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7 parabolas de la vida

7 parabolas de la vida

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Parábola de la Vida 1 "El Rey de la Nada

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Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con: Hace un tiempo atrás se publicó en la Argentina un libro titulado “el rey del mundo”. Se trata de la biografía de Cassius Clay, un boxeador de color que cambió de nombre y de religión. Se convirtió al islamismo transformándose en Mohamed Alí. Leyendo un fragmento de la entrevista que el autor tuvo con el ex boxeador me encontré con lo siguiente: “Estábamos mirando juntos un video del combate que mantuvo con Sonny Liston, el cual abandonó en el sexto round y que le dio el primer título mundial a Mohamed Alí. En el video se veía al joven triunfador bailando en el ring y gritando “¡soy el rey del mundo! ¡Soy el rey del mundo!”. Ahora Cassius Clay tenía 54 años y ya estaba sufriendo los primeros síntomas de Parkinson. Sus ojos se fijaron en la pantalla, disfrutando la escena. -¿Cuántos años tenía?- preguntó al aire- veintidós. No, veinticuatro. Ahora tengo cincuenta y cuatro. Se estuvo un par de minutos sin decir nada. -El tiempo vuela. Vuela. Se va- .En ese momento Alí alzó la mano lentamente y movió los dedos como las alas de un pájaro para terminar diciendo: -Se va volando” Si algo caracterizó a Cassius Clay fue su insolencia en el ring y su egolatría en todo momento. De su molde salieron muchos deportistas que proclaman continuamente “soy el número uno”, “soy el mejor”, “soy el rey”. Y como si fuera una paradoja de su historia, el mal de Parkinson comenzó su obra demoledora sobre este monarca justamente allí.... en la lengua. La historia bíblica es rica en personajes semejantes a Alí. Hombres y mujeres que paseaban su lengua por el cielo, la tierra y el infierno, creyéndose los reyes del mundo y terminando siendo derrotados y avergonzados. Allí está Goliat, un gigante de casi 3 metros que durante 40 días se paró ante los escuadrones de Israel, insultando a los soldados y maldiciendo a Jehová, y un día el adolescente David con sólo una piedrita lo derribó y le cortó la cabeza con su propia espada (1° Samuel 17). También se presenta un rey llamado Nabucodonosor que paseando por su palacio majestuoso exclamó: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad” y Dios inmediatamente lo castigó, llevándolo a padecer una enfermedad que lo colocó entre los animales del campo (Daniel 4). Y los nombres se podrían multiplicar: Herodes (Hch. 12:20-25), Amán (Ester 6), Faraón (Ex 5:1-2; 12:29-31), Belsasar (Daniel 5), Senaquerib (2°Reyes 18-19), etc., etc. Hombres y mujeres que ilustran la declaración bíblica “el que se exalte será humillado”. Estamos viviendo en un mundo gobernado por las individualidades. La filosofía es “eres importante y debes ser escuchado, eres único y así debes manifestarte”. Se vive la fama de los 15 minutos. Se usan los medios como trampolines de poder. Pero la ley de la gravedad también se aplica a lo espiritual... y todo lo que sube baja. Sin embargo el cristiano puede decir una frase que hasta puede confundirse con las declaraciones y principios de este mundo: “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). Y si miramos este texto en su contexto nos damos cuenta que no se trata de un inversionista exitoso, según el mundo, y que puede ufanarse que todo va bien. Se trata de alguien que sabe vivir humildemente y sabe tener abundancia. Alguien que aprendió a estar contento con lo que tiene. Alguien que todo lo puede EN CRISTO. Todo está en qué vehículo nos hemos subido: si sólo confiamos en nosotros y vivimos por y para nosotros seremos como el conductor que en vez de tener parabrisas tenía un gran espejo, su objetivo era él y nada mas que él, y lógico... se estrelló. Pero si estamos y vivimos en Cristo, si estamos en EL y vivimos en su voluntad entonces la vida siempre será vivida con poder y en EL. Sí, la vida es una sola y se va volando. Es tiempo de sacar la corona de nuestra cabeza y entronizar al único que puede tomar el control y dejemos que ÉL SEA EL REY.

Parábola de la Vida 2 "Entre Buitres y Fotos"
Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con: El Premio Pulitzer de fotografía cumplió hace poco 60 años, y para conmemorarlo en Estados Unidos se exponen las fotos ganadoras. Entre las diferentes fotos publicadas hay una que es escalofriante. Fue tomada el 23 de marzo de 1993, por el fotoperiodista sudafricano Kevin Carter quien en ese momento trabajaba en

Sudán. El fotógrafo descubrió cerca de uno de los grandes comedores de Ayod a una niña hambrienta tratando de alcanzar su ración. Su pequeño cuerpo presenta los signos de desnutrición grave, con extremidades muy frágiles y un abultado abdomen. Tal es la situación que la pequeña está gateando y parece vencida por el esfuerzo. El lugar en que está postrada boca abajo es un desierto árido con un sol quemante. De repente aparece un buitre y aterriza muy cerca de la niña, está mirando atentamente pues espera un rápido desenlace. Carter dispara su máquina y obtiene la foto para luego espantar al pájaro, y echarse debajo de un árbol a llorar. Esa foto recibió el premio Pulitzer de Fotografía del año 1994, al recibir ese galardón declaró: “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”. Abrumado por su dependencia a las drogas y el sentimiento de culpa, se suicidó a los pocos meses de ser premiado. Me pregunto cuántos Kevin Carter hay en la actualidad. Periodistas, estadistas, políticos, gobernantes y hasta religiosos. Quienes comunican la imagen de la realidad, que muestran el hambre y los buitres, y no hacen nada más. Si la decisión final de Carter fuera la manera de reaccionar de los comunicadores de la actualidad, las agencias periodísticas y los medios de comunicación vivirían de duelo. Se habla de la pobreza y los buitres de la desocupación. Se debate sobre la desnutrición infantil y los negocios internacionales. Se acusa al sistema y se muestra a los marginados. Y lo único que logramos es llorar y no hacer nada. En estos momentos tengo la foto frente a mí y no puedo dejar de pensar en que esa imagen es una parábola. El ser humano es como esa pequeña, está hambriento, desnutrido espiritualmente y aunque estamos en la era de la cibernética y lo científico, hay un vacío espiritual, el hombre está derribado y el buitre está al acecho. El gran enemigo del ser humano, Satanás, está allí esperando el desenlace final. El retrato de la humanidad está en la Biblia: “Desde la planta del pié hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite” el pecado del hombre ha deformado la imagen del ser humano para Dios. Pero, gracias a Dios, quien retrata esta escena no se queda llorando bajo un árbol, sino que destruyó al buitre. Sí, Jesús destruyó por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, o sea al Diablo, al buitre que quiere destruir la vida del hombre; “para librar a todos los que por el temor de la muerte vivían vidas sujetas a la servidumbre del pecado” (Hebreos 2:14-15). Él está cerca suyo, querido lector, y sabe perfectamente lo que hay en su interior. Tal vez usted por fuera se está presentando fuerte, valiente, suficiente; puede ser que su familia se está desmoronando a pedazos y para guardar las apariencias deben mostrar una sonrisa fingida y un “todo está bien”. Pero usted sabe que nada está bien. Jesús, no es como Carter, él le ama y murió por nuestros pecados en la cruz resucitando con poder al tercer día. Lo que debemos hacer es renunciar a nuestros métodos, dejar de hacer las cosas a nuestra manera, hay que renunciar a nuestra suficiencia y reconocer que sólo Cristo salva. Si Dios le está hablando a su corazón, tome hoy la decisión de entregarse a Cristo. Dígale: “Señor, te doy gracias porque me amas y moriste por mí en la cruz, derramando tu sangre. Reconozco que soy un pecador y he hecho lo malo delante de tus ojos. Ven a mi corazón límpiame, con tu sangre y ayúdame a vivir de la manera que a Ti te agrada. Te lo pido y agradezco invocando el nombre del Señor Jesús, AMÉN”

Parábola de la Vida 3 "La Cabra Asesina"
Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con: En marzo del 2001 ocurrió un hecho bastante curioso pero dramático a la vez: UNA CABRA MATÓ DE UN DISPARO A SU PASTOR. Los diarios relataban que un pastor egipcio había muerto al ser alcanzado por un disparo efectuado accidentalmente por una de las cabras de su rebaño. Mujtar Yadim Fadl, de 20 años, pastor en la región de Sidi Barrani, en el desierto occidental, se había quedado dormido con su fusil de fabricación artesanal en brazos. Según fuentes policiales la cabra se acercó al hombre y, al tocar el arma, ésta se disparó, acabando en el acto con la vida del pastor. La nota parece la escena de una película. Es curiosa, pero fatal. Un pastor duerme apoyado en su fusil, y una cabra le toca y lo mata. De la misma manera ocurre en el área espiritual. Cuando el Apóstol Pablo estaba despidiéndose de los ancianos de EFESO les dijo (Hch. 20:28-32) “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cuál ÉL ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos. Por tanto, velad, acordándoos que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno. Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a

la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”. En estos tiempos donde lo auténtico muchas veces es falsificado, hay lobos vestidos de corderos, que como dice Pablo no perdonarán el rebaño; pero ¿¡QUÉ de aquellas ovejas que no perdonan a su pastor!? Sin duda esta noticia nos lleva a pensar en un pastor dormido, pero también en una cabra rebelde. El mensaje que Pablo dio a los pastores y ancianos era “Velad”, y el apóstol Pedro amonestaba también a los pastores (1° Pedro 5:2 en adelante) “Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están bajo vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.” Sí, quienes estamos en el liderazgo debemos ser fieles con nuestra labor, debemos velar y estar atentos a las necesidades del rebaño para suplirlas. Y en verdad... así como dice Pablo en una de sus cartas “en esto ¿quién es suficiente?”, pero esa es nuestra misión, a veces los disparos contra el liderazgo se deben no tanto a los lobos sino a que nos hemos quedado dormidos y no hemos velado debidamente. Pero no debemos olvidar la causa desencadenante, Pedro dice en esa misma carta: “igualmente, jóvenes, estén sujetos a los ancianos... revestíos de humildad; porque Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes” y el escritor a los Hebreos confirma en Hebreos 13:17 “obedezcan a sus pastores, y sujétense a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” La historia de hoy es una advertencia para todos nosotros. Si somos pastores que seamos fieles, velemos y oremos, y estemos preparados ante los ataques. Si somos ovejas que cumplamos nuestro rol, de orar, apoyar, obedecer y animar a nuestros pastores para que el trabajo lo hagan con alegría y sin las presiones de los cabritos rebeldes.

Parábola de la Vida 4 "El Quincho y el Gusano"
Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con: El hombre estaba metido en su nueva carpa. Era una calabacera que frondosamente había crecido en una noche, un quincho milagroso. Y Jonás, protagonista de esta historia, esperaba que lo que sucediera a Nínive también fuera una muestra del poder de Dios. Este profeta había alquilado el mejor sitio para ver cómo caería fuego o azufre del cielo o un terremoto tragase a todos los asirios, enemigos de Israel. Él como profeta lo había anunciado ¡¡y esos asesinos se lo merecían!! Estaba en esa ocupación cuando de pronto apareció en escena un pequeño gusano. Un gusano, enviado por Dios para secar la calabacera. Y, como si esto fuera poco, preparó un viento solano que hirió a Jonás en la cabeza. Éste, tambaleando y con gran frustración repetía: “Mejor sería para mí la muerte que la vida”. Y fue en esa situación en que Dios entrevistó a Jonás: -¿Tanto te enojas por la calabacera? -Mucho me enojo-gritó furioso el profeta- hasta la muerte. Y el Señor mirándole como un Padre amoroso a su hijo rebelde, respondió: -Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació y en espacio de otra noche pereció. ¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales? ¿Cuál era el mundo de Jonás? ¿Hasta dónde llegaba su visión? ¿Por qué cosas se preocupaba? Para este profeta desobediente lo más importante era su enramada y su calabacera. Ese era su mundo. ¡Y que a los demás los parta un rayo! Dios le dio a Jonás una lección, e hizo de un gusano y una calabacera una parábola para su vida. El Señor le dio al profeta descontento una bendición para quitársela; el propósito que tenía la calabacera no era la aprobación de Dios sino una demostración de su soberanía en dar para quitar. Job en tal situación habría dicho “el Señor dio, el Señor quitó; sea el nombre del Señor bendito”; pero Jonás gruñó “mucho me enojo hasta la muerte!!!!”. Dios miraba la necesidad espiritual de miles en esa ciudad, mientras Jonás miraba su prestigio y su calabacera. En un campamento de jóvenes pedí que cada joven hiciera un dibujo que llevaría como título “esta es mi ciudad”; allí casi todos dibujaron casas, edificios, plazas, Mc Donalds, iglesias, autos, árboles, y muchas cosas... sí todos pensaron en cosas, excepto una niña de 12 años que como parte de su trabajo dibujó personas. ¿Será que a medida que crecemos perdemos la visión real de nuestro mundo? Con razón Jesús tomaba a los niños y los alzaba y les decía “aprendan de ellos”. De hecho a Jonás le dijo que él miraba con

más cariño a su calabacera que a los más de 120,000 niños inocentes y animales que no tenían nada que ver con las decisiones pecaminosas de los ninivitas. Su quincho le tapaba la visión de lo importante. ¿Cómo miramos a nuestra ciudad? ¿Qué es lo que más nos importa? ¿Cuál slogan es el motor de mi vida: mi calabacera o las miles de almas que marchan sin rumbo a la perdición? ¿Estamos mirando a nuestra ciudad con el 'larga vista' de nuestras bendiciones o con los ojos de Dios? ¿Nos ha dado el Señor una bendición para luego quitárnosla? Puede ser que esté tratando con nosotros al igual que con Jonás. Si es así, este es el tiempo de reaccionar... no confiemos en nuestro quincho, aprendamos la lección, pues nuestra calabacera se puede secar.

Parábola de la Vida 5 "El Farol y la Serpiente"
Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con: Había llegado la noche y Louis Cohn, un adolescente de Chicago, estaba jugando a los dados en un establo, con otros jóvenes. Mientras los dados caían los muchachos se tocaban la billetera, pues el juego no era por diversión, sino que jugaban por dinero. El lugar y la hora elegida eran éstos porque las leyes prohibían y castigaban este tipo de juego, por lo tanto con un pequeño farol les alcanzaba para sus apuestas. Era el 8 de Octubre de 1871, en la ciudad de Chicago, Estados Unidos; cuando de pronto, en medio de la noche el grito de ¡¡fuego, fuego!! Provocó pánico en toda la población. El resultado fue la destrucción de toda la ciudad por el incendio, causando la muerte de 300 personas. ¿Cuál fue la causa? Todo comenzó en un establo, cuando Louis Cohn, durante su juego derribó accidentalmente el farol, el cual prendió fuego a la paja... propagándose de manera incontrolable a través de esta ciudad, que en su mayor parte estaba construida en madera. LA DESTRUCCIÓN DE TODA UNA CIUDAD MAS LA MUERTE DE 300 PERSONAS POR UN PEQUEÑO FAROL En verdad... ¡¡cuan grande incendio provoca un pequeño fuego!! Esta lamentable historia tiene un paralelo sorprendente con lo ocurrido en un pequeño lugar del planeta. Era un jardín donde estaban los mejores y más deliciosos frutos jamás imaginados. Un día, allí, en medio de ese huerto, había una mujer que estaba mirando un árbol especial, era el único árbol del cual ella sabía que no podía comer, era el árbol prohibido por Dios. En ese momento, apareció una simpática serpiente, que no era sino Satanás con un disfraz muy ingenioso, y tuvo una conversación con Eva. Fue algo breve, fueron palabras convincentes que elevaron el concepto que la mujer tenía de sí misma y bajaron el concepto que tenía de Dios. Sólo unos minutos, apenas una charla casual, algunas palabras de un curioso animal que hablaba... y la mujer vio, codició, tomó y compartió con Adán del fruto que Dios había dicho que no tomara. ¿El resultado? “el pecado entró al mundo y por el pecado la muerte”. La consecuencia de unas palabras, en un pequeño lugar del planeta... trajo la condenación a toda la humanidad... Sí, ya sea en un establo maloliente o en un huerto de delicias ¡¡cuan grande incendio provoca un pequeño fuego!! Dios ha puesto en nuestro cuerpo un pequeño farol que es la lengua. Esta pequeña lámpara puede ser de estímulo y bendición, trayendo luz al que está desorientado y calor al abatido... pero si la usamos mal puede ocasionar una gran destrucción. Esto lo vemos continuamente en los medios masivos de comunicación; pues la popularidad de personajes públicos varía entre elevados picos y profundos abismos, dependiendo del uso de la lengua de los críticos y adversarios. Hay niños que transitan por la vida con complejos de culpa y siendo emocionalmente inválidos por el mal uso que hicieron sus padres de este pequeño miembro, repitiendo palabras de desprecio hacia sus propios hijos. Y la experiencia de muchos de nosotros es lamentarnos por aquello que no debimos haber dicho. ¡Cuantas amistades han sido destruidas por el mal uso de la lengua! Bien decía Salomón “el chismoso aparta a los mejores amigos” y “Sin leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso cesa la contienda” Prov. 26:20. No hay duda que uno de los detonantes de un chisme es la ofensa. Leí una frase que encierra una gran verdad: “Las personas que más fácilmente se ofenden son las más ofensivas”. Un pastor de una iglesia les enseña a los líderes que ellos caminan con 2 baldes: uno de agua y otro de combustible. –“Ante una chispa en las relaciones interpersonales”- les dice- “ustedes deciden que balde van a usar. Si usan el del combustible (el chisme) terminará en un gran incendio; pero si usan el de agua (haciendo la paz) la pequeña chispa se apagará.” Cuidemos nuestra pequeña lámpara... que sirva para alumbrar, no la descuidemos, pues puede ser la herramienta que la serpiente use para traer destrucción... Recordemos que nuestra lengua no sólo sirve para saborear una comida o cantar una canción ¡¡también puede quemar!! Efesios 4:29 “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca”

Parábola de la Vida 6 "Ratas de Iglesia"
Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con: Eran los primeros días del mes de noviembre de 1999, y los religiosos decidieron echarle una mirada a los cuadros. Se trataba de 12 óleos que mostraban la secuencia de vida, pasión y muerte de Jesucristo. Estos lienzos habían sido depositados en 1989 en un cuarto contiguo al del párroco en la iglesia San Jerónimo de Tuñán en Huanacayo, Perú. Estaban guardados allí para protegerlos de los ladrones. Ya habían transcurrido 10 años y los sacerdotes abrieron la puerta del lugar para encontrarse con la sorpresa...¡¡Los cuadros se habían convertido en el menú favorito de las ratas del edificio!! El vocero de la iglesia resumió lo sucedido con una simpática frase: “los lienzos se salvaron de los rateros pero no de las ratas”. ¡Qué paradoja! Para librarlos de los ladrones los escondieron y generaron las condiciones óptimas para que los roedores hicieran su paciente labor. Poco a poco, año tras año, bocado tras bocado, y un tesoro del arte fue arruinado. Bien decía Salomón en su Cantar de los Cantares “cazadnos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas; porque nuestras viñas están en cierne” (Cantares 2:15). Dios nos ha dado tesoros incomparables para que los exhibamos. Nos ha dado su Palabra cuyo valor es mayor que “el oro y mucho más que mucho oro afinado” (Salmo 19:10), una gema de mucho precio que al descuidarla es el alimento de las ratas de la conformidad quedando arruinada en nuestras vidas, vidas con valores escondidos y propósitos perdidos. Es lamentable ver el estado en que se encuentra en muchas vidas la lectura de la Biblia; hogares donde a veces el televisor está prendido 18 hs. por día (royendo el tiempo de los cristianos) y la Biblia cerrada hasta el fin de semana. Triste es ver que aun puede estar olvidada en iglesias que predicaban la sana doctrina mas ahora la tienen, como los judíos del tiempo de los reyes, olvidada entre los tesoros del templo (2ª Cr. 34:14-15). Esa Palabra viva y eficaz tiene un mensaje que es poderoso, el evangelio que muestra (así como los lienzos de Huanacayo) la vida, pasión, muerte y resurrección de Jesús. Un evangelio precioso que nos ha sido entregado para exhibirlo, “pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros” (2ª Cor. 4:7). El evangelio no es para encerrarlo en un bonito estuche, sino para declararlo a otros “¿cómo pues invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de quien no han oído, y cómo oirán ¿sin haber quien les predique?” (Rom. 10:14). ¿Cuáles son las ratas y cuales son las pequeñas zorras que están haciendo su obra subterránea? Podemos etiquetarlas con diferentes nombres: moda, diversiones, racionalización, legalismo, liberalismo, música, TV., indiferencia, pasividad, hiperactividad, etc. etc. nombres que simplemente describen “la mira en las cosas de los hombres” (Mt. 16:23) como lo llamara Jesús, o “la mira en las cosas de la tierra” (Col. 3:2) como lo expresara Pablo. Tal vez sea hora de animarnos a abrir ese cuarto donde hemos dejado el valioso tesoro que Dios nos ha dado y echemos un vistazo. ¿Ya no hay poder en el evangelio? ¿Predicamos a Cristo, y a éste crucificado? La cruz es vergüenza para unos, tropezadero para otros, locura para muchos más, para el creyente debe ser sabiduría y poder de Dios. ¿Lo es en verdad para nosotros? ¿O, crick... Chss... crk... las ratas están haciendo su festín? Las autoridades del Instituto Nacional de Cultura del Perú decidieron sacar los cuadros afectados del templo y llevarlos a Lima para tratar de recuperarlos. Los judíos del tiempo de Josías decidieron sacar las Escrituras del templo y llevarlos ante el rey y ese fue el comienzo de un gran avivamiento. Si las ratas están destruyendo nuestro tesoro ¿qué haremos nosotros? “Baja a Dios de las nubes y llévalo a la fábrica donde trabajas, quita a Dios del establo y clávalo dentro de tu corazón. Saca a Dios de los templos donde lo encerraron hace tantos años, déjale libre en las plazas, llévale también al mercado del pueblo. Porque Dios no es un Dios muerto y si pensáis que está muerto, equivocados, equivocados, equivocados estáis!!!”

Parábola de la Vida 7 "Un Perro, unas Piedras y Yo"
Por: Heber Alfredo Gallitto(27/Febrero/2004) Valorado con:

Un perro. El can mostró sus dientes, y gruñó ferozmente, mientras la espuma que borboteaba de sus fauces revelaba a todos que estaba rabioso. El niño de 9 años, llamado Joseph Meister, quiso escapar de sus colmillos pero no pudo. El animal fue sacrificado y quienes conocían al pequeño y la enfermedad que acababa de adquirir presagiaban la muerte dolorosa que acontecería. Transcurrían los primeros días de julio de 1885 y no había vacunas para la rabia. En ese tiempo había un joven investigador, Luis Pasteur, que estaba experimentando en conejos y perros pero no se le había permitido inocularla en seres humanos. La mamá de Joseph, en su desesperación acudió al científico, y éste inyectó por primera vez en un humano la vacuna antirrábica. El efecto fue asombroso pues en pocos minutos el proceso de la enfermedad se detuvo y el chico salvó su vida. De allí en adelante la vida de Joseph fue diferente, decidió trabajar con Luis Pasteur y llegó a formar parte del equipo que el famoso científico tenía en París, salvando la vida de miles de personas. Pero el suceso que tal vez no ha tenido tanta repercusión es el ocurrido en 1940 cuando los nazis en el punto de ebullición de la segunda guerra mundial quisieron obligar a Meister a profanar la tumba de Pasteur. Él tenía que ayudarles a sacar los restos de quien un día le había salvado la vida, ¿podría hacerlo? El anciano de 64 años se puso firme ante la milicia alemana y dijo “no lo haré”, y esta fue la señal para ser brutalmente asesinado. En cierta medida, Joseph Meister dio su vida honrando a quien salvó la suya cuando era pequeño. Unas piedras. Hay otra historia que es aún más impactante y es la de un joven que murió apedreado dando su vida por Aquel que había salvado la suya. El muchacho se llamaba Esteban y es considerado el primer mártir cristiano. La historia se encuentra en el libro de los Hechos capítulos 6 y 7 donde se nos cuenta que había algo que ponía a Esteban en la vidriera, y es que amaba a Jesús quien lo había salvado no de la rabia sino de la condenación eterna, no de la mordida de un perro rabioso sino de las garras del mismo Satanás, no con una vacuna sino con la sangre que el Salvador Jesucristo había derramado en la cruz. Los sacerdotes judíos de su tiempo al ver que no podían con las palabras de Esteban, tejieron cuidadosamente una trampa con testigos falsos en un proceso, que más se parecía a una lamentable obra de teatro que a un correcto enjuiciamiento por un tribunal. El suceso terminó con las piedras que sacudían su rostro y su cuerpo lleno de moretones que caían sobre Esteban y las palabras semejantes a las dichas por Jesús “Señor, no les tomes en cuenta este pecado” y con las piedras que durmió, dando su vida para honrar a quien le había salvado eternamente. Y yo. Permítame reflexionar con quienes nos auto-definimos como cristianos. Puede ser que nos digamos a nosotros mismos; después de alguna reunión dominical, conferencia o campamento donde nos hemos cargado las baterías del espíritu, que por el Señor daríamos la vida. Claro que, bien lo sabemos, la posibilidad de que nuestra vida esté en riesgo por causa del Señor es remota. Por lo que para evaluar nuestro amor por Jesús debiéramos usar otra regla, la cuestión no es tanto si estoy dispuesto a morir por el Señor sino a vivir por Él. ¿Cuánto tiempo hemos pasado hoy con el Señor en oración y leyendo la Biblia? ¿Cuándo fue la última vez que le hablamos de Jesús a alguien? ¿Somos capaces de apagar la TV cuando la programación ensucia la mente y el corazón? ¿Ponemos freno a nuestra lengua prohibiéndole flamearse con chismes, mentiras o palabras corrompidas? ¿Somos tan fieles en asistir a la iglesia como lo somos en el trabajo? ¿Estamos disponibles para servir en los ministerios de nuestra congregación o ponemos “peros” para cada oportunidad de servicio? El anciano Meister murió por Pasteur, quien le salvó de morir por la mordida de un perro. El joven Esteban murió apedreado por Jesús su Salvador. Usted y yo ¿viviremos por Aquel que resucitó y vive en nuestro corazón?

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