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Nacionalismo e Identidad: un dilema cultural

Nacionalismo e Identidad: un dilema cultural

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Breve introduccion al nacionalismo mexicano, su origen, desarrollo y caida. Se analizan las teorias propuestas por la antropologia para lograr la unidad nacional, el elemento primordial en todo proyecto de Estado-Nación, igualmente se estudia el discurso político sobre las etnias y el dilema entre lo tradicional y moderno.
Breve introduccion al nacionalismo mexicano, su origen, desarrollo y caida. Se analizan las teorias propuestas por la antropologia para lograr la unidad nacional, el elemento primordial en todo proyecto de Estado-Nación, igualmente se estudia el discurso político sobre las etnias y el dilema entre lo tradicional y moderno.

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JORGE ALBERTO HERRERA BAREA. NACIONALISMO E IDENTIDAD: UN DILEMA CULTURAL. Introducción.

La figura de la nación domina toda la historia contemporánea. Admirada o criticada, la nación es la referencia obligada de todas las construcciones políticas modernas. Ella fue, y continúa siendo aun donde se intenta superar la justificación suprema de la existencias de estados independientes. La soberanía de la nación es el primer axioma de toda legitimidad política moderna. A pesar de las múltiples críticas de que ha sido objeto y de los muchos conflictos provocados por ella, no existe aún un modelo alternativo al ideal del Estado-nación que nos legaron las revoluciones de finales del siglo XVIII.1 El nacionalismo tiene profundas raíces en América latina. En una primera forma contribuyó a la rebelión contra España y Portugal a comienzos del siglo XIX2 justifica la constitución de los nuevos estados independientes en la América independiente en el primer tercio del siglo XIX3. El término nacionalismo se define como un principio que afirma que la unidad política y nacional debería ser congruente, en un modo más analítico, el nacionalismo antecede a las naciones, las naciones no construyen estados y nacionalismos, sino al revés.4En este sentido, el nacionalismo es una expresión profunda, aunque a menudo maligna, de la identidad humana, una fuerza negativa, pero también positiva. Es tanto una expresión de amor como de odio; Es un elemento fundamental de la vida política moderna y de las relaciones internacionales.5 En estos breves párrafos se explica de manera precisa el dilema del nacionalismo, como una doctrina6 formadora de naciones, de Estadosnaciones, y sobre todo de ciudadanos pertenecientes a determinado país, una doctrina que se convierte en la pieza principal para sustituir a toda cultura predecesora, así como de aquella identidad cultural
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Guerra Xavier-Francois, p.7 en Inventando la nación, 2003. Thomas E. Skidmore, Peter H. Smith, Historia contemporánea de América Latina, “América latina, Estados Unidos y el mundo”, p.396. 3 La independencia aparece como una “emancipación nacional” largamente anunciada provocada por distintos factores. 4 Hobsbawn, Eric, Naciones y nacionalismo desde 1780, p.17-19. 5 William Pfaff, La ira de las naciones, 1994, p.11 6 El nacionalismo no es una ideología porque no posee universalidad. Es imposible ser nacionalista a secas. Sin embargo el nacionalismo ocupa el terreno moral y emocional que corresponde a la ideología política. En William Pfaff, La ira de las naciones: la civilización y las furias del nacionalismo. 1993, P.12.

presente en un país. Enfoquemos este problema en el contexto mexicano, donde los embates de la modernidad tienen eco desde el siglo XIX hasta mediado del siglo XX. Nación, Identidad y Nacionalismo: un breve acercamiento. La nación y la identidad nacional son complejos integrados por una serie de elementos interrelacionados de tipo étnico, cultural, territorial, económico y político-legal, representan lazos de solidaridad entre los miembros de comunidades unidas por recuerdos, mitos y tradiciones compartidos, que pueden encontrar expresión en Estados propios, pero que no tienen nada que ver con los vínculos exclusivamente legales y burocráticos del Estado.7 Lo que se ha propuesto como cultura nacional en los diversos momentos de la historia mexicana puede entenderse como una aspiración permanente por dejar de ser lo que somos. Ha sido siempre un proyecto cultural que niega la realidad histórica de formación mexicana y, por tanto, no admite la posibilidad de construir el futuro a partir de esta realidad.8 El mexicano recuerda su pasado, lo investiga, lo escribe, lo lee, pero no para asumir y construir a partir de él un proyecto histórico, sino para exorcizarlo. Para la nación mexicana las etnias de origen mesoamericanas, aún siendo presente, son parte de ese pasado que hay que exorcizar. El estado posrevolucionario, concibió la educación como el medio más adecuado para dicho exorcismo.9 La nación ha combinado 2 tipos de dimensiones: la cívica y territorial por un lado y la étnica y genealógica por otro, este carácter multidimensional ha convertido a la identidad nacional en una fuerza flexible y duradera en la vida y política de nuestro días y ha permitido que se fusione con otras ideologías y movimientos influyentes sin perder su carácter propio. En México, hablar de “cultura nacional” y de la “identidad del mexicano” suele ser muy común. Constantemente hacemos referencia a ellas y hasta disertamos en cuanto a su contenido. Sin embargo, existe la certeza de que la complejidad de tales concepciones no pocas veces

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Smith, Anthony, La Identidad Nacional. Ed. TRAMA, 1997, PP.14-16. Bonfil Batalla, Guillermo, 1994, P.106 Martín Castillo, Manuel, 2008, P.50.

conduce a conclusiones y por tanto a una vaga comprensión de los fenómenos sociales que intentan explicar.10 El nacimiento de una nación11 y su Estado, es condición previa al establecimiento del nacionalismo; México se “hizo nación” en el marco de un difícil proceso histórico que además de responder a contradicciones internas propias de dicho trance, obedeció a otras de tipo externo que tenían que ver con el surgimiento de los nacionalismos de la época moderna.12 El proyecto nacionalista tenía como primer objetivo hacerse un lugar en la cultura universal y a la vez exaltar los elementos auténticamente originales y nacionales, buscaban la diferenciación frente a las otras especificidades culturales.13 El proyecto nacionalista poseía el carácter de unificador, lograr una masa homogénea de personas que compartan un pasado en común, una identidad como elementos que pertenecen a una comunidad, país y sociedad. De allí se deriva la idea de lograr una identidad mexicana usando elementos que entren en el imaginario colectivo de la gente. Aquella memoria histórica que hemos adquirido. Pero la cuestión es que tales elementos de homogenización poseen ciertas contradicciones muy marcadas, pero que dieron pie a la identidad del mexicano.14 El problema de la identidad mexicana. El problema de la identidad comienza a manifestarse en nuestra sociedad a través de las llamadas “crisis de identidad”, este término viene a especificar aquel proceso en el cual los individuos pertenecientes a un país se encuentran en una constante interacción con medios de comunicación, los cuales promueven valores y tradiciones occidentales o en su caso anglosajonas. En nuestra sociedad
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Muñiz García Elsa, “identidad y cultura en México: Hacia la conformación de un marco teórico conceptual” en IDENTIDADES Y NACIONALISMOS, 1993. P.13. 11 Es importante distinguir el termino nación de nacionalidad, el primero remite a una unidad política, cultural y social, donde coexisten grupos étnicos, un lenguaje e historia compartida, el segundo se refiere a los grupos étnicos que aspiran a tener una organización política y autónoma acorde a su idiosincrasia. 12 Muñiz García Elsa, “identidad y cultura en México: Hacia la conformación de un marco teórico conceptual” en IDENTIDADES Y NACIONALISMOS, 1993. P.17. 13 Muñiz García Elsa, “identidad y cultura en México: Hacia la conformación de un marco teórico conceptual” en IDENTIDADES Y NACIONALISMOS, 1993. P.25. 14 Según el Dr. David Brading en su libro Orígenes del nacionalismo mexicano, existen 3 elementos, entre esos elementos podemos nombrar el lenguaje el cual es el principal instrumento de comunicación, la Historia oficial que es el generador de la conciencia del ciudadano, la religión un punto mediático en las aspiraciones de unidad, en el caso mexicano el guadalupanismo es de los instrumentos principales para forjar la identidad mexicana etc.

actual estos medios de comunicación masiva han logrado tener mayor influencia gracias a los procesos de globalización y al capitalismo. En la época de la globalización todas las culturas, especialmente las dominantes, irrumpen en nuestros hogares a través de los medios de comunicación. La comunicación es vital en la definición y creación de la identidad. En todos los puntos del orbe cada ser humano se enfrenta a costumbres, tradiciones y concepciones ajenas a la propia. En forma cotidiana nos enfrentamos al “otro”, al que es diferente y lejano. Cabe destacar lo singular que es este fenómeno; no solo nos ocurre a los mexicanos o latinoamericanos sino a todo el mundo. Ésta es la manifestación cultural más importante del fenómeno de la globalización e impacta directamente en la toma de conciencia de nuestras diferencias, o sea de nuestra identidad.15 La globalización ha demostrado que en nuestro país el proyecto nacionalista quedo totalmente obsoleto a mediados del siglo XX. Muy a diferencia de nuestro vecino del norte, los Estados Unidos de Norteamérica que, sigue y seguirán su enajenante proyecto nacionalista, de allí el dilema que surge de querer encontrar un proyecto alterno al nacionalista, de esta necesidad surge la idea del regionalismo, que es un mecanismo muy particular en nuestro país, que se deriva y se sustenta de las grandes etapas de la identidad mexicana: el indigenismo, el criollismo, el mestizaje, el occidentalismo y el hibridismo. En el caso de México fue en el periodo de la independencia cuando se da una primera manifestación de la identidad cultural mexicana, que poco a poco se fue consolidando y 100 años después, durante la revolución mexicana hasta los años cuarenta donde surge la concepción más aceptada de lo que es y debería ser la identidad cultural del mexicano, a partir de este suceso se da la iniciación de la “individualidad” y “originalidad” del mexicano. En el marco de este proceso de lograr una identidad se empiezan a “crear” ciertos elementos para dicha homogenización. De esa manera en México tenemos que acontecimientos como las leyes de reforma, la no reelección, la constitución de 1917, la expropiación petrolera, la soberanía nacional y el nacionalismo revolucionario, se convirtieron en dogmas de fe de la clase política mexicana, sin posibilidad de cuestionamiento16.
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Alducin Enrique,” perspectivas de la identidad nacional” p.112, en Raúl Béjar y Héctor Rosales coord. 1999. 16 Rosas, Alejandro, Mitos de la historia mexicana; de Hidalgo a Zedillo, 2006, Ed. Planeta, P.16.

Cada concepto manejado en la doctrina cultural se deriva de lenguajes o discursos filosóficos, históricos y antropológicos que surgieron en Europa en los siglos VXII y XVIII. Los símbolos nacionales, costumbre y ceremonias juegan un papel importante en la unión de la nación, por que encarnan conceptos visibles para todos los estratos sociales que provocan reacciones emotivas, contribuyen a garantizar la continuidad de una comunidad abstracta de historia y destino, articulando y haciendo tangible la ideología del nacionalismo y los conceptos de nación. En, México surgían fuertes polémicas como Carlo Bustamante, que veía en las culturas indígenas la base histórica de la nación y otros como Lorenzo de Zavala, que negaban todo el pasado en bloques, otorgándole a la independencia carácter de principio fundador.17 La historia patria en México se reduce a una serie de acontecimientos clave: conquista, independencia y reforma, obedeciendo a determinadas categorías de valoración. La Historia funciona en este caso como auxiliar de una consolidación del patriotismo, la historia enseñada en las escuelas consagraban un proceso de asimilación política y cultural en torno a un imaginario cuya aceptación pronto fue general, así fue como en las últimas décadas del siglo XIX la “historia oficial” pasaba a ser la única verdaderamente patriótica y en consecuencia aceptable. El nacionalismo, como proyecto de nación se ha deteriorado al grado tal que se encuentra de cierto modo desgastado, ¿Que quiero decir con desgastado?, en el sentido que se ha vuelto obsoleto, para un país demasiado multicultural, un país el cual su propia historia no le ha podido otorgar una explicación coherente a cada una de las diferentes regiones que conforman México, a partir de este cuestionamiento el mexicano empieza buscar diferentes respuestas, una de ellas es la antropología que ha podido otorgar, a partir de estudios étnicos y culturales sobre su formación tanto política como social. La identidad del individuo llamado mexicano ha pasado por diversas etapas a lo largo de su existencia, de allí deriva su problema, o, más bien crisis de identidad tanto política como cultural. De esta manera considero prudente mencionar aquellas etapas por las que atraviesa

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Vallenilla Harwich, Nikita, “La Historia Patria” en. Inventando la nación; Iberoamérica. Siglo XX, PP. 533-549, Antonio Annino, Francois- Xavier Guerra, coordinadores.

dicha identidad: indigenismo, criollismo, mestizo, occidentalismo e hibridismo.18

Indigenismo es claro que se refiere al pasado prehispánico, nuestra herencia indígena, Guillermo Bonfil Batalla nos señala el eterno debate histórico entre el mexico imaginario (criollo) y el mexico profundo (indígena). Criollismo es aquella identidad heredada después de la independencia, el estado promueve la historia criolla dejando a un lado, el obvio pasado indígena. Mestizo, la identidad primordial del mexicano y la más aceptada, esta promueve la unión de las principales razas que existían en el país, la indígena, española y africana. Occidentalismo, su mayor aliado es la modernidad, en este sentido, nos referimos a la globalización, a los medios de comunicación que van promoviendo aquella identidad, podemos decir de “moda”, en este apartado podemos decir que el capitalismo juega papel importante en estas crisis de identidad. El hibridismo en su tesis sostiene la fusión de todas las tradiciones, costumbres y ritos de las culturas inmersas en el país. No niega la presencia multicultural, así como no pretende imponer una identidad.

Cada una de estas condiciones por la cual la identidad del mexicano ha pasado tiene ciertas características y un porqué de su concepción, por ejemplo el indigenismo tiene su mayor auge a mediados del siglo XX, cuando se empieza a dar cierto patriotismo que caracterizo al gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, y que de igual forma plantea el antropólogo Guillermo Bonfil Batalla, el México Profundo, aquel México que niega sus raíces prehispánicas y que por esta razón tiende a caer en estas crisis de identidad, ese origen que no se debe negar sino simplemente reconocer y valorar. Otra condición que fue fundamental para la historia de México fue el criollismo, y en este apartado me refiero al aporte del historiador David Brading, en su libro orígenes del nacionalismo criollo, nos habla del patriotismo criollo, como mecanismo importante para pensar en la
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Para saber más del tema se puede consultar el libro de la identidad como problema político y cultural que se proporciona en la bibliografía al final de este ensayo.

independencia de la Nueva España y el desarrollo de un protonacionalismo a principios del siglo XIX, y como lo dice su nombre es utilizado por los criollos cansados de los desprecios y rechazos de los españoles avecindados en la Nueva España que ocupaban todo el escenario político, económico y social. La condición del mestizo es la más aceptada por los ciudadanos y que se mantuvo vigente hasta finales del siglo XX, tratando de simplificar este aspecto transitorio de nuestra identidad me remitiré a las políticas del Estado para consolidarse como nación, como se menciona anteriormente se sabe que nuestro país necesitaba una historia patria, una memoria histórica sobre los acontecimientos que marcaron el camino de nuestro país. Y que mejor forma que de lograrlo, sino con las dos condiciones existentes y totalmente reconocidas y que siguen prevaleciendo en el discurso político: el indígena y el español. De esta idea se parte para unir estos bandos demasiados polarizados, decir que somos mestizos, la unión de estas condiciones hicieron posible que el mexicano encontrara respuesta a su dilema de identidad cultural. El occidentalismo lo podemos encontrar presente en nuestro país durante el porfiriato cuando el país se rige por todo lo que acontece en Europa especialmente Francia, pero luego lo volvemos a detectar en la última década del siglo XX cuando la tecnología y medios de comunicación masivos empiezan a tener cada día más influencia sobre la sociedad mexicana, en este momento de nuestra historia la globalización, el capitalismo y el llamado internacionalismo se empiezan a manifestar en todas las sociedades del mundo como una alternativa de identidad, todas nuestras costumbres se occidentalizan, imitamos las tradiciones extranjeras y olvidamos las propias, ejemplo de este caso sería el día de muertos que es una tradición milenaria y que poco a poco se ha sustituido por el Hallowen una tradición ajena a la mexicana. Pero el problema radica en que por más que imitemos a occidente nunca seremos occidentales. Con el hibridismo tenemos una de las opciones más sustanciales y a la vez difíciles, pero no imposibles, la de aceptar y relegar una identidad colectiva, nuestro país es un mosaico de culturas y tradiciones, por lo cual es imposible negar alguna e imponer otra, y si a eso le agregamos las demás aportaciones hechas por grupos de inmigrantes llegados a nuestro país durante todo el siglo XX: coreanos, chinos, franceses, españoles, alemanes, italianos, hondureños, salvadoreños etc. tenemos

un muy extenso problema de tradición y cultura en nuestro país, que el hibridismo propone conciliar. Regionalismo: los tres “Méxicos” de Mexico. El regionalismo viene a sustituir el nacionalismo como eje central de las relaciones políticas en nuestro país. El regionalismo que se había borrado del mapa ideológico durante gran parte de nuestra historia y solo utilizado como medio de atracción turística, en este sentido me refiero a que las características de cada región se remiten a ser un mero objeto del folklore. Por ejemplo, la gastronomía, zonas arqueológicas o bellas ciudades. En este sentido la cultura se reduce a ciertos aspectos económicos. La globalización promueve cierto desarraigo de los segmentos económicos y culturales respecto de las sociedades nacionales, integrándolos a una totalidad que los distancia de los grupos sociales más pobres, marginales al mercado de trabajo y de consumo. En esta situación lo nacional se encuentra cada vez más cuestionado por los niveles local y mundial.19 Para entender el regionalismo debemos mencionar que existen tres macroregiones en México, El “México indígena” del sur, el “México mestizo” del centro y el “México criollo” del norte. Cada una con grandes diferencias culturales, políticas y geográficas. Dentro de este regionalismo existen exclusiones de un nivel micro social. La revolución mexicana se jacta de haber logrado un México unido, un México homogéneo. Esta afirmación se ve en entredicho por las constantes manifestaciones, no solo culturales, sino también políticas en nuestra actualidad. La historia seria el instrumento privilegiado de la construcción nacional, la historia serviría para consolidar el poder de quienes se habían preocupado por definir cuales serian sus parámetros La historia de México se resume en un centralismo muy incipiente, aunque en la teoría se promueva como una república federal en la práctica queda en manifiesto su realidad, y este dilema se ha presentado durante toda su historia. Incluso, después de la revolución los Estados quedaron sujetos a lo que dictaba la capital. Es por esta causa que el regionalismo surge como principal elemento para lograr una identidad regional, y al mismo tiempo como contrapeso al proceso globalizador del siglo XXI.
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Béjar Raúl y Rosales Héctor,1999, p.31,

El Estado no es reconocido en algunas regiones del nuestro país, tal es el caso de la frontera norte, donde el estado no tiene poder ni se encuentra legitimado por la población, aquí se ve muy claramente la crisis política del nacionalismo. Se deja atrás aquella idea de primero soy mexicano, luego “norteño-sureño” etc. y por ultimo soy “indígenamestizo-negro” etc. que tanto se había promovido en el periodo posrevolucionario. Partiendo entonces de la diversidad geográfica de los tres Méxicos antes identificados, resulta fácil ubicar a los Méxicos históricos que sobre dichos Méxicos geográficos se han ido constituyendo. Méxicos geohistóricos y civilizatorios que, como diferentes respuestas humanas a esos mismo medios biogeográficos y naturales, han ido conformando las tres alternativas de configuración civilizatoria, es decir territorial, económica, social, política y cultural que, aún hasta el día de hoy, coexisten todavía dentro de nuestro espacio nacional.20 Sin embargo estas macroregiones, a pesar de ciertas diferencias, optan por unirse ante un enemigo en común que los amenace como país, de esta idea de que el nacionalismo solo se ha reducido a un mero sentimiento patriótico, en esos momentos, literalmente nos sentimos mexicanos. Por eso, y frente a los mitos unificadores propagados por los propios estados nacionales e internos, que pretenden afirmar la existencia monolítica y sin fisuras de una identidad del ser, por citar sólo un ejemplo, todos nosotros “mexicanos”, o en un nivel más local, de ser clara y contundentemente “chiapanecos”, o “sonorenses”, o “jaliscienses”, etc., hace falta recordar esa existencia profunda de una permanente tensión, y a veces hasta abierta contradicción , entre las distintas tendencias unificadoras que apuntan hacia la construcción y afirmación de esas identidades nacionales y locales, frente a las opuestas y hasta alternativas resurrecciones recurrentes de esas realidades geohistóricas, o étnicas, o culturales, etc., que sobreviven y se afirman hasta el día de hoy con la misma fuerza que dichas tendencias unificadoras y homogeneizadoras ya mencionadas.21

Conclusión

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Aguirre Rojas, Carlos Antonio, Contra historia de la Revolución Mexicana, 2009, Pp.25-26. 21 Aguirre Rojas, Carlos Antonio, Contrahistoria de la Revolución Mexicana, 2009, P.15

Hablar del nacionalismo mexicano nos remite a las concepciones de a finales del siglo XVIII, cuando un grupo de criollos ilustrados influenciados por las ideas emancipadoras de Europa, específicamente de Francia, concibieron la idea de una nación criolla, de una nación en la cual pudieran ser libres y poseer los derechos de los peninsulares. La pregunta es ¿realmente pensaron en la formación de un nuevo país, en este caso México? de allí la primicia para que el estudio de la conciencia criolla y su evolución a lo largo de toda la construcción de lo que hoy conocemos como México quede en tela de juicio. El nacionalismo mexicano surge como una necesidad del Estado Liberal para la consolidación de un poder ejecutivo que pudiera lograr la tan anhelada estabilidad política, sin embargo, el verdadero proyecto de Nación se daría en la etapa Posrevolucionaria, en los años cuarenta cuando la historia de la llamada corriente indigenista se puso como principal motor ideológico para la formación de la identidad mexicana y por consecuencia del ciudadano modelo que el Estado necesitaba. Sin embargo, esta fiebre por todo lo denominado “mexicano” se extingue a finales de los años sesenta. Muy al contrario de su poderoso vecino del norte, los Estados Unidos el cual continuo su proyecto nacionalista que muchas veces llega al grado de racismo e intolerancia, por lo tanto no es raro escuchar o leer ciertas políticas de migración que causan un malestar general a gran parte de la comunidad mundial. En cuanto al dilema de la identidad del Mexicano, hoy en día es muy claro observar estos ejemplos de regionalismo y las fisuras políticas que posee el pueblo mexicano, sin embargo en los medios de comunicación es posible señalar pequeños destellos de un patriotismo al estilo del nacionalismo mexicano, por ejemplo tenemos la cultura del norte y sus corridos los cuales exaltan la imagen preconcebida de lo que es un mexicano, en estos casos no existen diferencias raciales, geográficas o culturales, todos son mexicanos y este es un fenómeno muy interesante para estudiar y analizar, ya que la sociedad se encuentra en constante cambio, no solo ideológico, sino cultural, esto debido a todos los elementos que rigen su existencia diaria, en este sentido no solo me refiero a los medios de comunicación, sino a la escuela y la educación tanto familiar como escolar que van modelando la forma de pensar de cada individuo y al mismo tiempo sirve como agente para legitimar este régimen.

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• Carlos Antonio Aguirre Rojas, Contrahistoria de la Revolución Mexicana, Ed. Contrahistorias. La otra mirada de Clío, Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México, 2009.

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