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El Tercer Dia - Hank Hannegraaff

El Tercer Dia - Hank Hannegraaff

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original

EL

,
Te[Ce[ DIU
HANK
HANEGRAAFF
Para Everett Jacobson
un ((amigo [. .. ) más unido que un hermano)).
-PROVERBIOS 18.24
Betania es un sello de Editorial Caribe, Ine.
© 2003 Editorial Caribe, Ine.
Una división de Thomas Nelson, Inc.
Nashville, TN-Miami, FL, EE.UU.
www.caribebetania.com
Título en inglés: The ThiTd Da)'
© 2003 por Hank Hanegraaff
Publicado por Thornas Nelson, Inc.
A menos que se señale lo contrario, todas las citas bíblicas
son toma as de a ersión Reina- alera ¡ 960
© 1960 Sociedades Biblicas Unidas en América ----""c.._
CONTtNIDO
I
Prólo8° iv
Reconocimientos vii
Introducción viii
1. Mitologías
2. Mortal Tormento 22
3. La tumba vacía 30
4. Apariciones de Cristo 43
5. Transformación 72
6. La resurrección de los creyentes 82
7. «La resurrección» del cosmos 93
Notas 101
III
,
PROLOgO
[1
COMO PERIODISTA DEL Chicago Tribune, veía muchos cadá-
veres ... víctimas de incendios, crímenes, accidentes auto-
movilísticos, guerras entre pandillas callejeras y represalias
del sindicato del crimen. Sin embargo, nunca vi resucitar a
nadie. Eso estaba bien para la fantasía, la mitología y la le-
yenda. Después de todo, vivimos en una era científica.
Creer que alguien pudiera resucitar de los muertos simple-
mente para mí no era defendible.
Al menos eso era lo que pensaba hasta que comprobé los
hechos. Usando mi experiencia periodística y mi entrena-
miento legal, investigué la afirmación más audaz de la histo-
ria: que jesús de Nazaret regresó de entre los muertos y,
por consiguiente, autenticó su afirmación de que era el Hijo
unigénito de Dios.
Pensé que me tomaría poco tiempo desechar esa historia
como una patraña, un mito o un malentendido. En vez de
IV
Prólogo
eso, mientras más ahondaba en la evidencia histórica, más
me convencía de que jesús volvió a vivir al tercer día. No
había, en palabras de Sir Lionel Luckhoo, el abogado de más
éxito en el mundo, «absolutamente ningún espacio para la
duda». Basado en la evidencia, abandoné el ateísmo y abracé
a jesús como perdonador, líder y amigo.
Mi investigación dentro de la verdad histórica de la resu-
rrección habría sido mucho más fácil si el libro conciso y
convincente de Hank Hanegraaff, El tercer día, hubiera esta-
do a mi disposición en ese entonces. Con enfoque de rayos
láser, Hank centra la atención en los hechos más convincen-
tes que respaldan la muerte de jesús, su tumba vacía, sus
apariciones después de la Resurrección y la subsiguiente
transformación de las personas con quienes se encontró. El
procedimiento de Hank es conciso, pero no por eso superfi-
cial. Al quitar lo secundario y resaltar lo importante, pone
en orden la evidencia con la firmeza de un fiscal. Aun más,
responde la pregunta «¿y qué?», al demostrar la relevancia
de la Resurrección para todo individuo ... y para el mismo
cosmos.
Recuerdo que le pregunté al experto en la Resurrec-
ción, Gary Habermas, por qué ha pasado una vida buscando
V
EL TERCER DÍA
evidencia para documentar el regreso de Jesús de entre los
muertos. «Es muy sencillo -me contestó-o Como pue-
des ver, todo trozo de evidencia de la resurrección de Jesu-
cristo es también evidencia de mi resurrección final. Por eso
la evidencia en este libro también debería ser importante
para usted. Lea El tercer día con el fin de aumentar su fe, ar-
marse de respuestas para sus amigos escépticos e inducirse a
adorar al Hijo de Dios. Léalo, además, porque cualquier
evidencia de la resurrección de Jesús también es evidencia
de que usted conquistará la tumba si lo sigue.
Jesús dijo en Juan 11.25: «Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.»
-Lee Strobel
Autor de El caso de Cristo
y El caso de la fe
VI
RBCONOCIMIBNTOS
ANTES QUE NADA, QUISIERA RECONOCER a la directiva y el
personal del Instituto de Investigación Cristiana por el áni-
mo que me dan. Además, quisiera expresar aprecio al per-
sonal del W Publishing Group por su apoyo. Finalmente
quisiera reconocer a Kathy y a los niños (Michelle, Katie,
David, John, Mark, Hank hijo, Christina, Paul Stephen,
Faith y la bebita Grace), jquienes me bendijeron más allá de
cualquier medida! Por sobre todo, estoy sumamente agra-
decido al Señor Jesucristo, puesto que porque Él vive pode-
mos enfrentar el futuro sin temor.
VII
,
INTRODUCCION
Antes de iniciar el camino hacia la Resurrección (un pere-
grinaje que para algunos se medirá en días y para otros en
décadas) comenzaré por subrayar la importancia del viaje.
Este no es un recorrido cualquiera sino un viaje de enormes
consecuencias. Verá usted, sin Resurrección no hay espe-
ranza. Es más, sin Resurrección no hay cristianismo.
Mientras viaja por estas páginas, encontrará ataques con-
tra la Resurrección que van desde el ataque del judaísmo,
que jura que esta nunca ocurrió; el de los Testigos de Jeho-
vá, que sugiere que el cuerpo físico de Jesús fue desechado,
destruido o gasificado; hasta el de los seguidores del Semi-
nario de Jesús, quienes afirman que la Resurrección es solo
un anhelo. Sin embargo, cuando usted llegue a su destino
habrá encontrado toda la evidencia necesaria para demos-
trar no sólo que la resurrección de Cristo es un hecho inmu-
VIII
Introducción
table de la historia, sino que la nuestra resurrección es
igualmente cierta.
Empezamos el viaje con el capítulo uno, titulado «Mito-
logías». En este capítulo viajamos por un flujo interminable
de historias imaginativas diseñadas para demostrar que la
Resurrección es una muleta para cristianos de mente débil.
En los siguientes cuatro capítulos demuestro en forma me-
morable que lejos de ser una estafa gigantesca, la resurrec-
ción de Jesucristo es la hazaña más grande en los anales de la
historia.
En los dos capítulos finales descubrimos que la
Resurrección es una realidad para todo aquel que lea estas
palabras. Muy bien se ha dicho que el índice de muertes es
de uno por persona, y que todo ser vivo pasará por ella.
Algunos resucitarán físicamente para pasar la eternidad con
el Salvador en cielo nuevo y tierra nueva, otros para separa-
ción eterna del Salvador. 1 Le ruego que lea y comprenda
que la Resurrección no es tan sólo un asunto importante; un
entendimiento de la naturaleza bíblica de la resurrección
transformará literalmente la manera en que usted vive hoy
día.
UNO
Mitolosías
Cuando le hubieron crucificado, pusieron sobre su cabeza los carsos
contra Él: ESTE ES JESÚS, EL REY DE LOS JUDÍOS. Entonces los
que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ((Tú que
derribas el templo y en tres días 10 reedificas, sálvate a ti mismo; si
eres Hijo de Dios, desciende de la cruZ)).
Asimismo los principales sacerdotes, los escribas, los fariseos y
los ancianos se burlaban de Él, y los ladrones quefueron crucifica-
dos con Él también 10 colmaban de insultos.
Cerca de la hora novena, jesús clamó a sran voz: EH, EH, ¿la-
ma sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desam-
parado? Lueso jesús, sabiendo que el complot de la Pascua estaba a
punto de concluir, clamó a sran voz: (( Tenso sed)).
Y al instante, un amiso no identificado de jasé de Arimatea co-
rrió, empapó una esponja con una poción adormecedora, la puso en
una caña, y se la dio a beber a jesús.
Cuando jesús la hubo recibido, sritó: ((Todo ha concluido)).
Después inclinó la cabeza y se desvaneció.
EL TERCER DÍA
Puesto que los judíos no querían que los cuerpos quedaran en las
cruces en el día de reposo, le pidieron a Pi1ato que les hiciera romper
las piernas)' bajaran los cuerpos. Pero cuando llesaron hasta jesús)'
descubrieron que )'a estaba muerto, no le rompieron las piernas. En
vez de eso, uno de los saldados peiforó el costado de jesús con una
lanza.
Al acercarse la noche, josé de Arimatea fue valientemente ante
Pi1ato)' le pidió el cuerpo de jesús. Tomó el cuerpo, 10 envolvió en
una sábana limpia, )' 10 puso en un sepulcro nuevo labrado en la
peña.
Allí josé)' el judío no identificado obraron febrilmente para ha-
cer que jesús volviera a vivir.
Trásicamente, la lanza romana había llevado a la muerte de
Cristo, )' a la virtual destrucción del complot de la Pascua. jesús
volvería en sí el tiempo s¡ificiente para sritar: (( No dejen que muera
en vano. Hasan que mis discípulos crean que he vencido la muerte)'
la tumba)). Diciendo eso, inclinó la cabeza)' murió. Inmediata-
mente josé )' el judío no identificado se llevaron el cuerpo de jesús)'
10 prepararon. Durante los cuarenta días sisuientes el judío no
identificado se apareció a los discípulos, )' por medio de muchas
mentiras los ensañó para hacerles creer que él era el Cristo resucita-
do. Comenzando con Moisés)' todos los prifetas, les explicó todo 10
Mito10sías
que las Escrituras habían enseñado con relación a la manera en que
el Mesías habría de stifrir, morir)' resucitar. El corazón de los discí-
pulos ardía al creer la mentira. Hasta ho)' día el complot de la Pas-
cua urdido por jesús, josé )' el judío no identificado sisue
ensañando a millones al hacerles creer que jesucristo resucitó de los
muertos.
-MITOLOGÍAS 27: 35- 50*
tN 1965, HUGH SCHONFIELD publicó un volumen de 287
páginas titulado The Passover P10t [El complot de la Pascua].!
Schonfield sostiene en este éxito arrollador de librería que
Jesús «tramó deliberadamente» su crucifixión y subsiguien-
te resurrección. Según El complot de la Pascua, «Jesús se las
ingenió para que lo arrestaran la noche antes de la Pascua,
totalmente consciente de que lo clavarían en la cruz al día si-
guiente, pero que lo bajarían antes de la llegada del día de
reposo de conformidad con la ley judía. Sobreviviría a la
agonía de tres horas en la cruz ».2 En vez de sufrir un tor-
mento mortal, simplemente sufriría un desvanecimiento.
* Adaptado del Evangelio de Mateo, pero radicalmente alterado para aco-
modarlo a la hipótesis del «complot de la Pascua», de Hugh Schonfield.
3
EL TERCER DÍA
Para asegurarse de bajar a Jesús de la cruz, José y un ju-
dío no identificado urdieron un plan según el cual a Jesús
«no se le daría el vinagre tradicional sino una droga que lo
dejaría inconsciente y lo haría parecer muerto. Luego lo ba-
jarían de la cruz en un trance sepulcral, sus cómplices lo lle-
varían a la tumba donde recuperaría la salud y sería
"resucitado"».' Por consiguiente, la tumba no estaba vacía
por resurrección sino por resucitación.
Esta novedosa interpretación de la vida y muerte de Je-
sús captó la imaginación del mundo. Revistas y ministros
elogiaron el libro como quizás el más importante publicado
en una década. La revista Time afirmó: «Schonfield ... no de-
sacredita a Cristo. Al contrario, analiza que Cristo fue en
verdad el Mesías (el Hijo del Hombre, como Él mismo se
llamó, pero no el Hijo de Dios) que habían vaticinado profe-
tas judíos de antaño, y que esta gloria es suficiente».4 El eru-
dito bíblico William Barclay llamó al Complot de la Pascua
«un libro de enorme aprendizaje y erudición, meticulosa-
mente documentado».
5
Esto a pesar del hecho de que
Schonfield mismo reconoció que era «una imaginativa re-
construcción de la personalidad, los propósitos y las activi-
4
Mitoloaías
dades de Jesús», en la cual personajes como el judío no
identificado saltarían a la palestra.
6
LA HIPÓTESIS DEL DESVANECIMIENTO
Aunque los críticos del cristianismo histórico han proclama-
do apasionadamente las virtudes y la erudición de Schon-
field, El complot de la Pascua es poco más que una
regurgitación novedosa de teorías de desvanecimientos que
fueron populares en la primera mitad del siglo diecinueve.
Como observó el periodista investigador Lee Strobel en The
Case Jor Christ [El caso de Cristo 1, la hipótesis del desvaneci-
miento es una leyenda urbana que continuamente resucita. 7
A pesar del hecho de que la hipótesis del desvaneci-
miento ha sido sólidamente refutada por la erudicción,8
aun se regurgita y causa náuseas en escenarios públicos.
Los teóricos del desvanecimiento rechazan la Resurrec-
ción al afirmar que Jesús no murió de veras en la cruz: sim-
plemente desfalleció y revivió más tarde. Una
interminable corriente de historias imaginarias ha fluido
de esta tesis básica.
D.H. Lawrence fantaseaba en 1929 en que después de
sobrevivir a la Crucifixión, Jesús fue a dar a Egipto. Allí se
s
EL TERCER DÍA
enamoró de la princesa Isis! Donovan Joyce publicó en
1972 The jesús Scroll [El pergamino de Jesús].1O El filósofo
cristiano Gary Habermas explica que, en la interpretación
que Joyce hace de la historia, aparentemente un médico que
habían colocado con tiempo en la tumba revivió a Jesús. Al
médico le ayudó nada menos que el tío de Jesús, José de Ari-
matea. En la reconstrucción de Joyce, Jesús fue el «octoge-
nario defensor de Masada que aparentemente murió
mientras luchaba contra los romanos durante el levanta-
miento judío del 66 al 73 d.C ». En esta autobiografía avan-
zada, Jesús está casado con María Magdalena, es un celote
revolucionario que lucha contra los romanos, y al final se va
11
de monje a Qumram.
Barbara Thiering produjo en 1992 una versión aun más
injuriosa de la hipótesis del desvanecimiento.
12
El historia-
dor Edwin Yamauchi señala que Thiering, quien es profeso-
ra en la Universidad de Sydney, Australia, utiliza el Nuevo
Testamento como «comentario cifrado» para reinterpretar
los rollos del Mar Muerto. En el cuento inconcebible de
Thiering, Jesús es crucificado en Qumram junto a Simón el
mago y Judas, ingiere veneno de serpiente para fingir su
muerte, después de recuperarse se casa con María Magdale-
6
Mitol°BÍas
na, y más tarde se enamora de Lidia de Filipos. A pesar de
que la revolucionaria reconstrucción de Thiering carece de
ritmo o razón, ha recibido críticas muy favorables en una
amplia variedad de foros públicos, que van desde radio hasta
televisión. 13
LA HIPÓTESIS DE LOS GEMELOS
La hipótesis del desvanecimiento no es la única idea novedo-
sa que los críticos del cristianismo han utilizado para encon-
trar una explicación a la Resurrección. Otra es la hipótesis
de los gemelos.1
4
En un debate en 1995 con el apologista
cristiano William Lane Craig, el filósofo Robert Greg Cavin
afirma que Jesús tenía un hermano gemelo idéntico, a quien
llama Hurome.
15
A Hurome lo separan de Jesús en el mo-
mento de nacer, y no lo vuelve a ver hasta el día de la
Crucifixión. Al entrar en Jerusalén, ve su imagen reflejada
en la cruz, y comprende que el Jesús de Nazaret del que an-
teriormente había oído mucho era en su gemelo idéntico.
De inmediato urdió una misión mesiánica para Cristo, y la
lleva a cabo robando el cuerpo y fingiendo ser el Cristo re-
sucitado.
16
Durante el debate, Craig resume así la versión de
la historia de Cavin:
7
EL TERCER DÍA
Jesús tenía un gemelo identico desconocido que tomó su
lugar despues de la Crucifixión, y convenció a la gente de
que había resucitado de los muertos. Recuerde la película
Dave, donde el doble presidencial asume la presidencia de
Estados Unidos cuando el verdadero presidente cae en es-
tado de coma; pues bien, la teoría [de Cavin] es semejante
a la teoría de Dave acerca de la Resurrección. El gemelo
desconocido de Jesús roba de la tumba el cuerpo de Jesús
y toma su lugar ante los discípulos. Ahora bien, si usted se
pregunta por que nadie conocía la existencia del hermano
gemelo de Jesús es que en la teoría [de Cavin], sin el cono-
cimiento de María y Jase accidentalmente cambiaron su
verdadero bebe por un miembro de un par de gemelos
identicos. Por tanto, la persona que llamamos Jesús no era
en realidad hijo de María, y su hermano gemelo creció in-
dependiente de Él.
Craig continúa diciendo que teorías como la hipótesis
de los gemelos podrían dar la talla como comedia, pero
nadie debería tomarlas en serio; en particular teorías como
la de Cavin, cuya investigación lo ha obligado a conceder
8
Mitol°BÍas
que Cristo fue atormentado mortalmente, que la tumba es-
taba vacía, que los discípulos estaban convencidos de que Je-
sús se les había aparecido, y que como resultado de la Resu-
rrección sus vidas fueron transformadas por completo.
LA HIPÓTESIS M USU LMAN A
Otra hipótesis utilizada para encontrar una explicación con-
vincente del relato bíblico de la Resurrección surge de una
religión extendida como el islamismo. Desde una perspecti-
va musulmana, Jesús nunca fue crucificado y, por tanto, no
resucitó.
17
Como lo explica el filósofo cristiano Norman
Geisler, tradicionalmente los musulmanes ortodoxos han
sostenido que «Jesús no fue crucificado en la cruz, sino que
Dios hizo que alguien más se le pareciera, y esa persona por
equivocación fue crucificada como si fuera Cristo. Además,
a menudo a las palabras "[1 esús 1 fue llevado arriba al cielo" se
les ha dado el significado de que fue llevado vivo al cielo sin
• 18
mOrIn>.
Existe una amplia variedad de opiniones en el mundo
musulmán acerca de a quién hizo que sustituyera a Jesús.
Los posibles candidatos van desde Judas Iscariote hasta Pila-
to, Simón el cireneo, o incluso alguien del círculo Íntimo de
9
EL TERCER DÍA
Jesús. Algunos musulmanes sostienen que uno de los discí-
pulos tomó como voluntario la semejanza de Cristo; mien-
tras otros musulmanes sostienen que Dios hizo que, de
modo involuntario, uno de los enemigos de Cristo tomara
su apariencia. Geisler continúa observando que «el Evan8elio
de Bernabé volvió a popularizar en el mundo musulmán la
opinión de que judas reemplazó a Cristo en la cruz)). 19
Los musulmanes tampoco coinciden con lo que le pasó a
jesús. Sin embargo, una mayoría «sostiene que jesús escapó
de la cruz al ser llevado al cielo, y que un día volverá a la tie-
rra y jugará un papel central en acontecimientos futuros.
Basados en algunos de los supuestos dichos de Mahoma, los
musulmanes creen que exactamente antes del fin de los
tiempos jesús regresará a la tierra, matará al anticristo
(al-Dajjal), matará a todos los cerdos, romperá la cruz, des-
truirá sinagogas e iglesias, establecerá la religión musulma-
na, vivirá cuarenta años, y luego será enterrado en la ciudad
de Medina, alIado del profeta Mahoma».2o
LA HIPÓTESIS DE LA TORRE DEL VIGÍA
Otras teorías relacionadas con la resurrección de jesucristo
las hallamos en las sectas. A los Testigos de jehová, por
10
Mitolo8ías
ejemplo, no solamente se les conoce por negar la deidad de
Cristo sino también por negar su resurrección corporal. 21
Opinan que Dios creó a jesús como el arcángel Miguel ,22
que durante su estadía terrenal se convirtió en un simple
mortal, y que después de su crucifixión lo volvió a crear
como una criatura espiritual inmaterial. La Torre del Vigía
lo dice así: «Al rey jesucristo lo hicieron morir en la carne, y
resucitó como una criatura espiritual invisible. Por consi-
guiente, el mundo ya no lo verá más. Fue a preparar un lu-
gar celestial para sus herederos asociados, "el cuerpo de
Cristo", para que ellos también sean criaturas espirituales
invisibles». 23
Además, los Testigos de jehová afirman que una resu-
rrección física no habría sido un triunfo espectacular, sino
una humillación desesperada. En su opinión, habría signifi-
cado que después de reinar como el arcángel Miguel, jesús
había sido reducido a un ser humano, y posteriormente no
volvería a tener su estado de criatura espiritual exaltada.
Por tanto, según la Torre del Vigía, «jesús no llevó su cuer-
po humano al cielo para ser un hombre por toda la eterni-
dad. Si lo hubiera hecho, habría quedado aun más bajo que
los ángeles .... La intención de Dios no era que jesús sufrie-
II
EL TERCER DíA
ra la humillación de ser por siempre un hombre de carne y
hueso. No, y después que sacrificó su humanidad perfecta,
Dios lo resucitó a una vida imperecedera como una criatura
espiritual gloriosa». 24
Para dar una posible explicación de la tumba vacía, los
Testigos de jehová sostienen que el cuerpo físico de jesús
fue desechado y destruido. En palabras de la Torre del
Vigía, «con su poder, Dios se deshizo del cuerpo humano
que jesucristo presentó de una vez y por todas como un
sacrificio de rescate».25 Por consiguiente, en vez de
levantarse de entre los muertos, «el Todopoderoso Dios se
deshizo en la tierra del cuerpo carnal de jesucristo, y jesús
no lo llevó al cielo». Para el fundador de la Torre del Vigía
Charles Taze Russell, se «disolvió en gases» o se «preservó
en alguna parte como monumento grandioso al amor de
Dios».27
Finalmente se debería observar que los Testigos de
jehová intentan explicar las apariciones de jesús después
de la Resurrección sugiriendo que «los cuerpos en los
cuales jesús se manifestó a sus discípulos después de su
regreso a la vida no fueron el cuerpo en el cual fue clava-
do al madero. Se materializaban para la ocasión, y en una
12.
Mitologías
o dos ocasiones se asemejaron al cuerpo en que murió,
pero en la mayoría de las ocasiones no eran reconocibles
ni para sus discípulos más íntimos».28 Si los Testigos de
jehová estuvieran en lo cierto, jesús consiguió engañar a
sus discípulos para que creyeran que había resucitado físi-
camente de la tumba al aparecer en cuerpos distintos. En
sus palabras, «apareció en diferentes cuerpos. Aparecía y
desaparecía exactamente como los ángeles lo habían he-
cho, porque resucitó como una criatura espiritual. Sólo
porque Tomás no creía, jesús apareció en un cuerpo
como aquel en el que había muerto». 29
¿LA MÁS GRANDE HAZAÑA O
FRAUDE GIGANTESCO?
Si esos devotos de las sectas, esos adeptos del mundo reli-
gioso o esos eruditos liberales tienen razón, el relato bí-
blico de la Resurrección es ficción, fantasía o un fraude
gigantesco. Si, por otro lado, el cristianismo es confiable
en cuanto a los hechos, la Resurrección es la mayor proe-
za en la historia humana. El apologista cristiano josh
McDowell lo dice así: «Después de más de setecientas
horas de estudiar este asunto, y de investigar a fondo sus
13
EL TERCER DÍA
bases, he llegado a la conclusión de que la resurrección de
Jesucristo es uno de los engaños más crueles, malvados y
depravado impuestos en la mente de los hombres, o es el
hecho más fantástico de la historia». 30
Wilbur Smith señala que, desde sus mismos inicios, la
iglesia cristiana unánimemente ha atestiguado el hecho in-
mutable de la resurrección de Cristo. Smith dice: «Esto es
lo que podemos llamar una de las grandes doctrinas y con-
vicciones fundamentales de la Iglesia; y permea tanto la li-
teratura del Nuevo Testamento, que si usted saca todo
pasaje en que se hace una referencia a la Resurrección, ten-
dría una colección de escritos tan mutilados que no com-
d
' 31
pren ena».
El libro de Hechos es un ejemplo clásico. En Hechos 1
se escoge a Matías para reemplazar a Judas como testigo de
la Resurrección. En Hechos 2, Pedro, en su poderosa pro-
clamación en Pentecostés, dice a voz en cuello: «Varones
hermanos, se os puede decir libremente del patriarca Da-
vid, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con no-
sotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo
que con juramento Dios le había jurado que de su descen-
dencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que
14
Mitologías
se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resu-
rrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades,
ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de
lo cual todos nosotros somos testigos» (vv. 29-32).
En Hechos 3, en un lugar llamado el Pórtico de Salo-
món, Pedro dijo a los hombres de Israel: «El Dios de
Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha
glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y
negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto po-
nerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo,
y pedisteis que se os diese un homicida» (vv. 13-15). En He-
chos 4 leemos que los sacerdotes, el capitán de la guardia del
templo, y los saduceos estaban tan molestos por la predica-
ción de Pedro y de Juan, que los pusieron en prisión por
anunciar «en Jesús la resurrección de entre los muertos» (v.
2). De la misma forma, en Hechos 5, los apóstoles enfrenta-
ron azotes por testificar que Dios «levantó a Jesús» (v. 30).
En Hechos 10, Pedro, ante una gran multitud de gente en
casa de Cornelio, testificó de la Resurrección, diciendo:
«Nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo
en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgán-
dole en un madero. A este levantó Dios al tercer día, e hizo
15
EL TERCER DíA
que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos
que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que co-
mimos y bebimos con él después que resucitó de los muer-
tos» (vv. 39-41).
En Hechos 13, la atención va de Pedro a Pablo. Después
de salir de Pérgamo, Pablo fue a Pisidia, Antioquía. En su
sermón en la sinagoga local, este perseguidor que ahora in-
tenta ganar prosélitos proclama que la gente de Jerusalén y
sus gobernantes pidieron a Pilato que condenara a Jesús a
muerte, a pesar del hecho de que no encontraron justifica-
ción para crucificarlo. Pablo dice:
Habiendo cumplido todas las cosas que de El estaban es-
critas, quitándolo del madero, lo pusieron en el sepul-
cro. Mas Dios le levantó de los muertos. Y El se apareció
durante muchos días a los que habían subido juntamente
con El de Galilea a Jerusalén, los cuales ahora son sus tes-
tigos ante el pueblo. Y nosotros también os anunciamos
el evangelio de aquella promesa hecha a nuestros padres,
la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros,
resucitando a Jesús; como está escrito también en el sal-
mo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy. Y
16
Mitologías
en cuanto a que le levantó de los muertos para nunca más
volver a corrupción, lo dijo así: Os daré las misericordias
fieles de David. Por eso dice también en otro salmo: No
permitirás que tu Santo vea corrupción. Porque a la ver-
dad David, habiendo servido a su propia generación se-
gún la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus
padres, y vio corrupción. Mas aquel a quien Dios levan-
tó, no vio corrupción (Hechos 13.29-37).
En Hechos 17 encontramos a Pablo predicando apasio-
nadamente en Atenas las buenas nuevas acerca de Jesús y la
Resurrección. Después que un grupo de filósofos epicúreos
y estoicos lo llevaran a una reunión del Aerópago, Pablo se
puso de pie y se dirigió así a la multitud:
Varones atenienses, en todo observo que sois muy reli-
giosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios,
hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción:
AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis,
pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios
que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, sien-
do Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos
EL TERCER DÍA
hechos por manos humanas, ni es honrado por manos
de hombres, como si necesitase de algo; pues él es
quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de
una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para
que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefi-
jado el orden de los tiempos, y los límites de su habita-
ción; para que busquen a Dios, si en alguna manera,
palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está
lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y
nos movemos, y somos; como algunos de vuestros pro-
pios poetas también han dicho: Porque linaje suyo so-
mos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar
que la divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra,
escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero
Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ig-
norancia, ahora manda a todos los hombres en todo lu-
gar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un
día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel
varón a quien designó, dando fe a todos con haberle le-
vantado de los muertos. Pero cuando oyeron lo de la
resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros
18
Mitologías
decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez (Hechos
17.22-32).
Se podrían citar muchos otros pasajes de los Hechos de
los apóstoles del doctor Lucas. Es suficiente decir que Wil-
bur Smith tenía absolutamente razón. Sin la Resurrección,
no sólo Hechos, sino toda la Biblia sería un documento des-
figurado y carente de definición. La Resurrección cambió
de modo tan radical la vida de los seguidores de Cristo, que
quedó grabada en sus tumbas y descrita en las paredes de sus
catacumbas. Además, «entró con mucha profundidad en la
himnología cristiana; se convirtió en uno de los temas más
importantes de los grandes escritos apologéticos de los pri-
meros cuatro siglos; fue el tema constantemente vivido en
la predicación anterior y posterior al período niceno. Entró
inmediatamente a la fórmula del credo de la Iglesia; está en
el Credo de los Apóstoles; está en todos los grandes credos
•• 32
que SIguIeron».
Smith continúa señalando que «el empeño de las buenas
nuevas o evangelio no era "seguir a su Maestro y dar lo me-
jor de sí" sino "Jesús y la Resurrección". Usted no puede sa-
car eso del cristianismo sin alterarle de forma radical el
19
EL TERCER DÍA
caracter y destruirle su mismísima identidad». II Pablo, jun-
to con el resto de los apóstoles, clarificó al maximo que no
hay terreno medio. La Resurrección es historia o patraña,
milagro o mito, realidad o fantasía. Pablo dice:
Si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predica-
ción, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos
testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él
resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los
muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan,
tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra
fe es vana; aún estais en vuestros pecados. Entonces tam-
bién los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta
vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dig-
nos de conmiseración de todos los hombres (1 Corintios
15.14-19).
PREEVANGELIZACIÓN y
POSTEVANGELIZACIÓN
Debido precisamente a la importancia estratégica de la Re-
surrección, todo cristiano debería estar preparado para
defender su historicidad. Por consiguiente, la apologética
2.0
Mitoloaías
(defensa de la fe) tiene doble propósito. Por un lado invo-
lucra la preevangelización. En los Estados Unidos poscris-
tianos pocas personas estan conscientes de que creer en la
Resurrección no es un salto a ciegas en la oscuridad, sino fe
fundamentada en hechos. Es histórico y evidente. Por tan-
to, es defendible. Por otro lado, la apologética involucra la
postevangelización. Durante una época en que la Resu-
rrección esta bajo ataque, saber cómo defender su credibi-
lidad sirve para fortalecer nuestra fe.
La Resurrección no sólo es importante para la fe cristia-
na histórica; sin ella no habría cristianismo. Es la doctrina
singular que eleva al cristianismo por sobre las demas reli-
giones del mundo. Cristo demostró por medio de la Resu-
rrección que no esta en una línea de igualdad con Abraham,
Buda y Confucio. Jesús es totalmente único. Tiene poder no
sólo para entregar su vida, sino para tomarla de nuevo.
Debido a lo central que es en el cristianismo, quienes to-
man en sus labios el sagrado nombre de Cristo deben estar
preparados para defender la credibilidad de la Resurrec-
ción. Lejos de ser un fraude gigantesco, la Resurrección es
la mas grande proeza en los anales de la historia escrita.
Dos
Mortal Tormento
Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora
novena. Cerca de la hora novena, jesús clamó a gran voz, diciendo:
EH, EH, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has desamparado? ... Mas jesús, habiendo otra vez clamado a
gran voz, entregó el espíritu (Mateo 27.45-46, 50)
"EL SUFRIMIENTO MORTAL de Jesús que narra el Nuevo Testa-
mento es uno de los hechos más bien establecidos de la histo-
ria antigua. Aun en la actual era moderna de progreso
científico existe un virtual consenso entre eruditos neotesta-
mentarios, tanto liberales como conservadores, de que Jesús
murió en la cruz, fue enterrado en la tumba de José de Arima-
tea, y su muerte llenó de desesperación a sus discípulos.
1
Los DATOS MÉDICOS
Los mejores cerebros de la medicina de los tiempos anti-
guos y los tiempos modernos han demostrado sin duda al-
Mortal Tormento
guna que el trauma físico de Cristo fue mortal.2 Su
tormento comenzó en el Huerto de Getsemaní después de
la emotiva última cena. Allí Jesús experimentó una condi-
ción médica conocida como hematidrosis. Unos diminutos
capilares en sus glándulas soporíferas se reventaron, y el
sudor se mezcló con sangre. Como resultado, su piel que-
dó sumamente frágil. Esa misma noche, Judas lo traicionó,
Pedro lo negó y la guardia del templo lo arrestó. Estando
ante el sumo sacerdote Caifás, se mofaron de Él, lo golpea-
ron y lo escupieron. A la mañana siguiente lo llevaron al
pretorio azotado, magullado y sangrando. Allí lo desnuda-
ron y sometieron a la brutalidad de la flagelación romana.
Un látigo lleno de huesos afilados y puntas de plomo redu-
jo su cuerpo a jirones temblorosos de carne sangrante.
Cuando se desplomaba en el charco de su propia sangre,
los soldados le lanzaron unas vestiduras escarlatas sobre los
hombros, le pusieron un cetro en las manos, y le colocaron
a presión una corona de espinas en la cabeza. Ya Jesús esta-
ba en condición crítica. Colocaron entonces una pesada
viga de madera sobre su cuerpo sangrante, y la cargó hasta
un lugar llamado Gólgota. Allí experimentó la más espan-
tosa tortura en forma de cruz. Habían refinado el sistema
EL TERCER DÍA
romano de crucifixión para que produjera el máximo de
dolor. La palabra atroz se debió inventar para denotar por
1
completo su horror.
En el «lugar de la Calavera», los soldados romanos atra-
vesaron las manos
4
y los pies de Cristo con gruesos clavos de
hierro de quince centímetros. Oleadas de dolor recorrieron
su cuerpo cuando los clavos laceraron sus nervios. Respirar
se con vertió en un esfuerzo agonizante al tener que echar
hacia arriba el cuerpo para agarrar pequeñas bocanadas de
aire. En las horas siguientes experimentó ciclos de tirones
en las articulaciones, calambres, asfixia intermitente y dolo-
res insoportables mientras su espalda se movía de arriba a
abajo contra la áspera madera de la cruz.
Cuando el frío de la muerte subió por su cuerpo, gritó:
((EH, EH, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has desamparado?)) (Mateo 27.46). En ese grito de angus-
tia se condensaba la mayor de las agonías, porque en la cruz
Cristo estaba soportando el pecado y el sufrimiento de toda
la humanidad. Luego, al haber terminado su pasión, entregó
su espíritu. Poco después un legionario romano le clavó una
lanza por el quinto espacio intercostal hacia arriba a través
del pericardio, y le atravesó el corazón. De la herida brotó
Mortal Tormento
un raudal de sangre yagua, lo que demostró de manera con-
cluyente que el tormento había sido mortal.
A la luz de toda la evidencia, creer que jesús sólo se des-
vaneció es llevar la credulidad más allá del límite. Es pensar
que Cristo sobrevivió varias experiencias duras: la falta de
sueño, los azotes, la crucifixión y la herida de lanza en el
costado. Se necesita mucha fe para estar de acuerdo con al-
gunas de las más inverosímiles versiones de la hipótesis del
desvanecimiento. Significaría creer que jesús sobrevivió
tres días sin atención médica, que hizo rodar sin ayuda una
enorme y pesada lápida, que pudo dominar a una guardia ar-
mada, que caminó por los alrededores con los pies horada-
dos, y que logró convencer a sus discípulos para que
propagaran el mito de que había conquistado la muerte
mientras Él vivía en oscuridad el resto de su patética vida.
EL VEREDICTO MÉDICO
El Dr. Alexander Metherell, un médico eminente que ha in-
vestigado a fondo los hechos históricos y médicos relaciona-
dos con la muerte de jesús, propinó un golpe certero a la
hipótesis del desvanecimiento. En una entrevista con el pe-
riodista investigador Lee Strobel, Metherell señaló que
EL TERCER DíA
quien ha sufrido la tortura insoportable que relatan los
Evangelios «nunca habría inspirado a sus discípulos a salir y
proclamar que Él era el Señor de la vida y que había triunfa-
do sobre la tumba». Metherell continuó diciendo que «des-
pués de sufrir ese horrible maltrato, con toda la pérdida
catastrófica de sangre y el trauma, su estado habría sido tan
lastimero que sus discípulos no lo habrían aclamado como
conquistador de la muerte; habrían sentido lástima de él, y
habrían intentado curarlo». Por lo tanto, concluyó: «Es ab-
surdo pensar que se les hubiera aparecido en tal horrible es-
tado, y que sus seguidores se hubieran animado a iniciar un
movimiento mundial basado en la esperanza de que algún
día ellos tendrían también un cuerpo resucitado como
aquel».
5
La conclusión inevitable es que la hipótesis del des-
vanecimiento es un salto de fe a un abismo de credulidad.
EL SORPRENDENTE ERROR DEL
DESVANECIMIENTO
El Dr. Gary Habermas, filósofo e historiador neotestamen-
tario, rechaza las teorías del desvanecimiento por tres razo-
nes importantes. Primero, que el apóstol Juan relata que
cuando los soldados determinaron que Jesús había muerto,
Mortal Tormento
uno de ellos «le abrió el costado con una lanza, y al instante
salió sangre y agua» (Juan 19.34). Como un hombre del si-
glo primero, es probable que Juan no hubiera sabido lo que
la ciencia del siglo veinte descubrió apenas hace poco: que
del costado de Jesús salieron sangre yagua debido a que el
corazón está rodeado de una bolsa de agua llamada pericar-
dio; la sangre brotó de un corazón perforado. Habermas
dice: «Aunque Jesús hubiera estado vivo antes de que lo acu-
chillaran, la lanza lo habría matado. Por consiguiente, la he-
rida de su pecho refuta también la teoría del desvaneci-
miento".6
Segundo, que como lo demostró el erudito liberal del
siglo diecinueve, David Strauss, aun si Jesús hubiera sobre-
vivido a su crucifixión, nunca hubiera podido mover cues-
ta arriba una descomunal piedra ... especialmente en su
débil condición, y sin siquiera tener un borde contra el
cual empujar desde el interior de la tumba. Si hubiera lo-
grado esa hazaña milagrosa, hubiera tenido que salir ren-
queando por los alrededores con los pies horadados, llegar
hasta el escondite de sus discípulos, y convencerlos de que
había conquistado la muerte y la tumba. Strauss señala
que, lejos de fantasear que aquel sangrante guiñapo de
EL TERCER DÍA
hombre era su Salvador, los discípulos hubieran corrido a
buscar a un médico. 7 El Dr. Habermas observa que Albert
Schweitzer se refirió a la crítica de Strauss como «el "golpe
mortal" a tales enfoques racionalistas. Después de que las
opiniones de Strauss circularon, las "vidas de Jesús" liberales
evitan mencionar las hipótesis del desvanecimiento. En los
albores del siglo veinte, otros eruditos proclamaron que
esta hipótesis no es más que una curiosidad histórica del pa-
sado. Ni los críticos la consideran ya como una hipótesis via-
ble».8
Tercero, que como lo demostraron las investigaciones
médicas del siglo veinte, la crucifixión es en lo esencial
muerte por asfixia. Cuando el cuerpo cuelga hacia abajo, los
músculos intercostales y pectorales que rodean los pulmo-
nes detienen el proceso normal de la respiración. En conse-
cuencia, aunque a Jesús se le hubiera dado una droga que lo
dejara en un trance cadavérico, no hubiera podido evitar la
muerte por asfixia. Así lo expresa Habermas: «Nadie puede
fingir la incapacidad de respirar por mucho tiempo": El di-
funto erudito liberal de Cambridge, John A.T. Robinson,
sugirió que la hipótesis del desvanecimiento es tan fatalmen-
te errada que «si el público casi no se interesara en lo que se
~ 8
Mortal Tormento
escribe acerca del cristianismo, la "sacarían de la corte a pa-
tadas"». 10
Habiendo establecido la fiabilidad bíblica del mortal tor-
mento de Cristo, vayamos ahora a la tumba vacía, el segun-
do pilar inquebrantable de la Resurrección.
TRES
La tumba vacía
Cuando pasó el día de reposo, María MaBdalena, María la madre
de jacobo y Salomé compraron especias aromáticas para ir a unBir-
le. Y muy de mañana, el primer día de la semana, vinieron al sepul-
cro, ya salido el sol. Pero decían entre sí: ¿Qyién nos removerá la
piedra de la entrada del sepulcro? Pero cuando miraron, vieron re-
movida la piedra, que era muy Brande. Y cuando entraron en el se-
pulcro, vieron a un joven sentado alIado derecho, cubierto de una
larBa ropa blanca; y se espantaron. Mas él les dijo: No os asustéis;
buscáis a jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no
está aquí; mirad elluBar en donde le pusieron (Marcos 16.1-6).
EL AÑO 1985 marcó el inicio de una de las guerras más
promocionadas de la historia. No fue una guerra de armas,
sino de palabras. Comenzó con una coalición de «eruditos»
que se hicieron llamar el Seminario de Jesús. Estos tipos
estaban decididos a demoler al Jesús bíblico en terreno
público, no sólo en la academia privada.

La tumba vacía
Estaban decididos a «liberar a la gente de la iglesia de la
"edad media de la tiranía teológica"». 1
El fundador del Seminario de Jesús, Robert Funk, se ha
propuesto convencer al mundo de que el Jesús histórico no
es digno de adoración. Afirma: «Jesús mismo no debería
ser, no tiene que ser, el objeto de la fe. Eso sería repetir la
idolatría de los primeros creyentes».2 Su objetivo declarado
es «liberar a Jesús. El único Jesús que la mayoría de personas
conocen es el mítico. No quieren al Jesús verdadero,
quieren al que puedan adorar, al Jesús sectario». 1 Su
compañero cofundador John Dominic Crossan disparó a
matar contra la resurrección de Jesucristo. La revista Time
informa sobre el dogmatismo de Crossan: «Eso de que lo
enterraron y resucitó fueron ilusiones vanas. Al cadáver de
Jesús le pasó lo que le pasa cualquier cadáver abandonado de
un criminal: tal vez quedó escasamente cubierto de tierra y
vulnerable a los perros salvajes que deambulaban por las
tierras baldías de los terrenos de ejecución»:
Los fundadores del Seminario de Jesús no intentan es-
conder su desprecio por el Jesús bíblico. Crossan lo denigra
como «un cínico campesino judío», y Funk lo degrada como
«quizás el primer comediante judío>/ A veces las asevera-
3
1
EL TERCER DÍA
ciones de los participantes del Seminario de Jesús han sido
tan indignante s que el eminente erudito judío Jacob Neus-
ner dijo que el Seminario de Jesús era «o la más grande pa-
traña intelectual desde el Hombre de Piltdown, o la
bancarrota total de los estudios neotestamentarios ... Espe-
ro que sea la anterior». 6
Muchísimos aceptan a ciegas las aseveraciones del Semi-
nario de Jesús, sin darse cuenta que hacen caso omiso de he-
chos bien establecidos. A diferencia de cuando se trata de un
consenso de erudición creíble, los eruditos del Seminario de
Jesús tienen la costumbre de hacer aseveraciones dogmáti-
cas sin presentar argumentos defendibles. Por ejemplo, ase-
guran dogmáticamente que Jesús no dijo más del ochenta
por ciento de lo que Mateo, Marcos, Lucas y Juan le atribu-
yen. Esta indefendible aseveración se basa en lo que el teólo-
go Dr. Gregory Boyd describió como una forma muy suya
de radicalismo.
7
El supuesto Jesús histórico que ha emergi-
do es (1) no apocalíptico, (2) socialmente subversivo, (3) un
comediante, (4) un simple ser humano, (5) enfocado en su
presente, (6) alguien que no intentó organizar admiradores,
(7) y alguien cuya muerte fue tan sólo un accidente insignifi-
cante de la historia. Por lo tanto, según el Seminario de Je-
La tumba vacía
sús, la Resurrección fue sólo una invención cristiana
• 8
posterIor.
En resumen, los seguidores del Seminario de Jesús co-
mienzan con un prejuicio antisobrenatural, y por tanto recha-
zan la Resurrección a priori (antes del examen empírico). En
lugar de evidencia razonable y sustancial, ofrecen estereoti-
pos retóricos y emocionales. A quienes disienten de sus pre-
sunciones se les cataloga como intelectualmente retardados
que quieren vivir en la Edad Media. Si los sujetos del Semina-
rio de Jesús tienen algo, es que saben manejar la prensa. Han
logrado enonnes titulares al mostrar a los evangélicos como
ingenuos fundamentalistas que creen a ciegas el relato bíblico
de la tumba vacía. Usando cuentas de colores en la votación,
rechazaron la autenticidad de las afinnaciones que los escrito-
res de los evangelios atribuyen a Cristo. Según su opinión las
cuentas rojas, negras y rosadas significan respectivamente
«sí», «no» y «tal vez». Como una interesante categoría, usan
cuentas grises para designar palabras que «no se originaron en
Jesús aunque podrían reflejar sus ideas»: La idea de ellos es
que menos de veinte por ciento de las palabras de Cristo son
creíbles.
Los participantes del Seminario de Jesús detestan el
33
EL TERCER DÍA
evangelio de Juan, y les gusta el evangelio de Tomás (esto a
pesar del hecho que Tomás incluye pasajes a todas luces ig-
norantes y políticamente incorrectos como la siguiente
conversación entre Pedro y Jesús: «Simón Pedro le dijo:
"Haz que María nos deje, porque las mujeres no merecen
vivir". Jesús respondió: "Vean, yo la guiaré para hacerla
varón, para que pueda también convertirse en un espíritu
vivo que se parezca a ustedes los varones. Porque toda mu-
jer que se haga hombre por sí misma entrará en la esfera
celestial"». lO
El Christian Research Journal observa que cuando el Semi-
nario de Jesús publicó en 1993 su «versión erudita» codifi-
cada en colores de Los cinco Evangelios, trasmitieron el
evangelio de Tomás, del siglo segundo, en horas de máxima
audiencia: «A efectos prácticos, el Seminario de Jesús ha
"canonizado" este "evangelio", conocido principalmente
por una traducción copta hallada en Nag Hammadi, Egipto,
a finales de 1945 ... Es más, está muy claro que los eruditos
del Seminario consideran que el evangelio de Tomás es mu-
cho más confiable e importante que el de Juan, y quizás tam-
bién más que los de Mateo y Lucas, en cuanto a su utilidad
" ·"1 lb dl"J 'hi ,. ,,11
para reconstrwr as pa a ras e esus stonco».
34
La tumba vacía
Hasta una lectura superficial del evangelio de Tomás
basta para ver cuán profundamente recibió la influencia
de los conceptos gnósticos del siglo segundo que estuvie-
ron en boga después del período neotestamentario. 12 Sin
embargo, el Seminario de Jesús especula que dicho evan-
gelio es anterior y más auténtico que los relatos bíbli-
COS.1
3
El filósofo y teólogo cristiano William Lane Craig
lamentó: «Es aleccionador pensar que esta clase de espe-
culación idiosincrásica es lo que miles de lectores laicos
de revistas como Time han llegado a creer que representa
lo mejor de la erudición contemporánea del Nuevo Tes-
14
tamento».
Como la fiabilidad de la Resurrección es socavada en los
medios masivos de comunicación, es crucial que los cristia-
nos estén preparados para demostrar que a Jesús lo enterra-
ron y que, una mañana de Pascua hace dos mil años, la
tumba de veras estaba vacía. A diferencia de Crossan, el fi-
nado erudito liberal John A.T. Robinson de Cambridge re-
conoció que el funeral de Cristo «es uno de los primeros y
bien atestiguados hechos acerca de Jesús».15 Esta afirmación
no es una simple aseveración dogmática, sino que descansa
sobre una válida argumentación.
35
EL TERCER DÍA
LA FALACIA NOVELESCA DE LOS FARISEOS
Los eruditos del Nuevo Testamento liberales y conservado-
res concuerdan en que el cuerpo de Jesús lo enterraron en la
tumba privada de José de Arimatea. Craig resalta este hecho
al observar que, como miembro de la corte judía que conde-
nó a Jesús, es poco probable que José de Arimatea sea una
invención de los cristianos. El notable erudito en Nuevo
Testamento Raymond Brown explica: «El que José se haya
encargado del entierro de Jesús es "muy probable", porque
sería "casi inexplicable" que los cristianos inventaran que un
judío del sanedrín hiciera lo correcto por Jesús, dada la hos-
tilidad de los primeros escritos cristianos hacia los líderes
judíos responsables de la muerte de Jesús. En particular,
Marcos no hubiera inventado lo de José en vista de su decla-
ración de que todo el sanedrín votó por la condenación de
Jesús (Marcos 14.55,64; 15.1 )>>. 16
Además, no existen relatos rivales de la historia del se-
pelio. Craig señala que «si el funeral de Jesús en la tumba de
José de Arimatea es legendario, es extraño que por ningún
lado aparezcan tradiciones diferentes, incluso en los polé-
micos judíos. Es difícil explicar que no permanezcan otros
trazos de la verdadera historia, o aun de otra falsa y antagó-
La tumba vacía
nica, a menos que el relato del evangelio sea de modo sus-
tancial la historia verdadera». 17 Aun más, se debería
observar que «durante la época de Jesús había un interés ex-
traordinario en las tumbas de mártires y santos judíos, las
que se cuidaban y honraban con sumo cuidado .... Lo hacían
porque los huesos del profeta yacían en su tumba y esto daba
al sitio su valor religioso. Si los restos no estaban allí, la tum-
ba perdía su significado como lugar sagrado». Yen el caso de
Cristo, no hay evidencia de que se hubiera venerado su tum-
ba.
18
Finalmente, el relato del entierro de Jesús en la tumba
de José de Arimatea lo confirma el evangelio de Marcos y,
por consiguiente, es demasiado cercano a los hechos como
para haber sido sujeto a corrupción legendaria. 19 De la mis-
ma manera, Pablo corrobora el entierro de Cristo en una
carta a los cristianos de Corinto, en la cual recita un antiguo
credo cristiano que data dentro de los años siguientes a la
Crucifixión misma (ver 1 Corintios 15.3 _ 7).20
EL FACTOR FEMENINO
Como observa Lee Strobel en El caso de Cristo, «cuando uno
entiende el papel de las mujeres en la sociedad judía del siglo
37
EL TERCER DÍA
primero, lo extraordinario de verdad es que la historia de
esta tumba vacía diga que fueron mujeres las descubridoras
de la tumba vacía».21 Es más, «cualquier relato legendario
posterior seguramente habría descrito que la tumba vacía la
descubrieron unos discípulos masculinos ... Pedro o Juan,
por ejemplo. ¡El hecho de que fueran mujeres las primeras
en hallar la tumba vacía explica de forma verosímil la reali-
dad de que (gústenos o no) ellas fueron las descubridoras!
Esto muestra que los escritores del evangelio registraron
fielmente lo sucedido, por vergonzoso que les hubiera
sido».22
Para comenzar, se debe resaltar que a las mujeres ni si-
quiera se les permitía servir como testigos en un juicio. Se-
gún Craig, el testimonio de ellas «se consideraba de tan
poco valor que ni siquiera podían testificar en una corte. Si
un hombre cometía un delito, y alguna mujer lo veía en el
acto mismo, no lo podían declarar culpable por el testimo-
nio de ella, porque ese testimonio se consideraba sin ningún
valor, y ni siquiera se aceptaba en la corte.» 23
Además, Craig observa que «las mujeres ocupaban un
peldaño bajo en la escalera social judía. Comparadas con los
hombres, las mujeres eran ciudadanos de segunda clase.
La tumba vacía
Considere estos textos judíos: "¡Es preferible dejar que las
palabras de la ley sean quemadas que entregadas a las
mujeres!" Y, "¡feliz es el hombre cuyos hijos son varones,
pero infeliz quien sus hijos son hembras!,\/4 Antes de la
llegada de Cristo se denigraba tanto a las mujeres que «una
de las oraciones judías de esa época declaraba: "Te
d
. " 2S
agra ezco que yo no sea mUjer ».
Finalmente, si Jesús hubiera sido un típico judío místico
no habría animado a ninguna mujer a ser sus discípulas.
Aunque servían como criadas y madres en la sociedad judía,
no se les permitía seguir a un maestro judío como discípu-
las. Incluso los filósofos griegos de la época eran renuentes
a contar con mujeres entre sus discípulos. Como Craig
Keener observa en The IVP Bible Background Commentar)'
[Comentario bíblico histórico IVP], el hecho de que «con
el grupo viajaran mujeres era visto como escandaloso. La
coeducación de adultos era insólita, y que esas mujeres es-
tuvieran aprendiendo las enseñanzas de Jesús de cerca
como sus discípulos hombres seguramente molestaba a las
personas de afuera».26 Sin embargo, según el Nelson's New
Illustrated Bible Dictionary, el ejemplo y las enseñanzas de
Cristo desafiaron de modo radical las normas culturales:
39
EL TERCER DÍA
Invito mujeres a que lo acompañaran a Él y a sus discípulos
en sus viajes (Lucas 8. 1- 3). Hablo con la samaritana en el
pozo de Jacob y la llevo a una experiencia de conversion
(Juan 4). Jesús no creyo extraño que Maria se sentara a sus
pies y asumiera el papel de un discípulo; es más, le sugirio
a Marta que debía hacer lo mismo (Lucas 10.38-42). Aun-
que los judíos segregaban a las mujeres en el templo y en la
sinagoga, la iglesia primitiva no separaba la congregacion
por sexo (Hechos 12.1-17; 1 Corintios 11.2-16).
El apóstol Pablo escribió: «Ya no hay judío ni griego; no
hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos
vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3.28).27
LA PRIMERA RESPUESTA
Para concluir, como resalta Craig en Jesus Under Fire Uesús
bajo fuego], la más temprana respuesta judía a la resurrec-
ción de Jesucristo presupone la tumba vacía. En vez de ne-
gar que la tumba estaba vacía, los antagonistas de Cristo
acusaron a sus discípulos de robar el cuerpo. Su respuesta a
la proclamación «Él ha resucitado, ha resucitado de veras»
no fue «su cuerpo aun está en la tumba» ni «lo lanzaron a una
La tumba vacía
tumba poco profunda y se lo comieron los perros». Lo que
respondieron fue: «Sus discípulos vinieron de noche, y lo
hurtaron» (Mateo 28.13).28 Los amigos y los enemigos de
Cristo promovieron por igual en los siglos siguientes a la
Resurrección la realidad de la tumba vacía.
La polémica obra judía medieval Toledot Yeshu no sólo es-
tablece que Jesús sufrió tormento mortal, sino que repite el
estribillo de que «sus discípulos llegaron en la noche y lo ro-
baron». En esta versión del siglo quinto de la hipótesis del
complot de la Pascua, un jardinero llamado Judas descubre
el taimado plan de los discípulos para robar el cuerpo de Je-
sús. Los golpea, se roba a Jesús de la tumba de José, y lo co-
loca en una tumba recién cavada. Entonces cuenta a los
enemigos de Cristo lo que ha hecho, y les ofrece el cuerpo
del Salvador por treinta piezas de plata. Los líderes judíos
compran el cadáver y lo arrastran por las calles de la ciudad,
en evidencia que Cristo no había resucitado como dijo que
haría. 29
Aunque esta descabellada historia no tiene mérito histó-
rico, resalta la más antigua evidencia existente: ¡La tumba
estaba vacía! En resumen, el cristianismo primitivo simple-
mente no pudo haber sobrevivido a una tumba identificable
4
1
EL TERCER DÍA
que contuviera el cuerpo de Cristo. Con facilidad los ene-
migos de Cristo habrían dado fin a la farsa al mostrar el cuer-
po como se describe en Toledot Yeshu. Aun el fundador del
Seminario de Jesús John Dominic Crossan estaría obligado
por los hechos a reconocer que nadie puede afirmar la histo-
ricidad del sepelio de Cristo mientras niega simultáneamen-
te la historicidad de la tumba vacía. lO
Habiendo demostrado que la tumba vacía es una realidad
irrebatible, iremos ahora a las apariciones de Cristo, tercer
pilar inquebrantable que apoya la Resurrección.
CUATRO
Apariciones de Cristo
Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, jesús se puso en medio
de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemori-
zados, pensaban que veían espíritu. Pero él les dijo: ¿Por qué estáis
turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis
manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espí-
ritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo [Lucas
24.36-39].
B L DOCTOR LUCAS escribe en el libro de Hechos que Jesús
dio a los discípulos «muchas pruebas indubitables» de que
estaba vivo, «apareciéndoseles durante cuarenta días y ha-
blándoles acerca del reino de Dios» (1 .3). Asimismo Pedro,
en su poderosa proclama de Pentecostés, comunicó de
modo confidencial que muchos testigos presenciales dignos
de confianza confirmaron la realidad de las apariciones físi-
cas de Cristo después de su resurrección: «Varones herma-
nos, se os puede decir libremente del patriarca David que
43
EL TERCER DÍA
murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta
el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con jura-
mento Dios le había jurado que de su descendencia, en
cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en
su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo,
que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio co-
rrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos noso-
tros somos testigos» (Hechos 2.29-32).
Igual que el apóstol Pedro, el apóstol Pablo emana con-
fianza en las apariciones de Cristo. En su primera carta a los
cristianos de Corinto dio detalles y descripciones:
Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he pre-
ica o, e eua tam
Apariciones de Cristo
ya duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos
los apóstoles; y al Ultimo de todos, como a un abortivo,
me apareció a mí (1 Corintios 1 5.1-8).
CREDO DE LOS CRISTIANOS PRIMITIVOS
Algo se puede decir con la más firme certeza: Los apóstoles
no sólo propagaron las enseñanzas de Cristo; fueron suma-
mente positivos en que Él se les había aparecido en la carne.
Aunque ahora estamos a dos mil años del suceso, también
podemos tener confianza absoluta en las apariciones de
Cristo después de su resurrección. Uno de los motivos prin-
cipales de tal confianza es que, dentro del pasaje citado arri-
ba (1 Corintios 15.3 -7), Pablo reitera un credo cristiano
que se remonta hasta las etapas de formación de la iglesia
primitiva.' Es increíble, pero los eruditos de todas las ten-
dencias concuerdan en que este credo se puede fechar entre
tres y ocho años después de la Crucifixión misma.
2
En su
obra de gran influencia titulada The Historical jesus: Ancient
EvidenceJor the Life rifChrist [El Jesús histórico: Evidencia an-
tigua de la vida de Cristo], el Dr. Gary Habermas enumera
una variedad de razones por las cuales los eruditos han llega-
do a esta conclusión.
45
EL TERCER DíA
Primero, Pablo emplea terminología judía técnica utili-
zada para transmitir tradición oral cuando usa verbos como
declarar y recibir. Los eruditos ven como evidencia que Pablo
está citando información que recibió de otra fuente. El emi-
nente erudito Joachim Jeremias, una destacada autoridad en
el tema, también señala frases no paulinas como por nuestros
pecados (v. 3), cargarme a las Escrituras (vv. 3,4), resucitó (v.
4), al tercer dia (v. 4), apareció (vv. 5,6,7,8), Y los doce (v. 5).
Segundo, «el credo está organizado en forma paralela estili-
zada» que refleja una tradición oral. y tercero, el hecho de
que Pablo usa la palabra aramea Cefas en vez de Pedro indica
una fuente semítica bastante anterior.
3
El erudito y filósofo de Oxford Dr. T erry Miethe está de
acuerdo: «La mayoría de los eruditos en Nuevo Testamento
señalan que una de las maneras en que sabemos que 1 Corin-
tios 15.3-7 es la declaración de un credo es que parece saca-
do de un arameo más primitivo, y también que está en
forma de cántico. Esto significa que las palabras eran en
griego estilizado y no paulino, lo cual indica que el credo era
anterior a Pablo, y que se usaba ampliamente; quizás incluso
se usaba y se recitaba en experiencias de adoración como
Apariciones de Cristo
una forma de adoración, cántico, himno o declaración de fe;
y era por consiguiente universalmente conocido».
4
Las enormes implicaciones de la antigüedad de este cre-
do no se pueden pasar por alto. Jeremías se refiere a él como
«"la más antigua de todas las tradiciones", y Ulrich Wilckens
dice que "indudablemente se remonta a la fase más antigua
de todas en la historia del cristianismo primitivo,,».5 El his-
toriador grecorromano clásico A.N. Sherwin-White argu-
menta que sería históricamente sin precedentes que la
leyenda se hubiese extendido con tanta rapidez. 6 Señala que
las fuentes usadas en la historia griega y romana no sólo eran
prejuiciadas, sino que se quitaban generaciones y hasta si-
glos de los acontecimientos que registraban. No obstante,
tales fuentes son las bases en las cuales los historiadores re-
construyen confiadamente los hechos históricos relaciona-
dos con la historia griega y romana.
7
El Dr. William Lane Craig señala que los escritos de He-
ródoto 8 nos dan una perspectiva de la velocidad con que se
desarrolla una leyenda ... Los datos demuestran que ni dos
generaciones son suficientes para adornar o suplantar una
serie específica de hechos históricos. El corto espacio de
tiempo entre la crucifixión de Cristo y la composición de
47
EL TERCER DÍA
este credo cristiano primitivo descarta la posibilidad de co-
rrupción legendaria. 9
Las leyendas se extraen del folklore, no de personas y lu-
gares que demuestran estar enraizadas en la historia. El eru-
dito del siglo diecinueve Julius Müller resalta esta verdad en
la elocuencia del idioma postisabelino:
Decididamente se requiere un intervalo de tiempo para
que la tradición popular transforme totalmente una histo-
ria, cuando la serie de leyendas se forman en e! mismo te-
rritorio donde los héroes vivieron y actuaron. Uno no se
puede imaginar cómo una serie de leyendas puede surgir
en una era histórica dada, obtener respeto universal, y su-
plantar el recuerdo histórico de! verdadero carácter y las
relaciones de sus héroes en la mente de la comunidad, si
todavía había testigos a quienes se podía preguntar sobre
la veracidad de las maravillas registradas. Por lo tanto, la
ficción legendaria, a la que no le agrada la clara época ac-
tual, sino que prefiere la misteriosa penumbra de la gris
antigüedad, suele buscar la lejanía de una era, junto con e!
espacio, y trasladar sus creaciones más atrevidas, extrañas
y maravillosas a una tierra desconocida y remota. 10
Apariciones de Cristo
Como lo observara Craig, Müller «desafió a los eruditos
de mediados del siglo diecinueve a mostrar cualquier parte
de la historia en que en un período de treinta años una gran
serie de leyendas se hubieran acumulado alrededor de un in-
dividuo histórico, y que esta serie de leyendas se hubiera lle-
gado a fijar firmemente como creencia popular. El descifío de
MüJler nunca ha sido satiifechoH." Es asombroso ver cómo el
cristianismo puede hablar de un credo que algunos de los
más grandes eruditos, teólogos, filósofos e historiadores
han remontado exactamente hasta entre tres y ocho años
después de la crucifixión de Cristo. EIOr. Gary Habermas
clarifica que no debemos «menoscabar la persuasiva eviden-
cia de que el credo es primitivo, que está libre de contami-
nación legendaria, que es específico e inequívoco, y que está
definitivamente enraizado en los relatos de testigos presen-
ciales».12
Los TESTIGOS PRESENCIALES
Pedro, Pablo y el resto de los apóstoles afirman que Cristo
apareció a centenares de personas que aun estaban vivas y
disponibles para volverlas a interrogar.
l3
Por ejemplo, Pa-
blo afirma que Cristo «apareció a más de quinientos herma-
49
EL TERCER DÍA
nos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya
duermen» (1 Corintios 15.6). Una cosa habría sido atribuir
estas experiencias sobrenaturales a personas que ya habían
muerto; otra muy distinta atribuirlas a multitudes que aun
estaban vivas.
Así lo señala el famoso erudito en Nuevo Testamento de
la Universidad de Cambridge, C.H. Dodd: «Muy difícil-
mente podría haber allí algún propósito en mencionar el he-
cho de que más de quinientas personas aun estaban vivas, a
menos que Pablo en realidad estuviera diciendo: "Los testi-
gos están ahí para que se les interrogue.,,»14 Craig dice: «Pa-
blo nunca pudo haber dicho esto si el suceso no hubiera
ocurrido; nunca hubiera desafiado a la gente a preguntar a
los testigos si el hecho no se hubiera efectuado y no hubiera
testigos. Pero es evidente que había testigos del aconteci-
miento, y Pablo sabía que ya desde entonces algunos habían
muerto. Por lo tanto, el suceso debió ocurrir».15
Supongamos que anuncio públicamente que jugué una
ronda privada de golf con Arnold Palmer en el Country
Club Bay Hill de Orlando. Durante la ronda ejecuté el golpe
más largo que Palmer había visto, que hago un hoyo en uno,
y que establezco un nuevo récord de recorrido. Mientras
50
Apariciones de Cristo
Palmer esté vivo, mi credibilidad se pudiera cuestionar. De
igual manera, la aseveración de Pablo relacionada con los
testigos presenciales de la resurrección de Cristo se pudo
haber refutado con facilidad si no hubieran sido cierta.
Además, nada puede explicar la transformación total de
Pablo en el camino a Damasco, a no ser la aparición de Cris-
to. Aunque Pablo respiraba «aún amenazas de muerte con-
tra los discípulos del Señor», Cristo se le apareció. «Repen-
tinamente le rodeó un resplandor del cielo; y cayendo en
tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?» (Hechos 9.1,3-4). En ese instante Pablo se
transformó de perseguidor de cristianos en ganador de pro-
sélitos para Cristo. Un día había presenciado con aproba-
ción cómo mataban a Esteban a pedradas; al otro estaba dis-
puesto a morir por el mismo testimonio cristiano.
Solamente la aparición de Cristo puede explicar eso.
Pablo renunció de modo increíble a su posición como
respetado líder judío, rabino y fariseo que había estudiado a
los pies del famoso maestro Gamaliel. Renunció a la misión
de acabar con todo vestigio de lo que consideraba la insidio-
sa herejía del cristianismo. En sus palabras, «perseguía so-
bremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba» (Gálatas 1.13).
SI
EL TERCER DÍA
Pero después de que se le apareciera el Cristo resucitado, se
comprometió con el evangelio como lo había estado con
Gamaliel. En su segunda carta a los cristianos de Corinto ex-
plica cómo cambió su posición de fariseo por pobreza, pri-
sión y persecución (ver 2 Corintios 11.23-28).
Pablo fue sin duda el hombre más radicalmente conver-
tido en la historia. Al final pagó el precio máximo por su fe:
el martirio. La inscripción de piedra bajo el altar en la Basíli-
ca de San Pablo en Roma reza simplemente: «A Pablo, após-
tol y mártir". 16 Únicamente la aparición física del Cristo
resucitado es explicación suficiente de tan radical transfor-
mación.
Por último, se debe observar que las apariciones de Cris-
to a Pablo y los quinientos no son incidentes aislados. Como
lo hiciera notar Craig, Pablo da una lista de apariciones de
Cristo en 1 Corintios 15.5 -7. 17 Entre ellas está su aparición
a Pedro, de la cual el mismo Pedro da fe (2 Pedro 1.16). El
doctor Lucas confirma aun más esta aparición, diciendo:
«Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a
Simón» (Lucas 24.34). Quizás la más certificada de todas las
apariciones de Cristo es la que hizo a los doce. Tanto Lucas
como Juan proveen independientes certificaciones de esta
Apariciones de Cristo
aparición; narran que Cristo comió con los doce y les mos-
tró sus heridas (ver Lucas 24.36-43; Juan 20.19-20). Por
tanto, Cristo no sólo demostró «que era el mismo jesús que
había sido crucificado», sino que dio evidencia de la «mate-
rialidad y continuidad del cuerpo de la Resurrección». 18
Sin duda la aparición más asombrosa que incluye Pablo
es la que Cristo hace a su medio hermano Santiago. Antes
de esta aparición, Jesús avergonzó a Santiago. Después es-
tuvo dispuesto a morir por Jesús. El historiador judío J ose-
fo lo informa así: «Santiago fue apedreado hasta la muerte
de modo ilegal por el sanedrín en algún momento después
del año 60 por su fe en Cristo». 19 Es inevitable que usted se
haga esta pregunta: ¿Qué se necesita para que una persona
muera gustosamente por creer que uno de los miembros
de su familia es Dios? En el caso de Santiago, la única expli-
cación razonable es que Jesús se le apareció vivo después
de haber muerto. 20 Craig dice: «Hasta el escéptico Hans
Grass reconoce que la conversión de Santiago es una de las
pruebas más seguras de la resurrección de Jesucristo». 21
MEDIDAS EXTREMAS
Puesto que la razón y la retórica no se pueden deshacer de la
53
EL TERCER DÍA
Resurrección, las medidas extremas usualmente son el or-
den del día. Incapaces de encontrar una explicación convin-
cente de las muchas apariciones físicas de Cristo, frecuente-
mente las críticas se reducen a explicarlas como simples
apariciones sicológicas. En consecuencia, se discute que los
devotos de Cristo bien podrían haber experimentado aluci-
naciones, hipnosis o hiperinfluenciabilidad.
HIPÓTESIS DE LAS ALUCINACIONES
La hipótesis de las alucinaciones se debe catalogar segura-
mente como uno de los intentos más extremOs por encon-
trar una explicación a las apariciones de Cristo después de la
Resurrección. Según esta hipótesis, los discípulos simple-
mente vieron cosas que querían ver como resultado de ex-
travagancias que iban desde el uso de drogas hasta las expec-
tativas. Las críticas a los argumentos de la Resurrección son
bastante sencillas: Si los devotos del cristianismo a través de
la historia han experimentado alucinaciones, hay razón para
pensar que los discípulos de Cristo también experimentaran
alucinaciones.
He aquÍ cómo el filósofo ateo Dr. Michael Martin narra
la historia: «A partir de la historia de la brujería sabemos que
54
Apariciones de Cristo
las personas que han creído ser hechizadas tuvieron alucina-
ciones que provocaron que quienes estuvieran a su alrede-
dor también tuvieran alucinaciones. Por ejemplo, Cotton
Mather narró la historia de Mercy Short, una sirvienta de
Boston, de diecisiete años de edad, a quien Sarah Good im-
precó en 1692 como ''bruja''. Creyéndose hechizada, Mercy
comenzó a mostrar varios síntomas, entre ellos alucinacio-
nes de grupos de fantasmas».22 Martin continúa señalando
otra ocasión en que Mercy tuvo una alucinación. Esta vez
vio fuego espectral. «Mather informó que "no vimos las lla-
mas, pero una vez el salón olió a azufre"». Por consiguiente,
según Martin:
Parece claro que en el contexto de la Nueva Inglaterra del
siglo diecisiete, donde brujas y demonios se daban por
sentado, la alucinación de alguien disparaba de algún
modo alucinaciones visuales, auditivas, táctiles y olfativas
en quienes lo rodeaban. Por supuesto, no está más allá del
reino de la posibilidad sicológica, como [Gary] Habermas
parece suponerlo, que en la Palestina del primer siglo, en-
tre las personas ingenuas que creyeron en la divinidad de
Jesús, la alucinación de un discípulo de Jesús pudo haber
55
EL TERCER DíA
disparado alucinaciones correspondientes en los demas.
El contexto, los antecedentes y el estado sicológico de los
discípulos no eran menos compatibles con esta clase de
alucinación colectiva que los de las de las personas en Sa-
lem o Boston hace casi trescientos años. 23
Las personas que, como Martin, usan la hipótesis de las
alucinaciones como una explicación posible a las apariciones
de Cristo después de la Resurrección lo más probables es
que presenten ejemplos de credulidad contemporáneos,
como una alucinación que ocurrió en una conferencia de
Rick J oyner, durante la cual los participantes entonaron una
canción «por más de tres horas». 24 Joyner dijo después: «De
algún modo se había tendido un puente en el abismo que hay
entre el cielo y la tierra». 25 Continuó informando que cuan-
do el canto terminó, algunos de los músicos estaban tirados
en el suelo. «Miré a Christine Potter y a Susy Wills, quienes
estaban danzando cerca del centro del escenario, y nunca he
visto tal mirada de terror en el rostro de alguien. En el esce-
nario parecía haber un calor intenso, como si un fuego nu-
clear ardiera de adentro hacia fuera. Christine comenzó a
halarse la ropa como si se estuviera quemando, y Susy se
Apariciones de Cristo
precipitó detrás de los tambores. Entonces una nube apare-
ció en el centro del escenario, visible a todos, y un olor fra-
f1
. d' 1 b· " 26
gante a ores mun o e am lente .
Aunque los críticos del cristianismo, como Michael
Martin, puedan señalar ejemplos como los citados, sus in-
tentos de echar a un lado las apariciones de Cristo después
de la Resurrección como meras alucinaciones no resisten
la dura y fría luz de los hechos. Antes que nada, totalmente
contrario a la afirmación de Michael Martin de que las alu-
cinaciones son comunes y contagiosas, estas son subjetivas
y escasas. Sin embargo, Cristo apareció a muchas personas
durante un tiempo extenso. El sicólogo Dr. Gary Collins
observó: «Las alucinaciones son unipersonales. Por su
misma naturaleza sólo una persona puede ver una alucina-
ción dada a la vez. Ciertamente no son algo que pueda ver
un grupo de individuos. Tampoco es posible que alguien
pueda inducir una alucinación en otra persona. Puesto que
una alucinación existe únicamente en este sentido perso-
nal y subjetivo, es obvio que otros no pueden ser testigos
de ella». 27
El Dr. Collins continúa aseverando que para probar que
los discípulos estaban alucinando al decir que eran testigos
57
EL TERCER DíA
de la resurrección de Cristo, «tendrían que irse contra mu-
cha de la actual información siquiátrica y sicológica acerca
de la naturaleza de las alucinaciones».28 Por lo tanto, el he-
cho incontrovertible de que Cristo apareciera a multitudes
en múltiples ocasiones plantea un enigma enorme para los
teóricos de la alucinación.
Además, las alucinaciones se relegan típicamente a indi-
viduos con ciertos desórdenes de personalidad, se estimulan
con las expectativas y no cesan súbitamente. Sin embargo,
Cristo apareció a toda clase de personalidades sin expectati-
vas, y luego cesaron las apariciones. El Dr. Habermas seña-
la:
Las alucinaciones no explican de modo convincente las
apariciones [de Cristo] .... Los discípulos estaban teme-
rosos, dubitativos y desesperados después de la Crucifi-
xi6n. La gente que tiene alucinaciones necesita una mente
fértil llena de expectativas o esperanzas. Pedro era testa-
rudo, sí que lo era; Santiago era un escéptico ... segura-
mente no un buen candidato para tener alucinaciones.
Además, las alucinaciones son relativamente raras. Por lo
general las causan las drogas o las privaciones corporales.
58
Apariciones de Cristo
Lo más probable es que usted no conozca a nadie que haya
tenido alucinaciones que no hayan sido provocadas por
una de estas dos causas. Sin embargo, quieren que creea-
mos que en el transcurso de varias semanas, personas de
todo tipo de antecedentes, de toda clase de temperamen-
to, en varios lugares, tuvieron alucinaciones. Eso es llevar
a extremos la hip6tesis, ¿no es cierto? Es más, si establece-
mos que los relatos del evangelio son confiables, ¿c6mo se
explica que los discípulos comieran con Jesús y lo tocaran?
¿C6mo camin6 Jesús junto a dos de ellos en el camino a
Emaús? ¿Y qué de la tumba vacía? Si las personas simple-
mente pensaron que vieron a Jesús, su cuerpo aun estaba
en su tumba. 29
Se debe señalar algo más: Las alucinaciones en sí no ha-
brían llevado a los discípulos a creer en la Resurrección.
Craig explica que las alucinaciones, «como proyecciones
de la mente, no pueden contener nada nuevo. Por consi-
guiente, dadas las creencias judías en boga acerca de la vida
después de la muerte, los discípulos habrían proyectado
alucinaciones de Jesús en el cielo o en el seno de Abraham,
donde se creía que las almas de los justos muertos perma-
59
EL TERCER DíA
necían hasta la resurrección. Y tales visiones no habrían
llevado a creer en la resurrección de Jesús». lO Craig dice
que la conclusión inevitable es que las alucinaciones po-
drían haber llevado a los discípulos a creer que Jesús había
sido trasladado, y no que había resucitado de entre los muer-
tos:
Traslación es cuando el cuerpo de alguien es llevado al cie-
lo. Resurrección es que se levante una persona muerta en
el universo de espacio y tiempo. Por tanto, dadas las
creencias judías sobre la traslación y la resurrección, los
discípulos no hubieran predicado que Jesús había resucita-
do de los muertos. A lo sumo, la tumba vacía y las alucina-
ciones referentes a Jesús sólo habrían ocasionado que
creyeran en la traslación de Jesús, porque esto calzaba en
la mentalidad judía. No habrían presentado la idea de que
Jesús había resucitado de los muertos, porque eso contra-
decía la creencia judía."
HIPÓTESIS DE LA HIPNOSIS
Otra medida extrema empleada por críticos de la
Resurrección es la hipótesis de la hipnosis. l2 Es la noción de
60
Apariciones de Cristo
que los discípulos estaban en alguna clase de estado de con-
ciencia alterado como resultado de la falta de sueño o la de-
sesperación agobiante debido a la pérdida de su Maestro. El
Dr. Charles Tart, reconocido por acuñar la frase estados alte-
rados de la conciencia, explicó que durante una hipnosis pro-
funda una persona pasa a un nuevo estado de conciencia, lo
cual hace que pierda el contacto con la realidad." Como se
ha documentado muy bien en estudios del mundo de lo
oculto, los peligrosos efectos de la hipnosis pueden incluir
depresión, impasibilidad, despersonalización, desilusión y
muchos otros desórdenes igualmente graves.
34
El investigador de la hipnosis Robert W. Marks señala que
«las multitudes son más fácilmente influenciadas que las perso-
nas tomadas individualmente. A este hecho le han sacado pro-
vecho los hipnotizadores, así como evangelistas, oradores
políticos y dictadores».'5 Dice Marks: «El efecto de la sugestión
sobre las multitudes parece prácticamente ilimitado. Puede ha-
cer que algo negro parezca blanco. Puede oscurecer realidades,
consagrar absurdos e impeler sin misericordia a los hombres a
partir el cráneo de sus hermanos». l6 Marks también observa
que una vez que la sugestión epidémica contamina un movi-
miento, los seres humanos pueden «comportarse como bes-
61
EL TERCER DíA
tias o idiotas y sentirse orgullosos». J7 N adie «es inmune a la
fuerza de la sugestión masiva. Una vez que una epidemia de
histeria está en toda su fuerza, golpea por igual a intelectua-
les y tontos, ricos y pobres. Sus fuentes son subconscientes y
biológicas, no racionales».l8 Bajo hipnosis masiva, los parti-
darios de un movimiento pueden volverse muy susceptibles
a sugestiones espontáneas. El investigador Charles Bau-
douin escribe: «Una condición de relajación mental se im-
pone sobre los participantes. En seguida surge un estado
emocional por aproximación a lo misterioso. Después exis-
d
' bl ,,39
te una esperanza de que suce eran cosas nota es.
Un caso clásico de señalar se encuentra en la historia de
un muchacho del Bronx llamado Joseph Vitolo.
40
En su li-
bro The Story cifHipnosis [Historia de la hipnosis], Marks na-
rra que en 1945 José, de nueve años de edad, estaba
arrodillado en una peña que había en un lote desocupado
cuando vio una visión de la virgen María. María prometió a
José que le aparecería en noches sucesivas, y que la noche
de su última aparición surgiría de la tierra una fuente mila-
grosa.
Después del anuncio, multitudes llegaban hasta el sitio
de la presunta visión. Una noche veinticinco mil personas
Apariciones de Cristo
invadieron el sitio con flores, velas y estatuas de santos. Se
supuso automáticamente que José tenía una unción espe-
cial. Por tanto, le llevaron docenas de discapacitados para
que les impusiera manos.
Aunque José no pudo lograr nada fuera de lo común, las
expectativas de la multitud eran tales que comenzaron a
crear sus propios «milagros». En una de las noches empezó a
caer una suave llovizna, y una mujer gritó: «Está lloviendo;
sin embargo, José no se moja". A pesar del hecho de que los
periodistas que estaban cerca de José vieron que él se empa-
pó como todos los demás, las expectativas de lo milagroso
crearon la ilusión. Otra mujer aseguró ver una aparición en
blanco materializarse detrás de José. En realidad la apari-
ción no era más que otra mujer cubierta con un impermea-
ble blanco.
Marks señala que las expectativas de la multitud eran ta-
les que «si se hubiera dejado a la imaginación y al contagio
hacer su trabajo de alucinación, la multitud habría creado su
propio milagro. Es muy probable además que José hubiera
producido algunas "sanidades" y "visiones" verdaderas si los
efectos hipnóticos de la situación hubieran progresado lo
suficiente»." Las expectativas de la multitud se aumentaron
EL TERCER DÍA
a tal punto que, como dice Marks, «no hubieran sido más
capaces de resistir la sugestión hipnótica que el perro de
Pavlov ante un estímulo para salivar»:2
Los escépticos sugieren en cuanto a la Resurrección
que esto muy bien pudo haber sucedido a los seguidores de
Cristo. En un estado hipnótico sugestionable, los discÍpu-
los vieron lo que querían ver: ¡la aparición de Jesús en la
carne! Esta idea, sin embargo, es forzada: no hay una pizca
de evidencia que la sustente. Aunque es cierto que ha
habido líderes espirituales, oradores públicos y dictadores
que han sacado ventaja de dinámicas de multitudes para
engañar a las masas, no hay base para suponer que esto
ocurrió a los discípulos. Algunos antisobrenaturalistas han
sostenido dogmáticamente la hipótesis de la hipnosis, pero
ninguno ha presentado un argumento defendible que la
sustente. Como se ha demostrado de modo concluyente,
los discípulos no sólo proliferaron las enseñanzas de Cris-
to, sino que estaban absolutamente ciertos de que Él había
resucitado.
Además, no hay garantía de que los discípulos tuvieran la
práctica de entrar en estados alterados de conciencia. Inclu-
so una lectura rápida de sus escritos demuestra que tenían
Apariciones de Cristo
un buen concepto de la mente. Lejos de querer opacar el
proceso de pensamiento crítico, se exhortaban unos a otros
a estar alerta y a ser sobrios de mente (véase 1 Tesalonicen-
ses 5.6; 1 Pedro 5.8). Si hay duda de que los discípulos fue-
ran dados a la razón, una lectura del libro de Romanos
eliminará para siempre esa duda.
Algunos gurús hindúes como Baghwan Shree Rajneesh
creen que «la meta es crear un hombre nuevo, alguien que
sea felizmente insensato». 43 Por lo tanto, comprometía a sus
discípulos en prácticas diseñadas para subyugar sus faculta-
des de pensamiento crítico y vaciar la mente de pensamien-
tos coherentes. En agudo contraste, la tradición judeocris-
tiana tiene un elevado concepto de la mente. En el Antiguo
Testamento, a los israelitas se les instruía a practicar el buen
juicio mediante la práctica de preguntar, sondear e investi-
gar a fondo cualquier enseñanza y práctica (ver Deuterono-
mio 13). Asímismo, en el Nuevo Testamento, el apóstol Pa-
blo exhorta a los tesalonicenses: «Examinadlo todo» (1
Tesalonicenses 5.21) Y elogia a los de Berea por utilizar la
mente para analizar sus enseñanzas a la luz de un marco de
referencia objetivo: Las Escrituras (Hechos 17. 11). El
Maestro mismo ordenó a sus discípulos juzgar con justo jui-
65
EL TERCER DíA
cio Uuan 7.24) Y a amar a Dios de todo corazón, alma y
mente (Mateo 22.37). Es más, aunque con frecuencia se
saca provecho del hipnotismo en el cristianismo aberrante y
en el reino de las sectas, es completamente extraño al reino
de Cristo.
Por último, como lo resaltara el teólogo e historiador
Carl Braaten, «hasta los historiadores más escépticos con-
cuerdan en que para el cristianismo primitivo ... la resu-
rrección de Jesús de entre los muertos era un
acontecimiento verídico en la historia, el fundamento mis-
mo de la fe, y no una idea mítica surgida de la imaginación
creativa de los creyentes». 44 Es un hecho que a Jesús lo ator-
mentaron mortalmente, que lo enterraron, que su tumba
quedó de veras vacía tres días después, y que sus apariciones
después de la Resurrección eran una realidad material tan
cierta que los discípulos estuvieron dispuestos a morir por
ella.
HIPÓTESIS DE HIPERINFLUENCIABILIDAD
Deberíamos considerar una última medida extrema antes
de continuar; a saber, la hipótesis de la hiperinfluenciabili-
dad. Esta es la idea básica de que los discípulos eran muy
66
Apariciones de Cristo
sugestionables por naturaleza y, por tanto, susceptibles a
crear apariciones de Cristo después de la Resurrección,
para luego creerlas. Se sugiere que bajo la influencia de un
gurú oriental como Jesús, los devotos son aptos para hacer
a un lado su capacidad de pensar de modo racional y
ejercitar la voluntad. Por consiguiente, se volvían hiperin-
fluenciables, «lo cual significa que son propensos a aceptar
cualquier "verdad espiritual" que entre a sus mentes. Más
sorprendente aun, parecían estar muy preparados para las
experiencias místicas y podían dar gran significado espiri-
tual a casi cualquier suceso o pensamiento, sin importar
cuán mundano o descabellado pueda ser este».4S
A tal propensión a fantasear se le llama típicamente «sín-
drome de grado cinco». 46 Aunque las personalidades de gra-
do cinco muy bien pueden ser intuitivas e inteligentes,
también tienen imaginaciones vívidas y visuales. Por tanto,
son muy susceptibles al poder de la sugestión. En primer lu-
gar, son muy confiadas. Segundo, desean agradar (particu-
larmente a una figura de autoridad, como Jesús). Tercero,
tienen la capacidad de aceptar experiencias contradictorias.
Cuarto, tienen marcada propensión a relacionarse con suce-
EL TERCER DÍA
sos nuevos o extraordinarios. Quinto, son aptas para rela-
cionar todo con su percepción propia.
47
Este complejo de características hace que las personali-
dades de grado cinco sean muy susceptibles a fantasías espi-
rituales, «experiencias síquicas y fuera del cuerpo, y a la
dificultad ocasional de diferenciar las personas y los aconte-
cimientos fantaseados de los no fantaseados». 48 Se ha razona-
do que si uno de doce estadounidenses es susceptible a tal
propensión a fantasear, 49 tal vez no sea irrazonable creer que
un grupo de doce discípulos también pudieran caer en esta
categoría.
Para responder a la idea de que los discípulos eran sim-
plemente hiperinflueciables, y que por tanto aceptaron sin
chistar las apariciones de Cristo después de la Resurrección,
el doctor Lucas viene a colación: «Puesto que ya muchos
han tratado de poner en orden la historia de las cosas que en-
tre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron
los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron
ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, des-
pués de haber investigado con diligencia todas las cosas des-
de su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo
68
Apariciones de Cristo
Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las
cuales has sido instruido» (Lucas 1. 1-4).
Una lectura rápida del evangelio de Lucas o de Hechos
es suficiente para demostrar que él era cualquier cosa me-
nos «grado cinco». Lejos de ser hiperinfluenciable, el
doctor Lucas estaba comprometido con la historia. Por
consiguiente, «investigó con sumo cuidado» los detalles
que rodearon las apariciones de Cristo después de la Re-
surrección. En una discusión con el ateo y filósofo Dr.
Antony Flew, el Dr. Habermas rebatió la opinión de que
los discípulos no eran más que visionarios hiperinfluen-
ciables. Abriendo camino por entre la retórica de Flew
con rigurosa razón, el Dr. Habermas demostró por qué
un predominante número de «historiadores, filósofos,
teólogos y eruditos bíblicos críticos» han aceptado uni-
versalmente la siguiente serie central de hechos:
La evidencia clave de la resurrección de Jesús es (1) la ex-
periencia de los discípulos como testigos presenciales, las
cuales creían que eran apariciones literales del Jesús resu-
citado; las teorías naturalistas no han explicado estas ex-
periencias, y los hechos adicionales corroboran el
69
EL TERCER DÍA
testimonio de aquellos testigos presenciales. Otra eviden-
cia positiva incluye (2) la temprana proclamación de la
Resurrección que hicieron estos testigos presenciales, (3)
su transformación en testigos valientes dispuestos a morir
por sus convicciones, (4) la tumba vacía, y (5) el hecho de
que la resurrección de Jesús era central en el mensaje
apostólico, todo lo cual requiere explicaciones adecuadas.
También se sabe que los discípulos proclamaron este
mensaje en Jerusalén mismo, y lo hicieron en repetidas
confrontaciones con las autoridades, (6) los líderes judíos
no podían refutar su mensaje, aun cuando tenían el poder
y la motivación para hacerlo. Además, (7) la misma exis-
tencia de la iglesia, fundada por judíos monoteístas y res-
petuosos de la ley que, sin embargo, (8) adoraban en día
domingo, también exige causas históricas.
Dos firmes hechos adicionales que abogan por la histori-
cidad de la Resurrección son que dos escépticos, (9) Santia-
go y (10) Pablo, se convirtieron en cristianos después de
tener experiencias que también creyeron que eran aparicio-
nes del Jesús resucitado. 50
Nadie recapituló mejor el consenso de eruditos liberales
Apariciones de Cristo
y conservadores que el profesor Norman Perrin, finado
erudito en Nuevo Testamento de la Universidad de Chica-
go: ((Mientras más estudiamos la tradición relacionada con las
apariciones, másfirme se deja ver la roca sobre la cual se basan". 51
En este punto, no debería haber duda de que Cristo su-
frió un tormento mortal, de que la tumba vacía es una reali-
dad objetiva ni de que las apariciones de Cristo después de la
Resurrección no se pueden desechar como leyendas o ex-
tremismos. Por consiguiente, ahora seguimos hacia la pala-
bra trangormación. Allí resaltaremos el hecho de que, lejos
de ser propensos a la fantasía, los discípulos que encontra-
ron al Cristo vivo y resucitado fueron audaces proselitistas
que transformaron el mundo.
CINCO
T rangormación
Cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pér-
dida por amor de Cristo [Filipenses 3.7].
Lo QUE PASÓ COMO resultado de la Resurrección no tiene
precedentes en la historia humana. Al parecer, una pequeña
banda de insignificantes creyentes tuvo éxito en echar abajo,
en unos cuantos centenares de años, todo un imperio.
Como bien se ha dicho, «enfrentaron el acero blandido del
tirano, la melena ensangrentada del león y los incendios de
mil muertes»! porque estaban totalmente convencidos de
que, como su Maestro, ellos resucitarían algún día de la
tumba en cuerpos glorificados y resucitados.
Aunque es imaginable que los discípulos enfrentaran tor-
tura, vilipendio y hasta muerte cruel por lo que creían fer-
vientemente cierto, es inconcebible que hubieran estado
dispuestos a morir por una mentira de la que estuvieran cons-
Traniformación
cientes. Nadie hace comprender ese punto con más elocuen-
cia que el Dr. Simon Greenleaf, famoso profesor de leyes en
Harvard. Greenleaf fue indudablemente una de las más gran-
des autoridades estadounidenses en evidencia de ley común
en el siglo diecinueve. A su obra titulada A Treatise on tbe Law
if Evidence [Un tratado sobre la ley de la evidencia] aún se le
considera una de las obras más importantes sobre evidencia
legal que existen. En 1846 escribió en Tbe Testimony if tbe
Evangelists [El testimonio de los evangelistas]:
Las grandes verdades que los apóstoles declararon fueron
que Cristo había resucitado de los muertos, y que los
hombres sólo podían esperar salvación por medio del
arrepentimiento del pecado y fe en Él. Afirmaron esta
doctrina a una voz, en todas partes, no sólo bajo los más
grandes desánimos sino frente a los terrores más atroces
que el hombre puede imaginar.
Su Maestro había muerto recientemente como un
malhechor, sentenciado en un tribunal público. Su reli-
gión buscaba destronar las religiones de todo el mundo.
Las leyes de cada nación estaban contra las enseñanzas de
73
EL TERCER DíA
sus discípulos. Los intereses y pasiones de todos los gober-
nantes y grandes hombres en el mundo estaban contra
ellos. Las costumbres del mundo también estaban en su
contra.
Al propagar esta nueva fe, aun del modo más pacífico
e inofensivo, los discípulos no podían esperar nada más
que desprecio, oposición, injurias, persecuciones a muer-
te, azotes, encarcelamientos, tormentos y muerte cruel.
Sin embargo, propagaron esta fe con celo; y soportaron
firmes todas esas miserias hasta con júbilo.
Mientras uno tras otro recibía una muerte espantosa,
los sobrevivientes seguían llevando a cabo la obra con ma-
yor vigor y determinación. Los anales de las guerras mili-
tares escasamente dan un ejemplo similar de constancia,
paciencia y valor verdadero. Tuvieron todo motivo para
analizar con sumo cuidado las razones de su fe, y las evi-
dencias de los grandes hechos y verdades que afirmaron; y
esos motivos apremiaron su atención con la frecuencia
más aterradora y triste. Por tanto, era imposible que hu-
bieran persistido en afirmar las verdades que habían narra-
74
*
Traniformación
do si Jesús en realidad no hubiera resucitado de entre los
muertos, y si no hubieran estado tan seguros de este hecho
como de cualquier otro hecho.'
Si hubiera sido moralmente posible engañar a los dis-
cípulos en este asunto, todo motivo humano los habría lle-
vado a descubrir y confesar su error. Haber persistido
ellos en tan flagrante falsedad, después de estar conscien-
tes de ella, no sólo significaba enfrentar de por vida todos
los males que el hombre podría infligirles, sino también
soportar las punzadas de culpa interna y consciente; sin
ninguna esperanza de paz futura, ninguna expectativa de
honra o estima entre los hombres, y ninguna esperanza de
felicidad en esta vida ni en el mundo venidero.
Tal conducta en los apóstoles habría sido totalmente
incompatible con el hecho de que poseían la esencia ordi-
naria de nuestra naturaleza común. Sin embargo, sus vidas
El Testimonio de los evangelistas contiene esta observación: «Si se supo-
ne que se influyó en los testigos presenciales, esto en realidad no des-
truiría sus testimonios; sólo restaría valor del peso de su juicio en
asuntos de opinión.»
75
EL TERCER DíA
sí muestran que eran hombres como los demás de nuestra
especie; influidos por los mismos motivos, animados por
las mismas esperanzas, afectados por las mismas alegrías,
dominados por las mismas tristezas, agitados por los mis-
mos temores, y sujetos a las mismas pasiones, tentaciones
y enfermedades que nosotros. Además, sus escritos mues-
tran que eran hombres de vigoroso entendimiento.
Entonces, de no ser cierto su testimonio, no habría moti-
vo posible para esta mentira.
2
Los DOCE
Como Greenleaf comunica con autoridad, los doce 3 fueron
transformados totalmente por la Resurrección.
Pedro, quien en cierta ocasión tuvo miedo de que una
joven lo pusiera en evidencia como seguidor de Cristo, des-
pués de la Resurrección fue transformado en un león de la
fe, y murió como mártir.
4
Según la tradición, pidió que lo
crucificaran boca abajo porque no se sentía digno de ser cru-
cificado del mismo modo que su Señor. 5
Santiago, el medio hermano de jesús, quien una vez de-
testó todo aquello con lo que su hermano solía identificarse,
Traniformación
después de la Resurrección se llamó a sí mismo «siervo ...
del Señor jesucristo» (Santiago 1.1). No sólo se convirtió en
líder de la iglesia en jerusalén, sino que aproximadamente
en el año 62 d.C. sufrió el martirio por su fe.
6
Eusebio de Cesarea describe el modo en que lanzaron a
Santiago desde la cúspide del Templo y a continuación lo
7
apedrearon.
El apóstol Pablo fue transformado de igual manera. El
otrora perseguidor inclemente de la creciente iglesia se con-
virtió en el mayor ganador de prosélitos entre los gentiles.
Su carta a los filipenses resalta esta transformación radical:
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia las he estimado
como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun es-
timo todas las cosas como pérdida por la excelencia del
conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del
cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar
a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justi-
cia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la
justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el po-
der de su Resurrección, y la participación de sus padeci-
mientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en
77
EL TERCER DÍA
alguna manera llegase a la resurrección de entre los muer-
tos (Filipenses 3.7-11).
Pedro, Santiago y Pablo no estaban solos. Como lo seña-
la el filósofo cristiano J.P. Moreland, a las pocas semanas de
la Resurrección, no sólo un judío sino toda una comunidad
de por lo menos diez mil de ellos estaban dispuestos a re-
nunciar a las mismas tradiciones sociológicas y teológicas
que les habían dado su identidad nacional. 8
LAS TRADICIONES
Entre las tradiciones que quedaron transformadas después
de la Resurrección estaban el sábado, los sacrificios y los sa-
cramentos. En Génesis, el sábado era una celebración de la
obra de Dios en la Creación (Génesis 2.2-3; Éxodo 20.11).
Después del Éxodo, el día de reposo se amplió hasta ser una
celebración de la libertad de la opresión egipcia que Dios
diera a los israelitas (Deuteronomio 5.15). El sábado cam-
bió de nuevo como resultado de la Resurrección. Se convir-
tió en una celebración del «descanso» que tenemos por
medio de Cristo, quien nos liberó del pecado y de la tumba
(ver Colosenses 2. 16-17; Hebreos 4. 1-11). En recuerdo de

la Resurrección, la iglesia primitiva cristiana cambió el día
de adoración del sábado al domingo. El Señor dio a la iglesia
primitiva un nuevo patrón de adoración a través de la resu-
rrección de Cristo el primer día de la semana, sus subsi-
guientes apariciones en domingo, y la llegada en domingo
del Espíritu Santo. 9 La trampa más peligrosa para la naciente
iglesia cristiana era dejar de reconocer que Jesús era el fun-
damento que satisfacía el símbolo del sábado.
Para los creyentes judíos, el sistema expiatorio también
fue transformado de modo radical por la resurrección de
Cristo. Desde la época de Abraham les habían enseñado que
debían sacrificar animales como símbolo de expiación por el
pecado. Sin embargo, los seguidores de Cristo dejaron re-
pentinamente los sacrificios después de la Resurrección.
Reconocían que el nuevo pacto era mejor que el antiguo,
porque la sangre de Jesucristo era mejor que la sangre de
animales (Hebreos 8-10). Finalmente comprendieron
que Jesús era el fundamento que satisfacía el símbolo de los
sacrificios de animales. Él era «el Cordero [expiatorio] de
Dios que quita el pecado del mundo» Juan 1.29).
Igual que el sábado y el sistema expiatorio, los «sacramen-
tos» judíos de la Pascua y el bautismo también fueron trans-
79
EL TERCER DíA
formados. En lugar de la cena pascual, los creyentes celebra-
ban la Cena del Señor. Moreland señala que Jesús había sido
asesinado de forma grotesca y humillante; sin embargo, los
discípulos recordaban con gozo el cuerpo destrozado y el de-
rramamiento de la sangre de Cristo. ¡Solamente la Resurrec-
ción puede explicar eso! Imagine a seguidores de John F.
Kennedy reuniéndose para celebrar su asesinato a manos de
Lee Harvey Oswald. Muy bien podrían celebrar los enfrenta-
mientos de Kennedy con el comunismo, las contribuciones
que hizo a los derechos civiles o el cautivador carisma que po-
, 1 b' b 1 . lO
sela, pero nunca ce e ranan su ruta asesmato.
De igual forma, el bautismo se transformó radicalmen-
te. Los gentiles convertidos al judaísmo eran bautizados en
el nombre del Dios de Israel. 11 Después de la Resurrección,
los convertidos al cristianismo también eran bautizados en
el nombre de Jesucristo (ver Hechos 2.36_41).12 Por lo tan-
to, los cristianos equiparaban a Jesús con el Dios de Israel.
Solamente la Resurrección pudo explicar eso.
ll
Hoy DÍA
Cada día, en el nombre del Cristo resucitado, se bautiza
gente de toda lengua, tribu y nación. Hace algunos años,
80
Traniformación
ante el jardín de la tumba en Jerusalén, encontré un turista
que no tenía idea del significado de la Resurrección. Le ex-
pliqué que Cristo se encamó en un cuerpo humano para res-
taurar la relación con Dios rota por nuestro pecado, que
Cristo llevó una vida perfecta que nunca podríamos vivir, y
que Él murió por nuestros pecados, fue enterrado y al ter-
cer día se levantó de entre los muertos. Continué explicán-
dole que esto no era simple fantasía sino un hecho muy bien
atestiguado de la historia antigua. Después de explicarle la
realidad de la Resurrección, este joven dio el paso definitivo
y experimentó en persona al Cristo resucitado. Recono-
ciendo que era pecador, se arrepintió de sus pecados y reci-
bió a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida.
Hoy día este joven no sólo conoce a Cristo de modo ma-
nifiesto sino que también lo conoce de modo experimental.
Cristo se ha vuelto más verdadero para él que la misma car-
ne que cubre sus huesos.
81
SEIS
La resurrección de los creyentes
Para los materialistas modernos, la muerte es la cesación del ser. Se-
gún la opinión mítica de los antiguos, cuando morimos entramos en
una sombra fantasmal de nuestro yo presente. Qyienes creen en la
reencarnación qftrman que nuestras almas rearesan siempre vestidas
con otros cuerpos. Los seguidores de Platón sostienen que el cuerpo es
una prisión; al morir, el prisionero escapa como un simple espíritu
individual. Los hindúes creen que el cuerpo es solamente una ilu-
sión, y que 10 único que sobrevive alfinal es una conciencia cósmica
impersonal. Sólo en una visión bíblica del mundo, después de la
muerte llegamos a ser más grandiosos de lo quefuimos antes. Sólo en
el cristianismo nuestros humildes cuerpos son traniformados en
cuerpos gloriosos y resucitados, como el de Cristo resucitado. 1
DE TODO LO QUE se puede decir de nuestro cuerpo glorifi-
cado, lo más importante es lo siguiente: ¡Nuestro humilde
cuerpo será transformado a semejanza del «cuerpo de la glo-
ria» de Jesús (Filipenses 3.21)!
82.
La resurrección de los creyentes
EL SALVADOR
Como el cuerpo del Salvador, nuestro cuerpo resucitado será
de verdad, fisico, de carne y hueso, perfectamente diseñado
para «un cielo nuevo y una tierra nueva» (Apocalipsis 21 .1).
Como lo resaltara el Dr. N orman Geisler, «un cuerpo resuci-
tado se puede ver a simple vista. Si se le tomara una foto, la
imagen aparecería en la película. Anselm afirmó que el cuer-
po resucitado es tan material como el de Adán, y así habría
permanecido si Adán no hubiera pecado. El de Cristo era tan
físico que si lo hubieran visto levantarse de la tumba, ¡hubie-
ran visto caer polvo de la losa de donde se levantó!»2
Además, es importante observar que la resurrección de
Cristo fue un acontecimiento histórico que tuvo lugar en
nuestro continuo espacio-tiempo. Asimismo, nuestra resu-
rrección será un hecho histórico que se realizará cuando
Cristo regrese físicamente y en un microsegundo transfor-
me nuestro cuerpo mortal. En palabras de Pablo, «todos se-
remos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar
de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y
los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros se-
remos transformados» (l Corintios 15.51-52).
Finalmente, se debe resaltar que existe correspondencia in-
EL TERCER DíA
dividualizada entre el cuerpo de Cristo que murió y el que re-
sucitó. Jesús dijo: «Destruid este templo, y en tres días 10
levantaré» (Juan 2.19, énfasis añadido). El apóstol Juan clarifi-
ca que «Él hablaba del templo de su cuerpo» (v. 21). Geisler
dice: «Siempre ha sido parte de la creencia ortodoxa reconocer
que Jesús resucitó inmortal en el mismo cuerpo físico en que mu-
rió. Es decir, su cuerpo resucitado era numéricamente el mismo que
antes de la ResurreccióD)).l De igual modo, nuestro cuerpo resuci-
tado será numéricamente idéntico al que tenemos ahora. En
otras palabras, nuestro cuerpo resucitado no será un segundo
cuerpo; más bien, será nuestro cuerpo actual transformado.
SEMILLA
La resurrección de los creyentes
la planta en que se ha de convertir, nuestro cuerpo mortal
será transformado en el cuerpo inmortal que seremos. Joni
Eareckson Tada lo pinta con palabras fascinantes:
¿Ha visto alguna vez en la televisión uno de esos progra-
mas especiales sobre la naturaleza? ¿De esos en que ponen
la cámara contra un vidrio para mostrar un frijol blanco
seco y viejo en la tierra? En fotografías con tomas a inter-
valos prefijados, uno ve al frijol secarse, volverse café y
morir. Entonces, de modo milagroso, la cáscara muerta
de aquel pequeño frijol se abre, y brota un pedacito de
raíz. El viejo frijol es empujado contra la tierra a medida
que crece la pequeña planta verde. La planta de frijol blan-
co nace a la vida porque el viejo frijol murió.
Ni siquiera un doctor en botánica puede explicar cómo
surge vida de la muerte, aun en algo tan sencillo como una
semilla. Sin embargo, una cosa es segura: lo que surge es
una planta de frijol blanco; no una planta de rosas ni de ba-
nanos. No hay forma de que aparezca algo distinto de lo que
es. Tiene una identidad absoluta. De forma concluyente,
daro como el día, es una planta de frijol blanco. Quizás sal-
ga de la tierra distinta a cuando entró, pero es ella misma.
85
EL TERCER DíA
Así sucede con un cuerpo resucitado. Tendremos una iden-
tificación absoluta con el cuerpo nuestro que murió:
Se puede deducir mucho de la analogía de Pablo sobre la
semilla. Primero, vemos que el diseño de nuestro cuerpo
glorificado está en el cuerpo que ahora tenemos. s Aunque la
ortodoxia no dictamina que todas las células de nuestro
cuerpo actual serán restauradas en la resurrección, sí se re-
quiere continuidad entre nuestros cuerpos terrenales y ce-
lestiales: Así como hay continuidad entre nuestros cuerpos
actuales y los que teníamos al nacer (aunque se han reempla-
zado todas las partículas sub atómicas y la mayor parte de
nuestras células), también habrá continuidad de muerte a
resurrección, a pesar de que no se restaurará toda partícula
en nuestro cuerpo. Es más, sin continuidad no hay sentido
ni siquiera en usar la palabra resurrección.
Además, aunque el diseño de nuestro cuerpo glorificado
está en el cuerpo que ahora poseemos, este diseño no es nada
en comparación con el edificio que será: «una casa no hecha de
manos, eterna, en los cielos» (2 Corintios 5.1). Sería imposible
para una oruga común imaginarse que se ha de convertir en una
hennosa mariposa que se eleva contra el azul del cielo. Asimis-
86
La resurrección de los creyentes
mo, es imposible para los seres humanos comprender por
completo de qué seremos capaces en la resurrección.
Finalmente, es importante observar que cada semilla se
reproduce en su propia clase. El AON de un feto no es el de
una rana, yel AON de una rana no es el de un pez. Más bien,
el AON de un feto, una rana o un pez está exclusivamente
programado para reproducirse en su propia especie (ver
Génesis 1; 1 Corintios 15.39-44).
CUERPO ESPIRITUAL
Pablo no sólo desea hacemos saber que nuestro cuerpo será
transfonnado como el cuerpo glorificado del Salvador, y
que la semilla de lo que seremos está en el cuerpo que ahora
tenemos; también quiere hacernos saber que nuestro cuer-
po natural resucitará como cuerpo espiritual. Algunos ma-
linterpretan esto, y creen que después de la resurrección
tendremos cuerpos etéreos e inmateriales. Pero, como ya
documentamos antes, nada puede estar más lejos de la ver-
dad. La resurrección de Cristo fue demostrablemente física.
Jesús invitó a los discípulos a examinar su cuerpo resucita-
do. A Tomás le dijo: «Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y
acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédu-
EL TERCER DÍA
lo, sino creyente» (Juan 20.27). Los discípulos dieron a Je-
sús «parte de un pez asado, y un panal de miel. Y Éllo tomó,
y comió delante de ellos» (Lucas 24.42-43). Además, Jesús
les dijo abiertamente que su cuerpo estaba compuesto de
«carne y hueso». Les dijo: «Mirad mis manos y mis pies, que
yo mismo soy; palpad, y ved; porque un espíritu no tiene
carne ni huesos, como veis que yo tengo» (v. 39).
El Dr. Geisler señala que cuando Pablo se refirió al «hom-
bre espiritual» (1 Corintios 2.15), no sugería «hombre inma-
teriab, sino que describió a un ser humano cuya vida estaba
7
dirigida de modo sobrenatural por el poder de Dios. En con-
secuencia, el término <<hombre natural» no significa <<hombre
fisico», sino uno dominado por su naturaleza pecaminosa. De
igual modo, <<hombre espiritual» no significa <<hombre no fisi-
ca», sino más bien un hombre dominado por el poder sobre-
natural del Espíritu. Pablo describe el cuerpo resucitado
como un «cuerpo espiritual» en el mismo sentido que descri-
bimos la Biblia como un «libro espiritual». 8 Si «cuerpo espiri-
tual» significara «cuerpo inmaterial», Satanás habría ganado
una batalla estratégica. Dios habría tenido que prescindir de
nuestra naturaleza fisica y volver a crear la humanidad como
una especie ontológica distinta, como los ángeles.
88
La resurrección de los creyentes
El filósofo Peter Kreeft dijo: «Es irracional suponer que
cambiaremos de especie. Dios no despedaza su obra como si
fuera una equivocación. Somos creados para satisfacer uno
de los niveles posibles de la realidad, uno de los peldaños
excepcionales en la escalera cósmica, entre animales y ánge-
les. Es nuestra esencia, destino y gloria. Si nos convirtiéra-
mos en ángeles o en simios, perderíamos eso».9
Kreeft amplía además el significado de lo físico en la re-
surrección al observar que por medio de nuestros cuerpos
naturales podemos participar en actividades en la que los se-
res espirituales sólo pueden soñar. Él dice: «Somos mejores
que los ángeles en muchos aspectos, y perderíamos tales as-
pectos y el universo perdería tales perfecciones si nuestras
almas simplemente fueran incorpóreas. Los ángeles son su-
periores a nosotros en inteligencia, poder y voluntad, pero
no pueden oler flores ni llorar ante un nocturno de Cho-
pin». JO Anthony Hoekema concluye: «Parecería de veras
que entonces la materia se ha vuelto intrínsecamente tan
perversa que debe desaparecer. Luego, en cierto sentido, se
habría probado que los filósofos griegos estaban en lo cierto.
Pero la materia no es perversa; es parte de la buena creación
de Dios. Por lo tanto, el propósito de la redención de Dios
89
EL TERCER DÍA
es la resurrección del cuerpo físico, además de la creación
de una nueva tierra en la cual su pueblo redimido pueda vi-
l fi d
11
vir y servirle para siempre con cuerpos g ori lca os.»
Así que cuando Pablo habla del «cuerpo espiritual» (1
Corintios 1 5.44), no está comunicando que volveremos a
ser creados como seres espirituales, sino más bien que nues-
tro cuerpo resucitado será sobrenatural, dominado por el
Espíritu y libre del pecado.
Por lo tanto, nuestro cuerpo resucitado será sobrenatural
y no simplemente natural. En este sentido, nuestro cuerpo ce-
lestial será imperecedero, incorruptible e inmortal.
Además, Pablo resalta que el cuerpo resucitado será do-
minado por el Espíritu Santo, y no por sensaciones hedonis-
tas ni por tendencias naturales. En otras palabras, el cuerpo
espiritual será gobernado completamente por el Espíritu,
en vez de estar esclavizados por nuestras naturalezas peca-
minosas. En lugar de «adulterio, fornicación, inmundicia,
lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos,
iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homici-
dios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas» (Gála-
tas 5.19-21), manifestaremos con fidelidad el fruto del

La resurrección de los creyentes
Espíritu, el cual es «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza» (vv. 22-23).
Por último, tener un cuerpo espiritual resucitado signi-
fica ser libres de la esclavitud al pecado. Aunque en cuanto a
condición los cristianos somos justos ante Dios, aún lu-
chamos contra la naturaleza pecaminosa. Incluso el apóstol
Pablo, quien escribió dos terceras partes de las epístolas del
Nuevo Testamento, confiesa: «Sé que en mí, esto es, en mi
carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí,
pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero, sino
el mal que no quiero, eso hago» (Romanos 7. 18 -19).
Cuando recibamos nuestro cuerpo espiritual, seremos
en la práctica lo que ahora sólo somos en condición. El pro-
feta de Patmos lo dijo así: «Ya no habrá muerte, ni habrá
más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas
pasaron» (Apocalipsis 21 .4). El inspirado profeta continúa
diciendo que «ninguna cosa inmunda» entrará al cielo nuevo
ya la tierra nueva, «sino solamente los que están inscritos en
el libro de la vida del Cordero» (v. 27).
Mientras tanto estamos ansiosamente a la espera de la me-
tamorfosis que transformará nuestro cuerpo natural en cuer-
po sobrenatural dominado por el Espíritu y libre del pecado.
9
1
SIETE
((La resurrección;) del cosmos
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la pri-
mera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la san-
ta ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios,
dispuesta como una esposa ataviada para su marido [Apocalipsis
21.1-2].
EN ÚLTIMA INSTANCIA, la esperanza del cristiano no es
sólo que Dios resucitará nuestros despojos físicos, sino
que también redimirá el cosmos físico. En palabras del
Dr. J ohn Piper, la esperanza de la fe cristiana histórica no
es «la mera inmortalidad del alma, sino más bien la resu-
rrección del cuerpo y la renovación de todo lo creado». 1
La redención divina es tanto la resurrección del cuerpo
físico como la renovación de este universo, incluyendo el
planeta Tierra. La verdad grande y gloriosa de que volve-
remos a caminar en este planeta físico se clarifica en la Bi-
«La resurrección» del cosmos
blia. La expresión de Juan, «un cielo nuevo y una tierra
nueva» no da a entender un lugar totalmente distinto a
esta tierra actual, sino más bien este universo renovado.
Anthony Hoekema dice: «Tanto en 2 Pedro 3.13 como
en Apocalipsis 21.1, la palabra griega que se usa para de-
signar la novedad del nuevo cosmos no es neos sino kai-
nos.» Neos significa nuevo en tiempo u origen, mientras
que kainos significa nuevo en naturaleza o en cualidad. La
expresión ouranon kainon kai 8en kainen ("un nuevo cielo y
una nueva tierra", Apocalipsis 21 . 1) significa, por lo tan-
to' no la emergencia de un cosmos totalmente distinto
del actual, sino la creación de un universo que, aunque
gloriosamente renovado, mantiene continuidad con el
actual».2
Así como hay continuidad entre nuestros cuerpos actuales
y los resucitados, también la habrá entre el universo físico ac-
tual y aquel en el cual habitaremos por toda la eternidad.
CONTINUIDAD
El principio de continuidad empieza con la resurrección de
las personas, y progresa con la renovación de este planeta.
Cristo no resucitará a un grupo totalmente distinto de seres
93
EL TERCER DÍA
humanos; al contrario, resucitará a la misma gente que ha
poblado este planeta. De igual modo, Dios no renovará otro
cosmos; al contrario, redimirá el mismo mundo que una vez
llamó «bueno en gran manera» (Génesis 1. 31 ). J ohn Piper
observa que cuando Pedro dice que el cielo y la tierra actua-
les pasarán (ver 2 Pedro 3.10), está comunicando que el
cosmos será transformado por completo, a diferencia de ser
totalmente liquidado:
Esto no necesariamente quiere decir que dejarán de exis-
tir, sino que habd. en ellos tal cambio que su condición ac-
tual desaparecerá. Podríamos decir: «La oruga muere y la
mariposa emerge». Hay una muerte verdadera, y una con-
tinuidad verdadera, una verdadera conexión. Y cuando
Pedro dice que este cielo y esta tierra serán «destruidos»,
no necesariamente quiere decir que dejarán de existir.
Podríamos decir que «la inundación destruyó muchas
granjas. Sin embargo, no queremos decir que estas deja-
ron de existir. Podríamos decir que el 18 de mayo de
1980, una explosión quinientas veces más poderosa que la
bomba atómica de Hiroshima destruyó los alrededores in-
mediatos del Monte Santa Elena en Washington. Sin em-
94
«La resurrección» del cosmos
bargo, cualquiera que ahora va allá y ve el nuevo
desarrollo sabría que «destruido» no significó «hacer que
deje de existir».
Por tanto, lo que Pedro muy bien pudo haber querido
decir es que al final de esta era habrá acontecimientos ca-
tastróficos que llevarán a este mundo a un punto en que
dejará de ser tal como lo conocemos. No se eliminará sino
que se exterminará todo lo malo, al ser purificado por fue-
go y preparado para una era de gloria, justicia y paz que
nunca terminará). 3
Piper continúa analizando que esto es precisamente lo
que muestran las Escrituras. En Romanos 8.22-23, Pablo
conecta específicamente la redención de nuestros cuerpos
físicos con la restauración de lo creado. Piper dice: «Lo que
ocurre a nuestros cuerpos y lo que ocurre a la creación van
de la mano; y lo que pasa a nuestros cuerpos no es aniquila-
ción sino redención .... Nuestros cuerpos serán redimidos,
restaurados, renovados, no descartados. Lo mismo sucede-
rá con los cielos y la tierra».'
95
EL TERCER DíA
CONQUISTA
Es más, podemos con razón concluir que el cosmos será re-
novado, no aniquilado, con base en la victoria de Cristo
contra Satanás en la cruz. Así como Cristo ha liberado a sus
hijos de la muerte y la enfermedad, también liberará a su
cosmos de la destrucción y la corrupción. Pablo lo dice así
en Romanos 8: «La creación fue sujetada a vanidad, no por
su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en espe-
ranza; porque también la creación misma será libertada de la
esclavitud de corrupción» (vv. 20-21). Esta liberación, que
comienza con la conquista de la cruz, será concluida en la
Segunda Venida de Cristo. Así como la conquista de Cristo
asegura nuestra resurrección corporal, su conquista asegura
la restauración de este cosmos:
Ciertamente, en la Biblia la resurrección del cuerpo como
un cuerpo de carne glorificado está inseparablemente li-
gada a la renovación y glorificación del cosmos. En con-
traste con quienes declararían que esta verdad bíblica es
un mito, E. Thurneysen expresó su fe en esta renovación
del cosmos cuando en 1931 escribió: «El mundo en que
entraremos en la Segunda Venida de Jesucristo ... no es
9
6
«La resurrección» del cosmos
otro mundo; es este mundo, este cielo, esta tierra; am-
bos, sin embargo, muertos y renovados. Son estos bos-
ques, estos campos, estas ciudades, estas calles, estas
personas, lo que estará en la escena de la redención. Al
momento son campos de batalla, llenos de lucha y tristeza
por la consumación aún no lograda; entonces habrá cam-
pos de victoria, campos de cosecha, donde de la semilla
que fue sembrada con lágrimas se cosecharán gavillas eter-
nas para llevar a la casa». s
Anthony Hoekema amplía además la conquista de Cristo
al señalar que si Dios aniquilara el cosmos actual, Satanás ha-
bría obtenido una victoria decisiva. Habría triunfado tanto
en corromper el mundo que Dios habría tenido que elimi-
narlo por completo. «Pero Satanás no obtuvo tal victoria.
Por el contrario, recibió una derrota contundente. Dios re-
velará las dimensiones totales de esa derrota al renovar esta
tierra en la cual Satanás engañó a la humanidad, y finalmente
erradicará de ella todas las consecuencias de las maquinacio-
nes de Satanás». 6
97
EL TERCER DíA
EL PARTO
Una seguridad final de que Dios no ha de desechar este uni-
verso ni iniciará uno totalmente nuevo nos llega por medio de
la metáfora del parto. La Biblia la expresa así: «Sabemos que
toda la creación gime a una, ya una está con dolores de parto
hasta ahora» (Romanos 8.22). Pablo utiliza la metáfora del
parto para describir el anhelo de la creación de que se consu-
ma la conquista de Cristo en la cruz. Piper dice: «Algo está a
punto de nacer en la creación, no en lU8ar de la creación. La
creación no será aniquilada y vuelta a crear sin continuidad.
Como una madre en el parto (por medio de convulsiones de
fuego, terremotos, volcanes, pestes y hambruna) la tierra
dará a luz una nueva tierra.»7
No sé si le ocurre a usted, pero mientras más pienso en
el nuevo cielo y la nueva tierra, ¡más me emociono! Es in-
creíble pensar que un día cercano no sólo experimentare-
mos la resurrección de nuestros cascarones, sino la
renovación del cosmos y el regreso del Creador. Práctica-
mente tendremos el cielo en la tierra. El Edén perdido se
convertirá en el Edén restaurado, ¡y mucho más! No sólo
disfrutaremos la comunión con Dios como la tenía Adán,
sino que veremos a nuestro Salvador cara a cara. Dios encar-
9
8
«La resurrección» del cosmos
nado vivirá en medio de nosotros. Y nunca terminaremos
de explorar al infinito, al incansable YO SOY, ni terminare-
mos de explorar el esplendor y la gloria de su incomparable
creación.
Los que mueren en Cristo disfrutarán el nuevo cielo y la
nueva tierra como un lugar físico en la creación, y la presen-
cia personal del Creador. «OÍ una gran voz del cielo que de-
cía: He aquÍ el tabernáculo de Dios con los hombres, y Él
morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo es-
tará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de
los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto,
ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Yel
que estaba sentado en el trono dijo: He aquÍ, yo hago nuevas
todas las cosas» (Apocalipsis 21.3-5).
99
Notas
INTRODUCCIÓN
1. Cristo, el Creador del cosmos, comunicó claramente la horrible reali-
dad de que los incrédulos resucitarán de modo físico a un tormento eterno
consciente. Dijo: «No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando to-
dos los que están en los sepulcros oirán su voz [de Cristo]; y los que hicieron
lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a re-
surrección de condenación (Juan 5.28-29; Véase también Mateo 25.41,46;
Lucas 16.19-31; Apocalipsis 14.11; 20.10). Al infierno se le describe en
forma muy diversa como «tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de
dientes» (Mateo 8.12); como «horno de fuego» (Mateo 13.42); y como un
<dago de fuego y azufre» (Apocalipsis 20.10). Se dice que es de eternal con-
denación (2 Tesalonicenses 1.9); que su fuego nunca se apagará (Mateo
3.12); y es eterno (Judas 7).
Por tanto, Jesús dijo: «Arrepentíos, y creed en el evangelio» (Marcos
1 . 15). Porque «si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en
tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Romanos 10.9).
CAPITULO I MITOLOGÍAS
1. Hugh J. Schonfield, The Passover Plot: A New Interpretatíon of the Lije and Death
ofjesus [El complot de la Pascua: Una nueva interpretación de la vida y muerte de
Jesús], Bernard Geis Asociados, Nueva York, 1965.
2. Íbid., solapa de la portada.
3. tbid., solapa de la portada.
4. ¡bid., contraportada.
5. ¡bid.
100
Notas
6. íbid., 13.
7. Lee Strobel, The Case Jor Christ [El caso de Cristo], Zondervan, Grand
Rapids, 1998, 192-93.
8. Gary R. Habermas, The Historical jesus: Ancient Evidence Jor the Life of
Christ [El Jesús histórico: Evidencias antiguas de la vida de Cristo], College
Press Publishing Ca., Joplin, Mo., 1996,73; J.P. Moreland, Scalin8 the Secu-
lar CUy: A Difense of Christianity [Escale la ciudad secular: Una defensa del
cristianismo], Baker Book House, Grand Rapids, 1987, 171.
9. D.H. Lawrence, Love Amon8 the Haystacks and Other Stories [El amor en-
tre los Haystacks, y otras historias], Penguin, Nueva York, 1960, 125, como
lo citara Strobel en The Case Jor Christ, 192.
10. DonovanJoyce, The jesus SCToll [El pergamino de Jesús], New American
Library, Nueva York, 1972, como lo citara Strobel en The CaseJor Christ,
192. Además de citar la hipótesis del desvanecimiento de D.H. Lawrence,
Donovan Joyce y Barbara Thiering, Strobel también cita a Michael Baigent,
Richard Leigh, and Henry Lincoln, Holy Rlood, Holy Grail [Sangre santa, san-
to grial], Delacorte, Nueva Cork, 1982, 372, en el cual supuestamente so-
bornaron a Poncio Pilato para que permitiera que bajaran de la cruz a Jesús
antes de morir.
11. Habermas, The Historical jesus [El Jesús histórico], 90-91.
12. Barbara Thiering,jesus and the Riddle ofthe Dead Sea Sero]]s: Unlockin8 che
Secrets ofHis Life Stor} [Jesús y el misterio de los Rollos del Mar Muerto: De-
sentrañe los secretos de la historia de su vida], HarperSanFrancisco, San
Francisco, 1992.
13. MichaelJ. Wilkins y J.P. Moreland, eds.,jesus Under Fire: Modern Scho-
larship Reinvents the Historical jesus [Jesús bajo fuego: La erudición moderna
inventa de nuevo al Jesús histórico], Zondervan, Grand Rapids: 1995, 210.
14. Las hipótesis del desvanecimiento y de los gemelos son sólo dos de las
101
EL TERCER DÍA
muchas explicaciones naturalistas de los datos bíblicos que rodearon la re-
surrección de Cristo. Sin embargo, todos los relatos naturalistas empiezan
con una imparcialidad contra lo sobrenatural. Los relatos naturalistas na-
cen del ambiente de lo antisobrenatural alimentado por la influencia de la
obra del filósofo David Humee (1711-1776), en sus famosas discusiones
contra los milagros. Una excelente presentación y refutación de la posición
de Hume se puede encontrar en R. Douglas Geivett y Gary R. Habermas,
In Difense of Mirades: A Comprehensive Case Jor God' s Actions in History [En de-
fensa de los milagros: Un caso comprensivo para las acciones de Dios en la
historia], InterVarsity Press, Downer's Grove, Ill., 1997.
15. La ortografia de este nombre no es clara; se deriva de William Lane
Craig y Robert Greg Cavin, «Dead or Alive? A Debate on the Resurrection
of Jesus" [¿Vivo o muerto? Debate sobre la resurrección de Jesús]' Simon
GreenleafUniversity, Anaheim, Calif., 1995, cinta de audio.
16. Ibid.
17. Qur'an4:157-9.
18. Norman L. Geisler y Abdul Saleeb, Answering Islam: The Crescent in Light
of the Cross [Respuesta al islam: La Luna Creciente a la luz de la Cruz], Baker
Book House, Grand Rapids, 1993, 65.
19. Íbid. The Gospel ofBarnabas [El evangelio de Bernabé], pretende ser otro
escrito del primer siglo sobre la vida de Cristo, pero en realidad es un inven-
to medieval tardío sin ninguna relación con el Jesús histórico (Véase Geisler,
Answering Islam, 295-299).
20. Íbid., 65-66 (see 64--67).
21. Para una presentación excelente de las doctrinas de los Testigos de
Jehová y una refutación de ellas a la luz del cristianismo bíblico histórico,
Véase Walter Martin, The J(jngdom of the Cults [El reino de las sectas], edición
102,
Notas
de aniversario revisada, actualizada y ampliada, Bethany House Publishers,
Minneapolis, 1997), cap. 5.
22. Para una defensa de la deidad de Cristo y de la doctrina bíblica de la Tri-
nidad contra elaboradores de sectas, Véase James R. White, The Forgotten
Trinity [La Trinidad olvidada], Bethany House Publishers, Minneapolis,
1998.
23. Let God Be True [Sea Dios veraz], Watchtower Bible and Tract SOciety,
Brooklyn, edición revisada 1952, 138.
24. Íbid., 41.
25. Things in Which lt Is Impossible Jor God to Ue [Aspectos en los cuales es im-
posible que Dios mienta], Brooklyn Watchtower Bible and Tract Society,
1965,354.
26. íbid., 355.
27. Studies in the Scriptures [Estudios de las Escrituras], Serie I1, Watchtower
Bible and Tract Society, Allegheny, Penn., 1908, 129.
28. The Kingdom Is at Hand [El reino está a la mano], Watchtower Bible and
Tract Society, Brooklyn, 1944, 259; ReasoningJrom the Scriptures [Razona-
mientos de las Escrituras], Watchtower Bible and Tract Society, Brooklyn,
1985,334.
29. From Paradise Lost to Paradise Regained [Del paraíso perdido al paraíso re-
cuperado], Watchtower Bible and Tract Society, 1958, Brooklyn, 144.
30. Josh McDowell, The New Evidence That Demands a Verdict [Evidencia que
exige un veredicto I1], Thomas Nelson Publishers, Nashville, 1999,203.
31. Wilbur M. Smith, Therifore Stand: Christian Apologetics [Por tanto, so-
porta: Apologética cristiana], Baker Book House, Grand Rapids, 1965,
369-70, citado en McDowell, The New Evidence That Demands a Verdict,
206-7.
10
3
EL TERCER DÍA
32. Wilbur M. Smith, Therifore Stand, as quoted in McDowell, The New Evi-
denee That Demands a Verdiet, 207.
33. íbid.
CAPÍTULO 2 FATAL TORMENTO
1. Gary R. Habermas, The Historical jesus: Aneient Evidenee Jor the Life '!!
Christ [El Jesús histórico: Antigua evidencia de la vida de Cristo], College
Press Publishing Ca., Joplin, Mo., 1996, 143-70 (Véase esp. 158); Paul Co-
pan, ed., Will the Real jesus Please Stand Up? A Debate between William Lane Craia
and john Dominic Crossan [Por favor, que se ponga de pie el verdadero Jesús.
Un debate entre William Lane Craig y John Dominic Crossan], Baker Book
House, Grand Rapids, 1998,26-27.
2. Fuera de lo anotado, toda información médica, y todas las descripcio-
nes que siguen relacionadas con el sufrimiento de Cristo se adaptaron de C.
Truman Davis, «The Crucifixion of Jesus: The Passion of Christ from a Me-
dical Point ofView", [La crucifixión de Jesús: La pasión de Cristo desde un
punto de vista médico), Arizona Medicine, marzo de 1965, 183-87; Y William
D. Edwards, Wesley J. Gabel y Floyd E. Hosmer, «On the Physical Death of
Jesus Christ", [Sobre la muerte física de Jesucristo], The joutnal '!! the Ameri-
can Medical Association, 21 de marzo de 1986, 1455-63.
3. Lee Strobel, The CaseJor Christ [El caso de Cristo), Zondervan, Grand
Rapids, 1998, 197-8.
4. Los clavos habrían atravesado o las palmas de Cristo, con arandelas para
evitar que se desgarraran las manos, o las muñecas, las cuales según el enten-
dimiento judío eran parte de las manos.
5. Strobel, The Case Jor Christ, 202.
6. Habermas, The Historiealjesus, 74; Véase Davis, «The Crucifixion of Je-
sus: The Passion of Christ from a Medical Point of View» [La crucifixion de
Notas
Jesús: La pasión de Cristo desde el punto de vista médico], 183-87; y
Edwards, Gabel y Hosmer, «On the Physical Death of Jesus Christ»[De la
muerte física de Jesús], 1455-63.
7. Habermas, TheHistoricaljesus, 72-73.
8. ¡bid., 73.
9. ¡bid., 73-74.
lO. ¡bid., 71.
CAPÍTULO 3 LA TUMBA VAcíA
l. Michael J. Wilkins y J.P. Moreland, eds.,jesus Under Fire: Modern Seho-
larship Reinvents the Historieal jesus, Uesús bajo fuego: La erudición moderna
inventa de Nuevo al Jesús histórico) , Zondervan, Grand Rapids, 1995, 210.
2. Robert W. Funk, Honest to jesus [Sinceridad con Jesús), HarperSanFran-
cisco, San Francisco, 1996, 305.
3. Entrevistado por Mary Rourke, «Cross Examination" [La prueba de la
cruz), Los Angeles Times, 24 de febrero de 1994, El, ES, según se cita en Wil-
kins y Moreland, jesus Under Fire, 2.
4. Richard N. Ostling, «Jesus Christ, Plain and Simple» [Simple y senci-
llamente, Jesucristo), Time, lO de enero de 1994, tomado de la página Web
de Time, 101940110-163628,00.html. Véase Wilkins y Moreland, jesus
Under Fire, 2.
5. «Facts About the Jesus Seminar and Founder Robert W. Funh, [Reali-
dades acerca de el Seminario de Jesús y su fundador, Robert W. Funk), pági-
na Web de Answers in Action, www.answers.org/ Apologetics/jesusemi-
nar .html (acceso del 17 de diciembre del 1999).
6. Ostling, «Jesus Christ, Plain and Simple»; Wilkins and Moreland,jesus
Under Fire, 142.
105
EL TERCER DíA
7. Strobel, The CaseJor Christ, 114; Gregory A. Boyd, Cynie SaBe or Son '!!
Cod? [¿Sabio cínico o Hijo de Dios?], BridgePoint, Wheaton, 1995,59-62.
8. Boyd, Cynie SaBe or Son,!! Cod?, 62.
9. Robert W. Funk, Roy W. Hoover, y el Seminario de jesús, The Five
Cospels [Los cinco evangelios], Macmillan Publishing Co., Nueva York,
1993, x.
10. Gospel ofThomas [Evangelio de Tomás], 114, en Funk, Hoover, yel
Seminario de Jesús, The Five Cospels, 532.
11. James R. White, «The Jesus Seminar and the Gospel ofThomas: Cour-
ting the Media at the Cost ofTruth", [El Seminario de 1esús y el Evangelio de
Tomás: Coqueteo con los medios masivos de comunicación a costo de la ver-
dad), Christian Researeh journal, invierno de 1998, 51, disponible en la página
Web de CRI, www.equip.org.
12. Véase Gospel ofThomas, 114, arriba citado. También, el Dr. Gregory
Boyd escribe: «Es difícil escapar a la conclusión de que la charla sobre el «rei-
no de Dios» o el <<reino del Padre» en el Evangelio de Tomás se atribuye con
frecuencia a la tendencia gnóstica a la adaptación de material canónico. Esta
frase del Evangelio de Tomás se toma para indicar «el actual conocimiento
religioso secreto de un mundo celestiah>. Por tanto, como ejemplo, el jesús
del Evangelio de Tomás dice: «El reino está dentro y fuera de ti». Cuando
lleguen a conocerse a ustedes mismos, se harán conocer, y se darán cuenta de
que son ustedes los hijos del Padre viviente. Pero si ustedes no se conocen a sí
mismos, habitarán en pobreza, y ustedes serán esa pobreza". (Tomás 3 »>
(Boyd, Cynie SaBe or Son ,!!Cod?, 135).
13. El Seminario de 1esús está influenciado por la opinión de que el Evange-
lio de Tomás no depende de los evangelios canónicos (Mateo, Marcos, Lucas
y 1uan); es más, precede a Mateo y a Lucas en el siglo primero. No obstante,
el Dr. Gregory Boyd escribe: «Numerosos eruditos ... han probado que tal
106
Notas
posición es improcedente .... Además, la mayoría de los eruditos que efec-
tuaron el trabajo pionero en el Evangelio de Tomás lo fechan alrededor del
140 d. C. Entre otras consideraciones, no tenemos una declaración indepen-
diente de la existencia de esta obra hasta principios del tercer siglo, cuando la
citan Hipólito y Orígenes como un silencio inesperado si esto es, en realidad,
un trabajo del siglo primero. Además, el Evangelio de Tomás refleja una ten-
dencia gnóstica diferente que interpreta una fecha más probable del siglo se-
gundo» (Boyd, Cynie SaBe or Son ,!!Cod? 134).
14. Wilkins y Moreland, jesus Under Fire, 142.
15. 10hn A.T. Robinson, The Human Faee ,!!Cod [El rostro humano de
Dios], Westminster, Philadelphia, 1973, 131, citado en Copan, Will the Real
jesus Please Stand Up? 27; y como lo observara el erudito D.H.Van Daalen:
«Es sumamente difícil objetar la tumba vacía en terrenos históricos; quienes
la niegan lo hacen basándose en suposiciones teológicas o filosóficas» (según
se cita en William Lane Craig, «Contemporary Scholarship and the Histori-
cal Evidence for the Resurrection of jesus Christ", [Erudición contemporá-
nea y evidencia histórica de la resurrección de jesucristo), Truth 1, 1985,
89-95, de la página Web de Leadership University, http://www.leade-
ru.com/truthlltruth22. html; Véase D.H. Van Daalen, The Real Resume-
tion [La verdadera resurrección]' Collins, Londres, 1970, 41, citado en
Wilkins y Moreland,jesus Under Fire, 152).
16. Wilkins and Moreland,jesus Under Fire, 148.
17. ¡bid., 149.
18. Íbid., 148, 152.
19. ¡bid., 147-8; Véase también Craig, «Contemporary Scholarship and
the Historical Evidence» [La erudición contemporánea y la evidencia históri-
ca). Para argumentos que establecen fechas iniciales de los escritos de Mar-
cos, Véase John Wehham, RedatinB Matthew, Mark &.Luke [Nuevas fechas para
10
7
EL TERCER DÍA
Mateo, Marcos y Lucas], InterVarsity Press, Downers Grove: Ill., 1992,
caps. 6-8; Boyd, C,nie Sage or Son ofGod? cap. 11.
20. Wilkins y Moreland, jesus Under Fire, 147. En una entrevista con el pe-
riodista investigativo Lee Strobel, Craig observa que la confesión que usa Pa-
blo es increíblemente anterior; y por tanto, digna de confianza. Craig
continua señalando que «esencialmente, se trata de una fórmula de cuatro
partes. La primera parte se refiere a la crucifixión, la segunda al funeral, la
tercera a la resurrección, y la cuarta a las apariciones de Jesús .... Este credo
es en realidad un resumen que corresponde línea por línea a lo que enseñan
los evangelios. Cuando nos volvemos a los evangelios encontramos declara-
ciones independientes y variadas de esta historia del funeral, ya José de Ari-
matea se le nombra específicamente en los cuatro relatos. Por sobre eso, la
historia del sepelio en Marcos es tan anterior que simplemente no es possible
que haya sido sujeta a corrupción legendaria» (Strobel, The Case Jor Christ,
209). Véase pp. 42-46 para un análisis del credo prepaulino en 1 Corintios
15.3-7; Véase Habermas, The Historicaljesus, cap. 7.
21. Strobel, The Case Jor Christ, 217.
22. ¡bid., 218.
23. William Lane Craig, Reasonable Faith [Fe razonable], Crossway Books,
Wheaton, 1994, 276.
24. ¡bid.
25. Ronald F. Youngblood, ed. gen., Nelson's New Illustrated Bible Dictionary
[Nuevo diccionario bíblico ilustrado Nelson], Thomas Nelson Publishers,
Nashville, 1995, 1318. Se debe en parte a la actitud de los judíos del siglo
primero hacia las mujeres, que los eruditos liberales fecharon los evangelios
tan tarde, incluso en el siglo segundo, por la creencia de que los registros del
evangelio sobre el testimonio de las mujeres se debían arreglar. En realidad,
108
Notas
si el testimonio de las mujeres no hubiera sido tan abrumadoramente persua-
sivo, se habría desechado.
26. Craig S. Keener, The IVP Bible Background Commentar,: New Testament
[Comentario bíblico histórico de IVP], InterVarsity Press, Downers Grove,
Ill., 1993,210.
27. Youngblood, Nelson's New Illustrated Bible Dietionary, 1318.
28. Artículo adaptado de Wilkins y Moreland,jesus Under Fire, 152.
29. Artículo adaptado de Habermas, The Historieal jesus, 205-6.
30. Artículo adaptado de Wilkins y Moreland,jesus Under Fire, 146-47.
CAPÍTULO 4 APARICIONES DE CRISTO
l. Michael J.Wilkins y J.P. Moreland, eds. jesus Under Fire: Modern Seho-
larship Reinvents the Historieal jesus, Grand Rapids, Zondervan, 1995, 147.
2. Gary R. Habermas, The HistoricaI jesus: Ancient Evidence Jor the Life of
Christ, 154; College Press Publishing Co., Joplin, Mo., 1996, comparar con
Wilkins y Moreland,jesus Under Fire, 42--43, 147.
3. Habermas, The HistorieaIjesus, 153-54.
4. Gary R. Habermas and Antony G. N. Flew, Did jesus Risefiom the Dead?
[¿Resucitó Cristo de la muerte?], Harper and Row, San Francisco, 1987,86.
5. Strobel, The CaseJor Christ, 230. Véase Joachim Jeremias, «Easter: The
Earliest Tradition and the Earliest lnterpretation", [Pascua: La tradición más
temprana y la interprestación más temprana], New Testament TheoloElY: The
Proclamation of jesus, [Teología del Nuevo Testamento: La proclamación de
Jesús], traducido por John Bowden, Scribner's, Nueva York, 1971,306;
Ulrich Wilckens, Resurrection [Resurrección], John Knox Press, Atlanta,
1978),2.
6. Craig, Reasonable Faith, 285; see A. N. Sherwin-White, Roman Societ]
and Roman Law in the New Testament [Sociedad romana y ley romana en el
Nuevo Testamento], Clarendon, Oxford, 1963, 188-91.
10
9
EL TERCER DÍA
7. Adapted from Craig, Reasonable Faith, 285.
8. Herodoto (484-424 a.C) fue un importante historiador griego.
9. Craig, Reasonable Faith, 285.
10. Julius Müller, The Theory '!! Myths, in lts Application to the Gospel History
Examined and Corifuted [La teoría de los mitos, en su aplicación a la historia del
evangelio, examinada y refutada], J ohn Chapman, Londres, 1844, 26; citado
en Craig, Reasonable Faith, 285.
11. Craig, Reasonable Faith, 285 (énfasis añadido).
12. Strobel, The Case jor Christ, 233.
13. Véase 1 Corintios 15.3. Pablo recibió este credo de la comunidad cre-
yente (v. 3), quizás de Pedro y Santiago en Jerusalén (Véase Gálatas
1.18-19), si no antes (Véase Habermas, The Historical ¡esus, 155).
14. C.H. Dodd, «The Appearances of the Risen Christ: A Study in the
Form Criticism of the Gospels", [Las apariciones del Cristo resucitado: Un
estudio de la forma crítica de los evangelios], More New Testament Studies [Más
estudios de! Nuevo Testamento], University of Manchester, Manchester,
1968, 128; citado en Craig, Reasonable Faith, 282.
15. Craig, Reasonable Faith, 282.
16. Youngblood, Nelson's New Illustrated Bible Dictionary, 955.
17. Análisis adaptado de Craig, Reasonable Faith, 281-83.
18. Íbid., 281-282 (énfasis en e! original).
19. ¡bid., 283. Véase Josefo, Antiquities '!! the Jews [Antigüedades de los ju-
díos], 20:200, citado en Craig, Reasonable Faith, 283.
20. Adaptado de Craig, Reasonable Faith, 283.
21. Hans Grass, Ostergeschehen und Osterberichte [Acontecimientos e infor-
mes de la Pascua], 4ta. ed., Vandenhoeck & Ruprecht, Gottingen, 1974,80,
citado en Craig, Reasonable Faith, 283.
IlO
Notas
22. Michael Martin, The Case Against Christianity [Argumentos en contra de!
cristianismo], Temple University Press, Philade!phia, 1991,94.
23. ¡bid., 94--95.
24. RickJoyner, <,The Heart ofDavid: Worship and Warfare" [El corazón
de David: Adoración y Guerra], Conference Report, abril de 1996, cinta de
audio.
25. ¡bid.
26. ¡bid.
27. Habermas y Flew, Did Jesus Risej70m the Dead? [¿Resucitó Jesús de entre
los muertos?], 50. (Habermas cita correspondencia personal del Dr. Collins,
21 de febrero de 1977.)
28. ¡bid., 51. Habermas también cita a J.P. Brady, «The Veridicality of
Hypnotic, Visual Hallucinations" [La veracidad de las alucinaciones hip-
nóticas y visuales], en Wolfram Keup, Origin and Mechanisms ,!!HaIlucina-
tions, [Origen y mecanismos de las alucinaciones], Plenum Press, Nueva
York, 1970, 181; Weston La Barre, «Anthropological Perspectives on
Hallucination and Hallucinogens» [Perspectivas antropológicas sobre
alucinaciones y alucinógenos], en HaIlucinations: Behavior, Experience and
Theory [Alucinaciones: Comportamiento, experiencia y teoría], ed. R.K.
Siege! y L.J. West, John Wiley and Sons, Nueva York, 1975,9-10.
29. Strobe!, The Casejor Christ, 239.
30. Craig, Reasonable Faith, 292.
31. ¡bid., 292-93. En e! pensamiento judíos, la resurrección era sólo gene-
ral, después de! fin del mundo, y vacía de cualquier concepto de una resu-
rrección aislada para e! Mesías (íbid., 290-91).
32. Por ejemplo, el ateo Morton Smith escribió todo un libro para tratar de
mostrar que Jesús empleó hipnosis y otras tácticas de manipulación sociosi-
III
EL TERCER DÍA
cológica para embaucar a sus seguidores (Véase Morton Smith, jesus the Ma-
8ician [El mago Jesús)' Harper and Row, San Francisco, 1978.
33. Charles T. Tart, «Transpersonal Potentialities of Oeep Hypnosis»,
[Potencialidades transpersonales de hipnosis profunda] , journal cifTransperso-
nal PsycholoBY' # 1, 1970, 37.
34. Análisis adaptado de Hank Hanegraaff, Counteifeít Revival: Loobn8]or
Cad in a11 the Wron8 Places [Falso avivamiento: Búsqueda de Dios en todos los
lugares equivocados), W Publishing Group, Dalias, 1997, punto 5,221,
239.
35. Robert W. Marks, The Stor)' cifH)'pnotísm [Historia de la hipnosis), Pren-
tice-Hall, Grand Rapids, 1947), 190.
36. ¡bid., 191.
37. ¡bid., 193.
38. ¡bid., 195.
39. Charles Baudouin, SU88esUon and Autosu88esUon [Sugestión y autosuges-
tión), George Allen and Unwin, Londres, 1954),82.
40. Análisis adaptado de Hanegraaff, Counteifeit Reviva1235-36.
41. Marks, Stol)' cif Hypnotísm, 150.
42. Íbid.
43. Baghwan Shree Rajneesh, Fear ls the Master [El amo es el miedo], Jere-
miah Films, 1986, video.
44. Carl Braaten, Histol)' and Hermeneutics [Historia y hermenéutica], volu-
men 2 de New Directions in TheoloBY Toda)' [Nuevas instrucciones de teología
moderna), ed.William Hordern, Westminster Press, Philadelphia, 1966,
78; como se cita en Habermas y Flew, Did jesus Rise ]rom the Dead? 24.
45. Elizabeth L. Hillstrom, Testin8 the Spirits [La prueba de los espíritus),
InterVarsity Press, Downers Grove, m., 1995,79.
46. El grado de hipnotismo oscila entre cero (casi nada) y cinco (sumamen-
Notas
te hipnotizable). Véase Jon Trott, «The Grade Five Syndrome", [El síndro-
me de grado cinco), Cornerstone, vol. 20, # 96. Análisis adaptado de
Hanegraaff, Counteifeit Revival, 237-38.
47. Esta información fue resumida de una variedad de fuentes, que inclu-
yen al Dr. George Ganaway, «Historical Versus Narrative Truth» [Verdad
histórica contra verdad narrative],journaI cifDissocíation n, # 4, diciembre de
1989,205-20; Y Steven Jay Lynn y Judith W. Rhue, «Fantasy Proneness",
[Propensión a la fantasía], American Psychol08ist, enero de 1988, 35--44.
48. Judith W. Rhue y Steven Jay Lynn, «Fantasy Proneness, Hypnotizabi-
lit y , and Multiple Personality" [Propensión a la fantasía, a la hipnosis y perso-
nalidades múltiples), en Human SU88estibilíty [Sugestibilidad humana], ed.
John F. Schumaker, Routledge, Nueva York, 1991,201.
49. Trott, «The Grade Five Syndrome", 16.
50. Habermas y Flew, Didjesus Risefrom the Dead? 22.
51. Norman Perrin, The Resurrection accordin8 to Matthew, Mark, and Luke [La
Resurrección según Mateo, Marcos y Lucas), Fortress, Philadelphia, 1977,
80, citado en Paul Copan, Wi11 the Real jesus PIease Stand Up? 28 (énfasis añadi-
do).
CAPÍTULO 1) TRANSFORMACIÓN
1. Fuente desconocida.
2. Simon Greenleaf, The Testimon)' cif the Evan8elísts: The Cospels Examined b),
the Rules cifEvidence [Testimonio de los evangelistas: Los evangelios examina-
dos por las leyes de la evidencia], Kregel Classics, Grand Rapids, 1995; pu-
blicado originalmente en 1874, 31-32.
3. Véase 1 Corintios 15.5, en donde a los apóstoles originales, a excep-
ción de Judas, se les llama <<los doce» (cf. Juan 20.24).
4. Véase Clemente de Roma (30-100 d.C.), First Epistle to the Corinthians
113
EL TERCER DÍA
[Primera epístola a los corintios], cap 5; Tertuliano (160-225 d.C.), On Pres-
cription ABainst Heretics [Una prescripción contra la herejía], cap. xxxvi; Euse-
bio (260-340 d. C), History if the Church [Historia de la Iglesia], libro 11:
XXV.
5. Véase Eusebio, Historyifthe Church, libro III: 1, donde Eusebio cita Orí-
genes (185-254 d.C.) con relación a la crucifixión de Pedro.
6. Kenneth Barker, ed. gen., The NIV Study Bible [Estudio bíblico NIV],
Grand Rapids, Zondervan, 1985, 1879.
7. Eusebio, libro 11: XXIII. Cf. Josefo, AntiBüedades, 20:9: 1; Véase John P.
Meier, A MarBinal Jew: RethinkinB the Historical Jesus [Un judío marginal: Re-
consideración del Jesús histórico], vol. 1, Doubleday, Nueva York, 1991,
57-59.
8. Strobel, The Case Jor Christ, 251.
9. Norman Geisler y Thomas Howe, When Critics Ask [Cuando los críticos
preguntan], Victor Books, Wheaton, 1992,78. Véase Mateo 28.1-10; Juan
20.19-23; Hechos 2.1; 20.7; 1 Corintios 16.2.
10. Análisis adaptado de Lee Strobel, The CaseJor Christ, 251,253.
11. Carl F .H. Henry, ed., Basic Christian Doctrines [Doctrinas cristianas bási-
cas], Baker Book House, Grand Rapids, 1971,256.
12. Véase también Mateo 28.19; Hechos 8.16; 10.48; 19.5; Romanos
6.3-5; 1 Corintios 6.11.
13. Adaptado de Strobel, The CaseJor Christ, 253.
CAPITULO 6 RESURRECCIÓN DE LOS CREYENTES
1. Adaptado de Peter Kreeft, EverythinB You Ever Wanted to Know about Hea-
ven ... But Never Dreamed if AskinB [Todo lo que usted siempre quiso saber
acerca del cielo ... pero que nunca soñó preguntar], 19natius Press, San fran-
cisco, 1990,84-85.
II4
Notas
2 Norman L. Geisler, The BauleJor the Resurrection [La batalla por la Resu-
rrección], Thomas Nelson Publishers, Nashville, 1992,63.
3. Íbid.
4. Joni Eareckson Tada, Heaven . .. Your Real Home [El cielo ... su verdade-
ro hogar], Zondervan, Grand Rapids, 1995, 36-37.
5. El ADN es una manera posible explicar la resurrección corporal.
6. La Biblia aclara que las tumbas quedarán vacías (Véase Mateo 28.6;
Juan 5.28-29; cf. Mateo 27.52-53). Es posible que, en parte, Dios utilice
nuevas partículas en la resurrección de nuestros cuerpos, pero es más seguro
que utilice partículas de nuestro cuerpo actual (p. e, huesos). Cf. Ezekiel
37.1-14.
7. Norman L. Geisler, Baker Encyclopedia ifChristian ApoloBetics [Enciclo-
pedia Baker de apologética cristiana], Bakcr Book House, Grand Rapids,
1999,658.
8. Íbid. Agustín escribe acerca del cuerpo espiritual: "Será espiritual, no
porque deje de ser cuerpo sino porque subsistirá por la animación del Espíri-
tu» (La Ciudad de Dios, XIII:22, en Philip Schaff, ed., Nicene and Post-Nicene
Fathers [Padres nicenos y posnicenos], primera serie, vol. 11, Wm. B. Eerd-
mans Publishing Co., Grand Rapids, reimpreso en 1983, 257). Cuando Pa-
blo dice que <da carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios» (1
Corintios 15.50), no está negando la naturaleza física de la resurrección. Más
bien, usa una metáfora judía común para expresar mortalidad. «La carne y la
sangre» son «perecederos», mientras que el «reino de Dios» es <<imperece-
dero». Su opinión es que sería imposible para los humanos mortales heredar
un nuevo cielo y una nueva tierra sin una metamorfosis. (Véase Edmond
Charles Gruss, Apostles ifDenial [Apóstoles de negación], Baker Book House,
Grand Rapids, 1978 reprint, 136-37.)
9. Kreeft, EverythinB You Ever Wanted to Know about Heaven, 90.
IIS
EL TERCER DíA
10. íbid., 91.
11. Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future [La Biblia y el futuro],
Wm. B. Eerdmans Publishing Ca., Grand Rapids, 1979,250.
CAPÍTULO 7 LA «RESURRECCIÓN» DEL COSMOS
1. John Piper, Future Craee [Gracia future], Multnomah Publishers, Sis-
ters, Ore., 1995,374.
2. Anthony A. Hoekema, The Bible and the Future, Wm. B. Eerdmans Pu-
blishing Ca., Grand Rapids, 1979,280.
3. Piper, Future Craee, 376.
4. íbid., 378.
5. J .A. Schep, The Nature '!f the Resurreetion Bod.r [Naturaleza del cuerpo re-
sucitado], Wm. B. Eerdmans Publishing Ca., Grand Rapids, 1964,218-19.
Schep escribe: «Es en esta tierra, transformada por el poder grandioso de Dios
en un hogar propicio para que los creyentes vivan en sus cuerpos glorificados,
que «Dios mismo estará con ellos como su Dios» (Apocalipsis 21.3). Es esta
tierra la que heredarán los mansos, según la promesa de jesús (Mateo 5.5).»
(íbid.,218.)
6. Hoekema, The Bible and the Future, 281.
7. Piper, Future Craee, 377-78, énfasis en el original).
II6
EL CHRISTIAN RESEARCH INSTITUTE
El Christian Research Institute [Instituto de investigaciones
cristiano] es una organización consagrada a proporcionar
a los cristianos informaciones cuidadosamente investigadas
y respuestas bien razonadas que animen a los creyentes
en su fe y los preparen para cuando tengan que hablar
con personas que están influenciadas por ideas y enseñanzas
que asaltan o socavan el cristianismo bíblico ortodoxo.
Nuestra estrategia es la siguiente:
1. Poner la mira en /.o e.1encia!. Estamos comprometidos con
la máxima: «En lo esencial unidad, en lo que no es
esencial libertad, yen todo caridad».
2. BLMcar re.1pue.Jt{M. Además de concentrarnos en lo
esencial, el Christian Research Institute contesta las
preguntas que se formulan sobre sectas, culturay
cristianismo.
3. Ser.:!iempre claro.:!. Hasta donde sea posible, el Christian
Research Institute procura tomar cuestiones complejas
y hacerlas comprensibles y asequibles al cristiano
común.
4. Ser integro.:! en todo. Recordamos la admonición de Pablo:
«Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en
ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los
que te oyeren».
5. Re.JpaIJar la igleJia /.oca!. Creemos que la iglesia local es
el vehículo que Dios creó para equipar, evangelizar y
educar.
CÓMO COMUNICARSE CON EL
CHRISTIAN RESEARCH INSTITUTE
Por correo:
CRI United States
P.o. Box 7000
Rancho Santa Margarita, CA 92688-7000
En CanaJá:
CRICanadá
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1 (888) 7000-CRI
Fax (949) 858-6111
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En la Internet:
www.eqUlp.org
En la radio:
Para preguntar algo en inglés al Bible Answer Man [Hombre de
Respuestas Bíblicas] desde Estados Unidos y Canadá, llame
gratuitamente all (888) ASK HANK (275-4265),
Lunes a viernes, 2:30 p.m. a 4:00 p.m. hora del Pacífico.

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