre, casi totalmente edificada por aportaciones exteriores


de informaciones, es una naturaleza esencialmente no natural. Cuanto más
informado está el ser humano, más capaz es de desarrollar su actividad
realmente humana.

La palabra es y sigue siendo el primero y más natural de los medio de


comunicación mediáticos, aunque incluso Talleyrand la denigraba diciendo:
“La palabra le ha sido dada al hombre para disfrazar mejor su pensamiento”.

¿Qué sabríamos de Moisés, de los Profetas, de Cicerón, de Buda, Jesús,


Mahoma, Sócrates, Confucio y de todos los otros grandes iniciadores de la
humanidad si su palabra no nos hubiera sido transmitida -mejor o peor- a
través de las múltiples traducciones e interpretaciones?

Sin embargo, muchas veces me he preguntado cómo se podría, un día, hablar


a todos los seres humanos a la vez –y sobretodo, cómo se podría hacerles
escuchar un mismo mensaje a pesar de las barreras socioculturales y las
desigualdades tecnológicas que les separan.

Pero de todas formas, en el campo metafísico, no se puede verdaderamente


comprender más que aquello que ya se está dispuesto a creer… Lo que
parece evidente para un creyente es completamente incomprensible e
incomunicable para el no-creyente.

Las diferentes “revelaciones” monoteístas, no han logrado franquear los


tabiques de la humanidad –han multiplicado sus divergencias internas en lugar
de suavizarlas en nombre de una misma transcendencia.

E incluso aunque en la actualidad los satélites de Mundovisión o la red mundial


de Internet -ese agujero planetario capaz de encerrar y de difundir cualquier
cosa- aunque estas claves mediáticas universales pudieran teóricamente lograr
esa hazaña, la desigualdad social impediría llegar a todo el mundo porque más
de cuatro mil millones de seres humanos de los seis que pueblan la Tierra no
poseen los medios de acceso más elementales a la información.

La primera revolución mediática fue el invento de la escritura que permitió el


atesoramiento del saber humano para la minoría de aquellos que sabían leer.

La segunda revolución mediática fue la de la imprenta, hacia 1450, por


Johannes Gensfleisch llamado Gutenberg. La difusión de los escritos podía así
llegar a un número de lectores en constante aumento.

El sabio Mendel de Kozk expresó muy bien la problemática de los escritos:


“No es necesario decir todo lo que se piensa;
no es necesario imprimir todo lo que se dice;
no es necesario leer todo lo que se imprime;
no es necesario retener todo lo que se lee”.
De la palabra a la escritura (la logosfera)
y después a la prensa escrita (grafoesfera) para aquellos que saben leer y que
todavía quieren leer
- hasta las ondas radiofónicas, (tercera revolución mediática)para aquellos
que prefieren la audición,
- y hasta la cuarta revolución mediática: la televisión, el cine (el 7º arte) y los
miltimedias (vidoesfera), para los visuales
todo el mundo bien provisto, actualmente, puede en teoría ser conectado,
informado o desinformado, afectado, influenciado -en todo momento y
donde quiera que esté- por los diferentes poderes que disponen de unos
medios de información adecuados, muchas veces financiados gracias a los
pagos de las publicidades más triviales.

Así es como los medios pueden verter sobre las masas una cultura o una
pseudo cultura y a veces incluso una contracultura oficial. Y si la utilización de
las herramientas de difusión mediáticas debe ser objetiva y no tendenciosa o
interesada, sin embargo no deja de ser cierto que lo que es determinante es la
existencia de un espíritu crítico suficiente en aquellos que reciben la
información.

Porque, a fin de cuentas, cada individuo se encuentra solo y es responsable de


sus elecciones ante la información. La aceptación y el rechazo de una
comunicación sea cual sea y sea cual sea el canal, depende finalmente de la
personalidad y de la agudeza de cada uno. Aquellos que no se molestan en
estudiar, reflexionar y analizar, aceptarán cualquier comunicación y formarán
parte de las masas que pueden ser manipuladas por cualquier informador
desleal.

Hace todavía poco tiempo, los medios estaban al servicio de los poderes,
ahora bien parece, actualmente, que los medios controlan, hacen y deshacen a
todos los otros poderes que no son ellos.

¿Hacia dónde y hasta dónde se dejara llevar la democracia por la


“mediacracia”?

En “La Sagesse des Modernes”, publicado por Luc Ferry, André Compte-
Sponville declara: “Me intereso por los mensajes más que por los medios. ¿Cómo éstos, a
pesar de Mc Luhan, podrían ocupar el lugar de lo otros? Una banalidad difundida por millones
de ejemplares sigue siendo una banalidad. Una palabra cierta o profunda puede ser
comunicada solamente a algunos, pero no pierde por ello su profundidad y su verdad. La
imprenta no ha cambiado lo esencial. ¿Porqué lo haría más la televisión?”

Así llegamos al gran problema planteado por el medio televisual acusado


muchas veces de todos los males.

He aquí a título de ejemplo, un catálogo de perjuicios según André Comte-


Sponville: “La televisión tiende a instaurar el reino de la imagen contra lo escrito, del presente
contra la duración o la memoria (contra el espíritu), de lo cuantitativo (la audiencia) contra lo
cualitativo (el genio, el gusto, los conocedores), de la diversión contra la cultura, de la emoción
contra la inteligencia, de los afectos contra los conceptos, del look contra el pensamiento, de la
personalización contra la argumentaciones, de la opinión contra el saber, de lo particular contra
lo universal, del espectáculo contra la acción y la reflexión, del público (los telespectadores)
contra el pueblo (los ciudadanos), del populismo contra la democracia, del audimat contra el
sufragio universal, en resumen, de la comunicación contra la civilización y de la sociedad
mediática contra la sociedad republicana.”

Pero a pesar de todo esto, Comte-Sponville admite que la mundialización y la


instanteanización de la información son finalmente más positivas que nocivas,
porque:
1) “esto avergüenza a los tiranos, a los asesinos, a los opresores y que todo lo que les
molesta es bueno…
2) esto acerca a los hombres entre ellos y nos hemos convertido, gracias a los medios
aunque no lo quisiéramos, en los contemporáneos de y todos nuestros contemporáneos…
3) vivimos en el mismo mundo, y en el mismo tiempo presente…
4) esto nos prohibe al menos el egoísmo con buena conciencia.”

Los medios de difusión tienen pues sus buenas y sus malas utilizaciones. La
solución no es en absoluto -según el ejemplo de los talibanes en Afganistán-
romper los televisores para hacer callar la televisión, a menos de querer como
ellos, llevar al pueblo hacia las tinieblas medievales. Parece sin embargo que
para evitar que las connivencias políticas o los ingresos faraónicos de algunas
superestrellas de los medios no pongan en peligro el espíritu, la cultura y la
democracia, es indispensable velar para que la exactitud, la neutralidad y la
honestidad de toda difusión estén garantizadas por unas instancias éticas.

Jerôme Bindé, director de la Oficina de previsión de la UNESCO, resumía


recientemente la situación en una fórmula lapidaria: “Si queremos que mañana no
sea ya demasiado tarde, la anticipación debe prevalecer sobre la adaptación, la ética del futuro
debe dominar a la tiranía de la urgencia, y el sentido del reparto debe imponerse frente al
egoísmo ciego.” (“Le Monde”, 29 VII 98).

Los humanistas -y especialmente los francmasones liberales- consagran sus


esfuerzos a hacer llegar un momento en el que cada ser humano considere a
cualquier otro ser humano como si fuera la humanidad entera y en el que los
medios se dirijan a la humanidad entera como si fuera la persona por la que
sienten la más alta estima.
X

LA FELICIDAD

“La vida pasa, rápida caravana. Detén tu montura y trata de ser feliz.”
(Omar Khayam)

¿Existe verdaderamente la felicidad o es solamente una ilusión?


Cuando la evocamos, ya está en el pasado.
Cuando la convocamos: solamente es un mito del futuro…
Y cuando pensamos vivirla, nos asustamos de su fragilidad. Solamente la
sabiduría puede hacer aceptar las carencias de la felicidad.

Pero, incluso aunque llegásemos a la sabiduría, todavía existirían los


sufrimientos que alejan cruelmente la felicidad. Porque, aunque poseyéramos
todo aquello que deseáramos tener, todavía sufriríamos de muchos de las
insaciabilidades del ser humano…
Existirían todavía los ruidos que hieren la tranquilidad,
- la insoportable cortadora de césped de los vecinos, y ese perro de no se
sabe dónde, que ladra toda la noche y que llora durante todo el día…
- existiría el gris que molesta a nuestro deseo de sol,
- la maldad, los celos, las imprudencias y la desvergüenza de los otros, los
inevitables sufrimientos físicos, morales o afectivos que aminoran y
deprimen la personalidad … y también ese perro de no se sabe dónde que
ladra toda la noche y que llora durante todo el día…
- y las ineptitudes personales o las decepciones afectivas y también la de
nuestros seres próximos,
- y el silencio o el sufrimiento de Dios para el creyente, o la ausencia de una
transcendencia tutelar para el nocreyente.

Todo esto parece justificar una amarga constatación de Salacrou:


“Somos mucho más desgraciados en la desgracia que felices en la felicidad.”

La felicidad es eminentemente subjetiva –sus condiciones no pueden ni


definirse ni evaluarse por cualquier otro que no sea la persona que la siente.
Las modalidades de la felicidad no son ni morales ni inmorales: son a imagen
de la conciencia personal…
¿Felicidad en la violencia?
¿Felicidad en el amor?
¿En el estudio?
¿Felicidad en la fe en Dios?
¿Felicidad de un Harpagón sentado sobre su cartera?
¿O felicidad de Diógenes disfrutando de los rallos de sol a la entrada de
su tonel?

Los filósofos se han repartido siempre entre dos grandes orientaciones en el


tema de la felicidad:
- los utilitaristas piensan que la búsqueda de la felicidad determina finalmente la
moralidad;
- los otros, por el contrario, afirman que las obligaciones morales deben ser
seguidas independientemente de sus efectos sobre la felicidad.
Ante esta alternativa, ¿hay que preferir una felicidad inmediata basada en unos
placeres efímeros o una felicidad diferida basada en el sentimiento de
perfección que podemos lograr por una vida virtuosa?

La elección dependerá de la función misma que se le reconozca a la ley


religiosa o moral en cuestión: ¿está hecha la ley por los seres humanos o para
los seres humanos, o bien los seres humanos están hechos para aplicar la ley
que les será impuesta por un poder transcendente que viene de otro lado?

La Declaración de los Principios -consenso de todos los miembros de la Orden


Masónica Mixta Internacional “Le Droit Humain”- estipula que:
“… sus miembros buscan, ante todo, realizar en la tierra y para todos los seres humanos, el
mayor avance moral, intelectual y espiritual, condición previa para la felicidad que es posible
lograr a cada individuo en una Humanidad fraternalmente organizada.”

Este texto solicita una exégesis detallada:

“sus miembros buscan ante todo… realizar en la tierra”: en nuestra tierra de


seres vivos –aquí y ahora- y ante todo reenvío a una coyuntura de vida supra o
extra terrestre que emana de una creencia subjetiva o de una dogmática
religiosa…
“y para todos los seres humanos”: es decir, sin ninguna exclusión de orden
sexista, racista, religioso, socio-político o filosófico;
“… el mayor avance moral”: una conformidad progresiva del comportamiento
personal con los grandes principios que permiten a los seres humanos vivir en
sociedad. Es lo que se designa habitualmente bajo la denominación de
“camino iniciático”;
“intelectual”: el francmasón “al seguir siendo un aprendiz toda su vida” aumenta
obligatoriamente sus conocimientos intelectuales. Además, la honestidad
intelectual impone aprender ante de pretender enseñar;
“espiritual”: la espiritualidad masónica incluye el conjunto de los ideales
inmanentes en toda la humanidad, sin rechazar por ello el derecho de cada uno
de sus creyentes personales en el campo transcendental: se trata pues de una
espiritualidad humanista –la única que podría llevar a todos los seres humanos
hacia la paz en la diversidad;
“condición primera de la felicidad que cada individuo puede alcanzar”: es la
felicidad de cada individuo la que se desea y no una felicidad colectiva. En
efecto todos los tiranos -espirituales o temporales- han atormentado y oprimido
a pueblos enteros o naciones para imponerles sus propios criterios de felicidad.

Ahora bien la felicidad no es considerada obligatoriamente como felicidad por


los otros. Por eso es indispensable protegerse contra todos aquellos que
quieren vestir a los demás con un uniforme de la felicidad políticamente
correcta o ideológicamente correcta, porque ese condicionamiento oculta la
mayoría de las veces una violación deliberada de las libertades bajo la máscara
dolorosa de una felicidad circunstancial.

¿Cuál es entonces el significado de la felicidad?


Si para Epicúreo la felicidad puede describirse negativamente, como una
ausencia de todo sufrimiento, según Kant la felicidad puede definirse
positivamente como un estado de equilibrio y de plenitud al que se accede por
la realización de las virtudes y por “la satisfacción de todas nuestras
inclinaciones.”
Por otro lado, afirma:
“La majestad del deber no tiene nada que ver con el disfrute de la vida”.

Para Saint Exupery:


“Si quieres comprender la palabra felicidad, hay que entenderla como recompensa y no como
objetivo”.
Y también: “Si construyéramos la casa de la felicidad la habitación más grande sería el
vestíbulo”.

Como las corolas florales se abren hacia el sol y permanecen orientadas hacia
sus rayos bienhechores, así los seres humanos actúan para alimentar su
consciencia de bienestar y de felicidad.
Sin embargo, la búsqueda de la felicidad significa ya que no somos plenamente
felices. Woody Allen (citado por André Comte-Sponville) escribe:
“Qué feliz sería si fuese feliz.”

Pero ni la realización de una voluntad de poder, ni la posesión de riquezas


materiales o intelectuales pueden, por si mismas asegurar la felicidad; por otro
lado ¿no es verdad que el menor sufrimiento físico o psíquico elimina ya la
felicidad?
Excepto raras excepciones, no se puede soportar el sufrimiento y ser feliz al
mismo tiempo…
En cuanto a la malevolencia, actúa como un antídoto de la felicidad…
No se puede ser feliz y malévolo a la vez.
Si las personas de buena voluntad encuentran normalmente su felicidad
esforzándose en contribuir al bienestar de sus prójimos –por el contrario,
algunos seres perversos tratan de acceder a la felicidad oponiéndose a la de
los otros, es decir, torturando o destruyendo a los otros.

“No basta con ser feliz, también es necesario que los otros sean desgraciados”, lanza Jules
Renard.

Por otro lado, unos conceptos específicos –a veces incluso paradójicos- de la


felicidad, han participado en la edificación de todas las religiones. Si algunos
se esfuerzan por considerar el escándalo del sufrimiento como una felicidad de
sufrir, esto aparece para otros como una credopatía aguda.

El Judaísmo parece haber inventado la noción de un monoteísmo


transcendente. A partir de la confrontación de sus Patriarcas con un cierto
concepto de la Transcendencia, se ha constituido progresivamente una alianza
entre las contingencias materiales de la vida y unas aspiraciones espirituales
de fusión en la inefable unicidad divina. Una felicidad duradera es posible a
través de este diálogo de lo finito con lo infinito y del momento fugitivo con la
eternidad, a condición sin embargo que el ser humano consienta en dejar toda
veleidad de libertad al vestuario de su Cielo… Así el libro de Job -una de las
cumbres de la literatura metafísica de la Biblia- plantea el problema ontológico
del mal que puede surgir entre un hombre de bien y su felicidad legítima como
el rayo estalla entre el tocado y el cielo. El valor sublime de Job se convierte
en el objeto de un debate entre la transcendencia misma y la duda diabolizada
extrañamente eficaz –entre la amistad confiada y la desconfianza instigada por
la intriga – entre la bendición y la maldición… Ahora bien, la divinidad –que sin
embargo no debería dejarse sobornar por el Mal- va a transformar la felicidad
del Justo en desgracia haciéndole perder a sus hijos, sus hijas, sus bienes
materiales y su salud, solamente con el fin de probar su mentalidad en la
prueba. ¿A qué instancia se puede confiar la felicidad si unos celos o una
malevolencia llegan así a hacer caer a un ser virtuoso en las angustias de la
negación de justicia?

¡Salvo sumisión mística ante los horrores de la iniquidad celeste, Auschwitz no


puede beneficiarse de ninguna recuperación teológica o religiosa!

El Cristianismo mmutación greco-romana del Judaísmo- ha emanado de los


mismos textos veterotestamentarios. Sin embargo, sus dogmas rechazan la
felicidad sustituyéndola por la esperanza de beatitudes en un más allá de la
muerte sobre el cual nadie puede testimoniar a no ser por medio de sus
fantasmas… En su argumentación extrema, un cierto integrismo cristiano va
hasta depreciar, es decir culpabilizar, la felicidad terrestre, porque sus dogmas
consideran la vida y sus tentaciones como una prueba -un “valle de lágrimas”-
donde el “sufrimiento redentor” permitiría acceder, por una gracia divina, a unas
felicidades eternas en una existencia eterna… ¿Hay que recordar que ninguna
justicia verdadera puede permitirse asegurar la felicidad de uno
compensándoles por el sufrimiento de otros?
¡La justicia, para florecer, necesita la equidad!

El Islam sigue el pensamiento metafísico de sus dos predecesores


monoteístas.

El Buda Gautama, que vivió entre 557 y 477 antes de la era actual condujo a
una gran parte de la humanidad a estimar que el ascetismo, la abstinencia, la
continencia e incluso la renuncia total pueden llevar al Nirvana -felicidad
suprema- que pondría fin a todo deseo de retorno a la vida y a sus inevitables
sufrimientos.

El Tao-tö-king es todavía más radical al afirmar:


“La desgracia camina del brazo de la felicidad, la felicidad se acuesta a los pies de la
desgracia.”

¿Existe una justicia inmanente o transcendente que concede equitativamente la


felicidad?
Pregunta que siempre permanece sin respuesta.
¿No convoca la felicidad, por sí misma, la desgracia? Un temor que acecha en
todas las supersticiones populares…

Por otro lado, lo que se juzga como bueno se determina sobretodo en relación
con lo que se estima dañino: aquellos que nunca han conocido el sufrimiento
¿pueden apreciar la felicidad de no sufrir?
Un observador escribió:
“Supe lo que era la felicidad por el ruido que hizo al irse”.

En otro orden de ideas, se puede subrayar que la felicidad, que es superficial


cuando resulta de la satisfacción de unos deseos inmediatos, puede
convertirse en sublime cuando ilumina la realización de las opciones
espirituales o éticas de una persona.

El placer -reflejo efímero de la felicidad- ¿puede compensar un sufrimiento


duradero o irremediable? Para responder se puede estar tentado de
parafrasear una célebre canción: “placer que sólo dura un instante ¿vale
verdaderamente una pena que dure toda la vida?”.

¿Debemos –como afirma Aristóteles en “Etica a Nicomaque” 1, II- esperar


hasta el final de la vida de una persona para estimar si ha sido feliz o no?
O bien, ¿es siempre la vida una alternancia de felicidad y desgracia como en
una ciénaga, donde las caletas de agua límpida se mezclan con zonas
fangosas y removidas?
Es la problemática de la felicidad…

“Felicidad” debía escribirse más bien: ”Buena hora”. Porque el tiempo es


bueno cuando no deja espacio a la angustia –ningún lugar para las
preocupaciones de la alimentación-, a la hostilidad de la naturaleza, a las
maldades humanas, a las tristezas del aislamiento, a las agresiones de las
enfermedades o a las angustias de la muerte…

Felicidad –utopía del tiempo….


- el Tiempo finalmente feliz prometido a los creyentes por todas las corrientes
religiosas o políticas…
- el Tiempo paradisiaco de la “Edad de Oro” que algunos inspirados sitúan en
un “pasado mítico” cerrado por el código mágico de una “palabra perdida”
que el adepto debe esforzarse en encontrar…
- el Tiempo mesiánico de la paz universal –que otros inspirados nos
profetizan- para un futuro situado “al final de los Tiempos”…

Pero puede ser también el tiempo presente, fugaz e imparable –ese Tiempo
maravilloso, relámpago inestable que ya pertenece al pasado y que todos
desearíamos conservar por todos los medios- aunque fuera con la ayuda de
estos curiosos aparatos que fijan el instante y que llamamos “máquinas
fotográficas”…

“Oh Tiempo suspende tu vuelo. Y vosotras, horas propicias,


suspender vuestro curso.
Permítenos saborear las rápidas delicias
De nuestros días más bellos”
Nos decía Lamartine…
Y he aquí que registramos colecciones de momentos felices en nuestros
albunes de familia…

Respetando todas las diversas tendencias religiosas o filosóficas de los otros,


los francmasones liberales –convertidos en pragmáticos- prefieren disfrutar de
sus periodos de felicidad hasta la muerte inevitable, más que hipotecar todos
los días de su vida esperando alcanzar milagros celestes. Las fases de
felicidad son, para ellos, trazos luminosos en la noche oceánica del Infinito y de
la Eternidad. La mayoría de los francmasones tratan de controlar la
problemática de “tener o ser” beneficiándose siempre de la búsqueda de la
sabiduría.
Además, los francmasones de nuestra época se esfuerzan por escapar a las
complicaciones de las relaciones, a las tentaciones ridículas de la voluntad de
poder, a las politiquerías mediáticas que minan las sociedades, a las bajezas
inherentes a la patética envidia, al estúpido sexismo y al racismo mortífero.
Solamente en esas condiciones los iniciados pueden acceder a la felicidad de
vivir en el ambiente fraternal y sin desvíos que predican sus instituciones.

Haber vivido sin conocer la felicidad -aunque sea durante periodos cortos-
puede parecerse, de alguna forma, a una vida vegetativa.

¿Nunca hemos deseado otorgarnos la felicidad?


¿Nos hemos consagrado al ascetismo de las mortificaciones?
Y esto como decía Byron, “con la esperanza de merecer el cielo haciendo de la tierra un
infierno”.
¡Qué pena por una vida ahogada!
A no ser que seamos de esos hipócritas -tan excéntricos como egocéntricos-
que, mientras se mortifican y quizás incluso porque se mortifican- encuentran
su felicidad en la esperanza inconfesable de poder disfrutar de una felicidad
eterna en la supervivencia después de la vida, mientras que aquellos que han
decidido tomar su parte de felicidad en la tierra se quemarían en los infiernos y
sufrirían todas las torturas piadosamente imaginadas por frustrados
malintencionados… Paraísos e infiernos son los fantasmas fundadores de los
detractores de la felicidad en la tierra.

A parte de una eventual aptitud hereditaria para la felicidad –citada por la


prestigiosa revista de genética “Nature Genetics, 1996, 14:125-126, en una
editorial sobre “los genes de la felicidad” (de D. Hamer) –la forma de buscar la
felicidad depende de la sabiduría. Las influencias genéticas sobre los
comportamientos, o sobre las complejas características del funcionamiento de
nuestro cerebro, no dependen de uno o de varios genes solamente, sino
ciertamente de una interacción sutil de múltiples variaciones a nivel de genes
múltiples.

Por lo tanto queda excluido que un día se pueda aislar un “gen de la felicidad”
para hacer terapia genética y hacer felices a las personas.

“Buscamos en vano en la lejanía la felicidad cuando olvidamos cultivarla en uno mismo” (J.J.
Rousseau).

Podríamos ilustrar esta afirmación con una parábola oriental:


Al pie de la montaña había un cantero que extraía laboriosamente, con la
ayuda de su cincel y de su mallete, las piedras brutas de su vida cotidiana…
Pero mientras penaba bajo un sol de plomo, ese hombre valiente no dejaba de
reflexionar y terminó por interpelar a su Dios.
“Tu, que eres omnipotente, ¿por qué me has hecho cantero y por qué permites
que el sol me agote durante mi trabajo? ¿Por qué no me has hecho otra cosa
que lo que soy? ¿Por qué no me transformas en sol?”
Y ocurrió que su Dios, repentinamente hizo del pequeño cantero un espléndido
sol.
Pero poco después una nube ocultó ese sol cuya ardiente luz dejó su lugar a
una glacial sombra.
El ruego del cantero se hizo más moderado:
“Si una nube puede triunfar sobre el sol ¿por qué no me haces nube?”
Y su Dios le transformó en nube.
Ahora bien, repentinamente se levantó un viento que alejó la nube…
“Para ayudarme realmente, Dios mío, sería necesario que me transformaras en
huracán” Y se convirtió en huracán…
Pero la tempestad se estrelló contra la montaña.
“Y bien, Dios mío, hazme montaña entonces”.
Y cuando así ocurrió, escuchó claramente en su base rocosa, los golpes de
mallete del pequeño cantero que extraía lentamente las piedras brutas de su
vida cotidiana…

Sea cual sea la duración de su periplo iniciático, lo único que descubrirá el


viajero al final será a él mismo.
La felicidad está en nosotros y no fuera…
Sin embargo, es cierto que en la indecible sinfonía de la felicidad, siempre se
escucha -incluso en la cima de la alegría- el triste recuerdo de un sollozo…

A veces incluso, una hola de felicidad nos inunda mientras que nuestro corazón
se rompe en los arrecifes de la melancolía.
Es la paradoja de la risa a través de las lágrimas…

¿Cómo podríamos saborear una felicidad perfecta sin preocuparnos de


aquellos que sufren?
¿La felicidad? Naturalmente… todos la deseamos.
Pero ¿es posible disfrutar de una felicidad personal sin compartirla –de una
forma o de otra- con alguien más?
Compartir la felicidad -¿no es ofrecérsela también a otros para celebrarla
juntos?
Compartir la felicidad -¿no es el placer de haber podido alegrar a otro? ¿Y no
es finalmente amar al prójimo?
Es por lo que se puede pensar que la felicidad apela y requiere incluso la
participación del amor.
Así pues, es el amor quien es el motivo profundo de las fiestas de familia y,
finalmente, de todas las fiestas colectivas.
Tomemos, sobre este tema, algunas líneas de una obra previa (“Les Sens de
l’Humain”, 1993).

“Si lo que se denomina “amor al prójimo” se mezcla muchas veces con el amor a uno mismo –
(Te amo porque te pareces a mí, por tus gustos, tus ideas, tu carácter… Me amo en ti)- no
ocurre lo mismo con el amor oblativo.”
Así, en cuarenta y seis ocasiones, la Tora hebraica prescribe amar al prójimo,
al extraño… El célebre versículo del Levítico (XIX, 34):
“El extranjero que habita con vosotros será considerado como uno de vosotros, le amarás
como a ti mismo… Yo, el Eterno””,
será expresamente recordado, cerca de mil años después, por los Evangelios
(Mateo XXII, 39, Marcos XII, 28-32), y aparece finalmente en el maravilloso
texto de Pablo de Tarso sobre el amor al prójimo (Corintios I, 12):
“Podría hablar todas las lenguas de la tierra y del cielo,
pero si no tengo caridad,
si me falta el amor,
solamente soy un cobre que resuena, un címbalo resonante,
Podría ser profeta, tener toda la ciencia de los misterios
Y todo el conocimiento de Dios,
Y toda la fe hasta para transportar montañas,
Podría distribuir toda mi fortuna entre los hambrientos,
Podría hacerme quemar vivo,
Pero si me falta el amor, todo eso no me sirve para nada…”

Y en la misma óptica, Comte-Sponville escribe:


“No puedo ser feliz, explicaba Aristóteles, independientemente de la felicidad de mis padres, de
mis hijos, de mi mujer, de mis amigos, y de mis conciudadanos en general. Pero a esa
enumeración, añadía, “hay que aportar algún límite, porque si lo ampliamos a los abuelos, a los
descendientes y a los amigos de nuestros amigos, iríamos hasta el infinito” y nunca seríamos
felices. Es este límite el que los medios de comunicación no dejan de reducir, de sobrepasar,
de relativizar. ¿Cómo ser felices cuando una niña agoniza ante nosotros? Cuando millones de
hombres y de mujeres son oprimidos, deportados, están hambrientos, y cuando cientos de
miles son masacrados casi ante nuestros ojos. ¿Cómo ser felices entre 1940 y 1945, si las
ventanas dan sobre Auschwitz? ¿Cómo, hoy en día, si nuestras “pequeñas ventanas” no dejan
de abrirse, tal como es efectivamente el caso, sobre el horror contemporáneo? De nuevo
pensamos en el Eclesiastés: “Más saber, más dolor…”
(“La Sagesse des modernes”, Ed. Laffont, 1998)

Sin embargo, la preocupación por la felicidad de los otros no exige que uno
mismo sea desgraciado.
“No puede hacer nada por la felicidad de otros aquel que no es feliz él mismo”, escribió
Gide.

La felicidad -triunfo de la vida- es demasiado evanescente como para permitir


diferirla hasta un hipotético “mañana que canta”.

Y también, el deber más urgente de un ser vivo, es celebrar y exaltar la alegría


de vivir para la que ha sido tan maravillosamente construido.
ANEXO

UN MANIFIESTO PARA “LE DROIT HUMAIN” INTERNACIONAL

(Este texto fue redactado para el Coloquio europeo de Utrecht, 11-VI-1999)

Casi todas las civilizaciones han constatado la necesidad de los intercambios


entre las familias, las tribus, los puebles, y sin embargo esta convivencia nunca
se ha realizado todavía.
Ahora bien, tras una evolución de millones de años, el género humano se
encuentra actualmente confrontado a una situación dramática debida a unos
descubrimientos tecnológicos que sobrepasan de muy lejos sus estructuras
morales y éticas. Las señales que sacuden las enormes fracciones de
nuestras civilizaciones anuncian el posible desencadenamiento de violencias
generalizadas cuyas consecuencias son imprevisibles.

Unos síntomas amenazantes (sobrepoblación, guerras, genocidios,


criminalidades diversas, contaminaciones y degradaciones de numerosos
ecosistemas, desertizaciones, economías delirantes, inflación y dispersión del
saber) conducen a la especie humana a llevar a cabo, con toda urgencia, una
revisión total de su forma de pensar y de actuar.

Sin embargo, la humanidad ha llegado a un punto tal de complejidad que,


según Edgar Morin,
“los diferentes elementos que constituyen un todo son inseparables (como lo económico, lo
político, lo sociológico, lo psicológico, lo afectivo, lo mitológico) y existe un tejido
interdependiente, interactivo e inter-retroactivo entre las partes y el todo, el todo y las partes."
(“La tête bien faite”, E. Morin, Ed. Seuil 1999).

Todo parece pues indicar que solamente unos acuerdos multidimensionales y


una cooperación planetaria pueden salvar a la humanidad de la
autodestrucción.

Del mesianismo religioso al mensaje masónico

Desde hace tres milenios -para un gran número de creyentes- la esperanza de


reparación de las catástrofes históricas y también la redención de los pecados
individuales y colectivos encuentran su solución en el mesianismo,
-bien en su versión espiritualista que promete en primer lugar al judaísmo
bíblico y post bíblico, un mundo temporal pacificado “al final de los tiempos”,
gracias a la instauración de una religión universal (Isaias, II, 2-4) 1 (et, XI,1-8) –
y a continuación por un mesianismo específicamente cristiano que afirma la
posibilidad de una salvación eterna en la inmortalidad del alma,…
-bien en su avatar materialista, con los milagros de los “futuros que cantan” del
marxismo-leninismo.

1
“Y al final de los tiempos, el monte de la casa de YHAVH se consolidará en la cima de los
montes, mas alta que las colinas. Todas las naciones fluirán hacia allí.. Si, de Sión saldrá la
Ley, y la palabra de YHVH de Jerusalén. Juzgará a las naciones, persuadirá a numerosos
pueblos. De sus espadas, forjarán rejas, de sus lanzas, hocinos. Ninguna nación levantará
más la espada contra una nación y ya no aprenderán más la guerra”.
Ahora bien, la llegada de un Mesías divino o la creación de un periodo de
justicia socioeconómica para todos, están condicionadas por el establecimiento
previo de la hegemonía de un sistema religioso o político.

Y es por lo que los poderes espirituales o temporales afectados se han afanado


en “ayudar” a la Historia dejando un espacio neto para la consecución de su
ideal: es decir que en función de su etnocentrismo, o de su imperialismo,
fanatismo o totalitarismo, se han lanzado paradójicamente a las guerras y a las
masacres pretendiendo acelerar así la instauración de la paz e incluso del
Amor universal… Millares de conflictos armados e innumerables violencias que
continúan todavía en la actualidad.
¿Entonces? -Sin por eso rechazar o renegar de las creencias mesiánicas -
espirituales o temporales- de cualquiera, ¿por qué los seres humanos no
buscarían sobrepasar su problemática humana gracias a la inteligencia singular
que les particulariza en relación con toda la biosfera?
Un verso de La Fontaine, convertido en proverbio, aconsejaba ya: “Ayúdate y el
Cielo te ayudará.”

También el “Droit Humain”, la Orden Masónica Mixta e Internacional, que


solamente es una rama de la francmasonería liberal en el mundo, pero la más
significativa porque reagrupa a mujeres y hombres de todas las etnias,
religiones o culturas bajo la égida de una Constitución democrática y sin
dogmas –lanza un llamamiento a todos los contemporáneos.
Si el Amor al que aspiran los seres humanos se ha transformado, tan
frecuentemente, en odio, es que la inversión afectiva, con su corolario que
exige reciprocidad, favorece el paso de un extremo al otro.

Y si solamente se quisiera desarrollar la compasión humana, ¿no evitaría esto


las desviaciones del “Amor” posesivo que puede desnaturalizarse hasta llegar a
perseguir e incluso a suprimir a aquellos a los que se pretendía amar?

El “Droit Humain”, con toda modestia, hace un llamamiento a la compasión


humana: una compasión que sustituirá la indiferencia o la maldad por la
tolerancia y la benevolencia recíprocas.

“Te miraré por tus ojos y tu me mirarás por mis ojos, en un verdadero intercambio…” (Moreno)
Eso es la compasión.

A partir de ahí puede precisarse el mensaje del “Droit Humain”: sin esperar más
a la imposición de una mediación transcendente y sin tratar ya de convertir a
todo el mundo a una sola y misma ideología, las mujeres y los hombres pueden
asociarse y vivir en paz en un mosaico intercultural.
Así manifestarán su sentimiento de pertenencia al género humano y su
voluntad de asumir su parte de responsabilidades en su perennización.