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Concepto de Dignidad

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El Concepto de Dignidad Las diferentes teorías filosóficas y corrientes ideológicas comprenden y definen la dignidad de forma diferente.

Hay un concepto de dignidad cristiano, humanista ilustrado, marxista, teórico-sistemático y del behaviorismo. Si bien la interpretación constitucional no es filosofía, en la medida de que no está permitido hacer una apelación directa a una referencia de una determinada visión filosófica como punto de partida de esa interpretación, tampoco es admisible una resignación escéptica respecto de la variedad de concepciones filosóficas del hombre. En ese sentido debe extrañar la carga filosófica que conlleva la garantía de la dignidad humana. La dignidad humana puede significar no sólo la autodeterminación del hombre, sino la autodeterminación como fundamento del valor propio de cada hombre y así mismo, también de los demás hombres. Esa imagen del hombre supone comprender la dignidad individual del hombre y la necesidad de asegurarla, es decir, de atenderla y protegerla por parte del Estado. Se llega a la afirmación filosófica de Kant: “El hombre no puede hacer del hombre… un mero medio, sino siempre entenderlo como un fin, y en eso está precisamente su dignidad (la personalidad), de esa manera el hombre se levanta sobre cualquier otra sustancia universal y, por consiguiente, sobre todas las cosas, que no son hombres y pueden ser utilizadas”. Consecuentemente, no debemos debatir si la concepción de dignidad del hombre, que aparece en el frontispicio de numerosas Constituciones, se basa en los dogmas del Cristianismo secularizados o es un producto del Humanismo y de la Ilustración. La idea de dignidad individual de cada hombre se basa en ambas corrientes. Tiene su núcleo en la imagen del hombre cristiano y en formulada en un complicado proceso de secularización filosófico, para después garantizarse jurídicamente. El fundamento metafísico de la dignidad no significa ninguna cuestión de fe. Junto a la cuestión cristiana hay una cuestión humanista, en la que se fundamenta el carácter secular de la dignidad como fundamento de mi confianza en mí mismo y en la de los demás. Un fundamento metafísico significa, en su sentido jurídico esencial, una última garantía para el hombre frente a las disposiciones totalitaristas del Estado o del poder de los poderes sociales. Junto a la tradición cristiana hay una tradición humanista, en la que se fundamenta el carácter secular de la dignidad. Ya la descripción de la “realidad” de la dignidad como fundamento de mi confianza en mi existencia y coexistencia en la conciencia de la personalidad fundamental y de la solidaridad, refleja la base metafísica del concepto de dignidad. Como explicación de la garantía de la dignidad como norma se recurre al “fundamento antropológico-ontológico” del ser humano, y se describen así “los límites de lo humano respecto a lo no humano y lo inhumano”. Esto muestra que el humanismo está

en la base de la metafísica. La conexión con la tradición cristiana occidental está también en que la dignidad del hombre corresponde al hombre concreto; igualmente, el humanismo rechaza toda idea en la que el hombre se vea reducido a simple medio para alcanzar los fines de una sociedad organizada colectivamente o de forma tecnocrática. El hombre, como mero cuadro útil para el desarrollo de la sociedad o de la humanidad, como simple pieza de un engranaje, es denigrado como instrumento servil y, por tanto, ello le priva de su dignidad de ser humano. - Fines de garantía. Encontramos en las Declaraciones y Constituciones de Derechos Humanos, que la dignidad humana es inviolable, un phatos que no es inteligible para todo hombre ni para todas las épocas. Si recordamos los tiempos de la legislación posterior a la etapa de superación del totalitarismo o de las dictaduras autoritarias, hay que constatar críticamente toda interpretación a-histórica, aislada y sutil de la garantía de la dignidad humana. Simultáneamente la garantía de la dignidad del hombre como principio constitucional supremo rechaza, respecto del futuro, cualquier sistema de gobierno que niegue el respeto al hombre concreto y que permita su sometimiento a un sistema de opresión colectivo, que confiera a la dignidad sólo un sentido de clase. Aún adornándose un sistema de opresión con llamativos méritos humanistas –en el sentido de unos objetivos finales que deben de otorgar al hombre auténtico una dignidad plena-, no se puede compatibilizar con la garantía jurídico-constitucional de la dignidad del hombre, pues ésta se interesa no sólo por los objetivos humanistas, sino también por las vías, ya que también los métodos a través de los cuales se deben alcanzar esos objetivos deben ser de carácter humano. En los métodos también se tiene que respetar y proteger al hombre concreto en su dignidad. Estos son límites de la acción política. La dignidad de la persona es este valor interno e igualmente social, que incluye una pretensión del hombre a ser respetado de resultas de su condición de ser humano. Esta definición no puede comprenderse de una forma tan limitada que el hombre tenga que preservar su propia dignidad a través de ciertas reglas de actuación y de ejercicio. La dignidad forma parte de la autodeterminación, como valor propio del hombre fundamentando su libertad. Esta será protegida por la Constitución a través de cada uno de los derechos fundamentales. La dignidad significa autodeterminación sobre la base del valor propio del todo hombre, por consiguiente, también el prójimo. Con ello se hace referencia también, a la igualdad de los derechos y a la tolerancia dentro de la comunidad del ejercicio de la libertad. Esta será protegida por la Constitución a través de cada uno de los derechos fundamentales. El Estado tiene que encargarse, a través de los medios adecuados, de asegurar la dignidad frente a las violaciones, particularmente a través de las leyes penales.

- Contenido normativo. La dignidad no garantiza lo que se imagina como bueno, agradable y provechoso, sino que tiene que comprenderse de forma elemental. La dignidad no se entiende como una meta distante que hay que alcanzar y que mantiene la política estatal bajo continua presión para que pueda ser aplicable. La garantía de la dignidad humana no es un mandato estatal para que el hombre pueda hacer todo encantado, se libere del dolor o del miedo, o para que disminuya las consecuencias de sus propias decisiones erróneas. La garantía de la dignidad no representa tampoco ningún programa social. Por eso la garantía de la dignidad no puede ser recargada con estándares que lo común encontramos actualmente sobre el ser humano en el mundo occidental. Más bien se trata de la protección y atención de los más elementales intereses del hombre. La garantía de la dignidad humana solamente busca proteger al hombre de su sufrimiento mas extremo, de lo que lesiona la parte esencial de ser humano. La dignidad es un concepto clave jurídico-constitucional respecto del hombre con el Estado, que forma parte de las bases de fundamentación estatal, y que despliega efectos jurídicos en la organización y desarrollo de las funciones estatales, así como en orden a las garantías de libertad. La garantía de la dignidad es, en el Derecho constitucional, por causa de su determinación como irreformable, y también en razón a su concepción como derecho fundamental válido, una garantía mínima. Debe asegurar al hombre que en su relación con el Estado, o en su relación con los demás ciudadanos, no va a ser reducido a mero objeto, que no va a quedar a la absoluta disposición de otros hombres, como un simple número de la colectividad, como una simple pieza de un engranaje, y que se a comprender realmente toda su existencia moral-espiritual propia e, incluso, su existencia física. En cuanto a la existencia física, la protección de la dignidad supone la protección de la vida, pues la vida humana es la base vital de la dignidad humana. En este sentido no se puede reducir la dignidad humana a una mera fórmula. Estas explicaciones posibilitan juzgar de forma jurídico positiva las lesiones de la dignidad del hombre. En estos fundamentos se encuentra la aplicación del concepto jurídico-constitucional de la dignidad más que en la mera política y en la retórica forense. - Titularidad de la dignidad. Titulares de la dignidad son todos los seres vivos, que son engendrados por los hombres, incluso después de su fallecimiento, sin que a protección de la dignidad del fallecido, así como del cadáver, llegue a depender la subjetividad jurídica. Esta definición, lo más amplia posible, que incluye los medios de procreación por fertilización in vitro, no supone ningún «equívoco biológico-natural», sino que se base en una disposición del hombre en la que no se puede negar desde el principio, per definitionem, la dignidad. Particularmente, no tiene por qué hacerse depender la dignidad de la capacidad para experimentar sensaciones

mentales y espirituales; tampoco es condición imprescindible que el titular de la dignidad tenga que estar consciente o que la perciba o la comprenda. La protección de la dignidad tampoco requiere el conocimiento del yo, razón y capacidad de autodeterminación. Para fundamentar la dignidad del ser humano, son suficientes las posibilidades innatas en el propio ser humano. La visión de que la protección de la dignidad empieza para la vida humana no nacida con e inicio de las funciones cerebrales a los treinta y cinco días de la procreación –en lo que advierten ciertos paralelos respecto a la muerte cerebral-, ignora que precisamente es la aptitud de la vida humana para desarrollar el cerebro el motivo fundamental de protección. Por lo tanto el nasciturus, tiene dignidad, es decir, el embrión anidado en el útero, y, aparte de ello, también el óvulo humano fertilizado in vitro. En ese sentido, cuando se niega la dignidad de persona al óvulo fecundado y lo observamos en consecuencia como cosa, debería poderse afirmar que tal cosa alguna vez se convertirá en una persona, lo que, filosófica y jurídicamente, parece imposible. (P. 258). También para las criaturas malformadas y los enfermos mentales tiene vigencia la garantía de la dignidad. La dignidad corresponde también al cadáver y al recuerdo del difunto. En ambos casos se trata de un efecto posterior de la dignidad del hombre vivo, que perdura cierto tiempo. En este sentido, la dignidad no podría estar restringida a aquel que pudiera hacerse acreedor a ella. Esta es una interpretación sociológica equivocada de la garantía fundamental; de hecho esa era la forma en que se comprendía en la normativa básica de la época nacionalsocialista, desde el momento en que se acepta la posibilidad de eliminación de enfermos mentales o de los considerados inferiores espiritual y moralmente, y la experimentación con personas. La idea de Luhmnn, que sienta su «concepto dinámico de la dignidad, la dignidad como capacidad en su plena labilidad». La habilidad de la capacidad de dignidad –en el lenguaje de Luhmann- puede protegerse a través de los derechos de libertad. Lo que se ha planteado respecto a la titularidad de la dignidad del hombre, tendrá que tener consecuencias de contenido. Las personas con discapacidad requieren de una ayuda especial, que tiene que responder siempre a las exigencias de respeto que, aun cuando se presente una discapacidad, merece el hombre. Validez de la garantía de la dignidad. A) Derecho directamente aplicable La garantía de la dignidad es Derecho directamente aplicable. Un «principio normatizado» frente a cualquier tipo de modificación constitucional, conformando, por lo mismo, un derecho vigente, incluso para el poder constituyente. La expresión «principio» que se está

utilizando aquí no significa ninguna debilitación de la normatividad de la garantía de la dignidad, sino que supone que s una garantía elemental. Independientemente del todavía discutido carácter jurídico subjetivo, el deber de respetar y proteger la dignidad del hombre forma parte de las obligaciones de todas las instituciones estatales como «principio constitucional básico» del Estado. La obligación incluye una parte de derecho objetivo, que, por un lado, estandariza a través de este principio jurídico la relación hombre-Estado, y, por otro, deduce ciertas obligaciones para el Estado. En ese sentido se confiere a la garantía de la dignidad la máxima fuerza de validez que una Constitución pueda conceder. De esa manera la garantía de la dignidad es también norma de control para los Tribunales o Cortes Constitucionales, pudiendo alegarse su efecto inmediato también respecto a una reforma constitucional que contradiga la dignidad. La garantía de la dignidad es Derecho directamente aplicable en todas aquellas Constituciones que garantizan también los derechos fundamentales como derecho de validez inmediata, cuando tienen validez también frente al legislador y pueden ser alegados a través de normas de control jurídico-constitucional.(260) B) Derecho fundamental subjetivo Se ha discutido de forma intensa sobre la cuestión de si la garantía de la dignidad le corresponde el carácter de un derecho fundamental. La dignidad aparece no sólo como la fuente de los derechos fundamentales, sino igualmente como un derecho fundamental. La interpretación de la garantía de la dignidad, conforme a su tenor literal y posicionamiento sistemático, debe ser propia de cada Constitución que asegura la dignidad humana específicamente. En cambio, podrían ser válidos todos estos argumentos respecto a los fines de la garantía de la dignidad, en forma semejante para todas las Constituciones que contienen una garantía de la dignidad del hombre general. Dado que el ser humano queda protegido a través de la garantía de la dignidad como sujeto, el fin de la norma termina en una garantía jurídico-subjetiva. Esta breve definición aquí expuesta de la garantía de la dignidad, como protección elemental, confirma, si bien sólo a primera vista, que el carácter del derecho fundamental pudiera ser superfluo. Con todo, se puede afirmar que sólo la garantía de la dignidad como derecho subjetivo posibilita los instrumentos o recursos constitucionales frente a las leyes que pretendan una reforma constitucional y lesionen la dignidad del hombre. Consecuentemente, no se puede renunciar a su caracterización como derecho fundamental. (261) Algunas Constituciones contienen no sólo la obligación estatal de respetar la dignidad, sino que también exige normativizar esta garantía estatal sobre la base de su intangibilidad general y que tenga validez independientemente de la existencia de una posición jurídicasubjetiva. En un sentido amplio, se deduce de esta obligación de protección, que todo el poder estatal está obligado a asegurar la garantía de la dignidad, también en la relación

interpersonal de disfrute de los derechos. Estamos hablando ya, por tanto, de la eficacia frente a terceros. Si esta protección jurídico-objetiva del Estado supone también un derecho subjetivo del hombre a la protección de su dignidad por vía judicial y por medio de los recursos constitucionales. Por consiguiente, la garantía de la dignidad se podrá reclamar judicialmente también en orden al disfrute de los derechos. Conformar la garantía de la dignidad como una mera norma jurídico-objetiva, supondría desarrollar –al margen de las leyes que proponen una reforma constitucional– ciertamente una obligación por parte del Estado de atención respecto al efecto de los derechos fundamentales, pero no en cuanto a la obligación de protección, ya que los derechos fundamentales, no desplegarían ningún efecto frente a terceros. Estas referencias respecto al modo de interpretación de la garantía de la dignidad conducen a la afirmación de su carácter jurídico-subjetivo. C) Intangibilidad. La dignidad es intangible. Con esto no se hace referencia a un hecho o una descripción, cono se hace evidente a través de la experiencia histórica. Mas bien significa que la dignidad no debe ser trastocada. Queda descartada una interpretación de la cláusula de intangibilidad cono una declaración jurídico-constitucional por la que se entienda que el hombre individual tiene su dignidad y no puede ser en ningún caso trastocada por terceros; así, por ejemplo, una interpretación que conduzca a pensar que se puede sobrellevar la tortura con dignidad y que se puede morir dignamente, pues la obligación de todo poder público es respetar y proteger la dignidad humana. La intangibilidad expresa un énfasis más fuerte aún que la «inviolabilidad propia de los derechos fundamentales». La afirmación de la dignidad es la norma fundamental de todo el ordenamiento jurídico. Todo el Derecho debe estar bajo el signo de la dignidad; todas las normas jurídicas deben de estar conformadas hacia su realización y aplicación en consonancia con este principio básico. La garantía de intangibilidad acentúa ya el efecto totalizador de la garantía de la dignidad humana, en particular también respecto a su validez frente a terceros. Además, el concepto «intangible» conlleva, de forma conjunta con la prohibición de reforma constitucional, que la dignidad del hombre no puede restringirse. La diferenciación jurídico-dogmática entre el supuesto de hecho y la limitación del derecho fundamental no tiene vigencia en el ámbito de la garantía de la dignidad. La protección de la dignidad se encuentra realmente en la definición del contenido de la garantía. En un principio no se puede combinar la intangibilidad (en el sentido de su carácter ilimitable) conceptual de la dignidad con la garantía del contenido esencial. Algunas Constituciones (como la Alemana y Española), garantizan en conexión con la posibilidad de limitación del derecho fundamental, la intangibilidad de su contenido esencial. No en todos los casos se pueden inferir los derechos fundamentales de la dignidad del hombre, por tanto, no siempre la afetación del contenido esencial es equivalente a una afectación de la dignidad.

Solamente en tanto que la protección de la dignidad se pueda encontrar frente a la protección de la dignidad de otro hombre, podría admitirse una ponderación y en caso necesario, una limitación constitucional. Cuando se trastoca la esfera jurídica de los demás aparecen los límites legales, y suele surgir la protección a la dignidad del otro. Obligación de respeto y de protección. El respeto y protección de la dignidad es obligación de todo el poder estatal. Esto se refiere a todos los titulares de competencias estatales u otras de carácter jurídico-público, que quedan habilitados para la adopción de determinadas medidas o actuaciones jurídicas. a) Obligación de respeto. Con la obligación estatal de respetar la dignidad debe asegurarse que el Estado deje intacta – negativamente– la dignidad del hombre. En cuando se refiera al respeto a la dignidad por el Estado y, a través de él, por los titulares del poder público, el propio poder público se organiza ya de forma positiva para que las lesiones a la dignidad sean excluidas de la ejecución de las normas. Es decir, las autorizaciones para realización de los actos estatales tienen que estar previstas de tal modo que la dignidad del ciudadano afectado permanezca intacta. Por medio de la previsión de autorizaciones para la actuación estatal se puede logar siempre una interpretación conforme a la garantía de la dignidad. Tanto la administración como los órganos jurisdiccionales han de atender de modo directo a la garantía de la dignidad. También el legislador puede está obligado, en caso necesario, a incluir prohibiciones en procura de impedir las lesiones a la dignidad causadas por la aplicación incorrecta de la ley. b) Obligación de protección. (Pág. 268) Lo que incumbe al Estado en orden a la obligación de protección, se manifiesta en dos ámbitos: Protección de la dignidad del hombre a través de una actuación estatal de fomento y protección ante ataques a la dignidad por parte de otros. La obligación de protección, que se apoya directamente en el Estado, debe garantizar, en primer lugar, el respeto de la dignidad del hombre respecto a terceros. La eficacia frente a terceros de la cláusula de intangibilidad obtiene a través de la obligación de protección estatal la efectividad necesaria. Por ejemplo, el Estado tiene que apoyar al ciudadano cuya situación física, mental o corporal impidan su desenvolvimiento social y personal, y no esté en condiciones de hacerlo por sí mismo, y en todo caso asegurar las condiciones mínimas para una existencia digna del hombre. Son los órganos estatales competentes en cada caso los que tienen la obligación de proteger la dignidad respecto a injerencias de terceros, debiendo implementar normativamente la

garantía de la dignidad. La protección debe corresponderse con el tipo de medida del peligro e intensidad de la lesión. (P. 270) Christian Starck. La dignidad del hombre como garantía constitucional, en especial, en el derecho alemán.

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