Según Marx, uno de los aspectos esenciales del capital es que tiene que ser acumuladoindependientemente de las preferencias

subjetivas de los capitalistas. Por lo tanto, el capitalista no tiene necesariamente conciencia de lo que hace: sigue las determinaciones del capital que exige la competencia. Como el capital es valor que se expande a sí mismo, su valor debe al menos ser preservado pero, a causa de la competencia, la sola preservación no es posible: ella exige que el capital se expanda. En el capítulo XXIII de El Capital, Marx analiza los efectos de la acumulación capitalista sobre la clase obrera. Con la introducción de la maquinaria y de la producción mecanizada, otros métodos de producción utilizan formas extremas de explotación a fin de continuar siendo competitivos. Es la propia producción mecanizada la que crea un ejército industrial de reserva y, con él, la Ley de la Acumulación Capitalista: "El mecanismo de producción capitalista y de acumulación adapta continuamente ese número [de trabajadores] y esas necesidades [de expansión del capital]. El comienzo de ese ajuste es la creación de una superpoblación relativa o de un ejército industrial de reserva, y su fin, la miseria de capas cada vez mayores del ejército activo y el peso muerto del pauperismo".

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