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LA MATERIA CIDIANA EN LAS CRÓNICAS GENERALES:

NAVEGANDO LA LAGUNA DEL MANUSCRITO E2 DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

Manuel Hijano Villegas


Durham University

“En lo de que hubo Cid no hay duda, ni menos Bernardo del Carpio; pero
de que hicieron las hazañas que dicen, creo que la hay muy grande”

Estas palabras puestas por Cervantes en boca del canónigo en su diálogo


con Don Quijote en la primera parte de la obra (1605) ponen de manifiesto el
lugar ambiguo, a medio camino entre la historia y la ficción, que la figura del Cid
ocupaba en la conciencia histórica a principios del siglo XVII. El canónigo
cervantino nunca leyó el Cantar de mio Cid, la obra cuyo centenario celebramos
hoy, pero conocía muy bien las hazañas del héroe a través del romancero o,
muy probablemente, de alguno de los textos cronísticos a él dedicados que
circularon en el siglo XVI, incluyendo la muy difundida Crónica popular del Cid
(14 ediciones en el siglo XVI, de 1498 a 1589), la Chronica del famoso cavallero
Ruy Diez Campeador, publicada por el abad de San Pedro de Cardeña Juan de
Belorado (Burgos, 1512, 1552 y 1593) o incluso la edición de Florián de Ocampo
de Las quatro partes enteras de la Cronica de España que mando componer el
Serenissimo rey don Alonso llamado el sabio (Zamora, 1541). A pesar de
algunas diferencias, todas estas obras ofrecen la misma biografía cidiana. Todas
remontan, en última instancia, al relato de las crónicas generales elaboradas a
finales del siglo XIII o principios del XIV en un intento por completar la inacabada
Estoria de España de Alfonso X (1252-84)1. En este trabajo quisiera describir la
formación y evolución de esta biografía cidiana medieval como fruto de las
transformaciones sufridas por la obra alfonsí durante el último tercio del siglo

1
Sobre la Crónica popular del Cid véanse los trabajos de Cacho Blecua (2002) y Lucía Megías (2002). La
obra reproduce el texto de la Crónica abreviada (1482) de Diego de Valera, autor que empleó como fuente
la Crónica de 1344, la cual se basa a su vez en la Crónica de Castilla. Belorado, por su parte, combinó los
textos de la Crónica de Castilla con el de la Crónica de veinte reyes, o Versión crítica (véase Catalán,
2005, p. 136, n. 87). Por último, Ocampo reprodujo una compilación cronística (Crónica ocampiana) que
combinaba un texto similar al del ms. F (=2628, Bibl. Universitaria de Salamanca) de la Estoria de España
con el de un ejemplar de la Crónica de Castilla (véase Bustos, 2002).

1
XIII. Mi atención se centrará en uno de los loci critici que más problemas sigue
planteando a la filología moderna: la llamada “Interpolación cidiana”, un relato de
los últimos años de la vida del Cid que culmina en la semi-hagiográfica *Leyenda
de Cardeña el cual, entre otros testimonios, puede leerse en los capítulos 896-
962 [=963] de la Primera crónica general (PCG), la edición de la Estoria de
España preparada por Menéndez Pidal2. El estudio de los testimonios de la
“Interpolación cidiana” resulta de gran interés para comprender el proceso de
elaboración de las crónicas generales, así como para estudiar la creación y
difusión del mito del Cid como punto de referencia en la construcción de una
identidad histórica nacional en la baja edad media.

1. EL CID DE ALFONSO X
El origen lejano de la biografía del Cid conocida por los contemporáneos
de Cervantes está en la primera redacción de la Estoria de España en la que,
bajo supervisión de Alfonso X el Sabio, los colaboradores del rey trabajaban
hacia 1270. Una historia de España que debía incluir “todos los sus fechos que
acaescieron en el tiempo pasado, et de los que agora acaescen en tiempo
present en que agora somos, tan bien de moros como de cristianos, et aun de
judios si y acaesciese en que” (PCG, p. 653a46-52) no podía ignorar una figura
como la del Cid, a quien juglares e historiadores habían convertido ya en el
equivalente hispano del Roldán francés o del Arturo inglés. Sin embargo, no
podemos estar seguros de cuáles eran los planes exactos que hacia 1270 tenía
Alfonso con respecto a la inclusión de la vida del Cid en la Estoria de España
porque carecemos de testimonios directos de esa primera redacción de la obra,
o Versión primitiva, en la sección correspondiente a la historia de Castilla a partir
de su primer rey Fernando I (1035-65). Nuestro conocimiento del texto procede,
por un lado, de las crónicas que se elaboraron tras la muerte del rey a partir de
uno de sus borradores provisionales y, por el otro, de la segunda redacción de la
obra o Versión crítica, auspiciada también por Alfonso una década después,

2
Para este trabajo he consultado la edición de 1977. No se olvide que en todas las ediciones del texto los
capítulos [909] a [967] van numerados erróneamente como 908 a 966 (no hay, por tanto, “capítulo 967”).
El estudio de las fuentes de cada capítulo, incluido en la edición de 1955 ofrece la numeración correcta.

2
aunque en circunstancias muy distintas de la primera, hacia 1282-84, durante el
exilio sevillano al que le obligó la rebelión de su hijo, el futuro Sancho IV (1284-
95).
Combinando el testimonio de las crónicas generales post-alfonsíes con el
de la Versión crítica, podemos asumir que las fuentes cidianas reunidas hacia
1270 por los historiadores alfonsíes para componer la Estoria de España eran
prácticamente las mismas que las consultadas siglos después por don Ramón
Menéndez Pidal para su España del Cid (1956). Junto con las fuentes
principales de la obra, el De rebus Hispaniae (DRH) de Rodrigo de Toledo y el
Chronicon Mundi de Lucas de Tuy, se contaba, entre otras fuentes, con, al
menos, dos cantares de gesta, nuestro Cantar de mio Cid y un perdido *Cantar
del rey don Fernando y las particiones de los reinos, con una historia latina, la
Historia Roderici (ed. Falque Rey, 1990), y con varias historias árabes, de las
que la principal, o mejor, la que ha sido identificada con mayor certeza por la
crítica, era la perdida Elocuencia evidenciadora de la gran calamidad (Al-Bayān
al-wād ih fi al-mulimm al-fād ih), obra escrita por un contemporáneo valenciano
del Cid, Ibn ‘Alqama, y de la que sólo conservamos esta versión romance de las
crónicas y varios fragmentos reproducidos por la historiografía árabe medieval3.
De acuerdo con el procedimiento empleado en las otras secciones de la
Estoria de España, estas fuentes iban a ser despojadas de sus respectivos
marcos estructurales y su sustancia narrativa conjuntada y combinada dentro un
relato regido por un estricto esquema analístico, que incluía el año del monarca
reinante en Castilla y León, los de la era hispana y la encarnación, el del
emperador alemán y ocasionalmente, al informar de una sucesión en el trono
castellano, los del papado, el rey de Francia y la égira. En la Versión crítica la
presencia consistente de estas referencias cronológicas, así como la ausencia
de errores de bulto en lo que se refiere a la armonización de los relatos de las
fuentes, otorgan al texto un carácter casi definitivo, con lo que esta versión nos

3
El principal testimonio árabe de la obra de Ibn ‘Alqama es el Al-Bayān al-mugrib del historiador marroquí
del siglo XIV Ibn ‘Idari. Ibn ‘Idari reproduce de manera abreviada fragmentos de la obra de Ibn ‘Alqama a
partir de la sección correspondiente a PCG, p. 565b24 (alivio de los valencianos al marchar el Cid a
Zaragoza). La traducción francesa de los fragmentos de Ibn ‘Alqama en Ibn Idari realizada por Lévi-
Provençal puede consultarse en Menéndez Pidal, 1956, pp. 892-904.

3
da, en principio, una idea aproximada del tipo de biografía del Cid a la que hacia
1270 habían aspirado los autores de la Versión primitiva.

2. EL CID EN LA VERSIÓN AMPLIFICADA


Pese a su perfección formal, y a constituir el auténtico legado final de
Alfonso X a la posteridad como redacción mas depurada del texto de la Estoria
de España, la tradición de la Versión crítica quedaría relegada a una posición
marginal respecto a la del texto que finalmente se convertiría en historia oficial
del reino4. Cuando desde el entorno de Sancho IV (1284-1295) se retoma el
proyecto de la Estoria de España, los historiadores reales no parten de la casi
acabada Versión crítica, sino de borradores alfonsíes de la primera redacción
(Versión primitiva), que en el caso de la historia de los reyes de Castilla ofrecían
un estado muy provisional del texto. El resultado fue la llamada Versión
amplificada. Planteada como una reelaboración completa de la totalidad del
relato histórico, al menos desde la historia goda (Bautista 2006a), conservamos
esta obra en diversos fragmentos, dispersos en varias variantes cronísticas. La
más importante de ellas es la representada por la lujosa copia que en 1289 se
sacó de la sección que se inicia con el reinado de Ramiro I y que, en su estado
actual, comprende las manos “tercera” y “quinta” del códice regio E2 (=X-i-4,
Escorial), formado a mediados del XIV yuxtaponiendo fragmentos manuscritos
de origen diverso para servir de continuación al códice alfonsí E1 (=Y-i-2,
Escorial) que contenía la primera parte de la obra5.
Cotejado con el texto de la Versión crítica, el texto copiado en 1289
presenta una serie de variantes, algunas de las cuales pueden, en algunos
casos, atribuirse a defectos compilatorios heredados del borrador alfonsí
reelaborado por la Versión amplificada y que quedarían perpetuados en los
modelos cronísticos derivados de dicha versión durante el periodo de 1289 a
4
Sólo la sección de la Versión crítica que se inicia con el reinado de Fruela II y los jueces de Castilla,
alcanzaría difusión amplia con el título de Crónica de once reyes (o, según la designación de la crítica
moderna, Crónica de veinte reyes), con lo que quedó desvirtuada su concepción original de historia
completa de España (véase Fernández Ordóñez, 1993, pp. 65-114).
5
Véase Catalán 1962. Como es sabido, Menéndez Pidal basó su edición (PCG) en el texto de estos dos
códices, que él consideraba, erróneamente en el caso del segundo, el testimonio más fidedigno de la Estoria
de España.

4
1300: la Versión mixta, la Crónica manuelina y la Crónica de Castilla6. El más
llamativo de estos defectos es el testimoniado por la extensa laguna que en su
estado original presentaba el códice desde la mitad de la historia valenciana del
Cid hasta el final de la vida del héroe. En 1962 observaba Diego Catalán que la
“mano tercera” del actual códice E2 nos ofrece una redacción de la Estoria de
España que a pesar de su tendencia a la amplificación retórica (de ahí el nombre
de Versión amplificada) presenta las características compilatorias de la Estoria
de España en cuanto a la conjunción y distribución de los relatos de las fuentes
y es similar, por tanto, al relato de la Versión crítica. De pronto, en medio de uno
de los capítulos basados en Ibn ‘Alqama titulado “de los castiellos que pechauan
al Çid, et de lo que el enuio dezir al rey de Saragoça, et de como cercaron los
almorauides el castillo que dizien Aledo” (PCG, cap. 896), la copia se interrumpe
en medio de la primera columna del verso de un folio con la oración "Desi
adolecio el rey de Valencia et ouo una enfermedad muy mengua, et estaua
apartado quel non ueyen, de guisa que cuedauan todos que muerto era" y el
escriba deja en blanco el resto de ese folio (fol. 198v) y el folio siguiente (fol.
199). La siguiente aparición de la mano de 1289 corresponde ya al folio 257
(“mano quinta” del códice actual) donde se inicia cuaderno con un capítulo
correspondiente a los años finales de Alfonso VI, ya concluida la historia del Cid
(PCG, cap 963 [=964], p. 643b9). Para Catalán este peculiar comportamiento del
antiguo códice E2 se debe a que los compiladores originales del texto, bien la
Versión amplificada o la propia Versión primitiva, habían interrumpido su labor
en ese punto del relato (i.e. donde finaliza la mano “tercera”) al vacilar ante el

6
Catalán (1992, pp. 56-58) considera que uno de dichos defectos es la integración defectuosa del *Cantar
del rey don Fernando, en especial el episodio de la muerte del rey en Cabezón, recogido con muchos más
pormenores en la Versión crítica. Compárese el relato de la Versión crítica (Crónica de veinte reyes, ed.
Ruiz Asencio et al, 1991, pp. 172-77) con la de la Versión amplificada que recoge el capítulo 813 de la
PCG (pp. 493-94). Es más probable, sin embargo, que los historiadores sanchinos hubiesen censurado el
contenido de la gesta, dados sus paralelismos con el reciente enfrentamiento entre el fallecido Alfonso y su
hijo Sancho. Cabría también argumentar, con Marta Lacomba (2002), que hubiese sido Alfonso X quien
decidió incluir una versión más extensa del *Cantar perdido en la segunda redacción de la obra, al ver
reflejada su deprimente situación personal en el relato de las violentas disputas entre los herederos de
Fernando I en el lecho del rey agonizante. En contraste, me parece un error indudable de la Versión
amplificada la presencia de dos relatos sucesivos de la invasión almorávide que Catalán también comenta
(1992, pp. 54-55). Para otro posible defecto del borrador alfonsí véanse Fernández Ordóñez, 1993, pp. 228-
33 y Bautista Crespo, 2004.

5
carácter poco ejemplar de los contenidos de los episodios de la Historia Roderici
que, como nos muestra la Versión crítica, habían de combinarse a continuación
con el texto de Ibn ‘Alqama (enfrentamiento del Cid con Alfonso VI con ocasión
del cerco de Aledo e incursión devastadora del Cid en La Rioja).7 Esta
interrupción, en un principio provisional, resultaría luego definitiva y la redacción
se abandonó sin que hubiese llegado a componerse la última parte de la
biografía cidiana.

3. EL CID EN LA VERSIÓN MIXTA


En el códice E2 actual, sin embargo, esta laguna se encuentra subsanada
mediante la intercalación de una serie de cuadernos escritos por una mano del
siglo XIV (“mano cuarta”), probablemente la misma que formó el códice. Esta
“mano cuarta” empieza a escribir al inicio del nuevo cuaderno un texto, al que
llamaré “Interpolación cidiana”, que retoma el relato de Ibn ‘Alqama en el punto
donde lo había dejado la “mano tercera” aunque, como veremos después, un
examen cuidadoso hace evidente que las primeras líneas del primer cuaderno
son un arreglo, introducido por un compilador para enlazar la materia previa
(antes de la laguna) con la que viene después. Este arreglo y el texto que le
sigue no son, sin embargo, obra del formador del actual códice E2, sino que éste
los copió de un ejemplar de la llamada Versión mixta, una variante cronística
posterior a la Versión amplificada, cuyo principal representante es F (=2628,
Bibl. Universitaria de Salamanca), manuscrito con el que el texto de la “mano
cuarta” coincide hasta en la numeración de los capítulos.
En cuanto a su contenido, la “Interpolación cidiana” completa hasta la
conquista de Valencia el relato de Ibn ‘Alqama, despojado de la materia de la
Historia Roderici y de las precisiones cronológicas de la Versión crítica, para
luego pasar a ofrecernos una prosificación muy novelesca del “Cantar de las
bodas” y del “Cantar de la afrenta de Corpes” pero cambiando muchos
pormenores e introduciendo personajes y situaciones completamente nuevos

7
Véanse Menéndez Pidal, 1955 y 1956, pp. 409, y Catalán 2005, pp. 136-46.

6
respecto al Cantar de mío Cid de Per Abbat8. Merece la pena consignar aquí un
dato importante: mientras la traducción de Ibn ‘Alqama utilizada en la
“Interpolación” es la misma que la que emplea la Versión crítica en la sección
correspondiente y la misma, por tanto, que la que ofrece la Versión mixta antes
de la laguna9, la materia del Mio Cid no es una mera ampliación novelesca del
relato alfonsí, sino que, como ha argumentado convincentemente Catalán (2000,
pp. 263-67) se basa en una prosificación distinta del Cantar. Acabada la materia
procedente del Cantar se inicia la cadena de episodios relativos a la muerte del
héroe y su enterramiento en Cardeña que constituye la *Leyenda de Cardeña,
de la que tanto se ha ocupado la crítica10.
Estas tres secciones constitutivas (Ibn ‘Alqama, Cantar de mio Cid
anovelado y Leyenda de Cardeña) no se encuentran meramente yuxtapuestas,
sino que están tan estrechamente trabadas en su expresión y contenido que no
cabe dudar de que el texto es fruto de una composición unitaria de conjunto.
Esta integridad elaborativa, en un relato cuyo objetivo aparente es presentar la

8
Sobre estas variantes véase Catalán, 2000, pp. 260-78. Las más llamativas conciernen el relato de las
cortes de Burgos y los desafíos y duelos con los infantes de Carrión al final de la gesta. En contraste, el
Cantar prosificado en la Versión crítica no se aleja en nada del de Per Abbat. El texto de la Versión crítica
puede consultarse en Dyer, 1995 y en la edición de Ruiz Asencio et al de la Crónica de veinte reyes, 1991,
pp. 233-43.
9
La Versión crítica resume el mismo texto de Ibn ‘Alqama que las versiones Amplificada y Mixta
reproducen más por extenso. Sólo he encontrado una diferencia entre ambos relatos. La Versión
amplificada y la Versión mixta nos cuentan que en durante el cerco de Valencia Abeniaf (Ibn Jahhâf)
decide enviar a Marruecos parte del tesoro del depuesto de al-Qādir. Alertado por Ibn Alfaraŷ, el Cid
manda interceptar a los mensajeros: “enbio caballeros que fuesen en rastro, et que los prisiesen et les
tomasesen quanto leuauan. Et ellos fizieronlo assy, et traxieronlo al Çid. Et el gradesciolo mucho
Abenalfarach por que en tal sazon lo seruiera tan bien, et prometiol quel farie bien et merced” (PCG, p.
570a37-43). En la Versión crítica el desenlace del episodio es distinto: “el Cid enbio en pos de aquellos que
leuauan el auer, mas non los pudieron prender, ca eran ya entrados en la mar, pero prendieron toda la gente
menuda que fallaron en el rrastro. El Cid ouo grand pesar porque Aben Iaf enbiaua aquell auer e touo que
lo quel enbiara decir aquel Aben Iaf que no lo finiera por al synon por pasar tiempo” (Crónica de veinte
reyes, Ruiz Asencio et al, 1991, p. 231b2-9). La discrepancia es notada por Menéndez Pidal (1956, p. 445, n.
1).
10
Véanse, por ejemplo, los trabajos, citados en la bibliografía, de Dozy (1881), Entwistle (1947), Russell
(1978), Smith (1976, 1980 y 1997), Ramírez del Río (2001) y Henriet (2002). Entre los episodios que
componen la Leyenda de Cardeña están la llegada a Valencia de un embajador del Sultán de Persia con
regalos para el Cid, la muerte del héroe (anunciada en una aparición de San Pedro en algunos testimonios),
la preservación de su cuerpo gracias al bálsamo enviado por el Sultán, un nuevo ataque de Búcar sobre
Valencia, la salida de la ciudad del cuerpo embalsamado del Cid a lomos de Babieca y su victoria final
sobre los almorávides gracias a una milagrosa aparición de Santiago, el traslado del cuerpo a San Pedro de
Cardeña donde el cadáver, sentado en un escaño y con la Tizona en la mano, quedó expuesto al público
durante 10 años, el célebre milagro del judío que intentó deshonrar el cuerpo del Cid, y su sepultura final
junto al altar (PCG, caps. 947-62 [=948-63], pp. 627-43).

7
guía turística de San Pedro de Cardeña en que se convierte la Leyenda de
Cardeña, ha llevado a la crítica a pensar que la “Interpolación cidiana” es, en
realidad, un fragmento de una *Estoria del Cid compuesta por los benedictinos
de Cardeña, para quienes sus conexiones cidianas resultaban en la segunda
mitad del siglo XIII una tabla de salvación a la hora de atraer donaciones.

4. ¿HUBO UNA *ESTORIA CARADIGNENSE DEL CID?


Ahora bien ¿cuáles fueron las circunstancias en que se elaboró esta
*Estoria del Cid y por qué conductos llegó su texto a pasar a formar parte de la
tradición de la Estoria de España?. Colin Smith (1976, 1980 y 1997) propone
que la *Estoria del Cid fue elaborada en San Pedro de Cardeña con anterioridad
a la primera redacción de la Estoria de España ante la popularidad del Cantar de
mío Cid. La obra habría llegado a manos de Alfonso demasiado tarde como para
incorporarla a la primera redacción de la Estoria, aunque sí sería utilizada en
subsiguientes redacciones. La hipótesis, evidentemente, requiere matizaciones a
la luz de nuestro actual conocimiento de la composición de la Estoria de España,
ya que es precisamente la segunda redacción de la obra (la Versión crítica de
hacia 1282-84) la que desconoce totalmente los contenidos cardeñenses. Existe,
sin embargo, un dato a su favor. En la Versión mixta se nos narra que tras haber
estado expuesto al público durante diez años en Cardeña, el cuerpo del Cid
recibió finalmente sepultura “ante el altar, a par de donna Ximena su muger, ally
o agora yaze” (PCG, p. 643a21-22)11. Este “agora” bien pudiera referirse a época
de Alfonso X y, concretamente, a antes de 1272, fecha que da Berganza para el
traslado, dispuesto por el propio Alfonso X, de los restos del Cid y Jimena a un
emplazamiento distinto, a la derecha del altar de San Pedro (1719-21, I, pp. 544-
45). La noticia del traslado aparece, además, como actualización al texto de la
Versión mixta, en los testimonios de la Crónica de Castilla, incluyendo el
manuscrito A (=8817, Bibl. Nacional), códice de principios del siglo XIV que

11
La Crónica manuelina amplía la noticia: “el su enterramiento fue en esta guisa: cavaron ante el altar par
de doña Ximena vna boveda muy bien fecha, et metieronlo so ella asi como se estava asentado en su escaño
et su espada en la mano, vestido con sus paños, et asi yaze agora” (ms. Br, fol. 134r).

8
contiene una traducción al galaico-portugués de la crónica. Reproduzco aquí el
texto de la edición de Ramón Lorenzo (1975):
Et assy esteue sempre ata que rreynou el rrey dõ Afonso, que foy fillo do
muy nobre rrey dõ Fernando, que gaanou todo o mays da Andaluzia (...)
Et seu fillo, el rrey dõ Afonso, trasladou o corpo do Çide et sacoo da
aboueda et poseo en hũu muymento muy noble, que mandou fazer en
Burgos, et sua moller en outro; et poseos eno altar de Sam Pedro, aa
mão dereyta contra hu dizem o auãgeo. Et outrosy traslado o conde
Garçia Fernandes, que foy senor de Castela. Et poseo cerca deste
meesmo altar, da outra parte. Et trasladou el rrey dõ Ramiro de Leo, et
poseo en meogo do coro. Et fezelles muyta onrra. Et asy iazem oge este
dia12.

De ser cierta la noticia, y en principio no hay razones para dudarlo,


aunque sí de que el traslado se produjera en la fecha exacta que le atribuye
Berganza13, deberíamos concluir que el relato de la “Interpolación cidiana”, o al
menos su fuente para esta noticia, es anterior o contemporáneo a la elaboración
de la primera redacción de la Estoria de España. Ahora bien, el dato parece
insuficiente para adjudicar un carácter pre-alfonsí a la totalidad del texto de la
“Interpolación cidiana” tal y como nos lo ofrecen las crónicas, aunque sí plantea
la posibilidad de que en la época en que se preparaba la Versión primitiva en el
archivo alfonsí existiesen materiales cardeñenses, o incluso que éstos hubiesen
sido incorporados a algún borrador de la obra, un tema al que volveré luego14.
Existen, por otro lado, argumentos muy sólidos para dudar de la
precedencia del texto de la “Interpolación cidiana” respecto a la Estoria de
España referidos, ante todo, a la presencia de fuentes comunes en ambas
obras, en concreto la historia de Ibn ‘Alqama. En efecto, la traducción de autores
árabes y, especialmente, la versión bilingüe, en romance y árabe, de la elegía de

12
Ed. Lorenzo, 1975, pp. 672-73.
13
Montaner (2005) establece la autenticidad del epitafio romance del Cid que también cita Berganza (I, p.
545). En cuanto a las dudas respecto a que el traslado se produjese en 1272, véase Smith, 1976, p. 572.
14
Otra evidencia de existencia de tradiciones cardeñenses anteriores a la Estoria de España la aporta la
Estoria de los godos (ed. Ward, 2006) una traducción del De rebus Hispaniae datable en 1252-53 (Catalán
2005: 23-109). Esta crónica narra dos episodios que también ofrece la “Interpolación cidiana”: el desenlace
de la batalla del Cuarte, donde en contraste con el Cantar de Per Abbat, Búcar escapa en una galera (p.
148) y el encuentro del rey de Navarra con el pendón del Cid. La Estoria de los godos incluye el pormenor,
ausente en las crónicas generales, de que tras su incursión por Burgos el rey "por señal dio de la espada en
un olmo" (p. 166). Sobre éste último episodio véase Catalán 2005, pp. 83-94.

9
Alwaqqašī incluida en la obra de Ibn ‘Alqama (PCG, cap 909 [=910]) evidencian
un conocimiento del árabe que parece más propio de los colaboradores de
Alfonso X que del scriptorium cardeñense de la primera mitad del siglo XIII.
Asimismo, de aceptar que la *Estoria del Cid recogida en las crónicas es anterior
a la Versión primitiva, habríamos de admitir que se trata de una obra pionera en
la producción historiográfica y literaria hispana. Es posible, con Smith (1976),
imaginar a un autor cardeñense que compusiese un relato hagiográfico sobre el
Cid inspirándose en tradiciones historiográficas o novelescas de tema carolingio,
pero la combinación de la materia de las gestas con fuentes historiográficas
latinas y árabes para componer un relato en el nuevo vehículo de la prosa
castellana implica la imitación de un modelo preexistente, que no pudo ser otro
que el de la propia Estoria de España alfonsí.
Por su parte, Catalán15 explica la indudable vinculación entre la *Estoria
del Cid y la Estoria de España proponiendo que la primera refunde un cuaderno
de trabajo alfonsí que contenía esta sección del texto en estado de borrador y
que, tal vez precisamente por esa razón, la obra fue aprovechada por el autor de
la Versión mixta para completar la laguna de su arquetipo alfonsí. Se explicaría
así el empleo común de la obra de Ibn ‘Alqama, y la presencia de elementos que
indican la intervención en el texto de un cronista conocedor de la Estoria de
España y sus fuentes16. El autor cardeñense habría reelaborado literariamente

15
Véanse Catalán, 1992, pp. 119 y 146, 2000, pp. 256-58 y 2005, pp. 138-39.
16
El ejemplo más llamativo de intervención cronística en el texto de la “Interpolación cidiana” es la
información sobre la historia de Navarra que se ofrece al narrarse las segundas bodas de las hijas del Cid:
“el infante don Ramiro, quando llego a Nauarra, a cabo de un anno, mataron al rey don Sancho su padre en
Roda, et fue alçado por rey de Nauarra, et ouo en la reyna donna Eluira, su muger, vn fijo que dixieron
Garçi Ramirez. Et este Garçi Ramirez fue el primero que reyno en Nauarra después que don Fernando, fijo
del rey don Sancho el Mayor, passo la siella del reyno de Nauarra a castiella, assy como a contado la
estoria; et aquella sazon andauan los nauarros en peligro entre Castiella et Aragon; onde después de la
muerte del rey don Pedro et del rey don Alfonso de Aragon, fueron los nauarros a cortes a Monçon; et por
que aquellos reyes non dexauan fijo ninguno, tomaron encubiertamente a Garçi Ramirez, nieto del Çid
Campeador, et aduxieronle luego ende, et alçaronle por rey de Nauarra; et aquel fue enderesçando yaquanto
el reyno de Nauarra” (PCG, 632a1-21). El fragmento es reproducción casi literal (a excepción de algunos
arreglos, incluyendo la referencia a Ramiro de Monzón como rey de Navarra) de la traducción alfonsí del
De rebus Hispaniae (V.xxiv) que se puede leer en la sección correspondiente de la Estoria de España
(PCG, 473a39-b7), como delata la traducción errónea por “en peligro” por “acephali”, el término que
empleaba el arzobispo para describir el estado de de los navarros, divididos entre Castilla y Aragón (cf.
DRH, ed. Fernández Valverde, 1987, p. 172). También serían obra indudable del cronista las escasas
referencias analísticas que se encuentran en la sección, incluyendo la fecha de la entrada del Cid en
Valencia y sus correspondientes cronologías (PCG 591a28-33). Otros ejemplos cronísticos en el texto de la

10
esos materiales alfonsíes y añadido al relato su propia versión en prosa del
Cantar de mío Cid y la materia referida específicamente al culto cidiano. Se
trataría, por tanto, una fuente historiográfica de “ida y vuelta”: un borrador alfonsí
refundido en Cardeña que luego, hacia finales del siglo XIII, entra de nuevo a
formar parte de la tradición cronística.
Este modelo de transmisión ha sido cuestionado en los últimos tiempos
por varios críticos. Los argumentos se basan ante todo en la posibilidad de
otorgar un origen cronístico a algunos de los rasgos que Catalán atribuye a la
imaginación del autor de Cardeña. Así, por ejemplo, en los últimos tiempos
Ramírez del Río (2001) y Montaner (2005a), han planteado la posibilidad de que
las repetidas referencias a “Abenalfarax” como autor del relato, que desde época
de Menéndez Pidal se venían considerando invención del autor careñense para
dotar de autoridad al relato, sean en realidad auténticas y que los historiadores
alfonsíes hubiesen empleado, junto a la obra de Ibn ‘Alqama, una historia escrita
por el alguacil valenciano del Cid, Ibn Alfaraŷ17. También resulta problemático, a
mi modo de ver, el origen monacal de la prosificación novelesca del Cantar de
mío Cid, la cual, según observa Rochwert (2002), parece obra propia del entorno
de la corte castellana de finales del XIII, en vista de sus numerosas referencias a
familias nobiliarias de la época.
Ahora bien, ninguna de estas observaciones permite descartar del todo la
hipótesis de una *Estoria del Cid cardeñense basada en materiales
historiográficos. Los elementos claramente cronísticos presentes en la
“Interpolación”, cuya presencia Catalán no niega, pudieran haber estado ya
presentes en el borrador alfonsí empleado como fuente por el monje cardeñense
o haber sido añadidos por el compilador que incorporó el texto novelesco a la
Versión mixta. Con todo, resulta tan problemático establecer con certeza dónde

‘Interpolación’ han sido observados por Lacomba en su tesis doctoral (2003), de próxima publicación, que
en el momento de escribir estas líneas no he tenido ocasión de consultar.
17
Lo que parece fuera de toda duda es que el texto de la “Interpolación” se nutre al menos de otra obra
árabe aparte de la de Ibn ‘Alqama, una posibilidad ya considerada por Menéndez Pidal (1956, pp. 476, n. 1
y 891-92). Otra cuestión que parece resuelta (Montaner, 2001) es la de los fragmentos en arábigo de la
elegía (martīyah) de Alwaqqašī ofrecidos por algunos testimonios de la Versión mixta, elms. F, la “mano
cuarta” de E2 y la Crónica ocampiana (PCG, casp. 909 [=910], pp. 575-77). El lenguaje empleado es árabe
andalusí y no un “árabe macarrónico” como afirma Catalán (2001, pp. 257-58).

11
terminaba la labor del cronista y dónde comenzaba la del supuesto autor
cardeñense que resulta tentador rechazar la existencia de una *Estoria del Cid
como fuente monástica autónoma del entorno historiográfico y atribuir el texto de
la “Interpolación” directamente a los historiadores reales, quienes habrían
aprovechado leyendas o tradiciones cidianas originadas en San Pedro de
Cardeña.
Esta explicación, que no por más simple es necesariamente más
acertada, debe ser matizada a la luz del interés específicamente cardeñense de
muchos de los elementos narrativos que otorgan cohesión a la totalidad del texto
de la “Interpolación cidiana”. Por ejemplo, no parece haber ninguna razón para
que un historiador ajeno a Cardeña inventase todos los sucesos que en la parte
final del relato se atribuyen a Aluacaxi (Alwaqqašī), el faqīh valenciano autor de
la elegía incluida en la obra de Ibn ‘Alqama, de quien se nos cuenta que tras
convertirse al cristianismo con el nombre de Gil Pérez, acompañó al cuerpo del
Cid hasta Cardeña donde permaneció hasta su muerte al cuidado de las
reliquias cidianas del monasterio. También ofrecen un carácter cardeñense, a la
luz de los trabajos de Smith (1980 y 1997) y, las abundantes referencias a la
casa real Navarra, en concreto, al yerno del Cid, Ramiro de Monzón, a quien se
llama en repetidas ocasiones “rey” (PCG, pp. 632a1-4, 641b42-43, 642a13 y
passim) y a su hijo Garci Ramírez “el Restaurador”. Estos ejemplos hacen difícil
descartar una aportación cardeñenese al texto de la “Interpolación”, aunque
también quepa sospechar que la vinculación de éste con la composición de las
crónicas generales resulte más estrecha de lo supuesto por Diego Catalán y que
la presencia del uno en la tradición de las otras no sea producto de la
casualidad. Por mi parte, sin descartar el carácter cardeñense de la
“Interpolación cidiana”, opino que no estamos ante un fragmento desgajado de
una *Estoria del Cid, sino de un texto preparado con el objetivo específico de
entrar a formar parte de la Estoria de España y rellenar la laguna dejada por el
copista de E2.

5. COMPOSICIÓN DE LA “INTERPOLACIÓN CIDIANA”

12
A esta conclusión me lleva el examen de la tradición textual de la Versión
mixta que nos transmite la “Interpolación cidiana” Los testimonios de esta
variante cronística se agrupan en dos familias. La primera, como ya se ha
mencionado, está compuesta por F y el texto de la “mano cuarta” de E2, a los
que hay que sumar los dos testimonios de la Crónica ocampiana, Q’ (II-1877,
Biblioteca del Palacio Real, Madrid) y O, “cuarta parte” de la crónica publicada
por Florián de Ocampo en 154118. Junto a esta familia contamos también con el
testimonio de, por un lado, la llamada Crónica manuelina, crónica resumida por
don Juan Manuel en su Crónica abreviada (c. 1320-25)19 y de la que contamos
con un representante directo en el manuscrito al que llamo Br (=Egerton 289,
British Library) y, por el otro, la Crónica de Castilla (c. 1300), crónica reproducida
en multitud de manuscritos, el más antiguo de los cuales es el ya citado A
(=8817 Bibl. Nac. Madrid). La Crónica manuelina y la Crónica de Castilla
constituyen una rama independiente de la Versión mixta al coincidir frente a F, la
“mano cuarta” de E2 y la Crónica ocampiana en una serie de variantes que
afectan, precisamente, la sección que hemos denominado “Interpolación
cidiana”. La relación entre todos estos testimonios puede representarse con el
siguiente gráfico:

VERSIÓN MIXTA

CRÓNICA MANUELINA

E2 F CRÓNICA CRÓNICA DE CRÓNICA Br


“mano OCAMPIANA CASTILLA ABREVIADA (Egerton
cuarta” (c. 1300) (1320-25) 289)

18
La Crónica ocampiana se caracteriza por interpolar secciones procedentes de la Crónica de Castilla a un
texto semejante a F (vease Bustos, 2002). Un dato no observado por la crítica es que O y Q’ no son del
todo idénticos, pues cada uno de ellos parece emplear la Crónica de castilla de manera algo distinta en el
relato del reinado de Alfonso IX de León.
19
Sobre la Crónica manuelina véase Véase Catalán, 1992, pp. 197-229. El texto de la Crónica abreviada
puede consultarse en el tomo segundo de la edición de Blecua de las Obras completas de don Juan Manuel,
1983, pp. 573-815.

13
De la lista citada, la única novedad respecto a los estudios de Diego
Catalán es el manuscrito Br, un códice compuesto por varias manos, cuya
sección central, como hace años identificó correctamente Pattison (1992)20.
representa el único ejemplar conservado de la “tercera parte” de la Crónica
manuelina que resumió don Juan Manuel. El conocimiento directo de la Crónica
manuelina, y no a través de la abreviación de Juan Manuel, tiene especial
interés en este contexto al permitirnos eliminar de la ecuación, hasta cierto
punto, a la Crónica de Castilla como obra que refunde un texto muy similar al
prototipo del que directamente proceden B y la Crónica abreviada, es decir, la
Crónica manuelina original21. En efecto, muchas de las variantes que ofrece la
Crónica de Castilla en la “Interpolación cidiana” estaban ya presentes en su
prototipo de Crónica manuelina, incluyendo el cuento de Martín Peláez, la
mención, como fuente para ciertas noticias, de la Estoria de los reyes moros que
ovo en Africa a tribuida a un maestro “Sujuberto” o “G(u)ilberto”, las noticias
sobre la educación del nieto del Cid y futuro rey de Navarra Garci Ramírez “el
Restaurador”, o el relato de la incursión del rey de Sancho VI de Navarra por
tierras de Burgos y su encuentro con el abad de Cardeña que portaba el pendón
y las armas del Cid22.

20
El manuscrito fue sacado a la luz por Powell (1986) y ha sido objeto de un completo estudio
codicológico por Hook (1998). La sección más antigua de Br ofrece un texto muy similar en sus variantes a
las de la Crónica abreviada en esta sección del relato. No se trata, sin embargo, de un ejemplar “puro” de la
Crónica manuelina. En los reinados de Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León es posible detectar
interpolaciones procedentes de la Crónica de Castilla. Otro representante de la Crónica manuelina es U’
(=6441, Bibl. Nac. de Madrid), aunque el manuscrito no contiene esta sección histórica al comenzar trunco
en el reinado de Sancho III.
21
Para Catalán (1992, p. 215) “la Crónica de Castilla [...] hasta el reinado de Urraca, por lo menos, puede
definirse como una refundición revolucionariamente anovelada de la versión de la Primera crónica
conservada en el ms. F”. El examen de B nos permite ser más precisos y asegurar que el texto que refunde
la Crónica de Castilla era un representante de la Crónica manuelina, , al menos en la sección de Fernando I
a la muerte de Alfonso VI (en los siguientes reinados la Crónica de Castilla parece emparentarse con la
Versión crítica hasta la finalización de ésta con la muerte de Fernando II de León). El autor de la Crónica
de Castilla reorganiza la materia narrativa, la distribuye en capítulos más breves, reescribe el texto
modificando la expresión y, en ocasiones añade material nuevo procedente de las gestas cidianas,
especialmente la prosificación del primitivo *Cantar de Rodrigo, así como otros episodios intercalados en
la historia del personaje (por ejemplo, el diálogo entre Alfonso VI y el Cid con ocasión del destierro de
éste). Personalmente, no me cabe duda de que el objetivo principal del autor de la Crónica de Castilla era
escribir una historia del Cid, que incluyese más pormenores que las anteriores versiones cronísticas.
22
Estas variantes, ampliamente comentadas por Diego Catalán (1992, pp. 219-20 y 2005, pp. 88-94), son
de carácter diverso. En ciertos casos implican una revisión informada del texto del arquetipo compartido
con la familia de F, como cuando se llama “Pedro” al rey de Aragón contemporáneo del Cid y no

14
Pero la variante entre las dos familias que me interesa destacar aquí es la
manera distinta en la que en ambas se inicia el texto de la “Interpolación
cidiana”. Como ya se ha señalado, en la familia de F el texto de la “Interpolación”
va empalmado mediante un arreglo introducido por un compilador. Reproduzco
aquí el fragmento según la lectura del manuscrito F poniendo en cursiva la
sección correspondiente al arreglo e indicando con un asterisco el punto en que
se interrumpe su copia la "mano tercera" de E2 y se inicia la de la “mano cuarta”.
Desy adolesçio el rey de Valençia & ouo una enfermedat muy luenga &
estaua apartado que non le veyan, de guisa que cuydauan todos que era
muerto.* Et tornose todo el fecho en mano et en poder del Cid. Et desque
todas estas cosas fueron en su mano, enbiole luego dezir al rey de
Çaragoça, & el rey de Çaragoça enbiole respuesta que se veniese luego
veer con el sobre esto. Pero con todo esto detouose el Çid en Valencia
yaquanto tienpo. Et el estando y, llegaron nuebas a Valençia commo
Abenaxa, que era adelantado de los almorauides, avia ganado la villa de
Quirçia [sic] & el castillo de Alaedo. E quando esto oyo el Çid, lo uno por
esto, et lo al por que lo enbiara dezir al rey de Çaragoça que se fuese
veer con el, ouose de yr para alla. Et dexo en Valencia sus mayordomos
que le guardasen lo suyo et que le cogiesen aquel trebuto que le dauan,
et un su alguazil que era moro que auia nonbre Aben Alfarax, & grant
yente de cristianos que estauan y & un obispo que era del rey don Alfonso
& un mandadero del rey don Ramiro de Aragon23.

No puede caber duda, y disiento aquí de Montaner (2005a, p. 111, n. 33),


de que el fragmento es una “laña” pergeñada a partir de la información que
ofrecían los bordes de una laguna en el prototipo, pues en él se omite no sólo la
noticia anunciada en el epígrafe del capítulo (cerco de Aledo) sino otros sucesos

“Ramiro”, que es el nombre que le daba Ibn ‘Alqama (PCG, pp. 572b20 y 573a34). Otros añadidos al
arquetipo común con F y la “mano cuarta” de E2 son el cuento de Martín Peláez (véase Pattison 1992-93,
pp. 22-25 y Catalán, 1992, p. 164, n. 35) y las noticias sobre los reyes almorávides “Yuñez” y “Búcar”
atribuidas a una Historia de los reyes moros que enseñorearon Africa de Gilberto (Catalán, 1992, pp. 157-
83). Otras variantes pudieran haber formado parte del arquetipo común, en vista de que su carácter
cardeñense no desentona con el resto del relato, son el episodio de la aparición de San Pedro al Cid
(incluido por Menéndez Pidal en el texto de la PCG, 633a20-634a16 pese a no ser ofrecido ni por E2 ni por
F) o el de la expedición contra Castilla del rey de Navarra (véase Henriet, 2002). En otras ocasiones, la
Crónica manuelina y la Crónica de Castilla nos ofrecen mejores lecturas del arquetipo, sobre todo en la
sección procedente de Ibn ‘Alqama, que parece haber sido censurada por la familia de F para atemperar su
“anticidianismo” (compárese, por ejemplo, el relato de la entrada del Cid en Valencia y el juicio y la
muerte de “Abeniaf” que ofrecen los capítulos 918-920 [=919-921] de la PCG (pp. 588-91) con los
capítulos correspondientes de la Crónica de Castilla en la edición de Lorenzo (1975, caps. 376-82, pp. 545-
54). La Crónica manuelina y la Crónica de Castilla resultan, por tanto, imprescindibles a la hora de
reconstruir el texto de la fuente árabe y el de la propia “Interpolación cidiana”.
23
Cf. PCG, cap. 896, p. 565a26-b26.

15
relativos a los años 1091-92 que sí nos son narrados tanto por la Versión crítica
como por la Crónica manuelina y en la Crónica de Castilla. Esta segunda familia
de la Versión mixta no ofrece ruptura ninguna entre dos fragmentos constitutivos
sino que, al contrario, el relato prosigue con las noticias de Ibn ‘Alqama, de
manera muy similar a la Versión crítica: cerco de Liria, reconstrucción del castillo
de Peña Catir (Benicadell) y primer sitio de Aledo por Abenaxa (Ibn ‘Ā’iša)24. En
el apéndice a este trabajo incluyo el texto de Br con el fin de facilitar la
comparación entre las dos versiones.
¿Cómo explicar este comportamiento diverso de las dos ramas de la
Versión mixta, por lo demás idénticas, en su base textual? Catalán (2005, p.
139) se limita a observar que cada familia enlaza de manera distinta dos
prototipos: uno con la Versión mixta, un texto que finalizaba en el mismo punto
que la “mano tercera” de E2 y otro con la *Estoria del Cid. Pero esta explicación
no resulta lo suficientemente precisa, ya que no da cuenta de la presencia del
arreglo de continuidad en la rama de F precisamente en el punto en que
interrumpió su labor la “mano tercera” que copiaba la Versión amplificada en el
antiguo códice E2. La explicación más lógica de este peculiar comportamiento de
los textos es pensar que todos ellos remiten a un mismo arquetipo que constaba
de dos fragmentos manuscritos físicamente separados pero cuyos respectivos
textos presentaban una continuidad perfecta, es decir, el primero de ellos
(fragmento A) terminaba con “…que cuydavan todos que era muerto” mientras
que el segundo (fragmento B) comenzaba con “et tornose todo su poder del rey
en poder de Abenalfarag...”.

24
Véase Catalán, 2005, 139-42. La Versión crítica sólo se aparta de las crónicas Manuelina y de Castilla al
intercalar pasajes procedentes de la Historia Roderici (caps. 33-34, 42 y 44-48), así como el relato de la
expedición de Alfonso VI contra Valencia cuando ésta era protectorado cidiano procedente de una fuente
árabe, presumiblemente Ibn ‘Alqama aunque el texto no aparece en ninguno de los otros testimonios de la
obra. Las crónicas Manuelina y de Castilla nos ofrecen, por tanto, un estado compilatorio del texto alfonsí
anterior al de la Versión crítica, ya que desconocen las innovaciones de ésta (véase Catalán, 2005, 138-39).
Como detalle significativo, obsérvese que el texto del ms. Br de la Crónica manuelina reproducido en el
apéndice a este trabajo coincide en muchas de sus variantes con la Versión crítica, con lo que algunas de
las lecturas de la Crónica de Castilla citadas por Catalán son obra del compilador de ese texto (Catalán,
2005, pp. 141, n. 112 y 142). Obsérvese también que el texto de Br presenta indicios de deterioro
precisamente en la sección del relato en los que la Versión crítica intercala sus innovaciones (primer cerco
de Aledo por “Abenaxa” (Ibn ‘A’īša)). El texto de la Versión crítica puede consultarse en la edición de la
Crónica de veinte reyes citada en la bibliografía (1991, pp. 227-30).

16
El formador del prototipo de la familia de la Versión mixta a la que
pertenecen F y la “mano cuarta” de E2 debió acceder a ese arquetipo “escindido”
(que debemos imaginar como una serie de cuadernos sueltos) cuando el
fragmento B había perdido el primer folio de su primer cuaderno, por lo que tuvo
que improvisar un arreglo para empalmar con el relato posterior. Obsérvese que
el contenido ausente en F y en la “mano cuarta” de E2 comprende unas 800
palabras, el contenido aproximado de un folio completo en muchos manuscritos.
Obsérvese también que la laguna de F y la “mano cuarta” de E2 no coincide
exactamente con el punto en que finaliza la “mano tercera”, ya que el arreglo
comienza con las palabras "et tornose todo", que pudieran haber sido un
reclamo presente en el último folio del fragmento A del arquetipo deteriorado de
la Versión mixta. Creo, por tanto, que la formación de la Crónica manuelina es
anterior a la del subarquetipo del que proceden F y la “mano cuarta” de E2,
aunque en ocasiones estos testimonios ofrezcan un estado del texto anterior,
más cercano a las fuentes, al de la primera, un fenómeno común, por otro lado,
en las crónicas generales (piénsese, por ejemplo, en el caso de la historia de los
reyes astur-leoneses de la Versión crítica, redactada después que la Primitiva a
partir de borradores más antiguos que los de ésta).
Por otra parte, la división material en el texto que se observa en el origen
de las dos ramas de la Versión mixta la debieron conocer también los
historiadores de época de Sancho IV que compusieron la Versión amplificada,
quienes años antes habían reelaborado el texto del fragmento A del mismo
arquetipo25. Es más, creo que si el escriba que en 1289 sacó una copia del texto
de dicha Versión interrumpió su labor en el punto en que finalizaba el fragmento
A del arquetipo fue porque la redacción del fragmento B (es decir, la labor de
“ayuntamiento” y armonización de las fuentes) aún estaba desarrollándose en el
momento en que se tuvo que entregar el códice a quien había comisionado la

25
Propongo, por tanto, que la Versión mixta (en sus dos familias) no se deriva directamente de la
Amplificada, sino que ambas refunden de manera independiente un mismo arquetipo alfonsí, aunque sólo
en lo que se refiere a la sección del texto a la que llamo “fragmento A” (antes de la “laguna cidiana”). Esta
conclusión coincide parcialmente con el modelo de transmisión que ofrece Montaner (2005, pp. 110-11).

17
obra. El copista se cuidó de dejar, eso sí, un espacio en blanco, en espera de
completar el códice cuando acabase la redacción del fragmento ausente.
En definitiva, considero, como conclusión del anterior razonamiento, que
la “Interpolación cidiana” no es un fragmento de una *Estoria del Cid ajena al
taller historiográfico, sino que su composición fue parte del mismo impulso
refundidor de los borradores de la Estoria de España que dio lugar a la Versión
amplificada hacia 1288-89 y que el propósito original del texto siempre fue el de
completar la laguna dejada deliberadamente en el antiguo códice E2. En cuanto
a la conexión cardeñense del texto, lo anteriormente apuntado en relación con la
ausencia de la noticia del traslado del cuerpo del Cid por Alfonso X nos puede
llevar a pensar que el archivo historiográfico alfonsí contase con materiales
asociados al culto al Cid, e incluso con una *Leyenda de Cardeña que
completase el Cantar de mío Cid con el relato de la victoria póstuma del héroe y
los otros episodios cardeñenses26. Tal vez Alfonso obtuviese dicha obra en
1272, con ocasión del traslado, como supone Smith, o incluso antes, en el curso
del “tour” bibliográfico que realizó por varios monasterios riojanos en los
primeros meses de 127027. Creo, en cualquier caso, que la combinación de los
contenidos de dicha obra con el de las otras fuentes de la Estoria de España y la
forma final que adoptó el relato fueron obra de los historiadores sanchinos28.
Al mismo tiempo, no está de más recordar la posibilidad de que la
Versión amplificada, aunque obra vinculada ideológicamente a Toledo, pudo ser
elaborada, al menos en parte, en Burgos. Linehan (2004, pp. 267-77) ha
argumentado convincentemente que la eminencia gris detrás de la composición
de la obra fue el arzobispo de Toledo Gonzálo Pérez Gudiel (1238-99), y que

26
Tal vez fuese esa obra la “Estoria deste noble varon el Çid Ruy Diaz, sennor que fue de Valencia” (véase
Entwistle, 1947) a la que aparentemente se refieren F, la “mano cuarta” de E2 y La Crónica manuelina (no
así la Crónica de Castilla) al inicio del capitulo relativo al milagro del judío (PCG, p. 642a33-35).
27
Véase Ballesteros-Beretta, 1963, pp. 496-99. De 1270 datan los célebres recibos en los que el rey
reconoce haber tomado en préstamo del cabildo de Albelda (22 de enero) y del monasterio de Santa María
de Nájera (25 de febrero) varios títulos empleados en la primera parte de la Estoria de España (véase Rubio
García, 1985).
28
De ser así, y si los historiadores alfonsíes conocieron las leyendas de Cardeña, habríamos de plantearnos
la cuestión de por qué la Versión crítica las ignora completamente. La respuesta pudiera estar en las
circunstancias en que se compuso la Versión crítica, durante el exilio sevillano de Alfonso (1282-84). Al
marchar a Sevilla, debió quedar en Toledo parte del archivo historiográfico, en el que podían estar los
borradores que contenían las leyendas cidianas cardeñeneses.

18
éste tuvo acceso por primera vez a los materiales historiográficos en Burgos,
donde habrían llegado con el resto de los papeles de la cancillería castellana
tras el asesinato del conde Lope Díaz de Haro en junio de 1288. Si pensamos
que la copia lujosa contenida en E2 puede fecharse en 1289, no resulta
disparatado pensar que los trabajos de revisión y reelaboración de los materiales
alfonsíes se hubiesen iniciado en Burgos a finales de 1288 o principios de 1289,
aunque prosiguiesen luego en Toledo29. Es posible, que fuese entonces cuando
los compiladores de la Versión amplificada entraron en contacto con la *Leyenda
de Cardeña, aunque no hay que descartar que las tradiciones sobre el Cid se
pusieran por primera vez por escrito con motivo de su inclusión en la crónica.
Cabe incluso imaginarse que uno de los colaboradores de Gudiel durante la
estancia burgalense de la obra estuviese vinculado a San Pedro de Cardeña y
que aprovechase la oportunidad que le brindaba el destino de introducir
publicidad nada subliminal del monasterio dentro de la crónica oficial del reino.
La dificultad de incorporar los contenidos cardeñenses al relato de las fuentes
árabes que ofrecía el borrador alfonsí y el estado compilatorio, muy provisional
de éste (anterior, en todo, caso al de la Versión crítica) bien pudieron complicar
la labor compilatoria, que en esta sección no se limitaba, como en otras, a
ampliar retóricamente lo ya escrito sino que exigía prácticamente partir de cero,
hasta el punto que los redactores llegaran tarde al “cierre de edición” cuando se
decidió sacar la copia del códice E2.30 En este sentido, me parece muy

29
Otra indicación que pudiera ser importante a la hora de demostrar que los materiales de la Estoria de
España residieron en Burgos es el dato apuntado por Juan Bautista Crespo (2004) sobre la presencia de una
laguna en el prototipo de la Versión amplificada en los capítulos comprendidos entre la toma de Toledo por
Alfonso VI y la invasión almorávide (PCG, caps. 867-83). Esta laguna sería rellenada con una traducción
del De rebus Hispaniae distinta a la que ofrece el resto de la obra. Pues bien, también omite el relato de ese
periodo el resumen de la obra de Jiménez de Rada realizado por el obispo de Burgos don Gonzalo de
Hinojosa en su Cronice ab initio mundi (hacia 1310), según la descripción que del contenido de esta
crónica hace Derek Lomax (1985). Creo posible que el obispo, cuya biografía del Cid se nutre de la de las
crónicas generales, conociese la obra de Jiménez de Rada no a través de su original latino sino de la
traducción romance que encontró en los borradores de la Estoria de España que quedaron en Burgos.
30
¿Por qué se copió con tanta prisa el antiguo códice E2? Téngase en cuenta que la refundición de la
Versión amplificada muy posiblemente abarcase la totalidad del relato histórico y, de hecho, conservamos
testimonios de secciones anteriores del texto. Parece ser que el responsable de la obra decidió, cuando ésta
todavía estaba siendo redactada, encargar una copia del texto a partir del reinado de Ramiro I y aprovechar
para la materia anterior el lujoso códice alfonsí conservado con la Versión primitiva. Francisco Bautista
(2006a) propone una explicación convincente. Los dos códices fueron preparados para su presentación a
Sancho IV el 21 de noviembre de 1289 con motivo de la inauguración del nuevo panteón real en la nueva

19
significativo que el texto de la Versión amplificada copiado por la “mano tercera”
de E2 ofrezca una laguna similar, aunque menos extensa a la cidiana, en una
sección del relato histórico correspondiente a otro personaje estrechamente
ligado a Cardeña, el conde de Castilla Garci Fernández. Esta laguna también se
terminaría completando en el siglo XIV con la novelesca narración del milagro
del Vado de Cascajares y la primera esposa de Garci Fernández, la “Condesa
traidora”, donde se incluye una referencia específica a la leyenda creada en
Cardeña de los doscientos mártires del monasterio muertos en una incursión de
Almanzor (PCG, caps. 729-732, pp. 426a20-429a37)31.

5. CONCLUSIÓN
En este trabajo me he limitado a presentar una serie de hipótesis sobre la
formación de la biografía cidiana contenida en las crónicas generales romances,
pero no me he referido a la importancia temática que progresivamente va
adquiriendo dicha biografía a lo largo del accidentado proceso de transmisión de
la Estoria de España. Para Alfonso X los hechos del Cid no eran más que un
episodio más dentro de la “gran narrativa” de la historia hispana. Que le
dedicase tanto volumen textual no se debe, a mi juicio, a que otorgase al
personaje mayor relevancia que, por ejemplo, a Alfonso VI, sino al propósito
enciclopédico de la obra que exigía la inclusión de la detallada información que
la proporcionaban las fuentes relativas el héroe. Es posible también ¿por qué
no? que los historiadores alfonsíes contemplasen la incorporación a la obra de la
materia del Cid y los otros relatos de la epopeya como una manera de ganar el
interés del lector, el “terrón de azúcar” que le ayudase a tragar el jarabe
ideológico de la historia de España. Los receptores-transmisores de la obra, por
el contrario, parecen seducidos por las posibilidades que ofrecía el nuevo
vehículo de la prosa histórica castellana para transmitir las hazañas del Cid, las
cuales amplían incesantemente con nuevos pormenores en un proceder que
parece obedecer a objetivos literarios más que historiográficos. La historia del

capilla de la Santa Cruz de la catedral de Toledo donde se trasladó el cuerpo del emperador Alfonso VII y
donde el propio Sancho iba a ser enterrado.
31
Véase Bautista 2006, pp. 48-56.

20
Cid parece convertirse en parte central de la crónica y ésta una mera excusa, un
marco narrativo, para presentar información sobre el héroe. Así, si la crónica real
admitió la presencia de las leyendas cardeñenses fue, en primer lugar, porque
nada había en ellas, con su caracterización semi-hagiográfica del Cid como
héroe cruzado, que desentonase con el nuevo rumbo que toma la producción
historiográfica de Sancho IV, nuevamente en manos eclesiásticas, pero también
por su evidente valor dramático (especialmente el episodio de la batalla ganada
después de muerto), al ofrecer un colofón adecuado a la trama argumental de la
vida del héroe (lo que los ingleses denominan “closure”). Este proceso de
“cidianización” de la historia culmina en la Crónica de Castilla, el estadio
compilatorio que sigue inmediatamente al de la Versión mixta y que constituye
sin ambages una biografía del Cid, al completar el ciclo vital del héroe con sus
hazañas de juventud según las narraba el antiguo *Cantar de Rodrigo.
En definitiva, si Alfonso quiso en su Estoria de España convertir la épica
en historia, el resultado no pudo ser más distinto y fue la historiografía la que,
convertida en mero vehículo de transmisión de la épica, terminó siendo objeto
del mismo tipo de recepción de la que disfrutaban los antiguos los cantares de
gesta. Uno de los motores de este giro copernicano pudo ser la creciente
demanda del público lector de las crónicas de nuevos relatos sobre el Cid, un
mito que todavía sigue fascinándonos hoy, 800 después de que Per Abbat
pusiese punto y final a su manuscrito.

21
APÉNDICE:
TEXTO DE LA LAGUNA CIDIANA EN EL MANUSCRITO BR (=289, BRITISH LIBRARY)

Por su posible interés, presento el texto del manuscrito Br en la sección


correspondiente a la “laguna cidiana” en F y la “mano cuarta” de E2. Regularizo
la ortografía y añado acentos, aunque no intervengo en el texto más que para
señalar una pequeña laguna. En las notas indico algunos de los errores del
texto, junto con las correspondientes lecturas en la Crónica de Castilla y en la
Versión crítica. Para el texto de la primera empleo el del ms. Ch (=830, Bibl.
Nacional) (véase también la versión galaico-portuguesa del texto en la edición
de Lorenzo, 1975, caps. 334-36, pp. 499-502). En cuanto a la Versión crítica,
cito el texto de la transcripción José Manuel Ruiz Asencio y Mauricio Herrero
Jiménez del manuscrito J (=X-I-6, Escorial) de la Crónica de veinte reyes que
ofrece la edición de Ruiz Asencio et al, 1991, pp. 227-29).

Desí adolesçió el rey de Valençia et ovo una enfermedad muy luenga, et


estava apartado que no le veya ninguno, de guisa que cuydavan todos que era
muerto. Et tornóse todo su poder del rey en poder de Abenalfarag, su alguazil,
pero con mandado del Cid. Et el Çid puso sus fieles por ver todas las cosas de
Valençia et todas las rrentas, por que non se menoscabase ninguna cosa, tan
bien por tierra como por mar. Et puso en cada aldea un cavallero que guardase,
de guisa que non osava ninguno fazer tuerto a otro ni tomarle lo suyo. Et cada
uno d’estos cavalleros avía tres maravedís cada día de aquella aldea que
guardava. Et quexávase mucho el pueblo con esto que davan a los cavalleros et
con lo que avién de pechar al rrey, que lo tomavan afincado et aun de más, et
tiniénse todos por maltrechos. Pero era la villa mucho abondada de vacas et de
ovejas et de bestias et de muchas ganançias que trayén los cristianos. Et en la
hueste de los cristianos avié muchos cativos, et trayénles grandes averes cada
día por rredención d’ellos32.
Desí enbió dezir el Çid al señor de Çaragoça que le dexase las bastidas
que le fiziera sobre Valençia, et era la una Liria et la otra Juballa, aquellas de
que avemos dicho de suso. Et él dixo que lo non farié fasta que le pechase el
rrey de Valençia todas las costas que él fiziera quando le viniera a acorrer
quando le tinié çercado el señor de Denia. Estonçes fue el Çid a çercar Liria, et
enbió dende sus algaras. Et corrieron la tierra del señor de Çaragoça, et troxeron
gran robo para Valençia. Et el Çid estando33 sobre Liria con su hueste et
Abenfarax su alguazil del rrey de Valençia estava ý et con él gran conpaña de
moros. Et enbió el Çid mandado a los castillos que eran en el señorío de
Valençia que le enbiasen peones et vallesteros, et enbiárongelos. Desí tóvola
çercada siete meses, et non la pudo tomar et levantóse dende. Et en esta sazón
un moro de los fijos de de Beyfil que tinié a Xátiba por el rey de Denia fizo
derribar muchos castillos, aquel moro que tinié tierra de Xátiba. Et mostrava que
lo fazié por la gran costa que le costavan, et que lo quería dar más al pecho del

32
La Versión crítica omite desde “et cada uno d’estos” hasta “por rredencion d’ellos”.
33
Probablemente deba leerse “estudo”.

22
Çid que no en tenençia de los castillos. Et el primer castillo que derribó fue uno
que dizen Peña Maria34, et dizen que era de los fuertes castillos del mundo. Et
quando lo sopo el Çid començólo de labrar como de cabo, et ovo gran ayuda de
Valençia para labrallo de maestros et de otros omes et de quanto ovo menester.
Et diolo a vn cauallero que lo toviese por él que dizién don Martín. Et fue aquel
castillo poblado por mal de los moros, ca este cavallero que dezién don Martín
apoderóse de quantos castillos avié en derredor. Et cuydava ganar Xátiba, mas
el adelantado de los almorávides, que avié nonbre Alibenhaxa rey de Alaedo,
vínolo a çercar. Et esto fizién ellos por esto35: cuydando que el Rey don Alfonso
yrié a acorrer el castillo. Et esto fazién ellos por que si viniese con pocas gentes
avrién derecho d’él. Et quando el Rey don Alfonso lo sopo, ayuntó su hueste, et
fue el Çid con él. Desí fuese para aquel castillo. Et quando los moros lo sopieron
que el rrey don Alfonso era ya çerca d’ellos desanpararon el castillo, ca tenién
que les fallesçerié la vianda et que non podrién fincar en la tierra. Et así lo [f. 86v]
hizo, que quando al castillo llegó non tenía ya fuera si non poco conducho, et
óvose de tornar muy perdidoso por mengua de la vianda. Et perdió ý muchos
omes et muchas bestias de fanbre, et non pudieron salir con él fueras los omes
poderosos que avién que comer36.

34
Peña Maria] La Versión crítica conserva la lección correcta: “Peña Catir”.
35
por esto] por arte ChJ.
36
Et cuydava ganar Xatiba … que avien de comer] El relato de Br parece encontrarse un poco deteriorado.
Reproduzco la versión de la Crónica de Castilla:

E fue aquel castillo poblado por mal de los moros, ca este caballero don Martin apoderose de todos
los castillos que avie en derredor de tierra de Xatiua. Mas vn moro adelantado de los alarabes que
avia nonbre Hali Abenaxa con poder de los señores del Andaluzia vino çercar vn castillo que
dezien Aledo. E esto fazia el con arte, por que sabia que lo acorreria el rey don Alfonso, e si por
ventura veniese con poca gente, que lo mataria o lo prenderia. Mas quando lo sopo el rey junto su
hueste muy grande & leuo el Çid consigo, e fue socorrer aquel castillo que le tenian cercado. E
quando los moros sopieron que venia el rey çerca & que traya muy gran gente, desanpararon la
çerca & fueron ende fuyendo. E quando llego el rey al castillo fallo que non tenia sy non muy poca
vianda, e ovose de tornar muy perdidoso por mengua de vianda, e perdio y muchos omes & bienes
que non podieron con las bestias salir de la syerra. Pero con todo esto dexo en el castillo muchas
armas & vianda la que pudo aver.

La Versión crítica identifica al moro que cerca Aledo como “Yuçaf Aben Texefin, rrey de los almorauides”
y, a continuación, ofrece una serie de noticias, que atribuye al año 26 de Alfonso VI, procedentes de la
Historia Roderici, capítulos 32-34 (cerco de Aledo por Yūsuf b. Tāšufīn e ira del rey contra el Cid), 37
(coalición de Ramón Berenguer contra el Cid) y 42 (reconciliación entre el Cid y el conde de Barcelona).
Los historiadores alfonsíes debieron interpretar, erróneamente, que el cerco de Aledo al que se refría la
fuente árabe (¿Ibn ‘Alqama?) en este punto era el protagonizado en 1089 por Yúsuf Ben Texufín (Yūsuf b.
Tāšufīn) en 1089, donde se produjo el enfrentamiento entre Alfonso VI y el Cid que provocó el destierro de
éste. La noticia en cuestión se refiere a otro cerco de Aledo, esta vez, por el hijo de Yúsuf, Ben Ayixa (Ibn
‘A’īša), quien, como se narra a continuación, terminaría conquistando el castillo en 1092 (véase Menéndez
Pidal 1956, pp. 364-71 & 409 y Catalán 2005, pp. 140-42). La Crónica manuelina y la Crónica de Castilla
remiten, por tanto, a un borrador alfonsí en el que no se había incorporado aún la fuente latina. La Versión
crítica vuelve luego a coincidir brevemente con la Crónica manuelina y la Crónica de Castilla para narrar
la conquista de Murcia y Aledo por Abenaxa, las esperanzas que la noticia genera entre los valencianos y la
marcha del Cid a Zaragoza, para proseguir luego combinando el relato de la fuente árabe con el de la
Historia Roderici.

23
Quando fue tornado el Çid de aquel castillo que dizien Alaedo, ó fuera con
el rey don Alfonso, fuése para Valençia y estudo como estava de antes. Et los de
Valençia, aviendo miedo que querrié el rrey et el Çid pasar a lo que avién. Et
avién sabor de ser en el señorío de los almorávides, ca non tinién otro cobro si
non con ellos. Estonçes era adelantado de los almorávides uno que dizién
Abenhaxa, et era ome bueno et sabio et mucho esforçado. Et fuese para Murçia
et echóse sobre ella. Et los moros de Murçia estavan entonçe mucho
apremiados de gran carestía que avién de pan. Et Alvar Hañez, que avié postura
con ellos que les ayudarié, non les vino a ayudar; et por esto ovieron a dar la
villa a los almorávides. Et luego que fueron apoderados en Murçia, fueron çercar
Alaedo, este castillo [...]37 Oyeron dezir los de Valençia como este Abenaxa era
señor de los almorávides, et era ome bueno et derechero et sabio et esforçado,
et que se tenía con Dios, et que amava lidiar con los cristianos, et cobdiçiavan
ser suyos como cobdiçia el doliente al físico. Et fue así que en esa sazón ovo el
Çid de yr a Çaragoça, et tardo ý un tienpo38, et dexó en Valençia sus
mayordomos que guardasen lo suyo et que cogiesen aquel pecho que le davan:
a vn su alguazil que era moro que avié nonbre Abenalfarax, et gran gente de
cristianos que estavan ý, et un obispo que era del Rey don Alfonso, et un
mandadero del rrey don Pedro de Aragón. Todas estas gentes dexó el Çid en el

37
[...] Laguna en Br, debida tal vez a un salto de igual a igual. Reproduzco la lección de la Crónica de
Castilla:
fue çercar Aledo, el castillo que avemos contado, e conbatieronlo muy fuertemente & tomaronlo
por fuerça & por fanbre. E pues que ouo Murçia & Aledo quiso aver a Valençia, mas non se le
guiso. Quando los de Valençia sopieron commo Aly Abenaxa era señor de Murçia & de Aledo
cobdiçiauan ser suyos, asin como cobdiçia el doliente la salud.

Sin embargo, probablemente la Versión crítica nos ofrezca aquí una lección más cercana a la de la Crónica
manuelina original. Obsérvese que también conserva el elogio a Abenaxa.

fueron çercar el castillo Alaedo, del que vos deximos ya, e conbatieronle muy fuerte fasta quel
ganaron por fanbre. Los de Valençia aviendo muy gran miedo que les querie el Çid e el rrey pasar
a lo que avia, ovieron su consejo de se meter so el señorio de los almorauides e asy serien seguros.
E quando oyeron dezir que avia prendida a Murçia e Alaedo e que aquell Aben Haxa era omne
bueno e derechurero e sabio e esforçado, e que se tenie con Dios e amaua lidiar con los
christianos, ovieron mas a coraçon de se meter so su señorio.
38
En este punto la Versión crítica abre un nuevo capítulo, correspondiente al año 27 de Alfonso VI, y
vuelve a interpolar materia de la Historia Roderici (capítulos 44-48). Se nos narra así la fallida expedición
de Alfonso VI contra Granada y su nuevo enfrentamiento con el Cid (Historia Roderici, caps. 44-45), la
reconstrucción del castillo de “Penacadilla” y la marcha del Cid a Zaragoza (caps. 46-47) (con lo que el
compilador alfonsí inadvertidamente repite lo que ya ha narrado según la fuente árabe) y las paces entre el
Cid y el rey de Aragón (cap. 48). Seguidamente se nos ofrece el relato de una expedición de Alfonso VI, en
coalición con genoveses y pisanos, contra Valencia, procedente de una fuente árabe (presumiblemente Ibn
‘Alqama, aunque el texto no aparece en ninguno de los otros testimonios de la obra). Este relato prosigue
con el de la expedición riojana del Cid según la Historia Roderici (cap. 50), para luego volver a enlazar con
la fuente árabe para narrar los sucesos que desembocaron en la rebelión de los valencianos contra al-Qādir
en ausencia del Cid (PCG, p. 565b42). El texto de la Versión crítica puede consultarse en la edición de la
Crónica de veinte reyes citada en la bibliografía (ed. Ruiz Asencio et al, 1991, pp. 229-30). Sobre estas
variantes véase Catalán, 2005, pp. 142-47).

24
Alcudia, que es çerca de Valençia, quando se él fue a Çaragoça. [Et] ovo de
tardar allá un gran tienpo, así como avemos dicho. Mas agora dexa la ystoria de
fablar del Çid por contar de los moros de Valençia.
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