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Le ‘Dip tac bo tin pte ga nl al ia : LITERATURA ESPAGOLA IIT ie: Mio oo 185 4 os Se a PIO BAROJA SS Boe. - ca. pecimeys hl 0.1 be-uiobo — rhe reiki ay La trapera, Bo: %2.229, 908 7, 85 siudades grandes, si Dios ext én algun lado, es-en los sOare=-Pva irrup. ciénjde_un campo desolado dentro_del pueblo” Efe creo RG porate tan neresane- como ver por las rendijas de una empalizada el interior Bh unselar, con sucto leno de barrenos rotos, de latas' de’ petréleo, de ruedas de coches «zDe dénde procederé todo estos, suelo pre- guntarme, y quisiera que el puchero cascado me contara su historia desde que vino de Alcorcén, (1 escoba vieja arrimada a la pared y el cacha- Fro roto me iniciaran en sus secretos, ‘Pero etiando mas me seducen los solares es en [Dia primavera; .entonces me dan ganas de tender- me al sol con el, sombrero echado sobre los ojos Jy P82" horas y horas mirando el cielo azul, viem, do revolotear, [as abejas y los moscardones ‘mien: ‘murmullo sordo en los tras, zumba el aire con solar) junto a mi casa encantador; si algun dia !por casualidad pasdis de cuatro a cinco i He ; ee de lalmanana por alla, verdis a una vieja y a.una., La trapera 107 nifia que empujan desde dentro dos tablas de la empallzada y salen furtivamente a la calle ia Vieja es pequefia, arrugada, sin dientes; He- va un saco vacio'en la espalda y un gancho en la ano, La nifia es flaca, desgarbada, tiene el ros- tro lleno de pecas y el cuerpo cublerto de hara. pos; pero andrajosa y desgrefiada, irradia juven- tud y frescura, Si luego que hayan marchado y doblado la es- quina busedis el sitio por donde salieron, que las tablas desclavadas ceden a la presién de Ik'mano, y que por el hueco que dejan se puede pasar al solar. El terreno del solar no es Iano; tiene, en el Angulo que forman dos casas, una hondonada profunda.,. Al entrar se ve primero un camino, Entre montones de cascotes J de pledras, que se dirige hacia la hondonada. En ésta hay una casa, si es que asi puede lla ‘marse a un cobertizo hecho de pales, al cual sir ve de techo una puerta metilica, de esas de cerrar Tos escaparates de las tiendas, rota, oxidada y su: jeta por varios pedruscos, Ta casucha no tiene mas que un cuaito. En éste, junto a la ventana, hay un hornillo, y sobre la ceniza blanca, unos cuantos carbones, que hacen hervir con un glugla suave un puche ro de barro ‘A veces tn chorro de vapor Jevanta timidamen te la tapadera y deja un vaio apetitoso en el cuarto, Os digo que es apetitoso el olor que deja al her- vir el puchero de barro aces El otro dia, a las cinco de la mafiana, espié ld salida de la vieja y la nina Salieron. La vieja se detuvo en la esqitina, es arbé en un montén de basura, recogio unos’ par Hed hes “5 Cuentos © eles y unos trapos, los metié en el saco, y ella y la nifia siguieron su camino. Se detenian-a cada paso removiendo y escar- bando los montones de basura. ;Qué deporte. el del trapero! ¢ Eh? Cada monién de basura es un enigma, Dentro fe él jcudntas cosas no hay!, cartas de amor, le- trag de comerciantes, rizos de mujeres hermosas, periddicos revolucionarios, periédicos neas, articu- Tos sensacionales, restos, sobre todo, de la tonte- ria humana, ‘La vieja y Ja nifia recorrieron todas las calles de los alrededores, cazando el papel, la bota vieja, el pedazo de trapo. Luego atravesaron la. plaza Mayor, ¥ siguicron por la calle, de Toledo, que estaba triste y oscura, Entraron en el,cafetin del Rastro, sitio notable por albergar lo mas florido de los ‘golfos_ madri- lefos. Casi todas las mesas estaban ocupadas en aque Tia hora por mendigos ‘que dormian con la cabe: za apovada en los brazos. El aire, leno de humo de tabaco y de aceite frito, era irrespirable. ‘La viela'y la nifia tomaron, por diez céntimos cada una, café con aguardiente. Salieron del ca- feuin, Una aurora de inviethno se presentaba con colores sombrios en el ciclo. El piso bajaba por entre las dos filas de casas de la Ribera de Curtidores; luego se yeia uh mon tén confuso de cosas negras constituido por las barracas del Rastro y de las Américas: mas leios ondulaba Ia linea oscura del campo, bajo el ciclo plomizo de una mafana de invicrno. Bajaron Ja cuesta, y atravesaron la Ronda. Alla, la vieja hablo con los vendedores ambulantes, dis: cutis con ellos, con frases pintorescas, recargadas de adornos de mas o menos gusto, v cuando hubo Cerrado sus tratos, volvi6 hacia Madrid. La trapera my traneitabies; ‘se cruraban obreros, ctiadas, mo os de cafe repattidores. fet ‘La vieja compré un pan grande en la calle de! la Ruda, a mitad de precio, se lo dio a la ni i que lo guardé en la-cesta, y las dos se dirigieron hacia su calle. Empujaron las tablas de la empalizada, y en- traron rapidamente en el solar, quiza felices, qui- 24 satisfechas por tener un hogar pobre y mise- Zable, y un puchero en la hornilla que hervia con » | un ght suave, dejando un vaho apetitoso en al cea | Eran Jas sieté, Las calles vecinas estaban’ in-