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Sistematización de Experiencias

Sistematización de Experiencias

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OSCAR JARA / La palabra sistematización en determinadas disciplinas se refiere, principalmente, a clasificar, a ordenar datos e informaciones. Ese es el sentido más común, más utilizado y totalmente válido de la noción o del concepto sistematización: Sistematizar datos, informaciones; clasificarlos, ordenarlos, organizarlos.
OSCAR JARA / La palabra sistematización en determinadas disciplinas se refiere, principalmente, a clasificar, a ordenar datos e informaciones. Ese es el sentido más común, más utilizado y totalmente válido de la noción o del concepto sistematización: Sistematizar datos, informaciones; clasificarlos, ordenarlos, organizarlos.

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SISTEMATIZACIÓN de

las experiencias
/ Oscar Jara*

Voy, a continuación a exponer rápidamente cuatro ideas alrededor de los desafíos de la sistematización de experiencias:

1. Primera idea: hablamos de Sistematizar Experiencias
La palabra sistematización en determinadas disciplinas se refiere, principalmente, a clasificar, a ordenar datos e informaciones. Ese es el sentido más común, más utilizado y totalmente válido de la noción o del concepto sistematización: Sistematizar datos, informaciones; clasificarlos, ordenarlos, organizarlos. Nosotros tomamos esa misma categoría y la aplicamos no sólo a datos e informaciones, sino a experiencias; por eso no hablamos sólo “sistematización”, sino de la “sistematización de experiencias”. ¿Qué queremos decir por experiencias? Las experiencias son procesos individuales y colectivos. Son siempre procesos socio-históricos, dinámicos y complejos. Las experiencias no son simplemente acciones, hechos puntuales, sino que tienen una consistencia de dinamismo y de complejidad. Las experiencias están siempre en movimiento y en toda experiencia intervienen muchos elementos. Por ejemplo: las condiciones del contexto; cualquier experiencia se hace siempre en determinadas condiciones del contexto económico, social y político local, nacional o mundial. O situaciones particulares; ninguna experiencia está fuera de una determinada situación particular, que puede ser una situación geográfica o institucional, o hasta personal; siempre hay, aparte de las condiciones del contexto, una situación particular en la cual se desarrolla una experiencia. Por otro lado, la experiencia siempre está constituida por acciones; es decir, por cosas que hacemos, pero también por nuestras percepciones. Está constituida también por sensaciones, emociones e interpretaciones de las personas que viven esas experiencias, los sujetos de la misma; es decir, en una experiencia no solamente hay hechos y cosas que pasan; más bien hay personas que sienten, viven y que hacen cosas. La experiencia está marcada por la calidad, las características de los sujetos, los actores, hombres o mujeres que las viven. Personas que tenemos expectativas, sueños, temores, esperanzas, ilusiones, ideas e intuiciones. En definitiva, entonces, las personas somos las que hacemos esos procesos, que son complejos y dinámicos, y esos procesos, a su vez, nos marcan, nos impactan, nos condicionan, nos exigen, nos hacen ser. Además, debemos tomar en cuenta que cada acción que se realice, o que no se realice, va a producir un determinado resultado y va a producir en otras personas, determinadas reacciones. Va a generar, así, determinadas relaciones y producir otras situaciones diferentes a las que existían antes de haber realizado dicha acción. Es decir, estamos hablando de procesos históricos en los que se van concatenando los diferentes elementos que intervienen, en un movimiento permanente,

produciendo cambios continuamente. En síntesis, las experiencias son siempre experiencias vitales, cargadas de una enorme riqueza; es más, cada experiencia constituye un proceso inédito e irrepetible y por eso en cada una tenemos una riqueza que debemos aprovechar precisamente por su particularidad; por eso necesitamos comprender esas experiencias; por eso es fundamental extraer sus enseñanzas y por eso es también importante comunicarlas, compartirlas. 2. Segunda idea: las características de la sistematización de experiencias Una primera característica esencial, consiste en que la sistematización reconstruye lo que sucedió en esos procesos, se hace una recuperación histórica de él; también se ordenan los distintos elementos que sucedieron a lo largo de esos procesos complejos, dinámicos, tal como sucedieron y tal como se percibieron y vivieron en ese momento. Pero éste es sólo un primer paso, porque no se trata únicamente de reconstruir y ordenar lo que sucedió. Nuestra propuesta, desde la educación popular, nos exige que tratemos de comprender e interpretar las causas, las razones de fondo para que esos procesos se dieran de esa manera. Así, comprendiendo e interpretando lo que hemos ordenado y hemos reconstruido, podremos sacar lecciones para la propia práctica. Todo este tema de la obtención de lecciones de la propia experiencia, que deben servir a la propia experiencia, significa un paradigma epistemológico; supone una manera de ver el mundo, de situarnos ante el mundo, de situarnos ante la comprensión y la transformación del mundo como parte de un mismo movimiento. Entonces, reconstruir, ordenar lo acontecido, para comprender e interpretar lo acontecido y para poder entonces transformar y sacar lecciones de esa propia experiencia supone una postura epistemológica. Por lo tanto, no sólo debemos reconstruir, no sólo debemos describir. En nuestra propuesta, la sistematización no se limita a ello. Claro, eso es parte de la sistematización. Registrar y reconstruir es sólo una parte. Lo importante, lo más importante, lo decisivo es, después que está todo registrado y reconstruido, saber qué hacemos con eso. Tenemos que entender, comprender, interpretar a fondo lo que ocurrió, cuáles fueron sus causas, cuáles las consecuencias, cuáles los efectos secundarios y las raíces de esos fenómenos. También debemos interpretar cuáles han sido las contradicciones, las continuidades y las discontinuidades, las coherencias y las incoherencias. Descubrir la lógica de esos procesos supone un esfuerzo de teorización de esa práctica. Entonces, yo la ordeno y la reconstruyo, no para ordenarla y reconstruirla, sino para que al ordenarla y reconstruirla me den la base para poder, entonces, descubrir: “ah, aquí hubo una ruptura, aquí hubo una discontinuidad, aquí hubo un cambio importante respecto a lo que venía haciendo...”, y entonces, así podré preguntarme: ¿Por qué se produjo esa ruptura?, ¿por qué hubo esta discontinuidad?, ¿por qué aquí sí hubo continuidad y aquí no? ¿cuáles fueron los factores que produjeron este cambio?, etc. Sólo hasta entonces vienen las preguntas interpretativas que suponen la creación de categorías de interpretación teórica que permitan entender lo empírico de nuestras prácticas. Por todo esto, pensamos que la sistematización de experiencias no es algo fácil y simplista, pero tampoco es algo tan complicado y especializado que esté reservado exclusivamente para algunos o algunas especialistas. Alguien que tenga mucha experiencia metodológica me podrá, de repente, ayudar, me podrá plantear preguntas o proporcionar asesoría metodológica; pero ¿quién va a poder sistematizar mi experiencia, lo que yo he vivido como pedagogo en mi práctica a lo largo de este año, de varios

años, en mi trabajo?, ¿quién me lo puede sistematizar?. Nadie. Nadie puede sistematizarlo por mí. En ese sentido puede haber muchos apoyos que hagan factible la sistematización de las experiencias, pero que no sustituyen a las personas que vivieron las experiencias. Ahora bien: ¿Para qué sirve sistematizar experiencias?. Nosotros creemos que hay tres grandes objetivos posibles a los que puede servir: Por una parte, una buena sistematización nos permitiría tener una comprensión más profunda de la experiencia, con el fin de mejorar nuestra propia práctica; o sea: sistematizamos para mejorar y para transformar la propia práctica. Ese sería un gran objetivo. Un segundo propósito al cual podría servir la sistematización, es que nos sirva para compartir con otras prácticas semejantes las enseñanzas surgidas de nuestras experiencias. Es decir, no solamente comprender la mía para mejorarla, sino compartirla con otras personas, instituciones o grupos que hacen experiencias semejantes. Y aquí me gustaría que marcáramos una diferencia importante: no es lo mismo intercambiar narraciones y cuentos sobre las experiencias, que intercambiar productos sistematizados de las experiencias; porque muchas veces en los intercambios de experiencias desperdiciamos la oportunidad de hacer intercambios de fondo y nos limitamos a hacer intercambios narrativos en los que cada quien cuenta lo que hace y todo el mundo dice: “¡ah, sí; muy interesante!...” y luego comenta: “bueno, esa fue tu experiencia. Ahora, en la mía...” y no se pasa de ahí. El puro intercambio de narraciones y descripciones no nos permite avanzar cualitativamente; Pero, por el contrario, si vamos a tener un intercambio y hacemos todo un proceso previo en el que cada cual hace una sistematización y extrae las lecciones de su práctica en torno a un determinado aspecto. Añadamos otro objetivo, que es tal vez uno de los menos logrados: que la sistematización de experiencias sirva para enriquecer la reflexión teórica a partir de los conocimientos que surgen de las prácticas concretas. En el ámbito educativo tenemos muchísima gente haciendo una gran cantidad de cosas, innovando, buscando respuestas a las preguntas de sus prácticas y, seguramente en su labor cotidiana tienen pistas o pautas de respuesta para aquellas preguntas que desde el laboratorio, la oficina o la academia no se pueden resolver. Definitivamente, la sistematización produce un nuevo conocimiento; la sistematización nos hace objetivar lo que hemos vivido. Es, como decía alguien, hacer una parada en el camino para ver por dónde hemos venido caminando y por qué hemos tomado ese camino. Yo una vez pensé que esa era una imagen buena de la sistematización: la de la marcha en la que se llega a un punto y ahí detenerse; y darnos la vuelta para ver por dónde fue que venimos, por qué subimos por aquí, por qué bajamos por acá. “Ah, mira, ahí fue el pozo donde nos mojamos, aquí fue el sitio donde bebimos, aquí fue donde tomamos la sombra...”; sólo entonces podremos analizar: “bueno, ¿por qué paramos aquí y no paramos más adelante?”; “ah, mira, por pararnos allí nos perdimos de haber estado en tal sitio en tal momento...” Para los amantes del cine hay también una imagen que puede ayudar: La sistematización es algo así como hacer un cine-foro después de ver una película en la que se filmó la propia experiencia; es decir, pasar una película de lo que ocurrió, pero haciendo un cine-foro, analizando escena por escena y el desarrollo de las acciones: ¡Ah, mira, por qué paso tal cosa en este momento...! ¡por

qué si se estaba haciendo tal cosa, luego se cambió a hacer tal otra...!. Pasar otra vez la película, pero no sólo pasarla, sino hacer la interpretación crítica de sus escenas y lo que ocurrió entre ellas. Igualmente, la sistematización pone en orden conocimientos desordenados y percepciones dispersas, que las tenemos, pero al estar desordenadas no nos las podemos apropiar y la sistematización nos ayuda a ordenarlas y comprenderlas. Cuando yo recojo un aprendizaje de una experiencia para dar cuenta de él, me veo obligado a explicitar, exponer, presentar mis ideas de forma comprensible para las otras personas. Tengo que presentarles los distintos elementos, las circunstancias en que se dio; tengo que desarrollar un cierto orden en la exposición, etc. Muchas veces sólo al hacer ese primer esfuerzo, nosotros mismos nos damos cuenta de todo lo que implica lo que hemos pensado. Así, la mirada que yo tenía sobre mi práctica, se pone en diálogo con la mirada y las preguntas de las otras personas sobre lo que he mirado y se enriquece. Luego, yo paso a responder no sólo mis inquietudes o preguntas, sino las que provienen de las demás personas. Y al hacerlo, provocamos que las otras personas miren también -con los elementos aportados por mi mirada- su propia práctica, haciéndose quizás preguntas sobre ella que antes no se había hecho. 3. Tercera idea: Sistematizar experiencias requiere algunas condiciones Quiero decir que sistematizar no es algo que se pueda hacer de manera espontánea. Claro, normalmente vamos aprendiendo de lo que vivimos, pero cuando hablamos de Sistematizar experiencias nos referimos a un proceso intencionado y consciente, que debe tener un orden, un rigor, una metodología que permita reconstruir la experiencia y descubrir esos aprendizajes a través de un ejercicio teórico de interpretación crítica. Cómo hacerlo, es un asunto que tiene muchas variantes y posibilidades que ahora quizás no tengamos el tiempo para ver. Pero refirámonos rápidamente a algunas condiciones necesarias para poder sistematizar: tres condiciones principales en el ámbito personal. La primera condición personal es que hay que tener interés y disposición de aprender de la experiencia. Si yo considero ya sé todo, ya estudié todo, que ya sé lo que va a pasar o puede pasar en mi labor, yo no puedo sistematizar, porque me estoy anulando ante la posibilidad de descubrir lo nuevo. Debo tener interés en aprender de la experiencia. Y hay mucha gente que le cuesta sistematizar porque en el fondo, aunque diga que no, cree que ya lo sabe todo o casi todo, entonces no se coloca en situación de aprendizaje. La segunda condición: tener sensibilidad para dejar hablar a la experiencia por sí misma, lo cual tampoco es fácil. Muchas veces hemos hecho un plan, un proyecto con una idea de lo que queremos que suceda y eso nos condiciona de tal manera, que a la hora de interpretar lo que ocurre, lo hacemos en función del proyecto previo en lugar de mirar lo que efectivamente ha sucedido. Tercera condición personal: tener habilidad para hacer análisis y síntesis. Si yo no sé descomponer los distintos aspectos que componen la complejidad de una experiencia; si yo no puedo diferenciar los distintos elementos que están allí presentes, me va a ser muy difícil comprender cuál elemento tuvo un peso más importante sobre los otros. De ahí que se nos mezclen las cosas y nos confundamos en la interpretación, por no haber podido analizar cada aspecto por separado y no haber sabido sintetizar lo más relevante. Ahora bien, esas condiciones, ¿dónde las aprendemos?. Muchas veces nuestros sistemas educativos no nos enseñan a desarrollar nuestra capacidad de teorización, nuestra capacidad de percepción, nuestra capacidad de análisis ni nuestra capacidad de síntesis; entonces somos más narradores o repetidores. Podemos contar experiencias, pero a la hora de tratar de explicar

cuáles eran los factores más importantes o decisivos o a la hora de comprender cómo se relaciona esto con lo otro, no somos capaces de hacerlo. Por eso necesitamos formarnos para desarrollar nuestras capacidades de producción teórica. ¿CÓMO SISTEMATIZAR? UNA PROPUESTA EN CINCO TIEMPOS Llegados a este punto, es necesario plantear, de la manera más precisa y concreta posible, un método de sistematización, una propuesta de cómo pensamos que se puede o se debe hacer, que sea coherente con todo lo planteado en las páginas anteriores. Sabemos que la interrogante de "¿cómo sistematizar?" es, en realidad, la pregunta que más interesa e inquieta a educadores y promotores en toda América Latina. Pero hemos considerado que no tenía sentido intentar enfrentarla sin antes pasar por toda la reflexión previa que hemos realizado. Sabemos también que mucha gente está simplemente buscando una especie de "receta" que le indique, de una vez por todas, "la" manera de poner en práctica un proceso de sistematización, los "pasos" ya predefinidos que hay que seguir, sin hacerse tanta complicación...; pero, lamentablemente, no hay "una" manera de sistematizar, ni hay una secuencia exacta de pasos y procedimientos que una vez desarrollados den por resultado mágicamente una sistematización..., ni la sistematización, como nosotros la pensamos y proponemos, es una tarea simple y sin complicaciones.40 En este marco, queremos atrevernos a compartir una propuesta metodológica surgida de nuestras propias experiencias y enriquecida con aportes prácticos y teóricos de varias amigas y amigos en todo el continente.41 Explícitamente quiero señalar que no busca ser un "recetario", pero sí ser un instrumento utilizable, por lo que contiene algunas pautas indicativas. Su puesta en práctica posibilitará, sin duda, su cuestionamiento, modificación, enriquecimiento y adaptación a las condiciones particulares de cada quien. Se trata de una propuesta en cinco tiempos, lo cual sugiere un procedimiento con un orden justificado, pero que no necesariamente debería seguirse tal cual, porque dependerá de muchísimos factores que inciden en la multiplicidad de experiencias existentes. Debe usarse más como sugerencia e inspiración, aunque por razones didácticas se presenta un poco rígidamente. Por ese motivo, este capítulo tiene como complemento indispensable el siguiente: "Ejemplos de sistematización", en el que se ofrece un abanico muy variado de posibilidades, para que se tomen en cuenta como referencia al definir el procedimiento y los instrumentos propios de cada sistematización.

Recordemos, aquella formulación sistematización y decíamos que:
40

inicial42

donde

presentamos

nuestra

concepción

de

Esto no quiere decir que no esté al alcance de muchos. Pensamos que cualquier educador o educadora popular, dirigente intermedio o de base, promotora o promotor institucional, puede sistematizar sus experiencias. Que no sea simple, tampoco quiere decir que sea propiedad de especialistas, o que sea tan complicada que hay que dedicarle toda una vida (o buena parte de ella). Como dice Roberto Antillón: "No hay que vivir para sistematizar, sino sistematizar para vivir".
41

Particularmente mis compañeras y compañeros de la red Alforja en México y Centroamérica, y del Taller de sistematización CEAALPerú.
42

Ver capítulo 11: Qué es sistematizar

"... es aquella interpretación crítica de una o varias experiencias, que, a partir de su ordenamiento y reconstrucción, descubre o explicita la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, cómo se han relacionado entre sí, y por qué lo han hecho de ese modo." De allí que nuestra propuesta de método, coherente con esta conceptualización considere cinco "tiempos" que todo ejercicio de sistematización debería contener: A. B. C. D. El punto de partida. Las preguntas iniciales. Recuperación del proceso vivido. La reflexión de fondo. E. Los puntos de llegada. Cada "tiempo"43 tiene, a su vez, algunos momentos (o elementos) constitutivos. Veámoslo primero de forma general: A) El punto de partida: a1. Haber participado en la experiencia. a2. Tener registros de las experiencias B) Las preguntas iniciales: b1. ¿Para qué queremos sistematizar? (definir el objetivo) b2. ¿Qué experiencia (s) queremos sistematizar? b3. ¿Qué aspectos centrales de esas experiencias nos interesa sistematizar? (precisar un eje de sistematización) C) Recuperación del proceso vívido: c1. Reconstruir la historia. c2. Ordenar y clasificar la información A) La reflexión de fondo: ¿Por qué pasó lo que pasó? d1. Analizar, sintetizar e interpretar críticamente el proceso. D) Los puntos de llegada: e1. formular conclusiones. e2. Comunicar los aprendizajes.

A. El punto de partida

43

Cada uno de los tiempos y momentos tiene una enorme cantidad de variantes posibles en términos de contenido, alcances, niveles de profundidad, duración, instrumentos que se utilizarán y ubicación en el conjunto del proceso, por lo que vamos a precisar las características que consideramos fundamentales de cada uno de ellos, con algunos ejemplos y advertencias, que, confiamos, sean de utilidad.

Se trata de partir de la propia práctica. 44 Este es el punto de partida de todo proceso de sistematización. Y esto quiere decir, fundamentalmente, que la sistematización es un "momento segundo"; no se puede sistematizar algo que no se ha puesto en práctica previamente. 45 Ahora bien, esto nos plantea dos características básicas que debemos definir desde el arranque: quién sistematiza y de qué información se parte. Veámos: a1. Haber participado en la experiencia Sostenemos que sólo pueden sistematizar una experiencia, quienes han formado parte de ella y que no es posible que una persona totalmente ajena a la experiencia, pretenda sistematizarla. Esto no significa que todos quienes participen en la sistematización de un proceso lo tengan que haber vivido directamente o del mismo modo. Por ejemplo:

Una institución puede proponerse sistematizar una experiencia específica, llevada a cabo sólo por una parte del equipo, pero involucrando a todo el equipo en el proceso de reflexión. Seguramente el aporte de unos y otros será diferente, pero todos la sistematizarán como parte de su experiencia institucional común. Una organización popular puede proponerse sistematizar la experiencia de la organización desde sus orígenes, aunque quienes lo hagan no hayan estado directamente presentes en los primeros momentos. Posiblemente sea muy indicado que incorporen a quienes vivieron esa época, pero los más nuevos podrán sistematizar el conjunto del proceso, ya que la historia pasada forma parte de su experiencia actual. Un centro de educación popular puede participar activamente en la sistematización de alguna experiencia de otro centro con el que tiene una relación estrecha, sea porque realiza experiencias semejantes, o porque ha participado en algún aspecto de la experiencia a sistematizar, o porque la experiencia de ambos va dirigida a apoyar los mismos procesos, etc.

Lo que no cabe dentro de nuestra concepción y propuesta, es el (o la) sistematizador(a) extemo(a), que la institución u organización (que "no tiene tiempo o posibilidades de sistematizar") contrata para que lo haga en nombre de ella.
44

Aquí nos diferenciamos claramente de aquellas propuestas que proponen, como punto de partida: "definir el marco teórico", siguiendo un esquema tradicional de la investigación social clásica. Es común, además, encontrarse con que este "marco" quede reducido a un conjunto de citas de diversos autores, referencias bibliográficas y un listado de palabras con sus respectivas acepciones tal como aparecen en algún diccionario. Ahora bien, esto no significa que consideremos el problema de la aproximación teórico- conceptual como algo secundario; para nosotros es fundamental (ya habíamos mencionado en el capítulo III que la sistematización es un ejercicio claramente teórico). Por eso mismo, asumimos el rol de la teoría de otro modo. En el siguiente acápite, referido a las preguntas iniciales, profundizamos más este tema, cuando nos referimos a "el contexto o aproximación teórica". Baste, por ahora, precisar que cuando decimos "partir de la práctica" estamos entendiendo que hay que partir de lo que haremos, sentimos y también, de lo que pensamos.
45

Esto no significa, como veremos luego, que para sistematizar haya que "esperar a que la experiencia concluya"; primero, porque el concepto de "concluir una experiencia" es muy relativo: puede ser que el proyecto de una institución se termine, pero que la experiencia que desarrolló continúe de otra forma; segundo, porque, desde nuestra concepción, la sistematización debe hacerse para ir alimentando la práctica, no para dar cuenta definitiva de ella. Existen muchas modalidades para ir sistematizando experiencias a lo largo de su proceso.

Por el contrario, sí puede ser importante tener a alguna o algunas personas como apoyo externo para realizar la sistematización. Este apoyo puede ser muy diverso, dependiendo de las necesidades y posibilidades de quienes sistematizan. Por ejemplo:

Una organización popular puede pedir ayuda a un equipo de una institución, para que la apoye en el diseño y conducción metodológica del proceso de la sistematización, o para que la apoye en la búsqueda y ordenamiento de información, o para que le proporcione algún insumo de reflexión sobre algún tema que alimente la interpretación de la organización. Una institución puede pedir ayuda a personas con experiencia en determinado tema, para que opinen críticamente sobre lo que el grupo que sistematiza está reflexionando o sobre sus conclusiones, o para que elaboren un producto de comunicación (un folleto, un video, un programa radial...) con los elementos que van saliendo del proceso, o con las conclusiones finales...

En síntesis, es necesario primero haber participado, de alguna manera, en una experiencia, para comenzar a sistematizarla. a2. Tener registros de las experiencias. Cualquier experiencia que se piense sistematizar, es un proceso que ha transcurrido en el tiempo. A lo largo de su trayecto, seguramente se han realizado muchas y muy diferentes cosas. Por ejemplo: • Lo ideal es que se haya tenido previamente un diagnóstico o "perfil de entrada"; que se haya contado con una apuesta estratégica en la que se inscribe más globalmente cada experiencia; que se haya ubicado la fundamentación de lo que se pretendía hacer; que, en su momento, se hayan planificado objetivos, metas, actividades, responsabilidades, resultados esperados; que se haya definido una proyección del trayecto por recorrer y sus etapas. Seguramente, a lo largo del proceso se han llevado a cabo múltiples y muy diversas acciones que a su vez deben haber producido diversos resultados: seminarios, visitas a casas, entrevistas, talleres, cursos, producción de materiales, campañas; y paralelamente a ellas, el equipo de la institución o de la organización debe haber tenido reuniones, asambleas, jornadas, evaluaciones, etc.

Lo importante para la sistematización de la experiencia, es contar con registros de todo eso, que hayan sido elaborados lo más cerca posible del momento en que ocurrió cada hecho. No es posible hacer una buena sistematización si no se cuenta con una información clara y precisa de lo que ha ido sucediendo. Este es un requisito fundamental; diríamos casi que indispensable... Ahora bien, cuando hablamos de "registros", estamos hablando de una enorme variedad de formas posibles en las cuales se puede recoger la información de lo que sucede en una experiencia.

Por ejemplo:

Los cuadernos de apuntes personales, "diarios de campo", documentos que contienen propuestas, borradores de trabajo, diseño de actividades, informes, actas de reuniones, memorias de seminarios o talleres.46

Y no sólo hay que pensar en registros escritos: hay otras formas documentales que son tanto o hasta más importantes, según el caso: grabaciones, fotografías, filmación en cine o en video; gráficos, mapas, cuadros sinópticos, dibujos... Los registros nos permiten ir a la fuente de los distintos momentos que se llevaron a cabo a lo largo de la experiencia, con lo que será posible reconstruir ese momento tal como fue. 47 Estos tipos de registro que hemos señalado, son ahora bastante comunes en las instituciones y organizaciones populares, lo que facilitará que mucha gente pueda recurrir a ellos cuando se proponga sistematizar. Sin embargo, no siempre son la fuente más adecuada, confiable y ordenada. Por eso nos parece importante recomendar que no nos limitemos a ellos, sino que busquemos, además, otras formas más estructuradas de registrar la información, de tal forma que podamos luego tener una mejor visión del desarrollo real de los procesos. Recientemente, las compañeras del Taller de sistematización CEAAL-Perú han hecho un interesante avance al respecto, constatando que (en los proyectos de promoción): "... la información sobre el desarrollo del proceso suele ser escasa y de mala calidad, lo cual termina siendo un obstáculo para cualquier actividad que aspire a conocer lo sucedido con un mínimo de rigor". Esto las lleva a proponer una alternativa integral: diseñar un instrumento unificador que centralice y distribuya, en la institución, la información que se produce. "En la medida en que el monitoreo, la evaluación y la sistematización son actividades tan cercanas y que cumplen una finalidad similar, la información que requieren también se parece. Ello (además de la necesidad de no recargar de nuevas tareas a los promotores) nos lleva a plantear la necesidad de que se diseñe sistemas de información unificados, que abastezcan a las tres actividades (por lo menos). Esto representa un esfuerzo importante (que corresponde a los responsables de la planificación institucional), ya que el sistema debe ser suficientemente completo pero, a la vez, sencillo y fácil de alimentar, y estar a disposición de todos los que requieran la información (incluyendo el equipo
46

Para mucha gente, una memoria de un evento, constituye una "sistematización". Para nosotros, salvo excepciones, constituye un buen registro, que seguramente será útil cuando se sistematice la experiencia de la que ese evento forma parte.
47

Y no tal como nos acordamos que fue (o como -en el fondo- hubiéramos querido que fuera). Es muy común que suceda que uno haga una especie de "fusión" en la memoria, de los distintos momentos de una experiencia, influenciada seguramente por lo que subjetivamente más nos marcó en cada momento, y que luego no sepamos distinguir las diferencias entre un momento y otro, o no sepamos cuándo exactamente se dio un cambio en el proceso de la experiencia. Recuerdo una vez, allá por 1972, trabajando en el CIPCA en un proyecto de alfabetización con obreros agrícolas de Catacaos, en el valle del Bajo Piura, al norte de Perú, que, llevando nosotros un registro diario de las palabras y comentarios de los alfabetizados ante cada lámina y tema generador, así como de nuestras observaciones, al cabo de como once intensos meses de haber iniciado la primera experiencia, tuvimos una reunión todos los alfabetizadores para releer nuestros diarios de campo y rescatar lo realizado, con el fin de corregir algunos errores en un nuevo proceso que iniciaríamos con otros grupos. Fue enorme mi sorpresa cuando descubrí que había cosas que había aprendido por primera vez en esos once meses, porque las tenía anotadas allí como "descubrimientos". Seguramente si alguien me hubiera preguntado sobre ellas el día anterior, habría dicho con pleno convencimiento que cuando comenzamos la experiencia ya yo pensaba así. Mi memoria no me permitía ubicar cuando, cómo, ni a partir de qué fui cambiando de forma de pensar. Leyendo los cuadernos pude encontrar esos momentos y hechos significativos... Creo que fue la primera vez que aprendí a reconocer la importancia de los registros y quizás la primera vez que intuí lo interesante que podría ser sistematizar.

de promoción)".48 Por último, quisiéramos cerrar este punto haciendo referencia a los cuadros de registro, que son uno de los instrumentos más difundidos por algunas propuestas de sistematización.49 En este aspecto, mi opinión es que, francamente, la creatividad debe ser infinita: cada persona, equipo o institución deberá crear sus propios cuadros, con aquellos aspectos que le interese ir recogiendo en el camino. Y deberá establecer sus propias normas para llenarlos: su frecuencia, uso, difusión, etc. Por ejemplo: • Se puede tener un cuadro que cada persona llene diaria- mente de forma individual, dejando constancia de su trabajo del día (Ver formato #1 en anexo) • Se le podría añadir un cuadro de registro semanal, para ser llenado por cada equipo o su responsable (también podría ser suficiente solo con éste). (Ver formato #2 en anexo) • También podría ser bueno tener una guía (o cuadro), que se responda al final de cada actividad (reunión, seminario, taller, asamblea, etc.) (Ver formato #3 en anexo) En cualquier caso, tratar que el instrumento sea lo menos enredado posible y lo más útil en relación a lo que se quiere. 50 OSCAR JARA* * Educador Popular y sociólogo peruano-costarricense. Actualmente es director general del Centro de Estudios y Publicaciones Alforja en San José, Costa Rica. Coordina la página web del programa latinoamericano de apoyo a la sistematización de experiencias del CEAAL: www.alforja.or.cr/sistem. Este texto es un extracto de una conferencia presentada en un curso latinoamericano dado en el CREFAL, Pátzcuaro, México, en el año 2003.

48 49 50

Presentación de Mariluz Morgan, en nombre del Taller, en la Reunión de intercambio sobre sistematización, Lima, 9 de julio de 1993, a la que asistieron representantes de varias instituciones peruanas que trabajan en el tema. Y que, en algunos casos, ha contribuido a hacer pensar que la sistematización consiste en "clasificar" y "llenar cuadros" y no a ver esta etapa solo como una fase instrumental inicial. Un equipo debería, de cuando en cuando, revisar sus instrumentos de registro y ver si se les da algún uso. Si alguna persona, después de un año, descubre que estuvo llenando cada día o cada semana un cuadro que nunca nadie tomó en cuenta para nada (ni ella misma), quiere decir que no sirve el Instrumento o que tiene que definir cómo aprovechar esa información.

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