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300

Entonces Jehová dijo a Gedeón: «Con estos trescientos hombres que lamieron el
agua os salvaré y entregaré a los madianitas en tus manos; váyase toda la demás gente
cada uno a su lugar». (Jueces 7:7)

No hace mucho pude ver la película que tiene este título: 300. Y no,
desgraciadamente no es la historia de Gedeón y sus trescientos soldados, sino la de los
espartanos en una de esas luchas épicas que han pasado a la historia. De todos modos,
yo sigo convencido de que esta lucha de los espartanos no es sino una historia inspirada
en la de Gedeón con sus 300 soldados.

Sin embargo, hay algunas diferencias que son significativas; Gedeón no es


presentado en el texto bíblico como un gran estratega que usa sus habilidades para
desconcertar al enemigo. Al caudillo israelita le había parecido muy difícil que sus
32.000 milicianos pudieran enfrentar a los 135.000 madianitas. Cuando 22.000 de sus
efectivos volvieron a casa (vv. 1–3), su fe fue puesta a prueba al máximo. Después que
Jehová eliminó a todos los demás, excepto a 300 (vv. 4–8), era absolutamente absurdo
pensar que Gedeón pudiera vencer al enemigo.

Es Dios mismo quién hace provisión para que la alabanza de la victoria sea totalmente
suya (no sea que alguien piense que ha sido gracias a su propio esfuerzo (v. 2). Es Dios
mismo quién los librará del enemigo (v. 7). Cuatro veces “Jehovah dijo a Gedeón” (vv.
2, 4, 5, 7) que debía reducir el tamaño del ejército israelita, las cuales Gedeón sigue al
pie de la letra. Y el cuarto mensaje recompensa la obediencia de Gedeón con una
promesa de victoria. La actividad y la prudencia van junto con la dependencia de Dios
para que nos socorra en nuestro testimonio cristiano. Cuando el Señor ve que los
hombres se van a desentender de Él y, por incredulidad, van a eludir los servicios
peligrosos o, que por orgullo, quisieran ponerse en el lugar que sólo corresponde al
Señor, los pone a un lado y hace su obra con otros instrumentos. Es fácil encontrar
pretextos para desertar de la Causa y escapar de la cruz, pero entonces debemos pensar
que Dios elige sólo a aquellos que desean luchar por Él a causa del celo que sienten por
su Obra. ¿Eres tú uno de sus elegidos?

Con amor,

Jesús Polaino