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El Viejo Topo, nº 230, marzo 2007

El Viejo Topo, nº 230, marzo 2007

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Salvador López Arn a l

ejecutivos empleados ➡ Proporción entre salarios de altosSuecia: y13 a 1 medios en: Francia: 15 a 1 Gran Bretaña: 24 a 1 Estados Unidos: 475 a 1 de la 87 % (260 millones). ➡ Ciudadanos USA que no dudande queexistencia de Dios:Tierra durante Ciudadanos USA convencidos Jesús volverá a la los próximos 50 años: 22% Ciudadanos USA que consideran lo anterior bastante probable: 22% Ciudadanos USA que tienen una opinión “negativa” de la gente que no cree en Dios: más del 50% Ciudadanos USA que creen muy importante que los candidatos a la presidencia sean “firmemente religiosos”: más del 70% Ciudadanos USA que creen en la existencia de Satán: 68% Ciudadanos USA creen en la teoría de la evolución: 28% España ➡ Incremento de precios en 2001 : (IPC) en 2006: 2,6% Incrementos reales desde Pan: Carne de cerdo: Bacaladilla: Café con leche: Menú del día: Matrícula universitaria: Entrada de museo: Vivienda: Móvil: Cuota telefónica: 100% 75% 75% 80% 66% 90% 100% 156% 66% 36%

explotados sexualmente en el ➡ Menores promedio del tratante por cadamundo según UNICEF: 2 millones. Ingresos menor: 13.000 dólares mensuales. Países europeos con más turistas sexuales: Francia, Italia, Alemania, Bélgica, España. Españoles que viajan anualmente a Latinoamérica para practicar sexo con niños: 35.000 ejercen ➡ Niñas que100.000 la prostitución en: Filipinas: México: 250.000 Brasil: más de 500.000 República Dominicana: 250.000 vive que alcanza ➡ Población queBanglaen Harlem (Nueva York)misma edad: los 65 años: 40% Población de Desh que alcanza esa 55%

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opinión

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aís de locos. País de vociferadores, de mentirosos, de liantes. Y también de crédulos, de inocentes, de buena gente. Una voz clama en la radio (adivinen de quién): ¡Mentira, men tira! ¡No sabemos quién puso las bombas, pero lo que es seguro es que los que están en el banquillo no las pusieron! País de locos. A Ibarretxe lo llevan a los tribunales; le imputan un delito relacionado con la sedición. Nada menos. Es una acusación tan ridícula que sólo en un país de locos se le daría curso. Luego, el lehendakari monta un festival grotesco para sentirse apoyado en su visita a la Audiencia. La locura es contagiosa. En los campos de fútbol el griterío es ensordecedor, una forma de liberar las zozobras y angustias de la semana. Pero en el partido Valencia-Barcelona los decibelios aumentaban cada vez que un defensa barcelonista, Oleguer Presas, tocaba la pelota. Era la forma en que el público recriminaba a Presas haber escrito un artículo en el periódico vasco Berria. Un artículo que nadie debía haber leído, porque su contenido es impecable. Un contenido que suscribiría la inmensa mayoría de gritones que vo c i f e raban en el campo si lo hubiera firmado otra persona. Pe ro Presas es independentista, y no debe ser escuchado: hay que aumentar el ruido, taparle la voz. Incluso al independentista pre s idente del Barça, Joan Laporta, se le abri e ron las carnes al ver que Pre s a s, además de futbolista, era ciudadano. ¿Dónde quedó aquello de “yo no estoy de acuerdo con lo que dice, pero daría mi vida p a ra que pueda decirlo”? Pero hay muchos más gritos; por ejemplo, los de la Asociación de Víctimas del Terrorismo; gritos que pretenden marcar la agenda de gobierno, enmendar la justicia, imponer sus criterios. También los del Foro de Ermua, anunciando a Zapatero su voluntad de que el actual presidente reciba el mismo “tratamiento” que su abuelo. La algarabía no cesa en este país de locos, en el que ETA puede afirmar sin sonrojo que la tregua no se ha interrumpido, aunque haya volado un edificio y asesinado a dos personas. Y en cuanto a algarabía, la montada alrededor del Estatuto de Cataluña se ha llevado la palma. Una algarabía que no se ha acabado; ahora ronda por los despachos del Tribunal Constitucional. Los mismos que se dan codazos para colocar a los “suyos” en las altas instancias judiciales se quejan de la politización de la justicia cuando presumen que las sentencias no van a favorecerles. País de locos. Como de locos es que se forzara la aprobación de un Estatuto que corre el riesgo de ver invalidada algunas de sus partes por el Tribunal Constitucional. Un Estatuto ambicioso, dijeron los que lo impulsaron. ¿Ambicioso o irresponsable? Porque si se declarara parcialmente inconstitucional, nos hallaríamos ante un problema de gran calado: el pueblo de Cataluña, ciertamente a trancas y barrancas, ha aprobado ese Estatuto, es decir, ha decidido democráticamente darse ese marco legal, y se supone que, en democracia, eso es sagrado. Y si la Constitución no le da cabida, entonces habría que cambiar la Constitución. Pero eso, como todo el mundo sabe, es imposible por múltiples razones, que no desarrollaremos aquí por simple falta de espacio. Así, el conflicto afecta a los fundamentos de la democracia: el poder del pueblo queda en entredicho. Aquí podría empezarse otra discusión sobre el pueblo catalán, el pueblo español, cuál es la voluntad que ha de prevalecer, etc., pero esa es una discusión larga en un terreno plagado de arenas movedizas. Pronóstico: todo el mundo acabará cabreado, la histeria seguirá creciendo y los decibelios aumentando. Ruido. Algarabía. Sinrazón. Irresponsabilidad. Ambición. Hambre de poder. Mentira. Esos son algunos de los ingredientes del maldito cóctel que nos plantan ante las narices cada día en este país de locos. He aquí un buen consejo: no lo beba. Miguel Riera

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Joachim Murat, mariscal de Francia.

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Robert Doisneau: el último baile
texto de Higinio Polo

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l pasado mes de febrero se clausuraba la exposición que el Ayuntamiento de París había dedicado a Robert Doisneau: Paris en liberté. Todas las imágenes capturadas por él se resumían en París, en la libertad, en el ciudadano que trabaja, pasea y observa la vida; también, en la inquietante certeza de unos instantes detenidos en el tiempo que hoy, pese a ser tan cercanos, son casi arqueología, polvo de un pasado que nos explica quiénes somos pero que también nos anuncia nuestro propio destino.

Robert Doisneau nació en 1912, en Gentilly. Era hijo de una familia obrera, y empezó muy joven a fotografiar, mientras trabajaba en oficios diversos, cuando estaba ya enamorado de la cámara, de esa Rolleiflex milagrosa que podía fijar una escena para siempre. Un momento importante de sus años de formación fue cuando entró a trabajar en el taller de un artista, André Vigneau, donde Doisneau permanecería hasta su incorporación al ejército para cumplir el servicio militar. Son los años en que Doisneau se interesa por Man Ray y por algunos otros fotógrafos. Ray era un norteamericano protagonista de la vanguardia artística que vivía entonces en París, y a quien su interés dadaísta le había hecho experimentar con los negativos, inventar el rayógrafo (con tan poca fortuna, que ni ha penetrado en la lengua), además de publicar varios libros con fotografías, pero que decidiría volver a su país tras la ocupación nazi de Francia. Ray parece un reverso de Doisneau, quien no especulaba con la vanguardia y que se quedó en París, aunque llegaran los nazis, porque esa ciudad era su casa y su vida. Sin embargo, el interés de Doisneau por Ray, que le llevó a fotografiar objetos, no se plasmó en sus inclinaciones posteriores. Cuando Doisneau volvió del servicio militar, pudo trabajar como fotógrafo publicitario en la Renault, en BoulogneBillancourt, en esos mismos suburbios de París, empleo que

no le satisfacía pero que le permitió documentar rasgos de la vida obrera y del trabajo industrial. En 1939 es despedido de la Renault por sus constantes retrasos en la entrada al trabajo: no le interesaba demasiado el mundo de las máquinas, ni las industrias, prefería la gente y sus pequeños gestos, los galanteos de un hortera o las miradas furtivas de una joven, el paso de un niño o la algarabía de un mercado. En esa forma de mirar la vida, de espiar la existencia, se encuentra la esencia de las imágenes de Doisneau. Con la Segunda Guerra Mundial, Doisneau es reclamado por la comandancia en la drôle de guerre, pero la inesperada y rápida derrota del ejército francés hace que vuelva a París, desmovilizado, donde asistirá impotente a la ocupación nazi de la ciudad. Se avecinaban años duros, pero Doisneau no es indiferente, ni procura pasar inadvertido, como hicieron tantos franceses bajo el régimen de Vichy y la ocupación, si no que colabora con la resistencia, falsificando todo tipo de documentos para personas que debían huir a la zona de Vichy o para condenados a la deportación. También, documenta la determinación que se afirma con la Resistencia clandestina. Doisneau ha vuelto a su ciudad de la periferia y allí continúa la vida. Desde 1937, Doisneau vivía en Montrouge, una pequeña ciudad del departamento de Hauts-de-Seine, que es, de he-

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cho, un barrio limítrofe de París, pegado al viejo Alésia donde vivió Lenin, y donde Doisneau fotografió a Giacometti en 1958. Bajo los nazis, Doisneau sigue trabajando: atrapa muchas imágenes; entre ellas, escenas de los oscuros sótanos donde la Resistencia imprimía pasquines, volantes, periódicos o llamamientos a la lucha contra el fascismo, momentos del duro trabajo de los resistentes que, literalmente, se jugaban la vida por un soplo, una sospecha o una denuncia. Hacia el final de la larga ocupación nazi, Doisneau hizo la impresionante fotografía del saqueo de la sede del Parti Populaire Français del colaboracionista Doriot, todavía con los nazis presentes en París, cuatro días antes de la liberación. En la fotografía, bajo el nombre del partido fascista, se ve una indicación reveladora, “chef: Jacques Doriot”. Doisneau hizo otras, con precaución, como la de la charanga nazi que pasa con su siniestra música parda ante la rue de Castiglione, con los soldados ofreciendo su perfil a la columna de la plaza Vendôme, que se ve al fondo. En 1944, el yugo nazi termina, por fin: como si Doisneau los esperase, los soldados de Leclerc y los republicanos españoles que liberan París pasan por Montrouge y por Alésia, en dirección al centro de la ciudad. En ese agosto de 1944, Doisneau fotografía las jornadas de la liberación, de la alegría, del fin de la pesadilla. Después de la Segunda Guerra Mundial, Doisneau se incorporó al Partido Comunista Francés y a la CGT, la histórica central sindical. Se había casado muy joven con Pierrette Chamaison, en 1934, y había tenido una hija durante la guerra. En 1947, Cartier-Bresson le sugirió incorporarse a la célebre agencia Magnum, pero Doisneau prefirió continuar en la agencia Rapho. Trabajó con Robert Capa y con Cartier-Bresson, y sus fotografías aparecieron con frecuencia en la prensa comunista; en esos años de posguerra, realiza un ingente trabajo siempre identificado con las posiciones de izquierda. También colabora con publicaciones de moda femenina, como Vogue, aunque no por mucho tiempo. Empieza a convertirse en un fotógrafo de la ciudad de París, que vigila, amoroso, los movimientos de sus habitantes, que husmea, roba momentos irrepetibles, que documentan la ciudad y la vida de Francia. Amigo de Robert Giraud, en la posguerra Doisneau recorrió

Fox-terrier en Pont des Arts, 1953.

Marguerite Duras en Petit Saint-Benaît, 1955.

con él los antros parisinos donde se fumaba, se escuchaba jazz, se hablaba del comunismo y de la revolución. Giraud, un periodista que ejercía de librero, había participado también

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en la resistencia francesa, y había sido detenido por los esbirros de Vichy y condenado a muerte: pudo librarse de la horca o del pelotón de fusilamiento porque sus camaradas de la resistencia lo liberaron. Doisneau mira el vientre de París, observa la dura vida de las prostitutas, los gestos de los enamorados, el esfuerzo de los obreros y menestrales. También fotografió a personas relevantes de la vida social de París, escritores, y busca a Sartre, Camus, Beauvoir, recorre la rive gauche y el movimiento insomne de una ciudad que era el centro del mundo.

En 1951, mientras Nueva York empezaba a quitarle la capitalidad cultural del mundo occidental a París, Doisneau exponía en el MoMA, junto a Brassaï (el húngaro Gyula Halàz), Izis (un fotógrafo lituano que, en realidad, se llamaba Israel Bidermanas), y Willy Ronis, otro fotógrafo parisino, que, como Izis, era de orígenes lituanos y judíos, y que se haría célebre por una fotografía, Desnudo provenzal, donde la vida parecía colarse por una ventana junto a una mujer desnuda. Las fotografías de los tres tienen muchos puntos en común y es sorprendente constatarlo, como lo es recordar que Man Ray era un seudónimo, porque se llamaba Emmanuel Radnitzky y era de orígenes judíos y rusos; igual que Robert Capa, que se llamaba Ernö Andrei Friedman y era un judío húngaro. Es un azar, pero parece como si Doisneau tuviera inclinación El infierno, 1952. por relacionarse con fotógrafos de esas procedencias. Cartier-Bresson, Brassaï, Lartigue, respetan el itinerario artístico y vital de Doisneau. En esa época, Doisneau estaba ya harto de trabajar para Vogue, e intenta nuevos caminos, pero el interés del público por su trabajo decae, aunque sigue trabajando sin descanso. De hecho, no sería hasta 1979, cuando se publicó una retrospectiva de su obra, en Tres segundos de eternidad, y en 1986, cuando se inauguró la exposición Un certain Robert Doisneau, que de nuevo se pondrían de actualidad sus fotografías. En esos años posteriores a la guerra, Doisneau colabora también con el cine. Es el director de fotografía de René Clair, en Le

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silence est d’or (El silencio es oro), y de Nicole Védrès, en París 1900, ambas de 1947. Años después, haría la misma función para Truffaut, en Tirez sur le pianiste (Disparad al pianista), de 1960, y, ya anciano, para Tavernier, en Un dimanche à la campagne (Un domingo en el campo), de 1984. Al final de su vida, Doisneau dirigió Les visitants du Square, dos años antes de morir. Era cincuentón cuando Doisneau atravesó su etapa más oscura, de menor reconocimiento público; hasta que, al final de su vida, volvió a ver valorada su obra. Cuando contaba ya con ochenta años, una exposición en Oxford le llevó a recordar sus difíciles comienzos, cuando la fotografía que él pretendía hacer era un reducto de jóvenes que eran vistos por los demás con desconfianza, porque pretendían captar la vida popular en lugar de refugiarse en los círculos del diseño elitista y de la publicidad que ya empezaba a devorarlo todo. Siendo un anciano, pudo exponer sus fotografías en China y Japón. Era un hombre discreto, que trabajaba con una Rolleiflex, recorriendo incansablemente las calles de París, robando instantes, fijando en el tiempo escenas que ahora nos parecen imprescindibles para entender la Francia del siglo XX. * * * La primera fotografía que vi en el Hôtel de Ville mostraba a un soldado y una mujer, que leen juntos un periódico. En el diario, se ve: “J’ai laissé mon coeur a Paris”. Corría el año 1944, el año de la liberación. No sé si, cuando Doisneau abrió el obturador de su cámara, había llegado ya el general Leclerc con sus tropas, con aquellos soldados, españoles de la República, veteranos de la resistencia al fascismo, que después de liberar la capital de Francia, desfi-

laron por sus calles con sus carros y tanquetas, en las que podían leerse nombres como “Belchite”, “Madrid” o “Guadalajara”. Existe una fotografía en la que se ven a muchos de esos veteranos, en alegre confusión, sentados en el Trocadero, ante la Torre Eiffel, sonrientes, saludando con el puño alzado al

Los helicópteros, jardín de las Tullerías, 1972.

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nuevo París liberado, festejando a la vida, a la libertad. Allí mismo, en el Trocadero de 1969, Doisneau fotografió a un patinador solitario, un anciano que, en la exposición del Hôtel de Ville, nos mira mientras sigue componiendo un paso de baile en este nuevo siglo. En otra fotografía de Doisneau, se ven helicópteros como palomas, cagando sobre tres gracias en las Tullerías, en una imagen de 1972. Son Les nymphes, de Maillol. Estaba también la escena de las dos monjas de espaldas, ante el metro de Sevres-Babylone, en 1953: llevan cartera y, al fondo, se ven dos periódicos, Le Monde y La croix. En Juego de sociedad, de 1954, un hombre levanta una silla sobre su boca, y en M. et madame Constant, rue du Seine, de 1951, el acordeón sobre la mesita de mármol ilustra un tiempo pasado. Y Flores de bistrot, de 1971, donde vemos a una chica con dos auriculares sobre la mesa; son las nuevas generaciones que llegaban, sin recuerdos de la guerra. En otras, gente mirando el gran agujero de Les Halles,

La vitrina, 1947.

mira el vientre de París, observa la dura vida de las prostitutas, los gestos de los enamorados, el esfuerzo de los obreros y menestrales.
tras el derribo del mercado en 1974, y las fotos del pont des Arts, donde se citaban los miembros de la Resistencia para coordinar la acción contra los nazis. Tal vez, por esa profundidad en blanco y negro, algunas fotografías recuerdan a las imágenes de Lee Miller de la Segunda Guerra Mundial. De pronto, vi la que es, sin duda, la más famosa fotografía de Doisneau, y una imagen que resume una época. Le baiser de L’Hôtel de Ville, de 1950. La había hecho para un reportaje destinado a la revista norteamericana Life —la misma que, el año anterior, había publicado un reportaje acusando de simpatizar con los comunistas a Albert Einstein, Charles Chaplin, Leonard Bernstein, Frank Lloyd Wright, Arthur Miller, Norman Mailer, Lillian Hellman, Dorothy Parker, colaborando así con la caza de brujas—, probablemente sin que Doisneau conociese el sucio papel que, en Estados Unidos, cumplía la revista. El beso, como también se conoce esa imagen, muestra a una pareja caminando mientras se besan. Doisneau, tan paciente durante toda su vida, no la cazó al vuelo, como parece. Estaba preparada. No hace mucho, medio siglo después de que la escena fuese impresionada, saltó a las páginas de los diarios franceses la mujer enamorada que representa en ese instante de 1950 la esperanza en el futuro, que dejaba atrás los horrores de la guerra. Cuando se hizo público, la muchacha de 1950 era

Doisneau

Barricada Saint-Germain Saint-Michel, agosto, 1944.

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Saqueo del Parti Populaire.

ya una anciana, claro, que podía mirar el pasado con distancia, tal vez con añoranza. Era una actriz, Françoise Bonet, que posó con su novio para el célebre beso que parecía inaugurar la alegría de posguerra. Pese al artificio, la fotografía es notable. Pero a mí, si me permiten ustedes, me gusta más Baiser Blotto, de 1950: en ella, vemos a un ciclista que lleva en la caja del triciclo a una criada, a quien besa. En las salas de la exposición podía verse a Juliette Gréco y su perro, en 1947, en Saint Germain, ante la puerta del bar Les deux Magots. A Simone de Beauvoir, en el mismo café, en 1944. A Buñuel, en 1955, con un cigarrillo en los labios y una mirada perdida que se adivina escéptica. A Raymond Queneau en la rue de Reully, en 1956, con gabardina, huidizo, tal vez cantando pero el viajero que huye, una melodía que hacía veinte años que rodaba, sospechando ya a Zazie, en el metro. A Marguerite Duras, en 1955, sentada en el Petit-SaintBenoît. A Colette, desvalida en su silla de ruedas en los jardines del Palais Royal, encogida, esperando el final. Y a la niña inmaculada que mira cómo trabaja un carpintero en plena calle, en la isla de SaintLouis, en 1947. En el Hôtel de Ville no había fotografías de la liberación de París, aunque sí aparecen en el magnífico catálogo de la exposición. Allí está la barricada en el cruce de los bulevares Saint-Germain y Saint-Michel, en agosto de 1944, donde un miliciano de la Resistencia lee el diario Libération, mientras sujeta su fusil. Y la del miliciano de las Fuerzas Francesas del Interior que descansa en el suelo, apoyando la espalda en una barricada de adoquines. Y la escena de otra barricada, en la calle Huchette, que tanto recuerda a la de los milicianos barceloneses que, en la guerra de 1936, disparan contra los fascistas protegiéndose tras el cadáver de un caballo. Y la imagen de los miembros del Consejo general de la Resistencia, acompañados por De Gaulle, bajando a pie por los Campos Elíseos:

Es el director de fotografía de René Clair
en Le silence est d’or, de Truffaut en Tirez sur le pianiste, y, ya anciano, de Tavernier en Un dimanche à la campagne.
tras De Gaulle, se ve al general Leclerc, a quien apenas le quedaban dos años de vida. Todas las imágenes son, en aparien-

Beso Blotto, 1950.

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El beso del Hotel de Ville, 1950.

cia, sencillas, aunque muchas le costasen a Doisneau horas de atenta observación; son, también, evocadoras, alejadas de la experimentación de las vanguardias, atentas a robar un instante de una vida que empezaba a perderse, aunque ni Doisneau ni la gente de París que fotografiaba lo sospechase entonces, porque todos vivían, vivimos, el presente. En las mejores fotografías de Doisneau se ve la gloria burlada de los mariscales cagados por las palomas; el esfuerzo del ciudadano común por dotar de sentido y alegría a la vida; la voluntad de luchar de los trabajadores que se manifiestan por las calles de París; se ve también la pobreza de la Francia de posguerra, como en esa imagen de Maurice Duval, el pintor chiffonnier de la rue Visconti, en 1948; se aprecia la precariedad de ese París, que seguía recordando la ocupación nazi, los bombardeos anglonorteamericanos, la dignidad de la resistencia, y que procuraba disfrutar de la vida cuando ya se estaban dispersando en el viento las últimas canciones de la liberación, cuando también se diluían las melodías de jazz que habían sonado durante la ocupación nazi, las notas de Le Quintette Français, de la Orchestre musette Swing Royal, de Christian Bellest et son Orchestre, porque con frecuencia los malos tiempos van asociados a los destellos de la juventud. Una imagen, 14 de julio de 1949, nos muestra a una pareja feliz que baila sobre los hombros de dos amigos, al lado de dos mujeres que bailan entre ellas, todos frente a un músico de la pequeña banda que trajina, absorto, el acordeón: componen un alegre y extraño grupo que nos enseña los instantes que robaba Doisneau, la vida que conservaba para nosotros y, también, para ellos mismos. Esa fotografía culmina con otra, El último vals del 14 de julio de 1949, donde vemos a esa misma pareja feliz que baila después en medio de la calle, en la noche solitaria, oscura, en un cuadro que parece resumir la alegría de la gente sencilla con la que se sentía identificado Doisneau. Todos se han ido, hasta los músicos, la calle está vacía y ahora están solos. Hay que apurar el último baile ■

Parada militar alemana en la calle Castiglione.

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globalización

S-8 en Italia, la muerte de Giuliani.

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globalización

La globalización en retirada
texto de Walden Bello

H

ace prácticamente cuatro días que la globalización nos era vendida, en los medios de comunicación, como la receta mágica que sacaría al mundo de la pobreza y la desigualdad. Hoy, su fracaso es evidente, y hay claros síntomas de que el repliegue ha comenzado.

Cuando entró a formar parte del vocabulario de la lengua inglesa, a principios de los años noventa, se suponía que la globalización era la ola del futuro. Hace quince años, los escritos de pensadores globalistas, como Kenichi Ohmae y Robert Reich, celebraban la llegada del denominado mundo sin fronteras. El proceso por el que economías nacionales relativamente autónomas pasan a integrarse funcionalmente en una única economía global se vendió como algo “irreversible”. Y la gente que se oponía a la globalización fue tratada con desdén, como si fuera una encarnación moderna de los luditas que destruían máquinas durante la Revolución Industrial. Quince años después, a pesar de deslocalizaciones y externalizaciones, lo que pasa por ser una economía internacional sigue siendo un conjunto de economías nacionales. Sin duda alguna, estas economías son interdependientes, pero los factores nacionales siguen determinando su dinámica en gran medida. De hecho, la globalización ha alcanzado ya sus cotas más altas y está iniciando el descenso. Predicciones brillantes, resultados sombríos Durante el apogeo de la globalización, se nos decía que las políticas estatales ya no importaban, y que muy pronto las grandes empresas eclipsarían a los Estados. Sin embargo, los Estados siguen importando. La Unión Europea, el Gobierno

estadounidense y el Estado chino son hoy actores económicos más fuertes de lo que eran hace una década. En China, por ejemplo, son las transnacionales las que marchan al compás que marca el Estado, y no al revés. Además, las políticas estatales que interfieren en el mercado para construir estructuras industriales o proteger el empleo siguen teniendo su importancia. De hecho, durante los últimos diez años, las políticas gubernamentales intervencionistas han marcado la diferencia entre desarrollo y subdesarrollo, entre prosperidad y pobreza. La imposición de controles sobre los capitales durante la crisis financiera asiática de 1997-98 evitó que Malasia se viniera abajo como Tailandia o Indonesia. Los estrictos controles sobre los capitales también aislaron a China del derrumbe económico que sepultó a sus vecinos. Hace quince años, se nos decía que debíamos esperar la aparición de una elite capitalista transnacional que gestionaría la economía mundial. De hecho, la globalización se convirtió en la “gran estrategia” del Gobierno Clinton, que vaticinaba que la elite estadounidense sería la primus inter pares –la primera entre iguales– de una coalición global que nos guiaría hacia el nuevo –y benévolo– orden mundial. Pero hoy, ese proyecto está sumido en la confusión más absoluta. Durante el reinado de George W. Bush, la facción nacionalista ha aplasta-

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globalización

do al sector transnacional de nos coherente de lo que debería El FMI está prácticamente muerto. la elite económica. Y estos Esser y la próxima conflagración La globalización de las finanzas en lugar de ser tados modulados por el nacioeconómica será gestionada por la vanguardia de la prosperidad, resultó ser nalismo están ahora compiun bombero herido”. En realidad, la vanguardia del caos. tiendo duramente entre sí, la situación es mucho peor de lo buscando cada uno arruinar la que Mallaby la pinta. El FMI está economía del otro. prácticamente muerto. Sabiendo Hace una década nacía la Organización Mundial del muy bien cómo el Fondo precipitó y empeoró la crisis Comercio (OMC), que se sumó al Banco Mundial y al Fondo financiera asiática, son cada vez más los países en desarrollo Monetario Internacional (FMI) para desempeñar el papel de avanzados que se niegan a solicitar préstamos a la institución pilares del sistema de gobernanza económica internacional o que están pagando el servicio antes del plazo establecido. en la era de la globalización. Con aire triunfalista, los repreAlgunos de ellos –como Tailandia, Indonesia, Brasil y Arsentantes de las tres organizaciones que se reunieron en Singentina– están incluso declarando su intención de no volver a gapur durante la primera conferencia ministerial de la OMC solicitar sus préstamos nunca más. Y dado que el presupuesto en diciembre de 1996 manifestaron que la única tarea que le del Fondo depende en buena medida del servicio de la deuda quedaba a la “gobernanza global” era lograr “coherencia”, es de estos grandes prestatarios, este boicot se está traduciendo decir, la coordinación de las políticas neoliberales de las tres en lo que un experto califica de “enorme presión sobre el preinstituciones, con miras a garantizar la fluida integración tecsupuesto de la organización”. nocrática de la economía mundial. Podría dar la impresión de que el Banco Mundial goza de Pero ahora, Sebastian Mallaby, el influyente comentarista mejor salud que el Fondo. Pero al haber sido un actor clave en proglobalización del Washington Post, se lamenta de que la la debacle de las políticas de ajuste estructural que dejaron a “liberalización del comercio se ha estancado, la ayuda es mela mayoría de economías en desarrollo y en transición en la práctica con una mayor pobreza, una mayor desigualdad y una situación de estancamiento, el Banco también está sufriendo una crisis de legitimidad. Pero puede que la crisis del multilateralismo sea más aguda en la OMC. El pasado julio de 2006, la Ronda de Doha de negociaciones para una mayor liberalización comercial se vino abajo de repente cuando las conversaciones entre el denominado Grupo de los Seis se rompieron con acritud a causa de la negativa de los Estados Unidos a ceder con respecto a sus enormes subsidios a la agricultura. El economista estadounidense y defensor del libre comercio Fred Bergsten comparó en su día la liberalización del comercio y la OMC con una bicicleta: si no avanzan, se caen. La caída de la organización que fue una vez descrita por uno de sus directores generales como la “joya de la corona del multilateralismo” podría estar más cerca de lo que parece. Por qué se ha estancado la globalización ¿Pero por qué se ha encallado la globalización? En primer lugar, los argumentos en defensa de la globalización eran exagerados. La mayor parte de la producción y las ventas de la mayoría de transnacionales sigue realizándose en el país o la región de origen. Las grandes empresas realmente transnacionales cuya producción y ventas se reparten de forma relativamente equitativa en varias regiones son apenas un puñado.

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En segundo lugar, en vez de forjar una respuesta común y cooperativa a las crisis mundiales de sobreproducción, estancamiento y degradación medioambiental, las elites capitalistas nacionales han competido entre sí para deshacerse de la carga del ajuste. El Gobierno Bush, por ejemplo, ha impulsado una política basada en un dólar débil para fomentar la recuperación y el crecimiento económicos de los Estados Unidos a expensas de Europa y Japón. También se ha negado a firmar el Protocolo de Kyoto para empujar a Europa y Japón a absorber la mayoría de los costes que entraña el ajuste medioambiental mundial y, de este modo, conseguir que la industria estadounidense sea comparativamente más competitiva. Así, aunque puede que la cooperación sea la opción estratégica más racional desde el punto de vista del sistema capitalista global, los intereses capitalistas nacionales se preocupan básicamente por no perder a corto plazo ante sus rivales. Un tercer factor que hay que tener en cuenta es el efecto corrosivo del doble rasero tan descaradamente demostrado por la potencia hegemónica Estados Unidos. Si bien el Gobierno Clinton intentó dirigir al país hacia el libre comercio, el Gobierno Bush ha predicado el libre comercio de forma hipócrita mientras practicaba el proteccionismo. De hecho, la política comercial del Gobierno Bush parece descansar sobre el principio de “libre comercio para el resto del mundo y proteccionismo para los Estados Unidos”. En cuarto lugar, se ha producido una gran discordancia entre las promesas de la globalización y el libre comercio y los verdaderos resultados de las políticas neoliberales, que han desembocado en mayor pobreza, desigualdad y estancamiento. Uno de los pocos lugares en que la pobreza ha disminuido en los últimos quince años es China. Pero fueron las políticas intervencionistas del Estado que administraban las fuerzas del mercado, y no las recetas neoliberales, las responsables de sacar a 120 millones de chinos de la pobreza. Además, los

Acciones contra la OMC (WTO) en la reunión de Hong Kong

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defensores de la supresión de El crecimiento ilimitado es la columna vertebral movimiento altermundialista se los controles sobre los capitales transformó en el movimiento de la globalización, el móvil principal de han tenido que enfrentarse al mundial antiguerra; el fracaso de su legitimidad. desmoronamiento de las econola conferencia ministerial de la mías que siguieron esta política OMC en Cancún en 2003 y su casi Puede que la globalización empresarial esté al pie de la letra. La globalifracaso en la de Hong Kong de tocada, pero no está hundida zación de las finanzas avanzó 2005; el rechazo popular en Franmucho más rápido que la globacia y los Países Bajos al texto neolización de la producción. Pero en lugar de ser la vanguardia liberal y progobalizador de la Constitución Europea en 2005; de la prosperidad, resultó ser la vanguardia del caos. La crisis todas éstas han sido coyunturas críticas de toda una década de financiera asiática y el derrumbe de la economía argentina, lucha mundial que ha hecho retroceder al proyecto neoliberal. que había sido una de las más fieles seguidoras de la liberaliPero estos prominentes acontecimientos no eran más que la zación de cuentas de capitales, fueron dos momentos decipunta del iceberg, la suma de miles de luchas contra el neosivos de la revuelta de la realidad contra la teoría. liberalismo y la globalización en miles de comunidades de Otro factor que ha desinflado el proyecto globalista es su todo el mundo en que han participado millones de campeobsesión por el crecimiento económico. De hecho, el cresinos, trabajadores, estudiantes, pueblos indígenas y muchos cimiento ilimitado es la columna vertebral de la globalización, sectores de la clase media. el móvil principal de su legitimidad. Aunque un reciente informe del Banco Mundial sigue ensalzando el crecimiento Tocada, pero no hundida rápido como la clave para expandir la clase media mundial, el Puede que la globalización empresarial esté tocada, pero no calentamiento global, el consumo récord de petróleo y otros está hundida. Aunque desprestigiadas, muchas políticas aspectos medioambientales están dejando claro que los índices neoliberales y proglobalización siguen vigentes en numerosas y los modelos de crecimiento que acompañan a la globalización economías debido a la falta de políticas alternativas creíbles a suponen la victoria asegurada del apocalipsis ecológico. ojos de los tecnócratas. Como las negociaciones en la OMC se encuentran en un callejón sin salida, las grandes potencias comerciales están centrándose ahora en los tratados de libre comercio (TLC) y los acuerdos de asociación económica (AAE) con los países en vías de desarrollo. Estos acuerdos son, en muchos sentidos, más peligrosos que las negociaciones multilaterales de la OMC, ya que a menudo exigen mayores concesiones en términos de acceso a los mercados y una aplicación más estricta de los derechos de propiedad intelectual. Sin embargo, las grandes empresas y las potencias comerciales ya no tienen las cosas tan fáciles. Se está desplazando a neoliberales doctrinarios de posiciones clave para dar paso a tecnócratas pragmáticos que, en no pocas ocasiones, subvierten en la práctica políticas neoliberales debido a la presión popular. En lo que respecta a los TLC, el Sur Global está tomando plena conciencia de los peligros que El último factor, nada subestimable, ha sido la resistencia entrañan y está empezando a oponer resistencia. Gobiernos popular a la globalización. Las batallas de Seattle en 1999, sudamericanos clave, bajo la presión de sus ciudadanos, Praga en 2000 y Génova en 2001; la multitudinaria marcha hicieron descarrilar el Acuerdo de Libre Comercio de las Amémundial contra la guerra del 15 de febrero de 2003, cuando el ricas (ALCA) –y el gran plan de George W. Bush para el hemis-

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ferio occidental– durante la conferencia de Mar del Plata en noviembre de 2005. Además, uno de los motivos por los que mucha gente se oponía al primer ministro Thaksin Shinawatra durante los meses que precedieron al golpe de Estado en Tailandia era su prisa por cerrar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. De hecho, en enero de este año, unos 10.000 manifestantes intentaron irrumpir en el edificio de Chiang Mai (Tailandia) donde estaban negociando representantes estadounidenses y tailandeses. El Gobierno sucesor ha aplazado el TLC entre los Estados Unidos y Tailandia, y los movimientos que luchan por detener estos tratados en otros lugares han encontrado motivo de inspiración en el éxito de la iniciativa tailandesa. La batida en retirada de la globalización neoliberal es especialmente acusada en América Latina. Bolivia, explotada durante décadas por gigantes extranjeros de la energía, ha nacionalizado bajo la presidencia de Evo Morales sus recursos energéticos. El presidente argentino Néstor Kirchner dio un ejemplo de cómo los Gobiernos de países en desarrollo pueden hacer frente al capital financiero cuando obligó a los acreedores del Norte a que aceptaran sólo 25 centavos por cada dólar que Argentina les debía. Hugo Chávez ha iniciado un ambicioso programa de integración regional, la Alternativa Bolivariana para América Latina y el Caribe (ALBA), basado en una auténtica cooperación económica en lugar de en el libre comercio, con poca o nula participación de las transnacionales del Norte, y que se rige por lo que el propio Chávez describe como algo que va “más allá de la lógica del capitalismo”. La globalización en perspectiva Desde la perspectiva actual, la globalización no parece haber sido una fase nueva, superior, del capitalismo, sino más bien una respuesta a las crisis estructurales subyacentes a este sistema de producción. Quince años después de que se nos presentara a bombo y platillo como la ola del futuro, la globalización parece no haber sido tanto una “nueva y osada fase” de la aventura capitalista como un intento desesperado del capital global por escapar del estancamiento y los desequilibrios que aquejaron a la economía mundial de los años setenta y ochenta. La caída de los regímenes socialistas centraliza-

La OMC explicada a los niños

dos de Europa Central y Oriental desvió la atención de esta realidad a principios de los años noventa. Muchos de los integrantes de círculos progresistas pensarán que la tarea que debemos enfrentar consiste en “humanizar” la globalización. No obstante, la globalización ya ha entrado en decadencia. Hoy día, la multiplicación de conflictos económicos y políticos recuerda –si es que recuerda a algo– al período que siguió al fin de lo que los historiadores denominan la primera era de la globalización, que se extendió entre 1815 y el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. La tarea más apremiante no es dirigir la globalización empresarial hacia una dirección “socialdemócrata”, sino gestionar su retirada de forma que no deje el mismo caos y los mismos conflictos desbocados que marcaron su desaparición en la era anterior■
Copyright 2006 Foreign Policy in Focus on Global South.

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La filmación de Pearl Harbor fue “orientada” por la marina estadounidense, que colaboró en su lanzamiento.

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Pretorianos en Washington
texto de Aleksandro Palomo Garrido

L

a llegada del presidente Bush a la Casa Blanca significó la subida al poder de una auténtica corte formada por pretorianos; el Pentágono, al ampliar el significado de la seguridad nacional para que abarque el contraterrorismo y el control de la inmigración, ha conseguido introducirse en asuntos de política interna. La influencia del ejército en la sociedad estadounidense sigue en aumento.

El dominio militar es caro En el verano de 2002, el gobierno Bush ordenó a los abogados de los departamentos de justicia y de defensa que revisaran la ley Posse Comitatus y cualquier otra que pudiera limitar la participación de las fuerzas armadas en la defensa y promoción del cumplimiento de la ley interior del país. En virtud de ello el Departamento de Defensa ha redactado órdenes de servicio para responder a lo que denomina CIDCON (situación de desorden civil). Para respaldar esta orden, el Departamento de Defensa creó un nuevo mando militar regional para la protección de Norteamérica, comparable a los existentes para la defensa de Latinoamérica, Europa, Oriente Próximo, el Pacífico y el recientemente creado de África. El poder de los comandantes militares regionales (CINC), que están al mando de estas regiones es enorme. Un CINC rinde cuentas directamente al presidente y al Secretario de Defensa, pasando por alto a los jefes de los distintos cuerpos y a la cadena de mando usual. El Pentágono, también, ha logrado del Departamento del Tesoro que toda adquisición extranjera significativa de empresas estadounidenses deba someterse a un examen de seguridad nacional. Tal es así, que dicho organismo tiene que notificar al Pentágono, obligatoriamente, todas las adquisiciones realizadas por extranjeros por valor superior a los cien millones de dólares. Lo mismo ha ocurrido con los recursos. Además, los militares han conseguido tener una voz mucho más fuerte en el Comité de Inversiones Extranjeras de Estados

Unidos (CFIUS). En lo que respecta al ámbito internacional, el anterior mandatario del Pentágono, Donald Rumsfeld, persiguió con ahínco que las fuerzas de operaciones especiales del ejército desplazaran a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en su papel tradicional en la dirección y ejecución de las operaciones encubiertas en el extranjero. Sus esfuerzos no han sido vanos y en tiempos de la “guerra contra el terrorismo” las funciones de los militares se han ampliado y se les han otorgado jurisdicciones que antes eran casi en su totalidad territorio civil. De hecho, se les asignó el mayor incremento de gastos en el presupuesto de defensa de 2003 (un aumento de cerca del 20%, hasta alcanzar los 3.800 millones de dólares). El presupuesto de defensa no ha parado de crecer y ello ha ido en detrimento de las asignaciones presupuestarias de otros departamentos. Por ejemplo, en 2003, el 93% de las asignaciones presupuestarias destinadas a los asuntos internacionales han ido a parar a los militares y sólo el 7% al Departamento de Estado. Para justificarlo se aduce que el dominio militar permanente del mundo es un negocio caro y no les falta razón. El US Army tiene 480.000 miembros, la US Navy 375.000, la US Air Force 359.000 y la infantería de marina 175.000, sumando un total de 1.389.000 hombres y mujeres en servicio activo. En 2003, la nómina de ese personal ascendía a 27.100 millones de dólares en el US Army; 22.000 en la US. Navy; 22.000 en la US. Air Force y 8.600 en la infantería de marina. Para el año fiscal 2003, el proyecto de asignaciones militares, que se firmó el 23 de octubre de 2002, ascendía a

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354.800 millones de dólares. Para el año fiscal 2004, el Departamento de Defensa solicitó al congreso que ese importe se elevara hasta los 379.300 millones de dólares, lo que se le concedió, además de los 15.600 millones para los programas de armas nucleares que administra el Departamento de Energía y de los 1.200 millones para la Guardia Costera. El importe total asciende a 396.100 millones de dólares. Esas cifras no in-

El Pentágono participa regularmente en la realización de películas que tratan temas bélicos.

cluyen los presupuestos de los servicios de inteligencia, ni los gastos derivados de la invasión de Iraq, ni la solicitud adicional del Pentágono de 10.000 millones de dólares para la lucha contra el terrorismo. Gran parte de este presupuesto de defensa, que incluye la totalidad de las partidas destinadas a los servicios de información, es secreto. El nombre oficial de este “presupuesto negro” es “Programas de Acceso Especial” (SAP) y están clasificados como alto secreto. Los SAP se dividen en tres tipos básicos: investigación y obtención de armamentos (AQ-SAP), operaciones y apoyo (OS-SAP), e inteligencia (IN-SAP). Unicamente unos pocos congresistas pueden asistir a las sesiones informativas sobre ellos1. Además, el Secretario de Defensa puede eximir a determinado programa del informe exigido, una decisión de la que sólo se notifica, oralmente, a un total de ocho congresistas pertenecientes a los comités de defensa. No existe un total oficial, aunque la Oficina General de Contabilidad (GAO) estimó en una ocasión que se dedicaban entre 30.000 y 35.000 millones de dólares al año a secretos militares y de inteligencia. Los fondos para “programas negros” incluidos en el presupuesto de 2004 fueron los más elevados desde 19982. Para añadir más oscurantismo sobre el complejo militar en Estados Unidos, el Departamento de Defensa pidió, en octubre de 2001, a las empresas estadounidenses fabricantes de armas que no informaran sobre sus exportaciones. El secreto se extendía sobre los contratos ya firmados. Teniendo en cuenta la diversificación financiera inversora creciente con la globalización, se hace muy complicado determinar hasta dónde llegan los tentáculos del dinero proveniente de la producción de armamento. Lo que es indudable es que el negocio de las armas produce pingües beneficios en una sociedad global envuelta en pleno “choque de civilizaciones”. Existen

sociedades financieras dedicadas a explotar este creciente mercado, ya sea blanqueando beneficios provenientes del tráfico de armas, como invirtiendo estos capitales en sectores económicos de importancia estratégica que refuercen este monopolio sobre el sector. El grupo Carlyle es una de estas sociedades financieras y una de las más poderosas del momento. Las cifras indican que ninguna otra compañía de inversiones gestiona más dinero. Y es que el líquido con el que Carlyle cuenta para sus actividades es de casi 14.000 millones de dólares. Las inversiones del grupo Carlyle se extienden por todo el mundo. El desembarco en Europa de la sociedad fue espectacular. Llegó en el año 2001 con miles de millones de euros para invertir en los países más proclives a la política de Estados Unidos. Llama la atención su interés por sectores industriales estratégicos como el sector de los armamentos y la investigación. El Carlyle Group fue creado en 1987 y está dirigido por importantes figuras de la política internacional, ligados por la ideología conservadora: Frank C. Carlucci (ex-secretario de Defensa de Bush sr.), el propio Bush sr. (ex-presidente de Estados Unidos), James Baker (ex-secretario de Estado con Bush sr.), John Major (ex-primer ministro de Reino Unido), John Malek (exdirector de la campaña electoral de Bush jr.), Sami Barrma (director del Prime Comercial Bank), etc. La sociedad gestiona los bienes de algunas de las más importantes fortunas del planeta y actúa como contratista para numerosas empresas, especialmente las dedicadas a la fabricación de armamento3. Posee participaciones mayoritarias en United Defense Industries Inc. (el principal suministrador de armas a los gobiernos de Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudí), pero también posee participaciones en el sector civil que no tienen nada que ver con el militar, como por ejemplo en Seven Up (que asegura el embotellamiento para Cadbury Schweppes) o Federal Data Corporation (que equipó, por ejemplo, a la Federal Aviation Administration con su sistema de vigilancia de tráfico aéreo civil). Este tipo de empresas salieron enormemente beneficiadas de las ayudas y de los importantes contratos que impulsó el gobierno Bush tras el 11-S. En concreto, el Carlyle Group se calcula que ha recibido del gobierno de Bush, a raíz del 11-S, más de 12.000 millones de dólares. Presencia del ejército en Hollywood Aparte de dinero, Estados Unidos precisa movilizar importantes recursos humanos para mantener activo un ejército de tales dimensiones. Desde la Guerra de Vietnam, el servicio en las fuerzas armadas es voluntario y se ha convertido en una forma de movilidad social para aquellos a los que están vedados otros canales de ascenso. En 1999, el 38% del personal a-

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El Pentagono se negó a colaborar en Apocalypse Now.

listado en el ejército de Estados Unidos no pertenecía a la raza blanca (el 22% eran afroamericanos, el 9% hispanos y el 7% otros). Esta proporción se incrementaba en las unidades de primera línea de combate. Incluso hay un factor racial en los criterios de selección para las distintas armas del ejército. La fuerza aérea es el feudo de la raza blanca, sólo un 28% pertenece a minorías raciales, mientras que el 44% del personal del ejército de tierra pertenece a minorías raciales. Los motivos prácticos, como el ascenso en el estatus social, son los principales a la hora de motivar el alistamiento en el ejército, pero no es despreciable el romanticismo que empuja a muchos jóvenes a buscar en la vida castrense el riesgo y la gloria. De hecho, en una sociedad en la que el ejército tiene un papel protagonista, como en Estados Unidos, es necesario reforzar esta visión idealista acerca del ejército y sus cometidos. En un ejército profesional como el de Estados Unidos, los soldados son inculcados con la idea de que constituyen un estrato especial de la sociedad. Por tanto, se sienten cada vez más inclinados a pensar en términos corporativos y no ya como personas que esperan regresar en breve a la vida civil.

Todo esto constituye un aspecto del militarismo creciente que impregna la sociedad estadounidense. Este militarismo se traduce en rasgos de violencia que impregnan la cultura. Las películas de Hollywood favorables a la

El submarino había zarpado con el único fin de dar un paseo a dieciséis ricos patrocinadores de la marina.

guerra y que ensalzan la violencia no son una novedad. En Hollywood la desnudez del cuerpo humano no es bienvenida, mientras que la exhibición de armas y desgarros corporales varios se considera algo casi imprescindible. Las películas bélicas se realizan con asesoramiento, personal y equipamiento militares, a cambio de que las fuerzas armadas examinen por anticipado el guión y tengan derecho a efectuar cambios en el

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mismo. El Pentágono participa regularmente en la realización de películas que tratan temas bélicos. Estas películas han divulgado la imagen de que la guerra es emocionante, un lugar para demostrar la masculinidad y para desafiar a la muerte de un modo socialmente aceptable. El protagonista es un personaje prototípico familiarizado con el manejo de las armas e imbuido de una poderosa obsesión por salvar al mundo. El personaje del malvado está representado por una figura unidimensional, cuya única función es ser fanática y conspirar para llevar el dolor y la muerte a los norteamericanos. Actualmente, los villanos favoritos son terroristas, de origen musulmán, sudamericano o del Este. Esa es la tesis de tantas películas recientes de Hollywood como Iron Eagle (Águilas de acero), True lies (Mentiras arriesgadas) y The Siege (Estado de sitio), que tienen al “terrorismo islamista” como argumento reiterativo y gancho del que colgar una película de acción y emoción. Su “gente”, el colectivo de personas corrientes del que proviene el terrorista, se representa como si también compartiera las mismas características de los que cometen los actos terroristas. Hasta finales de la década de 1960, las películas de guerra estadounidenses siempre terminaban en victoria. Esas victorias de ficción reforzaron la imagen de que las fuerzas armadas podían conquistarlo todo, eran todopoderosas y siempre tenían razón. Evidentemente, después de la Guerra de Vietnam se produjeron algunos cambios. Se introdujo cierto realismo, aunque el Pentágono se negó a colaborar en algunas películas como Apocalypse Now. En la actualidad se ha recuperado el estilo triunfalista, aunque con frecuencia aparece un

se encarga de negociar las producciones fílmicas. Estas oficinas están gestionadas por los “oficiales de proyecto” que el Pentágono envía a los rodajes de las películas con las que han firmado un contrato, observan lo que se está filmando y ofrecen su asesoramiento y punto de vista. Un ejemplo contemporáneo de los estrechos vínculos entre Hollywood y el Pentágono es Pearl Harbor, de los estudios Disney. La película se estrenó el 21 de mayo de 2001, con una proyección especial en la cubierta de aterrizaje del portaaviones nuclear John C. Stennis. Se montaron unas gradas y se instaló una inmensa pantalla sobre la cubierta. A continuación, el portaaviones se trasladó (sin aviones) de su puerto base en San Diego a Pearl Harbor específicamente para el acto. La marina y Disney invitaron al estreno a más de 2.500 personas. Tal como muestran los créditos, gran número de mandos de las fuerzas armadas ayudaron a realizar la película; a cambio pudieron realizar modificaciones en el planteamiento de la trama con el fin de presentar a los militares bajo una óptica favorable y promover la idea de que el servicio militar es romántico, patriótico y divertido. Según el Chicago Tribune, los reclutadores militares llegaron a colocar mesas en los vestíbulos de los cines donde se proyectaba la película, con la esperanza de atrapar a unos cuantos jóvenes a la salida de la película4. Quien paga, manda El ejército actúa como una corporación más, promocionando sus productos (la guerra) y lanzando sus ofertas de reclutamiento al mercado. Para conseguir este objetivo de forma más eficiente, firma periódicamente contratos con empresas de la comunicación para difundir su mensaje5. La imagen del ejército debe ser impoluta y de infalibilidad para que refuerce el mito de la supremacía militar estadounidense. Los desastres y los casos de negligencia son tratados por los medios de comunicación con gran benevolencia. Como cuando el 9 de febrero de 2001, el submarino nuclear de ataque Greeneville de 6.500 toneladas salió repentinamente a la superficie frente a la costa de Honolulu durante una emergencia simulada. Colisionó con el Ehime Maru, un buque escuela japonés de 130 metros de eslora, lo hundió y ocasionó la muerte a nueve jóvenes japoneses. El caso fue un claro ejemplo de negligencia de la marina. El submarino había zarpado con el único fin de dar un paseo a dieciséis ricos patrocinadores de la marina. Sin embargo, el tratamiento que dio la prensa al suceso fue el de

Algunos de los principales medios de comunicación están ya en manos de los vendedores de cañones.

factor nuevo con respecto a las viejas películas y es el personaje de un traidor relacionado con Estados Unidos. El traidor desprecia los valores más profundos y conservadores de América y representa la antítesis del héroe. Hoy en día, cada rama de las fuerzas armadas posee un despacho en Los Angeles que

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Alusión al imperio Dassault

un accidente inevitable. Por otro lado, la influencia de la industria del armamento sobre la difusión de la información y la cultura, a través de la inversión financiera en empresas de comunicaciones, no es nada despreciable. Por ejemplo, el principal accionista de la cadena NBC es la corporación General Electric, una de las principales empresas proveedoras del Departamento de Defensa. Los contratos de GE para motores de aviones militares ascienden a miles de millones de dólares. Este fenómeno no se da únicamente en Estados Unidos, sino también en todos los países con una potente industria de armamentos. En el caso de Francia, por ejemplo, Serge Dassault y Jean-Luc Lagardère, dos de los dos principales empresarios de la comunicación en el país, afines al presidente Jacques Chirac, tanto por simpatía ideológica como por asuntos de negocios, dirigen respectivamente los grupos Dassault y Lagardère. Estos dos importantes grupos tienen en común la inquietante particularidad de haberse constituido en torno a una empresa central dedicada a la actividad militar (aviones de caza, he-

licópteros, misiles, cohetes, satélites, etc.). El viejo temor se ha hecho realidad: algunos de los principales medios de comunicación están ya en manos de los vendedores de cañones. En este momento en el que se producen importantes tensiones internacionales, es de imaginar que estos medios de comunicación no se opondrán enérgicamente al empleo de intervenciones militares■
Notas 1. Este limitado acceso a la información sólo se concedió bastante avanzada la Guerra Fría, tras los escándalos del Watergate. 2. Datos extraídos de: Chalmers Johnson. Las amenazas del imperio. Crítica, Barcelona, 2004, p. 135. 3. Los haberes financieros del saudí Binladen Group (SBG) son gestionados por el Carlyle Group, desde el año 1995 en que Khaled Bin Mahfouz confió millones de dólares a la empresa. 4. Ver: Johnson, 2004, p. 129. 5. Por ejemplo, ha firmado recientemente un contrato por valor de 470 millones de dólares con Microsoft, que es copropietaria de MSNBC junto con NBC.

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Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala

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La farola de Los lunes al sol
texto de Alberto Arce
aya por donde, ahora resulta que Los lunes al sol fue profética. ¿O era histórica? Al final, pasado y presente se confunden, el tiempo se detiene, los viejos métodos regresan. ¿Habrá que temer a un nuevo hombre de la gabardina que baje de Montejurra? ¿Veremos de nuevo tribunales excepcionales, estados de excepción? Hombre tal vez exageremos diciendo esto. O tal vez no. Por si acaso, pregúntenselo a Cándido y Juan Manuel, a ver qué les contestan.

V

Los lunes al sol, probablemente la mejor película de Fernando León de Aranoa, relata de manera realista, triste y dura la tragedia del desempleo y la desindustrialización. Lo hace a través de historias de trabajadores que han perdido la batalla y han sido despedidos y prejubilados, apartados a la estantería donde se aparca a quienes ya no son útiles al beneficio inmediato, la deslocalización, la especulación urbanística y la ingeniería financiera. Nadie pudo poner en imágenes con más precisión aquel “abandonados a las puertas de las peores galaxias” de Montalbán. Se trata, aún así, de una historia dulcificada con componentes de humor, en beneficio de la narratividad y las reglas de la ficción. Santa, su protagonista, se pasa casi toda la película tratando de evitar el pago de una multa irrisoria: un puñado de pesetas por la rotura de una farola. La subtrama de la farola ridiculiza que se acuse a una persona por lo que sucede en una manifestación de trabajadores con cientos de participantes y denuncia la ceguera de la justicia, observadora de la letra de la Ley ante una farola pero dando la espalda a la tragedia real y de fondo: la destrucción del tejido industrial de una región entera. Pero la realidad casi siempre supera a la ficción: En el guión de la realidad, los astilleros de los que se habla en la película existen y se encuentran localizados en la bahía de Gijón: Naval Gijón. Algunos de los trabajadores aún permanecen como ta-

les –aunque cada vez es más difícil encontrarlos, mutados en especie a punto de extinción en medio de un bosque de prejubilaciones–. Incluso se agrupan en un sindicato de clase, resistente y combativo (sí, aún quedan): la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI). Como trama: Se pide cárcel, seis años y medio, por la rotura de un cajetín de tráfico durante una manifestación, para los dos sindicalistas de Naval Gijón que han liderado a lo largo de los últimos años la Corriente Sindical de Izquierdas, la defensa de los puestos de trabajo, la supervivencia del astillero y la lucha contra la desindustrialización de Asturias –Cándido González Carnero y Juan Manuel Martínez Morala–. Como desencadenantes: la denuncia del Ayuntamiento de Gijón, gobernado por la coalición PSOE-IU, con su Alcaldía ocupada por la exSecretaria de Estado de prisiones del gobierno de Felipe González –Paz Fernández Felgueroso– y bajo la dirección del conjunto de la coreografía represiva en manos de la Subdelegación del Gobierno en Asturias, cargo que ostenta el exPresidente autonómico socialista, Antonio Trevín. Encontramos una diferencia fundamental y un paralelismo cinematográfico entre los protagonistas de la historia de Los lunes al sol y la realidad. La diferencia fundamental: en la realidad la batalla aún no se ha perdido, no se ha tirado la toalla. Existe la solidaridad obrera, la movilización y la lucha sindical.

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El Sindicato sobre v i vey el astillero también. Au nque cuesta hablar en este país –socialdemócrata en el mejor de los casos– de sindicatos de clase que no se basan en la estru c t u ra de liberados y subve n c i o n e s, somos testigos de movilizaciones obreras reales, combates laborales y luchas impenitentes de personas que denuncian la burocratización de los sindicatos oficiales o las tra iciones de quienes se llaman de izquierdas. Aún podemos mencionar a los últimos resistentes de la aldea gala: Cándido y Morala como representantes de un pequeño sindicato combativo de ámbito asturiano. El paralelismo cinematográfico: los daños ocasionados por los disturbios de los que se acusa a los sindicalistas de la CSI ascienden a 5.624 euro s. La pena que el Mi n i s t e ri Fiscal solicita para ellos o es de seis años y medio de cárcel. En el momento de escribirse estas líneas, un fuerte rumor apunta a que la condena será de 3 años. ¿Proporcionalidad y cohere ncia, o castigo represivo? Dos trabajadore s, dos sindicalistas que denuncian la corrupción sindical y política y la especulación urbanística son castigados, amenazados y reprimidos en re p resalia por su liderazgo sindical. La ficción escrita y filmada por Fe rnando León llevada al patetismo de conve rtirse en realidad y sobre acusaciones presentadas por militantes y cargos públicos de administraciones gobernadas por el Partido Socialista en coalición con Izquierda Unida y sostenidas por un agente de la policía nacional infiltrado en el sindicato durante años. No es menester de quienes tratan de escribir desde la izquierda meter el dedo en la llaga, ¿o sí? Un poco de histori a Veamos: años de movilizaciones en defensa del puesto de trabajo. La CSI fue fundada en 1982, apenas tenía yo seis años. Y ya estaban Cándido y Mo rala levantando un sindicato (junto a más compañero s, obvio). Recuerdo (entre otras cosas) manifestaciones y disturbios, movilizaciones de hombres en mono de trabajo, pasamontañas y cascos amarillos. Sigo recordando y ahora veo con toda claridad que muchos días, cuando vo l v í a a casa en el autobús del colegio, el viejo vehículo naranja que conducía Joaquín, nos cruzábamos con las protestas, que casi siempre sucedían en los alrededores de los astilleros, muy cerca de mi casa. Y nos peleábamos por ocupar las ventanillas. Queríamos ve r l e s, con su ropa de trabajo azul, su casco y su pasamontañas. Había neumáticos apilados en la autopista, fuego, un intenso humo negro, trabajadores con gomeros y tubos de metal. Frente a ellos, antidisturbios que disparaban

Se les inculpa por la rotura de un cajetín de tráfico que cuesta 5.624 euros.
pelotas de goma a los trabajadores. Desde entonces que no soporto a los antidisturbios. Supongo que mi cabeza no acepta que existan trabajadores que cobren por pegarles a otros trabajadores. Eran los 80. Las cosas no iban del todo bien pero tampoco nos faltaba nada. Ahora las cosas tampoco nos van bien y aparentemente sigue sin faltarnos nada. Pero ahora todo es mentira. A los jóvenes gijoneses nos falta la identidad. Prácticamente ya no sabemos quiénes somos y nos han robado la tierra y el f u t u ro. Ya no hay fábricas y ya no hay trabajo. Quedan la emig ración y los serv i c i o s, balnearios, turismo ru ral y hoteles. Y un clima de mierda para los turistas –no para nosotros, cómo echo de menos el orbayu– que nunca llenarán esos balnearios ni esos hoteles. Y poco a poco los jóvenes nos vamos de Asturias p a ra no vo l ver. Siguen gobernando los mismos que gobern a b a n hace veinte años, siguen llamándose de izquierdas y continúan cantando la internacional en sus fiestas mineras y sindicales. Seguimos gobernados por los de siempre cuando me acerco a la treintena. No conozco otros nombres que los de los socialistas y los sindicalistas que llevan gestionando Asturias desde que nací. Del Movimiento Nacional al Pa rtido Único. Los de siempre han inaugurado un acuari o. Un acuario en Gijón para atraer turistas. Un acuario al lado de los astillero s. Los astilleros siempre están al lado del mar. La bahía de Gi j ó n . Pa ra quienes la conozcan, zona de poniente. Antes fábricas y

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La pena que el Ministerio Fiscal solicita para ellos es de seis años y medio de cárcel.
un puerto con barcos de tra b a j o. Ahora una playa artificial, edificios barco y un acuario. También un centro de talasoterapia. Todos sabemos que a los concejales de urbanismo les encanta jugar con los terrenos como si de fichas de Monopoly se tratase. Si los terrenos están en primera línea de playa, con acuario, talasoterapia, edificios barco y un astillero con señores trabajando ¿qué sobra para poder construir más edificios barco (y ganar más dinero)? El astillero con los señores trabajando. Pero los señores que trabajan llevan años, testarudos, diciendo que quieren continuar trabajando –qué pesados– y cuando tratan de quitárselos de en medio se enfadan, salen a la calle y hacen ruido. Siempre salen a la calle. Hasta el día en que los de siempre, en sus coches oficiales, inauguraban el acuario. Y se enfadaron. Los trabajadores porque el acuario está allí para echarles: los políticos porque esos señores que gritan tanto les estropearon la foto. Los gobiernos tratan de comprarles: si os calláis os damos lo que a los demás, es decir, os vais para casa y os pagamos el sueldo. Pero os tenéis que quedar callados. Os prejubilamos. No han defendido los puestos de trabajo. No han defendido las fábricas. No han defendido el futuro de sus hijos. Le han puesto un precio a las barricadas. Y las han comprado. Lo que me pregunto es si alguna vez a lo largo de estos veinte años todos estos socialistas y sindicalistas de pacotilla que se han convertido en protegida fauna autóctona se han parado a pen-

sar en las consecuencias de lo que estaban consiguiendo con la solución del millón, la prejubilación. ¿Todos tenemos un precio verdad?. ¿Todos? No, algunos no lo tienen. Ese ejemplo es peligroso. Les prejubilan y van a los tribunales a reivindicar su derecho al trabajo. ¿Están locos?, ¿tienen principios? Debe ser lo mismo. Ministros y Consejeros quieren desindustrializar. Alcaldesa obedece. Subdelegado del gobierno obedece. Concejal de urbanismo juega con sus cromos, especula y construye (recordemos un acuario, un centro de talasoterapia y edificios barco) y unos trabajadores se niegan a vender su puesto de trabajo, se enfadan y gritan. Miran a los ojos y dicen la verdad: ¿No os da vergüenza? Hay que castigarlos. De entre todas sus movilizaciones (en las que participaron cientos, miles de trabajadores) se escoge una al azar. Se les inculpa por la rotura de un cajetín de tráfico que cuesta 5.624 euros y se les pide una condena de 6 años y medio de cárcel. ¿Denuncia? Del Ayuntamiento de Gijón. ¿Pero no era un Ayuntamiento socialista (en coalición con Izquierda Unida)? ¿Testigos?: la Policía Nacional. ¿Pero esos son imparciales? Da igual. ¿Sorpresas? Para el último capítulo. Último capítulo: Como en los viejos tiempos. Un agente de la policía nacional se infiltra en el sindicato. Pa rticipa en las movilizaciones. No una vez ni dos ni tres sino durante años. Incluso viaja con ellos a Ba rcelona. ¿Pe ro no se trataba de un sindicato local y sectorial, para qué viajaban entonces? Ba rcelona, 2001. Cumbre contra el Banco Mu ndial. Es la misma lucha. El agente infiltrado rompe y ra s g a . Bancos y cajeros automáticos. Ahora lo llaman Kale Bo r ro k a . Yo también estaba allí. Y sin lugar a dudas re c u e rd o. De c e n a s de policías vestidos de paisano disfrazados de manifestantes deteniendo manifestantes. Ot ro policía venía de Gijón. Inf i l t ra en el Sindicato. Presidió asambleas, participó en los do movimientos sociales asturianos. Habló, se manifestó, asistió a re u n i o n e s. Y un día desapareció. ¿El re e n c u e n t ro? En el juicio. Hablan tres policías. El segundo es el chivato. Se cont radicen. Cándido y Morala son inocentes. La policía es c o n s c i e n t e. El gobierno local sólo quiere castigar, la subdelegación del gobierno también. El policía, debería ave rg o nz a r s e. Los gobernantes que le mandan, también. Y ¿saben qué? Cándido y Mo rala org u l l o s o s. Es lo que les queda: la dignidad, que no es poco. Si van a la cárcel no será por ro mper un cajetín de tráfico. Será por defender sus puestos de t ra b a jo ■

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¿Refundar IU?

Los nuevos fundamentalismos en política
texto de Jaume Botey Vallès
n el número anterior de El Viejo Topo, Manuel Monereo hacía un llamamiento al debate sobre una refundación de IU. En este número Jaume Botey, miembro de la dirección del PSUC-viu y de Esquerra Unida i Alternativa, organización esta última de la que fue Presidente, toma la palabra en el marco de dicho debate. Quien no haya leído todavía el artículo de Monereo puede acceder al mismo en www.elviejotopo.com

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Manolo Monereo pone el dedo en la llaga en el diagnóstico que hace de IU: ambigüedad ideológica, imprecisión en relación con el espacio político que pretende ocupar, incapacidad o falta de voluntad de aparecer como izquierda alternativa, subordinación de facto al PSOE, caos e instrumentalización de la organización, según las circunstancias, al servicio de alguna de las familias que la forman, alianzas internas frágiles que hoy se hacen y mañana se deshacen según las perspectivas de poder o de fidelidades personales. Por otra parte esta falta de osamenta vertebradora y su vulnerabilidad interna la hacen socialmente poco atractiva y electoralmente marginal. De seguir por este camino IU tiene muy difícil salir de este pozo en el que progresivamente se va hundiendo y cuyo único fondo es una lenta desintegración. Parece que en IU se ha confirmado de nuevo que en una formación política de izquierda priorizar la preocupación por el poder, por llegar al poder y por mantenerse en el poder prescindiendo de la ideología, dar mayor importancia a lo electoral que a la coherencia en los valores, es el camino más rápido para llegar a perder poder, influencia social y valores. Por otra parte, como afirma también Manolo, en mayor o

menor grado este conflicto está presente en toda la izquierda mundial, tanto la política como la de los movimientos sociales. Ningún partido puede ya hoy cumplir la función integrativa y de vertebración social que deberían tener o incluso en el pasado alguno de ellos tuvo. Han surgido nuevos actores sociales y políticos y los partidos no controlan la “agenda política” derivada de las preocupaciones sociales. Ante esto, y al filo del artículo de Monereo, quisiera llamar la atención sobre un fenómeno que considero preocupante y que por lo que veo lentamente va creciendo, sobre todo entre los partidos, pero también en los movimientos sociales: el fundamentalismo político de izquierdas. Primero explicaré qué entiendo por fundamentalismo. Peligro de Fundamentalismo El fundamentalismo, todo fundamentalismo, no es más que un mecanismo de defensa que nace después de una experiencia de humillación, de desconcierto, de prolongado sufrimiento. No es una doctrina, es una forma de interpretar y vivir la doctrina. El rasgo fundamental de todo fundamentalismo es asumir la letra de las doctrinas y las normas, reducir una fe

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o una política a la forma cultural o institucional que pudo tener en una época anterior, sin atender a su espíritu y a su inserción en el presente, en el proceso siempre cambiante de la historia. Es la pretensión de instalarse en el ser absoluto y decir la verdad absoluta sobre él, de un regreso a las llamadas verdades eternas y de una negativa a la adaptación. Por eso el fundamentalismo utiliza un lenguaje extremadamente pautado, que limita con rigor lo que se debe y lo que no se debe decir. La obediencia a una doctrina y reglas rígidas, la pertenencia a un grupo convencido de poseer la verdad y el seguimiento de un líder fuerte, son remedios para curar el sentimiento de inferioridad y medicinas para sentirse superior.

l estalinismo es, sobre todo, la voluntad de poder por encima de todo y al precio que sea.
Junto a la verdad absoluta hay un cuerpo doctrinal que no puede ser sometido a crítica. Quien se siente portador de esta concepción mesiánica de la vida y de su intervención en la historia, no puede tolerar ninguna otra verdad. Los fundamentalistas son personas prácticamente inaccesibles a toda argumentación racional. Movido por un ideal de perfección, el horizonte mental del fundamentalista es cerrado, obsesionado, impermeable, intolerante, dogmático. Y en consecuencia, defiende la inquisición, la expulsión del que piensa diferente, la condena del otro, persona o grupo: si estoy seguro de poseer la verdad, debo actuar contra quien sea porque la bondad del fin justifica todos los medios, no caben muchas distinciones morales. Comúnmente, cuando hablamos de fundamentalismo nos referimos sobre todo al religioso. Pero hay también el científico, el cultural, el nacional, el político. Todos coinciden en las mismas características y en todos subyace una actitud con

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muchos componentes religiosos. Quiero referirme ahora al fundamentalismo político. El carácter de verdad absoluta que el fundamentalismo político atribuye a sus verdades particulares, pone de manifiesto el continuo tránsito de conceptos teológicos al ámbito político. Lo sagrado no abandona nunca el hecho político, lo sigue como una sombra y a menudo impregna su legitimación. Las formulaciones de Bush acerca del bien y del mal, que presuponen su autoridad cuasi-divina que le permite definir quién está al lado del bien y quién al lado del mal, nos remiten a uno de los grandes teóricos de la filosofía política de trasfondo nazi-fascista, Carl Schmitt (1888-1985), que en su obra El concepto de lo político (Alianza, Madrid 1991) dice: “todos los conceptos que se imponen a la moderna teoría del Estado son conceptos teológicos secularizados”. Ni la política liberal ni el discurso crítico han podido desacralizar la política. Desacralizado el estado teocrático, el poder no tardó demasiado en resacralizarse de nuevo. El estado hegeliano es un ejemplo de ello y en la vida cotidiana lo podemos constatar en el espectáculo de las liturgias políticas o en el papel de mediador o cuasi sacerdotal que el político se atribuye ante la comunidad. Se da, de hecho, una buscada ambigüedad entre lo social y lo trascendental, entre el conflicto y la presunción de superarlo, una tendencia a hipotecar los problemas humanos hacia un estadio superior. Fundamentalismo, o integrismo es, pues, casi sinónimo de totalitario: se esgrime una verdad como definitiva y en consecuencia se considera falsa la de los demás, y se intenta imponer por la fuerza. Por desgracia esta actitud está presente en todos los intersticios sociales, es una enfermedad, un virus que infesta todos los movimientos políticos y religiosos, que debilita las defensas de la sociedad, impide que el cuerpo social encuentre el equilibrio que le permita la autonomía, la libertad y la tolerancia y lo arrastra hacia la negra noche de un orden moral obligatorio. El estalinismo es un fundamentalismo Pues bien, la más grave perversión del marxismo, el estalinismo, es uno de los fundamentalismos en política, supuestamente de izquierda. En la teoría, el estalinismo transformó el marxismo, filosofía crítica, en un sistema dogmático de repetición estereotipada de fórmulas, extirpó del marxismo el método vivo de interrogación acerca de la realidad para transformarlo en un sistema, en una vulgata, un catálogo de leyes inmutables. En política, fue la imposición ciega y sangrienta a la población de las decisiones de las cúpulas y el ejercicio de clasificar arbitrariamente los amigos y los enemigos, según la explicación que el mismo Carl Schmitt había dado de la política: “La esencia de la política es su capacidad de definir al ami-

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go y al enemigo”, para poder posteriormente aniquilarle. Y fue, sobre todo, la voluntad de poder por encima de todo y al precio que sea, incluso con el precio criminal de millones de muertos ante el altar de un supuesto bien colectivo. La exportación de este integrismo condujo a los partidos comunistas de Europa y del Tercer Mundo a un fracaso generalizado y a una generalizada reacción social de rechazo. Acomplejada ante el desastre, la izquierda vinculó la caída de la Unión Soviética con la del marxismo y, en nombre de la democracia se hicieron mil propuestas políticas para diluir el mensaje, la ideología, buscar subterfugios, cambiar de modelos, en definitiva, avergonzarse de sus orígenes y de una historia, en la mayoría de los casos, heroica de militancia, cárceles y sufrimimientos. Había ganado el fundamentalismo de los Fukuyama, del final de la historia. Bajo el síndrome de secta Hoy en algunos sectores empieza la reacción inversa. Nuestra izquierda, desorientada y humillada, bajo el síndrome de secta, corre el riesgo de resacralización de la política afianzándose en imaginarias verdades eternas desde un marxismo resacralizado que deberá traernos la salvación universal. Así nos convertiremos en el referente social y político de la transformación social. Y así, ante la debacle de IU, el riesgo que corre el PCE de ser arrastrado por esta misma debacle, unos movimientos sociales poco seguros, dispersos, con un tan amplio pluralismo político e ideológico, y ante la deriva en general de la izquierda hacia posiciones de centro etc., es lógica la tentación de buscar en pasados gloriosos las raíces identitarias para trasladarlas mecánicamente al presente. Otros partidos comunistas europeos han seguido esta misma estrategia de blindaje, recluidos en sí mismos como sectas, sin prácticamente influencia social, viviendo de las rentas de la escasa presencia institucional y esperando tiempos mejores. Son los que hace años se manifestaron impúdicamente a favor de Milosevic por el hecho de ser “el último epígono del comunismo”. Y así se escuchan voces que sin matices apelan a la refundación del PCE, a la necesidad de sacarlo de su segunda clandestinidad (en referencia a su clandestinidad actual dentro de IU), de la vuelta al marxismo, a la necesidad de hegemonizar los movimientos sociales, etc. Cada una de estas propuestas, correctas en abstracto, son armas de doble filo en lo concreto. Deben ser entendidas en un contexto global y muy amplio, de lo contrario se corre el riesgo de mesianismo, de considerarse el portador de la verdad eterna o de intentar llevar la salvación a los demás al precio que sea, aun convirtiendo a los aliados en enemigos. O de la persecución del poder también a cualquier precio. Porque en este contexto se produce con facilidad

un deslizamiento de conceptos: la defensa de los privilegios del partido se presenta como defensa del marxismo, de la misma manera que la Jerarquía de la Iglesia presenta la defensa de sus privilegios como defensa de la fe. Por ejemplo, Sevilla Lamentablemente creo que esto es lo que ocurrió en las recientes Jornadas del 2, 3 y 4 de febrero en Sevilla contra la Cumbre prevista de ministros de la OTAN. El convocante era el Foro Social de Sevilla, con las mismas dificultades para su realización de todos los Foros Sociales pero manteniendo como un tesoro la unidad del movimiento trabajosamente construi-

a defensa de los privilegios del partido se presenta como defensa del marxismo.

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da. Pero pocos días antes de la celebración, el Comité provincial de Sevilla de las Juventudes Comunistas de Andalucía, anuncian unas Jornadas Antiimperialistas para los mismos días, a las mismas horas y en el otro extremo de Sevilla con la participación de grandes figuras de la cultura y con grandes medios municipales, en concreto sufragando con 80.000 euros un concierto de Pablo Milanés. Obviamente esto no sólo supuso la ruptura del movimiento sino su enfrentamiento y unas heridas muy difíciles de cicatrizar. Además, dada la escasísima diferencia de votos con la que en Sevilla se mantiene la coalición de gobierno PSOE-IU frente a la posible alianza PP-PSA, enajenarse los votos de los colectivos de Foro puede significar incluso un grave error electoral. Siempre la realidad es más compleja, puede haber motivos históricos, cuentas no saldadas, relaciones personales difíciles, sectarismos, etc. pero estos fueron los hechos y en el fondo sólo pueden ser razones identitarias las que hayan con-

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ducido a la ruptura del movimiento, apoyándose más en el soporte institucional que en la fuerza de las bases, valorando más la aparición pública de las propias siglas que la construcción unitaria del movimiento. En definitiva, sintiéndose portadores o gestores de una verdad eterna creyendo que los demás no la sabrían gestionar. Fundamentalismo. Desde aquí, enfrentados a los movimientos sociales, es impensable construir aquella hegemonía social de la que hablaba Gramsci como dirección intelectual y moral de la sociedad. Marx tendría en la actualidad nuevas razones para repetir a quienes definían su pensamiento como determinismo económico aquella famosa frase: “si esto es marxismo, tengan la certeza de que yo, Karl Marx, no soy marxista”.

a derrota principal de la izquierda ha sido la cultural.

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Los valores y la laicidad en la política Sin embargo, probablemente hay que refundar el partido, hay que refundar IU, hay que salir a la superficie. El éxito de la tesis de Holloway Cambiar el mundo sin tomar el poder se debe precisamente a la degradación del sistema democrático y a la aspiración de prescindir del filtro de los partidos. Si Holloway sólo planteara que la acción política es más amplia que la acción de los partidos podríamos estar de acuerdo. Pero si se trata de desconocer la importancia del campo político, es pura ilusión. O en el peor de los casos hace el juego al neoliberalismo que pretende despolitizar la sociedad y disminuir el poder del estado para devaluarlo a mercado. ¿Qué puede hacer hoy la izquierda política, un partido

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comunista? Trabajar, sobre todo, en el terreno de las ideas y de la organización. En primer lugar la izquierda tiene necesidad de elaborar los elementos para construir una ideología y en segundo lugar reinventar la manera de elaborar pensamiento colectivo. En primer lugar no diluir el mensaje, lo cual hoy significa situarse claramente en el espacio anticapitalista, de resistencia y de propuestas. Este espacio debe ser plural, como es plural la izquierda anticapitalista, pero en él no cabe todo lo que hoy se llama izquierda. Hemos visto ya demasiadas experiencias políticas que no han hecho más que poner de manifiesto que la derrota principal de la izquierda ha sido la cultural. Transfuguismo ideológico de las direcciones que, apropiándose de las siglas y del trabajo militante de los de abajo, han dejado a las bases, con sus ideales, en la estacada y sin instrumentos. Búsqueda desesperada de un nuevo paradigma ideológico (p.ej. lo verde o lo ecológico), después de haber abandonado el marxismo, sobre el que sustentar una política. Devauación de los valores y acercamiento al postmodernismo como único criterio de acercamiento a la realidad social. Sucumbir ante el espejismo de la política-gestión, etc… Si las direcciones piensan que tener diputados es más importante que la coherencia, si se renuncia a los ideales a fin de mantener espacios de poder, el partido no tiene futuro. En 1920 en una carta a Trotski, Lenin decía: “Nuestro principal enemigo es el burócrata, el militante comunista que ocupa una función administrativa en el Estado o el partido”. En segundo lugar está la necesidad de crear un imaginario social de izquierda anticapitalista y que este imaginario pueda convertirse en un espacio político de confluencia para intentar cambiar la atomización de las luchas y resistencias y superar la sensación de aislamiento en las que cada una de ellas se encuentra, respetando la diversidad y la autonomía de cada uno de los que lo forman. A los Partidos y movimientos sociales que confluyen en este espacio les resulta difícil articular sus propuestas. Hoy la desconfianza en España es tan general que el trabajo de pedagogía buscando complementariedades, tendiendo puentes y procurando hacer converger partidos y movimiento será necesariamente largo, sobre todo porque parece que ni partidos ni movimientos estén dispuestos a ello. Hoy la nueva hegemonía social se crea a partir de grandes combates y de microcombates. Grandes combates como el que se libra en Venezuela, en los Foros bajo el lema Otro mundo es posible o en el movimiento contra la guerra, y microcombates como el de la pequeña cooperativa, de la propuesta de banca ética, del nuevo modelo de TV alternativa, etc., etc. De momento son islas con la esperanza de convertirse en archipiélagos.

El partido debe hacer política con valores, con los valores de siempre de la izquierda, pero desde su laicidad, no desde verdades inmutables, sino desde el análisis de la realidad. No por consiguiente al relativismo de los valores. Relativizar no es tanto establecer el politeísmo de los valores o su devaluación como propone el postmodernismo sino la capacidad de interrogarse por el verdadero sentido de los valores, es decir, el intento de construir una política desde la laicidad. El partido debe hacer asimismo pedagogía ante las tenta-

oy la nueva hegemonía social se crea a partir de grandes combates y de microcombates.

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ciones fundamentalistas que nacen en su interior y las que tiene a su alrededor. Acercar al fundamentalista a la realidad concreta, llena de contradicciones, claroscuros y matices significa introducir en él la duda y la inseguridad, las cuales desempeñan una función altamente terapéutica, que quizá lleve al fundamentalista al diálogo, a reconocer el derecho del otro a existir. Y finalmente paciencia. El partido debe ser consciente que los próximos años serán malos y que esto comporta la necesidad de paciencia. A Lenin, desde fines de 1921 la situación se le escapó por completo de las manos a causa de su enfermedad (falleció en 1924). Según Boris Bazhanov, en sus Recuerdos de un ex secretario de Stalin, en los breves intervalos en que Lenin recobró el habla antes de su muerte, comentaba: “Es evidente que hemos fracasado. Queríamos construir una nueva sociedad socialista con una fórmula mágica, cuando ese proceso exige decenios y varias generaciones. La mentalidad de los hombres, y los hábitos adquiridos en tantos siglos, no pueden cambiar en un instante”■

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La astrología es un timo
Entrevista a Alfonso López Borgoñoz
por Salvador López Arnal fotografías de Alejandro Pérez

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strólogos, hechiceros, adivinadores, echadores de cartas... toda una fauna que se ha ido adueñando de emisorias de radio y televisiones, especialmente las locales, en las horas nocturnas. Pura charlatanería, contra la que se levanta una Asociación. Alfonso López nos habla de ella.

—Usted, que por cierto fue presidente de Amnistía Internacional, es ahora co-director de la revista El Escéptico, publicación de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. ¿Podría explicarnos el origen y finalidades de su organización? —El origen se encuentra en un grupo de personas procedentes de diversos ámbitos que estaban cansadas de escuchar afirmaciones pseudocientíficas sobre pirámides mágicas, telepatía, psicofonías, cucharas dobladas, astronautas en la antigüedad, ovnis, curaciones milagrosas, fantasmas, etc., sin encontrar ningún resultado positivo —ni uno sólo— que les permitiera validarlas. Estaban además hartos de que estas falacias, en muchos casos, obtuvieran una gran publicidad en los diferentes medios de comunicación, afirmándose de ellas que también eran ciencia, aunque alternativa a la “oficial”. Ante el cúmulo de estas supuestas verdades a las que se daba cancha sin una réplica clara, decidieron que era hora de constituir un foro desde el cual tratar de rebatir públicamente dichas fantasías (que en la mayor parte de los casos más conocidos eran meros fraudes) fuera de los marcos académicos, mediante una crítica rigurosa, basándose en los mejores estudios disponibles y en una investigación de calidad. De ahí el nombre original de ARP, que eran las siglas de Alternativa Racional a las Pseudociencias. —Pues la cosa sigue más o menos igual... —Casi enseguida se comprobó que por más pruebas que se encontraran, por más contradicciones que se descubrieran y por

más falsedades y trampas que se hallaran tras cada supuesto milagro, siempre había a la mañana siguiente una nueva publicación en la que se defendía lo mismo –o “casi” lo mismo–, pese a no tener sus autores o perpetradores ningún nuevo dato ni argumentación a su favor. Por esa razón se estimó hace ya una decena de años que era mejor dejar de centrarse prioritariamente en la réplica e investigación constante de cada nuevo supuesto hallazgo de los defensores de lo paranormal, y pasar a tratar de forma preferente el fomento del pensamiento crítico, de la racionalidad y del conocimiento del método científico. —¿Y quiénes pueden ser miembros de ARP-SAPC? ¿Sólo admiten científicos en su asociación? —No, el único requisito es estar de acuerdo con los fines y objetivos de la entidad, según se indica en los estatutos. En la asociación, incluso entre sus fundadores, es absolutamente variado el nivel de formación educativo de sus miembros, sus áreas de trabajo o su procedencia. —Hablaba usted de las pseudociencias. ¿Qué entienden ustedes por ciencia, por conocimiento científico? ¿Ciencia equivale a verdad? —Pese a las discusiones que hay sobre lo que es ciencia y su criterio de demarcación –o de separación entre lo que es y lo que no es ciencia–, la mayoría de los escépticos seguramente coincidiríamos en que las llamadas verdades científicas no pre-

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—Una creencia pseudocientífica sería aquella que dice de sí misma que es científica sin serlo, ya que en realidad no se fundamenta en la aplicación del método científico en ninguna de sus formas. Suelen tratar de apropiarse de la legitimación que proporciona el método científico, sin aplicarlo, y por eso camuflan su discurso aproximándolo al de la ciencia. Habitualmente, suelen basarse en apriorismos y son dichos apriorismos lo único que les importa, y es “aparentar” que los demuestran lo único que les vale. En muchos casos, su defensa ni siquiera es honrada. Se defienden pese a saber que los datos son falsos, ya que “interesa” el mantenimiento de dicha creencia por diferentes razones (prestigio, fe, dinero). —Los defensores de teorías astrológicas sostienen que la astrología es capaz de adivinar futuros e inquietudes de las personas. ¿Cuál es su opinión al respecto? tenden nunca ser el equivalente de la Verdad, sino que, en todo —La astrología no es capaz de ver nada de nada. Se basa en una caso, tratan de establecer las mejores verdades posibles en cada serie de supuestos que jamás han podido ser acreditados por momento entre una serie de conjeturas racionales sobre el ser sus defensores. No sólo eso, hay pruebas en sentido contrario humano (entendido no como ente moral, sino físico), el medio procedentes del mundo de la astronomía, de la psicología y de social y/o natural o la interrelación entre ambos, sobre la base otras áreas del conocimiento que nos hacen pensar que dichos de las observaciones directas de dichos objetos de estudio o supuestos son totalmente falsos. Hay numerosos estudios esexperimentaciones con modelos de los mismos. Estas hipótesis tadísticos que demuestran que los vaticinios hechos por astróde trabajo sobrevivirán, mientras se afinan, hasta que se vean logos son tan inútiles para conocer el futuro de la gente como destronadas de alguna manera por otras nuevas más fundaestudiar el poso de las tazas del café, las entrañas de las cotorras mentadas. o las formas de los tubérculos. Pero hay más. Se ha demostrado que no hay ninguna corre—¿Y cuáles son o deberían ser las características de estas hipótelación directa entre la personalidad de los nacidos en determisis? nadas épocas del año y la posición de los astros en el cielo. De —Entre ellas debe estar el no pretender que están fuera de toda hecho, a tenor de su representación del cielo, ni siquiera parece duda por su carácter trascendente (por haber sido reveladas a ser cierto que la gran mayoría de los astrólogos sepan claraelegidos) o por proceder de una autoridad humana tal que todo mente dónde están los astros en el momento de nuestro nalo que ella diga es correcto porque sí. Decimiento, pese a lo fácil que resulta. Una ben tratar de estar lo más perfectamente He visto tirar las cartas de tarot a curiosidad, entre otras miles, es que hay descritas que se pueda –indicando en qué simpatizantes de todas las facciones más constelaciones en el zodíaco de las se basan de la mejor manera posible–, deque ellos defienden y que la posición del del arco político. ben ser coherentes y consistentes, no deben Sol cuando la gente nace supuestamente ser contradictorias en sí mismas, y su valibajo el signo de Aries, en realidad está en dación o refutación no debe poder quedar fuera de las posibiliPiscis, por lo que es ese signo y no el de Aries el que debiera dades de otros grupos de investigación usando los mismos afectar a su personalidad. equipos técnicos. Así, nunca podemos decir que la hipótesis A es una verdad final irrefutable debido a que sabemos por expe—¿Por qué creen que es peligroso o poco adecuado que las perriencia que nuevas investigaciones futuras pueden cambiar el sonas crean en temas y asuntos no muy contrastados? ¿Creen uscurso de los conocimientos, pero sí que creemos que es posible tedes que eso repercute en la vida social o que es un asunto estricdecir que la hipótesis A es más probable que la B como verdad tamente privado? y ésta que la C, basándose en lo que las sustenta. —La calidad de los conocimientos de los ciudadanos, su forma —Entonces, ¿qué debería entenderse por pseudociencia? de basar sus opiniones y lo que estén dispuestos a admitir nuestros convecinos como autoridad puede llegar a comportar

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diferentes situaciones sociales, que no sólo les pueden afectar a ellos, sino también al conjunto de la sociedad. Piense en lo que han significado y significan aún las creencias pseudocientíficas en las tesis eugenésicas, en las racistas, en la brujería, etc. Un país o un mundo basado en decisiones tomadas por métodos incorrectos, tirando los dados o las cartas, o mediante la astrología, acaba conduciendo a diferentes formas de mesianismo, ya que al no estar fundamentadas sus elecciones en pruebas ni en criterios mínimamente objetivos y discutibles, las opiniones de sus gobernantes –o de unos pocos, muy influyentes– pasan a ser completamente irrebatibles precisamente por ser infundadas (es obvio que si no hay fundamento, no se puede discutir nada). —Concretamente, sobre sus efectos en temas de salud humana, ¿qué podría comentarnos? —Además de los riesgos políticos que conlleva la expansión de las pseudociencias y de las creencias que no tratan de fundamentarse de modo racional, están los graves riesgos para la salud. Así, indicar que determinados brebajes curan el cáncer, puede hacer que la gente se forme una opinión equivocada sobre qué tratamiento es el que más le conviene. De hecho, eso pasa con muchas actividades curanderiles cuyos métodos no están contrastados en absoluto por nadie. Creo que la gente debe elegir con libertad con respecto a su vida, pero con la ayuda de la mejor información posible. Decir, como hizo la ministra de Sanidad de Sudáfrica en la Conferencia Nacional del Sida de su país, que una dieta con ajo, patatas y aceite de oliva era útil contra el SIDA es sumamente peligroso. O como el rumor que ha corrido en algunas zonas de África de que hacer el amor con una virgen ayuda en la lucha contra dicha enfermedad (lo cual suele acabar en violaciones que además transmiten la enfermedad a la niña violada). —¿Qué opinión le merecen las medicinas alternativas? ¿No hay aquí buen saber, conocimiento contrastado, en algunos casos? —No hay medicinas alternativas. Hay medicinas que se puede demostrar que curan y medicinas que no se puede demostrar que curen. Si se habla de medicina, el buen saber es el que se demuestra que cura. No puede haber más. Y esa demostración, seamos claros, no la tienen la homeopatía, las flores de Bach, la acupuntura, etc. Pensemos que en el campo de la medicina, no importa si el gato es blanco o negro, sino si caza ratones... De ahí la ventaja de la medicina realmente basada en la ciencia, y es que sus tratamientos, para poder ser usados, deben pasar cada cierto tiempo por el escrutinio de una serie de ensayos clínicos o de pruebas, con unos protocolos estandarizados muy rígidos, que permiten validarlos o no. Hay incluso sis-

temas de meta-análisis que permiten verificar resultados de los ensayos en un segundo paso. El resto de las medicinas no se someten a ningún sistema de validación reiterado. Ni siquiera se validan de forma mínimamente creíble. No pasan los complicados tests que se requieren para ser considerados medicamentos. No hay pruebas reproducibles que permitan ver si realmente mejoran o no la vida de sus pacientes. Las mejores pruebas con algunas de ellas nunca consiguen mejorías en la salud de los pacientes que no sea similar al placebo que se haya usado en cada caso. Con respecto a alguna de ellas, como la acupuntura, algunos autores indican que podría hacer disminuir el grado de dolor que el paciente dice que sufre, pero incluso eso se ha demostrado que tampoco es correcto si las pruebas se hacen con todos los requerimientos. Si hay en las medicinas alternativas un buen saber, debe demostrarse, protocolizarse, ver sus posibles efectos secundarios en determinados segmentos de la población, ver las dosis y tratamientos más adecuados, así como sólo deben ser recomendadas por personas con la titulación y conocimientos adecuados. —De cualquier forma, esas medicinas alternativas parecen consolidarse en las sociedades occidentales...

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—Sí, y es por ello que vemos con preocupación el actual proyecto de decreto catalán de regulación de las terapias naturales, en el cual los poderes públicos se limitan a regular un negocio, sin necesidad de que sus tratamientos acrediten su utilidad. No deja de ser, en todo caso, una manera de legalizar unas malas prácticas médicas, ante las presiones de intereses que nada tienen que ver con la defensa y mejora de la salud pública. —¿Son ustedes antirreligiosos? ¿Creen en su Asociación que la religión es también un pseudosaber? —No somos antirreligiosos. De hecho, no somos anti-nada. Nuestro problema no son las creencias personales o privadas, sino las que se hacen públicas (intentando convencer de las mismas a otros) sobre nuestro entorno y pretenden ser ciertas y demostradas, guiar conductas con ellas o ganar dinero, sin que las mismas estén basadas en ningún tipo de pruebas racionales. Si entendemos una creencia religiosa —como las que tienen muchísimas personas en su ámbito privado— como una certeza basada en una fe personal en la existencia de una realidad trascendente e imperceptible y que queda más allá de la naturaleza, no podemos decir gran cosa, salvo que no es una creencia científica. Pero si esa creencia, en cambio, defiende además que dicha realidad trascendente, cuya existencia no se puede probar de ninguna manera, rige el Cosmos de lo perceptible de diversas maneras y se otorga a sí misma (mediante quienes más la defienden) una enorme autoridad o capacidad decisoria sobre temas naturales, sí que empezaría entonces a ser motivo de nuestra preocupación.

mismo, publicamos un número especial sobre clones y células madre. Pero nuestra labor de difusión trata de ir más lejos y mantenemos actualizada nuestra web (www.escepticos.org), tenemos un noticiario vía correo electrónico (El Escéptico Digital), una revistilla con contenidos para profesores (EscolARP) y, además, ARP-SAPC está publicando, junto con la editorial Laetoli, los primeros libros de una colección de textos críticos, en los que también tratamos de difundir lo que pensamos sobre toda esta misma temática, que iría desde estudios sobre la sábana santa a textos sobre los ovnis, creacionismo u otros. —Hablan ustedes también a favor del pensamiento crítico. ¿Cómo puede definirse esta noción? —En su base está el uso sistemático de la crítica y de la duda ante la información que nos llega y el creer que se deben requerir las mejores pruebas y argumentaciones para poder aceptar provisionalmente cualquier planteamiento. El pensamiento crítico está fuertemente influido por el método científico, y debe trata de validar la información que nos llega –incluso la no científica– con el ánimo de tratar de interpretarla lo más correctamente posible. —¿Su asociación tiene posiciones políticas compartidas por todos sus miembros o es independiente de toda creencia política? —La asociación (otra cosa son sus miembros) y sus representantes (en tanto lo son) son independientes de toda creencia política. Lo que sí hacemos es adoptar posturas políticas públicas en favor de determinadas posiciones que son acordes con nuestros objetivos, así como criticamos decisiones políticas cuando las mismas se basan, defienden o no nos protegen lo suficiente de prácticas pseudocientíficas.

—Editan ustedes una revista llamada El Escéptico. ¿Podría explicarnos el carácter de esta publicación? —La revista, cuatrimestral, pretende ser —¿Creen que las creencias pseudocientíIndicar que determinados brebajes una tribuna para facilitar la difusión de ficas están más extendidas entre las pertodos aquellos estudios e investigaciones sonas de izquierdas o entre las de derecuran el cáncer puede hacer que la acerca de los temas que como asociación chas? ¿O no tienen nada que ver con ello? gente se forme una opinión nos preocupan. Así, en los últimos núme—Los errores, las creencias equivocadas, equivocada sobre qué ros hemos hablado de la lenta expansión etc., son comunes a todos los seres humatratamiento es el que no sólo en los EEUU sino también por nos, más allá de sus posiciones políticas. más le conviene. Europa de la teoría del diseño inteligente, Aunque es cierto que –en un determinade base creacionista (y que trata de comdo momento– el sello del cientifismo esbatir la teoría de la evolución), hemos explicado el porqué de la tuvo más de moda entre una determinada izquierda progresista, ineficacia de los tratamientos homeopáticos o hablado de la llaya que la lucha contra la autoridad de los dogmas heredados en mada “fiebre antivacunas”, mediante la cual cientos de padres el siglo XIX incluía también los saberes conservadores que sólo han dejado de vacunar a sus hijos debido a unas ideas equivoexistían como medios de apoyo al poder establecido. Por descadas sobre las vacunas, lo que ha hecho que se experimente un gracia, por mi experiencia personal, en los últimos años le fuerte incremento en España de enfermedades que antes se puedo decir que he visto defender posturas pseudocientíficas creía que estaban casi desaparecidas de la península Ibérica. Así a militantes de todo el arco político, y tirar las cartas de tarot a

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simpatizantes de todas las facciones. —Más allá de su relación con corrientes postmodernas, el relativismo moral, cultural, filosófico sigue estando en auge. ¿Qué opinión les merece esta posición? —Como he comentado, no tenemos nada en contra de nadie, dado que no creemos estar en posesión de la Verdad. No creo que se nos pueda definir como positivistas. Nuestro patrimonio es, de alguna manera, la duda sistemática ante todo lo que nos llega. Eso sí, creemos que son mejores determinadas opciones que otras y que debemos ser claros al respecto e indicar porqué defendemos lo que defendemos. Los relativistas radicales se suelen quedar en la duda sistemática y en la negación de ninguna forma de conocimiento al depender todas de contextos socioculturales, sin reconocer que es posible elegir entre alternativas y que hay algunas que son más defendibles que otras, tanto en cuestiones materiales como filosóficas y que no todas dependen de cada cultura. La viruela, que parece ser que no era conocida en la América del siglo XVI antes de la llegada de los españoles, mató quizás a millones de indígenas. No tuvo ningún problema cultural. Por suerte, su vacuna tampoco ha tenido problemas culturales y parece ser que ha funcionado de forma extraordinaria incluso en pueblos que no conocían la enfermedad. —¿Por qué creen que siguen estando tan presentes en nuestras sociedades las concepciones irracionalistas? La gente, en general, está más educada, ha estado más tiempo en la escuela, en los institutos, en las universidades, tiende a construir sus creencias con más criterio. O debería. —Es cierto que en una serie de países es posible observar cómo va aumentando el número de personas que alcanzan un mayor nivel de titulación académica. También hay estudios que parecen indicar que el porcentaje de creyentes en teorías no racionales mengua a medida que el nivel de titulación es más alto. Sin embargo, y por desgracia, no es menos verdad que la disminución de los porcentajes no es excesiva y que, además, en muchos temas sigue habiendo un elevado índice de credulidad en teorías pseudocientíficas por parte de gente que, incluso, está impartiendo clases en diferentes universidades. —Se afirma a veces que está en nuestra naturaleza creer siempre en algo, que queramos o no, se sea estrictamente racional o no, tenemos necesidad de creer. ¿Qué opinión le merecen estas afirmaciones? —No sé si está en nuestra naturaleza el deber creer en algo, eso se debe demostrar también. Si por creer te refieres a creencias en cosas transcendentes, pseudocientíficas o paranormales,

seguro que no. Si te refieres a creencias en general, probablemente sí. —¿Ser racional lleva entonces consigo no aceptar otras vías de aproximación a la realidad como el arte o la poesía, por ejemplo? —Ser racional no implica no enamorarse, no leer El Quijote, no tener una mayor satisfacción por el chocolate que por la vainilla, etc. Nos deleita la poesía y entre nosotros citamos aquélla de Walt Whitman en la que, aburrido por la cháchara de un astrónomo, salió al campo a regocijarse con la mera contemplación de las estrellas. Muchos astrónomos tal vez no lo serían si no hubieran gozado mirando a la Luna de pequeños o contemplando los cielos nocturnos de los cuadros de Van Gogh. Para hacerme vivir ciertas sensaciones, determinadas obras de arte son especialmente maravillosas. Son imprescindibles. Pero son placeres subjetivos, casi inefables en muchos casos. Su comunicación no es fácil ni universal, y el saber y poder apreciarlas depende mucho de cada contexto cultural y social. —Finalmente, ¿cuáles creen ustedes que serían los medios adecuados para combatir las creencias pseudocientíficas, el engaño, las creencias sin peso y sin poso? —No estoy seguro, pero probablemente en tratar de educar a la ciudadanía no tanto en la búsqueda de unos resultados, como sobre los métodos (y la mejora de los mismos) para obtener dichos resultados y validarlos. Lo importante no es el descubrimiento sino el proceso del descubrimiento, ya que es este proceso el que otorga valor al mismo. Se trata de fomentar el conocimiento de la metodología más que de resultados concretos ■

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Pedro Centeno Vallenilla, El cacao, Venezuela.

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Sudamérica: Horizontes nuevos
texto de Raúl Ybarnegaray T.

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ntre el 8 y 9 de diciembre se llevó a cabo la II Cumbre Sudamericana en Cochabamba, Bolivia, en la búsqueda de las bases para una Comunidad Sudamericana de Naciones. En forma paralela a la Cumbre política de los gobernantes, se reunió en la misma ciudad el Foro Social por la Integración de los Pueblos, que reunió a representantes de organizaciones sociales e indigenistas de todo el Hemisferio incluido Canadá, en lo que llamaron “Cumbre Social”. Ambos acontecimientos representan dos caras de una misma moneda: la necesidad de enfrentar el futuro de una América independiente, y lograr una imprescindible integración sudamericana que sea conducida por los pueblos del sub-continente.

La Cumbre política, que no se libró de la retórica común a tales reuniones, fue capaz sin embargo de expresar reiteradamente la necesidad de volver a pensar en “la Patria Grande” sudamericana, por la que se había luchado en el largo proceso de la Independencia. Y lo más importante, que la Patria Grande sería sobre todo labor de sus pueblos, por lo que sus Presidentes estaban obligados a tomar las decisiones políticas necesarias para avanzar en una Integración, no solamente económica sino social. En el Foro Social también surgió la necesidad de la unión y la integración social, más que económica; se habló también de la Patria Grande y surgieron visiones de unidad continental. Tampoco estuvo exenta de retórica, pero claramente planteó la necesidad de encarar rápidamente los remedios para corregir la pobreza y las marginaciones generalizadas, empobrecimiento y miseria que crecieron al aplicarse los “Programas de Ajuste Estructural”, impuestos desde 1975 por el cartel capitalista entronizado en el FMI con el apoyo del Banco Mundial. Ambos eventos mostraron claramente los vientos de cambio que sacuden América y particularmente el subcontinente sur. Un Hemisferio en cambio Las elecciones continúan siendo un adecuado instrumento

para evaluar las tendencias dominantes. 2006 fue un verdadero Año Electoral. Hubo elecciones para una renovación parcial del Congreso norteamericano. Elecciones parlamentarias y presidenciales en Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, México, Nicaragua, Perú y Venezuela. En Bolivia se eligieron los representantes para su Asamblea Constituyente. Los resultados, aunque desdibujados en algunos casos por denuncias de irregularidades, muestran que los vientos de cambio soplan en todo el continente. El control del Congreso por el Partido Demócrata en los Estados Unidos resulta de un rechazo claro a la política neoconservadora y agresiva del Partido Republicano, y de George Bush y su Vicepresidente Cheney. Para el columnista del Washington Post E. J. Dionne Jr., 2006 es un año en que “se articulan el arrinconamiento de viejas ideas y la emergencia de nuevos líderes”, claramente notorio entre los votantes jóvenes. En las elecciones de 1984 la participación de los votantes menores de 30 años resultó favorable a Reagan entre un 57 y 60 por ciento. La tendencia conservadora de Reagan, afirma Dionne, parecía “fresca, optimista e innovadora”. El 2006 los votantes de este segmento dieron el 60 por ciento de sus votos a los candidatos demócratas. Ello significa que “el conservadurismo parece ahora algo viejo, cansado e ineficaz”. La erosión del poder adquisitivo de los salarios, el déficit fiscal, la

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él por Bush y sus conservadores, demostró que no se pueden frenar los cambios pese a que intentaron por todos los medios influir en los electores nicaragüenses. Sin embargo, en la política interna Ortega apoyó la ley anti-aborto, y aunque su partido votó en contra del Acuerdo Centroamericano de Libre Comercio, conocido como CAFTA por su acrónimo en inglés, durante su campaña y luego de su juramentación, afirmó mantenerlo y fortificarlo, a pesar de las protestas populares. Pese a esta clara duplicidad de posiciones, no deja de ser importante el cambio producido, sobre todo por la decisión de acercarse a regímenes más progresistas. Por último, no deja de ser importante la decisión del Gobierno canadiense de otorgar a Québec la condición de nacionalidad. Pero para que Canadá se integre realmente en el resto de las naciones del continente deberá primero definir su condición, abandonando su reconocimiento de la Monarquía británica como su Jefatura de Estado y convertirse en una República Federal, para solucionar los reclamos de los québécois, los anglos y sus minorías nativas. Los muertos de diciembre Pocos días después de finalizada la Cumbre en Bolivia, falleció en Chile el ex-Dictador Augusto Pinochet. La muerte de Pinochet trajo a la memoria su sangriento y brutal golpe contra un gobierno legítimo y popular y la intervención foránea que lo apoyó, ejecutando el doble discurso del Departamento de Estado norteamericano que, hablando de democracia, no dudaba en respaldar dictaduras reaccionarias, encargadas de establecer gobiernos autoritarios que limiten la libertad individual y el control social, de forma que la acción del Estado sea mínima y solo sirva a los intereses financieros del capitalismo occidental. A Milton Friedman, muerto también en este mes, se le atribuye la paternidad del marco teórico de los “Programas de Ajuste Estructural”. Estos “Programas”, destinados a las economías subdesarrolladas, encaran su desarrollo mediante medidas de la más absoluta libertad comercial. Crean las bases para un amplio mercado abierto y dependiente, así como encargan su desarrollo industrial a empresas privadas, sin ninguna intervención del Estado. Friedman visitó Chile después del golpe de Pinochet. Allí, no se detuvo a pensar en la muerte de innumerables chilenos, ni en la represión brutal que lo rodeaba. Sólo vio la oportunidad de contar con un país sometido, en el que podría aplicar sus teorías sobre el libre mercado. Jamás economista alguno tuvo como campo de experimentación un país completo, y sobre todo cautivo por las bayonetas y el terror. Laura Carlsen, del Internacional Relations Center, en un

Diego Rivera, México

inflación y el injusto sistema tributario, efectos de la política neoconservadora, han pasado factura sin ninguna duda. Las disputadas elecciones mexicanas del pasado julio, parecían haber roto la tendencia hacia la izquierda que prevalecía en América Latina. El triunfo del derechista PAN y su candidato Felipe Calderón fue sin embargo tan reñido y las denuncias de fraude tan persistentes, que hacen muy difícil asegurar que se trató realmente de una reafirmación del curso conservador impuesto por Vicente Fox en México. El hecho de que una mitad de la población permanezca movilizada contra el nuevo gobierno, y que todo un Estado, Oaxaca, continúe sumido en la anarquía, son pruebas como para pensar que el derechista PAN realmente no convoca, ni controla la política mexicana. El retorno al gobierno de Nicaragua de Daniel Ortega, que pese a su alianza con Arnoldo Alemán mantuvo sus credenciales de izquierda gracias a la animosidad demostrada hacia

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América del Sur, ¿Partidos o Movimientos? A la presencia claramente populista de Kirchner en la Argentina,

Manuel Mendive, Sin título, Cuba.

artículo (“The Death of the Defense of Dictators”; “La muerte de la Defensa de los Dictadores”) se refiere a lo que llama “tres íconos” de la política exterior Norte-Latinoamericana. Los dos ya mencionados antes y sobre todo Jane Kirpatrick, miembro del Consejo Nacional de Seguridad de Reagan y Delegada en la ONU, muerta también en diciembre. Se ocupa del conocido ensayo de Kirkpatrick (“Dictatorships and Double Standards”; “Dictaduras y Doble Rasero”), en el que con gran cinismo afirmaba que los Dictadores de derecha deben ser considerados aliados en caso de que la alternativa sea una insurrección popular. Carlsen cita su afirmación central y ésta es la traducción: “Solo la moda intelectual y la tiranía del pensamiento en izquierdas/derechas impiden a los hombres inteligentes de buena disposición percibir el hecho de que los gobiernos autoritarios tradicionales son menos represivos que las autocracias revolucionarias; que son más susceptibles a la liberalización, y que ellos son más compatibles con los intereses de los Estados Unidos.” Jane Kirkpatrick demostró que su compromiso con estas ideas no era puramente académico. Fue responsable del diseño e implementación de las guerras sucias centroamericanas, apoyó sin reservas la guerra de los “contras” en Nicaragua y tuvo gran actividad previa a la invasión de Iraq. Carlsen cree que estas tres muertes significan el fin de una Era. ¿Será así?

de “Lula” da Silva en el Brasil, y de Hugo Chávez en Venezuela, se unió en enero de 2006 Evo Morales en Bolivia. Se habló entonces de un eje de izquierda populista en Sudamérica. Hasta ese momento, las restantes repúblicas estaban todas gobernadas por Presidentes elegidos democráticamente, aunque en su generalidad de línea cercana al neoliberalismo y el libre mercado. Chile había suscrito un Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. Colombia y Perú los estaban negociando. En el caso de Colombia era algo lógico por la línea dependiente de Uribe. En el Perú el Tratado negociado fue resultado de un vuelco completo del populismo de Toledo, hacia lo que caritativamente se llamó su pragmatismo, y estaba sujeto a una violenta oposición. Después, aunque tuvo que esperar una segunda vuelta, fue reelegido “Lula” da Silva. Fue también reelegido Uribe en Colombia. En Chile ganó claramente Michelle Bachelet, socialista y a su vez una de las víctimas de Pinochet. En el Ecuador, también mediante una segunda vuelta, fue elegido Rafael Correa, de centro izquierda, y en el Perú, en una reñida segunda vuelta, volvió al gobierno Alan García, del APRA. En Venezuela, con una clara mayoría, fue reelegido Hugo Chávez. La reelección de Chávez y “Lula”, junto a la elección de Morales, Bachelet y Correa y la presencia de Kirchner, marcan un cambio en la dirección de la política sudamericana, caracterizada hasta ese momento por una pasiva aceptación del neoliberalis-

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Chistian Bendayán, Corazón, Perú.

mo, por partidos de base muy estrecha y élites económicas ligadas a las transnacionales. El cambio es más visible en la política andina, donde todos sus países, con excepción de Colombia, se hallan ahora en manos de políticos que cuando menos, como en el caso del Perú, se atreven a criticar las políticas neoliberales, o como todos los demás que hablan claramente de liberarse. Todos también están de acuerdo en que los problemas más urgentes a atacar son los relativos a la pobreza y la educación. Viendo las cosas en detalle, Latinoamérica no es una sino varias y América del Sur es una mezcolanza de gentes, pero influidas por el enorme peso económico y demográfico del Brasil, la capacidad productiva de Argentina y Chile y el valor energético de Venezuela, Ecuador y Bolivia. Colombia constituye el enclave más importante de la política impuesta por el complejo militar-industrial norteamericano en la zona. Los Partidos políticos, con la excepción de Colombia y Chile, han perdido en los demás países el ascendiente y la capacidad de conducir a sus pueblos. Liberales y Conservadores en Colombia, son algo muy parecido a Demócratas y Republicanos en los Estados Unidos, controlando fuertemente las nuevas corrientes de cambio. En el caso de Chile, su vieja tradición política y la emergencia de una fuerte clase media, colocan a su Social Democracia (el Partido Socialista) y a su Democracia

Cristiana, como árbitros políticos incontestables. En el resto dominan los diversos Movimientos sociales en un amplio espectro desde el populismo más simple y claro, hasta el planteamiento de soluciones claramente revolucionarias. Este panorama no es sin embargo totalmente lúcido. Las diferencias ideológicas son muy difusas, y el pragmatismo de unos compite con los movimientos populares en forma cotidiana. Esto es un resultado de la pobreza generalizada, pobreza que luego de casi dos décadas de “Ajuste Estructural” no ha disminuido, sino aumentado. La mayoría de la población ha llegado al límite de la paciencia en la espera de promesas siempre incumplidas, por lo que el modelo económico neoliberal ha resultado un detonante. Sin encontrar respuestas en los Partidos de izquierda, las clases medias bajas y las masas se han vuelto hacia los nuevos líderes populistas, generalmente carismáticos, que rápidamente han adquirido estilo y lenguaje revolucionarios. Este cansancio se ha presentado muchas veces en las urnas, otras veces en las calles, o en una combinación de ambas como ha sucedido en Bolivia. Frente a esta realidad los Partidos no han podido hacer nada, inclusive cuando gobernaban, como le sucedió en Bolivia al MNR con su Ley de Participación Popular, que corrigió el reparto inequitativo de los Ingresos Nacionales. En cuanto a aquellos llamados de izquierda, tampoco se han librado de caer en el mismo estilo de política de los llamados de derecha o “tradicionales”. El caso del MIR y el FRI de Bolivia, de los escándalos de corrupción del Partido de “Lula” en Brasil, la línea claramente social-conservadora de Tabaré Vázquez en el Uruguay y el oportunismo demostrado por Ortega para mantener sus esperanzas políticas, lo demuestran. La política, por lo menos en Sudamérica, ha mostrado que derechas e izquierdas, sin ser gemelas, tienen trazos muy similares cuando se trata de actuar políticamente. Por todo esto es que los Movimientos sociales ocuparon el lugar de los Partidos y se hallan en estos momentos en capacidad de conducir a sus sociedades. Los movimientos sociales crean sus propios mecanismos de actuación, definen sus propias metas y no tienen más referencia que su circunstancia. Las masas han sido capaces de definir gobiernos como el de Bolivia, y le han dado un arrollador segundo mandato a Chávez. No tienen temor de expresar su repudio a ser considerados habitantes de un patio trasero norteamericano. Tampoco temen renegar de supuestas tradiciones, ni les preocupan las definiciones de izquierda o de fascismo, con las que las quieren mostrar quienes se oponen a ellas. Los esfuerzos de Chávez por presentarse como conductor de estos movimientos y heredero del liderazgo revolucionario de Fidel Castro son inocultables, mucho más luego de su ree-

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lección y sus recientes declaraciones creando ahora la Por esto lograr la integración sudamericana no es fácil, República Socialista Bolivariana de Venezuela y el Movimiento desde luego. Aparte de estos hechos coyunturales, sus países Socialista Venezolano. Como siempre, ha reaccionado rápidadeberán vencer la desconfianza que desde sus gobiernos se ha mente ante la oportunidad de hacerse notorio. Pero Fidel está fomentado entre todos, por los enfrentamientos ocurridos vivo todavía y la herencia ya ha sido entregada en primera insdurante los dos siglos pasados y debidos a los Imperialismos tancia a Raúl, y no se da cuenta que Cuba se halla en plena inglés y norteamericano y no a rivalidades nacionales. Esto transición post-Fidel. El Comandante Chávez olvida además explica que Chile decida construir una planta de gasificación que el liderazgo se gana, no se paga. Dominique Dhombres en en su costa para recibir LNG (gas natural licuado) de provee“Le Monde”, en su artículo: “¿Ud. Amó a Castro? Adorará a dores de ultramar, para no depender de Argentina, su actual Chávez.”, lo llama “la nueva estrella nacida para los huerfaniproveedor, y a pesar de tener cerca el gas peruano y el boliviatos del sueño revolucionario”, y termina duramente refiriénno. O como una Planta eléctrica en Cuiabá, Brasil, que usa gas dose al “populismo de izquierda”: boliviano, obligando a este país a “Lula es la encarnación positiva y limitar su precio para no afectar la Milton Friedman, muerto también benéfica en el Brasil. Chávez la catarifa eléctrica brasileña, y no deen este mes, se le atribuye la paternidad ricatura”. pender de la energía eléctrica bodel marco teórico de los liviana. Estos son un par de ejem“Programas de Ajuste Estructural”. Mirando el Futuro plos de los muchos que hay, que Es evidente que ya nada será muestran que esta actitud puede igual en Sudamérica de aquí en adelante. La muchedumbre, inclusive dificultar la integración económica. las masas, han aprendido a hacerse escuchar. Y como es indisEsta actitud oficial contrasta con la natural simpatía que cutible en Bolivia, han sido capaces de definir la política y existe entre todos sus pueblos. La Cumbre social de Cochadecidir el gobierno. Es cierto que no se puede hacer una revobamba ha mostrado que los mayas y otras etnias centroamelución con consignas, y tampoco se puede hacer política con ricanas, los nativos de Venezuela y Colombia y los mapuches, rencores, pero la búsqueda de un futuro justo, solidario e iguaaymaras, quechuas y guaraníes, junto a estudiantes y estudiolitario ha comenzado. Vencer el centralismo impuesto por las sos de clase media, pueden hablar juntos y expresarse perfecoligarquías que establecieron las repúblicas, el paternalismo tamente unidos. Todos son parte de América, a todos les prede sus Estados y su formalismo vacío, es la tarea a emprender. ocupa la marginación y todos buscan mejorar la condición de La sociedad se amplía y por lo tanto su política tiene que pobreza, muy grave en estas comunidades. Esta actitud de sus encontrar sus nuevas herramientas. El generalizado deseo de pueblos, romperá la reticencia de los políticos. llamar a Asambleas Constituyentes tiene ese fin. Lo que se La Integración Latinoamericana se acelerará grandemente busca es lograr el cambio democrática y participativamente. cuando América del Sur comience a integrarse, un proceso La realidad estratégica de Améimprescindible que ya se halla en rica del Sur es más compleja. Preplena evolución. Entonces, por su senta a Colombia como un enclave propio peso económico y demoPartidos políticos, con la excepción de los Estados Unidos, y su “Plan gráfico (son más de 300 millones de Colombia y Chile, han perdido en Colombia” se manifiesta como un de habitantes, posee las mayores los demás países el ascendiente y elemento provocador. Los rumores reservas de agua, gas y petróleo y la la capacidad de conducir a sus pueblos.. sobre una presunta base militar mayor superficie forestal), América norteamericana en el Paraguay, sodel Sur impulsará y hará posible lo se explican por la necesidad de contar con un nuevo enclaeste futuro de todos. América Latina se podrá presentar como ve en el Cono Sur y los países del MERCOSUR. Esto tal vez una referencia para un mundo multipolar, equilibrando el diáaclararía la reacción del gobierno paraguayo a la suscripción logo entre el Norte y el Sur en América. Entonces ¿por qué no? por Bolivia de un Tratado de Cooperación militar con Veel Continente Americano cumplirá su sino y su vocación revonezuela. Pero paralelamente se han acrecentado los intercamlucionarios ■ bios de visitas de los mandos militares entre Argentina, Bolivia, Brasil y Chile, además de Venezuela, lo que ha dado El boliviano Raúl Ybarnegaray T. es abogado y economista. Reside en lugar a rumores sobre una “OTAN” sudamericana, algo muy los Estados Unidos y se halla en Bolivia concluyendo un libro sobre el proceso histórico del empobrecimiento del país. improbable.

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Soñando con los ojos abiertos

Bolivia hoy. Continuidades y cambios
texto de Pablo Stefanoni

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n los últimos años, Bolivia pasó de ser contemplada con la tradicional mirada “miserabilista” –un país de indígenas pobres y resignados– a ser la expresión de la insurrección popular, capaz de proponer un proyecto político y social alternativo al conjunto de América Latina. Se trata de dos imágenes exageradas, pero es cierto que Bolivia se fue transformando en un gran laboratorio de acción colectiva popular y de construcción de imaginarios políticos antineoliberales y anticoloniales.

En pocos países latinoamericanos el movimiento social logró, como en esta nación andino-amazónica, una acumulación política en paralelo a las protestas sociales: lo que consti-

tuía un conjunto de organizaciones corporativas con fuerte arraigo territorial, se desbordó hacia el ámbito nacional y comenzó a disputarle a las élites políticas y económicas la idea

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de nación y de bolivianidad construida junto a la exclusión de las mayorías nacionales indígenas desde 1825. El 22 de enero de 2006 fue vivido por una gran mayoría de bolivianos como un parteaguas en una historia nacional que pasó del colonialismo español al “colonialismo interno”; un sistema formalmente republicano en el que el color (más blanco) de la piel, los apellidos españoles y el dominio del castellano devinieron un “capital” necesario para acceder a los espacios de decisión política, acumulación de riquezas y construcción de prestigio social. Ese día llegó a la presidencia Evo Morales Ayma, quien se formó como líder sindical y político en la región cocalera del Chapare, en el trópico de Cochabamba, donde los cultivadores de coca construyeron fuertes lazos de solidaridad en los enfrentamientos –a menudo violentos– con las fuerzas policiales y militares que erradicaban sus cultivos, considerados “excedentarios” y cuyo destino sería la elaboración de cocaína1. En esas cálidas y húmedas tierras tropicales –tan alejadas de la aridez del altiplano– Morales absorbió las tradiciones clasistas llevadas por los mineros que, luego de ser despedidos de las minas estatales después de 1985, fueron a esta región a cultivar coca. Pero la memoria minera –el “sindicalismo revolucionario”– se conjugó con otras tradiciones igual o más poderosas, como la del sindicalismo campesino conformado después de la reforma agraria de 1953, bajo influencia del “nacionalismo revolucionario”, y el indianismo katarista de los años ’70, capaz de leer la historia boliviana como la historia de la resistencia anticolonial de aymaras y quechuas. Con este bagaje ideológico y esta experiencia de lucha, el movimiento cocalero se articuló con el resto del campesinado boliviano, mayoritariamente indígena, en la construcción de su “instrumento político”; una suerte de brazo político de los sindicatos que en 1995 tomó cuerpo en la Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP) y dos años después el Instrumento Político por la Soberanía de los Pueblos (IPSP), más conocido por su sigla electoral: Movimiento al Socialismo (MAS). Allí se pusieron los primeros pilares de un proceso de acumulación política que se expresaría, diez años más tarde, en el

53,7 por ciento de votos para Evo Morales en las elecciones presidenciales del 18 de diciembre de 2005. A diferencia del nacionalismo revolucionario de los años ’50, el MAS hizo un camino inverso, expandiéndose desde el campo hacia la ciudad al ritmo del desprestigio del sistema de partidos que se alternó en la gestión del proceso de “reformas estructurales” (1985-2005). Su núcleo duro está, hasta la actualidad, en las zonas rurales, donde se encuentra la fuerza social más leal e incondicional del actual mandatario boliviano. Nacionalismo indígena Evo Morales llegó al gobierno con una agenda precisa, surgida en las cruentas jornadas de protesta social que terminaron con la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada –arquitecto de los programas neoliberales de los ‘80 y ‘90– el 17 de octubre de 2003: nacionalización de los hidrocarburos y Asamblea Constituyente. El hasta hoy líder cocalero cumplió con ambos mandatos. Convocó a la convención constituyente “para refundar Bolivia” en marzo de 2006 y nacionalizó los hidrocarburos el primero de mayo siguiente. Con ese capital plebiscitó exitosamente su gobierno el 2 de julio, en los comicios para constituyentes, con casi el 51 por ciento de los votos en el marco de un sonoro fracaso de la derecha conservadora

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enseñanza

–Poder Democrático Social (“Podemos”)– que recogió apenas el 15 por ciento2. Pero la “revolución democrática y cultural” enfrenta una serie de obstáculos: escasez de cuadros, exceso de retórica oficial, ausencia de espacios de debate político, excesiva centralización de las decisiones en manos del Presidente y una arraigada cultura política faccionalista al interior de las organizaciones sociales, incluidas las indígenas3. A ello se suma una oposición conservadora crecientemente “venezuelizada”, que cuenta con los medios de comunicación como amplificadores de una voz con escasa legitimidad política y social. Sin embargo, los avances en el campo de la nacionalización de los hidrocarburos –concretados en la firma de nuevos contratos con las empresas petroleras extranjeras– permiten al gobierno contar con un amplio respaldo popular (63 por ciento según un sondeo de principios de noviembre realizado por la firma Mori)4. El resto de las variadas iniciativas gubernamentales “antineoliberales” –como la reforma agraria5 o la política minera– no han logrado, hasta el momento, generar la suficiente densidad técnicoinstitucional para asegurar su continuidad y éxito. El de Evo Morales no es el primer ensayo nacionalista con apoyo popular en Bolivia. La propia historia nacional puede ser leída como una sucesión de ciclos “liberales” y “nacionalistas” desde los años ’40, pero estas experiencias fueron socavadas por las luchas sectoriales por el control de la renta de los recursos naturales –tradicionalmente provenientes de la minería– utilizada para financiar diversas formas de clientelismo político, y la imposibilidad de generar instituciones capaces de transformar los objetivos emancipadores en políticas públicas en beneficio de las grandes mayorías nacionales. El Estado fue concebido como un botín por la vieja rosca “minero-feudal” y luego por las nuevas élites “clasemedieras” que accedieron al poder con la Revolución Nacional de 1952. Esos mismos peligros se erigen hoy, nuevamente, frente al nacionalismo indígena en el poder. El entronque histórico del gobierno de Evo Morales con el viejo nacionalismo es evidente. A la nacionalización del primero de mayo de 2006 siguió una escenificación conocida: la ocupación militar de los campos de gas y petróleo; la “revolución agraria” se anunció en el aniversario y en el mismo lugar (Ucureña, en los valles de Cochabamba) de la reforma agraria del ’53; y la inauguración de la Asamblea Constituyente se realizó el 6 de agosto, en Sucre, en medio de un desfile indígena militar que recordó la alianza campesina militar que fue la base social de los gobiernos del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y del régimen militar popu-

lista del general René Barrientos que llegó al poder, de facto, en 1964. Lo que no implica una reivindicación del MNR, sino la perspectiva de su profundización y superación histórica. ¿Una nueva hegemonía? Uno de los cambios centrales se vincula a la recuperación de la capacidad de decisión nacional en áreas estratégicas del Estado como las Fuerzas Armadas y la política exterior, que se desplazó hacia una alianza –con fuertes vínculos emotivos– con Cuba y Venezuela. Evo Morales suele referirse a Fidel Castro como un “abuelo sabio” y a Hugo Chávez como un “hermano mayor”. Un caso paradigmático fue el del cuerpo militar de élite F-10, creado bajo el control del Grupo Militar que opera desde la embajada estadounidense. Morales nombró a un comandante que no contaba con la aprobación de Estados Unidos, lo que motivó la suspensión del financiamiento de este país al F-10 y algunas escaramuzas verbales. Pero el comandante no fue cambiado y Morales anunció, desde el Palacio Quemado, que “se acabaron los tiempos en los que ministros y jefes militares eran nombrados desde la embajada norteamericana”. En el área económica se reactivaron imaginarios desarrollistas, junto a una suerte de nostalgia por un “Estado de bienestar” que en el caso boliviano fue extremadamente limitado. La consigna lanzada por el vicepresidente Álvaro García Linera –“industria o muerte” fue aplaudida y expresa el revival de la Teoría de la Dependencia– dejar de exportar materias primas– que subyace al discurso indigenista en las filas del actual gobierno atravesado por los clásicos clivajes nación/antinación, pueblo/oligarquía de los variados nacionalismos latinoamericanos. Mientras la “pata económica” del proyecto de Morales logró recuperar parcialmente la iniciativa con los avances en el área

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hidrocarburífera, su “pata política” –la Asamblea Constituyente– enfrenta el peligro de una prematura pérdida de legitimidad, pese a que la izquierda tiene mayoría absoluta. Desde el 6 de agosto, los convencionales siguen abocados a la elaboración de sus reglas de funcionamiento, luego de una pelea a brazo partido entre oficialismo y oposición en torno al carácter de la Asamblea, saldado parcialmente a favor de la izquierda: la constituyente será “originaria” –por encima de los poderes constituidos– y no “derivada” de ellos, pero se compromete, a su turno, a no disolver el Parlamento mientras dure su mandato de un año. Sigue pendiente la forma de votación de la nueva Carta Magna. La derecha se ampara en la Ley de Convocatoria, que establece la aprobación del texto por dos tercios, mientras que la izquierda responde que esa mayoría especial es necesaria para el texto final pero no para los artículos individuales. Este predominio de los aspectos formales por encima de los contenidos de la nueva Ley Fundamental está provocando elevados niveles de apatía en la población. En este contexto, la oposición conservadora, carente de discursos acordes con la ola nacionalizante, se atrincheró en las demandas autonomistas de Santa Cruz, cuyas élites se han replegado en lo local ante la pérdida de sus espacios de poder en el Estado central como producto de la emergencia del “populismo indígena”. Los procesos de rebeliones sociales y cuestionamiento a la “vieja política” se dieron con dos velocidades diferentes: mientras en el occidente de mayoría indígena (La Paz, Oruro, Cochabamba, Potosí y Chuquisaca) los partidos tradicionales implosionaron, en el oriente (Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando) sobrevive una importante hegemonía política e ideológica conservadora –vinculada a la influencia de los denominados Comités Cívicos, con fuerte presencia de intereses empresariales– que da a la derecha espacios de acción y legitimidad. En la articulación de esta porción del país se juega gran parte del proyecto nacional del gobierno, cuya legitimidad no se ha transformado aún en una nueva hegemonía indígena popular. Contra ello conspira la politización fragmentada de las organizaciones sociales y sindicales bolivianas, que alternan una expansión hegemónica hacia el espacio político nacional con fuertes repliegues corporativos hacia sus intereses particulares. Los recientes enfrentamientos entre trabajadores estatales de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) y cooperativistas mineros en la localidad de Huanuni evidencian la profundidad de estos vaivenes que hacen a la lógica de funcionamiento de “lo social”, tan a menudo mistificada por algunos teóricos políticos antiestatales. Y advierten que el ansiado tránsito hacia la transformación social es un camino plagado

de obstáculos que vienen tanto de las fuerzas interesadas en la preservación del orden actual como de las tendencias conservadoras y los límites técnico-políticos de quienes fueron educados para obedecer y hoy se encuentran ante la novedosa realidad de tener que dirigir las riendas de un Estado que siempre les fue ajeno. Y contra el cual se enfrentaron a lo largo de toda la historia boliviana.
Notas 1. La Ley 1008 distingue la “zona tradicional” de la “zona excedentaria”. Establece un máximo de cultivo de coca de 12.000 hectáreas. Actualmente habría, según datos de Naciones Unidas, unas 27.000. 2. El referéndum por las autonomías, paralelo a las elecciones de convencionales constituyentes mostró la división del país entre “oriente” y “occidente”. En Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando se impuso el Sí con una amplitud similar al triunfo del No en La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca y Cochabamba. A nivel nacional ganó el No con el 54 por ciento de los votos. 3. Sobre la problemática del faccionalismo en el mundo aymara ver: Xavier Albó, Pueblos indios en la política, Plural-CIPCA, La Paz, 2002. 4. Con la nacionalización, el Estado recuperó la propiedad de los hidrocarburos “en boca de pozo”, el control de toda la cadena productiva por parte de la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y estableció un nuevo esquema impositivo favorable al Estado. 5. La “revolución agraria” se propone, básicamente, la eliminación de los “latifundios improductivos” y su dotación colectiva –junto con las tierras fiscales– a comunidades y sindicatos agrarios. También se ha comenzado la entrega de tractores. Pablo Stefanoni es periodista y coautor del libro La revolución de Evo Morales. Este artículo fue publicado originalmente en Nómada, Número 2, Buenos Aires. Diciembre de 2006.

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Nacer criticando
texto de María Galindo

Las raíces de nuestra radicalidad

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esde hace más de 14 años, Mujeres Creando vienen aportando la perspectiva de las propias mujeres sobre los postulados de la cooperación y el empobrecimiento de los países del Sur. Su acción y reflexión profunda a la par que provocadora, se han convertido en parte esencial del tejido de los movimientos sociales en Bolivia y en todo un referente internacional. Es por ello que desde El Viejo Topo se les ha pedido que sean ellas mismas quienes cuenten su propio proceso, sin la intermediación de la voz de otr@s.

Mujeres Creando es un movimiento social parido desde mujeres que vivimos, soñamos, luchamos y construimos en Bolivia, nuestras Utopías de sociedad. No nos importa la cantidad; desligadas de los mitos de las masas, buscamos contagiar de nuestra locura a la gente que nos rodea y escucha. Así pues somos un puñado de mujeres rebeldes, indias y blancas, lesbianas y heterosexual e s, viejas y n i ñ a s, de las ciudades y del campo, cre yentes y ateas, gord a s y flacas, morenas y rubias todas sí mismas y diferentes al m i s mo tiempo. Vivimos las diferencias como heterogeneidad y en respeto, no como una amenaza. No somos intelectuales, ni artistas, No somos intelectuales, ni artistas, mientras el arte sea tan blanco, tan decente, tan masculino, tan decorativo, tan inocuo, tan egocéntrico y tan lejano a una buena sopa o a un hermoso empedrado. No somos artistas, somos agitadoras callejeras, Cocineras, deudoras, feministas y grafiteras No somos intelectuales, ni artistas Nuestras acciones no son anécdotas, Su trascendencia única y central es en nuestras vidas, carecen del sentido de espectáculo Carecen del sentido exhibicionista que nutra morbosidad alguna.

Por eso tienen sentido en la calle afuera y no adentro. Afuera en el medio de las relaciones sociales y no adentro de las mediaciones institucionales Nuestras acciones son sencillas y contundentes: 1. La acción de ser yo misma 2. La acción de reírnos a carcajadas del poder 3. La acción de venderte un periódico 4. La acción de no recibir, ni optar a ningún premio 5. La acción de gritar en la calle 6. La acción de amar este país 7. La acción de tomar la superintendencia de bancos. (Fue una acción pacífica llevada adelante junto a miles de deudoras de microcrédito en denuncia de la usura bancaria) 8. La acción de no tener marido 9. La acción de besarnos en las esquinas 10. La acción de acariciarnos en las plazas 11. La acción de parir 12. La acción de construir comunidad y no familia 13. La acción de cuidarnos unas a las otras 14. La acción de vestirme como me da la gana 15. La acción de desvestirme donde me da la gana 16. La acción de dar de mamar 17. La acción de escribir nuestro pensamiento 18. La acción de organizarnos

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19. La acción de no convertir esta lucha en escalera 20. La acción de tomar la palabra en primera persona 21. La acción de compartir mi techo y mi comida 22. La acción de grafitear 23. La acción de invitarte a abandonar tus privilegios 24. La acción de no ser corderos en el matadero del Estado 25. La acción de no ser secundonas de caudillos 26. La acción de no ser candidatas 27. La acción de ser libres 28. La acción de transgredir las normas 29. La acción de no calcular ni hacer carrera, ni curriculum 30. La acción de reírse de policías y banqueros 31. La acción de no decir lo que la india dice, sino de escuchar lo que ella dice 32. La acción de no decir lo que la lesbiana dice sino de escuchar lo que ella dice 33. La acción de no decir lo que la otra dice sino de escuchar lo que ella dice 34. La acción de no cultivar el arte de las buenas costumbres. 35. La acción de pintar penes en vía pública (esta acción fue parte de la filmación de “Mamá no me lo dijo” y suscitó un juicio por “actos obscenos” de parte del Estado contra María Galindo) Mujeres Creando nace en el año 1992 en pleno auge del neoliberalismo en Bolivia en un contexto donde se podría decir que la izquierda y los movimientos sociales en general habían sido derrotados tanto con estrategias violentas por parte del estado como con políticas de despido y cierre de los principales centros de aglutinamiento de la clase obrera que llegaron a desorientar al propio movimiento social.

Esto implicó que existía una necesidad de crear espacios organizativos nuevos que tuvieran la fuerza de contestar y analizar lo que vivía el país en ese momento, simplemente sumarse a lo existente era agonizar con el conjunto. De ahí viene el nombre de Mujeres Creando, puesto que asumimos la fuerza creativa y la capacidad creadora como una de las fuerzas políticas más importantes; estabamos conscientes que las viejas formas de organización estaban gastadas y que habría que inventar nuevas, no sumar a las mujeres a esa caravana de frustración social en la que se había convertido en ese momento el movimiento social boliviano.

No hay nada más parecido a un machista de derecha que un machista de izquierda Respecto de la izquierda nuestras principales críticas apuntaron a la incapacidad de desarrollar propuestas concretas que llegaran a la cotidianeidad de las personas, una izquierda que en aquellos años y lamentablemente hasta hoy se mueve en el terreno de los análisis y las consignas y no de las propuestas. Respecto de las mujeres la izquierda boliviana no ha sido una excepción, básicamente las mujeres al interior han sido y son invisibles, muy útiles para el trabajo manual; pintado y pegado de carteles y atención culinaria en marchas, pero invisibles a la hora de tomar decisiones o ejercer representación. Una izquierda que además, fruto de esta división de tareas, crea la noción de “problemática de la mujer” como un buzón pequeño de temáticas a las cuales deben abocarse las mujeres apartando la participación de éstas de las reflexiones de conjunto, como si unas y otras no tuvieran una relación. Una izquierda profundamente machista y conservadora es el resultado de esta división de trabajo. En ese contexto es que nosotras planteamos la necesidad de la organización autónoma por parte de las mujeres, justamente para sacar la participación política de las mujeres de lo que hemos llamado el rol de secundonas de los caudillos y crear la necesidad de visiones y actuaciones propias de la sociedad en su conjunto; desde la economía hasta la vida cotidiana y viceversa. Puesto que participación política de las mujeres no es la visibilidad de unas pocas figura s

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que precisamente por tratarse de una sociedad con índices de desarrollo humano de los más bajos de América Latina constituye una de las s o c iedades más dependientes de la cooperación internacional tanto de la gubernamental como de la no gubernamental en la región. Las ONGs de los 90, básicamente surgen en Bolivia como parte del modelo neoliberal, como una especie de colchón ideológico que le permita al Estado tener interlocutores y consensos asegurados al interior de la “sociedad civil”. En ese sentido sus vicios más graves son: –La suplantación y usurpación de la re p resentación de la “sociedad civil” que debiera estar en manos de funcionales al sindicalismo o al partido que opinen sobre allos movimientos sociales. gunos derechos de las mujeres. –La relación benefactoras-beneficiarias vertical, clientelar y silenciadora. –La relación acrítica con sus financiadores, dispuestas a Las ONGs y el neoliberalismo aplicar lo que las líneas maestras desde el norte impongan. En el caso de las ONGs, en la década del 90 vivían un verdaLínea que gira básicamente en torno del paradigma del “desadero boom, porque ante el debilitamiento del movimiento rrollo”, paradigma que juega más bien un papel encubridor social y fruto de la crisis de la propia izquierda surgieron como respecto de los procesos de transnacionalización de la econohongos en el bosque después de la lluvia. mía boliviana. Paradigma que disfraza el colonialismo exisCientos de siglas de ONGs inundan el panorama boliviano y tente y las infinitas formas de ese colonialismo para perpetuar todas las características posibles se expresan en ellas, desde la pobreza en nuestras sociedades. equidad, ecología, interculturalidad, mul–La fragmentación y división de muticulturalidad, desarrollo, etc. Siglas vachísimos movimientos sociales especialPara nosotras luchar cías de contenido repetidas sin reflexión, mente de los movimientos sindicales se conjuga con amar, con ni aplicación al contexto sociocultural sicampesinos y movimientos sin tierra al sentir y crear. quiera, son meras copias e inclusive plaantojo y necesidades de las ONGs. gios de algún documento internacional –La evaluación del impacto social de cooperación y se ubican en un terreno social ambiguo y como tarea que recae en consultores vinculados a las oeneges lejano de formas de control social o de legitimación de su traque hacen informes favorables del impacto social, informes bajo por parte de lo que denominan “grupos de base” o “benedentro de los cuales la postura de las beneficiarias no cuenta. ficiarias”. –La rendición de cuentas de cara a las financieras y no de Siglas que, en definitiva, no sólo no significan nada, sino cara a las beneficiarias. De esta manera se ha camuflado un que son una expresión en todo caso de una sociedad neocolomalgasto injustificado de dinero. Un uso de los recursos sobre nial donde el mundo de la cooperación es más bien un medio la base de los criterios consumistas de las sociedades del norde vida para la tecnocracia. No contamos con una cuantificate. Los recursos que ingresan por la vía de las oeneges son desción exacta de la cantidad de dinero que ingresa a la sociedad pilfarrados, y eso lo podemos decir sin temor a equivocarnos, boliviana por la vía de la cooperación, puesto que estos fondos se desarrollan constantemente actividades suntuosas cuyo escapan al control estatal y/o social. Pero podemos asegurar impacto social no sale de pequeños círculos tecnocráticos.

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zaciones de interpelación al sistema financiero por la especulación del microcrédito. Feminista porque no parcelamos los contenidos del feminismo en base a las prioridades o recetas de la cooperación internacional, sino porque entendemos el feminismo como un cuerpo teórico coherente que permite un cuestionamiento integral de las opresiones e injusticias. Por ello no trabajamos sobre la idea de la reivindicación de derechos de las mujeres, sino –En varios años de existencia no han logrado constituirse en sobre la idea de una visión transformadora de las relaciones estructuras sociales creíbles, ni éticas, sino todo lo contrario, sociales en todos los ámbitos desde la economía hasta la eduen bastiones de familiares y amigos del dueño o la dueña de la cación. oenege. Autónomo. Esta autonomía pasa por la construcción de voces propias y no prestadas en el caso de las mujeres, quiere Somos un Movimiento Social decir que no podemos como sujeto político constituir un Es en base a estas líneas críticas, expresadas acá de manera apéndice de los partidos políticos, ni de ninguna otra institumuy general, que Mujeres Creando nace como movimientos cionalidad patriarcal. La autonomía política de las mujeres social feminista y autónomo: significa la base misma de una política feminista transformaMovimiento social p o rque apelamos a una legitimidad dora que potencia a las mujeres en la constitución de un sujesocial en base a la relación directa con to político con horizontes propios. diferentes sectores de mujeres. Al mismo La vertiente no autónoma se centra en El mundo de la tiempo estamos conscientes de la necesila mera incorporación de las mujeres al dad de reconceptualizar nuestras propias cooperación es más bien orden patriarcal vigente, el caso del inconcepciones de lo que entendemos por greso de las mujeres al ejército o las cuoun medio de vida para movimiento, nos colocamos en el terreno tas de mujeres en los partidos son ejemla tecnocracia. de la contestación y lucha social. Entenplos de ello. Y también cae en el mismo demos el movimiento social como un sentido de inclusión prebendal y controespacio público de diálogo y trabajo no lada la participación de las mujeres en tan sólo de cara al estado, sino capaz de colocarse más allá de espacios sindicales u otro tipo de movimientos populares. las relaciones con el estado y que pueda interlocutar con la sociedad directamente. También entendemos que movimienLa retórica del género y el enmudecimiento y asfixia de los to social es la capacidad de avanzar en base a la construcción movimientos de mujeres de relaciones con sujetos concretos en el contexto de probleNo trabajamos sobre la base de la equidad de género ni somas y propuestas concretas. bre la base del empoderamiento, porque además como catePor ello nuestro camino es una suma de cientos de problegorías no nos sirven para aproximarnos a los sujetos con los mas sociales grandes y pequeños, masivos y minoritarios, prique hemos construido propuestas de cambio. vados como públicos sobre los cuales hemos ido actuando a la Equidad de género: disfraza las jerarquías sociales de clase, par de construir sobre esas actuaciones un referente de rebelraza, edad, opción sexual y otras bajo la simplificación del gédía con y para las mujeres bolivianas. Hemos intervenido así nero como categoría aséptica que tuviera la virtud de develar tanto en problemas como la admisión de mujeres en carreras el conjunto de relaciones entre hombres y mujeres en una no tradicionales como agropecuaria, como en grandes movilideterminada sociedad, cuando ni los varones ni las mujeres

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¡Somos grafiteras no dinamiteras! Grafitear es para nosotras un método, una forma o una estrategia de lucha como prefieran llamarlo, cuando grafiteamos estamos luchando, no por no eso es una acción para reír y disfrutar también. Es que el verbo luchar ha sido históricamente cargado de un sentido militar, un sentido militar que nosotras detestamos, Para nosotras luchar se conjuga con amar, se conjuga con sentir y crear y sino esa lucha te destruye en vez de hacerte crecer. Y si fuésemos una espejo de la otra: La construcción de una Bueno volvamos a eso de luchar grafiteando; a la hora de organización heterogénea grafitear es tan placentero escribir “de hacerte la cena, de haÚnicamente el fortalecimiento de las organizaciones de certe la cama, se me fueron las ganas de hacerte el amor” mujeres permitirá constituirlas como interlocutoras y actoras como “no saldrá Eva de la costilla de Evo” en referencia a Evo de sus propias propuestas. Por ello trabajaMorales y su machismo. Es que las pintadas mos en: las podemos colocar en un abanico no teInstalamos las La capacidad de generar propuestas mático, no jerarquizado ni ordenado, sino pintadas a propósito desde ellas (nosotras) en primera persona. cotidiano. para desordenar La capacidad de tomar la palabra y desaLa aprobación general de lo que vamos a rrollar estrategias propias que impidan la pintar o no pintar es simple: yo te lo digo y el orden suplantación de representación y que romleo tus ojos... te gusta, te fascina. No hermapiramidal. pan el histórico enmudecimiento de las na, le falta, es confuso, porque no le ponemujeres. mos este toquecito… si así esta listo ¿cómo La capacidad generar alianzas de solidaridad entre mujeres era? Es un juego de intuiciones y de sensibilidades, donde la de diferentes sectores buscando puntos en común y más allá razón puede salir a darse una vueltita porque nadie le pregunde los puntos en común, puntos de identidad. ta nada. La capacidad de tomar espacios públicos como por ejemplo los medios de comunicación, la calle, las universidades y centros de formación sin pasar por un proceso de pérdida de identidad y fuerza. La autonomía económica sobre la base de iniciativas c o o p e ra t i vas que permitan generar recursos para fortalecer la organización y al mismo tiempo fortalecer espacios concretos de trabajo colectivo. Consideramos que esta línea de trabajo a largo plazo nos llevará a la constitución de las mujeres como sujeto político transformador de la subordinación de las mujeres en nuestra sociedad. Apuntamos que esta es una visión antagónica a la sólita de mujeres beneficiarias del mundo de las ONGS, muje-

forman un cuerpo homogéneo en ninguna sociedad. Como si tuviera la virtud de apuntar a las raíces de los problemas de la subordinación de las mujeres. La categoría de género vaciada de sus contenidos en cuanto generalidad en definitiva esconde problemas de explotación fundamentales. En sociedades como las latinoamericanas, donde no solamente ninguna mujer es equivalente a ningún hombre sino que tampoco hay una equivalencia de valor humano salvo en el plano estrictamente formal, la tesis de la equidad de género deriva en una retórica que conduce únicamente a políticas enunciativas o erradas. Como por ejemplo la de abrir el servicio militar para las mujeres, mientras que todo el resto de oportunidades están cerradas.

res beneficiarias que reciben servicios, visión que tiene como consecuencia final la completa inhibición de la capacidad política y propositiva.

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incondicionales y las resignaciones. Cada vez que ves escrito “lucha ama a Victoria”, puedes imaginarte en ese mismo lugar dos mujeres abrazándose, besándose, haciendo empanaditas en ese lugar, en la calle y a la luz del día. Pongamos otros ejemplos: en la ciudad de la Paz, en la calle 20 de octubre hay varios clubes donde noche tras noche oficinachos c o m p ran su “derecho” entre comillas de humillar a las mujeres, hemos pintado entre o t ras cosas: “p a ra todos los sistemas de machos y fachos la mujer es una puta, mueran los sistemas, vivan las putas”. Hemos podido comprobar que las mujeres trabajadoras de esos clubes han usado esas pintadas a su favor y sabemos que tener en la boca las palabras para poder defenderte es vital cuando te joden y para eso también También hay grafiteadas que recuperamos del movimiento han estado las pintadas. feminista latinoamericano, del movimiento feminista munHemos tenido también cuidado de no caer en una visión dial, de algunas poetas amadas como Audre Lorde, Juana Inés maniquea donde los hombres en cuanto hombres son los made la Cruz, Tecla Tofano y otras. los de la película y las mujeres en cuanto mujeres somos las Nosotras entendemos las pintadas como una acción colecbuenas del asunto, y así salieron algunos alusivos a aquellas tiva, su fuerza incontenible no es la individualidad sino la comujeres que se identifican con el sistema y que adoptan sus lectividad pensante, actuante y soñante, es el Mujeres Creando métodos machistas e hipócritas; así fue que pintamos: “cuidaque va más allá de cada una de nosotras y que involucra tamdo el patriarcado también se disfraza de mujer angurrienta de bién a esas mujeres que deseamos convocar y seducir. poder”. Otro dedicado a algunas candidatas que utilizan el Sin embargo el grafiti o pintada no es la frase pensada o mismo formato del hombre público a la hora de hacer política escrita en el libro, es la frase escrita en el y se muestran como las super mujeres muro y para nosotras el dónde y el cuán“decentes” pintamos: “yo era una señora No trabajamos sobre do resulta responder también a un prodecente y de su casa, que barbaridad no la base de la equidad ceso de reflexión colectiva sobre: el espaextraño mi pasado, fija que no voy a ser de género. cio, es decir la calle y la ciudad y sobre el candidata”. espacio histórico político que es el cuanEstos son solo algunos ejemplos para do y el porque. Es así que las pintadas nuestras interactúan aclarar cómo interactuamos nosotras con el espacio físico y directamente con la población, porque las instalamos a procon el espacio histórico desde nuestra cotidianeidad. El resulpósito, para romper la rutina política que gira en torno de tado de esto es la pintada que dialoga desde la pared siempre hombres públicos faltos de imaginación y frecuentemente falcon un tú visto y sentido como “tú” y sobre todo un tú despotos de inteligencia, hombres tan carentes a los que sólo les sojado de rango, de pertenencia institucional, despojado de bra el ego fálico y el afán de mandar. Instalamos las pintadas a jerarquía, despojado de mando. Por eso jamás insultamos, no propósito para desordenar el orden piramidal y pesado, donde lanzamos pro c l a m a s, no divulgamos recetas políticas, no el arriba es el lugar de los impunes y prepotentes y el abajo es complacemos. el nuestro. Rompemos ese equilibrio piramidal dejando que se Es por esto que los intentos de copiarnos, que no han sido apoye sobre nuestros hombros, las instalamos a propósito pocos, no han tenido ningún resultado. para romper el silencio de nosotras las mujeres. Las instalaGrafitear así es pues algo muy serio, es una acción donde mos a propósito para romper las “buenas costumbres” que ponemos nuestro cuerpo en la lucha histórica por transformar dejaron para las mujeres el lugar de las cocinas, las fidelidades nuestra sociedad. No ponemos un cuerpo heroico, no un cuer-

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Identidad compleja que no es suma de variedades, sino composición de fragmentos donde todas las identidades que la componen se saben fragmentos de identidad. Se saben pedazos llamados a integrarse con otros pedazos, complemenLa creatividad es instrumento de lucha y el cabio social es un tando saberes, sentires, intuiciones y visiones. hecho creativo Pedazos fra g m e n t a rios constru c t o res de Este espacio social abierto manualmente, una identidad circular sin vanguardias. espacio social del que no somos ni benefiEspacio político Espacio de heterogeneidad, espacio de ceciarias, ni inquilinas, de indias, putas y lebración de la diferencia y de celebración de espacio social que no es “cuota de equidad”, lesbianas juntas, la unidad compleja de diferentes al mismo espacio social que no es concesión antitiempo. Celebración de la unidad indigesta e discriminatoria, revueltas y hermanadas. inexplicable. ni discriminación positiva, Celebración de historias personales y elecciones existenciaespacio social político que no es bocado de patriarcas ,ni les; augurio de cambio y augurio de utopía. partidos. Espacio político de indias, putas y lesbianas juntas, revuelEste espacio social del que somos soberanas, actoras y constas y hermanadas: tructoras cotidianas contiene una comprensión básica y elemental: Juntas desobedeciendo mandatos culturales. Juntas desobedeciendo privilegios y jerarquías. la creatividad es un instrumento de lucha, Juntas desobedeciendo mandatos familiares, el cambio social es un hecho creativo juntas reescribiendo nuestros amores para ser hermana, y la acción creativa es una acción política. amiga y amante de quien yo quiero ser. Juntas desobedeciendo mandatos religiosos, patrióticos y Comprensión que coloca nuestra creatividad en el terreno de la subversión permanente, comprensión que coloca nuesmilitares. tra creatividad al centro de las relaciones sociales como fuerza Juntas en asamblea de voces directas que no admiten tra rebelde. Comprensión que coloca nuestra creatividad como ducción, intermediación, interpretación, ni representación. identidad inventada, creada y recreada y por eso imperfecta, juntas para reinventarnos y también para sobrevivir. incompleta y convocante. juntas como augurio de utopía y tarea urgente al mismo Identidad compuesta de alianzas insólitas y prohibidas: tiempo ■ indias, putas y lesbianas juntas, revueltas y hermanadas, desobedeciendo sus límites para juntar sueños y fatigas entre quienes está prohibido hacerlo. Para comunicarse con nosotras: Identidad radicada en la rebeldía y no en la autoafirmación mujerescreando@alamo.entelnet.bo / www.mujerescreando.com egocéntrica. www.mujerescreando.org po militarizado, ponemos un cuerpo vulnerable, sensible, sensual, creativo, desarmado y no violento.

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Chinatown II
Despilfarro en torno al agua y construcción de infraestructura hidráulica en Andalucía
texto de Rafael León Rodríguez

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spaña ocupa el puesto 133 de un total de 147 países analizados en el capítulo dedicado al uso eficiente del agua, dato más que suficiente para mostrar el despilfarro de recursos hídricos que se produce en nuestro país, y la necesidad de establecer un giro radical en la política hidrológica. Y en el conjunto de España, Andalucía es la Comunidad Autónoma con un mayor consumo de agua por habitante y día.

El agua es un recurso escaso. Esta afirmación tal vez contiene el más importante de los diez mandamientos de las Tablas de la Ley del agua. De hecho, en torno a la misma existe un gran consenso al ser un argumento políticamente correcto y, a la vez, esencial, al establecer de forma nítida la importancia de los recursos hídricos y la necesidad de su correcta gestión. No obstante, cuando un argumento básico se utiliza para fines espurios, como está ocurriendo en Andalucía, y también en España, con la presunta escasez del agua, es preciso proceder a su revisión. Así, la escasez hace tiempo que se viene utilizando, en lugar de para fomentar una buena gestión del recurso, para justificar su despilfarro. Para pedir, sin establecer ningún límite, más agua, más barata y en menos tiempo; eso sí, sin dejar de tomar en vano el “sacrosanto” nombre de la nueva cultura del agua. La escasez es la coartada perfecta para reclamar más y más infraestructuras hidráulicas, ya sea en forma de perniciosos embalses y trasvases “joaquincostanianos” o de modernas e “inocentes” desaladoras del siglo XXI. Y todo para continuar despilfarrando todo tipo de recursos, gracias a la artificialización sin límites del ciclo hidrológico. Una artificialización que, con el objetivo de “inundar” determinados territorios con un inhóspito mar de adosados, jardines y piscinas privadas, campos de golf y cultivos intensivos, puede acabar arrasando y desertizando gran parte de Andalucía, al

no tomar en consideración el papel decisivo que el carácter limitante del agua debe desempeñar en la consolidación de un modelo sostenible de desarrollo. Pero ¿qué significado tiene esta consideración positiva del carácter limitante de los recursos hídricos, en un aparente contexto de bocas resecas y páramos polvorientos? A pesar de que tanto desde el sur y el arco Mediterráneo como desde los poderes públicos y desde sectores interesados, no se deja de pregonar una permanente, “necesaria” e “indiscutible” demanda de más recursos hídricos con el argumento de la sed perpetua que azota y amenaza a los habitantes de sus pueblos y ciudades y a su desarrollo social y económico, estos territorios se encuentran más cerca de “morir” de agua que de perecer de sed. Un “morir de agua” que tiene su origen en un exceso en la oferta de agua, que ya está desestabilizando de manera grave y puede que, más pronto que tarde, con carácter irreversible, los diversos elementos y relaciones que son causa y efecto y dan forma al binomio agua-desarrollo. “Hiponatremia territorial” Se comprenderá mejor esto último si tenemos presente que debemos considerar a los ecosistemas y a los territorios que los asientan como organismos vivos y que en todos los organismos vivos se repiten unos patrones básicos muy similares.
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Así, en el organismo humano es preciso mantener el equilibrio existente entre el sodio y el agua del flujo sanguíneo para un rendimiento celular óptimo. Este balance se puede trastocar por un consumo excesivo de agua que termina por disminuir la concentración de sodio en la sangre dando lugar a un síndrome denominado hiponatremia. Es un síndrome que, entre otros posibles afectados, se puede dar en deportistas sometidos a esfuerzos de larga duración que, como producto de una sed física a la que se suma otra psicológica causada por miedo a la deshidratación, hacen una ingestión excesiva de agua. Cuando comienza la deshidratación el organismo genera una serie de hormonas destinadas a retener agua. Ello, unido a las pérdidas de sodio por la sudoración, y a la respuesta dada al miedo a la deshidratación mediante una ingesta abusiva de agua, terminan por producir hiponatremia que, en casos graves, puede llegar a producir comas irreversibles y la muerte. Por el miedo a una sed, más que real, “fabricada” psicológicamente, se “muere de agua”. En España, muchos territorios están sometidos a mecanismos similares a los que dan lugar a la hiponatremia. La permanente alusión a la sed de nuestros pueblos, unida a una nefasta gestión del agua y a un enfoque de las políticas hidro(i)lógicas centrado exclusivamente en el incremento de la oferta ha dado lugar a una escasez político-coyuntural que nunca resulta suficientemente satisfecha. Sobre la base de esta escasez coyuntural ha crecido una sed psicosocial como respuesta a un “legendario miedo a la deshidratación” que falazmente se “fabrica” desde grupos de presión interesados y desde unos poderes públicos cada vez más alejados de su finalidad de servicio social. Entre tanto, los “electrolitos” destinados a cohesionar el funcionamiento de las diferentes células que componen el territorio y los ecosistemas se han ido perdiendo. Así, día a día se reducen los espacios naturales por la urbanización y las infraestructuras de transporte. Poco a poco, el aire se vuelve más contaminado para rendir culto al incremento incesante de la movilidad. Progresivamente los territorios son más mono-específicos, más simples y más ávidos de recursos, cuando lo aconsejable para propiciar un desarrollo sostenible es la diversidad y el ahorro y la eficacia. Ante esta ruptura del equilibrio entre los elementos del binomio agua-desarrollo, los poderes públicos, en lugar de planificar las bases necesarias para conservar los “electrolitos” que aún nos quedan, se dedican a pregonar su burda propaganda. Una doctrina dirigida a crear falsos y engañados sedientos, empujados a irracionales rogatorias demandando el agua “bendita” del Ebro o de la mar “salá” y a entonar sus infundadas alabanzas a unos falsos, electoralistas, interesados y

demagogos beatos y santos alzados a los altares de los poderes públicos. Así, al igual que cuando a los pacientes aquejados de hiponatremia un mal galeno les suministra agua abundante como terapia contraproducente, en estos territorios, ya mermados en muchos de los elementos necesarios para mantener su equilibrio, unos mediocres y poco afortunados gobernantes pretenden inyectar más y más agua que acabará diluyendo los que aún les restan y matando definitivamente cualquier posibilidad de desarrollo sostenible. Esa es la verdadera esencia de la política hidro(i)lógica en Andalucía. Una política que, más que cohesionar, diluirá; que, más que equilibrar, colapsará; y que, más que apagar la sed, ahogará y condenará al desierto a muchos territorios. Una irresponsable política que hará que el agua, de ser un recurso, aunque limitado, suficiente, pase a constituirse como un elemento caracterizado por una fuerte escasez estructural que la llevará a transformarse de bien público en objeto privado de mercado. La orientación de la política hidrológica El 14-M pareció que iba a marcar un punto de inflexión en el desarrollo de las políticas hidrológicas en España y Andalucía, permitiendo retomar con calma el olvidado análisis de las relaciones existentes entre agua, desarrollo socioeconómico y sostenibilidad, que se habían encargado de rescatar los defensores de la nueva cultura del agua. Trasvases y, en menor medida, embalses parecía que comenzaban a ser considerados temas tabúes, para ir siendo sustituidos por opciones hidrológica y políticamente más correctas, como eficiencia, reutilización y desalación. No obstante, los aspectos básicos de un nuevo discurso hidrológico deberían gravitar no sólo alrededor de esos temas, sino, y sobre todo, en torno a cómo se relaciona la mayor o menor disponibilidad de agua con el territorio y su ordenación y capacidad de carga. La disponibilidad de agua es un factor limitante al desarrollo cuya corrección puede resultar netamente positiva, pero siempre que no se superen determinados límites. Esos límites constituyen un factor capaz de frenar y evitar la transformación abusiva del territorio y la destrucción de sus recursos. Despojar al agua de manera absoluta de ese carácter limitante supone poner en tensión otros recursos. En este sentido resulta indiferente la forma de proporcionar agua a un territorio. Por lo tanto, sería necesario que las nuevas políticas hidrológicas, sin dejar de decantarse por los modos más apropiados para obtener los recursos hídricos necesarios para el desarrollo, se ocupasen prioritariamente de analizar las relaciones que habrán de darse entre recursos hídricos y ordenación territorial y, en función de las mismas, establecer estrictos cri-

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terios de sostenibilidad, entre los cuales, será ineludible y prioritario plantear en que momento será necesario “cerrar el grifo” para evitar tensiones que degraden de forma irreversible los recursos y relaciones sistémicas aglutinados en su soporte territorial. Pero esta labor prioritaria no se está realizando. Los nuevos gestores de la política hidráulica se han despojado bien pronto de la máscara de la nueva cultura del agua y, aunque el del Ebro continúa en suspenso, ya se ha dado vía libre a otros trasvases tan perniciosos para el equilibrio territorial y, por ende, para el desarrollo sostenible, como aquél. Y en aquellos lugares a los que parece que ya no llegará el trasvase, se pretende continuar con una gestión dirigida a incrementar de forma ilimitada la oferta sobre la base de instalaciones de desalación, en unos territorios ya saturados y esquilmados por la superposición sin orden ni control de diferentes usos que están degradando y agotando sus recursos naturales. La coartada de la escasez se continúa utilizando para el aporte externo de agua “abundante” que, despojada de su carácter limitante, se constituye en el elemento esencial que permite el derroche del conjunto de los recursos naturales. Esta agua abundante, más que propiciar un desarrollo sostenible, es el factor que permite que se continúe perpetrando el agotamiento del suelo, la contaminación de las aguas subterráneas, la destrucción de espacios naturales y forestales, la conurbación congestionada, la movilidad insostenible y, entre otras muchas aberraciones, el incremento de la contaminación atmosférica. En este contexto de despilfarro generalizado, por lo tanto y

para volver a dirigir la política de aguas hacia la eficacia, la eficiencia y el ahorro, habremos de pasar a considerar el agua no como algo escaso, sino como un recurso limitado cuya escasez o suficiencia dependerá sobre todo de la gestión que se haga de la misma y de la adaptación de esta gestión a las circunstancias concretas de cada lugar y cada momento histórico. En función de esa necesaria adaptación en el tiempo y en el espacio es un error, que podemos pagar muy caro en el futuro, pretender gestionar hoy el agua en Andalucía en función de parámetros ya desfasados, propios de principios del siglo pasado. Entrado el siglo XXI, la gestión de los recursos hídricos sobre la base de un incremento ilimitado de la oferta carece de sentido, a no ser que pretendamos enmarcar esta gestión anticuada en los aspectos más indeseables de las doctrinas neoliberales, que constituyen un excelente caldo de cultivo para la fabricación de escaseces, a partir de las cuales se privatizan y se transmutan en objeto de negocio y abusivo enriquecimiento privado de unos pocos los recursos que deberían ser patrimonio de todos. Gestión de la demanda y establecimiento de límites claros al incremento de la oferta, en consonancia con el carácter positivo que puede y debe adquirir el agua para el desarrollo sostenible por su condición de factor limitante. Esos, y no otros, deberían ser los pilares básicos para la consolidación de una verdadera nueva cultura del agua en Andalucía. Todo lo contrario de lo que se ha venido haciendo en esa Comunidad Autónoma y de lo que ya se vislumbra que los poderes públicos y los grupos de presión del agua pretenden para el futuro inmediato y mediato. La gestión de las sequías Reza el dicho que “sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena”. Y eso es lo que sucede en Andalucía en relación a las políticas hidráulicas, que sólo nos acordamos de las deficiencias que las caracterizan durante los ciclos de sequía meteorológica que, como corresponde a un territorio asentado mayoritariamente en el ámbito de un clima mediterráneo, se producen de manera recurrente. Y esto, junto al papel que juegan los grupos de presión interesados en el despilfarro del agua, hace que las soluciones no se acometan desde planteamientos correctos. La gestión de las sequías se debe hacer a partir de dos alter-

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Cultivo hidropónico sobre espuma.

nativas complementarias, pero que a la vez guardan una clara jerarquía entre sí. Por un lado, su gestión para paliar situaciones de emergencia o crisis, movilizando los recursos de carácter extraordinario precisos y estableciendo las necesarias restricciones y estrictas prioridades en el uso del agua. Y, por otra parte, haciendo una gestión “predictiva” de futuros escenarios de sequía, anticipándose a los mismos y tratando de evitarla o minimizarla en sus vertientes hidrológica y socioeconómica. Esto último, que constituye el nivel jerárquico superior, sólo puede hacerse en el marco de la planificación hidrológica general que, en vistas del elevado nivel de regulación al que ya están sometidos nuestros ríos, debería centrarse especialmente en propiciar medidas destinadas a fomentar el ahorro y la eficiencia y a establecer un límite claro en la utilización de los

recursos hídricos. Es preciso desterrar, de una vez por todas, el nefasto lema que reza con irreverencia “agua para todo”. Pero, no ya en Andalucía, sino en el conjunto de España, las sequías siempre se han gestionado por emergencia. La carencia en políticas estructurales de ahorro y eficiencia, y la consideración del agua como un recurso ilimitado nos han abocado periódicamente a la sequía hidrológica y socioeconómica en los años de escasa pluviosidad y, consecuentemente a las temidas e incómodas restricciones. En cualquier caso, en la Comunidad andaluza se está comenzando tímidamente a desarrollar una gestión de las situaciones de sequía partiendo de la planificación general, pero con un enfoque erróneo al primar sobre todo soluciones de carácter “ingenieril” dirigidas a facilitar la oferta y dejando en un ultimísimo plano las soluciones del lado de la demanda. En este sentido comienzan a proliferar los denominados “anillos hídricos”, que tienen su apoyo administrativo en los Consorcios Provinciales de Aguas, como fórmula para alcanzar la interconexión “integral” de todos los sistemas, lo que, en muchos casos, va a suponer la consolidación de una política de “pequeños” trasvases encubiertos. El objetivo principal de estos anillos hídricos no es otro que ampliar la disponibilidad de agua en las áreas, ya muy saturadas y congestionadas, donde en la actualidad se concentra la actividad económica y seguir permitiendo en las mismas la hipertrofia de la agricultura intensiva y del sector inmobiliario turístico. Así, estos anillos hídricos que, en principio, podría parecer que suponen una solución para prevenir situaciones de sequía, pueden terminar siendo un factor esencial para continuar con el despilfarro de todo tipo de recursos en las áreas receptoras de agua y, a la vez, consolidando progresivamente una situación estructural de escasez de los recursos hídricos. Una nueva Chinatown Por lo tanto, en materia de aguas permanecemos anclados en un pasado en el que se continúa intentando corregir los desequilibrios entre oferta y demanda desde el lado de esta útlima, dejando un carácter residual a las estrategias que, siendo posibles, debieran ser prioritarias y que vendrían propiciadas

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por una correcta gestión de la demanda. Estas estrategias son nianos”, pero en cualquier caso y, quizá, con métodos más suaun más exigibles, si cabe, si tenemos en cuenta los datos tiles, también aquí es evidente que se utilizan el riesgo de desaportados por el informe Water Poverty Index, elaborado por abastecimiento y la sequía como argumentos dirigidos a el Consejo Mundial del Agua y por el Centro para la Ecología y lograr fines similares. Un contexto ideal para el rodaje de una la Hidrología del Reino Unido en el año 2002. Según este inforsegunda parte de Chinatown a la andaluza. En ella, tal vez, no me, España ocupaba el puesto 133 de un total de 147 países aparecerían entre los papeles estelares políticos corruptos analizados en el capítulo dedicado al uso eficiente del agua, –aunque después de tantas operaciones ballena, malayas y las dato más que suficiente para mostrar con evidencia el despilque quedan por venir no sería ningún disparate–, pero, sin farro de recursos hídricos que se produce en nuestro país, y la duda, sí políticos movidos por intereses adulterados y ajenos a necesidad y posibilidades existentes para establecer un giro su origen, cuando no ocultos. Políticos a los que sus asesores radical en la política hidrológica. Y en el conjunto de España, les habrán explicado mil veces las líneas directrices de la Andalucía es la Comunidad Autónoma con un mayor consunueva cultura del agua. mo de agua por habitante y día (184 litros frente a los 164 de Pero claro, los beneficios de esta nueva cultura no son tan media para España o los 127 de las Islas Baleares en el año visibles a nivel mediático como la inauguración de grandes 2002), y del agua que consume su sector agrícola, más de un embalses y trasvases que, por lo tanto, resultan mucho más 50% se aplica por gravedad, la técnica de riego menos eficienadecuados para tratar de asegurar votos futuros. Intereses te. Todo ello sin olvidar el mal estado de las canalizaciones que espurios que en lugar de buscar la buena gestión del agua, en dan lugar a pérdidas de hasta un 40 %. el marco de esa nueva cultura para lograr la sostenibilidad del Pero a pesar de estos mimbres, puede que pronto se vuelva recurso en beneficio del conjunto de la sociedad, se mueven a retomar a modo de propaganda política aquel eslogan por el por afanes exclusivamente partidistas o personales del manteque se pretendía hacernos creer nimiento en el poder, cuando no de que Andalucía sería en pocos años vasallaje a los poderes fácticos y los Los “anillos hídricos” van a suponer algo así como la California eugrupos de presión económica, ya ropea. Pero ¿qué California? ¿La que si de esta fiebre inauguradora la consolidación de una política California “moderna” que, con un de “pequeños” trasvases encubiertos. se terminan beneficiando las granclima similar al nuestro, una agrides constructoras, mejor que mecultura floreciente y un sector tujor. El poder económico es el porístico importante, en las últimas der económico y hay que tenerlo décadas sólo ha necesitado conscontento. truir dos embalses sin haber sufrido por ello problemas de Pero este modelo despilfarrador, de continuar, terminará abastecimiento? Y ello, a pesar de que el modelo territorial y por configurar en Andalucía unos escenarios muy próximos urbanístico californiano no deja de ser una aberración con a lo que Pedro Arrojo definió hace ya tiempo como el modemayúsculas y toda una oda al despilfarro. lo “argelino” (que en gran parte representa también el En vista de la actual (in)cultura del derroche masivo de todo modelo territorial de la California “real”), con un litoral y tipo de recursos de manera irresponsable e impune, la citada áreas de concentración demográfica y económica saturados comparación pudiera más bien hacernos recordar determinay sepultados bajo un mar de hormigón, asfalto y plástico y dos asuntos turbios que se produjeron en torno al agua en la un interior convertido en un mero reservorio de “aguas” y ciudad de Los Angeles de finales de la década de los 30, los asolado por la erosión y los incendios forestales, entre otros cuales fueron recreados de forma genial por Roman Polanski problemas, como consecuencia del despoblamiento y la falen su película Chinatown. Una ciudad, corazón de California, ta de la mano del hombre en la gestión integral y el aproveen la que políticos corruptos en connivencia con grandes chamiento sostenible de los recursos naturales. Ojalá esteempresas constructoras desembalsaban el agua con nocturnimos a tiempo y surja una clara voluntad política en dar un dad y alevosía a objeto de provocar el desabastecimiento y giro radical a las políticas hidrológicas hacia una verdadera generar una presión social reclamando obras hidráulicas para nueva cultura del agua y que, de este modo, esa hipotética beneficio de las constructoras, así como en previsión de futufutura segunda parte de Chinatown a la andaluza pueda ros negocios centrados en operaciones urbanísticas de dudoquedar finalmente enmarcada en el género de ficción. En sa legalidad. ello nos jugamos el desarrollo sostenible y el futuro de AnEs probable que en Andalucía no seamos aun tan “califordalucía

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María Antonieta pintada por David

Kirsten Dunst

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Una niña en Versalles
Una conversación entre

Irene Castells y Alejandro Pérez

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ara charlar sobre María Antonieta, la última película de Sofia Coppola, El Viejo Topo ha reunido a Irene Castells (profesora emérita de la Universidad Autónoma de Barcelona, especialista en la Revolución Francesa, en la Revolución liberal española y en el liberalismo europeo) y a Alejandro Pérez (Licenciado en Comunicación Audiovisual y Fotógrafo, que actualmente cursa el doctorado de Humanidades en la UPF y es colaborador de esta revista).

El Viejo Topo: Podríamos empezar haciendo una valoración general del film, sobre el que existen opiniones muy dispares. Para algunos es una película magnífica; otros dicen que es prácticamente un vídeoclip. Irene Castells: Tomada en su conjunto, mi valoración es francamente positiva. Es la mejor película sobre María Antonieta hecha hasta la fecha. Más allá de algunos problemas de tipo histórico, y después de tanta basura made in Hollywood, producida siempre con hostilidad hacia la Revolución Francesa, siempre desde la perspectiva realista, y también después de que bastantes historiadores del sector contrario, defensores de la importancia de la Revolución, aceptaran como hechos ciertos los tópicos y las mentiras que circulaban sobre la austriaca, estamos ante la primera película que podemos calificar de buena, aunque este juicio requiere matizaciones desde el punto de vista histórico. Alejandro Pérez: A mí, en cambio, la película no me gustó demasiado. El personaje María Antonieta, sobre el que gira el film, es muy superficial, carece de complejidad, quizá porque el guión está mal desarrollado. A veces me parecía estar hojeando una revista tipo Vogue... Irene Castells: Discrepo de esa afirmación... en el sentido de

que lo que ha pretendido Sofía Coppola es dar una visión femenina sobre la dimensión humana, y por tanto compleja, del personaje María Antonieta. Una visión que no ha querido que fuera lineal, aunque a veces haya caído en la superficialidad e incluso en el embellecimiento del personaje. Lo que le ha interesado a Coppola es María Antonieta, no la Revolución Francesa. En algún periódico se ha escrito que el film hablaba en realidad de algunas jóvenes ricas hollywoodienses, que viven una vida de lujos, alcohol y droga, pero me parece que no puede reducirse el film a eso, tiene otras muchas cualidades. Alejandro Pérez: Hay que tener en cuenta que el film va dirigido a un público muy amplio, que puede saber poco, mucho o nada acerca del personaje real. En mi opinión no está suficientemente bien tratada la complejidad del personaje histórico, que está delineado como un estereotipo de niña frívola. Por ejemplo, no se sabe absolutamente nada de ella antes de que llegara a Francia, y sin embargo en buena medida sus actitudes estaban determinadas por la gran diferencia que había entre la Corte austriaca y Versalles. Una diferencia que se traduce en cosas como ese pequeño mundo campesino que ella se fabrica en el Petit Trianon, pero que en la película no queda explicado. Yo no percibo ningún conflicto más allá de que necesita engendrar un heredero y que el Delfín no está por la labor.

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Irene Castells: En realidad, en la película se podrían distinguir dos partes. En la primera una niña de catorce años es enviada, por intereses dinásticos, políticos, a la Corte francesa, que es la más fastuosa de Europa en este momento, y que a ella le parece ridícula. Una Corte que en la película es mostrada sólo en parte, porque también había ilustrados en ella, y Coppola no nos los muestra. La directora trata de meterse en la piel de María Antonieta, y eso lo consigue en esa primera fase de la película, ofreciendo una reina adolescente a la que nadie quiere, y que se evade de la realidad creándose su propia realidad, tratando de no aburrirse. Cuando María Antonieta llega a Francia todo el mundo la odia, tanto la Corte como el pueblo, por pura xenofobia. La Corte, además, la veía como la representante de los intereses austriacos. Esa parte del film, que llega hasta que la reina se convierte en madre, está muy lograda, y ese aspecto de la complejidad del personaje nunca se había explicitado en ninguna otra película. De todos modos hay que admitir que en relación con el personaje real hay cosas importantes que se omiten, como las relaciones con los hermanos del rey, que pretendían ser los herederos. Como toda adolescente, ella se refugiaba en sus amigas, con las que tenía relaciones no lesbianas (como a veces se ha insinuado) sino de afecto y compañerismo. El Viejo Topo: ¿Y a partir de que es madre? Irene Castells: A partir de ese momento sí se puede ser más

crítico con la visión de Coppola. El Viejo Topo: Se han hecho muchos comentarios sobre la banda sonora de la película, que incluye temas rockeros. ¿Qué lectura hacéis de esa inclusión? Alejandro Pérez: Creo que con ello Coppola pretende modernizar al personaje, y hacerlo atractivo para el público contemporáneo. Y también tratar de conectarlo con la vida actual de las jóvenes... Irene Castells: De las jóvenes ricas de Hollywood... Alejandro Pérez: Claro. Y no sólo es la música, también la escenografía. Aunque, más que con Hollywood, yo le veo relación con el mundo de la moda, de ese mundo de los diseñadores de moda que crean grandes despliegues escenográficos. Tanto la música como el vestuario, sus colores, tienen mucho de intento de aproximar el personaje de María Antonieta a las jóvenes de hoy. Y ya que hablamos de sonido, un aspecto interesante que se esboza es el de los murmullos. La gente siempre está murmurando, habla a sus espaldas a lo largo de toda la película. Quizá Coppola podría haber jugado más con ellos para aumentar el grado de tensión. Irene Castells: A medida que avanza la película se va echando en falta el contexto en el que se desarrolla la segunda parte, los momentos prerrevolucionarios y la Revolución Francesa. Sólo surge brevemente el hambre, el déficit, los panfletos, pero de modo muy superficial. Pero a Sofía Coppola eso no le ha interesado, sólo ha querido centrarse en el personaje de María Antonieta, y lo ha hecho hasta tal punto que la reina ha quedado desfigurada en esa segunda parte a la que he hecho alusión. Coppola, desde que María Antonieta se instala en el Petit Trianon, ha querido mostrar una reina más moderna, preocupada por la naturaleza, criando a sus hijos un poco en el espíritu de Rousseau, pidiendo que se representara –con cortes– “Las bodas de Fígaro”, que es una crítica de la aristocracia, quizás porque

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se trataba de Mozart, un austriaco... Esa sensibilidad hacia lo doméstico no es propia de una corte barroca; es más propia de las dinastías del siglo XIX. Ahí creo que Coppola exagera tratando de pintarla más progresista de lo que era. De hecho nunca leyó a Rousseau, aunque es cierto que las ideas de éste flotaban en el ambiente. El Viejo Topo: Coppola se esfuerza mucho en transmitirnos la idea de que en la Corte no se enteraban de nada, que María Antonieta estaba totalmente fuera del juego político. ¿Fue tanto así? Irene Castells: Desde luego, en la Corte no se enteraban de nada. No toda la Corte; también había ilustrados en ella. Pero el núcleo duro, los que rodeaban al rey y a la reina, vivían en un mundo aparte. El Consejo de Estado informaba al rey, pero éste estaba muy limitado. Nunca comprendió la gravedad de la situación. Le informaban del déficit, y él le pedía a María Antonieta que no gastara tanto. Pero en la película ni siquiera aparecen los Estados Generales, y el asalto a la Bastilla sólo se menciona de pasada. Haber prescindido por completo de la Revolución es un error, sobre todo de cara al gran público. Pero lo cierto es que la propia María Antonieta hacía caso omiso de los durísimos panfletos que se cebaban en su persona. En cualquier caso, la reina intervenía políticamente cerca de su esposo, el rey, de dos formas: una, pidiendo favores para sus amigos; la otra se produce tras el derrumbe de Luis XVI en la crisis de 1787, cuando ella empieza a tomar cartas en el asunto, sin llegar a entender jamás por qué se estaba produciendo una revolución. Alejandro Pérez: De la película parece deducirse que los excesivos gastos de la reina, su pasión por el juego, son elementos importantes del déficit que a la postre sería un elemento importante en la explosión revolucionaria. Pero eso es materialmente imposible. Irene Castells: Desde luego. Aunque es verdad que era muy dadivosa con sus amigos. Pero está claro que no fueron las partidas de naipes lo que dio lugar al déficit, sino la guerra americana. Hay muchos otros aspectos del film en el que la figura de la reina es tratada de un modo que no puede corres-

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ponderse con la realidad; por ejemplo la bella escena, cinematográficamente hablando, en la que desde el balcón la reina parece rendir pleitesía al pueblo que vocifera en Versalles. Eso es imposible: era una reina absolutista, y su orgullo no se lo podía permitir. Quizá lo que Sofía Coppola quiere dar a entender con esa escena es que se había llegado al final de una era. Alejandro Pérez: Ciertamente se echa de menos una mayor presencia del contexto histórico, pero yo insisto en que el personaje María Antonieta es muy plano. Sin matices. Por eso quizás hay quien se ha planteado que lo que quería Coppola era reflejar de manera irónica la vida de las niñas ricas de Hollywood, niñas como la propia Coppola, casi como una autobiografía solapada. De hecho, cuando ella entra en escena en el El padrino III, prácticamente le ocurre lo mismo que a María Antonieta cuando llega a la Corte de Francia, todo el mundo la rechaza. Yo no acabo de ver con claridad qué es lo que ha pretendido hacer Sofia Coppola. Irene Castells: A mí me parece que aunque es cierto que el film no recoge toda la conplejidad del personaje, especialmente desde que es madre, lo que ha hecho Coppola es lanzar, como ya he dicho, una mirada femenina y muy humana sobre esa adolescente rica que llega a Versalles, intentando entenderla, metiéndose en su piel. No creo que deliberadamente haya tratado de mostrar a las jóvenes ricas y ociosas de hoy.

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Pero le interesa la reina joven, y se preocupa menos de la reina madura, la que ya tiene influencia sobre el rey. Y por eso comete errores: la escena final, por ejemplo, es imposible que ella pudiera llegar a pensar que no iba a regresar a Versalles. La conversación de Luis XVI en el carruaje, cuando parten de Versalles, en realidad no la tuvo con ella, como muestra el film, sino con su hermana Isabel. Claro, es una licencia que Coppola puede tomarse, pero se equivoca, porque se acababan de enterar de que había una revolución, y no podían comprender la magnitud de lo que estaba ocurriendo. Alejandro Pérez: Y además, falta lo que vino después. Resulta difícil entender al personaje si la Revolución no existe... Irene Castells: Sí, precisamente la parte más desconocida y más compleja del personaje viene después, desde que la encierran en las Tullerías, en el 89, hasta la ejecución. En ese periodo era ya una mujer madura e inteligente, que trataba de impulsar la guerra entre Austria y Francia –porque creía que así podrían salvarse–, comportándose con gran dignidad, valentía e inteligencia en el juicio. Una María Antonieta así no se intuye en el film.

Alejandro Pérez: Hay unas escenas, cuando ella está en una barca, navegando por un lago, que me recordaron al film de Kubrik, Barry Lindon. Y no es que Coppola debiera haber hecho lo mismo, pero creo que Barry Lindon es un magnífico ejemplo de cómo se puede tratar la vida de un personaje durante un largo periodo de tiempo, abriendo ventanas en momentos determinados y determinantes de la vida del personaje, y que lo interrelacionan con lo que está sucediendo en la época. En María Antonieta, esas ventanas son a veces interesantes, a veces intrascendentes, y en cualquier caso faltan bastantes. El Viejo Topo: Las personas que ven la película y que no tengan demasiada idea de María Antonieta y su época –lo cual en los tiempos que corren debe ser frecuente, sobre todo entre los jóvenes– van a salir del cine con tres ideas fundamentales: La primera es que María Antonieta es una adolescente, casi una niña, que se enfrenta a una situación que la desborda, lo cual nos inspira una gran simpatía hacia ella. La segunda, que la Corte no se enteraba absolutamente de nada. Y la tercera, que el origen –la culpa, podría decirse– de la Revolución Francesa está en la independencia e instalación de la democracia en América, a lo cual se alude al menos en tres ocasiones en el film. Es decir, la gente se va del cine con una visión muy simplona de lo que verdaderamente ocurrió. Irene Castells: Sí, el riesgo de que se haga una lectura simplista existe. De la Revolución sólo aparece el hambre; el déficit, relacionado con América, pero que no se sabe muy bien si no está creado por los gastos de la reina; tampoco hay una explicación clara de por qué Francia se mete en la guerra en América. La relación con Austria aparece un poco más... aunque también se obvia cómo Austria finalmente abandona a su suerte a María Antonieta... Alejandro Pérez: Ahí Coppola podía haber jugado más y mejor con la lectura de las cartas con la madre de María Antonieta, con el embajador austriaco. En realidad, Coppola no mira más allá del perímetro de Versalles. Ni siquiera se entiende por qué el pueblo tiene hambre. Irene Castells: Claro, la gente que vaya al cine sin saber nada, sale sin saber nada, o con una idea equivocada. Al prescindir deliberadamente de la presencia de la Revolución, todo se hace incomprensible. Todo se centra en María Antonieta. Alejandro Pérez: No hay que olvidar el papel que juegan en las

Jason Schwartzman (Luis XVI)

Alejandro Pérez: Otro aspecto que Coppola obvia, y es raro siendo una película de una mujer sobre otra mujer, es la relación de María Antonieta con sus hijos. Irene Castells: Sí, ella siempre tuvo una relación intensa con los hijos, los amó profundamente. Eso tampoco aparece, efectivamente. Y es que, insisto, a Coppola le ha interesado fundamentalmente la reina adolescente. Desde luego, debería haber tratado bastante más el desarrollo de la Revolución, que está pero no está.

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Los reyes almorzando…

películas de Sofia Coppola su padre y su hermano. Por una parte el padre es el que ata toda la producción; por otra parte el hermano, Roman, es el director de la segunda unidad, y un renombrado director de vídeoclips. Probablemente él tiene bastante que ver con el look y con el resultado final de la película. Roman es bastante mayor que Sofia, y probablemente bastante ascendiente sobre ella. Por cierto, en relación con el personaje Fersen, ¿María Antonieta tuvo muchos amantes? Irene Castells: ¡No! No tuvo ninguno. Ni siquiera está claro que llegara a consumar nada con Fersen, de quien estaba enamorada. Fersen fue su gran amor, pero no se tiene constancia de que ese amor se concretara en nada. Tal vez sí, pero no lo sabemos. Fersen fue quién organizó la huida a Varennes, en el verano de 1791... El Viejo Topo: Gran película de Ettore Scola... La nuit de Varennes. Alejandro Pérez: En María Antonieta no abundan los detalles

irónicos o críticos, pero alguno es divertido. Por ejemplo, que en la granja de la reina los criados limpiaran los huevos del gallinero para que la reina los recogiera bien limpios... Irene Castells: Me gustaría subrayar lo bien logrado que está el rococó de la época, la escenografía... Claro que está rodada en un marco ideal, el propio Versalles. Alejandro Pérez: El vestuario es impresionante, pero la escenografía a veces recuerda el vídeoclip. Tal vez porque la fotografía no tiene muchos matices, la luz es siempre igual, no hay texturas, no hay matices, salvo en los colores de la ropa. El Viejo Topo: Finalmente, y más allá de las críticas que habéis formulado... ¿podemos quedarnos con la idea de que es la mejor película que se ha hecho hasta ahora sobre María Antonieta? Irene Castells: Por supuesto. Me ratifico en ello. Todo lo anterior es basura, y encima basura■

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Del pequeño gesto como apuesta

Babel
texto de Javier Moral

I

nmersas en un mundo globalizado, las vidas de los personajes de Babel se entrecruzan a pesar de las enormes distancias geográficas que los separan. Con singular maestría, Alejandro González Iñarritu teje con delicadeza una trama que subraya la fragilidad de la condición humana.

Chieko, una desnuda adolescente asomada al vacío desde la terraza de su lujoso ático en Tokio, roza tímidamente la mano de su padre. Richard y Susan, un matrimonio norteamericano que bebe coca-cola en un recóndito chiringuito marroquí para turistas (ella, desconfiada, tira el hielo de los vasos), recuerda un fatal suceso que los atormenta. Amelia, asistenta entrada en años, se abraza amorosamente al viudo de una antigua conocida en la boda de su hijo en el valle de Guadalupe, México. Ahmed y su hermano pequeño Yussef, que cuidan el rebaño familiar en los yermos montes marroquíes, discuten por la curiosidad del menor que espía consentidamente a la hermana. Cuatro imágenes, cuatro escenas que condensan unas historias entrelazadas a partir de un desgraciado accidente; los jóvenes pastores, que no creen que el fusil comprado a un vecino (regalo de un ejecutivo japonés en un viaje de caza, padre de la adolescente sordomuda) alcance la distancia prometida, disparan contra el autobús donde viaja el matrimonio hiriendo gravemente a la mujer. Un contratiempo que impide su regreso a casa a tiempo para que la asistenta pueda asistir al enlace

matrimonial del hijo; infortunio que no impide finalmente el arriesgado viaje de ésta con los dos pequeños de la pareja. Esta es, en resumidas cuentas, la compleja estructura que subyace en Babel; arquitectura narrativa de delicado equilibrio que también organizaba la aclamada ópera prima del director, Amores perros (2000, origen de una fructífera relación entre Iñarritu y el guionista Guillermo Arriaga). Una reconocible similitud que oculta, de todas formas, una diferencia fundamental: si en aquella el relato alcanzaba pleno sentido en la coincidencia espacial de los personajes en un accidente de tráfico (metafórico cruce de caminos), en ésta es precisamente la ausencia de un lugar donde escenificar la convergencia catártica de las tragedias individuales, el núcleo negativo sobre el que descansa la dialéctica local/global que recorre el film1. En efecto, Babel presenta el tema de la complejidad de nuestra contemporaneidad cruzando los destinos de unos personajes procedentes de realidades socio-culturales sumamente dispares2; desigualdad que es formalizada inteligentemente tanto en el plano visual (el monocromo desierto africano recorrido por el autobús atacado es filmado en planos

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largos y lejanos; la futurista y densa urbe japonesa, gracias a un montaje más corto, se construye de manera fragmentaria y caótica3), como musical o temático: la humilde familia marroquí come con las manos el cus-cus preparado por la mujer que espera al fondo, mientras que las acomodadas adolescentes japonesas comparten mesa en el J-Pop; moderno local de comida rápida donde afrontan sus primeros fracasos amorosos al frenético ritmo de los vídeo clips que saturan el local. Pero si estas manifiestas diferencias familiares, económicas y geográficas alejan aparentemente a los protagonistas de forma irremisible, existe un vínculo profundo que los acerca más allá de la concatenación causal de sus actos; una misma tara que los constituye, desde la fragilidad, como individuos escindidos incapaces de lograr la plenitud. Fragilidad que no es otra cosa que la huella de la carencia, elemento configurador del universo melodramático, que se inscribe en los personajes de diversos modos: en el caso de Amelia, es una privación de amor y lejanía de la familia, pero sobre todo, del permiso de residencia; falta que provocará su inmediata expulsión del país más próspero del mundo. En el caso de Susan y Richard, la ausencia del hijo muerto se yergue como el alto muro que impide la comunicación mientras que para Ahmed, en cambio, la falta reside en la negación

paterna de los derechos propios de su primogenitura. Por último, ese personaje de extrema desolación que es Chieko se distingue claramente por la ausencia de voz y el recuerdo materno, pero, de manera mucho más esencial, por la ausencia afectiva de una adolescente desbordada por la soledad y la exclusión que busca compulsivamente una sexualidad que se le niega.

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Rinko Kikuchi

Brad Pitt

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pequeño e imperceptible gesto; tal es la función del abrazo paterno de Chieko con que termina el film, del beso con que Richard y Susan rellenan el vacío familiar o, en el más diáfano ejemplo, la restitución a Ahmed de su condición de primer heredero: el padre, derrumbado por la imagen del hijo mortalmente herido, correrá gritando por primera vez su nombre en un hermoso gesto que clausura, también, esa carencia sobre la que se asienta el espectador de Babel: carencia de saber no sólo el nombre del niño, sino el paradero de Santiago (el sobrino de Amelia, huido de la policía fronteriza) o el contenido de la nota que Chieko ha escrito para el joven policía que, enternecido por la desamparada adolescente, la protege cariñosamente entre sus brazos■

Adriana Barraza

Notas: 1. Si lo global enseña su faz más desoladora en ese miedo histérico a un terrorismo deslocalizado e informe que provoca la demora en la asistencia médica a Susan o la huida del autobús con un aterrado grupo de turistas receloso de las numerosas muestras de hospitalidad, lo particular muestra en cambio su aspecto más positivo; es el caso del joven guía turístico que ofrece su casa y rechaza el dinero ofrecido por el norteamericano, de la milenaria anciana que cuida solícitamente de la malherida, o del policía que ampara entre sus brazos a una avergonzada Chieko. 2. Suprimido el contacto entre los personajes, éstos sólo se rozan fugazmente a través de una pantalla de televisión que impone una implacable ley del olvido en la sucesión atropellada de imágenes y noticias. 3. Significativamente México, en cuanto eslabón intermedio, participa tanto de la desolación de uno como del bullicio del otro.

En definitiva, por debajo de la evidente responsabilidad diferida de los actos individuales, subyace una apuesta moral de mayor calado en Babel que consiste, básicamente, en que la herida sobre la que se construyen los personajes sólo puede cicatrizar con el concurso del otro. Sutura que no solicita la manifestación enfática y heroica sino que se basta con el

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Oficina Soviética

¿Manuel Sacristán Luzón? ¡Más deprisa que corriendo!
Integral Manuel Sacristán 8 películas y un libro, Xavier Juncosa El Viejo Topo, 2007, 65 e no, ¡que le vamos a hacer! Esto es España, ¡a ver qué te crees, cara-huevo! Además, filosofó. Hizo revistas, cultivó un jardín de discípulos, introdujo la lógica formal (¿qué te crees, gilipollas? Que el tío ese filosofó de verdad y no de mentirijillas, y además decía que los comunistas habían de ser los primeros de la clase, para dar ejemplo), y, claro, el marxismo (desde 1959, que manda huevos). Con lo ajetreadillo de la vida que llevaba (a ver, me diréis, militante clandestino y señor normal que traduce, ¡para volverse tarumba!), no le dio para escribir muchos libros, todo lo más algunos textos breves, prólogos, artículos y demás. Ahora se ha muerto, pero queda lo que escribió. En este sentido, miaja tontos, es un suertudo. Porque, por poner un ejemplo, a Octavi Pellissa (1935-1992), que fue el primer estudiante comunista, le arrearon de lo lindo en comisaría y se tuvo que abrir al extranjero, no le recuerda casi nadie. Se ha quedado sólo en la memoria, con su inteligencia, su ironía y su sonrisa divertida. No somos nadie, si hasta Octavi cae en el olvido: país de la desgracia y la ignorancia. Bueno, Puri, no te pongas seria que es peor. Seria, no, que te lo pido. Ahora, va Xavier Juncosa y decide hacer un reportaje sobre la vida y la obra de Manuel Sacristán. Modosito no es, la verdad, porque le han salido 120 horas. No era cuestión de desperdiciar el trabajo hecho, digo yo. Y decidió hacer ocho largometrajes en vez de uno, que son los que habéis de comprar, ¿lo habéis comprendido, queridísimos mendrugos? Además Xavier Juncosa es un mentiroso como la copa de un pino.Yo es que flipo. Va diciendo que él no ha hecho nada, que pasaba por ahí y ha puesto un poco de orden y demás. ¡Miente! Miente como un bellaco, a decir verdad. Los ocho títulos son un trabajo de investigación como un primor. ¿Os imagináis que lo hace un académico en ristre? Tiemblo, para que decir más. Porque Xavier Juncosa sabéis quién es, ¿no? ¡Oh, no! Así no vamos a acabar nunca. ¿Os acordáis de Pasolini, un viaggio in Italia (1999), un viaje por los paisajes pasolinianos rastreando su olvido y el homogéneo manto de desconocimiento? ¿Sí? Pues era un documental de Xavier Juncosa, para que lo sepas. Claro, que conociendo la naturaleza mendaz del personaje, dirá que pasaba por ahí y le salió un documental. Como aquí, vamos. No ha hecho mucho: sólo le ha puesto lógica (claro, tratándose de Sacristán, se veía venir). Ha buscado la lógica de la argumentación, ha juntado los tirios con los troyanos, ha puesto introducciones a cada capítulo,

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A ver, que yo me entere. ¿Vais a comprarlo o no? Porque me estáis estragando, la verdad. Manuel Sacristán sabéis quién es, ¿no? ¡País. Se os ha de contar todo! ¡Éste no, éste es José Sacristán, el actor, merluzo! Bueno, pues lección de cosas, ¡qué barbaridad, rediós! Hala, pues vamos. Manuel Sacristan (1925-1985) fue el primer profesor comunista de la universidad de Barcelona, allá por 1956. Le expedientaron, claro. Y tuvo que traducir para vivir (¡en España, nada menos! ¡Yo es que flipo con lo que tuvo que currar para sacarse un sueldo!). De mayorcito llegó a la conclusión de que el mundo lo tenía muy crudo, y lanzó el programa (político, no de la tele) de unir el comunismo con los movimientos del feminismo, el ecologismo y el pacifismo. Ahora te ríes, pero en 1979 esto no lo hacía nadie, tonto-la-haba... a no ser, claro, que hubiese leído a Sacristán y pensara que tenía más razón que un santo. Hoy, no hay candidato de izquierdas que no sepa esto, que si ecología por aquí, que si feminismo por allá. Pero ¿saben qué Manuel Sacristán fue el pionero? Pues

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etcétera. ¿Qué crítica se le puede hacer, para que quede una reseña seria? Se le ha ido la mano, pero que le vamos a hacer. El episodio La lucha antifranquista en realidad se avendría mejor al título La lucha comunista –como dijo Vera Sacristán–, porque sólo habla de sus líos con los de casa, hasta que se fue por la puerta pequeña, sin decir nada. También hay una secuencia repetida, pero como es de un editor, suponemos que los guionistas sabían lo que hacían (ojo: lo que hacían, que no lo que hacen, porque lo ha editado finalmente otro editor, pardillos). Minucias y menudillos. Bueno, a lo que íbamos. Primero filma 120 horas de entrevistas a unas cien personas (a este paso, no habrá dejado nadie por molestar, me parece). Luego, hace ocho largometrajes. Todo lo que se puede decir está ahí, natural. ¿Dónde si no? Pero, por si acaso, te atiborran a bonos extra: que si unas grabaciones de conferencias, que si un libro con cuarenta y tantas intervenciones, etcétera. Aunque no todo es de Manuel Sacristán, porque, ya puestos, la octava película lleva por título Giulia Adinolfi, que era la señora compañera de Manolo. No. No digáis nada. No sabéis quién era esta tía, fijo, ¿no? ¡Así nos va a dar la del alba! Pues nada, tontuelos de largo recorrido, lección de cosas: Giulia Adinolfi era una comunista italiana que se casó con Manolo y se dieron una hija, Vera, que –incomprensiblemente– no tiene película. Lástima: algún que otro saldría escaldado con la fina ironía que se gasta. Adinolfi se dedicó a dar clases y a levantar la asociación de mujeres del partido (comunista, se entiende). Escribir, pues la verdad, no escribió tanto (pero, vamos, ahí está el mientras tanto núm. 94, reuniendo materiales propios y ajenos), y paga prenda por ser ahorrativa con el lenguaje. Que nuestra sociedad es el terreno exclusivo de los señores de la creación, ya lo he dicho, ¿verdad? Pues eso. O sea, resumiendo, que te lo has de comprar. No le des más vueltas, no vale la pena: es un consejo de la Oficina Soviética para el Cine, como te lo diría. O sea que aquí van ocho piezas de investigación rigurosamente inéditas sobre uno de los personajes más importantes de la lucha contra el gerifalte Franco, dictador de España por la gracia de Dios (que, por cierto, la gracia dejaba mucho que desear: ejecuciones, cárceles, multas, cargas policiales, y para qué seguir). Pero no basta con que lo compréis. Hay que hacer algo más. Hay que vender toda la edición, para hacer otra, claro. O sea, que, papel y lápiz, y apuntad. Por de pronto, como lo ha editado El Viejo Topo, sólo se encuentra en librerías y en su página web. Muy mal. Si quiero DVD, voy a donde venden los DVD. Pero eso lo soluciono yo en un periquete. Os vais a tomar un zumo de frutas al bar más cercano a la tienda de DVD. Toda la clase mejor que media.Va uno de la panda, y pide a la encargada del DVD la Integral Manuel Sacristán. ¿Cómo que no lo tienen? ¿Y aquí venden DVD? Me extraña, señorita. Me extraña.Y se va. A los diez minutos, van dos por separado. Lo mismo. A los diez minutos, van cuatro. En una hora, han pasado ante la encargada 63 personas pidiendo la Integral esa. Si es un negocio comme il faut, estarán buscando el producto como sea. Al día siguiente, al siguiente comercio de DVD. En diez o doce días, los DVD en todas las tiendas del ramo, fijo. Después, a por las librerías. Las librerías son un lugar raro, en el que se ven gentes solitarias que no van en plan de ligue. Son lectores, y son objetivo por antonomasia de nuestra estrategia, ¡que duda cabe! Puede que incluso comulguen con el ideario emancipatorio de Sacristán (en secreto, porque en público ya no se lleva). Mejor: miel sobre hojuelas, chavales. Se precisan sólo dos miembros. Uno hace simplemente de oyente, y puede ser el novio de cualquiera de vosotras, sin ir más lejos. Se trata de que cuando el solitario paseante de la librería se acerque a donde está la integral, le sueltes el rollo publicitario a tu amigo (y de paso, claro, al que pulula). Es eficaz, creedme. Otro deambulante, otro discurso, casual, ¡esto sí, no faltaría más! El librero, al principio, alucina, pero luego puede haceros algún apaño en el descuento (si compráis algo, gorrones, claro). La verdad sea dicha, yo ya sé que la gente no va a las librerías ni a las grandes superficies a comprar DVD. La gente va los pub musicales o se queda en casa viendo el ordenador, y, si acaso, se baja los superventas de E-Mule. Lo sé. ¿Qué te piensas, cabeza de chorlito? También sé que los DVD han saturado su espacio de venta, y ahora se impone la lucha por exponer (que significa poder vender). Lo sé. ¿Por qué crees que envío 63 militantes a marear la perdiz con las encargadas, alma de cántaro? Es que se os ha de contar todo, ¡mecagüenla!
La Puri

Para montar piquetes con La Puri: kinopravda@eresmas.com

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Cristo (c1425), obra de Andrei Rublev, el más importante creador de iconos de Rusia.

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El viento sopla del Este
a publicación de Vientos del este, Los nuevos cines socialistas europeos, 1955-1975 (Institut Valencià de Cinematografia, Valencia, 2006) es una auténtica rareza, además un libro valioso. No hay absolutamente nada parecido en la bibliografía en castellano y poquísimo en la bibliografía en lenguas extranjeras. El libro está dividido en dos partes: una parte de artículos y una segunda parte –la misma cantidad de páginas, pero a cuerpo menor– dedicada a diccionario. El interés de este libro puede medirse con tres entradas del diccionario (de las secciones países, autores y películas), precedidas por un artículo de los coordinadores.

L

MIRANDO A UN PASADO CERCANO
texto de Carlos Losilla y José Enrique Monterde

Puede parecer extemporáneo volver la mirada hacia un momento y un lugar que parecen haber quedado muy atrás en la Historia: los nuevos cines desarrollados en los mal llamados países “del Este”, eufemismo de lo que para unos eran países “del socialismo realizado” y para otros aquel lugar situado más allá del “telón de acero”. Y sin embargo, el libro –Vientos del este. Los nuevos cines en los países socialistas europeos, 1955-1975– va contra esa lógica del injusto olvido, no sólo dentro de la coherencia de un amplio proyecto de revisión de los “nuevos cines” de los años cincuenta y sesenta que comenzó en 2001 y ha venido fluyendo anualmente gracias al empeño del Festival Internacional de Cine de Gijón y la Filmoteca Valenciana, entre otras entidades. La empresa tiene otras resonancias más consistentes que merece la pena subrayar: por ejemplo el valor intrínseco de un número sustancial de cineastas y filmes elaborados en esos países durante esos años; nombres como los de Andrei Tarkovski, Andrzej Wajda, Miklos Jancsò, Milos Forman, Otra Ioseliani, Dusan Makavejev, Jerzy Skolimowski o Lucian Pintilie, entre otros muchos, ocupan un lugar importante en la modernidad cinematográfica y tal vez, ellos y sus películas, son grandes desco-

nocidos para el público actual. Y esto último es así no sólo porque los planteamientos estéticos, narrativos y temáticos de la parte más activa de esa renovación cinematográfica –muy alejada las más de las veces del oficialismo dominante– puedan resultar cuando menos tan vigentes e interesantes como las ofrecidas por la Nouvelle Vague, el Free-Cinema o el “nuevo cine alemán” sino porque es un cine “desaparecido” hasta hace muy poco de nuestras pantallas (grandes y pequeñas); de hecho, en su momento –los años sesenta y setenta– su conocimiento en España vino dado, salvo escasas excepciones, por formas alternativas de difusión, básicamente a través de la entonces prolífica red de cine-clubs. Pero incluso podríamos aspirar a que esta revisión histórica no deja de tener una clara proyección contemporánea si admitimos que una parte del cine más relevante de estos últimos años está llegando de esos países del Centro, Sur y Este de Europa: nadie puede negar que autores como Bela Tarr, Vitali Kanievski, Alexander Sokurov, Sharunas Bartas, Artavazd Pelechian, Goran Paskaljevic, Christi Puiu o incluso Krzysztof Kieslowski, Alexei Guerman o Emir Kusturica, algo antes, se incluyen entre lo mejor del cine europeo, sin exclusiones ni divisiones. Lejos, pues, de un afán arqueológico, sí cabe señalar que nuestra propuesta no está exenta de aspectos discutibles, comenzando por respetar la inercia de la agrupación de un conjunto de países a la vez muy diferentes en términos de tradición cultural, lengua religión o costumbres, y sin embargo homologables en el seno de una coyuntura política y social muy precisas, fruto de la exportación del modelo soviético. Salvo en el caso soviético, evidentemente, en todos los demás países la etapa que se inicia tras el fin de la Segunda Guerra

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Mundial significa no tanto una renovación como una recreación del aparato cinematográfico, que acaba concretándose cuando se solidifican las estructuras industriales semejantes –pero no idénticas– y comienza a dar fruto las nuevas escuelas de cine creadas; pero los “nuevos cines” se desmarcan de las directrices formales y temáticas del aparato oficial, lo cual revierte en numerosos casos en el exilio, el silencio o incluso la cárcel de una parte muy significativa de sus artífices. De todo ello, de la componente informativa que incluye el libro (antología de películas, diccionario de países y directores, etc.) para subsanar muchos desconocimientos y de la especulativa que pretende dar cuenta de la dialéctica entre rasgos comunes y hechos diferenciales, de concomitancias con otros “nuevos cines”, de arraigos en las diversas culturas nacionales, de revisiones históricas, heterodoxas las más de las veces, o de las complejas interacciones entre el reflejo de la cotidianeidad y esa dimensión metafísica que tantas veces acompaña a esos “nuevos cines”, confiamos puedan extraerse algunas productivas consecuencias.

UNIÓN SOVIÉTICA (1)
texto de Josep Torrell

Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas El 5 de marzo de 1953 murió Josef Stalin. Para sucederle, se constituyó una dirección formada por cinco miembros del grupo dirigente de la administración del Estado. Ante el miedo a lo que pudiera tramar uno de ellos –Lavrenti Beria y los servicios de seguridad al frente de los cuales estaba– el resto de sucesores provocaron un golpe de mano, le detuvieron, le juzgaron y le ejecutaron. El papel básico en dicha conspiración lo jugó Nikita Jruschov (que ya era secretario del comité central) y de hecho pasó a ser la figura central en los años 1954-1964, que fueron los años decisivos para la formación y nacimiento del nuevo cine soviético. En febrero de 1956, en el XX Congreso del partido (y más aún en octubre de 1961 en el XXII Congreso) empezó la crítica a Stalin y a sus crímenes de estado. El acontecimiento más relevante de estos años fue la progresiva apertura de los campos de trabajo, que rehabilitó a ocho millones de personas. Pero el cine no tuvo su Soljenitsin. El acontecimiento permaneció oculto para el cine, por su dimensión de masas, salvo tímida e indirecta-

mente en Cielo puro (1961) de Grigori Chujrai. La situación del cine era desastrosa, tanto por la base (los destrozos de la guerra) como por la sobreestructura (el estricto control de los cineastas). Los años 1946-1952 fueron “años de pocas películas”. Se produjeron una total de 128 películas, una media de 18 películas por año, para un país de casi doscientos cincuenta millones de habitantes. Incluso el partido vio, en 1952, que la situación era insostenible. En 1956, coincidiendo con el “deshielo” político, dos películas vinieron a señalar un punto y aparte: Dom v kotorom ja zivu (La casa donde habito, 1957) de Lev Kulidzanov y Jakov Segel y, sobre todo, Cuando pasan las cigüeñas (Letiat zhuravli, 1957) de Mijaíl Kalatozov. Aunque inspiradas en la guerra, las dos se apartaban netamente del cine oficial, trasladando sus protagonistas a las duras penas de la vida en retaguardia. La película de Kalatozov fue el inicio del cambio, que estallaría en 1961 con películas de viejos directores (Juli Raizman y Mijaíl Romm) y nuevos directores (Marlen Juciev, Larisa Shepitko y Andrei Tarkovski), que darían nombre al nuevo cine soviético. Sin embargo, esta era la opinión de los estudios que se podía recabar en revistas especializadas, no la realidad del cine soviético. Convendría saber, por ejemplo, cómo circulaban las películas y qué tipo de cine les gustaba ver a los soviéticos. En la Unión Soviética la producción, distribución y explotación de películas estaba en manos del Estado, a través de una institución (el Goskino). Una vez hechas las películas, pasaban una revisión en este instituto, que le otorgaba una de las tres calificaciones posibles. La categoría “A” (interés excelente) hacía que se tiraran más de mil copias, se pagaba al estudio un estipendio de un quince por ciento del total que se calculaba que recaudaría, y el estudio pagaba un plus correspondiente al director (además de su sueldo). La categoría “B” (interés bueno) determinaba que sólo se tiraran menos de quinientas copias, la bonificación era de un diez por ciento al estudio (y al director). Finalmente, la categoría “C” (interés medio) suponía que sólo se tiraran menos de cincuenta copias y una bonificación del cinco por ciento al estudio (y al cineasta), lo que en definitiva restringía la circulación a los cine clubes (bajo control de Goskino). Hacía primeros de los setenta, la prima que obtenía el director por una calificación “B” daba para comprarse un coche. En la práctica, el estudio y el interés pecuniario del director eran un factor decisivo de control y aquiescencia. En segundo lugar, estaba qué películas querían verse. A diferencia de otros tipos de películas, el espectador soviético siempre sintió una tentación por las comedias, por el melodrama y por las películas de aventuras, que tuvieron un amplio desarrollo en los años treinta. El nuevo cine soviético fue

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acompañado de un renacimiento de la comedia. Una parte de los nuevos directores encontraron en ella un cobijo seguro, como Eldar Riazanov (Karnaval naja noch, [La noche de fin de año, 1958]), Alexandr Mitta (Drug moi, Kolka!, [Mi amigo Kolka, 1961]), Georgui Danelya (Ja sagaju po Moskve [Paseando por Moscú, 1963]) o Vasili Chukchin (Zivet takoj paren, [Así vive un hombre,1964]). El Estado, sin embargo, siguió primando otros géneros más ideológicos, como el de guerra, y las grandes superproducciones que empezaron a desarrollarse en aquellos años. Se pusieron en pie adaptaciones de clásicos (señaladamente Kozinsetv e Igor Talankin) y las grandes superproducciones como Guerra y paz (Boina i mir, 1967) de Serguei Bondarchuck. El cine bélico siguió siendo el género predilecto del cine soviético, capaz de agrupar en torno a sí las propuestas de Alexei Guerman y Alexandr Askoldov (el primer realizador que prefirió guardar su película antes de retocarla). El principal problema del nuevo cine es que no se vio. No se vio porque las películas estaban calificadas en la categoría más baja, o bien estaban prohibidas. La categoría más baja (la

“C”) privaba de un estreno en condiciones y la película tenía el techo de sus cincuenta copias y de la política poco racional de distribución. Algunas de las películas que obtuvieron la tercera categoría son La infancia de Iván (1961) de Andrei Tarkovski, Alas (1966) de Larisa Shepitko o Las aventuras de un dentista (1965) de Elem Klimov. Además, muchas películas se estrenaron con años de retraso. Para la administración, eran claramente películas que no interesaban. Así, Las sombras de nuestros antepasados (1964) de Serguei Paradjanov tardó un año en estrenarse y lo hizo mal; Andrei Rublev (1966) de Andrei Tarkovsky no se estrenó hasta cinco años más tarde, en 1971; La caída de las hojas (1966) de Otar Ioseliani se estrenó tarde y fue inmediatamente retirada de las pantallas. Después estaban aquellas películas que fueron horrendamente mutiladas por la censura para su estreno: el primer caso fue La Puerta de Illich (1961) de Marlen Juciev, censurada y estrenada en 1965 como Tengo veinte años, y hubo que esperar a 1987 para poder ver la copia original; La historia de Asia Klachina (1966) de Andrei Mijalkov-Konchalovski, censurada y no estrenada hasta el festival de Berlín de 1988 con el

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título de La felicidad de Asia. Queda el consuelo de que cuando al final se estrenaron La puerta de Ilicht y Andrei Rublev fueron bien acogidas por el público. En agosto de 1968, en vísperas de la invasión de Checoslovaquia, había un sentimiento compartido por muchos intelectuales de que las libertades en la Unión Soviética dependían en buena medida de que se aplastara o no la experiencia checa. Como es sabido, la historia avanzó por su lado peor: los tanques soviéticos entraron en Praga, el nuevo cine checo fue prohibido, y por añadidura se puso fin a todo intento de renovación de la poesía, la literatura o el cine soviéticos. La mayor parte de películas fueron prohibidas: La súplica (1966) de Tenguiz Abulazde, que aún habiendo conseguido un mísero visado de tercera categoría, no se llegó a distribuir jamás; La Comisaría (Kommisar, 1966) de Alexandr Askoldov no se estrenará hasta 1988; la misma suerte seguirá El principio de un siglo desconocido (1967) de Larisa Shepitko, Korotkie

vstrechi (Breves encuentros, 1968) de Kira Muratova, Intervensija (La intervención, 1968) de Guennadi Poloka y Sayat Nova (1969) de Serguei Paradjanov. Antes de 1968 había precedentes de prohibición, aunque no eran frecuentes, por ejemplo, el caso de Abril (1961) de Otar Ioseliani, y algunas películas de las repúblicas. Después, la excepción se convirtió en regla. Capítulo aparte lo constituyen aquellas películas a las que estaba permitido asistir a festivales, pero estaba rigurosamente prohibido su estreno en el país, como el episodio de El principio de un siglo desconocido de Andrei Smirnov o Dolgie provody (Los largos adioses, 1968) de Kira Muratova. A partir de 1968, los directores con película prohibida necesitaban la autorización expresa del jefe del Goskino para poder trabajar. Hay que recordar que en la Unión Soviética no existían cines fuera de los cines del Estado, ni cinematecas, ni nada por el estilo. Sólo se podía ver lo que proyectaba el Estado, y nada más (la única rara excepción era el VGIK, la famosa escuela de cine). Para la mayor parte de casos, la historia intervino malamente para truncar las promesas que sus películas auguraban. Bajo el dominio de Breznev vino el imperio del conformismo y la desesperanza. La literatura podía probar el camino del samidzat, pero el cine no podía dadas las férreas condiciones de control existentes. Por lo demás, sus obras son completamente diferentes unas de otras, y a la vez enteramente diferentes todas ellas con respecto al cine norteamericano. ¿Qué tienen que ver Shepitko y Tarkovski, por ejemplo? ¿O Juciev y Ioseliani? Honestamente, nada. Eran diferentes en sus fundamentos éticos y en su práctica formal, pero en todas ellas es posible advertir que se trata de otro cine, radicalmente diferente al que estamos habituados. Ésta es la brillantez del nuevo cine soviético (que no lo olvidemos aparece junto a películas de directores que no son precisamente debutantes). Son obras cuyo rasgo principal es la variedad y la diversidad. Obras que anteponen la voluntad de estilo y de discurso, frente al mero entretenimiento. Ésta es la herencia que dejan tras de sí las películas de los nuevos cines del este y, más en general, las de todos los nuevos cines de los años sesenta.
Bibliografía. Giovanni Buttafava (ed.): Aldilà del disgelo. Cinema Sovietico degli anni Sessanta, Ubulibri, Turín, 1987; Neya Zorkaya: The Illustrated History of Soviet Cinema, Hippocrene, Nueva York, 1989; Marcel Martin: Le cinéma soviétique, de Khrouchtchev à Gorbatchev, L’Age d’Homme, Lausana, 1993; Giovanni Buttafava: Il cinema russo e sovietico, Biblioteca Bianco e Nero, Roma, 2000; Bernard Eisenschiz (ed.): Lignes d’ombre. Une autre histoire du cinéma soviétique (19261968), Mazzotta, Milano, 2000; Moshe Lewin: El siglo soviético, Crítica, Barcelona, 2006.

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DUSAN MAKAVEJEV
texto de Aberto Elena

Makavejev, Dusan (1932). Nacido en Belgrado en el seno de una familia serbia, Makavejev se gradúa en Psicología en la universidad de dicha ciudad en 1955 y a continuación ingresa en la Academia de Teatro, Radio, Cine y Televisión. Muy aficionado al cine, para entonces ha comenzado ya a rodar sus primeros cortometrajes bajo los auspicios del Cineclub Belgrado y a ejercer activamente la crítica cinematográfica en distintas publicaciones, dedicaciones ambas que consumirán buena parte de su tiempo y energías hasta bien entrados los sesenta. Spomenicima ne treba verobati [No hay que creer a los monumentos, 1958], el último de sus cortos amateurs, delirante historia de una joven enamorada de una estatua de un hombre desnudo, resulta bloqueado por las autoridades durante cuatro años y prefigura así una larga sucesión de encontronazos con la censura. Ese mismo año debuta en el cine profesional, donde rodará una docena de documentales entre 1958 y 1964, la mayoría de los cuales evidencian ya una incómoda vena satírica que toma por blanco predilecto muchos de los sacrosantos dogmas e instituciones del socialismo local: si, por ejemplo, Parada [El desfile, 1962] pone en solfa los laboriosos preparativos de la celebración del Primero de Mayo, Dole plotovi [Abajo las vallas, 1962] camufla bajo la inocua apariencia de un cuento infantil una punzante metáfora sobre el valor de la libertad individual frente a toda clase de represiones y constricciones sociopolíticas. Temas todos ellos que se revelarán bien característicos de esta etapa yugoslava de la filmografía de Makavejev, como también lo es su ya evidente propensión a la experimentación con el montaje que, desde sus primeros largometrajes, adquirirá una creciente dimensión deconstruccionista. Apasionado abanderado del novi film (nuevo cine) en sus escritos críticos, comprometido con una necesaria renovación de los esquemas de la producción yugoslava de la época que habrían de pasar por la absorción de las más innovadoras tendencias del cine europeo del momento, Makavejev se alineará abiertamente en las filas de la que conocerá como negra ola (crni talas), un término inicialmente acuñado de forma peyorativa por las autoridades, pero que pronto vendrá a erigirse en auténtico símbolo de la oposición cultural al régimen de Tito. De algún modo inaugurado por los films de Alek-

sandar Petrovic, Dvoje [Dos 1961], Dani [Los días, 1963] y Tri [Tres, 1965], el movimiento cobrará ímpetu en años sucesivos con títulos fundamentales como Skupljaci perja [Encontré zíngaros felices 1967] y Bice skoro propast sveta [Llueve en mi pueblo, 1968] del propio Petrovic, Budeje pacova [El despertar de las ratas, 1965] y Kad budem mrtav i beo [Cuando esté muerto y lívido, 1967], de Zijovin Pavlovic, o la demoledora Rani radovi [Obras tempranas, 1969], de Zelimir Zilnic, resonante Oso de Oro en el Festival de Berlín. Los dos primeros largometrajes de Makavejev, Covek nije tica [El hombre no es un pájaro, 1965) y La tragedia de una empleada de teléfonos (Ljubvani slucaj ili tragedija sluzbenica PTT, 1967), se inscriben indisimuladamente en el contexto de este fecundo movimiento. El rechazo de cualquier género de héroes positivos, la falta de horizontes y perspectivas individuales o la predilección por el retrato del lado más oscuro y desangelado de la sociedad yugoslava del momento, rasgos que vendrían a ser el denominador común del cine de esta negra ola, comparecen igualmente en la obra de Makavejev, si bien ésta parece a pesar de todo resistirse al pesimismo de un Pavlovic, abriendo siempre un resquicio para la esperanza en los desenlaces de sus films, o a la radicalidad política de un Zilnic, alineándose más bien con la ideología del grupo de intelectuales aglutinados en torno a la revista Praxis.

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Tanto El hombre no es un pájaro como La tragedia de una empleada de teléfonos pueden ser contempladas como penetrantes miradas sobre las contradicciones existentes entre la vida real, cotidiana, de la Yugoslavia del momento y las consignas de la ideología oficial, así como una explícita reivindicación de la individualidad en la que pulsión erótica y sexualidad juegan ya un papel determinante. Nevinost bez zastite [Inocencia sin protección, 1968] marca un cierto paréntesis en este discurso, por más que esta obra espléndida –una reescritura de un clásico del cine serbio recuperado por el propio Makavejev y objeto de un complejo y apasionante remontaje visual y sonoro– desarrolle las poderosas técnicas de collage que el cineasta había explorado y explotado de forma tan satisfactoria en La tragedia de una empleada de teléfonos. Eminente ejercicio de reconstrucción narrativa y experimentación formal, Inocencia sin protección deviene un auténtico ensayo cinematográfico en el que la habitual ironía del autor aflora continuamente al servicio de la crítica política e incluso de la vena paródica (fueron muchos los que, ya en la época, y de la mano de los hábiles recursos empleados por Makavejev, quisieron ver en el egocéntrico protagonista del film un trasunto del mariscal Tito). La vía que conducía a WR: los misterios del organismo (WR: Misterije Organizma, 1971) quedaba, pues, expedita. Última de las producciones yugoslavas de Makavejev, antes de que el propio conflicto desencadenado por el film le llevara al exilio, WR: los misterios del organismo invoca desde su propio título la figura y la obra del psicólogo Wilhelm Reich (si bien “WR” también hace referencia a “World Revolution”), la cual no sólo aspira de algún modo a documentar, sino que vendría de hecho a ser su principal elemento vertebrador. Concebida de nuevo como un gran collage, en la que la fortuna histórica de Reich y su proyección en los Estados Unidos del momento se alterna básicamente con una delirante historia ficcional sobre una activista yugoslava que busca promover una revolución sexual de corte reichiano en su país, WR: los misterios del organismo cuestiona por igual todas las formas de dogmatismo y represión de la individualidad (aquí específicamente en clave sexual), apuntando en una dirección que con frecuencia se ha tildado un tanto imprecisamente de anarcolibertaria, pero que ciertamente Sweet Movie (1974), una coproducción franco–germano–canadiense que constituye la primera experiencia de Makavejev en el exilio, contribuyó a fomentar. Sin duda la más radical y, al tiempo, caótica de las películas de Makavejev, Sweet Movie puede fácilmente verse como una reedición de las preocupaciones temáticas y formales desplegadas en WR: los misterios del organismo, si bien en este caso tensando al máximo las posi-

bilidades que la permisividad de la censura de la época en los países occidentales le ofrecía. El escándalo que rodeó a la presentación del film perjudicó sin duda a Makavejev, que tardaría varios años en poder poner en pie un nuevo proyecto y hubo de ganarse la vida mientras tanto impartiendo docencia en distintas universidades norteamericanas: Montenegro (1981), una producción sueca rodada en inglés, conserva un notable interés, pero en cambio The Coca-Cola Kid (1985), rodada en Australia, y Manifesto (1988), coproducción entre Estados Unidos y Yugoslavia, son films decididamente menores en su filmografía, que no obstante remonta de algún modo el vuelo con Gorilla Bathes at Noon (1993), una sarcástica revisión de la mitología estalinista tras la caída del Muro de Berlín, y el hermoso documental autobiográfico Hole in the Soul (1994), rebosante de ironía y lucidez.

SILENCIO Y GRITO
texto de Santos Zunzunegui

Csend es kialtas [Silencio y grito, Miklos Jancso, 1968]. Aunque el film se abre con un montaje fotográfico que ilustra la toma del poder por parte del almirante Miklos Horthy en la Hungría de 1919, tras la liquidación de la experiencia consejista de Bela Kuhn, el espectador hará mal en pensar que se encuentra ante una película histórica al uso. Por supuesto que los opacos acontecimientos que relatan Jancso y su guionista habitual, Gyula Hernady, se basan en una situación que tiene su fundamento en los acontecimientos políticos que sacudieron Centroeuropa al finalizar la Primera Guerra Mundial. De hecho suele ubicarse este film como el segundo de una supuesta trilogía dedicada al año 1919, estando precedida en la filmografía de su autor por Csillagosak, katonak [Rojos y blancos, 1967) y prolongada por Egy barany [Agnus Dei, 1971]. Pero a la hora de la verdad, lo que interesa a Jancso y a sus más directos colaboradores (sin los cuales el film no sería lo que es), el ya citado Hernady y Janos Kende, responsable de las imágenes y artífice en buena medida de la elaborada geometría visual que la obra despliega, se sitúa en otro lugar, como se pone de manifiesto por el hecho de que el peso de la Historia (con mayúsculas) sea evacuado en dirección de los márgenes de la obra (los títulos de crédito) para dar paso a lo que algún crítico ha definido como “un ballet de reglas,

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ritos y convenciones definidas, una estructura de hechos y gestos”.1 He aquí la palabra clave: “estructura”, noción que estaba, por aquellos días, en el centro de las preocupaciones de la intelligentsia crítica y que el filme de Jancso hacía resonar de manera evidente. Por primera vez de manera acabada, Jancso pone a punto un sistema personal ya esbozado en Los desesperados [Szegenylegenyek, 1965], ensayado en Rojos y blancos y llevado a la perfección en el film que nos ocupa antes de deslizarse por la pendiente de la repetición manierista (con un punto de exasperación circense del “más difícil todavía) en obras como Siroco de invierno (Siroco, 1969) para desembocar en la caricatura de obras como la coproducción italoyugoslava Vicios privados, públicas virtudes (Vizi privati pubblique virtu, 1974). Porque aunque podamos relatar la historia que diseñan Hernady y Jancso y verla como espacio en el que resuenan los ecos del prólogo fotográfico, es imposible dejar de constatar que la Historia (con mayúscula) ha sido exprimida como un limón para extraer de la misma una serie de determinaciones puramente abstractas susceptibles de ser declinadas mediante una depurada geometría. De la misma manera no deja de ser equívoco ante una película como esta hablar de “guión”, cuando a lo que podemos adivinar de la base literaria del film

en función de lo que tenemos sobre la pantalla le cuadraría mejor la fórmula acuñada por Nöel Burch cuando calificaba de “programa” los textos pergeñados por Alain Robbe-Grillet como esqueleto dramático para sus obras cinematográficas. Bien es verdad que nada impide (pero nada lo facilita tampoco) que tomemos nota de los avatares de ese “rojo” refugiado en una granja habitada por uno de sus antiguos correligionarios, la esposa y la cuñada de este último, y protegido (sin que se conozcan las causas) por un oficial del ejército de las pesquisas de una policía política que implementa, con la aquiescencia de los militares, el “terror blanco”. Pero lo que cuenta está menos en el nivel de la anécdota (que se complica con los lazos sexuales que se tejen entre los personajes y un doble intento de asesinato) que en la manera en que se entrelazan las idas y venidas de los personajes en medio de la gran llanura húngara en una alambicaba coreografía, que concede a la cámara el estatuto (y aquí el rol de Janos Kende se revela esencial) de actante decisivo en la configuración narrativa y estética del filme. Por si fuera poco, con la casi única excepción de la escena en la que los dos personajes principales (interpretados por dos de las “presencias” fetiches de Jancso, Andras Kozak y Zoltan Latinovits) exponen crípticamente sus diferencias políticas, los diálogos están simplificados al máximo de tal manera que el grueso de los mismos está formado por una serie de esquemáticas órdenes de corte imperativo que pueden tomarse, sin apenas mediación alguna, como explicitaciones de las que el cineasta da a sus actores en el momento del rodaje, situando la película de manera abierta en el campo de esa metacinematografía tan del gusto del momento de su realización. Por eso no es impertinente señalar que, sin que esto suponga el sacrificio de otras dimensiones, la fundamental de la película puede situarse en lo que podríamos denominar “la puesta en escena de la puesta en escena”. Pero haríamos mal en pensar que estamos ante una obra
Csend es Kialtas, Silecio y grito, Miklos Jancso, 1968

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desencarnada o puramente intelectual. A la hora de la verdad Jancso no se priva de levantar un inventario de sevicias, muertes y humillaciones a las que son sometidos los campesinos por parte de los militares. Ni se olvida de la cualidad física de los cuerpos, dando su lugar a un erotismo (“Salvo en Silencio y grito, las mujeres en todos mis films precedentes son solamente objetos”)2 que no por meramente apuntado es menos pregnante, ni tampoco de la materialidad concreta de un paisaje que, pese a su desnudez e indiferencia (o precisamente por ello: el espacio sin límites como prisión), aparece dotado de una capacidad metafórica sin que por ello se le prive de ninguna de sus cualidades plásticas, hasta el punto de que las imágenes de Jancso no dejan de recordar en muchos momentos, tanto en sus aspectos propiamente figurativos como en los acordes que plantea entre gamas de blancos y grises, a las pinturas de los macchiaoli italianos de los que parece presentarse como versión depurada, desprovista de la ganga cromática. Como tampoco renuncia a construir un tapiz sonoro que, prescindiendo de cualquier música de acompañamiento (con la excepción de los títulos de crédito y la imagen final con ese piano del que se enfatiza su carácter de instrumento de percusión), se muestra bien atento a la cualidad de los sonidos que amueblan la banda sonora: el viento

en los árboles, el rechinar de las botas militares, los ladridos de un perro anónimo, el canto de los pájaros, los banales ruidos de una granja. Todo ello, evaluado por una cámara permanentemente móvil, que rastrea el espacio tanto en términos de lateralidad como en los de la profundidad (lo mismo mediante la profundidad de campo que mediante el ajuste focal) y que hace del espacio fuera de campo una entidad trascendental para el desarrollo de la historia (con minúscula, pero también con mayúscula en cuanto que apunta hacia aquello-que-no-puede-ser-dicho en determinadas circunstancias históricas)3 en la medida en que funciona como territorio de reserva y acogida (según las necesidades) de unos cuerpos y unos objetos que transitan a través de unos bordes extremadamente permeables. Habría que señalar también que la extremada formalización del “sistema Jancso” (“duración de los planos, cantidad de personajes en campo, y sobre todo movilidad caligráfica del encuadre y en el encuadre”, por utilizar la sintética descripción de Sylvie Pierre)4 no impide que la “historia” se reencuentre con la “Historia”: Esto es lo que sucede cuando tras utilizar el revólver y la bala con la que debía suicidarse, Itsvan Czersi (Andras Kozak), dispara contra Kemeri (Zoltan Latinovits) y la imagen se congela mostrando frontalmente al personaje que se ha rebelado contra su destino. A la inmovilidad de las fotografías del prólogo le hace eco la de la postrera imagen del filme, vinculando de manera indefectible a través de una rima formal, el nivel social y el individual. Silencio y grito o cómo la forma deviene contenido■
Miklos Jancso

Notas 1. Geneviève Reinach: “Écrit sur du vent”, Cahiers du Cinéma, nº 210, marzo de 1969, pág. 56. 2. Jean-Louis Comolli y Michel Delahaye: “Entretiens avec Jancso Miklos”, Cahiers du Cinéma, nº 121, mayo de 1969, pág. 18. 3. Jancso: “Intentamos decir algo… con mayor o menor fortuna porque no podemos, nosotros, decirlo con claridad… contamos mucho con la forma del filme para que se haga cargo de ese decir” (entrevista citada en la nota 2). 4. Sylvie Pierre: “Chacun son chemin”, Cahiers du Cinéma, nº 219, abril de 1970, pág. 33.

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UNA MUJER COMPROMETIDA CON SU TIEMPO
HANNAH ARENDT. UNA BIOGRAFÍA
Elisabeth Young-Bruehl. Trad. de Manuel Lloris Valdés Paidós, Barcelona, 2006, 630 págs

En los últimos años Hannah Arendt ha tenido bastante fortuna. Tras un relativo olvido, en la última década, la pensadora judía ha recibido una considerable atención –no sólo académica– que en este pasado año se ha convertido en un auténtico arrebato, pues no en vano se cumplía el centenario de su nacimiento. Elisabeth Young-Bruehl ha recuperado y revisado su exhaustiva biografía; Laure Adler, biógrafa también de Marguerite Duras, ha publicado una nueva; y se ha recordado la de Alois Prinz, biógrafo a su vez del extraño y fascinante Herman Hesse. Igualmente se han editado –muy bien– sus diarios filosóficos, se ha reeditado Los orígenes del totalitarismo y han aparecido El siglo de Hannah Arendt, compilado por Manuel Cruz, El legado filosófico de Hannah Arendt de Hauke Brunkhorst, o Hannah Arendt: una filosofía de la natalidad, de Fernando Bárcena, además de programarse ciclos de conferencias y homenajes y de poder disponer ya de su correspondencia con Heidegger. Mas el hecho de que se sumen ya tres biografías sobre ella es quizá lo más ilustrativo de ese empeño por recuperar y actualizar su figura y su pensamiento. Un empeño no compartido por todos. Zizek no hace mucho comentaba que el afán por encumbrar a la pensadora germana en la cúspide del panteón filosófico-político actual mostraba claramente la bancarrota de la izquierda contemporánea. Ya, tras la muerte de Arendt, Stuart Hampshire se preguntaba por sus cualidades: “A mí me parece que su argumentación es inexacta, y que hace un alarde de doctas referencias indirectas sin un detallado estudio de los textos”. Para él La vida del espíritu era un foco

de “nieblas metafísicas”, y aseguraba no comprender por qué los norteamericanos tomaban en serio a la pensadora como “teórica de la política y como filósofa política”. No fueron pocos los que a lo largo de la vida de Arendt le hicieron similares críticas, acerca de sus inexactitudes o su particular forma de trabajar, pero también es verdad que otros muchos se sintieron fascinados precisamente por ese método arendtiano un tanto heterodoxo que hacía de sus libros una lectura extraña. Jaspers, una de las referencias más sólidas y duraderas de la autora de Eichman en Jerusalem no le escatimó elogios, y no fue el único. Multitud de premios y reconocimientos públicos y privados nos muestran que si a muchos Hannah Arendt no les gustaba, también contaba con una legión de entusiastas seguidores que admiraban su talante abierto, su peculiar forma de enfrentarse a los problemas, su voluntad ética, su compromiso con lo que creía justo, su implicación en los pro-

blemas de su época y su valor para decir, pesara a quien pesara, la verdad, o al menos lo que ella consideraba que era la verdad. Aunque siempre respetando, y no es este uno de sus méritos menores, la amistad de sus interlocutores, privilegiando a la persona frente a sus opiniones, aunque –o quizás por ello mismo– discreparan de la suya. Esa “humanidad” le granjeó el respeto de quienes la trataron y contribuyó a forjar un círculo de amistades –la “tribu”– que fue primordial en la vida de Arendt. Su vida –narrada con minuciosidad exquisita por Young-Bruehl– no fue la de una aventurera, a pesar de las dificultades del periodo nazi. Fue la vida de una intelectual acomodada sin mayores extravagancias. Sin embargo hay algo que justifica el esfuerzo de adentrase en su vida: su tiempo fue un tiempo confuso y desgarrado, su época fue una época convulsa y aciaga, terrible y sangrienta, brillante y esperanzadora. Y Hannah Arendt, si no otra cosa, fue con certeza

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una mujer comprometida con su tiempo, una pensadora empeñada en comprender la realidad que vivía, en desentrañar los misterios de su época, en conocer los orígenes del presente y en prevenir los desmanes del futuro. Fue una atenta centinela, una cauta vigilante que conociendo por propia experiencia la barbarie deseaba sobre todo impedir que se repitiera nuevamente. En Hannah Arendt. Una biografía, Elisabeth Young-Bruehl, antigua discípula de la pensadora, ha llevado a cabo un meticuloso, exhaustivo y prolijo trabajo que pretende recuperar y clarificar a una figura polémica e interesante, a una pensadora demasiado conservadora para la izquierda y demasiado progresista para la derecha, a una sionista crítica con el Estado de Israel, aunque siempre dijera que una desgracia en ese Estado le afectaría más que casi cualquier otra cosa; a una intelectual valiente que puso patas arriba la escena cultural y mediática con su reportaje sobre el juicio al “banal” Eichmann; a una intelectual que no se quería filósofa y sí teórica de la política, a pesar de que al final de su vida, cuando ya Jaspers y Blücher, su segundo marido, al que tan unida estaba, habían muerto, volvió a ella, no exactamente en busca de consuelo, pero casi. La filosofía fue su “primer amor”, de la mano del embriagador Heidegger, y también el último. Sus relaciones con el de la Selva Negra son –con permiso de Sartre y Beauvoir– quizá el romance más célebre de la historia de la filosofía y fueron decisivas para Arendt. Incluso tras el paso de Heidegger por el nazismo, incluso tras el desprecio que mostró por su obra, Harendt siempre se mostró respetuosa con él, si no fascinada al menos sí convencida de su extraordinario valor. De hecho, injustamente, parecía acusar más que al propio filósofo a su esposa por su vida, ajena al drama que se vivía en el hogar de los Heidegger (uno de los hijos no era de Martin). Esa confianza en las personas, aunque la evidencia pareciera demostrar lo contrario, nunca la abandonó, como nunca abandonó a sus amistades, como nunca desatendió el trabajo, los

compromisos. Un mes después de morir su marido, el poeta Auden, solo, viejo, le pidió la mano. Arendt rechazó su petición. Pero tres años más tarde, cuando el propio Auden fallece, la pensadora acusa el golpe casi con mayor dureza que el de su marido. Su propio fin estaba ya muy cerca. La vida del espíritu había sido una especie de preparación para morir. Y lo hizo en calma, sin descansar, sin parar de escribir y hacer proyectos. Empeñada, como siempre, en poner en cuestión el mundo que la rodeaba, en destruir falsos mitos y descubrir –para atajarlas– las huellas que la estupidez, el fanatismo y la brutalidad dejan a nuestro alrededor. De su vida, de su infancia, explicada por su madre en el cuaderno“Nuestra hija”, de su juventud, madurez y muerte nos habla esta biografía modélica, pues no olvida en ningún momento que la justificación para hablar de la vida de Arendt no está, curiosamente, en los hechos que le acaecieron, sino en lo que pensó de ellos, es decir, en lo que escribió sobre su mundo y su época, en lo que reflexionó sobre la condición humana. Y Elisabeth Young-Bruehl ha logrado un libro equilibrado, una valiosa introducción a la pensadora, mostrando un conocimiento cierto de su obra y de las circunstancias en que se desarrolló, sin ocultar la admiración y el respeto que la biografiada le merecen pero sin hurtar tampoco, y eso es más difícil, sus puntos débiles, las críticas que la cuestionaron. Es cierto que cuando la escribió –esta es una reedición– no conocía aún muchos detalles de su relación con Heidegger, como explica en la presentación, lo que quizá le llevara a reducir su importancia, pero aún así el resultado es impecable. Y a pesar, también, del exceso de atención prestado a detalles irrelevantes de su infancia. Pero es el precio que tienen que pagar estas biografías “definitivas”, “totales”: a veces ponen a prueba la paciencia del lector. Una objeción desde luego menor ante la envergadura del esfuerzo.

Antonio García Vila

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CONTAINMENT, ROLLBACK Y CRECIENTE DE LUNA
POUR L’EMPIRE DU MONDE. LES AMÉRICAINS AUX FRONTIÈRES
Pierre Biarnès Ellipses, París, 2006

Los anglosajones tienen una obsesión mayor, y otra menor en relación con la geopolítica del mundo. La mayor es Rusia porque la saben invencible o casi y que si algún día llega al Atlántico se cumplirían dos de las leyes fundamentales de la geopolítica: quién controla el corazón de Europa (desde Praga hasta Kiev y Moscú) controla Europa y quien controla Europa domina toda la Gran Isla Mundial, es decir, la suma de Euroasia y Euroáfrica); y segunda, quién controlando la World Island posee acceso a los dos océanos principales (Atlántico y Pacífico) y dispone de un poder marítimo similar al de la potencia marítima dominante (antaño Gran Bretaña, hoy los USA), domina el mundo. Para los anglosajones, la cosa está clara. O ellos, o los varegos (es decir, los rusos). Pero, obsesión menor, están los “perturbadores”, es decir, en la historia, España, Portugal, los Países Bajos y Japón (China en su día renunció) que le disputaron el poder marítimo y, en el continente (“el continente es, para los anglosajones, por definición Europa), Francia y Alemania… Y hay que reconocer que los anglosajones han sido lo suficientemente listos y apañados (y los varegos, o sea, insisto, los rusos, lo suficientemente inocentes), como para convencer a los rusos de que el enemigo común eran los “perturbadores”. Y no era así: afirma Jordis Lohausen que durante la IIGM, Alemania (los francos del Este) y Rusia (los varegos) lucharon entre sí cuando eso supuso que, frente al enemigo principal real, o sea los anglosajones, lucharan con un solo puño (el otro lo usaron mutuamente para despellejarse). Y lo mismo puede decirse de la pugna entre franceses (o francos del Oeste) y rusos, con ocasión de las guerras napoleónicas… Pero todo esto explica la histeria de Washington-Londres

ante un eje París-Berlín-Moscú, es decir, ante una coalición de los tres mayores peligros para los anglosajones… Lo cierto es que la estrategia de éstos es lineal: Utilizar al auténtico rival (Rusia) para eliminar a los rivales menores (Napoleón y Hitler); y si esto conlleva un avance del rival principal hacia el Mar (los rusos en el Elba en 1945), utilizar a los rivales perturbadores para hacer refluir al rival principal. Así la llamada “doctrina Kennan” (del asesor presidencial, George Kennan, en su obra Russia and the west under Lenin and Stalin, Boston 1960), preconizaba, en relación con la URSS, primero el “containment” la “contención”, para luego pasar al “Roll Back”, es decir, hacer retroceder a los rusos los más lejos posible del Atlántico (y del Pacífico si es posible), de sus potenciales aliados francos, y de Europa en general. Franceses (menos) y alemanes (más) colaboraron claramente en la primera fase de Kennan y en la segunda más a regañadientes. Lo que pasa es que los rusos contribuyeron a su propia perdición: Primero con la guerra de Afganistán, intento estúpido de, para cerrar el paso a los anglosajones, conquistar un país inconquistable porque entre otras causas no es un país (única satisfacción: los anglosajones también se han estrellado dos veces en el intento…). Pero, desde 1815, quien pierde una guerra lo pierde todo, régimen político incluido a veces, y esa ley se ha cumplido en el caso de la URSS.

En segundo lugar, ello se concretó con el fracaso del golpe de 1991. De hecho ese golpe fue la única posibilidad real de mantener la URSS, y de evitar lo que hoy hay: el Roll Back, el retroceso hasta las fronteras de Rusia bajo Pedro “el Grande” nada menos (pérdida de Ucrania incluida, lo cual es equivalente a que España perdiese Castilla-León, ya que si Valladolid fue la primera capital de este país, Kiev lo fue de Rusia). En tercer lugar, al aceptar la consolidación de una franja antirrusa que va desde el Báltico hasta el Mar Rojo. Ciertamente es ilusoria para los anglosajones, pues los rusos conservan Kaliningrado, el 50% de la población de Estonia; de Ucrania a Sebastopol; el XIV Ejercito en Transnitria, y varias provincias secesionistas aquí y allá, favorables para ellos. Y en cuarto luagr con el abandono del Oriente Medio a los anglosajones a partir del momento en que fue librado a su suerte Saddam Hussein, y ello por dos veces, poniendo seriamente en crisis la credibilidad de la alianza rusa… Pierre Biarnès es quien actualmente mejor describe cómo los anglosajones pisan a fondo el acelerador para consolidar el Roll Back y llevarlo hasta fronteras límites para los rusos. Es la teoría de la “media luna de la crisis”. Explica que si el 90% de los actuales conflictos se producen en esa franja que va desde los países bálticos hasta Corea pasando por la Europa centro-oriental, los Balcanes, Oriente Medio, la ruta de la seda (es decir, el Caúcaso, Irán, Afganistán, Pakistán e

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Indochina), es porque en la misma están desplegados todos los esfuerzos de los anglosajones para contener a Rusia y a China y hacerlos retroceder lo más posible. Y Biarnès lo explica en una obra monumental en la que, trozo a trozo, desmenuza magistralmente ese “creciente de la crisis” y la reacción de rusos y chinos: “Frente a esta ofensiva global de los americanos, rusos y chinos resisten cada vez más duramente. [Y] en todos los sitios en que pueden incluso pasan a la contraofensiva; y alrededor de las fronteras de ambos se va estableciendo así poco a poco una inmensa zona de confrontaciones y crisis de conflictos abiertos o potenciales. Desde los países bálticos hasta las Kuriles, pasando por la Europa central, las proximidades del Himalaya, los estrechos de Malacca y de Formosa y, finalmente, Corea, se va configurando un “creciente de una crisis” mas al norte y más al este que en la época de la Guerra Fría en lo concerniente a Rusia, pero más al sur en lo concerniente a China. Ahí es, en lo esencial, donde se ha iniciado la historia del siglo XXI, lejos de África, que ya no es un actor estratégico mundial desde la caída del muro de Berlín, y también lejos de América Latina, que nunca lo ha sido” (pág. 19). Para resumir, es una obra, la de Biarnès, que provoca un verdadero “síndrome de Stendhal”, tal es la densidad de conocimientos que se ofrecen (y que les vendría como anillo al dedo a los periodistas y diputados cantamañanas, supuestamente duchos en el análisis de las relaciones internacionales). El único capítulo flojo es el de Malasia (y sin embargo es consistente), pero todo lo demás es magnífico, y excepcionales son los capítulos referidos a Ucrania (“¿Existe realmente Ucrania?), Turquía (“Los Turcos: unos europeos extraños”), Oriente Medio (“Del Imperio Otomano al Imperio Americano”), Irán (“De Ciro a los Ayatollahs”, Asia Central (“La revancha del Camello”), Afganistán (“Una cabra de entre dos leones”), y Corea (“En el país del amanecer tranquilo: sunshine policy o poder nuclear”). Además los países bálticos, Moldavia y el mencionado XIV Ejército, el aniquilamiento del Yugoslavia, el Caúcaso, el Mar Caspio, Chechenia, el Asia del Sureste, Taiwan y la bronca de las Islas Kuriles. Todo ello sin olvidar, ni mucho menos, la magnífica introducción, a cargo también de François Thual, titulada “O como poseer un Imperio”. A destacar los centenares de recuperaciones

históricas realizadas por Biarnes, como la del Tártaro Mir Saïd Sultangaliev, nacido en 1892, comunista desde 1917 y asesor de Stalin al año siguiente, y que defendió ante este último la tesis según la cual “la única posibilidad de propagar las ideas de la Revolución Rusa es dedicarse prioritariamente al Oriente, poco desarrollado, en lugar de a los países industriales de la Europa Occidental. Según él, estratégicamente había que priorizar absolutamente la liberación de los países colonizados de Asia, y crear un gran Estado Ruso-Musulmán, cuya ideología sería simultáneamente el Comunismo y un Islam secularizado: una “república del Turán, que uniría a todos los pueblos de origen turco del Imperio Ruso y que se extendería de Kazan hasta el Pamir”, que crearía un Ejército Rojo y un Partido Comunista musulmán… Y tambien, otra aclaración: la famosa cuestión de las estatuas de Buda: ya desde la toma de Kabul, los talibanes habían dado a conocer su intención de destruir todas las estatuas, grabados y pinturas no islámicas, “obras de arte budista aún muy numerosas a pesar de las acciones iconoclastas consecutivas a la difusión del mensaje musulmán a partir de las invasiones árabes del siglo VIII, y a pesar, durante los siglos XIX y XX, del vandalismo comanditado por los anticuarios y los museos europeos y norteamericanos. El Islam, al igual que el judaísmo y el cristianismo siempre ha atacado el “culto de los ídolos” e incluso ha prohibido la representación humana de la faz de Dios. Moisés en Palestina, Poliocto en Roma, e Ireneo en Bizancio habían dado desde mucho antes el ejemplo, y era de esperar que los misioneros católicos, aprovechando la conquista colonial europea del siglo XIX, hicieran desaparecer una enorme cantidad del estatuario negroide de África “las tres grandes religiones monoteístas están pues a la par en esta materia”. De hecho, las mayores diferencias entre ambas son: 1) la falta total de proselitismo de los judíos y 2) en ninguna parte del mundo han logrado jamás los cristianos ganar para su fe a los adeptos del Islam1. Quien tenga la suerte de leer este libro (por lo demás excepcional) sabrá, de política exterior, bastante más cincuenta catedráticos de relaciones internacionales juntos.

Jorge Verstrynge
1. Op. Cit. Pág. 839.

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EUROPA, EUROPA
BUSCANDO IMÁGENES PARA EUROPA
Círculo de Bellas Artes, Madrid, 2006, 329 págs.

El tema de Europa sigue siendo uno de los que mayor atención demanda no sólo en los foros políticos, sino entre intelectuales y filósofos. Y no es para menos. Tras el batacazo de la Constitución europea, tras el desinterés ciudadano, tras el sentimiento de engaño, de tomadura de pelo que entre la gente cunde, parece obligado replantearse, una vez más, a dónde vamos, o, por lo menos, a dónde nos gustaría ir. Buscando imágenes para Europa es un buen intento. Es una recopilación de doce aportaciones al tema, la transcripción revisada de las conferencias dictadas en el Congreso Internacional que se celebró bajo ese lema en el Círculo de Bellas Artes y la Universidad Autónoma de Madrid en octubre de 2005. De Félix Duque, coordinador del encuentro, a Romano Gasparotti, pasando por Máximo Cacciari, Vincenzo Vitiello, Peter Gowan o Carlos Taibo, nos encontramos con ensayos muy diferentes –todos ellos interesantes y de calidad– que se enfrentan desde puntos de vista distintos y con diferente intención al pasado y sobre todo al futuro de Europa, de esta Europa nuestra que parecía llamada a ser vanguardia y de hecho se está quedando, sencillamente, fuera de juego. Desde la desconfianza y el recelo hasta el optimismo y el respaldo, podemos hallar en estas conferencias un equilibrado balance, una especie de meditación antes de continuar, de puesta a punto. Hay aportaciones especialmente críticas –as de Gowan o Taibo– y alguna complaciente, como la de Tsoukalis, que permiten ver el tema desde diferentes perspectivas, y hay, también, mucha filosofía, pues destacan las aportaciones de pensadores como el propio Duque, que abre el volumen con un excelente texto, o Cacciari, que de hecho liga en su conferencia ambos

términos “Europa (o filosofía)”. Y es que es cierto que ambas van unidas, que los dos conceptos a veces parecen remitirnos a lo mismo, a la creación –en ocasiones se le ha llamado ”milagro”– de una racionalidad común, de la democracia, de la participación y la responsabilidad políticas, de la discusión en la plaza pública en igualdad de condiciones, valorando los argumentos, las razones, etc. Mas esta visión un tanto idílica puede resultar engañosa. Desde las ruinas del Partenon es cierto que uno tiende a pensar que está pisando los mismísimos orígenes de nuestra libertad y nuestra historia, pero las cosas siempre son más complicadas. Ni siquiera sabemos muy bien de qué filosofía hablamos –ni de qué Europa, por tanto. De la filosofía cerrada y exclusiva de Platón que nos presenta Gasparotti, o de la filosofía abierta, hospitalaria, receptiva, no

identitaria de la que hablara Derrida en sus últimos escritos sobre Europa y la democracia. Estamos hablando de la Europa culta y cultivada, sensible, tolerante y exquisita, de la Europa de Rilke, Voltaire y Hume o de la Europa de Auschwitz de la que trata Gernot Böhme en “A Europa la sostiene el cerebro, el pensamiento... O ¿qué se puede esperar de la cultura?” Magnífica pregunta la que Böhme, a través en buena parte de la obra de Semprún, se formula. Adorno fue en eso categórico. En su Dialéctica negativa fue tajante: “Auschwitz demostró irrefutablemente el fracaso de la cultura”. Y no sólo eso. Sobre esa cultura humanística que pronto recuperó su privilegiado lugar, sentencia: “Al restaurarse después de lo que dejó ocurrir sin resistencia en su región, se ha convertido por completo en la ideología que era en potencia”. Quizá es que se

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habían depositado demasiadas esperanzas en los versos y las partituras, en los privilegios y la erudición, en el halago y la pedantería. Quizá es que todo eso era un engaño que, tras la irrefutable demostración nazi, quedaba al desnudo. Aunque no tardara ni un instante en volver a cubrir su desnudez. Sin embargo ¿se trataba entonces, como muchos años después y despertando una intensa polémica, propondría Sloterdijk en sus Reglas para el parque humano, de sustituir a la vieja e inútil, elitista y decadente, frívola y al tiempo profundísima cultura por una “antropotécnica para domesticar a los hombres”? Si la cultura no ha conseguido domarnos, ¿habrá que sacar el látigo? Hasta qué punto era errónea esa pretensión de que la cultura –nuestra cultura, nuestra humanística cultura europea– era capaz de salvarnos de nuestros demonios lo mostró la barbarie nazi. Pero no fue la única. Eduardo Subirats ha llevado a cabo en sus obras un lacerante inventario de catástrofes provocadas por la modernidad, y la modernidad es, no lo olvidemos, Europa. Europa hace historia, Europa

ha hecho el mundo, un mundo en el que ahora no se reconoce, que le asusta y del que quiere huir para blindarse en una fortaleza inexpugnable. Mas no es posible. Los hambrientos, los miserables seguirán aferrándose a las vallas que nuestros políticos y tecnócratas levanten, a las murallas que al modo norteamericano, al modo israelí, querramos levantar para escondernos. Y querrán saltarlas para vivir entre nosotros, hasta que llegue un momento –y no parece que esté muy lejano– en que quieran saltarlas para degollarnos, pues no se puede perpetuar el sufrimiento, el hambre, la desprotección, la injusticia, el dolor y la miseria sin consecuencias. Hablamos de Europa, en estos doce ensayos se habla de Europa, se habla de globalización y economía, se habla de déficit democrático y altas finanzas, de cohesión, política y proyectos. Y también se habla, porque no queda otro remedio, de un futuro incierto, de un mundo complejo e inquietante que a veces llega a dar miedo. ¿Qué imagen tiene –o da– Europa? No se sabe. Quizá tantas imágenes como países la forman, como países han

sufrido su dominación; tantas como hombres y mujeres sueñan. Y además de imaginarnos este viejo, magnífico y depravado continente ¿qué más podemos hacer? De ello poco se dice en este libro, al margen de alguna recomendación para mejorar las instituciones que nos gobiernan, al margen de alguna bienintencionada fraseología un tanto vacua, de cierta retórica –la que cierra el texto de Gasparotti– que nos saca de la lógica europea para introducirnos en otra aún más vieja pero desatendida, una lógica que , sin embargo, no es la nuestra, o no lo ha sido, un pensamiento que ya no se sabe si es Europa –eso al fin y al cabo da lo mismo– pero que, a pesar de ser hermosa, parece, qué le vamos a hacer, un tanto vacía. Sea aún así bienvenida, como bienvenidas eran ciertas reflexiones similares del último Derrida. Bienvenido, en suma, este libro que nos hace reflexionar sobre nosotros mismos, sobre nuestro pasado, nuestro presente y, sobre todo, sobre el futuro que nos espera.

Antonio García Vila

MUJERES DE CIENCIA
LAS DAMAS DEL LABORATORIO. MUJERES CIENTÍFICAS EN LA HISTORIA
María José Casado Ruiz de Lóizaga Debate, Madrid, 2006, 293 págs.

LOS PLANETAS
Dava Sobel Trad. de Jaime Zulaika. Anagrama, Barcelona, 2006, 221 págs.

La mayoría de los estudiantes de Ciencias Físicas de la Universidad de Barcelona de inicios de los setenta, incluidas probablemente las estudiantes, dudábamos frecuentemente, a pesar de la inestimable ayuda del joven profesor Wagensberg, de nuestro grado de comprensión del teorema de Noether –un resultado central en física teórica que afirma que a

cada simetría continua le corresponde una ley de conservación física y viceversa–, pero no teníamos, en cambio, duda alguna de que el teorema debía su nombre a algún Herr Noether que lo había descubierto en fecha desconocida. No cabía imaginarnos que su autor, el descubridor de un resultado básico de la big science, de uno de los temas punteros de las ciencias físicas, fuera mujer, fuese científica y que su nombre fuera Emmy Noether, una matemática alemana de origen judío que realizó sus investigaciones en las primeras décadas del siglo XX y que mediante su primera especialización en invariantes algebraicos consiguió demostrar algunos teoremas esenciales para la teoría de la relatividad que permitieron resolver entre otros el problema de la conservación de la energía. Probablemente la situación sea muy distinta 30 años después y la mayor parte de estudiantes de ciencias físicas conoce que el teorema referenciado está en el haber de Frau Noether, no de Herr Noether. Pero acaso aun queden restos de aquel naufragio cultural tan

persistente, de aquellos prejuicios tan asentados. María José Casado Ruiz de Lóizaga, con Las damas del laboratorio. Mujeres científicas en la historia, a pesar de haber decidido no dedicar ningún capítulo específico a la eminente física alemana, pretende ayudar a superar de una vez por todas esta situación de olvido del papel que muchas mujeres, con dificultades casi inimaginables, y desde luego totalmente inadmisibles, han jugado en la historia de las ciencias. A título de simple ejemplificación: si no ando errado, la primera mujer doctora en ciencias fue Sonia Kovaleskaya, en 1874, con una tesis “Sobre la teoría de las ecuaciones en derivadas parciales”, conocida actualmente como teorema Cauchy-Kovalevsky. Nadie antes de ella; finales del XIX. Aunque no todas las científicas que en figuran en el volumen trabajaran o investigaran en laboratorios científicos, Las damas del laboratorio se centra en la vida y obra de diez importantes científicas: Hipatia, Émilie de Breteuil, María Andrea Casamayor y de la Coma, la única científica española incorporada,

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Lise Meitner

Dava Sobel

Mary Somerville, Ada Byron, Sonia Kovaleskaya, Marie Curie, Lise Meitner, Rosalind Franklin y Mary Douglas Leakey. Una sucinta presentación de sus principales aportaciones puede verse en las páginas 26-30 de la introducción. La bioquímica Margarita Salas, una de nuestras actuales y más reconocidas científicas, señala en el entusiasta y generoso prólogo que ha escrito para la obra que “son muchas las mujeres, aún hoy desconocidas, que han desempeñado un papel relevante en la ciencia, y la referencia a estas mujeres, que tomaron parte en el desarrollo de numerosos especialidades científicas o médicas, data de hace unos cuatro mil años. Pero en la mayoría de los casos han sido mujeres invisibles, mujeres desconocidas” (p. 13). Las damas del laboratorio es un ensayo que, sin aportar

nuevos descubrimientos en el ámbito de la historia de la ciencia, incluso manteniendo algunas conjeturas historiográficas de alta y discutible tensión, pretende dar a conocer a un público amplio las vidas y aportaciones básicas de estas aún, e injustamente, desconocidas mujeres de ciencia. Lo hace en general de forma correcta, documentada, abusando en alguna parte de “copiar y pegar”, usando la bibliografía esencial y conocida de o sobre las autoras estudiadas, si bien en algún caso el detalle biográfico central o secundario (en los capítulos dedicados a Ada Byron y Sonia Kovaleskaya, por ejemplo) es en mi opinión excesivo y poco interesante y alguna referencia a las características físicas de la biografiada son prescindibles por inesenciales. Por lo demás, las referencias al contexto social y a las posiciones políticas de

algunas biografiadas podían haberse detallado algo más y con algo menos de prudencia cultural. Así, dicho sea desde luego en honor de John Desmond Bernal, es algo tópica esta aproximación: “Rosalind [Franklin] admira a Bernal por su inteligencia y talento como investigador, aunque no comparta sus ideas de comunista militante. Por otra parte, Bernal no discriminaba a las mujeres, reconocía su trabajo y a su lado podían trabajar y promocionarse” (p. 225). Pero no sólo hay historiadores o periodistas científicas que vindican su historia por motivos justificadísimos y con razones muy atendibles sino que hay además mujeres que juegan un papel básico en la creación y en la divulgación de la ciencia contemporánea. Éste segundo caso es el de Dava Sobel. Sobel no es sólo la autora de Longitud o de

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La hija de Galileo, no sólo ha sido una reconocida periodista científica del New York Times, galardonada con el prestigioso Public Service Award del National Science Board, sino que en junio de 2006 alcanzó un privilegio por el que muchos hubiéramos peregrinado tenazmente a las tumbas de Bruno, Galileo o Servet: Sobel fue el único miembro no científico elegido para formar parte del Comité de Definición de los Planetas de la Unión Astronómica Internacional (UAI). El relato de su participación (págs. 185-187), y de lo allí discutido, es magnifico sin matices y es una excelente manera de empezar a degustar este precioso ensayo centrado, además, en un tema de rabiosa actualidad porque su actualidad es eterna: la nave Cassini ha enviado recientemente informaciones que han permitido a los científicos (y científicas) señalar que en una de las lunas del planeta de los anillos, en Titán concretamente, de relieve accidentado y temperaturas medias muy frías (-180º C), existen lagunas probablemente de metano líquido y allí debe haber lluvias torrenciales y tormentas. Christophe Sotin (Nantes, Francia) lo ha

resumido así: “Por lo que sabemos, sólo hay un cuerpo del sistema planetario que muestre más dinamismo que Titán y su nombre es la Tierra”. Los planetas está estructurado en doce capítulos, dedicados cada uno de ellos, aparte de la introducción, a los planetas de nuestro sistema solar, incluyendo en este debatido término no sólo a la Tierra (Geografía) sino también la Luna (Lunerías), el Sol (Génesis) y, claro está, Plutón (OVNI), que sigue siendo un planeta del sistema a pesar de la reciente discusión y las vacilaciones sobre los atributos del término. La exquisitez e información científica, popular, poética, narrativa, con la que está escrito todo el volumen señala otra vía de superación de aquel viejo y reconocido divorcio entre las dos culturas: no se trata sólo de aceptar de una vez por todas una evidencia tan elemental como que intentar ser culto, e intentar saber a qué atenerse, pasa también por adquirir una información científica básica, sino que es posible divulgar, instruir en temas científicos, de forma enormemente

atractiva, con pulsión artística, sin perder rigor. Los planetas no sólo es un relato que permite acercarse a un tema científico como éste, presente en la filosofía, en la cultura humana desde siempre, sino que es, además, una narración elegante (con excelente traducción), bien trabada, muy pensada, que ilustra, agrada y conmueve a los lectores y donde se usan magistralmente diversos recursos literarios, con algún ligero exceso para mi gusto como en el caso de los numerosos poemas seleccionados. Además del glosario, algo sucinto, la autora ha tenido la gentileza de incluir un apartado de “Curiosidades”. No se lo pierdan. Allá podrán leer, entre otras, la siguiente anécdota: “Durante la Segunda Guerra Mundial, una escuadrilla de pilotos de B-29 confundió el planeta [Venus] con un avión japonés y trató de derribarlo” (p. 200). ¡A Venus! Afortunadamente, en aquel intento, no lo consiguieron.

Salvador López Arnal

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ARTE Y ANARQUÍA
NUNES: EL CINEASTA INTRÈPID/NUNES. EL CINEASTA INTRÉPIDO/ NUNES. THE
INTREPID FILMMARKER

Joan M. Minguet Batllori Filmoteca de Catalunya, Barcelona, 2006. Edición trilingüe.

Hace más de 50 años que un anarquista se hizo cine y habitó entre nosotros. Nació en Faro (Portugal) en 1930, pero se asentó en una barraca de Montjuic (Barcelona) en nuestra dura posguerra, y, al poco, empezó a trabajar de chico para todo en los estudios aledaños de Ignacio F. Iquino y de ayudante incondicional de Enrique Gómez, su “maestrito”, como él dice, autor de un libro que hoy está completamente olvidado (El guión cinematográfico, 1944) y de películas no menos arrumbadas como Mi hija Verónica (1950). Aprendió el oficio con Carlos Serrano de Osma (Rostro al mar, 1951), Xavier Setó (Mercado prohibido, 1952), Joaquín Romero Marchent (Sor Angélica, 1954), Joan Lladó (El ceniciento, 1955, con Gila), Rafael J. Salvia (Pasaje a Venezuela, 1956) y otros tantos. En el invierno de 1956, con armas y bagage, se pasó a la dirección y realizó Mañana (1957), un film de episodios que Ferrán Alberich restauró (nos devolvió) hace poco. Aparecía allí el barcelonés barrio de la Rivera, sus soportales y paredes desconchadas, y la plaza más reco-

leta y hermosa de la ciudad, San Felipe Neri, en el Gótico. Dos amantes gritaban en aquel paraje su desesperada libertad en la noche, aclamados por una cohorte de serenos que batían el suelo con los chuzos. En la estela de Eisenstein, se adelantó a Godard rodando un solo para clarinete y máquinas; pero ya se sabe que todos los genios vienen de París, únicamente. ¡Qué diálogos aquellos entre Don Felipito (Manuel Díaz González) y Paquita, su gallina! Lo supo ver –en 1957, y nos lo recuerda oportunamente Joan Minguet– Sebastià Gasch, el amigo de Miró, Dalí, Charlie Rivel, Carmen Amaya: “Mañana, película que Nunes ha escrito y dirigido, es una obra distinta de cuantas han sido rodadas en España hasta la fecha. (...) Mañana es la obra de un realizador que sigue su camino, sin importarle un bledo los que siguen los demás. El suyo es el que conduce directamente a la poesía” (p. 49, en catalán; ps. 103-104 en castellano; p. 147 en inglés). Escribió Lawrence Durrell que “sólo se conoce una ciudad cuando se ama a uno de sus habitantes”. La ciudad que yo amé en los setenta –con Nunes, en las tabernas de Noche de vino tinto (1966) o las que nos acogieron después, y llevando en el bolsillo Barcelona pam a pam de mi profesor Alexandre Cirici– es la que se ve desparramada hasta el mar o trepando a las faldas del Tibidabo desde el Montjuic de Amigogima (José María Nunes, 2000); es la ciudad cuyos confines mostró Nunes, cuando al final de Mañana, el Chico de la Noche (José María Rodero) se despide de madrugada en el puerto brumoso, sobre los adoquines lacerados por las cicatrices paralelas que han dejado los tranvías; es la ciudad de barrio, el barrio de Sants, donde en

cochambrosos tabucos ensayan su furia con alma rockeros imberbes, casi adolescentes, la de Gritos... a ritmo fuerte (1984); pero también la pija, la turística de Gaudí, la de Paseo de Gracia, la Sagrada Familia o el desconcertante Parque Güell por donde deambula María López (Núria Espert), desfalleciendo de éxito, en Biotaxia (1968). Pero mi película preferida de Nunes es una filmada clandestinamente, sin permiso de rodaje alguno, y, ni que decir tiene, fue tajantemente prohibida: Sexperiencias (1969). Por ella cabalgan jinetes fantasmas en los absurdos estudios Balcázar, pero también allí, en las catacumbas de la ciudad, se acoge algo de lo que estaba pasando en el resto mundo durante aquel revolucionario 1968. Era la Barcelona vencida de Durruti y Ascaso que sobrevivía en la sombra; aún no la amodorrada de Pujol y Maragall, encantada de haberse conocido. Minguet ha contado todo esto magistralmente, y de ese modo nos ha restituido algo de las vibrantes y libérrimas imágenes de Nunes. Y de la ciudad subterránea de Nunes, cercada de pistolas policíacas y señores de orden, que latía –¿y aún late?– oculta tras la pantalla del NO-DO: un perdido paraíso anarquista, arduamente rescatado del miedo. No sé qué estará testimoniando ahora con el ojo de su cámara, pero ¡ojo avizor! Se le ha visto rodando en la calle Joaquín Costa, en los locales de la CNT, durante este invierno. Y amenaza con seguir haciéndolo suavemente, intransigentemente, tozudamente aunque le atrape la primavera con las manos en la masa.

Alejandro Montiel

FE DE ERRATAS: El texto de la reseña aparecida en el número anterior, firmada por Igor Sádaba, y referida al libro Pensar y resistir. La sociolgía crítica después de Michael Foucault, no se corresponde a dicho libro. Se coló en su lugar el texto de la reseña del libro Nacidos para comprar, de Juliet B. Schor, qie había sido publicado en el nº 226. Rogamos disculpas por este error. La reseña de Pensar y resistir aparecerá en el próximo número de esta revista.

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EL SOCIALISMO NO ES UNA UTOPÍA
XABIER VILA-COIA Lapinga Ediciones, Madrid, 2006, 336 págs.
Dice su autor que “este es un libro de contenido poltico, social y antropológico compuesto por fotografías mediante la técnica propia de la antropología visual que plasma desde una perspectiva singular la realidad actual de Cuba.” Y, más adelante, se declara creador del Moz-Art, una forma de expresión artística que “consiste en componer con sucesiones lógicas, alógicas e ilógicas y juegos premeditados, meditados e inevitados de letras, palabras, signos ortográficos, dibujos e imágenes, en lugar de con notas musicales y sonidos, una sinfonía visual pinaco-literaria”. Y, a continuación, el autor (que se define a sí mismo como Piroartista), nos regala un conjunto de alrededor de cuatrocientas fotografías tomadas en Cuba que resulta francamente interesante y que permite diversas interpretaciones de la realidad cubana.

ENTRADA EN LA BARBARIE
JUAN-RAMÓN CAPELLA Trotta, Madrid, 2007, 251 págs.
Dice Capella, nada más arrancar el libro, que su intención es iluminar los problemas del pasado para que podamos contrastar con ellos los problemas del presente y los agazapados en el futuro. Y para ello recurre, en la primera parte del libro, a cuatro pensadores mayores: Gramsci, Benjamin, Simone Weil y Pasolini. Luego, en la segunda, nos lleva del tiempo de “antes de la revolución” al tiempo de resistencia, pasando por el tiempo de la contrarrevolución y, cómo no, a este tiempo de barbarie en el que el capitalismo parece haber alcanzado una victoria incontestable. Pero ese tiempo de barbarie es coetáneo del tiempo de resistencia, y es ahí donde radica la esperanza. Capella nos señala las características de la sociedad contemporánea, sus problemas más agudos, y no da recetas, pero sí apunta cómo éstos deben afrontarse.

EURO-UNIVERSIDAD. MITO Y REALIDAD DEL PROCESO DE BOLONIA
JUDITH CARRERAS, CARLOS SEVILLA Y MIGUEL URBÁN Icaria, Barcelona, 2006, 144 págs.
A uno, que ya tiene sus años, le da en la nariz que cada sucesiva reforma universitaria tiene como objetivo principal disminuir eso que antes se llamaba formación (es decir, capacidad de autonomizarse) para, en todo caso, aumentar la capacitación para desarrollar un oficio. Y uno tiene la sensación de que eso se hace muy conscientemente, por no decir conspirativamente. Ahora nos llega Bolonia, cuyos criterios pretenden implantarse a través de un denominado “Espacio Europeo de Educación Superior”. Este libro pretende aclarar, entre otras cosas, en qué consiste realmente y qué pretende conseguir el llamado “proceso de Bolonia”. Y creánme: algo huele a podrido en Dinamarca... La falta de transparencia, la ausencia de debate, la consideración de la educación como mercancía, las privatizaciones encubiertas... Sí, huele a podrido.

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RETRATOS POUMISTAS
PEPE GUTIÉRREZ-ÁLVAREZ Espuela de plata, Sevilla, 2006, 418 págs.
Da que pensar que las vicisitudes por las que atravesó el POUM durante la guerra civil sigan siendo objeto de análisis, discusión y polémica. Ya nadie discute, por ejemplo, quién ordenó el asesinato de Andreu Nin, pero se sigue dando vueltas alrededor de los “hechos de mayo” y la actitud hacia el POUM de importantes líderes comunistas, como José Díaz. Pero este no es un libro de debate –aunque lo lo elude–, sino de recuperación de la memoria. Gutiérrez traza en él un somero retrato (en general vivencial-político) de 38 poumistas significativos, pero de trayectoria muy diversa. Así, encontramos en el libro desde a sus más conocidos líderes, como Nin y Maurín, a personajes contradictorios y complejos como Víctor Alba o Gorkin, pasando por militantes menos conocidos, o extranjeros que se acercaron al POUM, como Peret o Landau.

ESTÉTICA DE LA CONFIANZA
LLUÍS X. ÁLVAREZ Herder, Barcelona 2006, 343 págs.
Difícil tarea la de tratar de dar pistas sobre este libro en tan sólo 130 palabras. Diremos, de entrada, que es un libro ambicioso: pretende –y consigue– integrar determinados resultados del pensamiento estético en la corriente general del debate contemporáneo. Vattimo opina, en su introducción, que la estética “moderna”, junto al mismo itinerario del arte moderno que acompaña, es una fase “concluida”, al igual que la modernidad. Lo que aquí haría Álvarez sería dar el paso a la posmodernidad que la estética filosófica no habría dado aún completamente, al no haber prescindido de la visión predominantemente subjetivista e individualista del arte. En sus tres primeros capítulos, Álvarez traza las líneas maestras de la estética de la confianza. Foucault, Marcuse, Wittgenstein, son algunos de los nombres-clave de este libro.

POLÍTICA DEL DISENSO
XAVIER GODÀS Icaria, Barcelona, 2007, 205 págs.
Como la etiqueta “movimientos sociales” vale tanto para un fregado como para un barrido, la utilidad de este libro en cuanto a la clarificación de qué es y para qué sirve un movimiento social es innegable. Godàs establece como movimientos sociales “fetén” al movimiento obrero, los movimientos por los derechos civiles, los pacifistas, antimilitaristas, feministas, ecologistas, por la liberación sexual y los que corrientemente se denominan “antiglobalización”, porque la simple acción colectiva no es suficiente para denominar movimiento social a agrupaciones de gentes con determinados objetivos. Así, una característica fundamental de los movimientos es el seguimiento de una lógica reivindicativa mediante procesos de movilizacion perdurables sin pretender tomar el poder de los centros políticamente decisorios.

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VICTORIA KENT. UNA PASIÓN REPUBLICANA
MIGUEL ÁNGEL VILLENA Debate, Madrid, 2007, 279 págs.
Fue abogada, y la primera mujer en defender a un acusado en un Consejo de Guerra. Militó en el Partido Radical Socialista, con el que obtuvo un escaño de diputada por Madrid. Proclamada la República, Alcalá Zamora le propuso hacerse cargo de la Dirección General de Prisiones. Su labor para acabar con las condiciones infrahumanas y denigratorias de las cárceles de la época fue valiente y constante; entre otras medidas, creo la Sección Femenina Auxiliar del Cuerpo de Prisiones para sustituir a las monjas, indultó a los penados de más de setenta años, prohibió los traslados a pie y fundó el Instituto de Estudios Penales. Sus propuestas fueron demasiado avanzadas para la timorata clase política en el poder, por lo que se vio obligada a dimitir. Exiliada en París y México, antes de morir, en 1987, pudo visitar España.

DE UN DESASASTRE OSCURO. SOBRE EL FIN DE LA VERDAD DE ESTADO
ALAIN BADIOU Trad. de Irene Agoff. Amorrortu, Madrid, 2006, 70 págs.
Amorrortu ha iniciado su andadura en España con una serie de textos breves de las principales figuras del pensamiento contemporáneo: Derrida, Ricoeur, Baudrillard, Heidegger, Cixous... y este De un desastre oscuro, de Badiou. Para éste, el fracaso del comunismo de Estado evidencia la imposibilidad de alcanzar una universalización liberadora con el apoyo coactivo del Estado. Una opinión cuya solvencia tiene ahora mismo en Venezuela una óptima oposibilidad de afianzarse o de ser rechazada, según les vaya a los venezolanos. Para Badiou, esta situación trágica deviene también en esperanza, puesto que la historia de la política ahora comienza, y lo hace tanto en los países del Este como en los del Oeste. Y es que, cuando las crisis son generales, la verdad filosófica tiene muchas probabilidades de abrirse paso.

ODISEAS
EDUARDO DEL CAMPO Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2007, 380 págs.
Muros, alambradas, barreras electrónicas… Occidente se “defiende” de la invasión migratoria al tiempo que proclama la necesidad de importación de mano de obra barata, en un ejercicio de barato cinismo Sea como sea, no hay muro capaz de impedir la llegada de desesperados por razones económicas o políticas. Odiseas es un conjunto de relatos reales asentados a lo largo del mundo, centrado en las epopeyas personales de aquellos que tienen ya poco que perder y cuyo único objetivo es pasar al otro lado de la frontera. Ciertamente, cuando uno ve que en las encuestas españolas la preocupación por el fenómeno inmigratorio está en los primeros lugares del ránking, dan ganas de pedirle a la ministra de educación que imponga la lectura de fragnmentos de este libro obligatoriamente a todos los colegios. Mejor nos iría.

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