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Borrados de Nuevo León.

Por Jorge H. Elías

Con tatuajes inscritos “arbitrariamente” en todo el cuerpo, o en parte de él, como algún autor de la época lo señala, transitaban por la Sierra Madre sus originarios habitantes. Ellos se referían a sí mismos con nombres que tenían un sentido, una razón, un significado quizá ancestral, religioso o cultural. Haciendo referencia al suelo donde nacieron, a la naturaleza que los rodeaba, a sus costumbres, es difícil saberlo. Cuando llegaron (o llegamos, después de tantos años ya no es fácil diferenciarlo) los invasores con su superioridad tecnológica y bélica, le pusieron nombres, o nombretes a los grupos de tribus conocidas como Chichimecas por los mexicanos de lengua nahuatl. Uno muy
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generalizado fue el de borrados. Quizá por el hecho de estar tatuados. Entonces la palabra tatuaje no existía en el lenguaje castellano. Para los europeos acostumbrados a escribir sobre papel y borrar cuando se cometía algún error, tachando la palabra con una línea o un borrón, les fue, digamos natural, bautizar a aquellos extraños individuos llenos de líneas, trazos y borrones en su cuerpo con el nombre de “borrados”. Sin embargo con este nombre se abarcó, según dicen quienes saben, a muchos grupos de personas diferentes que podían ni siquiera tener el mismo idioma u origen cultural. Hay algunos estudios sobre estos grupos que poblaron el Nuevo León prehispánico y seguro faltan muchos más para llegar a conocer un poco sobre las costumbres, tradiciones y vivencias de nuestros antepasados indígenas del noreste de México. Como es sabido, estos grupos de indios trashumantes fueron congregados en pueblos o encomiendas, también llamados congregas. Dos de ellas en Montemorelos: Purificación y Concepción. A lo largo de los siglos XVII y XVIII fueron adoctrinados intensamente por los frailes franciscanos quienes además trasladaron a otro grupo nativo más dócil y civilizado (según sus estándares): los Tlaxcaltecas. Y fue así como a principios del siglo XVIII aparecieron los Pueblos de Indios de Nueva Conversión con familias tlaxcaltecas que servían de ejemplo a los demás grupos. A estos tlaxcaltecas se les llamaba madrineros y tenían la tarea de actuar como agentes de culturización y pacificación de los indios bárbaros. Al finalizar el siglo XVIII ya era difícil distinguir entre los indios de las diferentes naciones o tribus. Se habían mezclado. Habían cumplido su misión. Los libros de bautizo, matrimonio y defunciones de los pueblos de Purificación (hoy Gil de Leyva) y Concepción (hoy Escobedo) en Montemorelos revelan los nombres con que estos grupos fueron conocidos a lo largo de aquella época. Pedro Gómez Danés en su estudio sobre estas dos misiones los enumera1. Estos son sus nombres por orden alfabético:

Cfr. Gómez Danés, Pedro Las Misiones de Purificación y Concepción Facultad de Filosofía y Letras, Monterrey 1995

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aguatinejos, bocapintas, borrados, cacabras, cacalotes, Cadima (nación), canaynas, cometunas, domisaguanes, gavilanes guazames o guarames, guaxolotes, guijolotes, huimexises, juarames, lumbres, mexquitillos, naras, narices, nazcas, otomites, pamoranas, paysanos, pelones, rayados, tobosos, tortugas, venados y zacatiles. Yo quiero imaginarlos con sus tatuajes, escaso atuendo, su piel color bronce y el rostro horadado por el intenso sol norestenese. Las ilustraciones de este escrito son bocetos a lápiz y diseños que realicé con un poco de imaginación y tratando de copiar los rasgos faciales de indios de Norte América emparentados muy probablemente con aquellos que vivieron en el Noreste de México. Me hubiera gustado tener un indio borrado delante mío, quizá hubieran salido mejor. Son sorprendentes los relatos y descripciones que hacen Cabeza de Vaca, Alonso de León y Arlegui sobre los habitantes del noreste de México, sus costumbres y aspecto físico. Estudios recientes de arqueólogos y antropólogos sobre la zona ayudan a mirarlos desde otro punto de vista. Si fueron capaces de representar la Naturaleza en petroglifos como los del Frontón de Piedras Pintas (Parras NL), Boca de Potrerillos (Mina NL), en Nacaz e Icamole (García, NL) y en cientos de otros sitios esparcidos en el Estado de NL, no debieron ser tan cortos de mente, ni debió haber sido tanto "el barbarismo, ceguera y bestialidad de esta gente" como afirma Alonso de León en su Historia de Nuevo León. Y en otra parte de su historia, De León dice refiriéndose a los aborígenes de NL: "Son de corta capacidad, sin ningún discurso, prontos a hacer cualquier mal o traición, y si hallan ocasión, no la pierden; inclinados a hurtar; es gente mentirosa, vana y enemiga de todo lo criado; no cultivan la tierra, ni siembran; viven libres, en ociosidad, raíz de todos los males en que están sepultados".2

De LEÓN, Alonso Historia de Nuevo Leon con noticias sobre Coahuila, Tejas y Nuevo México en GARCIA, Genaro Documentos inéditos o muy raros para la Historia de México Tomo XXV México 1909 p. 37

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Es obvio que el autor es hijo de su tiempo. Los españoles veían en las costumbres de aquellas gentes algo diabólico. Para ellos, los indios de Nuevo León eran, si no demonios, sus parientes más cercanos. Acusan de ladrones a quienes les han despojado de toda posesión, incluidas su cultura e identidad como grupo trashumante. Y sin embargo para conocer algo de ellos es necesario recurrir a estas fuentes coloniales. Las interrogantes sobre estos grupos son muchísimas. Muchas más que las respuestas. ¿Cuántos grupos había? ¿Qué lenguas hablaban? y de estas lenguas ¿Cuales estaban emparentadas? ¿Qué trayectos recorrían en su lucha por la sobrevivencia en un medio bastante hostil? ¿Cuáles eran los límites de cada tribu? ¿Cuál la interacción además de la guerra? ¿Tenían centros de culto, de reunión para eventos litúrgicos, etc? ¿Fueron los ancestros de estos quienes elaboraron los petroglifos esparcidos por el estado? ¿Fueron otros que nada tienen que ver con ellos?

Algo se sabe de ellos, algunos datos de sus costumbres, una lista inmensa de nombres sacadas de fuentes coloniales. En el Handbook of North American

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Indians3, se enumeran solo para el área de Nuevo León unos 315 nombres. Se sabe que algunas tribus hablaban la lengua Quinigua, especialmente los llamados borrados4. Algunos autores han sugerido que muchas de estas tribus hablaban alguna lengua emparentada con la conocida como Coahuilteca, pero hay mucha discusión y dudas en torno a ese tema. Un primer intento de recolección de vocablos Quinigua a partir de textos coloniales lo hizo Eugenio del Hoyo en 1960 en su Libro Vocablos de la lengua quinigua de los indios borrados del noreste de México. En el campo de la arqueología, entre 1960-1967, un grupo de estudiosos de la Universidad de Texas, en Austin, encabezado por Jeremiah F. Epstein, emprendió un amplio programa de investigación en el Noreste de México que permitió el avance en el conocimiento de sus pobladores, y las costumbres y manifestaciones culturales de éstos. La descripción más directa de las costumbres, atuendos y aspecto de las tribus que habitaron las cercanías de Monterrey cuando se llevó a cabo la fundación de la ciudad es, sin duda, la de Alonso de León. Sobre su aspecto él escribe: "Andan los varones desnudos, en carnes, y tal vez se ponen unas suelas en los pies, atadas con unas correas, que llaman cacles, para defensa de las espinas; los cabellos largos, traen caídos atrás, con una correa de venado, que les da la punta a las nalgas, o sueltos, como mas quieren; píntanse las caras en general, cada nación con diferentes rayas, y otros todo el cuerpo, a la larga, atravesadas, derechas las rayas, o ondeadas, cual suele estar la tireba; algunos tienen, de la coronilla a la frente, pelado y rayado, que nacen las rayas de las narices: llámanlos calvos o pelones; y esta parte pelada, unas naciones la tienen mas ancha que otras, pero todas muy lisa, de arte que, apenas apunta el vello, cuando lo quitan, que parece, según esta aquella parte, que el artificio ha convertido en naturaleza y que no podrá nacer cabello; mas nace, si lo dejan. No difieren las indias de ellos, en las rayas muy poco, ni en lo de más; ellas cubren sus partes deshonestas con heno o zacate o unos torcidos que hacen de cierta yerba, como lino, y sobre eso suelen, las que lo tienen, ponerse, como faldellín, un cuero de venado atrás, y otro adelante; éste, más corto, que da a las espinillas; aquel les arrastra un palmo, del cual cuelgan cuentas, o frisoles o frutillas duras; o otros géneros de caracoles o dientes de animales, que hacen un ruido al andar, que tienen por muy gran gala; suelen traer otro cuero colgado al hombro, como cobija".5

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STURTEVANT, William C. Handbook of North American Indians Volumen 10 Government Printing Office, 1983 ISBN 0160045797, 9780160045790 4 Cfr. DEL HOYO Eugenio, Vocablos de la Lengua Quinigua de los Indios Borrados del Noreste de México UANL 1960. 5 De LEON, Alonso op. cit. p. 36

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Y yo de atrevido me pongo a hacer dibujos de ellos a sabiendas que es casi, si no imposible, reproducir la imagen de aquellos primeros habitantes de NL. Son solo mi interpretación, un tanto abstracta, aumentada y libre, de los rasgos y hábitos estéticos de los Borrados de Nuevo León.

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