NUESTRO TEATRO

Nuestro deseo es recoger en el Blog bibliotecario unos sencillos textos teatrales realizados en los diferentes cursos escolares y disponer en todo momento de unas lecturas muy válidas para realizar teatro leído o representado y aprovechar una experiencia escénica, un trabajo intenso que exige de un esfuerzo y una plena dedicación docente. Además de conseguir la profunda satisfacción y protagonismo de nuestros actores escolares. Iniciamos nuestra selección de obras teatrales, con textos cortos, de fácil comprensión, con una trama humorística o de misterio contenido, variedad de personajes, escenarios simples, desenlace satisfactorio…

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-La magia del Teatro. -La mosquita muerta. -El señor sordo. -Un señor pesado. -Pirulo y el viajero. -Una llamada equivocada. -La Cazuela: Lope de Rueda. -El huevo: Lope de Rueda. -La suerte: Lope de Rueda. -El pozo: Lope de Rueda. -Las aceitunas: Lope de Rueda. -Ganas de reñir: Hnos. Álvarez Quintero. -Las truchas. -El cazador de liebres. -Batán y la fuerza infernal. -Sancho en su ínsula. -Viaje por Andalucía.

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LA MAGIA DEL TEATRO.
Vicente Aranda Vizcaíno.
Zapatones 1: ¡Hola niñas! Zapatones 2: ¡Hola niños! Zapatones 3: ¿Estamos todos o falta alguien? Zapatones 4: Nos llamamos Zapatones, somos los pasajeros del teatro y estamos aquí para…, para…, ¿para qué estamos aquí?... Zapatones 1: Para hablar… Zapatones 2: Para contar cosas… Zapatones 3: Para inventar historias… Zapatones 4: ¡Ah, para hacer teatro! Zapatones 1: ¡Eso, eso… Teatro! Zapatones 2: En el teatro todo es mentira, no os creáis nada. Zapatones 3: Pero parece de verdad. Zapatones 4: Con ilusión y fantasía vamos a descubrir la magia del teatro. Zapatones 1: ¿Qué os parece la idea? Zapatones 2: Muy bien, muy bien. Zapatones 3: Lo primero que necesitamos es… Zapatones 4: Una historia. Zapatones 1: Puede ser alegre, divertida y se llama comedia. Zapatones 2: Y la comedia es para reír. Zapatones 3: ¿Sabéis reír? (Ríe y hace reír a todos). Zapatones 4: Puede ser triste y lastimosa. Zapatones 1: Y se llama tragedia. Zapatones 2: La tragedia es para llorar. Zapatones 3: ¡No me gustan las tragedias! Zapatones 4: Puede ser tragicomedia.

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Zapatones 1: Un rato para reír… ¿Sabéis reír? (Ríe y hace reír a todos). Zapatones 2: Y otro rato para llorar… ¿Sabéis llorar? (Llora y hace llorar a todos). Zapatones 3 Pero no preocuparos porque… Zapatones 4: Nuestras historias serán alegres y divertidas. Zapatones 1: ¡Vamos todos a reír! (Antes de que rían). Zapatones 2: ¡Ah…, un momento, un momento, se me olvidaba algo importante, muy importante…! Zapatones 3: ¿sabéis lo que más nos gusta a los actores… a todos nosotros? Zapatones 4: ¿Cuando se termina y se ha hecho bien la función? (Espera la respuesta). Zapatones 1: Los actores y las actrices somos la vida de la función. Zapatones 2: Hacemos realidad la fantasía. Zapatones 3: Damos vida a los personajes. Zapatones 4: Y hablamos y hablamos y hablamos y…también bailamos. Zapatones 1: ¡bien, bien bien! Sabéis reír y sabéis llorar, pero hoy es un día especial… Zapatones 2: ¿Y conocéis lo que vamos a contar? (Espera respuestas). Zapatones 3: ¡Frío…, caliente, … caliente, .. que os quemáis! Zapatones 4: ¡Los aplausos! Eso es, los aplausos. Gracias…, gracias…, gracias… Zapatones 1: ¡La función va a comenzar! Zapatones 2: ¡Ese niño, chisss…! Zapatones 3: ¡Aquel del fondo, quédate quieto! Zapatones 4: Escuchad, no parece que… (Sube el telón y aparecen los personajes libros, luces que nos evocan lugares recónditos: una casa abandonada, un gran palacio, las mazmorras de un castillo, un bosque perdido, una calle anónima, una plaza, un caballo desbocado, un tiovivo, volar… volar…, soñar). Personaje 1: Tenemos que inventar…
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Personaje 2: ¿tenemos que inventar? ¿Qué inventamos? Personaje 1: Po eso tonto, una historia. Personaje 2: ¡Fantástico, una historia! ¿Para qué? Personaje 1: A veces pareces tonto de remate. Personaje 2: ¡Ya habló el listo! Personaje 1: Queremos hacer teatro ¿o no? Po lo primero que tenemos que hacer son los personajes. Personaje 2: No se me ocurre nada. Personaje 1: ¡No me extraña, a ti nunca se te ocurre nada! Personaje 2: Si vas a empezar a meterte conmigo, me piro. Personaje 1: No, tonto… Personaje 2: ¡Otra vez! Personaje 1: Perdona, no quería decir que eres tonto. Personaje 2: ¡Otra vez! Personaje 1: No t… Personaje 2: ¡Que me has llamado tonto y yo no soy tonto! ¿Te enteras? Personaje 1: No te enfades, tonto…, quiero decir… Personaje 2: Bueno, bueno, … está bien… Personaje 1: Nuestra historia se va a llamar,… tachín tachín… Personaje 2: “Dos libros en una biblioteca”. Personaje 1: ¿Dos libros aquí? ¿Y los personajes dónde están? Personaje 2: ¡Dónde van a estar, listo! Personaje 1: ¡Ah,… ya, dentro de los libros! ¡Pero habrá que abrirlos! Personaje 2: Vamos a representar a dos libros abiertos. Personaje 1: ¡Qué divertido! ¡Es genial! Yo siempre los veo cerrados.
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Personaje 2: Dos libros después de una larga, larguísima mañana de trabajo. Personaje 1: ¿Empezamos? Personaje 2: ¡Que suenen las trompetas! Es para darle mayor emoción (Todos con la mano en forma de trompeta: ¡Paaa paaa paaaraaa paaaa paaa!) Personaje 1: Nuestra historia pasa en esta biblioteca. Personaje 2: Los libros descansan en sus estanterías. Personaje 1: Parece que todos duermen… Personaje 2: Pero, no… Libro 1: ¿Cómo te ha ido hoy? Libro 2: ¡Fatal! Libro 1: ¿Por qué? Libro 2: Porque el niño que me ha cogido hoy para leerme, tenía la gripe y al estornudar me mojó la página siete. Libro 1: Po si te cuento lo que me pasó ayer… Libro 2: ¡Qué te pasó… cuenta, cuenta…! Libro 1: Me cogieron unos niños, a lo primero todo iba bien, pero… Libro 2: ¡Pero, qué… cuenta, cuenta…! Libro 1: Cuando se cansaron, me tiraron debajo de una mesa… Libro 2: ¡Huy, como duele eso! Libro 1: ¿Tú sabes lo que es estar cinco horas debajo de una mesa haciendo lo imposible para que no te pisen? Libro 2: No lo quiero ni pensar, se me arrugan las hojas y se me ponen las letras de piel de gallina, pero cuenta, cuenta… Libro 1: Me veían pero nadie se agachaba a recogerme, era demasiado trabajo y tenían cosas más importantes que hacer…
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Libro 2: ¿Qué estaban haciendo, cuenta, cuenta…? Libro 1: Pero, lo peor vino después, cuando me recogieron. Libro 2: ¡No! ¡Cuenta, cuenta…! Libro 1: Me estiraron de la piel, me arrugaron la cara y dijeron que no me conocían, a mí, que me han conocido en el mundo entero, a mí que han hecho hablar en todos los idiomas. Libro 2: ¡Cómo! ¡Cuenta, cuenta…! Libro 1: Yo que guardo secretos que nadie sabe descifrar Libro 2: Libro 1: Me paso los segundos, minutos, horas, hasta siglos esperando… Libro 2: Libro 1: ¿A que no sabes quien murió ayer? Libro 2: ¿Los libros también pueden morir? Libro 1: Murió “La Isla del Tesoro”. ¡Qué salvaje fue el que lo hizo! Libro 2: ¿Qué le pasó? Libro 1: Que un niño le arrancó todas las páginas, ¿te parece poco?. Libro 2: ¡Qué salvaje el que lo hizo! Libro 1: Pero todos los niños no son iguales… Libro 2: Espero que vosotros nunca lo hagáis.

Continuará…

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MOSQUITA MUERTA
SEÑOR : ¡Camarero ! ¡Por favor! CAMARERO : Dígame usted. Señor. SEÑOR : ¡Esto es una vergüenza, una mosca en el filete... y qué filete, casi no se ve en el plato... y la mosca es más grande que el plato! ¿Cómo es que no la vio? CAMARERO : Le pido al señor mil disculpas, con las prisas y este calor..., nunca nos había pasado una cosa igual. Se lo diré al cocinero. SEÑOR : Esta falta de cuidado es imperdonable. ¡Este no es un restaurante cualquiera, señor mío! ¡que cobráis una buena pasta aquí! CAMARERO : El cocinero le pide mil perdones y le ofrece un chuletón de ternera… y si quiere repetir, será un honor para esta casa. SEÑOR : Bien, está bien, camarero pero no protesté sólo por mi. ¡Qué diría ese extranjero si le pasara algo parecido! CAMARERO : ¡Le prometo que no volverá a ocurrir, señor! EXTRANJERO : ¡Psss... psss...! ¡Oiga, caballero, quiere prestarme la mosca, por favor…!

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EL SEÑOR SORDO
PRESENTADOR: En todos los pueblos hay algún hombre sordo. Pues en la Coria había uno. Era ya mayor y se llamaba Claudio. Al señor Claudio había que hablarle a gritos pelados. Y cuando le decían algo ponía la mano detrás de la oreja para oír mejor. La gente le llamaba “el Tapia”. Él no se molestaba por eso, sólo sonreía. Un día estaba hablando con su amigo Vicente. VICENTE: “Tapia”, estás hecho un chiquillo... ¡estás muy bien ! ¿eh ? SORDO: ¿Mi hijo Javier ?... hace mucho tiempo que no recibo carta de él. Está en Suiza. EL PRESENTADOR: Y el señor Claudio se quedaba tan pancho. Como si se hubiera enterado de todo. VICENTE: Hay que ver la calor que está haciendo, ¡Tapia, qué calor hace hoy! SORDO : ¿Que para dónde voy? Amigo, voy al colegio en busca de mis nietos. Pero estos dolores no me dejan andar. VICENTE: Y si tanto te cansas ¿por qué no va tu hijo Pedro? SORDO : ¡Cómo ! ¿mi perro? El pobrecillo se murió ayer... lo pilló un camión. VICENTE: ¿Y tus nietos cómo están? SORDO : ¡El pan! Hace más de un mes que no lo pruebo. Como no tengo dientes no lo puedo comer. Me baila el pedazo en la boca y venga a marearlo pero todo para nada. PRESENTADOR: La gente de Coria decía que el señor Claudio tenía su dinerito bien guardadito en un baúl de su casa. Había juntado un pequeño capital. Aunque él siempre repetía que sólo tenía lo puesto. Un día que estaba en la escalera del Cerro se encontró con su amigo Anselmo que era muy bromista... ANSELMO: ¡Tapia! ¿Me puedes prestar cien euros? SORDO: ¿Que si estamos en enero? ¡demasiado sabes tú que estas calores son casi de agosto, pero, todavía puedo con esto y con todo lo que me echen ! PRESENTADOR: Y no había modo de entenderse. Anselmo, aburrido, se despidió de él y andandito, muy despacito, se puso a caminar hacia su

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casa. Pero cuando ya estaba un poco alejado le gritó con todas sus fuerzas : ANSELMO: ¡Tapiaaa! ¡Tapiaaa!, ¡que se quemaaa tu casa ! ¡la casa que se te quema ! ¡fuegooo en tu casa ! EL PRESENTADOR: Nada más oír la primera voz, Claudio saltó los escalones de dos en dos y echó a correr como un rayo. Como si por milagro se le hubiera quitado el dolor de huesos. Todo era una broma. Cuentan los más viejos del pueblo que desde aquel día Claudio empezó a poner más atención a lo que le decían. Porque sabían que él lo oía todo, todo lo que le convenía.

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UN SEÑOR PESADO
PRESENTADOR: Un restaurante de media estrella. Sale el camarero. Pone un mantel que cubre media mesa, cuchara, tenedor, cuchillo y vaso. Se retira a la parte de la cocina. Entra un cliente. Se sienta. Empieza a pegar golpes con el puño en la mesa. Al final grita. CLIENTE: ¡Camarerooo ! ¡camarerooo ! ¡camareroooo... ! (El camarero no le hace caso. Canturrea una canción y se limpia las uñas con un cuchillo). CAMARERO: (enfadado) ¿Qué pasa, hombre ? ¿qué son esos gritos ? ¿hay algún fuego que apagar ? CLIENTE: ¡Que hace ya un rato que espero y tengo muchísima prisa ! (mira el mantel con asco) ¿No tiene otro mantel mejor que este ? CAMARERO: Lo siento, caballero. Este es un restaurante de media estrella y no da para más. CLIENTE: ¡Bueno ! Tráigame un plato de sopa calentita. CAMAERO: ¡Marchando una sopita ! (Se marcha y vuelve con un plato, lo deja en la mesa y se va). CLIENTE: (Remueve con la cuchara el plato. Pone cara de extrañado y grita) ¡Camarerooo ! ¡camarerooo... ! CAMARERO: ¡Otra vez ! ¿Qué quiere ahora ? CLIENTE: Este plato está mojado. CAMARERO: ¡Pero si eso es la sopa ! ¡calentita como usted quería ! CLIENTE: ¿Que esto es la sopa ? (Se lleva la cuchara a la boca. Mastica algo y dice) Pero, además ¿no le da vergüenza ? ¡Hasta hay un pelo y todo ! CAMARERO: ¿A ver, dónde está el pelo ? CLIENTE: (sacándose de la boca un hilo larguísimo) ¡Mire, blanco y todo, a saber los años que tendrá ! ¡Esto es una porquería... ! CAMARERO: ¡Nuestro no es ! ¡yo soy moreno y el cocinero es completamente calvo ! CLIENTE: No me venga con cuentos. Este restaurante es, es una m... CAMARERO: Si quiere le comunicaré su queja al dueño. CLIENTE: ¿Y sabe usted quién soy yo ? CAMARERO: ¡Claro ! ¡El tío de los espárragos ! CLIENTE: ¡Cómo el tío de los espárragos !

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CAMARERO: ¡Hombre ! cada vez que le digo al jefe que usted se queja, él me dice que lo mande a freír espárragos. CLIENTE: ¡Esto es el colmo ! ¡Bueno ! tráigame lo siguiente, un plato de carne. CAMARERO: ¿Quiere un poco de vino ? CLIENTE: Sí, póngame una botella del que me sirvió el otro días. CAMARERO: De ese no hay. CLIENTE: ¿Cómo que no hay ? CAMARERO: Sí, es que se acabaron los polvos que le echaban al agua. CLIENTE: Bueno, tráigame la carne antes de que pierda la paciencia. CAMARERO: ¡Marchando una de carne y un vinito ! (lo trae. Antes ha limpiado el plato con un trapo sucio). ¡Aquí tiene lo que pidó ! (se va a la cocina). CLIENTE: (Intenta cortar la carne pero no puede. Se esfuerza... al final grita) ¡Camarerooo ! ¡camarerooo... ! CAMARERO: ¡Pero qué pasa, hombre ! ¡que no estoy sordo ! CLIENTE: Esta carne es una porquería. No hay quien la corte. Además huele mal. ¡Qué asco ! CAMARERO: ¡Mentira ! CLIENTE: ¡Cómo que mentira ! CAMARERO: Sí, porque es la misma que le pusimos el mes pasado y entonces decía usted que estaba para chuparse los dedos. CLIENTE: ¡Esto es ya demasiado ! ¿Qué hay de postre ? CAMARERO: Frutas variadas. CLIENTE: Tráigame una ración. CAMARERO: ¡Marchando una de frutas variadas (Saca la carne) La guardaremos para el próximo a ver si pica. (Limpia otra vez el plato y pone unas manzanas) . ¡Aquí tiene ! CLIENTE: (Empieza a tocar la fruta con cara de asco y se tapa la nariz) ¡Camarero ! ¡camarerooo... ! CAMARERO: ¡Qué pasa ahora, a ver ! No me deja tranquilo ni un momento ¡estoy harto ! CLIENTE: ¡Yo sí que estoy harto ! CAMARERO: Pues si ha quedado harto, le traigo la cuenta y en paz. Porque aquí todos los que vienen me dicen que se quedan con hambre. CLIENTE: ¡No ! ¡si lo que estoy es harto de usted ! ¿a esto le llama frutas variadas ? Si sólo hay manzanas y están podridas.
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CAMARERO: ¡Claro ! frutas variadas... (las va cogiendo y enseñando). Unas más grandes, otras más pequeñas. Unas con gusanos, otras con menos gusanos... ¡frutas variadas ! CLIENTE: ¡No aguanto más ! ¡Me voy y no pienso pagar ni un duro ! CAMARERO: ¡Pues llamaré a la policía ! CLIENTE: ¡Ja, ja, ja ! ¿Y usted cree que querrá comer aquí y después le pagará la cuenta ? (Echa a correr perseguido por el camarero).

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PIRULO Y EL VIAJERO.
EL VIAJERO: ¡Por favor, nene! para ir a la estación, ¿qué debo coger? PIRULO: No debe coger nada. Si coge algo, en lugar de ir a la estación irá a la cárcel. VIAJERO: Quiero decir en qué autobús tengo que subirme. PIRULO: En el que va la estación. VIAJERO: Escucha, peque,: que para ir a la estación tengo que tomar un autobús, ya lo sabía muy bien. Lo que quiero saber es dónde tengo que tomarlo. PIRULO: ¡Vaya preguntita ! En la parada. A menos que sepa tomarlo en marcha. VIAJERO: Pero, ¿por dónde pasa? PIRULO: ¡Por la calle ! ¡si eso lo sabe todo el mundo! ¿Por dónde quiere que pase. ¡Va a pasar por la acera ! VIAJERO: Mira, si tú tuvieras que ir a la estación para irte de viaje, ¿qué harías? PIRULO: Iría a despedirme de papá y de mamá. VIAJERO: Bueno... ¿y después? PIRULO: También de la tía Ramona, que me da veinte euros siempre que voy a verla, está tan solita la pobre, y después... VIAJERO: ¡Este niño acaba conmigo! ¡Por mi madre! PIRULO: No, a su madre no iría a verla, si es que ni la conozco... VIAJERO : Pero, ¿no has estado nunca en la estación? PIRULO: Sí, montones de veces. VIAJERO: ¿Y fuiste en autobús? PIRULO: ¡Pues claro! ¡mira éste! VIAJERO: ¡Bueno, bueno ! ¿y qué es lo que ponía en el autobús? PIRULO: ¡Prohibido hablar con el conductor! VIAJERO: ¡Fuera! ¡quiero decir fuera! cuando subiste, ¿no te fijaste qué autobús era? PIRULO: Sí, señor era un autobús de jabones Lagarto. Llevaba un letrero así de grande. VIAJERO: ¡El letrero! ¡qué decía el letrero de delante! PIRULO: Los letreros nunca dicen nada. VIAJERO: (mirando el reloj) Por tu culpa voy a perder el tren, niño de ...
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PIRULO: ¿Pero usted quiere subirse en el autobús o en el tren? VIAJERO: ¡Aaahhh... ! (se tira de los pelos y sale corriendo detrás de Pirulo).

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UNA LLAMADA EQUIVOCADA
Suena el teléfono. SEÑOR 1: ¡Oiga !... ¡sí, buenos días ! ¿El señor Pérez, por favor? SEÑOR 2: ¡No, señor ! SEÑOR 1: ¿Está el señor Pérez ? ¡oiga ! Preguntaba si se puede poner el señor Pérez... SEÑOR 2: ¡No está ! SEÑOR 1: ¿Sabe usted si tardará mucho... ? SEÑOR 2: Pues, no le puedo decir, quizás dentro de medio minuto está aquí, puede que tarde un par de días, una semana, quizás medio año, a lo mejor se alarga más... ¡qué sé yo !... SEÑOR 1: ¿Cómo dice... ? ¿oiga... ? Si es que hemos quedado para ... SEÑOR 2: Venir tiene que venir, eso es seguro, pero... SEÑOR 1: Yo lo que quiero saber es cuándo llegará, ¿eso es tan difícil de saber, oiga ? SEÑOR 2: Más de lo que usted cree... si por mi fuera ya estaba aquí... pero eso no depende de mí... SEÑOR 1: ¿Oiga, me está tomando el pelo... ? ¡Es esa la casa del señor Pérez ? SEÑOR 2: No, señor, esto es la funeraria “Salsipué”.

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LA CAZUELA
Lope de Rueda.
(Siempre andábamos con las ideas puestas en el paraíso. Nuestro paraíso, el de los más vivos, era el País de Jauja.) PABLO: Tengo un descanso en la barriga que no me deja vivir y me he enterado que está al pasar un pobrecillo que lleva de comer a su mujer, que está en la cárcel, una cazuela de comida así de grande. ¿Si le contamos cómo es el País de Jauja? PEDRO: ¿Tienes hambre? ¡Dime! PABLO: ¿Qué si tengo hambre? Me comería ahora mismito un pollo con plumas y todo. PEDRO: Por ahí se escuchan pasos. ¡Hola, eh! ¿Dónde vamos? MENDRUGO: ¡Diablos, esta mujer va a acabar conmigo! Le da por empinar el codo más de la cuenta, luego arma una trifulca y a la cárcel. Y después, ¡hala!, Mendrugo que sude y que se las apañe para darle de comer ¿A mi me está usted hablando? PABLO: ¿Qué lleva usted ahí, buen hombre? MENDRUGO: Una cazuela con el pienso para la Tomasa (la esconde como si se la fueran a quitar) ¿Quiénes sois vosotros? PEDRO: Somos dos almas de la Tierra de Jauja. MENDRUGO: ¿Qué tierra es esa? PABLO: ¿Cómo, no sabes lo que es la tierra de Jauja? ¡Ay, si vivieras allí, adonde pagan dinero a los hombres para dormir. MENDRUGO: ¿Eso es cierto? PEDRO: Ven para acá, siéntate un ratito aquí en medio de los dos y te contaremos con pelos y señales las maravillas de la tierra de Jauja. MENDRUGO: ¿La tierra de dónde? Pensándolo bien, un ratito de descanso no me vendrá mal. PABLO: Es una tierra donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar. Es un lugar en donde se paga por dormir. MENDRUGO: ¡Oh, que buena tierra! ¿Es verdad eso? PEDRO: La pura verdad. Mira, (le señala al cielo para que se distraiga) en la tierra de Jauja hay un río de miel y junto a él otro de chocolate y entre
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río y río hay una fuente de caramelo encadenada de almendras y parece que están diciendo: ¡cómeme, cómeme, cómeme! MENDRUGO: No hace falta convidarme tantas veces. PABLO: (Mete el otro la mano en la cazuela cada vez que se distrae, lo echa en su alforja y se chupa los dedos) Mira, en la tierra de Jauja hay unos árboles que son de turrón y piñones. MENDRUGO: ¡Oh, benditos árboles! Dios os bendiga, amén. PEDRO: Y las hojas son de pistacho, y el fruto de estos árboles son buñuelos, y caen en aquel río de miel, y ellos mismos están diciendo: ¡mácame, máscame! PABLO: (Mastica como si estuviera comiendo; le hace volver la cara hacia él) Mira, en la tierra de Jauja, las calles están empedradas con yemas de huevo, entre yema y yema, un pestiño con lonchas de jamón. Que ellas mismas dicen trágame, trágame! MENDRUGO: Parece que las estoy tragando. PEDRO: Mira, en la tierra de Jauja hay unos asadores de más de trescientos pasos de largo, con muchas salchichas y chuletones, pollos, perdices y conejos. MENDRUGO: ¡Oh! ¡Cómo me gusta eso! PABLO: Y junto a cada ave un cuchillo, que sólo hay que cortar y aquello está diciendo: aprovéchate, aprovéchate! MENDRUGO: ¡Qué! ¿las aves hablan? Me estaría todo el día enterito escuchando cosas de comer. PEDRO: Mira, en la tierra de Jauja hay muchas cajas de mermelada, merengues, mazapanes, arroz con leche, natillas… MENDRUGO: Repítalo usted eso más despacito, por favor, que si no, no puedo saborearlo como a mi me gusta. PABLO: Hay fresas y ciruelas y unas jarras de de un bebedizo que no hace más que repetir “bébeme, cómeme, bébeme, cómeme! MENDRUGO: Bebo y como, como y bebo…¡Que me atraganto! PEDRO: Mira, en la tierra de Jauja hay muchas cazuelas con arroz y queso. MENDRUGO: ¿Cómo esta que traigo yo? PABLO: ¡Sí, pero llenas! (Salen los dos corriendo dejando solo a Mendrugo con su cazuela vacía)

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MENDRUGO: ¡Que se los lleve el mismo diablo! ¿Dónde está esa tierra de Jauja? ¿Y mi cazuela? Si tanto había de comer en su tierra porque se comieron mi cazuela? ¡Ay, mi cazuela! ¡Ayyy…! ¡Ladrones! ¡Ladrones!... (Sale Doña Libertad a poner orden).

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EL HUEVO
Lope de Rueda.
(Una casa de pueblo, muy pobre). MUJER: Tú eres mi marido y yo tu mujer. No es justo que tú cenes siempre dos huevos y yo uno sólo. ¡Pro esto se acabó! ¡Te aseguro que se acabó! MARIDO: Mujer, ¿Qué quieres? MUJER: ¡Que ya estoy harta de hacer la tonta! ¡Llevamos veinte años cenando yo un huevo y tú dos, ¿verdad? MARIDO: Eso es. MUJER: Bueno, pus ahora, dentro de otros veinte años, si Dios nos da vida, cambiaremos las tornas: yo cenaré dos huevos y tú uno nada más. MARIDO: ¡Pero eso no puede ser! ¡Me moriría de hambre! MUJER: ¿Y yo? ¿Me he muerto de hambre yo? Pues tú tampoco te morirás, no tengas cuentas. MARIDO: Sí, me moriré. MUJER: Haremos otra cosa: desde hoy nos turnaremos: un día me tocará a mi dos huevos y otro día te tocará a ti. ¿Vale? MARIDO: No. MUJER: Pero ¿y por qué? MARIDO: Porque me conozco y sé que no podré resistir. MUJER: ¿Sabes lo que eres tú? Un egoísta. MARIDO: ¿Y sabes lo que quieres tú? Quedarte viuda. MUJER: No podrás morirte por eso. MARIDO: Sí que me moriré. MUJER: Pues es igual; si te mueres, te entierran. No me dejaré ablandar. MARIDO: ¿No? En ese caso, ya puedes encargarte el luto, porque ahora mismo me muero. (Se tira panza arriba, como muerto). MUJER: ¡Déjate de tonterías y levántate de ahí! MARIDO: No puedo, estoy muerto. MUJER: ¡Que te levantes he dicho!
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MARIDO: ¿Y me darás de cenar dos huevos? MUJER: Uno. MARIDO: Dos. MUJER: ¡Uno! MARIDO: ¡Dos! MUJER: ¡Uno! MARIDO: Está bien. Vete de aquí y déjame descansar en paz. Respeta a los difuntos. MUJER: ¡Mira que llamo a los vecinos! MARIDO: Pues llámalos. MUJER: ¡Mira que te van a enterrar! MARIDO: Pues que me entierren. MUJER: ¿Con que esas tenemos? ¡ahora verás! (Se asoma a la puerta) ¡Vecinos, qué desgracia más grande, que mi marido se ha muerto! (Entran los vecinos y entre ellos el sacristán que es cojo). TODOS: ¿Qué pasa? ¡Que ha pasao? MUJER: (Haciendo que llora) ¿Qué pasa? ¿Pues no lo veis? ¡Que mi marido se ha muerto! TODOS: ¡Qué pena más grande! VECINA: ¡Quién lo iba a decir! ¡Ayer tan sano y tan bueno! No somos nada. SACRISTÁN: Polvo eres y en polvo te convertirás. ¿Y cómo ha sido eso? MUJER: De repente le dio un patatús, estiró la pata y se quedó tieso como un poste. SACRISTÁN: Habrá que avisar al cura. MUJER: Ya le he mandado aviso. SACRISTÁN: Y al médico. VECINA: No veo yo qué va hacer el médico aquí. De más se ve que está más que muerto. SACRISTÁN: No seas analfabeta. El médico tiene que certificar la defunción. Sin ese requisito no podrá ser inhumado. VECINA: (Con la mano en la oreja) ¿Qué ha dicho usted? ¿Qué no podrá ser ahumado? SACRISTÁN: ¡Enterrado, mujer! Eso quiero decir. ¡Qué alfabetismo hay en este pueblo.!

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VECINA: ¡Hay que ver cuánto sabe nuestro sacristán! Si es que a los veinte años era capaz de leer casi de corrido. ¡Lástima que tire de una pierna.! MUJER: ¡Ay, pobre marido mío! (Se arrodilla delante de él, haciendo como que llora y le habla en voz baja) ¡Mira que la cosa va de veras! MARIDO: ¡Me da igual! MUJER: ¡Mira, marido que te entierran! Ya has oído al sacristán. MARIDO: No me importa. MUJER: Levántate, marido, que esto está durando más de la cuenta. Que es una broma muy pesada. MARIDO: No me importa. MUJER: Levántate, marido, que esto ya dura demasiado. Que es una broma muy pesada. MARIDO: Si a estar muerto le llamas broma… MUJER: Está bien, tú has ganado: te comerás dos huevos, ¿estás contento? MARIDO: (Pega un salto y se pone de pie) ¡Viva! ¡Me comeré dos! ¡Me comeré dos! (Todos salen corriendo, gritando y asustados. El sacristán, como es cojo, no puede correr y se queda el último) SACRISTÁN: ¡Dice que se va a comer a dos! ¡Desgraciado de mi! ¿Quién será el otro? ¡Porque uno soy yo, no cabe duda! ¡Ay! ¡Ay!...

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JUANA CON SUERTE
Lope de Rueda.
(Cocina en un hogar muy pobre. Una vieja sentada y desgranando una mazorca de maíz. Entra Juan sin hacer ruido y le tapa los ojos con sus manos). JUANA: ¡Adivina quién soy! LA VIEJA: (Grita de alegría) ¡Juana! JUANA: La misma, madre. Aquí me tienes. LA VIEJA: ¡Hija mía! (Se abrazan). ¿Pero cómo estás aquí? ¿Has dejado tu trabajo en aquella casa tan buena? JUAN: Sí. Ahora ya no me voy más. He estado cinco años separada de ti y eso es demasiado tiempo. De pronto me entraron unas ganas locas de verte, de venir a mi pueblo, de estar entre los míos. LA VIEJA: Has hecho bien. No sabes lo contenta que estoy. JUANA: Entonces me presenté a mi señora y le planteé mi decisión de marcharme. LA VIEJA: ¿Y ella qué te dijo? JUANA: Le pareció muy natural. Ya sabes que yo he sido siempre una mujer con suerte. Nos has servido fielmente durante cinco años, y por eso quiero recompensarte. Toma. ¿Y sabes lo que me dio? Una pulsera de oro tan grande como mi cabeza. LA VIEJA: No hay duda, hija mía de que eres una mujer con suerte. ¿Y dónde has guardado la pulsera? JUANA: ¿La pulsera? Ya no la tengo. Cuando venía para el pueblo me encontré a un hombre montado en un hermoso caballo blanco. Entonces yo pensé: ¡Qué buena cosa debe ser ir a caballo! No se cansa una, ni se mancha una los zapatos. Y él me preguntó que por qué iba a pie y yo le dije que porque no tenía caballo y él me dijo, ¡te lo vendo! Y se lo cambié por la pulsera de oro. LA VIEJA: ¿Y aceptó? JUANA: Sí, madre, ni siquiera lo pensó dos veces. ¡Tengo una suerte!

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LA VIEJA: Sí, hija mía; la verdad es que has nacido con buena estrella. ¡Gracias a Dios que siempre te salen bien las cosas! ¿Habrás dejado l caballo fuera bien amarradito? Vamos, que quiero verlo. JUANA: Verás. Iba yo montado en mi caballo tranquilamente, cuando de pronto le dio por echar a correr y no me maté de milagro. Entonces pensé que un caballo no era tan bueno como yo pensaba. Resulta más cómodo viajar a pie y es menos peligroso. LA VIEJA: Muy bien pensado, hija. ¿Y qué hiciste? JUANA: Iba con él andando y como tengo tanta suerte pasó un labrador con una vaca y me dijo, que si no montaba el caballo que para qué lo quería y que me lo cambiaba por la vaca. Y así lo hicimos. LA VIEJA: ¡Hay que ver que suerte! No sabes, hija mía cuánto me alegro. ¿Y la vaca?, vamos, enséñame dónde está, que quiero verla. JUANA: Espera, madre, que aun no ha acabado aquí la cosa. Iba yo con mi vaca, muy contenta y se me ocurrió ordeñarla para tomarme un vasito de leche. Empecé a tirarle de la teta pero la leche no aparecía por ningún lado y encima la vaca se enfadó y me tiró una patada que si me da no lo cuento. LA VIEJA: ¡Hay que ver, hija mía, cuánta suerte tienes! JUANA: ¡Has visto, madre, la suerte que tengo! Y no queda ahí la cosa, porque apareció entonces un hombre con un cerdo para venderlo en la plaza y yo me dije: ese cerdo sí que nos vendría bien, comeríamos buenos jamones, chorizos, tocino y morcillas. Y como tengo tanta suerte me cambió su cerdo por mi vaca. LA VIEJA: ¡Qué bien, hija mía! ¿Sabes lo que haremos con él? Lo mataremos por la Pascua, invitaremos a … JUANA: Espera, madre, que eso no es todo… Verás. Iba yo con el cerdo, saltando de alegría, cuando tropecé con un afilador que decía: ¡Afilo tijeras, cuchillos y navajas! Le conté todo lo que me había pasado desde que salí de casa de mi señora y él me dijo: lo que tú necesitas es dinero contante y sonante. En eso tiene razón, pero ¿cómo lo consigo? Entonces me dijo él, tú me das tu cerdo, yo te doy mi piedra de afilar y asunto arreglado. LA VIEJA: Y tú dijiste que sí, claro. JUANA: ¿Cómo que dije que sí? Si es que no le dejé acabar. Le di las gracias, cogí la piedra y seguí mi camino.

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LA VIEJA: Eso está muy bien. Así podrás ganas dinero afilando cuchillos en el pueblo. Pero dime, dónde has dejado la piedra. JUANA: Paciencia, madre, que ahora lo sabrás. Cogí mi piedra, como te digo, y eché a andar más contenta que unas pascuas. Pero después de llevar andando un buen rato, como hacía mucho calor y la piedra pesaba lo suyo, me encontré muy fatigado y decidí descansar un ratito. Pero se me antojó de beber y al agacharme, la piedra cayó al agua y la arrastró la corriente. Entonces sentí una alegría inmensa y me arrodillé para darle gracias a Dios por haberme librado de aquel peso. Y aquí me tienes, madre, tan feliz y contenta de verte y sobre todo por la suerte que he tenido. LA VIEJA: (Abraza a su hija) ¡Sí que has tenido suerte, hija mía! Yo siempre lo he dicho: Mi Juanita es la niña con más suerte del mundo. ¡Bendito sea Dios, que hace que todo le salga bien!

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EL POZO
Lope de Rueda.
ESPOSA: Ya lo sabes, aquí te quedas al cuidado de la casa hasta que volvamos. CRIADA: ¿Estarán muchos días fuera los señores? DUEÑO: Depende del tiempo que tardemos en resolver unos asuntos. Pero no creo que sea antes de ocho o diez días. ESPOSA: Ya sabes lo que tienes que hacer. ¿No se te olvidará nada? CRIADA: Descuide usted, señora. ESPOSA: Cierra bien as puertas antes de acostarte y no le abras a nadie. CRIADA: Estése usted tranquila, señora. DUEÑO: Vamos, mujer, que se hace tarde. ESPOSA: Bueno, pues ya sabes lo que tienes que hacer. CRIADA: Que tengan buen viaje los señores. Las cosas van saliendo mejor de lo que pensaba. Avisé a mi marido para que viniera esta tarde a casa de mis señores. Por fin podremos estar unos días juntitos. MARIDO: ¡Hola mujer! CRIADA: Hola, marido. Ya veo que te han dado mi recado. MARIDO: Lo recibí al mediodía, y en cuanto lo cogí me vine para acá corriendo. Estuve escondido detrás de unos árboles hasta que vi salir a los señoritos. ¿Durará mucho el viaje? CRIADA: Ocho o diez días. MARIDO: ¡Vaya suerte! Durante toda una semana voy a ser un señorito. CRIADA: ¿Quieres que te prepare algo de comer? MARIDO: Mujer, eso ni se pregunta. ¿Qué hay? CRIADA: Puedo prepararte unos huevos, si quieres… O salchichas. MARIDO: ¿Y por qué no las dos cosas? CRIADA: ¿Te frío también unas patatitas? MARIDO: Pues ¡claro! Y si hay tocino o jamón, fríemelo también. En estas cosas más vale pecar de más que de menos. CRIADA: Ya veo que te he abierto el apetito. MARIDO: ¿Apetito? Hambre atrasada, es lo que tengo. CRIADA: ¿No oyes así como un trote de caballo?
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MARIDO: Yo no oigo nada más que el saltito de los huevos… CRIADA: Pues yo sí que oigo. ¡Ay! Tengo un presentimiento Lo que yo me temía. Es el coche de los señoritos, que están de vuelta. MARIDO: Pero, mujer, si se acaban de ir. CRIADA: Se habrán olvidao algo, o habrán acordao aplazar el viaje ¡Qué sé yo! El caso es que vuelven. MARIDO: ¿Y yo qué hago? CRIADA: ¡Vaya pregunta! Márchate ahora mismo. MARIDO: ¡Adiós, comida! ¡Para una vez que podía uno llenarse el estómago! CRIADA: ¡No, por ahí, no! Podrían verte salir… MARIDO: ¿Qué hago entonces? Si quieres me tiro de cabeza por la ventana, y así acabamos antes. CRIADA: Sal por allí. MARIDO: No sabía yo que esa puerta daba a la calle. CRIADA: No; da al comedor, y después a la cocina. En la cocina hay una ventanilla no muy alta que se abre a la huerta. MARIDO: ¿Y cómo me las arreglaré para salir después e la huerta? CRIADA: Una vez en la huerta, das tres pasos en línea recta y encontrarás un pozo; lo pasas, tuerces a la izquierda y encontrarás una puerta que conduce al campo. MARIDO: Está bien. Adiós. CRIADA: ¡Hay que ver qué mala suerte! Sí, es el coche de los señoritos. Trae una rueda pinchada, por eso seguramente volvieron. Y menos mal que me di cuenta. Si llegan a entrar estando él aquí, estoy de patitas en la calle. Y mejor casa que esta no la iba a encontrar, por mucho que buscara. MARIDO: Me has dicho que iba a dar cerca de un pozo, y yo lo que he visto es un pozo derrumbao. CRIADA: ¡Por Dios! ¿Y qué importa eso ahora? ¡Vete antes de que lleguen y te encuentren aquí! ¡Este hombre me pone mala de los nervios! MARIDO: Está bien, ya me voy, pero no me tenías que decir que a los dos o tres pasos me iba a encontrar con un pozo, sabiendo tú que ese pozo ya no existe. CRIADA: Está bien, el pozo no existe. ¡Pero, por favor, lárgate de una vez o pagaremos las consecuencias!

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MARIDO: Si así es, será por tu culpa, porque si no está el pozo, no lo tenías que haber nombrado. O por lo menos decirme que estaba derrumbao. Las cosas como son. CRIADA: ¡Cállate y vete de aquí! ¡Vete de una vez! MARIDO: No, si ahora va a resultar que yo soy el culpable de que hayan quitado el pozo de ahí. CRIADA: ¡Ya están aquí! Por amor de Dios, vete! MARIDO: Ya me voy. Pero antes quiero dejar muy claro que … DUEÑO: ¿Qué voces son esas? ¿Quién es este hombre? CRIADA: Señorito, es mi marido. ESPOSA: ¿Y qué hace en esta casa? CRIADA: Es que pasaba por aquí y … lo dejé entrar. ESPOSA: Esto no me gusta nada. Aquí tienes un mes de sueldo, coge tus cosas y vete. CRIADA: (Llorando) ¿Eso quiere decir que estoy despedida? ESPOSA: Me parece que he hablado muy clarito. MARIDO: (Aparte) Nuestro gozo en un pozo. CRIADA: ¡Ay! ¡Bien merecido me lo tengo, por haberme casado con este mendrugo! MARIDO: ¡Anda, ahora me echa a mi la culpa! Pero vamos a ver, sé razonable: ¿he sido yo el que ha derrumbao el pozo? Vamos, contéstame: ¿Yo he sido? CRIADA: (Le da un bofetón) ¡Toma! MARIDO: ¡Ay! CRIADA: Espérate aquí, que voy a recoger mi ropa. MARIDO: ¿Han visto ustedes? ¡Encima me maltrata! ¡Ay, Dios mío lo que tiene uno que aguantar, como si uno hubiera derrumbao el pozo. ¿Tengo yo culpa de que ya no esté el pozo en su sitio?

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LAS ACEITUNAS
Lope de Rueda.
(Llega Toribio, arrecío de frío, con una carga pesada de leña). TORIBIO: ¡Vaya la que me ha caído encima! Desde el monte hasta aquí, parecía que el cielo se quería hundir encima mía y las nubes venirse abajo, y y… ¡Vamos a ver lo que mi mujer me tiene preparao, malas puñalás le den! ¡Manueela! ¡Manuee laa! ¡Si hasta puede que esté dormida, todavía! ¡Manueela! MANUELA: ¡Qué quieres, marío mío, romper la puerta! ¡total!, pa una carguilla de leña de na, no saber abrir tu solo con la misma patá de siempre! TORIBIO: ¡Carguilla de leña! ¡carguilla de leña le parece a la señora! (levanta la mano, después se echa mano a la correa y lo deja porque ve que nadie lo está viendo) ¡anda, anda y ponme de cenar! MANUELA: ¡Cenar! ¡No sé yo qué te voy a poner de comer! ¡Si no hay na! (quiere cambiar la conversación) ¡Seguro que no te has acordado de plantar aquel olivillo que te dije! ¡Que vaya cogiendo en la tierra! TORIBIO: ¡Y dónde he estao, si no! ¡enfrente del mostradó, acaso. Allí te crees que me paso las horas, bebiendo vino! MANUELA: ¿Y adónde lo has plantao, si se puede saber? TORIBIO: Allí, junto a la higuera, donde mismo, si te acuerdas, en cierta ocasión me diste un beso. MANUELA: Po ese olivillo, de aquí a seis años nos dará cuatro o cinco sacos de aceitunas, y que sembrando plantas por todas partes, dentro de veinticinco o treinta años, tendremos un olivarito hecho y derecho. TORIBIO: ¡Qué verdad es, mujer! ¡Parece que lo estoy viendo! ¡Qué bonito! MANUELA: Y lo tengo requetepensado, maridito mío, ¿quieres saber lo que he pensao? Que yo cogeré la aceituna y tú la acarrearás con la mula, que la gente no hable, y te diga mal marío porque to se lo dejas a tu mujer; y la vendremos en la plaza y por las calles, por la Laguna, la calle la Isla, el Prao, la calle Carne, hasta subiremos la cuesta del Cerro las veces
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que haga falta. Llegaremos hasta donde mismo no arcanza el tranvía… ¡La venderemos a tres reales el cubo! TORIBIO: ¿Cómo a tres reales? ¡Tanto trabajito para después regalar lo que es nuestro! ¡Qué menos que diez reales el cubo! ¡Y con to y con eso barato es! MANUELA: ¡Cállate, hijo! Que las aceitunas son de las menuíllas, no se las comen ni las garrapatas, y están por todas partes. TORIBIO: ¡Da igual que la regalen en la taberna! No hay que dejar de pedir, mujer. ¡No me comas la cabeza! ¡Como se te ocurra darlas a menos de diez reales! ¡Te mato! ¿A cómo las vas a vender? MANUELA: Mirándolo bien, es un año malo, mu malo y la aceituna está por los suelos. Podrían dar hasta cuatro reales, eso sí, con un poco de picardía, se pueden ir metiendo. TORIBIO: ¡Cómo que a cuatro reales! Si no las vendes a menos de diez reales, te juro por toda mi casta entera que te daré más de doscientos correazos. ¿A cuánto las vas a vender? (Se echa mano a la correa) MANUELA: A a a… ¡Ay, ay, ay…! (Se echa a llorar) BERNABÉ: ¿Qué pasa aquí, vecinos? ¿Por qué llora esta mujer? MANUELA: ¡Ay, vecino! Este mal marío que me quiere dar las cosas a menos precio y quiere echar a perder mi casa. ¡Unas aceitunas que son como nueces! TORIBIO: ¡Juro por mi casta entera que no son ni como piñones! BERNABÉ: ¡Tranquilos, que yo lo oy a arreglar todo, tranquilos! Vecino, enséñame esas aceitunas, que yo las compraré todas, aunque sean cien cubos. TORIBIO: ¡Que no, vecino, que las cosas no son así, de esa manera! ¡Que las aceitunas no están aquí, que están en el campo! BERNABÉ: Po, traerlas aquí que yo las voy a comprar todas. MANUELA: ¡A tres reales tiene que ser! BERNABÉ: ¡Caro es! TORIBIO: ¡Hombre, por Dios! BERNABÉ: ¡Traerme una muestra que yo os diré! TORIBIO: ¡Y cómo queréis verlas si acabé de plantarlas esta mañana! BERNABÉ: ¡Cómo! ¡Nunca había visto cosa igual! Las aceitunas no están plantadas y ya se están peleando por cómo venderlas! ¡Habrá cosa igual! TORIBIO: No llores, mujer, que te prometo hacer un regalito de las primeras aceitunas que se vendan. ¡Anda, ponme la mesa!
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(La mujer dice que no con la cabeza y el marido se echa mano a la correa, empiezan a chillar)

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GANAS DE REÑIR
Hnos. Álvarez Quintero.
(Martirio es una mujer muy guapa y sale de su casa a esperar al novio. Se ha levantado con ganas de reñir). MARTIRIO: ¡Jesús con mi madre! ¡Las cosas de las viejas, señó! Pa ella no puede una reñir con su novio na más que cuando se tiene motivo. Se tienen ganas de reñir como se tienen ganas de comerse un dulce o de tomá una tapita de pescaíto. Y hoy tengo yo ganas de reñí. Y riño ¡Ya lo creo que riño! Santitos que me pinte van a sé demonios. Esta tarde riño con él. No es que terminemos, no; es que se me ha puesto en la cabeza reñí. Allí viene. Míralo que risueño. Poco le va a durar la sonrisa. Y creyéndose que le voy a recibir como a un Rey Mago, ¡sirba, sirba…! ¡To el aire que eches fuera te lo vas a tener que tragar!... Sirba, tú, sirba!... JULIÁN: (Viene silbando y muy contento porque viene a ver a su novia) ¡Hola perdición! MARTIRIO: ¡Hola! ¿No traes el perro? JULIÁN: No. Lo he dejao en casa. MARTIRIO: ¡Como venías sirbando! JULIÁN: ¡Ah!, contento que está uno. MARTIRIO: ¿Estás tú, contento? JULIÁN: ¿No me ves? ¿y tú, no estás contenta? MARTIRIO: Estándolo tú… JULIÁN: Me lo dices con una cara… MARTIRIO: Con la que tengo, hijo. JULIÁN: ¿Te pasa argo? MARTIRIO: ¡A mi! ¿por qué? JULIÁN: ¡Qué sé yo! Te veo de una forma… ¿Me he retrasao, quizás? (Mira su reloj) Ar contrario: no son las seis, y todos los días vengo a las seis y media… MARTIRIO: Lo que significa que todos los días puedes vení antes, y no vienes… porque te da la gana.
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JULIÁN: Según se da el trabajo, unas veces más entretenío que otras. MARTIRIO: ¡Si no te pido explicaciones, Julián! ¡Ayá tú! JULIÁN: El resultao es que te incomodas porque vengo a verte media hora antes. Lo tendré presente pa mañana. (Empieza a silbar). MARTIRIO: Sirba, hijo, sirba más; a vé si viene el perro y me llena de purgas. JULIÁN: Tú, tú, que mi perro no tiene purgas. MARTIRIOS: ¡Ah! Es verdá; soy yo quien se las pega al perro. JULIÁN: Pero, mujé, ¿qué bicho te ha picao? MARTIRIO: ¡Habrá sío una purga! JULIÁN: ¡Vaya! ¿Y tu madre? MARTIRIO: ¡Ya era hora, hombre, que me preguntaras por ella! JULIÁN: ¡Si acabo de llegar, Martirito! MARTIRIO: Pero has tenío tiempo de hablar de veinte cosas antes que de mi madre: er perro, los sirbíos, mi cara, tu negocio, la hora, las purgas, … ¡lo úrtimo, mi madre! ¡Bien le pagas lo que te quiere!... JULIÁN: To lo que sea pa ti lo primero lo es también pa mi. MARTIRIO: ¿Mi madre va ser pa ti primero que mi madre? ¡Eso se lo cuentas a tu abuela! JULIÁN: Bueno, cuando no se quiere comprendé… ¿No me has sacao la silla? MARTIRIOS: ¡Como no pensaba que ibas a vení tan temprano!... ¡Has venío tan temprano!... JULIÁN: Claro, sí. Iré yo por una, en castigo. MARTIRIO: Mi padre, bien; gracias. JULIÁN: Con tu padre he estao yo hablando hace cinco minutos, y sé que está bien. MARTIRIO: Pero ¡yo no soy adivinadora! JULIÁN: Es verdá. Ni yo adivinadó y me gustaría serlo pa podé adiviná qué caracoles te pasa esta tarde. MARTIRIO: Mira, mira, gritos y palabrotas, no; que la calle es muy ancha y puedes irte por donde más coraje te dé. JULIÁN: (hace como que quiere salir huyendo y camina de espaldas) ¡Si voy por la silla! MARTIRIO: Sí, ya verás, ya verás. Todavía no he empezao y el día se te va hacé mu largo (viene con la silla) ¡Hombre, qué bonito! ¿No se te ha ocurrió cogé la silla más que de la salita?
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JULIÁN: La que he encontrao más cerca. Bueno voy a por otra. MARTIRIO: Ya verás, ya verás. ¿De dónde sacará mi madre que pa reñí hacen farta motivos? ¡Y es que, si yo no riño esta tarde, no duermo esta noche! ¡Y prefiero que no duerma él! JULIÁN: ¿Habré acertao ahora? ¡no me dirás que ésta es de lujo. MARTIRIO: ¡Mira qué ange tienes también! ¡Míralo qué gracioso! ¡Hazme pasar vergüenza, hombre! ¡Que cualquiera que pase y la vea se ponga a llamar al sillero! JULIÁN: No te preocupes porque el asiento voy a taparlo yo ahora mismito. (Se sienta) Ya está ¡Lo que es otra silla no saco! (empieza a liar un cigarrillo). MARTIRIO: ¡No podía fartá la chimenea! (Julián se levanta y tira el cigarro con rabia) ¡Ah! Pero ¿te vas? JULIÁN: ¡Naturalmente! ¡Ni que te conociera de dos días! Ya está visto que esta tarde hay pelea porque sí. MARTIRIO: Pretesto pa dejarme y pa irte con tus amigos. JULIÁN: ¿O sea que me voy por gusto? ¡Un caprichito! MARTIRIO: ¡A ve! JULIÁN: ¡Cuando uno se convence de que no se tratamás que de peleá sin razón! MARTIRIO: ¡Ah! ¿Yo no tengo razón pa peleá contigo esta tarde? JULIÁN: ¿Qué razón tienes? MARTIRIO: ¡No tengo razón! JULIÁN: ¡Dime una siquiera! MARTIRIO: Eso quisieras tú. JULIÁN: Ganas de reñir que tienes. MARTIRIO: ¿Ganas de reñí? JULIÁN: ¡Ganas de reñí que te entran como un sotipao… y hasta que no lo sudo yo no te pones buena! MARTIRIO: Mira, Julián, no grites, que estamos en la calle. JULIÁN: ¡Po métete dentro! MARTIRIO: ¡Qué bonita contestación! ¡Y soy yo la de las ganas de peleá! JULIÁN: ¡No; soy yo! MARTIRIO: ¡Digo si eres tú! JULIÁN: ¡Yo que he venío a verte con esas intenciones! MARTIRIO: ¡Eso es! JULIÁN: ¡Eso es!
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MARTIRIO: ¡Eso, eso es; no lo repitas con retintín. JULIÁN: ¡Eso es! ¡Ya, gracias a Dios, estamos de acuerdo! Y como ya estamos de acuerdo ¡hasta mañana, si Dios quiere! ¡o hasta el día del juicio finá! MARTIRIO: ¡Si te piensas que ahora voy a llorá, te equivocas! ¡Diga mi madre lo que quiera, esto sabe a gloria bendita! (se va sonriéndose) ¡Ay, qué a gusto estoy ¡

Negro se va pa Triana. Y él sabe que hemos reñío Porque a mí me ha dao la gana. ¡Es mío! ¡Na más que mío!

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LAS TRUCHAS
NARRADOR: Había un pescador, Pepillo, a quien no se le escapaba un solo pez. Todos los días cogía su cesta de pescador, anzuelos, plomos, corchos, abundante cebo y con su caña al hombro, ¡hala!, a pescar truchas al río. Pero aquel día volvió a su casa aburrido. No ha pescado nada. Está desesperado y habla con su mujer. PEPILLO: ¿Pero qué pasará con las truchas de este río? ¡Ni una, mujer, ni una! ¡Ni que se hubieran muerto todas! FERMINA: Eso te sucede por perezoso. ¡Madruga, Pepillo, madruga y ya verás…! PEPILLO: Bueno, mujer, ya lo haré, ya lo haré y veremos qué pasa. FERMINA: ¡Eso, eso! ¡Lo veremos! Pero no llegará el día en que madrugues, porque tú… NARRADOR: Al día siguiente, Pepillo se levanta pronto. Va al río como de costumbre y echa la caña. Espera un rato y… PEPILLO: ¡Fermina, mira lo que traigo! FERMINA: ¿No te lo decía yo, Pepillo? Sólo que como eres tan cabezón… PEPILLO: ¡Tres truchas, y de las buenas! Y como mañana hace un año que nos casamos lo vamos a celebrar. Invitaremos al señor alcalde, nuestro amigo. Ya tenemos una trucha para cada uno. FERMINA: Sí, sí; está bien, lo podemos invitar. NARRADOR: Y sin pensarlo más, Pepillo va a casa de su amigo el alcalde para invitarle a comer al día siguiente. El alcalde aceptó y cuando ya se acercaba la hora de comer, Pepillo dice a su mujer: PEPILLO: Fermina, avísame cuando tengas listas las truchas, para ir en busca del alcalde. FERMINA: Ya puedes ir, porque las tengo preparadas y en un momento estarán fritas con jamón. NARRADOR: Fermina contempla las truchas tan doraditas. Tiene apetito y le apetece probarlas. FERMINA: ¡Pero qué ricas deben estar! Voy a probar a ver si están sazonadas. Tomaré un bocadito. ¡Huy, qué sabrosa y qué buena…! ¡Ay, pero
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si me la comí toda…! Voy a probar la de mi marido, no le vaya a faltar sal…! Pues está buenísima! ¡Y ésta otra? ¡Huy, qué rica…! NARRADOR: Casi sin darse cuenta, Fermina se ha comido las tres truchas y al ver que se ha quedado sin ninguna se lleva las manos a la cabeza. La cosa ya no tiene remedio y se dice a sí misma, tan fresca… FERMINA: Bueno, ¿y qué? Si el alcalde quiere truchas que las pesque en el río, yo no quiero que se coma las que pescó mi marido. NARRADOR: Despacio y charlando, como buenos amigos, llegan Pepito y el alcalde dispuestos a comer. PEPILLO: ¡Fermina! Que ya estamos aquí. Cuando quieras cenamos. ALCALDE: ¡Buenos días, Fermina! FERMINA: ¡Hola, señor alcalde! ¡ya! Ya está todo preparado. Siéntese, señor alcalde, y tome una copa de vino. NARRADOR: Fermina llama a su marido y, muy bajito, le dice que vaya a la cocina y que afile bien los cuchillos porque el pan está duro y no lo puede cortar. PEPILLO: Un momento, amigo, que vuelvo en seguida. Vete picando mientras tanto y tomando otra copita. NARRADOR: Fermina, al oír el ruido de afilar los cuchillos, da un grito. FERMINA: ¡Ay, señor alcalde! ¿no oye usted? Mi marido se ha vuelto loco, ¿sabe lo que está haciendo? ALCALDE: No, mujer; no lo puedo saber. ¿Pero, qué hace? FERMINA: Que… ¿qué hace? ¡Ay, señor alcalde! Está afilando los cuchillos para cortarle a usted las orejas. Hace días que le ha entrado esta locura. Para eso le convidó a usted a comer. ¡Váyase, váyase, señor alcalde, que ya viene! ALCALDE: ¡No podía yo suponer tal cosa de este buen amigo! ¡Me voy! ¡Me voy…! NARRADOR: Pasó un rato y Fermina fue a la cocina, donde estaba su marido, toda asustada y con las manos en la cabeza… FERMINA: ¡Ay, Pepillo! ¿Sabes una cosa? ¡Que el señor alcalde se ha escapado con las truchas!
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NARRADOR: Pepillo se enfada y echa a correr, con el cuchillo en las manos, detrás del alcalde gritando… PEPILLO: ¡Eh, amigo! No corras tanto. ¡Déjame una siquiera! NARRADOR: Pero cuenta la historia que el alcalde, sin dejar de correr y muerto de miedo, volvió la cabeza y gritando dijo a su amigo: ALCALDE: ¿Cómo? ¿Qué dices? ¡No, no, no…! Ni una ni dos, que mis orejas no son para vos…

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EL CAZADOR DE LIEBRES
NARRADOR: Habías una vez un cazador que un buen día, al salir el sol, se levantó, cogió la escopeta, y tris-tras, se encaminó hacia el bosque. Anda que te andarás, vio una liebre detrás de unas matas, apunta, dispara y ¡pum!, la mata. Era tan grande que pensó que ya le bastaba por hoy. Se la cargó a la espalda y tris-tras se volvió al pueblo. Anda que te andarás y ¡zas!, tropezó con el señor cura. CURA: ¡Caramba, Pepillo, qué liebre más hermosa traes!, ¿por qué no me la vendes? Mañana viene el señor cura de Mataguindilla y haríamos una comilona. CAZADOR: De buena gana os la venderé. Dadme tres pesetas y no se hable más. CURA: Muy bien, Pepillo, cuatro te doy para que me la lleves a mi casa. Quedamos en ésas, ¿verdad? CAZADOR: ¡Vaya con Dios, señor cura, que así se hará. ALCALDE: ¡Caramba, Pepillo, y qué liebre tan gordota que traes! ¿Por qué no me la vendes? Mañana vienen mis suegros y haríamos una comilona. CAZADOR: De buena gana os la vendería, dadme tres pesetas y no se hable más. ALCALDE: De acuerdo, Pepillo, cuatro te doy para que me la lleves a casa. Quedamos en eso, ¿verdad? CAZADOR: En ésas quedamos, señor alcalde, vaya usted tranquilo. CABO: ¡Rediez! ¡Pepillo y qué liebre tan gordota traes! ¿Por qué no me la vendes? Mañana viene el capitán y en el cuartel nos pegaríamos una comilona… CAZADOR: De buena gana os la venderé. Dadme tres pesetas y no se hable más CABO: ¡Huy! ¡Tres pesetas! ¿Es que tú te crees que somos ricos? Pero, vaya, aquí tienes cuatro y tú me la llevas al cuartel, ¿eh? CAZADOR: Sí, señor cabo. Quede usted tranquilo que así se hará. ¡Hala! ¡Adiós!

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NARRADOR: Y así es como aquel redomado pillo vendió tres veces la misma liebre y cobró doce pesetas. Anda que te andarás, se metió en una fonda, llamó a la dueña y le dio la liebre para que se la guisara con cebollas y patatitas. Así lo hizo ella y el cazador Pepillo, encontró el guiso tan de su gusto que se comió la liebre entera, con huesos y todo. Y después se volvió para su casa y no pensó más en la fechoría de aquel día… ¡Pobre Pepillo, cuando se enteró que lo habían llevado a juicio, le temblaban las piernas y la cabeza le daba vueltas! CAZADOR: ¡Qué puedo hacer…! ¡Estoy perdido! ABOGADO: Lo veo todo muy negro, amigo mío, pero por si acaso sirve, te daré un consejo: pregunten lo que te pregunten, digan lo que digan, tú responde sólo “Titeñó”. ¿Lo has entendido? CAZADOR: Titeñó. CURA: ¿Tú eres Pepillo, hijo de Pepón y de Pepilla, que vives en la calle del Pez, nº 13? CAZADOR: Titeñó. CURA: ¿Y yo ayer no te compré una liebre muy hermosa, y te pagué cuatro pesetas para que me la trajeras a casa? CAZADOR: Titeñó. CURA: ¿Y me la trajiste? CAZADOR: Titeñó. CURA: ¡Cómo que titeñó, titeñó! ¡Eso es mentira! CAZADOR: Titeñó. CURA: ¡Ay, Virgen Santísima! ¡Y lo reconoce! ¿Ya sabes que los que dicen mentiras van al infierno? CAZADOR: Titeñó. CURA: ¿Y tú quieres ir al infierno? CAZADOR: Titeñó. CURA: Señor, Juez, este hombre no sabe lo que dice. Ya lo juzgará la justicia divina, que es infinitamente superior a la humana en las cuestiones de mentirosos. NARRADOR: Y el señor cura se fue persignándose y su caso se dio por sobreseído. ALCALDE: ¿Tú eres Pepillo, hijo de tal y tal, que vives en la calle tal, nº 13? CAZADOR: Titeñó.

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ALCALDE: ¿Y no es verdad que yo ayer te compré una liebre así de gordota y te di cuatro pesetas para que me la trajeras a casa? CAZADOR: Titeñó. ALCALDE: ¿Y me tomaste el pelo, eh? CAZADOR: Titeñó. ALCALDE: ¿Y tú crees que yo soy tan loco como para dejar que me tomen el pelo? CAZADOR: Titeñó. ALCALDE: ¡El loco lo serás tú! CAZADOR: Titeñó. ALCALDE: ¡Oh! ¡De veras se ha vuelto loco este hombre! Señor, juez, ya sabe que a los tontos y a los locos no se les puede juzgar, porque tienen que ir al manicomio. Y yo me voy, que los locos me dan miedo. CABO: ¿Tú eres Pepillo, hijo de tal y tal, que vives en la calle tal, número tantos? CAZADOR: Titeñó. CABO: ¿Y tú ayer no me vendiste una liebre muy grandota, y yo te pagué mis buenas cuatro pesetas para que me la llevases al cuartel? CAZADOR: Titeñó. CABO: ¿Y me la llevaste al cuartel? CAZADOR: Titeñó. CABO: ¿Ya sabes dónde está el cuartel? CAZADOR: Titeñó. CABO: ¡Ay… ay… ay! Seguro que se la entregaste al soldado que estaba en la puerta! CAZADOR: Titeñó. CABO: Uno que lleva bigotes ¿verdad? CAZADOR: Titeñó. CABO: ¡Ay… ay… ay! ¡Qué disgusto! ¡Qué rabia! Es uno que me la tiene jurada. ¡Lo más seguro es que se la han comido él y los otros de su pandilla! ¡Ay… ay… ay! ¡Me marcho corriendo, señor juez, a meter a esos pillastres en el calabozo. Este hombre debe ser inocente.

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NARRADOR: De este modo, Pepillo se libró de las acusaciones que contra él había. Salió del juzgado bailando de puro contento, y en la puerta encontró a su amigo el abogado que le preguntó: ABOGADO: ¿Qué tal? ¿Cómo ha ido todo? CAZADOR: ¡De primera! Estoy libre y he sido absuelto. ABOGADO: Me alegro. Así podré pasarte mi factura. Por darte buenos consejos, me darás cincuenta mil duros. CAZADOR: ¡Sopla! Titeñó. NARRADOR: Y así estuvieron peleándose y discutiendo durante tres días y tres noches, pero al final el abogado no sacó de ello sino una montaña de titeñó que hasta las orejas le escocían.

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BATÁN Y LA FUERZA INFERNAL
CUADRO 1º ABEL Y BATÁN (Salen y se sientan en una piedra. Batán lleva zurrón y bota de vino). ABEL: Vamos, Batán, o se nos echará la noche encima. Tenemos que llegar a Belén. BATÁN: (saca pan y queso del zurrón) Espera, Abel, tengo hambre. Y cuando yo tengo hambre no me pidas ningún esfuerzo, ni físico ni mental. Sólo quiero tragar (da al pan y al queso grandes mordiscos). ABEL: Vamos, Batán, ya comeremos cuando veamos al Niño. Allí habrá más pastores y pastoras y comeremos, cantaremos y bailaremos en compañía ¡habrá fiesta por todo lo alto! BATÁN: (Come y niega con la cabeza) No puedo pensar. ABEL: ¡Hay que ver cómo eres! Tienes la oportunidad de ser de los primeros en ver al Niño que va a nacer y se te ocurre a pararte a comer. BATÁN: (Dice que sí con la cabeza) Sí… comer… comer… ABEL: Seguro que si todos estos niños tuvieran esa oportunidad estarían todos corriendo para ser los primeros. BATÁN: (No deja de comer) Po que vayan ellos. ABEL: Oye, ¿a ti no te da miedo andar por el campo de noche? (Batán dice no con la cabeza) Puede ser una noche de tormentas, truenos, relámpagos… Podemos perdernos en el camino, quedarnos helados en cualquier sitio (Rogándole) ¡Vámonos! BATÁN: No me importa, no me importa… Tengo que comer. ABEL: Podemos encontrarnos con fieras... ¡lobos! (Batan niega) Bueno, tú sabrás lo que haces, yo me marcho. No me gustaría que llegara la noche por el camino y encontrarme con la bestia de Pedro Botero. (Se va). BATÁN: (Deja de comer) Oye, oye Abel, Abel, Aabelito… Aabelito, amigo mío… no me dejes solo… espera… ¿qué has dicho de roquero? (recoge sus cosas del suelo) Dime, ¿quién es ese tío que has nombrado? Abelito, Abelito mío… amigo… que te voy a dar un trocito de queso (corta un trozo y se arrepiente) No, tanto no… Abelito, toma, amigo mío… vuelve que esto ya me huele a chamusquina...
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ABEL: (Su voz de lejos) Me voy corriendo. Alcánzame si te da la gana. Pedro Botero es el demoniooo… el Ángel dijo que era nuestro peor enemigo y que quiere cazarnos para que le digamos dónde está el Niño pero yo no dejaré que me coja a mí… ¡Ahí te quedas con tu comida, Batancete! BATÁN: ¡No, no… por favor no me dejes solo! (se le cae el pan con las prisas) ¡Jolín, qué lejos va ya! ¡Cómo corre el tío! (vuelve a recoger lo que se le ha caído, se arrodilla). BATÁN Y RABITO BATÁN: ¡Pedro Botero, líbrame de la Virgen María!, ¡digo, al revés! ¡Oh, Virgen María, líbrame de Pedro Botero! Ese bestia con cuernos… Ese repugnante animal con rabo… (Aparece RABITO por el otro lado, envuelto en humo, es un diablillo enviado por Pedro Botero, Batán no lo ha visto) Esa sabandija que apesta a cuerno quemado… (Rabito se retuerce de rabia) Ese que dicen que fríe a los niños en las calderas y después se los come… y es tan guarro que no usa servilleta ni se lava las manos ni los dientes nunca… RABITO: Así que … Botero es guarro… BATÁN: (Sin darse cuenta de quién habla) Más todavía. Cuando le pica la nariz, se la limpia con el rabo. RABITO: Con que… se la limpia con el rabo, ¿verdad? BATÁN: Sí. Y no se lava nunca, por eso está tan negro. RABITO: (Enfurecido) ¿Pues yo soy Rabito, un diablillo de Botero! BATÁN: ¡Aaahhh! (cae al suelo y cuando Rabito lo va a coger se le escapa por debajo de las piernas). RABITO: ¡Ahora verás, pequeño entrometido! BATÁN: (se le escurre otra vez entre las piernas) ¡Ay, madre…que me pisa… digo que me coge…digo que me mata…! RABITO: Así que… ¿También yo soy repugnante? BATÁN: No, Robito. RABITO: ¡Rabito! Ra bi to. BATÁN: ¡Ah!, eso, sí … Pavito. RABITO: (Enfurecido) ¡Ra-bi-to! ¡Ra-bi-to! BATÁN: Eso, Rabito, Rabito. Usted perdone, Colita. ¡Digo, Rabito! RABITO: ¿Qué decías de los cuernos? BATÁN: ¿Los cuer… cuernos? … ¡Era una broma!
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RABITO: (Furioso) ¡Ahora verás! (Intenta atraparle pero les sorprende un gran resplandor, Batán se tapa la cabeza, mira entre los dedos y ve a Rabito, se vuelve a cubrir, tres veces lo hace. Mira otra vez a Rabito y lo nota inmóvil, le pasa las manos por delante los ojos y le rodea haciendo burlas, se hace el valiente, después corre a buscar sus cosas). BATÁN: ¡Yo me voy corriendo se vaya a despertar! (Se va y grita) ¡Adiós, Pavito… Colita… Rabitooo! CUADRO 2º BOTERO Y CANDELAS (En el infierno. Los diablillos hacen instrucción a las órdenes de Candelas) CANDELAS: ¡Un, dos! ¡Un, dos! ¡Un, dos! Media vuelta, ¡ar! (los diablillos tropiezan unos con otros) ¡Muy mal! ¿Es que no sabéis siquiera dónde tenéis el cuerno derecho? A ver, repetimos… ¡Firmes!... ¡ar! ¡Manos al … rabo, ar!... ¡Un, dos! ¡Un, dos! ¡Un, dos! BOTERO: (Envuelto en humo) ¡No, no, no, y no! Otra vez me ha fallado el catorce! CANDELAS: (A los diablillos) ¡Al… to! ¡Ya! A la orden mi gran demonio Pedro Botero. Sin novedad en el infierno.. BOTERO: ¡Está bien! Sargen Candelas (mira despacio la fila) ¡Uuummm! ¡Qué buenas piezas para comérselas! CANDELAS: ¿Qué dice, mi Gran Demonio...? BOTERO: (Disimulando) ¿Eh? … No … nada, nada … decía que … ¡Qué diabólicas piezas para mi ejército! Ordene a los reclutas que rompan filas y tráigame la correspondencia del día… ¡Ah, y esta semana a ver si pone más variantes en la quiniela que nunca pasamos de once… CANDELAS: (Hace señas para romper filas) Botero... BOTERO: ¡Más respeto, Candelas! Que aunque tú seas mi sargento, yo soy el rey de los malos, el supremo jefe de las tinieblas, el mandamás del infierno, El que ha montado todo esto (señala las calderas) ¡y eso que empecé con una ollita pequeña! CANDELAS: Perdón. Gran demonio Pedro Botero... Te decía, Botero... que ha llegado un telegrama de la Tierra para ti. BOTERO: ¡Y qué esperas para leérmelo!
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CANDELAS: Dice así: “Los pastores Abel y Batán van camino de Belén a llevar sus regalos al Niño. Stop. Únete a ellos y quítales los regalos… digo, únete a ellos y así sabrás dónde nacerá el hijo de Dios. Stop. Misión cumplida. Stop. Lo estoy pasando muy “guay” en la Tierra. Saludos a las bajuras… ¿Uuummm? C. R. BOTERO: ¡Oh, muy bien! ¡Muy bien por ese chico! ¡llegará muy alto en el reino de los infiernos! Y … dime ¿qué quiere decir eso de C. R.? CANDELAS: No quisiera... Mi gran demonio … BOTERO: (Enfurecido) Demonios, Candelas, no seas pelota. Léemelo todo. CANDELAS: Carnudo y rabilargo, mi gran demonio…. BOTERO: ¡Mil rayos parta a ese diablejo de Rabitos! Ese no llegará nunca a ser un diablo de provecho… ¡Que vuelva rápidamente a mi presencia! CANDELAS: Lo siento, gran demonio de los demonios, pero el recluta Rabitos pidió unos días de permiso para pasar la Navidad con su familia.. BOTERO: ¡Ranas, sapos y salamandras…! ¡Por todos los anfibios del mundo! Te tengo dicho que no firmes permisos durante la Navidad. ¡Lo dejé escrito en el Plan Infernal! ¡Es cuando más os necesito a todos! CANDELAS: Lo pidió, rogó y suplicó, Señor de las Tinieblas. Él dice, oh gran diablo, que no puede pasar ninguna Navidad sin probar los mantecados de su pueblo… es superior a sus fuerzas maléficas… BOTERO: En vez de tentar, él es quien cae en la tentación. ¡Demonio de diablo! CANDELAS: Dice que los mantecados de su pueblo son su única irresistible debilidad… BOTERO: Brrrr... Pensar ahora en mantecados… cuando hay tanto mal por hacer… ¡Prepárame inmediatamente el satélite que voy yo a buscar a esos pastores! CANDELAS: ¿El utilitario, mi señor? BOTERO: ¡Mil rayos! ¡El turbo de siete marchas! Esto es una misión importantísima! ¡Vuela! (Los diablillos meten los dedos para probar el caldo) ¡Dejad de meter los dedos, guarros! Ahora me uniré a esos dos pastores. Averiguaré dónde está ese Niño que dicen que va a ser el Rey del mundo y cuando lo sepa (con las manos hace como si le retorciera el cuello) Demonios con la quiniela, que no se me quita de la cabeza si le hubiese puesto más equis…

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CANDELAS: Lo siento Gran Señor, pero … el diablo mecánico no ha terminado de arreglar el satélite. Dice que se ha levantado tarde. Anoche televisaron la final de la diabloliga y no se la quiso perder… BOTERO: ¡Esto es el colmo! ¡Mis diablos se rebelan contra mi! ¡La tele se rebela contra mi! ¡El fútbol se rebela contra mi! ¡Me fallan las tropas infernales! ¡Tráeme el utilitario, rápido! CANDELAS: Señor, lo lamento de nuevo, pero… el utilitario lo están empleando para llevar diablillos a las calderas de la nueva galería… La producción ha aumentado y se necesita mano de obra. BOTERO: ¡Rayos y truenos! Todo, todo, todo está en contra mía! ¡Ah, pero el gran Pedro Botero no se rinde jamás! ¡Iré, encontraré a esos mequetrefes de pastorcillos (ríe) Ellos mismos me llevarán hasta el Niño... y ¡yo!, ¡Yo! Terminaré siendo el Rey único del mundooo... ¡ja, ja, ja! ¡Lo conseguiré! ¡Ya lo creo que lo conseguiré! ¡Lo haré aunque tenga que ir en autostop! CUADRO 3º BATÁN Y BOTERO (Bosque cerca de Belén. Anochece.) BATÁN: ¡UHF! Menos mal que logré salvarme de aquel demonio. ¡Qué feo que eraaa! Aquella luz tan fuerte que vino del cielo me salvó. Uf, espero que ese diablejo tan feo no aparezca más… Vosotros me avisáis, ¡Eh! (se sienta en una roca) ¿Dónde estará mi amigo Abel? ¡De buena se ha librado! ¿Le habrá pasado algo? ¿Se habrá encontrado también él con el Rabitos ese? (Botero se esconde entre los árboles, hace señas al público para que no le delaten) ¡Pobre amigo Abel! Cuando te cuente todo lo que me ha pasado, no te lo creerás, seguro. (descubre a Botero) ¿Qué? ¿Qué decís? ¿El demonio?... ¿Sííí?... ¿Dóóóndeeee? (quiere escapar por donde está Botero que sale de su escondite, Batán se vuelve atrás) ¡Aaaaahhh! (se esconde detrás de un árbol) ¡Jolín, qué susto! ¡Y éste tío es más grande! (lo busca) ¡Y qué cuernos tieneee! BOTERO: (Buscándolo) Te escapaste del inútil de Rabitos… pero de mí… ¡No te salvarás! BATÁN: (Al público) ¡Vaya! ¡Estos tíos la tienen tomada conmigo! No, si al final terminaré achicharrado!...
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BOTERO: (Al público, buscándolo) ¿Dónde está ese desdichado?... ¿allí? (hace señas al público para que conteste que no y busca) … ¿allí?... ¡Ya te tengo! ¡Vendrás conmigo! (Batán se le escurre) ¡Deja ya de moverte, Batancete! (se pone a gatas y le pasa por debajo las piernas, se vuelve y le da una patada en el trasero) ¿Quieres escaparte, eh? ¡No podrás con mis poderes! (Levanta los brazos para invocar, Batán temblando de pánico) ¡Monstruos, demonios y brujas! ¡Clavos, grapas y chinchetas! Si Batán se mueve, ¡que se le abra la bragueta! BATÁN: (Se cubre la bragueta con las manos, asustadísimo) ¡Nooooo! BOTERO: ¡Por fin eres mío! Vendrás conmigo y me dirás dónde va a nacer ese Niño... Seré el Rey del mundo… ¡el Rey del Mundo seré Yooo! (Se lleva a Batán cubriéndolo con su capa)… ZACARÍAS – AQUIM - PASTORES (1º-5º) – PASTORAS (1º-6º) ZAGAL (Se oye el murmullo del canto de pastores y van apareciendo y se sientan en semicírculo. Comen y beben mientras hablan, pasándose comida y bebida) ZACARÍAS: (Pastor viejo) Ya estamos cerca de Belén… AQUIM: Sí, descansaremos aquí y después seguiremos nuestro camino (se sientan los dos y cantan los pastores) PASTOR: Los pastores somos A Belén marchamos Y al Niño Jesús Todos le cantamos. PASTOR 2º: Las pastoras todas juntas ¡Viva el amor! Esperan con ilusión. ¡Viva el amor! Que llegue ya el gran momento ¡Viva el amor! ¡y darle al Niño el biberón! TODOS: (Estribillo) PASTORA: El abuelo Zacarías. TODOS: ¡Viva el amor! Le lleva al Niño un zurrón La pastora un pan y un queso
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Y yo tintorro en porrón. (estribillo). PASTORCILLO: (sacando a bailar a una pastora) A esta pastora bonita. TODOS: ¡Viva el amora! PASTORCILLO: Contento le voy a dar En esa cara preciosa… PASTORA: ¡Una buena bofetá! (le da un cachetito). TODOS: (Ríen y cantan el estribillo) PASTORA 1ª: (Reparte pan a los demás) ¿Será verdad lo que dicen del Niño? ABEL: Sí. A mi amigo Batán y a mí, nos lo anunció un ángel. ZACARÍAS: ¿Y cómo sabremos la noticia, Abel? ABEL: El ángel dijo que para anunciar la buena nueva, habría una señal en el cielo. PASTORA 2ª: Nosotras ya traemos nuestros regalos. PASTORA 3ª: (Enseña el zurrón) Sí, (risa) no queremos ser de las últimas. AQUIM: ¿Y qué le pasa a tu amigo Batán, Abel? PASTORA 4ª: Estará dormido bajo un árbol… (risa general). PASTOR 3º: Se habrá vuelto a casita… (riendo) muerto de miedo… (risas) PASTORA 5ª: O estará buscando qué comer… (risas). ABEL: Es muy extraño. Ya ha tenido tiempo de encontrarme… (Música celestial, luz brillante en un lateral y los pastores giran hacia ella) ABEL: ¡Mirad… allá… en la montaña! PASTORA 6ª: Sí, es una hermosa luz. PASTOR 4º: Algo maravilloso está ocurriendo. PASTORA 5ª: Llega gente corriendo. ¡Mirad, mirad! ZACARÍAS: Sí. Algo grande estamos viviendo. (Acaba la música y luz normal) ZAGAL: (Entra corriendo, alterado) ¡Pastores… pastores… PASTORA 1ª: ¿Qué ha ocurrido? PASTOR 3º: Desde aquí hemos visto una intensa luz blanca… PASTORA 2ª: ¿Sabes algo de eso? PASTORA 3ª: ¿Vienes de allá?

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ZACARÍAS: ¡Calmaos! ¡Dejadle hablar! Ven, muchacho, siéntate y cuéntanos qué sabes sobre esa fantástica luz. AQUIM: (Pasándole la bota) Toma, zabal, aclárate la garganta. ZAGAL: (Bebe) Nos encontrábamos cuidando nuestros rebaños en la tranquilidad de la noche… PASTORA 4ª: ¡Abrevia, chico, ¿qué ha ocurrido? PASTORA 5ª: Sí, eso, zagal, ¡al grano! ZACARÍAS: ¡Callaos! ¡callaos de una vez! … continúa… AQUIM: Sí, eso, callaos… dejadle hablar… PASTORES: Eso sí, callaos… dejad que hable… ZAGAL: Pues estábamos todos tan tranquilos… cuando, de repente, una extraña luz blanca inundó la noche y de las alturas surgió un ángel con hermosas vestiduras… sentíamos una rara sensación… estábamos viviendo un hecho fantástico y, sin embargo, no teníamos miedo… Fue todo muy rápido, pero muy maravilloso… El ángel, con suave y dulce voz, anunció: “Pastores y pastoras, corred a Belén, allí, esta noche, os ha nacido el que esperábais”. PASTORA 6ª: ¿Y qué más? PASTORA 5ª: Sí, eso; cuenta, cuenta… PASTOR 4º: Vosotros, ¿qué hicísteis? PASTOR 5º: ¿Y él qué hizo? ZAGAL: Nada más, pastores. Algunos han ido a llamar a sus familias… Otros, van avisando por las montañas. Yo ya voy camino de Belén. ZACARÍAS: Nosotros también marchamos… (Salen los pastores cantando el villancico) ABEL: Yo no puedo marcharme hasta no encontrar a mi amigo Batán. Salimos juntos y debemos llegar juntos. ZACARÍAS: Está bien, amigo Abel. Eres noble y eres buen amigo. Ten fe y tu amigo Batán volverá. El que tiene fe consigue lo que quiere. (Se va Zacarías y se queda Abel solo, se oye el villancico) ABEL – BATÁN - BOTERO (Abel mira a todas partes y se sienta. Aparece Batán admirado de lo que ha visto y de estar vivo).

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BATÁN: (No ha visto a Abel) Estoy aquí. ¡Estoy aquí de nuevo! En el mismo sitio de donde me llegó Botero… ¡Estoy aquí…! ¡Salvado! … ¡Estoy salvado! ¡Estoy aquí de nuevo! ¡Salvadooo! ABEL: (Levanta la cabeza y le reconoce) ¡Batán, amigo mío! (se abrazan) ¿Qué te ha ocurrido? ¿Por qué has tardado tanto en alcanzarme? BATÁN: ¡Ay, amigo Abel! ¡Qué aventuras más raras me han pasado! ABEL: Ah, ¿tú también has visto esa maravillosa luz y al ángel que salió de ella? ¿También la has visto? BATÁN: (se sienta) ¡Qué ángel ni qué porras! El tío que yo he visto es todo lo contrario a un ángel. ABEL: Sí, Batán. Hace poco ha ocurrido un gran fenómeno. Hay pastores que lo han visto. Un ángel que ha anunciado el nacimiento del Niño al que vamos a ver en Belén. BATÁN: Entonces ése es el que me ha salvado a mi de morir en las calderas como una salchicha. ABEL: ¿De qué hablas, Batán? BATÁN: Déjame que te cuente, Abel. (Se levanta). Escucha. Cuando me dejaste solo, apareció un diablillo pequeñajo. Sí, sí. Créetelo. Todo rojooo; con rabo… y con unos cuernos pequeñitooos. Se llamaba …Bobito, o Colita… o Rabito… o algo así. Quería secuestrarme y llevarme con Botero, que es su jefe. Pero cuando iba a atraparme una potente luz lo cegó. Se quedó como una estátua, entonces aproveché para escapar. ¡Qué susto pasé, Abel! Después continué buscándote y … precisamente aquí… en este sitio, apareció otro demonio, el jefe. Este mucho más feooo. Más grande y con cara de más mala leche. ¡Qué feo era el tíooo! (Botero aparece, Abel lo ve y se queda de piedra, Batán no lo ha visto y sigue hablando). ¡Qué cuernos lleva el tío! Tenía un poder infernal. Me dejó inmóvil. Me cubrió con su capa y me trasladó a un sitio muy triste… Había muchas galerías. Muchas calderas hirviendo… diablillos pequeñajos removiendo las calderas. ¡Qué calor hacíaaa! ¡qué miedo pasé, Abel! … Pensaba echarme a las calderas si no les decía dónde va a nacer el Niño… Ya me veía como un garbanzo metido en el puchero… cuando, de pronto, no sé lo que pasó… todas aquellas cuevas infernales se iluminaron con una potente luz blanca… todos quedaron inmóviles… (Botero hace una señal y aparecen diablillos que no ve Batán, Abel sorprendido). En aquellos momentos me entraron ganas de burlarme de ellos. Retorcerle los cuernos… (Botero y los diablillos se retuercen de rabia, Abel intenta callar a Batán) morderles el rabo…
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echarlos a las calderas hirviendo… Pero, no sé cómo ocurrió y, como por arte de birlibirloque, me he visto aquí, en el camino de Belén. Sí; yo creo que debe haber sido el ángel ese que dices tú el que les ha impedido que frían. BOTERO: ¡Pues ahora nadie os salvará! ¡Vamos, a por ellos! (Los rodean los diablos y se oye el villancico al fondo y van apareciendo los pastores. Los diablillos se asustan horrorizados) ¡No, no, no… nooo! (La pastora 1ª trae el Niño en brazos y los pastores la rodean admirados. Los diablillos salen huyendo. Cantan el villancico)

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SANCHO EN SU ÍNSULA
1. PRESENTACIÓN:
En escena un libro gigante y dos pajes de cuento o arlequines, que sostienen el libro en el que se lee: “ DON QUIJOTE DE LA MANCHA” Abren el libro:
NARRADOR 1.- En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme… NARRADOR 2.- (interrumpiendo con gracia), no hace mucho tiempo … NARRADOR 1.- … que vivía un hidalgo, de los de lanza en astillero, adarga antigua… NARRADOR 2.- ...rocín flaco y galgo corredor… , NARRADOR 1.- (Solemne) Don Quijote… NARRADOR 2.- … de todos conocido por (muy solemne) ¡Don Quijote de la Mancha!, NARRADOR 1.-Tenía un escudero… NARRADOR 2.- (Explicando con gracia) o sea, el que le llevaba el escudo… ¡digo yo! NARRADOR 1.- Sancho, se llamaba el buen hombre… NARRADOR 2.- … más conocido por (solemne) ¡Sancho Panza! (gestos de abultada barriga) Porque llevaba, muy contento y orgulloso, su gran barriga… ¡digo yo!

Por el lateral derecho se oye un relincho y comentarios de don Quijote y Sancho, al mismo tiempo, el Narrador 2 pasa la hoja mientras el otro dice:
NARRADOR 1.- Pero mira, mira, ahí llegan…(Compadeciéndose) Sancho Panza, un personaje digno de lástima y que … NARRADOR 2.- (Con gran sonrisa) Sin embargo, nos hace reír. NARRADOR 1.- ¡El pobre Sancho! Salió de su pueblo en busca de aventuras … NARRADOR 2.- (gestos de admiración y exageración) … y…y…y...y cuando la aventura no surgía, ¡él se la inventaba!
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NARRADOR 1.- ¡Cuidado que llegan! (retira el libro a un lado, que se vea y no estorbe. Se gira y ve al Narrador 2 sentarse en el centro). NARRADOR 2.- (Se sienta muy contento, frotándose las manos y mirando por donde asomarán los protagonistas) A ver qué pasa… a ver qué pasa… NARRADOR 1.- (Enfadado va hacia él y lo arrastra junto al libro, desde allí miran la escena) ¡Vamos, hombre! Éste no es nuestro sitio.

2.AVENTURA DE LOS MOLINOS.
Aparecen Don Quijote y Sancho.
DON QUIJOTE.- (Señalando al lejos) ¡Mira, Sancho, ya tenemos una aventura a la vista! SANCHO.- (Mira sin entender) ¿Una aventura, mi señor Don Quijote? DON QUIJOTE.- (Con la mano en su hombro y paciencia) Pero, abre los ojos, Sancho, abre los ojos y observa. (Le señala donde es) ¿No ves en aquella colina más de treinta o cuarenta gigantes que mueven los brazos? SANCHO.- (Saca y mete el cuello varias veces, sin ver, mira con la mano de visera, al lateral. Se rasca la cabeza.) Lo que veo, mi señor, son treinta o cuarenta molinos de viento que mueven las aspas.

Don Quijote, enfadado, se tira de los pelos, mira al cielo y abre los brazos, se gira…
DON QUIJOTE.- ¡Sancho, Sancho!...¿ Qué me dices, hombre? SANCHO.- (Mira, se rasca la cabeza. Corre a un lateral, mira con más atención y se vuelve hacia su amo) ¡Que sí, mi amo! (Girando, graciosamente los brazos como aspas) ¡Que no son más que molinos girando las aspas! DON QUIJOTE.- (Con paciencia) ¡Ay, Sancho, Sancho, mi buen escudero...! SANCHO.- (Corre al otro lateral al oír un relincho) ¿Por qué no cogemos a Rocinante y nos vamos de aquí, mi señor Don Quijote? DON QUIJOTE.- Así no llegaremos a ninguna parte, Sancho.
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SANCHO.- (Se rasca ingenuo y se acerca a Don Quijote) ¿No , mi amo? DON QUIJOTE.- Parecen molinos de viento, pero en realidad son gigantes disfrazados de molinos. SANCHO.- (Mira de nuevo y exagera, convencido) ¡Gigantes, mi amo! ¡Y qué gigantes! DON QUIJOTE.- Y ahora, abre bien los ojos y me verás en la aventura más maravillosa que pueda existir... SANCHO.- (Cansado, abre los brazos) ¿Más aventuras, mi amo? ¿Más aventuras? DON QUIJOTE.- (Sin hacerle caso) Don Quijote enfrentándose a los cuarenta gigantes de La Mancha. (Corre al lateral y sale de escena, Sancho se tapa los ojos.) SANCHO.- (Gritando con las manos delante de los ojos) ¡Ay, mi amo! ¡Que son molinos, mi amo! ¡Que son molinos! DON QUIJOTE.- (Gritando) “No huyáis cobardes y viles criaturas, que sólo es un caballero quien os ataca”

Sancho pone cara de dolor en cada golpe que se oye dentro, como si los recibiera él mismo. Después de un gran ruido, Sancho también sale corriendo de la escena.
SANCHO.-(Corre a socorrerle) ¡Ay, mi amo, mi amo! Ya le dije que no eran gigantes sino Molinos. ¡Y qué molinos!

3.PRESENTACIÓN SEGUNDA.
Al quedar la escena vacía los narradores adelantan unos pasos
NARRADOR 1.- Y de esta forma Don Quijote embistió al molino. NARRADOR 2.- (Con gestos) Y las aspas del molino, en una enorme sacudida, … NARRADOR 1.- … le lanzaron al suelo con los huesos muy doloridos. (Pasea por la escena renqueante y dolorido, con la mano en la espalda) NARRADOR 2.- Contándole a Sancho que le habían cambiado los gigantes por molinos. NARRADOR 1.- ¡Porque le tenía unas ganas!
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Se oyen quejidos de Don Quijote y el Narrador 1 coge al 2 y lo arrastra junto al libro.
NARRADOR 2.- (Andando casi a gatas) ¿Eh? ¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa? DON QUIJOTE.-(Ayudado por Sancho) ¡Ay, ay! ¡Ay, amigo! ¡Amigo Sancho! ¡Aay, amigo Sancho! SANCHO.- (Lo sujeta con paciencia) ¿Qué, mi amo? ¿Qué? DON QUIJOTE.- Ha sido algún mago que quiere impedir mis aventuras... SANCHO.- Un mago, mi amo, un mago. DON QUIJOTE.- Un mago que ha cambiado los gigantes por molinos de viento, Sancho… SANCHO.- (Cargando con él) Claro mi amo. Un mago. Un mago muy mago, pero un mago.

En el centro Sancho lo suelta y Don Quijote, intenta mantenerse de pie, camina torpemente, da una vuelta a la escena. Al tambalearse, acude Sancho, cómicamente, a socorrerle. Se mantiene en pie y mirando a Sancho le sentencia con el dedo.
DON QUIJOTE.- Pero no te desanimes... SANCHO.- ¡Claro que no, mi amo, claro que no! DON QUIJOTE.- Continúa conmigo como buen escudero ... SANCHO.- ¡Claro que sí, mi amo, claro que sí! (Baja la cabeza emocionado) DON QUIJOTE.- ...y algún día llegarás a ser gobernador de una ínsula. SANCHO.- (Levanta rápidamente la cabeza) ¿Verdad que sí, mi amo, verdad que sí? DON QUIJOTE.- Te lo prometo, Sancho (Aturdido, sale por el lateral) Te lo prometo, Sancho, te lo prometo...

Sancho ha quedado sólo, en el centro siguiéndolo con la mirada, se rasca la cabeza. Viaja con la imaginación, levanta la cabeza, saca pecho, pasea por la escena dando órdenes con las manos a imaginarios súbditos...creyéndose gobernador. Se oye un nuevo
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relincho y, asustado de verse solo, sale corriendo por donde se fue Don Quijote.
SANCHO.- Pero...¡ No se vaya sin mí, mi amoooo! .

Los narradores pasan otra hoja.

4.ENCUENTRO CON LOS DUQUES.
Entran el duque y la duquesa y un gran séquito de pajes y señores importantes. Pasean conversando por la escena y se pararán. Entran Don Quijote y Sancho y los miran.

DUQUE.- Mirad qué pareja. DUQUESA.- Por su aspecto parecen aquellos personajes de la historia que leemos…. CABALLERO 1.- Sus aventuras dan la vuelta al mundo… DUQUE.- (Piensa con la mano en la barbilla) ¡Don Quijote y Sancho Panza.! Tenéis razón. DUQUESA.- Podríamos invitarles a nuestro palacio y tratarlos como si fuesen grandes señores. DUQUE.- Sí. Y divertirnos muchísimo a su costa. DUQUESA.- (Se acerca a Don Quijote y le habla con exagerada cortesía) Caballero, ¿por ventura sois el valiente caballero Don Quijote, el que venció a los gigantes? DAMA 1.- ¿El que ha hecho proezas tan grandes que incluso aparecen escritas en los libros? DON QUIJOTE.- Soy el caballero Don Quijote, mi señora, (solemne reverencia que Sancho trata, torpemente, de imitar; mientras, los demás aguantan sus risas) DAMA 2.- ¿Aquel a quien también conocen como “El caballero de la triste figura”? DON QUIJOTE.- (Enfadado con Sancho) Lo de la triste figura es ...disparate... SANCHO.- (Inocente) ¿Disparate, Quijote?
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DON QUIJOTE.- (Llamándole la atención por la falta de respeto) ¡Sancho!... fruto de la mente ingenua de mi escudero... SANCHO.- Mi Señor Don Quijote, con la luz de las antorchas parece usted... DON QUIJOTE..- (No hace caso)...y mis armas de caballero siempre están dispuestas para defender el bien y la justicia. DUQUESA.-(Con cómica admiración) ¡Ooooh!

(Murmullo de falsa admiración y miradas con risas contenidas entre el grupo)
DAMA 1.- Y , ...aquí tenemos a Sancho Panza, (exagerando su cargo) ¡el más fiel escudero.! DAMA 2.- (Como un anuncio) A quien su amo ha prometido hacerle ¡gobernador de alguna ínsula! SANCHO.- (Ofendido porque cree que quieren burlarse de él) – Naturalmente, soy Sancho Panza, el escudero, y también he tomado parte en las aventuras de mi amo… CABALLERO 2.- (Mirando con burla a los otros) Claro, claro, como buen escudero (Termina llevándose la mano a la boca para simular la risa). SANCHO.- (Palpándose el lomo) Sobre todo en lo que se refiere a los golpes. (Risas contenidas) Y no hace falta que se rían vuestras mercedes...

Don Quijote, detrás de Sancho, para “llamarlo al orden”, le pone una mano en el hombro y éste sin mirar ni saber quién es, se la quita de encima.
DUQUESA.- Excuse nuestra alegría, pues nos reíamos de... ¡de sus golpes! DUQUE.- Así pues, ...¿suponéis que es fácil gobernar una ínsula? SANCHO.-(Don Quijote la pone su mano en el hombre y él se la quita) Me considero capaz de gobernar una ínsula tan bien como muchos gobernadores que circulan por aquí,(Juego de la mano) ¡o mejor!. CABALLERO 2.- ¿Por qué pensáis así, buen hombre?

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SANCHO.- (Juego de la mano) Porque, a veces, para ser un buen gobernante es preferible tener un poco de buena voluntad que mucha inteligencia. .-(Juego de la mano) DON QUIJOTE.- No me avergüences, Sancho. SANCHO.- (Modesto, simplón) Si yo, mi amo, solo quería... DON QUIJOTE.- Y recuerda lo que tantas veces te he dicho: SANCHO.- (Cabizbajo) Mi amo me dice tantas cosas... DON QUIJOTE.- La educación de las personas se mide por su moderación al hablar. SANCHO.- Ya callo, señor; además, esto es hablar por hablar... DAMA 2.- ¿Por qué os expresáis así, Sancho? SANCHO.- Porque, aunque más vale pájaro en mano que ciento volando, yo no los tengo ni en la mano ni volando... DUQUE.- Pero ...tu amo te ha prometido la ínsula ... (Murmullo y risitas en el grupo) DON QUIJOTE.- Y la tendrás, Sancho, y la tendrás. SANCHO.- Ya. Veo que esto de ser gobernador de una ínsula va para largo y no sé si lo veré algún día. DON QUIJOTE.- Compórtate, Sancho. DUQUESA.- No, con lo que acaba de decir ha conseguido ser gobernador. DUQUE.- Precisamente ahora tenía que buscar un gobernador para una ínsula de mi propiedad y ya lo he encontrado. DUQUESA.- Tú, Sancho, serás el gobernador de la ínsula Barataria. (Todos ríen y aplauden)

Don Quijote, sorprendido, Sancho, muy satisfecho. La duquesa señalando a Sancho con el dedo extendido y el duque y los otros personajes, aguantándose la risa. Con bastante jolgorio y alegría, saludando y felicitando todos a Sancho, Éste se regocija en su cargo.

5.PRESENTACIÓN DEL GOBERNADOR.
Los Narradores pasan la hoja. Sala del palacio del duque, en la ”Ínsula Barataria”. Entran el Secretario, los Bachilleres, y demás damas y caballeros.
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NARRADOR 1.- Y de esta forma llegó Sancho a una aldea de unos mil habitantes, propiedad del duque. NARRADOR 2.- (Tira de imaginarias cuerdas de campanas) Tocaron, y tocaron, y tocaron ... y tocaron las campanas...

El Secretario da un par de palmadas y aparecen tres pajes, traen un trono. El Narrador 2, va,de un sitio para otro, mirando muy de cerca, como un miope, cada acción. PAJE 1.- (Solemnísima reverencia de los tres, Sancho trata torpemente de imitar). Este es el sillón. PAJE 2.- Este es el sillón que sirve. PAJE 3.- Este es el sillón que sirve de silla PAJE 1.- Este es el sillón que sirve de silla al señor. PAJE 2.- Este es el sillón que sirve de silla al señor gobernador PAJE 3.- Este es el sillón que sirve de silla al señor gobernador que gobierna LOS TRES.- Este es el sillón que sirve de silla al señor gobernador que gobierna la Villa. Ceremoniosamente colocan el sillón en el centro de la escena y le sientan en él el Secretario y los Asistentes. Le enseñan la mejor postura para un gobernador... le ponen apoyado en una mano, en la otra.. Se van los pajes..
SECRETARIO.- (Cantando) Sancho gobernará ya siempre nuestra isla. El trono le dará la altura que precisa.

Con jolgorio y con mucha solemnidad, repiten todos la tonadilla. Al acabar, vuelven los pajes. El 1, entre los otros dos, trae un cojín con una gran llave.
PAJE 1.- Este es el cojín.
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PAJE 2.- Este es el cojín que trae la llave PAJE 3.- Este es el cojín que trae la llave de la puerta PAJE 1.- Este es el cojín que trae la llave de la puerta de la Villa PAJE 2.- Este es el cojín que trae la llave de la puerta de la Villa que gobierna. PAJE 3.- Este es el cojín que trae la llave de la puerta de la Villa que gobierna el señor LOS TRES.- Este es el cojín que trae la llave de la puerta de la Villa que gobierna el señor Gobernador.

Con ridícula solemnidad los “importantes, “ (siempre con la curiosidad del Narrador 2), entregan la llave a Sancho. Buscan donde dejarla, aquí, allí, terminando por colgársela en el cuello.
SECRETARIO.- (Cantando) Sancho gobernará ya siempre nuestra isla. Con la llave abrirá al mundo nuestras vidas.

De nuevo repiten todos con la misma solemnidad. Los pajes salieron de escena para volver enseguida con una gran vara adornada. (Llevará una cuerda para poderla colgar en el sillón)
PAJE 1.- (Entre los tres sujetan la vara en forma de bandeja) Esta es la vara. PAJE 2.- Esta es la vara que vale. PAJE 3.- Esta es la vara que vale para valorar. PAJE 1.- Esta es la vara que vale para valorar los asuntos. PAJE. 2.- Esta es la vara que vale para valorar los asuntos del gobierno PAJE 3.- Esta es la vara que vale para valorar los asuntos del gobierno que gobierna. LOS TRES.- Esta es la vara que vale para valorar los asuntos del gobierno que gobierna el señor Gobernador.

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Entregan solemnemente la vara a Sancho y, ante su torpeza al sostenerla, se la colocan de diferentes maneras, todas extravagantes, y terminan por dejarla colgada en el sillón, Los pajes permanecen retirados en el lateral.
SECRETARIO.- (Cantando) Sancho gobernará ya siempre nuestra isla. Con la vara obtendrá mucha sabiduría

Cantan todos.
SECRETARIO.- (Tose y hace señas a los demás de que se pongan serios y formales) Señor gobernador, en esta ínsula es costumbre,

(El Narrador 2, observaba la llave al pecho de Sancho, cómicamente disparado a ocupar su sitio junto al libro)

sale

SANCHO.- Muy bien, muy bien. Costumbres, costumbres y tradiciones. CABALLERO 3.- Claro, claro; las costumbres. SECRETARIO.- Pues bien, señor, el día en que un nuevo gobernador toma posición de la villa...(Duda y mira a unos y a otros, que, disimuladamente, le animan a seguir) SANCHO.- Continúe, continúe, señor...señor...(Se pone de pie, todos ríen y disimulan) ¿quién es usted? SECRETARIO.- (Con gran reverencia que Sancho trata de imitar y le hace tambalear, risitas de todos) Su Secretario, señor. CABALLERO 3.- ¡El secretario! (Con más solemnidad) ¡El Se cre tario! SANCHO.- (Se sienta, se rasca la cabeza, como no entendiendo) ¡ Ah!, si es el secretario... SECRETARIO.- (No puede disimular la risa) Continúen, continúen vuestras mercedes, señores Bachilleres... BACHILLER. 1- (Hace una leve reverencia al Secretario, Sancho lo imita con dos o tres cabezadas rápidas de risa) Verá señor, al nuevo gobernador se le plantean algunos problemas de difícil solución.
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SANCHO.- (Se rasca) De difícil solución... (Se levanta y pasea acariciando la llave) (Todos se miran y sonríen) BACHILLER 2.- Problemas que el señor gobernador ha de juzgar y resolver delante del pueblo. SANCHO.- (Se gira a él rápido, asustado) ¿Delante del pueblo? BACHILLER 1.- (Leve inclinación de cabeza, Sancho repite torpemente) Delante del pueblo, mi señor. CABALLERO 3.- Delante del pueblo, claro, claro. Delante del pueblo. PAJE 1.- El gobernador PAJE 2.- EL gobernador gobierna PAJE 3.- El gobernador gobierna delante del pueblo BACHILLER 2.- Y así, la gente sabrá si debe alegrarse o entristecerse con la venida del nuevo gobernador.

Sancho pasea durante estas explicaciones y se gira rápidamente a sus interlocutores.
SANCHO.- (Negando con la cabeza y la mano) No, no... Se repite este juego varias veces. CABALLERO 3.- ¡Cómo! ¡cómo!... SANCHO.- De acuerdo, de acuerdo... (Los presentes muestra admiración, o se tapan la boca ahogando las risas) SECRETARIO.- (Aplaudiendo ridículamente) ¡Bravo, mi señor! BACHILLERES.- Bien, muy bien. SANCHO.- (Se ha acomodado en el sillón) Decidme los problemas, que yo pondré toda mi buena voluntad por resolverlos. SECRETARIO.- Es una excelente decisión, mi señor. CABALLERO 3.- Excelente, brillante .. ¡Magnífica...! BACHILLER 1.- (Aguantaba la risa) El pueblo quedará admirado ... SANCHO.- Así lo haré, tanto si el pueblo se entristece como si revienta de risa.

6.JUICIO DE LAS CAPERUZAS.

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El Secretario da una palmada y los personajes se preparan entre risas y comentarios. Unos salen y vuelven con unos bancos para sentarse; otros se acomodan en el suelo; alguno en los brazos del sillón... Todo de manera vertiginosa. Sancho con los ojos grandes, mira a unos y a otros. El Secretario da otra palmada y entran el labrador con su esposa y el sastre.
SASTRE.- Mi señor Gobernador, este hombre vino ayer a mi casa con un pedazo de paño. LABRADOR.- Sí señor, esto es verdad, fui ayer a su casa ... ESPOSA.- (Interrumpe, muy enfadada) ¡Pero mirad, mirad lo que ocurrió.!

Mientras lo explican representan la escena. Se coloca el Sastre en un lateral, y simula que está trabajando. El labrador y su esposa, que se habían retirado al otro lateral, se le aproximan.
LABRADOR.- Buenos días nos dé Dios. ESPOSA.- (Orgullosa, mandona, desconfiada) Buenos días. SASTRE.- Buenos días. LABRADOR.- ¿Qué opináis de este paño? (El sastre, está cosiendo otra prenda, lo mira casi desde lejos y sigue con su imaginaria tarea sin echarle cuenta) ESPOSA.- (Le quita de mala manera el paño a su marido y lo pone delante de los ojos al sastre) Es un buen paño, ¿verdad, señor sastre? SASTRE.- (Lo mira en las manos de la esposa) Es un paño de buena calidad. LABRADOR.- Es muy bueno y me ha costado mucho dinero. ESPOSA.- (Dándole con el paño cariñosamente a su esposo).- Mucho dinero, mucho dinero, señor sastre. SASTRE.- Es un buen paño, ¿y qué? ESPOSA.- (Manos en jarra, con el paño en una mano) ¿Cómo que y qué? ¿No es usted sastre? LABRADOR.- (Calma a su esposa) Me han dicho que erais un buen sastre. SASTRE.- Y estoy a vuestra disposición.

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ESPOSA.- ¡Pues entonces! (El marido le da un codazo, ella se pasa la mano por el lugar del golpe sin echarle cuenta) ¡Pero será usted caro, ¿no? (Nuevo codazo y misma reacción de la esposa). SASTRE.- (Cose sin prestar mucha atención al matrimonio) Por poco dinero puedo haceros un traje de terciopelo con un chaleco. ESPOSA.-(Gesticulando mucho con las manos y reaccionando como siempre al nuevo codazo del esposo) ¡Alto, alto! Parad el carro., señor Sastre, parad el carro. ¿Pues qué os habéis creído...? LABRADOR.- (Retira a su esposa que sigue con el paño en las manos, mira con malos ojos al sastre) .- Os traemos este paño para que me hagáis una caperuza. ESPOSA.- (No se aguanta) ¡Así es! ¿Podéis hacer una caperuza con este paño?. (le pone el paño delante de las mismas narices)

El sastre, cuelga la imaginaria prenda que cosía en un imaginario perchero, bajo la atenta mirada de la curiosa esposa, coge el paño, lo abre, por delante por detrás, trata de estirarlo, lo roza con las uñas, etc. El matrimonio mete sus narices por abajo, por arriba, entre los brazos del sastre, etc... La esposa con las manos en jarras,...De vez en cuando el sastre se da cuenta, les mira y ellos disimulan mirando a otro lado…
SASTRE.- Sí, puedo hacerla. Pero os costará cinco reales. (Devuelve el paño y la esposa se lo arrebata de mala manera y arrastra al marido a un lado para deliberar. La esposa mira al sastre y consulta con su esposo con mucho cuchicheo, gesticulación, encorvarse, incorporarse...). LABRADOR.- (Se acerca al sastre) Está bien, de acuerdo. Queremos la caperuza. ESPOSA.- (Amenaza con el dedo delante de las narices del sastre) ¡Pero sólo os daremos cuatro reales! SASTRE.- (Mira a la esposa que se le ha quedado estática señalándolo con el dedo) Os la haré por cuatro reales. LABRADOR.- De acuerdo, hasta mañana. ESPOSA.- (Coge la mano del sastre y le coloca el paño en ella) ¡Ahí tenéis el paño! (Muestra, enérgica, cuatro dedos ) ¡Cuatro reales! SASTRE.- (Resignado) Hasta mañana.
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LABRADOR.- (Aparte, a su esposa) Esto no me gusta. No ha protestado por el precio. ESPOSA.- Eso significa que piensa quedarse con el paño que sobre y así ganará todavía más. LABRADOR.- Seguro que sobra paño para otra caperuza. ESPOSA.- (Con sus manos en jarra) Vamos, vamos. ¡Un momento, sastre! SASTRE.- (Con el paño en el suelo, unas imaginarias tijeras, intentaba cortar, pero siempre se arrepentía y lo intentaba de otra forma) ¿Qué queréis?

Mientras el labrador habla, la esposa se ha agachado y recoge, con genio, el paño del suelo; se acerca a escuchar lo que dicen.
LABRADOR.- ¿Me habéis dicho que con esta tela me podéis hacer una caperuza? ESPOSA.- (Interrumpe y mostrándole el paño abierto) ¿Y dos? ¿A que podéis hacer dos? LABRADOR.- (Mostrando él el paño) ¿No os parece que aprovechando bien el paño saldrían dos caperuzas? ESPOSA.-(Se Apodera de nuevo de la tela que agita) ¡Claro que puede! SASTRE.- (Recoge el paño, mira a la esposa y lo observa) Veamos. Sí. Pueden salir dos caperuzas. ESPOSA.- ¡Claro que sí, que salen! LABRADOR.- Pues,... mirad, hacedme dos caperuzas. SASTRE.- De acuerdo, pero os costará cuatro reales más. (La esposa asiente, enérgica.) LABRADOR.- Hacedlas. Por eso no discutiremos ahora.

La esposa se queda observando la tarea del sastre que, tratando el paño con mucha delicadeza y muy ceremoniosamente, lo vuelve a colocar en el suelo, coge las tijeras, etc…
ESPOSA.- (Repiten los “apartes”) No sé, no sé... En seguida ha dicho: “sí, sí; pueden salir dos caperuzas” (Observan, desconfiados la labor del sastre que no se decide a cortar. LABRADOR.- Seguro que todavía me robará algún trozo. ESPOSA.- (Cogiéndole del brazo, hacia él, de nuevo) Vamos. ¡Eh, eh!
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SASTRE.- (Lo interrumpen cuando, contento, se había decidido a cortar) ¿Qué pasa ahora? repitiendo la esposa la misma operación de recoger el paño rápidamente y mostrarlo). LABRADOR.- Somos nosotros. SASTRE.- Eso ya lo veo. LABRADOR.- El de las caperuzas. SASTRE.- El de las caperuzas, sí. (Aparte) Y la del genio ESPOSA.- Hemos pensado... SASTRE.- Y... ¿pensáis muy a menudo? ESPOSA.-(Rascándose la cabeza) A veces no se puede evitar. LABRADOR.- Pues he pensado que si apuráramos el paño , (La esposa lo muestra extendido) quizá saldrían tres caperuzas. SASTRE.- (Recoge la tela) ¿Queréis que os haga tres caperuzas con este pedazo de paño? ESPOSA.- (Mira el paño y al sastre mientras éste lo examina de nuevo) ¿Es que no salen? SASTRE.- Sí, es posible. Sí. LABRADOR.- Yo creo que sí, si lo intentáis. ESPOSA.- (Dándole un codazo al marido) ¡Claro que sí! SASTRE.- Puesto que me lo pedís, haré tres caperuzas. LABRADOR.- ¿No encontráis ninguna dificultad en hacer tres caperuzas con este pedazo de paño? ESPOSA.- (Otro codazo, mirando al Sastre) Ninguna, ¿verdad? SASTRE.- No, esto no es ninguna dificultad para mí. Puedo hacerlas, pero os resultará más caro. LABRADOR.- Ya os he dicho que, ahora, el dinero no me importa. ESPOSA.- (Enérgica) Haced las caperuzas.

Se van. Nuevamente se paran al llegar al lateral. Se miran desconfiados y la esposa repite la operación de cogerlo por el brazo y hacerle volver. El Sastre ha vuelto a repetir las mismas operaciones con las mismas dudas, interrumpiéndoles ellos cuando estaba a punto de cortar el paño.
ESPOSA.- Oiga, oiga, señor Sastre. (Se incorpora y la esposa repite la recogida del paño).

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LABRADOR.- (Pensativo) ¿Me habéis dicho que no había ninguna dificultad? SASTRE.- No, ninguna. (Codazo de la esposa al marido para animarle a que prosiga). LABRADOR.- ¿Y si os dijera que en lugar de tres hicierais cuatro?

Le esposa, que sostiene el paño en una mano, muestra con la otra, clara y ostensiblemente, casi en las narices del sastre, cuatro dedos .
SASTRE.- (Retira muy tranquilamente la mano de la esposa) Si queréis puedo hacer cuatro caperuzas. ESPOSA.- (Coge una mano del Sastre y le planta el paño en ella) ¡Cuatro! LABRADOR.- Haced cuatro, pues, y no hablemos más.

El sastre procede con la conocida ceremonia de estudiar el paño, sus incertidumbres sobre cómo cortarlo, etc…
ESPOSA.- (Aparte, al esposo mientras se van). ¡Cómo engaña no saber el oficio! LABRADOR.- Yo creía que el paño sólo era suficiente para hacer una caperuza. ESPOSA.- (Vuelve hacia el Sastre, agitando cinco dedos) ¿Y cinco? ¿No podríais hacer cinco caperuzas? SASTRE.- (Se levanta y observa el paño en el suelo) Será un poco justo, pero también puedo hacerlas. LABRADOR.- (Muy contentos los dos) Entonces haced cinco. ESPOSA.- (Se dirige a Sancho mostrando como antes al Sastre, los cinco dedos de la mano) Cinco. Nos prometió cinco. SASTRE.- (Se dirige a Sancho) Y así, señor, resulta que hoy ha venido a buscar las caperuzas ESPOSA.- (Al Sastre, atosigándole) Claro, las caperuzas. ¡Las caperuzas! SASTRE.- (Sin echarle cuenta) Y se las he dado y no las ha querido NARRADOR 1.- (Extrañadísimo) ¿No las ha querido? PAJE 1.- No ha querido coger. PAJE 2.- No ha querido coger las caperuzas. PAJE 3.- No ha querido coger las caperuzas del sastre.
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ESPOSA.- (Con muchos aspavientos con las manos) ¡Claro que no! ¡Claro que no! SASTRE.- (Enfadado) Y les he reclamado el dinero del trabajo y no me lo ha querido pagar NARRADOR 2.- (De nuevo extrañadísimo) ¿No ha querido? PAJE 1.- No ha querido pagar. PAJE 2.- No ha querido pagar las caperuzas. PAJE 3.- No ha querido pagar las caperuzas del sastre. ESPOSA.- (Gesticulando, como siempre) ¡Claro que no! ¡Claro que no! SASTRE.- (Ídem) Además, dice que soy yo quien ha de darle el dinero que le costó el paño. ESPOSA.- ¡Naturalmente!. (Frota el pulgar y el índice en clara señal de “dinero” y se da golpes con el puño en la palma de la mano) ¡El dinero! ¡El dinero! SANCHO.- (Al labrador, que intenta calmar a su esposa) Y tú, ¿qué opinas de este asunto? NARRADOR 1.-(Frotándose las manos loco de contento) Eso, eso, ¿qué opina el labrador? PAJE 1.- ¿Qué opina el labrador? PAJE 2.- ¿Qué opina el labrador del asunto? PAJE 3.- ¿Qué pina el labrador del asunto de las caperuzas? LABRADOR.- Pues… señor gobernador, es verdad, no pienso pagarle ni un real por el trabajo… ESPOSA.-(Dando un paso hacia el trono) ¡Ni un real, señor gobernador! ¡Ni un real! NARRADOR 2.- Eso, eso, ni un real. LABRADOR.- (Aparta a su mujer) Más bien creo que es él quien me ha de pagar el precio del paño. (La mujer cruza los brazos y hace un gesto indicador de “claro que sí” )

Silencio. Breve pausa en la que Sancho personajes nobles de la isla se miran y disfrutando del conflicto. El sastre disimuladamente, colocarse las caperuzas, la pechera).

se levanta y pasea. Los sonríen disimuladamente, debe aprovechar para, e introducirse la mano en

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SANCHO.- Veamos; enseñadme las caperuzas. (Saca la mano de la pechera) SASTRE.- Éstas son las cinco caperuzas. ESPOSA.- (Despectiva) ¡Esas son, señor! SANCHO.- Son más bien pequeñas, ¿no? ESPOSA.- ¿Pequeñas dice, mi señor? SASTRE.- Si tenía que hacer cinco con el pedazo de paño que me trajo, no podía hacerlas más grandes. SANCHO.- Bien, esto es evidente. LABRADOR.- Pero señor... SANCHO.- Tú, por desconfiar del sastre, te quedas sin paño y sin caperuzas. ESPOSA.- Pero, mi señor gobernador, el sastre prometió... (El sastre sonríe maliciosamente). SANCHO.- Y tú, señor sastre, querías dar una lección al labrador, ¿no?. SASTRE.- (Sonríe) En nuestro oficio, señor, hay que ser vivo. SANCHO.- Puedes estar satisfecho, lo has conseguido y con esto considérate pagado porque el trabajo de hacer las caperuzas no te lo pagará nadie.

Todos los presentes hacen comentarios de aprobación, mientras el matrimonio y el sastre se van un poco enfadados , cada uno por su lado.
NARRADOR 1.- (Golpeándose los muslos) ¡Asunto cerrado! PAJE 1.- Está cerrado el asunto. PAJE 2.- Está cerrado el asunto de las caperuzas. PAJE 3.- Está cerrado el asunto de las caperuzas del sastre. NARRADOR 2.-¡A otro asunto!

7. JUICIO DE LOS ESCUDOS DE ORO.
SECRETARIO.- (Palmeando cómicamente) Que entre el segundo caso.

Entra un viejo, 1, que trae una caña y otro viejo, 2, sin caña ni bastón que viene acompañado de una joven.
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VIEJO 2.- Hace mucho tiempo que este hombre vino a pedirme dinero prestado. Le dejé diez escudos de oro. SANCHO.- (Sorprendido) ¿Diez escudos de oro? SECRETARIO.- Eso ha dicho, señor gobernador. NARRADOR 1.- (Dudándolo) Pero, ¿existen diez escudos de oro? PAJE 1.- (Asintiendo con la cabeza) Existen. PAJE 2.- (Ídem) Existen diez escudos. PAJE 3.- (Ídem) Existen diez escudos de oro. VIEJO 2.- Así es, señor. Y pasaba el tiempo y no me los devolvía. Se los he pedido una y otra vez y no me los ha devuelto nunca (Al Narrador 2 le da un ataque de tos) …y…(tos) y… (tos) y… (tos) SANCHO.- (De pié, enérgico y molesto) ¿Pueden traer agua? PAJE 1.- (Cuadrándose firme, el Narrador 2 sigue con tos) ¡Que traigan agua incolora! PAJE2.- ¡Que traigan agua incolora e inodora! PAJE 3.- ¡Que traigan agua incolora, inodora e insípida!

El Secretario da una palmada y los tres precipitadamente Desaparecen para entrar rápidamente. Uno trae una vasija, otro un vaso de barro y otro un paño blanco. El narrador 2 bebe ávida y ceremoniosamente de la vasija, sin mirar los otros objetos que le ofrecen. Al terminar entrega la jarra de nuevo al paje. Estos desaparecen para volver enseguida, sin nada, a colocarse en su sitio.
NARRADOR 2.- (Después de limpiarse la boca con la manga, tranquilamente) ¡Me ahogaba! SANCHO.- (Sentándose y acomodándose) ¿Por dónde íbamos?. BACHILLER 1.- El anciano decía que no le habían devuelto los diez escudos de oro… HIJA.- ¡Y así es, señor! VIEJO 2.- (Dirigiéndose al Viejo 1, enfadado) Y ahora dice que me los ha devuelto. HIJA.- ¡Pues lo escudos no los hemos visto! VIEJO 2.- ¡Yo no me acuerdo! VIEJO 1.- (Tranquilo, seguro) Porque no te acuerdes…

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VIEJO 2.- (Después de mirarlo de mala manera ) ¡Y juraría que no me los ha devuelto! HIJA.- ¡Y él dice que juraría que sí! VIEJO 2.- Y yo digo que no. HIJA.- Y él juraría que sí. VIEJO 2.- Y yo que no, y él que sí, y yo que no, y él que sí, y yo que ...

(El Narrador 2, ha ido señalando con el índice al Viejo 1 y al 2, según éste decía : “y él…y yo”… A su vez la hija, negaba graciosamente con la mano, cuando tocaba negar, y asentía con la cabeza cuando tocaba que sí).
SANCHO.- ¡Basta, basta, basta! Te he entendido. VIEJO 2 .- (Reverencia) Disculpe, señor gobernador. (La hija se alza levemente el vestido e inclina la cabeza, flexionando las rodillas). SANCHO.- Y no te entenderé mejor porque me repitas diez veces la misma historia... (Al viejo 1) y tú, ¿qué dices? NARRADOR 1.-(Frotándose las manos, como antes) Eso, eso, ¿qué dices tú? PAJE 1.- ¿Qué dice del asunto? PAJE 2.- ¿Qué dice del asunto de los escudos? PAJE 3.- ¿Qué dice del asunto de los escudos de oro? VIEJO 1.- (Siempre con la caña en la mano) Digo que le he devuelto los escudos. (La hija da un taconazo en el suelo, se cruza de brazos y mira hacia el cielo, desesperada.) NARRADOR 2.- (Levanta los brazos y se da con las manos en los muslos) ¡Vaya lío! (Suspira). PAJE 1.- ¡Vaya lío éste! PAJE 2.- ¡Vaya lío este de los escudos! PAJE 3 .- ¡Vaya lío éste de los escudos de oro! VIEJO 1.- Y, ya que hablamos de jurar, estoy dispuesto a jurarlo aquí, delante de todos. VIEJO 2.- Sí, sí; ¡que jure! HIJA.- Eso, eso; ¡que jure! (El Narrador 2 asiente , divertido, con gestos muy expresivos) SANCHO.- ¿Confías en su juramento?

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VIEJO 2.- Sí, sí. Sé que no se atreverá a mentir si le hacéis jurar. (El Narrador 2 mira a unos y a otros asintiendo y aprobando la actitud confiada del Viejo 2 ). SANCHO.- ¡Vamos a jurar sobre mi vara! (Si está colgada en el sillón, un paje se la acercará). VIEJO 1.- Estoy dispuesto a jurar cuando sea y donde sea. VIEJO 2.- ¡Pues no se hable más! HIJA.- ¡Eso, que jure ya! (El Narrador 2, que se lo está pasando bomba, se frota las manos de puro contento). SANCHO.- Y ten en cuenta que es una vara muy dura; no digas ninguna mentira si no quieres que esta vara baile sobre tus costillas... (Con un gesto entre amenazador y solemne, Sancho le ofrece la vara para que jure. Murmullo entre los presentes.) VIEJO 2.- ¡Vamos, jura! PAJE 1.- ¡Vamos , jura con la vara! PAJE 2.- ¡Vamos, jura con la vara que vale! PAJE 3.- ¡Vamos, jura con la vara que vale para jurar! (El viejo 1 le da la caña al otro viejo para que la sostenga mientras jura). VIEJO 1.- Juro ... (En medio de la solemne expectación, le interrumpe un enorme estornudo del Narrador 2, se encoge tímidamente ante las miradas fulminantes de todos). NARRADOR 2.- (Tímidamente, encogido) Se me escapó. LOS TRES PAJES.- (Mirando hacia arriba, suspiran pacientes) ¡Se le escapó! VIEJO 1.- Yo… (Todos miran al Narrador 2 que niega, tímidamente, con un índice, mientras se coloca el otro debajo de la nariz para evitar estornudar de nuevo). VIEJO 2.- ¡Vamos, jura de una vez! PAJE 1.- ¡Vamos , jura con la vara! (Sancho se impacienta). PAJE 2.- ¡Vamos, jura con la vara que vale! PAJE 3.- ¡Vamos, jura .... SANCHO.- (Interrumpiendo enérgico) ¡Silencio! (Al Viejo 1) Prosigue. (Los tres pajes se llevan, al unísono, las manos a la boca y, haciendo el cierre de cremallera, permanecerán con los labios cerrados.) VIEJO 1.- Juro que he devuelto a mi compañero los diez escudos de oro que le había pedido .

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VIEJO 2.- ¿Qué me los ha…? (Gesto enérgico de Sancho, que se pone de pie. La hija oye el juramento se coloca delante del Viejo 1, vuelve rápidamente a su sitio.) SANCHO.- Me parece que es un buen juramento. (El Narrador 2 repite la acción de mirar a todos y asentir con la cabeza) Y tu, ¿ qué dices? (El PAJE 1 hace intención de comenzar la retahíla pero Sancho le fulmina con la mirada y, como antes, los tres se cubren la boca con las manos.) VIEJO 2.- (Pensativo) Digo que si mi compañero jura que me ha devuelto los escudos … VIEJO 1 .- (Afirmando también con la cabeza) Lo juro, lo juro… VIEJO 2.- Pues debe ser verdad y que yo he perdido la memoria. SECRETARIO.- (Después de mirar y hacer gestos de complicidad a los demás, a Sancho, que pasea ) Y el señor gobernador, ¿qué opina de todo este asunto? SANCHO.(Desorientado) Yo...como gobernador de esta ínsula...digo...digo… (Nuevo estornudo del Narrador 2 con la consiguiente reacción de todos) NARRADOR 2.- ¡Aaaaatchíss! (Tímidamente) Se me escapó (Los pajes, como antes, miran al cielo, suspiran y hacen un gesto de “se le escapó”) SANCHO.-Digo…(Se le ocurre una idea, se dirige al Viejo 1 que se alarma). Escucha, buen hombre, ¿te importa dejarme tu caña para dictar sentencia? (Sorpresa en todos. Miradas maliciosas entre El Secretario y Los Asistentes. ) BACHILLER 1 .- ¡La caña para dictar sentencia! BACHILLER 2.- (Sonriendo maliciosamente) Original manera de administrar justicia! SECRETARIO.- A fe mía que no había visto nada igual. (El Narrador 2 ha ido girando enérgico la cabeza a un lado y a otro para mirar a quien hablaba). SANCHO.- Si mi vara le ha servido para jurar, la suya puede servirme para impartir justicia. SECRETARIO.- (Mirando a los demás que asienten, divertidos ) Bien razonado. VIEJO 2.- (Más calmado, deja la caña a Sancho) Claro que sí; no faltaría más... SANCHO.- (Pasea) Muy bien. ...Muy bien...(Pasea) Pues...(El Narrador 2 se muerde las uñas) He pensado (Pasea) he pensado (El narrador 2 se
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impacienta más) que...que… que para compensarte del dinero, que parece haber volado, (Pasea. El Narrador 2, se desespera ante tanta incertidumbre)... que parece haber volado...(Se aproxima al Viejo 2 y le pone una mano en el hombro) Pues puedes quedarte con esta caña. Se la entrega). SECRETARIO.- (Por la bajini, como los demás comentarios) ¡Una caña! BACHILLER 2.- ¡Le ha dado una caña! BACHILLER 1.- ¡La caña del pobre viejo! VIEJO 1.- Señor gobernador, es una caña sin valor. SANCHO.- Bueno, bueno. ¡Está sentenciado! VIEJO 1.- Si queréis, le compraré un bastón mucho más bonito. SANCHO.- ¡He dicho la caña! VIEJO 2.- No importa, no importa. ¿Qué haría yo con una caña? Todavía ando muy derecho, gracias a Dios. SECRETARIO.- (Con retintín) Señor Gobernador, ¿arrebatáis una simple caña a un anciano? SANCHO .- (Al viejo 2 que continúa con la caña) Rompe la caña y verás. (El Viejo 2 rompe la caña y aparecen las diez monedas. Se apresura a recogerlas, mientras el 1 se retira, avergonzado. Murmullo de aprobación). VIEJO 1.- (Guardándose las monedas) ¿Cómo lo habéis sabido? (Murmullo). SANCHO.- Muy sencillo. NARRADOR 1.- ¿Muy sencillo? SANCHO.- (Aproximándose al Viejo 2) He visto que antes de jurar te daba la caña y por esto he pensado que el dinero estaría dentro. NARRADOR 2.- (Como antes, alza los brazos y se golpea en los muslos) ¡Claro! PAJE 1.- (Que no pueden aguantar más sin intervenir) ¡Claro! PAJE 2.- ¡Claro está! PAJE 3.- ¡Claro está que está claro! (Ríen todos.)

8. FINAL.
NARRADOR 1.- Y aquí terminan algunas de las divertidas aventuras que le ocurrieron a Sancho gobernando la Ínsula Barataria. NARRADOR 2.- (Adelantándose al primer término)
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Y Sancho así demostró, ¡ Y además con lucidez! Que no es tonto quien actúa con cordura y sencillez. PAJES.- (Cantando) Sancho nos demostró con mucha sensatez el ingenio que tiene también la sencillez.

Cantando, el Narrador 1 ha ido al libro y pasa una página donde se lee FIN. telón

7. LA PREGUNTA.
CRONISTA: ¿Es posible que nuestros señores los duques hayan elegido para gobernarnos a ese bruto destripaterrones con barba de tres semanas? PERSONA 1: Ese gobernador es el gran Sancho Panza. CRONISTA: ¿Él es el escudero de ese loco al que llaman don Quijote de la Mancha? PERSONA 2: El mismo. Según parece, el tal Don Quijote le tenía prometido el gobierno de una ínsula a su escudero que, por lo visto, no está mucho más cuerdo que su amo. PERSONA 3: Y los duques no han podido imaginar más divertida burla que hacerle creer al bueno de Sancho que este lugar es su ínsula prometida. PERSONA 1: Y dejar que la gobierne unos días para ver hasta dónde llega su ignorancia, en eso de administrar justicia y vivir como señor en un palacio. CRONISTA: Entonces todos estos que le rinden honores ¿conocen el secreto? PERSONA 2: Unos sí y otros no. PERSONA 3: Para que así esta mentira parezca más de verdad. PERSONA 1: Tenéis que tratarle con cortesía y anotar por escrito todo lo que hace y dice Sancho Panza. PERSONA 2: Para que lo pueda leer la señora duquesa, …
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PERSONA 3: …que no sabe cómo aguantarse la risa. CRONISTA: Bueno, escribiré esta inimaginable aventura. CABALLERO 1: (Se dirige al gobernador) Es la costumbre que todo el que toma posesión de esta famosa ínsula está obligado a responder a una pregunta que sea algo dificultosa. CABALLERO 2: Por la respuesta el pueblo conocerá a su nuevo gobernador, y así se alegrará o se entristecerá con su venida. SANCHO: Pues venga esa pregunta. Y si no acierto, al que da lo que tiene, no se le pida más. CABALLERO 1: Pues es el caso, señor, que a la entrada de esta villa hay un puente, … CABALLERO 2: …y en la mitad del puente hay una horca… CABALLERO 1: … Y está mandado que a todo el que pase el puente se le pregunte adónde va. CABALLERO 1: Si contesta la verdad, se le deja ir libremente;… CABALLERO 2: … pero si contesta mentira, se le debe ahorcar allí mismo. CABALLERO 1: Pues bien, esta mañana llegó al puente un hombre, y al preguntarle los centinelas adónde iba, contestó: “Voy a morir en esa horca”. CABALLERO 2: Y ahí está lo grave, señor gobernador: que no hay manera de cumplir la ley. CABALLERO 1: Porque si se le deja libre resultará que se le deja habiendo dicho mentira, … CABALLERO 2: …y si se le ahorca resultará que se le ahorca habiendo dicho verdad. ¿Cuál es vuestra sentencia? SANCHO: (Se rasca la cabeza resoplando) Vamos despacio. ¿Manda la ley que al que diga verdad se le deje ir libre y al que diga mentira se le ahorque? CABALLERO 1 Y 2: ¡Así es! SANCHO: Y ese hombre, al preguntarle ¿adónde vas? Contesta: morir en esa horca. CABALLERO 1 Y 2: ¡Así es también! SANCHO: Luego si se le deja ir libre no se cumple con la ley porque ha dicho mentira, y si se le ahorca tampoco se cumple con la ley porque ha dicho verdad. CABALLERO 1: ¡Asimismo!

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SANCHO: ¿Y eso es todo? Si no hay manera humana de ahorcar a medio hombre dejando en libertad al otro medio,… lo que sobra es la ley. Con que perdónese a ese hombre. CABALLERO 1 Y 2: ¿Han oído, señores? TODOS: ¡Dios guarde a nuestro gobernador! CABALLERO 1: ¡Viva mil años nuestro gobernador! TODOS: ¡Viva! ¡Viva! CRONISTA: No tiene un pelo de tonto este gobernador, y no seré yo quien le meta un dedo en la boca. Por burla se le ha nombrado pero como sigua así puede ser que salgan burlados los burladores. ¡Anoto! ¡Anoto!

8. LA COMIDA.
SANCHO: Basta de pleitos y si de verdad queréis a vuestro gobernador, denme algo de comer, que no soy de piedra. MAYORDOMO: ¡Traigan aquí la mesa del señor Gobernador! (los criados traen una mesa rica de platos cubiertos y manteles, hay tres médicos con varitas en la mano). CRIADO 1: (trae el aguamanos y se lo ofrece de rodillas) ¡Mi Señor Gobernador! SANCHO: ¿Qué diablos es esto? CRIADO 1: El aguamanil, señor, para daros agua a las manos antes de la comida. SANCHO: Nunca acostumbro yo; pero si es costumbre de la ínsula, bueno. (Se lava las puntas de los dedos) CRIADO 2: (Va a ponerle un babero) ¡Mi Señor Gobernador! SANCHO: ¿Babero también? Nunca pensé que fuera tan difícil esto de empezar a comer en los palacios? CRIADO 2: Es la costumbre, Señor. SANCHO: ¿Qué demonios miráis vosotros? (Se dirige a los doctores que lo vigilan todo) DOCTOR 1: (Se colocan sus gafas) A usted miramos, señor, para saber por vuestra figura qué convendrá mejor a vuestro estómago. DOCTOR 2: Que somos los médicos de este gobierno y no podemos permitiros tomar nada que dañe vuestra preciosa salud.
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DOCTOR 3: ¡Servirle de esa fruta al señor gobernador! (Sancho coge un gran racimo de uva y a la segunda uva los médicos le golpean con la varilla) LOS 3 DOCTORES: ¡Basta! SANCHO: ¿Cómo que basta si no había empezado? DOCTOR 1: La fruta es peligrosa por ser demasiadamente húmeda. DOCTOR 2: Sólo hay que comerla al principio de las comidas y sólo para mojar los labios. DOCTOR 3: ¡Entren esas perdices estofadas! SANCHO: ¿Perdices tenemos? Vengan en buena hora, que me aliviarán mejor que ninguna fruta. (Destapa el plato y aspira con deleite, toma con las manos un muslo, antes de hincarle el diente) LOS 3 DOCTORES: ¡Basta! SANCHO: ¡Cómo que basta si todavía no había empezado! DOCTOR 1: Este manjar hay que comerlo con tiento. DOCTOR 2: Toda hartura es mala, ya lo dice el gran maestro Hipócrates. DOCTOR 3: ¡Retírese pronto ese peligro! ¿Qué plato es ese otro? CRIADO 3: Conejo guisado. DOCTOR 1: Fuera ese guiso también. DOCTOR 2: Que el conejo es manjar peliagudo. DOCTOR 3: Y demasiado bruto para estómagos delicados. SANCHO: ¿Delicado mi estómago? Despacito señores doctores, que más miedo tengo yo a el hambre que a hartarme. Con que quitarse de delante y tengamos la fiesta en paz. ¡Trae ese vino, muchacho! CRIADO 1: (Sirve una copa) Mi señor gobernador… (y el médico 1 lo detiene) DOCTOR 1: ¿Vino queréis decir? No, que el vino nubla el cerebro… DOCTOR 2: … altera los pulsos y desata los malos humores del organismo. DOCTOR 3: ¡Libre Dios del vino a nuestro gobernador! SANCHO: (Se contrae) DOCTOR 1: Ya lo dijo Hipócrates. DOCTOR 2: Un sabio, señor. DOCTOR 3: ¡Y qué sabio! SANCHO: ¿Y era tonto el que dijo que “ajo crudo y vino puro pasan el puerto seguro”? Ese es el sabio que yo quiero y no los doctores como ustedes, que de tanto cuidarme me quitarán la vida. (Van desfilando platos, el doctor husmea y los va rechazando a golpe de varilla, van dando la vuelta a la mesa delante de las narices de Sancho) ¿Qué plato es ese?
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CRIADO 3: Salpicón de vaca con nabos y cebolla. SANCHO: ¿Cebollas has dicho? Santa palabra querida. DOCTOR 1: ¡Fuera de aquí eso! DOCTOR 2: ¡Eso, fuera! DOCTOR 3: ¿Y ese otro? CRIADO 3: Ternera en adobo. DOCTOR 1: ¿Caliente y con especias? Gran enemigo de la vida. DOCTOR 2: ¡Fuera ese adobo! ¡Y ese otro plato también! DOCTOR 3: ¡Y el siguiente! ¿Tenemos postre? CRIADO 3: Menestra de cabra. DOCTOR 1: Cogedla por los cuernos … DOCTOR 2: Vuelva esa cabra al monte sin ensuciar estos manteles. DOCTOR 3: ¿Queda algo más? CRIADO 3: Puchero con arroz, señor. SANCHO: ¡Alabado sea Dios! Ahora nadie podrá decir que no; que con todo los avíos que trae un puchero me tendré que topar con algo que me guste y me aproveche. DOCTOR 1: Que se aleje ese mal pensamiento. DOCTOR 2; ¡Fuera los pucheros, que es comida de muertos de hambre! DOCTOR 3: Y dejar libre las mesas de los palacios donde todo debe ser muy fino. ¡Retírese ahora mismo ese puchero. SANCHO: Entonces queréis decirme ilustrísimos doctores ¿qué es lo que yo puedo comer? DOCTOR 1: Ahora, después de la fruta y los vapores de perdiz que habéis tomado… DOCTOR 2: …bien será que terminéis con un gran vaso de agua y … DOCTOR 3: …una ligera tajadita de carne de membrillo, que os ayude a una buena digestión. SANCHO: (Enfurecido) Grandísimo consejo pero fuera ahora mismo de mi vista si no cojo un garrote y no dejaré médico sano en toda la ínsula. ¡Fuera de aquí, enemigos de la salud! ¡Fuera! MAYORDOMO: ¡Conténgase, señor, conténgase! (Los doctores huyen). SANCHO: Mire, señor, si hay forma de que yo coma algo o si no quedarse su gobierno: que oficio que no da de comer, cargue el diablo con él. MAYORDOMO: No desespere su señoría, yo daré órdenes terminantes para que mañana no vuelva a ocurrir esto.

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SANCHO: Para hoy las necesitaba yo: que el hoy ya está aquí y el mañana aún no lo vi. MAYORDOMO: Imposible sin licencia de los médicos. SANCHO: Me parece a mí que no es tan gustoso oficio este de ser gobernador como yo imaginaba. MAYORDOMO: ¡Levántese la mesa y vuelva a tomar su bastón de mando!

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