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Guanacos Somos

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Publicado porJulio Martinez

un conjunto de fiestas, tradiciones, leyendas, culinaria y fiestas patronales en El Salvador

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Me Comento el Sr. Josué Jeremías Lemus, de 62 años de edad es un

Vecino, que la siguanaba solo se aparecía en lugares algo escondidos en los

cantones o pueblos alejados de la capital, en ríos, bosques, que cuando uno la

miraba de lejos tenía una linda cara hermosas manos y piernas tremendo cuerpo

todo una hermosa mujer, entonces como uno es pícaro iba a ayudarle a ver que

quería y cuando llegaba en donde ella estaba solo platicaban un par de minutos y

después se convertía en una bestia con tremendas uñas, grandes chiches toda

despeinada y daba miedo en ese momento.

Cuando el hombre ve eso sale corriendo para

huir de ella eso se da de repente, pero ya no se puede

hacer nada porque lo atrapa con sus grande uñas lo

besa lo dejaba como loco (Jugado) después de eso lo

dejaba por allí y se iba, después llegaban los

familiares, donde el hombre y lo llevaba al doctor para

saber que le pasaba a este y siempre decían que se

había quedado loco pero nadie sabe porque si en

cuando salió de la casa estaba bien todo indica que

fue jugado por la Siguanaba.

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Una historia verdadera sobre la Sihuanaba7

1980, recién estaba trabajando con un programa de alfabetización, ensucunado en
una Finca llamada San Isidro, cuyos antiguos dueños eran los Regalado, y cuyo
dueño más antiguo parece haber sido Feliciano Ama, a quien, dicen unas malas
lenguas- engañó un expresidente de nombre Tomás Regalado, hasta quitarles las
escrituras, ese es un dato a comprobar.

En esa finca, mi tarea, mi función estaba vinculada a la planificación del proceso
de alfabetización en el marco de la Reforma Agraria que se decretó en marzo de
1980 y que incluía acciones de re distribución de la tierra, organización de
cooperativas -un proceso diseñado a la carrera y mal ejecutado-, y alfabetización.

Así que, debía trabajar en la organización, la planificación, la capacitación, la
evaluación, en fin, las varias actividades del proceso alfabetizador, nuestra guía de
trabajo eran los escritos de Freire.

En la finca, me habían entregado en calidad de adjudicación a un animalito,
equino para mas señas, el cual se constituía en mi "movilidad", por toda la finca de
apenas siete mil manzanas, y repleta de café y caña de azúcar, con cinco mil
habitantes y once pequeñas fincas en agregado que consolidaban la enorme finca
San Isidro, en las faldas del volcán Izalco.

Con la "movilidad" que tenía por nombre "Pajarito", por pajarero -caballo que al
correr mira hacia la izquierda y la derecha, de manera secuencial-, me desplazaba
por cada una de las fincas, y un día me tocó ir a Las Marías con el Jorge Vega,
joven voluntario del trabajo de alfabetización, cada uno en su caballito. Las Marías
está -estaba?- en la propia falda del Izalco, tocando el Teshcal (lava del volcán), a
doce kilómetros del casco de la finca, doce kilómetros de pura montaña de café,
doce kilómetros de sombra, doce kilómetros de caminos enredados.

Allá estuvimos armando material didáctico para la alfabetización, hasta que
comenzó a oscurecer, a eso de las cinco y media de la tarde. Entonces
comenzamos a bajar por los caminos establecidos en la finca para poder movilizar
el café de la cosecha.

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Informante, Julio Martínez, 55 años

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No era un problema los doce kilómetros, ya había aprendido a moverme y
orientarme en medio del cafetal, siguiendo el rumbo en dirección hacia el casco.
Además iba acompañado de una persona del lugar.

Así que bajando, bajando, oscureciendo, oscureciendo... la luna apareció en toda
su magnitud y le dije a Jorge, "ah que vergon, hay luna, así no cuesta caminar en
la noche".

En eso íbamos cuando de repente, todos los caminos del cafetal se me
escondieron, repentinamente no había mas camino, solo cafetal, ni atrás de donde
venía, ni adelante para donde iba. Repentinamente, todo se hizo oscuro, negro
más bien.

- "Puta, Jorge, no hay mas camino, no jodás"

- "ummm que raro, si el camino aquí debe ir"

Una carcajada desde atrás de nosotros sonó a estruendo. Era una carcajada de
mujer. !!!Jajajajajaja!!!!Jajajajaja!!!! luego, unas palmadas como de aplauso...

"Jorge, ¿que es eso?"

"No sé"

Los caballos empezaron a temblar, sentía su temblor en mis piernas, y el sudor de
ellos empezó a surgir, como si de ellos brotara agua, los relinchos no se hicieron
esperar.

"Jjajajaja"" "jajajajajajaja", "Jajajajajajajajajajaja"

"Jorge, vámonos a la mierda, nos están asustando!"

"Sí, nos están asustando, corramos"

Nada, los caballos no querían caminar, ni con las espuelas ni con el acial. Nada,
nada. El temblor de los caballos era extraño, relinchaban, se paraban en dos
patas, trataban de correr... mi espalda era un erizo...

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De repente, el caminó apareció otra vez, la luna parecía haberse dado cuenta de
que estábamos en problemas. Los caballos echaron a correr, y no se detuvieron
como por cinco kilómetros que nos faltaban para llegar a la finca y su poblado.

Llegamos a dejar los caballos al establo, y el "pizarrín" nos miró extrañado, ya que
había notado que entramos al poblado en una carrera, como haciendo apuestas
de quien llegaba primero, lo que no sabía era que cada uno iba con su culo a dos
manos.

Nos preguntó, "por qué venían corriendo, ¿les pasó algo?"

"no, nada" No queríamos que nos tomaran por locos.

Seguimos caminando sin decir ni una sola palabra. Fui con Jorge a dejarlo a su
casa, en la puerta estaba su abuelo, que nos miró, y quizá viendo la cara pálida
que llevábamos, nos dijo:

"¿Que traen?"

Le contamos la historia, nos escuchó con detenimiento, y atento. Al final nos
preguntó por que lugar había sido el asunto. Le contamos, y dijo:

"esa es la calle de la Sihuanaba..." No hacía falta que lo dijera, ya lo sabíamos.

Al día siguiente, la calentura no me dejaba, y Jorge, pasó dos días con fiebre en
su casa.

Juro que es cierto.

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