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El contexto del Concilio Vaticano II

El contexto del Concilio Vaticano II

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El contexto histórico del Concilio Vaticano II y su influencia en la vida de la Iglesia.
El contexto histórico del Concilio Vaticano II y su influencia en la vida de la Iglesia.

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TRADICIÓN Y MODERNIDAD.

EL CONTEXTO DEL CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II Ana Guirao Vives

1. INTRODUCCIÓN Una de las batallas más decisivas, y a ratos más violentas, que se libra en el espacio público es la que tiene que ver con la identidad. Una identidad que se basa en la pertenencia, la tradición, las particularidades sociales, políticas, religiosas, culturales, antropológicas... Sin embargo, al mismo tiempo que esta lucha por lo particular se desata otro fenómeno; pugna en el mismo espacio para cuestionar buena parte de lo que aquella reclama: la modernidad, que abogando por la primacía de la razón, cuestiona la validez de la tradición y propone una ruptura con lo antiguo, con lo clásico, con la propia historia, para construir una entelequia volátil sobre una base no inmutable. La Iglesia no es, no ha sido, ajena a este debate, como no lo es a nada que afecte al hombre. Así pues, para nosotros, cristianos comprometidos con la Iglesia y con nuestro tiempo, la pregunta obligada es: ¿es posible un equilibrio armónico entre tradición y modernidad, entre lo nuevo y lo antiguo, entre lo particular y lo común? Ya el Concilio Vaticano II responde a esta pregunta de forma clara, aunque a la luz de ciertas interpretaciones la duda parece más que razonable.

2. CONTEXTO DEL CONCILIO VATICANO II Antes de seguir esbocemos cuál era la situación sociopolítica en la que el Concilio se desarrolla. La “Guerra Fría” iniciada a finales de la II Guerra Mundial marcó la historia del mundo entre 1945 y 1989. Entre el capitalismo, representado por Estados Unidos y sus aliados, y el marxismo, por la Unión Soviética y los suyos, nada parecía tener cabida, salvo la propaganda, el miedo

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y la caza de brujas. Era un extremo o el otro. Esta situación se agravó con la crisis de los misiles en el año 62, que a punto estuvo de desembocar en una guerra nuclear, y la guerra de Vietnam (1964 y 1975) que causaba estragos en el ánimo de la población. En lo sociológico encontramos la irrupción del movimiento hippie a comienzo de los 60 con su vuelta al paganismo, las religiones alternativas, la liberalización sexual, la oposición a la guerra y el rechazo de las estructuras. En el ámbito eclesial, tras la aparición de la modernidad al término de la Revolución Industrial, la Iglesia cerró filas en torno al neoescolasticismo (tomismo) y el literalismo bíblico, como reacción a aquella. El resultado fue la aparición hacia 1930, en un convento cisterciense de Bélgica, de un movimiento teológico encaminado a modernizar la teología católica: la “Nouvelle Théologie”. A comienzos de 1950 este movimiento tenía diferentes variantes: una de ellas abogaba por integrar la experiencia humana moderna en el dogma cristiano, algunos de sus exponentes fueron K. Rahner, sj y J. Courtney Murray, sj; otra de las variantes abogaba por el retorno a las fuentes, principalmente a los padres de la Iglesia, y su actualización para comprender mejor la Escritura. Entre sus representantes encontramos a Y. Congar, O.P.; J. Ratzinger, H. de Lubac, S.J. y H. Küng. Por otra parte hacia 1943 había surgido en Francia el movimiento de los curas obreros, el cual fue reorganizado en 1953 por Pío XII, tras el abandono de los presbíteros de sus tareas pastorales y la fortísima politización del mismo.

3. LA RESPUESTA DEL CONCILIO EN LO QUE A LA LITURGIA SE REFIERE Surge así la respuesta de la Iglesia a las angustiosas situaciones que vivían los hombres del momento, a través del Concilio. Los documentos conciliares abordan temas fundamentales para la vida de la Iglesia y otros que responden a cuestiones del momento como son: la actividad misionera de la Iglesia, el ecumenismo, los medios de comunicación, la libertad religiosa, la educación cristiana de la juventud, la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas.

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En el ámbito de la sagrada liturgia, en el que se desarrolla nuestro ministerio, los padres conciliares a través de la Sacrosanctum Concilium siguieron la línea marcada por cuantos nos precedieron y les precedieron en el gobierno de Iglesia, a saber: la introducción de aquellos elementos culturales propios de cada comunidad que podían enriquecer a la misma, acercar a los que estaban lejos y facilitar la comprensión del rito y de la propuesta cristiana, siempre y cuando no fueran radicalmente en contra de la misma ni de la dignidad del propio hombre. Optaron por la inculturación (SC 77, par 2). [La Iglesia] Estudia con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra que no esté

indisolublemente vinculado a supersticiones y errores, y aun a veces los acepta en la misma liturgia con tal que se pueda armonizar con el verdadero y auténtico espíritu litúrgico. (SC 37) El Concilio propone un acercamiento de la liturgia a la asamblea que celebra a través de elementos muy concretos, como son: la participación activa de los fieles (SC 30), la introducción de las lenguas vernáculas (SC 36, 2) y de elementos culturales propios (SC 38). También en el ámbito de la música litúrgica: melodías nuevas, canto religioso popular (SC 118), lenguas vernáculas, el uso de otros instrumentos (SC 120), al mismo tiempo que recordaba e insistía en que la lengua de la Iglesia es el latín (SC 36, I) y el canto propio el gregoriano (SC 116) como la forma más excelsa de alabar a Dios en la sagrada liturgia. Lo que debía ser una brisa fresca que complementara la tradición fue un huracán devastador tras el cual la tradición quedó arrinconada, desestimada y despreciada. Los artículos sucesivos que regulan el uso de las lenguas vernáculas y el latín, el canto gregoriano y el canto popular, la incorporación de elementos culturales propios y la tradición milenaria fueron contrapuestos y ni el espíritu ni la letra encontraron acogida fiel. La sagrada liturgia y todo lo relacionado con ella pasaron, en muchos casos, de ser la acción de Dios a través de la Iglesia a ser la acción particular de la

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comunidad o del sacerdote. La obra de la salvación que es la Eucaristía fue desposeída de los elementos “pesados y rancios” dando paso a la creatividad del sacerdote o la comunidad, y la acción salvífica de Dios a través de su Iglesia en no pocas ocasiones quedó y queda en una reunión de amigos. El 5 de marzo de 1967, Pablo VI publicaba la instrucción Musicam Sacram en cuyo segundo párrafo dice: Las decisiones del Concilio han comenzado ya a ponerse en práctica en la renovación litúrgica recientemente iniciada. Pero las nuevas normas referentes a la organización de los ritos sagrados y a la participación activa de los fieles han dado origen a algunos problemas sobre la música sagrada y sobre su función ministerial, que parece se deben resolver para lograr una mejor comprensión de algunos principios de la Constitución sobre la sagrada liturgia. La SC se firmó el 4 de diciembre de 1963. En 1967 los abusos ya se habían generalizado y llegado a Roma. Los abusos, que se impusieron con rapidez, han sido y siguen siendo difíciles de corregir. De nada sirvió el empeño en la instrucción de los sacerdotes en la tradición musical (SC 115): el canto gregoriano desapareció incluso de muchos coros monacales, al igual que el latín, a pesar de que el Concilio recomendaba expresamente que se mantuviese (SC 101). De nada sirvió la constitución de la Fundación Latinitas por Pablo VI en 1976, retomando la constitución Veterum Sapientia dada por Juan XXIII (22-II-1962) unos meses antes de que comenzase la primera sesión del Concilio y a la que ni obispos ni sacerdotes prestaron atención alguna. Entre los últimos esfuerzos realizados por restaurar tanto el latín como el gregoriano y sobre todo y en primer lugar, el rito tradicional de la misa, el 7 de julio de 2007 el papa Benedicto XVI publicó el motu proprio Summorum Pontificum, por el que quedaba liberalizada la liturgia romana clásica, “nunca abrogada”.

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El papa Benedicto XVI resumía esta situación el pasado mes de mayo: (…) Deseo poner de relieve un aspecto fundamental que me interesa particularmente: el hecho de que desde san Pío X hasta hoy se percibe, a pesar de la natural evolución, la continuidad sustancial del Magisterio sobre la música sacra en la liturgia. En particular, los pontífices Pablo VI y Juan Pablo II, a la luz de la constitución conciliar Sacrosanctum Concilium, quisieron reafirmar el fin de la música sacra, es decir, «la gloria de Dios y la santificación de los fieles» (n. 112), y los criterios fundamentales de la tradición, que me limito a recordar: el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza; la plena adhesión a los textos y a los gestos litúrgicos; la participación de la asamblea y, por tanto, la legítima adaptación a la cultura local, conservando al mismo tiempo la universalidad del lenguaje; la primacía del canto gregoriano, como modelo supremo de música sacra, y la sabia valoración de las demás formas expresivas, que forman parte del patrimonio histórico-litúrgico de la Iglesia, especialmente, pero no sólo, la polifonía; la importancia de la schola cantorum, en particular en las iglesias catedrales. Son criterios importantes, que hay que considerar atentamente también hoy. De hecho, a veces estos elementos, que se encuentran en la Sacrosanctum Concilium, como precisamente el valor del gran patrimonio eclesial de la música sacra o la universalidad que es característica del canto gregoriano, se han considerado expresiones de una concepción que respondía a un pasado que era preciso superar y descuidar, porque limitaba la libertad y la creatividad del individuo y de las comunidades. Pero tenemos que preguntarnos siempre de nuevo: ¿quién es el auténtico sujeto de la liturgia? La respuesta es sencilla: la Iglesia. No es el individuo o el grupo que celebra la liturgia, sino que esta es ante todo acción de Dios a través de la Iglesia, que tiene su historia, su rica tradición y su creatividad. La liturgia, y en consecuencia la música sacra, «vive de una relación correcta y

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constante entre sana traditio y legitima progressio», teniendo siempre muy presente que estos dos conceptos –que los padres conciliares claramente subrayaban– se integran mutuamente porque «la tradición es una realidad viva y por ello incluye en sí misma el principio del desarrollo, del progreso» (Discurso al Instituto litúrgico pontificio San Anselmo, 6 de mayo de 2011: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de mayo de 2011, p. 2).

4. CANTAR LA REDENCIÓN La liturgia es la renovación del acontecimiento salvador en la historia de los hombres, la puerta abierta que nos pone en comunicación directa con la Redención de Cristo. Cantar esta redención es tarea de la música litúrgica, que no es siempre y solo sagrada, sino que debe responder también a cánones precisos dictados por la Iglesia, que disciplina y elige el empleo de la música en la celebración de los misterios. La música es el lenguaje que subraya, interpreta y traduce de modo artístico y en el mismo tiempo ritual el acontecimiento teológico vivido. El magisterio conciliar y pontificio posterior al mismo no nos permiten refugiarnos en la añoranza del pasado. Hace falta trabajar hoy, con los medios, los lenguajes, las formas de hoy, para comunicar nuestra fe y para celebrarla guardando el equilibrio entre la cultura que vivimos y el contenido de fe que debemos comunicar. En la música litúrgica la celebración tiene características de universalidad y no sencillamente subjetivas. La liturgia respira el tiempo de la Iglesia, que no es sencillamente la contemporaneidad, sino que es el "hoy" de Cristo resurgido; es el "hoy" de una tradición siempre viva como testimonio de la fe de nuestros padres. Nosotros no podemos ignorar los llamamientos de la Iglesia para desempeñar nuestro ministerio con la conciencia y la dignidad requeridas. Tenemos la posibilidad de armonizar la tradición y el progreso; tenemos la posibilidad de

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afianzar nuestra pertenencia sin renunciar a las raíces, a una tradición milenaria que la Iglesia viene custodiando y en cuya conservación y difusión tenemos la oportunidad de participar.

BIBLIOGRAFÍA BENEDICTO XVI. Carta con ocasión del Centenario del Instituto Pontificio de Música Sacra [en línea] http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/letters/2011/documents/hf_benxvi_let_20110513_musica-sacra_sp.html [consulta 26 de septiembre de 2011]. FRISINA, MARCO. Musica tra cultura e liturgia [en línea] http://www.corodiocesidiroma.com/portal/blog/item/32-musica-tra-cultura-eliturgia.html [consulta 22 de septiembre de 2011]. Trad.: Ana Guirao. VATICANO II. Documentos. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1990. VINCENT CHARLES, s.j. Aclaración sobre los sacerdotes obreros [en línea] http://gumilla.org/biblioteca/bases/biblo/texto/SIC1954161_26-27.pdf [consulta 26 de septiembre de 2011].

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