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La vida de los cazadores-recolectores

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Hace unos diez mil años, la Humanidad comenzó a producir sus propios alimentos, cultivando la tierra y domesticando a los animales. No obstante, durante millones de años el modo de vida del género Homo había sido cazador-recolector, y esta forma de vivir tuvo tanto éxito que incluso en la actualidad algunos grupos la siguen practicando.
Los primeros especímenes del género Homo, los Homo habilis, vivieron hace millones de años (entre 2,4 y 1,8 m.a.), en el Paleolítico Inferior. Si bien la especie humana ya había recorrido un largo camino evolutivo y habíamos alcanzado características tan humanas como el bipedismo, es el Homo habilis a partir del cual comienza a verse una mayor capacidad craneal, o volumen interior del cráneo. Diferentes especies del tipo Homo poblaron la tierra, hasta que hace unos treinta mil años, los últimos neandertales desaparecieron y nos quedamos como única especie representante de nuestro género. Si bien es desde el Neolítico que otra forma de producir alimentos es posible, fue la caza y la recolección el único modo de subsistencia que tuvieron nuestros ancestros del Paleolítico, el único que conocieron el resto de especies del género Homo.
Hace unos diez mil años, la Humanidad comenzó a producir sus propios alimentos, cultivando la tierra y domesticando a los animales. No obstante, durante millones de años el modo de vida del género Homo había sido cazador-recolector, y esta forma de vivir tuvo tanto éxito que incluso en la actualidad algunos grupos la siguen practicando.
Los primeros especímenes del género Homo, los Homo habilis, vivieron hace millones de años (entre 2,4 y 1,8 m.a.), en el Paleolítico Inferior. Si bien la especie humana ya había recorrido un largo camino evolutivo y habíamos alcanzado características tan humanas como el bipedismo, es el Homo habilis a partir del cual comienza a verse una mayor capacidad craneal, o volumen interior del cráneo. Diferentes especies del tipo Homo poblaron la tierra, hasta que hace unos treinta mil años, los últimos neandertales desaparecieron y nos quedamos como única especie representante de nuestro género. Si bien es desde el Neolítico que otra forma de producir alimentos es posible, fue la caza y la recolección el único modo de subsistencia que tuvieron nuestros ancestros del Paleolítico, el único que conocieron el resto de especies del género Homo.

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LA VIDA DE LOS CAZADORES RECOLECTORES

RAQUEL CARRILLO GONZÁLEZ
ANATOMÍA DE LA HISTORIA

Publicado bajo una licencia Creative Commons 3.0 (Reconocimiento - No comercial - Sin Obra Derivada) por: Raquel Carrillo González, 2011. Anatomía de la Historia, 2011. www.anatomiadelahistoria.com anatomiadelahistoria@gmail.com

Edición a cargo de: José Luis Ibáñez Salas Diseño: Anatomía de Red

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La vida de los cazadores-recolectores
Por Raquel Carrillo González

Hace unos diez mil años, la Humanidad comenzó a producir sus propios alimentos, cultivando la tierra y domesticando a los animales. No obstante, durante millones de años el modo de vida del género Homo había sido cazador-recolector, y esta forma de vivir tuvo tanto éxito que incluso en la actualidad algunos grupos la siguen practicando. Los primeros especímenes del género Homo, los Homo habilis, vivieron hace millones de años (entre 2,4 y 1,8 m.a.), en el Paleolítico Inferior. Si bien la especie humana ya había recorrido un largo camino evolutivo y habíamos alcanzado características tan humanas como el bipedismo, es el Homo habilis a partir del cual comienza a verse una mayor capacidad craneal, o volumen interior del cráneo. Diferentes especies del tipo Homo poblaron la tierra, hasta que hace unos treinta mil años, los últimos neandertales desaparecieron y nos quedamos como única especie representante de nuestro género. Si bien es desde el Neolítico que otra forma de producir alimentos es posible, fue la caza y la recolección el único modo de subsistencia que tuvieron nuestros ancestros del Paleolítico, el único que conocieron el resto de especies del género Homo.

de medio en el que habitaban estos grupos, su clima, su situación, etc., pues la productividad cambia en uno u otro espacio geográfico. La caza y la pesca eran más importantes que la recolección en los hábitats más cercanos a los polos, mientras que ésta última era un medio de subsistencia fundamental en lugares fértiles, con mayor vegetación. Para conocer el ambiente en el que vivieron los cazadores-recolectores del Paleolítico, recurrimos a la paleoecología, ciencia que reconstruye los ecosistemas en las etapas cronológicas antiguas. No podemos olvidar que el medio y el clima han ido variando a lo largo de los milenios. A pesar de todo, aunque podamos decir que la influencia del medio es grande, el modo de explotarlo es una cuestión cultural, ya que eran los grupos sociales los que tomaban esas decisiones. Los cazadores-recolectores eran sociedades itinerantes. Se iban moviendo a través del territorio persiguiendo sus fuentes de alimento. Para sobrevivir solían tener una demografía reducida, aunque el tamaño del grupo, así como la distancia que recorría, dependían de lo que el entorno les ofreciera y pudiera soportar. Cuanto más pobreza en alimentos tuviera su territorio, más extenso debería ser, y viceversa. Esta movilidad a la que nos estamos refiriendo solía ser estacional, pues también muchos de los recursos naturales lo eran. Quizás fuera por su nomadismo, pero no apreciaban tanto lo material como lo hace nuestra sociedad, y todo pertenecía a todos. Estos grupos buscaban siempre la máxima eficiencia, es decir, invertían el mínimo esfuerzo posible. No será hasta la invención de la agricultura cuando las sociedades comiencen a almacenar excedentes que puedan consumir más tarde o comerciar con ellos. 3 www.anatomiadelahistoria.com

1. En comunión con el entorno
Los cazadores-recolectores sentían, y sienten, un profundo respeto por su entorno, por la tierra y la naturaleza que les rodea, pues de ellas obtenían lo necesario para vivir. En cierta forma, el entorno es determinante, porque fija de antemano qué y cómo se puede aprovechar de él. Debemos tener en cuenta por ello el tipo La vida de los cazadores-recolectores

Los cazadores-recolectores no tenían esa necesidad. Explotaban lo que el medio les daba: si no había caza, pescaban, y si no, recogían más frutos. No trabajaban más de lo indispensable. Eso hacía que tuvieran más tiempo de ocio de lo que puedan tener los agricultores o ganaderos. Además de minimizar el esfuerzo, intentaban reducir el riesgo. La caza de animales con la tecnología con la que contaban en el Paleolítico podría ser peligrosa, y reducir el número de cazadores de un grupo si existían accidentes podía suponer no proveer de suficiente alimento a la comunidad. Pese a su itinerancia, los cazadores-recolectores no vivían totalmente aislados y solitarios, pues se producían contactos con otras bandas. En esos encuentros se podía realizar un intercambio de información, que era un recurso vital, ya que propiciaba un mejor conocimiento del territorio, del que se dependía para vivir. Y en las reuniones entre distintas comunidades, no sólo se intercambiaría información u objetos, sino que muy probablemente se llevarían a cabo matrimonios, lo cual favorecería a ambas partes al evitar la endogamia.

Cuando había escasez de recursos cárnicos, los cazadores-recolectores consumían la grasa. El hambre y la sed son necesidades biológicas que deben ser cubiertas. La energía obtenida a través del alimento es indispensable para el desarrollo de la vida. Cada especie animal plantea su propia estrategia para saciar el hambre, y dicha estrategia puede estar más o menos planificada. En el caso del ser humano, el planteamiento mental de unas estrategias cada vez más complicadas es un signo que nos define. ¿Cómo somos los prehistoriadores capaces de ver ese planteamiento previo complejo en el Paleolítico, cuando nos separan de esa etapa tantos años y la documentación existente no es tan abundante como en otras épocas? Sabemos por ejemplo que ya en ese período nuestros antepasados elaboraban un utillaje necesario previo a la caza, y desde luego tenían un conocimiento muy profundo de su propio entorno. 2.1. Conocimiento del medio Cada comunidad de cazadores-recolectores tenía su propia estrategia de supervivencia. Conocían el territorio que ocupaban muy bien, con todo detalle. Desarrollaron una percepción sobre el mundo que les rodeaba, sabían a qué zonas ir en qué épocas del año. Aquí, la información y el conocimiento (la memoria), resultaban fundamentales para subsistir, ya que podía ser lo que les permitiera sobrevivir o lo que acabara extinguiendo al grupo. El conocimiento de esa información tan esencial se obtenía mediante diferentes métodos. Pudo ser información que les transmitieron sus propios antepasados, y que ha sido contada de generación en generación formando parte de la memoria colectiva del grupo. Puedo ser también información basada en la experiencia de la propia comunidad. En ese caso, seguramente se convirtió posteriormente en un añadido a la propia memoria colectiva y fue contada también a sus descendientes. Por otra parte, cuando dos grupos diferentes se encontraban podían producirse intercambios de conocimientos, una actuación recíproca que beneficiaba a ambos. Estas tácticas, que unían conocimiento tradicional de su comunidad con la propia experiencia, y

2. Cazar, pescar, recolectar
La única forma que tenían de obtener alimentos era cazando, pescando y recolectando. La dieta de los primeros homínidos era diferente a la del hombre moderno, y se componía sobre todo de diferentes frutos y bayas y algunos insectos y gusanos. En un momento de la evolución comenzaron a comer carne y se hicieron omnívoros, lo que a su vez aumentó sus posibilidades de supervivencia, al poder contar con mayor diversidad de recursos alimenticios. Las proteínas facilitadas por la carne ayudaron asimismo al desarrollo del cerebro. Para conocer la dieta de los cazadores-recolectores del Paleolítico recurrimos a los restos de huesos animales que aparecen en los yacimientos, pero también son una gran fuente de información los restos óseos que pertenecieron a nuestros antepasados y que nos pueden indicar algunas pistas sobre paleopatologías que pueden estar relacionadas con carencias alimenticias. Para elegir la dieta, entraban en juego diferentes factores como las propiedades del alimento, la facilidad de explotar ese recurso, incluyendo, claro, el tiempo de preparación, y por supuesto su abundancia y estabilidad.

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el conocimiento y experiencia de otros grupos con los que entraban en contacto, tomaban cuerpo en la toma de decisiones del desplazamiento a un lugar o a otro. Desarrollaban sus acciones conscientemente basándose en lo que sabían. Tomaban las medidas que implicaran un menor riesgo y que les permitieran conseguir su objetivo con una inversión de esfuerzo mínima, lo que permitía una reproducción de la comunidad de un modo más exitoso. En esta transmisión de conocimiento que venimos comentando, el lenguaje resultaba ser muy importante porque mejoraba la comunicación entre los miembros del grupo y aumentaba la cooperación. Anatómicamente, el habla pudo comenzar con el Homo ergaster, en el Paleolítico Inferior. Fue uno de los grandes avances del Paleolítico. 2.2. Fabricación de utensilios Para desarrollar las actividades de caza, pesca y recolección era necesario la fabricación de unos utensilios que creaban los homínidos al menos desde el Homo habilis. Según avanzamos en el tiempo, la evolución tecno-tipológica se hizo más compleja, unida al desarrollo del cerebro. La tecnología se asociaba con la pertenencia a un grupo social concreto. A medida que la organización de la comunidad y la técnica alcanzada eran más complejas, la transmisión de comportamientos y conocimientos se realizaba mediante la memoria colectiva en lugar de por instinto. Las innovaciones técnicas fueron posibles gracias a la acumulación de conocimientos que el grupo conseguía tras ser transmitidos de generación en generación. Y esos conocimientos concretos definían a la comunidad. Que los homínidos del Paleolítico fueran capaces de crear útiles que luego utilizaban en sus actividades cinegéticas nos habla de la existencia de un planteamiento previo a la actividad, y de una intencionalidad, así como de un desarrollo de la mente mayor al que poseen el resto de especies animales. Este planteamiento previo se ve claramente en la preparación que se hacía de un núcleo de piedra para sacar unas lascas con una forma predeterminada y que se utilizarían posteriormente con fines concretos ya pen-

sados con anterioridad. La existencia de estos útiles significa que se había alcanzado un desarrollo fisiológico, psíquico y social importante. El bipedismo, que liberaba las manos, y la oposición del pulgar, junto con un aumento de la encefalización crearon las circunstancias oportunas para que un homínido pudiera tomar una materia existente en la naturaleza y modificarla según unos claros intereses pensados y definidos con antelación. Los arqueólogos y prehistoriadores han recurrido, para estudiar los útiles, a la experimentación arqueológica, el remontaje (intentar reconstruir el núcleo con las lascas y los restos de talla que aparecen en la excavación), la trazalogía (estudio de la funcionalidad mediante las huellas de uso) y la comparación etnográfica. Los utensilios que se encuentran en las excavaciones nos dan muchísima información. Por ejemplo, a partir de los tipos de materia prima que se usaban, se pueden localizar las fuentes de aprovisionamiento del yacimiento. También aportan datos sobre la técnica que había alcanzado el grupo. Además, mediante las huellas de uso podemos conocer la clase de actividades económicas que llevaban a cabo. Un objeto lítico es el resultado de un conjunto de procesos técnicos y tecnológicos, de una “cadena operativa”, desde la selección y captación de materiales líticos hasta su transformación, uso, distribución y abandono. Cuando se fabricaba un útil entraban en juego tanto la tradición (el conocimiento transmitido de generación en generación) como la experimentación. ¿Qué hace que un útil sea cómo es? En el planteamiento mental que se hacía del mismo y en su ejecución posterior intervenían diferentes factores. Uno de ellos era la materia prima con la que se contara, su calidad y su disponibilidad. Se emplearon materiales muy diversos, pero los líticos más utilizados fueron sílex y cuarcita, aunque como decimos, no eran los únicos. Además de la materia prima, también debemos tener en cuenta a la hora de estudiar la fabricación de un utensilio, la tecnología y la cultura del grupo, así como la habilidad de quien tallaba la pieza. La talla era la actividad que transformaba la materia prima en útiles. Esta transformación consistía

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en fracturar intencionalmente la piedra. A través de la talla se obtenían las lascas, lasquitas y hojas, que después se convertirían en distintos utensilios mediante los retoques, que eran pequeños levantamientos que le daban al utensilio su forma final. Por otra parte, la elaboración de útiles de piedra no finalizaba con la talla y el retoque, sino que después había que enmangarlos para aumentar su eficacia y facilidad de uso. Por ejemplo, las puntas de lanza debían tener una gran penetrabilidad con el objetivo de matar al animal de manera más eficiente. Fue el Neandertal, en el Paleolítico Medio, quien fabricó las primeras puntas, las llamadas puntas musterienses. Durante el Paleolítico Superior se mejorarán los útiles y las armas, para conseguir cazar a una mayor distancia y poder reducir de esa manera el riesgo. La elaboración de útiles para la caza era importante, pero también se necesitaban utensilios para otras actividades posteriores, como cuchillos para el descuartizamiento, raspadores para procesar la piel En general, los utensilios de los cazadores-recolectores son bastante reducidos en número y bastante sencillos, pero lo suficientemente eficaces para ayudarles en sus actividades.

Paleolítico Medio (aproximadamente 200.00035.000 BP, es decir Before Present o ‘antes del presente’) y Paleolítico Superior (en torno a 35.000-10.000 BP). Durante el Paleolítico Inferior los objetos eran bastante toscos. Es en el Paleolítico Superior cuando se dan las mayores innovaciones, a pesar de ser el período más corto. Existen teorías que defienden que mientras la técnica alcanzada sea suficiente, la humanidad no realizará ninguna invención, por lo que es muy probable que la tecnología existente en el Paleolítico Inferior y Medio fuera la necesaria para la supervivencia y la reproducción social y no se requirieran más innovaciones pues, de lo contrario, se habrían producido. El Paleolítico es un período muy amplio no sólo a nivel temporal, sino también a nivel espacial. Todos los humanos del planeta compartían ciertas similitudes que obliga a que los estudiemos de modo conjunto. No obstante, existen ciertos regionalismos que son observables en la cultura material. Por este motivo, nos centraremos principalmente en los hombres y mujeres del Paleolítico europeo, y más concretamente, de la península Ibérica. La primera etapa en la que aparecen utensilios tallados en piedra es la que llamamos Olduvayense. Los útiles más característicos de este período eran los chopper o cantos tallado unifaciales, y el chopping tool, o canto tallado bifacial. Eran objetos fabricados sobre un canto rodado en el que se creaba un filo. La materia prima empleada en su elaboración era muy variada, pues aún no había especialización y casi cualquiera podría valer. Aunque había pocos tipos de útiles, se utilizaban para muchas cosas. El siguiente período del Paleolítico Inferior es el Achelense (1,8/1,4 m.a.- 200.000 BP), en el que podemos observar ciertas innovaciones. Los restos líticos fueron realizados por una nueva especie de Homo, el Homo ergaster, que se extendió fuera del continente africano y evolucionó hacia otras especies en Asia (Homo erectus) y Europa (Homo antecessor y heidelbergensis) expandiéndose de este modo la nueva industria, cuyo uso tiene una cronología muy larga. El útil estrella del Achelense era el bifaz. El famoso Excalibur hallado en Atapuerca es un utensilio de esta clase. Los bifaces, también llamados hachas

Reconstrucción virtual del modo de enmangar un raspador, según el investigador J. L. Piel-Desruisseaux. (Imagen de Sergio Ortiz Moreno).

El Paleolítico es un período cronológico muy amplio durante el cual la técnica y la tecnología fueron modificándose. Se divide, a su vez, en tres grandes subperiodos: Paleolítico Inferior (desde hace unos 2,8 millones de años hasta hace unos 200.000 años),

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de mano, eran objetos líticos de morfología más o menos alargada. La principal característica que los definía era la talla de las dos caras del soporte, que afectaba a la totalidad del mismo y que creaba un filo cortante más o menos sinuoso. Se trataba de un útil con distintas funciones, pues servía para cortar carne, fracturar huesos, trabajar la madera, perforar, etc. Además de los bifaces, en esta etapa se fabricaban triedros (utensilios que tenían una sección triangular y que servían para fracturar el hueso para obtener el tuétano), hendedores (eran útiles alargados de grandes dimensiones que tenían en su extremo distal un filo natural, es decir, sin retocar y cuya función podemos suponer que era actuar como cuchillo para las partes blandas de los animales), y bolas o esferoides facetados (objetos tallados y machacados hasta obtener una morfología casi globular cuya finalidad se desconoce, pero que pudieron ser usados como elemento arrojadizo). Durante el Musteriense, ya en el Paleolítico Medio, época en la que vivieron los neandertales, se llegó a una mayor diversidad de utensilios con funcionalidades diferentes. Se generalizó una técnica que se había comenzado en el período anterior, la técnica levallois, que consistía en realizar una serie de acciones de talla para obtener de un núcleo una lasca con una forma predeterminada. A partir de ahora hubo un interés en optimizar el material, lo que llevó a una disminución del tamaño de los útiles. Para ello hacía falta una materia prima de mayor calidad, por lo que en ocasiones los grupos humanos de este período se desplazaban varios kilómetros para obtenerla, es decir, no utilizaban simplemente la que tenían a mano en ese momento como en períodos anteriores. Los útiles más característicos del Musteriense además de las lascas y puntas levallois, y de las puntas musterienses, que ya mencionamos con anterioridad, son las raederas (útiles sobre lasca que se usaban para el raído o raspado de madera o pieles), denticulados (objetos que tenían pequeñas muescas contiguas que formaban un borde dentado, como una sierra y servían para cortar madera y materiales óseos), muescas (útiles con un entrante de forma más o menos semicircular que aparece en un borde del soporte cuya función parece que era el trabajo

de la madera y el hueso), cuchillos de dorso (lascas más o menos alargada que presentaban un borde formado por un filo natural, es decir, no retocado, y que servían para los trabajos de desarticulación de huesos y tendones, así como el troceado de la carne). En torno al 120.000-100.000 BP apareció una nueva especie el Homo sapiens sapiens. La transformación tecnológica que llevó a cabo este nuevo representante del género Homo coincidió con una mayor complejidad social. En el Paleolítico Superior, a partir del 35.000 BP aproximadamente, los líticos eran cada vez más pequeños y ligeros y se crearon nuevos tipos. Hubo además una especialización funcional mayor, junto con una diversificación de los materiales: hueso, asta, marfil, concha También comenzaron a ser importantes los objetos de adorno personal y el arte mueble. Para todo ello, la necesidad de materias primas de mejor calidad (sílex o cuarcitas de grano fino) era más acuciante aún que en el Paleolítico Medio, con lo que existía una mayor movilidad con el fin de encontrarlas y utilizarlas. La primera preparación del material se realizaba in situ, en los afloramientos. De este modo transportaban sólo la parte que era necesaria, esto es, el núcleo, o bloque de roca de donde se extraen directamente las lascas que se van a convertir en útiles concretos. Asimismo, aparecieron redes de intercambio. También mejoró la tecnología, comenzando el tratamiento térmico del sílex, pues el calor facilitaba su talla. El Paleolítico Superior se divide en varias etapas, cada una de ellas con características propias en la fabricación de útiles: Chatelperroniense. Es la transición del Paleolítico Medio al Superior, con una cronología aproximada de 40.000/36.000-32.000 BP. Se asocia con los últimos neandertales, quienes convivieron con el Homo sapiens sapiens. Auriñaciense. Tiene una cronología de 35.00028.000 BP. En este período apareció por primera vez una industria ósea desarrollada.

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Gravetiense (28.000-20.000 BP). Solutrense. Cultura exclusiva de Francia y la península ibérica, se desarrolló entre 22.000 y 17.000 BP. Una de sus particularidades era que el retoque invadía con frecuencia a todo el objeto. Existía además en este período un mayor uso de otras materias primas, como hueso, asta y madera. Magdaleniense (17.000-10.000 BP). En esta etapa la industria ósea era muy importante. Asimismo, se redujo el tamaño de los utensilios, lo que desembocará en la construcción de los microlitos de la etapa siguiente, el Epipaleolítico. Los útiles más característicos del Paleolítico Superior, aunque pudieran aparecer a veces en épocas anteriores eran el raspador (cuya función estaba relacionada con el trabajo de las pieles, es decir, eliminar el tejido adiposo, carne, vena para proceder a su curtido; pero a su vez, con el filo del frente también se podía trabajar la madera, el hueso y el asta), el buril (que se utilizaba para realizar incisiones en cuero, madera, hueso y asta y para realizar grabados rupestres y decorar objetos de arte mueble), y el perforador (cuya función como su nombre indica, era perforar, tanto cuero, como piel, madera, hueso, dientes o conchas). Por otra parte, continúan elaborándose útiles que ya se fabricaban en momentos precedentes. No obstante, durante el Paleolítico Superior no era sólo importante la industria en piedra, sino también la ósea. Para trabajar con huesos y astas, lo primero es la elección de la materia prima que determinará posteriormente el tamaño y la forma del objeto a fabricar. La mayor parte se realizaba sobre huesos grandes de mamíferos (pues los de cérvidos, bóvidos y cápridos son de gran dureza) y sobre astas de cérvidos adultos. El hueso es adecuado para realizar determinados utensilios. Nos referimos a: - Punzones : aparecían incluso desde el Chatelperroniense. - Azagayas, o puntas de proyectil, cuya morfología puede darnos una cronología.

- Varillas plano-convexas: típicas del Magdaleniense, aunque desconocemos su función. - Agujas: se fabricaban desde el Solutrense y su función era la misma que en la actualidad, coser pieles con hilos de fibras vegetales o de tendones. - Propulsores: eran una varilla de asta de cérvido fabricados en el Solutrense y Magdaleniense. Su creación indica un desarrollo tecnológico muy importante, puesto que era un objeto que permitía arrojar una lanza a una mayor distancia. - Arpones: típicos del Magdaleniense, estaban realizados en asta de reno, ciervo o hueso y podían tener una o dos hileras de dientes. Además de como arpones para pescar pudieron ser usados como azagayas. - Bastones perforados: existen algunos datados en el Auriñaciense pero eran típicos del Magdaleniense. En un primer momento se pensó que podían ser un objeto de prestigio, y por eso se les llamó bastones, pero por las huellas de uso y la comparación etnográfica, en la actualidad tiene más peso la tesis de que se trataran de objetos utilizados para enderezar mediante calor azagayas, arpones, o lengüetas. Otros autores creen que sirvieron para la elaboración de cordajes o para el trabajo de la piel. A medida que se avanza cronológicamente vemos útiles más complejos, con mayor diversidad y especialización, para los que era necesaria una mejor materia prima, además de una mayor inversión de tiempo y energía a la hora de realizarlos. Hay que tener en cuenta sin embargo que durante todas las etapas del Paleolítico se fabricaron útiles en materiales perecederos que no se han conservado y no han llegado a nosotros, como la madera.

2.3. Aprovisionamiento de alimentos Una vez que el grupo había fabricado los útiles necesarios y elegido su estrategia, la llevaba a cabo, consiguiendo de esta forma el alimento que precisaba para su supervivencia a través de la caza, la pesca y la recolección.

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2.3.1 La caza La caza es considerada como uno de los pilares básicos de la economía de los cazadores-recolectores, aunque su peso como alimento varía en función de la latitud en la que se encuentre el grupo, así como de la época del año. Era fundamental no sólo por el alimento que la carne del animal cazado pudiera aportar al grupo, sino también porque podían explotarse otras partes de las piezas cobradas como la piel, los huesos (para industria ósea y arte), los tendones (como hilo), los dientes (como adorno), intestinos (utilizados como recipientes), etc. Aunque todos estos productos no se aprovechaban apenas antes del Paleolítico Superior. ¿Qué animales comían y cazaban nuestros antepasados? Para saberlo, debemos recurrir a la arqueozoología, y a las reconstrucciones paleoambientales que los diferentes investigadores han realizado. Normalmente estos datos son regionales, no nos sirven las generalizaciones, por lo que cada lugar necesita un estudio específico. Estas informaciones nos permitirán, además de conocer las especies animales que explotaban en cada período, estudiar los tipos de vegetales que podrían consumir. Los restos que se encuentren en la excavación de un yacimiento deben ser asimismo analizados en profundidad, de manera que encontremos la confirmación del tipo de animales que comían (no es lo mismo que un animal se encuentre en una zona, es decir sea un recurso potencial, a que nuestros antepasados decidieran cazarlo), además de saber otras cuestiones como en qué estación cazaban a esas especies y si eran ejemplares jóvenes o no. Las cuatro especies gregarias básicas explotadas en la Europa del Pleistoceno (época geológica en la que se desarrolló el Paleolítico) fueron el toro, el caballo, el ciervo y el reno. Otros de los animales que encontramos en las excavaciones son la cabra montés, la gamuza o el corzo, además de la megafauna y los carnívoros, pero su presencia en los asentamientos podría ser debida, dependiendo del momento y el contexto, a muerte natural y no como resultado de actividades antrópicas. Este dato tendrán que revelarlo los estudios trazalógicos de los restos. Cuan-

do la cronología avanzó, la fauna fue cada vez menor y en algunas zonas tuvieron también importancia otros animales más pequeños como el conejo. La alimentación varió a lo largo del Paleolítico porque también las especies disponibles lo hicieron, pues aparecieron nuevas y otras se extinguieron. No podemos esperar que en una cronología tan amplia como la que manejamos, la forma de cazar fuera la misma siempre. Existieron variaciones entre el Paleolítico Inferior, el Paleolítico Medio y el Paleolítico Superior y el Epipaleolítico. En las últimas décadas se ha dicho a menudo que durante el Paleolítico Inferior los homínidos no cazaban, sino que se dedicaban sobre todo al carroñeo. Ésta ha sido la explicación para el hallazgo de abundantes restos de macromamíferos, poco frecuentes y peligrosos, en algunos yacimientos. No obstante, no todos los investigadores están de acuerdo con esta tesis. Por otra parte, y hablando ya del Paleolítico Medio, para algún sector de la investigación se llevaría a cabo con frecuencia una caza oportunista, e incluso en ocasiones también el carroñeo. Sin embargo, la industria del Neandertal estuvo mucho más desarrollada y sin duda hay muchos ejemplos que demuestran que esa especie realizaba una caza activa. Con la aparición del Homo sapiens llega, como hemos visto, una nueva tecnología. En el Paleolítico Superior se fabricaban y utilizaban instrumentos claramente especializados, lo que nos muestra que las estrategias de caza fueron sin duda más complicadas. El tipo de caza que se realizaba venía determinada por diversos factores. Las capacidades del grupo y los recursos existentes en el territorio son cuestiones a tener en cuenta. Asimismo, según el tipo de animales con el que podían contar, el tiempo que era necesario emplear (si bastaban varias horas o era necesario acometer expediciones de varios días), etc., las actividades cinegéticas se realizaban en solitario o en grupo. En ocasiones podría ser necesaria la cooperación de varios grupos cercanos, lo que por otro lado fijaría lazos sociales entre ellos. El cazador prehistórico utilizaba diferentes tácticas para abatir a los animales, ya bien fuera perseguir al animal herido con fuego y ruido hasta que quedara abatido, el uso de emboscadas utilizando re-

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clamos, la persecución de una pieza para conducirla hasta un lugar apropiado donde se situara un cazador o la utilización de trampas de diferentes tipos. El fuego también sería útil en las estrategias de caza, como, por ejemplo, para hacer salir a los animales incendiando las madrigueras. Actualmente los investigadores no se ponen de acuerdo en cuál hubo de ser el sistema utilizado para batir los animales de mayor tamaño, como los mamuts, elefantes o rinocerontes lanudos. Algunos opinan que la fuerza humana no era suficiente para atrapar este tipo de fauna y por ello recurrirían a alguna clase de trampas. En cualquier caso, los restos de estos animales aparecen en los yacimientos. En cuanto a los ciervos o caballos, idearon sistemas para cazarlos en masa, cuya prueba queda patente en la gran cantidad de restos óseos de equinos hallados en el yacimiento francés de Solutré, donde los cazadores esperaban que la manada de caballos estuviera pastando tranquilamente y, cuando creían que era el momento oportuno, los asustaban y los conducían hacia el acantilado de más de 200 m por donde caían. Por otra parte, nos resulta necesario mencionar que en algunos yacimientos se ha constatado, gracias a las marcas de los restos óseos recuperados, la práctica de canibalismo, pues huesos humanos aparecen con marcas de despiece similares a las de los animales consumidos. Un ejemplo es la cueva Boquete de Zafarraya, en Málaga, datada en el Musteriense. Finalmente, debemos considerar otro tema que no deja restos en el registro arqueológico pero que se ha visto a través de los estudios etnográficos. Nos referimos al modo en que se repartía la carne cazada. ¿Para quién eran las mejores partes? Existen varias hipótesis, pero es posible que las mejores partes estuvieran reservadas a aquel entre el grupo que poseyera cierto prestigio. Los datos que podemos consultar, además del estudio de cazadores-recolectores contemporáneos, es el comportamiento animal de los primates de nuestro siglo, al menos para los homínidos más antiguos. A nivel etnográfico la distribución de la carne evidencia la existencia de grupos sociales más o menos marcados.

2.3.2. Pesca También la pesca y la recolección de mariscos fueron actividades que realizaron estos grupos. Para el Paleolítico Inferior contamos con pocos datos del posible aprovechamiento de esta clase de recursos, si bien no debemos olvidar que la conservación de este tipo de restos es más difícil. En yacimientos costeros se han hallado evidencias de moluscos, pero no parece que tuvieran mucho peso en la dieta. La pesca se realizaba tanto en los ríos como en el litoral, y las especies que más aparecen en las excavaciones son los salmones y las truchas. Esta pesca se realizaría bien a mano o bien mediante útiles óseos como pueden ser los arpones (desde el Magdaleniense) o los anzuelos. El marisqueo fue más importante a partir del Paleolítico Superior, sobre todo desde el Solutrense, y queda documentado en casi todos los yacimientos costeros, no sólo como alimento, sino también para la elaboración de adornos y colgantes. Así se formaron los famosos concheros en el estuario del Tajo en Portugal. Los concheros portugueses más importantes son los de Cabeço da Arruda y Cabeço da Amoreira. 2.3.3. Recolección La otra posibilidad de obtener alimentos era la recolección. Podemos conocer el tipo de especies vegetales que había en un yacimiento a través de la palinología (estudio del polen). La recolección es la técnica más primitiva que existe para la obtención de alimento. De hecho, es posible realizarla sin más utensilios que las manos, aunque lo normal sería utilizar un recipiente de piel, cuero, madera, etc. en el que guardar los frutos y llevarlos al campamento, y un cuchillo por si era necesario cortar algún vegetal más duro, o alguna rama. Sobre la recolección en el Paleolítico no existen muchos datos. No obstante, el estudio de las huellas de desgaste de los dientes y las muelas nos indica que nuestros ancestros tenían una dieta alimenticia con un alto consumo de vegetales. Algunos de los tipos de plantas que se recolectarían serían frutos secos,

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frutas o tubérculos. También se recolectaría la miel, un alimento que por cierto es bastante nutritivo. Se considera que la recolección recaía en manos de las mujeres, e incluso de los niños; mientras que la caza sería la actividad económica que desarrollarían los varones. Algunos estudios etnográficos de grupos actuales parecen confirmarlo. 2.4. Preparación del alimento Una vez que se obtenía el alimento, había que prepararlo para ser ingerido. Esta actividad necesitaba su tiempo. ¿Cómo podemos conocer todo el procedimiento que nos acerca a las acciones más cotidianas de estos grupos de cazadores recolectores? Por suerte para nosotros, esta parte del proceso dejaba unas marcas en los huesos que pueden ser estudiadas. Tras la caza de un animal, se procedía a su descuartizamiento y despiece, aprovechándolo al máximo. Todas las partes podían ser importantes y se utilizaba todo, pues su caza implicaba un esfuerzo que debía ser aprovechado. De cada animal no sólo se explotaba la carne para el consumo del grupo, sino también una multitud de productos como las pieles, los tendones, los intestinos, los huesos o astas, y los dientes. A la hora de analizar el descuartizamiento de un animal hay que tener en cuenta ciertos elementos, puesto que el proceso al que se sometía la caza era diferente dependiendo de: Las peculiaridades propias del animal cazado, puesto que no se procesaban todos de la misma manera. El tipo de productos que se quería obtener (si, por ejemplo, se pretende conservar la piel se tendrá cuidado de no rasgarla). El lugar donde era realizado el descuartizamiento. Si se trataba de un animal grande se descuartizaba primero en el lugar donde fue matado. Si era pequeño, como un conejo o algún ave, posiblemente se llevase al campamento directamente. Los huesos nos dan información sobre algunas actividades como la extracción de la piel, la desarti-

culación de las partes anatómicas, la descarnación, la eliminación de la materia ósea, etc., pues las marcas de procesado son distintas en función del corte (su intensidad y orientación) y la localización del mismo, en ciertas zonas del hueso y en determinados huesos. Asimismo nos puede dar pistas el registro lítico gracias a la trazalogía, es decir, el estudio de las huellas de uso en los útiles de piedra. Existen no obstante algunos problemas con la última disciplina, pues el trabajo con carne blanda deja pocas marcas y sólo después de un uso prolongado. Con el análisis de los huesos podemos conocer también si les interesaba la obtención del tuétano o no. Con anterioridad al control del fuego, sin duda la ingesta de la carne se hacía cruda, pero cuando el hombre consiguió domesticar aquel elemento de la naturaleza, hace unos 500.000 años con el Homo ergaster, comenzó a cocinar la comida. Cocina que podía ser directa, sobre las brasas, o indirecta, en suspensión, o en horno, o bien sobre una placa Todo lo cual nos ha dejado vestigios tales como piedras que han recibido calor, carbones o cenizas. Los productos vegetales también necesitarían en algunos casos una preparación especial antes de ser consumidos. Por ejemplo, los más duros habría que cocerlos. Los tubérculos asimismo se procesarían sobre todo en las épocas más recientes, cuando el hombre ya no tiene una mandíbula tan desarrollada como para masticar raíces y vegetales duros. Por ello o bien se cocerían, o bien se asarían. 2.5. Conservación-almacenamiento Los cazadores-recolectores no necesitaban excedentes, pero sí podían conservar y almacenar en ocasiones alimentos, sobre todo si preveían épocas de mayor escasez, como la llegada del invierno. Los estudios antropológicos han visto que los escondrijos de alimentos eran comunes entre los cazadores contemporáneos de las regiones septentrionales. Algunos de los alimentos que con más facilidad podrían almacenarse son las carnes y pescados tratados especialmente para la conservación durante un tiempo, así como frutos secos.

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Cuando pretendían almacenar alimentos, recurrían a algunas técnicas para poder conservarlos y que duraran más tiempo. Las formas de conservación que se usarían en la Prehistoria serían las siguientes: Secado: el secado podía servir tanto para alimentos animales como vegetales. Al secarse al sol, los microorganismos no penetraban en el alimento. Por razones obvias, era más típico de las regiones cálidas. Ahumado: utilizado tanto para carnes como para pescados. La superficie del alimento no permitía de esta manera la entrada de microorganismos que pudieran desarrollarse rápidamente. Esta preparación se efectuaba a una temperatura moderada (de 24 a 28 grados), lo que significaba que no existía una cocción. Salado: aunque esta posibilidad se ha documentado mejor para épocas más tardías como el Neolítico. Conservación por frío: sólo es practicable en las regiones más frías. El Paleolítico vivió una etapa climática muy fría, con diferentes glaciaciones, que pudo ser aprovechada por algunos grupos humanos en este sentido. Durante el invierno se conseguía la conservación al aire libre, eso sí, colocando las provisiones lejos del alcance de los carnívoros. A veces se utilizaban cavidades excavadas en el suelo helado o grutas naturales. 2.6. Desechos En las excavaciones de cualquier yacimiento paleolítico se observan vestigios de desechos. El desecho es el último eslabón en la cadena de la alimentación de un ser humano. Por suerte para los prehistoriadores, los hombres y mujeres del Paleolítico se deshacían de los restos que no necesitaban en el propio yacimiento. Cada mínimo resto puede aportarnos algo de información que nos ayude a comprender mejor la vida de los homínidos durante el Pleistoceno. Muchos de los huesos de los animales que servían primero como alimento eran usados con posterioridad para realizar útiles; sin embargo, otros han aparecido dispersos por la cueva, sin que sepamos muy bien la razón; y, por último, otros lo han hecho en

el hogar con signos de haber sido quemados, como simples desperdicios. El asentamiento se dividía en zonas de actividades, lo que dejaba una sección por ejemplo para tallar, (donde se suelen encontrar restos de talla), otra sección para cocinar, alrededor de la cual se comía el alimento, etc. La zona de descanso del asentamiento es la que más libre de desechos aparece. Una vez más vemos cómo cualquier tipo de vestigio, incluidos aquellos de los que nuestros ancestros querían deshacerse, nos da información sobre las actividades más cotidianas de los grupos humanos. 2.7. Otras actividades de subsistencia Como ya hemos indicado en más de una ocasión, un animal no sólo proporcionaba recursos cárnicos a las gentes del Paleolítico. Se podía hacer una explotación secundaria de la caza, aprovechando la piel, huesos, tendones o intestinos. La piel era muy importante como abrigo en los períodos tan fríos de glaciaciones. No obstante, las pieles podían ser a su vez recipientes, o formar parte de la construcción de una tienda o cabaña que no sólo protegería del frío sino sobre todo del viento. Otro uso de este mismo elemento sería la utilización de tiras de cuero a modo de cuerdas o correas. Por otro lado, la piel podía ser también signo de diferenciación social, de modo que la persona perteneciente a un grado mayor de jerarquía tendría las mejores pieles y las mejor trabajadas, aquellas que más tiempo necesitaban para ser fabricadas. Por todo ello, en el yacimiento nos encontramos numerosos útiles destinados al trabajo de las pieles, como los raspadores. El procesado de la piel tenía como finalidad la transformación de un material orgánico que se deterioraba rápidamente con el tiempo, en un producto duradero con el que realizar diversos productos. Podía haber diferentes técnicas a la hora de trabajar la piel, y también era importante el uso que se pretendía darle, pero para poder ser utilizada, la piel debía pasar necesariamente por diferentes etapas, desde su extracción, descarnado y raspado, hasta el curtido, e incluso se podía llevar a cabo un tratamiento posterior mediante el que era suavizada y se le aplicaban grasas y colorantes, dándole un acabado final particular, más lujoso y de mejor calidad.

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Para la supervivencia en el Paleolítico, los grupos de cazadores-recolectores debían explotar y aprovechar todos los recursos que se encontraban a su alcance. Ya hablamos con anterioridad de los líticos, y de aquello que los animales pueden ofrecer, no sólo la carne. Pero había otro producto, abundante en la naturaleza en algunas latitudes, que era utilizado con diferentes objetivos. Nos estamos refiriendo a la madera. Este recurso vegetal habría sido trabajado desde una cronología muy antigua, aunque al ser de carácter perecedero no se conservan los restos. A nivel etnográfico se ha constatado no obstante que tenía una gran importancia. Era utilizada como puntas de proyectil endurecidas al fuego, propulsores, para realizar figuras y diferentes manifestaciones de arte, como recipientes, para elaborar los enmangues de diferentes útiles líticos, para poner en pie tiendas y cabañas sencillas, como combustible para alimentar los fuegos, etc. En el Paleolítico Medio los análisis funcionales de los líticos han reflejado un intenso trabajo de la madera, por otra parte, en el Paleolítico Superior estas actividades prácticamente desaparecen, en favor de otros materiales más duraderos, como el óseo.

intercambiada con otros grupos locales con los que interaccionaba. Depende de los investigadores descubrir si un terreno era productivo en el Pleistoceno y conocer qué tipo de materias primas y en qué número se encontraban en cada zona. Para reconstruir las fuentes de alimento y de otros recursos que tenían al alcance y que podían explotar durante el Paleolítico, debemos estudiar el paleoambiente, ya que en una cronología tan amplia, el medio y el clima sufrieron modificaciones, de modo que los glaciares avanzaron y retrocedieron, algunas especies animales se extinguieron y otras evolucionaron... No podemos olvidar que cada período climático tuvo sus propias características. No obstante, en el modo en que se explota un territorio no sólo influyen los recursos que pueden obtenerse del mismo. Cada grupo humano influía en el entorno y cada grupo tenía una percepción diferente del mismo. No era sólo un espacio geográfico, sino que ese espacio se interpretaba de acuerdo a una cultura e ideología propias de una comunidad y que se convertía en parte de las características que lo definían. La elección del espacio y su explotación no venían definidos en exclusiva por condiciones ambientales, sino que debemos pensar también en las normas sociales que regían el grupo. Desde el momento en que una persona nacía, se le hacía tomar conciencia de su íntima relación con el resto de la naturaleza. La etnografía ofrece varios ejemplos en los que el hombre no distingue claramente entre ser humano y el resto de los animales o de los elementos de la naturaleza. La manera de explotar un territorio era por tanto también una cuestión cultural, lo que nos indica que aunque existiera un recurso en una zona no tuvo que ser necesariamente utilizado por el grupo que la habitaba. Por poner un ejemplo, quizás un animal fuera considerado sagrado y hubiera una prohibición expresa de cazarlo y alimentarse de él. El objetivo final de una sociedad es siempre su reproducción social, es decir, mantenerse en el tiempo, adaptarse al medio y evitar la extinción. Por este motivo, cada grupo desarrollaba diversas estrategias

3. La explotación del espacio
Los cazadores-recolectores dependían de su entorno y conocían su territorio con todo detalle, pues estaba en juego su supervivencia. La naturaleza les daba todo lo que necesitaban para sobrevivir, y de ella aprovechaban todo lo que creían conveniente. 3.1. La explotación del territorio y el área de captación Cada grupo se movía por un territorio en busca de alimento y otras fuentes de materias primas. El tamaño de ese territorio variaba en función de su productividad, pues cuanta mayor fuera ésta, menor distancia tendrían los homínidos que cubrir para saciar sus necesidades. Por otro lado, sólo si se conocía en profundidad una zona, existían mayores posibilidades de supervivencia. Es ese el motivo por el que cada grupo cazador-recolector tenía un gran conocimiento del terreno por el que se movía. Y ese conocimiento provenía de su propia experiencia en igual medida que de la tradición y de la información

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para explotar su territorio y sobrevivir. Se movían por un territorio considerado propio, pero sin una conciencia real de propiedad privada, pues entre los cazadores-recolectores no existía la propiedad como la entendemos actualmente. Los recursos que obtenía el grupo, así como la tecnología y los conocimientos eran comunes y todos se beneficiaban de las tareas de todos. De hecho, las fronteras del territorio por el que se movían no estaban tan bien definidas como las de los estados modernos, y su defensa no tenía por qué ser tan encarnizada, pues a través de las relaciones entre grupos y la posible reciprocidad e interacción existente entre ambos, en algunas circunstancias podían aprovechar los recursos otras comunidades que normalmente no habitaban en ese entorno. Para estudiar la manera en que un grupo (no necesariamente de cazadores-recolectores) explotaba su medio, los investigadores recurren al concepto de área de captación. Esta área de captación es una zona de influencia de un campamento base, un territorio circundante al asentamiento, en la que puede haber otros yacimientos que se articulaban entre sí. Normalmente, para sociedades de cazadores-recolectores se toman unos 10 km de radio circundantes al campamento base, aunque hay que tener en cuenta la orografía del terreno. Se estudian en primer lugar los recursos paleoeconómicos que existen en ese territorio, es decir, los recursos potenciales, y se contrastan posteriormente con lo que la arqueología nos dice que realmente explotaron, es decir, con los restos que encontramos en los yacimientos. Se parte de la premisa de que cuanto más lejos del yacimiento estuviera el área de recursos, menos probable sería su explotación, puesto que la inversión de tiempo y esfuerzo para su aprovechamiento sería demasiado costosa, y no merecería la pena. Ya hemos podido ver que los cazadores-recolectores no sólo aprovechaban los recursos bióticos, es decir, los provenientes de la caza, pesca y recolección, de los organismos vivos; sino que también tomaban de su entorno materiales abióticos, como el sílex y otras materias líticas. Respecto a los recursos bióticos, se documenta la existencia de campamentos especializados en la caza

o en la pesca y se ha estudiado a través de la posición de los mismos el modo en el que los grupos se movían por un territorio siguiendo las manadas. La elección de los lugares para efectuar la caza podrían ser las vías de paso, que también serían las elegidas por los animales en sus migraciones. La acción de cazar y de procesar el alimento y la carne no se realizaba en el campamento base. La caza se realizaba fuera del asentamiento, y normalmente el primer descuartizamiento también. En cuanto a la pesca, podemos contar con el ejemplo de la explotación estacional del salmón que remontaba los ríos, por lo que el grupo iría a esos lugares específicos sólo para obtener ese alimento. Asimismo, las plantas tenían también su propia estación de desarrollo, algo que sin duda sería tenido en cuenta a la hora de recolectarlas. Por otro lado, como hemos mencionado con anterioridad, también se explotaban los recursos abióticos, de naturaleza mineral, como las materias primas para realizar utensilios. Con referencia al transporte de material lítico, cuando se trataba de materias primas locales, se llevaba a la cueva sin modificar. Sin embargo, se ha verificado que las materias primas de carácter alóctono eran transformadas in situ, de manera que a las cuevas o campamentos base sólo llegaran los núcleos, la materia prima aprovechable. Para encontrar yacimientos de aprovisionamiento de materias líticas los arqueólogos deben realizar una prospección pormenorizada del terreno, puesto que en esos lugares la acción antrópica no es tan visible, no se dejaba tanto rastro como otro tipo de actividades. Para determinar si coinciden los materiales hallados en la cueva con los que se pueden obtener de las canteras que se encuentran en los alrededores son necesarios análisis petrográficos, aquellos que nos indican la composición de un tipo de roca concreto. En el Paleolítico Inferior, las estrategias de aprovisionamiento lítico están escasamente desarrolladas, es decir, se obtenían los materiales del entorno inmediato. En el Musteriense (Paleolítico Medio), en algunos yacimientos, hay una presencia puntual de materiales considerados foráneos, pero la distancia media de la procedencia de los materiales hallados en el yacimiento rara vez supera los cinco kilómetros. Sólo en el Paleolítico Superior, cuando la espe-

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cialización de los útiles y una mejor tecnología hacen que sea necesaria una mejor materia prima, los materiales pueden proceder en algunos casos desde zonas de hasta 100 km de distancia. Las evidencias arqueológicas de aprovisionamiento directo mediante actividades extractivas subterráneas son muy escasas durante el Paleolítico. Normalmente, se llevaba a cabo la extracción al aire libre o en canteras, o bien se recolectaban materiales que se encontraban en superficie. Además de esta explotación directa existía otra forma de aprovisionamiento, el intercambio, en el que intervenían procesos de interacción social entre diferentes comunidades. El intercambio de sílex, así como el de materiales para la realización de ornamentos u adornos (como conchas), es uno de los mejores indicadores del contacto interregional entre las comunidades prehistóricas, aunque no se produjo hasta el Paleolítico Superior. Estos intercambios podrían haberse realizado mediante visitas recíprocas en una zona de contacto situada fuera del territorio explotado por el grupo. El desplazamiento de bienes también pudo realizarse mediante varios intercambios sucesivos, es decir, un objeto va pasando de grupo en grupo, con lo que la distancia que recorre entre su lugar de origen y el de sus destinatarios finales, es mucho mayor. Finalmente, es obligado mencionar que los grupos aprovechaban otro recurso más sin el que no puede desarrollarse la vida. Hablamos del agua. Un territorio en el que se movieran los cazadoresrecolectores debía tener siempre un buen aprovisionamiento de agua. Este punto de agua debería estar cerca del yacimiento, pero no demasiado. Es cierto que había grandes ventajas en tener el agua cerca, puesto que además atraería a herbívoros que quisieran saciar su sed y que podrían convertirse en presas fáciles. Pero la cercanía excesiva tenía sin embargo dos grandes desventajas. En primer lugar, podía haber crecidas y provocar inundaciones en el asentamiento, y por otro lado, además de a hervíboros también atraería a carnívoros que podrían suponer un importante peligro, y sabemos que era necesario minimizar el riesgo.

3.2. Elección del asentamiento y tipos de yacimientos La buena elección del sitio para establecer un asentamiento es importantísima. La zona debe estar dotada con suficientes recursos naturales, además de contar con una fuente de agua cercana. En ocasiones influía en la decisión de montar un asentamiento en un lugar concreto el hecho de que fuera una situación estratégica preferencial, desde la cual dominar todo el territorio. En cualquier caso, el establecimiento buscaría la protección de la lluvia, para que no se apagaran los fuegos, y de los vientos. Y por supuesto, hay que tener en cuenta algo que no es fácilmente identificable de un modo arqueológico, como es la cuestión cultural. En ocasiones la elección de un emplazamiento está asociada con elementos mágico-religiosos. Existían tanto asentamientos al aire libre como asentamientos en cueva. La elección de uno u otro se debe al entorno concreto en el que se movieran. No todos los lugares poseían cuevas, y aquellas zonas en las que pudieron existir, no siempre tenían las condiciones ideales para el hábitat. Decantarse por un tipo u otro también dependería del clima. Las zonas más frías buscarían mayor abrigo. En las cuevas los depósitos ocupacionales tienden a ser profundos, lo que indica una ocupación intermitente, pero durante miles y miles de años. Al aire libre, no obstante, los depósitos pueden haber sufrido una erosión que dificulte su estudio. Que encontremos menos yacimientos de este último tipo no significa necesariamente que su número fuera menor. Como caso concreto de elección de un asentamiento podemos ver las características de la sierra de Atapuerca, que resultaba ser un medio ideal para que un grupo se estableciera, ya que era una zona de paso que la convertía en un buen lugar estratégico, y por otra parte, tenía además una gran diversidad botánica y de fauna. La sierra de Atapuerca es una pequeña colina que se extiende de noroeste a sudeste en el valle del río Arlanzón, a unos 15 kilómetros al este de la ciudad de Burgos, en la meseta Norte de España. Su cima alcanza los

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1.079 metros, y desde ella se domina la salida al Duero del corredor de la Bureba. Este pasillo geográfico conecta la cuenca del Ebro con la del Duero, entre la sierra de la Demanda, al sur, y las estribaciones de la cordillera Cantábrica, al norte. Una situación estratégica que ha contribuido a que haya sido desde siempre un punto de paso, y de encuentro. La Sierra está rodeada de numerosos ecosistemas diferentes, con una gran diversidad biológica, y bañada por un río; es decir, era un territorio rico en recursos. Además de contar con numerosos recursos, el corredor favorece la movilidad (no sólo de personas, también sería zona de paso para las manadas de animales) y el intercambio de información. En cuanto al agua, todos los yacimientos están asentados en sus proximidades. Otros materiales, como el sílex pueden asimismo encontrarse en abundancia. El desplazamiento que un grupo de cazadores-recolectores estaba obligado a realizar hace que en un mismo territorio encontremos diferentes yacimientos con distintas características, de diferente tamaño y en los que se realizaban diferentes actividades, pero que sin embargo pertenecían al mismo grupo. Existen varias clasificaciones de yacimientos que explican cómo serían utilizados por estos grupos del Paleolítico. Una de las clasificaciones más seguida es quizás la del importante arqueólogo estadounidense Lewis Roberts Binford, según la cual, los tipos de emplazamientos que podemos encontrarnos son los siguientes: Campamento base: puede ser en cueva o al aire libre. En él se realizarían tareas como preparar y consumir alimentos o elaboración de útiles. Campamento de trabajo: son lugares de establecimiento puntuales para aprovisionarse de algunos de los recursos que necesitaban, ya sea para cazar como para recoger materiales líticos para la elaboración de útiles. Campamentos de paso: en estos sitios se pasaba una noche cuando el grupo estaba de viaje. Esta clasificación de yacimientos se basa en el tiempo en que son ocupados los yacimientos, defi-

niendo el tipo de actividades que se llevaría a cabo en uno u otro. Podemos establecer además otra clasificación en función de la actividad principal que era desarrollada. Se trataría de una tipología más de tipo funcional. Entre las clases de emplazamientos encontraríamos entonces talleres de sílex, cazaderos o lugares de despiece de animales. Los restos arqueológicos nos pueden ayudar a enclavar un yacimiento dentro de uno u otro tipo. Los campamentos-base dejaban unos vestigios arqueológicos más claros, mientras que los campamentos de trabajo, y sobre todo, los campamentos de paso, no dejaban estructuras, y si lo hacen, eran poco evidentes. 3.3. El territorio y los patrones de movilidad Ya hemos comentado que el tamaño del territorio que explotaba un grupo era diferente en función de los recursos que ofrecía dicho entorno. Cuanto más rico, el tamaño era menor. Si por otro lado, la productividad no era muy grande, tenía que ampliar la extensión de terreno para buscar más recursos que le permitiera sobrevivir. Por tanto, si el territorio era menos rico y para sobrevivir necesita ser mayor en extensión, la movilidad del grupo también sería mayor, mientras que en regiones muy ricas podríamos asistir a una semi-sedentarización, aunque no fue frecuente. Al investigar a las sociedades de cazadores-recolectores, es necesario tener en cuenta su nomadismo para poder identificar los patrones de movilidad que seguían y que nos darán las diferentes formas de organizarse en el territorio. No sólo hay que tener en cuenta la cuestión espacial, sino también la cronológica, que nos dirá en qué momentos fueron habitados qué yacimientos. Existen diferentes ejemplos de modelos de estacionalidad, pues hay distintos modos de explotar un territorio según los recursos que ofrezca el medio y lo que un grupo quiera utilizar dentro de esa oferta. Se desplazaban por el terreno buscando siempre las fuentes de alimento, siguiendo las migraciones de

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los animales gregarios. Por este motivo, un mismo grupo ocupaba diferentes asentamientos a lo largo del año. El desplazamiento por el territorio solía tener un ciclo anual. El modo en que se movían por el territorio podía ser circular, de un asentamiento a otro hasta completar un círculo. O bien podían establecer un campamento-base la mayor parte del año y desplazarse sólo para realizar diferentes actividades. O podemos observar quizás un movimiento pendular, de una zona a otra. Las opciones eran variadas, pero siempre existía un campamento base, y otros asentamientos periféricos, de menor entidad, en los que se establecía el grupo, o parte de él, para realizar una actividad muy concreta (campamentos de caza, sitios desde los que explotar un afloramiento rocoso, lugares donde pasar la noche, etc.). En este sentido, nos puede ayudar la arqueología espacial, que intenta establecer los patrones de asentamiento entre yacimientos y las relaciones de éstos con el entorno. Queda por definir en qué estación y durante cuánto tiempo aquellos grupos utilizaban los emplazamientos en los que se asentaban a lo largo de su ciclo anual de itinerancia. Algunos de los yacimientos se ocupaban sólo durante unos días o semanas, en otros se establecían durante meses. Esto dependía de la actividad que se desarrollara en cada uno de ellos. Aunque arqueológicamente no es fácil establecer si un yacimiento era ocupado de manera estacional o permanente, la arqueozoología nos puede dar algunas pistas. Mediante los restos de aves y peces pueden establecerse las migraciones de estos animales, y por tanto del grupo que los seguían y cazaban. A través de los mamíferos podemos deducir el tiempo en el que se habitó un asentamiento a través de la presencia o no de determinados grupos de edad en el mismo, pues los mamíferos salvajes tienen sus crías en una estación determinada. La época de nacimiento no sería diferente a la actual. Así, mediante la edad de los restos óseos, se puede saber cuándo fue cazado un animal. También los estudios de polen ayudan, pues nos dicen en qué estación visitaban los grupos los yacimientos donde se han hallado los restos palinológicos. 3.4. El estudio del asentamiento y las estructuras de habitación

Hasta el momento hemos visto que en el territorio que ocupaba un grupo había varios yacimientos en los que se establecía según la época del año. Pero el espacio también puede ser estudiado a escala micro. Un sólo yacimiento tiene diferentes áreas en las que se realizaban actividades diferentes y que nos acercan a la vida cotidiana de los cazadores-recolectores. Los diferentes restos encontrados en una excavación hacen factible la identificación de diferentes zonas de actividad dentro de ese mismo yacimiento. El hogar solía ser el centro de la unidad doméstica, pues de ahí procedía el calor, iluminaba, era eficaz como protección frente a otros animales, y allí se cocían los alimentos, además de tener otros usos, como los técnicos (por ejemplo, el calentamiento del sílex para facilitar su talla). Otros lugares que podemos identificar son los sitios de descanso y los de talla, bien diferenciados, pues a nadie le gustaría descansar donde pudieran encontrarse restos de lascas de piedras, normalmente afiladas y con esquinas punzantes. Asimismo, en los asentamientos paleolíticos aparecen ciertas estructuras que servían para protegerse del viento y la lluvia. En numerosos yacimientos se han hallado estructuras de habitación, no sólo dentro de las cuevas, sino también en abrigos rocosos e incluso al aire libre. Son las cuevas sin embargo, como bien sabemos, las que más restos han conservado, y por ello donde están los hábitats humanos que mejor conocemos en este período, pero no tener en cuenta el resto de asentamientos, o su posibilidad de existencia en lugares donde no se han encontrado vestigios porque la preservación de los mismos era más difícil, hace que tengamos una visión muy sesgada de la realidad. Los ejemplos de estructuras de habitación son muy numerosos. Desde el momento en que el uso del fuego apareció, las posibilidades de supervivencia de todo el grupo mejoraron, y se buscaron modos a través de los cuales evitar que pudiera apagarse si llegaba la lluvia, sobre todo si se encontraban al aire libre. Por eso, cuando no contaban con cuevas adecuadas, comenzaron a construirse refugios o cabañas. Esos hábitats proporcionaban protección contra el frío y la humedad, por lo que resultaban vitales

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en los períodos climáticos fríos, cuando las glaciaciones eran más intensas. Las estructuras de habitación no tuvieron una evolución lineal, de más sencillo a más complejo, o de cueva al aire libre, podemos encontrar ambos en diferentes cronologías. Lo que definió el tipo de construcciones que se realizaban era el medio, el modo de vida del grupo y el tipo de economía de subsistencia que llevaban a cabo. Las evidencias más antiguas de estas construcciones que se hayan descubierto fueron levantadas por el Homo ergaster y se localizan en el centro-este de África. No eran muy complejas, se componían de círculos de piedras y su función era de paravientos. Durante el Paleolítico Medio comenzó a usarse el material óseo como elemento constructivo. Los huesos de la megafauna, como el de mamut, eran habituales en Europa oriental. En Europa occidental, se utilizaba más la madera. Comenzó a existir un cierto grado de complejidad respecto al período anterior.

la que se tenga noticia, a pesar de ser la cerámica un material que comienza a difundirse y utilizarse con prodigalidad a partir del Neolítico, más de 15.000 años más tarde.

4. La organización social
Podemos definir sociedad en Prehistoria como aquella agrupación de personas que se relacionaban entre sí con diferentes funciones (por lo que era importante la cooperación), pero asimismo como la idea de pertenencia a un grupo con similitudes culturales. En la organización social primaban las relaciones parentales y ella estaba regulada por normas no formales, pudiendo existir mayor o menor grado de jerarquización. Una sociedad se relacionaba con un espacio concreto.

Como acabamos de mencionar, es importante la idea de pertenencia a un grupo que cada individuo que lo conformara debía tener. Mediante el estudio de las bandas de cazadores-recolectores actuales sabemos que la elección de los materiales y de las técnicas utilizadas para realizar objetos de adorno personal reflejaba una identificación individual Para el Paleoo colectiva. Esto lítico Superior, la quiere decir que época en que vial crear y utilizar vieron los últimos diferentes objetos neandertales y de adorno persoaparece el hombre nal, los hombres moderno, conReconstrucción virtual de la cabaña de Dolni-Vestoniçe. (Imagen de Sergio Ortiz y mujeres del Patamos con más Moreno). Lavidadecazadoresyrecolectores_cabaña de Dolni-Vestoniçe.jpg leolítico Superior ejemplos de estruc(pues no encontramos objetos de adorno y arte en turas de habitación. Una importante muestra es el cronologías más antiguas), pudieron expresar su yacimiento de Dolni Vestoniçe, ubicado en la Repertenencia a una comunidad. A través de estos elepública Checa, donde los excavadores hallaron una mentos mostraban su inclusión dentro de un rango cubeta de 6 m de diámetro datada en torno a 25.000 de edad, un sexo, un papel social y sobre todo un BP. Se trataba de una cabaña construida con postes grupo étnico. Por todo ello podemos observar difede madera cubierta por pieles que eran sujetadas merencias regionales en los vestigios que dejaron atrás y diante huesos de mamut. En ella había un hogar y que sobrevivieron hasta nuestros días. allí se ha encontrado la arcilla cocida más antigua de

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La investigación sobre el Pleistoceno cuenta ya con una larga tradición. El interés por los fósiles, las herramientas, etc. de aquellos homínidos despertó pronto el interés de la ciencia. No obstante, el estudio de las cuestiones sociales en el Paleolítico es relativamente reciente. Desde luego, no podemos obtener tantos datos como existen para momentos posteriores, cuando el registro arqueológico e incluso las fuentes escritas nos proporcionan mucha más información. Por eso, en un primer momento los investigadores se preocupaban más por las clasificaciones tipológicas, sin dar respuesta a otra serie de preguntas, como cuál era la organización socioeconómica. En los primeros intentos de estudio de la sociedad del Paleolítico, la situaban entre la organización social de los actuales chimpancés y la de los cazadores-recolectores modernos que estudiaba la antropología. Para analizar la sociedad, podemos extraer información de los restos de arte y de los enterramientos, pero es a partir del 21.000 BP aproximadamente cuando estos vestigios comenzaron a ser más ricos, no eran tan abundantes en cronologías más antiguas. De cualquier forma, la principal fuente de la Prehistoria para determinar la organización social de los grupos estudiados ha sido, y sigue siendo, la etnografía y las sociedades de cazadores-recolectores actuales. Existen varias formas de abordar los estudios de la sociedad de las comunidades del Paleolítico, dependiendo de si ponemos en primer plano al individuo o le damos mayor relevancia al grupo y consideramos que es este último el que modela al individuo. Es decir, los dos modos de estudiar la sociedad son de arriba a abajo (poniendo el acento en el grupo) y de abajo a arriba (poniendo el acento en el individuo). La arqueología social se ha centrado en el estudio de los grupos y las instituciones. En función de esta idea se ha creado una clasificación de organizaciones sociales, presentada normalmente de modo evolucionista: banda, tribu, jefatura y estado. En estos esquemas lo individual no ha sido tenido en cuenta. Los grupos de cazadores-recolectores se enmarcarían dentro de la denominación de banda. La sociedad de bandas sería un modo de estudiar la so-

ciedad de arriba a abajo. Se parte de la idea de que los individuos nacen en un marco social preestablecido. Y entran en relaciones preestablecidas por su cultura concreta con otros individuos. La institución más importante para los antropólogos que estudian estas sociedades es el parentesco, que genera la solidaridad necesaria para el desarrollo de la vida social y la realización de actividades colectivas en las que es necesaria una cooperación. Los estudios de redes por otra parte, dan mayor protagonismo al individuo. La persona individual es considerada por esta tendencia de investigación como un agente creativo, aunque lleno de limitaciones. La sociedad sale del individuo, porque es éste quien la crea al ser un producto de la interacción entre individuos. La sociedad procede del conjunto de redes establecidas por los individuos. Por ello, si los individuos hacen la sociedad, la red de alianzas existente no podría basarse sólo en los lazos de parentesco o matrimonio. 4.1. Cazadores-recolectores como sociedad de bandas La forma más fácil de presentar a grandes rasgos cómo era una sociedad de cazadores-recolectores, es seguir la clasificación de banda y explicar algunas de las características que la definen. No obstante, en este punto es necesario realizar una serie de advertencias. El Paleolítico es un período cronológico muy amplio, y no podemos creer que la estructura social sería la misma en cualquier tiempo y lugar. Asimismo, la antropología informa que no todas las características tenían por qué cumplirse en todos los grupos. No podemos enmarcar la conducta humana en unos límites teóricos tan definidos. Por ello, lo que comentamos a continuación son más unas aproximaciones generales que deben ser contrastadas y comprobadas, que una aseguración real e inamovible. Y por otra parte, nos centraremos más en el Paleolítico Superior puesto que es el período del que más información poseemos. En primer lugar, debemos comentar que se trataba de grupos con una demografía reducida. Según algunos autores, no llegarían al centenar de individuos, y la mayoría de las comunidades se compondrían de entre 40 y 60 miembros. Sin embargo, la

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densidad de población durante el Paleolítico Superior no permaneció fija y condicionantes como el espacio geográfico jugaron su papel en esta variabilidad del tamaño de las comunidades. Durante el Paleolítico Superior cada grupo estaría compuesto por unos dos o tres núcleos familiares que estarían interrelacionados entre sí. Al tratarse de núcleos familiares tan cerrados, para que la endogamia no fuera tan grande es muy probable que contactaran con otras comunidades mediante encuentros casuales o bien preestablecidos. A través de esas reuniones, que serían más frecuentes en el Paleolítico Superior que en períodos precedentes, se intercambiarían ideas, productos y probablemente fueran también una forma de escoger pareja. En cuanto a la esperanza de vida, se encontraría en torno a los 30 años. Alcanzar los 50 sería algo extraño. La tasa de fecundidad de las mujeres podría ser alta, pero también la mortalidad infantil. Por otra parte, el infanticidio y el geronticidio podría haber sido una práctica habitual en épocas de escasez de alimentos, porque eran bocas que no producían, que no contribuían a proveer de alimentos o realizar otras actividades para el grupo. Continuando con el asunto de la mortalidad, la enfermedad y las heridas de caza serían unas de las principales causas de mortandad. Tendrían, eso sí, aquellos hombres un conocimiento de las propiedades medicinales de las plantas y eran capaces de practicar cierta cirugía que consistiría en trepanaciones craneales (aunque las primeras constatadas existen desde el Mesolítico, que es el período de transición entre el Paleolítico y el Neolítico) y reparación de fracturas óseas. La estratificación social de las sociedades de bandas era igualitaria, aunque eso no significaba que se careciera de la idea de poder y prestigio. El prestigio y el estatus solían pertenecer al cazador que habitualmente tenía éxito, pero no se trataba de algo hereditario, sus hijos no tendrían tras su muerte ese estatus, sino que estaban al mismo nivel que el resto de los miembros del grupo. Podemos asegurar que existiría un liderazgo informal y provisional. La comunidad podría tener un cabecilla que actuara como árbitro en la toma de decisiones, que guiara al grupo en los desplazamientos estacionales y en las

relaciones con otros grupos y que dirigiera la caza. Este liderazgo se basaría fundamentalmente en características personales como la edad, fuerza, inteligencia y destreza en las cacerías, y para alcanzarlo debía demostrarse que se poseían esas habilidades. Si existía algún tipo de diferenciación social es posible que fuera visible a través del vestido o el adorno. Esta diferenciación social es seguramente la que encontramos en el yacimiento de Sungir, en la población de Vladimir, al este de Moscú. En este lugar se hallaron varias sepulturas, pero una es especialmente interesante. El difunto era un hombre adulto dispuesto en posición horizontal y con los brazos en los costados. Alrededor del esqueleto los excavadores hallaron más de 3.500 perlas o cuentas de marfil de mamut, que decoraban su vestimenta, que por ser de material perecedero habría desaparecido. Según cálculos de los investigadores, para tallar cada una de las cuentas es necesaria una hora, y por otra parte el desgaste de las cuentas induce a pensar que algunas de ellas serían más antiguas. Todo ello demuestra que este personaje contaba con una importancia que no compartían el resto de los individuos enterrados en el mismo sitio. Por otro lado, las relaciones de parentesco jugarían un papel importantísimo en estas sociedades. La familia es algo común y universal a todos los grupos sociales, aunque su estructura y función pueda variar de una cultura a otra. La familia conyugal era el grupo elemental, pero los límites del parentesco no terminaban allí, sino que el núcleo familiar siempre estaba incluido en una red más amplia de parentesco. Dos son los principales modelos que encontramos en una organización social que está basada en el parentesco. El primero es el matrilineal, y el segundo el patrilineal. Aunque, por razones obvias, no estamos en condiciones de conocer cuál de los dos modelos era el característico de cada comunidad paleolítica. De todas formas, el parentesco sería sin duda la base para crear redes de solidaridad que hicieran más fuertes los lazos sociales y más fácil la cooperación, tanto entre los miembros de un mismo grupo como entre diferentes grupos. En las sociedades de bandas, economía, sociedad, ideología, religión, cultura, etc. están muy imbrica-

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das y no son esferas separables. Esto hace oportuno que al hablar de organización social se realicen a su vez algunas reflexiones sobre su economía. Ya hemos visto que su modo de subsistencia era la caza y la recolección, pero otras cuestiones merecen también nuestra atención. Las bandas no tenían un sentido de la propiedad privada, de la propiedad personal, pues todo era de todos. Si se apropiaban de los bienes que les ofrecía la naturaleza, lo hacían de forma conjunta, es decir, las posesiones del grupo serían más bien de tipo comunal, y escasas, porque al ser nómadas no cargarían más que con lo necesario. Tampoco la tecnología, los conocimientos adquiridos o la información obtenida serían propiedad privada, sino que se compartirían por todo el grupo. De cualquier forma, sí es cierto que un grupo social concreto estaría relacionado con un entorno concreto del que explotaría sus recursos. Sería su territorio y lo sentiría como propio frente a otras bandas de cazadores-recolectores, a pesar de que pudiera ser utilizado por otras comunidades o que sus fronteras no estuvieran firmemente fijadas. En cuanto a la división del trabajo, aunque no era tan marcada como en sociedades con una estructura socioeconómica compleja, es muy posible que desde el principio hubiera una cierta especialización por sexo y edad, es decir, serían los hombres los que cazaban y las mujeres y los niños los que recolectaban. Asimismo, puede que una persona que tuviera una mayor habilidad manual, dedicara más tiempo que otras a la fabricación de armas y otros útiles o al tratamiento de las pieles. Hemos realizado con anterioridad ciertos apuntes refiriéndonos a los intercambios realizados entre grupos paleolíticos. Este es el momento de explicar este tema con mayor profundidad. El modo de aprovisionamiento a través del intercambio era poco común en el Paleolítico, especialmente con anterioridad al Paleolítico Superior, y principalmente se daba a nivel local. No obstante, y sobre todo en las últimas etapas, los ejemplos con los que contamos son varios. Y por otra parte, siempre existió el intercambio dentro del grupo: Se cazaban los animales, se recolectaban los alimentos vegetales y el excedente inmediato se distribuía entre los familiares cercanos y los miembros presentes en el campamento. Lo característico de la

reciprocidad es que cada obsequio que se realizaba se hacía a la espera de su devolución en una fecha posterior, es decir, el gesto imponía ciertas obligaciones a ambas partes. Sin embargo, no era preciso una correspondencia inmediata, pero sí debería pagarse con el tiempo. Era un modo de reforzar los lazos sociales. Eso sí, existían diferentes formas de reciprocidad, como la positiva, que equivaldría a generosidad y se producía entre parientes cercanos, o la negativa, en la que se intentaba salir beneficiado frente al otro y por ello se llevaría a cabo solamente entre extraños. Dos ejemplos de reciprocidad de cazadores-recolectores actuales han interesado especialmente a los antropólogos. Se trata del kula, en las islas Trobriand (Nueva Guinea), y del potlatch practicado por los Kwakiutl, en Canadá. Algunos grupos paleolíticos pudieron llevar a cabo algún intercambio que contemplara algunas de sus características. El kula consiste en ir pasando los objetas a otros miembros del mismo grupo étnico de manera circular tras haberlos poseído durante un determinado período de tiempo. Por eso los objetos kula están constantemente en movimiento. Mientras se tiene el objeto, el poseedor tiene también cierto prestigio. Por otra parte, en el potlatch el anfitrión demuestra su riqueza y su importancia dando sus propias pertenencias, de modo que el resto de personas entienda que tiene tantas que puede permitirse hacer tantos regalos. Posteriormente, los participantes le corresponderán celebrando su propio potlatch. En el potlatch, los regalos no sólo se dan, sino que también pueden quemarse o destruirse de otra forma. Pocas son las cuestiones que nos quedan por comentar respecto a la organización social de las sociedades de bandas. En este tipo de comunidades no existían las leyes formales ni los castigos. Las leyes que existían serían más bien de tipo consuetudinario, es decir, basadas en la costumbre. Su modo de vida estaba regulado por la costumbre y la tradición, que les habían sido transmitidas de generación en generación. En caso de duda, se seguirían al cabecilla, aunque en la toma de decisiones, sobre todo en las importantes, participaría por lo general todo el grupo.

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En lo referente a la religión, basándonos en los datos recogidos por la etnografía, se podría definir como chamanismo. Aunque esta información se ha tomado de sociedades actuales, cabe pensar que durante el Paleolítico existiría una figura similar y una religiosidad parecida. Los chamanes tendrían un puesto privilegiado dentro de la organización social del grupo. Toda su vida era un viaje hacia el conocimiento. Ellos eran los intermediarios entre el mundo de los humanos y el mundo de los dioses, los espíritus y los ancestros. A menudo utilizaban psicotrópicos (se ha constatado el uso de la adormidera en la Prehistoria) para entrar en trance y buscar explicaciones de lo que sucedía. No podemos saber si el hombre prehistórico creía en algún dios o reverenciaba la naturaleza de modo religioso. Pero el hecho de que desde los neandertales se enterrara a los muertos puede ser un indicador de su creencia en la otra vida.

tiempo libre que los campesinos. En esos tiempos de ocio, la danza y la música podrían haber sido elementos que los mantuviera ocupados, y pudieron estar también relacionados con rituales religiosos que tendrían además una función de cohesión social. Se han recuperado en distintos yacimientos objetos que podemos considerar instrumentos musicales como silbatos o flautas. En cuanto a la danza, es más difícil verificar su práctica, pero algunas representaciones de arte rupestre han sido interpretadas como escenas de este tipo.

5. El mundo simbólico e ideológico
Siempre se ha dicho que el mundo simbólico e ideológico nos define como seres humanos. No obstante, hemos de advertir que no encontramos vestigios del mismo hasta la aparición de los neandertales, en el Paleolítico Medio. Eso no significa, sin embargo, que anteriores especies de homínidos no fueran capaces de poseer estos atributos en alguna medida. ¿Cómo podemos acercarnos al mundo simbólico de aquellos humanos de los que estamos tan alejados en el tiempo? Los dos ámbitos que nos pueden transmitir sus ideas son el arte y los enterramientos. El arte es propio del Paleolítico Superior, y cuando hablamos de arte, nos referimos tanto al parietal como al mueble. En cuanto al arte parietal, existen diferentes teorías sobre su significado e interpretación. Los investigadores han planteado diversas hipótesis que no siempre tienen por qué considerarse opuestas. Nunca podremos saber a ciencia cierta cuáles fueron realmente las motivaciones que llevaron a las comunidades del Paleolítico a realizar esas pinturas, pero plantearemos las posibles explicaciones que se han estado barajando. El arte por el arte: la creación de arte tendría exclusivamente el objetivo del adorno, por lo que no estaría relacionado con sentimientos espirituales o religiosos. Teoría estructuralista: esta es la teoría difundida por el famoso arqueólogo francés André Leroi-

Reconstrucción virtual de un silbato hecho con una falange, similar a los encontrados en diferentes yacimientos y pertenecientes a distintas épocas. (Imagen de Sergio Ortiz Moreno).

Por último, debemos comentar que lejos de esa imagen que a menudo se asociaba con los cazadoresrecolectores, de ser sociedades preocupadas obsesiva y continuamente por conseguir alimentos, diversas investigaciones han puesto de relieve que estos grupos disponían en realidad de mayor cantidad de

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Gourhan. Este autor analizaba la localización de los motivos artísticos y la asociación de los animales y de los signos representados. De este modo opinaba que existían diferencias temáticas según la localización de los paneles artísticos dentro de la cueva, según se situaran en su entrada, en el fondo, en lugares escondidos, etc. Asimismo, estudiaba la posición de las figuras también en el contexto de un mismo panel, por lo que existirían figuras centrales (bisonte, buey, mamut y caballo) y figuras periféricas (principalmente ciervo y cápridos). Para Leroi-Gourhan el arte podría expresar un dualismo macho-hembra, mediante un sistema de oposiciones. En la pareja caballo-bisonte, el caballo sería lo masculino y el bisonte lo femenino. Lo mismo ocurre con los símbolos, los signos delgados representaría al hombre y los signos llenos a la mujer. Esta teoría ha sido bastante criticada, aunque no se cuestiona la idea de que existía una organización del arte, es decir, los motivos representados y los lugares donde se realizaban se elegían de un modo intencional. El totemismo: los miembros de un grupo cazador-recolector solían tener una relación especial de respeto y reverencia hacia un objeto (como la lluvia o una montaña) o hacia un animal, un elemento de su entorno y de su naturaleza. El animal sería el antepasado del grupo social, y podría existir una prohibición de cazarlo y alimentarse de él, así como de de emparejarse con miembros del mismo clan (lo que favorecía una exogamia). El grupo era caracterizado por su tótem, y tal vez lo representaran de modo habitual. En esta idea es importante el concepto de la relación fauna consumida-fauna representada, que sólo puede saberse mediante el análisis de los restos hallados en las excavaciones arqueológicas. Chamanismo: en el libro Los chamanes de la Prehistoria publicado en los años 90, los investigadores D. Lewis-Williams y J. Clottes recogen nuevas hipótesis sobre el arte paleolítico tras compararlo con las pinturas rupestres de los bosquimanos San, según las cuales podía asimilarse el arte al chamanismo y a los diferentes estados de consciencia comunes a todos los humanos. Los estudios de estas alteraciones de consciencia establecen tres etapas para llegar hasta el estado de trance. En cada una de las etapas hay una serie de percepciones diferentes. Mientras

que en la primera se pueden ver formas geométricas (cuadrículas, líneas rectas y curvas, zigzags de colores vivos...), en la segunda etapa existe un intento de racionalizar esas figuras, transformándose en objetos. Finalmente, en la tercera fase, tras una sensación de túnel, se producen alucinaciones figurativas, de animales, personas, y monstruos, con los que puede llegar a identificarse el sujeto. De lo que se ve en cada una de las fases existen ejemplos en el arte paleolítico. Normalmente, junto a las representaciones figuradas se pintaban signos, muchas veces geométricos. Por otra parte, las figuras de monstruos o seres antropomorfos, podrían ser los mismos chamanes realizando un ritual. Sería en la última etapa cuando realmente se entraba en el trance. El proceso podía producirse con la ayuda de alucinógenos, pero no siempre eran necesarios, pues podía alcanzarse mediante otros métodos, como sonidos repetitivos, danzas o una concentración muy intensa. A través del trance los chamanes creen poder trasladarse a otros mundos y tratar con los espíritus directamente, pues son un intermediario entre los humanos y los dioses o los ancestros. Algunos de los ritos podrían necesitar para su realización la ejecución de pinturas rupestres, a menudo en lugares escondidos. De hecho, se han hallado algunas lámparas de arenisca para poder realizar este tipo de tareas en la oscuridad de las cuevas.

Reconstrucción virtual de la lámpara de arenisca encontrada en el yacimiento de Lascaux, Francia. (Imagen de Sergio Ortiz Moreno).

Magia simpática: según esta teoría, pintar animales formaría parte de un ritual para propiciar una mejor caza de los mismos, más fácil y abundante y

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sin la existencia de riesgos. Para confirmar esta hipótesis es también importante la relación entre fauna representada y fauna consumida. Si coincide puede corroborar esta idea, si no coincide, una mejor forma de explicarlo sería el totemismo del que hemos hablado más arriba. En cuanto al arte mueble, quizás los ejemplos más conocidos sean las llamadas Venus paleolíticas. La de mayor antigüedad, de hace 31.000 años, fue hallada en Galgenberg (Austria). Sin embargo, la mayoría de las figuras femeninas se datan entre 29.000 y 23.000 años BP. La zona geográfica en la que aparecen se extiende desde el norte de los Pirineos hasta Rusia. Al igual que ocurre en el arte parietal, las interpretaciones sobre los motivos de su fabricación son variadas, desde muñecas que podrían ser utilizadas como elementos de intercambio, hasta símbolos del ideal de mujer. El hecho de que estén tan pulidas y desgastadas nos puede hacer pensar que pasaran de mano en mano, de generación en generación. Como en muchos casos no tienen cara, no representarían una identidad concreta. Las estatuillas estaban muy extendidas por Europa, lo que podría significar que compartirían un mismo simbolismo en todos los lugares. Una de las explicaciones más aceptadas respecto a su funcionalidad es la de la investigadora Marija Gimbutas, para quien las figurillas encarnarían la fertilidad, y serían propias de sociedades donde las mujeres tenían un mayor poder pues se organizaban como matriarcados. Además de las Venus paleolíticas, existían otras manifestaciones de arte mueble. Las más antiguas se datan en el Auriñaciense. Entre estos otros objetos, se encuentran los propulsores, los bastones perforados, o los cantos decorados. Junto al arte, también los enterramientos nos acercan al mundo ideológico de los cazadores-recolectores del Paleolítico. Los primeros enterramientos con una clara intencionalidad los llevaron a cabo los neandertales, en el Paleolítico Medio. Quizás desconozcamos los motivos por los que lo hacían, si tenían alguna simbología especial. No obstante, algunos investigadores han asociado las tumbas con restos faunísticos que se han interpretado como ofrendas, si bien esta idea no es compartida por toda la comu-

nidad científica, pues otros señalan que este tipo de restos aparecen en todo el área de excavación. En el Paleolítico Superior, la simbología que acompañaba al enterramiento tal vez sea más clara, pues a menudo se utilizaban en ellos sustancias como el ocre, elemento que se ha relacionado frecuentemente con rituales. En el último período del Paleolítico, el número de enterramientos encontrados es mucho mayor que en períodos anteriores. Todos se han hallado en zonas de habitación y no existen, o no se han descubierto, sepulturas aisladas. No había diferencias por edad o sexo a la hora de realizar una inhumación, pero en el modo de enterramiento tal vez hubiera ciertas diferencias regionales, puesto que en la actual Francia casi todas aparecen en posición fetal hacia la izquierda, mientras que las moravas lo hacen en la misma posición pero hacia la derecha. Las italianas se encuentran normalmente en postura de cubito supino con los brazos a lo largo del cuerpo. En Europa Oriental en ocasiones se usan huesos de mamut en las tumbas, como en el yacimiento de Dolni Vestoniçe. Mediante el análisis y estudio de los restos óseos que nos devuelven las sepulturas de los yacimientos paleolíticos podemos conocer muchos datos de las personas que vivieron en una época tan lejana. Podemos saber cómo eran físicamente, la dieta que seguían, o las paleopatologías (enfermedades y lesiones) que padecían.

6. Los cazadores-recolectores modernos
El modo de vida cazador-recolector ha sobrevivido a los milenios, y en la actualidad algunos grupos sociales contemporáneos a nosotros lo siguen practicando. Ellos han sido fuente de datos para extrapolarlos (aunque siempre con el cuidado que merece semejante distancia cronológica y las posible variaciones en las condiciones climáticas y ambientales) a las sociedades prehistóricas y así conocer más profundamente a nuestros ancestros. En cuanto a los paralelos etnográficos actuales, los más estudiados por la antropología son los bosquimanos ¡Kung y los inuit. Ambos han sabido cómo adaptarse a medios extremos.

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El entorno en el que viven los bosquimanos es una región del desierto del Kalahari en el Suroeste africano. Su acceso a fuentes de agua es bastante reducido. Un alto porcentaje del alimento es proporcionado por las mujeres a través de la recolección, por otra parte, el trabajo de la caza recae en los hombres, pero la carne se comparte entre todos. El territorio de cada banda debe contar con suficientes recursos, incluido el agua y puede ser utilizado por otros grupos, como muestra de intercambio recíproco. Pese a lo que comentamos con anterioridad, en este caso, el liderazgo sí es hereditario, aunque las decisiones importantes se toman entre todos. El hábitat de los inuit (quizás más conocidos como esquimales, aunque no se utiliza ya este nombre porque es considerado peyorativo) es radicalmente diferente. Por este motivo, la recolección no tiene ningún peso en la alimentación. Sus principales medios de subsistencia son la pesca y la caza del caribú y la foca. Como estos recursos no pueden encontrarse todo el año y están bastante dispersos, la densidad de población es muy variable, según la disponibilidad de los mismos. La organización social se basa bastante en el parentesco, y es lo que en el fondo cohesiona a la comunidad. La unidad básica es la familia extendida, que puede ser aumentada al juntarse con otros grupos con los que tienen relación sanguínea si el número de recursos aumenta. Por otra parte, el liderazgo no es algo importante, incluso un poblado puede no contar con un líder. Si alguien tiene cierta ascendencia sobre el resto de la sociedad, ése es el chamán. Aprovisionarse de alimentos a través de la caza y la recolección ha formado parte de la vida humana durante millones de años. De aquellos que convivían, y conviven, tan estrechamente con la naturaleza, cuidándola y venerándola, debemos aprender que es el medio el que nos proporciona todo lo que necesitamos y hay que respetarlo. Como hemos podido ver, otras formas de vivir y pensar son posibles, y la supervivencia a lo largo de los siglos de este modo de subsistencia, nos dice que es exitoso. El por qué entonces los humanos comenzaron a producir sus propios alimentos a través de la agricultura y la ganadería y esta nueva manera de obtención del sustento se extendió tanto, quedará para una futura discusión.

BIBLIOGRAFÍA
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Raquel Carrillo González

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