ETNIA PIAPOCO Autor: Alfredo Cedeño

A ese venezolano de excepción que es Daniel de Barandiarán, y a quien nuestro territorio tanto le debe, le escuché nombrar por primera vez a los Piapoco. Más tarde se los oí mencionar a otro venezolano muy particular como es Esteban Emilio Mosonyi. En ambas ocasiones los dos me acogotaron con su delirio por este grupo indígena. Años más tarde, cuando gracias al generoso apoyo de otra persona de generosidad proverbial como es “la negra” Lucy Gómez, estuve realizando una serie de investigaciones sobre las etnias venezolanas, pude saciar la sed que Daniel y Esteban Emilio me habían plantado. Este grupo perteneció a una confederación multiétnica que dominaba el área comprendida entre los ríos Guaviare, Meta y parte del Orinoco, y en esa organización ellos ocuparon un lugar destacado. Ahora quedan menos de millar y medio de individuos. Hay quienes ubican cinco mil años atrás su inicio como modelo social. Ellos pertenecen al tronco lingüístico Arawako, y continúan viviendo en sus territorios ancestrales, los cuales están repartidos entre territorio venezolano y colombiano. Sus mitos, leyendas, ceremonias rituales, maneras de pescar y confeccionar sus diferentes tejidos de fibras vegetales, hacen garantizar a muchos que esta etnia, pese a todos los embates vividos en los últimos cuatro siglos, mantiene vigente muchos de sus patrones culturales originales. Aunque ello ha significado una gran capacidad creativa y de adaptación de su parte, ya que sin ello hubieran desaparecido como grupo humano. Fue así como un día recorrí gran parte del Orinoco Medio, hasta llegar a Laja Lisa, comunidad de la etnia Piapoco. Estas son las notas de mi libreta de viaje. A las cinco de la mañana, en medio de una tenue llovizna que hace ver aún más fantasmal al pueblo, es la salida desde Puerto Ayacucho. Vamos hacia el puerto de Samariapo, sesenta kilómetros al sur, en la margen izquierda del Orinoco. El sol nos alcanza llegando a las orillas del Río Padre. Inmenso, es la mejor palabra para describirlo, de una fuerza que se presiente atroz bajo la supuesta mansedumbre con que avanza. En pocos minutos se instala un motor de 40 caballos en una lancha de aluminio, la echamos en aquel mar de aguas marrones y de inmediato comenzamos a navegar corriente arriba. Vamos para Laja Lisa, comunidad indígena de la etnia Piapoco, donde esperamos llegar tras cuatro horas de navegación. La lluvia ha estado sembrando de troncos y objetos flotantes de todo tipo la corriente. El motorista navega con ojos acuciosos, sabe que entre la vida y la muerte hay un hilo muy delgado, el menor error lo pagará caro, conoce que en su pericia van nuestras vidas. El Orinoco no sabe de juegos. Hoy parece que habrá suerte, aunque es "invierno", el cielo empieza a despejarse. A los cinco minutos de recorrido aparece en territorio venezolano, al lado izquierdo del río, Munduapo, comunidad indígena guajiba, la cual queda atrás rápidamente. Al cabo de poco tiempo se ve Isla Ratón en medio de la corriente y por la izquierda la desembocadura del río Sipapo, en breve se cruza Raudal de Muertos, los peñascos acentúan la sensación de fragilidad de los navegantes. Por la margen derecha, en territorio colombiano, aparece Puerto Nariño, a este lado del río se ve la comunidad guajiba San Vicente. Pronto, proveniente del territorio de la "hermana república", aparece la desembocadura del río Vichada. El motorista se nota nervioso y hace que la máquina

Los olores de la comida y de ellos se . Pasan troncos enormes por los lados de la lancha. en efecto. arrecia el temporal. despreocupada. gruesas. La voz del timonel hace que regrese la tranquilidad: "Son la gente de la Marina." Súbitamente comienza un aguacero de los que sólo se presencian en Amazonas. pide documentos del motor. finalmente. así como distintos tipos de carne asada y sancochada. salvo seguirlo envolviendo más. razones de la visita y tiempo de estadía. nos intercepta. así como llegó. no se ve nada más allá de tres metros. Un grupo de niños nos reciben y conducen hacia el centro de la comunidad. quieren que se oiga. nombre con que se conoce en Amazonas el mañoco diluido en agua. Todos hablan y hacen sus señalamientos. El recorrido concluye frente al salón comunal. una vez cumplidas sus labores se despiden: "Buenos días y perdonen la molestia. el maestro Juan García traduce al castellano todo cuanto se dice. pesadas. desaparece la tormenta. para intentar evitar su eventual daño. Cuando terminan. Un suave ritmo verbal va enunciando cada cosa. a pesar de las bolsas plásticas adicionales. son tres horas de asamblea. El local está lleno. En el camino a la escuela tres niñas escarban curiosas en el interior del morral de una de ellas. una serie de planteamientos. A las puertas de esa está un señor ocupando en dar los últimos toques a una cesta de "tirita". la embarcación y los ocupantes. en vez de amainar. adelante. en ellos se ven hombres vestidos de verde que empuñan armas largas. el motorista se pega más a la orilla. las gotas son enormes. En aquella se asoma una mujer joven con su hijo en brazos y sonríe inocente. tampoco detenernos.avance lo más que puede. Y podemos continuar a ritmo normal. risas y comentarios en su idioma de firme cadencia anuncian candor. un grupo de mujeres entra con tortas de cazabe recién cocidas. hechiza implacable. las caras impávidas de sus progenitores son estremecedoras. En poco tiempo. Sin embargo. así es. El equipo fotográfico comienza a llenarse de agua. lo que sería un verdadero desastre. Poco a poco se va formando un gran charco entre la ropa y el frío empieza a hacer de las suyas. es una norma básica de seguridad al navegar bajo la lluvia en un río. so riesgo de que zozobre la embarcación con el volumen de agua que cae. se sienten como centenares de pequeños puños que golpean todo el cuerpo. a través del cual se inicia una conversación informal en la que se inquiere sobre las condiciones del viaje. Laja Lisa deslumbra. En esta vivienda una anciana está trabajando con un sebucán para extraer el veneno a la yuca amarga y luego hacer cazabe o mañoco. Es una lluvia espesa. También es un gesto social. el impermeable no sirve de nada. que es la harina de la yuca tostada y no prensada en tortas. los niños juegan y corretean. donde una asamblea de sus habitantes nos espera. el recibimiento es tan cálido que todo queda justificado. Es parte de la etiqueta Piapoco." Y. llegamos a Laja Lisa. se llevan todo. "Es que por esta zona es donde aparecen siempre los piratas asaltando a la gente. con sus viviendas de paja y palmas de caraná y chiquichique. Pasan los minutos y. Una vez finalizado el recibimiento dos niños nos acompañan y todas las puertas se van abriendo de par en par. no se puede ir más rápido. para su posterior divulgación. De inmediato aparece una gran totuma rebosante de yucuta. y no hay nada que se pueda hacer. para calmarnos la sed. y tras un total de 5 horas y 15 minutos de navegación. Es hora y media en esas condiciones. un pelotón de marinos fuertemente armados. matan al que se les antoja y después cogen y se meten por el Vichada y ¿quién los va a seguir por allá?" Inesperadamente en dirección contraria aparecen dos bongos que se abren frente a la lanchita. Son tres minutos de camino en que los zancudos y los jejenes hacen de las suyas.

sirvió su sabor para prolongar en los sentidos la presencia Piapoco. acentúan esa sensación." Al navegar de regreso. FUENTES: – Mitos Piapocos. a las afueras de Laja Lisa donde por cuatro meses han estado acudiendo todos los viernes a trabajar en la construcción de la pista de aterrizaje de la comunidad. 1993. donde los intereses comunales privan a la hora de cualquier decisión. 1987. 1989. Cordinación de Educación del Guainía. Librairie Hachette et C. resultó particularmente hermoso ver la cara de fiesta con que acudieron todos. Colombia. Caracas. Son dos días con ellos.. Centro Etnoeducativo Intercultural Bilingüe. Alejandro de Humboldt. París. en las noches los ancianos han contado con su voz cantarina las mismas historias que oyeron a sus abuelos decenios atrás. También. "Nadie va a venir a construirla y quien la necesita somos nosotros. cuando ya abordábamos la lancha. sirvió para calmar los estómagos. Caracas. IVIC. Monte Avila Editores. Ramiro Ulloa.. – Boletín de Lingüística. Fcaultad de Ciencias Económicas y Sociales. rumbo a Samariapo. – Historia de la Nueva Andalucía. Silvia Vidal. hay un aire ceremonial que plena el lugar y los alimentos que pasan de mano en mano. Gerardo Cavarte. una torta de cazabe entregada en el último momento.confunden. UCV. – Tradición Oral Piapoco. 1993. Número 7.. porque si nos ponemos a contar con los criollos. 1985. hombres y mujeres. – El Modelo del proceso migratorio prehispánico de los Piapoco: Hipótesis y evidencias. Tal vez por ello. Las horas diurnas han sido escasas para poder entender todo su complejo y riquísimo mundo. Escuela de Antropología. . 1883. Departamento del Guainía. Departamento del Guainía. Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. 1987. Colombia. – Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente. – Voyages dans L'Amerique du Sud. Caracas. Fray Antonio Caulín. Jules Crevaux. Caracas.

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