Está en la página 1de 3

Óscar Brenifier, filósofo para niños

"A los niños preguntones contésteles con preguntas"


LLUÍS AMIGUET - 12/07/2008

Tengo 54 años: el mundo me hace más gracia cada día. Nací en Argelia, soy un
pied noir, emigrado quebequés y residente en Francia. Te divorcias por la misma
razón por la que te casas. Soy providencialista: esta vida es un formidable regalo;
gocémoslo sin preocuparnos tanto

¿Cómo defenderse de un niño preguntón?

Preguntándole. A mí me encanta torturar a los niños con preguntas...

¿A sus hijos también?

¡Por supuesto! Por eso mi hija no para de quejarse: "No me gustan las
preguntas de papá", porque papá le hace pensar y eso es un gran esfuerzo
para ella, incluso le cuesta más que obedecer sin pensar. Espero que algún día
mi niña aprecie los resultados.

¿Le enseñan algo los niños?

Los niños me enseñan la ignorancia.

Bonita frase, pero ¿no le resultan los críos también un poco pesados?

Pues claro. No voy a caer en la tentación de glorificar al niño. El niño dice las
cosas sin conciencia; prefiere una sentencia a un razonamiento y un halago a
una idea: son seres egocéntricos hasta el agotamiento del adulto y la
extenuación del preceptor.

¿Qué le pregunto al niño preguntón?

Dele a probar su propia medicina. Cuando un niño de cinco años le pregunte


"por qué" cinco veces seguidas, la táctica es contestarle concienzudamente a
su primer "por qué", y cuando plantee otro "por qué" pedirle que recuerde su
primera respuesta. A ver: hágame una pregunta de niño.

¿Por qué hay día y noche?


Porque la Tierra gira alrededor del Sol y al girar deja una cara siempre sin luz
y...

¿Y por qué sólo llega sol a una cara?


¿Recuerdas por qué hay día y noche?

¿. ..?
¿Lo ve?: hágale pensar a él antes de ponerse a pensar usted y entonces el
niño reflexionará antes de lanzar su próximo "por qué".

Es una buena táctica.


Discutir con un niño es un arte. La mayoría de los adultos usamos sólo un
registro para hablar con los chavales: el de la norma, lo que se debe o no debe
hacer.

Es justo y necesario.
Será todavía más útil a todos si, además, nos molestamos en pensar con ellos
por qué existen las normas y qué límites tienen. Cuesta más reflexionar las
normas que dictarlas, pero es más enriquecedor y efectivo.

Muy socrático.
Es el rey y el filósofo de Platón. El rey dicta las normas y el filósofo las piensa.
Cualquier regla es imperfecta por definición...

... Pero es mejor que ninguna.


Ante la complejidad de lo existente, lo cómodo es dogmatizar, limitarnos a
considerar lo complejo como si fuera un absoluto, lo que es inexacto. Y eso
inculcamos en los niños. Ellos, en cambio, nos obligan a jugar.

Los adultos también jugamos.

Los adultos jugamos para ganar; los niños, en cambio, sólo juegan por jugar.

¿Hasta qué punto puede usted enseñar filosofía a los críos?

En mi último libro enseño las oposiciones, centrales en la historia del debate


filosófico.

A ver si logro entenderlas.

Los niños las entienden: uno y múltiplo; finito e infinito; el ser y la apariencia...

Póngame algún ejemplo.

Una pelota pinchada y una hinchada: son el mismo ser, pero con diferente
apariencia.

Siga, siga.

... Libertad y necesidad; razón y pasión; naturaleza y cultura; tiempo y


eternidad; yo y el otro; cuerpo y espíritu; activo y pasivo; objetivo y subjetivo;
causa y efecto.

¿Todos los niños responden igual en todos los países?

¡Nooooo! He dado cursos en todo el planeta y los niños de cada país piensan
de un modo diverso y hay que enseñarles diferente.

Los de aquí ¿qué le parecen?

Los niños españoles tienen una enorme subjetividad y les cuesta más trabajo
que a otros niños distanciarse de sí mismos y de lo que piensan: lo que quieren
o no quieren.

La filosofía es diálogo con uno mismo.


Bueno, tampoco está mal escuchar a los demás. Los niños españoles se
escuchan sobre todo a sí mismos antes que a nadie.

¿Más que, por ejemplo, los franceses?


Los franceses son más racionales y críticos y conceptualizan mejor, pero
también son más dogmáticos y les cuesta admitir que la jerarquía de valores la
fije su propio grupo y no una autoridad externa. Los noruegos, en cambio,
saben fijar sin dilación por consenso entre todos qué es bueno o malo para
todos.

¿Todo eso no son meros clichés?

No. Es evidente que los niños estadounidenses, por ejemplo, tienen


dificultades para aceptar un pensamiento hipotético. Por ejemplo, les dices: "Si
un día vas a la playa...". "Yo nunca voy a la playa". "Bueno, pues al campo, y te
encuentras...". "Es que yo tampoco voy al campo...". No hipotetizan.

También les cuesta más mentir.

En cambio, los niños chinos dirán cualquier cosa antes de responder no a una
invitación. Un no para ellos es mala educación. Usted los invita a ir a la
biblioteca el jueves y le darán cualquier excusa antes de decirle que no quieren
ir. Su cultura no distingue en esto la dualidad objetivo-subjetivo.

Veo que hay muchas verdades.

La de la razón, la empírica y la subjetiva: depende de las culturas. En Turquía,


cuentan cómo Alasmuddin escondió su burro cuando vio venir al vecino que
quería que se lo prestara y, cuando le mentía diciendo que el burro no estaba,
se le oía rebuznar...

Ya pasa...

"¡Vaya amigo eres, Alasmuddin! Dices que no está tu burro y lo estoy oyendo
rebuznar". "¡Vaya amigo eres tú, vecino: crees a mi burro antes que a mí!".