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Elena de White - Profetas y Reyes

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GRACIAS al favor con que los miraba Ciro, casi cincuenta mil de los hijos del cautiverio se habían valido del
decreto que les permitía regresar. Sin embargo, representaban tan sólo un residuo en comparación con los centenares
de miles que estaban dispersos en las provincias de Medo-Persia. La gran mayoría de los israelitas habían preferido
quedar en la tierra de su destierro, antes que arrostar las penurias del regreso y del restablecimiento de sus ciudades
y casas desoladas.

Habían transcurrido veinte años o más cuando un segundo decreto, tan favorable como el primero, fue promulgado
por Darío Histaspes, el monarca de aquel entonces. Así proveyó Dios en su misericordia otra oportunidad para que
los judíos del reino medo-persa regresaran a la tierra de sus padres. El Señor preveía los tiempos dificultosos que
iban a seguir durante el reinado de Jerjes, el Asuero del libro de Ester, y no sólo obró un cambio en los sentimientos
de los hombres que ejercían autoridad, sino que inspiró también a Zacarías para que instase a los desterrados a que
regresasen.

El mensaje dado a las tribus dispersas de Israel que se habían establecido en muchas tierras distantes de su antigua
patria fue: "Eh, eh, huid de la tierra del aquilón, dice Jehová, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí,
dice Jehová. Oh Sión, la que moras con la hija de Babilonia, escápate. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos:
Después de la gloria me enviará él a las gentes que os despojaron: porque el que os toca, toca a la niña de su ojo.
Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me
envió" (Zac. 2: 6-9.) 441

Seguía siendo propósito del Señor, como lo había sido desde el principio, que su pueblo le honrase en la tierra, y
tributase gloria a su nombre. Durante los largos años de su destierro, les había dado muchas oportunidades de volver
a serle fieles. Algunos habían decidido escuchar y aprender; algunos habían hallado salvación en medio de la
aflicción. Muchos de éstos iban a contarse entre el residuo que volvería. La inspiración los comparó al "cogollo de
aquel alto cedro," que sería plantado "sobre el monte alto y sublime; en el monte alto de Israel." (Eze. 17: 22, 23.)

Aquellos "cuyo espíritu despertó Dios" (Esd. 1: 5), eran los que habían regresado bajo el decreto de Ciro. Pero Dios
no dejó de interceder con los que voluntariamente habían permanecido en el destierro; y mediante múltiples
instrumentos les hizo posible el regreso. Sin embargo, los más de aquellos que no respondieron al decreto de Ciro no
se dejaron impresionar tampoco por las influencias ulteriores; y aun cuando Zacarías les amonestó a huir de
Babilonia sin demora, no escucharon la invitación.

Mientras tanto las condiciones estaban cambiando rápidamente en el Imperio Medo - Persa. Darío Histaspes, durante
cuyo reinado los judíos habían sido notablemente favorecidos, tuvo por sucesor a Jerjes el Grande. Fue durante su
reinado cuando los judíos que no habían escuchado la invitación de huir fueron llamados a arrostrar una terrible
crisis. Habiéndose negado a valerse de la vía de escape que Dios había provisto, se encontraron de repente frente a
frente con la muerte.

Mediante el agageo Amán, hombre sin escrúpulos que ejercía mucha autoridad en Medo - Persia, Satanás obró en
ese tiempo para contrarrestar los propósitos de Dios. Amán albergaba acerba malicia contra Mardoqueo, judío que
no le había hecho ningún daño, sino que se había negado simplemente a manifestarle reverencia al punto de
adorarle. No conformándose con "meter mano en solo Mardocheo," Amán maquinó 442 la destrucción de "todos los
Judíos que había en el reino de Assuero, al pueblo de Mardocheo." (Est. 3: 6.)

Engañado por las falsas declaraciones de Amán, Jerjes fue inducido a promulgar un decreto que ordenaba la
matanza de todos los judíos, "pueblo esparcido y dividido entre los pueblos en todas las provincias" del Imperio
Medo - Persa. (Vers. 8.) Se designó un día en el cual los judíos debían ser muertos y su propiedad confiscada. Poco
comprendía el rey los resultados abarcantes que habrían acompañado la ejecución completa de este decreto. Satanás
mismo, instigador oculto del plan, estaba procurando quitar de la tierra a los que conservaban el conocimiento del
Dios verdadero.

"Y en cada provincia y lugar donde el mandamiento del rey y su decreto llegaba, tenían los Judíos grande luto, y
ayuno, y lloro, y lamentación: saco y ceniza era la cama de muchos." (Est. 4: 3.) El decreto de los medos y persas no
podía revocarse; aparentemente no quedaba esperanza alguna y todos los israelitas estaban condenados a morir.

Pero las maquinaciones del enemigo fueron derrotadas por un Poder que reina sobre los hijos de los hombres. En la
providencia de Dios, la joven judía Ester, quien temía al Altísimo, había sido hecha reina de los dominios medo -
persas. Mardoqueo era pariente cercano de ella. En su necesidad extrema, decidió apelar a Jerjes en favor de su
pueblo. Ester iba a presentarse a él como intercesora. Dijo Mardoqueo: "¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho
llegar al reino?" (Vers. 14.)

La crisis que arrostró Ester exigía presta y fervorosa acción; pero tanto ella como Mardoqueo se daban cuenta de que
a menos que Dios obrase poderosamente en su favor, de nada valdrían sus propios esfuerzos. De manera que Ester
tomó tiempo para comulgar con Dios, fuente de su fuerza. Indicó a Mardoqueo: "Ve, y junta a todos los Judíos que
se hallan en Susán, y ayunad por mí, y no comáis ni bebáis en tres días, noche ni día: yo también con mis doncellas
ayunaré 443 igualmente, y así entraré al rey, aunque no sea conforme a la ley; y si perezco, que perezca." (Vers. 16.)

Los acontecimientos que se produjeron en rápida sucesión: la aparición de Ester ante el rey, el señalado favor que le
manifestó, los banquetes del rey y de la reina con Amán como único huésped, el sueño perturbado del rey, los
honores tributados en público a Mardoqueo y la humillación y caída de Amán al ser descubierta su perversa
maquinación, son todas partes de una historia conocida. Dios obró admirablemente en favor de su pueblo penitente;
y un contradecreto promulgado por el rey, para permitir a los judíos que pelearan por su vida, se comunicó
rápidamente a todas partes del reino por correos montados, que "salieron apresurados y constreñidos por el
mandamiento del rey.... Y en cada provincia y en cada ciudad donde llegó el mandamiento del rey, los Judíos
tuvieron alegría y gozo, banquete y día de placer. Y muchos de los pueblos de la tierra se hacían Judíos, porque el
temor de los Judíos había caído sobre ellos." (Est. 8: 14, 17.)

En el día señalado para su destrucción, "los Judíos se juntaron en sus ciudades en todas las provincias del rey
Assuero, para meter mano sobre los que habían procurado su mal: y nadie se puso delante de ellos, porque el temor
de ellos había caído sobre todos los pueblos." Ángeles excelsos en fortaleza habían sido enviados por Dios para
proteger a su pueblo mientras éste se aprestaba "en defensa de su vida." (Est. 9: 2, 16.)

Mardoqueo había sido elevado al puesto de honor que ocupara antes Amán."Fue segundo después del rey Assuero, y
grande entre los Judíos, y acepto a la multitud de sus hermanos" (Est. 10: 3), pues procuró el bienestar de Israel. Así
fue cómo Dios devolvió a su pueblo escogido el favor de la corte medo - persa, e hizo posible la ejecución de su
propósito de devolverlos a su tierra. Pero transcurrieron todavía varios años, y fue solamente en el séptimo de
Artajerjes I, sucesor de Jerjes el Grande, cuando un número considerable de judíos volvió a Jerusalén, bajo la
dirección de Esdras. 444

Los momentos penosos que vivió el pueblo de Dios en tiempos de Ester no caracterizan sólo a esa época. El
revelador, al mirar a través de los siglos hasta el fin del tiempo, declaró: "Entonces el dragón fue airado contra la
mujer; y se fue a hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y
tienen el testimonio de Jesucristo." (Apoc. 12: 17.) Algunos de los que viven hoy en la tierra verán cumplirse estas
palabras. El mismo espíritu que en siglos pasados indujo a los hombres a perseguir la iglesia verdadera, los inducirá
en el futuro a seguir una conducta similar para con aquellos que se mantienen leales a Dios. Aun ahora se están
haciendo preparativos para ese último gran conflicto.

El decreto que se promulgará finalmente contra el pueblo remanente de Dios será muy semejante al que promulgó
Asuero contra los judíos. Hoy los enemigos de la verdadera iglesia ven en el pequeño grupo que observa el
mandamiento del sábado, un Mardoqueo a la puerta. La reverencia que el pueblo de Dios manifiesta hacia su ley, es
una reprensión constante para aquellos que han desechado el temor del Señor y pisotean su sábado.

Satanás despertará indignación contra la minoría que se niega a aceptar las costumbres y tradiciones populares.
Hombres encumbrados y célebres se unirán con los inicuos y los viles para concertarse contra el pueblo de Dios. Las
riquezas, el genio y la educación se combinarán para cubrirlo de desprecio. Gobernantes, ministros y miembros de la
iglesia, llenos de un espíritu perseguidor, conspirarán contra ellos. De viva voz y por la pluma, mediante jactancias,
amenazas y el ridículo, procurarán destruir su fe. Por calumnias y apelando a la ira, algunos despertarán las pasiones
del pueblo. No pudiendo presentar un "Así dicen las Escrituras" contra los que defienden el día de reposo bíblico,
recurrirán a decretos opresivos para suplir la falta. A fin de obtener popularidad y apoyo, los legisladores cederán a
la demanda por leyes dominicales. 445 Pero los que temen a Dios no pueden aceptar una institución que viola un
precepto del Decálogo. En este campo de batalla se peleará el último gran conflicto en la controversia entre la
verdad y el error. Y no se nos deja en la duda en cuanto al resultado. Hoy, como en los días de Ester y Mardoqueo,
el Señor vindicará su verdad y a su pueblo. 446

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