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El Noviazgo

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El Noviazgo

A. ¿Qué es el Noviazgo? Es necesario dejar alguna premisa importante con respecto a este tema que a diario la juventud nos consulta: El noviazgo es un tiempo que precede al matrimonio, con el fin de prepararse para ese paso importante. Cualquier otro concepto que se pueda entender de lo que a continuación desarrollaremos es un concepto errado y no corresponde al concepto de Noviazgo. El concepto no necesariamente tiene el mismo nombre para todos. Nómbralo a gusto, pero la premisa sigue en pie. B. La Convivencia Lejos esté de nosotros el pensar que La Convivencia es reconocida por Dios como noviazgo. Intrínsecamente lleva esta relación la declaración de pecado de fornicación; aun cuando algunos sostengan que la unión (casamiento) no es necesaria que sea oficiada ante un ministro, sino solamente ante Dios por ambas partes. Pero sobre ese tema no es nuestro Especial. El noviazgo condicionará más tarde la vida matrimonial, en un sentido u otro. Si logras a futuro tener un matrimonio de acuerdo a la voluntad de Dios es en buena parte fruto de un noviazgo responsable, limpio, transparente; rechazamos especulaciones que si tuviste un noviazgo sucio, tienes un matrimonio sucio, pues en Dios, existe el perdón y como consecuencia una transformación de vida. C. La Castidad La castidad en el noviazgo no tiene cuestionamiento, como lo es hoy en día entre aquellos que no conocen a Dios "en espíritu y verdad." La castidad tiene una gran importancia, no sólo por obediencia a Dios, sino por la realidad alarmante que vemos en la juventud que no ha sabido comprender este mandamiento. Es normal hoy en día escuchar casos de jóvenes que a los 14 años ya tuvieron relaciones sexuales voluntarias, y, lastimosamente, en otros casos a más temprana edad. Ante Dios, ante uno mismo, ante la persona amada y ante la Iglesia de Cristo, es necesario dar muestras de que tu noviazgo se mueve en la voluntad de Dios y que edifiques a todos que de igual forma desean dar dicho paso. Es necesario demostrar que tu noviazgo va más allá que presentar sólo a tu pareja como la persona que Dios te ha dado, sino más bien que tu noviazgo se vea en completa integridad y consecuente a la Palabra de Dios, sano y ejemplo a los demás, pues aún aquí predicamos el evangelio con el ejemplo.

I. EL NOVIAZGO DE HOY - Lo que no debemos imitar. La conducta que se observa hoy día, aunque esté muy difundida a través de los medios de comunicación, la educación sexual en los colegios y/o Universidades, no equivale a una doctrina de fe que sostenemos (1 Jn 5:19). Criterios equivocados de humanismo carecen de razón y enseñan un comportamiento objetivamente pecaminoso, y están en contradicción con la enseñanza de la Palabra de Dios. De hecho, uno de los mayores problemas con que se enfrenta este tema es que los jóvenes aprenden a comportarse como novios según el ejemplo que ven en otros noviazgos, o según lo que les propone el medio o los medios de comunicaciones tales como el cine, literatura, la radio y televisión secular, por hilar más fino (Col. 2:8). Por lo general, esos modelos de comportamiento no son cristianos en absoluto y no reflejan el verdadero amor de pareja (ágape) sino el afán de una pasajera satisfacción sensual. Hasta los modelos que tenemos dentro de la Iglesia son escasos. Con argumentos esgrimidos de su falsa llamada ciencia (1 Ti. 6:20), dichos modelos seculares han sobrepasado los principios de Dios y nos hemos ido en pos de nuestras pasiones juveniles argumentando que "ahora es así", "todos lo hacen", "se ve siempre así en las películas", "no estamos ya en el siglo pasado", etc. Muchos jóvenes, para justificar un noviazgo pecaminoso, argumentan que los viejos o hasta sus propios padres son anticuados y que se olvidaron que fueron jóvenes y hacían lo mismo (Ro. 1:30; 2 Ti. 3:2). Estas palabras muchas veces son mencionadas sólo para justificar actitudes contrarias a lo que Dios nos enseña y continuar con algún capricho amoroso y obviamente conciente de que dicho modelos y ejemplos a lo que llaman "viejos" no debemos imitar. II. EL TIEMPO DEL NOVIAZGO Demás esta decir que las faltas de delicadeza, el respeto mutuo, la sinceridad (Ef. 4:25), la falta de pudor o el pecado de lujuria que tengan lugar en el noviazgo, si no se corrigen en esta etapa, se multiplicarán en el matrimonio, de un modo increíble. Este es el tiempo de darse cuenta cual será tu proyección en el siguiente paso que darás . Por ningún motivo llegues a ver a tu pareja como una mujer o un hombre, como una madre o padre, amiga o amigos, o cualquier característica que necesites tener del otro(a); sin antes verle como un ser humano. El noviazgo es el tiempo de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo, no por el afán de posesión, sino un espíritu de entrega mutua, de comprensión, de respeto, de sana convivencia en lugares apropiados. El noviazgo no es algo frívolo, o a la ligera para luego contraer matrimonio, por el deseos de escapar de casa, de satisfacer la sensualidad, o de tener hijos. Tales actitudes llevan a gravísimos errores inmediatos y futuros, no sólo morales, sino físicos y espirituales. La vida en el noviazgo, a pesar de que algunas veces los dos tengan posiciones diferentes, debe estar fundamentado en el

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amor. El noviazgo debe ser sin pretensiones egoístas sino de cariño, ajena a llegar a los peligros de la ocasión, lejos de la compasión al otro o del chantaje. A. Relaciones Sexuales Durante el Noviazgo Se oye decir que las relaciones sexuales entre novios no tienen que esperar a ser legitimadas por lo que seria un mero compromiso social, jurídico, económico, etc. (el matrimonio contraído). Lejos está una revelación de noviazgo en Dios en cuanto a no huir de la fornicación (1 Co. 5:9). Resulta evidente que un planteamiento de ese tipo, que prescinde de toda referencia a Dios, esta viciado de raíz y no puede ser aceptado por nadie que quiera seguir llamándose Cristiano(a). La Revelación, a la que ya hemos hecho referencia, no puede ser ignorada o dejada de lado. Insistimos que este punto no es cuestionable. B. Expresiones de Cariño y La Espontaneidad El cariño se ha de acomodar a los modos de expresión que exija la ley moral, social y sobre todo, la Palabra de Dios. No se trata de ir contra la espontaneidad, entendiendo esta palabra lejos de la hipocresía, sino de atribuirle el valor que le corresponde. En todos los campos y no sólo en el del amor, lo espontáneo debe elevarse hasta transformarse en lo humano, para poder transfigurarse en lo divino, mediante la gracia de Dios. De hecho, la espontaneidad no solamente es una regla de vida, sino que con frecuencia es una tendencia hacia un modo de conducta pecaminosa. Recordemos la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza (Ro. 13:13); en todos hay un gran componente de espontaneidad, mayor o menor según el temperamento. Son cosas que "nos salen" fácilmente, tan fácilmente que aparecen también cuando no las quisiéramos, porque son las tendencias al mal, que el pecado original ha dejado en nuestra naturaleza y de las cuales en sabia posición deben mutuamente evitarse. No nos engañemos en pensar que de acuerdo al medio en donde nos encontremos actuaremos dominando esta espontaneidad, porque nos llevara a pecar por falta muchas veces de Dominio Propio, que es fruto del Espíritu Santo (2 Ti. 1:7; 2 Pe. 1:6). Después nos cuestionarnos dichos comportamientos pecaminosos los cuales de ante mano nos dimos a ir más allá cada momento. Evitemos este cariño espontáneo en lugares que se presten para pasar a la pecaminosidad encontrada de improviso o en otra premeditada. En otras palabras, no nos engañemos en busca de lugares que nos permitan luego creer que nuestros instintos no sucumbirán. Por esto el noviazgo no ha de guiarse por la espontaneidad sino por una actitud consciente en todas las etapas del mismo, madura, que enriquezca y facilite el verdadero libre obrar de ambas partes (1 Co. 14:20). Lo que debe caracterizar nuestra vida no es el instinto que es lo más espontáneo que mueve a la acción, sino el amor y el deber, el sentido de responsabilidad, la obediencia libre a un Dios que nos ha hecho sus hijos y quien quiere lo mejor de nosotros en esta etapa necesaria de nuestra vida, previa al matrimonio. C. ¿Hasta dónde se puede llegar en las manifestaciones de afecto? Las manifestaciones de afecto no deben ser cosas que, en el fondo de la conciencia, tengan un timbre de lujuria, de bajeza, de egoísmo o de clandestinidad. Las manifestaciones de afecto se pueden llevar hasta donde se llegaría en presencia de tus padres o de adultos los cuales respetas. Un consejo práctico al respecto es evitar lugares solitarios y oscuros, como de igual forma ropa que lleve a la sensualidad. I. EL NOVIAZGO DE HOY - Lo que no debemos imitar. La conducta que se observa hoy día, aunque esté muy difundida a través de los medios de comunicación, la educación sexual en los colegios y/o Universidades, no equivale a una doctrina de fe que sostenemos (1 Jn 5:19). Criterios equivocados de humanismo carecen de razón y enseñan un comportamiento objetivamente pecaminoso, y están en contradicción con la enseñanza de la Palabra de Dios. De hecho, uno de los mayores problemas con que se enfrenta este tema es que los jóvenes aprenden a comportarse como novios según el ejemplo que ven en otros noviazgos, o según lo que les propone el medio o los medios de comunicaciones tales como el cine, literatura, la radio y televisión secular, por hilar más fino (Col. 2:8). Por lo general, esos modelos de comportamiento no son cristianos en absoluto y no reflejan el verdadero amor de pareja (ágape) sino el afán de una pasajera satisfacción sensual. Hasta los modelos que tenemos dentro de la Iglesia son escasos. Con argumentos esgrimidos de su falsa llamada ciencia (1 Ti. 6:20), dichos modelos seculares han sobrepasado los principios de Dios y nos hemos ido en pos de nuestras pasiones juveniles argumentando que "ahora es así", "todos lo hacen", "se ve siempre así en las películas", "no estamos ya en el siglo pasado", etc. Muchos jóvenes, para justificar un noviazgo pecaminoso, argumentan que los viejos o hasta sus propios padres son anticuados y que se olvidaron que fueron jóvenes y hacían lo mismo (Ro. 1:30; 2 Ti. 3:2). Estas palabras muchas veces son mencionadas sólo para justificar actitudes contrarias a lo que Dios nos enseña y continuar con algún capricho amoroso y obviamente conciente de que dicho modelos y ejemplos a lo que llaman "viejos" no debemos imitar. II. EL TIEMPO DEL NOVIAZGO Demás esta decir que las faltas de delicadeza, el respeto mutuo, la sinceridad (Ef. 4:25), la falta de pudor o el pecado de lujuria que tengan lugar en el noviazgo, si no se corrigen en esta etapa, se multiplicarán en el matrimonio, de un modo increíble. Este es el tiempo de darse cuenta cual será tu proyección en el siguiente paso que darás . Por ningún motivo llegues a ver a tu pareja como una mujer o un hombre, como una madre o padre, amiga o amigos, o cualquier característica que necesites tener del otro(a); sin antes verle como un ser humano. El noviazgo es el tiempo de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo, no por el afán de posesión, sino un espíritu de entrega mutua, de comprensión, de respeto, de sana convivencia en lugares apropiados. El noviazgo no es algo frívolo, o a la ligera para luego contraer matrimonio, por el deseos de escapar de casa, de satisfacer la sensualidad, o de tener hijos. Tales actitudes llevan a gravísimos errores inmediatos y futuros, no sólo morales, sino físicos y espirituales. La vida en el noviazgo, a pesar de que algunas veces los dos tengan posiciones diferentes, debe estar fundamentado en el amor. El noviazgo debe ser sin pretensiones egoístas sino de cariño, ajena a llegar a los peligros de la ocasión, lejos de la compasión

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al otro o del chantaje. A. Relaciones Sexuales Durante el Noviazgo Se oye decir que las relaciones sexuales entre novios no tienen que esperar a ser legitimadas por lo que seria un mero compromiso social, jurídico, económico, etc. (el matrimonio contraído). Lejos está una revelación de noviazgo en Dios en cuanto a no huir de la fornicación (1 Co. 5:9). Resulta evidente que un planteamiento de ese tipo, que prescinde de toda referencia a Dios, esta viciado de raíz y no puede ser aceptado por nadie que quiera seguir llamándose Cristiano(a). La Revelación, a la que ya hemos hecho referencia, no puede ser ignorada o dejada de lado. Insistimos que este punto no es cuestionable. B. Expresiones de Cariño y La Espontaneidad El cariño se ha de acomodar a los modos de expresión que exija la ley moral, social y sobre todo, la Palabra de Dios. No se trata de ir contra la espontaneidad, entendiendo esta palabra lejos de la hipocresía, sino de atribuirle el valor que le corresponde. En todos los campos y no sólo en el del amor, lo espontáneo debe elevarse hasta transformarse en lo humano, para poder transfigurarse en lo divino, mediante la gracia de Dios. De hecho, la espontaneidad no solamente es una regla de vida, sino que con frecuencia es una tendencia hacia un modo de conducta pecaminosa. Recordemos la soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza (Ro. 13:13); en todos hay un gran componente de espontaneidad, mayor o menor según el temperamento. Son cosas que "nos salen" fácilmente, tan fácilmente que aparecen también cuando no las quisiéramos, porque son las tendencias al mal, que el pecado original ha dejado en nuestra naturaleza y de las cuales en sabia posición deben mutuamente evitarse. No nos engañemos en pensar que de acuerdo al medio en donde nos encontremos actuaremos dominando esta espontaneidad, porque nos llevara a pecar por falta muchas veces de Dominio Propio, que es fruto del Espíritu Santo (2 Ti. 1:7; 2 Pe. 1:6). Después nos cuestionarnos dichos comportamientos pecaminosos los cuales de ante mano nos dimos a ir más allá cada momento. Evitemos este cariño espontáneo en lugares que se presten para pasar a la pecaminosidad encontrada de improviso o en otra premeditada. En otras palabras, no nos engañemos en busca de lugares que nos permitan luego creer que nuestros instintos no sucumbirán. Por esto el noviazgo no ha de guiarse por la espontaneidad sino por una actitud consciente en todas las etapas del mismo, madura, que enriquezca y facilite el verdadero libre obrar de ambas partes (1 Co. 14:20). Lo que debe caracterizar nuestra vida no es el instinto que es lo más espontáneo que mueve a la acción, sino el amor y el deber, el sentido de responsabilidad, la obediencia libre a un Dios que nos ha hecho sus hijos y quien quiere lo mejor de nosotros en esta etapa necesaria de nuestra vida, previa al matrimonio. C. ¿Hasta dónde se puede llegar en las manifestaciones de afecto? Las manifestaciones de afecto no deben ser cosas que, en el fondo de la conciencia, tengan un timbre de lujuria, de bajeza, de egoísmo o de clandestinidad. Las manifestaciones de afecto se pueden llevar hasta donde se llegaría en presencia de tus padres o de adultos los cuales respetas. Un consejo práctico al respecto es evitar lugares solitarios y oscuros, como de igual forma ropa que lleve a la sensualidad. I. EL NOVIAZGO ES UNA DECISIÓN SERIA Puestos a extremar las cosas, alguno podría pensar que en esta materia el mismo noviazgo es ya un peligro. Bajo cierto aspecto es verdad, pero no se puede cerrar ahí la discusión, porque en el fondo no se ha hecho más que recordar una verdad que los novios son dos que están en edad madura para enfrentar el matrimonio (1 Co. 14:20). Es cierto que el noviazgo lleva consigo una serie de circunstancias que podrían ser consideradas ocasión de pecado: el cariño y la necesidad de manifestarlo, la oportunidad de estar juntos con frecuencia, la familiaridad, desarrollo del comportamiento varonil (1 Co.16:13), etc. Pero el intentar de evitar esas cosas equivaldría a suprimir el noviazgo. Aun a riesgo de que el planteamiento parezca simplista, el problema práctico puede reducirse a pocos puntos bien concretos. Cuando hay un fondo de rectitud y de buena voluntad, con una base de compromiso formal, muchas victorias espirituales serán ganadas porque se ha sabido evitar la unión a la ligera y por intereses sexuales de primer orden (2 Ti. 2:22). Claro que el noviazgo requiere momentos de intimidad, para cambiar impresiones y confidencias nobles, y para empezar a entrenarse en “el nosotros y el mundo”, planificar el futuro y conocer posturas inmediatas, reglas de toda relación. La intimidad no quiere decir soledad, absoluta o con cómplices alrededor. De igual forma no se trata de entrar en detalles. Damos por sentado que los novios son lo suficientemente crecidos como para detectar por sí mismos, con la ayuda de Dios y de sus propias conciencias (Hch 32:1), cuando se presentan esas situaciones que ponen el alma en peligro inmediato. Si ellos no saben huir y así guardarse, no habrá nadie en la tierra que los guarde. Es necesario recordar el consejo que Pablo da a Timoteo en su segunda carta capítulo 3, versículos del 1 al 6 donde nos advierte de tiempos peligroso y de hombres con características de las cuales en toda relación es necesario conocer, porque la Palabra de Dios nos lo advierte. No con lo anterior nos volveremos paranoicos en ningún caso, sino que debemos estar concientes que en dicha etapa donde debemos reconocer a fondo quien será nuestra pareja. Esto dará una señal abierta de la inmadurez espiritual mutua sino se lleva a cabo y querer entrar en esta etapa tan delicada, previa al matrimonio. Sin necesidad de ahondar, basta recordar que hay diferencias en el modo de ser masculino y femenino. Entre hombre y mujer se abre con frecuencia la laguna de la ignorancia o de la duda sobre la sexualidad del otro en su sentido más amplio y sano. Cada uno sabe lo suyo; cada uno asume saber lo del otro. No está lejos pensar que muchos novios creen tener un concepto de la sexualidad del otro completamente conocida; lamentamos decirles a un gran número de parejas que no tienen claro el compromiso en esta área y lejos esta en su información una sexualidad sana a la luz de la Palabra de Dios, tema para otro especial. Luego, andando el tiempo y creciendo la experiencia, no hará falta hablar, y no será fácil disimular la realidad. A pesar que en algunos noviazgos todavía no se ha llegado a ese punto, y no han perdido eficacia las palabras mentirosas las cuales deben ser descubierta y manejas con altura de mira por ambos, con el fin de encontrar mutuamente en esperanza una posición que edifique la relación ante todo tipo de situaciones, tanto personales como mutuas. En algunas ocasiones será la mujer la engañada, si es ingenua y no está atenta. En otras el mismo hombre será engañado (Pr.

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2:16-17). Un clima de opinión bastante extendida puede contribuir a hacerle creer que el mandamiento de la pureza tiene distinta vigencia para el hombre y para la mujer; además, es necesario indicar que no por lo anterior se ha de perder el romanticismo que claro esta lejos de la sexualidad. Lo que no conseguiría una tentación descarada lo consigue la compasión, o la falta de respeto humano, o el miedo de parecer anticuada. Digamos solo que se ha de reaccionar con prontitud, para no dar ocasión a la pasión, y con esto con mucha fortaleza. No deseamos hacer creer que usamos palabras que parecerán demasiados maduras para esta etapa, pero insistimos, que este paso requiere de una postura conciente y madura. II. EL ROMPIMIENTO DEL NOVIAZGO Habrán momentos, incluso, en los que se impondrá el rompimiento de la relación, el no hacerlo llevaría necesariamente a ofender a Dios (pecados graves), sino se exigen pruebas de la autenticidad del cariño, como condición para continuar las relaciones. Probablemente sorprenda un poco la actitud del párrafo anterior, pero una característica del noviazgo es la posibilidad de cambio, la opción a rectificar una elección no acertada, por el procedimiento de romper las relaciones (Ec. 3:1), aunque a veces ese sistema no sea sencillo ni llevadero y que algunos usan frecuentemente luego de hacer uso de la otra persona; suena duro que no es otro significado el engañarse con un noviazgo sexual que sólo tiene como fin el término anticipado (Pr.13:1). Tampoco se me escapa que el simple hecho de anunciar la palabra noviazgo, implica actualmente una toma de posición bien concreta, precisamente porque hay quien se resiste incluso a dar status propio al noviazgo mismo. Si lo que se rechaza del noviazgo es un conjunto de convencionalismos sociales pasados de moda, no habría nada que esperar de esta relación , porque lo anticipa un engaño disfrazado de palabras acomodadas, pues es oportuno examinar con cierta detención lo que se entiende por convencionalismos. Me explico perfectamente la resistencia íntima que algunas parejas pueden sentir a reconocerse en la palabra novios, por la carga formalista con que a sus ojos aparece ese nombre. En estos casos es fácil anticipar un rompimiento de lo que nunca hubo como compromiso. III. LA RESPONSABILIDAD DE LA SOCIEDAD HACIA LOS JÓVENES Según estadísticas, muchas mujeres que en la actualidad viven secuelas de noviazgos, al margen de la voluntad de Dios, alguna vez pusieron en balanza los consejos de mayores, o de la misma Palabra de Dios (Ec.12:1). Muchas pusieron en descrédito la Palabras de Dios con otras ofensivas diciendo que las enseñanzas impartidas hoy en día eran de personas anticuadas. No obstante, nosotros los mayores debemos ver esto con responsabilidad, sabiendo que a cada momento estamos creando productos que dañan a nuestra juventud y después les exigimos comportamientos mínimos de racionalidad. Para ejemplarizar este fenómeno, en los Estados Unidos la juventud está siendo literalmente bombardeada de información que descalifica la verdad de Dios. Hemos llevado a nuestros jóvenes por medio de la TV, Video Juegos, Cine, y una larga lista a una actitud violenta, agresiva y hasta criminal; luego en sus escuelas les instalamos censores para detectar pistolas, descalificándolos a todos, dándoles restringidos espacios de tiempo para moverse de un aula a otra, negándoles permiso para hacer sus necesidades básicas en horas de clases, etc., con el espíritu desconfiado que harán actos delinquidos en sus salones o aulas. Luego que salen de esos recintos seguimos bombardeándoles con ídolos sin valores morales que le enseñan el uso del Sexo, Las Drogas, etc., etc. De igual forma en el área sexual, nosotros los padres, educadores, predicadores, enseñadores, debemos ser responsables ante dicha realidad y educar a nuestros hijos en un concepto sano de sexualidad, orientación que hará un noviazgo sano en esta área, hasta alcanzar el matrimonio con valor únicamente rescatados de la Palabra de Dios, ni aun de nuestras nocivas posiciones mezquinas y distorsionadas que terceros nos hayan comunicado. (Ef. 6:4). ¿Quién será la Persona que Dios desea que te cases? En primer lugar debes saber que este paso (noviazgo) es para responderse dicha pregunta. En otras secciones explicaremos que lejos debe estar en la pareja el encontrar en este tipo de relación cualquier razón diferente para iniciarla, es decir, pasar un rato, satisfacer algún deseo de cualquier índole, usarlo como un escape, entre otras, sino es en este periodo donde la mujer casta espera en Dios así como el hombre (1 Co 7:36). Dentro de las muchas dudas que nacen frente a este paso, se encuentra el saber si la persona con quien se pretende entrar en un noviazgo es la persona que desea Dios sea a futuro tu esposa o esposo. Existen algunas respuestas básicas que debemos de reconocer: 1. En primer lugar Dios respeta nuestras inclinaciones al sexo opuesto. Es decir, Dios acepta nuestra sana elección que se origina por intervención de factores humanos (atracción física) y espirituales que ayudan a reflexionar que, con tal persona deseamos contraer matrimonio. 2. Debemos tener mucho cuidado con la llamada "voluntad directa de Dios". La declaración que Dios hace a una persona específica que llegue a ser nuestra esposa o esposo, no posee duda; algunas veces la supuesta "voluntad de Dios" sólo refleja actitudes mezquinas, intereses creados, etc. por los propios involucrados o por terceros. Como consejo creemos para estos casos que debe haber una revelación directa a ambas partes. Para ambas opciones, las partes deben de buscar siempre la voluntad de Dios en oración antes y durante el noviazgo, pues es este tiempo que la pareja debe tener dicha certeza (Ro. 12:2). Finalmente, es necesario hacer hincapié que toda relación frente a los ojos de Dios debe estar cimentada en el Amor de Pareja, (Eros) y el Amor Ágape, sin las cuales no responderás nunca la pregunta del encabezado. ¡Relaciones Sexuales antes del Matrimonio! por ningún motivo. El noviazgo es el período en el cual el amor muestra sus primeras manifestaciones. No confundas el amor humano y la

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intimidad sexual como una condición para entablar este tipo de relación, aunque sean cosas relacionadas. El amor debe ir creciendo en la misma relación y aún después cuando se es pareja en matrimonio. Una atracción, la satisfacción o la instintividad son decisiones equivocadas para dar el paso del noviazgo. Nunca debemos fundamentar este tipo de relación en cualquier cosa que no sea el Amor como nos dice Judas en su carta "conservaos en el amor de Dios ...". A veces parece plantearse un conflicto entre amor y castidad, esto porque no se reflexiona sobre el significado del amor. Se justifican luego acciones que van contra el amor. No podríamos realmente llamar amor lo que fuera causa de un grave daño espiritual. Fuera del legítimo matrimonio, es pecado la búsqueda directa del placer sexual o la realización total o parcial de acciones que estén destinadas por su naturaleza, independientemente de la intención del hombre, a la transmisión de la vida. Y esto, aunque por las razones que sean se sepa que no llegará la concepción, y aunque la intención no sea ofender a Dios sino manifestar cariño o como se le llama irónicamente en el mundo "Muestra de Amor"(2 Jn. 2:16). Hay una "inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa. El acto sexual es algo que tiene sentido únicamente donde se puede desarrollarse plenamente: en el matrimonio. Nunca debes solicitar directamente ninguna de las manifestaciones corporales que son propias de la intimidad conyugal (matrimonio), (1 Pe. 4:8). En otras palabras, no le pidas a tu pareja que te demuestre cuanto te ama con relaciones sexuales. A la hora de la responsabilidad moral, no puede prescindirse de lo que pase en la conciencia del otro, porque los novios son dos (2 Co.4:2). Una intención afectuosa, si es imprudente, puede ser la causa de un pecado. Siempre debe quedar tal limpia trasparencia, en todos tus actos y palabras, que no contristemos al Espíritu Santo y que parezca haberse levantado un muro entre ambos como pareja y Dios. Conclusiones Con reservas argumentamos a veces que dichos modelos seculares han sobrepasado los principios de Dios y nos hemos ido en pos de nuestras pasiones juveniles argumentando que "ahora es así," "todos lo hacen," "se ve siempre así en las películas," "no estamos ya en el siglo pasado," "los viejos son anticuados," etc. Muchos jóvenes, para justificar un noviazgo pecaminoso, argumentan que los viejos son anticuados y que se olvidaron que fueron jóvenes y hacían lo mismo (Ef. 6:1-3). Estas palabras muchas veces son dichas para justificar actitudes contrarias a lo que Dios nos enseña y continuar con algún capricho amoroso (Ef 6:7). Nunca debes solicitar directamente ninguna de las manifestaciones corporales que son propias de la intimidad conyugal (matrimonio). En otras palabras, no le pidas a tu pareja que te demuestre cuanto te ama con relaciones sexuales. A la hora de la responsabilidad moral, no puede prescindirse de lo que pase en la conciencia del otro, porque los novios son uno. Una intención afectuosa, si es imprudente, puede ser la causa de un pecado. Siempre debe quedar tal limpia trasparencia, en todos tus actos y palabras, que no se enfríe la vida de piedad sentida ni parezca haberse levantado un muro entre el alma y Dios. El noviazgo es el período en el cual el amor muestra sus primeras manifestaciones. No confundas el amor humano y la intimidad sexual como una condición para entablar este tipo de relación, aunque sean cosas relacionadas. El amor debe ir creciendo en la misma relación y aún después cuando se es pareja en matrimonio. Una atracción, la satisfacción o la instintividad son decisiones equivocadas para dar el paso del noviazgo (1 Co. 13:4-7). Nunca debemos fundamentar este tipo de relación en cualquier cosa que no sea el amor. A veces parece plantearse un conflicto entre amor y castidad, esto porque no se reflexiona sobre el significado del amor. Se justifican luego acciones que van contra el amor. No podríamos realmente llamar amor lo que fuera causa de un grave daño espiritual. (1 Co. 7:32). Fuera del legítimo matrimonio, es pecado la búsqueda directa del placer sexual o la realización total o parcial de acciones que estén destinadas por su naturaleza, independientemente de la intención del hombre, a la transmisión de la vida. Y esto, aunque por las razones que sean se sepa que no llegará la concepción, y aunque la intención no sea ofender a Dios sino manifestar cariño, lo cual desde ya es una pensamiento ajeno a la voluntad de Dios. Hay una "inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal el significado unitivo y el significado procreador." El acto sexual es algo que tiene sentido únicamente donde se puede desarrollarse plenamente: en el matrimonio. Es evidente que no puede designarse con la palabra noviazgo cualquier enamoramiento adolescente o adulto, aunque revista ciertas características de estabilidad y exclusividad. Por los mismos motivos, el noviazgo no está dirigido al simple trato entre un chico y una chica, si bien pueda también aplicársele en algunos aspectos. Fundamentalmente, el noviazgo implica una intencionalidad de matrimonio hacia el futuro, que por el sentido de responsabilidad que debe llevar implícito, por el compromiso más o menos expreso que encierra. Inherentemente, en el noviazgo existe el compromiso, la intencionalidad hacia el futuro. No en vano resaltamos precisamente el aspecto de fidelidad a un compromiso de sujeción libre a uno que encierra en esa voluntaria atadura. Quizás por este hecho, tenga hoy tan pocas simpatías el noviazgo serio: pero advirtamos que quien vea el deber como libertad, quien no sepa renunciar a determinadas posibilidades por amor, quien no quiera que nada ni nadie le coarte, quien no se decida a aceptar ese necesario condicionamiento, se descalifica automáticamente incluso para el matrimonio, que implica el compromiso primerizo del noviazgo. (1 Co. 7:35). Entiéndase que no hablamos necesariamente de un compromiso jurídico o formal o el de la llamada petición de

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mano. Me refiero a un compromiso íntimo, quizás sin ninguna manifestación explícita, pero no por eso carente de fuerza. Es un compromiso, tendencia, o, si se prefiere, una disponibilidad de fe (1 Ti. 3:9). Es una actitud compleja, porque ha de conciliar la voluntariedad de una estabilidad probable, presente y futura. El noviazgo se trata, en fin, de conseguir un equilibrio que difícilmente puede existir, o aun concebirse, si falta amor y como centro la Palabra de Dios para tomas de decisiones y actitudes. Limitarse a pasar el tiempo, no terminar nunca de decidirse, entender el noviazgo como un modo de entretenerse los domingos por la tarde, o echarse a ciegas y sin reflexión de la primera posibilidad de matrimonio que se presenta, son otros tantos modos de equivocar el camino hacia la vida conyugal, con riesgo de arruinar toda la vida futura, también la eterna. Por eso en este punto pueden hacerse residir bastantes catástrofes matrimoniales, a pesar de que hayan logrado propuestas de tiempo, decisiones tomadas a escondidas detrás de los primeros momentos: Fallan, porque se han casado dos inmaduros, aunque a veces basta que sea inmaduro uno solo. No han crecido por dentro. No se han conocido. No se han entregado verdaderamente el uno al otro, aunque incluso puedan haber ofendido al Señor con intimidades ilícitas. "El matrimonio no es efecto de la casualidad o producto de la evolución de fuerzas naturales inconscientes", es decir, ni en cuanto al matrimonio como institución y al hombre como especie, ni en lo que atañe a este o a aquel un matrimonio a la ligera por sus protagonistas, decisión tomada en esta etapa del noviazgo. Recordemos lo que nos dice Pablo respecto a esto en 1 Co. 7:27 "¿Estás ligado a mujer? No procures soltarte. ¿Estás libre de mujer? No procures casarte". Concedamos que el noviazgo reúne un determinado número de características que lo definen e identifican. Tengo derecho o pensar que un chico y una chica son novios si veo que encarnan todas, o la mayoría, o bastantes de esos caracteres distintivos. Lo mismo que tengo derecho a no admitir que sean novios, si carecen de alguna señal que sea fundamental, por ejemplo, la edad: Nadie toma en serio los noviazgos entre crios de ocho años. Estimamos que no se puede considerar un noviazgo auténtico y bueno, quien se reserva el derecho de compartir momentos de caricias, por llamarlos de alguna manera, o de hacer pareja con quien guste y cuando le guste. Estas actitudes son aberraciones, en mayor o menor grado del argumento del libertino; todavía no estamos casados y los coqueteos vanidosos, los celos, los celos por venganza o por sencilla o simple estupidez de uno, para algunos esta absurda postura la llaman noviazgo. Dan tanta pena esas parejas de jóvenes que se conocen por algún tiempo breve y dentro del cual todo es discusión celos y líos que involucran a medio mundo. No son novios ni probablemente quieren serlo. Son amantes en el sentido más pobre de la palabra, compañeros de quita y pon, enamorados mientras dura, pobrecillos que dan y toman todo lo que pueden, sin la luz de una norma moral. mínima y lejos de la voluntad divina Pero son también para muchos otros chicos, que tampoco quieren o saben que la felicidad del amor humano exige fidelidad, sentido de responsabilidad, aceptación gustosa de las limitaciones que impone el hecho de ser hombres y no animales criaturas de Dios, mas todavía hijos de Dios. Este dato es especialmente significativo, ya que curiosamente, las parejas que habían mantenido relaciones sexuales durante su noviazgo, previas a su matrimonio, tenían más probabilidades estadísticas de llegar al divorcio que quienes no habían llegado al acto sexual hasta el momento del matrimonio, pues se rebaja el noviazgo al solo deseo de la sexualidad.

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