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Trotaconventos - Libro de Buen Amor - SRoca

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Investigación sobre el papel del personaje "Trotaconventos" en la obra "El Libro de Buen Amor".
Investigación sobre el papel del personaje "Trotaconventos" en la obra "El Libro de Buen Amor".

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TROTACONVENTOS COMO CLAVE DEL LIBRO DE BUEN AMOR

Santiago J. Roca P.

TROTACONVENTOS COMO CLAVE DEL LIBRO DE BUEN AMOR

Santiago J. Roca P.

Trotaconventos como clave del Libro de Buen Amor. Santiago J. Roca P. 1° edición: 2004.

Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

© Santiago Roca.

Mérida, República Bolivariana de Venezuela.

Contacto: roca.santiago@gmail.com

Tabla de Contenidos. Nota sobre esta edición. Introducción. I.Bases para el estudio del Libro de Buen Amor. II.La concepción del amor en el Libro de Buen Amor. III.Estudio de la figura de la alcahueta en el Libro de Buen Amor. IV. Trotaconventos como clave de la concepción del tema en el Libro de Buen Amor. Bibliografía citada. I II 1 17 62 90 104

Nota sobre esta edición. Este trabajo fue presentado originalmente en el año 2004 como requisito para optar al título de Licenciado en Letras en la Universidad de Los Andes, en Mérida, Venezuela. En su momento recibió la máxima calificación por parte del Jurado y mención de publicación. Lo reproducimos hoy día con el objetivo de compartir una contribución al estudio de la tradición de la literatura en lengua castellana. El autor quisiera agradecer a todas aquellas personas que prestaron su apoyo para la realización de este trabajo. Especialmente quisiéramos mencionar al Profesor Marcos Ramírez, tutor de la tesis, quien se mantuvo abierto a la propuesta y fue paciente en todo momento. Además quisiéramos agradecer a la Lic. Rosalía Gumina Fadal, sin cuya ayuda hubiera sido imposible encontrar ciertos materiales que finalmente resultaron imprescindibles para la culminación de este proyecto.

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Introducción. El Libro de Buen Amor es una obra compleja cuyo estudio tropieza con diversas cuestiones las cuales, para mayor complicación, no encuentran siempre una solución unánime en la crítica. De este modo, el estudioso enfrenta, en primer lugar, los problemas propios del análisis de una obra que difiere en su origen y características de las obras actuales, tales como el método de composición y su relación con otras obras de la misma época. Además, debe enfrentar otro tipo de cuestiones que tienen su origen en el interior del Libro, como la coexistencia de géneros aparentemente contrapuestos o, en términos más amplios, el modo de interpretación del texto. Por esa razón se puede decir que el estudio del Libro de Buen Amor se encuentra muchas veces más allá del reglón de estudio de caso, ya que requiere que el investigador atraviese diferentes cuestiones no siempre bien aclaradas, al tiempo que se hace necesario que adopte una postura determinada para poder hacer frente a las muchas encrucijadas en las que seguramente se hallará. El propósito de este trabajo es el estudio de la relación entre el tema del amor y la figura de la medianera Trotaconventos. Es claro que los términos de la comparación no carecen en absoluto de importancia. Ya ha sido señalado por los estudiosos del Libro que el amor es el tema principal. Aún más, es precisamente en la cuestión del trato de dicho tema donde radica uno de los problemas de interpretación de la obra dado que, dependiendo de la actitud que tome el lector, el autor puede ser juzgado como tradicionalista o innovador. Esto se debe a que las características del texto, es decir, la presencia de elementos tradicionales en coexistencia con elementos mundanistas, hacen imposible que el análisis convencional produzca una respuesta definitiva. Por su parte, el personaje de la vieja Trotaconventos recoge por primera vez los rasgos de uno de los "tipos" más famosos de la literatura universal, a partir del cual tomarán cuerpo otros personajes de la literatura española tales como Celestina. Si tomamos en cuenta que en la obra coexisten elementos
II

tradicionales, propios del didactismo, y elementos no tradicionales provenientes de otras concepciones, entonces se puede decir que uno de los aspectos característicos del Libro es la ambigüedad de los puntos de vista que dan curso a la obra. Ahora bien ¿sería posible que este carácter ambiguo del Libro pudiera encontrarse reflejado en la figura de Trotaconventos? En líneas generales, nosotros creemos que así es. En este trabajo asumimos que, en primer lugar, es posible demostrar que en el Libro de Buen Amor tiene lugar una concepción particular del tema del amor, la cual privilegia representaciones centradas en el hombre y en valores "mundanos", y no en la tradición filosófico-religiosa. En segundo lugar, creemos que la alcahueta Trotaconventos forma parte de dicha concepción en la medida en que aparece como modelo de la misma. En tercer lugar, esperamos probar que el lazo que une ambas partes es el uso de la ambigüedad y la ironía, las cuales permiten que el autor pueda darle a la obra un sentido diferente que el que aparece en primer término (normalmente predeterminado por la tradición). Estos tres elementos conforman, en resumidas cuentas, la hipótesis de nuestro trabajo: existe una relación entre la figura de Trotaconventos y la concepción del amor que consiste en que aquella aparece como exponente de una representación que destaca los valores mundanos frente a los valores de la tradición, y que la misma tiene lugar por medio de los recursos retóricos de la ambigüedad y la ironía. Aunque los principales aspectos de nuestro enfoque se encuentran detallados en el capítulo I, aquí podemos señalar que el método a utilizar es el del análisis textual, enfocándonos en el uso que hace Juan Ruiz de la ironía y destacando las variaciones que introduce en el interior del texto y con respecto a la tradición. El corpus de nuestro análisis está constituido por los pasajes narrativos de ambiente urbano (debido a que allí es donde tiene lugar la intervención de Trotaconventos), los comentarios cuyo tema es el amor, y aquellos lugares del texto que pudieran servir para establecer claves de interpretación del texto (como por ejemplo el Prólogo). Nuestro trabajo se divide en cuatro partes fácilmente distinguibles. En el capítulo I presentamos una reseña de las dificultades teóricas y metodológicas en el estudio del Libro, así como también los
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elementos propios de nuestro enfoque. En el capítulo II abordamos la concepción del amor en la obra, a través del examen de la consistencia del uso de la concepción tradicional y destacando la importancia de nuevos elementos en la síntesis de una concepción original sobre el tema. En el capítulo III estudiamos la figura de la medianera Trotaconventos, tanto en su aspecto morfológico como de su función en la obra, así como también analizamos la relación que establece con la primera persona del Arcipreste. Finalmente, en el capítulo IV hacemos un resumen de los aspectos más importantes del estudio y recogemos otros elementos que hubieran podido quedar dispersos, para luego ofrecer las conclusiones de nuestro trabajo.

IV

I. Bases para el estudio del Libro de Buen Amor. Al iniciar el estudio del Libro del Buen Amor (LBA) se presenta el problema de tener qué decidir cuál es la lectura que debe dársele al texto, dado que las diferencias entre los críticos de la obra hacen que sea imposible dar por sentada la existencia de una interpretación convencional. Por esa razón el primer capítulo de nuestro trabajo trata sobre la concepción de la obra, así como del método que usaremos para su estudio. Para ello partimos de un breve examen de las concepciones más autorizadas sobre el Libro1, para luego señalar cuáles son las directrices de nuestro enfoque. En suma, en este capítulo haremos énfasis en dos puntos importantes: la conciencia con la que Juan Ruiz maneja la estructura del texto y la utilización de la ironía como elemento transformador y creador de sentido. 1. Posturas de los críticos en torno al Libro de Buen Amor. Para María Rosa Lida, uno de los críticos más eruditos y mejor argumentados entre quienes escriben sobre el Libro, la obra tiene carácter moral y didáctico. La muestra de lo primero está en la constante aparición de discursos relacionados con la explicación moral, como las disertaciones morales y las fábulas, mientras que lo segundo se verifica en el uso de técnicas de finalidad didáctica, como las repeticiones, la caracterización abstracta de los personajes, y el hecho de que las aventuras del protagonista casi siempre terminan en fracaso. No obstante, Lida se apresura a aclarar que no concibe la obra precisamente como un tratado que tuviera como fin exponer un saber objetivo, sin intervención de lo estético. Por el contrario, afirma que el aspecto estético, presente en la intención de entretener, tiene un papel fundamental en la obra. De ahí que defina el libro como "poema ameno de intención didáctica" 2. En sus
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Juan Luis Alborg presenta un buen resumen del nivel de conocimientos sobre el Libro, así como de los problemas en torno suyo y las diferencias entre los críticos en Historia de la literatura española. Vol. I. Madrid, Gredos, 1966. 2 Lida, María Rosa. "Nuevas notas para la interpretación del Libro de Buen Amor". Nueva Revista de Filología Hispánica. 13 (1959); p. 51. 1

propias palabras: Insisto en que ni por asomo entiendo que el Buen Amor sea un "código de moralidades", una "abstracta didáctica" o un poema didascálico a la manera grecorromana y neoclásica. Lo que sostengo es que estamos ante una obra de literatura amena y provechosa a la vez, porque su autor, conforme a la tendencia de su época, patente también en el Conde Lucanor (...), se ha propuesto hacer un libro "que los cuerpos alegre e a las almas preste" (13d) (p. 51). Para Lida, algunas de las particularidades de la obra, como el uso de la autobiografía, el didactismo y la integración de elementos diversos en un mismo texto están relacionadas con la influencia del género hispano hebreo de las maqamat; en el cual un personaje cuenta sus propias aventuras entre géneros como relatos y debates doctrinales3. Sobre la cuestión de por qué Juan Ruiz se inspiró en la estructura de las maqamat hispanohebrea (en lugar de usar un marco novelesco como el que sugerían otras obras de su época), Lida dice que éstas proveyeron a Juan Ruiz con el modelo de la autobiografía ficticia, el cual (al representar al protagonista como amante fracasado), convenía a la intención didáctica de la obra. Leo Spitzer también defiende la estructura didáctica y el aspecto doctrinal del Libro, aunque quizá de una forma menos flexible que Lida. Debe rechazarse, según él, la idea de que exista alguna intervención personal de parte del artista en la obra – lo que sin embargo no significa quitarle a la misma valor artístico – porque en definitiva el autor del LBA se encontraba en el mismo nivel que los rasgos de su época cuando compuso la obra. Por eso nos dice que "Juan Ruiz permanece en absoluta conexión con la Edad Media en la esfera de lo dogmático y cultural, pero desde el ángulo artístico anuncia ya una época nueva" 4. Spitzer señala que el criterio para calificar el carácter del libro es formal, ya que lo
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Para la descripción que hace Lida del género, las obras que toma como modelo y su relación con el Libro de Buen Amor: art. cit., pp. 24-27. 4 Spitzer, Leo. "En torno al arte del Arcipreste de Hita". Lingüística e historia literaria. (2º ed.). Madrid, Gredos, 1968; p. 88. 2

primero que debe tomarse en cuenta es el marco en el que está contenida la obra (principio y fin). Por esto y por otros elementos como "la continua invocación de autoridades" y "los proverbios al principio y al final de la fábula", es que Spitzer puede decir que la obra es un "tratado moral"5. Desde esta perspectiva, incluso el humorismo debe su existencia al propósito doctrinal de la obra, ya que sirven como ejemplo de la tontería del mundo, la cual se enfrenta a la verdad de Dios. Finalmente, para Spitzer el Libro se define como un cancionero contenido en una autobiografía humorística, la cual a su vez está contenida en un "tratado ascético-moral"6. Américo Castro no acepta que la obra posea un fondo moral ni intención didáctica. Para él, la obra contiene una concepción de la vida en tanto que problema humano, lo que lleva a que sean retratados los motivos y elementos dinámicos de la misma. De hecho, no vale la pena decir tampoco que el amor es el tema de la obra, porque el verdadero tema es la vida: "El amor es aquí el punto de partida, sin duda alguna (...). Más no obstante todo eso, el tema primario y orientador sería, más bien, la tensa y animada actividad del vivir voluntarioso, atraída por el amor y espoleada por la alegría" 7. Dado que el tema de la obra es la experiencia, y no una concepción prefijada, la estructura del libro difícilmente podría adaptarse al nivel de abstracción del estilo didáctico. Por lo que según Castro, "El Libro de Buen Amor no cabe dentro de los límites de la poesía didáctica, en la cual la vida es contemplada desde fuera de ella, puesta entre paréntesis y vista desde la firme realidad ideal del deber ser, no en la realidad problemática de su existir" 8. Castro define el Libro como "un Cancionero cuyo tema es presentar proyectos de vida alegre y placentera, en alternancia con reflexiones morales, que pueden aparecer como fondo o como primer término, según prefiramos" 9. El Libro recibe una fuerte influencia islámica, que se puede percibir en algunos rasgos como el trato del tema, la estructura autobiográfica y,
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Ibidem, p. 117. Ibidem, p, 120. 7 Castro, Américo. "El Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita". La realidad histórica de España. México, Porrúa, 1954; p. 381. 8 Ibidem, p. 383. 9 Ibidem, p. 391. 3

particularmente, en la confusión entre los límites de los valores mundanos y religiosos. Específicamente, como modelo aproximado utilizado por el Arcipreste, Castro nombra una obra del género arábico de las risala llamada El Collar de la Paloma, de Ibn Hazm. Ramón Menéndez Pidal se encuentra entre quienes piensan que la obra no tiene carácter didáctico y moral. Para él, no pueden dejarse de lado sin más los repetidos pronunciamientos de contenido religioso que se encuentran en la obra, pero en realidad la sinceridad del autor es relativa, "algo así como la fe de un salteador de caminos que lleva sobre el pecho un devoto escapulario"10. En el LBA se insertan fragmentos religiosos y se discurre sobre el amor debido a Dios del mismo modo que sobre las normas y prácticas del amor mundano, y acaso cada quien pueda sacar del libro el mensaje que desee, pero en definitiva la intención no es moral. Ni siquiera el título de la obra - sugerido por Trotaconventos - es serio, sino expresión de la ambigüedad y la ironía del autor. Para Menéndez Pidal, aunque el Libro está influenciado por la concepción ejemplificante propia de la Edad Media, al mismo tiempo representa la "despedida humorística" del didactismo11. Por otra parte, afirma que hay dos tradiciones determinantes en el LBA. La primera de ella es la del arte juglar, enunciada por el autor cuando pide que no se le dé más nada que un Paternoster; la paga del juglar. También son propios de la juglaría géneros como las serranillas, las oraciones a la Virgen, las fábulas y los cuentos, las trovas cazurras, la parodia de gestas caballerescas; y sobre todo en "la continua mezcla de lo cómico y lo serio, de la bufonada y la delicadeza, de la caricatura y de la idealización" 12. La otra tradición importante es la de la poesía de los goliardos, presente en la tendencia a valerse de la tradición eclesiástica, en temas como la primavera y el apetito amoroso; la sátira contra el clero, el juego con los rezos, así como también la pretensión de virtuosismo artístico. Dice Menéndez Pidal que es asimismo goliárdico "el áspero choque entre lo religioso y lo profano, entre lo serio y lo burlesco, entre el buen amor y el amor loco" 13. Así
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Menéndez Pidal, Ramón. Poesía juglaresca y juglares. Orígenes de las literaturas románicas. (9º ed.). España, Espasa Calpe, 1991; p. 275. 11 Ibidem, p. 276. 12 Ibidem, p. 270. 13 Ibidem, p. 271. 4

pues, Menéndez Pidal considera el LBA como un poema personal, en el cual confluyen la tradición juglar y el goliardismo; compuesto por un poeta que "supo dar a una serie de aventuras juglarescas la unidad poemática del Amor como supremo y perpetuo impulso vital, siempre anhelante, fascinador, deleitoso aun cuando ilusivo"14. 2. Modelo para el estudio del Libro de Buen Amor. Si optáramos por evaluar los trabajos de los autores citados anteriormente, podríamos decir que en la mayoría de los casos sus propuestas están basadas en un análisis superficial del LBA; complementado con el juicio de que en la obra son determinantes algunos elementos "exteriores" a la misma, como las diferentes tradiciones que encuentran lugar en ella y el entorno o clima ideológico en el que fue producida. Además, aparte de los señalamientos sobre la calidad de la obra de Juan Ruiz, la mayoría de los autores no se han dedicado a un estudio - más que general - de los medios que utiliza, y tampoco basan sus opiniones en este tipo de estudio15. Sin embargo, una lectura detenida del texto demuestra que Juan Ruiz manipula la estructura didáctica tradicional y las fuentes que utiliza para producir un efecto irónico, lo cual nos dice que el autor hace un manejo conciente de la composición. Es claro que en la obra existe una trasgresión permanente de las normas de la estructura didáctica y, aun más, la coherencia del fondo moral también se altera. En esa dirección apuntan varias de las incongruencias que veremos más adelante (como la de que persistir inútilmente en la conquista es una cuestión sin sentido comparable dogma eclesiástico de vanitas vanitatis), y las que se encuentran comúnmente en el texto: ¿de qué otra manera podría entenderse si no la persistencia del cortejo de una monja; el recibimiento triunfal de Don Amor; o la asunción de una alcahueta entre los mártires?16. Como estudiamos en este capítulo, el autor utiliza la
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Ibidem, p. 274. Anthony Zahareas. The art of Juan Ruiz, Archiprest of Hita. Madrid, Estudios de Literatura Española, 1965; pp. 5-6. 16 Ernst Curtius sugiere que la mezcla entre lo cómico y otros modos literarios (en especial lo trágico) era una norma estilística bien conocida por la poesía medieval
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estructura del texto y su función didáctica para producir un efecto particular, adaptado a sus propias intenciones expresivas. La adopción de una postura tradicional no es obstáculo para que el autor desarrolle la originalidad de su obra, sino que por el contrario la favorece, ya que el mismo ha optado por utilizar esa postura como parte de un juego estético entre lo que se dice en serio y la ironía. A partir de esta consideración, podemos estudiar la manera como el autor maneja la estructura del texto y la tradición medieval para construir su obra. Este sería un enfoque estético, con el que intentamos darle menor importancia a los aspectos históricos que rodean la obra, y mayor importancia a los aspectos internos17. El método de estudio que utilizamos dentro de este enfoque es el análisis textual, con el cual nos proponemos señalar las variaciones que Juan Ruiz introduce en sus fuentes y en la estructura general del texto. Estas variaciones estarían dadas por la introducción de elementos normalmente ajenos a la concepción didáctico-moral que maneja el autor (como el sarcasmo y el humor o, en cuanto a las influencias, el código del amor cortés), de tal manera que aparece un nuevo texto, producto de la relación entre la tradición y la originalidad del autor. Para dar base a esta perspectiva de análisis hemos incluido el análisis de un pasaje del Libro, con el cual intentaremos demostrar de qué manera funciona la obra. Para ello definiremos dos ideas que nos servirán provisionalmente
(Literatura europea y Edad Media latina. T. II. México, Fondo de Cultura Económica, 1955; p. 603), lo cual podría servir para respaldar la idea de autores como Lida y Spitzer, para quienes la comicidad del LBA no contradice su fundamental carácter didáctico (véase también Green, Otis. España y la tradición occidental. Madrid, Gredos, 1969; pp. 44-49). Debido a que la intención burlesca es señalada en diversos pasajes ("De la santidad mucha es muy grand liçionario;/ Más de juego e de burla es chico breviario"; 1632ab) es necesario estudiar si el Arcipreste cumplió en forma equitativa con las normas del método didáctico o si, por el contrario, dejó que las mismas sirvieran para otros fines. 17 Zahareas, op. cit., pp. 6-7. Esta tesis está basada en la que Zahareas propone en su libro. Según él, deberemos "tratar con las ideas y formas del Libro de Buen Amor no sólo en términos de su tradición medieval sino también en relación con el trabajo entero. Este es un enfoque estético que descansa en una comprensión del fondo medieval; los elementos ‘medievales’ serán analizados en conjunto con el uso artístico que Juan Ruiz hace de ellos. Asumo que él está al tanto de su propia habilidad de artificio y consciente de los cambios que efectúa" (p. 7). La traducción de las citas de esta obra es nuestra. 6

como punto de partida, las cuales tienen base en los planteamientos de algunos críticos y en ciertos pasajes de la obra en los cuales se trata explícitamente sobre la intención moral: a) El LBA tiene estructura didáctica: hace uso de diferentes métodos retóricos de carácter didáctico para instruir a la audiencia sobre puntos específicos. b) El LBA tiene intención moral: los elementos contenidos en la obra son susceptibles de ser interpretados moralmente, de manera que se pueda obtener un aprendizaje moral de los mismos. A continuación vamos a examinar las coplas 44-46 y 64-70, las cuales enmarcan la historia de la pelea entre griegos y romanos 18. El fragmento se ubica después de la oración que sirve de inicio a la obra (recordada por su alusión, verdadera o alegórica, a la prisión del Arcipreste) y del Prólogo en prosa (al que siguen dos "Gozos de Santa María"), en el cual se expone la intención del Libro. Este pasaje es fundamental dentro de la estructura didáctica porque cumple la función de explicar a los lectores la manera en que debe ser entendida la obra 19, por lo cual se espera que los términos de la exposición sean claros y estén bien definidos. El Arcipreste dice que, como es bueno mezclar las bromas con la seriedad puesto que la tristeza no hace bien, escribirá a continuación una historia cómica, la cual pide no sea criticada sino por su composición (44-45). Con una amonestación "Entiende bien mis dichos e piensa la sentençia", comienza la historia de la pelea entre los griegos y los romanos (46-63), la cual termina con un equívoco: cada parte ha entendido al otro de acuerdo con su propia condición de sabio o de
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La edición del Libro de Buen Amor que citamos es la de Amancio Bolaños e Isla (8º ed.). México, Porrúa, 1992. También utilizamos la edición de Joan Corominas en los casos en que encontramos una lectura más conveniente (España, Gredos, 1967). 19 Zahareas, op. cit., p. 43. El ejemplo es estudiado en las páginas 43-53. Leo Spitzer establece el carácter didáctico de este pasaje basándose en que el Arcipreste destaca la "insignificancia" de la forma del texto en contraste con el contenido trascendental del Libro (op. cit., pp. 91-92). Para Spitzer, toda obra medieval, incluyendo el LBA, exigía la glosa por influjo de la exégesis bíblica (ibidem, p. 98). 7

rufián. El Arcipreste hace el lazo con el marco señalando que "Non ha mala palabra, si non es a mal tenida" (64b), y agrega que quienes entiendan el libro ganarán una "dueña" (64d). Luego afirma que compone con arte de calidad, que argumenta con razones de valor (65cd-66), y que la obra es útil para personas de todo tipo (67). Finalmente, dice que el fondo del libro debe ser entendido "con sutileza" (65b), que las razones del Buen Amor están escondidas y que encontrarlas merece esfuerzo (68), y que la obra debe ser juzgada en cada lugar según el tema que trata (69cd). Al final habla el propio libro, diciendo que es como un instrumento que suena bien o mal, según sea tocado (70). En este ejemplo vemos que el cuento está enmarcado por un conjunto de afirmaciones cuya intención es dar una orientación sobre la manera en que debe leerse la obra. Sin embargo, así como tenemos algunas coplas que no admiten otra interpretación que la que expresa el contenido, también encontramos otras cuya afirmación o idea central es desconcertante o ambigua. No cabe duda, por ejemplo, del sentido de las siguientes ideas: a) El hombre debe unir la risa a la seriedad (44). b) Las coplas deben ser juzgadas por su arte (45cd). c) Es raro hallar quien sepa hablar de forma hermosa sobre cosas malas (65cd). d) El escrito sirve para todos, sean buenos o malos (67). Estas líneas, sin embargo, no están relacionadas con el significado del Libro o el sentido de la historia, sino que su tema es el humor o el arte. Algunas de las ideas que mejor se relacionan con la intención del texto son: a) Debe entenderse bien lo que dice el pasaje o la obra (46a). b) Las palabras no parecen malas por sí mismas sino por la manera como se interpretan (64b). c) Quien entienda bien el texto ganará una dueña (64d). d) El carácter del libro debe ser entendido de forma sutil (65cd). e) La materia del Buen Amor se explica en forma docta (66d). f) Los rasgos del Buen Amor están encubiertos y es necesario
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insistir para hallarlos (68ab). g) Allí "donde parece que el libro miente es donde dice la verdad" (69a). Se supone que en este pasaje se intenta ilustrar la manera como debe ser leída la obra; para ello se usa la historia. Sin embargo, las reflexiones que se tocan de forma más directa a este punto, o bien están enunciadas en forma ambigua (64b, 69a), o bien tienen un referente desconocido (65cd, 66d). El autor nos indica la existencia de un significado oculto ("Entiende bien mis dichos e piensa la sentençia" – 46a); nos advierte que no se debe entender el escrito de manera equivocada ("Non ha mala palabra si non es a mal tenida" – 64b); y también que entender la obra merece al menos una cierta disposición ("La manera del libro entiéndela sotil" – 65b). Sin embargo, no se descubre cuál es el verdadero sentido que debe dársele al texto, ni se explica cómo se puede estar equivocado ni cómo podemos aplicar nuestro interés. A primera vista el autor no cumple con las reglas del método didáctico, y en lugar de ello lo utiliza para crear algún tipo de confusión en el texto; ya que, aunque hemos leído el pasaje, finalmente no sabemos de qué manera debemos interpretar la obra. En este caso el autor juega con nosotros, al intentar convencernos de que nos está introduciendo a una obra de interés didáctico y, sin embargo, sin señalar nada en concreto20.
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Una lectura detenida del relato demuestra de qué manera se inserta el mismo dentro de la intención estética de la obra. De acuerdo con una interpretación alegórica, el aspecto superficial del texto (la narración, las fábulas, etc.), funciona como clave de una interpretación más profunda, la cual está vinculada con el sistema de ideas morales y religiosas que supuestamente funcionan como eje del Libro. De este modo la historia de la confusión entre griegos y romanos es usada como una narración con significado, con el propósito de ilustrar una idea abstracta (Zahareas, op. cit., p. 46). En la historia, un "rufián" romano contiende al estilo de los académicos escolásticos con un sabio griego para ganar el derecho a tener leyes, que los romanos no tenían. El debate tiene lugar por medio de señales, con las cuales cada uno sugiere un problema al otro con el gesto de la mano. Finalmente el romano gana, pero a partir de una confusión, ya que cada uno ha interpretado la señal del otro según su propia condición de sabio o de rufián. De esta manera, el relato contribuye con la ambigüedad general del pasaje al servir como representación de una confusión, en lugar de servir como ejemplo de la lectura didáctica. 9

La intención moral y didáctica también está señalada al cierre del Libro en las coplas 1626 a 1632, cuya lectura nos llevará a las mismas conclusiones. Tomando en cuenta en este caso el sentido de cada copla, tenemos que: a) La obra tiene una propiedad tal, que la mujer o el hombre que no se encuentre feliz con su pareja (porque es fea o vil) desea de inmediato hacer obras santas (1627-1628). b) El libro debe ir de mano en mano y ser enmendado por quien conozca de arte; pero no se debe cambiar por dinero, porque es de "buen amor" (1629-1630). c) Aunque el texto es pequeño, la glosa es larga, ya que cada historia trata de algo diferente de lo que expresa la bella escritura (1631). d) La obra es un gran manual de santidad, aunque pequeño libro de bromas (1632). Como en el ejemplo estudiado, no sabemos exactamente (a) en qué consiste la propiedad del Libro, aunque parece jocoso que se diga que es capaz de incitar buenas obras en aquellos que no están conforme con su pareja; (b) tampoco sabemos qué tiene que ver el Buen Amor con que la obra sea compartida y enmendada, dado que no se especifica el significado de ese término; (c) ni se nos dice qué debe entenderse del texto, aunque se señala que la glosa (o la interpretación) es profunda y que el texto tiene varias lecturas; y (d) finalmente nos sorprende que se diga que la obra es un gran libro de santidad, si al fin y al cabo los referentes conceptuales apenas han sido esbozados. Como antes, estos versos, en lugar de definir claramente la interpretación del Libro, la hacen más ambigua, con lo cual dejan de servir a propósitos estrictamente morales y se convierten en pruebas de la intención del autor. Más adelante el Arcipreste nos recuerda los propósitos del Prólogo, diciéndonos que la obra se escribió para dar fe de los males que algunos causan con sus engaños y como muestra de composición (1634). Hemos reparado específicamente en la estructura del texto dado que allí es donde encuentra su base la lectura moral. En este sentido se pueden señalar otros casos, como por ejemplo la manera ambigua en que

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son utilizados ciertos términos 21 y la confusión (importante para una obra didáctica de tipo autobiográfico) entre la voz del comentarista moral y la del narrador de las aventuras amorosas, sobre la cual trataremos en el próximo capítulo. 3. La estructura didáctica y la ironía en el Libro del Buen Amor. Con el propósito de entender mejor la manera en que "funciona" el LBA vamos a profundizar en el uso que se hace de la ironía en el texto. La ironía, que en su concepción más simple significa "expresar una idea a través de la idea contraria" 22, encuentra un lugar apropiado en la obra,
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Tomemos como ejemplo la copla 105, que el arcipreste coloca después de su primer desengaño amoroso. Allí nos dice que, de acuerdo a Salomón, todas las cosas del mundo son vanidad, excepto el Amor de Dios: "Que las cosas del mundo todas son vanidat, / (...)/ Ssalvo el amor de Dios, todas sson lyviandat" (105b-d). Aparentemente, el autor intenta convencernos de que todas las cosas, incluso el amor humano, son inútiles cuando se enfrentan a la gracia de Dios. Haciendo uso de los métodos de instrucción medieval (en este caso, amplificatio), el autor desarrolla bajo un sólo aspecto, como es "vanidat", un tema específico, el "Amor de Dios" . La palabra importante en este caso es “vanidat”, y desde un punto de vista didáctico-moral, lo que el autor hace es utilizar una autoridad de la tradición y los medios retóricos para instruir sobre una concepción moral. Sin embargo, en la siguiente copla se nos dice: Yo, desque vi la dueña partida e mudada Diz’: “Querer do non me quieren, ffaría una nada” Rresponder do non llaman, es vanidat provada:” Partíme de su pleito, pues de mí es rredrada.(106) Ahora la palabra "vanidat" adquiere otro sentido, y se refiere a lo inútil que es para el protagonista intentar conquistar a alguien que ya lo ha rechazado. De este modo, vemos como la "vanidad del mundo" se convierte, a través de la manipulación del texto, en la "vanidad" de no saber aprovechar el amor mundano. En realidad, el autor ha utilizado el método didáctico y la retórica medieval para crear un equívoco que le da un nuevo sentido al texto (Zahareas, op. cit., pp. 16-20). 22 La ironía consiste en "la expresión de una cosa mediante la palabra que significa lo contrario de ésta" (Lausberg, Heinrich. Manual de retórica literaria. Fundamentos de una ciencia de la literatura. Tomo II. Madrid, Gredos, 1976; p. 85). También puede definirse como una "la sustitución de la expresión propia por la contraria" (Spang, Kurt. Fundamentos de retórica. España, EUNSA, 1979; p. 225). La ironía tiene lugar en el plano meramente formal (tropo de dicción) como en el plano ideológico (tropo de pensamiento). De acuerdo con la manera en que se produce, puede ser de dos tipos: dissimulatio, o ironía de disimulo, que consiste en la ocultación de la propia opinión; y 11

donde la seriedad de didactismo y su apego a la forma son herramientas para un autor que quizá desee producir variaciones en el esquema, así como dar cabida a otros elementos generalmente ajenos a la tradición del género, como el humor. Para desarrollar este punto, nos basaremos en una comparación entre la ironía y la alegoría como modelo de la estructura didáctica. Comúnmente, la alegoría se concibe como una comparación entre los elementos representados en el texto y un sistema de ideas que se encuentra fuera de él23. De este modo, un pasaje alegórico tiene por lo menos dos interpretaciones: la primera, superficial, propia de la estructura externa del texto (que puede ser una narración); y la segunda, aquella que pertenece al sistema de ideas que está fuera del texto, y que puede verse implicado en él de acuerdo con lo explícito que sea el autor. En el LBA encontramos un ejemplo de alegoría en el episodio de la lucha entre Don Carnal y Doña Cuaresma, en el cual el espíritu desordenado del Carnaval es combatido por el espíritu fiel y penitente de la Cuaresma. El esquema de la alegoría es, no obstante, un uso general de la literatura de tipo didáctico: la comparación entre lo que se dice expresamente en el texto y un significado aparte de éste es propio del funcionamiento de las fábulas y las sentencias, así como también del carácter de muchos textos medievales que se presentan como portadores de un conocimiento profundo24.
simulatio, o ironía de simulación, que es la identificación aparente con la opinión contraria. Los recursos retóricos en los que se puede encontrar la ironía son, entre otros, el énfasis, litotes, perífrasis y la pregunta retórica (idem). 23 La alegoría es "la metáfora continuada como tropo de pensamiento y consiste en la sustitución del pensamiento indicado por otro que está en una relación de semejanza con aquel" (Lausberg, Heinrich. Elementos de retórica literaria. Madrid, Gredos, 1975; p. 213). La alegoría es una "metáfora textológica", en la cual un texto primario (nivel real) se sustituye por otro secundario (nivel de la representación) (Spang, op. cit., p. 225). Puede ser de dos tipos, de acuerdo con el grado de pureza de la representación: "total", en la cual no se hace referencia al nivel real; y "mixta", en la que se presentan algunos elementos del nivel real que permiten la identificación de la cosa que se sustituye (idem). 24 En el caso del LBA se nos dice que el Libro servirá para ilustrar los beneficios del Buen Amor de Dios en comparación con los perjuicios del Loco Amor; mientras que en el texto presenciamos los fracasos amorosos del protagonista en su vano afán de querer consumar el amor a su manera. De esta forma, el LBA debería concebirse como un 12

Un punto que tienen en común la alegoría y la ironía es que ambas tratan de expresar un significado diferente del que está explícitamente señalado; de hecho, la ironía es considerada por los estudiosos de retórica como un tipo de alegoría 25, en el cual las palabras se utilizan para señalar un "segundo" significado, cuya idea es contraria a aquellas. La diferencia entre alegoría e ironía es precisamente ésta: mientras que la alegoría intenta presentar otro significado a través de una comparación recta de lo que se dice, en la ironía la comparación se da en sentido inverso, de manera que un texto que dice una cosa es portador de una idea contraria o diferente. Por esto puede decirse que, si los elementos fundamentales de la alegoría son la claridad y la precisión, los de la ironía son la ambigüedad y la contradicción26. Juan Ruiz nos dice varias veces que su obra puede ser interpretada para buscar un significado especial (por lo cual procede dentro de la concepción alegórica del texto medieval), de manera que la interpretación debe estar de acuerdo con las concepciones tradicionales de la época y con la moral filosófico-religiosa. Sin embargo, el autor tiene la posibilidad de hacer uso de las fórmulas retóricas para - a través de la ironía - crear otro significado no previsto en el texto. Lo que hace el Arcipreste es prepararnos a través de la estructura didáctica para recibir de la obra un significado oculto que es moral, para luego hacer un manejo ambiguo e irónico del texto y dejar ver otra postura diferente de la primera. Este esquema es común a todo el Libro y podríamos constatarlo en diferentes aspectos de la literatura didáctica, como por

conjunto de narraciones ejemplificantes cuya finalidad sería la de ilustrar la importancia de seguir el amor moral y de rechazar el amor no moral. 25 Lausberg, Manual de retórica literaria; p. 284. 26 Zahareas, op. cit., p. 48. 13

ejemplo en el uso de fábulas27 y de imágenes concretas28. En suma, Juan Ruiz utiliza la estructura tradicional del texto medieval para crear un nuevo texto en el que tiene lugar un trato ambiguo e irónico de los temas que trata. Su técnica es la variación de la estructura y los tópicos de los géneros que utiliza, de tal manera que se vean enfrentadas con la concepción tradicional del tema (presente en la concepción del texto y en los textos anteriores de la tradición), nuevas
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En el Libro vemos repetidas veces a Trotaconventos, Don Amor o alguna de las dueñas, utilizando una fábula o narración para influenciar o reprobar el comportamiento de un interlocutor, pero las fábulas del Libro se encuentran a menudo en contextos que cambian su sentido y su utilidad. Aníbal Biglieri hace un estudio del exemplum medieval y su uso en el LBA, y señala que entre las características del mismo debe estar la "carencia de ambigüedad y la moralización única" ("Inserción del exemplum medieval en el Libro de Buen Amor", en Revista de Filología Española. 70 (1990); p. 119). Además señala que su utilización en el LBA estaría "condenada al fracaso" debido a la polisemia que domina el texto; la débil relación entre los ejemplos y los diálogos que sirven de marco; y la abundancia de elementos descriptivos (ibidem, p. 120). Sin embargo, luego de señalar que "el marco, y no la fábula por él encuadrada es el elemento por excelencia del sentido" (ibidem, p. 129) aclara que, además de la polisemia del Libro, existen algunos casos de "monosemia intencional", para lo cual usa como ejemplo una fábula de Doña Garoza. En este caso, el autor parece olvidar que también Trotaconventos utiliza las fábulas para sus propios fines, como por ejemplo cuando trata de convencer a la monja Doña Garoza de que se encuentre con el Arcipreste, a quien no conoce. En este caso la monja se resiste, y comienza con la mensajera un intercambio de fábulas y consejos con el que cada lado respalda sus argumentos. Aquí el contexto es determinante: ¿habrá de convencerse la monja de no actuar como el cazador que fue cruel con su galgo (1356), o de no ser temerosa como las liebres (1445), para que la alcahueta cumpla con su cometido?. La ironía está en que las fábulas parecen servir a un propósito contrario al que se les atribuye normalmente, que es de la enseñanza moral, y no la de dar base a posturas no morales. Manuel Alvar hace una comparación entre el discurso de Don Juan Manuel y el Arcipreste de Hita basándose en la narración de los cuentos y las fábulas, con miras a establecer una relación entre los rasgos del mismo y la intención didáctica. Luego de verificar que en el LBA el lenguaje es más preciso y pintoresco, concluye que la objetividad de Don Juan Manuel es propia de alguien que intenta edificar: "narra desde planos de validez general, en ellos se mueve con precisión y orden; es decir, recurre a un discurso intelectual presidido por la lógica, pues tras los signos aparenciales vibran las exigencias de una doctrina", mientras que la variedad del lenguaje de Juan Ruiz se explica porque éste "no es un moralista, sino un hombre vital; para él todo es relativo y las abstracciones no existen" ("Dos modelos lingüísticos diferentes: Juan Ruiz y Don Juan Manuel", en Revista de Filología Española. 68 (1988); p. 31). 14

interpretaciones (el amor como una necesidad natural, la cortesía del trato como valor, etc.) Sus materiales son, por una parte, las fuentes tradicionales, la estructura didáctica y los elementos integrales de todo texto; y por otra parte todo aquello que le permita introducir su propia concepción de los valores humanos, tanto en términos literarios (como la tradición del amor cortés) como en términos de intención (como el humor y la ambigüedad). Dado que, como hemos visto, las bases estéticas del texto son la ambigüedad y la ironía29, puede suponerse que al cambio de forma le sigue un cambio de sentido, el cual en este caso consiste en la sustitución de las concepciones filosóficas tradicionales por una concepción que otorga mayor importancia a la interpretación de las preocupaciones y los valores humanos. Conclusiones. El método que utilizaremos en nuestro trabajo es el análisis textual, con el cual pretendemos (mediante la comparación del texto concreto con la estructura didáctica y los materiales de la tradición) destacar la importancia de la ironía en la obra como medio para la introducción de perspectivas diferentes de las de las obras de tipo didáctico-moral. Nos basamos en la idea de que Juan Ruiz es consciente del uso que puede darle a los materiales de los que dispone, y que lo que
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Uno de los procedimientos más usados por el Arcipreste, es la inserción de metáforas con el propósito de ilustrar una idea abstracta. Por ejemplo, en un pasaje el Arcipreste está tratando el tema de la pasión en el hombre y dice: "El ffuego ssienpre quiere estar en la çenisa,/ Comoquier que más arde, quanto más se atiza" (75ab); y en otro caso, para reforzar la idea de que la soledad no es buena para nadie, dice " El mástel syn la vela non puede estar tod' hora" (111c). A pesar de la aparente sencillez de este recurso, el mismo proporciona valiosas oportunidades para la utilización de la ironía, lo que es aprovechado por el autor para introducir ideas que contradicen las expresadas en primer término. Cuando el Arcipreste nos dice que ha fracasado repetidamente en sus intentos de conquista, añade que no puede arrepentirse de haberlo intentado porque "Aunque ome non goste la pera del peral,/ En estar a la sonbra es plazer comunal " (154cd). En otro lugar el autor habla de los perjuicios del amor, y para ilustrar la idea de que éste muestra una falsa imagen de las cosas dice: "Sy las mançanas sienpre oviesen tal sabor/ De dentro, qual de fuera dan vista e color,/ Non avríe de las plantas fruta de tal valor;/ Más ante pudren que otra: ¡pero dan buen olor!" (163). El autor dice que el amor posee defectos pero que, sin embargo, no se puede prescindir de él. 29 Zahareas, op. cit., p. 205. 15

hace es utilizarlos de tal manera que se permite introducir su propia concepción de los temas que trata (de los cuales el más importante es el amor), aun dentro de los limites de la literatura medieval. Su técnica es producir variaciones en los materiales prefijados de la tradición, de manera que encuentren cabida elementos imprevistos en los mismos, como el humor y la ambigüedad; así como también nuevos puntos de vista sobre la materia. Además está basada en la ironía ("la expresión de una idea a través de la idea contraria"), gracias a lo cual es relativamente fácil producir un enfrentamiento entre dos posturas diferentes; la primera prefijada o conocida; y la segunda nueva, producto de la variación sobre la anterior. La ironía en la obra puede realizarse en diferentes niveles. En este trabajo esperamos demostrar que existe una relación irónica ente la figura de la alcahueta y el tema del amor en la obra. La importancia de la ironía en el Libro es mayor de la que puede señalarse en unos cuantos párrafos. La ironía hace que los puntos de vista de Juan Ruiz no puedan ser determinados fácilmente ya que si, por ejemplo, algunas veces es bromista o sarcástico, otras veces puede ser didáctico o piadoso. El LBA es una obra en la que coexiste una variedad muy diversas de posturas, y la ambigüedad entre ellas hace muy difícil que podamos decir en qué lugar el Arcipreste está hablando "en serio" y en cuál otro lo hace a la ligera. No obstante, el balance sobre el Libro y el uso de las técnicas referidas hace que concibamos el LBA como una obra en la cual, haciendo uso de las características tradicionales del texto, el autor logra introducir una visión del mundo que escapa de los límites de la concepción filosófico-religiosa, y en su lugar da cabida a una interpretación muy particular de las necesidades y los problemas humanos. En pocas palabras, nosotros definiríamos el Libro como una apología irónica de los valores mundanos en el contexto de la literatura exegética medieval, y es esta concepción la que desarrollaremos a lo largo del trabajo.

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II. La concepción del amor en el Libro de Buen Amor. Es conocido que el Libro de Buen Amor narra las aventuras de conquista de Juan Ruiz. Sin embargo, puesto que un primer examen de la obra nos revela que el autor hace un uso especial de las técnicas de composición (particularmente de la ironía), podríamos preguntarnos si la concepción moral es la única forma de representación válida, o si existen otras concepciones que contribuyan de manera esencial con el sentido del texto. En este capítulo vamos a estudiar la visión que presenta el autor sobre el tema, para lo cual haremos una aproximación a la relación entre el comentarista y el narrador como elemento estructurador del texto. Más adelante abordaremos el estudio de la concepción del amor, analizando de qué manera el Arcipreste utiliza los elementos de la tradición filosófico-religiosa en la representación del tema. Por último, observaremos la existencia de otras formas de representación, basadas a su vez en tradiciones literarias como la del amor cortés o la del ars amandi, y que sirven al juego estético que produce el Arcipreste entre la tradición y la concepción mundana del tema. Todo lo anterior nos permitirá finalmente establecer las líneas generales de lo que podríamos considerar la concepción original del tema en el LBA. 1. El Arcipreste como comentarista y narrador. En este punto trataremos sobre la influencia que el uso de la primera persona y la distinción entre el comentarista moral y el protagonista de las aventuras amorosas tiene sobre la obra, enfocándonos particularmente en la división que las mismas producen en la estructura, así como también en la utilidad que tiene para el desarrollo de la ironía. Esta definición es fundamental en nuestro trabajo en la medida en que la utilizamos para demostrar hasta qué punto el autor es consistente con los valores de cada papel y de qué manera es capaz de producir nuevas perspectivas sobre el tema que trata30. La distinción entre el comentarista moral y el narrador30

De acuerdo con Lida, "lo que da unidad estructural al Libro es la personalidad de su autor, que se expresa en forma autobiográfica" ("Nuevas notas... ", art. cit., p. 20). 17

protagonista implica la combinación de dos aspectos del Libro: el autobiografismo y la estructura didáctica sobre el cual se construye la obra. El LBA tiene forma autobiográfica: un personaje central (Juan Ruiz31) asume la tarea de presentar, a partir de la primera persona, un conjunto de sus propias aventuras de conquista, de las cuales hará también una interpretación moral basada en los preceptos de la concepción filosófico-religiosa. El autobiografismo ha tenido diferentes interpretaciones por parte de la crítica, entre las cuales merece destacarse la que dice que el autor se coloca a sí mismo como protagonista de las aventuras fracasadas para representarse como ejemplo de la conducta errada y como escarmiento de sus propios errores32. Con esto sirve a la intención didáctica, dado que se coloca como ejemplo de los perjuicios del Loco Amor y los beneficios del Buen Amor de Dios al tiempo que formula el juicio moral de las aventuras. De esta manera, la distinción entre el comentarista moral y el narrador de las aventuras se convierte en un medio específico de la estructura didáctica, y tiene como consecuencia que la obra se desarrolle en dos planos, el de las aventuras narradas y el de los comentarios y discursos morales. La división entre los puntos de vista del narrador y el comentarista es uno de los elementos que servirá para introducir nuevas perspectivas sobre el tema, en la medida en que cada parte es poseedora de valores particulares que pueden ser fácilmente enfrentados con los valores del otro a través del uso de la ironía. Normalmente tratamos con el narrador cuando se toma el tópico de las aventuras o cuando se hace un comentario sobre un hecho inmediato; y tratamos con el comentarista cuando se discurre sobre un tema de carácter universal, o bien cuando es necesario hacer el juicio moral de las aventuras 33. También podríamos asignarle algunos rasgos generales a cada faceta: por ejemplo, el narrador se caracteriza porque siente constantemente la necesidad de conquistar dueñas, mientras que el comentarista censura y aconseja moralmente sobre los casos de amor mundano; el narrador se ubica en el plano real de
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Véase por ejemplo las coplas 19bc y 575: "Yo Yohán Ruyz, el sobredicho arçipreste de Hita,/ Peroque mi coraçón de trobar non se quita" (575ab). 32 Lida, art. cit., p. 28; y también "Notas para la interpretación, influencia, fuentes y texto del Libro de Buen Amor". Revista de Filología Hispánica. 2 (1940); pp. 107-112. 33 Zahareas, op. cit., p. 29. 18

la experiencia y del error, el comentarista habla desde el plano abstracto los discursos doctrinales; etc. Como veremos a continuación, será precisamente el juego con los valores de la obra el cual, a través del manejo de los dos planos, hará posible que el autor presente una concepción original sobre la materia que trata. En la medida en que LBA es una obra de estructura didáctica que utiliza la primera persona como medio de desarrollo, se plantea la existencia de una misma persona, un "yo narrativo", que cuenta las historias y que a la vez se coloca como comentarista de las mismas. Lo que destaca en el LBA es que con frecuencia existe ambigüedad o incoherencia entre el punto de vista del narrador-protagonista y el comentarista moral34. En las coplas 123-167 se da el siguiente encadenamiento de ideas: a) Las estrellas tienen un poder absoluto sobre la voluntad del hombre, pero Dios tiene poder sobre aquellas (123-150). b) La experiencia demuestra que muchos que nacen bajo el signo de Venus deben perseguir dueñas, y por esto debe hacerlo el protagonista - que es de ese signo - aunque fracase (151-154). c) Una de las razones de esto es que el amor es bueno (lo cual se expresa en términos corteses; 155-159), aunque también tiene tachas (161-165). d) Como no se puede dejar la "costumbre, el fado e la suerte", el protagonista deberá seguir buscando dueñas (166-167). En este ejemplo vemos cómo se entrelazan, respectivamente: a) un discurso docto; b) un discurso que opone la experiencia al discurso docto, el cual sirve para caracterizar al narrador; c) un elogio cortés del amor, expresado indudablemente en términos cultos; d) un discurso sobre la experiencia, utilizando elementos de todo el pasaje. Vemos entonces que el primer caso expresa la voz de un comentarista docto cuya disertación está de acuerdo con la tradición escolástica, pero en el segundo caso el narrador toma la autoridad del comentarista culto para justificar sus propias acciones. En el tercer caso se nos aparece un discurso cultivado también, pero el tono y, sobre todo, el tema, no son los
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Ibidem, pp. 39-42. 19

propios del comentarista del Buen Amor de Dios. Por último, en el cuarto caso el narrador se apropia nuevamente de elementos expresados en el pasaje (en realidad de los tradicionales y los no tradicionales) para explicar sus acciones, y dar comienzo a la narración. En suma, pareciera que cada voz se apropiara por instantes de las características de la otra, de manera que en todo el fragmento se constata la variación y el intercambio entre la autoridad del comentarista moral y los intereses del narrador-protagonista. 2. Problemas de una concepción unívoca del amor en el Libro de Buen Amor. El objetivo del Libro, como obra de inspiración didáctica y moral, es presentar las diferencias entre el amor moral y el amor no moral, dentro de las normas de la concepción filosófico-religiosa por la que se rige el autor. De ahí que aparezca la antitesis fundamental del Buen Amor de Dios y el Loco Amor. El hecho de que existe una relación indisoluble entre esta primera distinción y la presentación didácticomoral del Libro es algo que puede constatarse fácilmente en el Prólogo: Onde yo, de mi poquilla çiençia e de mucha e grand rrudeza, entendiendo quántos bienes fazen perder al alma e al cuerpo e los males muchos que les aparejan e traen el amor loco del pecado del mundo (...), fiz’ esta chica escriptura en memoria de bien e conpuse este nuevo libro, en que son escriptas algunas maneras e maestrías e sotilezas engañosas del loco amor del mundo, que usan algunos para pecar. (p. 6) "Servir de instrucción para los hombres", "enseñar el camino de la salvación", son lugares comunes del Prólogo de la obra, así como de otros lugares del texto donde se quiere hacer constar la intención didáctica y moral del Libro. La intención explícitamente enunciada del autor es instruir a los oyentes para que eviten las prácticas y los males del Loco Amor, siguiendo el camino del amor de Dios. Ahora bien, la tradición medieval concibe dos vertientes con respecto a la definición del amor, según las cuales el amor puede ser "divino" o "profano". La diferencia entre uno y otro está dada por el fin en que el hombre pone la
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mente. Si el amor está dedicado a Dios y subordina cualquier otro tipo de amor a ese, entonces se habla de amor divino. Si, por el contrario, el hombre dirige su afectividad a cualquier ser inferior a Dios, como un hombre o una mujer, transgrediendo el primer orden, entonces se trata del amor profano35. En nuestro libro, los conceptos de amor divino y amor profano se corresponden, dentro del planteamiento original, al Buen Amor de Dios y al Loco Amor. La distinción entre Buen Amor y Loco Amor tiene sus raíces en la visión dogmática de la tradición filosóficoreligiosa, la cual divide la realidad entre el ámbito divino y el terrenal; y a partir de allí elabora un conjunto de conceptos que sirven para clasificar los elementos de la realidad, como por ejemplo "buenas obras" y "salvación" en contraposición con "pecado" y "condenación". Hasta este punto el problema de la obra es claro, de manera que es posible establecer una relación entre la intención didáctica, la estructura del texto y los conceptos claves del Libro. Sin embargo, es reconocido que en el LBA se despliegan otras representaciones del amor que no están mencionadas en el Prólogo. María Rosa Lida y Otis Green, por ejemplo, a pesar de las diferencias notables que se hallan entre sus puntos de vista, coinciden en que existe un Buen Amor que se identifica con la concepción de la tradición filosófico-religiosa (el amor de Dios), y un Buen Amor que se relaciona con una concepción del amor como forma elaborada del trato, posible entre personas nobles y educadas (a semejanza del amor cortés). El Loco Amor sería, independientemente de cualquier otra consideración, el amor puramente carnal, sin valor para las almas ni para los cuerpos36.
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Ibidem, p. 15. Corominas señala que la oposición entre bonus amor y malus amor se remonta hasta San Agustín: "recta itaque voluntas est bonus amor, et voluntas perversa malus amor" (nota al pasaje II r 29). 36 De acuerdo con Otis Green, "el ‘buen amor’ en su nivel más alto es el amor de Dios, pero en ese sentido siempre se lo especifica expresamente – el buen amor ‘de Dios’ – o por medio de algún otro adjetivo apropiado: limpio amor. En un nivel inferior – que aparece como el leitmotiv persistente del poema – ‘buen amor’ se aplica al que existe entre hombres y mujeres … cuando se lo practica como arte". El loco amor se referiría simplemente al amor carnal, que en comparación hace ver a los amantes como animales (op. cit., pp. 60-62). Por su parte, María Rosa Lida nos dice que "basta leer el Libro para percatarse de que buen amor significa siempre ‘buen amor’, que en su grado más valiosos se aplica a Dios y a sus preceptos, y en un grado menos valioso al amor 21

Ahora bien, el problema consiste en saber si Juan Ruiz desarrolló o no la distinción que postula en el Prólogo del esquema didáctico de su obra, para lo cual podemos comenzar por centrarnos en el uso que se hace del término "Buen Amor". Recordemos que, de acuerdo con los objetivos y las características del didactismo, en el LBA deberíamos encontrar un uso discreto e inequívoco del término, de tal manera que "Buen Amor" debería tener idealmente un conjunto muy limitado de
profano entendido como amor cortés, es decir, suscitador de valores morales, el honeste amare del Capellán Andrés, despreciable en relación con Dios, como todo lo mundano, pero no malo en sí, no por lo menos para todo moralista, como lo es sin atenuantes el loco amor" ("Nuevas notas... ", art. cit., pp. 38-39). Si dejamos de lado el Prólogo (y por lo tanto olvidamos de la importancia que tiene dentro de la estructura didáctica medieval), y nos fijamos en el resto de la obra, constataremos que existen diferentes representaciones del amor. Puede compararse por ejemplo el amor en el pasaje de Doña Endrina; el de Doña Garoza; el amor en las serranillas; en los pronunciamientos de tipo cortés y en el discurso de Don Amor. Este problema toma profundidad si tomamos en cuenta las diferentes tradiciones que, según la crítica, pueden haber influenciado la visión que Juan Ruiz presenta sobre el tema, como el bon’ amor de la poesía provenzal, la visión árabe del mundo, o la poesía de los goliardos. Algunos autores señalan que no existe una oposición real entre la concepción tradicional del amor y la concepción cortesana. De acuerdo con Guillermo Serés (La transformación de los amantes. Imágenes del amor de la Antigüedad al Siglo de Oro. España, Crítica, 1996; pp. 87-93), Santo Tomás establece la existencia de tres apetitos: el natural, el sensitivo y el racional (sinónimo de voluntad), y en cada uno se llama amor "al principio de movimiento que tiende hacia el fin deseado" (ibidem, p. 87), con lo cual tendríamos precisamente tres tipos de amor. El uso de estos conceptos en la tradición daría origen a los de amor benevolentiae y amor concupiscenciae (o caritas y cupiditas en términos de San Agustín). Los poetas corteses podían haberse valido de una aleación entre cupiditas (no concuspiscencia) y caritas, por lo cual es posible relacionar el amor cortés con los conceptos desarrollados por los grandes pensadores cristianos. La explicación es que "nacidos en un mundo secularmente cristiano, los conceptos y palabras estaban tan sumamente influidos e impregnados del sentido religioso que, aún vueltas a lo profano, no perdían dicha connotación sacra" (p. 93). Es claro que la opinión de Serés representa tan sólo una vertiente del problema: según otros autores, el amor cortesano no está vinculado con la caritas (ni con el amor platónico ni con el amor carnal) porque "es un tipo especial de amor característico de los trovadores" (Green, op. cit., p. 97). Francisco Márquez-Villanueva compara la concepción del amor de los poetas provenzales y la del Capellán Andrés con la de Juan Ruiz, que identifica como "una forma ennoblecida del amor entre los sexos, causa de toda suerte de perfecciones para el individuo y desprovisto de serias consecuencias negativas dentro del plano de la moral" ("El buen amor", en Revista de Occidente. 27 [1965]; p. 281). 22

significados; no obstante, "Buen Amor" es usado con tal variedad de significados que la intención del autor se hace confusa. A continuación presentamos una lista de los diferentes significados que puede adquirir el término "Buen Amor" en el Libro.
Significado de "Buen Amor" Concepción moral del amor Coplas p. 4; c. 904 Ejemplo. "E desque está informada e instruyda el alma, que se ha de salvar en el cuerpo linpio, pienssa e ama e desea el buen amor de Dios y sus mandamientos ..." (p. 4) "D’ aquestas viejas todas, ésta es la mejor;/ Rruégal’ que te non mienta, muéstrale buen amor" (443ab) "Las del Buen Amor sson razones encubiertas:/ Trabaja do fallares las sus señales çiertas" (68ab);

Calidad del trato

443b; 1452b

Materia de conocimiento Un tipo de amor entre otros Nombre de la alcahueta

66d; 68a

1507c; 1630d "Con el mucho quebranto fize aquesta endecha,/ Entiéndela todo ome e quien buen amor pecha" (1507a-c) 932ab-933; 1331d "Nunca digades nonbre malo nin de fealdat;/ Llamatme buen amor e faré yo lealtat/.../ Por amor de la vieja e por desir raçón,/ Buen Amor dije al libro, a ella toda saçón" (932ab-933ab) "Pues es de Buen Amor, emprestadlo de grado:/ .../ Ca non ha grado nin graçia el Buen Amor conplado" (1630a-d)

Nombre o calidad de la obra

13c; 933b; 1630a-d

El término Buen Amor tiene que conformarse como un concepto de la disertación didáctico-moral, por lo cual la precisión debe ser característico del mismo, y no la ambigüedad o la plurisemancia. Por el
Concluye que, aunque la concepción del LBA es paralela a los mencionados, en definitiva es diferente en varios aspectos porque, aunque aquellos tienen en su origen influencia árabe, éste recibe dicha influencia directamente a razón de la mezcla cultural existente en España. 23

contrario, en la obra encontramos una variación de significados sobre el mismo término, de tal manera que, si considerásemos al Libro como una especie de sermón (y se supone que en el fondo lo sea), tendríamos un discurso en el cual los términos claves significan una cosa distinta cada vez que se nombran37. 3. La concepción moral del amor en el Libro de Buen Amor. En este punto estudiaremos la manera en que Juan Ruiz desarrolla la concepción moral sobre el tema, es decir, aquella que identifica la idea del amor con el Amor de Dios en el sentido que hemos descrito más arriba. Como hemos visto, dicha postura se encuentra estrechamente ligada con la estructura didáctica, así como con la intención moral de la obra, por lo cual su estudio tiene suma importancia para la determinación de la concepción del tema. Además del examen del uso del término "Buen Amor", este análisis se compone de un estudio del Prólogo, en el cual verificaremos las características de los conceptos base de la obra basándonos en el comentario. En segundo lugar, revisaremos uno de los varios casos de manejo de los conceptos en el ámbito de la estructura narrativa, a partir del estudio de la función del comentarista y del concepto de "Buen Amor" en el episodio de la monja Doña Garoza. 3.1. El comentarista del "Buen Amor de Dios". Tomando como punto de partida un análisis del Prólogo de la obra, en este apartado vamos a centrarnos en dos aspectos. En primer lugar, estudiaremos un poco más detalladamente de qué manera son caracterizados los conceptos del "Buen Amor de Dios" y el "Loco Amor", los cuales encuentran aquí su definición más normada y tradicional. En segundo lugar, vamos a demostrar que el Arcipreste hace un manejo específico de los conceptos antedichos, así como de otros que introduce en el pasaje, para de esa manera sugerir nuevas interpretaciones sobre el problema del amor.
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No obstante, algunos autores desestiman la importancia de este problema y opinan que términos como "‘pecado’ y ‘buen amor’ no son más inequívocos o equívocos en el Libro que en el castellano general de la época" (Lida, "Nuevas notas... ", art. cit., p. 38). 24

3.1.1. Definición del Buen Amor de Dios y del Loco Amor. ¿Cómo se caracteriza el Buen Amor en el Prólogo38?. En primer lugar, el Buen Amor de Dios es producto del buen entendimiento, que viene de la instrucción y produce el temor de Dios, comienzo de toda sabiduría. La práctica del Buen Amor lleva a hacer buenas obras, las cuales son camino para la salvación. Existe una relación entre el Buen Amor de Dios, las buenas obras y la salvación; por esto puede decirse
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El Prólogo es el primer texto del Libro, después de la oración que abre la obra (c. 110). Su función es, obviamente, servir como presentación, e incluye tanto la intención del autor (donde se da la justificación de la obra, explicando los elementos que motivaron su composición y la utilidad que tiene para los lectores), como una breve explicación de la idea de la antítesis entre "Buen Amor" y "Loco Amor". En el Prólogo el autor se vale de ciertos modos de exposición típicos de la composición en la Edad Media, como cuando utiliza el lugar común del exordium, según el cual es poseedor de un conocimiento que está obligado a compartir con los lectores (Zahareas, op. cit., p. 23). A continuación presentamos un resumen del contenido del prólogo, en el cual nos hemos permitido poner entre comillas algunas de las líneas que identifican lo que es el "Buen Amor" y el "Loco Amor". Tómese muy en cuenta la utilización de los conceptos referenciales, como por ejemplo "entendimiento" y "memoria". El Arcipreste da inicio al Prólogo con un salmo: "Intellectum tibi dabo, et instruam te, in via hac qua gradieris: firmabo super te oculos meos" ("te daré conocimiento y te enseñaré el camino que has de recorrer: pondré mis ojos en ti"). Del salmo puede sacarse que el alma tiene tres propiedades: entendimiento, voluntad y memoria, las cuales son benéficas para el alma y para la vida. Con buen entendimiento el hombre desea el bien y rechaza el mal, temiendo a Dios, que es el comienzo de toda sabiduría (Intellectum tibi dabo). Estando instruida el alma acerca de que se salvará en un cuerpo limpio, ama y desea el "buen amor de Dios y sus mandamientos", y rechaza el "pecado del amor loco de este mundo" (et instruam te). Con buen entendimiento, voluntad y memoria, el hombre escoge y ama "el buen amor, que es el de Dios" y hace buenas obras, por las cuales se salva, de tal manera que Dios pone los ojos en él (in via hac qua gradieris: firmabo super te oculos meos). Si el hombre peca, no lo hace por el buen entendimiento, ni la buena voluntad, ni la buena memoria; sino por la misma naturaleza humana, que vive más inclinada al pecado y al mal que al bien. La falla de la memoria y la falta de instrucción en el buen entendimiento son origen del pecado, ya que si éstos fallan el hombre no puede recordar ni amar el bien para obrarlo. Por la debilidad de la memoria aparecen la pintura, la escritura y los libros de ciencia y de todo tipo. Por todo ello, "yo (ahora el Arcipreste habla en primera persona), recordando el mal que trae al cuerpo y al alma ‘el loco amor del pecado del mundo’, y queriendo la salvación para mi alma, compuse este nuevo libro, en que se describen los engaños y las mañas del ‘loco amor del mundo, que usan algunos para pecar’. De tal forma que oyéndolas aquellos de buen entendimiento, escojan y se puedan salvar; y si las escuchan aquellos de poco 25

que seguir el Buen Amor de Dios es una forma de servir a Dios (en el amor) y participar en el orden divino, ganando la salvación. ¿Cómo se caracteriza el Loco Amor?. En este caso tenemos una definición doble. En primer lugar, el Loco Amor es fuente de obras de pecado, que son camino para la condenación (aunque no son pocos los males que produce el Loco Amor en la tierra 39). Por otra parte, el Loco Amor puede servirse de medios deshonestos, los cuales pueden tener como finalidad engañar a las mujeres y hacerlas caer en pecado 40. En definitiva, el Loco Amor pertenece al ámbito del mundo, se identifica con el amor carnal y se vale de engaños para hacer pecar a las mujeres, produciendo daños de todo tipo, así como la condenación. Claramente, la distinción Buen Amor-Loco Amor está relacionada con la visión del mundo de la postura filosófico-religiosa, en la cual cabe la oposición entre diversos elementos ideológicos:
entendimiento, verán el mal que hacen o piensan hacer y, publicadas sus trampas, cuidarán más su propia fama, y tampoco se perderán. Sin embargo, dado que pecar es algo humano, si hay algunos que quisieran usar del loco amor (lo que no les aconsejo), también aquí encontrarán las maneras de hacerlo. Por lo cual, finalmente, puede cada uno decir: Intellectum tibi dabo...". "Ruego al que leyere el libro - sigue el Arcipreste - que guarde bien las tres cosas del alma. Primero que juzgue mi intención por el contenido de las palabras, y no por lo mal que suenen. Dios sabe que mi intención no fue la de dar formas de pecar ni de mal hablar, sino dar memoria de buen obrar y consejos de salvación, así como para que estén todos prevenidos en contra de las maestrías del loco amor". "Y compuse el libro también - finaliza el Arcipreste - para dar lecciones de versificación y de trovar, puesto que el libro está cabalmente compuesto con las reglas que esta ciencia requiere". El Prólogo termina con la presentación de una oración en la que el Arcipreste ruega a Dios que le ayude a componer su libro. 39 "...faze perder las almas e caer en saña de Dios, apocando la vida e dando mala fama e deshonrra e muchos daños a los cuerpos" (p. 8). 40 "...leyendo e coydando el mal que fazen o tienen en la voluntad de fazer, e los porfiosos de sus malas maestrías e descobrimiento publicado de sus muchas engañosas maneras, que usan para pecar e engañar las mugeres…" (pp. 6-8). La idea de que el Loco Amor tiene consecuencias negativas en particular sobre las mujeres se repite varias veces a lo largo del texto, como por ejemplo en el pasaje al final del capítulo de Doña Endrina (892 a 904). Más adelante veremos que ciertamente el LBA trata sobre las "malas maestrías" del Loco Amor, pero que a las mismas reciben una calificación muy diferente a través del discurso de Don Amor y en el ars amandi. 26

Dios/mundo; buenas obras/pecado; salvación/condenación; entendimiento/locura. Por esta razón, el planteamiento original sobre el amor queda firmemente atado a esta concepción, la cual debería de funcionar como referencia fundamental en el desarrollo de la obra, además de servir de marco para la interpretación de los diferentes pasajes del Libro. De ahí la importancia de que este planteamiento se encuentre al principio de la obra, junto con la intención y la justificación de la composición. Además, tanto el concepto de Buen Amor de Dios como el de Loco Amor, están relacionados con la idea de entendimiento (o "razón"), que desarrolla el Arcipreste en el Prólogo. Aquél que tiene conocimiento sigue el amor de Dios; pero si el hombre peca, es porque le falla el entendimiento y la memoria, de allí que practique un amor "loco" y no "cuerdo"41. El mismo Arcipreste insiste, como hemos visto, en la relación entre el buen entendimiento, la buena memoria y la buena voluntad para realizar obras santas, y en que el debilitamiento de estas facultades hace que el hombre caiga en pecado. Este aspecto es importante para estudiar la caracterización que hace el Arcipreste de los receptores de su obra, tal como veremos a continuación. 3.1.2. La doctrina del Loco Amor. El Arcipreste ha dicho que la intención de su obra es la de instruir al hombre en el Buen Amor de Dios para que, haciendo uso de este conocimiento, desarrolle su "entendimiento" (razón) y, aplicándose a las buenas obras, pueda salvarse. El autor se presenta expresamente como un instructor o un maestro en este tema, mientras que elabora un discurso basado en conceptos relativos al uso de la razón en el discernimiento y recorrido del camino de salvación. La falla de la razón tiene como consecuencia, precisamente, la caída en el pecado y la condenación. Por ello el Arcipreste comienza su Prólogo con la cita de un salmo que da a entender que su obra es valiosa para la instrucción del alma de las
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"E desque el alma con el buen entendimiento e la buena voluntad, con buena rremembrança escoge e ama el buen amor, que es el de Dios, e pónelo en la çela de la memoria, porque se acuerde dello trae al cuerpo a fazer buenas obras, por las quales se salva el ome" (p. 4). De acuerdo con algunos autores, esta relación entre la "razón" y el "Buen Amor" responde en el Libro no a la tradición cristiana sino a la tradición del amor cortés, donde el adjetivo "bueno" es sinónimo de "cordura". Véase Green, op. cit., pp. 63, 109-113; y la nota 36 en este trabajo. 27

personas las cuales, siguiendo el "buen entendimiento" e insistiendo en las buenas obras, alcanzarán ser puestas a la vista de Dios. Casi al terminar el Prólogo, el Arcipreste trata de la utilidad de su obra y sobre los beneficios que puede traer tanto a los buenos como a los pecadores; pero entonces ocurre algo inesperado: incluye a los practicantes del Loco Amor entre aquellos que pueden recoger un conocimiento objetivo. El Arcipreste dice que ha escrito una obra en la que se escriben algunas "sotilezas engañosas del loco amor del mundo": Las quales leyéndolas e oyéndolas ome o muger de buen entendimiento, que se quiera salvar, descogerá e obrarla ha …. Otrosí los de poco entendimiento non se perderán: ca leyendo e coydando el mal que fasen o tienen en la voluntad de fazer … desecharán et aborreçerán las maneras et maestrías malas del loco amor, que faze perder las almas e caer en saña de Dios …. Enpero, porque es umanal cosa el pecar, si algunos (lo que non los conssejo) quisieran usar del loco amor, aquí fallarán algunas maneras para ello. E ansí este mi libro a todo ome o muger, al cuerdo e al non cuerdo, al que entendiese el bien e escogiere salvaçión e obrare bien amando a Dios, otrosí al que quisiere el amor loco en la carrera que andudiere, puede cada uno bien dezir: Intellectum tibi dabo e cetera. (pp. 6-8). Sorpresivamente, el Arcipreste nos dice que incluso aquellos que practiquen el Loco Amor, pueden hacerse parte del conocimiento que la obra puede proporcionar. Los antecedentes de esta idea están en frases enunciadas anteriormente donde se identifica la naturaleza humana con el pecado: "La franqueza de la natura humana, que es en el ome, que se non puede escapar del pecado"; y "porque es umanal cosa el pecar" (p. 6). De esta manera, Juan Ruiz sugiere que es parte de la sustancia humana caer en el pecado y, por tanto, persistir en el Loco Amor; y luego se sirve de esa idea para presentar la "segunda intención" de la obra 42. En sentido ordinario, los seguidores del Loco Amor son faltos de entendimiento y pecadores por definición, mientras que solamente la
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Para Green las líneas citadas demuestran que, después de todo, el propósito real de la obra es la de servir como un ars amandi (intellectum tibi dabo...) (op. cit., pp. 70-72). 28

razón conduce a las buenas obras y a la salvación. Sin embargo, ahora Juan Ruiz introduce una nueva categoría: no solamente se puede ser "cuerdo" y practicar el Buen Amor de Dios, o "loco" y falto de razón para practicar el Loco Amor, sino que también se puede ser seguidor del Loco Amor y lograr adquirir un conocimiento objetivo (uso de razón), hasta el punto de poder decir, junto con el autor, intellectum tibi dabo... En este punto el autor se vale de la estructura retórica y de la ironía para variar el sentido del texto. El concepto en el que se centra la ironía es intellectum ("entendimiento" o "razón"); que primero significa "un conocimiento para lograr la salvación", pero ahora significa "un conocimiento para practicar el amor mundano" 43. El antecedente de esta idea es que el pecado es parte de la naturaleza humana, por lo cual el hombre no puede dejar de caer en las tentaciones del Loco Amor. Como resultado, el Libro se convierte en portador de un conocimiento no moral (además del conocimiento moral) el cual puede servir supuestamente para llevar a cabo acciones deshonestas. Finalmente la obra adquiere otro sentido, en tanto que es el mismo autor quien nos dice que su libro puede servir para enseñar tanto a quienes tengan buena disposición como a quienes buscan su propio interés; de tal manera que la intención, así como la caracterización completa del Libro, adquieren rasgos de ambigüedad. 3.2. Moralizar sobre el amor de una monja. En este punto vamos a estudiar la manera en que se desarrolla la concepción moral en un pasaje narrativo, a través de la utilización del concepto de "Buen Amor" y del rol de la primera persona. La octava aventura del Arcipreste (y la duodécima con las aventuras de la sierra) es la conquista de la monja Doña Garoza. En principio, el episodio no tiene un carácter excepcional, dado que en el LBA abundan las referencias a los tratos amorosos entre clérigos y monjas, así como de la percepción que tienen éstos sobre el amor 44. La actitud de Juan Ruiz revela una visión
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Véase también Zahareas, op. cit., pp. 21-23. Tómese como ejemplo el episodio en que Don Amor es triunfalmente recibido por religiosos (1235); el discurso de Trotaconventos sobre el amor de las monjas (13321342); los comentarios del Arcipreste sobre este tema en la conversación con Don Amor 29

aguda al mismo tiempo que divertida, sobre la relación entre la vida eclesiástica y el amor. Esta cuestión cobra verdadera profundidad cuando consideramos que el mismo protagonista de las aventuras es además un religioso que no niega su papel, sino que lo reafirma a cada momento con la inclusión de cantos piadosos y pasajes doctrinales. Para iniciar nuestro estudio, tomemos como referencia el caso específico de los pronunciamientos de los personajes. Trotaconventos, de acuerdo con su función en la obra, insiste frente a la monja a que acepte al amado (1452). No obstante, Doña Garoza no la escucha, aduciendo razones de carácter concreto: que más vale cumplir como lo hace que faltar a los hábitos (1385ab). En otro caso, se preocupa por su propia conducta, refiriéndose a la religiosa no casta como "podrida toronja" (en Corominas, 1443cd). La desconfianza de Garoza toma forma concreta en la siguiente estrofa: "dexarm' yas con él sola, çerrarías el postigo:/ Sería escarnida, él fincando conmigo" (1481cd)45. Más tarde, cuando la vieja ha logrado que Garoza vea al Arcipreste, le aconseja a éste que sea directo y se enfoque en lo que quiere (1496). El mismo Arcipreste, cuando por primera vez atisba a la monja, se siente emocionado y lo expresa con súbita honestidad, dejando salir de paso que "es pecado doñear a una monja"46 (1501ab). No obstante, al final de la historia el Arcipreste introduce una variación. La monja lo recibe como "leal y fiel
(1256-1258); y el pasaje de los Clérigos de Talavera, en la que los clérigos critican duramente a las autoridades eclesiásticas por un edicto según el cual se prohibía que los religiosos tuvieran compañeras (1690). 45 Los comentarios de Garoza reflejan preocupación moral y no carecen de contundencia: Desque ya es la dueña de varón escarnida, Es dél menospreçiada e en poco tenida, Es de Dios ayrada e del mundo aborrida, Pierde toda su onrra, la fama e la vida. Et pues tú a mí dizes rasón de perdimiento Del alma e del cuerpo, muerte e enfamamiento, Yo non quiero faserlo, ¡vete sin tardamiento!, Si non, dart he gualardón qual tu meresçimiento. (1422-1423). 46 Peroque sea errança contra mío Señor, El pecado de monja a ome doñeador. ¡Ay Dios! ¡e yo lo fuese aqueste pecador, Que feçiese penitençia deste fecho error! (1501). 30

amador"; pero tal amor es, al parecer, de un tipo más bien idealista. Es notable el uso de términos religiosos para referirse al carácter que esta relación adquiere: Rresçibiome la dueña por su buen servidor, sienpre le fuy mandado e leal amador, mucho de bien me fiso con Dios en linpio amor: en quanto ella fue biva, Dios fué mi guiador. En mucha oraçión a Dios por mí rogava, con la su abstinençia mucho me ayudava, la su vida muy lynpia en Dios se deleytava, en locura del mundo nunca se trabajava (1503-1504). El Arcipreste sugiere que la monja adopta aquí un comportamiento ejemplar, y más adelante completa la idea con una afirmación de carácter general: Para tales amores son las rreligiosas, Para rrogar a Dios con obras piadosas, Que para amor del mundo mucho son peligrosas, E son las escuseras, peresosas, mintrosas. (1505) En otras palabras, la monja puede servir a Dios de la manera en que se ha señalado, aún más porque de ese modo se escapa de la influencia de la "locura" y del "amor del mundo" 47. Basados en lo que hemos estudiado hasta aquí podemos hacernos diferentes preguntas: ¿acaso el Arcipreste pretende que el amor de la monja sirva como ejemplo de la práctica del Buen Amor de Dios?; ¿es que la relación entre la monja y el clérigo puede servir para conocer la forma moral en que los religiosos pueden relacionarse?; ¿se quiere dar a entender que un amor de este tipo puede producir buenas obras para agradar a Dios?48.
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También en las coplas 1256-1258 se habla de las malas costumbres de las monjas en el amor, cuando dice que gustan de hacer esperar a sus amigos. 48 De acuerdo con Lida, el capítulo es compatible con la intención didáctica en la medida en que la oscilación es parte del humorismo que da gracia a la obra ("Nuevas notas... ", art. cit., pp. 62-66). 31

Este un buen ejemplo de la manera como el punto de vista del comentarista y el del narrador se cruzan. En primer lugar, el lenguaje (buenas obras, amor del mundo, etc.) y el tono universalista son propios del comentarista del Buen Amor de Dios y, sin embargo, la materia que se trata no es un ejemplo claro de comportamiento moral, ni la ilustración de valores universales típicos. Puede decirse que la historia ilustra la doctrina de la obra de forma contradictoria, dado que un enunciado universal (el "Buen Amor de Dios") tiene como base un caso atípico y contradictorio (el amor de la monja). Aquí tenemos dos incongruencias: primero, la que es producto del desenlace de la obra en relación con la expectativa que se había formado; y segundo, la del comentarista moral que da consejos sobre una materia que incumbe específicamente a la experiencia del protagonista, tanto como a sus valores y sus perspectivas. En realidad es difícil darle una respuesta a lo que en el fondo es una contradicción: quizá no queda más que admitir que el amorío con la monja (aunque sólo tenga aspecto ideal) es una expresión más de lo que se conoce como Buen Amor. Hasta este punto hemos intentado determinar si el Arcipreste es fiel con los enunciados de la primera parte del Libro, y hemos encontrado que, a lo sumo, existen allí dos tipos de actitudes. En primer lugar, tenemos al moralista que nos indica que la obra tiene función didáctica, que está dirigida a mostrar las propiedades del Buen Amor de Dios en contraste con los males del Loco Amor del mundo; y que se presenta en algunas oportunidades brindando consejos a las mujeres, principales víctimas del amor loco49. Por el otro lado, tenemos al trasgresor de estos
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En el pasaje que cierra el episodio de Doña Endrina (892-909) encontramos un caso en el cual los conceptos básicos del Libro son utilizados en su forma original. Debido a que en otros lugares haremos referencia a este fragmento, merece la pena que lo examinemos así sea brevemente. Se puede decir que el discurso del comentarista, antes que ser un comentario general sobre las virtudes del Buen Amor y los males del Amor Loco, es más bien un conjunto de consejos ("castigos") dirigidos a las "dueñas" (forma cortesana para dirigirse a las mujeres). El Arcipreste se dirige enfáticamente a éstas (892a; 904a), a quienes pide disculpas por las incomodidades que pudiera causar el comentario (908cd). También insiste repetidamente en el valor didáctico del capítulo (892a; 909ab), y refuerza esta idea presentando una fábula cuya sentido es que es mejor aprender de los males que sufre otro. Actuando como consejero de las dueñas, los 32

preceptos; quien nos dice que la obra también puede servir de instrucción para los pecadores y que el romance con una monja es comparable al Buen Amor. Se puede afirmar que, en cierto modo, ambas posturas son válidas y significativas para la obra, en el sentido de que las dos son capaces de mostrar dos facetas de un mismo problema; el del conflicto que existe entre las proposiciones abstractas de la norma y la realidad de la experiencia. Es claro que la coherencia de los conceptos de Buen Amor y Loco Amor se pierde, con lo cual se deteriora su función didáctica y el valor doctrinal del Libro. Los conceptos básicos de la estructura didáctica, al fin y al cabo, sirven también para la ironía del Libro, en el cual el esquema didáctico-moral es utilizado como instrumento y como telón de fondo para darle relevancia a los puntos de vista del autor sobre el tema del amor mundano. 4. Fundamentos, filosofía y práctica del amor mundano. En el apartado anterior, pudimos constatar que, aunque Juan Ruiz adopta una postura moral o acorde con la tradición, muchas veces esa postura oculta otras que salen a la luz a través de los juegos estéticos del autor con la ironía y la ambigüedad. En esta parte vamos a estudiar la concepción del amor en la obra de Juan Ruiz, a partir de la consideración de lo que hemos llamado los "tipos de amor"; es decir, de las diferentes construcciones que presenta el Arcipreste sobre su materia, cada una de las cuales posee características específicas que la distinguen de las demás. Estos "tipos" de amor nos servirán fundamentalmente de dos maneras. En primer lugar, nos llevarán a determinar las diferentes
"castigos" del Arcipreste son de cuatro tipos: a) la dueña debe querer el Buen Amor y despreciar el Loco Amor: (904bc); b) no debe permitirse el trato de amor frívolo (906b; 907-908ab); c) debe ser sorda a los comentarios de las viejas alcahuetas (909cd); d) también debe cuidarse de los hombres (892b; 909cd), no tratar secretamente a ninguno ni quedarse a solas con ninguno (892b). En suma, el Arcipreste actúa aquí como se esperaría que lo hiciera el comentarista moral: encontramos consejos que tratan tanto sobre la situación específica, como otros que hacen referencia a la concepción moral en general. Los primeros tienen como antecedente los hechos de la aventura que se acaba de narrar, y de ellos se desprende el discurso que utiliza el autor. Contrariamente a lo que quizá cabría esperar de la estructura didáctico-moral, el autor no se despersonaliza por completo, sino que se dirige – exclusivamente – a las dueñas, haciendo uso de las prácticas de trato de la cortesía. 33

representaciones de la obra sobre el tema central. En segundo lugar nos servirán, a través de la comparación y síntesis de sus principales características, para la determinación de la concepción del amor en el Libro50. 4.1. La concepción naturalista del amor. En las coplas que siguen al capítulo sobre la interpretación del Libro, el Arcipreste introduce una fundamentación de tipo filosóficocientífica sobre el tema del amor, tomando como referencia teorías naturalistas presentes en la tradición. Partiendo de la cita de un tratado de Aristóteles, el Arcipreste nos da a entender que el amor es producto de la misma naturaleza humana la cual, lo mismo que a los animales, obliga a los seres humanos a dejarse conducir por sus instintos. En este caso no se trata de que el Arcipreste haya asumido repentinamente la función de filósofo-científico: el punto de vista básico del Libro siempre es la postura didáctico-moral con raíces en la tradición filosófico-religiosa. En cambio, en este pasaje debe considerarse la utilización de un discurso que
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Antes de comenzar con los tipos de amor (que dan lugar a tres concepciones: natural, ideal y práctica), vamos a hacer una acotación sobre la estructura de la obra en los pasajes que analizamos. Recordemos que en este trabajo nos limitamos a estudiar las aventuras narrativas de ambiente burgués y los comentarios relacionados con ellas, por cuanto que estos dos elementos constituyen la parte más representativa de la obra, además de que es aquí donde se da la intervención de la vieja Trotaconventos. Debido a las características que comparten algunos de estos pasajes podemos distinguir dos partes (o plano), delimitados por la importancia que tengan en cada caso los comentarios y la narración. El primer plano incluye las coplas entre el comentario de Aristóteles hasta la tercera aventura amorosa, antes del encuentro con Don Amor (181), mientras que el segundo plano incluye el encuentro con Amor y el resto de las aventuras (en las que participa Trotaconventos hasta su muerte). En el primer plano, el dominio del comentario sobre la narración tiene como consecuencia que el autor se sirva de los mismos para presentar una concepción particular sobre el tema (valiéndose de la manipulación del texto y de los elementos de la tradición) la cual está matizada por la justificación del amor mundano. Por su parte, las aventuras reciben el fundamento "doctrinal" de los comentarios, mientras que también presentan elementos sobre la concepción del tema (especialmente con respecto a los sucesos de las aventuras, la identidad del Arcipreste y la función de Trotaconventos). Como veremos, esta "organización" de la obra permite que el autor introduzca, desde diferentes puntos de vista y valiéndose de los elementos de ambas partes (como la voz del protagonista en el caso de las aventuras), cuáles son las características de su concepción del tema. 34

posee lazos estrechos con la tradición y que en cierto modo contribuye con la elaboración del discurso didáctico-moral. Este punto lo estudiaremos haciendo un examen del pasaje en cuatro partes, de acuerdo con el contenido de cada copla. a) En primer lugar, el Arcipreste nos ofrece una información objetiva, respaldado por una de las autoridades más respetadas de la tradición. Según Aristóteles, dice, el "mundo" se ocupa de dos cosas: de la unión sexual entre individuos de diferentes géneros, y de la búsqueda de alimentación51. En caso de que alguien se sienta escandalizado por tal afirmación (después de todo, se trata de ciencia y no de moral), el Arcipreste destaca la autoridad de la fuente, de manera que cualquier crítica quedaría enfrentada a la misma (72). Ahora bien, la fuente de la referencia es el tratado Animalia de Aristóteles, el cual proporciona al autor del Libro las siguientes ideas52: a) La vida de los animales se divide en dos tipos de actos: la búsqueda de alimentos y la unión entre géneros. b) Los animales, según su propia naturaleza, pueden unirse dentro de ciertos períodos de tiempo; no obstante el hombre, debido a las condiciones específicas en que vive, tiene la capacidad de hacerlo en cualquier temporada. c) Cada criatura siente placer al seguir los impulsos de su propia naturaleza, aunque existe un tipo de placer que es específico de la unión física. El Arcipreste introduce, no obstante, algunas variaciones en el Libro, las cuales le dan un nuevo sentido a la autoridad. En primer lugar, no se refiere exclusivamente a la unión física, sino que coloca "juntamiento con fenbra plazentera". La sustitución del hecho objetivo por la referencia a la "fenbra", convierte a ésta (o a la mujer) en objeto de
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Como dize Aristótiles, cosa es verdadera; El mundo por dos cosas trabaja: la primera, Por aver mantenençia; la otra cosa era Por aver juntamiento con fenbra plazentera. (71) 52 Acerca de qué elementos toma el Arcipreste de Aristóteles y el estudio de los cambios en la fuente: Zahareas, op. cit., pp. 182-186. 35

la unión amorosa. Además, el elemento de placer como adjetivo de "fenbra" nos da a entender que el mismo es un atributo de ésta, al tiempo que se sugiere que el hecho amoroso es en sí mismo placentero. No obstante estas alteraciones, el Arcipreste insiste en reforzar en la copla siguiente la autoridad de la fuente. b) En la copla 73 el autor desarrolla la idea de que todos los animales tratan de unirse, "segunt natura". Pero el Arcipreste no dice simplemente "unirse", sino buscar "conpaña siempre nueva". En realidad es difícil saber qué es lo que ordena la naturaleza, que los animales se unan en parejas, o más bien que busquen siempre una nueva compañía (para un hecho que se realiza en temporadas). Probablemente esta idea puede aplicarse a los animales, que no poseen sociedad ni moral como la de los seres humanos; pero el Arcipreste extiende este pronunciamiento sobre los hombres (73d) y, aún más, lo convierte en un caso especial, dado que si los animales se unen durante ciertas épocas, el ser humano es capaz de hacerlo todo el tiempo: Digo muy más el ome, que de toda criatura: Todos a tienpo çierto se juntan con natura; El ome de mal sesso todo tienpo syn mesura Cadaque puede e quier' fazer esta locura.(74) A diferencia de Aristóteles, el Arcipreste destaca que el deseo es lo determinante en la vida del hombre, y no solamente la capacidad de reproducción. De esta manera, comienza a perfilarse la idea de que la naturaleza también es el origen del deseo humano. Es importante que reparemos en el lenguaje de esta copla, ya que allí se verifica la intervención de la concepción moral. En efecto, el autor utiliza algunos términos que ya vimos en la concepción moral: "locura", para referirse al hecho de la unión; "mal sesso", para tratar a la falta de cordura con que actúan quienes pecan; y "sin mesura", para señalar la falta de contención. De este modo, vemos que la concepción moral también puede intervenir en la determinación del hecho de amor, incluso si éste viene definido desde otros puntos de vista.

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c) La intervención de la concepción moral no termina allí. Luego de señalar, a través de una imagen, que el hombre es como la llama, nos dice que "quando peca, bien vee que desliza,/ Mas non se parte ende, ca natura lo enriza" (75cd). Aquí se da un nuevo contacto entre la concepción moral y la naturalista, con la diferencia de que, en este caso, la que se ve disminuida es la primera: si el hombre "peca" (definición moral), aunque lo haga conscientemente no deja de hacerlo, puesto que lo obliga su propia naturaleza. En realidad, esta copla es el núcleo del pasaje. El camino recorrido nos lleva a la conclusión de que, sin importar la fuerza moral de los planteamientos de la doctrina (ni la manera en que pueden influir incluso sobre otros discursos), más fuerte aún es la misma naturaleza humana, que empuja al hombre a persistir en sus propios instintos. En este pasaje la autoridad retórica que Juan Ruiz nos presentó al inicio termina por servir de fundamento a la idea de que el deseo del hombre es un hecho legitimado por la naturaleza, y que contra esto no tiene mayor fuerza la moral. De tal manera que la concepción moral, de carácter universalista por definición, termina por ser desplazada por el discurso parcial del naturalismo. Dentro de la concepción naturalista, el amor está referido al hecho del amor físico, el cual tiene su origen en la propia naturaleza del hombre y viene acompañado de un deseo permanente. La mujer, por otra parte, es el objeto de la relación, y tiene el atributo de ser fuente de placer. Por esta razón, se supone también que el acto amoroso es un hecho "placentero". La postura moral, aunque puede calificar y juzgar al amor físico-natural (llamándolo "locura", etc.), no puede hacer nada contra él, porque más fuerte son la necesidad y el deseo que vienen de la naturaleza. Desde el punto de vista del sentido, con el uso de esta perspectiva Juan Ruiz sugiere que el amor (específicamente el amor físico) es un hecho innato, natural y placentero, el cual puede mantenerse independiente de la moral. La irrupción del ámbito narrativo proporciona, finalmente, un propósito al comentario. El Arcipreste nos dice que "yo, porque so ome, como otro, pecador,/ Ove de las mugeres a veces grand amor" (76ab). El comentario toma ahora como objeto la acción narrativa y, específicamente, la experiencia del protagonista, vertiendo allí las ideas
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que fueron esbozadas en las coplas anteriores. En sentido estricto, el autor no ha variado la forma del esquema didáctico y, sin embargo, ha cambiado el contenido: ahora se propone valerse de la supuesta autoridad de un conocimiento no moral para darle base a uno de los casos de ejemplo, el cual debería de ser interpretado desde el punto de vista moral. Este tipo de alternancia entre comentarios y narración es propia de la obra, como tendremos oportunidad de ver en otras ocasiones. 4.2. Filosofía del amor mundano. Juan Ruiz introduce luego del comentario sobre el amor natural, una contraparte ideal del amor humano que se caracteriza por ser una representación idealizada del amor como fuente de virtudes, a la cual llamaremos "filosofía" del amor mundano. Dado que la concepción toma como modelo la filosofía del amor cortés 53, puede darse por sentado que algunos de las características de éste aparecen también en el Libro54. Los
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El amor cortés fue un código cultural que floreció en la aristocracia feudal entre los siglos XII y XIII, cuyo principal representante fueron los trovadores de las cortes. El amor cortés concebía el amor como fuente de virtudes que ennoblecen al individuo y ordenan la vida; basado en el trato como fin en sí mismo y con la exclusión de la unión física. También tendía a dejar de lado el sistema de valores cristiano, aunque no estaba directamente en contra de la religión. Véase por ejemplo Green, op. cit., pp. 94-117; y la introducción de Martín de Riquer a Los trovadores. Historia literaria y textos. Tomo I. (3º ed.). España, Ariel, 1992. 54 La idea es que si el Arcipreste se valió de algunos elementos de la tradición cortesana (como por ejemplo el uso de ciertos términos), quizá otros elementos de la misma puedan darse por sentados en la filosofía del amor mundano. Por eso vamos a presentar a continuación una lista de rasgos que, si bien están inspirados en la filosofía del amor cortés, también sirven como parte de un esquema de la concepción ideal del amor en el Libro. a) La base de la concepción de la filosofía del amor cortés es que presenta un sistema de valores, virtudes y vicios cuyo tema es el amor humano. Puede decirse que existe una división en la crítica con respecto a si dicho trato tenía como fin la unión carnal o si consistía en una sublimación del deseo (Serés, op. cit., pp. 89-90). b) Se establece una división de papeles entre la mujer y el hombre, la cual le da forma a la relación: aquella es la "amada" y se llama "dueña" o "señora", mientras que éste es el "amante" y se llama "vasallo". A esto se agregan otros términos relacionados, como por ejemplo "servir", que es el trato amoroso del hombre para con la mujer. Este lenguaje nos deja entrever que existe una relación de subordinación entre uno y otro. La razón es que en esta concepción la mujer es el centro del sistema, mientras que el hombre existe 38

elementos que nos permiten señalar que existe una concepción ideal del amor mundano los estudiaremos en tres partes: el elogio de la mujer, las virtudes (y tachas) del amor, y los valores de la filosofía del amor. 4.2.1. Elogio de la mujer. En la copla 105, luego del pasaje sobre Aristóteles y la primera aventura fallida, Juan Ruiz inserta un nuevo comentario sobre el tema del amor el cual, en principio, parece servir para interpretar su aventura pasada en términos morales, pero que luego se convierte en un alegato a favor de las virtudes de la mujer. Nuevamente, el autor hace uso de la ironía y de la estructura didáctica para introducir una cuestión imprevista en un pasaje en el que todos los elementos deberían encontrarse predeterminados. a) Juan Ruiz parte de un versículo bíblico, el cual nos dice que todas las cosas del mundo son vanidad excepto el amor de Dios (105). No obstante, en la copla 106 nos dice que también esperar a quien no lo quiere es vanidad, con lo cual varía el contenido de la fuente. Ahora bien, el autor pasa de un enunciado general ("todas las cosas del mundo son vanidad") a uno particular ("es vanidad seguir a quien no me quiere"), tal como conviene al método didáctico; con la diferencia de que en este caso el enunciado concreto representa lo contrario del enunciado general. Por eso se puede decir que, a través de la inversión de la ironía, una lección
sólo en tanto que gira en torno de ella. En la filosofía del amor la mujer es concebida como un ser ideal, pleno de virtudes, e incluso como encarnación del amor mismo. c) El amor cortés tiene su propia racionalidad, aunque la misma es más bien difusa. Pueden tenerse como fines del sistema el trato amoroso con el otro, el cultivo del trato o de los modos de cortesía, así como también la consecución de las virtudes que otorga el amor a quienes lo practican con las normas del sistema. Los medios no son lo importante aquí, aunque quienes quieran obtener los bienes del amor tienen que tener costumbres de cortesía y encontrar una dueña cortés en la que puedan inspirarse. d) La filosofía del amor excluye la moral tradicional y la religión, dado que su fin consiste en la formación de su propio sistema de valores basado en el amor humano. Por esto se puede inferir que la concepción moral sobre el Buen Amor y el Loco Amor no tienen ninguna importancia para la misma. e) Su referente o su objeto es la realidad, aunque sin embargo una realidad idealizada. En otras palabras, no es una filosofía sobre un orden trascendente (como el orden divino), sino sobre las relaciones sociales y la realidad. 39

sobre la futilidad del amor mundano termina por convertirse en una lección sobre la práctica del mismo 55. Más adelante el Arcipreste nos presenta otro comentario de tipo general, pero ahora éste se encuentra dentro del ámbito del amor mundano. El autor lo introduce diciendo que siempre ha sabido honrar a las "dueñas mesuradas", y que si no las "sirvió" a todas, a ninguna le dio mal trato (107), dando comienzo a lo que hemos llamado el elogio de la mujer56. b) En la copla 108 encontramos la concepción cortesana en su aspecto más puro. Recordemos que para el amor cortés la mujer ocupa el centro del mundo. El autor convierte la imagen idealizada de la mujer en fuente de placer y en "bien del mundo", de acuerdo con los motivos del amor cortés. Ahora bien, esto toca en especial a la mujer "noble", al tipo ideal de la filosofía del amor: es lozana (joven), "fermosa" (hermosa) y cortés (instruida en las buenas costumbres de trato y amor noble). Por otra parte, faltar a la mujer cortés convierte al hombre en "villano" y "torpe pajés", es decir, en alguien de baja condición social y poca cultura, lo que nos recuerda el ambiente aristocrático en que tuvo auge la poesía cortesana. c) En la copla 109 el autor se enfrenta a la imagen tradicional de la mujer como símbolo del mal y del pecado, presente en la tradición filosófico-religiosa que le sirve varias veces como referencia: si la mujer no fuera buena, no hubiera sido dada como compañera del hombre y no hubiera salido del él (en este caso Juan Ruiz se vale de los mismos
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Véase nota 21 (capítulo I). Muy villano sería e muy torpe pajés, Sy de la muger noble dixiese cosa rrefés; Ca en muger loçana, fermosa e cortés Todo el bien del mundo e todo plazer es. Ssy Dios, quando formó el ome entendiera Que era mala cosa la muger, non la diera Al ome por compaña nin dél non la feziera, Ssy para bien non fuera, tan noble no saliera. Ssy ome a la mujer non la quisiesse bien, Non ternía tantos presos el amor quantos tien', Por santo nin por santa que seya, non sé quién, Non cobdiçie conpaña, sy solo se mantién'. (108-110) 40

motivos de la tradición religiosa para enfrentarse a otro aspecto de la tradición). Después nos dice - haciendo uso del énfasis - que la mujer es noble porque es "para bien"57. d) Luego tenemos el tema de la mujer y el amor. Por tercera vez el Arcipreste nos dice que la mujer es algo bueno, porque si no lo fuera, no se hiciese querer del hombre y tuviese el amor tantos cautivos. En este caso se remite a lo que es un hecho aparentemente certero, aunque sin embargo indemostrable (110). Entonces la mujer y el amor van juntos, y ambos son cosas buenas. Como hemos visto, el Arcipreste hecha mano de la tradición del amor cortés para presentar una parte de su concepción del tema, además de que hace una comparación con algunos lugares comunes de la tradición filosófico-religiosa. Aquí la mujer aparece como centro de la atención del hombre, el cual se convierte en virtuoso por hacer servicio a la dama, a su vez llena de cualidades. Más adelante el acento pasa al tema de la soledad y la compañía, haciendo una pequeña extensión sobre el discurso que venía tratando: también el amor es necesario, porque no hay quien desee estar solo todo el tiempo. En adelante el autor se valdrá de este tema para hacer un nuevo lazo con el plano narrativo. Como vimos en el pasaje sobre Aristóteles, un comentario puede consistir en un encadenamiento de ideas que tienen como fin la acción narrativa, y que por tanto adquiere una relación con la misma. Ahora el Arcipreste nos dirá que, así como nadie gusta de la soledad, tampoco lo hace él, y que por eso es que se decide a buscar una nueva enamorada (112). 4.2.2. Virtudes (y tachas) del amor. La copla 123 da inicio a un comentario sobre el poder que tienen los astros sobre la vida del hombre, en el cual destacan el uso de fuentes tradicionales filosóficas y religiosas. Más adelante, este comentario dará
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Es interesante destacar que Juan Ruiz nunca presenta inclinación a ser misógino, a pesar de la influencia que podrían tener sobre el la tradición escolástica y la literatura burguesa; la cual, por presentarse en un entorno enfrentado con el feudal, podía tender a ridiculizar las representaciones propias de este mundo como el amor cortés (Lida, "Notas... ", art. cit., p. 131). Por otra parte, tampoco ve con buenos ojos el adulterio, como queda demostrado en la séptima aventura (1330). 41

paso a otro que, sin perder autoridad, desarrollará el tema de las virtudes y los defectos que tiene el amor. Antes que nada es necesario que hagamos un breve examen del pasaje sobre la astrología, ya que allí encontraremos los elementos de una nueva concepción del amor comparable, en cierto modo, a aquella que nos presentó el discurso naturalista; y luego pasaremos al análisis del pasaje que sirve como base a este punto. a) En las coplas 123-124 Juan Ruiz nos dice que, de acuerdo con la ciencia de la astrología y tomando como referencia a Tolomeo y Platón, las estrellas marcan al hombre con un signo y que señalan su destino. Este poder es tan fuerte que aquellos que intentan llevar a cabo tareas que estén en fuera de lo permitido por su propio signo, fracasarán siempre, aunque su objetivo sea ordenarse como clérigo o caballero (125127). Para ilustrar y reforzar esta idea se nos presenta el cuento del hijo del Rey Alcaraz (128-139), cuyo sentido es, precisamente, que los dictados de las estrellas - y de los astrólogos - no pueden cambiarse. Más adelante aparece otra idea: si bien las estrellas son poderosas, Dios lo es más aún, puesto que fue Él quien las creó y les dio poder, y a Él mismo se subordinan sus leyes. De tal manera que, todo aquel que recurra a Dios con obras de piedad (149), puede cambiar el dictado de su destino (140150). En este pasaje encontramos la idea de que el hombre no puede manejar su propio destino y de que sus acciones no lo llevarán a ningún lugar si insiste en ir en contra de las fuerzas que lo dominan. Aquí podemos registrar una pugna entre el determinismo y el voluntarismo filosófico58, pero más allá del esquema destaca la idea de la indefensión del hombre frente a las fuerzas superiores. El hombre puede verse determinado por las estrellas o bien puede recurrir a Dios para cambiar su suerte, pero finalmente siempre se encontrará a merced de otros poderes, hasta el punto de que su propia voluntad y su criterio parecen no tener efecto sobre la realidad. Habiendo establecido ya un discurso docto y autorizado, Juan Ruiz da un nuevo giro al comentario. En la copla 151 nos dice:
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Zahareas, op. cit., pp. 193-194. 42

Non ssé astrología nin só ende maestro, Nin sé el estralabio más que buey de cabestro; Mas porque cada día veo pasar aquesto, Por aqueso lo digo. Otrosí veo aquesto.(151) El comentarista admite no saber nada de astrología, pero dice que su conocimiento sobre la validez de la ciencia descansa, en cambio, en la experiencia (151cd). De esta manera, aparece la experiencia como nueva autoridad59, que no deslegitima el discurso anterior sino que se vale del mismo para dar base a nuevas ideas. Ahora el autor utiliza el conocimiento declarado a lo largo de todo el pasaje y lo proyecta sobre la experiencia del narrador-protagonista de las aventuras amorosas. El Arcipreste nos dice que quienes nacen bajo el signo de Venus están destinados a insistir en "amar las mugeres" (152b) y, agrega (haciendo un giro extraño de sus propios argumentos), condenados a fracasar siempre. Así le sucede a él mismo que, nacido bajo Venus, debe afanarse en "servir dueñas" (153b) y fracasar porque, como él mismo dice: "Aunque ome non goste la pera del peral,/ En estar a la sonbra es plazer comunal" (154cd). Recordemos que en el discurso sobre la astrología el hombre vive sujeto a fuerzas que son superiores a él. Ahora bien ¿es el amor una de esas fuerzas?. De acuerdo con el encadenamiento de ideas, quien vive señalado por un signo está sometido a lo que éste le dicta, y quien está señalado por Venus vive sujeto a querer a las dueñas. El Arcipreste puede dar fe de esto con base de su propia experiencia, una autoridad que sirvió también para apoyar el discurso de la astrología. Aparentemente, lo que tenemos aquí es otra manera de dar base a la idea de que el amor es algo superior a las fuerzas del hombre y frente a lo cual no puede resistirse, como en el pasaje sobre Aristóteles. No obstante, en este caso el aspecto que destaca no es el del amor como algo puramente físico (ni siquiera como algo determinado a partir de un discurso objetivo); aquí no se trata del "pecado", sino de "amar mujeres" y "de servir dueñas". De este modo, el contexto nos permite decir que el tema del amor se trata como un
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Ibidem, p. 196. 43

hecho más ideal o más intelectual, propio de la filosofía del amor mundano60. b) El pasaje anterior es el marco en que se presenta el discurso sobre las virtudes del amor (155-159). En resumen, las virtudes del amor son de dos tipos. En primer lugar, otorga a quienes lo practican con un sinnúmero de cualidades. El que sirve dueñas, además de obtener mucho placer, adquiere "noblezas", se vuelve elocuente y franco (155); el amor hace activo al perezoso, al torpe lo hace sutil, etc. (155-157ab) 61. Por otra parte, el amor cambia el aspecto de las cosas, mejorándolas (157-159): los enamorados, aunque tengan muy mal aspecto, le parecen hermosos a su pareja62; el tonto parece inteligente y el pobre, con amor, parece un gran señor. Por todo esto el Arcipreste aconseja que toda persona, tan pronto como pierda un amor se empeñe en buscar otro (159cd). c) No obstante, el Arcipreste no se contenta con presentar las virtudes del amor, sino que también presenta las "tachas" (161-165). Introduciendo la actitud y el tono que utilizó en los consejos a las dueñas (como lo vimos al final del capítulo de Doña Endrina) 63, el Arcipreste hace una nueva interpretación de las características del amor, convirtiendo sus virtudes en defectos. En resumen, el amor es "mentiroso", puesto que hace que las cosas parezcan lo que no son y a lo
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El argumento de que las estrellas influyen en el amor mediante la belleza de la amada era de influencia neoplatónica, aunque la misma idea podía ser interpretada en forma "legítima" o "pecaminosa". En el siglo XV el Arcipreste de Talavera criticaba a quienes culpaban al destino y a la suerte de sus pecados de amor lo cual, en cierto modo, es lo que hace Juan Ruiz en el pasaje que estudiamos (Green, op. cit., pp. 114-116). 61 Sobre las virtudes del amor cortés (juventud, mesura, inteligencia, etc.) puede verse Riquer, op. cit., pp. 87-90; y A. H. Schutz en "La tradición cortesana en dos coplas de Juan Ruiz", en Nueva Revista de Filología Hispánica. 8 (1954), pp. 63-71. 62 Según Zahareas, a través de este aspecto Juan Ruiz humaniza el amor cortés. Su interés sería presentar el amor como un bien de todos los seres humanos y, al mismo tiempo, no como se piensa que debe ser, sino como es (op. cit., pp. 200-201). 63 La actitud del consejero de las dueñas es patente: a ellas se dirige el comentario (161b; 164d); repetidamente pide disculpas por las incomodidades que pudiera causar (164cd-165ab); y finalmente concreta los consejos, los mismos que da en otros lugares: atender a los "proverbios antíguos" (¿referencia al Amor de Dios?) y no creer en alabanzas de enemigos (165cd). 44

que no vale nada le da valor. Más adelante se hace presente de nuevo la ambigüedad propia del discurso del Libro (163): Sy las mançanas sienpre oviesen tal sabor De dentro, qual de fuera dan vista e color, Non avríe de las plantas fruta de tal valor; Más ante pudren que otra: ¡pero dan buen olor!. (163) El Arcipreste ilustra su comentario con una metáfora: el amor es como una manzana que, aunque tiene buen aspecto, es de menor valor que otras frutas; pero luego añade con ironía que "tiene buen olor". Entonces el amor es como una manzana engañosa a la vista, que sin embargo no puede despreciarse por completo. Nuevamente, parece que el Arcipreste toma los dos lados del problema y, sin decidirse por ninguno, deja al lector con la alternativa de escoger qué parte prefiere. Juan Ruiz continúa con la presentación de un nivel ideal del amor mundano. Sin embargo, es importante destacar que, de igual manera que en el elogio de la mujer, introduce nuevos elementos que no se encuentran en su modelo. En primer lugar, el Arcipreste da inicio a su discurso sobre las virtudes del amor haciendo referencia a la "autoridad" de la experiencia (151), tanto como a su propia experiencia personal (153). De esta manera la filosofía del amor adquiere una base sensible en la realidad, lo que la hace mucho más verosímil y materialista. En segundo lugar, constatamos de qué manera el discurso de las virtudes se relativiza de inmediato, convirtiendo las bondades en defectos, a través de la voz del consejero de las dueñas. No obstante se mantiene presente la ambigüedad en la imagen de la manzana, lo que no permite que situemos al comentarista en una posición específica. En definitiva podemos señalar que, aunque el Arcipreste se inspira en el amor cortés para darle cierta forma a su filosofía del amor mundano, al mismo tiempo se vale de otros aspectos para darle una calidad más personal. En este caso, el realismo en la apreciación de las virtudes y tachas del amor es lo que distingue a la concepción ideal del amor mundano de su modelo, de tipo más intelectual.

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4.2.3. Valores de la filosofía del amor en el mundo de la obra. Para terminar con la definición de los rasgos de la concepción ideal del amor mundano, veremos que la cortesía también tiene un papel importante en el plano narrativo, no solamente porque, como hemos visto, las ideas del comentario desembocan de algún modo en la narrativa, sino también porque los valores corteses sirven para caracterizar elementos importantes de la realidad del Arcipresteprotagonista. Más adelante nos referiremos a la participación de esos valores en uno de los pasajes más significativos del Libro, el Planto o elegía a la muerte de Trotaconventos. a) Juan Ruiz no permite que la filosofía del amor mundano se quede en el plano abstracto; ni siquiera se contenta con llevarla al plano de la narración a través del comentario. La concepción ideal del amor mundano forma parte constitutiva de las aventuras del Arcipreste, ya que le brinda una manera de representar la realidad narrada. Es muy importante que en esta forma de representación el elemento burgués (ambiente, personajes, etc.) termina por fundirse con el elemento cortés, dando origen a un escenario mixto, entre ideal y real, en el cual se mueven e interactúan los personajes. El mejor ejemplo de este aspecto de la obra es la representación de las dueñas, dado que las mujeres son descritas en términos de las virtudes de cortesía. Una y otra vez el Arcipreste nos señala que sus enamoradas son mesuradas, inteligentes, hermosas, etc. Es notable que, debido al uso de la ironía en la obra, esto no varía ni siquiera cuando el Arcipreste es rechazado por las dueñas sino que, a veces, las dueñas son elogiadas aún más si han optado por la honestidad en lugar de aceptar los ofrecimientos del protagonista (véase 96; 172; 1347; 1508). En la aventura que sigue al pasaje sobre las virtudes del amor, el Arcipreste se enamora de una nueva dueña, a la cual describe en términos inequívocos: Dueña de buen lynaje e de mucha nobleza, Todo saber de dueña sabe con sotilesa, Cuerda e de buen seso, non sabe de villeza, Muchas dueñas, e otras de buen saber, las vesa.

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De talla muy apuesta e de gesto amorosa, Loçana, doñeguil, plazentera, fermosa, Cortés e mesurada, falaguera, donosa, Graçiosa e donable de amor en toda cosa. (168-169) La aventura termina cuando la dueña rechaza al Arcipreste, sobre lo cual éste hace un juicio irónico: "(…) bien fuyó de avolesa,/ fiso de mí babieca (…)" (172ab). b) En la copla 1520 se da inicio al Planto de Trotaconventos. Allí el Arcipreste se lamenta de la muerte e su vieja medianera (a la que honra hasta hacerla subir al cielo), pero también se refiere a la Muerte en general, increpándola como a un enemigo e insultándola de diferentes modos. Uno de las cosas que el Arcipreste le reclama a la Muerte es que acaba con los valores de la vida, y en un caso específico éstos se identifican con los valores de la concepción cortesana: Tyras toda vergüença, desfeas fermosura, Desadonas la graçia, denuestas la mesura, Enflaquesçes la fuerza, enloquesçes cordura, Lo dulçe fases fiel con tu mucha amargura. Despreçias loçanía, el oro escureçes, desfases la fechura, alegría entristeçes, mansyllas la lympiesa, cortesía envileçes, ¡Muerte, matas la vida, al amor aborreçes! 64.(1548-1549) En la tradición medieval la muerte aparece como portal para un mundo superior, como un punto de transición entre el "valle de lágrimas" del mundo terrenal y el plano de la divinidad. Sin embargo, en el Planto de Trotaconventos la Muerte se presenta como enemiga de la vida y los placeres mundanos y, en suma, como enemiga del mundo (1520c). Esto nos coloca ante una disyuntiva esencial: la relación antitética que existe

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Colocamos "amor" según Corominas (1549d). En la edición de Amancio Bolaños dice "mundo". 47

entre la vida terrenal y la Muerte; entre el plano de los valores y disfrutes del mundo y la tragedia que significa el final de todo ello65. Ahora bien, la enumeración de virtudes que acaba la muerte termina con una frase muy especial: "Muerte, matas la vida, al amor aborreces" (1549d). Aquí queda señalada la antítesis vida-muerte en el primer hemistiquio, pero también se introduce una variante; el amor puede sustituir el valor de "vida" (segundo hemistiquio), de manera que adquiere sus rasgos, aunque a la luz de un nuevo concepto: entre los bienes de la vida está el amor. Por ello en el segundo hemistiquio la antítesis vida-muerte se convierte en amor-muerte. Pero ¿es casualidad que esta relación se logre en unas coplas que enumeran valores de la concepción del mundo del amor cortés?66. La utilización de este conjunto de valores y creencias corteses presenta una concepción de la vida y del amor según el patrón de los valores corteses, de tal manera que lo que se enfrenta a la Muerte es el amor/vida, pero en términos propios de la concepción ideal del amor mundano. El Arcipreste se vale en este pasaje de la filosofía del amor cortés para presentar una definición del amor y de la vida que, al mismo tiempo, le sirva para presentar su propia concepción del mundo. En otras palabras, el Arcipreste nos dice que el mundo es un lugar de placeres, entre los cuales está el amor; y que a todo ello se opone la Muerte. En conclusión, se puede decir que el objeto de la filosofía del amor mundano es la cuestión del amor como lo practica el hombre con todas sus implicaciones y problemas; donde encuentran cabida también otros elementos como el concepto de mujer, las virtudes del amante, etc. Lo que caracteriza a esta concepción del Libro es la idealización de la realidad mundana a la luz del tema del amor, la cual toma elementos de la filosofía del amor cortés, pero al mismo tiempo está determinada por el reforzamiento de elementos realistas y críticos que permiten la elaboración de una postura original. En lo que respecta a la concepción
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Véase el punto 4.2 del capítulo III. A. H. Schutz hace un análisis del uso de la terminología cortesana en este pasaje y dice que "las dos coplas constituyen un todo completo y que así pueden interpretarse, pues cada elemento se ajusta perfectamente en una de las divisiones del esquema cortesano" (op. cit., p. 63). 48

del tema en la obra se presenta al amor como un fenómeno idealizado, como fuente de valores y como un hecho capaz de transformar y ordenar la realidad. En la copla 166, Juan Ruiz presenta lo que puede considerarse el corolario de sus comentarios sobre el amor natural y el amor cortés, utilizando algunos de los tópicos creados para terminar su argumentación: Como dize el sabio, cosa dura e fuerte Es dexar la costunbre, el fado e la suerte; La costunbre es otra natura, çiertamente, Apenas non se pierde fasta que vien’ la muerte. De tal manera que fenómenos como la costumbre, el destino y la suerte son los responsables de que el hombre sucumba ante la pasión amorosa67. Gracias a la acumulación de elementos en la primera parte de la obra, conocemos que para el autor el amor es una fuerza que el hombre no puede controlar, sino que lo abarca y lo somete. De esta manera se resume la contradicción entre el Buen Amor de Dios y el Loco Amor, la cual habíamos notado también en el Prólogo: si por una parte el hombre desea seguir la senda del Buen Amor, por otra parte existen diferentes fuerzas que lo empujan a buscar el amor humano. 4.3. Doctrina y práctica del amor mundano. Otra dimensión del amor mundano es la que se nos presenta a través del nivel doctrinal y práctico; lo que se puede denominar un ars amandi. Para conocer las características de esta concepción, vamos a hacer un examen del lugar que tiene todo "arte" en la obra, para luego señalar los rasgos de la concepción que nos presenta el autor68.
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De acuerdo con Green, la fatalidad, la suerte y la naturaleza – considerados como formas de la voluntad divina – eran argumentos utilizados por el amor cortesano para su proyección sobre el plano sobrenatural (op. cit., pp. 114-117). Es notable que Juan Ruiz utilice los mismos argumentos en este lugar de su obra y como corolario de los pasajes precedentes. 68 Las características generales del ars amandi son las siguientes: 49

4.3.1. El "arte" del amor en la narración. En este punto vamos a estudiar cuál es la importancia – en términos retóricos al menos – de lo que llamamos un "arte" de amor 69. El punto especial de referencia es el capítulo de Doña Endrina, el cual es elaborado por Juan Ruiz a partir de la comedia latina Pamphilus de Amore y que sigue más o menos su misma estructura70.

a) Llamamos "doctrina", de manera convencional, a un enunciado de normas sobre una materia; y "técnica" al conjunto de pasos necesarios para lograr un fin, es decir, a la aplicación práctica de un conocimiento teórico. En esta concepción, el amor es concebido como una técnica, una actividad práctica con un fin objetivo y unos medios especializados, fundamentado en un conocimiento teórico sobre el tema. El ars amandi del Arcipreste está basado en la tradición de la influencia ovidiana, tan vigente en la baja Edad Media. b) Esta concepción del amor posee su propia racionalidad. Los fines de la acción son claros: la conquista de la mujer; mientras que los medios son precisamente el centro de la elaboración de la doctrina (selección de la mujer, actitud del enamorado, etc.). También se plantea una división de papeles: la mujer encarna el objeto la acción de conquista, el fin perseguido, mientras que el hombre es quien lleva a cabo la función de conquistar a la dueña. c) El ars amandi no posee una contraparte ideal ni mayor trascendencia que la misma práctica; de modo que no existe una "filosofía" del ars amandi. Por otra parte, tampoco toma en cuenta la moral, aunque puede instrumentalizar algunos aspectos de la moral y la religión para lograr sus propios fines. 69 El ars amandi del Arcipreste tiene indudablemente procedencia ovidiana. La influencia de Ovidio en la Edad Media fue tan importante que algunos autores llaman al siglo XII Aetas Ovidiana, y puede rastrearse en los poetas provenzales, las llamadas "comedias" como el Pamphilus y la poesía de los goliardos (Véase F. Sabot. "Ovid’s presence in the twelfth century", en VVAA Ovid. The classical heritage. (Editor William Anderson) Nueva York, Garland, 1995). 70 Varios autores estudian las concordancias entre los dos textos, aunque las opiniones sobre el nivel de apego o independencia del Arcipreste con respecto al original varían. Para un abordaje del problema desde la perspectiva de la crítica textual véase Luis Jenaro MacLennan, "Sobre el texto del Pamphilus en el Libro de Buen Amor", en Revista de Filología Española. 68 (1988), pp. 143-152. La idea del arte como medio para lograr la conquista aparece también en el Pamphilus (82-87) y en Ars Amandi de Ovidio (I 3-4). Véase la introducción de Vicente López a Amores. Arte de amar. Sobre la cosmética del rostro femenino. Remedios contra el amor. España, Gredos, 1989; pp. 147-148. 50

En el Libro vemos que el término "arte" se utiliza muchas veces en el sentido de un conjunto de pasos, necesarios como medio para lograr un fin específico. En los pasajes que revisamos, en repetidas ocasiones el término "arte" está relacionado con la idea de persistir en la búsqueda de la dueña (servir, seguir, etc.), por lo cual se entiende que el arte es una de las formas prácticas de conquista: se debe ser persistente en el trato con la dueña, y conjuntamente usar el arte. Los ejemplos en la obra son varios. El Arcipreste se enamora de Doña Endrina y, atribulado como está, se va a hablar con Doña Venus para obtener algunos consejos de conquista. Desvalido por la indiferencia de Endrina, se queja de que toda mujer tiene libertad para escoger marido, y agrega: "Pues que asi non puedo aver la dueña gentil,/ averla he por trabajo e por arte sotil" (600cd). Doña Venus le responde en el mismo sentido, y le dice que "con arte e con serviçio" (613b) obtendrá una respuesta positiva. También Trotaconventos aconseja al Arcipreste el uso de técnicas de conquista. Con la intención de sacar provecho de él, le dice al Arcipreste que la dueña está por casarse, pero lo consuela señalando que las "artes", el "trabajo" (y Dios) pueden hacer que la suerte cambie (793). El Arcipreste replica: "¿Quál arte, quál trabajo e sentido/ sanará tan grand golpe, de tal dolor venido?" (794ab), dejando ver que por ninguna vía sería posible lograr su cometido. A veces la palabra "arte" también puede significar una trampa o artimaña. La vieja Urraca trata de convencer a Endrina de que acepte encontrarse con el Arcipreste, para lo cual le dice que siente lástima por el pobre enamorado, pero que en su interior se alegra porque "veo que vos ama e vos quiere syn arte" (842d). Con otro sentido, el mejor ejemplo de la utilidad del "arte" lo presta Doña Venus en las coplas 616 a 620. Allí se vuelve sobre la idea del "arte" y la persistencia en la conquista de la dueña: "Maestría e arte de fuerte fazen flaca" (616c) "Moverse ha la dueña por artero segidor" (617d) "Con arte se quebrantan los coraçones duros, tómanse las çibdades, derríbanse los muros" (618ab)
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En definitiva, se puede decir que existe un acento especial sobre los medios del amor como forma de actuar en los intentos de conquista. Es de notar que, a diferencia de los casos que estudiamos en los puntos anteriores, el lugar del ars está en el plano de la acción narrativa, en el cual las aventuras de conquista son la materia principal. 4.3.2. El Ars Amandi: un conocimiento para la acción. Ahora bien ¿cuál es el contenido de la doctrina del amor?. El Arcipreste nos presenta su discusión con dos personajes: Don Amor y Doña Venus. Dado que no es necesario hacer un resumen pormenorizado del discurso de cada uno, nos dirigiremos simplemente a señalar las características generales de sus enseñanzas71. a) Características de la mujer que se debe amar : La mujer que señala Don Amor es descrita por sus virtudes físicas y por los rasgos de carácter que la dispongan al juego de amor, con lo cual vemos que se concibe a la mujer exclusivamente dentro del espíritu del ars y de los intereses del protagonista. Don Amor recomienda al Arcipreste que escoja bien a la mujer que intentará conquistar (430), y diseña un modelo de la mujer ideal, en el cual predominan los rasgos físicos (talla, cabeza, ojos, boca, dientes... - 432-435)72. La mujer no puede ser una villana, que
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Luego de su tercer fracaso amoroso (que sigue al comentario sobre las virtudes del amor), el Arcipreste dice que "como nunca termina lo que desea" (es decir, nunca logra llevar a buen fin sus intentos de conquista), peleará con el Amor (180), a quien describe como un hombre "grande y fermoso" (181b). Entonces el Arcipreste le reclama que jamás lo favorece (213-216), y comienza a injuriarlo con un discurso que incluye la enumeración indirecta de los "síntomas" de los enamorados (182-212); la atribución de los pecados mortales al mismo amor (217-371); la acusación de que Don Amor no hace obras piadosas (373), lo que da lugar a un juego con los rezos de los religiosos (las "horas"- 374-387); sin olvidar el uso de fábulas y cuentos para ilustrar los males que causa Amor. En la copla 423 comienza la respuesta de Don Amor, que le da forma a la primera parte del ars (la otra parte la proporciona Doña Venus). 72 Los rasgos que presenta el Arcipreste en la descripción que hace Don Amor en su discurso se encuentran también en las obras del roman courtois. De acuerdo con Lida, "el retrato medieval desciende del género ‘demostrativo’ de la oratoria antigua y, como él, se propone alabar o censurar, no pintar objetivamente; la imagen primorosa o deforme de un personaje indica la actitud de simpatía o antipatía con que lo aborda el 52

no sabe de amores (431); sino que debe ser alegre y amorosa (449b) además de complaciente (446). b) Formas de trato con la dueña: El trato del enamorado con la dueña consiste en formas que reflejan el interés del enamorado. El amante debe seguir infatigablemente a la dueña (lo cual sirve tanto para conquistarla como para mantenerla complacida), además de ser benigno, amable y generoso tanto en el actuar como en el intercambio con ella. Éstas características se complementan con las cualidades propias del amante. Don Amor recomienda insistir en el trato con la dueña ("servir"; 452), serle grato y no discutidor (453), así como requerirla muy a menudo sin vergüenza ni pereza (459). Al hablar con ella, hay que hacerlo con galanterías, aunque con decoro, sin olvidar tampoco los suspiros (549). Se debe alabar a la dueña y no ofenderla comparándola con otra (560); además de que no se puede ser hablador ni mentiroso frente a ella, sino siempre sincero (561). El amante no puede jactarse de la dueña, y en cambio debe ser discreto sobre su relación (566-567). Además, debe ser generoso con ella; darle cosas (451), procurar tener dinero (489) y, si no se tiene, por lo menos tener palabras francas y agradables para decirle (514). La mujer prefiere al hombre que conoce y toca instrumentos musicales (513), y al que lleva a cabo acciones destacadas (518). Si acaso el enamorado está tras otra mujer, también debe procurar que la primera dueña no lo sepa (564-565). c) Naturaleza de la mujer: El discurso sobre la mujer está referido a lo más íntimo de sus deseos. Según Don Amor, hay una parte de la mujer que desea dejar que el amor ocurra (523). Por ello el amante debe tratar de que la mujer pierda el pudor (468). También la mujer es requerida del amor, y si acaso una vez el hombre la incita, cien veces lo hace Venus por la noche (525).
autor" ("Notas... ", art. cit., p. 122). Dámaso Alonso critica la tesis del origen francés del modelo de la mujer ideal basándose en una comparación entre el canon de representación de la poesía cortesana y el que presenta Juan Ruiz en este pasaje. Sin embargo, aunque encuentra elementos de influencia árabe, añade que el canon de belleza islámico es paralelo al francés, por lo cual deja abierta la cuestión ("La bella de Juan Ruiz, toda problemas", en De los siglos oscuros al de Oro. (2º ed). Madrid, Gredos, 1971). 53

d) Características del hombre enamorado: La imagen del amante es la de alguien juicioso, que se aleja de los vicios y de las malas compañías. Además tiene varias cualidades que lo presentan como una persona de buen carácter y con control sobre sí mismo. Don Amor recomienda que el enamorado tenga siempre buenas costumbres, que no sea bebedor (528-548) ni jugador (554-556); y tampoco bellaco, grosero ni envidioso (557-558). En sus acciones tanto como en el hablar, el hombre debe ser mesurado (guardar la proporción entre los extremos); además de ser limpio, tranquilo, cuerdo, y no triste ni colérico (563). e) Características de la alcahueta : La mensajera es una mujer que se encarga de mantener el contacto con la dueña que quiere el amante, por lo cual debe tener características que la ayuden en su función. Don Amor recomienda tener una mensajera que, en primer lugar, es una "parienta" cuyas características deben ser, entre otras, la de ser inteligente y saber mentir (436-437). De inmediato pasa a la descripción de la "vieja" ideal: suele andar de casa en casa, conoce a todas las personas, pueden encantar a las dueñas con sus palabras y saben muchos trucos (438-440). La vieja debe ser de las que andan entre los conventos ("trotaconventos"; 441d) y usan las religiosas como recadera (441); éstas llevan buenas nuevas a todos con sus andanzas (442). A continuación vamos a examinar algunos aspectos del discurso de Doña Venus73, más breve y sencillo que el de Don Amor: a) Formas de trato con la dueña: Doña Venus es quizá más práctica y directa en sus consejos que Don Amor; también diríamos que es algo más "pesimista", ya que pone énfasis en aspectos pragmáticos y negativos. Doña Venus alienta al enamorado a expresar sus sentimientos
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Cuando Don Amor se despide del Arcipreste, éste vuelve a preguntarse por la razón de su fracaso. Entonces por fin se decide a buscar una dueña, y encuentra a la viuda Doña Endrina (576-583). El Arcipreste va a pedir consejo a Doña Venus, quien reforzará las ideas de su esposo Don Amor (609). El discurso de Venus es menos general que el de Don Amor, y está dirigido a los intereses del amante hombre; de ahí su insistencia en el tema de la resistencia de la mujer y en la necesidad de usar el arte. Es notable la manera como se exalta la figura del amor: él es amo y señor de todas las cosas (585c); y Venus es "comienço e fin d´aqueste viaje" (583d) y "nuestra vida e ... nuestra muerte" (584a). 54

a toda mujer que encuentre apropiada, ya que por lo menos una responderá positivamente (610). Además debe usar buenas palabras y gestos "amorosos" cuando hable con una dueña, de manera que mejore la relación (625). Se debe ser generoso en el dar, aunque lo que se dé sea de otro, y ocultar la propia pobreza (635), dado que a veces mentir también aprovecha (637). Se puede suspirar con engaño, pero no se debe ser hablador para no parecer chismoso (627cd). Ocasionalmente, el enamorado puede pedir a la dueña lo que desea de ella (629). También es conveniente estar en buenos términos con los amigos de la dueña y siempre ser lisonjero (638). La medianera debería ser una experta, y debe tener las características que Don Amor sugirió (645). Es muy importante el aspecto del "arte" y de la insistencia en el trato: Doña Venus insiste en que el enamorado debe "servir" a la dueña sin cansarse, además de echar mano de los usos de conquista, dado que practicando ambas cosas, logrará vencer la resistencia de la mujer (611-623). b) Naturaleza de la mujer: En este caso el tema no es el deseo de la mujer, sino más bien la resistencia que pone a los deseos del hombre, en lo que se parece - según Doña Venus - a todas las hembras de la naturaleza (631). Doña Venus dice que la mujer deja de hacer lo que el enamorado le pide por miedo y vergüenza (634), aunque bien puede ser convencida con la insistencia del enamorado (633). La mujer prefiere ser un poco "forçada" - dice Doña Venus - que dejar que el hombre haga lo que quiera (631), aunque usualmente su actitud no pasa de meras protestas (632). c) Características del hombre enamorado: Doña Venus apenas presenta algunas características que serían deseables en el hombre que aspira a conseguir enamorada, entre las cuales lo que más destaca es la necesidad de que el hombre sea jovial y emprendedor. El hombre que quiera agradar a la mujer no puede ser airado ni torpe, sino alegre, porque esto lo hace más atractivo (626-627). La mujer gusta de los hombre activos, particularmente en el amor (630). Haciendo una primera aproximación de análisis, vemos en cada caso se refleja la intención de instrumentalizar todo tipo de elementos que pueden servir para lograr los fines de conquista. Aspectos como las
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formas de trato con la dueña y las características de la alcahueta pueden considerarse la parte más técnica del ars; mientras la lista de las características de la mujer ideal, así como los rasgos del hombre enamorado, tienen un carácter más doctrinal, aunque no por ello con menos interés práctico. Por otra parte, tomando en cuenta los dos pasajes estudiados, podemos decir que en el ars encontramos implicados cuatro aspectos. En primer lugar los rasgos predeterminados y que constituyen su razón de ser, entre los que se cuenta la definición del ars como técnica y la naturaleza de los fines de la acción. Luego tenemos que la doctrinatécnica del amor contiene una concepción de la realidad (en este caso expresada por ejemplo en el discurso sobre los deseos de la mujer), así como también una visión normativa (el "deber ser" de la mujer ideal y del amante). Por último, y como complemento de lo anterior, el ars nos presenta también el conjunto de acciones que el enamorado debe llevar a cabo para conquistar a la dueña (el "deber hacer"). En todos estos aspectos destaca la concepción del amor como algo práctico y manipulable, al tiempo que se mantiene alejado de las consideraciones morales sobre el tema. En la concepción del ars, el elemento ideológico y el práctico dentro de esta concepción - están estrechamente ligados. El Arcipreste se acerca a Doña Venus y le cuenta sus sufrimientos de enamorado (588607), y en otra ocasión se lamenta del posible matrimonio de Doña Endrina (783-791); pero aún le pide medios a Venus para conquistar a la dueña, y envía a Trotaconventos a encantarla. En el ars amandi, el acento se desliza del aspecto ideal al práctico, de lo emocional a lo sensual; de manera que el arte no expresa solamente una construcción abstracta de los medios de amor, sino una concepción total sobre la naturaleza del mismo. De esta manera, se puede decir que la combinación de lo ideal y lo práctico se convierte en uno de los elementos característicos de la concepción práctica del tema. En este punto hemos estudiado la concepción del tema como elaboración de una doctrina práctica del amor (ars amandi). Aquí el amor queda determinado dentro del plano de la realidad, como algo sensible y material y, como propiedad y parte de los individuos, es materia para la acción, así como para los logros y los fracasos. Por ello,
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el amor se convierte en concepto a partir de la doctrina y la técnica, las cuales expresan una visión de la realidad y de la acción. En todo momento nos encontramos en el plano de la realidad, descrita y sentida como tal desde el punto de vista del tema; donde se incluyen los deseos del hombre y la mujer, sus reservas y miedos convencionales, así como sus debilidades y necesidades. Conclusiones. En este capítulo hemos abordado el estudio de la concepción del tema del amor en el LBA, partiendo de la idea de que en la misma participan elementos diferentes de los que se encuentran predeterminados en la estructura didáctico-moral de la obra. De este modo, hemos llegado a la conclusión de que Juan Ruiz se vale del manejo de la estructura del texto para impulsar un desplazamiento de la concepción doctrinal y abstracta del tema, en la dirección de una definición literaria que destaque los valores mundanos sobre los doctrinales. Si en un principio consideramos que la obra debía poseer unidad y coherencia debido a su carácter didáctico, más adelante notamos la existencia de un punto de vista ambiguo, que no siempre conserva la integridad de la concepción didáctico-moral sino que opta por defender puntos de vista extraños a esta concepción (como el tema del placer o las virtudes ideales del amor). En resumen, la concepción moral divide el problema en dos partes, un positiva y una negativa, para lo cual sirven los conceptos de Buen Amor de Dios y de Loco Amor. Si el amor es una pasión dirigida a Dios y lleva a hacer buenas obras, entonces se trata del Buen Amor; pero si se dirige a otras criaturas y específicamente si conduce al pecado, entonces se trata del Loco Amor. Aunque existe una formulación coherente de los principios de la concepción moral, el uso de la ironía y la intervención de elementos ajenos a la concepción didáctica tienen como consecuencia que los aspectos básicos de la misma (como los conceptos de Buen Amor y Loco Amor), pierdan su función original y pasen a formar parte del nuevo sentido estético de la obra. Sin embargo, la conservación de la estructura didáctica es precisamente uno de los elementos que da relevancia a la técnica de Juan Ruiz, en la medida en que la misma proporciona los materiales y brinda el significado de la
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trasgresión de las concepciones tradicionales. De esta manera se puede decir que, aunque la concepción moral del tema está ligada con la estructura del Libro, también sirve a los propósitos estéticos del autor. La concepción naturalista nos presenta el amor como una pasión natural, que el hombre obedece porque es parte de su misma constitución como criatura, y esto no puede ser remediado por la moral, porque la naturaleza es más fuerte que los argumentos morales y la convicción. El amor se concibe como un acto físico; y por otra parte se ve a la mujer como fuente de placer. Desde el punto de vista de la moral, la concepción del tema que se define aquí es simplemente "locura"; la definición más elemental del Loco Amor. En definitiva, aquí se agregan al tema las ideas de que el amor es algo natural e innato, definido como un acto físico, placentero y que no puede ser dominado por la moral. El complemento de estas ideas lo encontramos en el pasaje que Juan Ruiz dedica a la astrología donde, a partir del pretexto del dominio que tienen los astros sobre la vida del ser humano y la relación sobre la experiencia, se dice que todo hombre – y en particular el autor – está obligado a "servir dueñas" por los placeres que esto produce. Entonces se puede decir que en la obra existe una "justificación" naturalista del amor físico y una "justificación" astrológica (y vitalista: basada en la experiencia) del amor cortés, pero que en definitiva lo que se concluye es que el amor es una fuerza que se encuentra por encima del hombre, que es fuente de placer, y a la cual éste tarde o temprano tendrá que obedecer. Tomando como modelo la filosofía del amor cortés, el Arcipreste nos presenta al amor como un fenómeno idealizado, que brinda orden al mundo, es fuente de virtudes y mejora la calidad de las personas. En otras palabras, el amor es algo ideal que ordena y transforma la realidad y a las personas que participan en él. En esta concepción, la mujer es la encarnación del deseo del hombre y, como centro del sistema, también imagen terrenal del amor. El Arcipreste modifica la concepción ideal de manera que no solamente se refiere a un sistema ideal, sino que también abarca a la realidad cotidiana. Esta concepción no se encuentra en conflicto directo con la moral, pero no obstante no la toma en cuenta, sino que se ocupa de crear su propio sistema de valores, virtudes y defectos. Para la concepción moral, el trato cortés podría definirse como
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amor frívolo, el "loco rriso" (906b) que el Arcipreste aconseja que una mujer no debe consentir, y que también se identifica con el Loco Amor en el pasaje donde el Arcipreste se convierte en consejero de las dueñas. La concepción práctica nos dice que el amor es un hecho real, susceptible de ser experimentado e incluso de ser manipulado para obtener el máximo provecho. De allí que se nos presente el tema como en una representación dramática, con actores que poseen cada cual su propia caracterización visible o íntima. Además, la mujer se concibe como objeto de conquista. Por otra parte, tenemos que el Arcipreste reúne sin dificultades lo ideal y lo práctico. En esta concepción se ignora la moral, y con frecuencia se recurre más bien a lo inmoral con el propósito de lograr los fines previstos. En cambio, la concepción moral identifica a la concepción práctica con las "malas maestrías" y "engañosas maneras" del Loco Amor, que sirven para "engañar a las mujeres", tal como hemos visto en el Prólogo74. El Arcipreste presenta al amor como algo natural, placentero,
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En este capítulo no consideramos el estudio de las serranillas fundamentalmente porque en ellas no participa la medianera Trotaconventos; sin embargo, dichos episodios se amoldan perfectamente a las premisas y conclusiones de nuestro análisis y, de hecho, podrían conformar uno de los "tipos" de amor. En cada uno de los cuatro episodios (950-1042) presenciamos el encuentro entre el Arcipreste y una mujer de la sierra, la cual comúnmente exige que aquel le de un regalo para poder pasar. El amor de las serranas es especialmente salvaje, así como la figura de las mismas (como en el caso de Alda - 1010-1020). Es posible que Juan Ruiz decidiera colocar a las serranas como una representación concreta del amor carnal debido al prejuicio cortesano de que quienes viven en vilanía (rusticidad) no conocen los usos del amor noble; sino que de ellos es propio el amore rusticorum (Riquer, op. cit., pp. 85-86). Esto es lo que le dice Don Amor al Arcipreste: "Sy podieres, non quieras amar muger villana/ Ca de amor non sabe e es como bausana" (431cd). Además, si tomamos en cuenta que según Lida el retrato de las serranas corresponde a la inversión de los rasgos de la mujer ideal ("Notas... ", art. cit., pp. 123-124; véase la nota 72 en este trabajo), se puede pensar que las aventuras del Arcipreste en la sierra sirven para representar un tipo de amor diametralmente opuesto al amor mundano ideal, lo cual queda reforzado por el tono humorístico y por los rasgos de grotesco presente en la versión narrada de las mismas. De esta forma se delimitaría algo más en la materia del amor mundano, al tiempo que se confirmaría la preferencia del autor por el mismo. Vale destacar que, a pesar de que el Arcipreste se ve forzado a tener relaciones con las serranas, dichos pasajes no sufrieron censura como sí sucedió en el episodio de Doña Endrina. 59

imperioso; como fuente de virtudes y organizador del mundo, y como algo real y susceptible de experimentación 75. En cierto modo, el ser humano aparece también atrapado entre la búsqueda del amor divino y el deseo del amor mundano, ya que, aunque trate de seguir el camino del Buen Amor de Dios, finalmente su propia naturaleza u algún otro poder lo llevarán a buscar el amor mundano, a su vez poseedor de excelentes virtudes. En las representaciones distintas de la concepción moral encontramos la idea de que el amor es un problema humano y que puede observarse desde puntos de vista distintos de la postura tradicional. La especificidad del trato del tema permite que encontremos incluidos en esta concepción elementos como el tema del placer y la figura de la mujer; el sufrimiento del enamorado o la imposibilidad de lograr la meta deseada. El objetivo de la obra deja de ser el amor divino, establecido en códigos abstractos de la tradición, y pasa a ser el amor como algo humano, determinado a través de diferentes dimensiones. Además, el Arcipreste añade profundidad a cada concepción en la medida en que introduce variaciones sobre la tradición literaria, como cuando agrega la perspectiva del realismo o la experiencia, lo cual permite que el autor presente una perspectiva más original. Esta concepción del amor como algo humano es precisamente uno de los elementos característicos del Libro y que, en conjunto con otros elementos como el esquema didáctico, la ironía y el mundanismo del Arcipreste 76, contribuirá en gran medida
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Para Zahareas, la concepción del amor en el LBA consiste en una elaboración sobre Aristóteles, el mito de la astrología, el pensamiento agustiniano sobre la impotencia de la voluntad humana, y la tradición del amor cortés; la cual estaría caracterizada porque Juan Ruiz introduce elementos que sirven como reflejo de la realidad cotidiana. Para este crítico, el autor del Libro concibe la pasión amorosa como algo "inevitable y natural... bueno, placentero, ventajoso y, sobre todo, como un motivo de virtud". Por esa razón concluye que en la obra existen dos sistemas de virtudes y vicios sobre el tema del amor: el primero fundado en la autoridad cristiana; y el segundo, "un sistema mundano de virtud con respecto al amor físico", fundado en la experiencia. Añade el autor que "la incapacidad o el rechazo de explicar un amor a la luz del otro no altera la más importante verdad de que ambos existen" (op. cit., pp. 200-201). 76 Debido a que solamente hacemos un estudio de las aventuras y los discursos cuyo tema es el amor, es posible que no haya sido subrayado suficientemente la importancia que tiene la defensa de lo mundano en la obra del Arcipreste. Para estudiar esto, hagamos un breve examen del pasaje sobre Don Carnal y Doña Cuaresma (1067-1314). En este capítulo, Doña Cuaresma reta a Don Carnal a que luche con él y finalmente lo hace preso, pero éste, luego de hacer penitencia, escapa y amenaza a la Cuaresma, la 60

con el sentido general de la obra. Las ideas que introduce el Arcipreste están plenamente fijadas en la estructura del texto. La división entre los comentarios y las aventuras sirve para que el autor utilice aquellos para dejar sentada su propia concepción sobre el tema, según la cual el hombre es impotente para resistir la influencia del amor mundano. Este principio constituirá la base de la primera parte de la obra (antes de la pelea con Don Amor) y de los comentarios, y servirá como respaldo a las acciones y las opiniones que el Arcipreste, como protagonista, presentará en las aventuras narrativas.

cual huye atemorizada. Entonces Don Carnal y Don Amor se unen y son recibidos triunfalmente por la naturaleza, los instrumentos musicales y gentes de todo tipo (como juglares, caballeros y monjas). A partir de aquí Don Amor se convierte en protagonista del episodio. Todos lo saludan y se disputan quién será quien le de hospedaje, pero Don Amor se va con el Arcipreste, que es al mismo tiempo narrador y personaje del episodio. Finalmente Don Amor parte, dejando al Arcipreste "preocupado, aunque feliz" (1313cd). En este pasaje la exaltación de lo mundano es clara en diversos aspectos. En primer lugar, el capítulo comienza con la victoria de la Cuaresma como una apología de las fiestas religiosas y de la vida penitente, pero luego se transforma en una defensa de Don Carnal, que termina con una exaltación de Don Amor. De tal manera que el capítulo tiene una estructura ambigua o, si se quiere, paradójica, dado que se inicia con la representación de una idea para luego pasar a la representación de la idea contraria. A través de la narración también encontramos elementos de exaltación de lo mundano. Por ejemplo, cuando llega la Cuaresma, parece que toda la creación tiene miedo (1067), pero cuando llegan Carnal y Amor el mundo aparece alegre e iluminado (1225). El recibimiento de la naturaleza, los instrumentos musicales y de diferentes clases de personas (1226-1246) también contribuye en este sentido. Como personaje, el Arcipreste no deja pasar la oportunidad de dejar sentado sus puntos de vista, como cuando le ofrece posada a Don Amor, diciéndole: "‘Señor, tú me oviste, de pequeño, criado:/ El byen, si algo sé, de ti me fué mostrado,/ De ti fué aperçebido, de ti fué castigado:/ En esta santa fiesta sey de mí ospedado’" (1261). De esta forma vemos cómo el Arcipreste modifica la intención original de la alegoría para introducir elementos de su propia concepción, la cual se caracteriza por la preferencia de valores mundanos (de los cuales esta historia es un buen ejemplo) sobre la doctrina. 61

III. Estudio de la figura de la alcahueta en el Libro de Buen Amor. Ya hemos señalado que en el Libro de Buen Amor es posible abstraer dos planos de la estructura: el de los comentarios morales y el de las aventuras narradas, los cuales están unidos por la primera persona del Arcipreste. Dado que en el capítulo anterior estudiamos los comentarios de la obra y la función del Arcipreste como comentarista con respecto al tema del amor, es necesario que ahora nos enfoquemos en el plano de las aventuras, en las que nuevamente intentaremos conocer de cuál es la actitud del autor del Libro con respecto al tema. Además de esto, el objeto de nuestro análisis será la figura de Trotaconventos, dado que consideramos – dentro de la concepción de nuestro trabajo – que la misma es un elemento imprescindible para el desarrollo del tema de la obra. Por estas razones, en este capítulo estudiaremos la figura de la vieja medianera, tomando como punto de partida un análisis de las aventuras amorosas y de su función en la estructura de las mismas. En segundo lugar, haremos un resumen de las características de la vieja, a partir de la descripción en el discurso de Don Amor y de su actuación en las mismas aventuras. Para terminar, estudiaremos la significación de Trotaconventos dentro de la concepción didáctico-moral de la obra, para lo cual nos basaremos en el trato que hace el Arcipreste de la figura de la vieja y de la relación de ésta con el concepto clave de "Buen Amor". 1. Trotaconventos como parte de las aventuras narrativas. Las aventuras del LBA se ubican dentro de la estructura ejemplarizante de la obra, donde se unen a los comentarios morales como parte de la estructura didáctica. Recordemos que, desde el punto de vista de la concepción didáctica de la obra, las aventuras tienen como función ilustrar los principios doctrinales de la concepción moral (la supremacía del Buen Amor contra los males del Loco Amor). Dentro de este esquema, el autor no solamente se sirve de las aventuras para representar principios morales, sino que además que coloca a sí mismo como protagonista de las aventuras, convirtiéndose en escarmiento de los mismos males que – como personaje – provoca. Sin embargo, el manejo de la estructura produce elementos de ambigüedad en el texto, por lo cual
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se puede decir que, si la estructura ejemplarizante del Libro sirve para fines didácticos, también sirve para la introducción de ideas originales que no se encuentran previstas en la preconcepción del texto. En este punto vamos a examinar la función de la medianera Trotaconventos en la estructura narrativa, para lo cual presentamos en primer lugar un análisis de la estructura de las mismas. 1.1. Examen de las aventuras narrativas del Libro de Buen Amor. La lectura de las aventuras amorosas nos permite observar que, mientras por una parte poseen elementos comunes entre sí, por otra parte conservan elementos únicos que contribuyen con la definición del tema 77.
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A continuación presentamos un resumen de las aventuras: En la primera aventura (77104), el Arcipreste se enamora de una dueña que al principio rechaza los regalos que le hace a través de una "mensajera", pero luego acepta su trato. La relación se conoce y tambalea, pero entonces ella pide cantares al Arcipreste, los cuales lee con tristeza. Ciertos desconocidos indisponen a la dueña con el Arcipreste: dicen que la menosprecia y que se jacta de ella. Entonces la dueña termina la relación con el Arcipreste, diciendo que "los hombres no dan siempre lo que prometen". La segunda aventura (115-122) es la de la panadera Cruz. El Arcipreste comienza a cortejar a la dueña y envía unos regalos con su mensajero, Ferrand García, pero éste gana a la dueña para sí, defraudando al Arcipreste. En la tercera aventura (167-179), el Arcipreste envía cantares a una dueña con otro mensajero, pero tanto éste como sus regalos son rechazados por la dama, por lo cual el Arcipreste comienza la pelea con Don Amor. En la cuarta aventura (653-891) el Arcipreste se propone la conquista de la viuda Doña Endrina, quien es vecina suya y a quien conoce de vista, para lo cual pide la ayuda de Trotaconventos. Ésta comienza el trato con la dueña, hasta que la convence de encontrarse con el Arcipreste en su propia casa. Allí el Arcipreste, personificado por su alter ego Don Melón de la Huerta, conquista a Doña Endrina y logra poseerla. Entonces ésta, sintiéndose burlada y deshonrada, reclama a la alcahueta por sus acciones, la cual le responde de forma cínica e indiferente. Don Melón y Dona Endrina acaban por casarse, con lo cual termina la historia. En la quinta aventura (910-944) el Arcipreste se enamora de una dueña que ve en un estrado y pide a Trotaconventos que la convenza de establecer trato con él. Trotaconventos tiene éxito, pero en un momento finge desinterés en el asunto (para pedir un beneficio a su cliente) y el Arcipreste se burla de ella. La vieja se ofende y da a conocer las verdaderas intenciones del Arcipreste, por lo cual la dueña se encierra en su casa. El Arcipreste se reconcilia con la vieja, quien decide actuar como loca para deshacer lo anterior. La dueña reestablece el trato con el Arcipreste, pero entonces muere. En la sexta aventura (sin contar las serranillas) (13151320), el Arcipreste pide a Trotaconventos que le consiga "algún cobro", dado que estando sólo lo embargaban las preocupaciones. La vieja le aconseja que intente 63

En este sentido, la repetición y la variación de las aventuras es compatible con la utilización del exemplum, los cuales a su vez forman parte de la estructura didáctica. Se puede reducir la estructura narrativa de las aventuras al siguiente esquema: a. Hallazgo de la dueña: cada aventura consiste en los esfuerzos que hace el Arcipreste por conquistar a una dueña, la cual puede ser escogida de dos maneras: el mismo Arcipreste mira a la dueña y se enamora de ella, o bien la conoce a través de la mensajera Trotaconventos. En este caso, puede ser que el Arcipreste haya pedido a la vieja que le consiga una enamorada, o bien que ésta tome la iniciativa y le sugiera al primero optar por una dueña en particular. b. Virtudes de la dueña: el Arcipreste hace un elogio de la dueña, destacando las virtudes que convierten a la dama en alguien que se puede amar. Como hemos visto, las virtudes de la dueña están relacionadas con el código de amor cortés, en el contexto de realismo – no idealización – que caracteriza las aventuras.
conseguir a una viuda que es conocida por ella y el Arcipreste acepta, por lo cual envía unos cantos a la dueña. Sin embargo, ésta rechaza los cantos, por lo cual la vieja concluye que "donde no te quieren no vayas a menudo". En la séptima aventura (13211331) el Arcipreste se enamora de una dueña que ve rezando en la iglesia, y le pide a Trotaconventos que la busque por él. Envía a la mensajera con unos cantos, pero la dueña la rechaza. Finalmente la dueña se casa y el Arcipreste abandona el asunto "para no pecar con ella". En la octava aventura (1332-1507) el Arcipreste dice sentirse solo otra vez y pide a la vieja Trotaconventos que le consiga una amada. Ésta le aconseja sin miramientos que se enamore de una monja, para lo cual da varias razones, como la de que las monjas son discretas y complacientes. Con el consentimiento del Arcipreste, la alcahueta se parte a la casa de Doña Garoza, donde comienza a azuzarla para que acepte el trato con el enamorado. Doña Garoza se rehúsa con diferentes argumentos, pero finalmente acepta ver al enamorado y establece relaciones con el mismo. Al final del capítulo la monja muere, dándole fin a la aventura. En la novena aventura (1508-1512), el Arcipreste pide a Trotaconventos que le consiga una nueva enamorada. La vieja prueba suerte con una mora, la cual la rechaza rotundamente. Luego de esta aventura muere la vieja Trotaconventos, por lo cual el Arcipreste busca otro mensajero para la décima aventura (1618-1625). El nuevo mensajero – Don Furón – está lleno de defectos, pero el Arcipreste le pide que le consiga una nueva enamorada y le entrega unos cantos. El mensajero acepta resueltamente la tarea que se le encomienda y entonces se va al mercado a leer los cantos a viva voz, por lo cual es rechazado por todas las que lo escuchan. 64

c. Inicio del cortejo/cantos: el Arcipreste inicia el trato con la dueña a través de la medianera, enviándole unos cantos donde le declara su afecto y con los cuales puede demostrar su habilidad con las artes. Parece imprescindible que el trato con la dueña se de a través de terceros, como lo demuestran los consejos de Don Amor y los repetidos intentos – y fracasos – del Arcipreste por encontrar un mensajero ideal. d. Intervención de Trotaconventos: mientras que en las primeras aventuras el mensajero no destaca por su actuación y es rechazado por las dueñas (excepto en el caso de Ferrand García), en las aventuras en las que participa Trotaconventos ésta tiene un papel sobresaliente. Es ella quien traba relación con la dueña y la frecuenta, quien se encarga de convencerla de los beneficios de aceptar a un amigo y de lo vano que es conservar temores, y finalmente es ella quien cierra el asunto – si tiene éxito – arreglando la cita de la dueña con el Arcipreste. e. Resultado de la aventura: el episodio puede terminar en fracaso, en cuyo caso el Arcipreste o la mensajera son rechazados por las dueñas, o bien la dueña es descartada por alguna razón de mayor peso, como porque se casa o fallece. El éxito se logra solamente en el episodio de Doña Endrina (salvando el episodio de Doña Garoza), donde el Arcipreste – o mejor dicho Don Melón de la Huerta 78 – conquista a la dueña y se casa con ella. En definitiva, vemos que todas las aventuras pueden describirse, de manera general, como un proceso - más o menos completo o incompleto - de conquista; con sus pasos de hallazgo y alabanza de la dueña, cortejo, trato a través de la medianera y culminación de la
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A pesar de que en algunos lugares se indica lo contrario (608) y de que Doña Endrina se refiere al enamorado como su "amor de Fyta" (845a), el personaje de Don Melón parece un personaje distinto del Arcipreste, introducido a propósito de esta aventura (adaptación del Pamphilus), y único que logra casarse con la dueña (lo cual además es incompatible con el estatus del Arcipreste). Además, al final del pasaje se enmarca el episodio como una historia, distinta de la experiencia del narrador (891). La fusión entre ambas composiciones (el LBA y el Pamphilus) podía haberse dado a partir de la copla 583, que en la fuente equivale a un monólogo que da inicio a la obra (Lida, "Nuevas notas... ", art. cit., pp. 20-21). 65

aventura. Por otra parte, las aventuras permiten un desarrollo del tema de la obra, por ejemplo a través de la caracterización de los personajes. Una y otra vez el Arcipreste-personaje queda retratado como alguien que necesita de la compañía de las dueñas (véase por ejemplo 910; 13151316). En cambio, la caracterización de la dueña es un poco más simple (aparte del aspecto ideal), en tanto que su única función es oponerse a las propuestas del Arcipreste o bien aceptarlo, presentando las razones para cada caso. Vale decir que, en la medida en que el tema de las aventuras es la conquista, las mismas aparecen como un breviario de los problemas y eventualidades del amor mundano, con sus sufrimientos, gozos y lecciones especiales79. Si bien es cierto que las aventuras de la obra guardan una relación especial con la concepción moral del Libro, también es verdad que, a través de diferentes aspectos (como la caracterización del protagonista), las aventuras prestan un servicio a la presentación de los rasgos del amor mundano. De este modo, la repetición de las aventuras representa una transformación del recurso de la repetición con intención didáctica, en la medida en que el Arcipreste la utiliza para presentar diversas variaciones sobre su tema principal. 1.2. Trotaconventos en la estructura de las aventuras narrativas. En este punto haremos una aproximación a varios aspectos que quedarán confirmados con los demás elementos que presentamos en este capítulo. En primer lugar, es posible señalar que en la trama de las aventuras la alcahueta tiene precisamente la función de servir de mediador o "catalizador" del proceso de conquista; de tal manera que, luego de que el protagonista conoce a la dueña y que se interesa por ella, se produce un punto crítico en el cual la aventura no podría avanzar si no fuera por la intervención de Trotaconventos, tal como lo demuestra el esquema que se presentamos más arriba. De esta forma, la figura de la alcahueta aparece como un personaje central de la narración e imprescindible para la estructura de la obra. En segundo lugar, en el
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De acuerdo con Américo Castro, "el libro de Juan Ruiz es más que un Ars amandi; su tema radical sería más bien el trabajo e inquietud anejos a la necesidad de amar" (op. cit., p. 382). 66

plano simbólico la figura de Trotaconventos aparece como imagen del amor mundano, dado que el Arcipreste recurre a ella cuando siente necesidad de compañía, y porque la vieja aparece como un personaje sabio y eficaz en esa materia. En otras palabras, en la medida en que el Arcipreste pone sus esperanzas de éxito en la vieja y que ésta aparece como un personaje lleno de conocimientos y capacidades, puede decirse que la medianera representa la posibilidad de que se cumplan las intenciones del protagonista, lo que la convierte en cierto sentido en "fuente" de las expectativas del amor mundano y en representante del mismo. Ahora bien, es necesario notar un aspecto que tiene relación con los anteriores y que encontramos localizado en la estructura total del texto. Si tomamos en cuenta los pasajes donde se hace referencia a un mensajero veremos que en el Libro encontramos un proceso de formación, actuación y desaparición de la medianera, tal como nos indica el siguiente esquema: a. En la primera y en la tercera aventura se hace mención de dos mensajeros incógnitos, los cuales tienen un éxito relativo con las dueñas aunque ambas aventuras terminan en fracaso. El mensajero de la segunda aventura es Ferrand García que, como sabemos, defrauda al Arcipreste al ganar a la dueña para sí. b. Luego tenemos el discurso de Don Amor, en el que se hace una descripción de la medianera ideal. c. Más adelante presenciamos el desempeño de la medianera ideal una vez que ha adoptado definitivamente la forma de Urraca o Trotaconventos. d. Sin embargo, Trotaconventos muere, lo cual pesa al Arcipreste porque se da cuenta de que, con la desaparición de la vieja, pierde la oportunidad de participar en el amor mundano (1519cd). e. El Arcipreste encuentra un nuevo mensajero, Don Furón, el cual no solamente posee todo tipo de defectos sino que además es
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pésimo en el oficio. Precisamente con la participación de Furón (1619-1625) se cierra el ciclo de las aventuras narradas y se da paso a los pasajes finales de la obra. De esta manera parece claro que existe una relación entre la estructura integral del texto y la figura de la alcahueta. Esto puede deberse a que la estructura del texto permite el desarrollo del tema en los dos ámbitos de la obra. Tomando en cuenta el contenido y el lugar que ocupan los comentarios estudiados en el capítulo anterior, y el hecho de que en el resto de la obra domina el escenario de las aventuras, podemos decir que, como parte esencial de éstas, la figura de Trotaconventos se encuentra también ligada con la definición del tema, dado que contribuye con la acumulación de elementos de sentido. En otras palabras, el trato de la figura de la alcahueta puede considerarse el equivalente en la narración de la variación del discurso en el ámbito de los comentarios, de manera que la alcahueta se constituye como uno de los elementos que permite la caracterización del tema. Este mecanismo se ve respaldado por el uso de la primera persona, a través del cual es posible unir los elementos que aparecen en ambos ámbitos como las enseñanzas de los comentarios o la valoración de la mensajera, la cual termina por constituirse, como veremos, en representante del amor mundano. 2. Características de la vieja Trotaconventos. El personaje de la alcahueta es producto, como vimos en el punto anterior, de un proceso de construcción que abarca a toda la obra y que corre paralelamente con la definición del tema. Cuando se trata específicamente de Trotaconventos, la conformación del personaje está dada en dos partes80. En la primera parte se presenta un retrato de la vieja, a partir del discurso de Don Amor, y de los pronunciamientos de Doña Venus y del propio Arcipreste; en el cual se exponen las características del modelo "ideal" de la medianera, que luego integrarán la figura de Trotaconventos. La segunda parte de la caracterización la tenemos en las propias aventuras, en las cuales se despliegan los rasgos previamente señalados y se complementan con algunos nuevos que son producto de la
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Zahareas habla de un retrato estático y uno dinámico, que se unen para dar forma al personaje (op. cit, pp. 160-163). 68

actuación de la medianera. En este punto hacemos un estudio de las dos partes de la formación de la figura de la vieja como uno de los aspectos fundamentales de la relación entre la figura de Trotaconventos y la concepción del tema. 2.1. Características de la alcahueta ideal en el discurso de Don Amor. La descripción de los rasgos de Trotaconventos81 la encontramos en el discurso de Don Amor (437-443), el cual es respaldado por Doña Venus (645) y completado por el Arcipreste (697-700). En los primeros dos casos se habla de la alcahueta en el contexto del ars amandi, es decir, como herramienta de conquista, por lo que su descripción tiene un carácter plenamente prescriptivo (y en consecuencia, la valoración que se hace de sus características es moralmente ambigua o neutra). Sin embargo, en la medida en que la vieja Urraca 82 aún no ha hecho su entrada formal en la obra, en estos pasajes la figura de la alcahueta se presenta de manera abstracta y a partir de un conjunto de rasgos generales, los cuales sin embargo pasarán a formar parte de la vieja del Arcipreste. En resumen, por este medio conoceremos algunos rasgos del aspecto de la medianera, así como también las tácticas y las virtudes que la ayudan a cumplir con su oficio y varios aspectos de su relación con el que la contrata. A continuación presentamos un esquema de las
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El Arcipreste reúne en el Libro por primera vez los rasgos típicos de una figura literaria que más tarde alcanzará forma concreta con personajes como Celestina de la Comedia de Calisto y Melibea y Gerarda de La Dorotea. Los antecedentes más notables de su tipo son la medianera que presenta Ovidio en Amores (I, VIII), y la Anus de la comedia latina Pamphilus de amore, obra que sirvió como modelo al episodio de Doña Endrina (Curtius, op. cit., p. 553). No obstante, Castro señala que no es en la literatura latina donde surge el personaje de Trotaconventos, sino en "la tradición árabe y en la vida española penetrada de aquella" (op. cit., p. 436). 82 "Urraca" es el nombre que se le da a Trotaconventos en la quinta y en la séptima aventura, así como en el epitafio. Véase por ejemplo 919c, 13245d y 1576a. De acuerdo con Raymond Willis el proceso de composición del LBA tuvo como consecuencia la aparición de dos medianeras: una de características constantes a lo largo de la obra (en la versión de 1330), y otra cuya representación (nombres, atributos) cambian constantemente (versión de 1343). De esta forma, Trotaconventos pasó a la posteridad como una figura de múltiples facetas, ambigua e inconsistente "como la misma esencia del Libro". ("Two Trotaconventos", en Romance Philology, 17 (1963), pp. 353-362. 69

principales características de la vieja de acuerdo con lo que encontramos en los pasajes señalados: a. Don Amor aconseja al Arcipreste que se valga de una parienta como mensajera, pero que si no cuenta con una que sea adecuada, utilice una vieja como la que describe. En todo caso, la mujer que le sirva debe ser "bienrazonada" (ingeniosa), sutil, y debe saber mentir (437bc). b. Una de las características de la vieja es su fingida religiosidad. Don Amor dice que estas mujeres se encuentran entre las iglesias (438b), andan con varias cuentas de rosario al cuello (438c), y suelen mostrar una falsa piedad elevando las quejas de sus penas al Cielo (439c). c. Además, la vieja alcahueta anda mucho (441c); conoce todas las calles (438b) y las plazas (439b). d. No es la menor de sus habilidades el saber engañar. Por eso Don Amor dice que tales viejas son grandes maestras del engaño (439a), para lo cual conocen muchas "consejas" (refranes e historias con moraleja-438c). También conocen ciertos trucos, engatusan como si usaran alguna magia (438d); y con polvos y afeites (es decir, con sustancias, pero así mismo con adulación) atrapan a las mozas (440cd). Tal vez por eso es que las viejas alcahuetas muchas veces se hacen llamar "parteras" o "herberas" (440ab). En la medida en que se relaciona el conocimiento que la vieja tiene sobre hierbas y su habilidad para engatusar, la misma adquiere dotes de "bruja" o "encantadora". e. Este tipo de vieja, dice Don Amor, también es muy usada por los frailes y las monjas (441b), los cuales la hacen andar mucho y muchas veces para que resuelva sus asuntos (441cd). Por eso es que a la mujer también se le conoce como "trotaconventos" (441d). f. No obstante el oficio y las mañas de la vieja, no necesariamente es evitada por los demás. Allí donde ella va, todos se alegran, y especialmente las mujeres (442ab). Esto quizá se debe a que sirve para como cómplice de las relaciones entre hombres y mujeres, y también porque, como luego dice Doña Venus, "entiende la manera de los
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enamorados" (645c). Por eso se puede decir que el oficio de medianera tiene, en cierto sentido, un doble carácter de público y privado. g. La vieja también puede ser de tal índole que sea necesario tratarla de manera especial. La alcahueta podría intentar usar sus artes para sacar provecho de quien la solicita, por lo cual es necesario halagarla (442cd). Don Amor insiste en ello, y en un pasaje da un consejo muy especial: para que no te mienta, muéstrale "buen amor" (443b). h. En diferentes lugares se dice que esta figura es la que mejor conviene para el trabajo requerido; así lo señala Don Amor (443a) y lo confirma Doña Venus (645d). También el Arcipreste dice que su modelo es la mejor, cuando por fin se encuentra con la vieja Urraca (697) 83. En definitiva, la alcahueta se presenta como alguien que se encuentra especializado para la labor que la ocupa y que es capaz de reunir todos los medios a su alcance – morales y no morales – para cumplir con su cometido. Como hemos dicho, muchos de los aspectos señalados en el discurso de Don Amor se verán reflejados más tarde en las aventuras. Allí se alabará numerosas veces el ingenio y las artes de la alcahueta; sus obras se verán como producto de algún hechizo; ella hará uso de historias y refranes para convencer a sus interlocutores; se hará pasar por buhonera para entrar en las casas de las dueñas; atenderá las relaciones entre una monja y el protagonista (un Arcipreste); también habrá necesidad de pagarle; a veces el Arcipreste sufrirá las burlas de su vieja (como cuando le dice que la dueña se va a casar); y aprenderá por su propia experiencia que no conviene insultar a la mensajera. 2.2. Características de Trotaconventos a través de las aventuras narrativas.
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Cuando el Arcipreste introduce a Trotaconventos repite varios de los rasgos de la descripción de Don Amor, y añade otros que completan la figura concreta de la medianera. El Arcipreste nos dice que ha escogido una vieja como la que le aconsejó Don Amor (697a), porque no quiere sufrir los engaños de un pariente (695). La vieja que escogió vende alhajas y puede ir de casa en casa sin dificultades, por lo cual es conocida de todos y bien recibida (700). Éstas viejas son expertas en el engaño (699) y, en particular, la que encontró puede describirse como "artera", "maestra" y de "mucho saber" (698b). 71

La segunda parte de la caracterización de Trotaconventos consiste en la actuación de la medianera en las aventuras, donde se representan los rasgos señalados en la descripción abstracta y se le brinda dimensión al personaje. En esta oportunidad podremos conocer las características personales de la vieja como, por ejemplo, sus preocupaciones particulares, su actitud frente a determinadas situaciones y la relación que establece con los demás personajes. Además, seremos capaces de determinar cuál es la concepción de la medianera sobre el tema de la obra. En el siguiente esquema presentamos las características de Trotaconventos en las aventuras: a. Como quien se esmera en vender un servicio, Urraca intenta que se le vea como la mejor en su oficio. Por eso trata de que el Arcipreste - su cliente - tenga confianza en ella y en su discreción (704705). Así mismo, presume de su efectividad, cuando dice que a la dueña encantará con "su medicina" (709); y luego se jacta – verdadera o falsamente – de su influencia sobre las dueñas, al decir que ella – y sólo ella – es capaz de lograr seducirlas (716ab; 812d; 1343). Esta actitud es útil no solamente para garantizar que se le contrate, sino además para convencer a su cliente de que le de en pago algo de valor (718) ya que, como ella misma confiesa, de ese oficio vive y no tiene otras preocupaciones (717). De esta manera, Trotaconventos deja sentado que su especialidad es el amor o la unión entre parejas, y por ello se encargará de desarrollar todo tipo de técnicas con la finalidad de obtener los mejores resultados en esta materia. b. Trotaconventos se vale de numerosos trucos para sacar el mayor provecho de su trabajo, convirtiendo en víctimas no solamente a las dueñas, sino además al hombre que la busca. En este caso, uno de sus argumentos es que hay otros que siguen a la dueña y que también la regalan a ella (713-714); o bien que la dueña está por casarse, y que solamente ella tiene el poder de hacer que cambie su parecer para favorecer a su cliente (782). En cualquier caso, después de haberle dado esta noticia al enamorado, refuerza su interés, diciéndole por ejemplo que la dueña sólo lo quiere a él (798; 807-812), o bien que aún existen

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medios para cambiar la suerte (792-793). Por supuesto, dicha estrategia tiene como propósito obtener más favores de quien la emplea (815). Entre los argumentos que utiliza para convencer a las dueñas, la medianera dice que es malo vivir sola y encerrada (725), que un compañero serviría de ayuda para enfrentar los problemas que pudieran surgir con otros (743-744), e incluso que ni la casa ni la mujer valen mucho si no se encuentra un hombre cerca (756-758). Otros argumentos son que la mujer que sólo tiene compañía de otras mujeres siempre está peleando (757d) – así sean monjas (1396-1398) –, que en todo caso es mejor tener algún amigo que permanecer sola (1327), y que el matrimonio es preferible a guardar el luto por un marido fallecido (761763). Además, le asegura a la dueña que el hombre que se le promete quiere casarse con ella "a ley y bendición" (840), y que su trato no debe ser motivo de vergüenza (851). También se concentra en los sentimientos de la dueña, estimulándola para que acceda a ver al hombre (857-859). Por último, Urraca le dibuja a la dueña las virtudes de su pretendiente, al que describe idealmente como mesurado, noble, hermoso; o bien elogiando su compostura física (726-736; 1485-1490)84. En un pasaje, la alcahueta aconseja a la dueña Doña Garoza: "Tened buena esperança, dexad vano temor:/ Amad el buen amigo, quered su buen amor" (1452ab). Aunque quizá sea redundante señalarlo, la alcahueta utiliza la mentira explícita para manipular a la dueña. Por ejemplo, en un pasaje exagera los "síntomas" del enamoramiento del Arcipreste (829-837), y luego estimula la vanidad de la dueña diciéndole que conquistó al otro gracias a "su figura y su buen hablar" (836-837). También es hipócrita en el uso que hace de las fábulas, cuando extrae el significado moral para sus propios propósitos.
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En el capítulo de Doña Endrina Trotaconventos hace por primera vez una descripción de su apoderado, con la salvedad de que lo llama "Don Melón de la Huerta" (726-736), dando lugar a la controversia sobre el desdoblamiento del Arcipreste. Allí destaca sobre todo virtudes ideales como belleza, nobleza, juventud y sobre todo su cordura; tras de lo cual se dice que además sería un buen padre. En el capítulo de Doña Garoza la medianera hace otra descripción del Arcipreste (1485-1490), en la cual se destacan sus rasgos físicos y que, a decir de Corominas, "no es más que una adaptación del retrato tradicional del hombre de temperamento sanguíneo y enamoradizo, tal como era de cajón en los tratados medievales de fisiognómica" (nota a la copla 1485 y ss.). Cfr. Lida, "Notas... ", art. cit., pp. 124-125. 73

El ingenio de la alcahueta es notable cada vez que emplea una farsa para provocar una situación, como cuando le dice a Doña Rama que un hombre la sigue para que ésta se vaya (825-825), o cuando finge sorpresa ante la llegada de Don Melón (872-876). En una ocasión se hace pasar por loca y camina por las calles sin vestidura, con el propósito de hacerse desacreditar para enmendar que había descubierto a una dueña las intenciones del Arcipreste (934). Resulta claro que, en definitiva, el genio de la alcahueta es un valor individualista e utilitario, dado que le sirve para obtener provecho de las dueñas tanto como de quien la emplea. c. En el Libro destaca que, en cierto modo, la vieja también tiene un lado emocional. Por ejemplo, cuando encuentra algún inconveniente muestra que tiene sus propios pensamientos y habla por lo bajo (824cd); además desconfía de ser defraudada y de que no se le pague lo que se le prometió (819-822); tiene miedo de las amenazas y de ser maltratada (1424); y se molesta gravemente si es ofendida (920-921). Varias veces también conocemos los sentimientos de la vieja en lo que respecta a su propio oficio. Urraca se alaba y se alegra cuando sus esfuerzos rinden frutos (1328; 1492c; 1494) y, en cambio, sabe cuando dejar de insistir si fracasa (1320). También se acerca alegremente al Arcipreste cuando la llama (1317ab) y en varias ocasiones se da el nombre de "buen amor": "Desque me vy señer et syn fulana solo,/ Enbié por mi vieja; ella dixo: ‘¿Adolo?’/ Vino a mí rreyendo, diz’: ‘Omíllome don Polo:/ Fe aquí, buen amor, qual buen amiga buscólo’" (1331). d. La alcahueta también se preocupa por procurar lo que su empleador desea con el objeto de ser constantemente ocupada. Por esa razón busca dueñas para el Arcipreste, como cuando le aconseja que trate a una viuda (1318), o cuando le habla del amor de las monjas, poniendo el acento en todos los placeres que supuestamente éstas son capaces de brindarle a sus amigos (1332). Así mismo, la vieja le da consejos prácticos a su empleador para lleve a buen término sus intenciones, como por ejemplo cuando le aconseja que sea hombre y tome de la dueña lo que quiera (823), porque "más val’ vergüença en faz, que en coraçón mansilla" (869-870). Cuando el Arcipreste va a tratar a la monja Garoza, la vieja repite sus planteamientos y le dice que no pierda el tiempo
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hablando tonterías, sino que trate lo que tiene que ver con su asunto (1495-1496). No contenta con todo ello, además presta su tienda para el encuentro entre los amigos (861-864), como en el capítulo de Doña Endrina. A pesar de todo esto, se puede decir que la alcahueta termina por servir al enamorado y a la dueña por igual, dado que si ésta se interesa en el Arcipreste comenzará a utilizar a la medianera para tener nuevas noticias de su amigo (829). e. Trotaconventos trata directamente el tema del deseo de los enamorados, como por ejemplo cuando exagera su dolor85; pero sobre todo cuando se refiere a los deseos íntimos de cada uno, como en los consejos que da al Arcipreste, o cuando se identifica con los sentimientos de Doña Endrina (837-860). En algunos casos, la vieja es más bien cínica, por ejemplo cuando enfrenta a Garoza con el deseo que existe entre los religiosos (1491), o cuando trata con el Arcipreste sobre las debilidades de la dueña (710-711). En particular vale la pena mencionar el final del episodio de Doña Endrina, a quien reprende diciéndole que su deshonra la tiene merecida por su propia imprudencia (878), y recomienda que calle para no aumentar su vergüenza (878-881). La vieja culmina su exposición diciendo que: "¡Castigadvos ya, amiga, de otra tal contra ys!/ Ca todos omes fazen como don Melón Ortiz" (881cd). Para concluir con este punto, parece interesante destacar cuáles son las actitudes que tiene Trotaconventos sobre el tema del amor. Se puede decir que Trotaconventos conjuga dos tipos de actitudes: por una parte es pragmática, mientras que por la otra es capaz de manejar los aspectos ideales del tema (aunque con intención utilitaria). Tomemos por caso los pasajes donde le habla a los amigos sobre el amor del otro para estimular su interés (806-812; 829-838). Para ella, el amor produce cambios en la persona: hace que mude su color, se encuentra todo el tiempo triste, suspira, tiembla, pide escuchar noticias de su amiga o amigo, habla de ella o de él y dice explícitamente que lo quiere. Por otra parte, el amor también es una pasión que abrasa como fuego (según la
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En las coplas 807-812 cuando habla con el Arcipreste y 829-837 cuando trata con Endrina. Es notable que la vieja no deja de hallar respuesta a su prédica, como cuando el Arcipreste le declara su pesar por el matrimonio de la dueña (783-791) y cuando Doña Endrina le confiesa el amor que siente por su amigo (839). 75

imagen utilizada en 830a, 837, 839ab); una emoción contenida que no puede ocultarse y que causa sufrimiento. Entonces puede pensarse que para la vieja esta es una emoción genuina, ya que se siente interiormente y tiene el poder de alterar a las personas. No obstante, es claro que ésta es una posición interesada de la medianera, dado que en otros lugares demuestra tener una concepción bastante pragmática del tema, como cuando le sugiere al Arcipreste que sea hombre con la dueña o que espere tomar de ella lo que quiera. Trotaconventos también es cínica, como cuando reprende con crudeza a Doña Endrina al final del respectivo capítulo. Estos rasgos nos hablan sobre el pragmatismo del personaje, dado que asume que en el amor solamente tienen valor los aspectos prácticos y desecha los aspectos ideales86. Es interesante que además de declararse especialista en la relación entre parejas y demostrarlo a través de su conocimiento sobre los enamorados, Trotaconventos es capaz de desempeñar todo tipo de tareas relacionadas con su oficio. En particular, vale la pena destacar aquellos pasajes en los que Trotaconventos aparece como casamentera 87, en los cuales, a través de la ironía, se convierte a la vieja en la cabeza de una institución sagrada. En este caso el Arcipreste utiliza nuevamente la ironía para demostrar que no existe un aspecto del tema (bueno o malo; utilitario, ideal, formal) que se escape al dominio de la vieja, y de esa manera convertirla en una autoridad completa en el tema del amor mundano.

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Zahareas señala que la razón de ser del oficio de la medianera es el cinismo respecto al amor, de acuerdo con lo cual la vieja desprecia las convenciones morales y sociales sobre el mismo porque considera que la conducta del hombre y la mujer está motivada fundamentalmente por su interés en el amor carnal (op. cit., pp. 168-169). 87 En un pasaje dice "Muchas bodas ayuntamos, que vienen arrepintajas" (705c). También en el epitafio de la sepultura de la vieja se lee: "Con buena rrazón munchos casé e non quis’ locura" (1576c). El mejor ejemplo es el del capítulo de Don Melón y Doña Endrina: "Pues que por mí, desides, que el dapño es venido,/ Por mí quiero que sea el vuestro byen avydo:/ Vos sed muger la suya e él vuestro marido:/ Todo vuestro deseo es por mí bien complido" (890). 76

3. Actitud del Arcipreste hacia la figura de Trotaconventos. El estudio de la relación entre el Arcipreste y la figura de Trotaconventos es importante para nuestro trabajo en la medida en que la medianera se ha venido conformando como representante del amor mundano, mientras que la primera persona del Arcipreste constituye una parte fundamental de la forma del texto y de la estructura didáctica. De esta manera, podríamos presumir que el nexo entre ambas partes reflejará la manera en que concibe el autor al amor mundano o, de otra forma, que la figura de Trotaconventos puede convertirse en uno de los que medios que utiliza el autor para desarrollar sus perspectivas sobre el amor mundano. Como veremos a continuación, entre los juicios del Arcipreste y la figura de la alcahueta puede establecerse una relación irónica, la cual sin embargo no carece de contenido. Por esta razón haremos el estudio en tres partes, de acuerdo con que el juicio sobre la vieja sea positivo, negativo o ambiguo. a) Puede decirse que la ambigüedad en el trato de la figura de Trotaconventos comienza en el mismo discurso de Don Amor cuando, luego de enumerar las características de la vieja (436-443) – moralmente reprensibles – termina por decirle al Arcipreste que ésta que describe "es la mejor", y así mismo que no le mienta, sino que le muestre "buen amor" (443ab). También el Arcipreste hace un juicio ambiguo de la alcahueta cuando, al presentarla por primera vez, intercala elementos de juicio negativos88 con expresiones de alegría. En este pasaje, el Arcipreste presenta un preludio en el que trata la necesidad de actuar con prudencia para ganarse a la dueña (688-691), y del valor que tienen la suerte y la ayuda de Dios para alcanzar los fines propuestos (692-694): Pues que syn Dios non me puede prestar cosa que sea,
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En las Partidas del Rey Alfonso El Sabio consta el poco aprecio que podía tener el oficio de alcahueta en la España medieval. En un lugar dice "otros y ha que se trabajan de las corromper [a las mujeres] por alcahuetas..., de guisa que por el gran afincamiento que les fazen, tales y ha de ellas que vienen a fazer yerro" (Partida VII, tít. VI, ley 5). También quedaba infamado quien "ande en trujamanía, alcaotando e sosacando las mujeres para otro" (ibid, ley 4). Además había pena de muerte para quien "alcahotasse a otra mujer casada, o virgen o religiosa" (VII, XXII, 2) (citado por Castro, op. cit., p. 436). 77

Dios guíe la mi obra, Él mi trabajo provea, Porque el mi coraçón vea lo que dessea: El que ¡amén! dixiere, lo que codiçia vea. (694) Más adelante recuerda que escoger a un mal mensajero puede ser perjudicial (695-696) como le ocurrió con Ferrand García, y expresa su placer por haber encontrado a Urraca. Allí nos dice que en tal hallazgo intervinieron Don Amor, Dios y la suerte (697). No obstante, inmediatamente después la vieja es descrita tal como es, pero a través de la conjunción entre expresiones negativas (698b; 699bcd) y de alegría (698cd): Fallé una tal vieja, qual avía mester, Artera e maestra e de mucho saber: Doña Venus por Pánfilo non pudo más fazer De quanto fizo ésta por me fazer plaser. Era vieja buhona, de las que venden joyas: Éstas echan el laço, éstas cavan las foyas; Non ay tales maestras, como éstas viejas Troyas, Éstas dan la maçada: sy as orejas, oyas. (698-699) En este caso es patente que el Arcipreste hace un juicio ambiguo de la figura de la vieja. Por un lado, se precia de que tal ejemplar haya sido encontrada con la ayuda de Dios, mientras que por otro lado no deja de señalar sus características negativas, aunque sin que exista un juicio moral. La razón de esto se encuentra dentro del mismo ejemplo: el Arcipreste alaba a la alcahueta porque la necesita para encontrar amores (698). Por eso Don Amor recomienda al Arcipreste que trate bien a la alcahueta (con "buen amor"), y por eso también el Arcipreste se encomienda a Dios y espera que la suerte no le sea adversa. Si las características de la vieja son expuestas sin juicio moral, es porque son esas características las que hacen que la vieja sea un instrumento útil para el narrador-protagonista de las aventuras. Este aspecto también puede ser verificado en otros lugares del texto. Una vez dentro de la acción narrativa, el Arcipreste se encuentra con Trotaconventos y la saluda cortésmente y con humildad:
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Desque fué en mi casa esta vieja sabida, Dixele: "Madre señora, tan bien seades venida, En vuestras manos pongo mi salud e mi vida; Sy vos non me acorredes, mi vida es perdida". (701) También en este caso se percibe el interés del Arcipreste, quien se halla enamorado de Doña Endrina y necesita a Trotaconventos para que sirva de intermediario entre ambos89. Por otra parte, podemos decir que en ningún lugar la relación entre las características de la medianera y la ausencia de un juicio moral es tan impactante como en el pasaje sobre los nombres de la alcahueta. En este caso, el protagonista relata cómo insultó sin intención a la vieja cuando ésta le dijo que pensaba dejar el papel de medianera. A pesar de que las características de la vieja son confirmadas a través de diferentes nombres – por lo menos por cuarenta y un veces – la enseñanza del pasaje no es de tipo moral sino práctico: el peor insulto es que el que está basado en la verdad (923)90. b) A diferencia de los casos anteriores, la vieja sí es elogiada muchas veces a lo largo de la narración. Trotaconventos hace volver a la dueña que había alejado por el insulto del Arcipreste, y éste exclama "la
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Uno de los mejores ejemplos de la relación entre el Arcipreste (como seguidor del amor mundano) y la figura de Trotaconventos son las coplas que siguen al insulto del primero: Como dise un Derecho, que "coyta non ay ley" Coytándome Amor, mi señor e mi rey, Dolyéndome de la dueña mucho esto me crey Que estava coytada como oveja syn grey. Ove con la grand coyta rogar a la mi vieja, Que quisiese perder saña de la mala conseja. (928-929ab) 90 El pasaje de los nombres de la alcahueta (924-927) consiste en una enumeración de apodos de las viejas medianeras, los cuales tienen la doble función de nombrar metafóricamente y de señalar en qué consiste el oficio de la vieja ("señuelo", "cordel", "guía", "trotera", etc.): “A la tal mensajera nunca le digas maça,/ Bien o mal que gorgee, nunca l’ digas pycaça” (924ab): Garavato nin tya, cordel nin cobertor, Escofyna nin avancuerda nin rascador Pala, agusadera, freno nin corredor Nin badil nin tenasas nin ansuelo pescador. (925) 79

mi leal Urraca, ¡que Dios me la mantenga!" (939a) y "quien tal vieja toviere, guárdela como al alma" (936d). No importa qué sea lo que haya hecho la vieja, lo único que importa es que logró su cometido ("sacar a la dueña de su seso" – 941d), y que con ello colaboró con los fines del Arcipreste. Si el Arcipreste es capaz de tolerarlo todo de la vieja, es porque su interés es lograr satisfacer su necesidad de compañía, la cual lo aguija constantemente. c) Con respecto a los juicios negativos tenemos el pasaje en el cual el Arcipreste-protagonista, engañado por Trotaconventos sobre la posible boda de Doña Endrina, acusa a la vieja de ser "chismosa" y de "engañar a los necios" (784). Solamente en un caso aparece un juicio moral contra la alcahueta. Se trata del último pasaje del capítulo de Doña Endrina, donde el Arcipreste – como consejero moral – aconseja a las dueñas guardarse "de falsa vieja e rason de mal vesino" (909c). Es claro que aquí la vieja es criticada en conjunto con el hombre, y solamente con referencia a los hechos del capítulo que acaba de terminar. Si la vieja no es criticada de manera más extensa en otros lugares, puede ser porque – como hemos visto – en la obra los comentarios exclusivamente morales suelen ocupar poco espacio. En conclusión, podemos decir que en los pasajes narrativos encontramos una valoración ambigua de la figura de la alcahueta: las características de la vieja son enunciadas sin juicio negativo y, por el contrario, se le alaba por ellas. Esto se explica porque dentro del plano narrativo el personaje del Arcipreste se caracteriza por tener un interés permanente en satisfacer sus deseos de compañía. De esta manera, los rasgos que describen a la medianera son los mismos que la convierten en una de las más eficaces representantes de su oficio, lo cual obviamente beneficia al protagonista. Paralelamente, el juicio del comentarista moral es muy tenue, y solamente aparece en una ocasión y en conjunto con otro referente, el "mal vecino" de la aventura de Doña Endrina. El comentarista moral no solamente es el portador del conocimiento doctrinal, sino que también caracteriza al autor de la obra a través de un conjunto de rasgos que pasan a formar parte de su identidad ante el lector. Valiéndose de la estructura del comentario, el Arcipreste
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nos dijo que el amor mundano es un impulso natural y placentero, por lo cual él también sentía necesidad de participar en él. En el plano narrativo, este aspecto tiene un carácter casi objetivo, lo cual constatamos a través de la valoración de la figura de la alcahueta como un medio útil y eficaz para tener éxito en el amor mundano. De esta manera se puede decir que la caracterización del Arcipreste, en uno y otro aspecto de la obra, antes que contradecirse, se complementa, contribuyendo en ambos sentidos con la definición del tema. Con respecto a los pasajes en los que aparece Trotaconventos, esto significa quizá que, en último término, el logro de los objetivos en amor mundano es más importante que la persistencia en las normas morales; idea que, sin duda alguna, debe leerse como producto de la ironía del Libro. 4. Trotaconventos y el concepto de "Buen Amor". También el concepto de Buen Amor, cuya importancia para la estructura didáctica-moral ya hemos estudiado, se encuentra en contacto con la figura de Trotaconventos. En este punto veremos que el Arcipreste logra sumar las perspectivas del comentarista moral y del protagonista de las aventuras, utilizando como nudo la figura de Trotaconventos (que simboliza su búsqueda del amor mundano). Además encontraremos que la relación entre la vieja y el concepto de Buen Amor contiene rasgos de ambigüedad, aunque en este caso dicha ambigüedad resultará mucho más determinante para el sentido del Libro que en otros lugares. A continuación estudiaremos la relación entre el concepto de Buen Amor y la figura de la vieja en dos partes: en primer lugar, enfocándonos en los lugares en los que tal relación permanece explícita y, en segundo lugar, a través del estudio del Planto de Trotaconventos. 4.1. Relaciones del personaje con el concepto de "Buen Amor". En diferentes lugares de la obra encontramos que existe una relación expresa entre la figura de Trotaconventos y el concepto de Buen Amor. En algunos casos, esta relación no pasa de un simple contacto, como por ejemplo cuando Don Amor recomienda al Arcipreste que trate bien a la vieja, y entonces le dice que le muestre "buen amor" (443b). En otra ocasión, Urraca trata de convencer a una dueña de que acepte el trato
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con el Arcipreste, y entonces le dice "Tened buena esperança, dexad vano temor:/ Amad el buen amigo, quered su buen amor" (1452ab). En ambos casos, el término "buen amor" se refiere a una forma de trato; amable, grato o romántico, pero en ningún caso directamente relacionado con el uso del término en la concepción moral. En otros pasajes, sin embargo, la relación entre el concepto de Buen Amor y la alcahueta es mucho más estrecha. Luego del mencionado pasaje en el cual el Arcipreste insulta a la medianera, ésta le recomienda al primero: “Nunca digades nonbre malo nin de fealdat; Llamatme buen amor e faré yo lealtat: Ca de buena palabra págase la vesindat, El buen desir non cuesta más que la nesçedat”. (932) Luego de lo cual el Arcipreste nos dice: Por amor de la vieja e por desir raçón, Buen Amor dije al libro, a ella toda saçón; Desque bien la guardé, ella me dió mucho don: Non ay pecado syn pena nin bien syn gualardón. (933) La vieja le pide al Arcipreste que le de el nombre de "Buen Amor", a lo cual el autor accede y le da el mismo nombre a la obra. Las razón de la acción del Arcipreste es clara: la vieja le brinda muchos beneficios (933c), por lo cual él le debe "amor" (933a) 91. El nuevo apodo de la vieja queda confirmado en otro pasaje, cuando el Arcipreste requiere de sus servicios y ésta le dice: Vino a mí rreyendo, diz’: "Omíllome don Polo: Fe aquí, buen amor, qual buen amiga buscólo" (1331cd).
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María Rosa Lida opina que el nombre de "Buen Amor" es entregado a la alcahueta de modo irónico, aunque ello no significa que "el poeta descrea del ‘buen amor’ como ‘amor divino’ y ‘amor cortés’" ("Nuevas notas..., art. cit., pp. 46-47). Ramón Menéndez Pidal también señala que el título de la obra es irónico, lo cual se debe a la oscilación en el Libro, que deja al lector con la opción de decidir qué parte de la argumentación prefiere (op. cit., pp. 276-275). 82

El último caso en el que encontramos una relación entre la medianera y el concepto de "Buen Amor" es en el epitafio de la vieja Urraca. Allí se presenta la alcahueta como una autoridad capaz de distribuir el Buen Amor junto con las bendiciones de Dios. Como veremos más adelante, en este caso existe obviamente un vínculo irónico entre la concepción del amor mundano y la moral: "El que aquí llegare, ¡si Dios le bendiga!, E ¡si l’ dé Dios buen amor e plaser de amiga! (1578ab) En las coplas estudiadas el Arcipreste nos sugiere que Trotaconventos, típica representante del amor mundano, se convierte también en representante del Buen Amor de Dios, gracias precisamente a las "virtudes" del oficio que practica. Quien nos dice esto no es solamente el narrador, sino el mismo comentarista (y autor) de la obra, lo que se revela cuando, utilizando un estilo que semeja aquél del Prólogo, nos dice que ha escogido dar la vieja y a su obra el mismo nombre por amor a aquella. De esta manera, el Arcipreste toma los elementos esenciales de la obra (tema, concepción moral, uso de la primera persona) e introduce una ironía que, como consecuencia, termina por abarcar a todo el Libro. 4.2. El Planto de Trotaconventos. Luego de la aventura de la mora, el Arcipreste nos comunica su pesar porque la vieja Trotaconventos ha muerto, dando paso a continuación al canto fúnebre en honor de la medianera (1520-1578). El canto fúnebre o Planctus, puede definirse un discurso en el cual se elogian las virtudes de una figura destacada a propósito de su fallecimiento. Entre las partes del género se cuenta la representación de la pena de los deudos, el elogio del personaje, la oración por su descanso y finalmente un apóstrofe a la muerte 92. El Planto que Juan Ruiz dedica a su vieja contiene también estos elementos, pero el autor, como en otros lugares, introduce valores que no se encuentran en la tradición sino que
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Green, op. cit., p. 84. 83

antes bien tienen que ver con su propia interpretación del tema 93. Para terminar con el análisis de la relación entre Trotaconventos y el concepto de Buen Amor vamos a estudiar el trato que recibe la medianera cuando se le dedica un canto fúnebre, y así mismo en las coplas que conforman el epitafio al final del pasaje. a. El Arcipreste enumera los males de la muerte94, denostándola como "enemiga del mundo" (1520c) y "un mal mayor que el infierno" (1552b), para luego encomendarse a Dios como el único que es capaz de
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En lo que respecta a los valores del pasaje, podemos decir que en el Planto encontramos la misma tendencia al mundanismo que vimos en otros lugares. De acuerdo con María Rosa Lida, aunque el Arcipreste utiliza en el Planto varios de los tópicos medievales sobre la Muerte, el pasaje destaca por "la entera falta de resignación, el horror vivísimo de la muerte y, lógicamente, el júbilo por la victoria de Jesús sobre ella" (Nuevas notas..., art. cit., p. 37). En la Edad Media la Muerte podía ser representada de diversas maneras: como puerta a un mundo glorioso, como igualadora de los seres humanos, etc. (Salinas, Pedro. Jorge Manrique o tradición y originalidad. Buenos Aires, Sudamericana, 1947; pp. 47-54). Sin embargo, en la obra del Arcipreste la Muerte no es una puerta hacia un mundo más feliz, sino la "enemiga del mundo" (1520c); destructora de los bienes físicos y morales. El Arcipreste nos dice, que, además de ser representante de todos los males en la tierra, la Muerte es el origen del infierno y del pecado, con lo cual invierte la fórmula de la tradición (Lapesa, Rafael, "El tema de la muerte en el Libro de Buen Amor", en De la Edad Media a nuestros días. Madrid, Gredos, 1967; p. 66) y le da al mundanismo un carácter trascendental. No obstante, no niega su fe, sino que recurre a ella como el único factor capaz de evitar el triunfo de la Muerte. Como síntesis de la variación que Juan Ruiz introduce en este pasaje podemos decir con Rafael Lapesa que aquí "los términos que corresponden a ‘bien’ y ‘mal’ no son ‘espíritu’ y ‘carne’, sino ‘vida’ y ‘muerte’" (op. cit., p. 74). 94 En la primera copla el Arcipreste invoca a la Muerte y nos da la razón del poema: el deceso de Trotaconventos (1520), por lo cual comienza a denostar a aquella. La Muerte es terrible y ataca a todos sin respetar condiciones ni diferencias (1521-1524), y no importa la calidad de la persona, porque cuando muere todos lo evitan por el espanto que produce la Muerte (1525-1528). Por eso el Arcipreste aconseja que el hombre no la espere sin actuar, sino que invierta el tiempo en hacer buenas obras (1529-1535). Por culpa de la Muerte – nos dice el Arcipreste – los parientes del fallecido no hacen piedades ni buenas obras en su memoria, sino que lo traicionan, quedándose con sus bienes (1536-1543). La Muerte hace que se pierdan las propiedades físicas (los sentidos) y morales (las virtudes corteses), porque odia al mundo (1544-1549). Aún más, la Muerte es un mal mayor que el infierno, y también su origen; su poder alcanza a la tierra lo mismo que al Cielo (1550-1555). La Muerte tocó incluso a Cristo y, aunque éste primero le temió, luego se levantó para azotarla; por eso el Arcipreste se encomienda a Dios, ya que no encuentra otro que lo salve (1556-1567). 84

salvar al hombre. Pero de inmediato utiliza estas ideas para reintroducir la figura de la vieja95, diciéndonos que también ella fue perdonada por la sangre de Cristo (1568cd) y que, debido a los sufrimientos que vivió en la tierra, debe de encontrarse con los mártires en el Cielo (1570). La razón de la actitud del Arcipreste se encuentra bien enunciada en la copla 1571: A Dios merçed le pido que te dé la su gloria, Que más leal trotera nunca fué en memoria (1571ab) Es decir, que si el protagonista llora a la alcahueta y piensa hacer piedades por ella (1572), es porque la medianera le servía bien y era la mejor en su oficio. El Arcipreste lo confiesa en las coplas siguientes,
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Muerte desmesurada, ¡matases a ti sola! ¿Qué oviste conmigo? ¿mi leal vieja dola? ¡Me la mataste, Muerte!, Ihesuxristo complóla Por la su santa sangre; ¡por ella perdónola!. ¡Ay! ¡mi Trotaconventos, mi leal verdadera! Munchos te seguían biva; ¡muerta yases señera!, ¿Do te me han levado? ¡Non sé cosa certera!, Nunca torna con nuevas quien anda esta carrera. ¡Cierto en parayso estás tú asentada!, ¡Con los márteres deves estar acompañada!, ¡Siempre en el mundo fuste por Dios martyriada!; ¿Quién te me rrebató, vieja, por mí lasrada?. A Dios merçed le pido que te dé la su gloria. Que más leal trotera nunca fué en memoria; Fasert’ he un petafio, escrito con estoria: Pues que a ty non viere, veré tu triste estoria. Faré por ty lymosna e faré oraçión, Faré cantar las misas e faré oblaçión; ¡Dios, mi Trotaconventos, te dé su bendiçión! El que salvó el mundo ¡él te dé salvaçión! Dueñas, ¡non me rrebtedes, nin me llamedes neçuelo!, Que sy a vos serviera, ¡oviérades della duelo!, ¡Llorariédes por ella!, ¡por su sotyl ansuelo!, ¡Que a quantas seguía, tantas yvan por el suelo!. Alta muger nin baxa, çerrada nin escondida Non se le detenía, do fasía abatida: Non sé ome nin dueña, que tal ovies’ perdida, Que non tomas’ tristesa e pesar syn medida (1568-1574). 85

donde nos dice que la mejor virtud de la vieja era que ninguna dueña podía resistírsele (1573cd-1574ab). En este caso presenciamos una ironía cuando el Arcipreste lamenta la partida de la vieja porque pierde la oportunidad de obtener los placeres que el amor mundano le proporciona. Por otra parte, el hecho de que se quiera dedicar un elogio fúnebre a la vieja medianera y, en particular, que ésta obtenga los premios que están reservados a aquellos que cumplen con una vida piadosa, consiste así mismo en otro caso de ironía96. b. Más adelante se acentúa la relación entre Trotaconventos y la concepción didáctico-moral de la obra. En el epitafio de Urraca (15761578) la medianera se lamenta del abandono de los parientes y aconseja a los hombres que no dejen el camino de Dios (1577), haciéndose notable su relación con el tema en dos pasajes particulares: "Urraca só, que yago so esta sepultura En quanto andude el mundo, ove viçio e soltura, Con buena rrazón munchos casé e non quis’ locura ¡Cay en una ora so tyerra del altura!" (1576) "El que aquí llegare, ¡si Dios le bendiga!, E ¡si l’ dé Dios buen amor e plaser de amiga! (1578ab) Como en los puntos que acabamos de estudiar, la ironía consiste en otorgarle a Trotaconventos atributos que, por definición, están reñidos con la caracterización del personaje. Recordemos que en el Prólogo la "razón" es un atributo de quienes realizan buenas obras y siguen el amor de Dios, y la "locura" es un atributo propio de quienes pecan. Sin embargo, en la copla 1576, luego de que se califica el estilo de vida de la medianera (b), se dice que "a muchos casó" con "buena razón" y "cordura"; y no con "locura", con lo cual se sugiere que las actividades de la alcahueta pueden estar emparentadas con las prácticas de la santidad. En el segundo ejemplo la ambigüedad es patente debido a que el concepto de "Buen Amor" se encuentra en contacto al mismo tiempo con la concepción didáctico-moral de la obra ("Dios") y con la concepción del amor mundano ("placer de amiga"), con lo cual se encuentran dos
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Zahareas, op. cit., p. 215. 86

extremos hasta entonces opuestos. En suma, se puede decir que en el epitafio de Trotaconventos culmina la relación irónica entre el personaje y el tema, en la medida en el primero, representante del amor mundano, llega a ocupar el lugar que otros elementos ocupan tradicionalmente en la concepción moral del amor. En conclusión, se puede decir que el Arcipreste, luego de colocar a Trotaconventos como representante y autoridad del amor mundano, la convierte también en representante del concepto del "Buen Amor de Dios", ligado como hemos visto a la estructura didáctica del Libro. De esta manera, la figura de la alcahueta es utilizada como instrumento de la intención estética de la obra y, en consecuencia, los rasgos del amor mundano terminan por confundirse con las virtudes del amor divino, con lo cual se completa el sentido irónico de la obra. Conclusiones. En este capítulo observamos que el trato de la figura de Trotaconventos en las aventuras narrativas hace que se conforme como representante del amor mundano y, a través de la ironía, en representante del Buen Amor. Juan Ruiz comienza por definir los rasgos generales de la medianera, los cuales sirven para identificarla con una función específica en el campo del amor mundano. La propia Trotaconventos confiesa que ser medianera es su única preocupación (717), y por ello desarrolla todo tipo de medios para cumplir eficientemente con su oficio. Con respecto al tema del amor guarda fundamentalmente una postura escéptica: aunque es capaz de ser comprensiva con las emociones de los enamorados, por otra parte es cínica y pragmática sobre los deseos y las acciones de cada uno. Por otra parte, en la medida en que es un agente especializado en el amor mundano, Trotaconventos es capaz de concentrar diversas funciones, como la de encontrar a la dueña, seducirla e incluso casar a los enamorados. Urraca se encuentra en una relación especial con el Arcipreste, dado que éste ha definido su inclinación al amor mundano en diversos lugares del texto y concibe a la medianera explícitamente como un medio para obtener lo que desea; con lo cual se refuerza la identificación entre
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la medianera y el amor mundano. Este aspecto se manifiesta en varios lugares, como por ejemplo en la valoración ambigua de la figura de la vieja. Aún más significativo es que el Arcipreste decida dedicarle un canto fúnebre a la vieja y que ésta reciba el galardón que en otros pasajes, como en el Prólogo, se dice que reciben aquellos que vivieron en santidad. En ambos casos se entiende que la muerte de la vieja significa precisamente la pérdida del amor mundano, y que esa es la verdadera razón por la que el Arcipreste la llora. Luego de que se ha establecido la importancia de la medianera, el aprecio del Arcipreste por el amor mundano lo lleva a convertirla en sinónimo del "Buen Amor". Como vimos en el capítulo anterior, el concepto de Buen Amor, aunque es parte integral del marco didácticomoral, sufre diversos tratos hasta el punto en que se convierte en un concepto difuso y ambiguo. Esta ambigüedad será redoblada con la entrada de Trotaconventos, la cual no solamente se apropia del nombre de "Buen Amor", sino que además toma sus rasgos más elementales (como el de razón y el de inspirar buenas obras). De esta manera, el manejo del personaje de la medianera se convierte en el equivalente en la narración de las variaciones sobre los comentarios en la primera parte de la obra. Como consecuencia de este manejo el amor mundano se confunde (irónicamente) con el amor divino, y los rasgos de "malo" y "loco" del amor mundano son sustituidos por los de "bueno" y "cuerdo", propios del amor de Dios. Es claro que en este proceso cumple un papel fundamental la figura del Arcipreste. Recordemos que éste posee al mismo tiempo dos facetas, la del comentarista moral y la del narrador de las aventuras (las cuales supuestamente sirven para reforzar la enseñanza moral de la obra). Sin embargo, el Arcipreste reasume su calidad de autor del Libro para darle un nuevo significado al texto y, con la misma autoridad que argumentaba a favor de la intención moral, nos dice que ha decidido llamar a Trotaconventos y a la obra con el nombre de "Buen Amor", por amor de aquella. En este caso los roles del comentarista y del narrador vuelven a su fuente original, pero no para dejar sentadas las bases didáctico-morales del texto, sino para producir una nueva incongruencia y convertir a la vieja Trotaconventos en representante del "Buen Amor" y
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en emblema de la obra en su totalidad; calidad que se le otorga por ser, en primer lugar, representante del amor mundano.

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IV. Trotaconventos como clave de la concepción del tema en el Libro de Buen Amor. El estudio de la relación entre la concepción del amor y la figura de la medianera Trotaconventos nos ha llevado a través de diferentes lugares de la obra, en los cuales hemos sido capaces de reparar en la complejidad de la obra del Arcipreste. En este capítulo recogeremos los puntos más destacados para fundamentar una tesis que ya ha sido esbozada a lo largo del trabajo: que en el LBA se encuentra una concepción del amor que da preponderancia a los elementos de carácter mundanista; que la misma se despliega a partir del manejo del texto y de la tradición por medio de la ironía; y que esta técnica permite que, entre otros componentes de la obra, el personaje de la medianera emerja como representante de una concepción ambigua y divergente sobre el tema del amor. 1. Interpretación de la estructura de la obra. Para resumir la estructura de la obra podemos remitirnos a tres puntos. En primer lugar, el Libro tiene estructura didáctica, dado que está presentado como obra de instrucción (Prólogo, coplas finales) y está integrado por elementos cuya finalidad es dejar una enseñanza sobre una materia (fábulas, interpretaciones morales, etc.). En segundo lugar, tiene carácter exegético, lo que quiere decir que se propone como una obra de interpretación y poseedora de un conocimiento oculto que puede salir a la luz si los lectores lo interpretan de acuerdo con la tradición. En tercer lugar, la obra tiene carácter moral-doctrinal, ya que recurre constantemente a conceptos de la tradición filosófico-religiosa y, de hecho, existe dentro del marco de la literatura didáctico-moral con raíces en la tradición. Estos aspectos tienen origen en la estructura formal de la obra y en la tradición de textos medievales anteriores a LBA, pero pierden vigencia en el contenido del mismo a medida que son intervenidos por diversos elementos y finalmente desaparecen (o pasan a una estructura más compleja). Al paso que esto sucede, van entrando otros elementos que prefiguran una nueva interpretación de la obra, diferente de la que se establece en el carácter predeterminado del texto.
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Otro aspecto de la estructura del texto es la forma autobiográfica. Ésta origina la aparición de un solo carácter con dos papeles virtualmente distintos: el del narrador-protagonista de las aventuras y el del comentarista o intérprete moral. Como consecuencia, la obra se encuentra dividida en dos planos, el de la narración y el de los comentarios; los cuales están separados pero necesariamente tienen que encontrarse coordinados para que la misma cumpla su fin didáctico. No obstante, también hemos visto que la relación entre el comentarista moral y el narrador adquiere un carácter especial a medida que el texto se desarrolla, de manera tal que se tiende a la formación de un punto de vista que oscila entre la defensa del dogma y los valores de interpretación mundana. El rasgo que acompaña a la variación sobre los elementos originales es la introducción de nuevas perspectivas sobre las materias del Libro, las cuales sirven como sustancia de los cambios hechos por el Arcipreste. Estas nuevas perspectivas, introducidas por el autor en desmedro del fondo de la estructura tradicional, pueden ser divididas en dos tipos: en primer lugar, las que pertenecen a otras tradiciones literarias, como el amor cortés y el ars amandi; y en segundo lugar, las que pertenecen al punto de vista particular del autor, y que pueden intervenir incluso en el desarrollo de éstas últimas, como por ejemplo el juego con temas religiosos o la apoteosis del amor mundano en el pasaje del recibimiento de Don Amor. En definitiva, se puede decir que en el LBA el autor oscila entre varias alternativas, y se vale de tradiciones literarias distintas de las predeterminadas tanto como de su propia opinión, como base de apoyo de su mundanismo. Para ello, el autor se vale de las técnicas de la ironía, la cual le permite introducir el "nuevo" texto a partir de la estructura del texto original. Sin embargo, en ningún momento podemos perder de vista que el elemento que da forma a la obra es la estructura didáctica. Éste es el factor que brinda el marco y el fundamento a la trasgresión del género, a través del manejo irónico de la estructura principal (didáctica). En otras palabras, se puede decir que la efectividad de la apología del amor humano depende de la misma estructura didáctica, manipulada de acuerdo con la intención del autor.

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2. La concepción moral y su definición del tema del amor. El LBA es también producto de una concepción doctrinal específica, la cual pertenece al ámbito de la tradición filosófico-religiosa dominante en la época en que fue escrito. Desde este punto de vista, el objetivo de la obra (es decir, su objetivo "ostensivo" o exterior) es brindar un marco de interpretación al tema del amor humano y el amor divino a partir de la misma tradición. De allí que la intención original del texto, de acuerdo con los aspectos que señalamos al principio (didactismo, exégesis y carácter doctrinal), sea presentar la concepción de la tradición sobre el tema del amor humano y su relación con el amor divino. Precisamente a este fin sirve la estructura didáctica ya que, a través de los discursos, los ejemplos (de los cuales las aventuras son el tipo más importante), las fábulas y los comentarios, la obra debía servir como espejo fiel de una concepción de la realidad (lectura alegórica) y, en último término, de la realidad misma. En este sentido, uno de los aspectos más importantes, es el de la creación de los conceptos fundamentales de "Buen Amor de Dios" y "Loco Amor", los cuales tienen como función servir de base para que la postura moral presente su propia concepción sobre la materia. Estos dos conceptos, parte de un mismo sistema, deben conformar el tamiz a través del cual la realidad debería ser interpretada, de manera que se pueda presentar un juicio sobre su validez. Dicho de otro modo, los conceptos de "Buen Amor de Dios" y "Loco Amor" debían establecerse como patrones, con los cuales sería posible medir los hechos de la realidad, para luego determinar en qué medida una manifestación específica es correcta y puede ser aceptada por la moral, o si al contrario, ésta es incorrecta e inmoral. Los conceptos de "Buen Amor de Dios" y "Loco Amor" corresponden, por otra parte, a una visión del mundo en la que la realidad está dividida en dos planos: el plano terrenal (donde habita el hombre y el mal), y el divino (fin hacia el que debe tender la vida del hombre). Ésta es una postura dogmática que da lugar a diferentes determinaciones, organizadas en antítesis más o menos elementales (Dios/mundo, buenas obras/pecado, etc.); y en la cual todos los elementos de la realidad
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pueden ser abarcados y catalogados. En consecuencia, la definición de los conceptos de la concepción moral del amor reflejan también esa división. Podemos definir el "Buen Amor de Dios" como la pasión del amor ordenada hacia Dios, que lleva a hacer buenas obras y conduce a la salvación; y el "Loco Amor" como la pasión del amor dirigida hacia otro ser diferente a Dios, cuando ésta lleva a cometer pecado con el cuerpo y a hacer malas obras, conduciendo al alma a la condenación. Los conceptos de "Buen Amor" y "Loco Amor" también son afectados por los cambios que sufre la estructura de la obra. En primer lugar, se ven intervenidos por el autor, perdiendo al mismo tiempo coherencia y eficacia. Esto es lo que sucede cuando no se le da al término "Buen Amor" un sentido constante, así como cuando el autor da el mismo nombre a su vieja y a la obra. De este modo, se abre poco a poco una brecha en el marco conceptual de la obra; la cual, por otra parte, aumenta en la medida en que penetran otros aspectos de la concepción del tema. 3. La concepción del tema del amor. Como hemos señalado antes, el Arcipreste puede utilizar diferentes tradiciones literarias para establecer una concepción del tema que se oponga a la que se encuentra predeterminada por la concepción moral. Con ello da base, en cierto sentido, a la materia del amor humano, cuando extrae del monopolio de la tradición la determinación sobre el tema de la pasión humana y demuestra que existen otras concepciones que pueden mostrarnos los valores y beneficios de la misma. En definitiva tenemos que el Arcipreste introduce, en el marco de una obra de carácter didáctico-moral, nuevas concepciones del amor, las cuales son diferentes de la concepción moral, y que se basan en la utilización de ciertas convenciones literarias tanto como en la misma variación que el autor hace sobre ellas, dentro de la intención y técnica de la composición. Lo más interesante, sin embargo, es lo que resulta de todo ello: el autor nos presenta una visión del mundo en la que se confrontan (irónicamente) la concepción moral con la humana y, desarrollando en mayor medida

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este último ámbito, diseña una realidad en la cual encuentran sitio elementos divergentes97. El punto de partida del Arcipreste es la presentación de las causas que probablemente motivan al hombre a sentir necesidad del amor, así como a insistir en su búsqueda; ésta es precisamente la función que cumplen el pasaje basado en Aristóteles y el de la astrología 98. Luego de la presentación de la intención de la obra en el Prólogo, y de advertirnos sobre la interpretación de la misma, Juan Ruiz nos conduce contradictoriamente a la conclusión de que existen fuerzas que inclinan al hombre hacia las formas del amor mundano. Basándose en el naturalismo de Aristóteles y en la tradición filosófica del determinismo y el voluntarismo, el autor dice que las acciones del hombre pueden ser legítimamente conducidas por elementos distintos de la razón y la moral. Aún más, actuar de este modo trae placer al hombre, tanto si es producto de la unión física con "fenbra plazentera", como si lo lleva a intentar
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Adicionalmente, se puede señalar que la realidad que presenta el Arcipreste es variada y compleja, ya que no se contenta con presentar observaciones parciales sobre el tema, sino que logra confrontar diversos aspectos de los mismos, entregando, en último término, una nueva fundamentación sobre el tema del amor humano. 98 En el primer caso, que se ubica luego del pasaje sobre la interpretación del Libro, el Arcipreste se vale de un texto autorizado por la tradición (Aristóteles) para utilizar un discurso filosófico-científico y darle a sus propias propuestas un marco de aparente objetividad. Como hemos visto, en todos los casos la idea sobre el amor es introducida a partir del manejo que hace el autor de la estructura de la obra. En este caso, el Arcipreste nos dice que el hombre está inclinado al amor físico y a tener un deseo permanente debido a su propia naturaleza biológica, la cual lo condiciona como a los demás animales. Esta fuerza es tan irresistible que el hombre, aunque ve que peca (moral), no deja de hacerlo, puesto que es incitado por la naturaleza (75). El Arcipreste agrega una consideración similar en un comentario posterior a éste. Allí desarrolla la idea de que las estrellas tienen el poder de determinar las acciones y el destino del hombre, y que éste poder sólo puede ser contrarrestado si el hombre opta por recurrir a Dios, que posee un poder mayor. Luego (a través de un juego entre el comentarista y el narrador) traslada la idea a su experiencia cotidiana ("cada día") y nos dice que todo hombre nacido en Venus también está señalado por su signo, que lo inclina a buscar el amor de las mujeres aunque la suerte le sea siempre adversa ("estar a la sombra"). En relación con el pasaje anterior, aquí no se trata del amor físico ni de las malas inclinaciones que llevan al hombre a cometer "locura", sino antes bien a "servir a las dueñas" (153b), términos que nos acercan a la visión del trato cortés. 94

lograr los bienes de las dueñas y del amor. En otras palabras, son factores como la naturaleza innata del hombre y la determinación de las estrellas, los causantes de que el hombre sienta deseo físico o amor por las mujeres, y no tanto ya la "falta de razón" que - desde la concepción moral - lo lleva a pecar. Por eso se puede decir que las preocupaciones del autor son terrenales y no divinas, puesto que su discurso nos lleva a creer que existen motivaciones y justificaciones para que el hombre practique el amor mundano, y que eso no puede ser remediado por la moral ni por la religión, demasiado lejos de su realidad cotidiana. En este sentido, estas ideas representan una forma de revaloración del amor humano, la cual nuevamente llevaría al lector a tener que escoger entre la postura moral y la terrenal. Hemos destacado la existencia en el Libro de una construcción ideal sobre el tema del amor humano. En este caso, el Arcipreste utiliza las herramientas que le brinda la tradición del amor cortés para darle forma a una concepción que deriva un sistema ideal de la misma materia del amor humano, de tal manera que podemos decir que por segunda vez el Arcipreste se presenta con una postura a favor del amor humano con la elaboración de una representación plena de idealización y simbolismo, en la cual el amor humano aparece como fuente de virtudes y centro de un sistema de valores mundanos; y una vez más, alejado de toda insinuación moral u otro tipo de consideración más extensa. No es despreciable en absoluto que, frente a la idealización abstracta de su modelo formal, Juan Ruiz incluya trazas de realismo, que convierten su concepción en una cuestión más sensible, aunque en mayor conflicto con los conceptos morales siempre presentes en el Libro99.
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Tomemos en cuenta que es posible abstraer dos aspectos en el procedimiento del Arcipreste: o bien la concepción ideal se impone en la visión de la realidad, o bien se introducen elementos realistas en el seno de la concepción ideal. Consideremos el primer caso. Si bien la concepción ideal del amor trata, como hemos dicho, del amor humano, lo que la caracteriza es la creación de un orden ideal que tiene como base el propio amor humano. En otras palabras, el credo del amor organiza el mundo, establece un conjunto de valores y le da sentido a la acción y forma a las relaciones humanas, de tal manera que, en suma, ocupa el lugar de cualquier otra concepción de la realidad para convertirse en la base de una nueva concepción, en la cual el amor humano es el centro. Por eso puede decirse que, paralelamente al mundo moral que mantiene la estructura didáctica del Libro, existe otro mundo, creado por los valores del Arcipreste y el recurso 95

Además de la concepción naturalista y la concepción ideal, hemos destacado que en Juan Ruiz existe una elaboración del tema del amor como algo práctico. En este caso, el amor se concibe como una materia sobre la que es posible construir una doctrina (teoría), así como aplicar un conocimiento (técnicas) a unos fines específicos. Al discurso que se venía tejiendo se añade ahora la determinación de una concepción del amor como algo práctico, la cual nos traslada del plano de los comentarios al de la narración. Este caso representa una nueva extensión sobre el amor humano, en el cual Juan Ruiz nos muestra las implicaciones circunstanciales de un juego de amor, en franca oposición con los preceptos de la concepción moral. Como en el caso de la concepción ideal, los rasgos de la concepción práctica se imponen también sobre la realidad, teniendo como consecuencia la representación

a la ironía, y en el cual el tema dominante es el amor humano idealizado. Entonces vemos que la concepción ideal sirve para darle barniz a ciertos aspectos de la historia, de modo que sobre el orden terrenal del "burgos" se impone el orden ideal, cuyos actores son extraídos de la primera realidad y puestos en esta, para que sigan una especie de juego predeterminado sobre el tema de la concepción ideal. En otros pasajes vemos cómo se da el caso inverso, o de qué manera aparecen elementos realistas dentro de la concepción ideal. Por ejemplo, el Arcipreste invoca las virtudes del amor partiendo de un discurso basado en la experiencia, y presenta como un hecho cierto que la pasión amorosa produce tales transformaciones en los enamorados como las que se narran. Aún introduce otro elemento de realismo cuando se refiere a que el amor cambia incluso el mal aspecto de los amantes. Por último, encontramos una forma de realismo objetivo cuando, valiéndose de la voz del comentarista-consejero moral, logra convertir lo que hace un momento se consideraba un bien en un defecto: el amor también muestra las cosas malas de manera engañosa ("aunque dan buen olor"). Por todo esto puede decirse que el Arcipreste construye un sistema ideal que sin embargo se encuentra anclado en la tierra, lo que sin duda contribuye a hacerlo más verosímil y efectivo Finalmente, la concepción ideal del Libro alcanza también implicaciones trascendentales, como vimos en el caso específico de las coplas 1548-1549 en el Planto de Trotaconventos. Aquí Juan Ruiz construye una imagen del amor que se identifica con los rasgos del amor cortés. Solamente si entendemos que para Juan Ruiz la muerte es una preocupación tan real como el amor y el placer mundano, lograremos imaginar la extensión del sentido en estas coplas, en las cuales el amor y la vida son puestas frente a frente con la Muerte. 96

de un mundo cada vez más complejo, en el que diversos elementos coexisten en torno al tema del amor humano100. En suma, el autor presenta al amor como algo natural, imperioso, placentero; como fuente de virtudes y como algo real y susceptible de experimentación. Con respecto al Buen Amor de Dios existe una relación contradictoria: el hombre puede seguir la senda del amor divino mientras pueda, pero diferentes fuerzas tratarán de tentarlo para que busque el amor mundano, el cual, por otra parte, es capaz de proporcionar amplios beneficios. El Arcipreste presenta una concepción del tema como algo humano, que puede ser confrontado con la moral en tanto que está determinado por tantos aspectos que la desbordan. En definitiva se trata de un juego entre lo ideal y lo real, entre lo moral y lo mundano (no lo inmoral), en el cual el autor logra presentar las virtudes de cada lado, aunque a través de la ironía se deje ver que le da más valor al último ámbito. 4. Trotaconventos y la concepción del tema del amor. Juan Ruiz, como compositor auto-presentado y como comentarista moral se convierte en una autoridad dentro de la obra: ordena el texto y presenta los juicios con respecto al marco moral. Sin embargo, a pesar de que como personaje debe servir supuestamente para
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La representación del amor práctico también nos coloca frente a una nueva concepción del amor. En este caso, no solamente tenemos presente la doctrina y la técnica del ars amandi, sino que a partir de ella podemos inferir una realidad con características específicas. Los habitantes de este mundo guardan en su intimidad todo tipo de sentimientos marcados por la realidad del tema: el deseo de la amada en el caso del enamorado; o bien los llamados de Venus que hacen dudar a la dueña, unido a sus temores y su vergüenza. Además, existen todo tipo de circunstancias reales, como la calidad de los modales que el enamorado debe aprender, el tacto y la sobriedad que debe tener en el trato con la dueña, la tarea de ganarse a sus conocidos, realizar grandes proezas, e incluso saber contrarrestar la acción de la madre de la enamorada, que bien conoce lo que se trae el hombre entre manos. Esta es otra de las razones por la cual la concepción práctica está relacionada con la narración de las aventuras; porque a diferencia de los casos anteriores, allí todo es acción y movimiento, presenciamos el encuentro entre el enamorado y la dueña y, también muy importante, existe la tensión constante de saber si las acciones del hombre lo llevarán al éxito o si, por el contrario, lo conducirán al fracaso. 97

ilustrar los males del Loco Amor, el Arcipreste se caracteriza sobre todo por tener una marcada inclinación hacia el amor mundano, tal como nos los deja ver en los comentarios y como protagonista de las aventuras. De esta manera, la ironía coloca a la "autoridad" del Arcipreste al servicio de la defensa del amor mundano, hasta el punto de que no solamente cambia el papel del personaje, sino que además se juega con los conceptos claves de la obra y con su misma forma. Por otra parte, se puede decir que la división del texto en un plano de los comentarios y un plano narrativo contribuye con la acumulación de elementos de sentido en la obra 101 a través de las variaciones que el Arcipreste introduce en las fuentes que utiliza, en la estructura de los comentarios y en el contenido de las aventuras. Teniendo en cuenta los dos aspectos mencionados podemos abordar la cuestión de la función de Trotaconventos en la obra. La alcahueta puede servir como un elemento de significado que, debido a la importancia de la primera persona, depende del manejo que el autor haga del personaje. Como hemos expuesto, Trotaconventos se conforma como un representante del amor mundano y, gracias a la inversión que es producto de la ironía, en una variante del significado del término "Buen Amor", con lo cual se cierra el sentido irónico del texto. Ahora bien, es necesario responder a la cuestión sobre la manera en que Trotaconventos se relaciona con la concepción que tiene Juan
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Hemos distinguido en la estructura de la obra entre una primera parte – o plano – en la cual tienen preponderancia los comentarios del Arcipreste sobre el tema (70-181); mientras que en el resto de la obra tienen más importancia las aventuras en las que participa la medianera Trotaconventos. Tomando en cuenta este aspecto, se puede decir que cada plano contribuye de alguna forma con la definición de la concepción del tema. En la primera parte – mientras que la figura de al medianera no es más que una imagen borrosa – el Arcipreste despliega su propio punto de vista sobre el amor (como algo natural, placentero, imperioso, etc.) y se identifica a sí mismo como alguien que desea y persigue los bienes del amor mundano. Mientras tanto, en las aventuras, el Arcipreste tiene oportunidad de lograr cumplir sus ambiciones con la ayuda de Urraca, la cual, poco después del discurso de Don Amor, se convierte en la figura más o menos definida que ya conocemos. De esta forma, puede decirse que la elaboración del tema a través de los comentarios y a través de las aventuras – por medio de la figura de Trotaconventos – se complementan para terminar de delimitar la concepción del amor en la obra, proceso que encuentra su mayor expresión en la muerte y ascensión de Trotaconventos. 98

Ruiz sobre el tema. En primer lugar, Juan Ruiz convierte a la medianera en representante del amor mundano a través de diferentes medios. Dentro de la estructura de la obra, la alcahueta es precisamente el intermediario entre los enamorados y, por ello, un elemento catalizador dentro de la trama de las aventuras102. Por otra parte, con respecto a la descripción encontramos pasajes (específicamente el discurso de Don Amor) en el cual se presenta a la alcahueta como un instrumento de conquista imprescindible, y sus características – que más adelante se concretan en Trotaconventos – como los propios de la medianera ideal. En las aventuras el personaje revela que su especialidad es el trato amoroso (717), y demuestra que es hábil y que conoce varios medios que son útiles en su oficio; como los argumentos, trucos e historias que utiliza para convencer. Con respecto al amor guarda una actitud fundamentalmente pragmática, como queda demostrado en las observaciones que hace a los enamorados, así como en el hecho de que a pesar de que conoce los aspectos "ideales" del amor (como los sentimientos de los enamorados o los "síntomas" del enamoramiento), prefiere trabajar sobre los aspectos prácticos, puestos que son éstos los que ha encontrado en mayor medida en su oficio. Por último, dado que la medianera aparece como un personaje lleno de sabiduría sobre la materia, y así mismo porque es capaz de cumplir varios papeles (como encontrar a la dueña, aconsejar al hombre, proporcionar el sitio de encuentro e incluso "casar" a los enamorados metafóricamente), la misma se convierte en una especie de autoridad – si no una institución – sobre el tema del trato amoroso. El pragmatismo y la especialización convierten a la medianera en símbolo del amor mundano - si bien en un símbolo sui generis – el cual, sin embargo, no encuentra relación positiva con la concepción moral. El
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La figura de la medianera se convierte en parte integral de la estructura de los episodios narrativos en la medida en que cumple precisamente el papel de "catalizador" o mediador de los hechos de la trama. Aún más, se puede decir que la formación de la figura de Trotaconventos o de la alcahueta ideal alcanza a toda la obra: tiene inicio en los ensayos fallidos de conseguir al mejor mensajero en las primeras aventuras, pasa a la formulación prescriptiva en el discurso de Don Amor; cuyas pautas se realizarán en las aventuras y se complementarán con otras; para terminar con la muerte de Trotaconventos, que coincide con el final de la obra. De esta manera, resulta claro que el desarrollo de la medianera se da en forma paralela con el desarrollo del tema. 99

Arcipreste se encarga de desarrollar el interés por el amor mundano, y ese interés tienen como consecuencia la aparición de una figura particular que sirve como recipiente de una concepción mundana del tema (caracterizada en todo caso por su pragmatismo y por su ambigua conciencia moral). En conclusión se puede afirmar que, si por una parte el término "Buen Amor" representa el dominio de la concepción ideal y moral sobre el tema; la medianera, en el extremo opuesto, encarna el dominio del amor no moral y pragmático. En este sentido, es claro que cada polo tendrá efectos diferentes sobre el desarrollo del texto dependiendo de la actitud que asuma el comentarista-narrador sobre la materia. Recordemos que el Arcipreste se identifica en los comentarios y en las aventuras como alguien proclive al amor mundano, para lo cual nos da diversas razones103. El Arcipreste se presenta en los comentarios como destinatario de todos los bienes que produce el amor mundano, tal como vemos que se desarrolla en las aventuras. En el caso de su relación con la alcahueta, hemos visto que a la misma se le alaba por aquellos rasgos que, aunque moralmente reprensibles, la convierten en una herramienta ideal para la consecución de los fines del enamorado. En consecuencia es un criterio práctico y no moral lo que define la manera como el Arcipreste juzga a la vieja, por lo cual se puede decir que aquel da preferencia a los fines del amor mundano antes que a los fines morales. En la medida en que existe una relación entre la figura de la medianera y la concepción del tema es claro que aquella sirve al propósito de la defensa del amor mundano. La necesidad que siente el Arcipreste, a imagen de todos los hombres (como se infiere del uso didáctico de la primera persona 104), por no tener que sufrir soledad y por disfrutar los beneficios del amor
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En este sentido es posible recordar las ideas que elabora el Arcipreste en los comentarios, y que pueden ser tomados como "argumentos" a favor del amor mundano (como el elogio de la mujer). Ya hemos destacado que en repetidas ocasiones el Arcipreste extiende dichas conclusiones sobre la figura de la primera persona. 104 De esta manera la primera persona de la estructura didáctica cambia su función dado que, en lugar de presentar a un personaje que se equivoca y sirve de escarmiento de su mala conducta, nos muestra un personaje que no solamente actúa erradamente, sino que además persiste en sus errores y extiende la justificación de los mismos hasta lugares insospechados. 100

mundano se convierte en justificación de los manejos ulteriores de la obra, en particular del concepto de Buen Amor. En este caso es particularmente significativo el pasaje en el que el autor le da a la medianera el nombre de "Buen Amor" como premio a sus servicios, así como también cuando escribe un epitafio en su memoria. En cada uno de estos ejemplos es patente el papel del Arcipreste como autor o compositor de la obra, mientras que al mismo tiempo se da paso a la ambigüedad cuando se establece una relación explícita entre elementos que se encuentran contrapuestos (como por ejemplo el "buen amor" y el "placer de amiga" en el epitafio de la medianera). De esta manera resulta evidente que la exaltación irónica del amor mundano asciende a un nuevo nivel cuando el propio autor y organizador de la obra confunde intencionalmente la figura de la vieja, representante del amor mundano y no moral, y el concepto de Buen Amor, fundamento de la concepción moral, invirtiendo los valores predeterminados de la tradición a través de la figura de la ironía. Conclusiones. La determinación del sentido final del texto es una tarea a todas luces difícil, en el sentido de que la dinámica de la obra no permite que le atribuyamos a Juan Ruiz la autoría de opiniones concretas sobre el tema del amor, lo cual por otra parte sería cometer una injusticia en contra de la habilidad y la creatividad del Arcipreste. Por esta razón una consideración final sobre la obra deberá ser, de acuerdo con nuestro enfoque, fundamentalmente de tipo estético. En este trabajo hemos demostrado que Juan Ruiz utiliza la técnica de la ironía para esbozar una concepción del tema que revalora ciertos aspectos de naturaleza mundana; de tal manera que, contra una concepción abstracta y normativa del amor, prefiere una que otorga un lugar apropiado a la realidad, a la experiencia y a elementos de diverso origen como la idealización de la mujer (por encima del pecado), o incluso el placer. La apología del amor mundano, que encuentra fundamento en la experiencia ficticia del autor, alcanza a todos los hombres: el ser humano no puede rechazar los beneficios del amor mundano, no solamente porque existen incontables elementos que actúan
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en su contra (como la costumbre, el hado o la suerte – 166), sino además porque, en definitiva, el amor mundano es algo bueno, fuente de virtudes y placentero. La persistencia del autor en estas ideas queda verificada en el trato de la figura de Trotaconventos, la cual no solamente es caracterizada en sus aspectos más representativos, sino que además es alabada precisamente por aquellos rasgos de su carácter que claramente merecerían que fuera objeto de una represión moral; al tiempo que se la convierte en una autoridad en todo lo referente al amor mundano. La culminación de este proceso se encuentra en aquellos pasajes en los que el Arcipreste, actuando como compositor, comentarista y protagonista de la obra, confunde intencionalmente algunos rasgos de la alcahueta con los del Buen Amor de Dios, y lleva a aquella a descansar entre los santos para repartir bendiciones, o bien da el mismo nombre a la vieja y al Libro. De esta manera, el Arcipreste transforma los conceptos tradicionales, asignándole al amor mundano (el Loco Amor) y a su representante ciertos rasgos característicos del Buen Amor (como "razón", "buenas obras" y "autoridad"), para completar una visión en la que (a través de la ironía) prevalece la concepción mundana frente a la tradicional. Es precisamente a través de la figura de Trotaconventos que el Arcipreste logra convertir al amor mundano en algo tan "bueno" y deseable como el amor de Dios. A pesar de lo anterior, no se puede afirmar que Juan Ruiz pensaba seriamente todas estas cosas. Las ideas que sugiere el autor sobre el amor mundano, en la medida en que utilizan como vehículo la ambigüedad y la ironía, son en realidad el motivo de un conjunto de incongruencias que, a la larga, no pretenden otra cosa que divertir, tal como lo hacían las bromas de los goliardos sobre la tradición y el clero. Sin embargo, Juan Ruiz logra fijar diversos aspectos de la realidad humana y, aunque sea con intención humorística, los deja expuestos a la luz y demuestra que son, al mismo tiempo, necesarios y contradictorios. En la realidad que nos presenta el Arcipreste, el ser humano aparece sometido a una infinidad de fuerzas (Dios, la naturaleza, el destino, la muerte, etc.). En este mundo la presencia permanente del sufrimiento y la amenaza de la muerte encuentran alternativamente respuesta en la fe (que origina las restricciones de la moral), o en la evasión y el placer. El Arcipreste organiza y visualiza esta realidad a través del problema del amor y la
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contradicción entre el amor divino y el amor mundano, y termina por presentar una visión tan compleja como el hombre, el ser que le dio origen.

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