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Las Artes y su enseñanza en la Educación Básica

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En la mayoría de los programas y metodologías arriba descritos o bien se su-
bordina la especificidad del arte como disciplina y forma de conocimiento a
otros propósitos de índole cognitivo, o se considera a las actividades artísticas
desarrolladas sólo como un medio para la adquisición de otros aprendizajes. Si
bien es cierto que el propósito de las artes en las escuelas no es formar profesio-
nales de las mismas, ni tampoco desarrollar talentos artísticos, las artes visuales
en la educación básica deben permitir que niños y adolescentes desarrollen
aquellos aprendizajes particulares que por su naturaleza sólo las artes pueden
propiciar.

Elliot W. Eisner es profesor emérito de arte y educación de la Universidad de
Stanford, autor de diversas publicaciones sobre educación artística, diseño cu-
rricular y evaluación cualitativa, y presidente de organizaciones como The Na-
tional Art Education Association, The International Society for Education through
Art, The American Research Association, y The John Dewey Society. Sus aportes
han sido sustantivos para comprender el arte como una forma de pensamiento
más allá de una vía emocional y de conjunción creativa de fuerzas. Ha dado
un fuerte impulso al desarrollo de la crítica, la estética y la exploración del con-
texto histórico educación de las artes, y en ese sentido señala:

Estas formas de pensamiento […] obligan a dar un juicio ante la ausen-
cia de reglas, animan a los estudiantes y maestros a hacer propósitos
fexibles y a concebir que las metas pueden cambiar a lo largo del pro-
ceso. Permiten reconocer la unidad de forma y contenido y a pensar en
los alcances y límites del medio que uno elige usar. También subrayan la
importancia de las satisfacciones estéticas como una motivación para
el trabajo (Eisner, 2002:27)

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Dada la necesidad del estudio de las artes, y por ende de las visuales,
como un campo propio de conocimiento en la educación, transcribimos un

breve texto de Arthur D. Efand, doctor en educación por la Universidad de

Stanford, profesor emérito del Department of Art Education de The Ohio State
University y autor de las directrices en la educación artística para las escue-
las de primaria y secundaria en el estado de Ohio. Es, además, un acucioso
investigador de estudios socioculturales acerca del arte y de la educación,
y ha publicado varios libros de educación de arte desde la perspectiva de
la historia, la teoría crítica posmoderna y sobre arte y cognición de las artes
visuales en el currículo:

En 1982 el Paul Getty Trust mantuvo una serie de entrevistas con un gru-
po de diecisiete educadores de arte con el objetivo de establecer un
centro de educación artística. Al año siguiente se fundó el centro bajo
la dirección de Leilani Latín-Duke. El Centro inició sus actividades ofre-
ciendo el primero de una serie de cursos de verano en el área de Los
Ángeles para ayudar a los maestros de escuela a enseñar arte a los
niños de primaria. El personal que daba el curso estaba dirigido por W.
Dwaine Greer, quien acuñó la expresión “educación artística basada en
las disciplinas” [discipline-based art education, DBAE]. Dawine reconoció
que la expresión derivaba de una serie de ideas que habían aparecido
por primera vez en los años 70, aunque su teoría actual se apartaba de

aquellos precedentes (Efand, 2002:371).

Lo característico de esta perspectiva educativa es que dicho conoci-
miento disciplinario debería provenir vía la historia del arte, la práctica, la es-
tética y la apreciación, entendida tanto en su parte interpretativa como de
ejercicio crítico.

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Una de las razones para doptar esta postura era dejar de lado la posición
del arte como libre expresión, a la que se recurre frecuentemente en muchas
escuelas.10

Con ello no se pretende devaluar el alto aporte que el azar y la
improvisación han tenido en los discursos artísticos modernos y contemporá-
neos, sino sólo llamar la atención sobre los riesgos de una práctica educativa,
ambigua y relativista. La concepción de forma y contenido de la DBAE era más
compleja que la afrmación parcial del arte como un asunto del ámbito sensi-
ble o del utilitarismo cuya salida pragmática era la formación para las artes y

ofcios que en otra época de la historia se afanzaban en el método positivista;

esta concepción se fortaleció rápidamente a través de las conferencias pro-
movidas por el propio Getty Institute y las conferencias anuales de la Asocia-
ción Nacional para la Educación Artística (NAEA) de los Estados Unidos, entre
1984 y 1988. Sin embargo, a pesar de que el enfoque DBAE era muy conocido
y ampliamente utilizado no sólo en Estados Unidos sino en países de Europa y
Latinoamérica, y de que el Getty Institute fue su gran defensor vía el Regional

Institute Grant (que fnanciaba institutos regionales en los Estados Unidos para

encabezar los adelantos de su teoría, capacitando miles de maestros y perso-

nal administrativo de este país), a fnes de 1997 el Getty Trust llevó a cabo un

cambio importante en su enfoque y liderazgo, y poco después el Getty Edu-
cation Institute se cerró, reabsorbiéndose algunas de sus tareas por otras áreas
de la Fundación Getty.
El planteamiento epistemológico de la DBAE conlleva el desarrollo de un

proceso de aprendizaje productivo, refexivo, crítico y cargado de sentido

para alumnos y maestros. Sin embargo, es necesario evitar que la relación
de construcción de conocimiento se encierre al interior del mundo del arte

10

México lamentablemente no es la excepción, pues a la fecha esta posición se practica en muchas aulas, dando lugar a la improvi-
sación como método sustentable de trabajo.

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–colecciones de objetos, autores, estilos, corrientes, teorías–; es fundamental
advertir que todos estos procesos tienen un carácter interno y deben potenciar
la subjetividad del individuo en los planos comunicativo y estético, al tiempo
que permitan que las artes visuales, como parte de los valores culturales, pro-
muevan procesos de interacción social, como el respeto a la diferencia y la
aceptación de la “otredad”, pese a que el mundo comercial y la comunica-

ción favorezcan los procesos de unifcación global.

El mundo está cargado de tensiones bipolares en distintos sectores: países
ricos-pobres; alta-baja cultura; poderosos-oprimidos; establecidos-parias; pro-
cesos tecnológicos versus procesos culturales, por señalar sólo algunos. Esta

complejidad, y el conficto que conlleva, no puede quedar al margen del

conocimiento del arte y la pedagogía. En ese sentido Fernando Hernández
Hernández, académico español formado en el campo de la psicología social
y ambiental y posgraduado en educación y pedagogía de las artes, cuyos
estudios buscan contribuir a construir otra narrativa para la educación en la
escuela, ha señalado que:

La importancia de lo visual se ha producido (está teniendo lugar) en lo
que Heywood y Sanwell (1999) consideran como uno de los debates
más creativos, que ha dado lugar a programas de investigación en teo-

ría crítica contemporánea, la flosofía posmoderna, la teoría estética, la

reconstrucción y los estudios culturales, en torno al campo de la visuali-
dad, haciendo de él uno de los temas centrales del pensamiento crítico
contemporáneo (Hernández Hernández, 2001:3).

Con ello Hernández Hernández hilvana el tejido de un desplazamiento
epistemológico que se pregunta no sólo por qué se ve –la imagen, su confgu-
ración y carácter– sino quién la mira, interpreta y carga de sentido no como

un agente pasivo sino afectado por el ritmo y codifcación que los medios de

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comunicación y la cultura visual en su conjunto ejercen en el individuo. Estos
asuntos no son ajenos al universo real en el que se desplazan las artes visuales
como productos dialógicos en el campo del mercado del arte, los museos y
las publicaciones en su variedad de formatos y contenidos, y que son proble-
matizados y confrontados de manera consciente por los artistas. Hernández
Hernández plantea una tensión entre la pedagogía cultural que deriva del
campo visual de los medios de comunicación –el uso de nuevas tecnologías
y, en términos generales, de procesos culturales a través de relaciones de
consumo, persuasión, resistencia, atracción o satisfacción– como conforma-
dores de identidad y discursividad; y la pedagogía de las artes visuales al
interior de la escuela como agente transmisor de ciertos valores, y por tanto
con el poder de transferir un concepto legitimado de lo que puede entender-
se como arte, cultura, educación, etc., así como también conformadora de
identidades y discursividad.

Conocimientos fundamentales
en la enseñanza de las artes visuales

Como conclusión de todo lo anterior, podemos destacar que las artes visuales en el en-
torno formativo de la educación básica contribuyen de manera decisiva en el desarro-
llo cognitivo del alumno. La primera contribución implica la alfabetización en el mundo
de las imágenes para poder interpretar, producir y valorar no sólo aquellas expresiones
que integran la llamada alta cultura, sino todos aquellos productos que forman parte
de su entorno visual y como tales están cargados de sentido. En este sentido, el de-
sarrollo de estas habilidades y capacidades es resultado no exclusivamente de la
maduración biológica de los distintos sentidos y del intelecto, sino que deben de ser

desarrolladas, afnadas y complejizadas como elementos de un todo de carácter

cognitivo donde tanto la esfera perceptual-emotiva, como la racional y volitiva

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tengan la misma jerarquía e importancia. La fnalidad de esta formación, como

indica Alicia Venegas (2002):

No es fabricar objetos “bonitos” e impresionantes para la exposición o
para halagar la vanidad personal; realizar trabajos “feos o difíciles”, ni
decorativos, útiles o inútiles; promover tendencia artística alguna; rea-
lizar arte infantil; preparar productores de obra plástica o artística, ni
condicionar futuros consumidores comerciales de la obra de arte […]
Pretende algo más complejo: atender las necesidades intelectuales,
sensibles, expresivas y creativas que, satisfechas, son fuerzas insustitui-
bles, inmensamente útiles durante la vida (Venegas, 2002:66).

Los alcances de estos procesos formativos en los alumnos dependen en
gran medida de sus características personales y de la calidad e intensidad de
las experiencias y procesos desarrollados por alumnos y maestros. Este cultivo,
por otro lado, no es sólo resultado del aprendizaje técnico derivado de la re-
lación expresivo-formal (el empleo adecuado del punto, la línea, la relación

fondo-fgura, textura, composición y otras categorías como escala, dirección,

ritmo, proporción, etc.) o de percepciones, sensaciones, emociones e ideas ex-
presadas con diversos materiales en el espacio-tiempo, con una carga estética
e integrando los valores históricos y socio-culturales propios del contexto; antes
bien todo ello está íntegramente relacionado con el desarrollo cognitivo a tra-
vés de procesos que implican la solución de problemas concretos, el desarrollo
del lenguaje a través de acciones de abstracción, síntesis y simbolización, así
como la decisión asertiva en situaciones de incertidumbre.
Estos aprendizajes pueden ser reproducidos o puestos en situación ante cir-
cunstancias nuevas y concretas que implican el uso de dichas habilidades, fun-
ciones y categorías, que en conjunto constituyen un tipo de conocimiento dis-

tinto del lógico matemático, con la especifcidad propia de las artes visuales.

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