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Drama, cuatro monólogos

Drama, cuatro monólogos

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Cuatro monólogos

Personajes:
HERIÓN: Un ángel, trompetista en el coro celestial. Tiene un carácter inocente como un niño. Es alegre y lleno de vida. SATANÁS: El padre de mentira, el príncipe de la oscuridad MARCOS: Un soldado romano, ahora prisionero, están a punto de juzgarlo por haberse dormido en su guardia. TOMÁS: El discípulo de Jesús. Muchos años después de los eventos de la resurrección.

Notas:
Este drama debe ser memorizado en vez de leído. Los monólogos pueden ser dramatizados por una persona, tomando cada monólogo en su turno o por el número de personajes. Los monólogos individuales pueden ser usados solos según las circunstancias. El monólogo de SATANÁS necesita hacerse con cuidado. No hay nada chistoso acerca de Satanás y no deberá presentarse como un comediante. En este monólogo él es más como un Ejecutivo Principal de una compañía multinacional dirigiéndose a sus empleados.

Disfraces:
HERIÓN deberá vestirse con sencillez. Pantalón blanco, camisa blanca y descalzo. Una corona pequeña de hilo de oro puede añadir al efecto. SATANÁS deberá vestirse con traje negro, camisa negra y corbata negra (por favor no usen la imagen del diablo rojo con cuernos, cola y tenedor). MARCOS deberá vestirse como un militar moderno (P. e. Un traje del ejército o una chamarra de camuflaje). TOMÁS es de mayor edad de lo que fue en el tiempo de la resurrección. Pantalón simple con una camisa sin cuello y quisas un saco.

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Escenografía:
Escenografía Trompeta Halo Púlpito y micrófono Cuaderno y lápiz Bastón Lugar donde comienza HERIÓN HERIÓN En la plataforma MARCOS TOMÁS Notas/descripción Monólogo del ángel solamente Opcional: Monólogo del ángel solamente Opcional: Monólogo de SATANÁS solamente Opcional: Monólogo del guardia solamente Monólogo de TOMÁS solamente

Efectos de sonido:
Efecto “O Fortuna” de Carmina Burana por Carl Orff Comienza Comienza cuando entra SATANÁS, y se apaga gradualmente cuando señala que el público se calle. Notas/descripción Monólogo de SATANÁS solamente. Esta música “satánica” se ha usado en películas como “The Omen”

Primera escena - Un ángel
Tiempo actual. La plataforma está vacía. (Herión entra por la audiencia. Si es posible sonando su trompeta) HERIÓN: ¡Hola¡ ¿Cómo estás? ¡Hola! Me llamo Herión, ¿cómo te llamas? (Entra saludando personas y dándoles la mano) ¡Gusto de conocerte! ¿Has conocido un ángel antes? (Espera una respuesta) Pues, ya conoces uno. Herión, tercer trompetista de la división 98 de los ejércitos celestiales, para servir a ustedes (se inclina ante la audiencia). Me encanta cuando puedo venir a la tierra a conocer gente. (De repente ve alguien en la audiencia) Pues, hola, no te había visto, gusto de verte otra vez. . . Oh, no me vas a reconocer, pero fui asignado como tu ángel guardián la semana pasada, y no me dejan aparecer cuando estoy asignado como ángel guardián. Pero no todo es diversión siendo un ángel, ¿saben cuántas veces he tenido que pulir los portones de perlas del cielo?

Ya basta de charlar. Me han mandado a hablarles de una tarea especial que hice. Todo comenzó un viernes. Fue durante el tiempo que el Señor Jesús estaba en la tierra. Los eventos estaban llegando a un clímax y las cosas se estaban poniendo cada vez peor.

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Jesús había sido arrestado y las multitudes estaban pidiendo que lo mataran. Gabriel había llamado un concilio especial de todos los ángeles. Nos dijo que deberíamos prepararnos para la guerra. Ibamos a estar en espera -- si Jesús quería nuestra ayuda necesitábamos estar preparados. Pero, nos dijo, y estaba bien claro en esto, sólo íbamos a acudir SI el Señor Jesús nos llamaba. Nos preparamos para la batalla, como la versión celestial de las boinas verdes. Esperamos y observamos. Observamos y esperamos. Vimos personas golpeando a Jesús y le obligaron cargar una cruz subiendo una colina. Podría habernos llamado, pero se dejó humillar porque era parte del plan de Dios para salvar a la humanidad. Cuando empezaron a clavarlo a la cruz, rogamos a Dios que nos dejara bajar, pero él dijo, “No, así tiene que ser.” Mientras moría Jesús, era tan horrible que ninguno de nosotros soportaba mirar. Hasta Dios mismo tuvo que voltear sus ojos. Cuando todo terminó vimos que lo enterraron en una tumba prestada, y la sellaron con una piedra. Fue el peor momento de mi vida, sólo estaba mirando, sabía que no me permitían ayudar. Tres días después Gabriel me llamó a su oficina. “Herión”, me dijo, “Dios va a levantar a Jesús de la muerte, y quiere nuestra ayuda.” “¿Nuestra ayuda?” le pregunté. “Así es,” dijo y antes de que hubieras podido decir ¡Aleluya!, Gabriel y yo estábamos parados afuera de la tumba donde acababan de enterrar a Jesús. Había guardias allí, Gabriel sólo se acercó y cayeron dormidos. “Ven joven, ayúdame con esta piedra,” gritó Gabriel. Cuando entramos, la tumba estaba vacía -- Dios había regresado a Jesús a la vida, fue una vista preciosa, su manto todavía estaba doblado allí donde había estado su cuerpo. Jesús estaba vivo y ahora sabíamos que el plan de Dios había funcionado. ¡Gabriel y yo nos sentamos allí por una eternidad alabando a Dios! Vimos a María venir a la tumba y Jesús apareció ante ella. Algunos discípulos llegaron y hablaron con Gabriel. Eventualmente llegó el tiempo de irnos. De regreso al cielo, hablé con Gabriel: “Sólo hay una cosa que no comprendo. . . ¿porqué tuvimos que mover la piedra, si Jesús ya estaba vivo?" “La piedra no podía detener la resurrección de Jesús; nada podía detenerlo.” contestó Gabriel. “Pero si no hubiéramos movido la piedra, ¿cómo sabrían los demás que la tumba verdaderamente estaba vacía?” (Mira hacia arriba) Si Gabriel, estoy en camino. ¡Tengo que volar! Me toca pulir los portones de perlas en cinco minutos. ¡Adiós! (Sale)

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Segunda escena - Satanás
El infierno, tres días después de la muerte de Cristo. (Música: “O Fortuna” de Carmina Burana por Carl Orff se toca - comienza callado y sube el volumen mientras entra Satanás. Toma posición detrás del púlpito, y señala que se calle la audiencia.) SATANÁS: Demonios, legiones, diablillos, diablos asistentes y mis acompañantes ángeles caídos. Yo Satanás, su Señor Lucifer, el Príncipe de la Oscuridad, tengo un anuncio que hacer. Hemos ganado una victoria de importancia catastrófica. Muchos de ustedes están enterados de los eventos de hace tres días. Pero para el beneficio de ustedes, que han estado caminando con sus cabezas en azufre, les haré un resumen. Desde que el Hijo empezó su ministerio de enseñanza y sanidad, he esperado la oportunidad de enf. . . (la atención de SATANÁS es atraída por una figura invisible a su lado. Con ademanes impacientes indica a la figura que se aleje). . . la oportunidad de enfrentarlo. Algunos de ustedes han preguntado ¿porqué he tardado tanto? Algunos de ustedes han sufrido abuso por la mano de Jesús: han sido correteados, los dejó sin alojamiento. Pero ahora les puedo decir que la victoria es nuestra. Hace unos días le metí una idea a la cabeza de uno de sus discípulos: Judas. Un hombre fácil de tentar. Él traicionó a nuestro enemigo y lo entregó en mis manos. De allí no me costó mucho manipular a los líderes religiosos, a la multitud y a ese tonto de Pilatos, para que hicieran mi voluntad. El resultado: ¡hace tres días el Hijo de Dios fue asesinado! (Su atención otra vez es atraída a la figura invisible a su lado, le dice en "voz baja" pero que todos escuchan. . .) "¡Vete!" Mis amigos, esclavos del dominio del infierno, ¡ya no somos esclavos! Ahora es el tiempo de gran celebración: !hemos derrotado a Dios! Por un tiempo nos echó del cielo y nos condenó a vivir en tormento. Ahora les digo: prepárense para la batalla. Subiremos al cielo y tomaremos a la fuerza lo que nos pertenece. ¡El Hijo está muerto! ¡Nadie nos puede parar! Por fin yo controlaré tanto el cielo como el. . . (a la figura a su lado, exasperado) . . . ¿Qué te pasa? ¿No puedes esperar? (Pausa: su actitud cambia desde la molestia al temor, luego al terror, aunque trata de controlarse) ¿Qué? ¿Estás seguro? Criaturas de la oscuridad, yo. . . no sé cómo. . . Aparentemente me he adelantado un poco. Este miserable diablillo a mi lado me ha traído noticias tan graves, me cuesta trabajo poder decir estas palabras. Cristo ha resucitado. (Pausa, sus ojos muestran un gran terror) Estamos totalmente arruinados, él ha roto nuestro poder en la muerte y ha abierto un camino hacia Dios. Con este solo acto ha sellado nuestro destino: estamos condenados por el resto de la eternidad.

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Sólo les puedo ofrecer una migaja de consolación. Él ha hecho esto para salvar a la humanidad: y ese es el único campo de batalla que nos queda. Hagan preparaciones, necesitamos tentar y perseguir a los que tratan de seguir al Hijo. Los que no lo siguen deben continuar en la ignorancia. Nuestra tarea es de tratar de limitar su victoria. Todavía necesitamos prepararnos para la batalla, pero es una batalla que ya hemos perdido. Para nosotros no habrá conquista, no asaltaremos el cielo, no habrá escape. Tarde o temprano él regresará y nos arrojará para siempre en el lago de fuego del infierno. (Él para, abre su boca para hablar una vez más, piensa que mejor no. Sale de escena despacio, totalmente desesperanzado, abanicado y furioso.)

Tercera escena - Un guardia
Una celda, Jerusalén. MARCOS: (Está caminando para arriba y para abajo, lamentando y gimiendo) ¿Porqué a mí? ¿Porqué a mí? No fue mi culpa— ¿Quién va a creer eso? Un momento, no puedo perder el control. ¿Qué es lo peor que me pueden hacer? La pena por perder un prisionero es. . . la muerte. Pero el prisionero estaba muerto, entonces si tengo suerte, sólo me van a culpar por dormir durante la guardia, la pena para eso es. . . (mira en su cuaderno) también la muerte. ¡Qué bien! Me van a matar ¡dos veces! Un momento, no estoy llegando a ningún lado, necesito hacer unas notas para que pueda testificar bien (anota en su cuaderno lo que va comentando). Ahora veamos: 3:00 p.m.: Pilatos nos manda acompañar a Caifás para servicio especial. Los demás escuadrones están ocupados, entonces nos toca a nosotros, Grupo IV. “Sólo tienes que cuidar a un muerto,” nos dijo, “¡y ni tú puedes malograr esta tarea!” 8:00 p.m.: llegamos a la tumba, nadie estaba allí. Estaba tan callado como un cementerio. Pasé la mayor parte de la noche jugando los dados con mis compañeros. ¡Perdí también! Mientras se levantaba el sol, recuerdo que vi dos hombres, vestidos de blanco viniendo hacia la tumba, creo. Después de eso no puedo recordar muy bien, mis párpados se sentían tan pesados como si cargaran una tonelada de ladrillos. No podía mantenerme despierto, aunque de ello dependiera mi vida— y así es. La siguiente cosa que recuerdo es que desperté y encontré que la piedra enfrente de la tumba se había movido. Uno de mis compañeros miró adentro de la tumba, y gritó algo de ángeles y que el cuerpo no estaba. Los demás soldados perdieron el control y salieron corriendo (escribiendo en su cuaderno). Yo, después de pensarlo con calma y cuidadosamente, decidí que la mejor manera de actuar era la de seguir a los demás. (Apesadumbrado y desesperanzado) Creo que será inútil, no me creerán, así es que

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espero la pena de muerte tres veces. No, la verdad no me va a servir, veamos que cuento puedo decirles. Quizás puedo pensar en que pasó mientra estábamos dormidos. Quizás los enemigos del muerto, los romanos y los judíos se robaron su cuerpo. No, no van a creer eso porque precisamente ellos querían que se quedara muerto, por esa razón nos mandaron allí. Esto no pudo haber pasado. Ya sé, ¡estuvimos cuidando la tumba equivocada! No, eso nos pinta como tontos, y no fue la tumba equivocada, además sólo necesitarían ir a la tumba correcta y van a ver que está vacía. ¿Y si los discípulos se robaron el cuerpo? ¡Imposible! Esos discípulos miedosos, tendrían que pagarme bastante antes que yo diga que esas gallinas se apoderaron de nosotros. Casi podría decir que ese muerto se paró y salió caminando de la tumba… ¿pero quien creería eso?

Cuarta escena - Tomás
Muchos años después de la resurrección TOMÁS: Me tienen que perdonar, no soy tan joven como antes (se sienta). Así es mejor. Lo recuerdo como si fuera ayer. En aquel entonces era joven, ambicioso y ansiaba servir a Dios. Tenía una mente ágil también, no daba nada por hecho. Los otros discípulos me pusieron un apodo: Tomás el incrédulo. El apodo realmente no era muy justo, creo que era un tipo de chiste. Es que yo nunca he sido alguien que duda. Un poco lento en creer, sí, pero cuando estaba convencido de algo, nunca lo dudé después. Jesús estaba muerto y enterrado. Sabía que era verdad, lo había visto. Tres días después, era bastante tarde, Pedro y Juan vienen y tocan a mi puerta. - “Tomás, Tomás,” gritaron, “¡Está vivo! ¡Está vivo! ¡Lo hemos visto!” - “No sean payasos” les dije. Me trataron de convencer, me dijeron que Jesús se había aparecido a los discípulos esa misma noche, mientras yo estaba afuera. No les creí. Ustedes saben lo que pasa cuando algo te afecta demasiado. “A menos que vea las heridas en sus manos,” yo dije, “y ponga mi dedo donde le clavaron y mi mano en su costado, ¡yo no creeré!”. Fin de la conversación. Dios me hizo esperar una semana completa. Quería creer, de veras, pero no podía cambiar mis palabras. Es tan difícil admitir que uno se ha equivocado. Estábamos en un cuarto en Jerusalén, recuerdo que las puertas estaban con llave, nos habían acusado de

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haber robado el cuerpo de Jesús. Teníamos miedo que alguien llegara a arrestarnos. De repente escuché una voz detrás de mí, calmada, quieta y llena de amor: “Paz con vosotros”. Era Jesús. No necesitaba voltear, reconocí su voz, una voz que podía calmar tormentas con sólo murmurar o limpiar el templo con un grito. No le pude ver a la cara, me sentía tan tonto. Estaba esperando que me regañara por mi falta de fe, pero al contrario se me acercó. Él sabía las pruebas que yo había demandado una semana atrás. Se paró a mi espalda y me volteó, allí me paré sin poder hablar. Tomó mi mano y puso mi dedo en sus heridas, “Tócame las manos, Tomás,” y luego puso mi mano en su costado. “Toca la herida hecha por la espada; deja de dudar y cree”. Caí de rodillas y le adoré: “Eres mi Señor y mi Dios”. Desde entonces muchos años han pasado, yo fui bendecido por Dios porque pude ver a Jesús y pude creer. Pero él dijo que ustedes serían aún más bendecidos que yo: si creen sin haberlo visto.

Compartido por Daniel Nelson Usado con permiso

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