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Pautas Para Hacer Una Monografia

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PAUTAS PARA LA REALIZACIÓN DE UNA MONOGRAFÍA

Pablo Cazau

El presente material ha sido seleccionado para orientar a aquellos alumnos que deban presentar una monografía como parte de sus obligaciones académicas. El alumno deberá tener en cuenta lo siguiente: 1) El artículo titulado “Cómo hacer una monografía” es de lectura imprescindible. Entre otras cosas especifica las normas que deben cumplirse para presentarla. 2) El material de la “Bibliografía ampliatoria” es de lectura recomendable. 3) Cualquier duda que no pueda aclararse con este material, deberá ser evacuada con el tutor.

SUMARIO
COMO HACER UNA MONOGRAFÍA 1. Introducción 2. Manos a la obra: como hacer la monografía BIBLIOGRAFÍA AMPLIATORIA 1. Algunos errores posibles al confeccionar trabajos científicos 2. Las publicaciones científicas en Internet UNA MONOGRAFÍA COMO EJEMPLO Aspectos diagnósticos del Síndrome de Burnout

Buenos Aires, Diciembre 2006.

COMO HACER UNA MONOGRAFÍA
1. INTRODUCCIÓN El presente material pretende ser una guía orientativa que ofrece al alumno pautas para la realización de una monografía en el transcurso de su carrera. No es un escrito ‘mágico’: se aprende a hacer una monografía haciéndola, no leyendo como se hace, pero es una buena manera de comenzar. Definición de monografía En el contexto de la educación formal, una monografía es un trabajo escrito original referido a un tema puntual que permite evaluar el aprendizaje del alumno y acreditar sus estudios. Generalmente debe ser presentada hacia el final de un ciclo de estudios, como por ejemplo hacia el final de la cursación de una asignatura o hacia el final de la carrera. Las monografías incluyen información obtenida de diferentes fuentes, pero también un análisis crítico y objetivo de la misma, y una conclusión. Una monografía es un trabajo personal: dos alumnos pueden tratar el mismo tema puntual pero serán dos monografías diferentes porque estarán encarados de manera distinta. Es también un trabajo original porque aporta nueva información o una nueva mirada a la comunidad científica, por modesta que pueda resultar. Cuando se trata de diferenciar una monografía de una tesis, una tesina, un artículo científico o un artículo de divulgación científica, no hay un acuerdo universal. Sin embargo, existe cierto consenso en los siguientes puntos: a) Las monografías, tesinas y tesis son elaboradas por alumnos de carreras de grado o posgrado. Suele llamarse monografía al trabajo de menor envergadura presentado en cualquier momento de la carrera y dentro de una asignatura determinada; suele llamarse tesina al trabajo final de una carrera, especialmente de grado; y suele llamarse tesis al trabajo de mayor envergadura que se presenta al final de ciertos posgrados de mayor categoría académica, típicamente el doctorado. 2) Los artículos científicos y los artículos de divulgación científica son realizados por profesionales. Las diferencias radican en dos puntos: primero, los artículos científicos se publican en revistas especializadas destinados a otros profesionales; además, son realizados por profesionales del área respectiva (por ejemplo un artículo científico sobre maloclusiones será hecho por un odontólogo). Y segundo, los artículos de divulgación científica son publicados en revistas de interés general (por ejemplo la revista “Muy interesante”) y por tanto utilizan un lenguaje más asequible al gran público; además, suelen ser hechos por periodistas científicos que no necesariamente son profesionales del área respectiva. Para realizar un artículo de divulgación científica, el periodista puede a su vez consultar artículos científicos o realizar entrevistas a científicos si considera que el tema es lo suficientemente interesante como para captar el interés del lector. Tipos de monografía Pueden diferenciarse dos grandes tipos de monografía: a) Bibliográfica: supone buscar, ordenar y analizar la bibliografía existente sobre un tema determinado, para luego volcar los resultados por escrito. La revisión bibliográfica debe

ser lo más exhaustiva posible de manera tal que refleje los diversos puntos de vista sobre el tema. b) Empírica: supone buscar, ordenar y analizar información obtenida directamente de la realidad sobre un tema determinado, para luego volcar los resultados por escrito. La investigación empírica debe ser lo más objetiva posible sin tergiversar los hechos. Un ejemplo entre muchos podría ser la presentación de un caso clínico. La diferencia fundamental entre ambos tipos de monografía es que en el primer caso la información se obtiene principalmente a partir de datos secundarios, y en el segundo caso, principalmente a partir de datos primarios. Datos primarios son aquellos obtenidos directamente de la realidad, como por ejemplo la información sobre un caso clínico que haya atendido el autor de la monografía, o también lo que piensa personalmente sobre ese caso. Datos secundarios son aquellos obtenidos de otros autores. Por ejemplo, “lo que dice la bibliografía”. La bibliografía consultada puede estar a su vez basada en datos primarios, o también en datos secundarios (como el caso de la bibliografía basada a su vez en otras fuentes bibliográficas).

La función del tutor En ocasiones, el alumno recibe la ayuda de un profesional para realizar la monografía, llamado tutor, que podrá elegir él mismo entre los docentes de la carrera, o entre otros profesionales conocedores del tema de la monografía y conocedores de cómo se realiza una monografía. Las funciones del tutor son las que acompañar a su alumno a lo largo de todo el proceso de investigación, desde la realización del proyecto hasta la redacción final, en actividades tales como las de sugerir, ayudar, recomendar, asesorar o guiar al alumno en su tarea. El alumno podrá pedir al tutor que revise el trabajo en cualquier momento. Generalmente cuando el tutor considera que el trabajo está en condiciones de ser presentado, escribe una nota a las autoridades académicas informando de esta situación. Lamentablemente en la práctica hay varios tipos de tutores: los que, aún siendo excelentes profesionales no saben bien como se hace una monografía, los que son demasiado exigentes y corrigen interminablemente (y a veces arbitrariamente) el trabajo del alumno, imponiéndole eventualmente un tema sin más explicaciones, y aquellos que se despreocupan casi totalmente instruyendo al alumno que cuando termine de hacer la monografía, venga a verlo y él le firmará la nota para poder presentarla ante las autoridades académicas.

La evaluación de la monografía La evaluación de la monografía la lleva a cabo el mismo alumno, su tutor, y las autoridades académicas encargadas de la aprobación final o acreditación. Algunos criterios de evaluación frecuentes que utilizan las autoridades académicas son los siguientes:

1) Aspectos formales: Presentación general, claridad expositiva, cuidado de la sintaxis y la ortografía, citas y referencias bibliográficas correctas, paginación, fecha, títulos y subtítulos claros, presencia de índice, etc. 2) Aspectos de contenido: Nivel de fundamentación o argumentación, es decir, el grado en que el alumno apoya teórica o empíricamente cada afirmación que realiza, definiciones de conceptos principales, adecuación de los títulos al texto, calidad de la elaboración personal, relevancia de la información, calidad de las conclusiones, cantidad y calidad de las fuentes bibliográficas utilizadas, etc.

2. MANOS A LA OBRA: COMO HACER LA MONOGRAFÍA Tomaremos como ejemplo el caso de una monografía de revisión bibliográfica, que es el típico. Para realizar una monografía de este tipo deben seguirse una serie de pasos ordenados, que a grandes rasgos son los siguientes: 1) Preparar una hoja en blanco.- Hacer una monografía supone pensar, pero este pensamiento debe escribirse. Cualquier idea que el alumno tenga la irá volcando en una hoja de papel en blanco. No es preciso que cuide la redacción ni la organización, siendo suficiente con anotar ideas sueltas, como por ejemplo el tema, un índice tentativo, el nombre de la biblioteca donde se piensan hacer consultas, etc. Un error frecuente es, en esta primera etapa, gastar energías en redactar impecablemente párrafos enteros del trabajo. En un comienzo, entonces, las piezas del rompecabezas estarán sueltas, y hasta faltarán algunas de ellas. A medida que el pensamiento se organice, irán tachándose ideas, se irán clasificando y organizando cada vez mejor. Si es preciso, se tirará la hoja en blanco y se escribirá otra, siendo conveniente guardar las hojas dentro de una carpeta destinada solamente a la monografía. Naturalmente, en vez de una hoja escrita puede utilizarse un procesador de textos, tipo Word, que presenta grandes ventajas. 2) Elegir el tema.- El tema puede ser asignado por el profesor, pero también puede elegirlo el alumno. Sea cual fuese el tema elegido, deberá cumplir dos condiciones: a) Ser atingente a los estudios que se están cursando. Por ejemplo, un alumno de ortodoncia no puede desarrollar un tema de ortopedia. Las carreras o cursos generalmente explicitan sus objetivos, lo cual puede servir al alumno para orientarse respecto al tema a elegir. Por ejemplo, los objetivos de cierta carrera de especialización en Ortodoncia son los siguientes: “Diagnóstico, prevención, intercepción y tratamiento de todas las formas de maloclusión. Aprendizaje de distintas técnicas ortodóncicas. Manejo de aparatología fija y removible”. b) Ser puntual. La Ortodoncia a secas es un tema demasiado amplio. Ejemplos de temas más específicos pueden ser: “La mordida abierta y su relación con los hábitos bucales”. “Tratamiento de las maloclusiones de clase III”. “El hábito de la succión digital”. “Etiología de las maloclusiones”. “Tratamiento ortodóncico en pacientes con enfermedades sistémicas”. “Respuesta del hueso perimplantario a la carga ortodóncica”. “Intrusión incisiva en la corrección de la mordida profunda”. “Diferencias entre la percepción estética del paciente y del ortodoncista”.

“Correlación de medidas cefalométricas entre pacientes y sus progenitores”. “Eficacia de la aparatología oral en pacientes con apnea obstructiva del sueño”. “Valoración de la distracción osteogénica en la sínfisis mandibular”. “Aumento del ancho del arco dentario superior en dentición mixta y permanente temprana”. El tema no sólo deberá ser pensado sino también escrito en una hoja de papel. La expresión escrita del tema es el título de la monografía. En un comienzo el título, y consiguientemente el tema, no son necesariamente los definitivos, pudiendo ser cambiados total o parcialmente. Si no se encuentra tema, puede buscarse inspiración leyendo material bibliográfico (búsqueda explotaria) o consultando a personas expertas. Para elegir un tema debe haber suficiente información bibliográfica, y además esta debe ser asequible. Esto último significa que esté al alcance físico del autor, que éste pueda comprenderla, que esté escrita en un idioma que conoce, que disponga de tiempo suficiente para consultarla, etc. El tema, además, preferiblemente responder a los intereses del autor, es decir “debe ser interesante”. También debe ser útil en algún sentido a quienes leerán el trabajo, sea que se trate de la comunidad científica, sea que se trate de público en general. El siguiente cuadro permite verificar rápidamente si se han cumplido todos los requisitos para elegir definitivamente el tema: ¨ ¨ ¨ El tema es atingente. El tema es puntual o específico. Hay suficiente asequible. bibliografía, y es ¨ ¨ ¨ El tema queda claramente expuesto en un título. El tema presenta algún interés para el autor. El tema es útil para los demás.

3) Buscar información.- En el paso anterior ya pudo haber comenzado el proceso de búsqueda bibliográfica, pero entonces servía solamente para elegir un tema. Una vez seleccionado éste, ahora comienza una ‘segunda’ búsqueda que permitirá recoger toda la información necesaria para realizar la monografía, y que puede incluir no sólo bibliografía sino también testimonios de personas, fotografías, etc. Quizá el autor encuentre bibliografía sobre el tema que no piensa utilizar, pero igualmente la tendrá en cuenta para ofrecerla al lector interesado en profundizar el tema tratado. Una correcta búsqueda bibliográfica tiene en cuenta los siguientes aspectos: a) Las fuentes bibliográficas deben ser confiables, en el sentido de incluir información veraz y rigurosa. En general, estos criterios los cumplen los diccionarios, los libros de texto y los artículos publicado en revistas científicas. b) Las fuentes bibliográficas deben ser preferiblemente ‘de primera mano’. Por ejemplo, si debe citarse una idea de Pérez, es mejor ir al libro escrito por Pérez y no extraer su idea en un artículo de otro autor. Esta es la razón por la cual no convendrá considerar como fuente bibliográfica artículos publicados en diarios o revistas de interés general.

c) Cuando se extrae alguna idea o párrafo de un libro o artículo, no es necesario leer todo el artículo o todo el libro, pero sí tener una idea global de los mismos. Esta idea global suele figurar bajo el rótulo “resumen” o “abstract”. d) Debe descartarse la información irrelevante, o sea la que no tiene relación directa con el tema. e) Debe descartarse la información redundante, como por ejemplo una definición igual o similar encontrada en otra fuente, salvo que se desee enfatizar que muchos autores coinciden en esa definición o esa idea. f) Cuando sea posible, conviene seleccionar algún libro o artículo de lectura imprescindible porque trata el tema de una manera completa y ordenada. Por ejemplo, el artículo de un diccionario enciclopédico. Su lectura permite tener una visión global del tema de la monografía y eventualmente permite obtener otras fuentes, citadas en las referencias bibliográficas. Una búsqueda bibliográfica es correcta, en suma, si cumple estos requisitos: ¨ ¨ Es información relevante. No es información redundante. ¨ ¨ Es completa: consideró todos los aspectos del tema. Las fuentes son confiables.

4) Transcribir la información encontrada.- Cuando la bibliografía buscada es finalmente localizada o encontrada, ahora deberá ser transcripta a otro lugar, preferiblemente a un procesador de textos, como por ejemplo el Word. La trascripción es el proceso por el cual se transforma la información encontrada en citas bibliográficas. Hay diversas formas de transcribir la información: utilizar el comando ‘copiar y pegar’, si la información original está en Internet, o tipeando a mano si está en una publicación impresa. Nada hay de malo en copiar y pegar siempre y cuando no se cometa plagio al no citar la fuente de consulta. Hoy en día, los motores de búsqueda de Internet permiten a las autoridades académicas detectar si se cometió o no plagio. Si se hace una trascripción textual, el material copiado debe ser puesto entre comillas, pero también puede hacerse una trascripción no textual, que va sin comillas. Esta última se realiza, por ejemplo, cuando puede decirse lo mismo con otras palabras más claras, o cuando quiere resumirse la información, pero en cualquier caso el mismo autor de la monografía es quien deberá hacer la redacción. En una época pasada la información se transcribía a un soporte de cartulinas rectangulares llamadas ‘fichas’. Hoy en día la tecnología ofrece una herramienta mucho más útil: un procesador de textos. Consiguientemente, todas las citas bibliográficas se irán volcando a un archivo Word u otro a medida que se vayan encontrando. Convendrá separar las citas bibliográficas claramente unas de otras mediante espacios en blanco. Cada cita tiene tres partes: en primer lugar la trascripción, textual o no, del material; en segundo lugar, a continuación en punto seguido y entre paréntesis, el apellido del autor consultado, el año de edición de la fuente, y optativamente la página; y en tercer lugar, la referencia bibliográfica donde figurarán los datos completos de la fuente consultada. Un ejemplo de cita bibliográfica puede ser el siguiente:

“Las causas [de la deglución atípica] pueden agruparse en tres encabezamientos (1): (a) trastornos de la erupción dentaría y crecimiento alveolar […]; (b) interferencia mecánica con la erupción y crecimiento alveolar, por ejemplo, un hábito de succión digital; y (c) displacía esquelética vertical [sic]. Esta última, aunque se ve con menos frecuencia, es un problema muy diferente y mucho más fácil de tratar” (Gregoret, 1997:118). Gregoret Jorge (1997) Ortodoncia Y Cirugía Ortognática. Barcelona: Editorial Espaxs. 3º Edición. En este caso se trata de una cita textual, porque está entre comillas. A veces, también entre comillas, se escribe la cita en bastardilla (llamada también cursiva). Se han incluido, a modo de ejemplo, los diversos casos donde deben utilizarse los corchetes []. Estos casos son principalmente tres: - Cuando se quiere agregar un comentario breve o una aclaración. Ejemplo: [de la deglución atípica]. - Cuando hay párrafos intermedios no transcritos. Ejemplo: […]. - Cuando existe la sospecha de un error en el texto original. En estos casos se incluye la expresión [sic], que significa “así, de esta manera”, dando a entender que no se trata de un error de trascripción del autor de la monografía. Si el autor de la monografía decide incluir una nota al pie, en el ejemplo de cita bibliográfica también se ha incluido la forma de hacerlo, que aparece como la expresión (1) luego de la palabra ‘encabezamientos’. Dicha expresión (1) se repite al pie de la página y se agrega información adicional para no recargar el texto con explicaciones secundarias. Esta información no debe ser muy extensa, y puede consistir en una aclaración más detallada de un concepto, en una aclaración acerca de en qué otro lugar de la monografía se puede encontrar información similar o relacionada, etc. El paso final de la trascripción de la bibliografía consiste en lo siguiente: a) Al final de todas las citas crear el título “Referencias bibliográficas”. b) Utilizar la secuencia “cortar y pegar” del procesador de textos para cortar las referencias bibliográficas de cada cita y agruparlas bajo este nuevo título. Con ello se obtendrá un listado de toda la bibliografía consultada. c) Tras haber seleccionado todo el listado, utilizar el comando “ordenar” (en el menú “Tabla” del Word) para ordenarlo alfabéticamente. Un resultado posible de estas operaciones puede ser el siguiente: De Nova García M y col, Succión digital: factor etiológico de maloclusión. Revista Odontología Pediátrica, 1993; 2(1):85-90. Díaz Fernández José Manuel (2004) Velázquez Blez Rodolfo y Pérez Noel, Mordida Abierta, dicción y rendimiento Escolar. Disponible en www.ortodoncia.ws. Consultado el 22/10/2006. Fernández Parra A, Gil Roales-Nieto J (1994) Odontología conductual. Barcelona: Martinez Roca. Gregoret Jorge (1997) Ortodoncia Y Cirugía Ortognática. Barcelona: Editorial Espaxs. 3º Edición.

Segovia M (1988) Interrelaciones entre la odontoestomatología y la fonoaudiología. La deglución atípica. Buenos Aires: Ed Médica Panamericana. Este ejemplo ilustra la forma en que debe hacerse la referencia bibliográfica según se trate de un libro (por ejemplo el de Gregoret), de un artículo dentro de una revista científica (por ejemplo el de De Nova), o de un material consultado en Internet (por ejemplo el caso de Díaz Fernández). En el caso de una revista científica, al final se consigna el nombre de la revista, el tomo o el número de año (2 en el ejemplo) y el número de la revista dentro del tomo o año (1 en el ejemplo), seguido de las páginas donde comienza y termina el artículo. Cuando sea posible, siempre debe ponerse el apellido y nombre completo del autor, sin iniciales. Debe indicarse el número de edición si se trata de la 2º edición en adelante. Este año no debe confundirse con la fecha de impresión, ya que un libro pudo haber tenido sucesivas reimpresiones de una misma edición. Aunque no hay una norma universal para redactar las referencias bibliográficas, los ejemplos aquí indicados responden a ciertos estándares internacionales de empleo común en los trabajos científicos. 5) Clasificar la información transcripta.- Hasta ahora se cuenta con una cierta cantidad de citas bibliográficas ordenadas un poco arbitrariamente, según ‘se fueron encontrando”. Llega ahora el momento de clasificar o encasillar todas las citas en categorías, que básicamente son las siguientes: • • • • • INTRODUCCIÓN DESARROLLO CONCLUSIONES REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS ANEXOS

Se trata de la estructura clásica de una monografía. Cada categoría tiene un título (por ejemplo “Introducción”). Por tal razón deberá comenzarse tipeando estos títulos, y luego colocar bajo cada uno de ellos las citas que el autor piensa incluir. El título “Referencias bibliográficas” es el único que ya había sido incluido en pasos anteriores. Dentro de la “Introducción” se incluyen citas referentes a cuestiones como la presentación del tema, los objetivos de la monografía, la justificación de la elección del tema (importancia, utilidad, etc), definiciones importantes y/o marcos teóricos utilizados. Dentro del “Desarrollo” se incluirán gran cantidad de citas. Debe aquí recordarse que esta parte es central y es la que ocupará el mayor número de páginas del trabajo (por lo menos un 70% del mismo). El Desarrollo suele incluir lo que se llamada el “estado del arte”, es decir, el estado actual de la cuestión tratada en la monografía: qué se sabe y qué no se sabe del tema, cuáles son las últimas investigaciones al respecto, etc. Dentro de las “Conclusiones” pueden incluirse citas aunque es poco frecuente, porque se refieren a cuestiones tales como un breve resumen del desarrollo, planteo de problemas pendientes abiertos, aportes personales y síntesis creativas en torno al tema tratado.

Los “Anexos” o “Apéndices” se incluyen sólo si es necesario ubicar en algún lugar información complementaria de cierta extensión que, de haberla colocada en el cuerpo principal del trabajo, hubiese dificultado la fluidez de la lectura. A nadie le gusta leer un texto que de pronto se ‘vaya por las ramas’, para luego retomar el tema más adelante. Para completar este paso, pueden incluirse subcategorías mediante subtítulos dentro de la “Introducción” y, especialmente, dentro del “Desarrollo”, que serán elegidas por el autor de la monografía de acuerdo a cómo haya decidido organizar la exposición. Las citas bibliográficas, entonces, serán a su vez ubicadas dentro de estas subcategorías. Finalmente, se ubican al comienzo los diferentes títulos y subtítulos ordenados, formándose así el primer índice o sumario tentativo. El ordenamiento en títulos o subtítulos facilita enormemente la comprensión del texto. 6) Redactar un primer borrador.- Hasta ahora se dispone de un primer esquema o esqueleto de la monografía: un conjunto de citas bibliográficas organizadas bajo los títulos Introducción, Desarrollo, Conclusiones y Anexos, de las cuales se separaron las correspondientes referencias bibliográficas ordenadas bajo el título homónimo. A partir de este paso ya no se copia más texto: hay que empezar a crearlo, por lo que el autor de la monografía deberá apelar a sus habilidades para la redacción. Nadie escribe todo bien de entrada: conviene empezar a redactar sin preocuparse demasiado por los aspectos sintácticos u ortográficos para concentrar la energía en “qué” se dice más que en “cómo” se lo dice. Escribir es otra manera de pensar, es decir, de relacionar, organizar, clasificar, comparar, cuestionar o crear. Los párrafos nuevos que serán redactados por el autor se irán intercalando con los párrafos que contienen las citas bibliográficas, de manera tal de comenzar a armar un texto coherente e hilado. Algunos nuevos párrafos se destinarán para presentar el tema, otros para indicar los objetivos del trabajo, otros para justificar la elección del tema, otros para conectar o unir dos o más citas bibliográficas, otros para vertir alguna opinión personal que surja durante este proceso, etc. El primer borrador es, en síntesis, lo que su nombre indica: un texto que luego será sometido a una revisión más intensiva y detallada. 7) Hacer la redacción definitiva.- En esta etapa, el autor revisa nuevamente todo lo escrito. Se trata al mismo tiempo de una segunda lectura y de una segunda escritura donde se harán varios tipos de revisión, como por ejemplo controlar la ortografía (ejemplo: un acento correcto) y la sintaxis (por ejemplo una frase bien armada y entendible, o el correcto empleo de comas y puntos). Durante la redacción se tendrá en cuenta que el lector de la monografía es alguien que supuestamente desconoce el tema, con lo cual el autor deberá ejercitar sus dotes de docente para explicarlo de la manera más clara y organizada posible, sin ‘irse por las ramas’ desviándose del tema central. Si para ello o para completar la información debe ampliarse la búsqueda bibliográfica, se adicionarán las citas bibliográficas faltantes. Siempre es preferible redactar en tercera persona (ejemplo: no decir “yo sostengo” sino “el autor de esta monografía sostiene”). Toda opinión personal debe estar fundamentada racionalmente, fundamentación que también se explicita redactándola. No se puede afirmar “me parece que esto es así por una corazonada”.

También se controlará que haya una ilación entre títulos entre sí, subtítulos entre sí y párrafos entre sí, y que la numeración de títulos y subtítulos sea correlativa. También se verificará que los textos tengan relación con el título o subtítulo donde están incluidos. Ningún conjunto de reglas asegura el éxito de la escritura: sólo la práctica lo hace. No obstante, será útil repasar algunos ítems para asegurarse que el proceso de redacción definitiva se ha cumplido correctamente: ¨ ¨ ¨ ¨ Párrafos y oraciones no son demasiado largos. El autor no se ‘fue por las ramas’. La ortografía y la sintaxis son correctas. Hay adecuación entre títulos y texto. ¨ ¨ ¨ ¨ La redacción está en tercera persona. Las opiniones están fundamentadas. La numeración de títulos es correlativa. Hay una ilación general de todo el texto.

8) Editar el formato.- El último paso consiste en definir los aspectos formales de la presentación del trabajo: establecer el tamaño de los márgenes, elegir el tamaño y tipo de letra definitivo para los títulos y el texto (cuidando que los títulos tengan mayor tamaño o se destaquen más), numerar las páginas, definir el tamaño del papel, establecer el interlineado, las sangrías, etc, de acuerdo a las especificaciones de la consigna, si las hubiere. Conviene que los títulos generales (Introducción, Desarrollo, Conclusiones, Referencias bibliográficas y Anexos) figuren en una página nueva. El trabajo puede ser entregado en forma impresa y/o electrónica (disquete, CD o vía email), según lo soliciten las autoridades. En este último caso, se utilizarán archivos de uso habitual y común, como por ejemplo los generados con el procesador Word. Cada institución suele especificar sus propias normas de formato, mientras que otras se acogen a estándares internacionales. Para este trabajo se han seleccionado algunas normas que facilitan la lectura de la monografía y le otorgan cierta estética a la presentación. El autor de la monografía podrá comprobar si cumple con estas normas verificando los siguientes ítems: ¨ ¨ ¨ ¨ ¨ Hojas tamaños A4. 2,5 cm en los cuatro márgenes. Páginas numeradas, excepto la primera. Interlineado sencillo. Sangría de 1 cm en la primera línea. ¨ ¨ ¨ ¨ ¨ Títulos generales en una nueva página. Fuente: Arial. Tamaño de letra para títulos: 18 negrita. Tamaño de letra para sub-títulos: 12 negrita. Tamaño de letra para texto: 12 normal.

En síntesis: hacer una monografía es como pararse frente a muchas paredes (muchas fuentes bibliográficas), separar de cada pared los ladrillos relevantes (para el tema), amontonar los ladrillos seleccionados (las citas bibliográficas) y finalmente construir con ellos una nueva y original pared donde se han agregado nuevos ladrillos (la opinión personal del autor) y donde se los ha unido mediante un nuevo cemento (la forma peculiar de organizar el material utilizada por el autor). Pablo Cazau

Profesor de Metodología de la Investigación Clínica de la Carrera de Especialización en Ortodoncia. Ateneo Argentino de Odontología y Fundación Favaloro. Buenos Aires, Diciembre 2006.

BIBLIOGRAFÍA AMPLIATORIA La lectura del siguiente material no es imprescindible, pero conviene hacerla porque incluye información adicional acerca de cómo debe realizarse y presentarse un trabajo científico de cualquier índole. El ítem “Algunos errores posibles al confeccionar trabajos científicos” sirve en el momento de redactar la monografía. El ítem “Las publicaciones científicas en Internet” sirve en el momento de buscar bibliografía.

1. ALGUNOS ERRORES POSIBLES AL CONFECCIONAR TRABAJOS CIENTÍFICOS Condensado de Cazau P (2006) Introducción a la investigación en ciencias sociales. Buenos Aires: Redpsicología. Capítulo 10, punto 1. En este ítem se listan algunos errores que suelen cometerse cuando, por falta de conocimiento o experiencia, se encara la tarea de elaborar (pensar) y redactar (escribir lo pensado) un trabajo científico. Ausencia de una idea central.- No hay una idea principal alrededor de la cual gire el trabajo, o bien esta no es lo suficientemente clara, o bien existen dos o más ideas principales que fragmentan el trabajo y que no están subsumidas (incluidas) dentro de una idea más general. Errores en la ejemplificación.- No hay ejemplos, o bien los ejemplos son irrelevantes a lo que se quiere ilustrar, o bien los ejemplos son escasos, o bien son excesivos. Otro error es confundir un ejemplo con una demostración (en muchos casos ambos elementos no coinciden, como cuando se pretende demostrar la verdad de “todas las aves vuelan” con el ejemplo de un águila). Repeticiones inútiles.- Repetir una idea varias veces de formas diferentes sin que ello constituya una ventaja didáctica. Estas redundancias suelen utilizarse cuando el autor quiere cumplir con un mínimo de palabras exigido. Errores de sintaxis.- Una redacción confusa compromete la comprensión. Un trabajo puede tener una coherencia general, y seguir un hilo conductor, pero las oraciones están mal construidas. Errores de ortografía.- A diferencia de los errores de sintaxis, que afectan la oración, los errores de ortografía se cometen al escribir palabras. Periódicamente las reglas ortográficas van cambiando, por lo que conviene estar actualizado al respecto. Algunas de las nuevas reglas de la Real Academia Española (1999) para el idioma castellano son las siguientes:

1) Hay libertad para usar o no acento ortográfico en las palabras este, ese, aquel, solo y guión. Cabe recordar aquí que los monosílabos no se acentúan, salvo cuando tienen dos sentidos diferentes (de y dé, te y té, mi y mí, etc). 2) Las palabras que incluyen "bs" podrán simplificarse dejando solo la "s", como en oscuro, sustitución, sustancia. En cambio, se recomienda mantener el uso de la combinación "ps", como en psicología y psicosis. Esto es válido en los casos del prefijo "psic-", porque en otros casos debe eliminarse la "p", como en seudónimo o seudópodo. 3) La "h" solo será optativa en algunos casos, como ciertas palabras que comienzan con hue o hui (como huemul o huiro), que podrán también escribirse güemul o güiro. 4) Ciertas siglas pueden utilizarse indistintamente en español o en inglés, como VIH (o HIV en inglés), OVNI (o UFO en inglés). Hay una excepción: debe decirse OTAN y no la NATO. 5) Son admitidas las siglas en inglés UNESCO, UNICEF, VIP (very important person), CD y CD-ROM. Se admite un nuevo símbolo, la arroba (@), incluído en los correos electrónicos. Ténganse también presente cómo emplear ciertas expresiones. Desiderátum, memorándum, currículum.- En ciertas voces latinas, el sufijo -um designa el número singular. En el caso desiderátum, el plural no es desiderátums sino la forma latina para el plural, que es desiderata. En el resto de los casos, en general se considera que la terminación -a es incorrecta en nuestro idioma, pudiéndose usar en su lugar memorando, currículo e incluso memorándums o memorándum (como en 'los memorándum'). Quien, quienes.- Ambas voces se acentúan cuando se emplean en interrogaciones (¿quién está ahí?), o con sentido interrogativo (escuchó para saber quiénes llegaban). En los demás casos no llevan acento (quien dice eso, no sabe nada; los niños a quienes nos referíamos). Quiosco.- Es la grafía preferente, aunque también se admite 'kiosco'. Quizá.- Para la Academia es ésta la voz preferente, y 'quizás' se admite en segundo término. Eufónicamente se usa 'quizás' cuando la palabra que sigue comienza por vocal, como en 'quizás empieces ahora'. Sobre todo.- Se escribe todo junto para designar la prenda de vestir 'sobretodo', y separado en cualquier otro caso, como en 'sobre todo, no hagas eso'. Errores formales en la presentación.- Tamaño de letra muy grande o muy pequeña, irregularidad en las sangrías, márgenes muy amplios o muy estrechos, ausencia de espacios entre párrafos, irregularidades en el tamaño de letra de los títulos, errores o falta de uniformidad en las citas bibliográficas, notas al pie y referencias bibliográficas, etc. Mezclar varias formas autorreferenciales.- Por ejemplo, en el mismo texto decir “he indagado...” y “hemos indagado”. Lo correcto es utilizar una sola modalidad dentro del mismo trabajo, pudiéndose optar por: a) primera persona del singular (“he indagado...”), b) primera persona del plural (“hemos indagado...”), útil cuando son dos o más autores, o c) una forma más impersonal (“se ha indagado...”), que es la más frecuentemente utilizada.

Ausencia de referencias espacio-temporales.- El trabajo no tiene fecha, o no está especificado el lugar de origen. El trabajo debe incluir referencias del tipo “Buenos Aires, 1991”. Copiar y pegar.- El trabajo se limita a ser una grosera copia de otros materiales, y aún cuando los diferentes fragmentos estén organizados en forma coherente, queda igualmente muy descalificado. En ocasiones puede ser muy difícil para quien evalúa el trabajo decidir si hubo o no copia textual. Empleo equivocado de locuciones latinas.- Utilizar una locución latina sin estar seguros de su correcto significado. Algunas locuciones latinas: Ab initio (Desde el principio). 'Empezar un relato ab initio'. Ad hoc (A esto, por esto). "Para este asunto delicado le mandaré un hombre ad hoc'. Ad hominem (Al hombre). Usase sólo en la expresión 'argumento ad hominem', argumento mediante el cual se confunde a un adversario oponiéndole sus propias palabras o actos. Ad litteram (A la letra). 'Deben editarse los autores ad litteram'. Ad referendum (A condición de ser aprobado por el superior). 'Aceptar una propuesta ad referendum'. A fortiori (Con mayor razón). Alma mater (madre nutricia). Designa la Patria o también la Universidad. Alter ego (Otro yo). De facto (De hecho). Se opone a 'de jure' (de derecho). Desiderátum (Lo más digno de ser apetecido). Ex cathedra (Desde la cátedra). En virtud de la autoridad que confiere un título. 'Hablar ex cathedra' (con tono doctoral). Ex nihilo nihil (de nada, nada). Nada ha sido creado de la nada. Hic et nunc (Aquí y ahora). 'Me pagará hic et nunc'. In abstracto (En lo abstracto). 'Muchos principios establecidos in abstracto no se comprueban en la realidad de los hechos'. In extremis (En el último momento). 'Hacer testamento in extremis'. In rerum natura (En la naturaleza de las cosas). 'Una hipótesis científica que no se comprueba in rerum natura, carece de valor'. In situ (En el mismo sitio). 'Se descubrieron diamantes in situ, en la misma roca donde se formaron'. Ipso facto (Por el mismo hecho). 'Quien hiere a un sacerdote queda excomulgado ipso facto'.

Motu proprio (Por propio impulso). 'Hacer una cosa motu proprio'. Mutatis mutandis (Cambiando lo que ha de cambiarse). Haciendo los cambios necesarios. "Revisar un proyecto de ley, mutatis mutandis'. Nota bene (Advierte bien). Suele abreviarse N.B. Obscurum per obscurius (Lo oscuro por lo más oscuro). 'Decir que el opio hace dormir porque tiene una virtud soporífera, es explicar obscurum per obscurius'. Prima facie (A primera vista). 'El asunto parece difícil prima facie'. Sic (Así). Expresión que se pone entre paréntesis en una cita para indicar que es texto original, que no hay error. Sine qua non (Sin lo que no). "El trabajo es la condición sine qua non de la felicidad'. Ut supra (Como encima). Fórmula usada en los escritos para remitir a lo que antecede. También se dice Vide Supra (véase más arriba). Las locuciones Ut Retro o Ut Infra significan lo mismo, pero para remitir a lo que sigue. Inconsistencia.- El trabajo presenta contradicciones internas, es decir, incoherencias lógicas donde se sostiene simultáneamente la verdad de un enunciado y su opuesto, como por ejemplo “la proyección es una defensa” y “la proyección no es una defensa”. No hay inconsistencia cuando se presentan explícitamente ambas alternativas como motivo de discusión, como posturas opuestas, como parte de un problema más complejo (como cuando se afirma “en un sentido la proyección es una defensa pero en otro no”), o como un problema semántico (“algunos definen proyección como una defensa, pero en otros contextos se adoptan otras definiciones”). Introducción.- No hay un párrafo introductorio donde se presente el objetivo del trabajo, o bien no hay un resumen del mismo que permita al lector obtener rápidamente información sobre la temática del mismo. En este sentido, una conclusión no reemplaza a un resumen. Otro error es prometer en la introducción cosas que luego no se cumplirán. Fundamentación.- No hay respaldo argumentativo racional y/o empírico a las afirmaciones principales del trabajo, o dicho respaldo es insuficiente o irrelevante. Por ejemplo, sostener afirmaciones demasiado generales sobre bases muy débiles, o sostener la verdad de un enunciado basándonos en una mera intuición o parecer subjetivo. Por lo demás, no todas las afirmaciones necesitan ser fundamentadas, como por ejemplo y típicamente los presupuestos, pero entonces estos deberán ser indicados explícitamente como tales. Desaprovechamiento.- El trabajo ofrece ideas interesantes u originales pero fueron desperdiciadas porque se las mencionó sin analizarlas más exhaustivamente. Y aún cuando no haya ideas muy originales, no fue aprovechada adecuadamente ni la bibliografía utilizada ni la existente. Falta de definiciones.- No se definen explícitamente los términos principales del trabajo, o no se definen aquellos términos inusuales que presumimos que el lector no conoce, o bien se utilizan palabras cuyo significado no se conoce con precisión. Un error relacionado con este ítem es suponer que el lector conoce el tema y entonces no se definen o explican ciertas ideas que contribuirían a clarificar la exposición.

Fallas en la organización del material.- Este ítem incluye situaciones como las siguientes: incongruencia entre un título y su correspondiente texto, mal ordenamiento de los títulos (por ejemplo “Conclusión” antes del “Desarrollo”), excesiva cantidad de títulos y subtítulos, inclusión de materiales diferentes bajo un mismo título, etc. Asimismo, cada párrafo ha de tener en sí mismo su propia organización, siendo lo recomendable en estos casos plantear lo más principal al comienzo del mismo y lo más secundario al final. Elementos importantes de organización del texto son el punto aparte, punto seguido, punto y coma, y coma. Algunas reglas para el empleo de signos de puntuación son las siguientes: Punto.- El punto y seguido y el punto y aparte se usan, respectivamente, según la mayor o menor relación entre lo escrito antes y lo escrito después del punto. Puntos suspensivos.- Se usan cuando la oración debe quedar incompleta, en suspenso. También, para indicar cuando se omite una parte de un texto. Punto y coma.- Se emplea para separar periodos relacionados entre sí, pero no enlazados por una conjunción. Por ejemplo, en la expresión 'eso se hará, como siempre; no obstante, las impresiones no salen bien'. También se usa punto y coma antes de 'pero', 'más', 'aunque', cuando preceden a frases explicativas ('Vino; pero, de todas formas, no se quedará') y cuando al poner sólo coma puede haber confusiones ('Eran muchos; unos inteligentes; otros, torpes'). Dos puntos.- Se colocan cuando sigue una cláusula que aclara la precedente, o cuando se enumera o cita algo (sigue mayúscula o minúscula indistintamente). Coma.- Se emplea para separar los términos de una enumeración no enlazados por conjunción ('Blanco, negro, rojo y azul'); delante y detrás de una oración intercalada en otra ('Desde que llegó, hace tres días, casi no habla'); delante y detrás de las oraciones explicativas de relativo ('El abuelo, que llegó cansado, se fue a dormir'); delante y detrás de los nombres en vocativo ('Tú, Señor, que todo lo puedes'). El vocativo es un caso de la declinación que sirve tan sólo para invocar, llamar o nombrar, con más o menos énfasis, a una persona o cosa personificada. Va entre pausas. Paréntesis.- Se usa para aclaraciones intercaladas que no poseen una manifiesta relación con el resto de la frase. Ejemplo: 'Era un sabio (distraído, como todos), y llegaba siempre tarde'. Guiones largos.- Se emplean en oraciones incidentales que tienen más relación con el resto de la frase que en el caso del paréntesis. Ejemplo: 'Sus hijos -un niño y una niñaparecían su vivo retrato'. Inadecuada elección del tema.- Téngase presente que para elegir un tema deben considerarse alguno o algunos de los siguientes criterios: posibilidad de fuentes de información sobre el tema, trascendencia o importancia del tema, experiencia del autor en el tema, y gusto o preferencia del autor por el mismo. No explicitación de objetivos.- En los trabajos han de indicarse los objetivos generales del mismo, como por ejemplo ampliar el conocimiento sobre un tema, examinar la eficacia de una técnica, confrontar y evaluar opiniones diferentes sobre un tema, etc. Explicitar el objetivo conlleva casi siempre especificar el problema que busca abordarse o resolverse en el trabajo.

Palabras de más.- Hay textos científicos o literarios en los que, a pesar de lo interesante de la temática, resultan aburridos y tediosos. Uno de los motivos: el autor utiliza más palabras de las necesarias, lo que somete al lector a un injustificado esfuerzo de lectura extra. Por ejemplo, salvo que esté plenamente justificado, no deben emplearse expresiones del tipo "el teléfono sonó repentinamente" o “corrió velozmente”. Las palabras inútiles a veces se amontonan al comienzo del texto, cuando el autor empieza a dar rodeos innecesarios para ingresar al tema que lo ocupa generando en el lector un innecesario displacer preliminar. Otras veces los vocablos se amontonan al final, lo que resulta típico de algunos artículos de los diarios donde, por razones de diagramación, se agregan párrafos que suelen no decir nada, o por lo menos no agregan información sustancial. Un texto cualquiera, sea literario o científico, no debiera tener palabras de más ni palabras de menos, sino exactamente las palabras necesarias. Un escritor argentino, Isidoro Blainstein, una vez comparó un buen cuento con un reloj, porque éste, como aquel, no tiene ninguna pieza de más ni ninguna de menos, lo que contribuye a su óptimo funcionamiento. Cuando el autor está inspirado, se preocupa más por volcar sus ideas que por andar pensando cómo debe escribir correctamente. Para ello, un buen consejo es escribir primero todo lo que a uno se le ocurra en el momento de inspirarse, y después, ya más tranquilo, proceder a la edición del texto donde se pulen estilos, se corrigen faltas ortográficas y sintácticas, o se suprimen los vocablos de más. Otros errores.- Falta de delimitación o de identificación del problema que se intenta resolver en el artículo, falta de análisis de diferentes posturas sobre el mismo tema, conclusiones muy genéricas, falta de adecuación de las conclusiones con el trabajo, afirmaciones dogmáticas o categóricas o ampulosas, exceso de tecnicismos que restan claridad, y, en general, ausencia o déficit de una elaboración personal de las ideas planteadas en el trabajo. Otros errores comunes en la formulación de investigaciones sociales son los siguientes: Formulación de un objetivo tan amplio que no es susceptible de ser investigado en el tiempo previsto. Planteo de objetivos específicos no incluidos en el general, o que pertenecen a otra investigación. Confusión entre objetivos específicos y ‘pasos’ a recorrer en el desarrollo de la investigación. Plantearse una investigación cuyos datos no son accesibles y/o manejables. Confusión entre producción de conocimientos sobre la realidad y elaboración de planes de acción (políticas) para operar sobre la realidad. Confusión entre afirmaciones fácticas y valorativas. Confusión entre hipótesis como conjetura a investigar e hipótesis como presupuesto analítico (premisa de la investigación). Divorcio entre el marco teórico y el diseño metodológico. Planteo de un objetivo de corte explicativo antes de haber alcanzado una descripción del fenómeno a investigar. Discrepancia entre objetivos diacrónicos y diseño sincrónicos.

2. LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICAS EN INTERNET Condensado de Cazau Pablo (2006) El procesamiento de la información digital. Buenos Aires: Redpsicología. Capítulo 3. En Internet no hay, en general, nadie que controle la calidad de las publicaciones científicas, control que queda entonces a cargo de un lector que debe convertirse en un verdadero decodificador del material que recibe. Además de la calidad, en el presente artículo también se aborda el tema de la accesibilidad al conocimiento científico que tiene, por lo menos, tres importantes restricciones: los sistemas de búsqueda, el idioma

y los precios. Finalmente, se aborda también el tema de la actualización del conocimiento científico en la red. 1. La calidad de las publicaciones.- La tecnología informática, fundamentalmente la aparición de Internet y los traductores automáticos de idioma, ha generado una transformación sólo comparable con la invención de la imprenta por Gutemberg en el siglo XV, en cuanto a masificación de la información se refiere. Tal como sucedió en los albores del Renacimiento, hoy también se ha multiplicado considerablemente la cantidad de personas con acceso a una información otrora virtualmente imposible de alcanzar, y ello incluso a pesar de los caóticos sistemas de búsqueda de datos que habitan la Red. Cuando hablamos de masificación de la información nos referimos no solamente a que se ha incrementado la cantidad de lectores, sino también la cantidad de autores, los que, gracias a Internet, pueden hoy dar a conocer sus escritos sin necesidad de pagarle a una editorial para que publique su libro ni de rogarle a un diario o una revista para que se digne tenerlos en cuenta para el próximo número. Esta situación ha engendrado problemas inéditos, como por ejemplo la cuestión acerca de quién controla la calidad de la información que circula en la Red, problema que adquiere dimensiones importantes cuando de información científica se trata. En este último ámbito, aquellos que escriben material científico pueden ser ubicados en cinco categorías: Investigadores, docentes, profesionales, alumnos, y periodistas. Estamos fundamentalmente refiriéndonos a cinco modalidades diferentes de escribir, puesto que un mismo tema puede ser presentado bajo la forma de un artículo en una revista especializada (investigadores), bajo la modalidad de una clase desgrabada (docentes), como un artículo en una revista de interés general o de divulgación científica (profesionales y periodistas), o como una monografía o una tesina (alumnos). Inclusive algunas de estas modalidades se transforman en las otras. Por ejemplo, un docente, a partir de sus lecturas y elaboraciones personales (y hasta a veces de las monografías de sus alumnos), da su clase, la cual puede ser luego desgrabada. Esta se transforma luego en una publicación interna de la cátedra; esta luego en un artículo o en una tesis y, finalmente, en un libro. Todo el proceso puede durar años y puede no estar realimentado (es decir, el libro no vuelve a modificarse como consecuencia de nuevas lecturas o elaboraciones personales). Estas diferentes modalidades de escribir pueblan Internet, donde no hay ningún Comité Revisor que controle la calidad de lo publicado. Fuera de Internet hay controles más estrictos: en las revistas científicas con referato el material es evaluado por una comisión de “notables” que dará o no su visto bueno de acuerdo a diversos criterios, entre los que se cuenta la autenticidad, el rigor, la originalidad, o la importancia práctica. A las revistas científicas que tienen acogida científica internacional y respaldo académico, se les otorga un numero de licencia denominado ISSN, (International Standard Serial Number, es decir, Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas), que es el código internacional de identificación de las publicaciones seriadas (revistas, periódicos, boletines, anuarios, series de monografías). Dentro de Internet, en cambio, el usuario es quien debe asumir esta responsabilidad convirtiéndose en su propio asesor de calidad. Existen, no obstante, ciertos recursos para facilitar este tipo de evaluación. Por ejemplo: a) si encontramos monografías o apuntes enviados por alumnos, debe mantenerse especialmente alerta en cuanto a su rigor u originalidad (a pesar de esto, es posible encontrar trabajos verdaderamente originales o rigurosos realizados por alumnos). b) si

encontramos sitios de universidades, instituciones o publicaciones científicas reconocidas (en oposición a páginas personales), es posible mantenerse razonablemente confiado respecto a la calidad de lo publicado (siempre en términos de rigor, claridad, originalidad, etc.). c) si encontramos material formalmente mal escrito (errores de ortografía o sintaxis, errores en la citas y en la organización formal del texto, como en títulos o subtítulos), es probable que también el contenido tenga una deficiente calidad. Estos son algunos de los indicadores que convendrá tener presentes a la hora de confiar o no confiar en la información que nos llega a través de la Red. 2. La accesibilidad del saber científico.- La posibilidad de acceder a publicaciones científicas vía Internet tiene actualmente y por lo menos tres restricciones importantes: los sistemas de búsqueda, el idioma y el precio. a) Sistemas de búsqueda.- Se pretende que el conocimiento científico sea público, lo cual significa que toda persona pueda acceder a los resultados de cualquier investigación u opinión, en cualquier momento y en cualquier lugar. Con esta premisa, cualquier investigador puede escribir sus resultados en un cuaderno y dejarlo en el medio del desierto. Nadie pondrá en duda que es un conocimiento público, por cuanto cualquier persona podría encontrarlo. Por lo tanto, sostenemos que el conocimiento científico llega ser verdaderamente público, no sólo cuando está potencialmente al alcance de cualquiera, sino además cuando todas las personas disponen de un sistema eficaz de búsqueda y de acceso a la información. Por ejemplo, si contamos con un sistema que nos informa exactamente en qué parte del desierto está el cuaderno (sistema de búsqueda), y además nos informa sobre los medios para llegar a él (sistema de acceso). Internet representa un progreso importante como sistema de acceso a la información, pero como sistema de búsqueda no ha demostrado ser mucho mejor que los sistemas clásicos: sigue siendo tan caótico como ellos. Sabemos que en Internet hay muchísimas cosas, pero no sabemos como encontrarlas, lo que significa que un sistema de acceso pierde todo su valor si no está respaldado por un buen sistema de búsqueda. ¿Qué se hizo en el mundo para resolver este problema, dentro o fuera de Internet? Uno de los intentos más loables fue la creación del sistema MARC (Machine Readable Cataloging), que tiene reconocimiento internacional. Este sistema no sólo simplifica y acelera el trabajo de catalogar libros y facilitar préstamos entre bibliotecas, sino, además, representa para el público en general la posibilidad de buscar, acceder y finalmente encontrar al material bibliográfico deseado con mayor facilidad. En nuestro país, Argentina, se prevé para 2001 la implementación del Proyecto BDU (Base de Datos Unificada) que intenta unificar la información en las 337 bibliotecas universitarias hoy en día existentes. El proyecto en sí consistió en reunir las bases de datos de algunas de esas bibliotecas, hasta hoy muy disímiles en cuanto a formatos y criterios de clasificación. Luego de determinar un número mínimo de campos para el registro de libros, se decidió convertir los registros al sistema MARC, lo cual permitirá a las bibliotecas argentinas salir del aislamiento e integrarse con el resto de las bibliotecas del mundo. Esta tarea de conversión fue realizada por Online Compute Library Center, un organismo internacional que reúne unos 47 millones de registros de diferentes bibliotecas del orbe. Otro esfuerzo digno de mención es el SciELO, un modelo para la publicación electrónica cooperativa de revistas científicas en Internet, creado especialmente en 1997 para favorecer la comunicación científica en los países en desarrollo, especialmente América Latina y Caribe. Hasta el año 2002 reunía 162 publicaciones y ya intervenían Brasil,

Chile, Cuba, Costa Rica, Venezuela y España. Este año se incorporará también Argentina, y en los próximos años se espera que la red SciELO sea una instancia para la publicación de gran parte de la producción científica y tecnológica de los países miembros y también de otros que puedan sentirse atraídos por la calidad y seriedad de los temas abordados por las revistas. La tarea de obtener un sistema universal de búsqueda y acceso a la información científica recién comienza, y es de esperar que sus responsables sepan utilizar los recursos de la potentísima herramienta llamada Internet, hoy en día insuficientemente aprovechada en tal sentido. b) Idioma.- Un gran porcentaje de las publicaciones científicas en Internet están escritas en inglés, y quien no conoce el idioma, tendrá dos opciones: o bien paga los servicios de un traductor de carne y hueso, o bien recurre a los traductores automáticos tipo Babylon y otros. El primero ofrece fidelidad pero suele ser un servicio caro, mientras que los segundos son en general gratuitos, pero ofrecen traducciones burdas. En cualquiera de los dos casos, y hasta tanto no se invente un lenguaje científico universal –cosa bastante improbable- el idioma seguirá siendo una restricción importante para acceder al saber científico. c) Precio.- En Internet existe un vasto campo de publicaciones de acceso gratuito, pero hay muchos otros sitios donde se debe pagar. El acceso vía Internet a varias revistas científicas de nivel exigen un pago por el servicio, y frente a esta situación han surgido algunas alternativas, como la propuesta de la Public Library of Science de reclamar a las principales revistas científicas que permitan el acceso libre –sin costo- a aquellos artículos con una antigüedad no menor a seis meses. A esta propuesta ya han adherido miles de científicos de todo el mundo. En el modelo actual, sólo es posible llegar a la información científica por medio de la suscripción a revistas (por lo general muy caras) o contactando a los autores (confiando en su buena disposición). También queda el recurso de solicitar los artículos a bibliotecas, pero por lo general esta opción es la más onerosa por lejos. Finalmente y por suerte, tengamos presente que, si bien el acceso a artículos completos puede ser pago, en muchos casos puede accederse gratuitamente a los correspondientes abstracts, suerte de resúmenes que suelen bastar para conocer su contenido y poder citarlos en algún trabajo que uno esté realizando. 3. La actualización del saber científico.- En un sentido, a diferencia de lo que ocurre con las religiones, en la ciencia se producen cambios de una manera más acelerada: las hipótesis y teorías se confirman, se refutan, se salvan de la refutación o se crean otras nuevas. Por este motivo el saber científico ha de estar actualizado, entre otras cosas para no plantear ideas o experimentos que ya fueron expuestos hace tiempo. ¿Cómo saber si determinado material está o no actualizado? En lo primero que uno piensa es en la fecha, pero hay que ser precavido: puede haber material redactado hace un mes pero que está desactualizado, y material redactado hace cien años que no ha perdido actualidad o vigencia. Juzgar el nivel de actualización de un escrito científico exigirá, por lo tanto, bastante conocimiento sobre el tema. En caso contrario, deberemos confiar con cierto margen de riesgo en la fecha de publicación. Respecto de estas cuestiones, Internet presenta una gran ventaja sobre las publicaciones clásicas donde el soporte es simplemente el papel: la actualización es mucho más veloz. Un libro común y silvestre tarda en el mejor de los casos un año en ser reeditado (es decir, actualizado, ampliado o corregido), mientras que un libro publicado en Internet puede ser incluso actualizado a diario por su autor.

UNA MONOGRAFÍA COMO EJEMPLO El siguiente ejemplo no es el mejor del mundo, pero reúne las condiciones de una monografía aceptable ya que, entre otras cuestiones, refiere a un tema puntual y tiene la suficiente extensión como para ser considerada tal.

ASPECTOS DIAGNÓSTICOS DEL SÍNDROME DE BURNOUT
Introducción 1. Presentación del tema 2. Objetivos 3. Justificación Desarrollo 1. Generalidades 2. Síndrome de Burnout y estrés 3. Síndrome de Burnout y trastorno adaptativo 4. Síndrome de Burnout y trastorno psicosomático Conclusiones Referencias bibliográficas INTRODUCCIÓN 1. Presentación del tema El tema que aborda este trabajo se inscribe dentro de la problemática de las condiciones laborales de aquellas personas que, como los médicos y otros profesionales de la salud, tienen oficios o profesiones altamente expuestas al llamado Síndrome de Burnout, lo cual no sólo afecta su estabilidad mental sino también la calidad de sus prestaciones asistenciales. El término Burnout hace referencia a un tipo de trastorno laboral e institucional generado en profesionales que mantienen una relación constante y directa con otras personas, máxime cuando ésta es catalogada de ayuda (médicos, enfermeros, profesores), y su origen se basa en cómo estos individuos interpretan y mantienen sus propios estadios profesionales ante situaciones de crisis. 2. Objetivos El presente trabajo explora el estado actual de la cuestión del diagnóstico del Síndrome de Burnout, intentando despejar el problema a partir de la diversidad de sus descripciones clínicas y de las pautas diagnósticas estandarizadas del DSM-IV para ciertas patologías relacionables con el Síndrome de Burnout, que no tiene tipificado dicho síndrome. El objetivo principal es contribuir a una clarificación diagnóstica del síndrome. 3. Justificación Estudios sociológicos efectuados en diferentes países europeos para discernir el grado de satisfacción de los médicos con su situación profesional, ofrecen unas cifras alarmantes de insatisfacción y de desilusión. Es cierto que el grado de insatisfacción es solamente moderado en algunos, pero alcanza niveles extremos en casi un 10-15 % de los médicos, para quienes se ha acuñado el término de Burnout Syndrome, o "médicos quemados", en quienes la insatisfacción se acompaña de angustia y desinterés para la práctica de la profesión (Bruguera, 1999).

Según el parecer del autor de este trabajo, la profesión asistencial padece colectivamente en este final de siglo una mezcla de frustración e irritación que le conduce a actitudes victimistas y a un estado de queja constante por las condiciones de trabajo, por la escasa retribución, por la incomprensión las instituciones sanitarias, y por la exigencia de los pacientes. Por todo ello se torna importante llevar a cabo un diagnóstico correcto de este síndrome, con lo cual quedarán sentadas las bases para la identificación de la patología y el consecuente abordaje terapéutico.

DESARROLLO 1. Generalidades El término Burnout (Atance Martínez, 1997) fue descrito originalmente en 1974 por Fredeunberger aunque es principalmente con los estudios de Maslach y Jackson (Maslach y Jackson, 1981) cuando realmente adquiere verdadera importancia el estudio de este síndrome. Maslach entiende por síndrome de Burnout (quemamiento) un síndrome de agotamiento emocional, de despersonalización y de reducción de la capacidad personal, que puede presentarse en sujetos que, por profesión, se "ocupan de la gente" (Maslach). Se trata de una reacción a la tensión emocional crónica creada por el contacto continuo con otros seres humanos, en particular cuando éstos tienen problemas o motivos de sufrimiento (Gómez Sancho y Bondjale Oko, 1996). Así, Maslach y Jackson han definido el Burnout como un síndrome de estrés crónico de aquellas profesiones de servicios que se caracterizan por una atención intensa y prolongada con personas que están en una situación de necesidad o de dependencia. Según estas autoras, el Síndrome de Burnout se caracteriza por un proceso marcado por el cansancio emocional, la despersonalización y el abandono de la realización personal (Báez G, 1997). El perfil de la persona más vulnerable al Burnout "está caracterizado por elementos tales como elevada autoexigencia, baja tolerancia al fracaso, necesidad de excelencia y perfección, necesidad de control, y un sentimiento de omnipotencia frente a la tarea. Esto hace que estas personas organicen una distorsión cognitiva según la cual "sólo ellas, y nadie mas que ellas, pueden hacer las cosas tan bien" (Báez, 1997). El Burnout resulta de una discrepancia entre los ideales individuales y la realidad de la vida ocupacional diaria e involucra básicamente tres dimensiones (Maslach y Jackson, 1981): 1. Agotamiento emocional: se refiere a la pérdida o desgaste de recursos emocionales. 2. Deshumanización o despersonalización: desarrollo de actitudes negativas, cínicas e insensibles hacia los receptores (pacientes, clientes). 3. Falta de realización personal: tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa. Este síndrome se manifiesta por una sintomatología multidimensional, en el ámbito cognitivo, somático y emocional. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son los síntomas emocionales, existiendo ansiedad y ánimo depresivo, expresados como desánimo y hastío. Pueden producirse en

ocasiones alteraciones de conducta (absentismo laboral, abuso de alcohol, consumo de otros tóxicos, etc.). También se han descrito síntomas psicosomáticos como cefaleas, insomnio y trastornos gastrointestinales. Todos ellos pueden concluir en incapacidades laborales. Existen otras formas de presentación, en forma de trastornos del comportamiento, que suelen "salpicar" al resto de los compañeros del trabajo y al entorno familiar. Son frecuentes las actitudes negativas, sarcásticas y poco colaboradoras, que dificultan y enturbian la dinámica de grupos normal en un trabajo en equipo (Capilla Pueyoa, 1994). Del mismo modo, esta actitud es sufrida por el paciente, que percibe la apatía del médico, cerrándose así un círculo muy difícil de romper. La revisión bibliográfica realizada incluye algunas descripciones del Síndrome de Burnout que no siempre coinciden respecto del tipo de sintomatología y de la importancia o relevancia de cada síntoma. Esta diversidad de descripciones atenta contra la posibilidad de establecer un diagnóstico estandarizado. La identificación diagnóstica del Síndrome de Burnout requiere también, además de listar la sintomatología, hacer un diagnóstico diferencial, es decir, diferenciar dicho síndrome de otras patologías con las cuales podría confundirse: el estrés, el trastorno adaptativo y el trastorno psicosomático. 2. Síndrome de Burnout y estrés Se puede considerar al Burnout un tipo de estrés ocupacional, pero, aunque tenga algunos efectos morbosos comunes con otras reacciones al estrés, el factor característico del Burnout es que el estrés surge de la interacción social entre el operador y el destinatario de la ayuda. Por eso se dice, que este síndrome es "el precio de ayudar a los demás". Así, cuando se dice que un funcionario u oficinista, por ejemplo, está "quemado", se trata de otra cosa distinta. El síndrome del Burnout o quemamiento, está perfectamente descrito y estudiado y siempre se refiere al que pueden sufrir los profesionales que tienen por misión ayudar a los demás (médicos, enfermeras, maestros, policías, asistentes sociales, funcionarios de prisiones, etc. El DSM-IV (1995) no tiene tipificado el Síndrome de Burnout como tal. En dicho manual es posible encontrar, a cambio, tres categorías que pueden plausiblemente relacionarse con situaciones estresantes en el trabajo, donde solamente las dos últimas constituyen trastornos y, como tales, están debidamente tipificadas. Estas tres categorías son las siguientes: 1) Reacciones no patológicas al estrés: Según el DSM-IV, son aquellas que no provocan un malestar superior al esperable y que no causan un deterioro significativo de la actividad social o laboral (DSM-IV, 1995:641). 2) Trastorno por estrés agudo: Indica el DSM-IV que algunos de los síntomas que aparecen después de un acontecimiento traumático de gran intensidad son comprensibles y razonables, de modo que no deben considerarse un trastorno por estrés agudo. Este diagnóstico sólo debe establecerse si los síntomas duran al menos dos días y provocan un malestar clínico significativo, interfieren acusadamente con la actividad del individuo o afectan de modo notable su capacidad para realizar tareas indispensables. El DSM-IV también distingue el trastorno por estrés agudo de aquellos trastornos mentales debidos a enfermedades médicas, a sustancias, y a trastornos psicóticos breves, entre otros (DSM-IV, 1995:442).

Desde ya, cuando están de por medio compensaciones económicas, selecciones laborales o determinaciones forenses, debe destacarse siempre la simulación (DSM-IV, 1995:443), es decir, debe primero comprobarse si el sujeto no se está haciendo el estresado para obtener algún beneficio. Esto mismo vale también para el trastorno por estrés postraumático. El DSM-IV establece los siguientes criterios para el diagnóstico de trastorno por estrés agudo: A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido (1) y (2): (1) la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás. (2) la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. B. Durante o después del acontecimiento traumático, el individuo presenta tres (o más) de los siguientes síntomas disociativos: (1) sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad emocional. (2) reducción de su entorno (p. ej., estar aturdido). (3) desrealización. (4) despersonalización. (5) amnesia disociativa (p. ej., incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma). C. El acontecimiento traumático es reexperimentando persistentemente en al menos una de estas formas: imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashback recurrentes o sensación de estar reviviendo la experiencia, y malestar al exponerse a objetos o situaciones que recuerdan el acontecimiento traumático. D. Evitación acusada de estímulos que recuerdan el trauma (p. ej., pensamientos, sentimientos, conversaciones, actividades, lugares, personas). E. Síntomas acusados de ansiedad o aumento de la activación (arousal) (p. ej., dificultades para dormir, irritabilidad, mala concentración, hipervigilancia, respuestas exageradas de sobresalto, inquietud motora). F. Estas alteraciones provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo, o interfieren de forma notable con su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables, por ejemplo, obtener la ayuda o los recursos humanos necesarios explicando el acontecimiento traumático a los miembro de su familia. G. Estas alteraciones duran un mínimo de 2 días y un máximo 4 semanas, y aparecen en el primer mes que sigue al acontecimiento traumático. H. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directo de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o a una enfermedad médica, no se explican mejor por la presencia de un trastorno psicótico breve y no constituyen una mera exacerbación de un trastorno preexistente de los Ejes I o II.

3) Trastorno por estrés postraumático: Por definición, sólo debe establecerse el diagnóstico de trastorno por estrés agudo si los síntomas aparecen durante el primer mes que sigue al acontecimiento traumático, reservando el término 'trastorno por estrés postraumático' para los síntomas que se prolongan más de 4 semanas (DSM-IV, 1995:442). En los individuos diagnosticados de trastorno por estrés agudo que al cabo del primer mes siguen presentando el cuadro sintomático, debe considerarse el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático (DSM-IV, 1995:443). El DSM-IV establece los siguientes criterios para el diagnóstico de trastorno por estrés postraumático: A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido (1) y (2): (1) la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más) acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás. (2) la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos. B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o más) de las siguientes formas: (1) recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: En los niños pequeños esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos característicos del trauma (2) sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota: En los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible (3) el individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al despertarse o al intoxicarse). (4) malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto el acontecimiento traumático (5) respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas: (1) esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático. (2) esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma. (3) incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma. (4) reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas. (5) sensación de desapego o enajenación frente a los demás.

(6) restricción de la vida afectiva (por ej., incapacidad para tener sentimientos de amor). (7) sensación de un futuro desolador (por ej., no espera obtener un empleo, casarse, formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal). D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas: (1) dificultades para conciliar o mantener el sueño. (2) irritabilidad o ataques de ira. (3) dificultades para concentrarse. (4) hipervigilancia. (5) respuestas exageradas de sobresalto. E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de un mes. F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo. Una de las razones por las cuales se han mencionado estas categorías del DSM-IV como de algún modo relacionadas con el Síndrome de Burnout, es la estrecha relación existente entre estrés y trabajo. El trabajo es el heredero en la vida adulta del juego en la niñez, y no tendría porqué constituir un factor estresante. Este comentario sugiere la siguiente reflexión: es sabido que la actividad laboral puede ser en sí una fuente de estrés, unas veces por su misma naturaleza que obliga al organismo a adaptaciones continuas (por ejemplo los buzos), y otras veces porque no resulta para el sujeto una actividad gratificante: el juego se elige espontáneamente, pero el trabajo es muchas veces asumido como una obligación, aunque 'no nos guste', para poder sobrevivir. He aquí algunas actividades que, por su naturaleza, suelen constituir fuentes de estrés y que son habitualmente mencionadas en la bibliografía consultada como asociada al estrés: policías, controladores de tráfico, ejecutivos, mineros, buzos, escaladores, paracaidistas, astronautas. Es relativamente infrecuente la mención de actividades asistenciales en relación con el estrés. A partir de las consideraciones precedentes, cabe la pregunta: ¿es lo mismo estrés que Síndrome de Burnout? Indudablemente, por lo visto, el concepto de estrés es más amplio, pues muchas situaciones estresantes no están vinculadas con una actividad laboral, asistencial o no. Tomando como referencia las categorías indicadas del DSM-IV habría que concluir que el Síndrome de Burnout es una modalidad específica de estrés, que puede asumir la forma de un trastorno por estrés postraumático o de un trastorno por estrés agudo, por cuanto como fue dicho estos cuadros requieren la presencia de un estresante psicosocial, que en el caso del Síndrome de Burnout es la situación de atender a pacientes con problemas. Si el sujeto afronta la situación de una forma acertada los efectos, en este caso de la carga emocional, no tendrán mayor trascendencia. Pero, "si sus estrategias no son efectivas, y la situación de estrés se prolonga en el tiempo, es entonces cuando aparecen los efectos y consecuencias de carácter más permanente y negativo para el propio sujeto y para su organización" (Durán Durán y Montalban, 2000).

Cabe rescatar, finalmente, la necesidad de establecer la relación entre estrés y síndrome de Burnout a un nivel teórico. Uno de los puntos más interesantes al respecto encontrado en la bibliografía es la vinculación entre el estrés y una de las manifestaciones mencionadas como típicas del Síndrome de Burnout: la desesperanza, el hastío y la sensación de desvalimiento. González de Rivera (1984) plantea para la depresión un esquema de círculo vicioso configurado por el siguiente circuito: Estrés > déficit de neurotransmisión > depresión > desesperanza, hastío y desvalimiento > desinterés por el medio > pérdida > nuevamente estrés. Este circuito permite apreciar cómo una situación de estrés y una situación de desesperanza y hastío se realimentan continuamente, proceso que hipotéticamente podría ser característico del Síndrome de Burnout: el estresante psicosocial propuesto para este síndrome actuaría, a través del mencionado circuito, para generar uno de los síntomas típicos del mismo: la desesperanza y el hastío. 3. Síndrome de Burnout y trastorno adaptativo Para el DSM-IV (1995), el trastorno adaptativo, el trastorno por estrés postraumático y el trastorno por estrés agudo requieren la presencia de un estresante psicosocial. El trastorno por estrés postraumático y el trastorno por estrés agudo se caracterizan por la presencia de un estresante extremo y una constelación de síntomas específicos. En cambio, el trastorno adaptativo puede ser desencadenado por un estresante de intensidad variable y expresarse a través de una amplia gama de síntomas posibles (DSM-IV, 1995:641). En efecto, en el trastorno por estrés postraumático el factor estresante debe revestir suma gravedad (por ejemplo un peligro para la vida). En cambio, en el trastorno adaptativo el factor estresante puede tener cualquier intensidad. El diagnóstico de trastorno adaptativo es apropiado tanto cuando las respuestas a un desencadenante extremo no reúnen los requisitos diagnósticos del trastorno por estrés postraumático (o cualquier otro trastorno mental específico) como cuando el cuadro sintomático típico de trastorno por estrés postraumático aparece en respuesta a desencadenantes no excesivamente importantes (por ejemplo, abandono del cónyuge, pérdida del puesto de trabajo) (DSM-IV, 1995:438). El DSM-IV establece los siguientes criterios para el diagnóstico de trastornos adaptativos: A. La aparición de síntomas emocionales o comportamentales en respuesta a un estresante identificable tiene lugar dentro de los 3 meses siguientes a la presencia del estresante. B. Estos síntomas o comportamientos se expresan, clínicamente del siguiente modo: (1) malestar mayor de lo esperable en respuesta al estresante. (2) deterioro significativo de la actividad social o laboral (o académica). C. La alteración relacionada con el estrés no cumple los criterios para otro trastorno específico del Eje I y no constituye una simple exacerbación de un trastorno preexistente del Eje I o el Eje II. D. Los síntomas no responden a una reacción de duelo. E. Una vez ha cesado el estresante (o sus consecuencias), los síntomas no persisten más de seis meses.

De estas consideraciones podría inferirse que el Síndrome de Burnout no es un trastorno adaptativo en la medida que se considere que su desencadenante es muy importante y porque no es un acontecimiento puntual, como perder el empleo, sino una situación que se mantiene a lo largo del tiempo en el ejercicio de la profesión. 4. Síndrome de Burnout y trastorno psicosomático En el trastorno psicosomático, al igual que en el síndrome de Burnout, un estado de tensión psíquica desencadena trastornos corporales. Sin embargo, es preciso diferenciar ambas categorías diagnósticas. La idea de que un acontecimiento psíquico puede tener incidencia en el cuerpo es hoy de aceptación generalizada. Las implicaciones corporales de un conflicto psíquico asumen diferentes formas, que se extienden desde los trastornos psicosomáticos hasta la simulación, pasando por los trastornos de la conducta alimentaria, los somatomorfos y los facticios (DSM-IV, 1995). Aunque hay diversas acepciones sobre el término trastorno psicosomático, algunas concepciones tienen algo en común, y entre ellas, “la más destacada es la idea de que cuando un elemento traumático produce un grado de desorganización que sobrepasa la capacidad efectora del aparato psíquico para dominarla y/o resolverla, es en el nivel somático donde se produce la respuesta” (Salvarezza, 1998:244). No hay, sin embargo, acuerdo respecto a lo debe entenderse por trastorno psicosomático. Una tal definición debiera incluir la ‘doble naturaleza’ del trastorno (psico y somático) y de diferenciarlo de otros trastornos tipificados por el DSM-IV como el trastorno por estrés, el trastorno somatomorfo o el trastorno facticio. El trastorno psicosomático no está tipificado en el DSM-IV, presumiblemente por tener más las características de una enfermedad médica que las de un trastorno mental. De hecho, el DSM-IV sí categorizará aquellos trastornos que, aunque producidos por estrés, presentan manifestaciones netamente psíquicas, como el caso del trastorno por estrés postraumático y del trastorno por estrés agudo. En efecto, en los trastornos por estrés (postraumático o agudo) la sintomatología es esencialmente psíquica (flashbacks, recuerdos displacenteros, evitación de pensamientos, etc), mientras que en el trastorno psicosomático es esencialmente orgánica (asma, úlcera gastroduodenal, etc). A partir de aquí podría diferenciarse el trastorno psicosomático del síndrome de Burnout, ya que este es predominantemente psíquico en sus manifestaciones, y sólo en forma colateral se han descrito síntomas somáticos como cefaleas, insomnio y trastornos gastrointestinales, todos síntomas somáticos que no llegan a configurar una enfermedad psicosomática con curso y pronóstico propio y único, como sucede con el asma o la úlcera. En todo caso, harían falta estudios epidemiológicos, que no se han encontrado en la bibliografía consultada, para establecer la incidencia de la comorbilidad del Burnout con el trastorno psicosomático. A partir de estos estudios podría seguirse analizando con mayor fundamento la relación entre ambos trastornos. CONCLUSIONES El análisis realizado permite concluir que un diagnóstico adecuado requiere disponer de una tipificación del Síndrome de Burnout como trastorno, tarea ésta que a su vez requiere diferenciarlo de otras categorías ya tipificadas como trastornmo por estrés agudo, trastorno por estrés postraumático y trastorno psicosomático, con las cuales comparte algunas manifestaciones clínicas.

En cambio, el Síndrome de Burnout aparece claramente diferenciado de las reacciones no patológicas al estrés y del trastorno adaptativo. En cualquier caso, el Síndrome de Burnout aparece siempre asociado a una profesión de riesgo (especialmente vinculada con el área de la salud), lo que no es exclusivo o característico de cualquier otro trastorno tipificado en el DSM-IV. Una vez en posesión de suficiente conocimiento acerca de las manifestaciones clínicas y de las causas o factores determinantes del Síndrome de Burnout, podría entonces encararse una tarea de prevención primaria, entendida está última como "la disminución de la proporción de casos nuevos de trastornos mentales en una población durante un periodo dado, contrarrestando las circunstancias perniciosas antes de que tengan ocasiones de producir la enfermedad" (Kaplan, 1985:43). En relación con el Síndrome de Burnout, la prevención primaria debiera actuar en principio sobre la educación infantil del futuro profesional, y sobre la difusión de síntomas de alerta. En el primer caso, una psicoterapia personal previa al ejercicio profesional permitiría resignificar aquellas experiencias tempranas de manera de reducir su valor patógeno, y en el segundo caso, un proceso de concientización acerca de los factores estresantes que pueden actualmente aumentar la probabilidad de padecer el síndrome: factores psicosociales, económicos, y, desde ya, el tipo de paciente que se atiende en función de su gravedad. REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS American Psychiatric Association (1995) DSM-IV Manual Diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Barcelona: Masson. Atance Martínez Juan Carlos (1997) Aspectos epidemiológicos del síndrome de Burnout en personal sanitario - "http://www.msc.es /salud/epidemiologia/resp /199703/burnout.htm" Dirección Provincial de Insalud de Guadalajara. Báez Gloria, (1997) El síndrome de Burnout en mujeres que trabajan en el campo de la violencia familiar - "http://www.cosmovisiones.com /habitacionpropia/cont/s_sindrome.html Bruguera Miguel (1998) La insatisfacción de los médicos - "http://www.geocities.com /esalac/medicosburnout.html" Barcelona. Capilla Pueyoa R (1994) El síndrome de Burnout o de desgaste profesional "http://db.doyma.es /cgi-bin/wdbcgi.exe/doyma/ mrevista_jano.fulltext? pident=9224" Médico Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Madrid. Durán Durán, Mª Auxiliadora y Montalban Peregrín Manuel (2000) Estrés laboral en el ámbito policial - "http://www.ayto-malaga.es /espam/Publicaciones/boletin /boletin02/Articulo_02.html" - Departamento de Psicología Social de la Universidad de Málaga. Gómez Sancho Marcos y Bondjale Oko Teodoro (1996) Síndrome de Burnout o quemamiento de los profesionales. Prevención y tratamiento. La gestión del estrés. El cuidado de los cuidadores. - "http://usuarios.tripod.es /prision/articulos/quemamiento.htm"). González de Rivera J (1984) El fenómeno del círculo vicioso en la depresión. Revista Psiquis, Madrid, 5, 104-107.

Kaplan G, (1985) Principios de psiquiatría preventiva. Buenos Aires: Paidós. Maslach C y Jackson S (1981) Measurement of Experienced Burnout. Journal of Occupational Behavior, Vol. 2, pp. 99-113. Salvarezza Leopoldo (comp) (1998) La vejez: una mirada gerontológica actual. Buenos Aires: Paidós.

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