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LA HERENCIA AFRICANA DE LA ESCLAVIEUD (UHERITAGE AFRICAIN Di LESCLAVAGE®, EN: MANIERE DS VOIR N°31, LE MONDE DIPLOMA IQUE, “AFRUQUES EN RENAISSANCE", MAI-JUIN 2000, PP. 80-84) Elikia M’Bokolo” lace cienio cincucnta afios, Vietur Sehoetcher, subseeretario de Estado en Ja Marina y en las colonias, firmé el deereto de smancipaciéa de los esclavos. La ‘bering sbtenids finalmente fue mas el resultado de ia resisiencia de jos negros avasalintos que de uaa cibita generosidad de tos negreros. Y las sociedades africanas asoladas por la trata de esclavos resultaron marcadas por esta tremenda sangria, Aunque habituado al gspectéculo de los crimenes que jalonan la historia de la humanidad, el historiador no puede evitar sentir una mezela de espanto, de indignacién ¥ de disgusto al revolver lo documentos relatives a la esclavitud de los aivicanos, " 4Cémo pudo ser posible? ¢¥ por tanto tiempo, y en tal escala? En ningiin ovo Jugar en el mundo se puede encontrar jina tragedia de tal emplitud, A través de todas las rutas posibles ~el Sahara, el Mar Rojo, el océano Indico, el Atldntico-, el continente negro fue sustraldo de su capital humano. Alrededor de diez siglos (de! IX al XIX) de servidumbre en provecho de ios paises musulmanes. Mas de cuatro sigios (desde fines del siglo XV al XIX) de comercio regular para construir ias Américas y para la prosperidad de los estados cristianos de Europa. Agreguemos a ello las cifias que, a pesar de haber sido muy controvertidas, dan vértigo. Cuatro millones ce esclavos exportados por el Mar Rojo, cuatro millones més por los puertos swahili del océano Indico, unos nueve millones por las caravanas transaharianas y once a veinte millones, segiin los autores, a través del océano Atléntico', No es por azar que, entre todos estos tréficos, es “la trata”, 0 sea, la trata europea ¥ transatléntica, la que concentra Je mayor atencién y suscita Ja mayor parte de los Gebates. Y no es solamente porque sea, hasta el momento, la mejor documentada, Es demas la que se vincula, ée manera exclusiva, con el avasallamiento de los africenos Sinicamente, mientras que los paises musulmanes han reducido a la servidumbre blancos ¥ negros en forma indiferente. Es la que mejor puede dar cuenta de la situacién actual e Africa, en la medida en que ha dado origen a la duradera fragilidad del continente, su colonizaciéa por el imperialismo europeo del siglo XTX, el racismo y el desprecio que todavia persiguen alos afficanos. 7 Jo tanto, més alld de las discusiones recurrentes que dividen a los especielistas, las cuestiones fundamentales que trae consigo la reduccién a la ésclavitud Ge Jos airicanos no han variado sustancialmente luego que, a partir del siglo XVII, el debate fue hecho piblico tanto a través de Jas ideas de los abolicionistas en los estados. esclavistas del norte como de las reivindicaciones de los pensadores negros y Ia lucha continua de los propios esclavos. {Por que los africanos y no otros? ;,A quiéa imputar, Precisemente, | responsabilidad de la trata? ;Sélo a los europeos o también a los sfiicanos? {Africa sufrié verdaderamente le trata o constituye tan solo un fendmeno marginal, que no habria afectado mAs que a algunas sociedades costeras? " Director de estudios, Ecole des havtes études en sciences sociales (EHESS), Pars = iQy Debemos remontamos a los origenes, porque echan luz sobre los pers mios mediate Tos cuales el continente fue arrojado ciclo infemal. No es seguro que, ex: el cor fa europea kaya sido una derivacién de la trata drabe, Esta tltima ka sido vista durante mucho tiempo como el complemento de un comercio mucho més fructifero, el del oro del Sudan y los procuctos precigsos, raros y curiosos, mientras que, @ pesar de algunas exportaciones ée mercaderias (oro, marfil, madera..), fue el comercio de hambres el que movili2é toda la energia de los europeos hacia las cosias de Afice, Ademds, la trata arabe estaba orlentada principalmente hacia la satisfaccin de las necesidades doméstices; por el contrario, tras el éxito de las plantaciones esclavistas creadas en las islas situadas a lo largo del continente (Santo Tomé, Principe, islas de Cabo Verde), los africanos exportados hacia el Nuevo Mundo proveyeron la fuerza de trabajo de las plantaciones coloniales, y mds raramente fa de las minas, cuyos productos ~oro, plata y, sobre todo, azicar, cacao, elgodén, tabeco, café- alimentaron largemente el negocio intemacional. La esclavitud productiva de los afticanos puesta a prueba en Irak fue un desasire y Provocé gigantesces revueltas, la mas importante de las cuales duré muchos aflos » (desde 1 869 hasta el 883) y signified 1a agonta de la explotacién masiva de la mano de obra negra dentro del mundo érabe”. Deberd esperarse hasta el siglo XIX para ver reaparecer, en un pais musulmén, la esclavitud productiva en las plantaciones de Zanzibar, cuyos productos (clava de olor, nuez de cove) se dirigian, en parte, & les mercados occidentales’. Los dos sistemas esclavistas tenian, sin embargo, la misma justificacién de lo injustificable: el racismo, explicito en mayor 0 menor medida, y extraido igualmente del discurso religioso, En los dos casos, nos encontramos en efecto con ta misma interpretacién equivocada del Génesis, segiin la cual los negros de Africa, supuestos descendientes de Cam, serfan malditos y condenados a convertisse en esclavos. Los europeos debieron esforzarse para poner en marcha el comercio de “madera de ébano”. Al comienzo, se trat6 sélo de rapto: las fuertes imagenes de Racines, de Alex Hailey’, han sido confirmadas por la Chronique de Guinée escrita a mediados del siglo XV por el portugués Gomes Eanes de Zurera. Pero la explotacién de las minas y de las plantaciones exigia sin cesar mayor cantidad de brazos: fue necesario organizar un verdadero sistema para asegurar el aprovisionamiento regular. Los espafoles instituyen a comienzos del sise XVI las “licencias” (a partir de 1513) y los asientos (“contratos”, a partir de }, que transfieren @ particulares el monopolio de Estado de la importaciGn de n enti Las grandes compafifas de trata se constituyeron en Ia segunda mitad del siglo XVI, paralelomente a la redistribucién entre las naciones europeas de las Asaérices y del mundo que el Tratado de Tordesillas (1494) y varios textos pontificios habia reservado s6lo a espafioles y portugueses. Franceses, britinicos y holandeses, portugueses y espafioles, aunque también daneses, suecos y de Brandeburgo: toda Europa participa, multiplicando las compaiiias monopélicas y los fuertes, factorias y colonias que se desgranan desde Senegal hasta Mozambique. Sdlo faltan a la cita la lejana Rusia y los paises belcdnicos, que sin embargo reciben sus pequerios contingentes de esclavos por intermedio de! Imperio Otomano. En Affica, las razzies y los saptos organizados por los europeos ceden paso rpidamente a un comercio regular, Las sociedades africanas entran cn el sistema * negrero como forma de defensa, sin dejar por ello, una vez dentro del sistema, de buscar el maximo de ventajas, Entre otros ejemplos, pueden recordarse Jas protestas del rey del Una fuente que ha sido ignorada por mucho tempo, Ia Lista Lioyds, esvojs una sconocida sobre el rechazo de este comercio denwzo de las sqciscades cosieras africanas. Los siniestos producidos en las naves aseguradas por esta célebre firma de Londres a partir de su fundacién en 1689 muestran que, en un significativo nimero de casos conocidos (més del 17%), el sinfestro has tn pre-lucto de una insurrecciéa, ura Tevuelis 0 las agciones de pillaje ou Sica. Los auiores de estos actos de rebelién eran Jos esclavos, aunque también la gente de la costa. Todo sucede como si estvigramos frente a dos logicas: la de los estados instatados de buen grado 0 de mal grado dentro del sistema negrero; Ia de las poblaciones libres, amenszadas permanenteriente con set reducidas a la servidumbre, que menifiestan su solidaridad con la geate reducida a ia esclavitud. En lo que hace a la esclavitud interna, todo parece indicar que resulté ampliada y reducida al mismo tiempo y en forma parelela al crecimiento de la crata, “ayendo consigo milltiples modalidades de resistencia: fuga; rebelién abierta; recurso a la religion, cuyos ejemplos se encuentran tanto en tierras islamicas como en los paises de la cristiandad. Asi, en el valle del rio Senegel, la temtacién de ciertos soberancs de reducir a la servidumbre y vender a sus propios stibditos provooé, desde fines del siglo XVID, la “guerra de los morabitos” 0 movimiento toubenan (de tuub, convertirse al Islam). Su promotor, Nasir al-Din, prociamé precisamente que “Dias rio permite a los reyes de ningiin modo el pillaje, la matanza o la captura de su pueblo, que, por el contrario, le ha sido concedido para mantenerto y resguardarlo de sus enemigos; los pueblos no han sido de ningiin modo hechos para les reyes, sino los reves para los pueblos”. Mis hacia el sur, en lo que es hoy el territorio de Angola, el pueblo congo utiliz6 al cristianismo de la misma forma, tanto contra los misioneros, comprometidos cca la trata, como contra los poderes locales. A comienzos del siglo XVII, una profetisa de unos veinte afios, Kimpa Vita (conocida también como doa Beatriz), lanzé una proclama contraria a los argumentos racistas de los negreros y comenzd 2 difundir un ‘mensaje igualitario segin la cual “en el cielo, no hay blancos ni negros" y “Jesucrisio. » otros santos son originarias del Congo, de la raza negra”. Sabemos que este recurso @ lo religioso no ha cesado de acompatier hasta nuesttos dias en muchas regiones de Africa las reivindicaciones a favor de fa libertad y la igualdad. Tales hechos muestran gue, lejos de ser un fendmeno marginal, Ia trata se inscribe en el centro de la historia modem del Aftica y que la resistencia a la trata ha inducido actitudes y précticas que se observan atin en Ia actualidad. En consecuencia, resulta necesario desconfiar de las impresiones heredadas de la propaganda abolicionista que maatienen ciertas formas de conmemorar la abolicién de la esclavitud. EI deseo de libertad y le propia libertad no Ilegaron a los afficanos del exterior, de los filésofos ihuminisias, de los agitadores zbolicionistas o del humanitarismo republicano; surgieran del propio impulso de las sociedades afficanas. Por otra parte, desde fines del Siglo XVIII, en los paises costeros del Golfo de Guinea, fue posible encontrar comerciantes mayoritariamente enriquecidos por la trata que tomaron distancia de este trifico y enviaron a sus hijos a Gran Bretaia para que se formaran en las ciencias y oficios utiles para el desarrollo del comercio. Es par ello que las sociedades afficanas a lo largo del siglo XIX no tuvieron problema de responder positivamente a las nuevas demandas de Europa industrial, convertida al “comercio legitimo” de los productos de la tierra y en adelante hostil a a tata, convertida en “tréfico ilicito” ¥ “Comercio vergarzos0”.