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Fundamentos Antropológicos de la vida social, Resumen Coreth: ¿Qué es el hombre?

Fundamentos Antropológicos de la vida social, Resumen Coreth: ¿Qué es el hombre?

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¿Qué es el hombre? – I parte - Coreth
(1.) Existen muchas preguntas, pero la de ¿qué es el hombre? es especial. Esto pasa porque es una de las interrogantes que pone al hombre en el punto de mira, y no sólo eso, sino que en parte se responde a sí misma, pues se podría contestar que el hombre es aquél que pregunta. (29) A partir de este comienzo de respuesta, podemos saber qué significa preguntar: significa que el hombre no ve sólo lo concreto, sino también lo posible. Esta capacidad es la que pe
¿Qué es el hombre? – I parte - Coreth
(1.) Existen muchas preguntas, pero la de ¿qué es el hombre? es especial. Esto pasa porque es una de las interrogantes que pone al hombre en el punto de mira, y no sólo eso, sino que en parte se responde a sí misma, pues se podría contestar que el hombre es aquél que pregunta. (29) A partir de este comienzo de respuesta, podemos saber qué significa preguntar: significa que el hombre no ve sólo lo concreto, sino también lo posible. Esta capacidad es la que pe

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¿Qué es el hombre?

– I parte - Coreth
(1.) Existen muchas preguntas, pero la de ¿qué es el hombre? es especial. Esto pasa porque es una de las interrogantes que pone al hombre en el punto de mira, y no sólo eso, sino que en parte se responde a sí misma, pues se podría contestar que el hombre es aquél que pregunta. (29) A partir de este comienzo de respuesta, podemos saber qué significa preguntar: significa que el hombre no ve sólo lo concreto, sino también lo posible. Esta capacidad es la que permite hacerse preguntas, pues si no supiéramos que las cosas pueden ser distintas de lo que son (posibilidad) no preguntaríamos por ellas, las daríamos por hecho. Por lo demás, al estar conscientes de nuestra propia esencia podemos preguntar por ella, y eso nos lleva a trascender la inmediatez: somos más que un instante, pues podemos proyectar desde ese instante mediante las preguntas. Pero la conciencia de lo posible no es el único requisito: para preguntar debo saber que no sé algo [docta ignorantia]. Una vez más, esto explota los límites del conocimiento y con ello trasciende el presente: desde mi conocimiento actual comienzo a proyectarme hacia un futuro en el que podría llegar a conocer más aún. Estas características se pueden llevar a la pregunta del hombre por sí mismo: para hacerla, debo saber que soy hombre sin saber claramente en qué consiste serlo. La última condición nombrada puede dividirse en dos áreas esenciales: el saber de mi propia existencia corresponde a la posesión espiritual que tiene el hombre de sí mismo [autocomprensión originaria] y la segunda a lo que, al estar ligado a una realidad que no es completamente transparente, oculta qué es con exactitud [dualidad]. (30-31) (2.) Ahora, es fundamental el concepto de la autocomprensión, pues implica que el hombre sabe instintivamente qué es hasta cierto punto, por lo que resulta claro que para entender al hombre, hay que llevar este pre-conocimiento a palabras. En él se encuentra la posibilidad del hombre de entender el mundo, es todo aquello que posibilita y afecta nuestro actuar en el mundo. Sin embargo, analizarlo objetivamente es complejo, ya que esa totalidad afectará incluso el análisis que se haga de ella, por lo que los puntos de vista podrían afectar la objetividad [problema del método]. Actualmente para lograr conocer al hombre sin esta dificultad existen variadas ciencias particulares que analizan “pedazos” del hombre. Pero el hombre es esencialmente unidad, y las ciencias son esencialmente análisis de ciertos conocimientos limitados a su área. ¿Cómo lograr la unidad? Para juntar toda la información de las ciencias es fácil caer en arbitrariedades, e incluso para unir algo hay que conocer la totalidad para saber que le corresponde, por lo que el hombre como totalidad no es rol de las ciencias particulares si no de una antropología filosófica. (32-33) Volviendo a las ciencias particulares, el segundo problema es que al analizar lo hacen empírica- y por ello objetivamente. De esta manera cosifican al hombre y no pueden adentrarse en su esencia no-objetiva. Sin embargo, para poder estudiar cualquier cosa objetiva relacionada al hombre deben presuponer esta esencia no objetiva [pre-comprensión]: para saber si cierto dato, estudio, objeto encontrado, etc., es relevante al hombre debo saber qué es un hombre. Sólo sabiendo qué es puedo interesarme en él y clasificar cosas como relativas a él. Por ello los conocimientos científicos no son un verdadero punto de partida para el entendimiento del hombre, pues ellos mismo tienen un punto de partida instintivo sobre la esencia del hombre, cuyo análisis es de interés filosófico y no científico. (34-35) La idea de la evolución, que sigue que “fue” el hombre antes de realmente serlo, no responde por su esencia. Pues para entender que ha habido un desarrollo debo saber cuál fue el resultado, en que estamos hoy, para saber que antes era distinto (si no sé qué es un ser humano, no puedo saber que es distinto y más evolucionado que un mono). Lo mismo pasa con una comparación entre hombre y animal: cualquier comparación que se haga del ser humano no puede saltarse la idea de la pre-comprensión, de que hasta cierto punto sabemos qué es ser hombre. Si olvidamos esto estamos mirando las conductas comparadas desde una perspectiva equivocada, pensando que hemos descubierto lo que somos comparándonos con otros, siendo que ya sabíamos quiénes somos y por ello podemos encontrarnos en algo diferente (hasta cierto punto). (3.) Para entender al hombre hay que aceptar y exponer la existencia de su pre-conocimiento [hipótesis], que constituye todo aquello que permite dar sentido a la realidad y a todos los nuevos conocimientos que se irán adquiriendo, y que afecta nuestra conducta y nuestro lenguaje. Es en este (que no es un objeto, sino una especie de base de conocimientos) “horizonte general” donde nos realizamos, donde vivimos nuestra vida y construimos nuestro ser. (36-37)

No debemos, sin embargo, entender este horizonte sólo como lo propio de la especie (todos poseemos este horizonte por ser hombres), sino que es una base particular a cada uno que se va transformando según las experiencias, y al mismo tiempo transforma a las experiencias [dialéctica] (mi manera de ver la vida cambiará si tengo una experiencia traumática; al mismo tiempo mi “horizonte general” me hará ver esa experiencia de manera distinta a como lo vería otra persona con otra totalidad u horizonte). Sin embargo sería equivocado ver esta totalidad como una sucesión de experiencias: es un todo, es cómo interactúan estas experiencias, qué había antes de ellas, etc. Por otro lado tampoco puede exponerse esta totalidad tan abstracta sin hablar de experiencias. Esta dialéctica, en que la totalidad transforma a las experiencias y las experiencias a la totalidad, genera un problema metodológico. Una manera de afrontar este problema metodológico es elegir una experiencia [fenómeno privilegiado] especialmente “humana”, especialmente transformadora de la totalidad, y tomarla como punto de partida para analizar la totalidad como un todo. Sin embargo, ya al elegir este fenómeno afecta en nuestra elección la totalidad que nos hace entender la realidad, o sea, un punto de vista determinado, sesgado. Hay muchos fenómenos así, por lo que no basta con quedarse con uno: el hombre es una pluralidad esencial de dimensiones. Al mismo tiempo, sin embargo, es una unidad estructural, y sólo manteniendo esto en la mira puede usarse una pluralidad para mirar al hombre. Pero para revelar el todo desde una serie de fenómenos, tenemos que haber entendido al hombre desde el mismo todo, pues sólo con este horizonte podemos saber qué cosas son importantes al hombre: se vuelve a lo mismo. (38-39) (4.) Incluso para interpretar al hombre desde fenómenos concretos se debe mantener el concepto de totalidad, y con ello la pre-comprensión, y volvemos a la posibilidad de dar una visión caprichosa. Estamos ante un círculo [círculo antropológico] para entender al hombre, ya que al ser él quien pregunta, siempre parte de una base de pre-conocimiento que hace parciales las conclusiones, pero al mismo tiempo hace posible el preguntar mismo. La solución es mantenerse abierto a un entendimiento más profundo, al hecho de nuestra propia parcialidad y reflexionar sobre ella. Puede uno adentrarse en el entendimiento del hombre a través de la fenomenología [fenomenología], pero siempre y cuando esto no se reduzca a la inmediatez del dato, sino que salga de si misma, y pregunte por lo que lo hace posible [transcendental]: mientras que la reflexión transcendente debe apoyarse necesariamente en los fenómenos, esos fenómenos, para ser relevantes deben salir de sí mismos y hacerse transcendentes, es decir, preguntar por los preconocimientos que son su condición de posibilidad, que permiten que la pregunta se haga en primer lugar, iluminando así la verdadera esencia humana. (40-41) Entonces, al mirar al hombre tenemos las dos dimensiones: una pre-comprensión anterior a la experiencia, y las experiencias que lo autorrealizan y determinan. Por ello sería erróneo entender al hombre como subjetividad sola: no se encuentra como pura subjetividad, sino concretamente como un hombre en su mundo. Pero también sería errado entender al mundo como punto último de la mirada al hombre. Por todo lo que se vio, el hombre es más que momento concreto, tiene una esencia que es anterior a la experiencia y se proyecta más allá de ella. Por ello, entender al hombre es entender su dimensión metafísica, su conexión con un algo que va más allá de la realidad (esta idea tiene un sentido fundamentalmente religioso). De ahí que el “ser” (al parecer, de nuevo entendido religiosamente) se presente como un absoluto que se aparece en la vida mundanda, de ese valor más allá de lo terrenal la importancia de la libertad y las decisiones, y de ahí el valor que tiene cada persona y el respeto que merece. Por lo mismo, una verdadera antropología filosófica debe ser una metafísica: sólo así se entiende el horizonte general del hombre, ya que mediante el ser absoluto y más allá de lo mundano se posibilita la pre-comprensión. (42-43)

Conceptos Docta ignorantia: Conocer los límites del conocimiento, es decir, saber que no sé algo, lo cual me permite preguntar acerca de ello y así conocerlo. Esta permite trascender la inmediatez, ya que implica ser capaz de proyectarse hacia la posibilidad de ampliar los límites del propio conocimiento. Autocomprensión originaria: Autoposesión espiritual, saber intuitivamente que tengo una esencia y hasta cierto punto a qué corresponde esa esencia. Coreth amplía este concepto más tarde, explicando que es un todo que nos permite comprender la realidad, que configura quiénes somos y afecta nuestra conducta, nuestro lenguaje y nuestra manera de ver las cosas. Es, en cierta manera el “yo” que va configurando la experiencia y la interacción de unas con otras, y por ello es distinto en cada persona. Esta definición posterior la trata más con conceptos como totalidad, pre-comprensión, horizonte general, etc. Dualidad: Condición del ser humano en que, por un lado, sabe de su propia existencia e intuitivamente sabe quién es y por otro se ve inmerso en una realidad que al no ser completamente transparente le impide conocerse por completo. Problema del método: Problema que surge al ser el hombre quién analiza al hombre y poder, por ello, mirarlo de una manera sesgada y condicionada por su propia pre-comprensión. Pre-comprensión: Ver autocomprensión originaria Hipótesis: La hipótesis que presenta Coreth es que para entender realmente qué es el hombre debemos no sólo aceptar la existencia de un pre-conocimiento de si mismo, sino que exponerla temáticamente como la visión panorámica que da sentido a la realidad. Dialéctica: Relación que se da entre totalidad (u horizonte general) y experiencias, en que la totalidad afectará la manera en que recibo las experiencias, al tiempo que las experiencias modifican y configuran mi totalidad. Por ejemplo, si nunca se me ha muerto un ser querido, tomaré la primera muerte de un ser querido como un gran impacto, y una vez que esto suceda, mi percepción hacia otra muerte será distinta. Fenómeno privilegiado: Elección de cierta experiencia vital del hombre (amor, experiencia radical, etc.) que se toma como punto de partida para entender al hombre, y que se elige por considerarse que lo afecta por entero e influye realmente en la configuración de su totalidad. Fenomenología: Tendencia filosófica que analiza fenómenos humanos para entender al hombre, tales como el lenguaje, la gastronomía, el arte, etc. Transcendental: Corresponde a (no trascendental) sucesos que no sólo abarcan o “recorren” la vida en su totalidad, sino que van más allá de ella, en este caso entendiéndose en un nivel metafísico, religioso o espiritual.

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