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Descartes, Discurso del Método

PRIMERA PARTE

CONSIDERACIONES QUE
ATAÑEN A LAS CIENCIAS
ADVERTENCIA
Si este discurso parece demasiado largo para ser leído de El buen sentido es la cosa mejor repartida del
una vez, se le podrá dividir en seis parles. En la primera, se mundo, pues cada uno piensa estar tan bien
encontrarán diversas consideraciones referentes a las cien- provisto de él que aun aquellos que son más
cias. En la segunda, las principales reglas del método que difíciles de contentar en todo lo demás, no
el autor ha encontrado. Ensla tercera, algunas reglas de la, acostumbran a desear más del que tienen. En lo
moral que ha sacado de este método. En la cuarta, las cuál no es verosímil que todos se engañen, sino
razones por las cuales prueba la existencia de Dios y del
alma humana, que son los fundamentos de su metafísica. que" más bien atestigua ello que el poder de bien
En la quinta, el orden de las cuestiones de física que ha juzgar y de distinguir lo verdadero de lo falso, que
investigado, y particularmente la explicación del movi- es propiamente lo que se llama el buen sentido o
miento del corazón y de algunas otras dificultades que la razón, es naturalmente igual en todos los
pertenecen a la medicina, así como también la diferencia hombres; y asimismo, que la diversidad de nues-
que hay entre nuestra alma y la de los animales. Y en la tras opiniones no proviene de que unos sean más
última, las cosas que cree que se requieren para llegar en la razonables que otros, sino solamente de que
investigación de la Naturaleza más allá de donde él ha conducimos nuestros pensamientos por diversas
llegado, y qué razones le han movido a escribir.
vías y no consideramos las mismas cosas. Pues no
basta con tener la mente bien dispuesta, sino que
lo principal es aplicarla bien. Las más grandes
almas son capaces de los mayores vicios tanto
como de las mayores virtudes, y los que no
caminan, sino muy lentamente pueden avanzar
mucho más, si siguen, siempre el camino recto,
que los que corren apartándose de él.

Por lo que a mí atañe, nunca he presumido que


mis facultades fuesen más perfectas en nada que
las del vulgo, y hasta he deseado muchas veces
tener el pensamiento tan ágil, o la imaginación tan
nítida y precisa, o la memoria tan extensa o tan
rápida como otros, Y no conozco otras cualida-
des, aparte de éstas, que sirvan para la perfección

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de la mente, pues en lo tocante a la razón o Pero yo me contentaré con hacer ver en este
discernimiento, siendo ella la única cosa que nos discurso cuáles son los caminos que he seguido y
hace hombres y nos distingue de las bestias, con representar en él mi vida como en un cuadro,
quiero creer que está toda entera en cada uno de a fin de que cada cual pueda juzgar de ella y de
nosotros, siguiendo en esto la opinión común de que, conociendo por el rumor común las opinio-
los filósofos, que dicen no haber más o menos nes que haya suscitado, sea éste un nuevo medio
sino entre los accidentes, y no entre las formas o de'instruirme que añadiré a aquellos de que me
naturalezas de los individuos de una misma sirvo habitualmente.
especie.
Así, pues, mi propósito no es enseñar aquí el
Empero, no tendré reparo en decir que creo haber método que cada cual debe seguir para conducir
tenido mucha suerte por haberme encontrado bien su corazón, sino solamente mostrar de qué
desde mi juventud metido en ciertos caminos que manera he tratado yo de conducir el mío. Los que
me condujeron a consideraciones y a máximas se meten a dar preceptos deben estimarse más
con las que he formado un método que ha de hábiles que aquellos a quienes los dan, y si
servirme, según espero, para aumentar por grados cometen la más pequeña falta se hacen por ella
mi conocimiento y elevarlo hasta el más alto censurables. Pero, no proponiendo este escrito
punto que la mediocridad de mi inteligencia y la más que como una historia, o, si lo preferís, como
corta duración de mi vida puedan permitirle una fábula, en la que, entre algunos ejemplos que
alcanzar. Porque he recogido ya con él tales frutos se pueden imitar, se encontraran tal vez otros que
que, aunque en los juicios que formo sobre mí haya razón para no. seguir, espero que será útil
mismo trato siempre de inclinarme del lado de la para algunos sin ser nocivo para nadie, y que
desconfianza más bien que del de la presunción, y todos me agradecerán mi franqueza.
aunque considerando con mirada de filósofo las
diversas acciones y empresas de los hombres no Fui alimentado en las letras desde mi infancia, y,
haya casi ninguna que no me parezca vana e como me aseguraban que por medio de ellas se
inútil, con todo, no dejo de sentirme extremada- podía adquirir un conocimiento claro y seguro de
mente satisfecho por el progreso que pienso haber todo lo que es útil para la vida, tenía un deseo
realizado ya en la búsqueda de la verdad, ni de extremado de aprenderlas. Pero, tan pronto como
concebir tales esperanzas para el porvenir que, si hube acabado el ciclo de estudios a cuyo término
entre las ocupaciones de los hombres propiamente se acostumbra a ser recibido en el rango de los
hombres hay alguna que sea sólidamente buena e doctos, cambié enteramente de opinión, pues me
importante me atrevo a creer que es la que yo he encontraba embarazado por tantas dudas y erro-
elegido. res que me parecía no haber obtenido otro
provecho, al tratar de instruirme, que el de haber
Sin embargo, puede ocurrir que yo me engañe y descubierto más y más mi ignorancia. Y, sin
que no sea más que un poco de cobre y dé vidrio embargo, me encontraba en una de las más
lo que tomo por oro y diamantes. Sé cuan cerca célebres escuelas de Europa*, donde yo creía que
estamos a equivocarnos en lo que nos afecta, y
cuán sospechosos deben sernos también los juicios
de nuestros amigos cuando nos son favorables. *El colegio de la Fleche.

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debía haber hombres sabios, si es que en algún teología enseña a ganar el cielo; que la filosofía
lugar de la tierra los había. Había aprendido allí proporciona el medio de hablar de todas las cosas
todo lo que los demás aprendían, y aun, no con verosimilitud y de hacerse admirar por los
habiéndome contentado con las ciencias que se menos sabios; que la jurisprudencia, la medicina y
nos enseñaban, había recorrido todos los libros las otras ciencias apqrtan honores y riquezas a
que pudieran caer en mis manos referentes a las quienes las cultivan; y, en fin, que es bueno
que se consideran más raras y curiosas. Con esto, haberlas examinado todas, aun las más supersti-
conocía los juicios que los demás formaban de ciosas y falsas, a fin de conocer su justo valor y no
mí, y no veía que se me estimase inferior a mis dejarse engañar por ellas.
condiscípulos, aunque hubiese ya entre ellos
algunos destinados a ocupar los puestos de nues- Pero creía yo haber dedicado ya bastante tiempo
tros maestros. Por último, nuestro siglo me a las lenguas, y aun a la lectura de los libros
parecía tan floreciente y tan fértil en buenos antiguos y a sus historias y fábulas. Porque con-
ingenios como pudiera serlo cualquiera de los versar con los hombres de otras épocas es casi lo
precedentes. Todo esto me daba la libertad de mismo que viajar. Es conveniente conocer algo de
juzgar por mí a todos los demás, y me llevaba a las costumbres de diversos pueblos, para juzgar de
pensar que no había en el mundo ninguna las nuestras con criterio más sano y para no
doctrina que correspondiese a las esperanzas que pensar que todo lo que se opone a nuestros usos
se me había hecho concebir. sea ridículo y contra razón, como suelen hacer los
que no han visto nada. Mas, cuando se emplea
No dejaba, empero, de estimar los ejercicios que demasiado tiempo en viajar, acaba uno por ser
se practican en las escuelas. Sabía que las lenguas extranjero en su propio país; y cuando se extre-
que en ellas se aprenden son necesarias para el ma la curiosidad por las cosas que se practicaban
entendimiento de los libros antiguos; que la en los tiempos pasados, se queda uno en gran
ingeniosidad de las fábulas estimula el espíritu; ignorancia de las que se practican en el suyo.
que las acciones memorables de las historias lo Además, las fábulas hacen imaginar como posi-
elevan, y, leídas con discreción, ayudan a formar bles, acontecimientos que no lo son, y hasta las
el juicio; que la lectura de todos los buenos libros historias más fieles, si no Cambian ni aumentan el
es como una conversación con los hombres más valor de las cosas para hacerlas más dignas de ser
selectos de los pasados siglos que fueron sus leídas, por lo menos omiten en ellas casi siempre
autores, y hasta una conversación estudiada en la las circunstancias más bajas y menos ilustres, de.
que no nos descubren más que sus mejores donde resulta que el resto queda desfigurado, y
pensamientos; que la elocuencia tiene fuerzas y que los que regulan sus costumbres por los ejem-
bellezas incomparables; que la poesía tiene delica- plos que sacan de ellas están expuestos a caer en
dezas y dulzuras encantadoras; que las matemáti- las extravagancias de los paladines de nuestras
cas tienen invenciones muy sutiles, y que pueden novelas y a concebir designios que sobrepasen sus
servir en alto grado tanto para complacer a los fuerzas.
curiosos como para facilitar todas las artes y dis-
minuir el trabajo humano; que los escritos Estimaba mucho la elocuencia y estaba prendado
acerca de las costumbres contienen muy útiles de la poesía, pero pensaba que una y otra eran
enseñanzas y exhortaciones a la virtud; que la dones del espíritu más bien que frutos del estu-

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dio. Los que poseen un razonamiento más robus- Nada diré de la filosofía, sino que, viendo que ha
to y digieren mejor sus pensamientos con el fin de sido cultivada por los más excelentes espíritus que
hacerlos claros e inteligibles, serán siempre los que han existido desde hace varios siglos, y que, sin
mejor convenzan de lo que se propongan, aunque embargo, no hay todavía en ella cosa alguna de la
no hablen más que bajo-bretón ni hayan aprendi- que no se dispute, y, por consiguiente, que no sea
do nunca retórica; y los que hallan las más dudosa, no tenía bastante presunción para esperar
agradables invenciones y las saben expresar con tener más suerte que los demás en este terreno; y
más galanura y dulcedumbre no dejarán de ser los considerando cuántas opiniones diversas, sosteni-
mejores poetas, aunque el arte poética les sea das por gentes doctas, puede haber acerca de una
desconocida. misma materia, sin que pueda existir nunca más
de una que sea verdadera, reputaba casi como fal-
. so todo lo que no pasase de ser verosímil.
Me complacían, sobre todo, las matemáticas, a
causa de la certeza y evidencia de sus razones,
pero no advertía todavía su verdadero uso, y, Por lo que respecta a las otras ciencias, por cuanto
pensando que no servían más que para las artes toman sus principios de la filosofía, juzgaba que
mecánicas, me admiraba de que, siendo tan firmes no se podía haber edificado nada sólido sobre
y sólidos sus fundamentos, no se hubiese edifica- cimientos tan poco firmes; y ni el honor ni la
do sobre ellos nada más elevado. Como, por el ganancia que prometen eran suficientes para con-
contrario, comparaba los escritos de los antiguos vidarme a aprenderlas, pues, gracias a Dios, no me
paganos sobre las costumbres a palacios muy encontraba en condiciories que me obligasen a
soberbios y magníficos edificados sobre arena y hacer de la ciencia un oficio para ayuda de mi
barro: elevan muy alto las virtudes y las haden fortuna; y aunque no hiciese ostentación de des-
aparecen como más estimables que todas las cosas preciar la gloria, a lo cínico, me importaba en
del mundo, pero no enseñan a conocerlas suficien- realidad muy poco la que no esperaba poder
temente, y con frecuencia lo que designan con tan adquirir más que con falsos títulos. Y, en fin, por
bello nombre no es más que insensibilidad, orgu- lo que se refiere a las malas doctrinas, pensaba
llo, desesperación o parricidio. conoper ya bastante lo que valían para no correr
el riesgo de ser engañado, ni por las promesas de
un alquimista,; ni por las predicciones de un
Reverenciaba nuestra teología y aspiraba tarito astrólogo, ni por las imposturas de un mago, ni
como el que más a ganar el cielo; pero, habiendo por los artificios o la vanagloria de ninguno de los
aprendido como cosa muy segura que el camino hacen profesión de saber más de lo que saben.
hacia él no está menos abierto a los más ignoran-
tes que a ios más doctos y que las verdades Por todo lo cual, tan pronto como la edad me
reveladas que a él conducen están por encima de permitió salir de la sujeción de mis preceptores,
nuestra inteligencia, no me hubiese atrevido a abandoné completamente el estudio de las letras,
someterlas a la debilidad de mis razonamientos» y y, prometiéndome no buscar otra ciencia que la
pensaba que, para intentar examinarlas, y hacerlo que pudiese encontrar en mí mismo o en el gran
con éxito, era menester disponer de alguna ex- libro del nrnncio, dedique el resto de mi juventud
traordinaria asistencia del cielo y ser más que a viajar a ver cortes y ejércitos, a frecuentar
hombre. gentes de diversos talantes y condiciones, a

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recoger diversas experiencias, a ponerme a prueba la resolución de estudiar también en mí mismo y
a mi mismo en las ocasiones que la fortuna me de emplear todas las fuerzas de mi espíritu en
deparaba, y a reflexionar siempre sobre las cosas elegir el camino que debía seguir, lo que conseguí,
que me salían al paso de manera que pudiese sacar según creo, mucho mejor que si no me hubiese
de ellas algún provecho. Pues me parecía que alejado nunca de mi país ni de mis libros.
podría encontrar mucha más verdad en los razo-
namientos que cada uno hace acerca de los
asuntos que le importan, y cuyo suceso puede
castigarle después si ha juzgado mal, que en los
que lleva a cabo un hombre de letras en su
gabinete sobre especulaciones que no producen
ningún efecto ni tienen para él otra consecuencia
que la de excitar, tal vez, su vanidad en tanto
mayor medida cuanto más se alejen del sentido
común, ya que habrá tenido que emplear tanto
más ingenio y artificio en tratar de hacerlas
verosímiles; y lo que yo deseaba siempre extrema- •
darnente era aprender a distinguir lo verdadero de
lo falso, para ver claro en mis acciones y caminar
con seguridad en la vida.

Es verdad que, mientras no hacía otra cosa que


considerar ¡as costumbres de los demás hombres,
apenas encontraba en ellas nada seguro, advirtien-
do que eran tan diversas como antes me habían
parecido las opiniones de los filósofos; de modo
que el mayor provecho que sacaba de ellas
consistía en que, viendo muchas cosas que, aun
pareciéndonos ridiculas y extravagantes, no deja-
ban de ser comúnmente recibidas y aceptadas por
otros grandes pueblos, aprendí a no creer dema-
siado firmemente en nada de lo que hubiese sido
persuadido sólo por el ejemplo y la costumbre; y
así me liberé poco a poco de muchos errores que
pueden ofuscar nuestra luz natural y hacernos
menos capaces de escuchar la voz de la razón.
Pero, después de haber empleado algunos años en
estudiar de esta manera en el libro del mundo y en
tratar de adquirir alguna experiencia, un día tomé

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SEGUNDA PARTE
PRINCIPALES REGLAS
DEL MÉTODO

Estaba yo entonces* en Alemania, a donde me


había llamado la ocasión de las guerras que aún
no han terminado, y volviendo al ejército de la
coronación del emperador, el comienzo del invier-
no me detuvo en un cuartel, donde, no encontran-
do conversación alguna que me divirtiese, y no
teniendo, por otra parte, felizmente, cuidados ni
pasiones que me turbasen, permanecía todo el día
encerrado solo junto a una estufa, disponiendo de
un completo vagar para entregarme a mis pensa-
mientos. Y uno de los primeros, entre ellos, fue el
ponerme a considerar que frecuentemente no hay
tanta perfección en las obras compuestas de varias
piezas y hechas por la mano de diversos maestros
como en las que han sido trabajadas por uno solo.
Así,; se ve que los edificios planeados y termina-
dos por un mismo arquitecto son casi siempre más
bellos y mejor ordenados que los que han
intentado recomponer varios, aprovechando para
ello viejos muros que habían sido construidos
para otros fines. Del mismo modo, esas grandes
ciudades que, no habiendo sido en un principio
más que aldeas, se convirtieron al correr de los
tiempos en grandes urbes, están de ordinario tan
mal distribuidas, si se comparan con esas plazas
regulares que un ingeniero trazó a su talante en
una planicie, que, aunque considerando cada uno

*Invierno de 1 6 1 9 a 1 6 2 0 .

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«e
de sus edificios por separado, se encuentra en habiendo sido todos niños antes de ser hombres, y
ellos tanto o mas arte que en estos otros, sin habiendo tenido que gobernarnos por nuestros
embargo, al ver cómo se hallan dispuestos, aquí apetitos y por nuestros preceptores, que a menu-
uno grande, allá uno pequeño, y cuán ;sinuosas y do eran contrarios los unos a los otros, y que ni
desiguales resultan las calles, se diría que ha sido unos ni otros nos aconsejaban quizá siempre lo
el azar, más que la voluntad de hombres dotados mejor, es casi imposible que nuestros juicios sean
de razón, quien de esa manera los ha ordenado. Y, tan puros y tan sólidos como lo habrían sido si
si se considera que, no obstante, en todo tiempo hubiésemos poseído el uso completo de la razón
hubo funcionarios encargados de custodiar las desde el punto de nuestro nacimiento y no
edificaciones de los particulares para hacerlas hubiésemos sido guiados nunca más que por ella.
servir al ornato público, se caerá en la cuenta de
cuán dificultoso resulta el realizar cosas bien Verdad es que no vemos derribar todas las casas
acabadas cuando se trabaja sobre obras ajenas. De de una ciudad con el único fin de reconstruirlas
acuerdo con esto, imaginaba yo que los pueblos de otra manera para hacer más bellas las calles;
que estuvieron primero semisalvajes y que sólo pero sí es frecuente que algunos derriben las suyas
poco a poco fueron civilizándose, haciendo sus para reedificarlas, viéndose, a veces, incluso,
leyes a medida que la incomodidad producida por obligados a ello, cuando están en peligro de caerse
los crímenes y las querellas les obligaba a ello, no por sí mismas y cuando sus cimientos no son muy
podrían estar tan bien reglamentados como aque- firmes. A ejemplo de lo cual, me persuadí de que
llos otros que desde el comienzo de su agrupación no sería en verdad sensato que un particular se
observaron las constituciones de algún prudente propusiera reformar un Estado cambiándolo todo
legislador. Así como es muy cierto que el estado en él, desde los fundamentos, y derrocándolo para
de la verdadera religión, cuyos preceptos solamen- volverlo a edificar; ni tan siquiera que intentase
te Dios ha establecido, debe estar incomparable- reformar el cuerpo de las ciencias o el orden
mente mejor reglamentado que cualquier otro. Y, establecido en las esduelas pata enseñarlo; pero,
para hablar de las cosas humanas, creo que si en lo que atañe a las opiniones que hasta entonces
Esparta fue en otros tiempos muy floreciente, no había yo admitido en mi creencia, pensé que no
se debió a la bondad de cada una de sus leyes podía hacer cosa mejor qlie intentar por una vez
en particular, puesto que algunas de ellas erah suprimirlas todas, a fin de colocar después en su
muy extrañas, y hasta contrarias a las buenas lugar, bien otras mejores, o bien las mismas, una
costumbres, sino a que, habiendo sido inventadas vez ajustadas al nivel de la razón. Y creí firme-
por uno solo, tendían todas al mismo fin. Y de la mente qué, por este medio, lograría conducir mi
misma manera, pensaba que las ciencias de los vida mucho mejor que si no edificaba más que
libros, al menos aquellas cuyas razones no son sobre viejos cimientos y no me apoyaba más que
más que probables y que carecen de demostra- en los principios que me había dejado inculcar en
ciones, habiendo sido compuestas y acrecentadas mi juventud, sin haber examinado nunca si eran
poco a poco con opiniones de varias personas verdaderos. Porque, aunque advirtiese en esto
diferentes, no se aproximan tanto a la verdad diversas dificultades, no eran, empero, irremedia-
como los simples razonamientos que un hombre bles, ni se podían comparar con las que se
solo puede hacer naturalmente acerca de las cosas encuentran en la reforma de cualesquiera de las
que se le ofrezcan. Y así, pensaba también que, cosas que afectan al público. Estos grandes

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cuerpos de las cosas públicas son muy difíciles de modo alguno, a saber: de los que, creyéndose más
levantar, una vez abatidos, y aun de sostener hábiles de lo que son, no pueden evitar el
cuando se han removido, y sus caídas son siempre precipitar sus juicios, ni tienen bastante paciencia
muy rudas. En cuanto a sus imperfecciones, si las para conducir ordenadamente todos sus pensa-
tienen (y la simple diversidad que hay entre ellos mientos (por lo que, si alguna vez se tomasen la
basta para asegurar que algunos las tienen), el uso libertad de dudar de los principios que recibieron
las ha mitigado mucho, sin duda, y hasta ha y de apartarse del camino común, nunca podrán
evitado o corregido insensiblemente bastantes, mantenerse en el sendero que es menester para
que no podrían haberlo sido tan felizmente por la avanzar más rectamente y permanecerán extravia-
simple prudencia; y, en fin, son ellas casi siempre dos toda la vida), y de los que, poseyendo
más soportables que lo sería su cambio. Ocurre bastante razón o modestia para comprender que
como con los grandes caminos que serpentean son menos capaces de distinguir lo verdadero de
entre montañas, los cuales se hacen poco a poco lo falso que otros, por los cuales pueden ser
tan lisos y cómodos, a fuerza de ser frecuentados, instruidos, deben conformarse con seguir las
que es mucho mejor seguirlos que intentar ir por opiniones de estos otros, más bien que buscarlas
lo derecho, trepando por encima de las rocas y mejores por sí mismos.
descendiendo hasta el fondo de los precipicios.
Por lo que a mí toca, hubiera sido sin duda del
Por eso, no puedo aprobar en modo alguno esos número de estos últimos, si no hubiese tenido
caracteres entrometidos e inquietos que, no sien- nunca más que un solo maestro o no hubiese
do llamados ni por su nacimiento ni por su fortu- conocido las diferencias que en todo tiempo
na al manejo de los asuntos públicos, no dejan de existieron entre las opiniones de los más doctos.
idear en todo momento nuevas reformas; y si yo Pero, habiendo aprendido en el colegio que no se
creyera que en este escrito hubiese la menor cosa podría imaginar nada tan extraño y poco creíble,
por la que me pudiera hacer sospechoso de que no haya sido dicho por algún filósofo;
semejante locura, no toleraría, sino muy a mi habiendo reconocido más tarde, viajando, que no
pesar, el que fuese publicado. Mi propósito no se todos los que tienen sentimientos muy contrarios
extendió nunca más allá del intento de reformar a los nuestros son por eso bárbaros ni salvajes,
mis propios pensamientos y de edificar en un sino que muchos usan tanto o más que nosotros
terreno que es enteramente mío. Pues, si habién- de la razón; y habiendo considerado que un
dome agradado bastante mi obra, os muestro aquí mismo hombre, con sus mismas facultades, criado
el modelo de ella, no es que yo quiera con esto desde su infancia entre franceses o alemanes llega
aconsejar a nadie que la imite. Aquellos a quienes a ser muy diferente de lo que sería si hubiese
Dios haya repartido más pródigamente sus gracias vivido entre chinos y caníbales; que, hasta en las
tendrán, quizá, designios más elevados; pero mu- modas de nuestros vestidos, lo mismo que nos
cho me temo que éste mío resulte ya demasiado gustó hace diez años, y que nos gustará quizá de
audaz para algunos. Ni siquiera la resolución de nuevo antes de otros, diez, nos parece hoy
deshacerse de todas las opiniones que antes se extravagante y ridículo; que, según esto, lo que
recibieren es un ejemplo que todos deban seguir. nos convence es mucho más la costumbre y el
Y el mundo está compuesto casi exclusivamente ejemplo que ningún conocimiento cierto, y que,
de dos clases de ingenios, a los que no conviene en sin embargo, la pluralidad de votos no es una

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prueba que valga nada para las verdades un poco y buenos, hay, no obstante, mezclados con ellos
difíciles de descubrir, puesto que es mucho más tantos otros nocivos o superfluos, que es casi tan
verosímil que un hombre solo las haya encontra- difícil separarlos de aquéllos como sacar una
do que no todo un pueblo; en vista de todo ello, Diana o una Minerva de un bloque de mármol que
no podía yo elegir a nadie cuyas opiniones me no esté todavía abocetado. En cuanto al análisis
pareciesen preferibles a las de los demás, encon- de los antiguos y al álgebra de los modernos,
trándome, por consiguiente, como obligado a además de que sólo abarcan materias muy abs-
conducirme por mí mismo. tractas y que no parecen de ningún uso, la
primera se restringe siempre tanto a la considera-
Pero, como hombre que anda solo y en las ción de las figuras, i que no puede ejercitar el
tinieblas, me resolví a caminar tan lentamente y a entendimiento sin fatigar mucho la imaginación; y
usar de tanto circunspección en todas las cosas, en la última está uno siempre tan sujeto a ciertas
que aunque sólo avanzase muy poco, por lo reglas y a ciertas cifras, que se ha hecho de ella un
menos me preservase de caer. Ni siquiera quise arte confuso y oscuro que embaraza la mente, en
comenzar a rechazar completamente ninguna de lugar de una ciencia que la cultive. Lo cual fue
las opiniones que se hubiesen podido deslizar causa de que yo pensase que era menester buscar
antaño en mis creencias por otras vías que las de algún otro método que, comprendiendo las venta-
la razón, sin antes haber dedicado bastante jas de estos tres, estuviera exento de sus defectos.
tiempo a formar el proyecto de la obra que iba a Y, así como la muchedumbre de las leyes propor-
emprender y a buscar el verdadero método para ciona con frecuencia excusas para los vicios, de
llegar al conocimiento de todas las cosas de que suerte que un Estado está mucho mejor regulado
mi mente fuese capaz. cuando, teniendo sólo unas pocas, son observadas
muy estrechamente; de la misma manera, en lugar
Siendo más joven, había estudiado yo un poco, de ese gran número de preceptos de que la lógica
entre las partes de la filosofía, la lógica, y entre está compuesta, creí yo que tendría bastante con
las matemáticas, el análisis de los geómetras y el los cuatro siguientes, con tal de que tomase la
álgebra, tres artes o ciencias que, al parecer, firme y constante resolución de no dejar de ob-
debían contribuir en algo a mi propósito. Pero, al servarlos ni una sola vez.
examinarlas, advertí que, por lo que respecta a la
lógica, sus silogismos y la mayor parte dé sus
restantes instrucciones sirven más bien para expli- Era el primero, no aceptar nunca cosa alguna!
car a otro las cosas que se saben, o, incluso, como como verdadera que no la conociese evidentemen-
el arte de Lulio*, para hablar sin juicio de las que te como tal, es decir, evitar cuidadosamente la :
se ignoran, que para aprenderlas; y, aunque ella precipitación y la prevención y no admitir en mis
contiene, en efecto, muchos preceptos verdaderos. juicios nada más que lo que se presentase a mi
espíritu tan clara y distintamente, que no tuviese
ocasión alguna de ponerlo en duda.

* Raimundo Lulio (1235-1315), filósofo mallorquín. Preten- El segundo, dividir cada una de las dificultades
dió, en su famosa Ars magna, hacer una "combinatoria" universal, que examinase en tantas partes como fuera
aunque sus principios son oscuros y todavía no bien desentraña-
dos, constituyendo el precedente medieval de la moderna idea de posible y como se requiriese para su mejor
la nathesis universalis, que tanto preocupó a Leibniz. resolución.

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El tercero, conducir ordenadamente mis pensa- se encuentran, pensé que sería mejor examinar
mientos, comenzando por los objetos más simples solamente estas proporciones en general, y no
y fáciles de conocer para ascender poco a poco, suponerlas más que en aquellos asuntos que
como por grados, hasta el conocimiento de los sirvieran para hacerme más fácil su conocimiento,
más complejos, suponiendo, incluso, un orden aunque sin restringirlas tampoco a ellos en absolu-
entre los que no se preceden naturalmente. to, a fin de poderlas aplicar después con más
facilidad a todos los demás a que conviniesen.
Y el último, hacer en todas partes enumeraciones Habiendo advertido luego que, para conocerlas,
tan completas y revistas tan generales que estuvie- unas veces necesitaría considerar cada una en
se seguro de no omitir nada. particular, y otras veces solamente retener y
comprender varias conjuntamente, pensé que,
Esas largas cadenas de razones tan simples y para mejor considerarlas en particular, debía
fáciles de que los geómetras acostumbran a suponerlas en figura! de líneas, puesto que no
servirse para llegar a sus más difíciles demostracio- encontraba nada más simple ni que pudiese
nes, me habían dado ocasión de imaginarme que representar más distintamente a mi imaginación y
todas las cosas que pueden caer bajo el conoci- a mis sentidos; que, en cambio, para retener o
miento de los hombres se siguen unas a otras de la comprender a varias juntas, era necesario que las
misma manera, y que sólo con abstenerse de explicase por medió de algunas cifras, lo más
recibir como verdadera ninguna que no lo sea, y abreviadas que fuese posible; y que, de esta
con guardar siempre el orden que es menester manera, conseguiría tomar lo mejor del análisis
para deducirlas unas de otras, no puede haber geométrico y del álgebra, y corregiría los defectos
ninguna tan alejada que finalmente no se alcance, de cada una de estas disciplinas por la otra.
ni tan oculta que no se descubra. No me costó
mucho trabajo buscar por cuáles era necesario Y, en efecto, me atrevo a decir que la exacta
comenzar, pues sabía ya que era por las más observación de estos pocos preceptos que había
simples y fáciles de conocer; y, considerando que, elegido me dio tal facilidad para desentrañar todas
entre todos los que hasta ahora buscaron la las cuestiones a que estas dos ciencias se extien-
verdad en las ciencias, sólo los matemáticos den, que en dos o tres meses que empleé para
pudieron encontrar algunas demostraciones, es examinarlas, habiendo comenzado por las más
decir, algunas razones ciertas y evidentes, no dudé simples y generales, y constituyendo cada verdad
que hubiese de empezar por las mismas que ellos que encontraba una regla que me servía después
examinaron, aunque no esperase de aquello ningu- ipara encontrar otras, no solo resolví varias que
na otra utilidad que la de acostumbrar mi mente a había juzgado antes como muy difíciles, sino que,
alimentarse de verdades y a no contentarse con al final, me pareció también que podía determi-
falsas razones. No me impuse, sin embargo., para nar, aun en las mismas que ignoraba, por qué me-
este menester, la tarea de aprender todas las dios y hasta dónde era posible resolverlas. En lo
ciencias particulares que se llaman comúnmente cual no os pareceré, quiza, muy jactancioso si con-
matemáticas; antes bien, conociendo que, a pesar sideráis que, no habiendo más que una verdad para
de las diferencias de sus objetos, todas estas cada cosa, cualquiera que la encuentre sabe de ella
ciencias coinciden en no considerar otra cosa que todo lo que se puede saber, y que, por ejemplo,
las diversas relaciones o proporciones que en ellos un niño instruido en la aritmética, al hacer una
60
6.1
adición según sus reglas, puede estar seguro de
haber encontrado, con respecto a la suma que
examinaba, todo lo que la mente humana es capaz
de encontrar; pues, en definitiva, el método que
enseña a seguir el verdadero orden y a enumerar
exactamente todas las circunstancias de lo que se
busca, contiene todo lo que da su certidumbre a TERCERA PARTE
las reglas de la aritmética.
ALGUNAS REGLAS DE MORAL
Pero lo que más me contentaba de este método SACADAS DEL MÉTODO
era que con él estaba seguro de usar de mi razón
en todo, si no perfectamente, al menos lo mejor En fin, así como antes de comenzar a reedificar la
que estuviese en mi poder; además de que, al casa donde se habita, no basta con derribarla y
practicarlo, sentía que mi mente se acostumbraba con proveerse de materiales y de arquitectos, o
poco a poco a concebir más clara y distintamente bien con ejercitarse uno mismo en la arquitectura,
sus objetos; y, no habiéndolo limitado a ninguna ni, además de esto, con haber trazado cuidadosa-
materia particular, me prometía aplicarlo a las mente su diseño, sino que es menester también
dificultades de las demás ciencias tan útilmente haberse procurado alguna otra donde se pueda
como lo había hecho a la del álgebra. No quiere estar cómodamente alojado durante el tiempo que
esto decir que me aventurase a intentar, desde dure el trabajo; así también, para no permanecer
luego, el examen de todas las que se presentasen, irresoluto en mis acciones mientras la razón me
pues esto hubiera sido contrario al orden que el obligaba a serlo en mis juicios, y para no dejar de
método mismo prescribe. Pero, habiendo advertido vivir en adelante lo más acertadamente que
que los principios de todas las ciencias debían ser pudiese, me formé una moral provisional, que no
tomados de la filosofía, en la que no encontraba consistía más que en tres o cuatro máximas, de las
todavía ninguno seguro, pensé que, ante todo, era que quiero daros cuenta. .
menester que tratase de establecerlos en ella; y,
siendo ésta !a cosa más importante del mundo y La primera, era obedecer a las leyes y costumbres
aquella en que eran más de temer la precipitación de mi país, conservando la religión en la que Dios
y la prevención, creí que no debía intentar me hizo la gracia de ser instruido desde mi
llevarla a cabo hasta que no hubiese alcanzado infancia, y gobernándome en cualquier otra cosa
una edad mucho más madura que la de veintitrés de acuerdo con las opiniones más moderadas y
años, que entonces tenía, y hasta que no hubiese alejadas del exceso que fuesen comúnmente prac-
empleado mucho tiempo en prepararme para ello, ticadas por los hombres más prudentes entre
tanto desarraigando de mi espíritu todas las malas. aquellos .con quienes tuviese que vivir; pues,
opiniones que había recibido anteriormente, co- comenzando ya a no tener en cuenta para nada las
mo haciendo acopio de experiencias diversas, que mías, puesto que quería volver a someterlas todas
suministrasen después la materia para mis razona- a examen, estaba seguro de no poder hacer nada
mientos, y siempre sin dejar de ejercitarme en el mejor que seguir las de los más sensatos. Y,
método que me había prescrito, con objeto de aunque quizás entre los persas o los chinos haya
afirmarme en él cada vez más. tantos hombres sensatos como entre nosotros, me

62 63
Sin embargo, estos nueve años transcurrieron sin
que yo hubiese tomado partido acerca de las
dificultades que suelen ser disputadas entre los
doctos, ni comenzado a buscar los fundamentos
de ninguna filosofía más cierta que la vulgar. Y el
ejemplo de varios excelentes ingenios, que, ha-
biendo tenido el mismo propósito, no habían CUARTA PARTE
conseguido, a mi parecer, realizarlo, me lo hacía
imaginar tan lleno de dificultades que quizá no PRUEBAS DE LA EXISTENCIA
me hubiese atrevido a abordarlo tan pronto, de no DE DIOS Y DEL ALMA HUMANA
haber visto que algunos hacían circular el rumor O FUNDAMENTOS DE LA
de que ya lo había logrado. No podría decir en METAFÍSICA
qué fundaban esta opinión, y si en algo he
contribuido a ella con mis palabras, debe de haber
sido confesando lo que ignoraba con más ingenui- No sé si debo hablaros de las primeras medita-
dad de lo que suelen hacerlo los que han ciones que hice, pues son tan metafísicas y poco
estudiado algo, y tal vez también haciendo ver las comunes, que no serán quizá del gusto de todo el
razones que tenia para dudar de muchas cosas que mundo; y, no obstante, para que se pueda juzgar
los demás estiman ciertas, más bien que vanaglo- si los fundamentos que adopté son bastante
riándome de doctrina alguna. Pero, siendo lo firmes, me encuentro en alguna manera obligado a
bastante honrado para no querer que se me hablar de ellas.
tomase por lo que no era, pensé que debía tratar
por todos los medios de hacerme digno de la Yo había advertido desde mucho tiempo antes,
reputación que se me daba, y hace justamente como he dicho más arriba, que, en lo que atañe a
nueve años que este deseo me decidió a alejarme las costumbres, es necesario a veces seguir opinio-
de todos los lugares donde pudiese tener conoci- nes que se saben muy inciertas como si fuesen
mientos y a retirarme aquí*, a un país donde la indubitables; pero, desde el momento en que me
larga duración de la guerra ha hecho que se propuse entregarme ya exclusivamente a la inves-
establezca un orden tal, que los ejércitos que en él tigación de la verdad, pensé que debía hacer todo
son mantenidos no parecen servir sino para hacer lo contrarío y rechazar como absolutamente falso
que se gocen con mayor seguridad los frutos de la todo aquello en lo que pudiera imaginar la más
paz, y donde, entre la muchedumbre de un gran pequeña duda, para ver si después de esto
pueblo muy activo y más cuidadoso de sus quedaba algo entre mis creencias que fuese
propios asuntos que curioso de los ajenos, sin enteramente indubitable. Así, fundándome en
carecer de las comodidades que son propias de las qué los sentidos nos engañan algunas veces, quise
ciudades más populosas, he podido vivir tan suponer que no había cosa alguna que fuese tal y
solitario y retirado como en los más apartados como ellos nos la hacen imaginar; y, en vista de
desiertos. que hay hombres qué se engañan al razonar y
cometen paralogismos, aun en las más simples
materias de geometría, y juzgando que yo estaba
tan sujeto a equivocarme como cualquier otro,
*Holanda. rechace como falsas todas las razones que antes

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había aceptado mediante demostración; y,, final- verdadera y cierta; pues, en vista de que acababa
mente, considerando que los mismos pensamien- de encontrar una que sabía que lo era, pensé que
tos que tenemos estando despiertos pueden tam- debía saber también en qué consistía esta certi-
bién ocurrírsenos cuando dormimos, sin que en dumbre. Y habiendo observado que en la propo-
este caso ninguno de ellos sea verdadero, me sición pienso, luego existo, lo único que me
resolví a fingir que nada de lo que hasta entonces asegura de que digo la verdad es que veo muy
había entrado en mi mente era más verdadero que claramente que para pensar es necesario ser,
las ilusiones de mis sueños. Pero inmediatamente juzgué que podía tomar como regla general que
después "caí en la cuenta de que, mientras de ésta las cosas que concebimos muy clara y distinta-
manera intentaba pensar que todo era falso, era mente son todas verdaderas, y que solamente hay
absolutamente necesario que yo, que lo pensaba, alguna dificultad en advertir bien cuáles son las
fuese algo; y advirtiendo que esta verdad: pienso, que en realidad concebimos distintamente.
luego existo, era tan firme y segura que las más-
extravagantes suposiciones de los escépticos eran A continuación, reflexionando en este hecho de
incapaces de conmoverla, pensé que podía acep- que yo dudaba, y en que, por consiguiente, mi ser
tarla sin escrúpulo como el primer principio de la no era enteramente perfecto, puesto que veía cla-
filosofía que andaba buscando. ramente que había más perfección en conocer
que en dudar, quise indagar de dónde había
Luego, examinando con atención lo que yo era, y aprendido yo a pensar en algo más perfecto que
viendo que podía imaginar que no tenía cuerpo y yo mismo, y conocí con evidencia que tenía que
que no había mundo ni lugar alguno en que ser de alguna naturaleza que, en efecto, fuese más
estuviese, pero que no por eso podía imaginar que perfecta. En lo referente a los pensamientos que
no existía, sino que, por el contrario, del hecho yo tenía de muchas otras cosas exteriores a mí,
mismo de tener ocupado el pensamiento en dudar como el cielo, la tierra, la luz, el calor y otras mil,
de la verdad de las demás cosas se seguía muy no me costaba tanto trabajo saber de dónde
evidente y ciertamente que yo existía; mientras procedían, porque, no encontrando en ellas nada
que, si hubiese cesado de pensar, aunque el resto que me pareciese nacerlas superiores a mí, podía
de lo que había imaginado hubiese sido verdade- creer que si eran verdaderas, dependían de mi
ro, no hubiera tenido ninguna razón para creer en naturaleza, en cuanto que ella poseía alguna
mi existencia, conocí por esto que yo era una perfección, y si no lo eran, que las tenía de la
sustancia cuya completa esencia o naturaleza nada, es decir, que estaban en mí por ser yo
consiste sólo en pensar, y que para existir no tiene, defectuoso. Pero no podía ocurrir lo mismo con
necesidad de ningún lugar ni depende de ninguna, la idea de un ser más perfecto que el mío, pues el
cosa material; de modo que este .yo, es decir, el tenerla de la nada era cosa manifiestamente
alma, por la que soy lo que soy; es enteramente imposible. Y, como no hay menos repugnancia en
distinta del cuerpo, y hasta más fácil de conocer que lo más perfecto sea consecuencia y dependen-
que él, y aunque él no existiese, ella no dejaría de cia de lo menos perfecto que en algo proceda de
ser todo lo que es. nada, no podía venirme tampoco de mí mismo.
De socio que no quedaba sino que hubiese sido
Después de esto me puse a considerar lo que se puesta, en mí per una naturaleza verdaderamente
requiere, en general, para que una proposición sea más perfecta que yo, e incluso que reuniese en sí

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todas las perfecciones de que yo pudiera tener al- consiguiente, no lo estaba; pero que si en el
guna idea; es decir, para explicarme en una sola mundo había cuerpos o inteligencias u otras na-
palabra, que fuese Dios. A lo cual agregué que, turalezas que no fuesen enteramente perfectas, su
puesto que conocía algunas perfecciones que yo ser debía depender del poder de aquél, de tal mo-
no tenía, no era yo el único ser existente (usaré do que no pudiesen subsistir sin él ni un solo mo-
aquí, con vuestra venia, libremente los vocablos mento.
de la escuela), sino que era absolutamente necesa-
rio que hubiese algún otro más perfecto, del que Por un instante quise buscar otras verdades, y,
dependiese yo y del que hubiera recibido todo lo habiéndome propuesto el objeto de los geómetras,
que tenía; pues si yo hubiese sido solo e indepen- que yo concebía como un cuerpo continuo, o
diente de todo otro ser, de modo que hubiera como un espacio infinitamente extendido en
tenido por mí mismo lo poco en que participaba longitud, latitud y profundidad o altura, divisible
del Ser perfecto, por la misma razón hubiera en distintas partes que podían adoptar diversas
podido tener por mí mismo todo lo demás que figuras y magnitudes y ser movidas y trasladadas
conocía faltarme, y así, ser yo mismo infinito, de todos modos (pues todo esto suponen los
eterno, inmutable, omnisciente, omnipotente y, geómetras como objeto suyo), recorrí algunas de
en fin, poseer todas las perfecciones que podía sus más simples demostraciones, y, al percatarme
advertir en Dios. Porque, según los razonamientos de que esa gran certeza que todo el mundo les
que acabo de hacer, para conocer la naturaleza de atribuye sólo se funda en que se las concibe con
Dios, en cuanto la mía era capaz de ello, no tenía evidencia, según la regla que enuncié hace poco,
más que considerar, con respecto a todas las cosas advertí también que no había en ellas nada que
cuya idea encontraba en mí, si el poseerlas era o me asegurase de la existencia de su objeto; pues
no perfección; y estaba seguro de que ninguna de veía claramente que, suponiendo un triángulo, era
las que implicaban imperfección pertenecía a necesario que sus tres ángulos fuesen iguales a dos
Dios; y, en cambio, estaban en él todas las demás; rectos, pero no por eso veía nada que me
así, veía que la duda, la inconstancia, la tristeza y asegurase de la existencia en el mundo de ningún
cosas semejantes no podían estar en él, puesto triángulo; en cambio, volviendo a examinar la idea
que yo mismo me hubiese considerado mejor que tenía de un Ser perfecto, encontraba que la
viéndome libre de ellas. Por otra parte, tenía yo existencia estaba comprendida en ella, de la
ideas de muchas cosas sensibles y corporales; misma manera que está comprendido en la de un
pues, aunque supusiese que estaba soñando y que triángulo el que sus tres ángulos sean iguales a dos
todo lo que veía o imaginaba era falso, no podía rectos, o en la de una esfera el que todas sus
negar, sin embargo, que las ideas estuviesen verda- partes disten igualmente de su centro, y aun me
deramente en mi pensamiento. Ahora bien, como parecería más evidente lo primero; por consi-
había conocido ya en mí mismo muy claramente guiente, que Dios, ese Ser tan perfecto, es o
que la naturaleza inteligente es distinta de 1a existe, lo encontraba por lo menos tan cierto
corporal, considerando que toda composición como pudiera serlo cualquier demostración de la
indica dependencia, y que la dependencia es geometría.
manifiestamente un defecto, juzgué por ello que
no podía ser en Dios una perfección el estar
compuesto de estas dos naturalezas, y que, por Empero, el que haya muchos que consideren
difícil conocerlo, y hasta conocer lo que es su

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alma, se debe a que nunca elevan su espíritu por el sueño son más falsos que los demás, siendo así
encima de la» cosas sensibles, y a que están de tal que con frecuencia no son menos vivos y expre-
manera acostumbrados a no pensar nada sino sos? Y por mucho que estudien la cuestión los
imaginándolo (lo cual es un modo de pensar espíritus más selectos, no creo que puedan dar
particular, sólo apropiado para las cosas materia- ninguna razón suficiente para evitar esta duda, si
les), que todo lo que no es imaginable les parece no presuponen la existencia de Dios. Porque, en
que no es inteligible. Lo cual es bastante mani- primer lugar, lo mismo que hace poco tome como
fiesto por el hecho de que hasta los filósofos una regla, a saber: que las cosas que concebimos
tienen como máxima en las escuelas que no hay muy clara y distintamente son todas verdaderas;
nada en el entendimiento que antes no haya, eso mismo no es seguro más que a causa de que
estado en los sentidos, donde, sin embargo, es. Dios, es o existe, de que es un Ser perfecto y de
cierto que las ideas de Dios y del alma no que todo lo que hay en nosotros procede de El;
estuvieron jamás; y me parece que los que quieren de donde se sigue que, siendo nuestras ideas o
usar de su imaginación para comprenderlas obran nociones cosas reales y que vienen de Dios, en
lo mismo que si para oír los sonidos u oler los tanto en cuanto son claras y distintas no pueden
olores se quisieran servir de los ojos; con la ser sino verdaderas. De modo que, si a menudo
diferencia, además, de que el sentido de la vista tenemos bastantes que contienen falsedad, sólo
no nos asegura menos de la verdad de estos pueden ser aquellas que tienen algo confuso y
objetos que los del olfato y el oído, mientras que oscuro, a causa de que en ello participan de la
ni nuestra imaginación ni nuestros sentidos po- nada, es decir, que sólo se nos presentan de esa
drían asegurarnos jamás de cosa alguna sin la manera confusa porque nosotros no somos per-
intervención de nuestro entendimiento. fectos. Y es evidente que no hay menos repug-
nancia en que la falsedad o la imperfección
En fin, si todavía hay hombres que no estén procedan de Dios, en tanto que tal, que en que la
bastante persuadidos de la existencia de Dios y verdad o la perfección procedan de la nada. Pero
del alma por las razones que he expuesto, quiero si no supiésemos que todo lo real y verdadero que
que sepan que todas las demás cosas de que se hay en nosotros vienen de un Ser perfecto e
creen quizá más seguros, como de tener un infinito, por claras y distintas que fuesen nuestras
cuerpo, y de que hay astros y una tierra y cosas ideas, no tendríamos ninguna razón que nos
semejantes, son menos ciertas; pues, aunque de asegurase que poseían la perfección de ser verda-
estas cosas se tenga una seguridad moral, tal que deras.
parezca no poderse dudar de ellas a menos de ser.
extravagante, tampoco se puede negar, no obs- Ahora bien, una vez que el conocimiento de Dios
tante, cuando de certeza metafísica se trata, a y del alma nos ha garantizado la certeza de
menos de ser irrazonable, que sea suficiente aquella regla, es muy fácil conocer que las
motivo para no estar completamente seguro de fantasías que imaginamos estando dormidos no
ellas el haber advertido que, mientras se duerme, deben hacemos dudar en modo alguno de la
puede uno imaginarse de la misma manera que verdad de los pensamientos que tenemos estando
tiene otro cuerpo y que ve otros astros y otra despiertos. Pues si ocurriese que, aun estando
tierra, sin que haya nada de ello. Pues, ¿de dónde durmiendo, se tuviera alguna idea muy distinta,
se sabe que los pensamientos que sobrevienen en por ejemplo, que un geómetra inventase alguna

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nueva demostración, el sueño no le impediría ser
verdadera; y en cuanto al error más ordinario de
nuestros sueños, que consiste en que nos repre-
sentan diversos objetos de la misma manera que lo
hacen nuestros sentidos exteriores, no importa
que nos dé motivo para desconfiar de tales ideas,
puesto que también ellas nos engañan con bas- QUINTA PARTE
tante frecuencia sin que durmamos, como cuando
los que padecen ictericia lo ven todo de color ORDEN DE CUESTIONES
amarillo, o cuando los astros u otros cuerpos muy EN FÍSICA
lejanos nos parecen mucho más pequeños de lo
que son. Porque, en fin de cuentas, ya estemos
despiertos o ya durmamos, nunca debemos de- Mucho me agradaría continuar mostrando aquí la
jarnos persuadir más que por la evidencia de cadena completa de las demás verdades que de
nuestra razón. Y nótese que digo de nuestra estas primeras deduje, pero como para eso necesi-
razón, y no de nuestra imaginación ni de nuestros taría hablar ahora de varias cuestiones que están
sentidos. Así, aunque vemos el sol muy clara- en discusión entre los doctos, con los que no
mente, no por eso debemos juzgar que sea del deseo malquistarme, creo que será mejor que me
tamaño que lo vemos, y podemos imaginarnos abstenga de ello y que diga solamente en términos
muy distintamente una cabeza de león injertada generales cuáles fueron aquéllas, a fin de dejar
en el cuerpo de una cabra, sin que por ello sea juzgar a los más sabios si sería útil dar al público
ncesario concluir que haya en el mundo una una información más detallada de su contenido.
quimera. Porque la razón no nos dicta que lo que
vemos o imaginamos de ese modo sea verdadero, Permanecí firme en la resolución que había
sino solamente que todas nuestras ideas o nocio- tomado de no suponer ningún otro principio que
nes deben tener algún fundamento de verdad, ya aquel de que acabo de servirme para demostrar la
que, de lo contrario, no sería posible que Dios, existencia de Dios y del alma, y no aceptar cosa
que es perfectísimo y absolutamente veraz, las alguna como verdadera que no me pareciese más
hubiese puesto en nosotros; y, como nuestros clara y cierta que lo habían sido antes las
razonamientos no son nunca tan evidentes ni tan demostraciones de los geómetras; y, sin embargo,
completos durante el sueño como durante la me atrevo a decir que no sólo encontré el medio
vigilia, aunque a veces nuestras imaginaciones sean de satisfacerme en poco tiempo con respecto a las
en aquél tanto o más vivas y expresas, nos dicta principales dificultades de que se acostumbra a
también que, no pudiendo ser verdaderos todos tratar en la filosofía, sino que también advertí
nuestros pensamientos, por no ser nosotros ente- ciertas leyes que Dios ha establecido de tal
ramente perfectos, lo que tienen de verdad debe manera en la Naturaleza, y de las cuales imprimió
infaliblemente encontrarse en los que tenemos en nuestras almas tales nociones, que después de
estando despiertos, más bien que en los de haber reflexionado sobre, ellas suficientemente no
nuestros sueños. podríanlos dudar de que se cumplan con exac-
titud en todo lo que hay o acontece en el mundo.
Después, considerando la consecuencia de estas
leyes, me parece haber descubierto varias verdades

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