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TP Seminario G-3 y Regionalización del Gran Caribe (IIL)

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Trabajo Final del Seminario Grupo de los Tres y Regionalización del Gran Caribe (IIL-UNLP).
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01/21/2012

Universidad Nacional de La Plata Instituto de Integración Latinoamericana (FCJyS

)

Seminario: El Grupo de los 3 y la Regionalización del Gran Caribe. Profesora: PhD Rita Giacalone.

Alumna: Mª Celeste G. Box Consignas Seleccionadas: Parte A) 2. ¿De qué forma incidió la crisis centroamericana posterior a 1979 en la constitución del Grupo de los Tres? Explique. Parte A) 4. ¿En qué artículos y cláusulas del GATT-OMC se basan los acuerdos de integración y que condiciones se les impone? Parte B) 2. Analice las principales diferencias entre los acuerdos de integración de primera y segunda generación, ejemplificándolos con CARICOM y el Grupo de los 3.

Parte A. 2) La pacificación de la crisis centroamericana posterior a 1979 influye de manera determinante en la integración regional que tomó la forma del Grupo del los Tres (en más, G-3). Concretamente dicho en pocas palabras, ‘el G-3 surge como parte de las preocupaciones que Venezuela, Colombia y México tenían acerca de la falta de estabilidad padecida en la década de los ‘80s en Centroamérica y el Caribe insular’ (Ramírez, 2002). Pero deberíamos, para historiar con corrección el recorrido que lleva de la crisis centroamericana a la conformación del G-3, establecer algunos hechos fundamentales: El Caribe es una zona estratégica con la cual los tres países han estado involucrados desde la época de la conquista por diferentes acontecimientos históricos, pero que no por ello han tenido relaciones fluidas: al contrario, los ha unido un mutuo desconocimiento (Grabendorff, 1984; en Serbin, 1994). Hacia la mediados de los ‘70s, tenemos dos tendencias concomitantes: por un lado, se produce el surgimiento de las potencias medias entre las que se incluyen las tres del Grupo (aunque especialmente Venezuela1 y México2, dado que Colombia siempre estuvo a rezagada en su política regional -tal vez debido a su plegamiento casi total norteamericana- situación que variará recién en su rol en Contadora (Serbín, 1994)). Estas potencias medias surgieron asociadas a su auge comercial como proveedor de materias primas y de provisión petrolera, comercio que les proveyó autonomía y las proyectó a la región, en una coyuntura donde la cooperación Sur-Sur estaba en consonancia con el establecimiento de un nuevo orden económico. La otra tendencia de los ‘70s, se circunscribe a EEUU, el que aumenta su preocupación de su seguridad en relación al área3 en tres aspectos principales: Cuba (es decir, la influencia de su revolución), la descolonización de territorios británicos
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Venezuela se centró particularmente en la política caribeña insular y no-hispana (Serbín, 1994). En 1974, Carlos Andrés Pérez tiene una activa política en la región (reunió a los gobiernos centroamericanos en Guayana para comprometerse a suministrarles petróleo, como también a comprar bonos del Banco Centroamericano de Integración Económica, y hasta estableció diferentes contactos con partidos demócrata-cristianos a través de la COPEI (Ramírez, 2002). Esta situación viraría con Herrera –de convencido anticomunismo y alineamiento norteamericano en el istmo, situación que cambiará con Malvinas-, alineamiento que se diluirá con el gobierno de Lusinchi (quien aparte sumará la política de ‘responsabilidad compartida’). 2 México, que priorizó la pacificación regional, se proyectó en Centroamérica con posiciones más distantes de EEUU: en 1981 reconoció al FLMN/FDR en El Salvador –lo que, al igual que su relación histórica con Cuba, le bajaba la conflictividad interna con sus grupos nacionales de izquierda, pero que le acarreó el desagrado de otros gobiernos centroamericanos-, y apoyó al gobierno sandinista (lo que reafirmaba su identificación con un régimen unipartidista en consonancia a su PRI (Serbín, 1994)). Aunque su fundamental preocupación residía en la frontera con Guatemala -la que reproduce los problemas sociales propios de la zona sur azteca-, además de ser porosa a migraciones (y, por tanto, a los conflictos centroamericanos de entonces...). 3 Lo cierto es que la zona ya había sido objeto de atención por causas de seguridad hemisférica luego de la fallida invasión a Bahía de Cochinos en 1961, y, sólo un año después, la crisis de los Misiles que dejó al mundo al borde de una guerra nuclear (sin olvidar, claro, los doce años de la Revolución Cubana).

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y holandeses, y la eclosión de la crisis centroamericana (Serbin, 1991 en 1994). Esta última constituía el traslado de la Guerra Fría a su ‘patio trasero’, conformando un polvorín necesario de atender: la revolución sandinista en 1979, la revolución ‘de los sargentos’ en Suriname en 1980, la invasión de Grenada en 1983, y la invasión a Guyana en 1984, entre otros conflictos varios, llevaban a Norteamérica a temer en esa área un foco de comunismo contagioso). Viendo que la región centroamericana tenía una gran chance de volverse un nuevo Vietnam, los futuros G-3 se reúnen en Panamá4 para promover la paz y llamar a EEUU a disminuir la presencia militar, conformando, en 1983, el Grupo Contadora, con el fin de intensificar el diálogo a nivel latinoamericano para enfrentar los problemas políticos, económicos y sociales que comprometen la paz, la democracia, la estabilidad y el desarrollo de los pueblos del continente (Candia, 1983: 873) 5. En este concierto –allende sus alcances y lo que se crea que no alcanzó a solucionar- se gestó la piedra de toque para el proceso de paz centroamericano (no olvidemos que de aquí surgen los Planes Esquipula I y II –el Plan Arias- y el Acuerdo General de Paz de El Salvador). Y sería la pacificación lo que abriría –sin la intervención de EEUU- la zona a una solución regional (culminada en la firma de Esquipulas II de 19866). En este sentido, creemos que en contraposición a lo que muchos llaman la ‘los antecedentes del G-3’ (Carrasquero, 2002), señalando meramente al Grupo Contadora –como pilar de la cooperación previa de estos países-, en realidad debe ser expresado con precisión y señalado como la consecuencia, como el fin de Contadora (es decir, la pacificación), lo que ha dado la posibilidad de alejar a EEUU de la región, incorporar a un actor de gran importancia como la CEE, e ir ‘empoderando’ a los demás procesos integradores existentes (Serbín menciona la reactivación de procesos ya conformados, en un marco en el que si la CEE estaba presente el temor de aislamiento del sistema internacional no parecía sostenible, y por ello se hace posible dar nuevo impulso al CARICOM, resucitar al viejo MCCA a través del SIECA y recuperar el aletargado PACTO ANDINO); y hasta dar lugar a los nuevos, como lo fue el G-3.

Esta no era la primera instancia de cooperación que los futuros G-3 tenían: en 1980 se firma el Pacto de San José de asistencia petrolera, y se había avanzado en el proceso de integración entre Colombia y Venezuela. 5 EL grupo sumó luego una forma ampliada –conocida como Grupo de Apoyo a Contadora-, conformada por Argentina, Brasil, Perú y Uruguay (países que no participaron del proyecto originario de Contadora dado que eran dictaduras), para luego formar el G8, y, finalmente, en 1986, constituirse como mecanismo permanente de consulta bajo la denominación de Grupo Río (Barca, 1983)). 6 A esto sumemos otro hecho fundamental: Serbín (1994) narra la creación e instrumentación de los mecanismos de San José –donde se incluye Colombia- de asistencia de la CEE a Centroamérica, hecho que también refleja, creemos, el contrabalance necesario para la salida endógena regional. Sin ir más lejos, La conferencia de San Pedro Sula de 1989 –que dio origen al G-3- versaba en la integración económica, en un marco de diálogo político y cooperación económica entre la CEE y los estados centroamericanos, como de los integrantes del grupo Contadora.
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Parte A) 4 El artículo que fundamentó el regionalismo en el marco del GATT 47/94 fue el número XXIV, que establece una excepción a la cláusula de nación más favorecida7 (conocida -convencionalmente- como ‘principio de no discriminación’). Así, lo primero que debemos saber acerca de aquél es su categoría de excepción al principio de no discriminación (Art. I y II, GATT ’47-‘94 y Art. II AGCS), lo que se justifica en pos de las ventajas globales sustanciales que puedan aportar a sus miembros. No obstante lo anterior, para su implementación es preciso cumplir con una tríada de condiciones: 1) Las contenidas en el Artículo XXIV (en las secciones 4 al 10); 2) el Artículo V del AGCS (Acuerdo General de Comercio de Servicios), y 3) la Cláusula de Habilitación (Decisión 28 de noviembre de 1979 – L/4903). 1) El artículo XXIV: En su parte 8) trata acerca de las uniones aduaneras y las zonas de libre comercio (ZLC), de la aplicación territorial de sus disposiciones, del tráfico fronterizo y de la responsabilidad de los miembros en las medidas de sus respectivos gobiernos. En cuanto a las dos primeros tipos de acuerdos, indica como zona (o área) de libre comercio al esquema que ha eliminado los derechos aduaneros y otras reglamentaciones restrictivas al comercio (entre dos o más países). Su objeto debe ser el de facilitar el comercio de productos originarios entre los territorios constitutivos y no redundar en obstáculos para los otros miembros del GATT-OMC que no sean miembros del bloque 8. Se reconoce, además, a la unión aduanera en el caso de que dos o más países constituyan un solo territorio aduanero y apliquen un arancel externo común a quienes no pertenecen a él (como también, eliminen las demás reglamentaciones comerciales restrictivas9 en lo esencial de los intercambios comerciales). En el caso del artículo XII de adhesión al marco de la OMC, se reconoce que todo estado o territorio aduanero distinto con autonomía en la conducción de sus relaciones comerciales exteriores podrá adherirse a aquella (OMC, 2004)10. Por otro lado, se permitieron también los acuerdos preferenciales, orientados a la creación futura de uno de los dos esquemas anteriores, en los que dos o más países se otorgan un conjunto de preferencias arancelarias -sin liberar totalmente el
Este trato -indicado en el artículo 1º- declara que cualquier ventaja comercial suplementaria que se acuerde con posterioridad a otro país en el comercio de mercancías, debe ser otorgada a terceros con los que mantenga relaciones comerciales (es decir, con el resto de integrantes del GATT). El sistema de la OMC descansa sobre el mismo principio. 8 En la sección 4 se aclara expresamente que las ZLC y las uniones aduaneras deben presentar un plan de liberación de todo el comercio involucrado (substantially all trade). 9 Ha sido de particular atención el establecer el alcance de las dichas ‘reglamentaciones restrictivas’. Mencionaremos sumariamente algunas de las restricciones cuantitativas (contempladas en artículos XI, XII, XIII y XX) que se permiten por causa de su naturaleza: excepciones por escasez, normas de control de calidad, restricciones a la importación por problemas de balanza de pagos o medidas a cumplir para con el FMI, protección de la salud y el medioambiente, etcétera. 10 Las condiciones y prescripciones establecidas para uniones aduaneras y ZLC son las que se examinan para determinar su compatibilidad con los Acuerdos de la OMC (OMC, 2004). Esto no es otra cosa que la mantención de la coherencia del sistema multilateral (Gil, Sierra, Strassman, 2002), labor a cargo del Comité de Acuerdos Comerciales Regionales (CARC), teniendo en cuenta aspectos legales, procedimentales, económicos y comerciales según las condiciones establecidas en el artículo XXIV GATT-OMC.
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comercio mutuo-, con una vigencia temporal de diez años máximo 11. Para los tres casos, los derechos aduaneros aplicados no pueden superar los vigentes a la hora de su firma. 2) El artículo V del GATS: Referido al comercio de servicios, posee la primera gran diferencia con el artículo XXIV GATT-OMC que no diferencia entre esquemas de integración (uniones aduaneras o ZLC), dado que los aranceles y cuotas no se aplican al comercio de servicios. En cuanto a su contenido, reconoce los acuerdos regionales cuando ellos facilitan el comercio entre partes y no implican obstáculos a un tercero -o a nivel global- mayores a los que existían previamente a su vigencia en dicho sector (y subsector). Los acuerdos en este marco tienen una requisitoria definida: a) cobertura sectorial sustancial (número de sectores, volumen de comercio afectado y modos de suministro); y b) eliminación de toda medida discriminatoria existente entre las partes (y prohibir la imposición de nuevas). En este marco, también se otorga mayor flexibilidad a los acuerdos firmados con Países En Desarrollo (PEDs), tanto en general como en sus distintos sectores (y, si se diere el caso de que las partes de un acuerdo provengan sólo de PEDs se les concederá trato más favorable). 3) La ‘Cláusula de Habilitación’ (o Decisión sobre Tratamiento más Favorable y Diferencial, Reciprocidad y Plena Participación de los Países en Desarrollo, adoptada en la Ronda Tokio de 1979): Esta excepción estableció el tratamiento especial y diferenciado para los países en desarrollo, permitiendo que los países desarrollados les otorguen unilateralmente una reducción/eliminación de aranceles, conocidos como SGP (Sistema Generalizado de Preferencias – Decisión de 25 de junio de 1971). Para regir en la órbita de la OMC, tienen por condición la transparencia y no generar barreras indebidas para otros miembros del GATT-OMC (Gil, Sierra, Strassman, 2002).
Parte B) 2 Diferencias entre los Acuerdos de Integración Regional

de Primera Generación (caso CARICOM) y Segunda Generación (caso G-3). Basándonos en el esquema tomado de Gil, Sierra y Strassman (2002)12, presentaremos las características principales que muestran al CARICOM como caso de un acuerdo de integración regional de Primera Generación13.
Esta cláusula ha sido problemática, porque deja lugar a que casi todo acuerdo pueda enmarcarse en su órbita, además de expresar una idea de temporalidad imprecisa (Gil, Sierra, Strassman, 2002). Por eso, en el Protocolo de Interpretación del GATT94, se estableció que esa temporalidad sea no superior a una década. De hecho, en del marco general de la ALADI predominan estos acuerdos periódicamente re-negociables donde se incorporan/retiran bienes, partidas o sectores de la producción (Apuntes de clase, 2011). 12 Tomado de el esquema de Bhalla, A.S., Bhalla, P. 1997, p.21 y Lawrence, Robert, 1999, p. 23. 13 Tanto CARIFTA como CARICOM han sido descriptos como un híbrido, ambos parte de un Mercado Común y parte de una Unión Aduanera. El tratado introduce cantidad de cláusulas de salvaguardia: libre movimientos de bienes, ubica el comercio de servicios en condiciones de no equivalente pie de igualdad a las del comercio de bienes, limita el movimiento del capital a un movimiento regulado y, explícitamente, niega que los
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Comenzando por su génesis a través de una iniciativa estatal, deberíamos remontarnos al CARIFTA, creado en la IV Conferencia de Jefes de Gobierno, que logró los cimientos de lo que luego sería, en 1973, el Tratado de Chaguaramas y base fundacional del CARICOM (sumando Belice en 1973 y Bahamas en 1983). Lo determinante en este caso –y principal diferencia con los acuerdos de segunda generación- es que no tenemos presencia de una clase empresarial que lo promueva. Dado que entre los propósitos de las integraciones de primera generación encontramos el énfasis en la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y no sólo como un modo de liberalizar el comercio sin más, el espíritu del CARICOM estuvo especialmente orientado (esperanzado) en la unión de sus economías, aumentar y diversificar el comercio intrarregional y asegurar una competencia justa que proteja a pequeñas empresas, promover el desarrollo industrial, y, fundamentalmente, de la cooperación funcional y la coordinación de políticas exteriores (CARICOM, 2001). En el espacio de los logros, la industria (no diversificada) sólo pertenece a algunas islas mayores (Trinidad y Tobago exporta petróleo, las Islas Vírgenes norteamericanas, Aruba y las Antillas Holandesas refinan y Guyana como Jamaica extraen bauxita mientras Las Caimán y las Islas Vírgenes Británicas exportan gran volumen de servicios), pero otras son primarias y concentradas en exportaciones de café, banano, azúcar y cacao (esto tiene consecuencias en el perfil del comercio intrarregional -dado que no son economías complementarias-, mientras que las exportaciones siguen concentradas hacia destinos extrarregionales, especialmente EEUU y la UE (BumerThomas, 2001)14. Su alto requerimiento de importaciones las coloca en plano de vulnerabilidad en sus balanzas de pago, proceso que no fue mejorado por las instalaciones de ensamblaje (producto del SGP de EEUU en 1982). En realidad, el comercio de textiles es restringido y se reduce a productos montados allí15, incentivando el desarrollo de montadoras tanto estadounidenses como extranjeras (como en el caso de la oleada de capital asiático), pero no instalaciones de fabricación de tejido originario (Hinojosa Ojeda y McCleery, 1999)16. Si bien esas plantas generan crecimiento económico (PBI), no conducen al desarrollo industrial ni crecimiento económico o social. Tampoco conducen de manera espontánea a una mayor integración industrial o estimulan la transferencia de tecnología o el trabajo calificado en grandes cantidades (todos ellos, consecuencias que también dan cuenta de un desarrollo industrial ausente en la región). No obstante lo anterior, no podemos afirmar que la integración regional en áreas como la
estados miembros tengan alguna obligación de garantizar la libre circulación de personas (Gill, 1993). 14 Además padecen baja interconexión económica, una escasa velocidad en deliberaciones –y concreción de lo que acuerdan-, en medio de una alta heterogeneidad económico-político-social (y étnico-religiosa). 15 En el mercado norteamericano sólo reciben tratamiento de la exención 807 los que fueron confeccionados con telas provenientes y cortados en Norteamérica. Es decir, si fuesen cortados, cosidos y terminados en Honduras, no recibirán tal beneficio. 16 En un primero momento, los ensambles fueron de textiles, luego sumaron los electrónicos y hoy en día se suman los servicios como call centers.

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cooperación funcional no haya sido concretada en el proceso: el CARICOM coordina las políticas exteriores 17 de los estados miembros y tiene un alto nivel de coordinación funcional que incluye aspectos como la educación y la justicia (Gill, 1993). En cuanto a la competencia en su región, el CARICOM es claramente subregional, de orientación horizontal (Sur-Sur), constituido por países pertenecientes a una zona favorecida por tratamientos diferenciales (de ello son las bases de sus SGPs)18, y, en los primeros años de su creación pertenecía a un solo grupo de integración (exceptuando a África)19. En el caso de los acuerdos de segunda generación en clave del G-3 20, si cotejamos su iniciativa en el libre funcionamiento de las fuerzas del mercado, encontraremos una respuesta algo híbrida (o, al menos, que debemos aclarar en sus alcances): los empresarios –tanto organizados en asociaciones tradicionales nacionales como representando a multinacionales-, actúan a través de sus respectivos Estados para incidir sobre la dimensión internacional. En realidad, no existe duda que la presencia del empresariado es mucho mayor en estos acuerdos de segunda generación que en los de primera generación, pero el punto determinante es que el Estado no se retiró completamente. Contamos aquí con un escenario donde hay mayor presencia del Estado –con cambios sustanciales con respecto al pasado- concomitante a una mayor presencia del mercado (Giacalone, 1999).
En otro aspecto que hace a la protección de los intereses nacionales fronteras afuera, Bhalla y Bhalla (1999) mencionan objetivos relacionados con la seguridad en los acuerdos de primera generación: en el caso del CARICOM, cada isla posee una fuerza policial de mantenimiento del orden, sin ejército regular. 18 El CARICOM posee, además, un tratamiento diferenciado a su interior: los estados miembros están clasificados en el artículo 3 como ‘países de mayor desarrollo’ (Barbados, Guyana, Jamaica, Trinidad y Tobago – y Bahamas, que es estado miembro de la Comunidad del Caribe pero no del CARICOM) y ‘países de menor desarrollo’ (Montserrat, Suriname, Granadinas, Santa Lucía, San Cristóbal y Nieves, Haití, Granada, Belice, Antigua y Barbuda, Dominica) (Gill, 1993). 19 Ya entrados los años ‘90s –una coyuntura donde el regionalismo abierto era una tendencia generalizada-, forma sus primeras iniciativas mostrándose activo fuera de su región: en el 1994 participa en la formación de la Asociación de Estados del Caribe (AEC), y por el impacto sobre el libre comercio que tuvo el TLCAN sobre la ICC (1982), y comienza a presionar para obtener la paridad con México en el mercado estadounidense. Ese mismo año mismo inicia sus negociaciones para el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). 20 Debemos señalar algo importante: el G-3 es un TLC y no un acuerdo de integración regional, lo cual tiene, por supuesto, consecuencias: no puede firmar un acuerdo con otros bloques como el Mercosur, o la UE (aunque países que forman parte de él y otros bloques –como la CAN- sí pueden hacerlo). Por otro lado, tampoco puede apelar a mecanismos como -por ejemplo- los fondos de compensaciones para zonas rezagadas y demás asimetrías regionales, porque para ello necesitaría contar con un fondo común (con el que los acuerdos de integración regional cuentan, dado que se co-financia un fondo, y por ende requiere un compromiso más estrecho por parte de los estados miembros). Así, si estamos pensando en las dinámicas del G-3, debemos evocar otro tipo de consideraciones, siguiendo el modelo que los TLCs toman en el espacio de la OMC.
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En el aspecto del énfasis en la promoción del comercio es realmente destacado (por supuesto que tratándose de un TLC, el énfasis en esta área es esperable, a diferencia de un acuerdo de integración regional que debe y puede ingresar en otras áreas): su objeto es lograr un mercado ampliado y seguro de bienes, la reducción de las distorsiones en el comercio, el establecimiento de reglas claras de beneficio mutuo, fortalecimiento de la competitividad de las empresas a los mercados mundiales (esto nos describe la posición del TLCG3 frente al ítem de la competencia global y de la su no discriminación contra el resto del mundo, como un esquema que no se orienta al mercado regional sino al mundo, con la particularidad que, en este caso, la tendencia es que cada uno de los países por separado se proyecta al mercado mundial -- y no ya los tres como bloque). Este énfasis en la apertura, la inversión y la orientación externa, ha dado, en un acuerdo Sur-Sur como el TLCG3, un idéntico tratamiento para cada uno de los tres integrantes: este acuerdo simétrico, en ese marco de idéntico tratamiento para cada parte (sin los beneficios que en un acuerdo de integración regional pueden acontecer con el tratamiento especial y diferenciado, donde se goza de plazos más largos para las desgravaciones, con escalonamientos, con producción reservada o sensible exenta de desgravación, etc.), no repara en asimetrías reales y contundentes de los integrantes. Desde ya que esta situación no implica que no existan, efectivamente, disparidades: las hay entre Venezuela y Colombia, por un lado, y México, por otro. Las diferencias en el desarrollo y las potencialidades económicas respectivas y en los avances de la reestructuración económica y de los programas de ajuste en cada uno de ellos se evidencian en las dificultades para establecer un TLC de carácter no asimétrico (Serbín, 1993). De hecho, mientras se negociaba el acuerdo, Colombia y Venezuela insistieron en que el TCL y sus medidas arancelarias respeten sus asimetrías generales y sectoriales en relación a la economía mexicana (de modo similar a lo que México logró en las negociaciones con EE.UU. y Canadá para el establecimiento del TLCAN) (Serbín, 1993). En cuanto a la superposición de e TLCG3 con otros acuerdos, efectivamente acontece: los tres países pertenecen, además, a otros acuerdos: México tiene acuerdos de libre comercio con Japón, Uruguay, AELC, el Triángulo del Norte, Israel, la UE, Chile (el Nº 41), Nicaragua, Bolivia (Nº 31), Costa Rica, Canadá-EEUU (TLCAN), Mercosur (Nº 54), Argentina (Nº 6), Perú (Nº 8), tiene un acuerdo de alcance parcial con Mercosur en el sector automotriz, con Ecuador (AAP 29), con Paraguay (AAP 38), con Panamá (AAP 14). Colombia es miembro de la CAN, es miembro signatario de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), tiene acuerdos con Canadá, Chile, El Salvador, Guatemala y Honduras (el Triángulo del Norte), México. Tiene acuerdos de alcance parcial con Mercosur –a través de la CAN-, con CARICOM, con Costa Rica, Nicaragua y Panamá. En 2006 firmó un TLC con EEUU. Venezuela, fue miembro de la CAN (y reemplazó este bloque por el Mercosur), mantiene ACEs con Argentina (Nº 48), con Brasil (Nº 39), con Chile (Nº 23), con Cuba (Nº 40), con Trinidad y Tobago (Nº 21), Nicaragua, con Costa Rica (Nº 26), con El 8

Salvador (Nº 27), con Honduras (Nº 16), con Guatemala (Nº 23) y con Guyana (además de liderar el proceso del ALBA, que es de orden más político-ideológica que comercial).

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