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ORGANIZACIÓN Y OBJETIVOS DE LA IGLESIA.

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Organización y objetivos de la Iglesia.
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Compilador: José Jaime Sánchez Fonseca Licenciado en Educación Pastor/maestro Calvary Chapel Tunja.

Parte VIII LA ORGANIZACIÓN Y OBJETIVOS DE LA IGLESIA 1. 1 LA ORGANIZACIÓN NO SUSTITUYE LA VIDA ESPIRITUAL Con la Sagradas Escrituras a la mano, se puede concluir que la iglesia no es una organización, sino un organismo vivo. Y todo organismo vivo, por rudimentario que sea, tiene un orden maravilloso; es visto que no existe la vida sin organización. Tanto en los organismos vegetales y animales se observa en forma natural (Dios la ha puesto) una coordinación de sus funciones que permiten la realización de su finalidad vital. Su organización, instintivamente regula y permite adelantar una actividad. Sí la humanidad no hubiere adoptado una forma de organización, habría sucumbido. Ninguna empresa humana saldría adelante sin un mínimo de orden social. Los objetivos y actividades incoherentes no permiten cumplir la meta propuesta. En consecuencia, demandan de una orientación y coordinación del modo más eficaz y sencillo posible. Debe advertirse el hecho de que, una iglesia por bien organizada que esté, si carece de vida espiritual, es una iglesia difunta; y también, una iglesia viva en desorden está expuesta a problemas que pueden acabar con ella. En ningún caso la organización sustituye a la vida espiritual, pero esta es necesaria para su desarrollo. 1. 2 LA ORGANIZACIÓN ES NECESARIA En la naciente nación de Israel no fue suficiente el arrojo y fe de Moisés para conducirla; fue necesaria una organización sensata y minuciosa (Éxodo 18: 13- 27; Deuteronomio 1: 918; Números 1: 4). Igualmente, llama la atención el esmero con que David planeó la construcción del templo y el servicio del culto (1 Crónicas 22: 2- 26 y Cap. 32).

La acción del Espíritu Santo y el ejercicio de los dones, desde el primer siglo no riñeron con una sana forma de gobierno y organización. Al frente de cada iglesia iban surgiendo importantes elementos de cohesión, orden y dirección (Hechos 14: 23). Las necesidades de orden, servicio y administración se suplieron mediante “diáconos” (Hechos 6: 1- 6; 14: 23). La obra entre las mujeres hizo, sin duda, la necesidad de diaconisas (romanos 16: 1- 2). Las anomalías en las reuniones de culto, en algunas iglesias, requirió crear ciertas normas para que “con decoro y orden se lograse la edificación espiritual”
(1Corintis 14: 40).

Desde luego, nadie debe presentar modelos de organización a otras iglesias. Lo que una iglesia puede resultar excelente, puede para otras ser causa de fracaso. Las pequeñas normas de organización han de tener siempre en cuenta los múltiples factores que intervienen en la vida de la iglesia. Las iglesias de denominaciones suelen tener sistema de organización más o menos común a todas; pero no siempre tales formas son las más adecuadas, precisamente, no se ajustan a los factores mencionados. Deben de excluirse todas aquellas normas que tienden a convertir a la iglesia en “máquina” organizacional; como un fin en vez de un medio. Una empresa ya privada o de régimen público depende de los objetivos, de los principios, y de las prácticas que se fijan los hombres que la controlan y dirigen. En una iglesia los objetivos fundamentales no son fijados por quienes la dirigen, son determinados y guiados por el Espíritu Santo. Por el contexto de toda la Palabra pueden resumirse en cuatro: A. Adoración. Cada iglesia es una comunidad de redimidos. De ellos se espera un real sentimiento de gratitud que los mueva a la alabanza gozosa, sincera, inspirada en la verdad que Dios da a conocer y en la nueva vida que por el Espíritu ha recibido. La Iglesia, a semejanza del Antiguo Testamento, está llamada a adorar. La adoración y alabanza a su Señor, es siempre uno de los objetivos (Juan 4: 23- 24; Hechos 2: 42, 47; Filipenses 3: 3). B. Edificación. El crecimiento espiritual de la iglesia y de cada miembro es otra gran finalidad de la reunión eclesial. El Nuevo Testamento repetidamente compara a la iglesia a una casa o a un templo en construcción (1 Corintios 3: 9- 10; Efesios 2: 20- 22; 4: 12; 1 Pedro 2: 5). El constructor es Cristo (Mateo 16: 18); los textos citados están en voz pasiva; pero la iglesia y sus miembros, en esta construcción espiritual, no es de papel inerte, o pasivo, o simple adorno. Tiene parte activa en la edificación (1 Corintios 3: 10; 14: 4; Efesios 4: 12; 1 Tesalonicenses 5: 11; judas 20), es decir, es edificada y edificadora al mismo tiempo. Esta obra edificadora implica la predicación, evangelización, la enseñanza, la comunión fraternal. C. Evangelización. Es copiosa la lista de referencias Escriturales que anuncian esta responsabilidad de todo cristiano. Objetivo importante y básico de la iglesia es proclamar el evangelio. Todo cristiano está llamado a ser embajador de Cristo; que en cualquier lugar diga a los seres humanos: “Reconciliaos con Dios” (2 Corintios 5: 20).

d. La diaconía o el servicio. La fe no se expresa únicamente a través de una proclamación oral de la Palabra divina. La fe hace que la Palabra “obre por el amor” (Gálatas 5: 6). Por consiguiente, es misión de toda la iglesia atender a las necesidades de todo tipo que en su seno descubra, entre sus miembros y sus alrededores (Hechos 4: 35; 11: 2930; Romanos 12: 13; 2 Corintios 8 y 9; Gálatas 6: 9- 10; Juan 3: 16- 17). Estos objetivos, cuando los creyentes tienen una vida espiritual exuberante, se alcanzan espontáneamente, sin preocupaciones por la organización de actividades.
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