ALFREDO ALCAHUT UTIEL

2

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ÍNDICE
INTRODUCCIÓN Pág. 3

ZEUS Y PROMETEO

Pág. 7

SON NUESTROS DIOSES

Pág. 26

ESTAS SON OBRAS ORIGINALES DE ALFREDO ALCAHUT UTIEL, PROFESOR DE GRIEGO DEL IES. RÍO JÚCAR MADRIGUERAS (ALBACETE) A.D. MMIX

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

3

INTRODUCCIÓN
Escribir una obra pensando en cómo será su puesta en escena es siempre un reto angustioso: ¿Quién la representará? ¿Cómo será su puesta en escena? ¿Para qué público irá dirigida? En nuestro caso los padecimientos fueron otros. Las obrillas que aparecen aquí se hicieron justo al revés de lo habitual: teníamos ideas, teníamos alumnos, teníamos público. La cuestión era hilvanar textos, personajes y funciones adecuadas a las edades, a la voz, a la mayor o menor soltura e incluso a la presencia física de los posibles actores o actrices. El tema del teatro estaría claro: los dioses de la antigüedad clásica y lo que nos siguen diciendo a través de los tiempos, mal que les pese a quienes han intentado seccionar las raíces de nuestra cultura, ignorantes ellos, como si pensasen que árbol sin raíces puede dar fruto por tiempo duradero... Pero volvamos a lo nuestro: lo que van a encontrar aquí son dos obras hechas a la medida de los alumnos de 3º y 4º de ESO. y de 1º de Bachillerato del IES. Río Júcar, y representada también la segunda bajo la dirección de Carmen Roldán Ibáñez en el IES Cañada de la Encina de Iniesta (Cuenca), pero que vistas y leídas por otras personas ajenas a su representación han merecido los suficientes –y

4

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

críticos- elogios como para que nos planteemos su publicación, confiando en que a otros servirá lo que a nosotros sirvió. Zeus y Prometeo es una ora paródica, heredera por igual del drama satírico y del sainete, con especial referencia a los Diálogos de Luciano de Samosata. Luciano es un autor tan agradable de leer como útil para hacer representaciones a partir de sus encantadoras y cínicas obras. De él tomamos el título y parte del planteamiento de esta obra, e incluso nos hemos permitido reproducir un párrafo casi textual de su diálogo, concretamente el que al final de la obra pronuncia Zeus. El argumento es el siguiente: El titán Prometeo crea el linaje mortal de los hombres a escondidas de Zeus, y sigue apoyándolos en su precaria existencia aunque Zeus se oponga, llegando al extremo de arrostrar un duro castigo. Todo ello tiene lugar en un marco de exhibición mitológica -con pretensiones claramente didácticas- y de bromas tópicas en torno al eterno conflicto esposo-esposa, aquí centrado en la inmortal pareja Zeus-Hera, que tantos argumentos ha dado a lo largo de la historia a artistas, poetas y escritores. La obra está construida en un solo acto subdividido en cinco escenas, dos de las cuales son en realidad intermedios líricos de función semejante a la de los coros de teatro euripídeo, y que pueden ponerse o suplirse a placer.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

5

La segunda obra (la hemos puesto en este lugar pues se compuso años más tarde), Son nuestros dioses, aúna

experiencias artísticas, teatrales y literarias. Partiendo de una actividad extraescolar tan sugerente como son los cuadros y esculturas vivientes, hace unos años representamos el grupo escultórico del nacimiento de Atenea bachillerato. El tema es el nacimiento de Atenea de la cabeza del padre Zeus, al que asisten la mayor parte de los olímpicos. La obra de Fidias está ahora en el Museo Británico, pese a las continuas protestas del gobierno griego, lo que explica el uso del inglés, muy básico y elemental, en el comienzo de la obra teatral. Tanto en el grupo escultórico como a la hora de escribir el texto dramático nos hemos tomado algunas licencias respecto a lo que aparecía en el Partenón. Les rogamos respeten la libertad de los artistas y esperamos que comprendan las limitaciones que hemos tenido. La idea original nace y es fruto de la constatación de una realidad: el arte ha permitido la plena vigencia de los mitos, nuestros mitos, y por arte entendemos desde la pintura a la publicidad, pasando por la poesía y el cine. Esta idea y la necesidad de dar una “catequesis mitológica” reivindicativa nos ha llevado a plantar esta obrilla, que consideramos tan agradable como instructiva. con alumnos de 1º de

6

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

La obra consta de tres actos, de los cuales el central es un teatro dentro del teatro, subdividido en seis escenas articuladas en torno a parejas de dioses, siguiendo el modelo de los Diálogos de ya citado Luciano de Samosata. Leída o representada, Son nuestros dioses es, como las abejas, útil, y nos está sirviendo ya de mucho, al menos para aprender, enseñar y convencernos de que los dioses, estos dioses, son en definitiva, nuestros dioses. Que los lectores y espectadores nos juzguen con espíritu crítico y benevolente.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

7

ZEUS Y PROMETEO
DRAMATIS PERSONAE (PERSONAJES)
ZEUS SELENE ATENEA AURORA HERA HERMES PROMETEO AFRODITA ÁRTEMIS

8

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ACTO ÚNICO ESCENA PRIMERA
Zeus entra en el Olimpo y se pasea hablando

autoritariamente hasta acabar sentándose plácidamente en un sillón. ZEUS: ¡Qué paz! ¡Qué a gusto se está en Olimpo, sintiéndose uno señor y dueño del universo, sabiendo que nada ni nadie hay encima de ti! Pues soy Zeus, el dios supremo, y nada ni nadie se mueve sin mi conocimiento y permiso. Voy a sentarme... ¡Oh! ¡Qué aire más fresco se respira! No hay problemas, no hay inquietudes, no hay nada que... Irrumpe interrumpiéndole la diosa Atenea. ATENEA: ¡Padre, padre mío! ZEUS: (Levantándose sorprendido) Pero ¿qué es esto, Atenea, hija mía querida y predilecta, la nacida de mi cabeza? ATENEA: (Se planta delante de Zeus y de cara al público con un mohín de enfado) ¿Querida? ¿Predilecta? ¿Sí? ¡Pues bien

enfadada que estoy con lo que has hecho! ZEUS: ¿Yo? ¿Qué es lo que he hecho yo? A ver, hija mía querida, cuéntamelo. ATENEA: Me acabo de enterar de una cosa... ZEUS: (Con cara de tener paciencia) ¿De qué cooosa, hija mííía?

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

9

ATENEA: Yo, padre, por designio tuyo y del destino, soy la diosa de la inteligencia, ¿no es verdad? ZEUS: Así es. Pero, ¿qué es lo que tanto te preocupa, Atenea? ¡Por la Estigia, cuéntamelo ya! ATENEA: ¡Que has creado unas criaturas dotadas de

inteligencia, llamadas hombres, sin saberlo yo! (Llorosa se va a un rincón, ante la consternación de Zeus. ZEUS: ¡Te aseguro que yo no sé nada! Entra Hera dando voces. HERA: ¡Bien seguro que tú no sabes nada! Vaya un padre de los dioses, señor del anchuroso cielo y del éter, que no sabe nada. ZEUS: (Aparte, al público) ¡Mi mujer, Hera! ¡Se acabó la tranquilidad! HERA: Pobre Atenea, ya está llorando, y eso que no es hija mía, pero, ¿qué te puedes esperar de un padre, o qué me puedo esperar yo de un marido así? ¡Ay, Zeus! No, si ya me lo previno mi madre, que por algo también era la tuya, cuando me decía: “¡Hija mía, te vas a casar con un tonto!” ¡Pero qué tooonto! ZEUS. ¡Hera! ¡Mide esas palabras! HERA: Si cuando yo digo que es un tonto... ¡Pero qué tonto! ZEUS: (Fuera de sí) ¿Pero es que no va a haber nadie que me diga lo que está pasando en la tierra sin que lo sepa el Señor de los cielos? ¿No hay nadie que lo sepa? Entra rápido como el viento y dando saltos Hermes.

10

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

HERMES: Yo sí lo sé, yo sí lo sé, yo sí lo sé, yo lo sé todo. ZEUS: ¿Sabes tú acaso, oh amado hijo Hermes, qué hecho asombroso acaba de ocurrir en la tierra? HERMES: Siendo yo como soy el mensajero de los dioses, oh Zeus padre mío, convendrás en que a mí no se me tiene que escapar nada de lo que pasa, así en la tierra como en el cielo o en los infiernos. Prometeo es el culpable. Él ha creado esas criaturas. ZEUS: ¿Cómo son esas... criaturas? HERMES: Tú mismo desde aquí los puedes ver. (Miran ambos hacia el público) ¿No los ves allí? Míralos... ZEUS: ¡Ah! ¡Qué feos! Pero no son iguales... HERMES: (Señala hacia el público) No, unos son como aquel, calvos; otros llevan barba, como aquel de allí... unos son más claros, otros tiran a tostado... ZEUS: (Asintiendo) ¡Pues sí que ha trabajado Prometeo! (Pensativo) ¡Prometeo! (Con voz y talante autoritario) ¡Hermes, hijo mío! ¿A qué esperas para convocar hasta aquí a Prometeo? HERMES: ¡Voy volando, padre mío! ZEUS: (A las diosas) Y vosotras retiraos de una vez, que de mi boca saldrá una gran explosión de energía y de autoridad. HERA: ¡Sí! ¡Algún regüeldo! ¡Vámonos, Atenea! ¡A ver si este es capaz de hacer algo!

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

11

ATENEA: ¡Eso! Haz algo, padre querido, no consientan que me insulten. Zeus las despide en silencio con la mano, con gesto entre autoritario y cariñoso. Llegan al momento Hermes y Prometeo. HERMES: ¡He aquí al titán Prometeo, hijo del Titán Jápeto, nieto de Cielo y de Tierra! PROMETEO: (Afectuoso, avanza con los brazos abiertos) ¡Salud Zeus, primo mío! ZEUS: (Irritado) ¡Ni primo ni prima! Antes de responder a tu saludo, explícame lo de ciertas cosillas que has creado. PROMETEO: ¿Cosillas? ¿Qué cosillas? Zeus está plantado con los brazos cruzados frente al público. Con la barbilla señala a los hombres, mientras Prometeo trata vanamente de comprender. Al final tercia Hermes. HERMES: ¡Que Zeus quiere que le expliques lo de la creación de los hombres! PROMETEO: ¡Ah! Si ha sido un juego. Escúchame, Zeus: yo estaba aburrido, y me entretuve en mezclar arcilla y agua, y con el barro modelé unas figuras de seres parecidos a nosotros, a los que he llamado “hombres”. Después les soplé con mi hálito divino (Sopla suavemente) y les insuflé vida e inteligencia. ZEUS: Sin decirme nada a mí ni pensar en las consecuencias. PROMETEO: Era solo un juego.

12

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ZEUS: Atenea está irritada: ella es la diosa de la inteligencia y tú has creado inteligencia. PROMETEO: (Después de mirar al público) No te creas: no mucha. Además, son seres débiles que apenas alcanzan a coger los frutos de los árboles. Nunca podrán crear nada ni asemejarse a nosotros los dioses. ZEUS: Sea, lo hecho, hecho está, pero escúchame bien lo que te he de decir: prohíbo terminantemente que nadie saque del Olimpo el fuego ni que en modo alguno se lo dé a los hombres. ¡Esta es la voluntad de Zeus y ay de quien la incumpla! Se van los tres serios y en silencio.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

13

ESCENA SEGUNDA AURORA Y SELENE
Con el fondo de una música suave salen con paso tranquilo Selene y Aurora. Se van cruzando por el escenario con pasos como los de una danza lenta, armónica y pausada. SELENE: Te saludo ¡oh Eos inmortal y divina, Aurora de rosados dedos, madre del dorado día! AURORA: Yo también te saludo, ¡oh blanca y plateada Selene, diosa de la Luna, señora de la noche! ¿Qué nuevas trajo la oscuridad al mundo? SELENE: Una gran inquietud he notado bajo el techo de la noche. Y un prodigio nunca visto: contemplé más estrellas en la tierra que en la bóveda del cielo AURORA: ¡Sorprendente noticia das de algo que jamás se vio! SELENE: Como si fuese espejo de bronce o mar en calma la tierra veíase salpicada de luminarias.

14

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

SELENE: Vayámonos raudas para que llegue el día y Zeus aclare estos nuevos misterios. Se van. Cesa la música.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

15

ESCENA TERCERA
ZEUS: (Entrando) ¡A ver qué disgusto nos trae el día de hoy! (Mirando al público) Siguen ahí. (Se sienta en su sillón, pensativo) ¡Vaya gana de complicarse la vida por esos... hombres! Irrumpe interrumpiéndole la diosa Ártemis. ÁRTEMIS: ¡Padre, padre mío! ZEUS: (Levantándose sorprendido) Pero ¿qué es esto, Ártemis, hija mía querida y predilecta, la nacida de Leto en la brillante Delos? ARTEMIS: (Se planta delante de Zeus y de cara al público con un mohín de enfado) ¿Querida? ¿Predilecta? ¿Sí? ¡Pues bien

enfadada que estoy con lo que has hecho! ZEUS: ¿Yo? ¿Qué es lo que he hecho yo? A ver hija mía querida, cuéntamelo. ARTEMIS: Me acabo de enterar de una cosa... ZEUS: (Con cara de tener paciencia) ¿De qué cooosa, hija mííía? ÁRTEMIS: Yo, padre, por designio tuyo y del destino, soy la diosa de los bosques y de la caza ¿no es verdad? ZEUS: Así es. Pero, ¿qué es lo que tanto te preocupa, Ártemis? ¡Por la Estigia, cuéntamelo ya!

16

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ÁRTEMIS: ¡Que has incendiado la mitad de los bosques de la tierra con tus rayos, sin saberlo yo! ¡Y ya no quedan ni árboles ni caza! (Llorosa se va a un rincón, ante la consternación de Zeus). ZEUS: ¿Yooo? ¡Te aseguro que yo no sé nada! Entra Hera dando voces. HERA: ¡Bien seguro que tú no sabes nada! Vaya un padre de los dioses, señor del anchuroso cielo y del éter, que no sabe nada, nada. ZEUS: (Aparte, al público) ¡Mi mujer, Hera: se acabó la tranquilidad! HERA: Pobre Ártemis, ya está llorando, y eso que no es hija mía, pero, ¿qué te puedes esperar de un padre, o qué me puedo esperar yo de un marido así? ¡Ay, Zeus! No, si ya me lo previno mi madre, que por algo también era la tuya, cuando me decía: “Hija mía, ¡te vas a casar con un tonto! ¡Con un tonto! ¡Pero qué tooonto! ZEUS. ¡Hera! ¡Mide esas palabras! HERA: Si cuando yo digo que es un tonto... ¡Pero qué tonto! ZEUS: (Fuera de sí) ¿Pero es que no va a haber nadie que me diga lo que está pasando en la tierra sin que lo sepa el Señor de los cielos? ¿No hay nadie que lo sepa? Entra rápido como el viento y dando saltos Hermes. HERMES: Yo sí lo sé, yo sí lo sé, yo sí lo sé, yo lo sé todo. ZEUS: Habla de una vez

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

17

HERMES: Han sido los hombres: Prometeo sacó del Olimpo a escondidas un ascua y se la llevó a los hombres. Les ha enseñando a usar el fuego, y ahora ellos funden metales, hacen hogueras, queman bosques... Recrudece el llanto de Ártemis. HERA. ¡Zeus, hazme caso y aniquila a los hombres! ZEUS: (Mirándola con torva faz) ¡Hera! ¡Qué expeditiva! (Reflexiona un instante) ¡Hermes! ¡Hermes! HERMES: ¡Qué! ¡Qué! ZEUS: Ya me estás trayendo a mi presencia a Prometeo. ¡Antes de que me siente! Efectivamente, antes de sentarse ya están Hermes y Prometeo. HERMES: Padre Zeus, he aquí al titán. ZEUS: (Dando vueltas en torno a Prometeo) ¿Conque jugando con el fuego, eh, titán? PROMETEO: Escucha Zeus, todo tiene su explicación: ZEUS: Eso espero. Sentémonos. Se va a sentar él, no sin antes pugnar con Hera y Hermes por el sillón. Todos se sientan en el suelo. Prometeo, de pie, habla. PROMETEO: Si os habéis fijado bien veréis que los humanos son débiles. Carecen de garras o pelo para protegerse de enemigos e inclemencias. Están expuestos a las fieras y al frío.

18

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

Son nuestros esclavos: siempre estarán a nuestro servicio. Si son demasiado débiles, en nada nos aprovechan. Piénsalo. Sólo con el fuego podrán cultivar y dominar a los animales. ZEUS: (Tras un momento de reflexión) Ya lo he pensado. Diremos a los hombres que cada vez que consigan algo me han de sacrificar lo mejor de sus ganados. Pero es mejor que yo, personalmente, elija la parte de la res que a partir de ahora los hombres mortales (Señalando al público) sacrificarán a los dioses, parte que será arrojada al fuego (Recalca esta palabra mirando a Prometeo) y aspirada y saboreada por nosotros, los olímpicos (Mirando sonriente a las diosas) ¿Vamos, primo Prometeo? PROMETEO: Pronto es tarde, primo Zeus. Se van todos. Al poco Zeus vuelve. ZEUS: Ya está. He ordenado que quemen en nuestro honor el montón más pingüe y carnoso de la res. Pronto subirá hasta el Olimpo el olor de la grasa derramada sobre los altares. ¡Ya! ¡Ya! (Empieza a olfatear con deleite; pronto sin embargo comenzará a hacer muecas) ¿Pero esto qué es? ¿A qué huele esto? HERA: ¡A mierda! ¡Esto huele a mierda! ¿Has ordenado a los hombres que quemen las boñigas en los altares o qué? ¡Aaag! Entran las diosas dando arcadas. ATENEA: ¡Ay, qué asco! ¡Qué aprensión! ¡Aaag!

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

19

ÁRTEMIS: ¡Ay, qué arcadas me están dando! ¡Ay qué peste! ¡Ay, que devuelvo! ¡Aaag! ZEUS: ¡Hermes! ¡Hermes! HERMES: Perdona padre Zeus, pero ¡te han engañado como a un tonto! ZEUS: ¡Prometeo! HERMES: ¡En efecto! Mientras tú estabas ocupado viéndole los muslos a Afrodita convenció a los hombres de que hicieran dos montones: en uno iban los lomos y los perniles, cubiertos por dos tripas; en otro las pezuñas, el pellejo, los pelos del rabo y las tripas, bien rellenas de... y sin lavar, y encima pusieron un filete reluciente de grasa. Y ese fue el montón que tú elegiste para siempre. ZEUS: ¡Esto ya es demasiado! ¡Llama a Prometeo! Vuelve en un santiamén empujando a Prometeo. HERMES: Aquí está. ZEUS: Esto es excesivo, Prometeo. PROMETEO: Sí que es excesivo: que un dios todopoderoso le arrebate a unas débiles criaturas mortales lo mejor de lo que consiguen con su esfuerzo, total, para cuatro días que viven, pues sí, es excesivo. ZEUS: Prometeo, Prometeo, sabes tú mucho. Una pregunta: los hombres... ¿tienen sexo? PROMETEO: Sí. Son todos machos.

20

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

HERMES: Todos, todos muy machos. ZEUS: Bien. Dejaremos estar el asunto con esta condición: jurarás solemnemente por la Estigia que no harás más hombres. Así, al no poderse reproducir, su número será limitado y cuando mueran, recobraremos todos la calma. PROMETEO: Juro por la Estigia que no haré más hombres. Es palabra de un titán. ZEUS: Descansemos hoy, pues. Se van todos.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

21

ESCENA CUARTA AURORA Y SELENE
Con el fondo de una música suave salen con paso sosegado Selene y Aurora. SELENE: Te saludo ¡oh Eos inmortal y divina, Aurora de rosados dedos, madre del dorado día! AURORA: Yo también te saludo, ¡oh blanca y plateada Selene, diosa de la Luna, reina de la noche! ¿Qué nuevas trajo la oscuridad al mundo? ¿Sigue la inquietud? ¿Siguen las luminarias? SELENE: Se acrecienta y no mengua la gran inquietud: hay luces llamadas hogares, una nueva raza puebla la tierra, la noche se llena se suspiros y gemidos. AURORA: ¡Sorprendente noticia traes de algo que jamás se oyó! SELENE: ¡Como si fuese el canto de mil aves que en celo rompiesen silencios con voces llenas de pasión!

22

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

AURORA: Marchemos las dos veloces para que llegue la mañana: los olímpicos decretarán cuál será el porvenir de esta nueva estirpe. Se van. Va cesando la música.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

23

ESCENA QUINTA
Zeus sale y se sienta, pero de pronto irrumpe

interrumpiéndole la diosa Afrodita. AFRODITA: ¡Padre, padre mío! ZEUS: (Levantándose sorprendido) Pero ¿qué es esto, Afrodita, hija mía querida y predilecta, la nacida de la espuma del oscuro mar? AFRODITA: (Se planta delante de Zeus y de cara al público con un mohín de enfado) ¿Querida? ¿Predilecta? ¿Sí? ¡Pues bien enfadada que estoy con lo que has hecho! ZEUS: ¿Yo? ¿Qué es lo que he hecho yo? A ver hija mía querida, cuéntamelo. AFRODITA: Me acabo de enterar de una cosa... ZEUS: (Con cara de tener paciencia) ¿De qué cooosa, hija mííía? AFRODITA: Yo, padre, por designio tuyo y del destino, soy la diosa del amor y de las relaciones amorosas ¿no es verdad? ZEUS: Así es. Pero, ¿qué es lo que tanto te preocupa, Afrodita? ¡Por la Estigia, cuéntamelo ya! AFRODITA: ¡Tú has proporcionado a los mortales una relación con seres femeninos, con quienes duermen, se aman y se reproducen, sin saberlo yo! ¡Y ya no cuentan conmigo para nada! ¡Con lo sensible que soy yo! (Llorosa se va a un rincón, ante la consternación de Zeus.

24

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ZEUS: ¿Yooo? ¡Te aseguro que yo no sé nada! Pero, ¿Cómo es posible? (Mirando al público) ¡Pues es verdad! Veo junto a los hombres a seres más atractivos. Algunas (Con cara de satisfacción) se parecen a ti, Afrodita... Otras (Con cara de repugnancia) a mi esposa Hera. Entra Hera dando voces. HERA: ¡Bien seguro que tú no sabes nada! Vaya un padre de los dioses, señor del anchuroso cielo y del éter, que no sabe nada. ZEUS: (Aparte, al público) ¡Hablando de la maroma mira por donde asoma! HERA: Pobre Afrodita, ya está llorando, y eso que no es hija mía, pero, ¿qué te puedes esperar de un padre, o qué me puedo esperar yo de un marido así? ¡Ay, Zeus! No, si ya me lo previno mi madre, que por algo también era la tuya, cuando me decía: “Hija mía, ¡te vas a casar con un tonto! ¡Pero qué tooonto más grande, pero qué tonto, pero qué...! ZEUS: (Casi rugiendo) ¡Hermes! Entra rápido como el viento y dando saltos Hermes. HERMES: Yo sí lo sé, yo sí lo sé, yo sí lo sé, yo lo sé todo. Prometeo ha creado a unas criaturas femeninas y las ha puesto junto a los hombres. ZEUS: ¿De modo que ahora tenemos hombres y “hombras”? HERMES: No se llaman “hombras”, sino “mujeres”. ZEUS: Mujeres, mujeres. ¿Y para qué queremos las mujeres?

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

25

HERMES. (Con un gesto despectivo y afeminado) ¡Eso digo yo! ¿Para qué queremos las mujeres? HERA: ¡Pero par de imbéciles! ¿Es que no os dais cuenta de que hombres y mujeres se multiplicarán, llenarán la tierra como una plaga y esto será el acabose? Zeus se sienta, derrumbado. Por cada lado se acercan Afrodita y Hermes. AFRODITA: (Muy cariñosa) Papá, papaíto Zeus, haz algo, por favor, mm... HERMES: (Muy cariñoso) Papá, papuchi, mm... ZEUS: (Levantándose majestuoso) ¡Hermes! ¡Hermes! ¡Hermes! HERMES: ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? Zeus señala al lado, sin decir nada. Hermes vuela como un rayo. Al momento arrastra a Prometeo con una cadena. PROMETEO: Escucha, Zeus, yo sólo quería... ZEUS: (Cortándole) ¡Cállate! Has sobrepasado en tu osadía todo lo imaginable. Por tu culpa hemos de aguantar a esa perniciosa criatura. Tu castigo será terrible. (Pasea en silencio mientras a un lado se agrupan en silencio las diosas; a otro lado Prometeo y Hermes) ¡Hermes! Iréis Prometeo y tú, los dos solos, al monte Cáucaso. HERMES: (Complacido) ¡Aaaah! PROMETEO: (Preocupado) ¿Eeeeh? DIOSAS: (Asombradas) ¡Ooooh!

26

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ZEUS: Luego allí, Hermes, desnudarás a Prometeo... HERMES: (Complacido) ¡Aaaah! PROMETEO: (Preocupado) ¿Eeeeh? DIOSAS: (Asombradas) ¡Ooooh! ZEUS: Una vez desnudo lo encadenarás a una roca... HERMES: (Complacido) ¡Aaaah! PROMETEO: (Preocupado) ¿Eeeeh? DIOSAS: (Asombradas) ¡Ooooh! ZEUS: Y una vez encadenado enviaré un águila que le devorará las entrañas, las tripas y el hígado (Lo dice con saña). HERMES: (Preocupado) ¿Eeeeh? PROMETEO: (Complacido) ¡Aaaah! DIOSAS: (Asombradas) ¡Ooooh! HERA: ¡Poco me parece! ¡Qué tonto eres, marido, no aprovechas ni para castigar! ZEUS: Como es inmortal, por la noche le dejaré descansar para que sus entrañas se regeneren: ¡el tormento será eterno! HERMES: Padre Zeus, ¿no sería mejor que yo le aplicase personalmente alguna tortura más... refinada? PROMETEO: ¡No, no, el águila, el águila! ZEUS: ¿Te gusta el... regalo, Prometeo? PROMETEO: Pues casi sí, porque es una tortura sólo de día, mientras que tú tienes el tormento de tener que soportar a tu esposa día y noche. ¡Suéltame y déjame en paz!

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

27

ZEUS: ¿Qué te suelte, dices, a ti, que deberías llevar cadenas todavía más fuertes, y el Cáucaso entero sobre tu cabeza, con dieciséis buitres que no sólo te desgarraran el hígado sino también que te vaciaran los ojos, en pago de habernos fabricado unos seres como los hombres, de habernos robado el fuego y haber creado a las mujeres? ¿Y qué decir del engaño que me hiciste en el reparto de las carnes, al presentarme huesos y tripas cubiertos de una capa de grasa, mientras guardabas la mejor parte? ¡Sal de mi presencia! ¡Hermes, llévatelo! HERA. ¿Y con los hombres, qué harás? ZEUS. ¡Dejadme solo! Zeus se pasea hablando solo. ZEUS: Los hombres... Las mujeres... Mi esposa... De día... de noche... Tormento... (De pronto a Zeus se le ilumina el rostro; sonríe y se frota las manos) ¡Venid todos raudos! Zeus ha tomado una decisión. Por un lado acuden las diosas. Por otro acude Hermes arrastrando de una cadena a un semidesnudo Prometeo. ZEUS: He decidido ser generoso con los mortales. (Risa malévola) ¡Hombres y mujeres, he aquí mi decisión! Os concedo el matrimonio... para que gocéis de la misma felicidad de la que gozamos mi esposa Hera y yo.

28

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

HERA: ¡Por fin algo sensato! Zeus, vámonos a acostar, a ver si al menos en la cama vales para algo, y por lo menos vámonos a descansar, que estos mortales estarán cansados... TODOS: ¡Y esta obra se acaba ya!

FIN

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

29

SON NUESTROS DIOSES
DRAMATIS PERSONAE (PERSONAJES)
VIGILANTE GUÍA GRUPO DE VISITANTES BACO-DIONISO VULCANO-HEFESTO JÚPITER-ZEUS JUNO-HERA DIANA-ÁRTEMIS APOLO VENUS-AFRODITA MINERVA-ATENEA MERCURIO-HERMES CERES-DÉMETER PROSERPINA-PERSÉFONE

30

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

PRIMER ACTO ESCENA ÚNICA
El escenario es la sala de un museo en el que un vigilante se pasea. Consulta al reloj. Desde fuera se oyen pasos y explicaciones. El vigilante mira por la puerta. Cuando se cerciora de que llegan, descorre un telón y se ve un grupo escultórico: el nacimiento de Atenea del frontón del Partenón... VIGILANTE. Good evening, Jane. GUÍA: Good evening, Peter.. VIGILANTE: Remember, please, it´s too late... GUÍA: Yes, yes. Don´t worry. This group´s finishing here. VIGILANTE: Okey. They come from Spain, don´t they? GUÍA: Yeah. Please, por favor. (Al grupo, en castellano, con ligero acento inglés) Señores, por favor, yo ruego un última atención. Este es grupo scultórico “El nacimiento de Athena”, procedente del Parthenón o templo de Athena. Originalmente estas statuas estaban en el Parthenón. Lord Elgin las trajo aquí para su conservación y protección. Gracias a Lord Elgin hoy pueden verlas ustedes aquí, en este gran museo. Observen ahora la scena. En el centro, sentado en su trono, Zeus, dios supremo. El mito cuenta que Zeus había devorado a Metys, la diosa de la inteligencia para evitar que nadie fuese superior a él.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

31

A los nueve meses sintió fuerte dolor de cabeza. Entonces pidió a su hijo Hephestus, también llamado Vulcanus, que le abrira la cabeza con hacha. Hephestus así lo hizo y salió, armada, la diosa Athena. Al lado otros dioses contemplan la scena: a la derecha de Hephestus: Hera, Aphrodite, Artemise y Apolo. A la izquierda Demeter, Persephone, Hermes y Dionisus. Contemplen esta maravilia, obra de Fidias, hecha hace casi 2.500 anios. En estas sculturas y en este templo el arte griego liega a máxima perfección formal y spiritual. Lo divino y humano se igualan. Recuerden que aquí en British Museum sí se pueden hacer fotos. Los visitantes hacen comentarios sobre el grupo escultórico mientras van echando fotos GUÍA: Aquí acaba nuestro recorrido. (Les va echando la mano) Yo espero que les haya gustado nuestro museo. Les deseo feliz resto de estancia en Londres. Hasta luego. Se despiden y se van todos. El vigilante se marcha poco después, tras el grupo. Quedan los dioses del grupo escultórico, solos.

32

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

SEGUNDO ACTO ESCENA PRIMERA EL DESPERTAR DE LOS DIOSES
Tras un momento de silencio los dioses comienzan a moverse. Zeus, primero con cuidado, después con menos sigilo y con señas, envía a Baco a vigilar. Éste se aleja, mira con

cautela, vuelve y avisa. BACO: No hay mortales a la vista (Comienza a dar saltos, a desperezarse; saca una copa, la llena de una jarra escondida y empieza a beber) Estaba ya seco, por la Estigia. Los dioses comienzan a levantarse, a masajearse las piernas, a desperezarse. APOLO: ¡Qué cansancio! Ya no soportaba más estar tumbado. JÚPITER-ZEUS: Pues yo tenía los riñones hechos polvo de estar erguido en mi trono. JUNO-HERA: (Irónica) ¡Qué atroz sufrimiento! Tiene las

posaderas desgastadas de estar en su muelle trono, sosteniendo el rayo. Pues, ¿y los demás, que estamos manteniendo posturas inverosímiles al borde de un asiento? VULCANO-HEFESTO: ¡Eso, eso, y yo con la doble hacha en vilo, que me daban unas ganas de meterle un hachazooo! Zeus mira con torva faz, o sea, con mala cara.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

33

VULCANO-HEFESTO: No me mires así, padre Zeus, con torva faz. Que no me mires, te digo. Si ya no mandas en nada ni en nadie, ni tú ni ninguno de nosotros. Al oír esas palabras todos se quedan parados, serios, absortos, cabizbajos, reflexionando en silencio durante largos momentos. MINERVA-ATENEA: (Avanza hacia el público, resuelta) Es verdad, hemos de reconocerlo: nadie se acuerda de nosotros. Las deidades olímpicas estamos ya pasadas de moda. Nuestros templos o desaparecieron, o fueron reconvertidos. Nadie llena hoy de ofrendas los altares de los dioses. JUNO-HERA: Es cierto. La única manera con la que los dioses podemos mantener vivo nuestro recuerdo es convirtiéndonos todos los días en esculturas. Vivimos en el arte, en la escultura, en la pintura, en la literatura... ¡y nada más! ¡Y nada más! MINERVA-ATENEA: Pero eso es así desde hace muchos siglos: ya lo sabemos todos. ¿O no es verdad? (Paseándose preocupada) Lo tomas o lo dejas. Si no hiciéramos tal,

caeríamos en el Leteo, en el eterno olvido. Si no seguimos obrando de esta suerte, haciendo precisamente esto que estamos haciendo, los mortales terminarán por olvidarnos, como de hecho están haciendo, salvo estos cuatro turistas que vienen a vernos de vez en cuando. Se retiran en silencio.

34

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ESCENA SEGUNDA BACO Y VULCANO
BACO: (Sale tambaleándose y bebiendo de una copa) De mí sí que se acuerdan todos los mortales (Señala al público), viejos y jóvenes... ¡Vaya que si se acuerdan de Baco, dios de las vides, del vino y de la borrachera! Antes me rendían culto sólo en las grandes fiestas, pero ahora, (En tono grandilocuente) ahora todos hacen sacras libaciones en honor de Baco los viernes, los sábados y los domingos, y los universitarios, los jueves. Casi toda la semana me está dedicada. Además, (Engreído) no sé si sabéis que incluso me dedican premios. (Mirándolos por debajo del hombro) Mirad si no. (Interpelando al público) ¿Qué premio obtienen los vinos más apreciados y famosos? ¿Eh? ¡Venga! ¿Qué premio? El Premio Bacchus de Oro, el Bacchus, yo, Baco (Se señala) Que hacen una fiesta un poco... excesiva, desmesurada, ya me entendéis... ya están diciendo: ¡Vaya bacanal! Que una va un poco pasado, le dicen: “Delirio báquico”. En fin que no se olvidan de mí por lo menos... Yo, por mi parte brindo por todos vosotros (Hace un brindis al público y a los dioses) ¡Salud! (Se marcha tambaleándose) VULCANO-HEFESTO: (Avanza unos pasos tímidamente, como avergonzado) Yo, la verdad, como antes estaba tan marginado

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

35

del Olimpo, tan relegado... todo el día en la fragua, sudando junto al fuego, sucio, cubierto de hollín, encerrado, haciendo armas... Si he decir la verdad, casi prefiero estar así, interpretando un papel artístico. ¡Aunque eso de estar siempre con la doble hacha levantada es un poco pesado! Pero también pienso y me digo (reflexionando) ¿no han pintado un cuadro que llaman “la fragua de Vulcano?” BACO: ¿No será, querido Vulcano, ese en el que Apolo va a la fragua, en la que estás tú con los Cíclopes, y te avisa que tu esposa Venus te está poniendo los cuernos con Ares? VULCANO-HEFESTO: (Muy molesto) Cállate ya, impertinente dios de la borrachera. (Al público) Sigo con lo mío ¿No llaman a las montañas que escupen fuego volcanes porque piensan que estoy yo debajo dale que te dale en la fragua? Se habla de vulcanismo, por ejemplo. Incluso en una película famosa a un personaje... BACO. Al más feo... (Se ríe y se va corriendo para esconderse) VULCANO-HEFESTO: (Algo mohíno, pero con energía) ¡Aunque sea el más feo! Aunque sea el más feo, le han atribuido el planeta Vulcano, de modo que no estamos totalmente exentos de protagonismo, creo. (Se va orgulloso)

36

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ESCENA TERCERA JÚPITER Y JUNO
JÚPITER-ZEUS: La verdad es que esto de hacer de estatua para la posteridad es bastante aburrido. El padre Jove, Júpiter, Zeus, padre de los dioses y de los hombres está cansado de posar JUNO-HERA: El padre Jove, Júpiter, Zeus está cansado de estar cómodamente sentado. Y a su mujer Juno, Hera, que la parta un rayo, el rayo de Zeus. JÚPITER-ZEUS: (Enfadado, gruñendo) Grrrr... Dicen que nos olvidan... pero a mí, a mí. al señor del Olimpo, ¿cómo se me puede olvidar? (Paseando)¿No se celebraban cada cuatro años unos juegos en honor de Zeus Olímpico? ¿Y ahora, no se siguen celebrando Olimpiadas? Pues es por mí, por mí. Y por cierto... ¿qué nombre le dan los mortales al mayor planeta que conocen? A ver, ¿qué nombre? Pues Júpiter, naturalmente, como yo. Y cuando están especialmente contentos, eufóricos, cuando se sienten los reyes del universo, se dice que están joviales, como el padre Jove, (Muy chulo) yo, Júpiter, Zeus; y por si algo faltara todas las semanas, sin falta, hay un día dedicado a mí, al padre Jove, el día de Jove, el jueves, el día que está más en medio. JUNO-HERA: Sí, el día que más estorba, como él, siempre en medio y sin hacer nada.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

37

JÚPITER-ZEUS: (Con mirada asesina) Dicen que tienen un dios, y le llaman (Con retintín) DIOS. ¡Qué originalidad! Pero fijaos cómo pintan a su Dios, a ver, fijaos: (Contando con los dedos) lo representan (Acariciándose la barba) barbudo... JUNO-HERA: Greñudo... JÚPITER-ZEUS: Maduro... JUNO-HERA: Vejestorio... JÚPITER-ZEUS: (Agresivo) Lanzando rayos y truenos... JUNO-HERA: Y granizadas y unos hielos que Zeus tirita... JÚPITER-ZEUS: El caso es que ese DIOS me ha copiado la imagen, ¿O no? Digan lo que digan, y piensen lo que piensen, me adoran a mí, al padre Jove, Júpiter, Zeus. (Lanza una mirada retadora a su mujer) Me marcho a mi trono. JUNO-HERA. Este lo dice y como lo dice se lo cree. Si por tener a su nombre un día y un planeta muerto de frío en el espacio se pone así, (Lo mira retadora) ¿cómo me tendría que poner yo, (orgullosa) la gran diosa Hera, Juno entre los romanos, la diosa del pavo real, del matrimonio, la gran señora? Porque sabedlo bien, yo no me conformo con un día. ¡Qué va! Eso es poco. Yo tengo un mes. ¡Un mes! Y no un mes cualquiera. El mes (entusiasmada) que une primavera y verano, cuando los días son más largos y alegres, el mes de la cosecha, el mes de Juno es JUNIO. (Mirándose con orgullo su musculatura)

38

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

Se va contoneándose con gestos y miradas de desafío hacia Zeus.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

39

ESCENA CUARTA DIANA Y APOLO
DIANA-ÁRTEMIS: Yo no quiero líos ni complicaciones: de siempre me ha gustado ser libre e independiente, pero ¡estar aquí inmóvil, de estatua, para que te conozcan! ¡Con lo que me complacía yo con cazar en agrestes parajes de Arcadia y Laconia! Yo libre, sin ataduras, en el bosque, con mi arco y mis flechas de plata, con mi carro argénteo, de día y de noche, bajo la luna argentina que también me estaba dedicada. ¿Qué me importa a mí el padre Zeus? Yo, Ártemis de los griegos, Diana de los romanos, vivo mi vida y nada más. (Se retira pero se arrepiente) Aunque ¿por qué no reconocerlo? (Mira a todos lados como si quisiera que no la oyeran) En verdad soy la diosa más recordada. Mirad los días de la semana: ¿cuál va en primer lugar? Decidlo, reconocedlo: Triunfante) ¡el día de la Luna, el lunes! Y cuando prueban puntería, ¿no disparan a una... diana? Y si quieren dejar un suelo limpio, lejía Diana, y... ¿para qué seguir? Sólo me faltaría para ser completamente dichosa que volvieran a existir fiestas en mi honor. Como hace dos mil años, cuando en oriente y occidente se celebraba el día de los idus de agosto, el día quince, la gran fiesta de la Virgen Diana, la fiesta de la Virgen de Agosto. ¡Qué feliz sería con saber que un solo

40

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

lugar del antiguo Imperio Romano sigue celebrando mi fiesta el quince de agosto! Se va muy satisfecha y feliz, y le sale al paso su hermano Apolo. APOLO: Querida hermana Diana, Ártemis de los efesios, la del arco de plata, de argénteas flechas y de carro de plata. DIANA-ÁRTEMIS: Querido hermano Apolo, Apolo de los delfios, el del carcaj de oro, de doradas flechas y de áureo carro. APOLO: Hermana Ártemis, blanca como la luna. DIANA-ÁRTEMIS: Hermano Apolo, tostado por el sol. APOLO: ¡Qué cosas! ¡Y que ser iguales! DIANA-ÁRTEMIS: Como que somos ambos hijos de Zeus y de Letona, nacidos del mismo vientre en el mismo día y en el mismo lugar, en la blanca isla de Delos. Diana se va acariciando la mejilla a su hermano. APOLO: Sí hermana sí; aunque nos creamos que nos olvidan, no lo han hecho. Tú caminas por la noche con tu arco, tus flechas y tu carro de plata. Yo por el día, tú, la luna; yo el sol. Tú, la señora del lunes, yo, el señor, el dominus del domingo... El domingo, el día del sol: sunday, dicen los bárbaros, día del señor sol, el día festivo, el día (Muy orgulloso) del dios más grande, el que a todos ilumina, el que preside a las Musas, el dios de la música, de las artes, de la medicina, de la poesía y de la razón. Mi nacimiento antes se celebraba el 25 de diciembre, sí, el 25 de diciembre: ¡justo cuando el sol comienza a verse más día a día! ¿Y ahora?

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

41

¿Cuándo celebran el nacimiento del Señor, eh? ¿Y de qué (Con retintín) “Señor”? Además, (Señala a los demás dioses) todos ellos tienen a su cargo planetas, yo, nada menos que el Sol. No me extraña que a sus cohetes espaciales les pongan de nombre Apolo. Lo que no termino de entender es por qué llaman Apolo a ese helado tan dulce y tan bueno... No lo entiendo... no lo entiendo...

42

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

ESCENA QUINTA VENUS Y ATENEA
VENUS-AFRODITA: (Saliéndole descaradamente al paso) Pues por eso mismo, porque está dulce y bueno (suspirando) como TÚ. (Venus empuja sensualmente a Apolo y lo saca de escena. Regresa triunfalmente) Yo, Venus de los romanos, Afrodita de los griegos, Apru de los etruscos, Astarté de oriente, Tánit,... ¿Pero para qué seguir? ¿Puede haber, acaso, una diosa más universal que la diosa del A-MOR? (Muy sensual) ¿No es verdad que, cuando alguien toma algo que le hace ponerse... En fin, ya me entendéis, dice “He tomado un afrodisíaco”? A-FRO-DI-SÍ-A-CO”, de A-FRO-DI-TA, YO. MINERVA-ATENEA: Y cuando alguien va demasiado adonde no debe y duerme con quien no debe, coge una enfermedad venérea, VE-NÉ-RE-A, de VE-NUS, ELLA. VENUS-AFRODITA: (Mirada de inmenso odio) Desde luego, Palas Atenea, aunque te callaras... (Al público) A lo que íbamos. ¿Cuál es el planeta que más alumbra al atardecer, el lucero vespertino que acuesta a los hombres? Venus, yo. MINERVA-ATENEA: (Con mala idea) La que se acuesta con los hombres... VENUS-AFRODITA: Venus, YO.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

43

MINERVA-ATENEA: Venus, ELLA. VENUS-AFRODITA. ¿Cuál es el planeta que más alumbra al amanecer, el lucero o estrella matutina, la que levanta a los hombres? Venus, yo. MINERVA-ATENEA: La que levanta... (Gestos de complicidad) a los hombres. VENUS-AFRODITA: Venus, YO. MINERVA-ATENEA: Venus, ELLA. VENUS-AFRODITA: (Tras lanzar una mirada de desprecio empuja a Minerva y vuelve, paseándose por el escenario, tras mirar despectivamente a todos los dioses) Muy ufanos ellos por tener un día. Otras por un mes. Yo tengo planeta, día, mes... ¿Mi día? ¿Cuándo empieza la marcha, como decís ahora, la fiesta, el exceso, la búsqueda de amor y sexo? Mi día, el día de Venus, el viernes, fin de semana... (Con picardía) la marcha nocturna... MINERVA-ATENEA: Despendole toda la noche del viernes, y el sábado sabadete... VENUS-AFRODITA: (Aparte, airada) Atenea, eres odiosa, envidiosa, asquerosa, repulsiva y repugnante. ¡Qué asco me das! (Al público, sonriente) Y un mes entero. ¿No os lo imagináis? (Como dando pistas, canturreando) La primavera la sangre altera. Los romanos Venus, los griegos Afrodita, los etruscos APRU, y el mes de Apru, A-PRI-LIS, el mes de abril, el mes de las

44

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

flores, de los nidos, del amor. (Se va enviando besitos a todos y haciendo burla a Atenea) MINERVA-ATENEA: (Mirando con torva faz a la que se va) ¡Ayyyy! (Al público) Yo aparte de ser protagonista central de este grupo escultórico, que celebra MI nacimiento, aparte de tener el Partenón, MI templo, aparte de haber dado nombre a Atenas, MI ciudad, aparte de dar nombre a instituciones culturales y recreativas como los ateneos, así llamados por MÍ, Atenea, soy nada más y nada menos que diosa de la cultura, la artesanía, el deporte, la lucha como ejercicio y nunca como guerra, no como otros... ¿qué me importan a mí los días y los meses o los inútiles planetas? Yo prefiero estar allí, en las escuelas, ahí en los gimnasios, o aquí en los libros (Señala a una guía de teléfonos. Va hojeando y leyendo) Imprenta Minerva: se refiere a MÍ, Minerva; Gimnasio Palas: se refiere a MÍ, Palas Atenea; gimnasio Atenea: se refiere a MÍ, Atenea; Academia Atenea, se refier... (La saca arrastrando y tapándole la boca Mercurio)

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

45

ESCENA SEXTA MERCURIO, JÚPITER, CERES Y DÉMETER.
MERCURIO-HERMES: (Vuelve limpiándose las manos, con cara de inocente) No me critiquéis ni me echéis la culpa de nada. Cumplo órdenes de mi padre, el gran dios Júpiter. Yo soy su hijo y criado: le llevo los mensajes, hago transacciones, cambio, interpreto. En Roma me llaman Mercurio, en Grecia Hermes. Si hay algo cerrado o difícil de descifrar, diremos que es hermético, porque Hermes lo interpretará. Veo por vuestras caras que me recordáis, no disimuléis. Yo también tengo un planeta, Mercurio, un metal, el mercurio de vuestros termómetros; tengo un día de la semana, el día de Mercurio, el miércoles. ¿Cómo podéis decir que no me conocéis? Además, con esta pinta... sombrero con alas, alas en los pies, y esta vara mágica, mi caduceo, ¡soy inconfundible! Pero... (Se para al ver venir a Ceres y a Proserpina) ¿A dónde van la madre y la hija? ¿Vais a pasear, Ceres, diosa de los campos y los cereales, y tú también, Proserpina? CERES-DÉMETER: Queremos asomarnos a la ventana, por si viéramos el campo, a ver si ya es primavera: ¡Me alegran tanto las hojas nuevas de los árboles, los brotes en los tallos, la hierba en los prados y campos... !

46

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

PROSERPINA-PERSÉFONE. Aunque estemos tan olvidadas aún sentimos la alegría de ver cómo el campo vuelve a la vida. Además, Hermes, a mí estos días me recuerdan cuando volvía de estar con mi esposo los seis meses que debía estar con él. ¡Era tan horrible pasar días y días como reina del mundo de los muertos! Prefiero estar segando en la tierra a ser la reina de los infiernos, pero como no pude elegir... CERES-DÉMETER: (Con enfado) Todo fue culpa de tu padre, el próvido y longividente Zeus, portador de la égida y del rayo. Sale del fondo Zeus, muy molesto por las palabras que acaba de escuchar. JÚPITER-ZEUS: ¡No empecemos, hermana, no empecemos, que te conozco! CERES-DEMÉTER: Tú, que no empecemos, pero cuando una madre no encuentra a su hija, la busca por tierra y cielos, se entera de que ha sido raptada por el Señor de los infiernos, tu hermano... JÚPITER-ZEUS. Y el tuyo, y el tuyo. CERES-DEMÉTER: Tu hermano la raptó, y sólo cuando por la tristeza yo, Ceres, Démeter, la diosa madre de las cosechas y los cereales, dejé perecer la vegetación y al mundo, entonces tú, Zeus, consentiste en investigar, para descubrir que tu hermano Plutón tenía secuestrada a mi hija en los infiernos.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

47

PROPSERPINA-PERSÉFONE: Lo pasé muy mal. Cuando me enteré de que el tribunal de los dioses había decretado que volviera con mi madre si no había probado ningún alimento de o infiernos, salté de gozo. Pero entonces un alma asquerosa y resentida le contó a mi raptor ¿cómo puedo llamarlo esposo?, le contó que yo había comido seis granos de una granada crecida en un árbol del mundo infernal... CERES-DÉMETER: ¡Y por eso mi hija fue condenada a estar seis meses, seis, uno por cada grano de granada, con Plutón, allá en los infiernos! Yo no podía hacer nada por mi hija, nada salvo lo que hago desde entonces: los seis meses que pasa ella en los infiernos, yo dejo que todo se seque y muera, es el otoño y el invierno; cuando ella vuelve, ahora precisamente, para celebrar que está conmigo, hago que todo florezca y dé fruto, la primavera y el verano. Desde hace algunos siglos ya no tiene que bajar con él, pero ya he cogido la costumbre, y mirad (Al público) tenéis mal tiempo y buen tiempo cuando a mí se me antoja. PERSÉFONE-PROSERPINA: Lo que no entiendo ni entenderé es que un hombre, sea mortal, sea dios, pueda pretender disfrutar con una mujer a la fuerza, sin importarle su voluntad y su libertad. Es odioso ver cómo se disfraza de matrimonio ventajoso lo que no es sino rapto, indefensión o violencia. ¿Verdad, padre Zeus?

48

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

JÚPITER-ZEUS: (Cabizbajo) Yo, en verdad, he de reconocer que no fui justo contigo... PROSERPINA-PERSÉFONE: Y sólo porque tú no fuiste justo un día, yo estuve siglos sufriendo oprobios, igual que hoy día, todavía, millones de mujeres. ¡Y luego os extrañáis de os hayan olvidado! ¡Si aún os deberían haber olvidado antes! ¿Cómo pensáis que los mortales se pueden sentir motivados a creer en unos dioses que sólo miran su placer egoísta, que solo miran su provecho personal, su comodidad? ¿Quién puede confiar en unos dioses insolidarios, que se ahogan en su propio fulgor? JÚPITER-ZEUS: Puedes llevar razón, hija mía, nos dejamos llevar a veces en demasía por nuestra propia belleza, por nuestro brillo y esplendor... Por eso hemos acabado convertidos en estatuas de arte. Pero míralo de la mejor manera: es una forma de seguir viviendo. CERES-DÉMETER: Lo que sí que no puedes negar, hija mía, es que aunque los dioses olímpicos tuviéramos muchos defectos, si embargo nuestra ansia de vivir, nuestro deseo de luz, de alegría y de libertad, no tiene parangón. PROSERPINA-PERSÉFONE: Por eso me es todavía más odioso el que me dejaran encerrada en los tenebrosos, sombríos y lóbregos infiernos, Si algo me consuela es que mi (Con desprecio e ironía) esposo está ahí olvidado, él, sólo él, con su pincho de torturar almas de muertos, allí, entre las llamas del Tártaro.

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

49

JÚPITER-ZEUS: De olvidado, nada. Y no te creas que lo digo con gusto. Tú no sabes cuánta gente piensa día y noche en ese dios de los infiernos: unos los llaman el “Calumniador”, o sea, el Diablo, en lengua griega; otros, el “diosecillo”, que en griego se dice, traducido, el Demonio; otros, el “luminoso”, o Lucifer, y así un montón de nombres. PROSERPINA-PERSÉFONE: (Mirando al público) Yo no puedo creer que la humanidad haya avanzado tan poco ¿Sigue respetando y valorando a un dios de las tinieblas, de la impiedad, de la crueldad? ¡No me lo puedo creer, no me lo puedo creer! ¡Ahora sí que creo que no vale la pena vivir nada más que en el arte! MERCURIO-HERMES: Mira, hermana, el arte también lleva su mensaje, para quien quiera descubrirlo. Mientras quede arte, habrá vida e ilusión. Mientras se respete el arte, la esperanza no habrá muerto del todo. Dioses, escuchadme todos (Se espera a que todos los dioses acudan alrededor. Habla entusiasmado). Escuchadme todos, tú, Démeter, tú Perséfone, tú padre Zeus, tú, madre Hera, tú, flechadora Ártemis y tú, Febo Apolo, tú divinal Hefesto, tú Atenea, de ojos de lechuza, tú, Afrodita, que inflamas corazones, tú también, Baco, caro a las vides, escuchadme bien: Si vivimos, es porque vivimos en el arte, ¡pero vivimos! ¡Vivimos! Y eso es lo más importante. Desde nuestras estatuas y cuadros hablamos a través de los siglos. Hablamos en los museos, en los

50

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

libros, en los teatros. Mientras hablemos, no moriremos. ¡Jamás moriremos! Porque este mundo, con lo bueno y lo malo que tiene es nuestro mundo. Y nosotros somos sus dioses... (Mirando a lo lejos) Parece que oigo pasos. ¡Olímpicos, todos al fondo! ¡Rápido!

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

51

ACTO TERCERO ESCENA ÚNICA
Los dioses se instalan, con cierto trabajo, no sin gastarse antes algunas bromas y empujarse, pero más sonrientes que antes. Baco se encarga de vigilar, mientras va echando viajes a la jarra. De pronto hace gestos de alerta, va corriendo y se coloca en su puesto. Llegan la guía y el vigilante. VIGILANTE: It´s seven o´clock (Mirando al reloj). GUÍA: Yes. Today, it´s finished. El vigilante va a correr la cortina que tapa el grupo escultórico, pero se queda parado, un tanto perplejo. La guía, que ha empezado a caminar hacia la salida, se para y se vuelve, mirando extrañada al vigilante. VIGILANTE: Look at them. They´re smiling, aren´t they? GUÍA: (Muy sorprendida) Yes, yes, surprising… VIGILANTE: (Cerrando el telón) Come on, come on. It´s too late. Today… GUÍA Y VIGILANTE: The end. Sacan una pancarta donde se lee:

THE END-FIN

52

ZEUS Y PROMETEO. SON NUESTROS DIOSES

IN MADRIGVERAS, PRIDIEM IDVS IANVARIAS FEST. SANCTI ALFREDI MMIX ANNO DOMINI

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful