Está en la página 1de 1

Conocer su voluntad

Al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo sentado al banco de los tributos públicos, y le
dijo: Sígueme. Y levantándose, lo siguió. (Marcos 2:14)

Existe entre nosotros un afán por conocer la voluntad de Dios, porque deseamos
agradarle en todo. En ocasiones, frente a decisiones de magnitud, nuestra vida entera se
ha detenido mientras intentamos discernir los deseos del Señor para ese momento
particular. Pero en la Biblia no veo muchas situaciones donde las personas involucradas
se afanasen por conocer la voluntad de Dios. Descubrimos personajes que, como Leví,
estaban ocupados en las actividades de su vida cotidiana. No estaban buscando la
voluntad de Dios ni tenían mucho interés en descubrirla. Estaban enteramente dedicados
a vivir sus vidas. En medio de esta situación de indiferencia, Dios irrumpe en medio de
ellos y les trae una revelación que afecta sus vidas. La lista de personas que tuvieron
esta experiencia es larga: Abram, Moisés, Gedeón, David, Zacarías, María, Elizabet,
José, Leví, Pedro, Ananías y hasta el apóstol Pablo. En cada uno de estos casos se
produjo una irrupción divina que alteró sus vidas.

Esto me lleva a una segunda observación, y es que la revelación de la voluntad de
Dios trajo aparejada, siempre, una interrupción de las actividades que realizaban estos
personajes. No fueron iguales después de la visitación divina. No retomaron sus
actividades normales. El curso de sus vidas sufrió una modificación dramática que los
llevó por un camino enteramente diferente al que habían escogido. Muchos de ellos, no
aceptaron ir por este camino sin antes luchar y discutir con Dios. Lo que él les mostraba
no cuadraba con los planes que ellos tenían para sus propias vidas. Más bien, el Señor
nos invita a caminar en la luz que tenemos, para dejarle corregir nuestro andar sobre la
marcha. Sospecho, sin embargo, que en muchos casos no conocemos su voluntad
porque lo que realmente estamos buscando es que apruebe el camino que ya hemos
escogido. Para conocer su voluntad debemos estar dispuestos a que Él interrumpa
dramáticamente el transcurso de nuestra vida, para imponer sus planes.

Con amor,

Jesús Polaino