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Rosadilia Testimonio

Rosadilia Testimonio

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Publicado porCarlos Rodríguez
Testimonio de hermana Rosa Dilia Villatoro en Diario La Prensa de Honduras. Ella tuvo cáncer de mama en fase cuatro, la más peligrosa y mortal. La Prensa 14 de octubre de 2008.
Testimonio de hermana Rosa Dilia Villatoro en Diario La Prensa de Honduras. Ella tuvo cáncer de mama en fase cuatro, la más peligrosa y mortal. La Prensa 14 de octubre de 2008.

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06/16/2009

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VIVIR MAÑANA Javier, el bebé que salvará a su hermano 36

SOCIALES Kenia Andrade a la octava edición del Miss Tierra 40 ESCENARIOS Deleite cultural y gastronómico en la Americana 58

FOTOS: JORGE GONZALES

TESTIMONIO Rosa Dilia Villatoro logró superar un cáncer de mama bien avanzado

“Le rogaba

Recomiendo a todas las personas con cáncer que sigan el tratamiento completo como el médico lo manda. Con la ayuda de Dios y de la familia es posible superar la enfermedad”. “Los médicos decían que mi caso era severo y siempre le hablaron con la verdad a mi esposo acerca de que se preparara para lo peor”. “Nunca, ni a mí ni a mi esposo, nos dieron esperanza alguna”.
Rosa Dilia Villatoro ahora lleva una vida normal y dice: “Cuando les digan de una enfermedad como ésta no pierdan la confianza en Dios”.

La alimentación es importante para superar la enfermedad, si uno no sigue una dieta saludable disminuyen las posibilidades de vida”. “Todos los días por la mañana, excepto cuando no está en casa, mi esposo me prepara un plato con frutas”. “Es clave aprender a confiar en Dios, el apoyo de la familia y seguir al pie de la letra las recomendaciones del médico”.

vida
San Pedro Sula. “Mi esposo no quería celebrar los 15 años de mi hija Faride, pues yo no estaba bien de salud. Desde abril de 2001 comencé a sentir molestias cuando una pierna se me inflamó y a raíz de eso recibía terapia en Teletón. Al fin logré convencerlo y festejamos el cumpleaños el sábado 11 de agosto de 2001. El domingo por la noche me invadió el cuerpo un fuerte calor y sentía un punzón muy profundo en el seno izquierdo, como el piquete de un alfiler. A la mañana siguiente se lo comenté a mi esposo y él me palpó, y sintió una gomita como del tamaño de un frijol; al tocarme, yo también la sentí. A pesar de ser profesional, yo no exploraba mi cuerpo y ni siquiera imaginaba que existiera el cáncer de mama, en ese tiempo creía que las mujeres sólo padecían cáncer de matriz. Con mi esposo visitamos al médico. Al tener el ultrasonido en sus manos me preguntó: - ¿Con quién anda? - ¿Con mi esposo?, respondí. Entonces me comunicó que debía ir de inmediato al oncólogo porque me estaba creciendo un tumor rápidamente. Aunque

a Dios”
Rosa Dilia luchó durante casi tres años contra el cáncer de mama. Su confianza en Dios, la ayuda de su familia y amigos, la medicina natural y la química y su visión positiva se convirtieron en sus aliados para vencer el padecimiento.

PARA AYUDAR
La Liga contra el Cáncer requiere de la solidaridad de los hondureños. La unidad de cobalto, máquina encargada de practicar las radioterapias a todos los pacientes con cáncer, ha cumplido con su vida útil. Si quiere apoyar llame a los teléfonos 9991-8592 y 9991-130

ACTIVIDADES EN CEMESA Y EN LA LIGA CONTRA EL CÁNCER
EVENTO El 21 de octubre se hará la caminata contra el cáncer de mama. Partirá de la Fuente Luminosa hasta el Monumento a la Madre. DURANTE todo octubre, en el hospital Cemesa practicarán mamografías digitales por L 400. Es una promoción para apoyar la compaña. FECHA El 23 de octubre, el doctor Crespín impartirá la charla “Recomendaciones y normas en prevención del cáncer de mama”. DESDE el 15 al 31 de octubre en la Liga se realizarán consultas gratis de lectura de mamografías y examen físico. Serán 400 consultas.

me sorprendí, no medí la gravedad de sus palabras. Me quedé viéndolo: -Ahora mismo debe ir, recalcó. También habló con mi esposo y nos remitió con el doctor Héctor Hernández. Carlos, mi esposo, no resistió la noticia y lo vi llorar; él sí sabía lo que en realidad me estaba pasando. Quizá para mostrarle que el asunto no era tan grave lo invité a comer enchiladas y a tomar refresco. Por un momento deseché la idea del cáncer, porque cuando el oncólogo me examinó dijo que no creía que tuviera un tumor canceroso. Me recetó unos antiinflamatorios y me extendió una cita.

Con el padre Milla
Mi esposo no es de las personas que se quedan quietos. Su madre falleció de un tumor y, tal vez por eso me llevó a consulta donde el padre Fausto Milla. No le mostramos los exámenes, pero al revisarme dictaminó: -Tienes una enfermedad muy grave y se llama cáncer. ¿Crees en Dios? - Sí. - Bueno, si tenés fe y seguís al pie de la letra lo que te receto te

vas a curar, si Dios quiere. Me recomendó no dejarme tocar de nadie, ni aceptar operación alguna o quimioterapia porque -me advirtió- es como hurgar un hormiguero. Al comprender que en verdad tenía cáncer pensé de inmediato en mis hijos. Los llamé y les expliqué mi caso, pero los animé a tener confianza en Dios y que si no lograba superar el cáncer la vida continuaba. Se entristecieron. Con mi esposo decidimos que me internara en Corquín, donde el padre Milla. Recuerdo que mi hijo Jaime, al despedirse, quedó viéndome y con ganas de llorar. A él nunca lo va a ver llorando, pero tenía el rostro enrojecido. Me dolió en lo más profundo de mi corazón porque está bien que un hijo se desahogue, los demás sí derramaron sus lágrimas, pero él no. Permanecí un mes en Corquín y me sometí al tratamiento de barro casi durante el resto de ese año.
Junto a sus hijos Carlos, Jaime y David, y sus dos nietos.

Visita a la Liga
Llegué a diciembre de 2001 sólo con la medicina natural. En ese tiempo la mama se tornó morada, entonces una persona

que padeció cáncer, a quien operaron y le pusieron implantes, me animaba a someterme a la cirugía. Pero mucha gente le mete miedo a uno sobre la quimioterapia y el cobalto; y dicen que si a uno no lo mata la enfermedad, lo mata el tratamiento. Entonces con mi esposo visitamos la Liga contra el Cáncer. Nos atendió el doctor Maldonado y me practicó una biopsia. Mi esposo se molestó porque el padre Milla había dicho que no me dejara tocar. También el doctor se enojó con él. Nos retiramos por un tiempo. Yo seguía pensando y orándole a Dios para saber qué decisión tomar. Un día, mientras oraba, vino a mi casa un hermano de la iglesia llamado Edwin. Traía un periódico y me dijo: -Están operando en la Liga. Vaya y opérese. Para mí era como una respuesta de Dios, pues estaba indecisa. Le respondí que quizá no teníamos todos los medios, pero él me dijo que en todo caso la iglesia me ayudaría, y así fue. En ese tiempo la operación costaba 18 mil lempiras. Volvimos a la Liga. Al analizar mi caso, los médicos determina-

ron quitarme toda la mama izquierda, pero después decidieron que sólo una parte. La primera operación me la realizó el doctor Ismael Segura. En abril de 2002 comencé las quimioterapias. El día de la primera quimio todo mi cuerpo temblaba y el miedo me invadió cuando me senté en esa silla. Recibí mucho ánimo de mi esposo. Imaginaba la quimio como un fuego que me quemaría por dentro. A pesar de las seis quimioterapias y los 30 cobaltos, la operación nunca sanó. En ese tiempo visité a otro naturista, al saber que recibía las quimioterapias sentenció: -Doña Rosa Dilia, despídase de su esposo porque usted no va a resistir. Dese por muerta. No dije nada y salí del lugar.

LA PROTAGONISTA
Rosa Dilia está casada desde hace 22 años con Carlos Amador Brand. Es madre de cuatro hijos: David, Jaime, Faride y Carlos. Siempre se mantiene activa y trabaja con su esposo en una pequeña maquila patrimonio familiar. Desea que su testimonio dé aliento a otras mujeres.

me quitaron toda la mama. El médico temía que mi sangre no coagulara y el sangrado afectara demasiado, pero gracias a Dios no pasó eso. Yo seguía tanto el

tratamiento natural como el químico. Tomaba mucha linaza y creo que eso ayudó a la buena coagulación durante la intervención. Además, en la segunda etapa de quimioterapias me chequeaba la hemoglobina cada siete días y el doctor Maldonado me preguntaba cómo hacía, yo le contestaba que no dejaba mis “aguas”. Cada 21 días recibía quimioterapia. Soporté 20 en total. Luego de cada tratamiento seguían siete días tremendos, el primero de ellos sentía que el estómago me crecía de forma desmedida, pero con linaza y otros medicamentos naturales me normalizaba.

Después de la penúltima mi esposo creyó que no resistiría. La quimio llevaba un medicamento que me produjo efectos que ninguna otra me había dado. El médico determinó que si superaba esa quimioterapia me salvaba.

Familia y amistad
Uno de los momentos más terribles es enfrentarse al espejo. Un día, de repente, me miré anciana. Decayó mi semblante. Con la primer quimioterapia no perdí cabello, pero tras recibir la tercera, sí. Estaba bañándome y, al pasar mi mano por el cabello, se desprendió un gran manojo.

Un frío helado recorrió mi cuerpo. A los tres días estaba sin una hebra. Recuerdo cuando iba en el carro con mi esposo a una quimioterapia. Mientras esperábamos el cambio de luz del semáforo un niño de la calle me miró y gritó: - Miren a esa vieja pelona. Mi esposo se enojó, a mí me causó risa. Con sentido del humor le dije a Carlos que en realidad estaba pelona. -Quisiera tener tu ánimo expresó él. A pesar de todo sentí que podía superar el cáncer. Siempre estaba acompañada por mi familia, hermanos de la iglesia y amigos.

Segunda operación
Como la operación no cerró, el doctor Maldonado me programó otra cirugía para el 30 de diciembre de 2002. El doctor Segura estaría de vacaciones. Yo tenía temor y se lo expresé: - Tengo miedo porque usted no va estar en la operación. - No se preocupe, voy a acompañarla ese día. - Pero estará en vacaciones y es un 30 de diciembre. - Le prometo que sí vendré. Cumplió su promesa y aún el 31 de diciembre llegó a visitarme, y recuerdo sus palabras: - Doña Rosa Dilia, ha superado lo que temíamos. En esta segunda cirugía sí

En los pocos momentos de soledad hablaba con Dios y leía las Escrituras. Le rogaba vida a Dios porque en la etapa más difícil de la enfermedad recibí la noticia de que sería abuela. Me puse a llorar, pensé que no iba a conocer a mis nietos. Pero ahora tengo dos: un nieto y una nieta. Mi familia jamás daba a conocer, según ellos, la gravedad de mi problema. Me consentían mucho y nunca les escuché expresar frente a mí la palabra cáncer. Yo sabía que tenía la enfermedad, quizá no decían esa palabra para animarme o para no hacerme sentir mal. Sé que lloraban a solas. Me siento curada del cáncer. Trabajo en el negocio junto con mi esposo y según los estudios médicos mi estado es estable. El único medicamento que ahora tomo son hormonas. Salir del cáncer es una segunda oportunidad de vida. Todos creían que no lo superaría; creí que cáncer era sinónimo de muerte, no sabía que pudiera vencerlo. He tenido dos buenos médicos: el doctor Maldonado y el doctor Segura. También gané en la Liga contra el Cáncer la amistad de Eloísa, una enfermera que siempre me regaló palabras de aliento. Mi familia nunca me abandonó y eso me ayudó a mantenerme firme, pero sobre todo le agradezco a Dios”.
Carlos Rodríguez. Redacción La Prensa
carlos.rodriguez@laprensa.hn

Rosa Dilia en la graduación de su hijo Jaime. La acompañan su esposo y su hija Faride, primera de la izquierda.

Rosa Dilia, su hijo Carlos y Mélida, su madre.

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