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~ LA LEYENDA DEL ARMA SAGRADA ~

Capítulo 1: "El despertar"

Desde el principio de los tiempos siempre ha existido una lucha eterna entr
e el Bien y el Mal. Una batalla entre los seres celestiales y los seres dem
oníacos por el dominio de un mundo situado entre los dos, el mundo de los h
umanos. Los seres demoníacos han anhelado con ansia controlar el mundo de l
os humanos a través de cualquier medio, aunque no se sabe ciertamente la ra
zón; sin embargo, los seres celestiales siempre han estado vigilantes de qu
e esto no ocurriese. Durante milenios las guerras entre ambos mundos se han
sucedido y quién iba a pensar que los seres demoníacos estarían a punto de
cumplir su deseo.

-Esa peli es una más que hacen sobre ángeles y demonios. Además ¿quién cr
ee de verdad que existan esas cosas?

Así era Silvia. Siempre tan práctica y realista cuando se trataban de temas de
este tipo, ella siempre decía que no le gustaba la fantasía, que prefería la re
alidad.
Era la segunda quincena del mes de julio, tras haber terminado los exámenes
de la facultad quedábamos las amigas para salir a tomar algo. Me encantaba
salir con ellas. Isa era mi mejor amiga, nos habíamos criado juntas, inclu
so habíamos nacido el mismo día, era como mi hermana. Éramos muy parecidas,
aunque ella estaba más loca que yo, en el buen sentido. También estaba Sil
via, ufff, ella sí que estaba loca, la conocí por Isa, las dos eran amigas
y aunque la conozco de poco tiempo la quiero muchísimo. Y Vero, a ella tamb
ién la conozco de hace ya años, parece que sea la más cuerda del grupo. La
verdad es que las quiero a las tres muchísimo, si no fuera por ellas no son
reiría ni la mitad del tiempo. Cuando tenía 5 años mis padres murieron en u
n accidente de tráfico, desde entonces vivo con mi abuelo, Enrique, un escr
itor un poco excéntrico pero al que quiero muchísimo. Él y las chicas son m
i única familia, por ellos intento siempre sonreír para que no se preocupen
por mí. Así soy yo, Irina Oltra, una chica de 21 años que estudia Derecho,
bastante normal, al menos eso creía yo.

-Irina, ¿en qué estás pensando? Estás en babia, venga-me dijo Isa mientras m
e cogía del brazo.

Nos fuimos a una cafetería por el centro de la ciudad, justo en frente d ela
estación de tren. Aquella cafetería estaba bastante concurrida, pero nos gust
aba ir allí. Al entrar nos dirigimos hacia el final de la cafetería y no sent
amos las cuatro, dejando todos los bolsos en una de las sillas. Al poco tiemp
o después vino la camarera para cogernos nota.

-Ummm, yo quiero una coca cola-dijo Isa.


-Yo también-respondió Vero.
-A mí un cortado descafeinado de sobre-pidió Silvia.
-Yo no quiero nada, gracias-dije yo.

Tras apuntarse todos los pedidos la camarera se fue a traer lo que habían ped
ido las chicas.

-¿No quieres nada Irina?-me preguntó Isa.


-No, no me apetece nada.

Después de unos minutos la camarera trajo el pedido de las chicas y poco d


espués comenzamos a charlar de diversas cosas. No estaba demasiado metida
en la conversación, por alguna extraña razón tenía la cabeza ida y no hací
a más que pensar en aquella película de ángeles y demonios que habíamos id
o a ver. En ese momento sentí un escalofrío por todo el cuerpo. Sentía un
frío helador impropio de la época del año en que estábamos. Comencé a temb
lar de frío.

-¿Qué te pasa, Irina?-me preguntó Silvia.


-Tengo frío. ¿Vosotras no?
-Tendrán puesto el aire acondicionado -dijo Vero.

Isa se acercó hacia mí y me cogió las manos.

-Madre mía, tienes las manos heladas-me dijo ella.


-Es que tengo mucho frío-le respondí al tiempo que intentaba darme calor en
los brazos.

Después de decirle esto Isa miró el reloj y vio que ya era bastante tarde.

-Uy, mira la hora que es, tenemos que irnos ya sino llegaremos super tarde a
casa-me dijo Isa levantándose de la silla.

Silvia y Vero miraron sus reloges al oír a Isa. En ver que ellas también de
bían marcharse ya Silvia levantó el brazo y le hizo ua señal a la camarera
para que les tragera la cuenta. Al cabo de diez minutos la camarera trajo l
a cuenta y las chicas pagaron en seguida. Nos levantamos y cada una cogió s
u bolso y salimos de la cafetería, que cada vez iba llenándose más. Nada má
s salir de ella, vimos como el sol desaparecía repentinamente tras unos nuv
arrones muy oscuros. De repente comenzó a caer una tromba de agua que nos i
mpedía salir de la cafetería. La gente por la calle corría de un lado para
otro intentando resguardarse de aquella repentina tormenta.

-Menuda agua está cayendo-dijo Silvia.


-Tendremos que esperarnos un poco sino nos calaremos enteras-decía Vero mi
entars miraba hacia el cielo.

En ese instante una ráfaga de viento helado nos golpeó bruscamente. Entramo
s más en la cafetería para resguardarnos de éste. En el local apagaron en s
eguida el aire acondicionado. La gente que estaba en su interior se asomaba
hacia la entrada para ver el agua que caía.

-¿Qué raro no?-pregunté extrañada por el fenómeno meteorológico.


-Tan sólo es una tormenta de verano. Se pasará en seguida-dijo Isa mientars s
e sentaba en un taburete de la barra.

Isa tenía razón, aquello tan sólo era una tormenta de verano, pero entonces.
... por qué me sentía tan extraña. Mi corazón comenzaba a latir con más rapi
dez. Aquel frío aún lo tenía metido en mi cuerpo. Tan sólo había sentido aqu
ella sensación una vez en mi vida, en el entierro de mis padres.
Decidí sentarme junto con Isa en la barra, mientars Silvia y vero seguían m
irando como la gente corría por la calle y como ésta quedaba casi desierta
en unos instantes. De pronto, estando sentada mirando hacia la calle oí un
sonido extraño. No sabía muy bien como explicar lo que era, sonaba como el
choque entre metales. Me levanté y miré hacia la calle para ver qué eran aq
uellos ruidos.

-¿Qué estas mirando?-me preguntó Vero.


-¿No lo oís?-les pregunté mientras buscaba con la mirada lo que estuviese p
roduciendo aquellos extraños sonidos.

Silvia y Vero se quedaron mirando y Silvia me preguntó:

-¿Si no oímos el qué?


-Como dos metales chocando. El ruido es muy fuerte-les dije sin dejar de mira
r hacia la calle.

Las dos volvieron a mirarse.

-Yo no oigo nada de metales chocando-dijo Vero.


-Ni yo-afirmó también Silvia.

¿Quizás me imaginaba aquellos ruidos?, no sé. Me giré hacia Isa y le pregun


té:

-¿Tú tampoco lo oyes?

Ella se me quedó mirando con cara extrañada y negó con la cabeza sin decir
nada más. Aquello era muy extraño, ninguna de ellas oía aquellos ruidos q
ue cada vez eran más fuertes. No sólo ellas, nadie más parecía escucharlos
. Me puse las manos en los oídos, incluso de aquella manera podía escuchar
los cada vez más cercanos. Mientras tanto la lluvia no cesaba de caer con
la misma intensidad todo el tiempo.

-Esto es muy raro-dije mientras me quité las manos de las orejas.

Me acerqué más hacia la entrada. De repente una nueva ráfaga de viento hela
do golpeó, me cubrí la cara y en ese instante oía más fuertemente aquellos
extraños ruidos. En ese instante el sonido se detuvo repentinamente. Me qui
té las manos de la cara y al poner mi vista en la calle vi algo que me dejó
sin palabras. Los ojos se me pusieron como platos, no podía articular pala
bra ante lo que veían mis ojos.

-¿Irina, estás bien?-me preguntaba Silvia.

Señalé con el dedo lo que estaba viendo. La voz no me salía, mi corazón l


atía como un caballo desvocado y mis manos temblaban.

-¿Qué pasa?-volvía a preguntar Silvia al ver que le señalaba con el dedo la ca


lle.
-¿No lo ves?-le pregunté por fin.
-No veo nada, sólo coches-respondió poniéndose a mi lado y mirando en la d
irección que le señalaba.

No podía ser. Los podía ver, estaban allí. ¿Por qué ella no los veía? ¿Por
qué nadie más veía lo que yo? ¿Quizás me lo estaba imaginando, era quizás u
na alucinación?
Dejé de señalar, y cerré los ojos. De nuevo aquellos extraños ruidos volvie
rona comenzar, los abrí inmediatamente y vi lo que los producían. Allí dela
nte de mí se encontraban...., un ángel y un demonio luchando entre sí con e
spadas. Era demasiado subrealista, demasaido fantasioso, aquello tenía que
ser una alucinanción, pero parecía tan real. Estaban teniendo una batalla e
ncarnizada, no cesaban de luchar, blandiendo cada uno su espada intentando
acabar con el otro.

-Esto es imposible-decía al ver todo aquello.


-¿El qué? ¿Qué pasa?-preguntaban las tres.

No les respondí nada estaba absorta mirando todo aquello. Era irracional lo
que veían mis ojos. De pronto el demonio golpeó ferozmente al ángel lanzán
dolo contra una pared cerca de la cafetería. En ese moemnto, sentí como el
corazón me daba un vuelco y sin pensarlo dos veces salí a la calle gritando
:

-¡NO!

No sé por qué razón corrí hacia la calle ante la mirada atónita de mis amiga
s. Aún seguía lloviendo con muchísima fuerza. Corrí hacia el ángel, que aún
llacía en el suelo, pero antes de poder llegar hasta él, el demonio se puso
delante de mí haciendo que cayese hacia atrás al suelo. Mi corazón latía aún
más deprisa, notaba aquello tan real, aquel tipo tan cerca d emí como si pu
diese tocarlo. Entonces el demonio cogió su espada y atravesó el pecho del á
ngel.

-¡NO!-grité al ver aquel asesinato.

Unas lágrimas comenzaron a resbalar por mi mejilla mezclándose con el agua


de la lluvia. De pronto vi como el ángel comenzaba a desaparecer en peque
ños destellos de luz,a sí como su espada. Después de eso el demonio se gir
ó hacia mí, parecía mirarme fijamente, poco después desplegó sus alas y al
zó el vuelo rápidamente, desapareciendo de mi vista en apenas unos segundo
s.
Me levanté del suelo medio llorando. Entonces comencé a encontrarme mal, m
e faltaba la respiración y un fuerte dolor en el corazón no me dejaba move
rme. La lluvia cesó drásticamente y el sol apareció nada más marcharse el
demonio. Las chicas llegaron corriendo hacia mí.

-¿Irina estás bien?-me rpeguntó Isa.

Aquel dolor en el corazón se volvió insoportable en unos segundos. Sentía


como me quemaba por dentro, como si el pecho estuviese a punto de explot
arme.

-¡Ahhhh!-grité de dolor mientras ponía mi mano en el corazón


Caí arrodillada por el dolor. Isa me cogió e intentaba levantarme. En eso v
eía como todo se volvía borroso. Apenas podía respirar, todo me daba vuelta
s. Silvia en ver mi estado sacó el movil de su bolso y llamó a una ambulanc
ia.

-Tranquila Irina, intenta respirar, la ambulancia llegará pronto-me decía Silvi


a.

Aquello fue lo último que escuché. Caí totalmente incosnciente. Me sentí


como si hubiese muerto.

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