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PAUTAS PARA LA REALIZACIÓN DE UNA MONOGRAFÍA

Pablo Cazau

El presente material ha sido seleccionado para orientar a aquellos alumnos que deban
presentar una monografía como parte de sus obligaciones académicas.

El alumno deberá tener en cuenta lo siguiente:

1) El artículo titulado “Cómo hacer una monografía” es de lectura imprescindible. Entre


otras cosas especifica las normas que deben cumplirse para presentarla.

2) El material de la “Bibliografía ampliatoria” es de lectura recomendable.

3) Cualquier duda que no pueda aclararse con este material, deberá ser evacuada con el
tutor.

SUMARIO

COMO HACER UNA MONOGRAFÍA


1. Introducción
2. Manos a la obra: como hacer la monografía

BIBLIOGRAFÍA AMPLIATORIA
1. Algunos errores posibles al confeccionar trabajos científicos
2. Las publicaciones científicas en Internet

UNA MONOGRAFÍA COMO EJEMPLO


Aspectos diagnósticos del Síndrome de Burnout

Buenos Aires, Diciembre 2006.


COMO HACER UNA MONOGRAFÍA

1. INTRODUCCIÓN

El presente material pretende ser una guía orientativa que ofrece al alumno pautas para
la realización de una monografía en el transcurso de su carrera.

No es un escrito ‘mágico’: se aprende a hacer una monografía haciéndola, no leyendo


como se hace, pero es una buena manera de comenzar.

Definición de monografía

En el contexto de la educación formal, una monografía es un trabajo escrito original


referido a un tema puntual que permite evaluar el aprendizaje del alumno y acreditar sus
estudios. Generalmente debe ser presentada hacia el final de un ciclo de estudios, como
por ejemplo hacia el final de la cursación de una asignatura o hacia el final de la carrera.

Las monografías incluyen información obtenida de diferentes fuentes, pero también un


análisis crítico y objetivo de la misma, y una conclusión.

Una monografía es un trabajo personal: dos alumnos pueden tratar el mismo tema
puntual pero serán dos monografías diferentes porque estarán encarados de manera
distinta. Es también un trabajo original porque aporta nueva información o una nueva
mirada a la comunidad científica, por modesta que pueda resultar.

Cuando se trata de diferenciar una monografía de una tesis, una tesina, un artículo
científico o un artículo de divulgación científica, no hay un acuerdo universal. Sin
embargo, existe cierto consenso en los siguientes puntos:

a) Las monografías, tesinas y tesis son elaboradas por alumnos de carreras de grado o
posgrado. Suele llamarse monografía al trabajo de menor envergadura presentado en
cualquier momento de la carrera y dentro de una asignatura determinada; suele llamarse
tesina al trabajo final de una carrera, especialmente de grado; y suele llamarse tesis al
trabajo de mayor envergadura que se presenta al final de ciertos posgrados de mayor
categoría académica, típicamente el doctorado.

2) Los artículos científicos y los artículos de divulgación científica son realizados por
profesionales. Las diferencias radican en dos puntos: primero, los artículos científicos se
publican en revistas especializadas destinados a otros profesionales; además, son
realizados por profesionales del área respectiva (por ejemplo un artículo científico sobre
maloclusiones será hecho por un odontólogo). Y segundo, los artículos de divulgación
científica son publicados en revistas de interés general (por ejemplo la revista “Muy
interesante”) y por tanto utilizan un lenguaje más asequible al gran público; además,
suelen ser hechos por periodistas científicos que no necesariamente son profesionales del
área respectiva.

Para realizar un artículo de divulgación científica, el periodista puede a su vez consultar


artículos científicos o realizar entrevistas a científicos si considera que el tema es lo
suficientemente interesante como para captar el interés del lector.

Tipos de monografía

Pueden diferenciarse dos grandes tipos de monografía:

a) Bibliográfica: supone buscar, ordenar y analizar la bibliografía existente sobre un tema


determinado, para luego volcar los resultados por escrito. La revisión bibliográfica debe
ser lo más exhaustiva posible de manera tal que refleje los diversos puntos de vista
sobre el tema.

b) Empírica: supone buscar, ordenar y analizar información obtenida directamente de la


realidad sobre un tema determinado, para luego volcar los resultados por escrito. La
investigación empírica debe ser lo más objetiva posible sin tergiversar los hechos. Un
ejemplo entre muchos podría ser la presentación de un caso clínico.

La diferencia fundamental entre ambos tipos de monografía es que en el primer caso la


información se obtiene principalmente a partir de datos secundarios, y en el segundo
caso, principalmente a partir de datos primarios.

Datos primarios son aquellos obtenidos directamente de la realidad, como por ejemplo la
información sobre un caso clínico que haya atendido el autor de la monografía, o también
lo que piensa personalmente sobre ese caso.

Datos secundarios son aquellos obtenidos de otros autores. Por ejemplo, “lo que dice la
bibliografía”. La bibliografía consultada puede estar a su vez basada en datos primarios, o
también en datos secundarios (como el caso de la bibliografía basada a su vez en otras
fuentes bibliográficas).

La función del tutor

En ocasiones, el alumno recibe la ayuda de un profesional para realizar la monografía,


llamado tutor, que podrá elegir él mismo entre los docentes de la carrera, o entre otros
profesionales conocedores del tema de la monografía y conocedores de cómo se realiza
una monografía.

Las funciones del tutor son las que acompañar a su alumno a lo largo de todo el proceso
de investigación, desde la realización del proyecto hasta la redacción final, en actividades
tales como las de sugerir, ayudar, recomendar, asesorar o guiar al alumno en su tarea. El
alumno podrá pedir al tutor que revise el trabajo en cualquier momento. Generalmente
cuando el tutor considera que el trabajo está en condiciones de ser presentado, escribe
una nota a las autoridades académicas informando de esta situación.

Lamentablemente en la práctica hay varios tipos de tutores: los que, aún siendo
excelentes profesionales no saben bien como se hace una monografía, los que son
demasiado exigentes y corrigen interminablemente (y a veces arbitrariamente) el trabajo
del alumno, imponiéndole eventualmente un tema sin más explicaciones, y aquellos que
se despreocupan casi totalmente instruyendo al alumno que cuando termine de hacer la
monografía, venga a verlo y él le firmará la nota para poder presentarla ante las
autoridades académicas.

La evaluación de la monografía

La evaluación de la monografía la lleva a cabo el mismo alumno, su tutor, y las


autoridades académicas encargadas de la aprobación final o acreditación.

Algunos criterios de evaluación frecuentes que utilizan las autoridades académicas son
los siguientes:
1) Aspectos formales: Presentación general, claridad expositiva, cuidado de la sintaxis y
la ortografía, citas y referencias bibliográficas correctas, paginación, fecha, títulos y
subtítulos claros, presencia de índice, etc.

2) Aspectos de contenido: Nivel de fundamentación o argumentación, es decir, el grado


en que el alumno apoya teórica o empíricamente cada afirmación que realiza,
definiciones de conceptos principales, adecuación de los títulos al texto, calidad de la
elaboración personal, relevancia de la información, calidad de las conclusiones, cantidad
y calidad de las fuentes bibliográficas utilizadas, etc.

2. MANOS A LA OBRA: COMO HACER LA MONOGRAFÍA

Tomaremos como ejemplo el caso de una monografía de revisión bibliográfica, que es el


típico. Para realizar una monografía de este tipo deben seguirse una serie de pasos
ordenados, que a grandes rasgos son los siguientes:

1) Preparar una hoja en blanco.- Hacer una monografía supone pensar, pero este
pensamiento debe escribirse. Cualquier idea que el alumno tenga la irá volcando en una
hoja de papel en blanco. No es preciso que cuide la redacción ni la organización, siendo
suficiente con anotar ideas sueltas, como por ejemplo el tema, un índice tentativo, el
nombre de la biblioteca donde se piensan hacer consultas, etc. Un error frecuente es, en
esta primera etapa, gastar energías en redactar impecablemente párrafos enteros del
trabajo.

En un comienzo, entonces, las piezas del rompecabezas estarán sueltas, y hasta faltarán
algunas de ellas. A medida que el pensamiento se organice, irán tachándose ideas, se
irán clasificando y organizando cada vez mejor. Si es preciso, se tirará la hoja en blanco y
se escribirá otra, siendo conveniente guardar las hojas dentro de una carpeta destinada
solamente a la monografía.

Naturalmente, en vez de una hoja escrita puede utilizarse un procesador de textos, tipo
Word, que presenta grandes ventajas.

2) Elegir el tema.- El tema puede ser asignado por el profesor, pero también puede
elegirlo el alumno. Sea cual fuese el tema elegido, deberá cumplir dos condiciones:

a) Ser atingente a los estudios que se están cursando. Por ejemplo, un alumno de
ortodoncia no puede desarrollar un tema de ortopedia. Las carreras o cursos
generalmente explicitan sus objetivos, lo cual puede servir al alumno para orientarse
respecto al tema a elegir. Por ejemplo, los objetivos de cierta carrera de especialización
en Ortodoncia son los siguientes: “Diagnóstico, prevención, intercepción y tratamiento de
todas las formas de maloclusión. Aprendizaje de distintas técnicas ortodóncicas. Manejo
de aparatología fija y removible”.

b) Ser puntual. La Ortodoncia a secas es un tema demasiado amplio. Ejemplos de temas


más específicos pueden ser:

“La mordida abierta y su relación con los hábitos bucales”.


“Tratamiento de las maloclusiones de clase III”.
“El hábito de la succión digital”.
“Etiología de las maloclusiones”.
“Tratamiento ortodóncico en pacientes con enfermedades sistémicas”.
“Respuesta del hueso perimplantario a la carga ortodóncica”.
“Intrusión incisiva en la corrección de la mordida profunda”.
“Diferencias entre la percepción estética del paciente y del ortodoncista”.
“Correlación de medidas cefalométricas entre pacientes y sus progenitores”.
“Eficacia de la aparatología oral en pacientes con apnea obstructiva del sueño”.
“Valoración de la distracción osteogénica en la sínfisis mandibular”.
“Aumento del ancho del arco dentario superior en dentición mixta y permanente
temprana”.

El tema no sólo deberá ser pensado sino también escrito en una hoja de papel. La
expresión escrita del tema es el título de la monografía. En un comienzo el título, y
consiguientemente el tema, no son necesariamente los definitivos, pudiendo ser
cambiados total o parcialmente.

Si no se encuentra tema, puede buscarse inspiración leyendo material bibliográfico


(búsqueda explotaria) o consultando a personas expertas.

Para elegir un tema debe haber suficiente información bibliográfica, y además esta debe
ser asequible. Esto último significa que esté al alcance físico del autor, que éste pueda
comprenderla, que esté escrita en un idioma que conoce, que disponga de tiempo
suficiente para consultarla, etc.

El tema, además, preferiblemente responder a los intereses del autor, es decir “debe ser
interesante”. También debe ser útil en algún sentido a quienes leerán el trabajo, sea que
se trate de la comunidad científica, sea que se trate de público en general.

El siguiente cuadro permite verificar rápidamente si se han cumplido todos los requisitos
para elegir definitivamente el tema:

¨ El tema es atingente. ¨ El tema queda claramente expuesto en


un título.
¨ El tema es puntual o específico. ¨ El tema presenta algún interés para el
autor.
¨ Hay suficiente bibliografía, y es ¨ El tema es útil para los demás.
asequible.

3) Buscar información.- En el paso anterior ya pudo haber comenzado el proceso de


búsqueda bibliográfica, pero entonces servía solamente para elegir un tema. Una vez
seleccionado éste, ahora comienza una ‘segunda’ búsqueda que permitirá recoger toda la
información necesaria para realizar la monografía, y que puede incluir no sólo bibliografía
sino también testimonios de personas, fotografías, etc.

Quizá el autor encuentre bibliografía sobre el tema que no piensa utilizar, pero
igualmente la tendrá en cuenta para ofrecerla al lector interesado en profundizar el tema
tratado.

Una correcta búsqueda bibliográfica tiene en cuenta los siguientes aspectos:

a) Las fuentes bibliográficas deben ser confiables, en el sentido de incluir información


veraz y rigurosa. En general, estos criterios los cumplen los diccionarios, los libros de
texto y los artículos publicado en revistas científicas.

b) Las fuentes bibliográficas deben ser preferiblemente ‘de primera mano’. Por ejemplo,
si debe citarse una idea de Pérez, es mejor ir al libro escrito por Pérez y no extraer su
idea en un artículo de otro autor. Esta es la razón por la cual no convendrá considerar
como fuente bibliográfica artículos publicados en diarios o revistas de interés general.
c) Cuando se extrae alguna idea o párrafo de un libro o artículo, no es necesario leer todo
el artículo o todo el libro, pero sí tener una idea global de los mismos. Esta idea global
suele figurar bajo el rótulo “resumen” o “abstract”.

d) Debe descartarse la información irrelevante, o sea la que no tiene relación directa con
el tema.

e) Debe descartarse la información redundante, como por ejemplo una definición igual o
similar encontrada en otra fuente, salvo que se desee enfatizar que muchos autores
coinciden en esa definición o esa idea.

f) Cuando sea posible, conviene seleccionar algún libro o artículo de lectura


imprescindible porque trata el tema de una manera completa y ordenada. Por ejemplo, el
artículo de un diccionario enciclopédico. Su lectura permite tener una visión global del
tema de la monografía y eventualmente permite obtener otras fuentes, citadas en las
referencias bibliográficas.

Una búsqueda bibliográfica es correcta, en suma, si cumple estos requisitos:

¨ Es información relevante. ¨ Es completa: consideró todos los aspectos del


tema.
¨ No es información ¨ Las fuentes son confiables.
redundante.

4) Transcribir la información encontrada.- Cuando la bibliografía buscada es


finalmente localizada o encontrada, ahora deberá ser transcripta a otro lugar,
preferiblemente a un procesador de textos, como por ejemplo el Word. La trascripción es
el proceso por el cual se transforma la información encontrada en citas bibliográficas.

Hay diversas formas de transcribir la información: utilizar el comando ‘copiar y pegar’, si


la información original está en Internet, o tipeando a mano si está en una publicación
impresa. Nada hay de malo en copiar y pegar siempre y cuando no se cometa plagio al
no citar la fuente de consulta. Hoy en día, los motores de búsqueda de Internet permiten
a las autoridades académicas detectar si se cometió o no plagio.

Si se hace una trascripción textual, el material copiado debe ser puesto entre comillas,
pero también puede hacerse una trascripción no textual, que va sin comillas. Esta última
se realiza, por ejemplo, cuando puede decirse lo mismo con otras palabras más claras, o
cuando quiere resumirse la información, pero en cualquier caso el mismo autor de la
monografía es quien deberá hacer la redacción.

En una época pasada la información se transcribía a un soporte de cartulinas


rectangulares llamadas ‘fichas’. Hoy en día la tecnología ofrece una herramienta mucho
más útil: un procesador de textos. Consiguientemente, todas las citas bibliográficas se
irán volcando a un archivo Word u otro a medida que se vayan encontrando.

Convendrá separar las citas bibliográficas claramente unas de otras mediante espacios en
blanco. Cada cita tiene tres partes: en primer lugar la trascripción, textual o no, del
material; en segundo lugar, a continuación en punto seguido y entre paréntesis, el
apellido del autor consultado, el año de edición de la fuente, y optativamente la página; y
en tercer lugar, la referencia bibliográfica donde figurarán los datos completos de la
fuente consultada.

Un ejemplo de cita bibliográfica puede ser el siguiente:


“Las causas [de la deglución atípica] pueden agruparse en tres encabezamientos (1): (a)
trastornos de la erupción dentaría y crecimiento alveolar […]; (b) interferencia mecánica
con la erupción y crecimiento alveolar, por ejemplo, un hábito de succión digital; y (c)
displacía esquelética vertical [sic]. Esta última, aunque se ve con menos frecuencia, es
un problema muy diferente y mucho más fácil de tratar” (Gregoret, 1997:118).

Gregoret Jorge (1997) Ortodoncia Y Cirugía Ortognática. Barcelona: Editorial Espaxs. 3º


Edición.

En este caso se trata de una cita textual, porque está entre comillas. A veces, también
entre comillas, se escribe la cita en bastardilla (llamada también cursiva).

Se han incluido, a modo de ejemplo, los diversos casos donde deben utilizarse los
corchetes []. Estos casos son principalmente tres:

- Cuando se quiere agregar un comentario breve o una aclaración. Ejemplo: [de la


deglución atípica].

- Cuando hay párrafos intermedios no transcritos. Ejemplo: […].

- Cuando existe la sospecha de un error en el texto original. En estos casos se incluye la


expresión [sic], que significa “así, de esta manera”, dando a entender que no se trata de
un error de trascripción del autor de la monografía.

Si el autor de la monografía decide incluir una nota al pie, en el ejemplo de cita


bibliográfica también se ha incluido la forma de hacerlo, que aparece como la expresión
(1) luego de la palabra ‘encabezamientos’. Dicha expresión (1) se repite al pie de la
página y se agrega información adicional para no recargar el texto con explicaciones
secundarias. Esta información no debe ser muy extensa, y puede consistir en una
aclaración más detallada de un concepto, en una aclaración acerca de en qué otro lugar
de la monografía se puede encontrar información similar o relacionada, etc.

El paso final de la trascripción de la bibliografía consiste en lo siguiente:

a) Al final de todas las citas crear el título “Referencias bibliográficas”.

b) Utilizar la secuencia “cortar y pegar” del procesador de textos para cortar las
referencias bibliográficas de cada cita y agruparlas bajo este nuevo título. Con ello se
obtendrá un listado de toda la bibliografía consultada.

c) Tras haber seleccionado todo el listado, utilizar el comando “ordenar” (en el menú
“Tabla” del Word) para ordenarlo alfabéticamente. Un resultado posible de estas
operaciones puede ser el siguiente:

De Nova García M y col, Succión digital: factor etiológico de maloclusión. Revista


Odontología Pediátrica, 1993; 2(1):85-90.

Díaz Fernández José Manuel (2004) Velázquez Blez Rodolfo y Pérez Noel, Mordida
Abierta, dicción y rendimiento Escolar. Disponible en www.ortodoncia.ws. Consultado el
22/10/2006.

Fernández Parra A, Gil Roales-Nieto J (1994) Odontología conductual. Barcelona:


Martinez Roca.

Gregoret Jorge (1997) Ortodoncia Y Cirugía Ortognática. Barcelona: Editorial Espaxs. 3º


Edición.
Segovia M (1988) Interrelaciones entre la odontoestomatología y la fonoaudiología. La
deglución atípica. Buenos Aires: Ed Médica Panamericana.

Este ejemplo ilustra la forma en que debe hacerse la referencia bibliográfica según se
trate de un libro (por ejemplo el de Gregoret), de un artículo dentro de una revista
científica (por ejemplo el de De Nova), o de un material consultado en Internet (por
ejemplo el caso de Díaz Fernández).

En el caso de una revista científica, al final se consigna el nombre de la revista, el tomo o


el número de año (2 en el ejemplo) y el número de la revista dentro del tomo o año (1
en el ejemplo), seguido de las páginas donde comienza y termina el artículo.

Cuando sea posible, siempre debe ponerse el apellido y nombre completo del autor, sin
iniciales.

Debe indicarse el número de edición si se trata de la 2º edición en adelante. Este año no


debe confundirse con la fecha de impresión, ya que un libro pudo haber tenido sucesivas
reimpresiones de una misma edición.

Aunque no hay una norma universal para redactar las referencias bibliográficas, los
ejemplos aquí indicados responden a ciertos estándares internacionales de empleo
común en los trabajos científicos.

5) Clasificar la información transcripta.- Hasta ahora se cuenta con una cierta


cantidad de citas bibliográficas ordenadas un poco arbitrariamente, según ‘se fueron
encontrando”.

Llega ahora el momento de clasificar o encasillar todas las citas en categorías, que
básicamente son las siguientes:

• INTRODUCCIÓN
• DESARROLLO
• CONCLUSIONES
• REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
• ANEXOS

Se trata de la estructura clásica de una monografía. Cada categoría tiene un título (por
ejemplo “Introducción”). Por tal razón deberá comenzarse tipeando estos títulos, y luego
colocar bajo cada uno de ellos las citas que el autor piensa incluir. El título “Referencias
bibliográficas” es el único que ya había sido incluido en pasos anteriores.

Dentro de la “Introducción” se incluyen citas referentes a cuestiones como la


presentación del tema, los objetivos de la monografía, la justificación de la elección del
tema (importancia, utilidad, etc), definiciones importantes y/o marcos teóricos utilizados.

Dentro del “Desarrollo” se incluirán gran cantidad de citas. Debe aquí recordarse que esta
parte es central y es la que ocupará el mayor número de páginas del trabajo (por lo
menos un 70% del mismo).

El Desarrollo suele incluir lo que se llamada el “estado del arte”, es decir, el estado actual
de la cuestión tratada en la monografía: qué se sabe y qué no se sabe del tema, cuáles
son las últimas investigaciones al respecto, etc.

Dentro de las “Conclusiones” pueden incluirse citas aunque es poco frecuente, porque se
refieren a cuestiones tales como un breve resumen del desarrollo, planteo de problemas
pendientes abiertos, aportes personales y síntesis creativas en torno al tema tratado.
Los “Anexos” o “Apéndices” se incluyen sólo si es necesario ubicar en algún lugar
información complementaria de cierta extensión que, de haberla colocada en el cuerpo
principal del trabajo, hubiese dificultado la fluidez de la lectura. A nadie le gusta leer un
texto que de pronto se ‘vaya por las ramas’, para luego retomar el tema más adelante.

Para completar este paso, pueden incluirse subcategorías mediante subtítulos dentro de
la “Introducción” y, especialmente, dentro del “Desarrollo”, que serán elegidas por el
autor de la monografía de acuerdo a cómo haya decidido organizar la exposición. Las
citas bibliográficas, entonces, serán a su vez ubicadas dentro de estas subcategorías.

Finalmente, se ubican al comienzo los diferentes títulos y subtítulos ordenados,


formándose así el primer índice o sumario tentativo. El ordenamiento en títulos o
subtítulos facilita enormemente la comprensión del texto.

6) Redactar un primer borrador.- Hasta ahora se dispone de un primer esquema o


esqueleto de la monografía: un conjunto de citas bibliográficas organizadas bajo los
títulos Introducción, Desarrollo, Conclusiones y Anexos, de las cuales se separaron las
correspondientes referencias bibliográficas ordenadas bajo el título homónimo.

A partir de este paso ya no se copia más texto: hay que empezar a crearlo, por lo que el
autor de la monografía deberá apelar a sus habilidades para la redacción.

Nadie escribe todo bien de entrada: conviene empezar a redactar sin preocuparse
demasiado por los aspectos sintácticos u ortográficos para concentrar la energía en “qué”
se dice más que en “cómo” se lo dice. Escribir es otra manera de pensar, es decir, de
relacionar, organizar, clasificar, comparar, cuestionar o crear.

Los párrafos nuevos que serán redactados por el autor se irán intercalando con los
párrafos que contienen las citas bibliográficas, de manera tal de comenzar a armar un
texto coherente e hilado. Algunos nuevos párrafos se destinarán para presentar el tema,
otros para indicar los objetivos del trabajo, otros para justificar la elección del tema,
otros para conectar o unir dos o más citas bibliográficas, otros para vertir alguna opinión
personal que surja durante este proceso, etc.

El primer borrador es, en síntesis, lo que su nombre indica: un texto que luego será
sometido a una revisión más intensiva y detallada.

7) Hacer la redacción definitiva.- En esta etapa, el autor revisa nuevamente todo lo


escrito. Se trata al mismo tiempo de una segunda lectura y de una segunda escritura
donde se harán varios tipos de revisión, como por ejemplo controlar la ortografía
(ejemplo: un acento correcto) y la sintaxis (por ejemplo una frase bien armada y
entendible, o el correcto empleo de comas y puntos).

Durante la redacción se tendrá en cuenta que el lector de la monografía es alguien que


supuestamente desconoce el tema, con lo cual el autor deberá ejercitar sus dotes de
docente para explicarlo de la manera más clara y organizada posible, sin ‘irse por las
ramas’ desviándose del tema central. Si para ello o para completar la información debe
ampliarse la búsqueda bibliográfica, se adicionarán las citas bibliográficas faltantes.

Siempre es preferible redactar en tercera persona (ejemplo: no decir “yo sostengo” sino
“el autor de esta monografía sostiene”).

Toda opinión personal debe estar fundamentada racionalmente, fundamentación que


también se explicita redactándola. No se puede afirmar “me parece que esto es así por
una corazonada”.
También se controlará que haya una ilación entre títulos entre sí, subtítulos entre sí y
párrafos entre sí, y que la numeración de títulos y subtítulos sea correlativa. También se
verificará que los textos tengan relación con el título o subtítulo donde están incluidos.

Ningún conjunto de reglas asegura el éxito de la escritura: sólo la práctica lo hace. No


obstante, será útil repasar algunos ítems para asegurarse que el proceso de redacción
definitiva se ha cumplido correctamente:

¨ Párrafos y oraciones no son demasiado ¨ La redacción está en tercera


largos. persona.
¨ El autor no se ‘fue por las ramas’. ¨ Las opiniones están fundamentadas.
¨ La ortografía y la sintaxis son ¨ La numeración de títulos es
correctas. correlativa.
¨ Hay adecuación entre títulos y texto. ¨ Hay una ilación general de todo el
texto.

8) Editar el formato.- El último paso consiste en definir los aspectos formales de la


presentación del trabajo: establecer el tamaño de los márgenes, elegir el tamaño y tipo
de letra definitivo para los títulos y el texto (cuidando que los títulos tengan mayor
tamaño o se destaquen más), numerar las páginas, definir el tamaño del papel,
establecer el interlineado, las sangrías, etc, de acuerdo a las especificaciones de la
consigna, si las hubiere.

Conviene que los títulos generales (Introducción, Desarrollo, Conclusiones, Referencias


bibliográficas y Anexos) figuren en una página nueva.

El trabajo puede ser entregado en forma impresa y/o electrónica (disquete, CD o vía e-
mail), según lo soliciten las autoridades. En este último caso, se utilizarán archivos de
uso habitual y común, como por ejemplo los generados con el procesador Word.

Cada institución suele especificar sus propias normas de formato, mientras que otras se
acogen a estándares internacionales. Para este trabajo se han seleccionado algunas
normas que facilitan la lectura de la monografía y le otorgan cierta estética a la
presentación. El autor de la monografía podrá comprobar si cumple con estas normas
verificando los siguientes ítems:

¨ Hojas tamaños A4. ¨ Títulos generales en una nueva página.


¨ 2,5 cm en los cuatro márgenes. ¨ Fuente: Arial.
¨ Páginas numeradas, excepto la ¨ Tamaño de letra para títulos: 18
primera. negrita.
¨ Interlineado sencillo. ¨ Tamaño de letra para sub-títulos: 12
negrita.
¨ Sangría de 1 cm en la primera línea. ¨ Tamaño de letra para texto: 12
normal.

En síntesis: hacer una monografía es como pararse frente a muchas paredes (muchas
fuentes bibliográficas), separar de cada pared los ladrillos relevantes (para el tema),
amontonar los ladrillos seleccionados (las citas bibliográficas) y finalmente construir con
ellos una nueva y original pared donde se han agregado nuevos ladrillos (la opinión
personal del autor) y donde se los ha unido mediante un nuevo cemento (la forma
peculiar de organizar el material utilizada por el autor).

Pablo Cazau
Profesor de Metodología de la Investigación Clínica de la Carrera de Especialización en
Ortodoncia.

Ateneo Argentino de Odontología y Fundación Favaloro.

Buenos Aires, Diciembre 2006.

BIBLIOGRAFÍA AMPLIATORIA

La lectura del siguiente material no es imprescindible, pero conviene hacerla porque


incluye información adicional acerca de cómo debe realizarse y presentarse un trabajo
científico de cualquier índole.

El ítem “Algunos errores posibles al confeccionar trabajos científicos” sirve en el momento


de redactar la monografía.

El ítem “Las publicaciones científicas en Internet” sirve en el momento de buscar


bibliografía.

1. ALGUNOS ERRORES POSIBLES AL CONFECCIONAR TRABAJOS CIENTÍFICOS

Condensado de Cazau P (2006) Introducción a la investigación en ciencias


sociales. Buenos Aires: Redpsicología. Capítulo 10, punto 1.

En este ítem se listan algunos errores que suelen cometerse cuando, por falta de
conocimiento o experiencia, se encara la tarea de elaborar (pensar) y redactar (escribir lo
pensado) un trabajo científico.

Ausencia de una idea central.- No hay una idea principal alrededor de la cual gire el
trabajo, o bien esta no es lo suficientemente clara, o bien existen dos o más ideas
principales que fragmentan el trabajo y que no están subsumidas (incluidas) dentro de
una idea más general.

Errores en la ejemplificación.- No hay ejemplos, o bien los ejemplos son irrelevantes a lo


que se quiere ilustrar, o bien los ejemplos son escasos, o bien son excesivos. Otro error
es confundir un ejemplo con una demostración (en muchos casos ambos elementos no
coinciden, como cuando se pretende demostrar la verdad de “todas las aves vuelan” con
el ejemplo de un águila).

Repeticiones inútiles.- Repetir una idea varias veces de formas diferentes sin que ello
constituya una ventaja didáctica. Estas redundancias suelen utilizarse cuando el autor
quiere cumplir con un mínimo de palabras exigido.

Errores de sintaxis.- Una redacción confusa compromete la comprensión. Un trabajo


puede tener una coherencia general, y seguir un hilo conductor, pero las oraciones están
mal construidas.

Errores de ortografía.- A diferencia de los errores de sintaxis, que afectan la oración, los
errores de ortografía se cometen al escribir palabras. Periódicamente las reglas
ortográficas van cambiando, por lo que conviene estar actualizado al respecto.

Algunas de las nuevas reglas de la Real Academia Española (1999) para el idioma
castellano son las siguientes:
1) Hay libertad para usar o no acento ortográfico en las palabras este, ese, aquel, solo y
guión. Cabe recordar aquí que los monosílabos no se acentúan, salvo cuando tienen dos
sentidos diferentes (de y dé, te y té, mi y mí, etc).

2) Las palabras que incluyen "bs" podrán simplificarse dejando solo la "s", como en
oscuro, sustitución, sustancia. En cambio, se recomienda mantener el uso de la
combinación "ps", como en psicología y psicosis. Esto es válido en los casos del prefijo
"psic-", porque en otros casos debe eliminarse la "p", como en seudónimo o seudópodo.

3) La "h" solo será optativa en algunos casos, como ciertas palabras que comienzan con
hue o hui (como huemul o huiro), que podrán también escribirse güemul o güiro.

4) Ciertas siglas pueden utilizarse indistintamente en español o en inglés, como VIH (o


HIV en inglés), OVNI (o UFO en inglés). Hay una excepción: debe decirse OTAN y no la
NATO.

5) Son admitidas las siglas en inglés UNESCO, UNICEF, VIP (very important person), CD
y CD-ROM. Se admite un nuevo símbolo, la arroba (@), incluído en los correos
electrónicos.

Ténganse también presente cómo emplear ciertas expresiones.

Desiderátum, memorándum, currículum.- En ciertas voces latinas, el sufijo -um designa


el número singular. En el caso desiderátum, el plural no es desiderátums sino la forma
latina para el plural, que es desiderata. En el resto de los casos, en general se considera
que la terminación -a es incorrecta en nuestro idioma, pudiéndose usar en su lugar
memorando, currículo e incluso memorándums o memorándum (como en 'los
memorándum').

Quien, quienes.- Ambas voces se acentúan cuando se emplean en interrogaciones


(¿quién está ahí?), o con sentido interrogativo (escuchó para saber quiénes llegaban). En
los demás casos no llevan acento (quien dice eso, no sabe nada; los niños a quienes nos
referíamos).

Quiosco.- Es la grafía preferente, aunque también se admite 'kiosco'.

Quizá.- Para la Academia es ésta la voz preferente, y 'quizás' se admite en segundo


término. Eufónicamente se usa 'quizás' cuando la palabra que sigue comienza por vocal,
como en 'quizás empieces ahora'.

Sobre todo.- Se escribe todo junto para designar la prenda de vestir 'sobretodo', y
separado en cualquier otro caso, como en 'sobre todo, no hagas eso'.

Errores formales en la presentación.- Tamaño de letra muy grande o muy pequeña,


irregularidad en las sangrías, márgenes muy amplios o muy estrechos, ausencia de
espacios entre párrafos, irregularidades en el tamaño de letra de los títulos, errores o
falta de uniformidad en las citas bibliográficas, notas al pie y referencias bibliográficas,
etc.

Mezclar varias formas autorreferenciales.- Por ejemplo, en el mismo texto decir “he
indagado...” y “hemos indagado”. Lo correcto es utilizar una sola modalidad dentro del
mismo trabajo, pudiéndose optar por: a) primera persona del singular (“he indagado...”),
b) primera persona del plural (“hemos indagado...”), útil cuando son dos o más autores,
o c) una forma más impersonal (“se ha indagado...”), que es la más frecuentemente
utilizada.
Ausencia de referencias espacio-temporales.- El trabajo no tiene fecha, o no está
especificado el lugar de origen. El trabajo debe incluir referencias del tipo “Buenos Aires,
1991”.

Copiar y pegar.- El trabajo se limita a ser una grosera copia de otros materiales, y aún
cuando los diferentes fragmentos estén organizados en forma coherente, queda
igualmente muy descalificado. En ocasiones puede ser muy difícil para quien evalúa el
trabajo decidir si hubo o no copia textual.

Empleo equivocado de locuciones latinas.- Utilizar una locución latina sin estar seguros
de su correcto significado.

Algunas locuciones latinas:

Ab initio (Desde el principio). 'Empezar un relato ab initio'.

Ad hoc (A esto, por esto). "Para este asunto delicado le mandaré un hombre ad hoc'.

Ad hominem (Al hombre). Usase sólo en la expresión 'argumento ad hominem',


argumento mediante el cual se confunde a un adversario oponiéndole sus propias
palabras o actos.

Ad litteram (A la letra). 'Deben editarse los autores ad litteram'.

Ad referendum (A condición de ser aprobado por el superior). 'Aceptar una propuesta ad


referendum'.

A fortiori (Con mayor razón).

Alma mater (madre nutricia). Designa la Patria o también la Universidad.

Alter ego (Otro yo).

De facto (De hecho). Se opone a 'de jure' (de derecho).

Desiderátum (Lo más digno de ser apetecido).

Ex cathedra (Desde la cátedra). En virtud de la autoridad que confiere un título. 'Hablar


ex cathedra' (con tono doctoral).

Ex nihilo nihil (de nada, nada). Nada ha sido creado de la nada.

Hic et nunc (Aquí y ahora). 'Me pagará hic et nunc'.

In abstracto (En lo abstracto). 'Muchos principios establecidos in abstracto no se


comprueban en la realidad de los hechos'.

In extremis (En el último momento). 'Hacer testamento in extremis'.

In rerum natura (En la naturaleza de las cosas). 'Una hipótesis científica que no se
comprueba in rerum natura, carece de valor'.

In situ (En el mismo sitio). 'Se descubrieron diamantes in situ, en la misma roca donde
se formaron'.

Ipso facto (Por el mismo hecho). 'Quien hiere a un sacerdote queda excomulgado ipso
facto'.
Motu proprio (Por propio impulso). 'Hacer una cosa motu proprio'.

Mutatis mutandis (Cambiando lo que ha de cambiarse). Haciendo los cambios necesarios.


"Revisar un proyecto de ley, mutatis mutandis'.

Nota bene (Advierte bien). Suele abreviarse N.B.

Obscurum per obscurius (Lo oscuro por lo más oscuro). 'Decir que el opio hace dormir
porque tiene una virtud soporífera, es explicar obscurum per obscurius'.

Prima facie (A primera vista). 'El asunto parece difícil prima facie'.

Sic (Así). Expresión que se pone entre paréntesis en una cita para indicar que es texto
original, que no hay error.

Sine qua non (Sin lo que no). "El trabajo es la condición sine qua non de la felicidad'.

Ut supra (Como encima). Fórmula usada en los escritos para remitir a lo que antecede.
También se dice Vide Supra (véase más arriba). Las locuciones Ut Retro o Ut Infra
significan lo mismo, pero para remitir a lo que sigue.

Inconsistencia.- El trabajo presenta contradicciones internas, es decir, incoherencias


lógicas donde se sostiene simultáneamente la verdad de un enunciado y su opuesto,
como por ejemplo “la proyección es una defensa” y “la proyección no es una defensa”. No
hay inconsistencia cuando se presentan explícitamente ambas alternativas como motivo
de discusión, como posturas opuestas, como parte de un problema más complejo (como
cuando se afirma “en un sentido la proyección es una defensa pero en otro no”), o como
un problema semántico (“algunos definen proyección como una defensa, pero en otros
contextos se adoptan otras definiciones”).

Introducción.- No hay un párrafo introductorio donde se presente el objetivo del trabajo,


o bien no hay un resumen del mismo que permita al lector obtener rápidamente
información sobre la temática del mismo. En este sentido, una conclusión no reemplaza a
un resumen. Otro error es prometer en la introducción cosas que luego no se cumplirán.

Fundamentación.- No hay respaldo argumentativo racional y/o empírico a las


afirmaciones principales del trabajo, o dicho respaldo es insuficiente o irrelevante. Por
ejemplo, sostener afirmaciones demasiado generales sobre bases muy débiles, o
sostener la verdad de un enunciado basándonos en una mera intuición o parecer
subjetivo. Por lo demás, no todas las afirmaciones necesitan ser fundamentadas, como
por ejemplo y típicamente los presupuestos, pero entonces estos deberán ser indicados
explícitamente como tales.

Desaprovechamiento.- El trabajo ofrece ideas interesantes u originales pero fueron


desperdiciadas porque se las mencionó sin analizarlas más exhaustivamente. Y aún
cuando no haya ideas muy originales, no fue aprovechada adecuadamente ni la
bibliografía utilizada ni la existente.

Falta de definiciones.- No se definen explícitamente los términos principales del trabajo, o


no se definen aquellos términos inusuales que presumimos que el lector no conoce, o
bien se utilizan palabras cuyo significado no se conoce con precisión. Un error relacionado
con este ítem es suponer que el lector conoce el tema y entonces no se definen o
explican ciertas ideas que contribuirían a clarificar la exposición.
Fallas en la organización del material.- Este ítem incluye situaciones como las siguientes:
incongruencia entre un título y su correspondiente texto, mal ordenamiento de los títulos
(por ejemplo “Conclusión” antes del “Desarrollo”), excesiva cantidad de títulos y
subtítulos, inclusión de materiales diferentes bajo un mismo título, etc. Asimismo, cada
párrafo ha de tener en sí mismo su propia organización, siendo lo recomendable en estos
casos plantear lo más principal al comienzo del mismo y lo más secundario al final.

Elementos importantes de organización del texto son el punto aparte, punto seguido,
punto y coma, y coma.

Algunas reglas para el empleo de signos de puntuación son las siguientes:

Punto.- El punto y seguido y el punto y aparte se usan, respectivamente, según la mayor


o menor relación entre lo escrito antes y lo escrito después del punto.

Puntos suspensivos.- Se usan cuando la oración debe quedar incompleta, en suspenso.


También, para indicar cuando se omite una parte de un texto.

Punto y coma.- Se emplea para separar periodos relacionados entre sí, pero no enlazados
por una conjunción. Por ejemplo, en la expresión 'eso se hará, como siempre; no
obstante, las impresiones no salen bien'. También se usa punto y coma antes de 'pero',
'más', 'aunque', cuando preceden a frases explicativas ('Vino; pero, de todas formas, no
se quedará') y cuando al poner sólo coma puede haber confusiones ('Eran muchos; unos
inteligentes; otros, torpes').

Dos puntos.- Se colocan cuando sigue una cláusula que aclara la precedente, o cuando se
enumera o cita algo (sigue mayúscula o minúscula indistintamente).

Coma.- Se emplea para separar los términos de una enumeración no enlazados por
conjunción ('Blanco, negro, rojo y azul'); delante y detrás de una oración intercalada en
otra ('Desde que llegó, hace tres días, casi no habla'); delante y detrás de las oraciones
explicativas de relativo ('El abuelo, que llegó cansado, se fue a dormir'); delante y detrás
de los nombres en vocativo ('Tú, Señor, que todo lo puedes'). El vocativo es un caso de la
declinación que sirve tan sólo para invocar, llamar o nombrar, con más o menos énfasis, a
una persona o cosa personificada. Va entre pausas.

Paréntesis.- Se usa para aclaraciones intercaladas que no poseen una manifiesta relación
con el resto de la frase. Ejemplo: 'Era un sabio (distraído, como todos), y llegaba siempre
tarde'.

Guiones largos.- Se emplean en oraciones incidentales que tienen más relación con el
resto de la frase que en el caso del paréntesis. Ejemplo: 'Sus hijos -un niño y una niña-
parecían su vivo retrato'.

Inadecuada elección del tema.- Téngase presente que para elegir un tema deben
considerarse alguno o algunos de los siguientes criterios: posibilidad de fuentes de
información sobre el tema, trascendencia o importancia del tema, experiencia del autor
en el tema, y gusto o preferencia del autor por el mismo.

No explicitación de objetivos.- En los trabajos han de indicarse los objetivos generales del
mismo, como por ejemplo ampliar el conocimiento sobre un tema, examinar la eficacia
de una técnica, confrontar y evaluar opiniones diferentes sobre un tema, etc. Explicitar el
objetivo conlleva casi siempre especificar el problema que busca abordarse o resolverse
en el trabajo.
Palabras de más.- Hay textos científicos o literarios en los que, a pesar de lo interesante
de la temática, resultan aburridos y tediosos. Uno de los motivos: el autor utiliza más
palabras de las necesarias, lo que somete al lector a un injustificado esfuerzo de lectura
extra. Por ejemplo, salvo que esté plenamente justificado, no deben emplearse
expresiones del tipo "el teléfono sonó repentinamente" o “corrió velozmente”.

Las palabras inútiles a veces se amontonan al comienzo del texto, cuando el autor
empieza a dar rodeos innecesarios para ingresar al tema que lo ocupa generando en el
lector un innecesario displacer preliminar. Otras veces los vocablos se amontonan al final,
lo que resulta típico de algunos artículos de los diarios donde, por razones de
diagramación, se agregan párrafos que suelen no decir nada, o por lo menos no agregan
información sustancial.

Un texto cualquiera, sea literario o científico, no debiera tener palabras de más ni


palabras de menos, sino exactamente las palabras necesarias. Un escritor argentino,
Isidoro Blainstein, una vez comparó un buen cuento con un reloj, porque éste, como
aquel, no tiene ninguna pieza de más ni ninguna de menos, lo que contribuye a su
óptimo funcionamiento.

Cuando el autor está inspirado, se preocupa más por volcar sus ideas que por andar
pensando cómo debe escribir correctamente. Para ello, un buen consejo es escribir
primero todo lo que a uno se le ocurra en el momento de inspirarse, y después, ya más
tranquilo, proceder a la edición del texto donde se pulen estilos, se corrigen faltas
ortográficas y sintácticas, o se suprimen los vocablos de más.

Otros errores.- Falta de delimitación o de identificación del problema que se intenta


resolver en el artículo, falta de análisis de diferentes posturas sobre el mismo tema,
conclusiones muy genéricas, falta de adecuación de las conclusiones con el trabajo,
afirmaciones dogmáticas o categóricas o ampulosas, exceso de tecnicismos que restan
claridad, y, en general, ausencia o déficit de una elaboración personal de las ideas
planteadas en el trabajo.

Otros errores comunes en la formulación de investigaciones sociales son los siguientes:


Formulación de un objetivo tan amplio que no es susceptible de ser investigado en el
tiempo previsto. Planteo de objetivos específicos no incluidos en el general, o que
pertenecen a otra investigación. Confusión entre objetivos específicos y ‘pasos’ a recorrer
en el desarrollo de la investigación. Plantearse una investigación cuyos datos no son
accesibles y/o manejables. Confusión entre producción de conocimientos sobre la
realidad y elaboración de planes de acción (políticas) para operar sobre la realidad.
Confusión entre afirmaciones fácticas y valorativas. Confusión entre hipótesis como
conjetura a investigar e hipótesis como presupuesto analítico (premisa de la
investigación). Divorcio entre el marco teórico y el diseño metodológico. Planteo de un
objetivo de corte explicativo antes de haber alcanzado una descripción del fenómeno a
investigar. Discrepancia entre objetivos diacrónicos y diseño sincrónicos.

2. LAS PUBLICACIONES CIENTÍFICAS EN INTERNET

Condensado de Cazau Pablo (2006) El procesamiento de la información digital.


Buenos Aires: Redpsicología. Capítulo 3.

En Internet no hay, en general, nadie que controle la calidad de las publicaciones


científicas, control que queda entonces a cargo de un lector que debe convertirse en un
verdadero decodificador del material que recibe. Además de la calidad, en el presente
artículo también se aborda el tema de la accesibilidad al conocimiento científico que
tiene, por lo menos, tres importantes restricciones: los sistemas de búsqueda, el idioma
y los precios. Finalmente, se aborda también el tema de la actualización del conocimiento
científico en la red.

1. La calidad de las publicaciones.- La tecnología informática, fundamentalmente la


aparición de Internet y los traductores automáticos de idioma, ha generado una
transformación sólo comparable con la invención de la imprenta por Gutemberg en el
siglo XV, en cuanto a masificación de la información se refiere. Tal como sucedió en los
albores del Renacimiento, hoy también se ha multiplicado considerablemente la cantidad
de personas con acceso a una información otrora virtualmente imposible de alcanzar, y
ello incluso a pesar de los caóticos sistemas de búsqueda de datos que habitan la Red.

Cuando hablamos de masificación de la información nos referimos no solamente a que se


ha incrementado la cantidad de lectores, sino también la cantidad de autores, los que,
gracias a Internet, pueden hoy dar a conocer sus escritos sin necesidad de pagarle a una
editorial para que publique su libro ni de rogarle a un diario o una revista para que se
digne tenerlos en cuenta para el próximo número.

Esta situación ha engendrado problemas inéditos, como por ejemplo la cuestión acerca
de quién controla la calidad de la información que circula en la Red, problema que
adquiere dimensiones importantes cuando de información científica se trata.

En este último ámbito, aquellos que escriben material científico pueden ser ubicados en
cinco categorías: Investigadores, docentes, profesionales, alumnos, y periodistas.

Estamos fundamentalmente refiriéndonos a cinco modalidades diferentes de escribir,


puesto que un mismo tema puede ser presentado bajo la forma de un artículo en una
revista especializada (investigadores), bajo la modalidad de una clase desgrabada
(docentes), como un artículo en una revista de interés general o de divulgación científica
(profesionales y periodistas), o como una monografía o una tesina (alumnos).

Inclusive algunas de estas modalidades se transforman en las otras. Por ejemplo, un


docente, a partir de sus lecturas y elaboraciones personales (y hasta a veces de las
monografías de sus alumnos), da su clase, la cual puede ser luego desgrabada. Esta se
transforma luego en una publicación interna de la cátedra; esta luego en un artículo o en
una tesis y, finalmente, en un libro. Todo el proceso puede durar años y puede no estar
realimentado (es decir, el libro no vuelve a modificarse como consecuencia de nuevas
lecturas o elaboraciones personales).

Estas diferentes modalidades de escribir pueblan Internet, donde no hay ningún Comité
Revisor que controle la calidad de lo publicado. Fuera de Internet hay controles más
estrictos: en las revistas científicas con referato el material es evaluado por una comisión
de “notables” que dará o no su visto bueno de acuerdo a diversos criterios, entre los que
se cuenta la autenticidad, el rigor, la originalidad, o la importancia práctica.

A las revistas científicas que tienen acogida científica internacional y respaldo académico,
se les otorga un numero de licencia denominado ISSN, (International Standard Serial
Number, es decir, Número Internacional Normalizado de Publicaciones Seriadas), que es
el código internacional de identificación de las publicaciones seriadas (revistas,
periódicos, boletines, anuarios, series de monografías).

Dentro de Internet, en cambio, el usuario es quien debe asumir esta responsabilidad


convirtiéndose en su propio asesor de calidad.

Existen, no obstante, ciertos recursos para facilitar este tipo de evaluación. Por ejemplo:
a) si encontramos monografías o apuntes enviados por alumnos, debe mantenerse
especialmente alerta en cuanto a su rigor u originalidad (a pesar de esto, es posible
encontrar trabajos verdaderamente originales o rigurosos realizados por alumnos). b) si
encontramos sitios de universidades, instituciones o publicaciones científicas reconocidas
(en oposición a páginas personales), es posible mantenerse razonablemente confiado
respecto a la calidad de lo publicado (siempre en términos de rigor, claridad, originalidad,
etc.). c) si encontramos material formalmente mal escrito (errores de ortografía o
sintaxis, errores en la citas y en la organización formal del texto, como en títulos o
subtítulos), es probable que también el contenido tenga una deficiente calidad. Estos son
algunos de los indicadores que convendrá tener presentes a la hora de confiar o no
confiar en la información que nos llega a través de la Red.

2. La accesibilidad del saber científico.- La posibilidad de acceder a publicaciones


científicas vía Internet tiene actualmente y por lo menos tres restricciones importantes:
los sistemas de búsqueda, el idioma y el precio.

a) Sistemas de búsqueda.- Se pretende que el conocimiento científico sea público, lo cual


significa que toda persona pueda acceder a los resultados de cualquier investigación u
opinión, en cualquier momento y en cualquier lugar.

Con esta premisa, cualquier investigador puede escribir sus resultados en un cuaderno y
dejarlo en el medio del desierto. Nadie pondrá en duda que es un conocimiento público,
por cuanto cualquier persona podría encontrarlo.

Por lo tanto, sostenemos que el conocimiento científico llega ser verdaderamente público,
no sólo cuando está potencialmente al alcance de cualquiera, sino además cuando todas
las personas disponen de un sistema eficaz de búsqueda y de acceso a la información.
Por ejemplo, si contamos con un sistema que nos informa exactamente en qué parte del
desierto está el cuaderno (sistema de búsqueda), y además nos informa sobre los medios
para llegar a él (sistema de acceso).

Internet representa un progreso importante como sistema de acceso a la información,


pero como sistema de búsqueda no ha demostrado ser mucho mejor que los sistemas
clásicos: sigue siendo tan caótico como ellos. Sabemos que en Internet hay muchísimas
cosas, pero no sabemos como encontrarlas, lo que significa que un sistema de acceso
pierde todo su valor si no está respaldado por un buen sistema de búsqueda.

¿Qué se hizo en el mundo para resolver este problema, dentro o fuera de Internet? Uno
de los intentos más loables fue la creación del sistema MARC (Machine Readable
Cataloging), que tiene reconocimiento internacional. Este sistema no sólo simplifica y
acelera el trabajo de catalogar libros y facilitar préstamos entre bibliotecas, sino,
además, representa para el público en general la posibilidad de buscar, acceder y
finalmente encontrar al material bibliográfico deseado con mayor facilidad.

En nuestro país, Argentina, se prevé para 2001 la implementación del Proyecto BDU
(Base de Datos Unificada) que intenta unificar la información en las 337 bibliotecas
universitarias hoy en día existentes.

El proyecto en sí consistió en reunir las bases de datos de algunas de esas bibliotecas,


hasta hoy muy disímiles en cuanto a formatos y criterios de clasificación. Luego de
determinar un número mínimo de campos para el registro de libros, se decidió convertir
los registros al sistema MARC, lo cual permitirá a las bibliotecas argentinas salir del
aislamiento e integrarse con el resto de las bibliotecas del mundo. Esta tarea de
conversión fue realizada por Online Compute Library Center, un organismo internacional
que reúne unos 47 millones de registros de diferentes bibliotecas del orbe.

Otro esfuerzo digno de mención es el SciELO, un modelo para la publicación electrónica


cooperativa de revistas científicas en Internet, creado especialmente en 1997 para
favorecer la comunicación científica en los países en desarrollo, especialmente América
Latina y Caribe. Hasta el año 2002 reunía 162 publicaciones y ya intervenían Brasil,
Chile, Cuba, Costa Rica, Venezuela y España. Este año se incorporará también Argentina,
y en los próximos años se espera que la red SciELO sea una instancia para la publicación
de gran parte de la producción científica y tecnológica de los países miembros y también
de otros que puedan sentirse atraídos por la calidad y seriedad de los temas abordados
por las revistas.

La tarea de obtener un sistema universal de búsqueda y acceso a la información científica


recién comienza, y es de esperar que sus responsables sepan utilizar los recursos de la
potentísima herramienta llamada Internet, hoy en día insuficientemente aprovechada en
tal sentido.

b) Idioma.- Un gran porcentaje de las publicaciones científicas en Internet están escritas


en inglés, y quien no conoce el idioma, tendrá dos opciones: o bien paga los servicios de
un traductor de carne y hueso, o bien recurre a los traductores automáticos tipo Babylon
y otros. El primero ofrece fidelidad pero suele ser un servicio caro, mientras que los
segundos son en general gratuitos, pero ofrecen traducciones burdas. En cualquiera de
los dos casos, y hasta tanto no se invente un lenguaje científico universal –cosa bastante
improbable- el idioma seguirá siendo una restricción importante para acceder al saber
científico.

c) Precio.- En Internet existe un vasto campo de publicaciones de acceso gratuito, pero


hay muchos otros sitios donde se debe pagar. El acceso vía Internet a varias revistas
científicas de nivel exigen un pago por el servicio, y frente a esta situación han surgido
algunas alternativas, como la propuesta de la Public Library of Science de reclamar a las
principales revistas científicas que permitan el acceso libre –sin costo- a aquellos
artículos con una antigüedad no menor a seis meses. A esta propuesta ya han adherido
miles de científicos de todo el mundo.

En el modelo actual, sólo es posible llegar a la información científica por medio de la


suscripción a revistas (por lo general muy caras) o contactando a los autores (confiando
en su buena disposición). También queda el recurso de solicitar los artículos a bibliotecas,
pero por lo general esta opción es la más onerosa por lejos.

Finalmente y por suerte, tengamos presente que, si bien el acceso a artículos completos
puede ser pago, en muchos casos puede accederse gratuitamente a los correspondientes
abstracts, suerte de resúmenes que suelen bastar para conocer su contenido y poder
citarlos en algún trabajo que uno esté realizando.

3. La actualización del saber científico.- En un sentido, a diferencia de lo que ocurre


con las religiones, en la ciencia se producen cambios de una manera más acelerada: las
hipótesis y teorías se confirman, se refutan, se salvan de la refutación o se crean otras
nuevas. Por este motivo el saber científico ha de estar actualizado, entre otras cosas para
no plantear ideas o experimentos que ya fueron expuestos hace tiempo.

¿Cómo saber si determinado material está o no actualizado? En lo primero que uno


piensa es en la fecha, pero hay que ser precavido: puede haber material redactado hace
un mes pero que está desactualizado, y material redactado hace cien años que no ha
perdido actualidad o vigencia. Juzgar el nivel de actualización de un escrito científico
exigirá, por lo tanto, bastante conocimiento sobre el tema. En caso contrario, deberemos
confiar con cierto margen de riesgo en la fecha de publicación.

Respecto de estas cuestiones, Internet presenta una gran ventaja sobre las publicaciones
clásicas donde el soporte es simplemente el papel: la actualización es mucho más veloz.
Un libro común y silvestre tarda en el mejor de los casos un año en ser reeditado (es
decir, actualizado, ampliado o corregido), mientras que un libro publicado en Internet
puede ser incluso actualizado a diario por su autor.
UNA MONOGRAFÍA COMO EJEMPLO

El siguiente ejemplo no es el mejor del mundo, pero reúne las condiciones de una
monografía aceptable ya que, entre otras cuestiones, refiere a un tema puntual y tiene la
suficiente extensión como para ser considerada tal.

ASPECTOS DIAGNÓSTICOS DEL SÍNDROME DE BURNOUT

Introducción
1. Presentación del tema
2. Objetivos
3. Justificación
Desarrollo
1. Generalidades
2. Síndrome de Burnout y estrés
3. Síndrome de Burnout y trastorno adaptativo
4. Síndrome de Burnout y trastorno psicosomático
Conclusiones
Referencias bibliográficas

INTRODUCCIÓN

1. Presentación del tema

El tema que aborda este trabajo se inscribe dentro de la problemática de las condiciones
laborales de aquellas personas que, como los médicos y otros profesionales de la salud,
tienen oficios o profesiones altamente expuestas al llamado Síndrome de Burnout, lo cual
no sólo afecta su estabilidad mental sino también la calidad de sus prestaciones
asistenciales.

El término Burnout hace referencia a un tipo de trastorno laboral e institucional generado


en profesionales que mantienen una relación constante y directa con otras personas,
máxime cuando ésta es catalogada de ayuda (médicos, enfermeros, profesores), y su
origen se basa en cómo estos individuos interpretan y mantienen sus propios estadios
profesionales ante situaciones de crisis.

2. Objetivos

El presente trabajo explora el estado actual de la cuestión del diagnóstico del Síndrome
de Burnout, intentando despejar el problema a partir de la diversidad de sus
descripciones clínicas y de las pautas diagnósticas estandarizadas del DSM-IV para
ciertas patologías relacionables con el Síndrome de Burnout, que no tiene tipificado dicho
síndrome. El objetivo principal es contribuir a una clarificación diagnóstica del síndrome.

3. Justificación

Estudios sociológicos efectuados en diferentes países europeos para discernir el grado de


satisfacción de los médicos con su situación profesional, ofrecen unas cifras alarmantes
de insatisfacción y de desilusión. Es cierto que el grado de insatisfacción es solamente
moderado en algunos, pero alcanza niveles extremos en casi un 10-15 % de los médicos,
para quienes se ha acuñado el término de Burnout Syndrome, o "médicos quemados", en
quienes la insatisfacción se acompaña de angustia y desinterés para la práctica de la
profesión (Bruguera, 1999).
Según el parecer del autor de este trabajo, la profesión asistencial padece colectivamente
en este final de siglo una mezcla de frustración e irritación que le conduce a actitudes
victimistas y a un estado de queja constante por las condiciones de trabajo, por la escasa
retribución, por la incomprensión las instituciones sanitarias, y por la exigencia de los
pacientes.

Por todo ello se torna importante llevar a cabo un diagnóstico correcto de este síndrome,
con lo cual quedarán sentadas las bases para la identificación de la patología y el
consecuente abordaje terapéutico.

DESARROLLO

1. Generalidades

El término Burnout (Atance Martínez, 1997) fue descrito originalmente en 1974 por
Fredeunberger aunque es principalmente con los estudios de Maslach y Jackson (Maslach
y Jackson, 1981) cuando realmente adquiere verdadera importancia el estudio de este
síndrome.

Maslach entiende por síndrome de Burnout (quemamiento) un síndrome de agotamiento


emocional, de despersonalización y de reducción de la capacidad personal, que puede
presentarse en sujetos que, por profesión, se "ocupan de la gente" (Maslach). Se trata de
una reacción a la tensión emocional crónica creada por el contacto continuo con otros
seres humanos, en particular cuando éstos tienen problemas o motivos de sufrimiento
(Gómez Sancho y Bondjale Oko, 1996).

Así, Maslach y Jackson han definido el Burnout como un síndrome de estrés crónico de
aquellas profesiones de servicios que se caracterizan por una atención intensa y
prolongada con personas que están en una situación de necesidad o de
dependencia. Según estas autoras, el Síndrome de Burnout se caracteriza por un proceso
marcado por el cansancio emocional, la despersonalización y el abandono de la
realización personal (Báez G, 1997).

El perfil de la persona más vulnerable al Burnout "está caracterizado por elementos tales
como elevada autoexigencia, baja tolerancia al fracaso, necesidad de excelencia y
perfección, necesidad de control, y un sentimiento de omnipotencia frente a la tarea.
Esto hace que estas personas organicen una distorsión cognitiva según la cual "sólo ellas,
y nadie mas que ellas, pueden hacer las cosas tan bien" (Báez, 1997).

El Burnout resulta de una discrepancia entre los ideales individuales y la realidad de la


vida ocupacional diaria e involucra básicamente tres dimensiones (Maslach y Jackson,
1981):

1. Agotamiento emocional: se refiere a la pérdida o desgaste de recursos emocionales.

2. Deshumanización o despersonalización: desarrollo de actitudes negativas, cínicas e


insensibles hacia los receptores (pacientes, clientes).

3. Falta de realización personal: tendencia a evaluar el propio trabajo de forma negativa.

Este síndrome se manifiesta por una sintomatología multidimensional, en el ámbito


cognitivo, somático y emocional.

Las manifestaciones clínicas más frecuentes son los síntomas emocionales, existiendo
ansiedad y ánimo depresivo, expresados como desánimo y hastío. Pueden producirse en
ocasiones alteraciones de conducta (absentismo laboral, abuso de alcohol, consumo de
otros tóxicos, etc.). También se han descrito síntomas psicosomáticos como cefaleas,
insomnio y trastornos gastrointestinales. Todos ellos pueden concluir en incapacidades
laborales.

Existen otras formas de presentación, en forma de trastornos del comportamiento, que


suelen "salpicar" al resto de los compañeros del trabajo y al entorno familiar. Son
frecuentes las actitudes negativas, sarcásticas y poco colaboradoras, que dificultan y
enturbian la dinámica de grupos normal en un trabajo en equipo (Capilla Pueyoa, 1994).
Del mismo modo, esta actitud es sufrida por el paciente, que percibe la apatía del
médico, cerrándose así un círculo muy difícil de romper.

La revisión bibliográfica realizada incluye algunas descripciones del Síndrome de Burnout


que no siempre coinciden respecto del tipo de sintomatología y de la importancia o
relevancia de cada síntoma. Esta diversidad de descripciones atenta contra la posibilidad
de establecer un diagnóstico estandarizado.

La identificación diagnóstica del Síndrome de Burnout requiere también, además de listar


la sintomatología, hacer un diagnóstico diferencial, es decir, diferenciar dicho síndrome de
otras patologías con las cuales podría confundirse: el estrés, el trastorno adaptativo y el
trastorno psicosomático.

2. Síndrome de Burnout y estrés

Se puede considerar al Burnout un tipo de estrés ocupacional, pero, aunque tenga


algunos efectos morbosos comunes con otras reacciones al estrés, el factor característico
del Burnout es que el estrés surge de la interacción social entre el operador y el
destinatario de la ayuda. Por eso se dice, que este síndrome es "el precio de ayudar a los
demás".

Así, cuando se dice que un funcionario u oficinista, por ejemplo, está "quemado", se trata
de otra cosa distinta. El síndrome del Burnout o quemamiento, está perfectamente
descrito y estudiado y siempre se refiere al que pueden sufrir los profesionales que
tienen por misión ayudar a los demás (médicos, enfermeras, maestros, policías,
asistentes sociales, funcionarios de prisiones, etc.

El DSM-IV (1995) no tiene tipificado el Síndrome de Burnout como tal. En dicho manual
es posible encontrar, a cambio, tres categorías que pueden plausiblemente relacionarse
con situaciones estresantes en el trabajo, donde solamente las dos últimas constituyen
trastornos y, como tales, están debidamente tipificadas. Estas tres categorías son las
siguientes:

1) Reacciones no patológicas al estrés: Según el DSM-IV, son aquellas que no provocan


un malestar superior al esperable y que no causan un deterioro significativo de la
actividad social o laboral (DSM-IV, 1995:641).

2) Trastorno por estrés agudo: Indica el DSM-IV que algunos de los síntomas que
aparecen después de un acontecimiento traumático de gran intensidad son comprensibles
y razonables, de modo que no deben considerarse un trastorno por estrés agudo. Este
diagnóstico sólo debe establecerse si los síntomas duran al menos dos días y provocan un
malestar clínico significativo, interfieren acusadamente con la actividad del individuo o
afectan de modo notable su capacidad para realizar tareas indispensables. El DSM-IV
también distingue el trastorno por estrés agudo de aquellos trastornos mentales debidos
a enfermedades médicas, a sustancias, y a trastornos psicóticos breves, entre otros
(DSM-IV, 1995:442).
Desde ya, cuando están de por medio compensaciones económicas, selecciones laborales
o determinaciones forenses, debe destacarse siempre la simulación (DSM-IV, 1995:443),
es decir, debe primero comprobarse si el sujeto no se está haciendo el estresado para
obtener algún beneficio. Esto mismo vale también para el trastorno por estrés
postraumático.

El DSM-IV establece los siguientes criterios para el diagnóstico de trastorno por estrés
agudo:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido


(1) y (2):

(1) la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más)


acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de
los demás.

(2) la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.

B. Durante o después del acontecimiento traumático, el individuo presenta tres (o más)


de los siguientes síntomas disociativos:

(1) sensación subjetiva de embotamiento, desapego o ausencia de reactividad emocional.

(2) reducción de su entorno (p. ej., estar aturdido).

(3) desrealización.

(4) despersonalización.

(5) amnesia disociativa (p. ej., incapacidad para recordar un aspecto importante del
trauma).

C. El acontecimiento traumático es reexperimentando persistentemente en al menos una


de estas formas: imágenes, pensamientos, sueños, ilusiones, episodios de flashback
recurrentes o sensación de estar reviviendo la experiencia, y malestar al exponerse a
objetos o situaciones que recuerdan el acontecimiento traumático.

D. Evitación acusada de estímulos que recuerdan el trauma (p. ej., pensamientos,


sentimientos, conversaciones, actividades, lugares, personas).

E. Síntomas acusados de ansiedad o aumento de la activación (arousal) (p. ej.,


dificultades para dormir, irritabilidad, mala concentración, hipervigilancia, respuestas
exageradas de sobresalto, inquietud motora).

F. Estas alteraciones provocan malestar clínicamente significativo o deterioro social,


laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo, o interfieren de forma
notable con su capacidad para llevar a cabo tareas indispensables, por ejemplo, obtener
la ayuda o los recursos humanos necesarios explicando el acontecimiento traumático a
los miembro de su familia.

G. Estas alteraciones duran un mínimo de 2 días y un máximo 4 semanas, y aparecen en


el primer mes que sigue al acontecimiento traumático.

H. Estas alteraciones no se deben a los efectos fisiológicos directo de una sustancia (p.
ej., drogas, fármacos) o a una enfermedad médica, no se explican mejor por la presencia
de un trastorno psicótico breve y no constituyen una mera exacerbación de un trastorno
preexistente de los Ejes I o II.
3) Trastorno por estrés postraumático: Por definición, sólo debe establecerse el
diagnóstico de trastorno por estrés agudo si los síntomas aparecen durante el primer mes
que sigue al acontecimiento traumático, reservando el término 'trastorno por estrés
postraumático' para los síntomas que se prolongan más de 4 semanas (DSM-IV,
1995:442). En los individuos diagnosticados de trastorno por estrés agudo que al cabo
del primer mes siguen presentando el cuadro sintomático, debe considerarse el
diagnóstico de trastorno por estrés postraumático (DSM-IV, 1995:443).

El DSM-IV establece los siguientes criterios para el diagnóstico de trastorno por estrés
postraumático:

A. La persona ha estado expuesta a un acontecimiento traumático en el que han existido


(1) y (2):

(1) la persona ha experimentado, presenciado o le han explicado uno (o más)


acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de
los demás.

(2) la persona ha respondido con un temor, una desesperanza o un horror intensos.

B. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una (o


más) de las siguientes formas:

(1) recuerdos del acontecimiento recurrentes e intrusos que provocan malestar y en los
que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones. Nota: En los niños pequeños
esto puede expresarse en juegos repetitivos donde aparecen temas o aspectos
característicos del trauma

(2) sueños de carácter recurrente sobre el acontecimiento, que producen malestar. Nota:
En los niños puede haber sueños terroríficos de contenido irreconocible

(3) el individuo actúa o tiene la sensación de que el acontecimiento traumático está


ocurriendo (se incluye la sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones,
alucinaciones y episodios disociativos de flashback, incluso los que aparecen al
despertarse o al intoxicarse).

(4) malestar psicológico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que


simbolizan o recuerdan un aspecto el acontecimiento traumático

(5) respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o


recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático

C. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la


reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o
más) de los siguientes síntomas:

(1) esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso


traumático.

(2) esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del
trauma.

(3) incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma.

(4) reducción acusada del interés o la participación en actividades significativas.

(5) sensación de desapego o enajenación frente a los demás.


(6) restricción de la vida afectiva (por ej., incapacidad para tener sentimientos de amor).

(7) sensación de un futuro desolador (por ej., no espera obtener un empleo, casarse,
formar una familia o, en definitiva, llevar una vida normal).

D. Síntomas persistentes de aumento de la activación (arousal) (ausente antes del


trauma), tal y como indican dos (o más) de los siguientes síntomas:

(1) dificultades para conciliar o mantener el sueño.

(2) irritabilidad o ataques de ira.

(3) dificultades para concentrarse.

(4) hipervigilancia.

(5) respuestas exageradas de sobresalto.

E. Estas alteraciones (síntomas de los Criterios B, C y D) se prolongan más de un mes.

F. Estas alteraciones provocan malestar clínico significativo o deterioro social, laboral o


de otras áreas importantes de la actividad del individuo.

Una de las razones por las cuales se han mencionado estas categorías del DSM-IV como
de algún modo relacionadas con el Síndrome de Burnout, es la estrecha relación
existente entre estrés y trabajo.

El trabajo es el heredero en la vida adulta del juego en la niñez, y no tendría porqué


constituir un factor estresante. Este comentario sugiere la siguiente reflexión: es sabido
que la actividad laboral puede ser en sí una fuente de estrés, unas veces por su misma
naturaleza que obliga al organismo a adaptaciones continuas (por ejemplo los buzos), y
otras veces porque no resulta para el sujeto una actividad gratificante: el juego se elige
espontáneamente, pero el trabajo es muchas veces asumido como una obligación,
aunque 'no nos guste', para poder sobrevivir. He aquí algunas actividades que, por su
naturaleza, suelen constituir fuentes de estrés y que son habitualmente mencionadas en
la bibliografía consultada como asociada al estrés: policías, controladores de tráfico,
ejecutivos, mineros, buzos, escaladores, paracaidistas, astronautas. Es relativamente
infrecuente la mención de actividades asistenciales en relación con el estrés.

A partir de las consideraciones precedentes, cabe la pregunta: ¿es lo mismo estrés que
Síndrome de Burnout? Indudablemente, por lo visto, el concepto de estrés es más
amplio, pues muchas situaciones estresantes no están vinculadas con una actividad
laboral, asistencial o no.

Tomando como referencia las categorías indicadas del DSM-IV habría que concluir que el
Síndrome de Burnout es una modalidad específica de estrés, que puede asumir la forma
de un trastorno por estrés postraumático o de un trastorno por estrés agudo, por cuanto
como fue dicho estos cuadros requieren la presencia de un estresante psicosocial, que en
el caso del Síndrome de Burnout es la situación de atender a pacientes con problemas.

Si el sujeto afronta la situación de una forma acertada los efectos, en este caso de la
carga emocional, no tendrán mayor trascendencia. Pero, "si sus estrategias no son
efectivas, y la situación de estrés se prolonga en el tiempo, es entonces cuando aparecen
los efectos y consecuencias de carácter más permanente y negativo para el propio sujeto
y para su organización" (Durán Durán y Montalban, 2000).
Cabe rescatar, finalmente, la necesidad de establecer la relación entre estrés y síndrome
de Burnout a un nivel teórico. Uno de los puntos más interesantes al respecto encontrado
en la bibliografía es la vinculación entre el estrés y una de las manifestaciones
mencionadas como típicas del Síndrome de Burnout: la desesperanza, el hastío y la
sensación de desvalimiento.

González de Rivera (1984) plantea para la depresión un esquema de círculo vicioso


configurado por el siguiente circuito: Estrés > déficit de neurotransmisión > depresión >
desesperanza, hastío y desvalimiento > desinterés por el medio > pérdida > nuevamente
estrés. Este circuito permite apreciar cómo una situación de estrés y una situación de
desesperanza y hastío se realimentan continuamente, proceso que hipotéticamente
podría ser característico del Síndrome de Burnout: el estresante psicosocial propuesto
para este síndrome actuaría, a través del mencionado circuito, para generar uno de los
síntomas típicos del mismo: la desesperanza y el hastío.

3. Síndrome de Burnout y trastorno adaptativo

Para el DSM-IV (1995), el trastorno adaptativo, el trastorno por estrés postraumático y el


trastorno por estrés agudo requieren la presencia de un estresante psicosocial. El
trastorno por estrés postraumático y el trastorno por estrés agudo se caracterizan por la
presencia de un estresante extremo y una constelación de síntomas específicos. En
cambio, el trastorno adaptativo puede ser desencadenado por un estresante de
intensidad variable y expresarse a través de una amplia gama de síntomas posibles
(DSM-IV, 1995:641).

En efecto, en el trastorno por estrés postraumático el factor estresante debe revestir


suma gravedad (por ejemplo un peligro para la vida). En cambio, en el trastorno
adaptativo el factor estresante puede tener cualquier intensidad. El diagnóstico de
trastorno adaptativo es apropiado tanto cuando las respuestas a un desencadenante
extremo no reúnen los requisitos diagnósticos del trastorno por estrés postraumático (o
cualquier otro trastorno mental específico) como cuando el cuadro sintomático típico de
trastorno por estrés postraumático aparece en respuesta a desencadenantes no
excesivamente importantes (por ejemplo, abandono del cónyuge, pérdida del puesto de
trabajo) (DSM-IV, 1995:438).

El DSM-IV establece los siguientes criterios para el diagnóstico de trastornos adaptativos:

A. La aparición de síntomas emocionales o comportamentales en respuesta a un


estresante identificable tiene lugar dentro de los 3 meses siguientes a la presencia del
estresante.

B. Estos síntomas o comportamientos se expresan, clínicamente del siguiente modo:

(1) malestar mayor de lo esperable en respuesta al estresante.

(2) deterioro significativo de la actividad social o laboral (o académica).

C. La alteración relacionada con el estrés no cumple los criterios para otro trastorno
específico del Eje I y no constituye una simple exacerbación de un trastorno preexistente
del Eje I o el Eje II.

D. Los síntomas no responden a una reacción de duelo.

E. Una vez ha cesado el estresante (o sus consecuencias), los síntomas no persisten más
de seis meses.
De estas consideraciones podría inferirse que el Síndrome de Burnout no es un trastorno
adaptativo en la medida que se considere que su desencadenante es muy importante y
porque no es un acontecimiento puntual, como perder el empleo, sino una situación que
se mantiene a lo largo del tiempo en el ejercicio de la profesión.

4. Síndrome de Burnout y trastorno psicosomático

En el trastorno psicosomático, al igual que en el síndrome de Burnout, un estado de


tensión psíquica desencadena trastornos corporales. Sin embargo, es preciso diferenciar
ambas categorías diagnósticas.

La idea de que un acontecimiento psíquico puede tener incidencia en el cuerpo es hoy de


aceptación generalizada. Las implicaciones corporales de un conflicto psíquico asumen
diferentes formas, que se extienden desde los trastornos psicosomáticos hasta la
simulación, pasando por los trastornos de la conducta alimentaria, los somatomorfos y
los facticios (DSM-IV, 1995).

Aunque hay diversas acepciones sobre el término trastorno psicosomático, algunas


concepciones tienen algo en común, y entre ellas, “la más destacada es la idea de que
cuando un elemento traumático produce un grado de desorganización que sobrepasa la
capacidad efectora del aparato psíquico para dominarla y/o resolverla, es en el nivel
somático donde se produce la respuesta” (Salvarezza, 1998:244).

No hay, sin embargo, acuerdo respecto a lo debe entenderse por trastorno


psicosomático. Una tal definición debiera incluir la ‘doble naturaleza’ del trastorno (psico
y somático) y de diferenciarlo de otros trastornos tipificados por el DSM-IV como el
trastorno por estrés, el trastorno somatomorfo o el trastorno facticio.

El trastorno psicosomático no está tipificado en el DSM-IV, presumiblemente por tener


más las características de una enfermedad médica que las de un trastorno mental. De
hecho, el DSM-IV sí categorizará aquellos trastornos que, aunque producidos por estrés,
presentan manifestaciones netamente psíquicas, como el caso del trastorno por estrés
postraumático y del trastorno por estrés agudo.

En efecto, en los trastornos por estrés (postraumático o agudo) la sintomatología es


esencialmente psíquica (flashbacks, recuerdos displacenteros, evitación de pensamientos,
etc), mientras que en el trastorno psicosomático es esencialmente orgánica (asma, úlcera
gastroduodenal, etc). A partir de aquí podría diferenciarse el trastorno psicosomático del
síndrome de Burnout, ya que este es predominantemente psíquico en sus
manifestaciones, y sólo en forma colateral se han descrito síntomas somáticos como
cefaleas, insomnio y trastornos gastrointestinales, todos síntomas somáticos que no
llegan a configurar una enfermedad psicosomática con curso y pronóstico propio y único,
como sucede con el asma o la úlcera.

En todo caso, harían falta estudios epidemiológicos, que no se han encontrado en la


bibliografía consultada, para establecer la incidencia de la comorbilidad del Burnout con
el trastorno psicosomático. A partir de estos estudios podría seguirse analizando con
mayor fundamento la relación entre ambos trastornos.

CONCLUSIONES

El análisis realizado permite concluir que un diagnóstico adecuado requiere disponer de


una tipificación del Síndrome de Burnout como trastorno, tarea ésta que a su vez
requiere diferenciarlo de otras categorías ya tipificadas como trastornmo por estrés
agudo, trastorno por estrés postraumático y trastorno psicosomático, con las cuales
comparte algunas manifestaciones clínicas.
En cambio, el Síndrome de Burnout aparece claramente diferenciado de las reacciones no
patológicas al estrés y del trastorno adaptativo.

En cualquier caso, el Síndrome de Burnout aparece siempre asociado a una profesión de


riesgo (especialmente vinculada con el área de la salud), lo que no es exclusivo o
característico de cualquier otro trastorno tipificado en el DSM-IV.

Una vez en posesión de suficiente conocimiento acerca de las manifestaciones clínicas y


de las causas o factores determinantes del Síndrome de Burnout, podría entonces
encararse una tarea de prevención primaria, entendida está última como "la disminución
de la proporción de casos nuevos de trastornos mentales en una población durante un
periodo dado, contrarrestando las circunstancias perniciosas antes de que tengan
ocasiones de producir la enfermedad" (Kaplan, 1985:43).

En relación con el Síndrome de Burnout, la prevención primaria debiera actuar en


principio sobre la educación infantil del futuro profesional, y sobre la difusión de síntomas
de alerta.

En el primer caso, una psicoterapia personal previa al ejercicio profesional permitiría


resignificar aquellas experiencias tempranas de manera de reducir su valor patógeno, y
en el segundo caso, un proceso de concientización acerca de los factores estresantes que
pueden actualmente aumentar la probabilidad de padecer el síndrome: factores
psicosociales, económicos, y, desde ya, el tipo de paciente que se atiende en función de
su gravedad.

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