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2_El Fenomeno Elemental Apartado II

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Apartado sobre el fenomeno elemental
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II. EL AUTOMATISMO MENTAL DE G.

DE CLÉRAMBAULT 1 Mazzuca
Las críticas de Lacan en el Seminario 3 a la concepción del delirio como un desarrollo de relaciones de comprensión que permiten envolver e integrar el fenómeno parasitario, no es claro a quién se dirigen. Por una parte, parecen destinadas a Clérambault: se lo menciona explícitamente; sin embargo, las tesis del maestro en psiquiatría no se ajustan exactamente a lo que Lacan critica. El problema que plantea una distinción en los fenómenos psicóticos -entre fenómenos que serían primarios (en su doble sentido, tanto primeros, iniciales, como fenómenos del pensamiento xenopático propio del automatismo mental, o de los del síndrome de acción exterior", ob. cit., pág. l5. fundamentales, basales, determinantes), y otros secundarios (también con los dos valores, tanto no iniciales, tardíos, como derivados de los primeros, o que constituyen reacciones respecto de aquéllos)- se ha modulado de maneras diferentes a lo largo de la historia de la psiquiatría aunque, en general, esa distribución ha tendido a polarizarse entre fenómenos alucinatorios y delirios. No siempre, como se cree, los delirios han quedado ubicados del lado de lo secundario, como reacción e intentos de explicación de las alucinaciones. Tenemos la referencia precisa de la posición contraria en Magnan, que cuando estableció la secuencia de fases de su famoso delirio crónico, describió un orden inverso: la tensión constante en relación con las ideas de persecución termina por repercutir en las zonas auditivas de la corteza cerebral dando origen de este modo a las alucinaciones auditivas, primero elementales (ruidos) y después verbales. (12) Séglas mantuvo en lo esencial esta posición de Magnan: consideró siempre a las alucinaciones como secundarias a los delirios.(13) Es fundamentalmente Ballet, cuando define el conjunto de delirios crónicos que agrupa con el nombre de psicosis alucinatoria crónica, el que sostiene que las alucinaciones son independientes del delirio que las sucede más o menos tardíamente a título de explicación.(14) Las tesis de Clérambault sobre las psicosis basadas en el automatismo son muchas veces reabsorbidas dentro de aquel esquema, como si sostuvieran la misma posición de Ballet. Es una buena manera de no hacer justicia al trabajo de Clérambault, cuyas tesis son algo más elaboradas y -para usar un término frecuente en su obra- sutiles que aquel esquema. Para Clérambault, la alucinación -en tanto en su forma clásica de alucinación verbal se distingue radicalmente de los fenómenos que aisló con el nombre

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Tomado de Mazzuca R., Los fenómenos llamados elementales, En Análisis de las alucinaciones, Lacan J., y varios, Editorial Paidós, Buenos Aires, 1995, p. 64-74. 1

de triple automatismo o pequeño automatismo- es un fenómeno complejo que puede ser tan tardío como el delirio mismo. Formuladas las cosas así, no hay incompatibilidad con la secuencia de fases establecida por Magnan. Por una parte, el síndrome del automatismo mental, como inicial y basal, puede estar presente desde mucho antes de lo que Magnan define como primera fase: el período de incubación o inquietud. Las alucinaciones temáticas, en la sucesión establecida por Magnan, surgen recién en la segunda fase junto con la construcción delirante. La distinción entre automatismo y alucinación suele ser explícitamente utilizada por Clérambault para definir al primero. Por ejemplo: "Entiendo por automatismo los fenómenos clásicos: anticipación del pensamiento, enunciación de los actos, impulsiones verbales, tendencias hacia fenómenos psicomotores [...] los pongo en oposición a las alucinaciones auditivas, es decir, a las voces a la vez objetivadas, individualizadas y temáticas; también las opongo a las alucinaciones psicomotrices caracterizadas; en efecto, estos dos tipos de voces, las auditivas y las motrices, son tardías respecto de los fenómenos más arriba mencionados". (15) Otras veces, por el contrario, Clérambault utiliza el término "alucinosis" o aun "alucinación" para referirse a las alucinaciones en general, su automatismo mental incluido: se vuelve necesaria entonces una distinción dentro de ese campo con el término "alucinaciones propiamente dichas" (con el que se refiere a las alucinaciones auditivas y psicomotrices) para distinguirlas de los fenómenos del automatismo. El término automatismo mental o pequeño automatismo está destinado a designar "cierto síndrome clínico que contiene fenómenos automáticos de tres órdenes: motor, sensitivo e ideoverbal".(16) En cualquiera de esos tres órdenes los fenómenos del automatismo mental se caracterizan por tres rasgos también explícitamente definidos por Clérambault. Primero, su carácter no sensorial, es decir, el pensamiento se presenta en forma indiferenciada abstracta y no en una forma sensorial definida; algunas veces sin elementos sensoriales, y otras, cuando los hay, son elementos vagos y fragmentarios, plurisensoriales. Este rasgo del automatismo mental, su carácter no sensorial, es familiar para lo s lectores de Lacan, ya que lo encontramos en la caracterización que, de la alucinación verbal, hace en la "Cuestión preliminar": "Es un error, en efecto, considerarla como auditiva por naturaleza, cuando es concebible en última instancia que no lo sea en ningún grado..." (17). Esta superposición ha contribuido también a la tendencia a mantener la confusión entre automatismo y alucinación verbal. Segundo, su tenor esencialmente neutro, es decir, carecen de tonalidad afectiva. Se insiste en particular en que no están acompañados por un afecto de hostilidad sino más bien por un estado
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levemente eufórico que es el único estado afectivo que está en una relación de congruencia con el automatismo mental. Este rasgo está estrechamente relacionado con el tercero, el carácter atemático o anideico como, por ejemplo, los juegos silábicos. O bien, en los fenómenos ideoverbales como, por ejemplo, en el eco del pensamiento, existe un contenido ideativo, pero éste no es esencial al automatismo mental. Su presencia responde sólo a su origen mecánico pero no queda asociado a ninguna idea de persecución o de influencia. Tenor neutro y carácter anideico son casi dos caras de la misma moneda: "...se acompaña de un estado afectivo neutro o incluso ligeramente eufórico, y no puede ser de otro modo pues, si apareciera un estado afectivo penoso o positivamente eufórico, resultaría de ello una construcción ideativa". (18) De este modo llega a surgir un automatismo afectivo e ideativo, e incluso volitivo, pero entonces estamos ya más allá del pequeño automatismo. Estos tres rasgos, carácter no sensorial, tenor neutro y anideísmo, definen lo que podríamos considerar la cualidad específica de estos fenómenos: su carácter mecánico. Sólo que Clérambault plantea esto en términos de origen, por lo que debemos decir entonces, no que definen, sino más bien que demuestran, o constituyen una prueba de su origen mecánico y por lo tanto de su etiología orgánica: "Estos procesos tienen un origen mecánico... Sus prototipos deben buscarse en las psicosis tóxicas y orgánicas".(19) Podemos prescindir, como lo promueve Lacan en su Seminario 3, de las hipótesis etiológicas de Clérambault, sin que se pierda nada del valor de sus conceptos y de la riqueza de sus descripciones. Debe conservarse el rasgo "mecánico" entonces, no como origen, sino como característica. De hecho, Clérambault muchas veces lo ubica en el mismo registro con los otros rasgos que definen al automatismo mental: "El automatismo ideoverbal no es de origen ideico, o afectivo, es más bien de origen mecánico".(20) O bien: "...el elemento ideico es mínimo, el elemento afectivo está ausente, el origen mecánico es neto". (21) Hasta aquí las definiciones, caracterizaciones y distinciones. Con ellas podemos pasar a enunciar la tesis central de Clérambault que se refiere a diferentes formas de psicosis pero fundamentalmente a la psicosis alucinatoria crónica y se puede resumir así: los fenómenos de automatismo son iniciales, las alucinaciones objetivadas y verbales y los delirios son fenómenos tardíos: “Rol inicial [...] primerísimos signos en la aparición de la psicosis. Dentro de esta concepción, las alucinaciones propiamente dichas, tanto auditivas como psicomotrices, serían tardías. Los mecanismos más delicados del intelecto serían alcanzados en primer lugar; los trastornos sensoriales específicos vendrían luego".(22)

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Esos fenómenos no sólo son tardíos, aún más, pueden ser inexistentes: "Veremos, por otra parte, que en el dominio ideoverbal los primeros trastornos (especialmente eco del pensamiento) son de tenor neutro y pueden persistir durante mucho tiempo, a veces aun indefinidamente, sin modificar el carácter del enfermo y sin que se adicione ningún delirio (alucinosis puras)"(23) (la bastardilla me pertenece). Esta tesis seguramente no agota la propuesta de Clérambault que no se refiere sólo al carácter inicial del automatismo sino que le otorga otras funciones y propone ciertas relaciones. Sin embargo, he simplificado así la teoría de Clérambault para reducirla sólo a su eje temporal, inicial-tardío, y al carácter contingente de alucinaciones y delirios, porque el resto de sus formulaciones no se dejan resumir de manera unívoca: las relaciones entre automatismo, y alucinaciones y delirios, no se modulan de la misma manera en los diferentes momentos o pasajes de su obra. Debemos distinguir por lo menos dos. El primero acentúa el carácter independiente entre uno y otro o, si se prefiere el término que Lacan critica en de Saussure, el carácter arbitrario, es decir contingente, de esa relación. Los fenómenos del automatismo pueden subsistir por sí mismos, solos, sin que se les agreguen alucinación o delirio alguno, es decir que constituyen un proceso autónomo. Pero cuando se les agregan, no hay ningún nexo causal, solamente se le superponen o agregan. D e allí que pueden surgir delirios muy diferentes, y el hecho de que surja uno u otro no depende del automatismo sino de condiciones previas a él. El automatismo no engendra las alucinaciones o el delirio. Más aún, la construcción del delirio es atribuida en muchos casos a un proceso normal o apenas enfermo. Así, en su artículo "Automatismo mental y escisión del yo" (1920), dice: "El automatismo es el fenómeno primordial, hasta tal punto que sobre esa misma base pueden edificarse delirios secundarios muy variados".(24) "El automatismo mental es un proceso primitivo susceptible de subsistir mucho tiempo o indefinidamente en un estado puro. Por sí mismo no es suficiente para engendrar la idea de persecución". (25) "El trabajo interpretativo y la anexión sistemática de las concepciones no son sino epifenómenos; resultan de un trabajo consciente en sí mismo no mórbido o apenas mórbido".(26) En "Definición del automatismo mental" (1924): "El automatismo mental así definido es un proceso autónomo; con bastante frecuencia se presenta aislado, [...] el delirio sobreagregado proviene principalmente del fondo manifiesto u oculto del individuo [...] -este automatismo no guarda ningún lazo causal con su forma de carácter y de intelecto".(27) En síntesis, cuando usamos el concepto de superestructura, suponemos implícitamente alguna relación de determinación y de forma con la infraestructura. Clérambault lo usa pero para decir que "El
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delirio no es más que una superestructura",(28) lo que significa que es solamente un sobreagregado. En esta modulación corresponde decir que el automatismo mental es un fenómeno basal. En 1925, en el artículo "Psicosis basadas en el automatismo", introduce una distinción que da lugar a la segunda modulación de la relación entre delirio y automatismo mental. En ella el automatismo mental debe ser calificado como un fenómeno nuclear. En la tercera parte del artículo mencionado se define al delirio como una reacción secundaria: "La idea delirante es la reacción de un intelecto y una afectividad conservados sanos... a los trastornos del automatismo surgidos espontáneamente y que sorprenden al enfermo".(29) Pero en la quinta parte de ese mismo artículo, bajo el título "Automatismo ideico e ideoverbal" nos encontramos con esta distinción que introduce un viraje: "Pero hay más: una buena parte de la ideación delirante no es construida por la reflexión del sujeto sino que se elabora mecánicamente [...] se [la] podría llamar neoplásica. En este estadio, la ideación delirante del sujeto puede dividirse teóricamente en dos partes: una personal, reactiva y no mórbida, la otra parasitaria y a menudo antagonista. La primera es una reacción a diversos automatismos. La segunda es íntegramente automática".(30) Algo más notable todavía es que al final de ese mismo artículo se postula que el origen y el carácter mecánicos del delirio "pueden ser también de los delirios interpretativos puros y aun de los dogmáticos".(31) El segundo artículo de las "Psicosis basadas en el automatismo" (1926) generaliza esta nueva modulación. Entre las nueve tesis que, a modo de resumen introductorio se incluyen en su comienzo, ya verificamos que: "5°-. Los datos mayores del delirio entran en la conciencia por vía alucinatoria. Su agregación prolífica constituye una ideación parasitaria. Su evolución es automática".(32) Y también: "8°. En las psicosis alucinatorias crónicas la construcción del delirio se explica, en último análisis, por la constante acumulación de los resultados de trastornos infinitesimales, todos de un mismo sentido en las condiciones mecánicas elementales del pensamiento".(33) Para que no queden dudas de la nueva posición, la última tesis afirma: "9 -°. La personalidad consciente sólo interviene secundariamente en los delirios".(34) Las últimas páginas de ese artículo nos confirman que la nueva modulación no se incluye dentro de la primera sino que viene a reemplazarla. Se trata efectivamente de una transformación desde un momento en que el automatismo mental es concebido como basal a otro en que es nuclear. Después de revisar las sucesivas denominaciones que ensayó para su automatismo -pequeño automatismo, síndrome de pasividad, síndrome de influencia, síndrome de parasitismo, síndrome de imposición- y de enunciar que no ha encontrado aún una designación que le resulte satisfactoria, concluye así: "En 1920 lo llamábamos basal; hoy en día lo llamaré más bien nuclear. En efecto [ahora] vemos una
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continuidad entre los fenómenos parcelarios del comienzo y las construcciones ideicas del período de estado; todos resultan del mismo proceso...".(35) ¿A quién critica Lacan en el Seminario 3? Menciona a Clérambault, es cierto. Pero, si se dirige al primer Clérambault, la crítica se aplica penosamente, ya que éste jamás afirma que el delirio esté destinado a integrar ni a explicar el automatismo mental, menos a enquistarlo. Y si se tratara del segundo Clérambault, no podría criticarlo, ya que coincide con él: "la misma fuerza estructurante está en obra en el delirio, ya sea que se lo considere en una de sus partes o en su totalidad [...] reproduce la misma fuerza constituyente; es, él también, un fenómeno elemental''. (36) ¿Acaso no va en el mismo sentido que: "todos resultan del mismo proceso" y "su evolución es ella misma automática"? Se ha transformado nuestra pregunta: ¿Lacan critica o coincide con su maestro en psiquiatría?

NOTAS:

12. Magnan y Sérieux, "Délire cronique", Les édifices du delire, Analytica N° 50, París, Navarin, 1987, pág. 15. En cuanto a la distinción entre alucinaciones elementales y verbales, véase en este mismo número, J. Séglas, "Lecciones Clínicas". 13. P. Bercherie, Les fondements de la clinique, París, Seuil, 1980, pág. 165. 14. Idem, pág. 178. 15. G. de Clérambault, Oeuvre psychiatrique, t. 11, París, PUF, 1942, pág. 492. 16. Idem, pág. 528. 17. Lacan, J., Escritos 2, Buenos Aires, Siglo XXI, 1985, pág. 514. En cuanto al carácter no sensorial del automatismo mental o a la naturaleza no auditiva de la alucinación verbal, reconocen sus antecedentes en la distinción de las alucinaciones psíquicas y pseudoalucinaciones. Cf. para este punto el trabajo de Leonardo Gorostiza en este volumen 18. G. de Clérambault, ob. cit., pág. 536. 19. Ibíd., pág. 544. 20. Ibíd. 21. Ibíd., pág. 555. 22. Ibíd., pág. 492. 23. Ibíd., pág. 529. 24. Ibíd., pág. 465. 25. Ibíd., pág. 466. 26. Ibíd. 27. Ibíd., pág. 493. 28. Ibíd., pág. 466. 29. Ibíd., pág. 532. 30. Ibíd., pág. 542. 31. Ibíd., pág. 544. 32. Ibíd., pág. 545.

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33. Ibíd. 34. Ibíd. 35. Ibíd., pág. 573.

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