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El Refran...Como Fuente Pedagogico

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EL REFRAN…COMO FUENTE PEDAGOGICA PARA EL CARIBE COLOMBIANO JULIO RAFAEL PÉREZ PUENTES “Debemos utilizar el pasado como trampolín

y no como sofá” Harold Macmillan Un campesino anónimo en el devenir de su historia, expresaba a sus

setenta y cinco años, que él, a su edad temía morir, por dos grandes razones: “no tanto por lo que hizo” “sino por lo que le quedaba por hacer”; es decir, que el viejo labriego sin saberlo filosofaba y daba ejemplo, de cómo debían aprovechar el tiempo aquellos que han tenido el privilegio de llegar a las instituciones educativas en su juventud. El campesino anónimo podría ser considerado como un sabio en el conocimiento popular, por cuanto lleva en su esencia una cierta dosis de sabiduría para el estudiante de hoy, a través de sus refranes, los cuales en cierta medida han caído en desuso entre los habitantes de la selva urbana, y también en alguna medida en la universidad, las que dicho sea de paso, enarbolan “teorías científicas e investigaciones de punta”, así muchas veces tales investigaciones no sean otra cosa que consultas documentales, sin ninguna investigación de campo; sin embargo, dichos estudios mientras duerman el sueño de los justos, solo sirven para adornar los anaqueles de las bibliotecas y las salas de las hemerotecas de los respectivos programas en las universidades. Podría decirse, sin temor a equivocaciones, que gran parte de la juventud que hoy cursa estudios en las diferentes instituciones de educación superior del Caribe colombiano, ignoran que existen campesinos anónimos y que el producto de su conocimiento, así como de su esfuerzo, está presente en los

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grandes supermercados de las ciudades. De este modo, ni siquiera está en capacidad de preguntarse: ¿quién cultivó esa provocativa patilla o aquellos rojos tomates que brillan y adornan las neveras? Este interrogante lleva a recordar un aviso comercial de un programa radial que decía: “hoy los niños del colegio X descubrieron en el jardín, que los tomates no venían del supermercado sino de una planta”. Según todos los indicios, todo ello ocurre porque gran parte de la educación básica que hoy se imparte a los niños es ajena a la realidad en la que ellos viven; es una educación desprovista de sentido tanto teórico como practico; hecho que conduce a que, en no pocos casos, el estudiante dice estar describiendo lo que es, pero en realidad lo que describe es lo que él cree que es. El campesino anónimo ha hecho del refrán una verdadera cefaloteca andante, en la que la memoria es el elemento fundamental de sus

conocimientos que lleva a todas partes y los que aplica en todos los casos en cualquier conversación o actividad que realice, ya que los conocimientos y la inteligencia, no pesan ni ocupan espacios.(Puche Villadiego, 1995,p.49) En términos generales el refrán es una figura cargada de muchos años de experiencia y que los campesinos de las diversas regiones del Caribe

colombiano aprenden de su realidad natural y social; pero además, es una herencia legada por las generaciones pasadas, que lleva en su esencia una enseñanza que es transmitida por medio del proceso pedagógico de la cotidianidad el cual se repite de generación en generación, podría decirse que de forma espontanea. Aunque dicho proceso se ve amenazado a cada paso por los medios de comunicación masiva en la medida en que alienan la cultura nativa, para darle paso a los dichos de mal gusto, engendrados por la vulgar conciencia culta de las ciudades, tales como:” más peligroso que un colectivo con ventilador de techo”; “más ordinario que una retroexcavadora con pasa cinta”. Etc.

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SI el refrán es una fuente pedagógica, de la cotidianidad se podría hacer un imaginario entre ésta y la pedagogía de la academia, para que con esta simbiosis se pueda operar una transformación en la educación y formación de miles de jóvenes que desearían compenetrarse con una enseñanza

centrada en la problemática del contexto, pero estudiada en el aula de clase. De lo dicho podría surgir la siguiente pregunta: ¿Es esencial el uso del refrán para el aprendizaje del estudiante de hoy en día? Empecemos por esbozar el primero: “Si hoy vas de prisa, mañana levántate más temprano… ” Muchos de los estudiantes de las universidades del Caribe colombiano no han tomado conciencia respecto a la administración del tiempo ni de su adecuada distribución, olvidándose de que este es un factor fundamental en la

planeación de las diversas actividades con horarios fijos ( como las horas de clases y laborales), tiempo que es necesario respetar y distribuir

adecuadamente, al igual que el tiempo de las actividades básicas cotidianas (sueño, higiene personal y comidas); las cuales también deben ser

realizadas en tiempos estricto; lo mismo que el tiempo de otros eventos (lecturas, consultas, tareas); como también se podría decir del tiempo de descanso, recreación, etc.; esta última que ha sido considerada como el elixir de la vida, puesto que representa la recuperación del desgaste sufrido por el organismo en el proceso de preparación y cumplimiento de los deberes. Gracias a la recreación es posible el cumplimiento del principio que dice: “en cuerpo sano, mente sana”. “No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy…” Esta debería ser la regla de oro que deberían tener los estudiantes que todo lo dejan para última hora. Dado que el cumplimiento de los compromisos y tareas académicas son una parte de los propósitos que el estudiante se traza cuando inicia su preparación para servirle a la sociedad. La pereza aparece

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en el estudiante

cuando el compromiso que éste traza no es con la

sociedad, sino con intereses personales o particulares; intereses que generalmente alejan al joven del verdadero objetivo del estudio, hecho que hace que el estudiante se torne reacio a la idea de que toda persona se capacita es para servir a la sociedad. Como sólo tiene a la vista la imagen del beneficio personal, los intereses colectivos quedan relegados a un segundo plano; y como no tienen un punto de referencia externo, siempre irá “a la pesquisa de todo lo que se le ofrece”. Por eso se dice: “¿Para dónde va Vicente? ¡Para donde va la gente! “Loro viejo no da la pata…” Este adagio generalmente se expresa cuando un adulto se forma con estudiantes jóvenes; éste es criticado y muchas

veces tratado despectivamente de abuelo, viejo, cucho, veterano, etc. En vez de ser reconocido su esfuerzo, el cual podría ser estimulado con el aforismo: “Nunca es tarde para aprender.” “Más vale tarde que nunca…” Este aforismo guarda estrecha relación con la conclusión del anterior; esto es, que nunca es tarde para hacer algo; y por más que así se considere, es preferible que tarde se realice antes de que no se realice jamás. Por otra parte, sin pretender hacerle concesión a ningún determinismo y menos aún al fatalismo, pero en todos los casos humanos, tal parece como si estas, por su misma dinámica y naturaleza estuvieran destinadas para hacer su aparición en un determinado momento, no antes ni después de éste. De este modo, si algo se pone de manifiesto, así sea en un momento no esperado, ya sea temprano o ya sea tarde, en cualquier caso siempre y cuando su aparición sea benéfica, no tenemos otra alternativa que exclamar: “Al mal tiempo, buena cara…” Buena cara, mucha paciencia y una cierta dosis de ingenio para solucionar los problemas que se presenten a nuestro paso. Así por ejemplo, en el estudiante que ingresa a la universidad, por

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encima de cualquier consideración, éste académicas como las de mayor

debe tener las actividades

prioridad, al margen de las actividades poco daño al

extracurriculares, las que dichas sean de paso, hacen no desarrollo intelectual del joven de hoy.

Por otra parte, es necesario

puntualizar que los problemas se harán mucho más sentidos si la escasez de recursos económicos toca a nuestras puertas; si esto ocurre, no tenemos otro remedio que reconocer que para todo siempre habrá un primer momento, o lo que es lo mismo: “Algún día, es mañana…” Empezar a estudiar en una institución educativa, es, sin lugar a duda, causa de alegría para el joven que se proyecta como futuro servidor de la sociedad; tal compromiso lleva consigo la invitación a adelantar en la profundización documental y en la consulta de los expertos; en razón que cada día la necesidad de conocer una forma más profunda sobre la naturaleza de los fenómenos pareciera crecer, como se dijera en proporción geométrica. De este modo habría que decir que los compromisos académicos que los jóvenes adquieren en sus respectivos cursos, no debe ser únicamente para cumplir con una nota, sino que por el contrario, el estudiante debe ser consciente que la humanidad espera contar mañana con un profesional idóneo en el ejercicio de las diferentes tareas que se le encomienden y además portador de sólidos principios éticos gracias a la resultante de una formación permanente. “Arrieros somos y en el camino nos encontramos…” Entre los grupos de estudiantes que inician su primer semestre universitario, es probable que todos sus integrantes tengan en mente los mismos objetivos: servir, el día de mañana, de la mejor manera a la sociedad; pero ocurre que en no pocos casos con el tiempo, en muchas de estas mentes aflora el egoísmo

engendrado y alimentado por el sistema político-económico el cual aliena el pensar social y cooperativo del joven rebelde que practica el altruismo. Este pensar egoísta conduce a la conformación de subgrupos dentro del mismo

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grupo, los cuales no solo alimentan propósitos particulares, y por ellos mismo divisiones dentro del mismo, hecho que no solo quebranta los ideales del comienzo, sino que además nunca permitirá el desarrollo armónico de la sociedad. De ahí que sea necesario afirmar:”dime con quién andas y te diré quién eres.” “Cuando hay santos nuevos, los viejos no hacen milagros…”Los paradigmas que sucesivamente desfilan en la educación , como si se tratara de modas, son promovidos y ponderados a través de los medios de comunicación masiva, al igual que ocurría con los ídolos traídos a América por los peninsulares, y propagados mediante el púlpito por los ministros de la iglesia para dominar y alienar a los nativos con la promesa de que la final de su atormentada existencia les esperaría otra vida, pero ésta sí, desprovista de toda limitación y sufrimiento. Todo ello para ver con los nuevos modelos teóricos originados en los países industrializados e impuestos en el mundo subdesarrollado en nombre de la globalización, sin tener en cuenta que el anterior modelo ya pueda hallarse asimilado en su totalidad por el proceso pedagógico e investigativo. De este modo, todo nuevo modelo que se impone es aplicado y defendido por igual, tanto por las instituciones educativas como por los docentes, como si se tratara de una panacea más, ofrecida por el sistema social y político imperante. “El que a hierro mata, a hierro muere…” Ganar los cursos en una institución de educación superior o pasar de un curso inferior a otro superior es relativamente fácil, lo difícil es hacerse un buen profesional, tecnólogo o técnico, para servir en forma eficiente y ética a la sociedad. Las

evaluaciones que se practican en las universidades van desde la asistencia a clase, hasta los trabajos y talleres en grupos, las mesas redondas, además de las tradicionales evaluaciones, quizes, etc. Todas estas actividades muchas veces, son determinadas por la malicia y la mala fe del estudiante que con mucha frecuencia apela al machete, al corte y pega del internet, a la

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llamada por celular o al mensaje de texto; todo ello se habla emparentado con el plagio vulgar, el cual, en ningún momento tiene cuenta que los

autores de dichos escritos tuvieron que hacer un gran esfuerzo, para que sin pena ni gloria, sea presa fácil de impostores que quieren ganar los exámenes y aprobar las materias, en muchos casos, con el beneplácito de sus profesores, quienes movidos por un paternalismo a ultranza, se olvidan que… “El que da lo que tiene, a pedir se queda…” Pues justo es reconocerlo que la academia, en mayor o menor medida, se halla contaminada por el aludido fenómeno del paternalismo irresponsable el cual conduce a que un

sinnúmero de estudiantes sean graduados por pura lástima o en detrimento de aquellos que aspiran a pensar por su propia cuenta, para de este modo convertirse en profesionales eficientes, sin importar para nada que, por esas cosas contradictorias de la vida, en el campo laboral sea peor remunerado o que las oportunidades de trabajo le sean mucho mas restringidas, en comparación con aquél que en el aula de clases siempre se comportó como el estudiante tramposo. “El que no arriesga un huevo, no saca un pollo…” La investigación no se aprende en el salón de clases; esta se aprende es en el campo práctico de la realidad natural o social. Pero la educación impartida en las instituciones de educación superior, de la Costa Caribe está preñada de metodologías tradicionales, ajenas a la propia realidad histórica – social; razón por la cual el estudiante debe reducir la adquisición de sus conocimientos a unos estrechos límites, dejando la creatividad y producción de conocimientos en una amplia escala a la vida profesional. Esta es una de las causas por la que el estudiante proactivo e inquieto, para decirlo sin rodeos, en esta materia debe observar los toros desde la barrera, dado que en el Caribe Colombiano no hay políticas claras respecto a la investigación y lo que es más

lamentable, ni siquiera respecto a los objetivos de la misma. Así las cosas,

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son muy pocas las personas que pueden dedicarse a investigar, a extraer conocimientos de la realidad circundante. “El que no coge consejo no llega a viejo…” A juzgar por las apariencias, la juventud vive en un mundo alejado de la realidad concreta que presenta la costa Caribe, pero no muestra preocupación visible que haga mella en conciencia de las mismas; solo uno que otro de los estudiantes parecieran luchar por una causa justa. Ahora, si la juventud protesta, lo hace en forma inconsciente mediante una estrafalaria forma de vestir y un comportamiento inadecuado, como: el abuso en el uso de los vehículos, los cuales son tomados para hacer competencias de carreras, sonidos musicales y ruidos producidos por la supresión de los silenciadores en forma de truenos. Todo lo anterior es complementado por una jerga vulgar que choca con el buen hablar del ciudadano, hechos estos que se quieren asociar a la idiosincrasia de una región o ciudad en particular. Este estado de cosas lleva a los jóvenes estudiantes a vivir el presente, sin recibir nada del pasado, dejando al Goethe consejero con su pensamiento por el suelo:”quien viene al mundo, construye una casa nueva, se va, y se la deja a otro, éste se la arreglará a su manera y ninguno termina de construirla.”(Héller, 1998, p.226). Cuando San Juan agache el dedo…” Esto equivale a decir que en materia de conocimientos, por lejos que se vaya, nunca será bastante como para decir que se ha caído en el plano de la terquedad, y mucho menos que se ha caído en el plano del dogmatismo o del sectarismo, ya que estos estados de la conciencia en alguna medida son obstáculos para una verdadera actitud investigativa considerada esta como un estilo de vida. La actitud

investigativa tiene como principio esencial, la disciplina, la cual debe ser acompañada de una inusual perseverancia de modo que la permanencia del contacto con el objeto de estudio engendre en el investigador un insaciable deseo de conocer. Solo así será la única manera de salir de la minoría de edad en una sociedad de conformistas, como la nuestra.

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“Las canas engañan, el diente miente, pero las arrugas sacan de dudas…” La experiencia no se improvisa; y en materia de conocimiento cuando el estudiante consulta, investiga y se asesora de expertos, así sea muy joven, más temprano que tarde será conducido a pensar en forma autónoma, pues, como son bien sabidos los conocimientos no están dados por la edad, sino por la dedicación proactiva. De esta manera es posible prestarle un gran servicio a la costa Caribe colombiana, que tanto la necesita. “Los tropezones enseñan a levantar los pies…” Hay que aprender del error dado que, éste es la fuente más fecunda del conocimiento; se aprende más del error que del acierto; aquel conduce a la duda y a la rectificación; ésta a la confianza desmedida y hasta el dogmatismo; el error obliga a la rectificación constante, a la observación detallada y, por ende, a la reflexión sobre la realidad, el acierto no permite superar las apariencias y, por tanto, por otra vía difícilmente se llega a la esencia. “Más sabe el diablo por viejo que por diablo…” Es lo que ocurre muchas veces con los postgrados; no por tener una especialización, maestría, etc., se conoce lo que sería deseable saber de la realidad. En no pocos casos un posgrado se convierte en un señuelo que pone de manifiesto unas cualidades de la realidad, pero consciente o inconscientemente oculta otros. Luego para poseer unos conocimientos de un campo específico de la realidad, no es necesario convertirse en un tegua sino poseer curiosidad insaciable para hallar los problemas de la realidad natural o social, que no afloran en la superficie de los fenómenos, y buscar de este modo la

posibilidad de poseer una gama de conocimientos que lo acrediten como a un experto en la materia y no simplemente como un especialista que posee un título profesional pero sin ninguna competencia en el ramo.

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“Más vale prevenir que curar…” No existe la ciencia que cura todas las patologías de la sociedad, solo hay ramas de la ciencia que pueden prevenir algunas de las anomalías que germinan en medio de la abundancia y, la pobreza, especialmente en los países del tercer mundo. Pero las contradicciones no se hacen esperar; en estos países en los que el estudiante debería ser formado para pensar e investigar, es más bien formado para repetir lo ya dicho en otras latitudes, ignorando de este modo lo que sucede en el entorno. Por otro lado los medios de comunicación alienan al joven y hacen de él, un ser conformista que tiene su pensamiento en otra realidad que no es la suya; o lo que es lo mismo, suspirar por alcanzar el paraíso de los Estados Unidos de América, mientras que su país se hunde en la guerra y la pobreza. Anhela conquistar el paraíso del Tío Sam, para realizar el sueño americano, del mismo modo que los aventureros españoles soñaban con la conquista del Dorado. “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista…” Pero en nuestro caso el Caribe colombiano en particular y de Colombia en general está enferma desde el mismo momento en que fue invadida por el europeo, impostor; de modo que la dependencia de una potencia foránea, que, entre otros casos, ya sobrepasa con creses los cien años, se ha convertido en una verdadera y letal patología; y respecto a la segunda premisa, ni siquiera vale la pena hacer un solo comentario, los resultados están a la vista: la resistencia del pueblo colombiano a los abusos y vejámenes del régimen político y social, no tiene parangón en la historia de los pueblos. Podría pensarse que ningún pueblo, como al colombiano, se ha castrado con más saña su capacidad de reacción, cuando no es con las promesas de una vida mejor, en el futuro próximo o en el lejano, es con hechos reales y tangibles como el de la globalización y el consumismo, como estados mediante los cuales los males engendrados por la misma sociedad quedan superados. Cabe anotar que para la asimilación consciente de estas promesas, tanto el

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púlpito como los medios de comunicación masiva han desempeñado un papel de singular importancia. Pero como bien lo dice el siguiente aforismo: “No hay plazo que no llegue, ni fecha que no se cumpla…” Esto equivale a decir que todo finalmente tiene que realizarse, en los términos que corresponda a la naturaleza de las cosas. Así por ejemplo, el hecho que algo tenga un comienzo ya es un indicador de que su fin es eminente. Pero en el interregno entre el comienzo y el fin, o entre el nacimiento y la muerte también se suceden fases o etapas que indefectiblemente tienen que

sucederse, con arreglo con las mismas leyes del desarrollo. Tal es el caso de lo que sucede con lo que acaba de aparecer, la dirección que sigue corresponde a una etapa de desarrollo y crecimiento, en todos los órdenes; pero cuando esa fase llega a un determinado momento previos a la finalización del proceso; y todo esto ocurre, sin que nosotros lo deseamos, y menos aún, sin que ni siquiera lo sepamos o veamos el momento en que las transformaciones están teniendo lugar. “Andemos juntos, pero no revueltos...”Cuando un joven empieza una carrera universitaria, muy seguramente abraza el sueño que quiere realizar, cuando haya conseguido su profesión; al ingresar en ese gran universo de otros tanto sueños, tendrá entonces que entrar en contacto con los miles de prejuicios que lleva esa gran masa amorfa de soñadores; prejuicios que encarnan las más diversas humanizantes comunicación tendencias, alienantes unas, constructivas y

las otras; los primeros influenciados por los medios de masivos, la iglesia, etc., que alejan a los jóvenes del

verdadero camino de servirle a la humanidad con sus saberes, y que les induce a vestir de esta o aquella manera y exploran los más extraños

comportamientos que no se compadecen con la problemática del país. Las otras tendencias, pese a la nociva influencia del medio se sobrepone la misma para cristalizar sus anhelos iníciales: servir a la sociedad. Pero entre tanto tiene que compartir el tiempo y el espacio con aquellos que miran la

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vida desde otra perspectiva. Por ello desde el primer día de clase debe recordar el adagio que dice: “dime con quién andas y te diré quién eres.” “Aquí, a lo que Dios quiera…”Es un decir de aquellas personas que abrazan las creencias en seres superiores y más poderosos que el hombre de carne y hueso tales personas ponen todo a nombre de un supuesto ser que todo lo puede, entrando éste a desempeñar actividades de cualquier índole, como mediar entre el fracaso y el triunfo. De este modo el trabajo, el estudio, la docencia, etc., no son voluntad de un jefe, ni de circunstancias reales sino de la influencia y determinación de un supuesto ser dotado con vida propia y poderes excepcionales. “Burro ajeno, garabato con él…”En las instituciones de educación superior, al igual que en otras tantas empresas productoras, los jefes de departamentos administrativos parecen descubrir las debilidades o el deseo de trabajar de algún subalterno a quien siempre lo tienen en cuenta para asignarle un determinado tipo de actividades, y en pocas veces, labores que solo benefician personalmente a los jefes o directivos; todo ello con arreglo a la necesidad que el trabajador tiene de subsistir, o por la vana creencia de que el trabajador se identifica con el aforismo expresado en la literatura, que reza: “que tan lindo es que a mí me paguen por lo que me gusta hacer;” muchos jefes sumidos en la alienación de este tipo de lectura que tanto daño hacen al medio educativo pretenden atribuir la condición de las personas , únicamente a factores de orden subjetivo, individual, sin tener en cuenta para nada la influencia ejercida por los factores objetivos que se hallan al margen del individuo, que existen independientemente de la conciencia de éste. Los refranes guían la academia como fuente pedagógica para el hombre del Caribe colombiano, así como también el campesino anónimo instruye con su sabiduría a los estudiantes que los conocimientos no sólo se asimilan en un salón de clases, sino también en esa gran escuela de la vida; esa que

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enseña con los conocimientos pre-teóricos, los que, dicho sea de paso, hoy parecen caer en el olvido al ser reemplazados por los saberes que globalizan al mundo, a través de los medios de comunicación masivas, relegando de este modo, los saberes populares, a un segundo plano, como si éstos no fueran la base de los conocimientos científicos. En nuestro caso los refranes, como fuente pedagógica, dejan entrever hechos pasados que han sido olvidados por los moradores del Caribe, que permanecen inconscientes en la cefaloteca así: “El hambre llegó con el alambre.” En los momentos actuales el hombre del campo observa su realidad, esto es, el desplazamiento del campesino provocado por el alambre y el hambre, que este produce; el campesino ve el latifundio de don Fulano reformado por las tierras arrebatadas a los mismos campesinos. Estas acciones de los terratenientes han sido avaladas por las leyes creadas por los intelectuales a sueldo al servicio de los terratenientes intelectuales que ni conocen este refrán y menos aun la realidad de la Costa Caribe colombiana... “Al buen entendedor, con pocas palabras basta”. El caribeño es muy dado a adornar el discurso; a girar sobre una misma idea y así no ser muy pródigo en sus explicaciones; prefiere ser breve y por ello el adagio popular dice que se debe ser conciso y claro; de ahí que el caribeño diga siempre “vamos al grano.” “Cada quien estudia en su libro”. En la vida diaria, de cualquier persona, aun en la intelectual, cada quien parece encerrarse o bien en el dogma sagrado de la costumbre o bien en los paradigmas de la doctrina que éste abraza y considera como la panacea. Aquel sueña con la salvación, éste con la redención del quehacer político, educativo, comercial y familiar. mental de los campesinos

anónimos, quienes los evocan cada vez que se reúnen para ver el pasado,

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“Con la boca y el dedo, se hace roza y macaneo”. Hay muchas personas, entre ellos los académicos que hablan mucho y hacen poco; obrar de este modo los convierten en excelentes críticos de los que hablan poco y hacen mucho. Pero la práctica enseña que los que realizan los cambios son los que hacen, no los que hablan; estos últimos son ciertamente muy poco deseables en la sociedad; aunque no tanto los que sólo prometen pero que jamás hacen algo. ¿Cuál es tu hermano? Tu amigo, más cercano. Este aforismo es la invitación a que aprendamos a trabajar en equipo por el bien común, de esta manera superar el daño. “Desde que se inventaron las excusas todo el mundo queda bien.” La excusa, siempre lleva a que las personas asuman una actitud mediocre; se nieguen a colaborar en actividades que obliguen a pensar diferente a abandonar las practicas rutinarias. Muchas personas prefieren las mismas tareas o saberes. “El genio es como el pañuelo: se saca cuando se necesita”. Las egocentrismo que nos caracteriza y nos causa tanto

personas creativas casi nunca se muestran como investigadores, ni tampoco participan en todas las actividades en su medio o institución; participan cuando es necesario; pero preferiblemente lo hacen cuando tienen nuevo para aportar. “El que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija.” La tendencia que muestra el hombre del Caribe colombiano está encaminada en la búsqueda de medios de todo tipo, para que los sectores económicos investiguen e ilustren a los profesionales de la región para trabajar por el bienestar del pueblo y se haga de la región un polo de desarrollo a corto, mediano y largo plazo, para de este modo dejar la minoría de edad tanto en el contexto regional como en el nacional. algo

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“Lo que nada nos cuesta hagámoslo fiesta.” Este es el decálogo de los trabajadores del estado, especialmente de aquellos que se hallan en contacto con los recursos económicos o la media para su control. Y aunque ellos los ha formado la sociedad parecen sólo importarles el dinero o lo que con este se relaciona sin mirar más allá de su escritorio. De este proceder nos hablan las obras inconclusas localizadas en todas las ciudades y pueblos del Caribe colombiano; obras que hoy no tienen ni pariente ni doliente. “No hay plazo que no llegue, ni fecha que no se cumpla.” Una gran mayoría de caribeños le hacen honor a la palabra “CUMPLIMIENTO” cumplo y después miento, olvidándose que los compromisos adquiridos son para cumplirlos; razón por la cual no deben buscar justificaciones sabiendas que hay que cumplir los compromisos. “Yo de hilo no sé, María es la que cose.” En la educación se ha venido dando un fenómeno con los docentes elegidos para ocupar X ó Y cátedra con perfiles que no están acordes con la formación profesional. Este adagio popular enseña que tanto en la educación como en cualquiera actividad debe primar la honestidad. Finalmente, cabe observar que la pedagogía y la literatura se valen con mucha frecuencia del refrán o aforismo popular. Un ejemplo claro lo encontramos en el Quijote cuando señala entre otros los siguientes: “...del amor se dice: que todas las cosas iguala.” “No es un hombre más que otro si no hace más que otro.” “No hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no lo consuma.” “Hombre de bien (si es que ese título se puede dar al que es pobre), pero de muy poca sal en la mollera.” injustas a

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